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miércoles, 18 de diciembre de 2013

España predica democracia en calzoncillos


Miriam Celaya. CUBANET

Hay quienes insisten en denigrarnos basándose en la longevidad de la dictadura de los Castro y nuestra supuesta incapacidad para liberarnos de ese yugo.

Llama la atención que, nuestros más contumaces críticos suelen ser españoles, signo que demuestra no solo una pobre memoria histórica, sino también la persistencia de esa controvertida relación del tipo “te odio, mi amor” entre Cuba y España, nacida desde siglos pasados entre una pequeña colonia capaz de prosperar y generar grandes riquezas gracias al tesón, al talento y al trabajo de los cubanos, y una decadente metrópoli que ─ pese a que un día llegó a poseer un imperio “sobre el cual no se ponía el sol” – nunca dejó de ser una de las más pobres y atrasadas de Europa, arrastre que permanece hasta hoy.

Quizás la pérdida de Cuba en 1898, que marcó el fin del otrora grandioso imperio, y en cuya obstinada defensa España derrochó muchos más recursos y jóvenes vidas españolas que en las demás guerras de independencia de Hispanoamérica, quedó marcada en su psiquis nacional como el naufragio del último baluarte del signo ibérico de este lado del Atlántico y el golpe de gracia a su orgullo, definitivamente vencido con la intervención de una nación que siempre valoró más el trabajo, los avances tecnológicos y la prosperidad que los títulos nobiliarios, los blasones y los escudos de armas: Estados Unidos.

Desde luego, la incapacidad política de la corona española de aquellos tiempos no es atribuible a su pueblo. Tampoco son reflejo de algún tipo de limitación o minusvalía de los españoles los largos años de dictadura franquista, con su cuota de represión, persecuciones a los disidentes, fusilamientos, censura de prensa, culto a la personalidad de un líder con supuestas dotes extraordinarias, y todos los demás ingredientes propios de los regímenes dictatoriales de cualquier color ideológico, que terminaron solo tras la muerte natural del caudillo.

La  pérdida de la vida de decenas de miles de españoles por masacres o por ejecuciones, los encarcelamientos y el éxodo, fueron la marca inicial de la dictadura.

En las décadas siguientes la emigración permanente se acercaría al millón de individuos, cuyas remesas familiares significaron, junto a la entrada del capital extranjero y el turismo, factores esenciales para el crecimiento económico de España a partir de los 60’, con beneficios que también tributaron riquezas al poder dictatorial. Cualquier parecido con la realidad cubana actual no es pura coincidencia.

Son muchas más las similitudes que las diferencias entre los procesos dictatoriales de ambas naciones y los padecimientos de sus pueblos, que las diferencias por consideraciones personales. Por estas razones resulta tanto más inverosímil el desprecio de ciertos españoles por los cubanos, y más inexplicable su imaginaria superioridad cívica o moral.

Complicidad con el régimen

Quizás sería más coherente que esos detractores que actualmente pretenden dictar cátedra sobre democracia a los cubanos, que se dirigen a nosotros con ofensiva condescendencia y hasta pretenden instruirnos sobre lo que debemos hacer para derrocar el poder de los Castro, se encargaran de fustigar a los empresarios españoles que invierten sus capitales en Cuba, apoyando con ello el sostenimiento de la dictadura y la explotación de los asalariados cubanos, y burlando los esfuerzos y sacrificios de varias generaciones de opositores y las aspiraciones democráticas de la mayoría.

De paso, aprovechando las oportunidades que ofrece la democracia, podrían pedir cuentas también a muchos de sus políticos, cuya tolerancia, e incluso complicidad con el régimen de la Isla, los ha llevado a allanar y aupar el camino de los sátrapas verde-olivo en importantes espacios  internacionales. Porque ningún español que se reconozca a sí mismo como individuo libre debería callar o aceptar connivencias con una dictadura. Los españoles menos que nadie, ya que tuvieron que pagar un altísimo costo por las libertades de las que gozan hoy, y porque saben que bajo el franquismo ni siquiera hubiese sido posible un movimiento de “indignados”.

Puede que a los cubanos nos reste mucho por aprender en materia de civismo y democracia, pero recuerden los iberos intransigentes que se sientan tentados a juzgar, que no es digno de una nación orgullosa predicar en calzoncillos.

A propósito de un comentario publicado en Cubanet (3/12/2013) a un artículo de Mario J. Viera (A propósito de algunas gilipolladas)

viernes, 22 de noviembre de 2013

Respondiendo a un anexo-autonomista


Mario J. Viera

Quizá no tenga yo el refinamiento de un intelectual afrancesado, ni tenga la “plus grande finesse” propia de los grandes intelectos; pero de ahí a considerarme un ignorante que muestre “su desprecio por una idea que no comprende (autonomía y anexión son dos conceptos contrapuestos)” ya es algo que va más allá de la fina ironía. Permítame decirle al distinguido Fernando Núñez que conozco perfectamente  las diferencias existentes entre autonomía y anexionismo.

Dejemos que sea la Real Academia Española la que defina el concepto de autonomía. Según la que limpia, fija y da esplendor, autonomismo deriva de la palabra latina autonomĭa, y esta del gr. αὐτονομία. Y la define en su primera acepción como: “Potestad que dentro de un Estado tienen municipios, provincias, regiones u otras entidades, para regirse mediante normas y órganos de gobierno propios”. Es decir, la autonomía es una concesión del poder  central para que un determinado territorio bajo la soberanía de un Estado (incluida una colonia)  pueda “regirse mediante normas y órganos de gobierno propio”.

De esta definición se despende que ningún Estado pueda concederle autonomía a otro Estado soberano, algo, evidentemente absurdo.

Anexión es la unión de territorios realizada por un determinado Estado, absorbiendo bajo su soberanía aquellos territorios, ya sea una nación independiente, parte del territorio de otro Estado o una colonia.

Por tanto proclamar a Cuba como provincia autónoma de España, requiere, en primer lugar que Cuba renuncie su soberanía a favor de la soberanía del Reino de España; es decir, anexar a Cuba a España, y luego proceder a la declaración de provincia autónoma. Entonces, ¿dónde está la presunción, en este caso, de que anexión y autonomía sean conceptos contrapuestos? En fin de cuentas, la propuesta de Autonomía Concertada para Cuba plantea la “reincorporación de Cuba a España”. ¿Es o no es una propuesta de anexión bajo el eufemismo de “reincorporación”?

