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lunes, 18 de enero de 2021

NO, DE NINGUN MODO, PUEDO CREER EN ELLOS

 

Mario J. Viera

 


No puedo creer que pueda haber alguno de la disidencia interna en Cuba que aplauda a una turba de elementos extremistas, de fascistas, de supremacistas blancos por asaltar la sede del Congreso federal de Estados Unidos. Me resisto a creer que pueda haber en Cuba, opositores al régimen totalitario impuesto por el Partido Comunista de Cuba (PCC), simpatizantes con Donald Trump, forma y esencia del proto dictador populista de la ultraderecha nacionalista.

 

Trump es la negación total del estado de derecho; es el poder desgarrador de la democracia. Un hombre dado a las mentiras, aficionado a las teorías conspirativas, que ha condenado al periodismo crítico con el epíteto de “enemigo del pueblo”. Me resisto a creer que, en Cuba, luchadores prodemocracia, defensores de los derechos humanos, crean a pie y juntillas en el alegato trumpista de un supuesto fraude electoral para arrebatarle la presidencia; ¿es que no lo ven? ¿Cuándo se ha visto que la oposición pueda generar un fraude masivo en elecciones? Los fraudes electorales siempre son promovidos por el sector que ocupa el poder.

 

¿Qué se pudiera pensar de un opositor a un régimen totalitario que aplauda un asalto a la democracia? ¿Qué se pudiera pensar de un opositor a un régimen totalitario que cante loas a facinerosos ultranacionalistas y racistas que, violentando la ley, se levanten contra un sistema democrático y les conceda el honor que no merecen de considerarles como “héroes” y “patriotas”? ¿Qué pensar de un opositor a un régimen totalitario que no tenga a mal ver la bandera de los confederados sureños, la bandera de los esclavistas, de los racistas del Sur, paseándose por los corredores y salones del Capitolio de Estados Unidos?

 

No puedo creer que exista un opositor en Cuba que garabatee cuartillas para defender lo indefendible; para defender como a patriotas a una turba brutal, que busca linchar a congresistas que no comparten los créditos de un incontinente líder populista y mesiánico.

 

No, me resisto a creer que un tal opositor pueda existir en Cuba creyendo como verdad la mentira que fuera rechazada por numerosos tribunales ante los cuales se plantearon las demandas infundadas de fraude electoral y hasta rechazada por la Corte Suprema de Estados Unidos. ¿Qué calificativo pudiera mejor describir a ese supuesto opositor al totalitarismo? ¿Imbécil? ¿Ignorante? ¿Falsario? ¿¡Oportunista!?

 

Por desgracia para la causa prodemocracia de Cuba, existe esa clase de “opositores” en Cuba… Y no, de ningún modo, puedo creer en ellos. No, de ningún modo puedo reconocerles como activistas prodemocracia.

jueves, 15 de noviembre de 2012

La conveniente derrota de Mitt Romney


Daniel Morcate. EL NUEVO HERALD

Ya sé que sus líderes no lo verán así. Pero lo mejor que le pudo pasar al Partido Republicano es que su candidato, Mitt Romney, perdiera la elección frente a un vulnerable presidente Obama, el único mandatario en la historia moderna que ha reconquistado la Casa Blanca con una economía tan frágil y un desempleo de casi 8 por ciento. Era tal vez la mejor forma en que el liderazgo republicano podía darse un baño de realidad. Reconocer que Estados Unidos ya no es el país que era hace algunos lustros, sino otro más diverso, educado, progresista. Y darse la oportunidad de poner en su lugar a los extremistas que hoy controlan al partido. Es solo una oportunidad, desde luego. Y los trogloditas del GOP van a resistir el cambio ─ ya lo están haciendo ─ negando tercamente el nuevo rostro de a nación y aferrándose a dogmas insolventes, como han hecho siempre todos los fanáticos políticos y religiosos.

El shock de la derrota será particularmente fuerte porque el GOP invirtió cantidades sin precedentes de dinero e hizo numerosas trampas para tratar de servirle en bandeja la victoria a su camaleónico aspirante. En muchos de los estados que controla, adoptó leyes de supresión de votos, consciente de que mientras menos norteamericanos votasen mejores posibilidades de triunfo tenía su candidato. Sin el más mínimo pudor, apuntó esas leyes directamente a jóvenes y minorías étnicas, dos sectores que habían votado decisivamente por Obama en 2008. Símbolo de esa estrategia felona, digna de los tiempos de las leyes segregacionistas de Jim Crow, fue la patética farsa electoral de la Florida de la que son responsables el gobernador Rick Scott y la legislatura estatal, ambos republicanos.

El GOP también perdió terreno en el Senado. Y hubiera perdido más en la Cámara de Representantes de no haber sido por otra trampa: el rediseño oportunista de distritos electorales en estados como Texas, Illinois y la Florida para garantizar el triunfo de sus candidatos. Ciertos críticos creen que encuestadores del partido también manipularon sondeos, excluyendo deliberadamente de su escrutinio a votantes probables, con el ánimo de hacer lucir mejores las probabilidades de triunfo de su candidato. Es un alegato que nadie ha demostrado. Pero tampoco me sorprendería que fuera cierto, habida cuenta de las otras manipulaciones mañosas.

Meses atrás, en Purgas republicanas [Perspectiva, 7 de junio de 2012], sostuve que un partido que recurre a semejantes artimañas no se merece ganar el voto popular. Es alentador comprobar que la mayoría de los electores concluyó lo mismo. Pero el resultado de los comicios significa mucho más que un rechazo a las fallidas estrategias electorales del GOP. También implica un rechazo a la arrogancia torpe, la chulería excluyente y las actitudes cavernícolas de su candidato presidencial y muchos de sus líderes. Con su apoyo abrumador a Obama, los hispanos repudiaron las políticas y retórica contra los indocumentados porque intuyen que también van dirigidas a ellos; las mujeres, el empeño republicano de negarles el derecho soberano sobre sus cuerpos; los homosexuales, los intentos republicanos de mantenerlos como ciudadanos de segunda; y todas las minorías, las gastadas ideas económicas del GOP, que han creado una sociedad cada vez más desigual e injusta, en la que la riqueza beneficia desproporcionadamente a muy pocos mientras elude a la inmensa mayoría, una mayoría que vive en la perenne zozobra económica.

