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lunes, 27 de junio de 2011

Ya se quitaron las caretas. El reto de la demagogia en Honduras.



Mario J. Viera.

Ya se congregan al amparo de los acuerdos de Cartagena los ofuscados, los resentidos del Frente Nacional de Resistencia Popular (FNRP). Delegados de los 18 departamentos hondureños se concertaron en una asamblea para alzar su grito de guerra: conquistar el poder y exigir la convocatoria de una Asamblea Constituyente. Verles ahí, en el gimnacio del Instituto Central Vicente Cáceres adornado con imágenes de Hugo Chávez, de Evo Morales, de Rafael Correa, de Daniel Ortega y de Fidel y Raúl Castro. Véase las otras imágenes que presiden el acto. El rostro pétreo del aventurero Ernesto Guevara, el que predicara el odio contra el enemigo de clase, la mirada esquiva del guerrillero comunista que enlutó a El Salvador, Schafik Handal, el rostro de Augusto César Sandino,  el gesto adusto del guerrillero mexicano Pancho Villa y la incongruencia de las nobles figuras de José Martí y de monseñor Óscar Arnulfo Romero.
Y aparece en el fórum Manuel Zelaya acompañado de su esposa Xiomara Castro; su hija Hortensia y dos de sus nietos. Y saluda alzando el brazo izquierdo con el puño cerrado como acostumbran a saludar los caudillos comunistas. Y se escucha el clamor entusiasta de los 1 500 concurrentes. Y Zelaya, el terrateniente, el oligarca, tomando para sí la retórica marxista dice: "Ya está iniciado el camino de la derrota de la burguesía que gobierna este país, y ya hoy estamos consolidando la victoria del pueblo que se siente en el corazón de cada hondureño que nos escucha en cada rincón de esta patria

Entonces el presidente que violó la Constitución que juró defender, propone la formación de un Frente Amplio de Resistencia Popular; él sabe que no tiene regreso al Partido Liberal por el que fue electo para la presidencia y que provocó su división. Y las turbas aclaman con unanimidad la formación de la nueva organización política.
Y asume Zelaya la actitud del reformador y del teórico social: “Hemos expuesto una doctrina también y una filosofía económica política, porque aquí se está construyendo un socialismo democrático que yo le llamo liberalismo prosocialista, pero está en construcción una nueva fórmula política que en los próximos 50 años va a gobernar en este país y aquí está representado
Esa es la razón de su participación en el Frente Amplio, gobernar por cinco décadas. Nada dice el liberal prosocialista de los males reales que afectan a la sociedad hondureña, nada dicen en condena de la criminalidad que amenaza la paz social de Honduras. El quiere acabar con las "viejas estructuras tradicionales", sobre todo aquellas que impiden la reelección de la presidencia. ¡Ah!, dice el presidente que se entregó al chavismo para mantenerse en el poder prolongado, que el Frente Amplio será “una nueva fuerza política que sustituya, que haga los cambios políticos que necesita Honduras, una fuerza política basada en el poder popular construido, demostrado y probado en esta lucha antigolpista y antioligárquica que representa el Frente Nacional de Resistencia Popular”.
La amenaza contra la propiedad privada está expresa en la exigencia que el pseudo izquierdista Zelaya plantea para aceptar la militancia de los miembros del Frente Amplio de Resistencia: “Hemos propuesto que se respete la diversidad política del Frente de Resistencia, donde todos tengamos una participación, solo pedimos dos condiciones, que se opongan a la explotación del hombre por el hombre, este modelo económico no lo aceptamos”. Es prácticamente el llamado a desatar la lucha de clases que divide a los pueblos y engendra odios, que resalta la demagógica “explotación del hombre por el hombre” y justificar la explotación de la sociedad por el poder de un partido hegemónico y el poder del Estado en la represión de los contrario como se hizo en Cuba, como pretende Chávez con su Partido Socialista Unido de Venezuela.
En el conglomerado resalta Juan Barahona, el segundo de Mel en el FNRP que declara con entusiasmo que “el Frente Amplio va a disputar el poder a la oligarquía en las urnas”. Ese mismo Juan Barahona que se identifica con la dictadura castrista, que ha participado desde la tribuna de la denominada Plaza de la Revolución, del desfile del Primero de Mayo del 2011 y partidario incondicional de Daniel Ortega.
Se lanza al ruedo de la política el Frente Amplio de Resistencia, con su pesada carga de comunistas y lo peor de la izquierda bananera. Aspira a ganar el poder en las elecciones de 2013 y para ello cuenta con los aportes generosos de Hugo Chávez. No son días de calma los que en el espacio político se vivirá de ahora en adelante en Honduras. 
El Frente zelayista-chavista se juega la carta de Hugo Chávez con la esperanza de jugar un papel importante en 2013, confían en que Chávez retendrá el poder en Venezuela después del 2012. Quizá el pueblo venezolano les  frustre sus anhelos derrocando al chavismo por la vía electoral.
Definitivamente se ha despojado de sus caretas. El Frente Amplio de Resistencia pretender sumir a Honduras en las sombras del pantano comunista y de la “dictadura del proletariado”.


 

jueves, 23 de junio de 2011

Lo que se esconde tras la consulta popular a favor de una Constituyente en Honduras.