No sé a qué se refiere el distinguido anexo-autonomista cuando me espeta el trillado dicho de “Dime de lo que presumes y te diré lo que te falta”. No presumo de nada, salvo que tengo fe en la capacidad del cubano de, una vez haberse sacudido del castrismo, levantar a la isla hasta un alto desarrollo económico y social.

En su último artículo publicado bajo el sarcástico título de “La patria es de todos, también de los traidores”, poco le faltó a Monsieur Fernando para acusarme de castrista, ya que ve en mí una “adhesión intransigente a la línea política oficial”. Desde 1988 formé parte del movimiento de resistencia pacífica de Cuba; conocí las “mieles” del presidio político. En 1996 me incorporé al movimiento del periodismo independiente hasta junio del 2000 cuando me acogí al exilio en los Estados Unidos. Conocí en esa época prácticamente todos los nombres de los opositores y disidentes. Muchos personalmente, otros de oídas; pero no recuerdo nunca haber escuchado el nombre de un Fernando Núñez vinculado con la oposición interna, ni conocer ninguna denuncia suya a favor de los derechos de los cubanos para alcanzar la transición hacia la democracia.

Tal vez me excedí por pasión cuando en mi artículo “Respuesta a un integrista desfasadoexpresé: “Quédese Núñez practicando su malabarismo lingüístico en Francia soñando desde allí con la imposible devolución de Cuba a la corona española y no ocupe páginas donde opinan cubanos que se sienten orgullosos de ser cubanos y que honran y veneran al estandarte de la estrella solitaria”.

Realmente él tiene derecho a expresar sus opiniones por cualquier medio; pero yo, y muchos de los que escriben para Cubanet, incluidos los periodistas a los que Núñez les dedica el título de independientes enmarcado dentro de unas peyorativas entre comillas, también tenemos el derecho de criticar las ideas que consideremos viciosas o perjudiciales para la dignidad nacional, que por supuesto no se corresponde con el concepto castrista de “dignidad nacional”. Y sí, contrario a lo que opina el naturalizado francés que no vive en España, todos tenemos el derecho de discutir las ideas y hasta las creencias de cualquier otro ser humano. La tolerancia implica permitir expresar la opinión ajena aunque no se la comparta; pero tolerancia es también criticar y opinar en contra de esa opinión ajena.

Núñez reclama “quitarse de encima el santoral revolucionario, separando para siempre la Historia de la Política”. Esto del “santoral revolucionario” es una imagen recurrente del señor Núñez e insiste en que hay que separar “la Historia de la Política” cuando contradictoriamente él ha recurrido continuamente a sofismas históricos para justificar su ideario anexo-autonomista. Ejemplo de esto son sus artículos “Los cubanos no quieren libertad”, “Cuba y España, de un pájaro la dos alas”, publicados en Cubanet y otros como el titulado “Máximo Gómez no fue un genio militar, ni un buen político y ni siquiera era cubano”. Y hasta es partidario de cotejar los hechos históricos para darle soporte a su peregrino ideario; ¿acaso no dijo: “Revisar la Historia no es peligroso porque los hechos pasados son incontrovertibles”?

¿Qué derecho tiene Ferrán Núñez a endilgarle a alguien un lenguaje oficialista cuando él se hace eco del decir del castrismo de que la República cubana era una “Pseudo república” y de referirse a las naciones hispanoamericanas con el mismo  argumento de los Castro, de Chávez y de toda la comparsa del izquierdismo bananero, de estar “desunidas y débiles frente a los Estados Unidos”?

Con esto pongo punto final al debate abierto con los integristas anexo-autonomistas, no es meritorio perder más tiempo en rebatirles. Solo quiero recomendarle al Sr. Núñez que para su ilustración sobre lo que fue el Partido Liberal Autonomista, ya que tanto le complace los histórico, que lea detenidamente el trabajo de la historiadora española Marta Bizcarrondo Albea, titulado “El autonomismo cubano 1878-1898: Las ideas y los hechos”. Allí verá que muchos de los mentores del autonomismo tenían como objetivo final alcanzar la independencia de Cuba a través de un proceso evolutivo partiendo de la declaración de la autonomía.

miércoles, 18 de septiembre de 2013

Para España, mi amor; pero…


Mario J. Viera

De España tengo una gran parte. De España eran mis abuelos paternos; de España tengo el idioma, tengo las tradiciones. En España vive una hija mía y su hijo. ¿Por qué no voy a amar a España?

De Cuba lo tengo todo. Por mis venas corre sangre mambisa. Un tío abuelo mío alcanzó los grados de Coronel del Ejército Libertador. Mi abuela cosió ropas para los mambises y compartió en sus campamentos. Vio cargas al machete y el pánico que se apoderaba de los quintos españoles cuando escuchaban el Toque a degüello y sus gritos de “La lata, la lata” para referirse al machete empuñado por los jinetes guajiros que casi en harapos se arrojaban sobre ellos.

Contra Cuba independiente se levantaban los integristas peninsulares, los que formaban en las paramilitares fuerzas de Voluntarios, los que lucraban con los caudales de la colonia, toda la lacra y el estiércol proveniente de los bajos fondos de España. Pero hay que decirlo, muchos españoles se pronunciaban a favor de la independencia de Cuba, no por odio a su tierra, sino por amor a la justicia.

En carta a Gonzalo de Quesada de julio de 1892, José Martí le manifiesta al amigo la emoción que le causara el apoyo que españoles residentes en Tampa le daban a la independencia cubana: “No creo que le he dicho la emoción grandiosa del último día de Tampa, cuando ante el Liceo desbordado, que se echó a la calle para oírnos, pasó la procesión de españoles, cientos de españoles, que se declaraban por la independencia de Cuba”. 