Al Cárdenas, el veterano líder republicano, reconoce que, tras la derrota, el GOP “necesita darse cuenta de que es demasiado viejo, demasiado blanco y demasiado masculino y tiene que asimilar las características demográficas del país antes que sea demasiado tarde”. Jeb Bush, as su vez, admite que el partido “no le puede pedir a la gente que se sume a nuestra causa y luego enviar el mensaje de que en realidad no es bienvenida”. Lástima que tanto ellos como otros dirigentes republicanos no lo advirtieran públicamente durante la campaña ni les salieran debidamente al paso a los extremistas que han colocado al partido al borde del abismo. El GOP puede y debe reinventarse. Ninguna democracia prospera ni sobrevive sin una oposición vigorosa y sin alternancia en el poder. Para otra ocasión dejo consideraciones sobre cómo debería ser el nuevo Partido Republicano que reclama este nuevo país.

Los enemigos latinoamericanos de Barack Obama


Fernando Mires. Blog POLIS

El triunfo obtenido por Barack Obama en las elecciones que tuvieron lugar en Noviembre del 2012 ha descompuesto el ánimo de diversos grupos ideológicos. Y no sólo en los EE UU. Ese es el motivo por el cual en esta ocasión he decidido referirme a los enemigos latinoamericanos de Obama. A fin de simplificar, los he clasificado en tres sectores.

- Los gobiernos antimperialistas

- La ultraderecha ideológica

- Los tecnócratas de la economía pseudocientífica

Las gobiernos antiimperialistas de América Latina organizados en el ALBA requieren de una política agresiva norteamericana ─ tipo Reagan o Bush ─ para así poseer un enemigo simbólico y perfilarse como adalides del antiimperialismo continental. Por eso Romney era para ellos su candidato secreto.

Un gobernante que no invade pueblos, que se abre al diálogo, que hace caso omiso a insultos, que busca el debate, y que perfila su acción en plazos largos, es lo menos que conviene a los ideólogos antiimperialistas.

No es casualidad que los argumentos del radicalismo de izquierda coincidan en ese punto con los segundos enemigos: la ultraderecha continental. Según opinión compartida, Obama es un gobernante débil: retira sus tropas de Afganistán, pronto hará lo mismo en Irak, no invade Cuba, no bombardea Teherán ni ataca a Siria, en fin, no se hace respetar en el escenario internacional y por eso los EE UU han perdido su lugar en el mundo.

Sin embargo, cualquier balance muestra lo contrario.

El apoyo tácito, a veces explícito de los EE UU a las rebeliones árabes, ha hecho posible que por primera vez surgieran movimientos políticos en la región que no hacen del anti-norteamericanismo su bandera. También en América Latina: la era de las invasiones ha quedado atrás y los antiimperialistas ya no tienen en contra de quien gritar.

Ese éxito no lo soportan ni los antiimperialistas ni los ultraderechistas del continente.

Estos últimos, acostumbrados a apoyar salidas de fuerza, golpistas por convicción, belicistas por doctrina, añoran esos días antipolíticos de la Guerra Fría de la cual ellos son sus sobrevivientes ideológicos.

El tercer sector latinoamericano anti-Obama es el formado por una tecnocracia pseudocientífica, ligada políticamente a la ultraderecha, aunque también se encuentran ahí teóricos del capitalismo salvaje de Estado ─ entre otros, los fans de China: nuevo paraíso de la tecnocracia internacional ─. Según opinión predominante, Obama es para ellos un demagogo que enfrenta la crisis dividiendo a la nación y movilizando de modo populista a las clases pobres en contra de las clases pudientes.

Siguiendo la opinión de dichos tecnócratas, la crisis sólo puede ser enfrentada de acuerdo a criterios “científicos”, los que para ellos son siempre los mismos: des-estatización radical, privatizaciones, reducción del monto circulante, disminución drástica de impuestos, despidos masivos. La otra alternativa, arguyen, sería imitar a la “decadente Europa”: La Europa del “Estado del Bienestar”.

Lo que callan los tecnócratas es que esa masa de sectores empobrecidos no la creó Obama. Es, por una parte, el resultado de las medidas reguladoras de los gobiernos republicanos, los mismos que condujeron a un hiperdesarrollo de las especulaciones en el sector inmobiliario. Por otra, es resultado de migraciones, particularmente de latinos, las que ningún gobierno norteamericano ha podido controlar. Se trata ─ no hay que recurrir a Huntington para afirmarlo ─ de una masa migratoria difícil de integrar. Ahora bien, el dilema es integrarla o no. Crear un Apartheid social o no. Y los medios de integración sólo pueden ser dos: representación política y ayuda social, aunque eso signifique recrear estructuras similares a las de la “decadente Europa”. Sobre ese punto, valga un comentario.

El diagnóstico proto-fascista acuñado por Oswald Spengler en los años veinte del pasado siglo, la “decadencia de Occidente”, tiene hoy su réplica en la visión de la “decadencia de Europa”, visión compartida por ultraizquierdistas, ultraderechistas y tecnócratas de diversos países de América Latina.

Pero quizás habría que recordar que la crisis económica de nuestro tiempo no comenzó en Europa sino en el ultraliberal Estados Unidos de Bush.

Tampoco estaría de más recordar que la crisis económica no ha afectado ni a Alemania, Holanda, Suiza, Austria, ni a los países escandinavos, ni a la misma Inglaterra y muy levemente a Francia. Y esas son precisamente las naciones en las cuales fue erigido desde hace mucho tiempo un Estado social que ha funcionado en el bien-entendido de que la economía no comienza ni termina en números sino en seres humanos. Hay que convenir entonces en que la avanzada política social de esos países, lejos de acelerar la crisis, ha sido su eficaz muro de contención.

Ni Europa está en decadencia ni Obama es populista. Al contrario, la suya es una política que busca la integración de los hasta ahora excluidos. Lo contrario sería aceptar pasivamente la desintegración social de la nación. Pero como dijo Obama en esa pieza maestra de oratoria que fue el discurso pronunciado con motivo de su reelección:

“Creemos en un Estados Unidos generoso, un Estados Unidos compasivo, un Estados Unidos tolerante, abierto a los sueños de una hija de inmigrantes que estudia en nuestras escuelas y jura fidelidad a nuestra bandera. Abierto a los sueños del chico de la parte sur de Chicago que ve que puede tener una vida más allá de la esquina más cercana. A los del hijo del ebanista de Carolina del Norte que quiere ser médico o científico, ingeniero o empresario, diplomático o incluso presidente; ese es el futuro al que aspiramos. Esa es la visión que compartimos. Esa es la dirección en la que debemos avanzar. Hacia allí debemos ir”.

