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viernes, 17 de marzo de 2023

ELECCIONES Y AUTOCRACIAS

 


Fernando Mires. Blog Polis: Política y Cultura

Desde hace algún tiempo los medios tienden a usar el término “autocracia” para referirse a gobiernos fuertes y autoritarios, antes denominados simplemente, dictaduras. La tendencia no es casual. Seguramente tiene que ver con el aparecimiento de nuevas formas en el ejercicio del poder, formas propias a los tiempos en que vivimos, no asimilables a lo que entendíamos normalmente por dictaduras de tipo “clásico”. Se trata, en términos generales, de formas de poder en las que coexisten sesgos dictatoriales con espacios democráticos, los que se desplazan de acuerdo al cambio de correlaciones de fuerzas en el contexto de un sistema de dominación gubernamental. Dictaduras híbridas, las llaman unos. “Demokraturas”, dicen otros. Gobiernos “i-liberales”, señalan algunos politólogos.

Denominaciones aparte, estamos comprobando la hegemonía alcanzada en la sintaxis política por el término democracia. Hasta la dictadura más terrible quiere ser denominada democracia y no dictadura. Eso hay que computarlo como un hecho positivo, si no olvidamos que los cambios de la realidad comienzan con el cambio de las palabras que la designan.

Si nos atenemos a la literalidad del término democracia, podemos comprobar la existencia de gobiernos no-democráticos que –sea por las razones que sean- no solo mantienen formas democráticas, además provienen de orígenes democráticos. La mayoría de ellos no solo ha llegado al poder mediante elecciones, además suelen convocarlas periódicamente. Evidentemente, las necesitan, aunque sea como medio de legitimación, algo que no era necesario acreditar ante nadie en el pasado reciente. Una dictadura del pasado estaba legitimaba ante sí misma por una religión o por una ideología, pero nunca por ser “democrática”.

Hizo bien el presidente Biden al remarcar que la gran contradicción de nuestro tiempo es la que se da entre democracia y autocracia. Biden, claro está, tomaba como referencia su propio país, cuya antigua democracia se ha visto y ve amenazada por signos innegablemente autoritarios como son los que porta consigo el populismo trumpista. Pero también lo hacía para marcar el espacio internacional entre aquellos que siguen a la autocracia –hoy convertida en dictadura- de Putin en Rusia y los que adhieren al bloque democrático mundial hegemonizado en la guerra de Rusia a Ucrania por la “alianza atlántica” (América del Norte +Europa)

Estamos entonces frente a un fenómeno mundial que, pese a su diacronía, nos muestra una línea demarcatoria internacional y nacional que se da con claridad en determinados espacios geográficos (Europa del Este, América del Sur, Norte de África, Asia Central)

No es el momento para describir las particularidades de ese fenómeno político llamado autocracia. Baste decir, por ahora, que las definiciones o tipologías rígidas solo tienen un uso provisional que no logra captar la dinámica y los desplazamientos de formas y configuraciones que pueden variar en el tiempo, incluso en un solo país, y en lapsos relativamente cortos. Cabe por el momento destacar que tales formas de gobiernos no son “modelos” petrificados pues más bien se encuentran en constante evolución o involución. La dictadura putinista en Rusia es quizás el ejemplo involutivo más notorio: el gobierno de Putin surgió como auténtica democracia para pasar pronto a convertirse en un gobierno autoritario, luego dictatorial, hasta llegar a ser, durante la guerra a Ucrania, la tercera dictadura totalitaria de la modernidad (las primeras fueron el nazismo y el estalinismo)

Hay también ejemplos occidentales que nos muestran como las formas democráticas pueden degenerar en formas autocráticas. Ha sucedido en Polonia, Hungria, Serbia. Incluso democracias largamente establecidas, como la de Israel, amenazan convertirse, bajo el auge de las extremas derechas y del oportunismo de determinados políticos, en este caso Netanyahu, en una nueva autocracia.

En América Latina el caso más relevante sigue siendo la Venezuela chavista y/o madurista, autocracia surgida en parte como reacción populista a la norma democrática (la de Ortega en Nicaragua devino definitivamente en dictadura militar, y al parecer, de modo irreversible) Ha habido, sin embargo, signos que apuntan en sentido contrario: gobiernos tendencialmente autocráticos que han readoptado la norma democrática en contra de pasados autoritarios, como en Colombia y Brasil (anti-uribismo y anti-bolsonarismo). En esos dos casos, aunque los gobernantes elegidos puedan calificarse como de izquierda, la oposición no se dejó enmarcar en el esquema izquierda-derecha, sino en el mucho más amplio de democracia-autocracia. Tanto Petro como Lula abrieron sus alas para agrupar a sectores, si no anti autocráticos, por lo menos, anti-autoritarios.

¿Cómo enfrentar a las autocracias? Esa es una pregunta a la que buscan responder no solo los demócratas latinoamericanos sino también los europeos e israelíes frente a la consolidación de regímenes autocráticos en donde antes hubo democracias. El profesor de la universidad de Princeton Jan Werner- Mueller, en un artículo publicado en Project Syndicate, busca dar respuesta a la pregunta señalada. Así cree encontrar el principal obstáculo para la democratización en la falta de unidad de las fuerzas opositoras anti-autocráticas. Tanto en Israel, en Hungría y en Turquía –constata- la oposición no ha logrado hasta ahora unirse en frentes compactos.

Probablemente si Werner-Mueller se hubiera preocupado del caso latinoamericano, podría haber llegado a una conclusión similar. El chavo-madurismo, el evismo, incluso el orteguismo, han enfrentado a oposiciones que, por lo general, no han sabido unirse frente a los gobiernos que adversan.

La deducción de Werner-Müller es obvia: entre diferentes ideologías nunca va a ser encontrada una unidad, de modo que la unidad política debe ser construida sobre una base no ideológica. El problema es que un acuerdo puramente pragmático entre sectores ideológicos suele despertar desconfianzas entre los electores. La deducción del autor citado, al tomar como referencias los casos de Israel, Hungría y Turquía, es que las unidades electorales construidas en los países que menciona, no han logrado marcar las diferencias con los gobiernos que desafían. En Israel, aduce, la unidad fue buscada en torno “a figuras duras de centro-derecha como el general retirado Benny Gantz”. En las elecciones de Hungría, la oposición tampoco logró establecer una línea claramente diferenciadora. En Turquía, la unidad de la Mesa de los Seis, si bien ha logrado reorganizarse en torno al veterano candidato socialdemócrata Kemal Kılıçdaroğlu, lo ha hecho solo en contra del autocratismo y por el retorno de la constitucionalidad republicana. No es poco, es cierto. Pero podría repetirse lo que siempre ocurre en Turquía, a saber, que la oposición democrática logre imponerse en Estambul y otras grandes ciudades, pero pierda nuevamente en zonas semi-agrarias, como son las de Anatolia, donde el lenguaje épico-moralista- religioso de Erdogan entra con suma facilidad. La oposición turca estaría en este caso obligada a presentar – sobre todo en momentos en los que Turquía se ve amenazada por profundos desajustes económicos – un programa social muy creíble. La democracia moderna, es decir la de masas, obliga a combinar la lucha por las libertades con la lucha por las necesidades.