Y este mismo José Martí, hijo de españoles, sentía orgullo de su origen. A su madre le escribe con fecha 15 de mayo de 1894: “¿Y de quién aprendí yo mi entereza y mi rebeldía, o de quién pude heredarlas, sino de mi padre y de mi madre?” Antes había planteado la diferencia que se abría entre los peninsulares honrados y el gobierno despótico de España. Así, en Patria del 14 de marzo de 1892 dijo: “No es el nacimiento en la tierra de España lo que abomina en el español el antillano oprimido; sino la ocupación agresiva e insolente del país donde amarga y atrofia la vida de sus propios hijos (…) La guerra no es contra el español sino contra la codicia e incapacidad de España. Y rememora: “…un español ilustre murió por Cuba en el patíbulo: los españoles han muerto en la guerra al lado de los cubanos”.

No todos los españoles eran integristas; no todos se decidían por la autonomía y muchos pelearon por Cuba Libre. Y esto lo reconoce Martí en el discurso que se conoce como “Las Reservas de la Patria”: “¡Jamás echaremos de nuestro lado, antes llamaremos con la voz honrada y los brazos de par en par abiertos, al hijo de España que nos ayude a reedificar el pueblo que sus compatriotas destruyen: porque no ha de ser en esa fortuna menos Cuba que los demás pueblos de América, donde el español no vio la libertad con ojos tibios, ni hemos de olvidar que si españoles fueron los que nos sentenciaron a muerte, españoles son los que nos han dado la vida!

Los próceres del 68 que admiraban la democracia y las libertades vigentes en los Estados Unidos tuvieron veleidades anexionistas. Era mejor unir la suerte de Cuba a la Unión americana que continuar bajo el despotismo español y la corrupción de las autoridades coloniales. Pero el doble estándar de los gobiernos americanos que, o se manifestaban a favor del dominio español  o bajo cuerda intentaban comprar la isla, enfrió el entusiasmo anexionista entre las filas de insurgentes.

El bando de Blas de Villate conde de  Balmaceda, con sus crueles medidas punitivas de tierra quemada hizo que la insurrección se radicalizara para llegar a ser, con los hermanos Antonio y José Maceo, Máximo Gómez, Vicente García, Calixto García, Guillermo Moncada. un poderoso movimiento independentista. Las contradicciones presentes entre la Cámara y el ejército, junto al fuerte sentimiento regionalista, más el desgaste de una larga y sangrienta guerra donde los mambises tuvieron que enfrentar a uno de los ejércitos más poderosos de la época provocó el armisticio que se conocería como Pacto del Zanjón.

Pero la mayoría de los oficiales mambises nunca renunciaron al intento independista; solo algunos se apartaron del camino independentistas por la frustración sufrida, por la falta de fe en el impulso emancipador y se decidieron por otras vías a favor de un mayor respeto por los derechos civiles de los cubanos y se afiliaron a una idea que de por su misma concesión estaría condenada al fracaso: el autonomismo. Así lo vio el general Camilo Polavieja en 1892 siendo Capitán General de la Isla de Cuba: “En las postrimerías de la guerra de los diez años, convencidos los criollos de mayor entendimiento de que no habían de lograr por las armas el triunfo de sus ideales, comenzaron a pensar que lo que no conseguían por la revolución, lo podrían obtener por la evolución, y a esto debióse luego que dicha guerra terminó por la paz del Zanjón, la formación del Partido Autonomista, en el cual entraron algunos hombres de valer intelectual que, de buena fe, creyeron que el régimen autonómico, tal cual existe en algunas posesiones inglesas, era apropiado para la Isla de Cuba”.

Otros, ajenos al nacionalismo insurreccional cubano, se alinearon dentro del campo autonomista buscando una atmósfera propicia para el desarrollo de los negocios; se trataba de un patriotismo de barriga y de perdedores.  Algunos dentro del campo autonomista vieron en la autonomía un proceso de transición pacífica hacia la independencia de Cuba, entre ellos el fundador y presidente del Partido Liberal Autonomista, José María Gálvez.

Gálvez, en la Junta Central del Partido Autonomista de 13 de diciembre de 1881 expresaba: “De buena fe abandoné la idea de independencia al pie de la bandera autonómica. Nuestro empeño es atraer partidarios al campo de la autonomía (…) La colonia no es estado independiente. La independencia vendrá, sea cual fuere el camino”.

Coincidió con este punto de vista el general Polavieja, al decir: "El Partido Autonomista nació respondiendo a la necesidad de crear en el orden político un organismo intermedio entre separatistas e integristas, una agrupación que, sin herir de una manera profunda en lo esencial la doctrina de estos, o sea, el mantenimiento de la integridad del territorio, alentase la esperanza de los separatistas haciéndoles confiar en que lograrían por la evolución lo que no habían podido conseguir por la revolución; y hay que reconocer que hubiera sido expuesto e impolítico matar de una vez las esperanzas de los que durante largos años habían luchado por la independencia..." (Citado por Francisco Pérez Guzmán y Rodolfo Sarracino, La Guerra Chiquita. Una experiencia necesaria, Editorial Letras Cubanas, La Habana, 1982, pp. 253 y 254).

Según Marta Bizcarrondo en El Autonomismo cubano 1878-1898: Las ideas y los hechos: “Muchos notables de la insurrección juzgaron, como el líder del movimiento, José María Gálvez, que resultaba imposible vencer la resistencia militar española y que además, tras el levantamiento patriótico, se encerraba el riesgo revolucionario. Otros patriotas creyeron imprescindible buscar refugio dentro de un partido que buscase la libertad de la Isla dentro de la ley”.

Refiriéndose a las diferencias que existían entre el autonomismo y el independentismo, Miguel Ángel Varona Guerrero, quien en la Guerra del 95 alcanzó los grados de comandante bajo las órdenes de Máximo Gómez, dijo en su “La Guerra de Independencia de Cuba: 1895-1898”: “Estaban los dos bandos cubanos frente a España y no obstante, combatíanse los dos y halagándose los dos y convencidos los dos de su recíproca necesidad. Y es que siempre hubo una estrecha correlación entre los autonomistas y los separatistas (...) Lo que ellos (los autonomistas) querían, a nosotros no nos parecía mal; pero nos diferenciábamos esencialmente en que mientras ellos estaban esperanzados en conseguirlo, nosotros teníamos la convicción de que no habrían de obtenerlo”.   