Y hacia allá va Obama.

 

martes, 13 de noviembre de 2012

Análisis post electoral

Guillermo Descalzi. EL NUEVO HERALD

Hemos reelegido a Obama, lo cual dice que la rabia y el rechazo fracasaron como armas para quitarse de encima a este presidente al que algunos odiaron desde un inicio sin entender cabalmente por qué. ¿Cambiará algo tras su reelección? ¿Cambiarán nuestros políticos su forma de hacer política?

La extrema derecha republicana ha sido víctima de su propio odio, su rabia, y la falsedad genérica de su candidato. El partido necesita ahora abandonar su odio y su rabia, y es de esperar que ausente Romney se ausente también su falsedad. Sería deseable que el partido volviese a la cordura, pero ya está atrincherándose nuevamente para evitar que se toque a sus protegidos. Su monoteísmo político de una sola verdad divide al país. Es esa verdad según la cual de lo que les sobre a los de arriba les caerá algo a los de abajo. No es así, no necesariamente, porque no hay una sino muchas verdades. Todos tenemos nuestra verdad, y toda verdad necesita ser respetada.

Obama se dejó arrollar en la Casa Blanca. No tuvo el valor de su verdad. La verdad es guía y con su signo se vence, pero bajo Obama la Casa Blanca arrió sus signos y cedió. Ese fue su problema, que bajó sus estandartes y enrolló sus verdades “para llevarse bien”. Obama confunde pelea con tenacidad. No tiene por qué pelear, pero debe ser tenaz. Obama no lo fue. Hay una explicación psico-racial para esto. Él quisiera, como primer presidente negro en la historia americana, dejar una imagen conciliadora de su raza en la Oficina Oval. Le importa mucho la decencia de su comportamiento, y quizás eso permitió la enorme brecha que la extrema derecha creó en el gobierno. Quiso evitar la imagen –y lo digo con todo respeto– de un ‘negro peleón’. Sus motivos podrán ser encomiables pero su producto fue fatal. Ser tenaz le es tan difícil que en la Casa Blanca están ahora acostumbrados a izar banderas blancas. Necesitamos cambio, y lo necesitan tanto demócratas como republicanos. Necesitamos dejar de lado la animosidad en la derecha, con todo y su miedo y rabia, y que la Casa Blanca deje de lado su necesidad de complacer y ceder en busca de aceptación.

Debemos ser conscientes de nuestra responsabilidad en la rabia que mató el discurso civilizado en la política nacional. Todos participamos en eso, y también en la prevaricación que dejó inepto al gobierno. Es necesario trabajar por el bien común, pero los líderes republicanos ven que la elección ha confirmado su dominio en la cámara baja y creen que la pelota sigue siendo suya. En el encuentro sobre el precipicio fiscal están repitiendo su mantra de no elevar impuestos. Es más, se contentan con juegos de palabras que hacen pasar por soluciones. Ejemplo: No alzar impuestos pero sí eliminar deducciones. Dicen que por ambos caminos se llega a lo mismo, aumentar la recaudación fiscal, y están dispuestos a pelear por esas palabras, ‘alzar impuestos’ y ‘eliminar deducciones’. ¿A quienes se les eliminarían? ¿Habrá suficientes deducciones por eliminarse para reducir significativamente el déficit? ¿No sería más simple, si da lo mismo, que acepten alzar impuestos?

El país ha llegado al límite del desgobierno, y nadie ni nada nos salvará si no empezamos por aceptarnos y trabajar juntos. Es inútil pedir cooperación si somos incapaces de aceptarnos honradamente. Dios quiera que el Partido Republicano deje de escuchar el rechazo vestido de puritanismo político de Glenn Beck, Rush Limbaugh y demás. ¿Se preguntarán qué le pasó al partido en esta elección? Miren a quienes siguió la derecha civilizada. Dios quiera también que Obama muestre más temple en su segunda administración. En breve se tendrán que tomar decisiones trascendentales, subir impuestos, recortar servicios y pasar penurias para evitar sacrificios aun mayores. Necesitamos recortar nuestra presencia en el mundo. El casus belli, el caso para la guerra, no puede seguir llevándonos a conflictos en serie, uno tras otro, porque ya sencillamente no tenemos los recursos para ello. Si no hacemos todo esto, Estados Unidos, tal y como lo conocemos, dejará de existir. Nos guste o no, el país debe replegarse y el gobierno tiene que establecer reglas y condiciones precisas para la banca, Wall Street, el comercio y la reindustrialización indispensable para salir del hueco en el que estamos. Necesitamos salvar el momento, pero ya se escuchan cánticos del liderazgo republicano, cánticos de exactamente lo mismo de ayer, cánticos de no, no y no. Ojalá en la Casa Blanca no estén preparando más banderas blancas. La historia juzgará duramente a los causantes de la obstrucción en este momento crítico donde aún estamos a tiempo para devolverle la vida a nuestro capitalismo democrático. Necesitamos trabajar todos en conjunto para resucitar su casi cadáver.

domingo, 11 de noviembre de 2012

Por qué reeligieron a Obama


Carlos Alberto Montaner

Por qué reeligieron a Obama? Lo preveían y explicaban convincentemente los autores de The Keys to the White House (aproximadamente Las claves para alcanzar la Casa Blanca): porque la sociedad norteamericana fundamentalmente juzga y decide por la experiencia de los cuatro años previos del incumbente o titular de ese cargo.

Sí el pueblo americano está básicamente conforme con el desempeño de su Presidente, aunque le encuentre ciertos reparos, lo ratifica en el cargo. Si no es así, lo despide, o rechaza al partido al que pertenece, si se trata de un segundo término. Ese factor racional pesa más que las campañas publicitarias y los debates.