Esa combinación fue en cierto modo la receta que llevó en América Latina al triunfo de candidatos como Boric, Petro y Lula. Los tres podrán gobernar mientras se mantengan fieles a las demandas democráticas y a las demandas sociales que los catapultaron al gobierno. En Chile, fracciones ideológicas intentaron imponer al país una constitución ideológica. Fracasaron. Boric entendió el mensaje y hoy remonta en las encuestas llevando a cabo su programa social pero manteniendo su apego a la constitución vigente, aunque esta sea “la de Pinochet”. Petro, más ideologizado que Boric, parece tener más dificultades para conservar el equilibrio entre lo social y lo político. De Lula ya sabemos que ha dado las espaldas a las fuerzas democráticas mundiales que apoyan a Ucrania, tal vez no por principios ideológicos (nunca los ha tenido) sino por razones derivadas del comercio exterior, sobre todo con China.

Venezuela sigue siendo un problema grave. Como es muy sabido, en estos momentos tiene lugar en el seno de la oposición una feroz lucha para imponer candidaturas personales y partidarias. Alguna vez va a emerger una candidatura, pero eso tampoco asegura una alternativa que ofrezca un mínimo de credibilidad. En la multitud de candidatos venezolanos, no hay ninguno que sea catalizador, entre otras razones, porque la mayoría de ellos pasó de un anti-electoralismo irresponsable y aventurero, a un electoralismo demagógico, sin mediar críticas, discusiones, debates, en fin, estrategias que explicaran el repentino cambio de paradigma.

Si hay algo en Venezuela en lo que casi nadie cree, es en la política y en los políticos, sean de gobierno o de oposición. En este dudoso logro, la responsabilidad no es solo del gobierno sino –me atrevería a decir, sobre todo- de la oposición. Estamos frente a un caso radical de “anomia política”. Para superarla solo queda una efímera esperanza: que el candidato elegido pueda representar algo diferente a la falta absoluta de alternativas sociales, económicas y políticas que caracteriza al gobierno. Pero para que eso ocurra, ese candidato debe reunir en su torno un mínimo de condiciones básicas que marquen claramente una diferencia, no solo con el gobierno, sino con el modo imperante de hacer política en el país. Nombremos, entre varias, tres:

Primero: no haber abandonado nunca la línea de los cuatro puntos cardinales que orientaron a la oposición hasta el año 2018: electoral, constitucional, democrático y pacífico. O en el caso extremo de haberla abandonado, saber reconocer públicamente y por escrito el tremendo error cometido.

Segundo: no haber promovido o apoyado nunca alguna intentona militarista, golpista, invasionista, o cualquiera otra que incluya el uso de la violencia. Eso significa, entre otras cosas, no haber puesto jamás el principio de “fin de la usurpación” por sobre el principio de “elecciones democráticas”. Significa también, ceñirse a las reglas del juego político, sin jurar venganzas, ni ofrecer linchamientos y cárceles al adversario el que, en la contienda, es enfrentado constitucionalmente. Todo eso no sería más que chavismo al revés.

Tercero: No haberse alineado jamás con proyectos autocráticos internacionales o regionales, como son el putinismo, el trumpismo y otras afinidades menores como el bolsonarismo, el bukelismo, el castrismo, el orteguismo.

Si no se reúnen estas condiciones básicas, el electorado verá en ese candidato solo a un representante del partido del “más de lo mismo”, o peor aún: la lucha entre dos tipos de autocracias: una que está y otra que quiere estar.  Por eso, como hemos intentado precisar, una posibilidad (posibilidad, no seguridad) para derrotar a las autocracias, presupone saber marcar las diferencias con el adversario. Al fin y al cabo, sin diferencias no hay política.

miércoles, 3 de agosto de 2022

¿Y BIRMANIA, QUE?

Mario J. Viera

 


Birmania es una dictadura militar con fronteras con China y la India, en el sudeste asiático. Es un enclave geopolítico muy importante en las aspiraciones de Putin y su distópica teoría euroasiática. Serguéi Lavrov, el ministro de relaciones exteriores de Putin está de visita en Birmania. Busca estrechar sus lazos diplomáticos (la realpolitik de Putin) con el régimen militar impuesto tras el golpe de estado del 1 de febrero de 2021, que derrocó al débil gobierno democrático de la Premio Nobel por la Paz Aung San Suu Kyi.

Por su parte el tirano birmano Min Aung Hlaing ha visitado por dos ocasiones a Rusia, donde, de acuerdo con EFE, visitó las principales agencias armamentísticas rusas.

El golpe de estado fue rechazado por la población birmana con actos noviolentos de manifestaciones de protesta que fueron reprimidos a tiros por los militares, La noviolencia de la oposición birmana pasó a convertirse en insurrección armada.

Según la Asociación para la Asistencia de los Presos Políticos, al menos 2.145 personas han muerto a manos de los militares, mientras que casi 15.000 personas han sido arrestadas de forma arbitraria,

La UE ha impuesto sanciones económicas contra la tiranía birmana, desde los primeros días, luego del golpe militar, incluyendo a Min Aung Hlaing, a altos funcionarios del régimen, así como a varias empresas vinculadas con los golpistas. Según el jefe de la diplomacia de la UE, Josep Borrell, con esas sanciones se estaba enviando un mensaje claro a los dirigentes militares: “seguir en la vía actual apenas traerá sufrimientos y no le dará jamás ninguna legitimidad". Los militares se han reído de tal advertencia, como es común en toda dictadura cerrada, donde todos los poderes legislativos y judiciales están bajo su total control, la carga de las privaciones se deja al pueblo. Estados Unidos y Gran Bretaña también han impuesto sanciones contra dos conglomerados empresariales controlados por altos cargos militares de la tiranía birmana.

Hoy, Estados Unidos debierá considerar y tratar el caco birmano como una potencial amenaza a su seguridad nacional y a la de la UE. Todo lo que internacionalmente favorezca a los intereses rusos y chinos afectan a la seguridad de Occidente.

Como se informó por la agencia suiza SWI, el relator especial de Naciones Unidas para Birmania, Tom Andrews advirtió que las medidas tomadas contra los militares golpistas "no están a la altura de lo que se requiere para evitar una crisis cada vez más profunda"; y expuso: "Las limitadas sanciones impuestas por los Estados miembros no cortan el acceso de la junta a los ingresos que ayudan a sostener sus actividades ilegales, y la lentitud de la diplomacia está fuera de sintonía con la escala de la crisis".