Y José Martí dice en su artículo Política Insuficiente, publicado en Patria, 14 de enero de 1893: “Cubanos son los que, con fe rara en quienes no parecen tenerla en su suelo nativo, piden desde hace catorce años a España, bajo el nombre de partido autonomista, una libertad cuyas migajas urbanas, triste alimento de canario preso, son polvo y nonada ante los aprestos militares, hoy más que nunca activos, bajo cuyo peso mortal zozobra la isla…”

Como hoy, los autonomistas del siglo XIX eran solo un partido de cuatro gatos; aunque cuatro gatos de buen discurso y hermosa retórica “mal aprovechados por unos cuantos políticos incompletos” como acertadamente calificara el Apóstol de la Independencia cubana.

Así lo dice Martí en carta dirigida a Gerardo Castellanos con fecha 4 de agosto de 1892: “… no maltrataremos, ni excluiremos, a los autonomistas que quieran venir a nuestro campo, y a quienes miramos ya, y hemos mirado, como soldados de la independencia, mal aprovechados por unos cuantos políticos incompletos, desconocedores de las fuerzas prácticas y problemas verdaderos de la Isla, y más amigos de la autoridad fácil e intrigante que del sacrificio necesario”.

Uno de los autonomistas de mayor tinte por su cultura y magnífica prosa, Rafael Montoro, destacó este aspecto dentro del anémico partido autonomista: “Andando el tiempo sufrió la Junta importantes desprendimientos, retirándose de ella algunos de sus miembros de reconocido valor para adherirse al movimiento revolucionario, como por ejemplo los señores Diego Tamayo y Carlos de Zaldo, pero la mayoría de los jefes del Partido se mantuvo fiel al programa del mismo” (Rafael Montoro, “Historia del Partido Autonomista”, cit. apartado XXVIII. Citado por Bizcarrondo)

En 1896 desesperado por los avances mambises, Cánovas del Castillo destituye al general Martínez Campos y en su lugar nombra a Valeriano Weyler al frente de la Capitanía General. Para frenar la insurrección Weyler dictó su conocido Bando de Weyler que imponía la reconcentración de la población rural de occidente: “Todos los habitantes de las zonas rurales o de las áreas exteriores a la línea de ciudades fortificadas, serán concentrados dentro de las ciudades ocupadas por las tropas en el plazo de ocho días. Todo aquel que desobedezca esta orden o que sea encontrado fuera de las zonas prescritas, será considerado rebelde y juzgado como tal. 2. Queda absolutamente prohibido, sin permiso de la autoridad militar del punto de partida, sacar productos alimenticios de las ciudades y trasladarlos a otras, por mar o por tierra. Los violadores de estas normas serán juzgados y condenados en calidad de colaboradores de los rebeldes. 3. Se ordena a los propietarios de cabezas de ganado que las conduzcan a las ciudades o sus alrededores, donde pueden recibir la protección adecuada”.

El Bando ocasionó la muerte de entre 300 mil a 400 mil campesinos. Ante el hecho criminal del gobernador general de la colonia, el Partido Liberal Autónomo no levantó su voz de condena; por eso el odio que despertaron entre la población cubana al concluir la guerra hispano-cubano-americana.

Ferrán Núñez en su blog cita lo siguiente: “Así el hecho de que entre el convenio del Zanjón y el grito de Baire existiese una fuerza política, el Partido Liberal Autonomista, que concentraba los mayores apoyos de los insulares blancos, viene a perturbar las visiones propias de un nacionalismo reduccionista. A fin de cuentas... ¡los autonomistas, a las guásimas!, es decir, hay que ahorcar a los autonomistas, fue un grito popular al terminar la guerra en 1898”.

Sin embargo a los autonomistas no les dieron guásimas y muchos de ellos participaron dentro de algunos de los gobiernos republicanos como es el caso de Rafael Montoro que llegó a ocupar la Secretaría de Estado bajo la presidencia de Mario García Menocal.

Lamentablemente el espacio es limitado y no puedo seguir ahondando en el tema de la fracasada y frustrada autonomía cubana.

Para concluir, me referiré brevemente a un comentario de Adalberto Ranssell-Levis un cubano-judío- español, nacido en Sagua La Grande y supuestamente “exiliado” en España. Cuando dijo: “Si los cubanos tuviéramos el coraje y la inteligencia de unirnos a Europa previa unión a España nos habremos movido de la periferia al centro del poder”.

No es signo de coraje ni de inteligencia el pretender ligar nuestros destinos como provincia, por muy autónoma que sea, de una potencia de tercer orden como es España ─ me duele mucho tener que decir esto de la Madre Patria ─ donde existe un descomunal índice de desempleo que ha venido creciendo sostenidamente desde el 2011, cuando el desempleo alcanzó el 23,30% de la fuerza laboral, llegando en el 2012  al 26,20% para terminar en el presente año la cifra del 26,30% donde para los menores de 25 años el paro es de 56,10%. (Fuente:www.datosmacro.com/paro/espana)

El coraje está en formar un fuerte movimiento de resistencia pacífica que saque del poder a los generales del Partido Comunista y decidirse luego a buscar de modo independiente políticamente el desarrollo social y económico del país con la inteligencia de firmar Tratados de Libre Comercio con Estados Unidos y Europa y guiarnos por una acertada y pragmática política económica sin necesidad de ponernos muletas ajenas.

domingo, 1 de septiembre de 2013

Dialogando con los integristas


Mario J. Viera

Cuando uso el sustantivo integrismo no estoy refiriéndome a la definición que le da la Real Academia Española; integristas en la Cuba del Siglo XIX eran los peninsulares y cubanos ─ que los había ─ que se aferraban al integracionismo, a mantener a Cuba sujeta a la corona española, bien en su estatus de colonia o bien como provincia autónoma, y es con este significado que denomino a estas honorables personas que suspiran por las alpargatas y los pantalones de pana.

Aunque pienso como afirmara José Martí en su artículo “El remedio anexionista” que “no inspira respeto ciertamente, sino coraje, el hábito de servidumbre en algunos hombres tan arraigado que les quita toda confianza en sí, y, aliado a la soberbia, llévales basta suponer en los demás la impotencia que en sí propios reconocen”, vale la pena abrir un diálogo con los neo anexionistas, neo autonomistas, que desde una emigración acomodada proponen devolver Cuba a España.