Los autores de este modelo de predicción, que no utiliza encuestas ni asigna porcentajes de votos en el hipotético resultado, son el historiador norteamericano Allan Lichtman y el matemático de origen ruso Vladimir Keilis-Borok. Hasta ahora han acertado en todas las elecciones presidenciales norteamericanas en que lo han aplicado (las últimas ocho), y, si les creemos, han podido verificar el carácter infalible del método en los pasados comicios presidenciales desde 1860, fecha a partir de la cual se tiene suficiente información disponible.

¿Cómo funciona esa bola de cristal? Se trata de 13 cuestiones fundamentales con las que la mayoría de los norteamericanos elabora su juicio sobre la conveniencia de cambiar o no al inquilino de la Casa Blanca. Si el presidente falla en más de cinco, no será reelecto. Si lo suspenden en menos de cinco, le dan otra oportunidad de servir. Obama, a juzgar por este modelo de predecir, falló en sólo tres y, por lo tanto, lo mantienen al frente del Ejecutivo.

Las trece consideraciones son las siguientes:

• El partido al que pertenece el Presidente aumentó el número de congresistas en las elecciones de medio periodo, a los dos años de haber sido electo. (Perdió curules en esas elecciones. Primer fallo de Obama).

• El Presidente, dentro de su propio partido, no tiene retadores que pretendan sustituirlo. (Nadie retaba a Obama).

Incumbencia. El aspirante es, a su vez, el titular. (Obama es el incumbente).

• No hay un tercer partido con peso electoral significativo. (No lo hay. Ross Perot impidió que Bush padre fuera reelecto. Ralph Nader obtuvo 97,000 votos en Florida en el año 2000 y le quitó la presidencia a Al Gore. Ese año Bush ganó la Florida, y con ella la presidencia, por 537 votos).

• Recesión durante las elecciones. (Estados Unidos no está en recesión. Tiene problemas económicos, pero no está en recesión).

• Estado general de la economía. (En general, la economía no ha crecido como en el pasado y se avizoran más problemas. El enorme aumento de la deuda pública es un asunto muy grave. Segundo fallo de Obama).

• Grandes cambios en las medidas de gobierno. (En realidad, no los ha habido. La reforma del sistema sanitario –el seguro obligatorio de salud– no es exactamente un turning point y el aumento de los impuestos, si se aprueba, sería volver a la situación anterior a George W. Bush).

• Grandes conflictos sociales. (No los ha habido. Las manifestaciones de los indignados han sido considerablemente menores que en Europa y se han limitado a algunas protestas en Wall Street).

• Escándalos. (La administración de Obama, durante sus primeros cuatro años, no ha pasado por ningún escándalo público ni privado significativo).

• Fracaso militar. (El gobierno de Obama no ha sufrido una derrota militar notable o padecido un acto terrorista importante. Las tropas en Irak completarán pronto su retirada, como estaba previsto, y las desplegadas en Afganistán preparan su despedida).

• Éxito militar. (La muerte de Osama Bin Laden y de otros líderes de Al Qaeda ha podido presentarse como una victoria en ese terreno).

• Carisma o perfil heroico del incumbente. (Tercer fallo de Obama. Es un buen comunicador, pero no posee la atracción o el carisma de un J. F. Kennedy o de un F. D. Roosevelt, ni es un héroe como lo fue Eisenhower. Es más bien un líder contenido y discreto).

• Carisma o perfil heroico de su oponente. (Mitt Romney tampoco proyectaba la imagen de un candidato carismático y mucho menos era percibido como un héroe. Estábamos ante un hombre inteligente, decente, apuesto y buen empresario, pero no ante alguien que conectara emocionalmente con las masas).

Hechas las sumas y las restas, la sociedad norteamericana, aunque muy dividida, ratificó a su presidente. De paso, volvió a darle la razón a The Keys to the White House.

Las que ganaron


Sabina Covo. EL NUEVO HERALD

El comentarista radial de ultraderecha Rush Limbaugh dijo en su programa después de la elección 2012, que las mujeres habían elegido a quien las trataba como vaginas. Es obvio que este señor utiliza sus micrófonos para tratar de ilustrar lo que considera su realidad con comentarios increíblemente estúpidos y sin fundamento. Porque en caso tal todo dependería del concepto de vagina de cada cual y del respeto de cada persona a la mujer. Y el que en pleno siglo XXI no respete a la mujer por igual que al hombre es sencillamente un delincuente. Ese comentario, como muchos otros de los que emite, es ciego a la importancia del voto femenino en esta contienda. Y como él, hay varios personajes que quieren regresar a épocas medievales, pero les recuerdo que no lo han logrado, al menos no esta vez.

Un análisis sin fundamento como el de Limbaugh solo ilustra el pánico que le tienen algunos machistas a la inteligencia, capacidad y poder de una mujer. Y solo se compara con quienes dicen que hay algunos hombres que piensan con el pene, comentarios también sin fundamento, pero que me atrevo a asegurar que son hasta más acertados. Pero teniendo en cuenta la libertad que hay en este país, volvamos al punto real, la importancia del voto femenino que supera en cantidad al del hombre, tanto en registros como en visitas a las urnas. Y las que ganaron esta vez fueron las mujeres.

Más allá de los partidos políticos, las creencias y la ideología, que se respeta en cada caso individual, las mujeres al salir a votar le ganaron a los que trataron de infringirle sus derechos durante este 2012 con comentarios y proyectos de ley de los años 50 como tratar de redefinir el concepto de una violación, o no dejar que tomen control de su cuerpo, o que tengan igualdad de pago, o que puedan ser madres y profesionales, o que tengan una voz para defenderse del acoso, a prepararse.

Como decían los mayas, en este 2012 acaba una era y comienza otra. Empieza una en la que la mujer pierde el miedo a decir lo que siente, a hacer lo que quiere y a tener el control de sus vidas. No pudo triunfar la ideología de los que no la querían ver triunfar. Y más importante aun hoy más tienen voz para abogar en el gobierno por sus derechos.

Por suerte los dos candidatos al Senado federal que estuvieron en la lupa pública por comentarios irracionales con respecto al cuerpo de la mujer no fueron elegidos, ni siquiera con las cifras exorbitantes que tuvieron de publicidad financiada por los famosos Super PACS. Y si en 1991 solo había 2 senadoras federales después de esta elección, a partir de enero habrá 20. Una de ellas abiertamente gay y otra, la primera de origen asiático en llegar a un escaño. Se hizo historia. Pero a nivel social esto no para ahí, con una representación mas fuerte de la mujer en el senado, habrá muchos cambios por venir y muchas mas voces serán alzadas.

