martes, 16 de octubre de 2012

El rebote de Romney


Guillermo Descalzi. EL NUEVO HERALD

¿Cómo se miden los candidatos? Mano a mano. El mano a mano en los debates es crítico porque el electorado está tan dividido y los candidatos tan parejos que para ganar dependen más de su atractivo y actuación que de sus posiciones y su verdad. Ganará el que mejor se vea, y eso dice muchísimo de quienes somos y qué valoramos. Verse mejor es tan o más importante, para nosotros, que ser mejor. Es un ‘verse’ que nos lleva a empaquetar todo, incluso nuestra verdad. Romney, reempaquetado, ha salido del suelo al que había caído. Lo ha logrado con su nerviosa y acostumbrada belicosidad, y con su previsible y anticipado giro al centro. Se ha alzado no tanto por impulso propio como por haber rebotado. El suyo ha sido un rebote cuantificable en encuestas, pero hasta un muerto rebota si cae de suficiente altura, y la caída de Romney fue estrepitosa hasta el primer debate.

Los debates tienen un formato en el que el ‘paquete’ cuenta. Su presentación es tan importante para Romney que cambia de paquete según la ocasión. Cambia por votos, y esa desafortunada consideración mueve su campaña. La aceptación y algarabía con que se recibió su rebote también dice algo de nuestra sociedad y cultura. Tenemos mucho de Hollywood. Nos gusta la apariencia, y para entender el rebote de Romney hay que ir a su apariencia, y la de Obama, en el primer debate. Se le vio, nuevamente, con una belicosidad que, nerviosa o no, contrastó con la parsimonia de Obama. Su giro al centro disolvió algunos temores sobre su presunto extremismo. Obama, mientras tanto, jugó un papel parecido al del caballero de la triste figura en la obra de Cervantes, contemplando los aspavientos del molino de Romney. Obama no se vio bonito. Fue demasiado pasivo, permitiendo giros y vueltas en su rival sin cuestionarlo para nada.

Romney, cuya ansiedad le da ese aspecto nervioso (o quizás sea al revés), necesita mantenerse en el paquete de su rebote. No es, desgraciadamente, uno que permita ver lo que trae adentro. En el paquete hay por lo menos dos Romneys, contrarios y opuestos, el moderado que piensa llegar al seis de noviembre, y el de derecha extrema que venció en las primarias. ¿Cuál es el verdadero? Quizás ninguno de los dos. ¿Habrá un verdadero Romney? Tiene que haberlo, pero es tan enredado que quizás por eso no se le vea tras los hilos de su enredo. Son hilos de hule que han hecho de él una pelotita compacta, como las de golf. Es impresionante, ante esto, el volumen de ansiedad republicana satisfecha con el rebote de este Romney duplícito. Es una duplicidad que incomoda a los de centro derecha, en desacuerdo con la extrema derecha y el Tea Party. Allí está el problema de Romney. O satisface a unos o satisface a otros. Nunca podrá satisfacer a todos, pero no sabe como salir, o no puede salir, del pasillo de espejos que ha construido, con Romneys en todos lados. El desafío para Obama está en hacer que aflore el verdadero Romney, no el rebotado y enredado con hilos de hule en su pasillo de espejos, sino el Romney vivo y real, cualquiera y como quiera que este sea.

La razón por la que el primer debate fue devastador para Obama es bastante simple. Se le crítica por ser inefectivo y dejado. Deja que lo arrollen. Esa inefectividad y dejadez suya se vieron con toda claridad en ese debate, y espantaron. ¿Seguirá así en un segundo periodo? ¿Será que no ha aprendido nada en estos 4 años? Obama, callado y silente, fue derrotado por su silencio. ¿Saldrán los latinos a votar en la cantidad que Obama necesita? Quizás no, precisamente por esa razón. Necesita mostrar capacidad de acción. Romney, por su lado, necesita aminorar sus giros y aspavientos para mostrarse como el estadista que tendría que ser en la presidencia.

Falta menos de un mes para la elección. Alístense para todo tipo de cambios en la ex-caída y ahora rebotada campaña Romney. Prepárense también para todo tipo de ajustes en la campaña de Obama, calibrada y recalibrada hasta el cansancio. Así es la verdad de ambos, cambiante para convencer en el caso de Romney, y calibrada para no alterar más que el mínimo necesario en el caso de Obama. ¿Qué les conviene a los candidatos tan cerca a la elección? La verdad conviene a todos pero estamos tan acostumbrados a distintas y variadas versiones de la verdad que la verdadera verdad, valga la redundancia, suele quedar oculta como espada tras el capote en manos del matador. La verdad conviene, pero alístense ─ sabiendo como es la realidad ─ para la sorpresa tras el capote.


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