Es pensar con mente de sietemesinos que la pequeñez territorial de una nación le hace incompetente para alcanzar altos niveles de desarrollo y requiera indefectiblemente de la tutela, de la protección de algún país de mayor extensión. Cuba es pequeña, pero no tanto como alguno con mente simple pueda pensar.

En cuanto a extensión Cuba ocupa el puesto 106, superando en extensión territorial a Austria, Bélgica, Dinamarca,  Israel, Holanda, Hungría, Portugal y Suiza.

Cuba es mayor en extensión territorial que Holanda y Suiza juntas y mayor que todo el territorio de Israel y Bélgica.

La preguntaré a Adalberto Ranssell-Levis, unido a la misma propuesta de Fernando Núñez, si Israel, un país mucho menor en extensión geográfica que Cuba, rodeado de enemigos, requerirá para su seguridad, existencia y desarrollo social-económico-tecnológico unirse a la Unión Europea o estar tutelado por algún país europeo. ¿Qué decir de Taiwán, una islita dentro del Mar de China Oriental y China Meridional, teniendo enfrente a la poderosa China comunista? Sin formar parte de ninguna potencia como Estado Autónomo, sin formar parte prácticamente de ninguna organización internacional y asediada por la China continental, Taiwán ha alcanzado un alto grado de desarrollo y goza de un buen nivel democrático.

El propósito de la “de-construcción de la historia real”, el deshacer “toda la narrativa heroica mística que ha desnaturalizado la historia de la hispanidad”  de estos integristas, Ferrán y Ranssell-Levis se funda en la opinión de otros, quienes a su vez se basan en lo afirmado por otros ─ entre ellos el comunista Emilio Roig de Leuchsenring ─, y sin hacer, per se, un debido cotejo de los documentos y archivos históricos para lanzar sus tesis y solo haciendo uso de las interpretaciones históricas de otros, entre ellos algunos españoles que todavía lloran por la herida del 98, pretenden hablar ex cathedra, dando opiniones cargadas de falacias aunque muy bien presentadas literariamente. Es que ambos son hombres cultos.

De todos modos, ya que son adictos a la lectura  de historiadores no cubanos sobre Cuba, les recomiendo la lectura del libro de Willis Fletcher Johnson, The History of Cuba, Volume 4 y recorran las páginas del Capítulo IV (47-64), creo les será de provecho.

Ferrán dice: “Revisar la Historia no es peligroso porque los hechos pasados son incontrovertibles”. Plenamente de acuerdo con esta opinión, lo peligroso es tergiversar la historia sobre tesis ajenas que pueden tener validez, con la misma validez que puede tener la que Ferrán denomina historia oficial de los ideólogos de la República Mambisa. Si para la interpretación de esa historia “oficial” pueden caber dudas, también pueden inspirar dudas las versiones que se le oponen.

De todos modos, los honorables integristas, debieran aclararnos a qué historia oficial se refieren, si a la que desde 1902 hasta 1959 era la vigente o si se trata de la historia relatada al estilo castrista. Si es esta última no se requiere hacer muchos esfuerzos intelectuales para “de-construirla”

Para justificar la asimilación de Cuba a su antigua metrópolis, Ranssell-Levis  plantea una falacia post hoc que expone en su artículo “Cuba entre Cibeles y la Estatua de la Libertad”: “Ya una mayoría de los países de la Europa del Este ven con agrado la desarticulación de sus fronteras para convivir como Estados Asociados de la Unión Europea, esa adhesión no ha hecho menos polaco a los polacos, ni menos europeos a los portugueses, ni menos libres a más hombres”. La falsa premisa consiste en si esto es así la consecuencia será que Cuba unida a España no hará menos cubanos a los cubanos.

Pero la premisa es falsa. La mayoría, como dice, de los países  de la Europa del Este no se han convertido en Estados Asociados de un Supra Estado o de un Estado Federal. Se han aliado a una comunidad como estados independientes y no como estados asociados, como pudiera ser el caso de Puerto Rico que es un Estado Asociado a la Federación americana; como sería Cuba si se asociara al Reino de España como comunidad autónoma.

En el fondo de toda la retórica de hispanidad de estos honorables integristas se encuentra el desprecio, sino el odio, que sienten por los Estados Unidos de América, influencia recibida de sus raíces del “anti imperialismo” castrista.

Si hay algo que debemos reconocer en el “retro movimiento integrista” es que hablan una misma lengua retórica y hasta unos y otros se plagian sus escritos y se aplauden entre sí con una férrea disciplina que recuerda la de los partidos leninistas o los partidos fascistas.

Tienen la misma pasión hispánica que tuvo el gran caudillo, Francisco Franco, uno que ellos no han calificado de bandido, en tanto denigran toda la historia republican de Cuba desde 1902 hasta 1959 y olvidan que España, desde antes de 1898 era una sentina política que transcurrió hasta 1975.

Si Franco no hubiera nacido en 1892 y no hubiera llegado al poder a la edad de 47 años y no haberse antojado morir en 1975 cuando tenía 83 años de edad, todavía en España existiría el franquismo y lo más probable es que España no habría formado parte de la Unión Europea. Al llegar al poder, Franco lanzó una furiosa represión en contra de sus opositores (con unos 60.000 ejecutados sólo entre 1939 y 1945, continuando las ejecuciones políticas hasta 1975). A su lado Fidel Castro es un buena gente. El gallego Franco, al igual que Castro ─ pichón de gallego ─ impuso una ideología intolerante que, en más o en menos, era parte del modo de ser de los españoles. El caudillo, además, tal como hiciera Fidel Castro, llevó a su país a una total miseria, tanta que hasta el papel valía más que la peseta.

La corrupción en España ha sido endémica, lo sigue siendo. Los distinguidos integristas quieren exorcizar  nuestros demonios de origen hispánico uniéndonos a la hispanidad, a inclinarnos ante un rey extranjero, a convivir con la corrupción de los partidos políticos de España ya sea el PSOE o el PP o IU o contagiarnos con todos los conflictos que existen en todas las comunidades de España y hacernos estado asociado autónomo de una nación donde ya soplan aires de fronda y de secesión. 