Respetar las decisiones y la integridad de la mujer, como se respetan las del hombre es el primer paso a una verdadera igualdad. Y esta guerra social que nos querían hacer algunos fue superada, a punta de democracia.

miércoles, 7 de noviembre de 2012

Lo mejor está por llegar



Texto íntegro del discurso de Barack Obama tras su reelección como presidente

Muchas gracias.

Hoy, más de 200 años después de que una antigua colonia se ganara el derecho a decidir su propio destino, la tarea de perfeccionar nuestra unión sigue adelante.

Sigue adelante gracias a vosotros. Sigue adelante porque habéis reafirmado el espíritu que ha triunfado sobre la guerra y la depresión, el espíritu que ha levantado a este país desde la desesperación más profunda hasta las mayores esperanzas, la convicción de que, aunque cada uno de nosotros persigue sus sueños personales, somos la familia americana y ascendemos o caemos como una misma nación y un mismo pueblo.

Esta noche, en esta elección, vosotros, el pueblo estadounidense, nos habéis recordado que, aunque nuestro camino ha sido duro, aunque nuestro recorrido ha sido largo, nos hemos levantado, hemos recuperado nuestro rumbo, y sabemos, desde el fondo de nuestros corazones, que, para los Estados Unidos de América, lo mejor está por llegar.

Quiero dar las gracias a todos los estadounidenses que han participado en esta elección,a los que votaban por primera vez y a los que tuvieron que guardar cola durante mucho tiempo. Por cierto, eso es algo que tenemos que arreglar. A los que recorrieron las aceras y los que cogieron los teléfonos, a los que levantaron carteles de Obama y los que levantaron carteles de Romney, habéis hecho oír vuestras voces y habéis influido en los resultados.

Acabo de hablar con el gobernador Romney y les he felicitado a él y a Paul Ryan por una campaña muy disputada. Hemos peleado de manera feroz, pero solo porque amamos profundamente a este país y nos preocupa muchísimo su futuro. Desde George y Lenore hasta su hijo Mitt, la familia Romney ha querido trabajar por Estados Unidos, dedicarse al servicio público, y ese es el legado que esta noche honramos y aplaudimos. En las próximas semanas, aspiro a reunirme con el gobernador Romney con el fin de hablar de lo que podemos hacer juntos para impulsar el país hacia adelante.

Quiero dar las gracias a mi amigo y socio de estos cuatro años, el guerrero feliz de América, el mejor vicepresidente que jamás podría haber, Joe Biden.

Gracias al mejor equipo de campaña y de voluntarios en la historia de la política. El mejor. El mejor de toda la historia. Algunos erais nuevos esta vez, y otros habéis estado a mi lado desde el principio. Pero todos sois mi familia. Hagáis lo que hagáis, vayáis donde vayáis, llevaréis con vosotros el recuerdo de la historia que hicimos juntos y tendréis durante toda la vida el agradecimiento de un presidente. Gracias por creer hasta el final, a través de cada colina y cada valle. Me habéis llevado sobre vuestros hombros todo el camino y siempre agradeceré todo lo que habéis hecho y vuestro increíble esfuerzo.

Y no sería el hombre que soy hoy sin la mujer que aceptó casarse conmigo hace 20 años. Lo voy a decir en público: Michelle, nunca te he querido tanto como en este momento. Me siento más orgulloso que nunca, viendo cómo se ha enamorado Estados Unidos de ti en tu papel de primera dama. Sasha y Malia, estáis convirtiéndoos ante nuestros ojos en dos jóvenes fuertes, listas y bellas, igual que vuestra madre. Estoy muy orgulloso de vosotras. Pero tengo que decir que, por ahora, un perro es suficiente.

Sé que las campañas políticas, en ocasiones, pueden parecer poco importantes, incluso tontas. Y son carne de cañón para los cínicos que dicen que la política no es más que un enfrentamiento de egos o un territorio que se disputan grupos de intereses. Pero, si habéis tenido la oportunidad de hablar con las personas que han acudido a nuestros mítines y han hecho cola en el gimnasio de un instituto, o si habéis visto a los voluntarios que trabajaban hasta altas horas de la noche en una oficina de campaña en algún rincón remoto, habréis descubierto otra cosa.

Habréis oído la decisión en la voz de un joven organizador sobre el terreno que trabaja para pagarse la universidad y quiere garantizar que todos los jóvenes tengan la misma oportunidad. Habréis oído el orgullo en la voz de una voluntaria que iba puerta a puerta porque su hermano encontró trabajo, por fin, cuando la fábrica de automóviles local añadió otro turno. Habréis oído el hondo patriotismo en la voz de la esposa de un militar que se encargaba de los teléfonos por las noches para asegurarse de que ninguna persona que lucha por este país tenga que luchar jamás para tener empleo ni para tener un techo cuando vuelve a casa.

Por eso hacemos todo esto. Eso es lo que puede ser la política. Por eso son importantes las elecciones. No son una cosa pequeña, son una cosa fundamental. Muy importante. En un país de 300 millones, la democracia puede ser ruidosa, caótica, complicada. Tenemos opiniones distintas. Cada uno tiene sus propias convicciones. Y cuando atravesamos tiempos difíciles, cuando tomamos grandes decisiones como país, es inevitable que se agiten las pasiones y surjan controversias.

Eso no va a cambiar de la noche a la mañana, ni tiene por qué. Estos debates que tenemos son una seña de nuestra libertad. No podemos olvidar jamás que en estos instantes, mientras hablamos aquí, en países lejanos hay personas que están arriesgando sus vidas para tener la posibilidad de discutir sobre las cuestiones importantes, para tener la oportunidad de emitir su voto como hemos hecho hoy aquí.

Sin embargo, a pesar de nuestras diferencias, la mayoría de nosotros comparte ciertas esperanzas para el futuro de Estados Unidos. Quermos que nuestros hijos crezcan en un país en el que tengan acceso a las mejores escuelas y los mejores profesores. Un país que esté a la altura de su legado como líder mundial en tecnología, descubrimiento e innovación, con todo el empleo de calidad y las nuevas empresas que se derivan de ellos.