Mario J. Viera


Los intentos de reformas constitucionales en Honduras no son nuevos. Ya en épocas del presidente Tiburcio Carías Andino se pretendió el establecimiento de una nueva Constituyente que posibilitara la reelección inmediata de la presidencia que la Constitución de 1924 prohibía expresamente. Los cambios que se introdujeron en la Constitución de 1936 fueron la eliminación de la prohibición para la reelección inmediata de la presidencia y la vice presidencia, extender el periodo presidencial a seis años en lugar de los cuatro que reconocía la Constitución y el restablecimiento de la pena de muerte. La nueva Constitución hecha a gusto y complacencia de Carías incluyó un artículo que el presidente y el vicepresidente estarían en el poder hasta el año de 1943.
En 1939, el Congreso controlado por el partido de Carías dictó una ley por la cual el periodo presidencial de Carias por seis años más hasta 1949. Tras la victoria obtenida sobre una insurrección liberal que intentaba proclamar como presidente a Heliodoro del Valle, entonces exiliado en México, le permitió a Carias continuar como presidente hasta 1949. Por último presionado por los Estados Unidos para que abandonara el poder Carías en octubre de 1948 anunció la convocatoria para elecciones.
La Constitución vigente en Honduras fue el resultado de la Asamblea Constituyente convocada a finales del gobierno de la Junta Militar que gobernó al país . El general Policarpo Juan Paz García había convocado a elecciones para la Constituyente el 20 de abril de 1980. Con el propósito de restaurar el estado de derecho luego de los gobiernos militares se promulgó en 1982 la nueva Constitución.
La experiencia de los años de gobierno militar y del largo periodo de gobierno de Carías determinó el contenido de los postulados constitucionales. Honduras rechazaba por su Constitución la reelección de quienes hubieran ocupado los cargos de Presidente y vicepresidente estableciendo esta norma como uno de los artículos inamovibles y reformables del texto constitucional.
Zelaya pretendió realizar una consulta popular dirigida al establecimiento de una nueva Asamblea Constituyente que redactara una nueva constitución para el país lo que propició su destitución por los militares con el beneplácito del Congreso y el poder judicial. Luego del acuerdo de Cartagena, el tema de una supuesta reforma constitucional por conducto de una Constituyente ha vuelto a ser planteada tanto por el Frente Nacional de Resistencia Popular (FNRP) y el actual mandatario Pepe Lobo.
¿Qué se esconde tras la propuesta consulta popular legalizada por la reforma del artículo cinco?
Los agitadores del FNRP achacan a la Constitución vigente la situación de pobreza y subdesarrollo que afecta a gran parte de la sociedad hondureña, de aquí la necesidad de una reforma constitucional, dirigida a la construcción de “un Estado de derecho que garantice el bienestar de todos y permita la construcción de una sociedad verdaderamente democrática e incluyente”.
Al respecto el columnista del diario EL HERALDO, Arturo Alvarado ha observado acertadamente:
Lo interesante de toda esta tragicomedia es que ni desde los tiempos en que en forma ilegal el expresidente Zelaya trató de impulsar la misma iniciativa ni hasta la fecha, los proponentes han presentado al pueblo hondureño las justificaciones para tal iniciativa ni las reformas que deberían ser incorporadas en la nueva Constitución
Ciertamente el reclamo se funda solo en palabras, en consignas no en proposiciones concretas que justifiquen una reforma en profundidad de la Constitución. Sin embargo ¿se requiere la convocación de una Asamblea Constituyente para introducir las reformas que se consideren necesarias para mejorar el estado de derecho y el bienestar de la nación?
Aunque la Constitución de 1982 es de carácter rígido que requiere un procedimiento especial para la reforma de sus artículos eso no quiere decir que no se puedan introducir modificaciones en la redacción de su articulado o reformas de los mismos como lo demuestran las numerosas adiciones, enmiendas y reformas que se han incluido en el texto. La única salvedad es la debida a los denominados artículos pétreos constitucionales, algo a lo que se opuso la bancada de Unificación Democrática por boca de su representante en el Congreso Marvin Ponce durante el debate para la reforma del artículo 5 quien apoyó las reformas para el referendo y al plebiscito para eliminar “los obsoletos artículos pétreos de esa Constitución de la República. Este ─ agregó ─ es el momento de que la clase política cambie para acabar con esa pobreza si queremos hacer progresar el país”.
Arturo Alvarado ha dicho al respecto en su artículo de opinión “¿Asamblea constituyente?”:
Podemos deducir entonces que si la gran mayoría de los artículos de nuestra actual Constitución pueden ser reformados, lo que buscan los promotores de la constituyente no es más que una constitución que incorpore una nueva forma de gobierno, de repente anexar el territorio a la alianza bolivariana y permitir la reelección presidencial”.
Más adelanta recalca el columnista de EL HERALDO:
“...la reelección presidencial en un país donde las instituciones no funcionan y una clase política que en su mayoría solo busca su propio bienestar, a lo que nos conducirá es a una dictadura democrática, en donde las elecciones solo servirán para legitimar a un gobernante que, haciendo uso de su poder y de los recursos públicos, tomará el control absoluto del país y tratará de eternizarse en el cargo, tomando como ejemplo varios países de América del Sur”.
Esto hace recordar claramente el largo periodo de gobierno  de Tiburcio Carías Andino y lo que actualmente se ha producido en Venezuela, Ecuador, Bolivia y se espera reproducir en Nicaragua, la dictadura “democrática”.
El subdesarrollo que existe en Honduras no es provocado por los dictados de la Constitución ni será resuelto con un beneplácito constitucional a la reelección continuada de los gobernantes. La base del subdesarrollo en cualquier país está en la corrupción gubernamental; en la falta de transparencia, en la no inversión en la educación de las nuevas generaciones que sería un valladar para el incremento de la criminalidad y el motor impulsor de la iniciativa individual en el desarrollo económico, tecnológico y social.
Nada hay que agregar al párrafo final del artículo de Arturo Alvarado:
“Nuestro subdesarrollo tiene que ver con la falta de un gobierno con visión de largo plazo, la poca transparencia y eficiencia en el uso de los recursos que aportamos los contribuyentes, la mala calidad del gasto público, el débil funcionamiento del Estado de derecho que ha hecho que la corrupción y la impunidad sean el peor azote del desarrollo económico y social y los altos niveles de criminalidad. Los hondureños debemos unirnos para forzar transformaciones estructurales que propicien el crecimiento económico con equidad, pero bajo un clima de democracia y el respeto a los derechos individuales. Dejemos que la iniciativa de cada hondureño sea el impulso creativo de una nueva Honduras”.
Detrás de la propuesta de una Asamblea Constituyente se esconden las ambiciones de los grupos procomunistas que no cuentan con apoyo sustancial entre el electorado hondureño,  los propósitos hegemonistas de Hugo Chávez y las intrigas del castrismo en busca de un frente de países que le sirvan de escudo y protección dentro de los organismos internacionales. Se conspira para traicionar a Honduras.

domingo, 19 de junio de 2011

Don Pepe no convence.