Así tengo que decirles: ¡Qué va compadres, solavaya! A mí que me dejen con mi islita, que si no hubiera sido por el gallego fascista de Fidel Castro, hoy, sépanlo bien, hoy, tendría niveles de desarrollo económico y social muy superior al que pudiera esperar tener el Reino de España. Si no me creen, vean lo que la comunidad cubana logró en un territorio que solo era una playa, un enorme naranjal y un gran pantano y le convirtió en una gran ciudad: Miami, a ver cuál ciudad de España puede competir con Miami y qué empresario español pueda igualarse a un empresario cubano.

sábado, 24 de agosto de 2013

Respuesta a un integrista desfasado



Mario J. Viera

El nacionalismo castrista y su afán por adueñarse de la historia cubana con el empleo de una retórica patriotera e hipócrita ha generado una actitud, sino cínica, al menos indiferente hacia los valores cívicos dentro de la sociedad cubana. La frustración generalizada que se vive en Cuba por el fracaso del socialismo real ha impulsado a gran parte de sus sectores populares a huir de una realidad agobiante por cualquier medio que esté a su disposición. Escapar del “paraíso proletario” no importa dónde; no importa a qué punto de la geografía mundial sea.

Los medios son numerosos, desde la salida ilegal en frágiles embarcaciones, el ejercicio del jineterismo y el pinguerismo con la esperanza de ser rescatados por algún extranjero de paso por la isla y hasta optar por el regalo que España le hace a cubanos hijos y nietos de españoles de hacerles ciudadanos españoles. ¿Se españoliza Cuba? De ningún modo, la ciudadanía española no se obtiene por amor a España sino por rechazo al castrismo.

Como contrapartida a las tesis ideológicas del castrismo sustentadas en una fuerte retórica anti imperialista ha renacido en muchos cubanos la esperanza muerta a mediados del siglo XIX del anexionismo, corriente que tuvo un poderoso rechazo en el ideario de José Martí. De los anexionistas dijo Martí en su artículo “Vindicación de Cuba”, publicado en el diario The Evening Post, de New York, del 25 de marzo de 1889: “Hay cubanos que por móviles respetables, por una admiración ardiente al progreso y la libertad, por el presentimiento de sus propias fuerzas en mejores condiciones políticas, por el desdichado desconocimiento de la historia y tendencias de la anexión, desearían ver la Isla ligada a los Estados Unidos”.

Pero no solo existe alguna corriente pro anexión a los Estados Unidos entre algunos cubanos que han perdido la confianza en sus propias capacidades cívicas; también desde el 2012 ha aparecido un ridículo movimiento de cuatro gatos con un programa neo anexionista o de integrismo ibérico trasnochado y totalmente desfasado de la realidad y de la historia auto denominado Asociación Autonomía Concertada para Cuba que se propone integrar a Cuba como Provincia Autónoma al reino de España. Su propósito, así lo explican “es reintegrar a Cuba dentro de España a través de un referendo, una vez restablecido el derecho a la ciudadanía española de todos los cubanos”.

Esta asociación ha renunciado a la cubanía y se declaran españoles de la isla de Cuba aunque entre sus fundadores dos se presentan como franceses y dos como españoles. Poseen una página digital denominada Comunidad Autónoma de Cuba y entre sus proyecciones están sus respuestas a la pregunta que ellos mismo proponen “¿Por qué una Cuba española?” Veamos algunas de sus más sugerentes respuestas argumentales:

 

Primera: Porque Cuba fue separada por la fuerza de España violando tratados internacionales.

Segunda: Porque las fuerzas políticas no se fabrican por decreto y porque tras más de 114 años de turbulencias y reino de un solo partido cada cubano se considera a sí mismo ungido por la gracia divina.

Tercera: Porque podríamos deshacernos de toda la narrativa heroico mística que ha desnaturalizado la historia de la hispanidad.

Cuarta: Porque la democracia no sólo en Cuba sino en todas las excolonias españolas es más un malabarismo lingüístico que una realidad objetiva.

Estas son las propuestas más significativas de los neo-integristas, no las únicas de sus absurdas y anticubanas propuestas.

Veamos la primera propuesta. Cuba era una colonia ultra oceánica de España poseída por el poder español  de donde la metrópolis obtenía jugosas ganancias a expensas de las libertades civiles y comerciales de los criollos. Los puestos dentro de la administración de la Colonia eran ocupados por funcionarios peninsulares con desprecio por los criollos. Las contradicciones entre los intereses de los criollos y de los españoles  provocaron desde muy temprano el siglo XIX conspiraciones e insurrecciones dirigidas a la abolición de la esclavitud o al derrocamiento del gobierno colonial. Así entre 1811 y 1812 se produce la conspiración de Aponte de carácter abolicionista; entre 1821 y 1824 se produce la Conspiración de los soles y Rayos de Bolívar que pretendía la formación de la República de Cubanacán; en 1844 se descubre un movimiento abolicionista y anti colonial que se le denominaría de la Escalera.  El 4 de julio de 1851 se produce el alzamiento de Joaquín de Agüero en Camagüey quien redactara un Manifiesto en el que se decía: “En presencia del Supremo Legislador del Universo, a quien invocamos llenos del más profundo respeto, para que nos asista de sus luces, nos hemos reunido protestando ante los hombres que en fuerza de las circunstancias no queremos ni podemos vivir por más tiempo sometidos a España”.

El 10 de octubre de 1868 se produce en la Demajagua el alzamiento de Carlos Manuel de Céspedes que inicia la Guerra de los Diez Años. Al concluir el conflicto por el acuerdo concertado con Martínez Campo denominado Pacto del Zanjón, los criollos, no los españoles de Cuba, reiniciaron las hostilidades el 26 de agosto de 1879 en lo que sería conocida como la Guerra Chiquita acaudillada con el alzamiento en armas del general independentista Guillermón Moncada, y los coroneles José Maceo y Quintín Banderas. Tras el fracaso de este segundo intento, finalmente se reinicia el 24 de febrero de 1895 la guerra de independencia que concluiría con la entrada en la guerra de los estados Unidos y la derrota definitiva de las tropas españolas el 1 de enero de 1899. Por los acuerdos de paz, España cedía su dominio de la isla a favor de los Estados Unidos; un tratado firmado en consonancia con los tratados internacionales. Y Cuba se hizo independiente, aunque con las limitaciones que le impusiera el apéndice constitucional denominado Enmienda Platt.