Mientras tanto, China, observa con tranquilidad la situación birmana, como reporta la página web de SupChina, el embajador chino en Birmania, Chen Hai declaró: “Tanto la Liga Nacional para la Democracia como el Tatmadaw (el ejército birmano) mantienen relaciones amistosas con China”. China tiene intereses comerciales con Birmania y la situación interna en ese país, según lo ve SupChina, pueden constituir una amenaza para las empresas internacionales de China en el país, como en el Corredor Económico China-Myanmar. 

Como reporta EFE, China es, junto a Rusia, el principal exportador de armas a Birmania; Rusia y China son los principales aliados del régimen militar tras la sublevación castrense.

El caso birmano tiene que ser tratado por Occidente como un asunto de realpolitik, como ya lo está ya considerando Putin a su favor. Las democracias de Europa y de América debieran prestar asistencia y apoyo a los insurrectos de Birmania y, al mismo tiempo, alentar al movimiento de resistencia noviolenta que ha sido constreñido en Birmania. Según la reportera del New York Times, Hannah Beech, “En la actualidad (5 de abril de 2022), lejos de consolidar su dominio sobre el país, el ejército birmano, conocido como el Tatmadaw, se ve obligado a luchar en decenas de frentes, desde las tierras fronterizas cerca de India, China y Tailandia hasta las aldeas y pueblos del corazón del país. Las escaramuzas suceden casi a diario, y también se registran bajas”.


viernes, 28 de septiembre de 2018

Las implicaciones del concepto del “debido respeto” a las autoridades


Mario J. Viera





Cuando paso a paso se estudia y analiza el documento base para la formulación de la nueva Constitución propuesta por la Comisión ad hoc que preside Raúl Castro como primer Secretario General del PCC, se llega a la conclusión general de que el Proyecto que se “debate” en estos momentos es, en primer lugar, una propuesta adulcorada de mantener lo hasta ahora existente en cuanto a la estructura básica del poder político, con algunos muy pocos enunciados de carácter demoliberal insertos en el texto para hacerle más digerible; en segundo lugar, y aunque se copian un tanto modificados algunos preceptos, extraidos con pinzas de la Constitución republicana de 1940, el Proyecto no  puede ser considerado como una continuación de toda la tradición constitucional de Cuba iniciada en 1869 con la Constitución mambisa hasta su momento cumbre cuando se  promulgó la Constitución de 1940, y, en tercer lugar, la elaboración del Proyecto muestra que sus postulantes carecen de imaginación pues toda su confección ha sido un simple procediminto de corta y pega de disímiles enunciados tomados de varias constituciones. Esta última aseveración puede ser constatada haciendo recurso del constitucionalismo comparado. Ya cuando analizaba las funciones no compartidas que el Proyecto de Constitución asigna al Presidente como jefe de Estado y al Primer Ministro noté que parecía que el ponente del proyecto de constitución se había inspirado en la Constitución de la V República de Francia por la similitud existente entre algunos de los enunciados del Proyecto y los de esa Constitución; pero el ejemplo más notorio de corta y copia empleado por el ponente del Proyecto, nos lo da el artículo 91 que he estado analizando y que guarda una muy estrecha semejanza con el artículo 135 de la Constitución de Guatemala y no solo para el caso del inusual deber de guardar el debido respeto a las autoridades.

Comparemos:

Art. 135 Cg: Son (...) deberes de los guatemaltecos, además de los consignados en otras normas de la Constitución y leyes de la República:
Art. 91 Pc: Son deberes de los ciudadanos cubanos, además de los otros establecidos en esta Constitución y las leyes: 

Art. 135 Cg: a) Servir y defender a la Patria;
Art. 91 Pc: a) Servir y defender a la Patria;  

Art. 135 Cg: Cumplir y velar, porque se cumpla la Constitución de la República;
Art. 91 Pc: b) cumplir la Constitución y demás leyes de la nación;

Art. 135 Cg: d) Contribuir a los gastos públicos, en la forma prescrita por la ley;
Art. 91 Pc: c) contribuir a los gastos públicos en la forma establecida por la ley;

Art. 135 Cg: f) Guardar el debido respeto a las autoridades;

Art. 135 Cg: g) Prestar servicio militar y social, de acuerdo con la ley.
Art. 91 Pc: e) prestar servicio militar y social de acuerdo con la ley; 

¿Simple coincidencia? No, intención y propósito. Hagamos, como propone el positivismo jurídico, un intento de interpretar cuál, en definitiva, es la intención del ponente del Proyecto de Constitución para incluir en el texto estos preceptos tomados de la Constitución guatemalteca de 1985.   Por el Art.59 del Proyecto de Constitución se establece el reconocimento, respeto y garantía de la libertad de expresión; es decir, se garantiza el derecho que toda persona tiene de expresarse sin ser hostigado debido a lo que opine o como se consigna en el numeral 6 de la Declaración de Principios sobre Libertad de Expresión de la Organización de Estados Americanos: “Toda persona tiene derecho a comunicar sus opiniones por cualquier medio y forma”. Sin embargo, el Código Penal vigente en Cuba en su Art, 144 define que todo aquel “que amenace, calumnie, difame, insulte, injurie o de cualquier modo ultraje u ofenda, de palabra o por escrito, en su dignidad o decoro a una autoridad, funcionario público, o a sus agentes o auxiliares, en ejercicio de sus funciones o en ocasión o con motivo de ellas” comete un delito de desacato; delito que, en su forma agravada prevé una sanción penal de uno a tres años de privación de libertad si estos actos se realicen “respecto al Presidente del Consejo de Estado, al Presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular, a los miembros del Consejo de Estado o del Consejo de Ministros o a los Diputados a la Asamblea Nacional del Poder Popular”, Evidentemente, por el enunciado del Art. 59 del Proyecto de Constitución, la figura del delito de desacato definida en el Art. 144 del Código Penal puede ser calificado de inconstitucional, y lo sería, si en el texto del Proyecto no figurara como deber del ciudadano el de “guardar el debido respeto a las autoridades y sus agentes”.