Queremos que nuestros hijos vivan en un país que no esté acosado por la deuda, que no esté debilitado por las desigualdades, que no esté amenazado por la capacidad destructiva de un planeta que se calienta. Queremos transmitir un país seguro, respetado y admirado en todo el mundo, una nación defendida por el ejército más poderoso de la tierra y las mejores tropas que ha conocido el mundo. Pero también un país que avance con confianza más allá de esta época de guerra para construir una paz basada en la promesa de libertad y dignidad para todos los seres humanos.

Creemos en un Estados Unidos generoso, un Estados Unidos compasivo, un Estados Unidos tolerante, abierto a los sueños de una hija de inmigrantes que estudia en nuestras escuelas y jura fidelidad a nuestra bandera. Abierto a los sueños del chico de la parte sur de Chicago que ve que puede tener una vida más allá de la esquina más cercana. A los del hijo del ebanista de Carolina del Norte que quiere ser médico o científico, ingeniero o empresario, diplomático o incluso presidente; ese es el futuro al que aspiramos. Esa es la visión que compartimos. Esa es la dirección en la que debemos avanzar. Hacia allí debemos ir.

Por supuesto, tenemos discrepancias, a veces feroces, sobre la forma de llegar. El progreso, como ocurre desde hace más de dos siglos, es irregular. No siempre es una línea recta. No siempre es un camino llano. Saber que tenemos unas esperanzas y unos sueños comunes no basta, por sí solo, para terminar con la paralización, resolver todos nuestros problemas ni sustituir al esfuerzo de construir un consenso y alcanzar los difíciles compromisos necesarios para impulsar el país. Pero ese vínculo común debe ser nuestro punto de partida.

Nuestra economía está recuperándose. Está llegando a su fin una década de guerra. La larga campaña ha terminado. Y, tanto si me habéis dado vuestro voto como si no, os he escuchado, he aprendido cosas de vosotros, y habéis hecho que sea mejor presidente. Con vuestras historias y vuestras luchas, regreso a la Casa Blanca más decidido y más inspirado que nunca sobre la tarea que nos aguarda y el futuro que tenemos por delante.

Esta noche habéis votado para que actuemos, no para que hagamos la política habitual. Nos habéis elegido para que nos centremos en vuestro trabajo, no en el nuestro. En los meses y semanas que vienen, estoy deseando colaborar con los líderes de los dos partidos para afrontar los retos que solo podemos superar si estamos unidos. Reducir el déficit. Reformar nuestro código tributario. Arreglar nuestro sistema de inmigración. Liberarnos del petróleo extranjero. Tenemos muchas más cosas que hacer.

Pero eso no significa que vosotros hayáis terminado. El papel del ciudadano en nuestra democracia no acaba con el voto. Estados Unidos no se ha movido nunca en función de lo que otros pueden hacer por nosotros. Estados Unidos consiste en saber qué podemos hacer todos juntos, mediante una labor tan frustrante y difícil, pero necesaria, como es el autogobierno. Ese es el principio sobre el que se fundó nuestra nación.

Este país tiene más riqueza que ningún otro, pero no es eso lo que nos hace ricos. Tenemos el ejército más poderoso de la historia, pero no es eso lo que nos hace fuertes. Nuestras universidades y nuestra cultura son la envidia del mundo entero, pero no es eso lo que hace que el mundo venga sin cesar hasta aquí.

Lo que hace que Estados Unidos sea excepcional son los lazos que mantienen unida a la nación más variada del mundo. La convicción de que tenemos un destino común; de que este país solo funciona cuando aceptamos que tenemos ciertas obligaciones con nuestros conciudadanos y con las generaciones futuras. La libertad por la que tantos estadounidenses han luchado y han muerto acarrea responsabilidades además de derechos. Y entre esas responsabilidades están el amor, la generosidad, el deber y el patriotismo. Eso es lo que da a Estados Unidos su grandeza.

Esta noche me siento esperanzado porque he visto ese espíritu en acción. Lo he visto en la empresa familiar cuyos dueños prefieren recortar sus ganancias antes que despedir a sus vecinos, y en los trabajadores que prefieren trabajar menos horas antes que ver que un amigo pierde su empleo. Lo he visto en los soldados que vuelven a alistarse después de perder una pierna y en los SEALs que suben por las escaleras e irrumpen en la oscuridad porque saben que tienen a un compañero guardándoles las espaldas.

Lo he visto en las costas de Nueva Jersey y Nueva York, donde los líderes de todos los partidos y todas las instancias del Gobierno se olvidaron de sus diferencias para ayudar a una comunidad a reconstruir todo lo que una terrible tormenta había destruido. Y lo vi el otro día, en Mentor, Ohio, donde un padre contó la historia de su hija de ocho años, cuya larga batalla contra la leucemia habría arruinado a su familia si no hubiera sido por la reforma sanitaria aprobada solo unos meses antes de que la compañía de seguros estuviera a punto de dejar de pagarle los tratamientos.

Tuve ocasión de hablar con su padre y de conocer a esa increíble niña. Y, cuando el padre contó su historia a la multitud que le escuchaba, todos los padres del público teníamos los ojos llenos de lágrimas, porque sabíamos que su hija podía ser una de las nuestras. Sé que todos los estadounidenses quieren que el futuro de esa niña sea tan brillante como el de sus hijos. Así somos nosotros. Ese es el país que tan orgulloso estoy de presidir.

Y esta noche, a pesar de todas las dificultades que hemos padecido, a pesar de todas las frustraciones con Washington, tengo más esperanzas que nunca sobre nuestro futuro. Tengo más esperanzas que nunca sobre Estados Unidos. Y os pido que sostengáis esa esperanza. No hablo de tener un optimismo ciego, una esperanza que ignore la enormidad de las tareas que nos aguardan ni los osbtáculos que encontraremos por el camino. No hablo de un idealismo iluso que nos permita permanecer al margen ni eludir el combate.

Siempre he creído que la esperanza es ese sentimiento tenaz en nuestro interior que insiste, a pesar de que todo indique lo contrario, en que el futuro nos reserva algo mejor, siempre que tengamos el valor de seguir intentándolo, seguir trabajando, seguir luchando.