Algo más, según esta tesis, todos los movimientos independistas que hayan alcanzado la victoria sobre sus metrópolis han violado tratados internacionales; así la independencia de Estados Unidos debe haber sido un despojo al derecho de Inglaterra a su dominio sobre sus trece colonias, igual sería la independencia de todos los países de América Latina; y la independencia de Haití habría sido un despojo en contra de Francia.

La Segunda propuesta no merece ser ni siquiera tomada en serio por su evidente desprecio hacia los cubanos que se “creen ungidos por la gracia divina” y por la estupidez de considerar la existencia del “reino de un solo partido” por más de 114 años.

La tercera propuesta es casi un poema de desprecio hacia todos los próceres cubanos que forjaron la nacionalidad cubana: “deshacernos de toda la narrativa heroico mística que ha desnaturalizado la historia de la hispanidad”. Y en virtud de esta propuesta, ya los neo-integristas han comenzado a lanzar lodo sobre la historia cubana.

Mis abuelos eran españoles y siento orgullo por mis raíces hispanas y reconozco a España como la Madre Patria; pero los progenitores no son dueños de sus hijos y estos, cuando ya han alcanzado la madurez requieren ser independientes de la tutela de sus padres. Cuba no es española y nunca volverá a serlo.

No profeso el culto místico por los próceres porque ellos no fueron dioses, sino hombres con sus virtudes y con sus defectos, con sus grandezas y con sus miserias pero no comulgo con los que aferrados a un ideario extraño a nuestras tradiciones intenten disminuir la estatura de esos próceres para exaltar a la antigua metrópoli.

Fernando “Ferrán” Núñez ha tomado al portal CUBANET, como tribuna de sus ataques contra la nacionalidad cubana por medio de artículos de opinión o apostillando artículos de otros comentaristas. Núñez comenzó su colaboración con CUBANET el 8 de octubre de 2012 con un artículo dedicado al tema venezolano: “¿Quién ganó en Venezuela?” Escribió después otros artículos que podían ser aceptados por cualquier opinante de la oposición y el exilio cubano, todavía no había introducido su veneno ideológico, aunque hay evidencias de que preparaba el terreno para hacer campaña a favor de suprimir la independencia de Cuba a favor del integrismo español en artículos como “La que se avecina: El españolazo” en el que declara casi sin sutilezas: “…los Castro abren la válvula de la emigración para calmar las tensiones sociales cada cierto tiempo.  Ocurrió en los años ochenta del pasado siglo con el éxodo del Mariel, en los noventa tras el Maleconazo y ahora en los 2000 con el Españolazo que se prepara discretamente con el contubernio de las autoridades de la península, incapaces no sólo de aprovechar el momento histórico que se les ofrece para reincorporar la isla dentro de una Federación Española, sino de refundar un proyecto nacional que brinde a sus propios ciudadanos  un poco de esperanza y de ilusión”. Véase lo que afirma: El gobierno español no ha sido capaz de aprovecharse de la oportunidad, que muchos cubanos le han dado haciéndose ciudadanos españoles, “para reincorporar” a Cuba al dominio español.

Más adelante en un nuevo artículo, “Cuba y España, de un pájaro la dos alas” ya su posición a favor de la asimilación española de Cuba está más definida. En ese artículo, Ferrán Núñez, expone que en Cuba “donde las actuales circunstancias políticas nacionales, hacen irrealizable sino imposible, un proceso de transición pacífica, organizada y plural; sin olvidar el creciente número de neo españoles que pronto llegará a la significativa cifra de 300 mil personas, es decir, el 5 porciento de la población residente dentro de la isla, lo que constituye una potencial – y singular ─ fuerza política, capaz de impulsar desde dentro, la idea de una reintegración a la Corona española”.

Hay que destacar que el 18 de julio de 2012 quedó constituida la Asociación pro dominio español nombrando como Presidente, precisamente a Fernando Núñez Ramos, que en el acta constitutiva se identifica no como ciudadano cubano o ciudadano español, sino como ciudadano francés.

El primero de julio del presente año Fernando Núñez publicó un nuevo artículo en CUBANET bajo el título de “Los cubanos no quieren la libertad” donde exponía una serie de incongruencias e inexactitudes sobre la historia de Cuba, lanzando toda su bilis contra el generalísimo Máximo Gómez ─ “entregaron las riendas del Ejército Libertador a un extranjero, que, con la muerte de Maceo, se convirtió en un actor político de primer orden, sin contrapeso posible”. Núñez dixit ─ y que fuera rebatido certeramente por la periodista independiente cubana Miriam Celaya en su artículo “Gómez era un genio militar, no un político”.

Replicando a Miriam, Ferrán publicó otro artículo ─ este no aparecido en CUBANET ─ titulado “Máximo Gómez no fue un genio militar, ni un buen político y ni siquiera era cubano” donde ya va más lejos en su desprecio a los próceres cubanos; así dice: “Anexionistas fueron casi todos aquellos patricios cubanos, desde Céspedes hasta José Martí (este último propuso la anexión de la isla a México). El mismo Ignacio Agramonte cayó en combate con una bandera norteamericana cosida a la chaqueta”.

¿Qué intenta insinuar el neo integrista con el detalle de la supuesta bandera de Estados Unidos cosida a la chaqueta del Mayor? Quizá su propósito sea el de presentar a todos los independentistas, tal como hace ahora Castro con los opositores, como agentes del imperialismo yanqui.

Faltando a toda la seriedad que debe caracterizar una afirmación que se haga sobre un tema histórico, Núñez adelanta la tesis que planteara sin fuentes verificables ni material documentado Manuel Moreno Fraginals en un ensayo suyo titulado “El anexionismo” donde dice: “Todavía a fines del Siglo XIX, algunos pensaron, como solución al conflicto cubano, que si no se le podía ganar la guerra a España lo mejor era anexarse a México. Tampoco esta opción prosperó, aunque por los pocos documentos que han quedado se sabe de las conversaciones que a este respecto sostuvo José Martí con el tristemente célebre dictador mexicano Porfirio Díaz hacia fines de aquel siglo”.