Así, en el Código Penal guatemalteca, al entrar en vigor la Constitución de 1985, en sus artículos 411, 412 y 413 se configuraba el delito de desacato y, el deber de guardar el debido respeto a las autoridades consignado en el inciso f del Art. 135 de la Constitución amparaba lo sancionado en esos tres artículos del Código Penal. Pero existe una importante diferencia entre los postulados del Proyecto de Constitución y los de la Constitución guatemalteca de 1985 pues en esta se postula, por su artículo 35, la libertad de “emisión del pensamiento por cualesquiera medios de difusión, sin censura ni licencia previa. Este derecho constitucional no podrá ser restringido por ley o disposición gubernamental alguna”, y para mayor abundamiento en su párrafo segundo se dice claramente que “(n)o constituyen delito o falta las publicaciones que contengan denuncias, críticas o imputaciones contra funcionarios o empleados públicos por actos efectuados en el ejercicio de sus cargos”, consideraciones estas no enunciadas en ninguno parte de los articulados del Proyecto de Constitución que propone el Partido Comunista de Cuba. Pero, algo más, con anterioridad a la promulgación de la Constitución de 1985, ya desde 1966 estaba vigente en Guatemala la ley orgánica de Emisión del Pensamiento, con ninguna correspondencia en las normativas presentes de la legislación socialista de Cuba, la que en su artículo 35 declaró igual disposición que la contenida en el coincidente artículo 35 de la Constitución de no constituir “delito de calumnia o injuria los ataques a funcionarios o empleados públicos por actos puramente oficiales en el ejercicio de sus cargos aun cuando hayan cesado en dichos cargos al momento de hacérseles alguna imputación”. En consecuencia a estas formulaciones, la Corte Constitucional ─ órgano inexistente en la Constitución aún vigente en Cuba y en los enunciados del Proyecto de Constitución ─ declaró en sentencia de fecha 1 de febrero del 2006 inconstitucionales los artículos 411, 412 y 413 del Código Penal. Como cita el Presidente de la Cámara Guatemalteca de Periodismo, Mario Fuentes Destarac, la Corte expresó en esa sentencia que “(…) aplicando un elemental principio de realismo, resulta insoslayable que la expectativa de ser sancionado penalmente por expresar opiniones puede desalentar a un particular a expresar éstas; de manera que si bien la normativa penal no contempla una censura expresa, sí puede motivar a una autocensura del propio ciudadano en asuntos sobre los cuales, en un sistema democrático, se requiere de su expresión crítica para motivar el correspondiente escrutinio de la función pública” para añadir: Por previsión expresa del segundo párrafo del artículo 35 de la Constitución Política de la República de Guatemala, debe precisarse que la responsabilidad que pudiera imputarse a una persona por haber realizado una crítica, señalamiento o imputación que pueda ser considerada como infamante por parte de un funcionario público, debe ser de tipo civil”.

Esta conclusión de la Corte Constitucional de Guatemala coincide con el criterio expuesto por el Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH) al considerar este que someter la difamación al orden penal resulta una “interferencia desproporcionada en el ejercicio de (…) la libertad de expresión” ya que, para satisfacer los perjuicios que esta pueda provocar, es suficiente su sumisión al orden civil.

La Comisión Interamericana de Derechos Humanos, en su Informe Anual 1998, consideró que “la aplicación de leyes para proteger el honor de los funcionarios públicos que actúan en carácter oficial les otorga injustificadamente un derecho a la protección de la que no disponen los demás integrantes de la sociedad. (…) Si se considera que los funcionarios públicos que actúan en carácter oficial son, a todos los efectos, el gobierno, es precisamente el derecho de los individuos y de la ciudadanía criticar y estructurar las acciones y actitudes de esos funcionarios en lo que atañe a la función pública”, y la Declaración de Principios sobre Libertad de Expresión de la Organización de Estados Americanos declara en su numeral 11 que estando los funcionarios públicos “sujetos a un mayor escrutinio por parte de la sociedad. Las leyes que penalizan la expresión ofensiva dirigida a funcionarios públicos generalmente conocidas como ‘leyes de desacato’ atentan contra la libertad de expresión y el derecho a la información”.

Alguien propiamente ha expresado que catalogar el desacato como delito es propio de las dictaduras. El origen de este tipo de delito se encuentra en el Derecho Romano calificado dentro de los delitos de “lesae maiestatis” como instrumento legal para la protección del emperador. De este modo, el ordnamirnto constitucional castrista, independiente de algunas cláusulas cosméticas de apertura, continuará siendo el ropaje jurídico de una dictadura totalitaria.

martes, 12 de diciembre de 2017

La feria de los tiranos

Tulio Hernández. Diario EL NACIONAL



 Eso de querer mantenerse en el poder supremo hasta el día de la muerte es contagioso. Podría pensarse que era una obsesión propia de tiranos del siglo XIX y del XX. Que Fidel Castro y Robert Mugabe eran dinosaurios de una especie en extinción. El primero, porque a los 90 años de edad había acumulado 49 como el hombre fuerte del gobierno comunista cubano. El segundo, porque a los 93 tenía en su cuenta 37 años continuos como presidente de la República africana de Zimbabue. Pero no era así.

Resulta que el siglo XXI, ahora con una mascarada democrática, se ha inaugurado con un grupo de presidentes electos que no se resignan a abandonar el poder y que, como Franco o Juan Vicente Gómez, aspiran a entregarlo solo después de la muerte.

Hugo Chávez era el más impúdico. Se hizo una Constitución prêt-à-porter que establecía la elección infinita. Anunció, primero, que necesitaba gobernar hasta 2018. Luego hasta 2025. Y lo hubiese alargado sucesivamente de no ser por la penosa enfermedad que lo mandó de Miraflores al Cuartel de la Montaña.

Algo más o menos parecido es lo que ha hecho Putin en la Federación Rusa. A la edad de 65 ya ha acumulado 3 mandatos que suman 18 años ejerciendo la Presidencia de la República; y ya lanzado a la campaña electoral para ejercer el cuarto mandato, todo parece indicar que llegará, sin trabas, a los 24 años de gobierno. El mismo tiempo que Stalin.


Lo mismo vale para ese político reptil nicaragüense llamado Daniel Ortega. Salvo por la interrupción que significó la derrota que le propinara Violeta Chamorro en las elecciones de 1989, el acariciador de hijastras lleva ya 4 períodos que, de llegar el actual a 2021, como está estipulado, le daría el total de 25 años gobernando el sufrido país centroamericano. Solo 5 años menos de los que gobernó a República Dominicana el temible dictador Rafael Leónidas Trujillo.

La salud de una democracia se puede medir por su capacidad para la alternancia. Y su decadencia, por el tiempo indefinido que pueda durar un presidente en ejercicio. En los casi 15 años que Hugo Chávez gobernó a Venezuela, Francia tuvo como presidentes a Chirac, Sarkozy y Hollande. Y Costa Rica, a Rodríguez Echeverría, Pacheco, Arias, Chinchilla y Solís Rivero.

No es casual que en el presente los presidentes que tienen más tiempo ejerciendo el gobierno sean todos de repúblicas africanas no democráticas y, en su mayoría, estén acusados en los tribunales internacionales por corrupción y genocidio. Teodoro Obiang Nguema preside Guinea Ecuatorial desde 1979. El mismo año desde cuando José Eduardo dos Santos lo hace en Angola. Sin olvidar que Mugabe comanda Zimbabue desde 1987. Y Omar al Bashir a Sudán desde dos años después, 1989.