Mario J. Viera

De veraz, Pepe Lobo no convence, ni convencen las excusas dadas por personeros de su gobierno. No convence desde que nombró al comunista reciclado César Ham al Instituto Nacional Agrario; no convence desde que firmó el claudicante Pacto de Cartagena.
El pacto no firmado entre Porfirio Lobo y Ariel Vargas, una especie de acuerdo “entre caballeros” no necesitaba ser rubricado. El informe rebelado tanto por el diario hondureño EL HERALDO y EL NUEVO HERALD de Miami no deja lugar a dudas y su lectura pone en evidencia que se trató de un convenio entre el actual mandatario hondureño.
La explicación que ha dado Lobo no es una refutación del acuerdo recogido por el encargado de negocios chavista: “Yo invite al encargado de negocios de Venezuela (Ariel Vargas) a que nos reuniéramos ─ trató de explicar Lobo ─ y lo que pedí fue que le explique a su Gobierno que hay cosas que no puedo hacer, porque a veces confunden y creen que soy de un partido que no soy”. Se trata de una torpe justificación.
No obstante en la iniciativa “Dialogando con Mi Presidente” el sábado 18 de junio declaró:
La plática que está referida en el cable casi todo es cierto, casi todo, yo me reuní con él (Vargas) personalmente pero lo importante es leer lo que dice el cable porque un tema es lo que dice el cable y otro tema es lo que dicen otros, porque si ustedes ven el cable ahí no veo ningún pacto secreto

Por supuesto que se trató de un pacto que llevó al compromiso de allanar el camino para la instauración de una Constituyente, el perdón de los delitos de Mel Zelaya y de sus compinches y el reconocimiento del Frente Nacional de Resistencia Popular que se recogieron en el acuerdo de Cartagena. Todo es claro.
"¿Saben que pasó? les voy a explicar, recuerden ustedes que estábamos a punto de ingresar a la OEA algunos países como Ecuador mantenían la posición de que nosotros deberíamos de enjuiciar a los militares y que yo debería sacar a los que están en el gobierno, entonces yo invité al encargado de negocios de Venezuela a que nos reuniésemos porque él vive aquí, él conoce bien la realidad y lo que yo le pedí es, mire quiero que usted le explique a su gobierno que hay cosas que yo no puedo hacer
Esta explicación genera más dudas. ¿Acaso no significa un reconocimiento al liderazgo de Hugo Chávez en el plano continental?
Igualmente, Lobo da un fuerte reconocimiento al payaso de Miraflores y acatamiento a su injerencia cuando declaró:
"Para su tranquilidad y los temores infundados de mucha gente el presidente Chávez él me dijo a mí: ‘Presidente, usted no puede imponer una constituyente, usted tiene que consultar al pueblo’
De aquí la reforma al artículo 5 y cumplir la “sugerencia” de Chávez. ¿Será cierto que Porfirio Lobo es la nueva carta que Chávez en el póquer político guardaba en su manga, luego de echar a un lado a Zelaya por inútil?
Después de sus últimas declaraciones, mal dejó Lobo a la ministra de la Presidencia, María Guillén, quien el día 17 dijera:
Hay un acuerdo que yo lo tengo acá y es el Acuerdo de Cartagena y este es el único acuerdo que está firmado (...) Yo no puedo referirme a la veracidad o no veracidad de lo que dice ese documento, porque yo me remito a los hechos sobre los cuales el presidente Lobo ha estampado su firma
Es que ni siquiera sus ministros conocían de la reunión privada que sostuvo el presidente con el encargado de negocios venezolano. ¿Qué decir del canciller Mario Canahuati que dijo desconocer si existía un acuerdo secreto entre Porfirio Lobo y Hugo Chávez? “Desconozco eso ─ afirmó Canahuati ─; el documento que se firmó en Cartagena es sumamente claro, lo que se da a conocer es que existen mecanismos definidos a través del artículo 5 y la eliminación de cualquier restricción para que el pueblo sea consultado a través del plebiscito y referéndum
La reforma del artículo 5 suprimió del texto constitucional suprimió lo referido a la prohibición de convocar a referendo la supresión de lo establecido por el artículo 374 de la Constitución, uno de los artículos previos. “No será objeto de referendum o plebiscito los proyectos orientados a reformar el Artículo 374 de esta Constitución”.
Fue por esta misma razón que Zelaya fuera destituido de su investidura en concordancia con la legalidad y los postulados constitucionales hondureños. Chávez, por tanto, logró su objetivo en Honduras. Como bien se expresa en un reciente Editorial del diario hondureño, LA PRENSA, todo indica que Pepe Lobo “coquetea en serio con Chávez”.

viernes, 17 de junio de 2011

¿Una conspiración anti hondureña pactada por Porfirio Lobo con el régimen de Chávez?