Creo que podemos continuar el progreso que ya hemos logrado y seguir esforzándonos para tener nuevos puestos de trabajo, nuevas oportunidades, una nueva seguridad para la clase media. Creo que podemos cumplir la promesa de nuestros fundadores, la idea de que, si una persona está dispuesta a trabajar duro, no importa de dónde venga ni qué aspecto tenga ni dónde ame. No importa que sea negro, blanco, hispano, asiático, indio americano, joven, viejo, pobre, rico, capacitado, discapacitado, gay o heterosexual; en Estados Unidos, si está dispuesto a esforzarse, puede conseguir lo que sea.

Creo que podemos alcanzar juntos este futuro porque no estamos tan divididos como hace pensar nuestra política. No somos tan cínicos como dicen los expertos. Somos más que la suma de nuestras ambiciones individuales, y somos más que una colección de estados rojos y estados azules. Somos, y siempre seremos, los Estados Unidos de América.

Y juntos, con vuestra ayuda y la gracia de Dios, continuaremos nuestro viaje y recordaremos al mundo por qué vivimos en la mejor nación de la tierra.

Gracias, América... Dios os bendiga. Dios bendiga a Estados Unidos.

 

Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia. EL PAIS

El burro pateó al elefante


Mario J. Viera

Estaban confiados los republicanos que arrasarían en las elecciones; creían que se harían con los votos electorales de la Florida y de Ohio. Rugía el Tea Party, ellos barrerían a Obama. Cuatro años estuvieron fraguando la derrota de Barack Obama, así lo había asegurado John Boehner, presidente de la Cámara de Representantes Federal y desde el primer día del mandato de Obama se unieron unánimemente para bloquear cualquier iniciativa del presidente.

En febrero los republicanos celebraron la 39 Conferencia Conservadora de Acción Política con el propósito de denostar a Obama y allí habló la estrella del Tea Party, el Senador Marcos Rubio diciendo: “El presidente de Estados Unidos parece muy buen padre, parece muy buen esposo, pero es un presidente terrible...”. Y no solo para los republicanos Obama es un “presidente terrible”, también intentaron presentarle como nacido en Nigeria, que era de credo musulmán y hasta de alentar ideas filo-comunistas.

Manejaron conceptos de carácter ideológico que les abocaba a la ultra derecha y esgrimieron planteamientos decimonónicos del Estado reducido y del laissez faire. Olvidaron un concepto fundamental dentro de la sociedad americana, la diversidad. Idealizaron un Estados Unidos que ya no es, que mucho ha transcurrido desde 1776; que ya apenas hay vínculo con la época de la Guerra Civil; que ya no es el mismo país de finales de la Segunda Guerra Mundial ni tampoco del fin de la Guerra Fría. Es que ni el resto del mundo posterior al fin de la confrontación Unión Soviética-Occidente es igual.

Intentaron los republicanos sacar partido de las dificultades para la recuperación de la economía y del índice de desempleo que supera el 7 porciento. Dos temas que serían su caballo de Troya y despreciaron el surgimiento de los indignados de Occupy Wall Street como reacción ante la actitud del Congreso y las diferencias colosales entre el 1 porciento de la población y el resto de la sociedad. Olvidaron que Estados Unidos es reacio a aceptar posiciones políticas al extremo para conducir a la nación.

Y llegó el 6 de Noviembre y su larga noche. Obama ganaría ampliamente los votos electorales (303 contra 206) y se llevaría la victoria con los votos populares con una diferencia a su favor de más de 2 millones 600 mil votos y ganando en más de la mitad de los Estados.

Una creciente fuerza política comienza a manifestarse representada por el voto hispano que fue favorable a Obama con el 72 porciento contra el 28 porciento que recibiría Romney.

Lograron los republicanos mantener la mayoría en la Cámara y los demócratas conservaron su mayoría senatorial.

La Florida dejó de ser el bastión seguro de los republicanos, aunque Obama la ganó por estrecho margen. Miami-Dade se tiñe de azul y hasta en la comunidad cubano-americana que siempre fue bloque de votos republicanos ahora está dividida casi a la mitad, 50 a 47 según El Miami Herald.

Las cosas cambian desfavorablemente para el Partido Republicano, perdió en estas, que seguramente serán, históricas elecciones; perdió Romney a pesar del gran esfuerzo que desplegara su campaña; pero el gran perdedor, el gran derrotado ha sido el Tea Party y, es posible que el Partido Republicano luego de la derrota replantee sus vínculos con este ultra-reaccionario movimiento.

Definitivamente, ayer el burro demócrata pateó al elefante republicano.

lunes, 5 de noviembre de 2012

¿Obama?, ¿Romney?


Mario J. Viera

Vísperas de las elecciones en Estados Unidos; elecciones que por más de una razón serán históricas. ¿Quién ganará la presidencia? ¿Obama? ¿Romney? ¡Quién sabe! Está el país tan polarizado que no se puede emitir con certeza un pronóstico. Ni siquiera se puede prever si el abstencionismo sea el ganador en el conteo de votos por estados.

Hay un hecho cierto, Romney predomina entre los americanos blancos y cuenta con el apoyo irrestricto del Tea Party. Obama está asegurado con el voto de las minorías, fundamentalmente entre los negros y los latinos. No obstante, el voto latino es una incógnita: ¿Saldrán masivamente los latinos a votar?

El tema álgido en estas elecciones es la economía. Obama heredó una economía al borde del descalabro y aunque ha tenido logros deteniendo la crisis impidiendo la depresión, todavía no ha podido encauzar la locomotora de la economía. El caballo de batalla de Romney es precisamente el tema de la economía; él dice saber como resolver la crisis, aunque no ha dicho como lo logrará. Dice tener experiencia empresarial y por tanto ser el más apto para sacar adelante la economía; pero se conoce como logró sus éxitos empresariales, con métodos que no pueden considerarse óptimos para la conducción del gobierno nacional. Un Estado no es una empresa.

Pero también están en juego otros aspectos importantes. El primero, la seguridad nacional frente al terrorismo islamista, la amenaza de Irán, la consolidación de gobiernos populistas en América Latina enemigos de Estados Unidos, el peligro de los carteles del narcotráfico que crecen al otro lado de la frontera sur. El líder de Al Qaida fue eliminado, pero sus militantes comienzan a recuperar terreno en Irak, Libia y Siria.

Se requiere un comandante en jefe que sea capaz de detener la amenaza que se cierne sobre el país. ¿Obama?, ¿Romney? Se conoce lo que ha hecho la administración demócrata en el tema; no se conoce a ciencia cierta lo que al respecto pudiera garantizar una administración republicana, salvo su anunciado redoble de tambores bélicos.