Ahora la obsesión de morir como Franco o Gómez con el poder en la mano le ha picado a Evo Morales, el presidente boliviano. Luego de 4 períodos gubernamentales, Morales se ha convertido en el presidente que por más tiempo ha gobernado Bolivia. Si concluye el mandato actual habrá acumulado 20 años al frente del gobierno. Y si logra cambiar la Constitución, como se lo ha propuesto, podría lograr otro período y llegar hasta los 25. Entre sus partidarios hay quienes proponen que es mejor decidir desde ya que Evo gobierne “para siempre”.

Claro, eso no lo pude garantizar nadie. “Para siempre” se había preparado Mugabe, un hombre de 94 años, pero se le interpuso en su camino su segundo de a bordo, Emmerson Mnangagwa, tan asesino como él, y hace quince días lo obligó a dimitir. “Para siempre” está preparado en Argelia Abdelaziz Buteflica, un enfermo terminal, anclado en una silla de ruedas, sin capacidad para comunicarse, pero preparado para seguir ganando elecciones, y solo el destino sabe si las próximas puede llegar a perderlas. Y “para siempre” estaba destinado Rafael Leónidas Trujillo, alias “Chapita”, por su gusto por las condecoraciones, hasta que un comando de demócratas lo esperó en una carreteara y a balazos le impidió terminar su último periodo presidencial.


No todos los tiranos tienen la suerte de aflojar el poder solo con el último suspiro.

domingo, 26 de noviembre de 2017

Fidel Castro, alcalde de Miami

Ernesto Morales. Cibercuba



Los cubanos pondrían a Fidel Castro otra vez. Mañana mismo. Si por una inesperada condena celestial los cubanos vieran al viejo Fidel ─ que siempre pareció haber nacido viejo ─ salir de entre la roca santiaguera donde le han enclaustrado, lo votarían, le pondrían la banda presidencial, el anillo de regente, lo que sea. Lo harían gobernante otra vez.

Pero no hablo de los cubanos de Cuba. Hablo de los cubanos de fuera de Cuba. Quise evitar decir los cubanos de Miami, pero no hay escapatoria. Enmiendo mi sentencia: Hablo de los cubanos de Miami. Porque los cubanos de Miami somos una peculiar especie de emigrados que no nos cansamos de gritar que nos fuimos, y que menos mal, pero que a hurtadillas seguimos viviendo como si jamás nos hubiéramos ido. El fenómeno merecerá un aparte bajo las lupas de la antropología futura.

Digámoslo de una vez: los cubanos suspiran por los dictadores. Quizás no lo sepan, lo nieguen, se rasguen las floridas camisas tropicales en arrebatos también tropicales de cólera cubana: "¿Qué dice esa boca acusatoria, que a los cubanos nos gusta qué?" Y dramatismos afines. Pero en el fondo, en el fondito, ahí en el software cubano, en ese ADN incrustado contra los glóbulos y las arterias y los nervios, ahí, algún demoníaco hijo de puta nos puso la semilla del mal: "Adorarás a los hombres fuertes por los siglos de los siglos, amén". Llámese Fidel Castro. Llámese Víctor Mesa. Llámese Hassán Pérez. Llámese Hugo Chávez. Llámese Donald Trump.

Los salvadores, los gritones, los yo sé más que tú, los Mesías todopoderosos. Esos nos encantan. Por eso los cubanos de Miami votaron en manadas por un presidente nacido en New York que los desprecia: a ellos y a todos los latinos. Por eso los cubanos salieron en jaurías sedientas a entregar su voto a un millonario inmobiliario para el que ellos – que no hablan inglés, que pronuncian fústan y requiu ─ son todos lo mismo: mexicans. Porque en el fondo adoramos a los mandamases. Detestamos a los intelectuales, a los hombres de ideas sin puñetazos en la mesa. Adoramos más el gesto que la mano dura.

Barack Obama fulminó con drones a cientos de talibanes, yihadistas, basuras de ISIS y AlQaeda, sin apenas hablar de ello. Donald Trump lanzó diez cohetes a un aeropuerto sirio donde no mató ni a la abuela de un general de Al Assad. Pero Donald Trump es el de la mano dura: él sabe gritar y amenazar. Los drones de Obama son armas del silencio.

Fidel Castro no habría usado drones jamás. Por eso los cubanos votarían mañana por Fidel Castro. Porque de haberlos tenido, él habría preferido los cohetes del ruido. Los manotazos sobre el buró. La bravuconería matonesca de quien habla y chisporrotea saliva con sus discursos vocíferos. Para Fidel Castro un drone habría sido una cosa demasiado afeminada, cuando siempre se tiene a mano una Katyusha equipada como Dios manda.

Eso enerva a los cubanos. Les pone la carne de gallina: "Ese es mi hombre". ¿Verdad que sí? ¿Verdad que cuando Donald Trump grita que va a lanzar furia y fuego contra Kim Jong Un, en un intercambio de grititos de Twitter, los cubanos de este lado del mar aplaudimos con un fervor de veintiséis de julio porque eso, amigos míos, eso es ser un verdadero presidente?

Los cubanos no analizamos circunstancias. Para nosotros vale el gesto. Por eso un cubano trumpista como Breitbar News manda, no se corta para decirte lo primero que le viene a la mente cuando siente que cuestionas, oh blasfemia, al comandante en jefe Trump: "Pues si no te gusta, vete de aquí". (Algunos ni siquiera saben que su cargo militar es ese, commander in chief, y cuando te oyen decirle comandante en jefe se arma la de sanquintín: comunista, malparido, venir a decirle eso a nuestro presidente).

Pues si no te gusta, vete de aquí. Te lo juro. Es lo que dicen. No se lo piensan mejor. Permiten la fuga por entre el cerco de sus dientes de esa construcción tan conocida, tan emblemática, tan de mural de la CTC, con que nos abofeteaban allá al otro lado del mar cuando algo no te gustaba de su gobierno familiar.

Que si no te gustaba que te fueras. Y si preguntabas que para dónde, o cómo, porque eso era lo que te desquiciaba, lo que estabas loco por hacer, irte, ellos no te buscaban opciones o mejores respuestas. Ellos solo te gritaban que te fueras, para que sepas.

Y te estigmatizan, en esta casa grande que han dado en llamar el exilio. No importa que hayas emigrado acá como hijo de un padre que te reclamó. No importa que vinieras con Visa Fiancé, a casarte en Estados Unidos como mismo hace un checo o un marroquí que aplique para ese trámite migratorio universal. No. Si eres cubano eres exiliado, no emigrado, y por tanto debes borrar de tu léxico la pareja de sustantivo más adjetivo "gobierno cubano" y sustituirla cuanto antes por "dictadura", o "régimen", so pena de caer atravesa´o a los secretarios del Partido (Anti)Comunista que por este lado pululan y ganarte por méritos propios el cartelito de comunista.