Mario J. Viera

La respuesta parece afirmativa de acuerdo con reportes periodísticos de los diarios EL HERALDO de Tegucigalpa y EL NUEVO HERALD de Miami basados sobre un informe diplomático venezolano del que aseguran ambos rotativos poseer copias.
De acuerdo con ambos reportes, la oferta de Lobo de participación en los esfuerzos por instaurar el Socialismo del Siglo XXI en Honduras fue formulada en una reunión sostenida en la residencia particular de Lobo el 15 de mayo con el agregado de negocios de Venezuela, Ariel Vargas.
El diario EL HERALDO informó haber enviado a Casa Presidencial una serie de preguntas en torno al supuesto pacto para que fueran contestadas por el gobernante sin que hasta el momento se hayan recibido respuestas.
EL HERALDO ha hecho público el texto del informe contenido en el cable CE No. II2.H2.E1-0224/2011 de fecha 15 de mayo de 2011.
Según el documento diplomático venezolano el encuentro entre el encargado de negocios de Venezuela en Honduras, Ariel Vargas y el presidente Porfirio Lobo “fue de carácter informal, en estricta reserva, sin prensa alguna y sin más asistentes que Lobo Sosa y el suscrito (Hidalgo)”.
En este encuentro Lobo se refirió, según el informante a “la precaria estabilidad en que se encuentra su Gobierno, indicando que en este país hay grupos muy poderosos que, siendo de una derecha recalcitrante, se oponen a cualquier transformación política, económica y social que afecte sus intereses de clase”.
Las revelaciones hechas por ambos rotativos pudieran revelar el por qué Lobo propició la reforma del artículo 5 de la Constitución y su acatamiento a una nueva constituyente. El artículo 5 prohibía textualmente el referéndum o plebiscito dirigido a reformar el artículo 374 del texto constitucional, uno de los artículos pétreos de la Constitución. De acuerdo con este último artículo, está prohibida tajantemente la reforma de los artículos constitucionales referidos, entre otros supuestos, al periodo presidencial y a la prohibición de la reelección presidencial.
Efectivamente, en el informe confidencial se dice que el mandatario hondureño expresó “que el curso de acción que siempre ha seguido ha sido el de evitar la confrontación y tratar de negociar entre las partes para así sacar adelante sus ideas y proyectos. Como ejemplo de esto indicó que fue así que hizo posible que se adoptara la modificación del artículo 5 de la Constitución hondureña sobre referendos y plebiscitos”.
En relación con la constituyente, Lobo había declarado su acuerdo “con la necesidad de efectuar una constituyente que apruebe los cambios que necesita Honduras y, como muestra de esa afirmación, expresó que cuando en el 2009 Zelaya comenzó a hablar de una encuesta para una cuarta urna, él propuso en el Congreso una “cuarta urna constitucional” que era un mecanismo ajustado a la ley para efectuar la consulta popular que quería Zelaya”. Sin embargo, “no puede (dentro de las actuales circunstancias) ... comprometerse en un acuerdo con Zelaya que contemple una constituyente so pena de tener un final idéntico al del ex mandatario”.
El tema de la constituyente obligaba a Lobo a tratarlo “con mucha prudencia y tacto para lograr su concreción y él se compromete a ayudar en este propósito, pero no lo puede anunciar al público como un acuerdo”.
En su informe, Ariel Hidalgo resalta que el presidente “fue más allá al señalar que hasta la propia pretensión de Zelaya de la reelección sería más fácil manejarla por vía del artículo 5 constitucional que por vía de una asamblea refundadora
Lobo expresó su temor de no recibir el apoyo de las iglesias católica y evangelista podrían no estar de acuerdo con la proclamación de una Constituyente por lo que sería necesario trabajar para lograr su acuerdo, indicando que “si firmaba un acuerdo que mencione el compromiso de una asamblea constituyente, las iglesias hondureñas (actores de fuerte influencia política y social en este país) se opondrían como lo hicieron con Zelaya y se vendría abajo el proyecto; en tanto que si no se menciona esto por escrito pero se le brinda un margen de tiempo para que él trabaje la idea con las iglesias”, estimando “que se podría lograr el mismo resultado que él obtuvo cuando convenció al sector eclesiástico de apoyar la reforma del artículo 5 constitucional”.
En referencia a la oposición del gobierno del Ecuador y de otros gobiernos que exigen para el reconocimiento de Honduras el castigo a los participantes en la destitución de Zelaya, pidió ayuda a Venezuela “para hacer ver a estas naciones que es materialmente imposible comprometerse en esta exigencia, sin arriesgarse a un conflicto político grave en Honduras”, agregando jocosamente, según el informante, “que si firmaba un acuerdo así, el Presidente Chávez lo tendría que recibir en Venezuela cuando lo sacaran de Honduras como a Zelaya”.
Lobo aseguró que le daría todo su respaldo al Frente Nacional de Resistencia Popular para su constitución como fuerza política porque “esto le conviene a él y al Partido Nacional, toda vez que el FNRP constituido en organización política debilitaría grandemente al Partido Liberal, al arrastrar hacia sí a simpatizantes y militantes liberales”.
La revelación de este informe de la diplomacia venezolana plantea una profunda preocupación en torno a la democracia hondureña, la endeblez en que la misma se encuentra ante las ofensivas chavistas de extender su dominio ideológico hacia todo el continente; pero al mismo tiempo resulta la justificación a posteriori de la destitución del Presidente Zelaya que se hizo pretender como un golpe de estado.
Al mismo tiempo impone un cuestionamiento de la labor que en contra de Honduras se aprestó el secretario general de la ONU, Miguel Insulsa impulsando el reclamo chavista del golpe de estado. En la conspiración cabe preguntarse cuál ha sido la participación del presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, la de cómplice a la de “tonto útil”.

viernes, 10 de junio de 2011

Sobre Honduras: Una idea de muchos.

René Gómez Manzano
Porfirio Lobo y Mel Zelaya, firma del Acuerdo de Cartagena
LA HABANA, Cuba, junio (www.cubanet.org) – La pasada semana fue noticia el retorno a Honduras del ex Presidente Manuel Zelaya, dentro del marco de un proceso que culminó con la firma del Acuerdo de Cartagena de Indias. Ese regreso ha servido para la readmisión del país centroamericano en la OEA, en cuyas reuniones dejó de participar una vez que el ensombrerado personaje salió del poder.

En aquella oportunidad, muchos gobiernos (principalmente los del “socialismo del Siglo XXI”) calificaron la remoción de Zelaya como “golpe militar”, a pesar de faltar en el incidente los atributos usuales en las aventuras de ese género, otrora tan usuales en Nuestra América.

En realidad, la única acción indudablemente contraria al ordenamiento constitucional hondureño fue el empecinamiento de Mel en llevar a cabo, por decisión unipersonal, una llamada “consulta popular”, en contra de la decisión expresa de todos los otros órganos del Estado, los que calificaron ese empeño como espurio.

El fin último de la maniobra era llegar a tener una nueva Carta Magna, cuyo elemento central habría sido la reelección presidencial, algo que la actual superley de Honduras prohíbe terminantemente, pero que los otros jefes del ALBA lograron incluir en las nuevas constituciones que han hecho aprobar en sus respectivos países.

Aunque reconozco que los demócratas hondureños, con la expulsión de Zelaya en pijama, proyectaron una imagen deformada, creo que la asunción de Roberto Micheletti como Presidente no podía considerarse ilegítima, máxime cuando todos los restantes órganos constituidos de ese país democrático lo apoyaron.