La supuesta fecha de la entrevista de Martí con el dictador mexicano se dice que fue el primero de agosto de 1894. Sin embargo, Alfonso Mercado hijo de Manuel A. Mercado, en aquel tiempo Sub secretario de Gobernación, dijo en “Mis Recuerdos de José Martí”: “Puede decirse que Martí vino a México en esa ocasión con estos dos objetos únicamente: El de pulsar al Gobierno Mexicano en relación con el movimiento revolucionario de la independencia de Cuba que estaba ya preparado, y el de visitar a mis padres. Creo esto último porque la vida que llevó en esta ciudad así lo comprueba…”; es decir, Martí hacía campaña, lobismo como se dice ahora, a favor del “movimiento revolucionario de la independencia de Cuba”… de la independencia… no de la anexión.

Con su propósito de denigrar la figura de Máximo Gómez, el neo integrista dice en este artículo: “…según las listas reproducidas por Robert T. Porter, mencionadas por Antonio Piqueras en su libro de 2004 “Sociedad y poder civil en Cuba” los haberes de Gómez terminada la guerra ascendían a 20 mil pesos”.

Antonio Piqueras Arenas. Catedrático de Historia de la Universidad Jaume I, puede que sea un buen historiador pero no por ello tenga que ser el referente sin discusión sobre la historia de Cuba; además, las listas de Robert T. Porter a las que el historiador español hace referencia establecían que Máximo Gómez recibió de Estados Unidos 10 000 pesos en 1899 un año después de la derrota española y en la nota se señala además que Gómez en los dos años siguientes es decir 1900 y 1901 26 000 dólares más. (Nota 74, página 284 de Sociedad y poder civil en Cuba)

Estos aportes que los Estados Unidos le hicieran al generalísimo Gómez, luego de la derrota de los colonialistas españoles luego que Calixto García autorizara sin consulta a Gómez la entrada de las tropas americanas en el conflicto cubano-español, de ningún modo pueden asegurar que Máximo Gómez fuera un “condottieri” o un “mercenario” como Núñez lo califica. Acusar a Gómez de esto es simplemente una total falta de respeto, por no decir algo peor.

Por último el neo integrista acaba de publicar su último artículo “Crisis de identidad”, donde ahora el blanco de sus denuestos es nada menos que Carlos Manuel de Céspedes haciendo una llamada a leer un artículo en el que se denigra la figura de Céspedes que, casualmente es de la propia autoría del destacado neo integrista. Dolido porque su adorado imperio español fue derruido en 1898, Núñez señala: “La gesta independentista criolla fue construida por los ganadores de la República Mambisa y sus ideólogos con el fin de justificar lo injustificable en el imaginario nacional”. Señores, digámoslo sin ambages, de estas declaraciones que denigran la historia de Cuba a la traición a la patria no hay más que un breve paso. Así queda sobrentendido del postulado del artículo 37 de la Constitución de 1940: “Es ilícita la formación y existencia de organizaciones políticas contrarias al régimen del gobierno representativo democrático de la República, o que atenten contra la plenitud de la soberanía nacional”. Todo intento de promover la anexión de Cuba a cualquier potencia extranjera según la carta del 40 es ilícito por constituir un atentado contra la plenitud de la soberanía nacional.

Analicemos ahora la cuarta propuesta de la asociación neo integrista: “…la democracia no sólo en Cuba sino en todas las excolonias españolas es más un malabarismo lingüístico que una realidad objetiva”. Quizá tengamos que explicarle a Núñez algo sobre la historia de España, desde la época de Fernando VII, pasando por el reinado de Isabel II, la Revolución Gloriosa de 1868, el reinado de Amadeo I, su derrocamiento y el establecimiento de la Primera República española de 1873, para llegar al golpe de estado del general Manuel Pavía, la dictadura del general Francisco Serrano y Domínguez antiguo amante de la reina Isabel II con afanes continuistas en el poder y provocar la caída de la República y la restauración de los Borbones en el reino de España y, más tarde, continuar con el derrocamiento de Fernando XIII, el establecimiento de la Segunda República, la Guerra Civil y la instauración del caudillismo de Francisco Franco. Ciertamente también en España la democracia fue algo que ni siquiera llegó a la condición de “un malabarismo lingüístico” y aún hoy, bajo el reinado constitucional la democracia en España es algo así como “un malabarismo lingüístico”, sino que lo digan los indignados de Madrid.

Desde Franco pasando por los gobiernos del Duque de Suárez, el ex falangista Adolfo Suárez González, de Leopoldo Calvo-Sotelo, Marqués de la Ría de Ribadeo y Grande de España, del socialista y gran amigo de Fidel Castro, Felipe González Márquez, y del también socialista José Luis Rodríguez Zapatero, todos han mantenido magníficas relaciones políticas, diplomáticas y comerciales con el régimen de los Castro. Recuerdo además como fuimos excluidos de ser recibidos en la Embajada de España en 1992 cuando entregamos una nota protestando por el apoyo que el gobierno de Felipe González brindaba al usurpador Fidel Castro.

Las relaciones e intercambios comerciales de España y Cuba ni siquiera se vieron muy afectadas, salvo en lo retórico durante el gobierno de José María Aznar. No debemos olvidar que los Castro son cachorros de gallegos y siempre son bienvenidos en la península.

¡Cuál es el modelo de democracia que nos ofrece Fernando Núñez! Quédese Núñez practicando su malabarismo lingüístico en Francia soñando desde allí con la imposible devolución de Cuba a la corona española y no ocupe páginas donde opinan cubanos que se sienten orgullosos de ser cubanos y que honran y veneran al estandarte de la estrella solitaria. Quizá ahora me ataque y me acuse de nacionalista, me adelanto a contestarle, sí, soy furibundo nacionalista en cuanto a lo tocante de una Cuba independiente y soberana, sin tutelaje o dominio de potencia extranjera, sea Rusia, sea Estados Unidos o sea España.

Tenga por seguro Fernando Núñez que no en vano en el Himno Invasor vibraron estos versos:

“De la guerra la antorcha sublime

 cubra el cielo de intenso fulgor,

 porque Cuba se acaba o redime,

 incendiada de un mar a otro mar”.