Comunista. Candela al jarro. Es más fácil ser comunista en Miami que en Pyongyang. Es más: yo diría que es casi imposible no ser comunista alguna vez en Miami. Yo mira que lo he intentado: yo que detesto a todo lo que me suene impositivo, gritón, totalitario. Pues nada, no lo consigo: en Miami he sido comunista demasiadas veces ya.

¿Que le llamas gobierno cubano a la dictadura cubana? Comunista. ¿Que aplaudes en YouTube los jonrones de Antonio Pacheco y Orestes Kindelán? Comunista. ¿Que dices que Alicia Alonso  es una bailarina descomunal, y que Juan Formell , que no bailaba, inventó entre los humanos eso que llaman baile? Comunista. ¿Que dices que Barack Obama dio el mejor discurso de la historia de Cuba allá, en un aula magna de La Habana? Miserable, rata, malagradecido, que Trump te deporte. Ah, y comunista.

Por eso los cubanos de Miami hablan más de Fidel Castro que los de Cuba, y con esto no pretendo descubrir nada nuevo. ¡Es que en La Habana desterraron sus cenizas a Santiago de Cuba, a 900 kilómetros de distancia, cuando en Miami pareciera que es el alcalde!

Porque a los hombres duros, rufianescos, bocones, a esos los cubanos los respetan y les dan su venia. Sea para amarlos o para odiarlos. Pero esos son los suyos. Para los cubanos, un verdadero enemigo tiene que ser como un verdadero amigo: rudo, rústico, autoritario. Por eso Raúl Castro jamás será merecedor del verdadero odio de los cubanos de Miami: es muy flojo. Se rumorea su afición a los pecados nefandos. Y habla poco. Y cuando habla, la voz le tiembla.


A ese, no le votarían en Cuba ni en Miami. Pero al otro, al cenizas, mejor ni te digo. No se me ocurre especular el resultado de unos surrealistas comicios entre Fidel Castro y Donald Trump aquí, en la cuna (o Cuba) del exilio.

lunes, 13 de noviembre de 2017

Nosotros, hijos de Caín

Mario J. Viera



Cuando llevas dentro de ti el fuego de la rebeldía, y te sientes soberano de ti mismo y no pieza del tablero de los poderes. Cuando no aceptas imposición alguna y te declaras iconoclasta frente a la intolerancia y frente a la opresión y dices No, y te decides a pensar por ti mismo y rompes los moldes del acomodamiento, entonces los poderes te maldecirán y te condenarán y pretenderán colocarte en la marginalidad y serás visto como el hijo maldito, el Caín de la historia que se enfrenta al mustio, al débil y complaciente siervo, esclavo Abel.

Cuando en la plaza de Tiananmén te enfrentas a cuerpo desnudo con los tanques y gritas “¡Ya no más!” sin que te importe caer aplastado bajo sus metálicas orugas; cuando te enfrentas al gobierno que se vende al poder externo y te levantas en Maidán sin temor a las balas y a los asaltos policiales; cuando resistes con valor y estoicismo en la plaza Tahrir o en las calles de Caracas te enfrentas a las tropas represoras solo con tu cuerpo y con piedras; cuando ante la imposición de leyes injustas te decides por la desobediencia civil y rechazas a un gobierno de odio e intolerancia ya estarás marcado, para ti solo quedará la prisión que no mancilla a los justos y el ostracismo o la victoria sobre la mentira. Cuando expresas con energía tu pensamiento sin ataduras y condenas lo vil sin temor a lo que te condena tu osadía, entonces será como el proscrito Caín. Serás como Caín que debía sufrir y morir por la voluntad de un dios terrible; “Perseguido por quebrantar una ley, / Que no entiende y que no cuenta con él” como canta el poema compuesto en 1985 por la banda española de heavy metal Barón Rojo, “Hijos de Caín”.

Como aparecía en una entrada ya borrada de Wikipedia, “Caín rompe con su yugo de servidumbre al rebelarse contra la ley impuesta por el dios que lo oprimía y huye lejos de sus dominios, pero paga con ello un precio, pues se enfrenta a la persecución, la maldición eterna y el sufrimiento, convirtiéndose así en fugitivo proscrito. A medida que su estirpe, los hijos de Caín, crece, ésta se ve obligada a enfrentarse al estigma, el rechazo y la enemistad por parte de los hijos de Abel”, fieles defensores o coaligados del orden y el poder establecido, negación del progreso, negación del futuro, negación de la dignidad. Como se recoge en un blog sobre el grupo Barón Rojo, “se establece así, a modo de metáfora, una dualidad entre quienes se rebelan y luchan contra las injusticias y esquemas de opresión del orden establecido, llegando a considerar su autoridad ilegítima, y quienes se muestran cómodos, o se identifican con él, reproduciendo o defendiendo los valores de la ideología dominante del sistema y rechazando o estigmatizando a quienes lo cuestionan abiertamente o desafían”.

El mito bíblico se transforma por esta metáfora en la contradicción presente entre los sumisos del poder, los auxiliares de los regímenes de fuerza encarnados en la figura de “Abel, mezquino y cobarde, el siervo de su señor” y los rebeldes, los que ponen sus ojos en las alturas, donde vuelan las águilas encarnados en el Caín que rompe “con un gesto su yugo de esclavitud”.  

HIJOS DE CAÍN
(BARÓN ROJO)

La Biblia cuenta una historia que un dios terrible dictó
El drama de dos hermanos, el justo y el traidor.
Abel, mezquino y cobarde, el siervo de su señor,
Caín que no entró en el juego y que se rebeló.
‘Te maldigo’ truena la voz de su juez,
Padre nuestro que nos privó del Edén.

Caín rompió con un gesto su yugo de esclavitud,
Huyó del ojo implacable, llevó su propia cruz.
Perseguido por quebrantar una ley,
Que no entiende y que no cuenta con él.

Sufrirás, morirás, ésta es su voluntad,
Pero aún hay aquí, Hijos de Caín.

La estirpe del fugitivo creció y se multiplicó,
El signo que los margina ya nunca se borró.
Te maldigo, claman los hijos de Abel,
A la diestra de su señor el poder.

Sufrirás, morirás, ésta es su voluntad,
Pero aún hay aquí, Hijos de Caín.

Quizá los hombres seamos a un tiempo Abel y Caín,
Quizá algún día destruya lo oscuro que hay en mí.
El destino no está marcado al nacer,
Yo he elegido ser lo que siempre seré.