Pero todavía hoy estoy dispuesto a otorgar el beneficio de la duda a quienes tienen otra opinión. Lo decididamente obsceno fue el haber hecho extensiva esa valoración adversa al gobierno de Porfirio Lobo, candidato opositor que el pueblo soberano escogió por amplia mayoría en comicios ejemplares, al nuevo Congreso seleccionado democráticamente y a los restantes órganos del Estado hondureño.

¿Acaso no se reconoció en su momento la plena validez de las elecciones celebradas en otros países latinoamericanos que pugnaban por dejar atrás un régimen dictatorial? ¿No fue ese el caso de Brasil, Argentina, Chile, Uruguay y tantos otros? Suponiendo que Roberto Micheletti haya estado en igual situación (que ya hemos visto que es demasiado suponer), ¿por qué había que darle un tratamiento diferente a Honduras? ¿Será porque ese país hermano es pequeño y pobre?

Un punto central del Acuerdo de Cartagena de Indias es el que franquea la celebración de un plebiscito, cuyo objetivo final sería la elección de una Asamblea Constituyente que redacte una nueva Carta Magna. Su implementación o no dependerá de la decisión que adopten los órganos que las leyes hondureñas facultan para ello.

Aunque los parlamentarios de su propio partido están por el momento reacios a aceptar una consulta popular de ese tipo, parece que el Presidente Lobo no es adverso a esa iniciativa. ¿Se trata simplemente de una táctica que empleó para lograr el fin de la exclusión de la OEA? ¿O será que también él está interesado en poder ocupar por segunda ocasión la presidencia del país, cosa que veda la actual Constitución?

Acuden a mi memoria los conocidos ripios: No tan sólo Bonachea / fabrica los cucuruchos, / porque yo conozco a muchos / que tienen la misma idea. ¿Habrá que aplicar esa rima a la situación actual de la fraterna Honduras?

miércoles, 8 de junio de 2011

Honduras: los humillados y los traidores.