En segundo lugar, la Seguridad Social, el Medicare, el Medicaid y el acceso a los seguros médicos para la mayoría de la población. Obama pretende salvaguardar la protección de los grupos más vulnerables de la sociedad y fortalecer el Medicare mediante los presupuestos de su reforma de asistencia médica, que despectivamente se ha denominado Obamacare. La dupla Romney-Ryan proponen hacer recortes en la Seguridad Social y su privatización y “salvar” el Medicare mediante la fórmula de los vouchers para que las personas de la tercera edad puedan pagar a las aseguradoras para sus cuidados de salud.

En tercer lugar, la reforma inmigratoria y el conflicto de una inmigración ilegal que sobrepasa los once millones de indocumentados y la suerte y destino de los “dreamers”. ¿Cuál fórmula será ganadora, la de una reforma integral de Inmigración por la que se decanta Obama aunque hasta hora no ha presentado ningún proyecto, o aquella de la “deportación voluntaria” que preconiza Romney y enarbola como modelo legislativo para la nación la ley antinmigrante SB1070 de Arizona?

En cuarto lugar, aunque no menos importante es lo concerniente a la igualdad salarial de las mujeres con los hombres, un tema en el que parecen coincidir ambos candidatos aunque con diferencia de matices.

Mañana se definirá si Estados Unidos se decidirá por la ultraderecha en el gobierno de sus destinos o si continuará en la línea del centrismo de izquierda del presidente Barack Obama.

Mañana sabremos quién será el presidente de Estados Unidos: ¿Obama?, ¿Romney?

¿Latinos con Obama, o contra Romney?


Andrés Oppenheimer
No es de extrañar que, según las encuestas, un 70 por ciento de los votantes latinos apoyarán al presidente Barack Obama, mientras que sólo un 25 por ciento respaldarán al gobernador Mitt Romney en las elecciones de Estados Unidos. Hay diez grandes razones por las que a una inmensa mayoría de hispanos le resulta muy difícil votar por Romney.

Aquí van, sin ningún orden en particular:

Primero: en temas económicos que tocan el bolsillo de los votantes, Romney ha dado la imagen de ser el candidato de los ricos, que quiere bajar los impuestos a los millonarios y desregular a Wall Street. El comentario de Romney filmado secretamente durante un evento privado en el que dijo que el 47 por ciento de los votantes dependen de subsidios del gobierno, y que por lo tanto “mi tarea no es preocuparme de esa gente”, reforzó la idea de que a Romney no le interesan los pobres.

Segundo: en temas macroeconómicos, los ataques de Romney contra Obama por el estado anémico de la economía son vistos por muchos latinos como un ejercicio de hipocresía. ¿Acaso no fue el partido republicano de Romney, durante la presidencia de George W. Bush, el que dejó el país con el mayor desastre económico desde la Gran Depresión?, preguntan muchos.

Tercero: en materia de salud pública, los virulentos ataques de Romney contra la ley Obamacare, que ofrece servicios de salud a todos los estadounidenses, alarmaron a la mayoría de los latinos. El hecho de que el mayor país industrializado del mundo no hubiera tenido servicios de salud para 45 millones de personas era visto por muchos como escandaloso.

Cuarto: en educación, Romney ha propuesto que el gobierno central juegue un rol menor, y — hasta que cambió de opinión en las últimas semanas — apoyó un presupuesto de su compañero de fórmula, Paul Ryan, que reduciría las Becas Grant a alrededor de 10 millones de jóvenes universitarios, muchos de ellos latinos.

Quinto: en materia del gasto militar, Romney ha pedido un aumento de 100,000 millones de dólares para el 2016, mientras se recorta el resto del gasto gubernamental. Muchos latinos temen que aumentar el gasto militar obligaría a realizar aún más cortes en los servicios sociales.

Sexto: en inmigración, el tono virulento de Romney contra los indocumentados durante las primarias molestó a muchos latinos, y su apoyo de la draconiana ley anti-inmigratoria de Arizona, y su promesa de vetar el Dream Act — que ofrecería legalizar a muchos universitarios indocumentados — indignó a muchos hispanos.

Séptimo: con respecto al control de armas, la mayoría de los hispanos —que están entre los más afectados por la violencia con armas de fuego— quieren leyes de control de armas más severas, para impedir hechos como la reciente masacre en un cine de Aurora, Colorado. Mientras que Romney se opone a nuevos controles a las armas, los latinos quieren leyes mas estrictas, según un estudio del Pew Research Center.

Octavo: en lo que hace a las guerras, a muchos latinos no les convence la propuesta de la plataforma republicana de lograr “la paz mediante la fuerza”, que temen podría llevar a nuevas aventuras bélicas. Muchos latinos están en el ejército, y son contrarios a las guerras no esenciales.

Noveno: en materia de terrorismo y política exterior, pese a que Romney acusa a Obma de haber sido complaciente con el fundamentalismo islámico, fue el gobierno de Obama el que eliminó al líder de Al Qaeda Osama bin Laden, y el que impuso duras sanciones económicas a Irán. Con respecto a Latinoamérica, pese a que Obama no ha hecho gran cosa, en general ha sido prudente.

Décimo: en general, el partido republicano de Romney ha virado tan a la extrema derecha en casi todos los temas — desde la desregulación de Wall Street hasta el calentamiento global —, que Romney, de ser elegido, difícilmente podría girar hacia el centro. Considerando su historia de cambios constantes, un nuevo cambio lo expondría a ser ridiculizado como un camaleón político que no puede ser tomado en serio.

Mi opinión: Si Romney logra solamente el 25 por ciento del voto hispano, como lo indica la última encuesta de NBC/ Wall Street Journal, será el menor porcentaje del voto hispano logrado por un candidato republicano en dos décadas.

Y se deberá a que Romney se ha alineado de lleno con la extrema derecha de su partido, incluyendo a los fanáticos anti-inmigración que apoyan las leyes de "muéstreme sus documentos” que podrían afectar a todos los hispanos.

Ahora, la gran pregunta será si el 70 por ciento de latinos que apoyan a Obama saldrán a votar el martes, o se quedarán en sus casas. Eso será el factor que podría decidir estas elecciones, y el futuro del poder político de los latinos.