¡¡¡Hijo de Caín!!!

miércoles, 14 de junio de 2017

El atroz asesinato de LEOMAR LANDER (17 años)

Héctor Silva Michelena



El crimen ocurrió en la Avenida Libertador, se desplomó con la noche. Cayó con el pecho rajado en canal, como si fuese una res que sale del matadero. No. No era una res y él no salía del matadero. Tenía 17 años y había nacido en Guarenas. Fue una granada disparada a quemarropa por alguno de los criminales que integran la Guardia Nacional. Lo llamaban “el guerrero” pues siempre estaba en las primeras filas de las manifestaciones opositoras. El joven fue retratado en varias ocasiones participando en las protestas en contra del gobierno. Neomar repetía:



Yo solo tengo 17 años, yo no estoy estudiando ahorita porque yo sinceramente me voy del país por cuestión de mi futuro, pero yo realmente no me quiero ir de Venezuela, este es mi país, yo nací aquí y estoy luchando por él”, por la libertad. El fotógrafo Isaac Paniza retrató al joven en varias ocasiones y en la noche de este miércoles, se encargó de publicar las fotografías en su cuenta en Instagram. “Que Dios te tenga en su gloria, muchacho. Que la fotografía sirva para inmortalizar tu gallardía. Que Dios derrame bendiciones sobre nuestros jóvenes y les brinde sabiduría en gran manera”, comentó Paniza en una de las fotos que muestra la mirada sonriente de Neomar. Y fue inmortalizado por los lentes de los reporteros heroicos que documentan esta crueldad, este y todos los crímenes de lesa humanidad que sufrimos a diario.



Yorman Ortiz, amigo cercano de Neomar Lander, aseguró que no era guarimbero y mostró su carnet de estudiante luego de recibir la dolorosa noticia. "Yo soy estudiante, yo no soy ningún guarimbero como ellos nos califican. Soy estudiante de actuación y salgo por un mejor país", había expresado Ortiz en un video publicado por Caraota Digital. Con gran inteligencia, su amigo condenó las muertes de los ciudadanos venezolanos. Y sentenció: “Aquí las únicas neveras que están llenas son las neveras de la morgue. No puede ser justo que esta generación no pueda disfrutar de una Venezuela donde exista progreso y nuevas oportunidades; por eso salimos a marchar”. Alguien dijo de él: tú eres el motivo que enciende muchas velas.

Mauro Arellano, tío del joven, aseguró que él y su familia seguirán en las calles exigiendo un país mejor, aunque eso le traiga consecuencias, para que la muerte de su sobrino no sea en vano. Indignado, expresó: “Basta ya, hago un llamado a cara pelada para que si así lo quieren me busque el Sebin o me busque quién sea. Hoy lo mataron a él y mañana me irán a matar a mí también, pero no crean que voy a dejar de protestar porque voy a seguir luchando por que el país salga de donde está”. Pero el Mal estiró su lengua: Padrino López, cometiendo, “No quiero ver a un GNB cometiendo una atrocidad en la calle” (6 de julio). Un día después, el jefe de la matanza, el cruel comandante Benavides, GNB, decía que perseguiría a los opositores hasta debajo de las piedras. Fue felicitado por el sanguinario Diosdado Cabello. Y culpó a la “derecha”. ¿Es que no sabes otra cosa, capitán del odio?

Yo deposito en tu tumba esta ofrenda Neomar: ¡Asesinato! Puedo recordar el lejano valle, sus hediondos puentes de hierro. En una oscura nube de polvo, pálida. Por desgracia asesinado. Ella gritó: no podemos perder este recuerdo en ninguna parte. Cómo la gente se asoma al fondo de la calle. Recuerdo la oscuridad del barro. Ellos los gases, los disparos. Sueño con la mujer en su nube de polvo. ¡Asesinato! Rasgando mi corazón abierto. Me resulta difícil vivir en el mundo, escuchando ese grito, duro: aún no estoy acostumbrada a los dioses humanos. He visto a veces, y lo deploro, como ustedes los adoran. Desprecio imperceptible de un espíritu. Ver a un compatriota en su negocio represivo. Me aterra adivinar su muerte, endurecerse sobre su cara y sus rasgos. No soy lo suficientemente fuerte, cierro mis dientes, permanezco en silencio. ¡Asesinato! Es lo que grito.

Y ahora, la oración de lucha del poeta Osorio Canales: “Sí, habrá que tomar la espada y combatir. No importa si la sangre ya no alcanza para regar las flores y las arenas del mar que tanto amamos. Para enfrentar el parque militar y la sevicia, las armas que tenemos no van más allá de las palabras, si acaso una manera franca de mirar los ojos, un sueño de país que no se cumple, una sed de justicia que no se apaga, y el empeño de sembrar en el campo de batalla nuestros huesos. Nuestra esperanza y la canción de amor que siempre llevamos en el corazón”.

Recuerdo a Camus en La Peste. A lo largo de 70 días, los prisioneros de la peste debatían. Alguien llegó a imaginar que ellos eran todavía hombres libres. Que podían elegir. Pero no se daban cuenta de que, en estos días, la peste oliva encapotaba el cielo. Que ya no habría albedrío individual sino lucha unitiva, fraternal. Peor era el exilio. Si la muerte está en la calle, en el calabozo, oremos con Baudelaire: ¡Oh, Muerte! Vieja capitana ya es la hora. ¡Levemos ancla! Este país nos hastía, oh Muerte. ¡Zarpemos! Si el cielo y el mar están negros como la tinta, ¡nuestros corazones, que tú conoces, están llenos de rayos! ¡Danos tu veneno que él nos reconforta! Tanto nos quema su fuego el cerebro, que deseamos hundirnos en el fondo del abismo, Infierno o Cielo ¿qué importa? ¡Hasta el fondo de lo desconocido para encontrar lo nuevo!

Ya al visitar El Cercado, donde yacen tus huesos, Julius Fucik te dirá: “Amaba a la vida y por su belleza marché al campo de batalla. Hombres os he amado. Fui feliz cuando correspondíais a mi cariño y sufrí cuando no me comprendíais. Que me perdonen aquellos a quienes causé daños. Que me olviden aquellos a quienes procuré alegrías. Que la tristeza jamás se una a mi nombre. Es mi testamento para vosotros, padre, madre y hermanos míos. Agravio e injusticia sería colocar sobre mi tumba un ángel de la tristeza”.


Julius Fucik fue ejecutado en Praga por los nazis, en el verano de 1943. Su Reportaje al pie de la horca, sacado hoja por hoja de la cárcel, fue publicado en 1945. Luchaba contra el fascismo.

lunes, 28 de noviembre de 2016

Vida y muerte de un narcisista

Carlos Alberto Montaner. Tomado de Diario de Cuba


Muerto Fidel Castro, tibio todavía su cadáver, surgen varias preguntas urgentes. ¿Cómo fue posible el castrismo? ¿Por qué Cuba se convirtió en la única dictadura comunista de América Latina? ¿Cuál era la esencia de un régimen que ha durado más de cinco décadas, convirtiéndose en la dictadura más larga de la historia de América Latina? ¿Habrá un castrismo sin Castro?