Mario J. Viera

La historia recoge ejemplos de humillaciones y humillados. Quizá el más conocido acto de humillación se produjo en Italia durante el siglo XI, cuando el Emperador alemán Enrique IV se puso de rodillas ante el Papa Gregorio VII, pidiéndole perdón. Este hecho es recogido por la historia como la humillación de Canossa. Por el asunto de las investiduras eclesiásticas el emperador se enfrentó al Papa exigiendo el derecho de nombrar obispos. Roma se enfureció y luego de excomulgar al orgulloso soberano, liberó a los nobles alemanes del voto de sumisión que debían al emperador. Allí ardió Troya. El emperador vio en peligro su trono y tuvo que ir a humillarse a Canossa ante el soberbio Papa Gregorio.
Otro hecho humillante sucedió en Cuba en 1901. Ocurrió en los finales de la Ocupación americana luego de la derrota de España por el ejército de Estados Unidos. El 18 de abril de 1898, el Congreso de los Estados Unidos acordaba un Resolución Conjunta que autorizaba al presidente Mc Kinley a declarar la guerra a España. En el primer Por Tanto de la resolución se establecía: “Que el pueblo de la isla de Cuba es y de derecho debe ser libre e independiente” y en el cuarto decía: “Que los Estados Unidos por la presente declaran que no tienen deseo ni intención de ejercer soberanía, jurisdicción o dominio sobre dicha Isla, excepto para su pacificación, y afirman su determinación, cuando ésta se haya conseguido, de dejar el gobierno y dominio de la Isla a su pueblo”.
Las aspiraciones imperialistas del gobierno que se extendían hacia las Filipinas, Puerto Rico y Cuba tenía una excepción en el caso cubano ya que la Resolución Conjunta impedía la ocupación permanente de la isla por parte de Estados Unidos, por lo que tuvo que conformarse a que Cuba fuera un protectorado de la gran Nación del Norte. El instrumento legal para implementar tal protectorado lo constituyó una enmienda a la Ley de Gastos del Ejército promovida por el senador Orville H. Platt el 28 de febrero de 1901 y que se conocería como Enmienda Platt.
En el Artículo III de dicha Enmienda se establecía: “...el Gobierno de Cuba consiente que los Estados Unidos pueden ejercitar el derecho de intervenir para la conservación de la independencia cubana, el mantenimiento de un Gobierno adecuado para la protección de vidas, propiedad y libertad individual y para cumplir las obligaciones que, con respecto a Cuba, han sido impuestas a los EE.UU. por el Tratado de París y que deben ahora ser asumidas y cumplidas por el Gobierno de Cuba”.
Los diputados cubanos a la Constituyente de 1901 tuvieron que enfrentar la imposición de la Enmienda del senador Platt como apéndice a la Constitución de la República. Propuesta ante la correspondiente comisión se llegó a un acuerdo interpretativo que hizo que el general del Ejército Libertador cubano José Lacret dijera en voz alta: “Tres fechas tiene Cuba. El 10 de octubre aprendimos a morir por la patria. El 24 de febrero aprendimos a matar por la independencia. Hoy, 28 de mayo de 1901 hemos esclavizado a nuestro pueblo con férreas y gruesas cadenas”.
McKinley luego de conocer el acuerdo interpretativo, según Carlos Márquez Sterling, lo rechazó: "La Enmienda -dijo- hay que votarla tal como está aprobada por el Congreso. De lo contrario la ocupación de la Isla se prolongará indefinidamente". La Asamblea volvió sobre sus pasos y en una nueva sesión, llena de incidentes aprobó la imposición de Washington. Esta vez por 16 votos contra 11.
Esta introducción con referencias históricas, que, por cierto, nada tienen que ver con Honduras, sirve, no obstante para hallar un símil con la firma del acuerdo de Cartagena y el reintegro de Honduras a la Organización de Estados Americanos. Un símil de humillación y de humillados.
Porfirio Lobo no tuvo más remedio que sufrir su humillación de Canossas en Colombia inclinándose ante Hugo Chávez y con la complacencia de Juan Manuel Santos. A cambio recibiría el reconocimiento de su gobierno y el reintegro de su país al seno de la desprestigiada organización interamericana.
Como sucedió con los constituyentes cubanos de 1901 que tuvieron que aceptar la imposición de la Enmienda que restringía la soberanía de Cuba, Lobo tuvo que aceptar firmar el acuerdo de Cartagena, una enmienda Platt de corte chavista.
Honduras quedaría humillada, su presidente electo tenía que aceptar “los cuatro puntos planteados por el ex Presidente Zelaya para la solución de la crisis política”; tuvo que aceptar como buenas “las resoluciones de la Organización de Estados Americanos en la cual condenó los sucesos del 28 de junio del 2009 como un Golpe de Estado”; aceptar la imputación de que el Congreso y el poder judicial llevaron a cabo un golpe de estado que destituyera de su cargo al miserable de Mel Zelaya.
Además Lobo comprometió a todos los hondureños a “garantizar el proceso de fortalecimiento de la vida democrática del país con participación política en igualdad de condiciones (...) para el Frente Nacional de Resistencia Popular”; es decir, darle el reconocimiento a una organización provocadora, extremista y de filiación chavista vinculada a intereses externos.
Y esos intereses externos impusieron como condición previa la “decisión de las autoridades competentes de anular los procesos judiciales en contra del Ex Presidente José Manuel Zelaya Rosales, subrayando la presentación de los documentos por la Fiscalía General de la República y de la Procuraduría General de la República ante el Tribunal de Apelaciones ad hoc, según los cuales ambas instituciones renuncian a presentar recurso de amparo, así como su admisión por parte del Tribunal, con lo cual la decisión judicial es definitiva”, algo que como bien hace destacar Luz Ernestina Mejía de la redacción del diario EL HERALDO, es “una amnistía impuesta por capricho desde afuera por extranjeros que no saben, no comprenden ni quieren comprender lo que sí sabemos y comprendemos los hondureños
La corrupción del gobierno de Zelaya, su accionar en contra de las leyes del país, su intento de menoscabar el cumplimiento de los postulados constitucionales quedarían impunes, lo que de hecho es constitutivo de una imposición a la independencia del poder judicial. Y muy en primer lugar, el gobierno de Lobo tenía que validar la consulta popular que planteaba Zelaya de modificar la Constitución causa y fundamento del acto que provocó su destitución. Como dijera el coronel de aviación retirado José Israel Navarro en un artículo para el diario LA TRIBUNA, “...cualquier desviación de este acuerdo será excusa para que el FNRP lo denuncie, así que a cumplir con el cambio de la Constitución para que se permita la reelección, sin ponerle alguna colita u obstáculo (...) después del reconocimiento de la OEA debemos hacer fiesta y sólo nos falta condecorar al Presidente de Venezuela y al presidente de la OEA, POR TAN MAGNO EVENTO”.
Todavía más humillante es la aceptación de la intromisión extranjera en los asuntos internos del país al reconocer “la conveniencia de contar con un acompañamiento solidario de la Comisión de Seguimiento conformada por los dos mediadores del proceso de reconciliación nacional en la República de Honduras, que podrá ampliarse a otros países de común acuerdo entre las partes”.
Esta humillante situación la expresa correctamente el Editorial del 8 de junio del periódico LA PRENSA: “Las actitudes contradictorias de algunos personajes que vociferan en contra del organismo continental cada vez que les conviene y luego lo utilizan para poner condiciones a un estado soberano no tienen explicación sensata ni justificación alguna. No cabe siquiera en nuestra imaginación la posibilidad de pensar que cualquier nación norte o sudamericana iba a admitir que se le indicara de manera tan poco amable el camino que tenía que recorrer para recuperar un sitio que naturalmente le correspondía”.
Y agrega:
“En múltiples ocasiones los hondureños sentimos indignación ante los atropellos a los que nos vimos sometidos, sobre todo, cuando procedían de estados o individuos a los que libertad, democracia, derechos humanos o legalidad les resultan postizos”.
¿Cómo es posible aceptar que sea el gobierno de Chávez, aunque sea con el contubernio de Juan Manuel Santos, quien supervise el supuesto proceso de democratización de Honduras? Chávez que es la negación del estado de derecho y de los fundamentos de la democracia; Chávez que durante el gobierno de Zelaya se inmiscuía descaradamente en los asuntos internos de Honduras y que ofendiera, en Honduras, a los opositores al gobierno de Zelaya y a quienes rechazaban la entrega de Honduras a la locura del socialismo del siglo XXI.
Pero si vergonzoso y humillante ha sido el Acuerdo de Cartagena, vil e indigno fue el acto de repudio que orquestaran en El Salvador un grupo extremista condenando el reintegro de Honduras a la OEA. Al frente de los protestantes se encontraba la coordinadora del Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras, Bertha Cáceres. Quien declaró a la agencia EFE: "Este es un acto de condena a la decisión de la OEA, una decisión arbitraria de reconocer, de reincorporar al régimen violador de derechos humanos de 'Pepe' Lobo". Y agrega la extremista de izquierda: “Estamos condenando ese nefasto antecedente que deja la OEA y que demuestra que es una instancia internacional inútil para los pueblos, que no resuelve, que no tiene sentido de existir si es para legitimar golpes de Estado y le abre la puerta a los sectores de ultraderecha y del imperialismo”. A esta señora no le importa que su país sea bloqueado internacional en el plano económico que significa su ausencia de la OEA, aunque no le falta razón cuando califica a la OEA como “una instancia internacional inútil para los pueblos” pero no en el sentido que ella quiere darle, sino porque no ha impedido que los Chávez, los Ortega, Morales y Correa tengan asiento seguro en su seno y voz cantante en sus acuerdos.

Bertha Cáceres es una chavista convencida, y miembro del Frente Nacional de Resistencia Popular, una mujer que apoya a las narco guerrillas de las FARC que dice condenar “la lógica imperialista y asesina del  régimen colombiano que  viola de manera   sistemática y brutal los derechos humanos y criminaliza  las luchas  legitimas de este pueblo”; que exige que los facinerosos de las FARC sean “tratados con dignidad y respeto y no ser entregados-as a las hordas fascistas”.
Una carta que el Consejo de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras le enviara a Chávez con fecha 24 de abril del 2011 le manifestaban su “preocupación por la detención del compañero y   hermano Joaquín Pérez Becerra, quien  ha tenido a lo largo de muchos años la entrega de  alzar su voz contra la violencia, el crimen, la barbarie que vive el pueblo hermano de Colombia...”
Joaquín Pérez Becerra, alias “Alberto Martínez”, un guerrillero de las FARC que era “el principal responsable de los contactos y células de apoyo político y financiero de las FARC en Italia, Alemania, España, Holanda, Suiza, Bélgica y Noruega” y que había permanecido por 30 años en la guerrilla comunista de Colombia.
Pérez Becerra había sido aprehendido en el aeropuerto de Maiquetía, Venezuela, procedente de Frankfurt el 23 de abril de 2011. De este individuo dijo el Ministerio venezolano de Interior y Justicia que su captura era “otra demostración del Gobierno Bolivariano  de su compromiso en la lucha contra el terrorismo, la delincuencia y el crimen organizado”.
Honduras tiene que aguantar su humillación y soportar a los traidores que se manifiestan en su contra, muchos de los cuales se agrupan en el llamado Frente Nacional de Resistencia Popular.

miércoles, 1 de junio de 2011

El regreso de Zelaya

Eugenio Yáñez, Miami

Veintitrés meses después de haber sido derrocado por la fuerza de la presidencia de Honduras —período que incluye varias payasadas y dieciséis meses de exilio en República Dominicana— el ex presidente Manuel Zelaya ha regresado a Honduras tras los Acuerdos de Cartagena, firmados entre los presidentes Hugo Chávez de Venezuela, José Manuel Santos de Colombia, y Porfirio Lobo de Honduras.

Nunca es bueno que existan exilios: los exiliados son siempre el resultado de un gobierno donde ejercer legalmente la oposición se castiga de manera tal que pone en peligro la libertad o la integridad física y moral de una persona. Por eso, la cantidad de exiliados es inversamente proporcional al grado de libertades políticas y civiles que existe en un país.

En el caso de Mel Zelaya, sin embargo, hay una serie de circunstancias que se deben analizar para comprender la profundidad del proceso actual.

Durante su mandato presidencial Zelaya tomó decisiones y preparaba varias acciones que los poderes legislativo y judicial consideraron contrarias a la ley del país, entre ellas la de convocar una consulta popular para modificar la Constitución y autorizar la reelección presidencial, expresamente prohibida en la Ley Fundamental.

Los poderes legislativo y judicial e Honduras tenían en su mano la posibilidad de actuar constitucionalmente para impedir las acciones del Presidente consideradas violadoras de la Constitución, pero en vez de hacerlo como correspondía tomaron la poco recomendable decisión de actuar como clásica república bananera: las fuerzas armadas penetraron en la habitación presidencial durante la madrugada y subieron a Zelaya a la fuerza en un avión que lo depositó en Costa Rica contra su voluntad.

Fue tan burdo el procedimiento que la comunidad internacional condenó el hecho casi unánimemente, y tuvimos que escuchar hasta a Raúl Castro, Hugo Chávez, Daniel Ortega y Evo Morales, muy destacados demócratas todos ellos, dando lecciones de democracia a América Latina mientras condenaban lo que se definió como un golpe de Estado.

Agotarían las consideraciones jurídicas de uno y otro bando determinar si en esencia se trató de un golpe de Estado o no, pero el hecho cierto —en términos de realpolitik— es que fue considerado un golpe por la comunidad internacional.

Hugo Chávez impuso la petrofuerza a favor de su aliado Zelaya, y el entonces presidente brasileño Lula da Silva se prestó a una bochornosa componenda, facilitando el regreso clandestino del depuesto y su refugio en la embajada de Brasil en Tegucigalpa, mientras toda la izquierda latinoamericana —la verdaderamente democrática y también la que no lo es— manifestaron su apoyo al ex mandatario hondureño, quedando en minoría los gobiernos de América Latina que no condenaban la acción.

Estados Unidos quedó entre dos fuegos —su compromiso con la democracia y una “nueva relación” con América Latina, por un lado, y lo grotesco del hecho de fuerza impuesto durante una madrugada en las mejores tradiciones del gorilismo latinoamericano— y tuvo que llamar al respeto de la legalidad democrática y las leyes.

Las presiones de Chávez y su claque lograron que ni siquiera la convocatoria a elecciones en la fecha prevista, la realización de las mismas sin irregularidades demostradas, y la elección constitucional del presidente Porfirio Lobo, fueron suficientes para propiciar un regreso a la normalidad: Honduras se mantiene aún expulsada de la OEA y sin acceso a créditos imprescindibles para paliar la difícil situación económica y la pobreza crónica de su población.

Se supone que los Acuerdos de Cartagena pongan fin a esta situación y que con el regreso de Zelaya se pueda disfrutar de una situación normal en el país.

El problema estriba en lo que se considere como “situación normal” en Honduras en estos momentos. Todos los cargos y acusaciones que pesaban contra el ex presidente fueron retirados, por lo que Zelaya puede desarrollar la vida política en su país como cualquier otro ciudadano.

Pero su aspiración presidencial, de entrada, vuelve a chocar con el mismo obstáculo que llevó a su derrocamiento hace dos años: como ex presidente no tiene derecho a reelección, a menos que una reforma constitucional autorizara esa posibilidad, y para una reforma constitucional de esa magnitud hace falta un plebiscito.

Ese tema se incluyó en el acuerdo firmado por el presidente Lobo, pero hay que definir cómo, cuándo, quién y en qué condiciones podría convocar ese plebiscito. Las leyes de Honduras parecen muy claras en este sentido, pero no así los criterios de Zelaya y sus seguidores del Frente Nacional de Resistencia Popular (FNRP).

El ex presidente había declarado que no aspirará en las elecciones presidenciales del 2013, lo cual no es una concesión de su parte, pues la ley se lo prohíbe. El FNRP pretende, si no se soluciona antes el tema de la consulta popular, llevar como candidata presidencial a la esposa, Xiomara Castro, lo cual casi equivaldría a tener a Mel de presidente de Honduras otra vez.

Veamos si la situación hondureña puede transitar todo el tiempo por cauces democráticos y de respeto al Estado de derecho, sin violencia ni derramamiento de sangre. Si dentro de esos marcos Mel Zelaya lograra nuevamente ganar la presidencia, no a través de su esposa, hay que respetar la voluntad del pueblo hondureño, y los Acuerdos de Cartagena podrán considerarse un éxito.

De lo contrario, serán solamente un fracaso más de los que, tristemente, está repleta eso que consideramos democracia en lo que llamamos Nuestra América.

domingo, 29 de mayo de 2011

La castrista Patricia Rodas ya muestra las uñas.

Mario J. Viera
La patricia del chavismo
La jefa del clan de los patricios que durante el gobierno del ganadero latifundista Mel Zelaya ejercía en Relaciones Exteriores, nada más poner pie en suelo hondureño ya comienza a enseñar las uñas.
Partidaria del castrismo y adoradora del payaso de Miraflores, Patricia es el icono de esa izquierda aberrada, que pretende convertir a Honduras en un satélite del chavismo y al mismo tiempo gozar de las mieles del poder y los goces de la corrupción. Populistas que una vez puestos en las alturas se dedican a vivir no de acuerdo con sus “ideales” sino a lo grande como los oligarcas a los que dicen odiar.
Ya lo había señalado, para Honduras comienza ahora una etapa de trastornos políticos, de huelgas, de paros incentivados por el Frente de Resistencia Popular con exigencias inaceptables y fuera de todo propósito.
Dice la artífice de la traición de Zelaya que van ahora hacia la resistencia popular. Mensaje este de confrontaciones violentas, tal como si Honduras estuviera gobernada por una dictadura a la que haya que ofrecerle una fuerte resistencia.
América Latina traicionó a Honduras, el gobierno de Barak Obama abandonó al pueblo de Honduras con su adhesión a la tesis chavista de que la destitución de Zelaya fue un golpe de estado. Mientras la OEA abría sus puertas a la tiranía castrista, expulsaba a Honduras que había impedido la implantación en su territorio una dictadura disfrazada de izquierdismo visceral como hoy sufren los venezolanos, los nicaragüenses, los ecuatorianos. Mientras muchos gobiernos de América Latina gimotean a favor de levantar el embargo comercial que Estados Unidos mantiene contra el gobierno usurpador de Cuba, esos mismos gobiernos se decidieron por bloquear económicamente a Honduras.
El presidente de Colombia se prestó al juego criminal aliándose con su nuevo fiel amigo Hugo Chávez para darle retorno al presidente que se había prostituido al chavismo y condonarle los cargos de corrupción que había en su contra.
Y Patricia, la castrista, la chavista, la cualquier cosa menos digna hija de Honduras declara: “Ahora viene la lucha, la movilización, pero fundamentalmente prepararnos para asumir el poder…”. Asumir el poder, no para el beneficio de los más necesitados en Honduras, no para hacer avanzar la economía del país sino para atrasarla. Una nueva casta parasitaria se está organizando dentro del Frente de Resistencia Popular.

sábado, 28 de mayo de 2011

El regreso del “socialista” con botas y sombrero de vaquero.

Mario J. Viera.
Santos, Zelaya y Maduro
El chantaje de la OEA, con la complicidad de Hugo Chávez y la cobardía política de Santos, ha permitido el regreso a Honduras del derrocado presidente Mel Zelaya, sin el temor a enfrentar la justicia de su país.
Regresa con honores de estadista, el que, por amor al poder quiso vender su pueblo a las ambiciones geopolíticas del chavismo - castrista; el que cometió graves delitos de corrupción, el que intentó, desde su posición como presidente de la nación violar la Constitución.
Y la fauna de izquierdistas bananeros, socialistas y bandidos del populismo reunida dentro del denominado Frente Nacional de Resistencia Popular (FNRP),  le prepara una triunfal bienvenida. Ya le aguardan en las cercanías de la Base Aérea Militar, próxima al aeropuerto internacional Toncontín de la capital hondureña.
Regresa al país que traicionó el supuesto “liberal prosocialista en resistencia” como ahora se auto denomina y dice regresar “a mi patria, la que me vio nacer, no por una semana ni por 24 horas, como se ha dicho, sino por el resto de mi vida” y afirma que retorna “para restablecer las libertades y procesos políticos en mi país” cuando él mismo había pisoteado las libertades de su país y entorpecido el proceso político de su país al unirse a la banda de facinerosos de la ALBA.
Juan Manuel Santos aplaude el acuerdo indigno
No tuvo más remedio el presidente Porfirio Lobo que firmar el pacto de permitir el retorno Zelaya con la anulación de los procesos que por corrupción se abrían en Honduras contra el derrocado Mel Zelaya, condición que se exigía por Venezuela y su coro de socialistas del siglo XXI. Negarse significaría el aislamiento de Honduras; aceptar el humillante trato significaba el reingreso del país centroamericano dentro de la OEA y poder recibir créditos y ayuda extranjera, algo que como anotara la AFP es “vital para un país donde el 70% de sus casi 8 millones de habitantes están sumidos en la pobreza y sobreviven con cuatro dólares al día o menos, según cifras oficiales”.  
Y al acto de la firma actúan como testigos de honor el presidente Juan Manuel Santos, su canciller María Angela Holguín de Colombia y el canciller de Venezuela, Nicolás Maduro. Santos y Chávez son los padres de la capitulación de Cartagena.
Y Zelaya regresará en un avión, posiblemente venezolano, en compañía del presidente marioneta del chavismo, Daniel Ortega; y al pie de la escalerilla del avión le darán la bienvenida Miguel Insulza,  y los cancilleres de Venezuela, Nicolás Maduro, y Colombia, María Angela Holguín.
Después del regreso del “liberal prosocialista en resistencia” de botas y sombrero de vaquero, comenzarán los trastornos políticos de Honduras, el debate agresivo, las marchas, las violencias del FNRP; los intentos por cambiar la Constitución permitiendo la reelección de la presidencia. No habrá paz en Honduras, junto a la inquietud que vive el país con el incremento de la criminalidad, los atentados de los delincuentes contra los periodistas, los hondureños tendrán que soportar el aumento de la desestabilización política de su país.