Como resulta inevitable, para entender este excéntrico fenómeno es preciso remitirse a la historia republicana. Fidel Castro ni cayó del cielo ni ascendió desde el infierno. Fue el producto de ciertas ideas y actitudes que existían en la Cuba de sus años formativos. Lo parió el país, porque la tierra había sido previamente cultivada para dar esos o parecidos frutos.

Nacido en 1926, a principios del gobierno del general Gerardo Machado, quien enseguida comenzó a mostrar su dureza y falta de respeto por los derechos humanos, el niño Castro creció entre los rumores de violencia que seguramente llegaban a su remota finca de Birán, en el oriente de Cuba. En 1933, finalmente, y tras cruentos enfrentamientos entre diversos grupos insurrectos, el dictador huyó del país.

¿Qué herencia política más visible dejaba este episodio? No era, ciertamente, el amor por la democracia y las libertades, sino el culto por la redentora violencia revolucionaria. La idea predominante en el país era que la justicia, la honradez y la prosperidad vendrían de la mano de unos revolucionarios armados con pistolas e iluminados por la voluntad de guiar al pueblo hacia un destino fulgurante.

A la espera del Mesías

Nadie, o muy poca gente, pensaba entonces en la importancia de las instituciones o en el Estado de derecho para enderezar el país. Se esperaba la llegada de un Mesías revolucionario. Se buscaba un líder salvador. Para algunos era Grau, para otros, Chibás o hasta Batista. Esa —el mesianismo— era una actitud muy generalizada en la sociedad cubana. Mala cosa para construir una democracia respetable. Pero junto a ella había otras creencias que comenzaron a abrirse paso rápidamente: el buen revolucionario no solía tener el menor respeto por la propiedad privada.

En los años 30, en Cuba y en todas partes, se extendió la creencia de que la pobreza de una parte sustancial de la sociedad se debía a los bienes que otros poseían. Lo que uno tenía siempre se lo había quitado a otro. El capitalismo era sustancialmente depredador. Eso no quiere decir que la sociedad suscribía la cosmovisión marxista, mucho más compleja y elaborada, sino que se había popularizado un juicio sumario contra la economía de mercado y el "Estado burgués". Ser revolucionario, pues, consistía en distribuir la riqueza existente entre los desposeídos.

A la incriminación general del capitalismo, en Cuba se añadía un componente internacional: quien con mayor avidez y codicia representaba esas fuerzas explotadoras era Estados Unidos, primer inversor extranjero en la Isla. Desde los años 20 se oye en Cuba, de manera creciente, el clamor contra el imperialismo yanqui en el terreno económico. Para algunos cubanos — tal vez para muchos — la tutela norteamericana era una forma humillante de injerencia. Otros, en cambio, la veían como una especie de seguro contra los impulsos autodestructivos de la clase dirigente.

Gánsters

El tercer ingrediente que nutre la cultura política que le da vida a Castro es el gansterismo político. Las organizaciones políticas surgidas al calor de la lucha contra Machado desovaron diversos grupos armados que se hacían la guerra en las calles, fundamentalmente, de La Habana. No fueron grandes matanzas — el total de muertos a lo largo de dos décadas no alcanzó el centenar —, pero imprimieron en la juventud, y muy especialmente en la que se asomaba a la política, una perniciosa admiración por los "muchachos del gatillo alegre", como los calificara un periodista de la época que tradujo del inglés el apelativo de la banda de Al Capone.

Había pandillas armadas en las universidades y en los sindicatos cubanos. Había ministros y senadores que se rodeaban de pandilleros. Todos los partidos políticos — incluidos los comunistas, naturalmente — tenían sus "hombres de acción", es decir, unos cuadros destacados que siempre estaban dispuestos a disparar o liarse a golpes contra adversarios de similar inclinación por la violencia.

Pero lo terrible es que todo esto sucedía en medio de una atmósfera de adulación y temor que embargaba a casi toda la ciudadanía. Los nombres de los jefes pandilleros se pronunciaban con respeto. Algunos de ellos aspiraban al Parlamento y alcanzaban actas de representantes o senadores. Fidel Castro, en su juventud, perteneció a una de esas pandillas y protagonizó hechos de sangre como parte de su esfuerzo por construirse una buena biografía. Un político, para triunfar en esa Cuba, antes que talento, decencia e ideas, debía exhibir una masa testicular abundante.

Ahí están los cuatro elementos clave de la atmósfera en que se cría y respira Fidel Castro: el mesianismo revolucionario, siempre trufado por el desprecio al Estado de derecho; la condena del capitalismo como un sistema explotador causante de graves iniquidades; el antiyanquismo, por esquilmar a los trabajadores cubanos y por las ofensivas injerencias en los asuntos internos de la Isla; y el culto por la violencia política, que siempre implica una estructura jerárquica basada en la intimidación del más débil por el más fuerte y audaz.

A este substrato general, Fidel Castro le agregó sus circunstancias particulares. Durante su bachillerato, que coincidió con la Segunda Guerra Mundial, lo educaron los jesuitas falangistas provenientes de la Guerra Civil española. El mensaje que estos sacerdotes traían no era muy divergente del de los revolucionarios cubanos: era antidemocrático, anticapitalista y antiyanqui. Eran los tiempos en que la España de Franco reivindicaba el resurgimiento de la Hispanidad como la respuesta latina y católica contra el grosero mundo anglosajón y protestante.

Tampoco era un mensaje que rechazara la violencia. Y todos estos valores y creencias se instalaban en una personalidad que desde la adolescencia mostraba los rasgos autoritarios y egocéntricos del tipo de psicopatología que los especialistas describen como "narcisista". Fidel era un narcisista de libro de texto pero, además, se sentía capaz de realizar las mayores hazañas y tenía la audacia para intentarlas. Eso formaba parte de su grandiosa autopercepción.

No es este el lugar de consignar la historia de la insurrección de Castro, mas debemos resumirla en un párrafo: en 1952, a pocos meses de unas elecciones en las que Fidel, por cierto, era candidato a congresista por un partido socialdemócrata, Fulgencio Batista da un golpe militar y derroca al presidente legítimo Carlos Prío Socarrás. A partir de ese momento, como ocurriera contra Machado 20 años antes, diversos grupos recurren a la violencia para tratar de desalojar del poder al dictador. Todos —y entre ellos el que crea y lidera Fidel Castro, el Movimiento 26 de Julio— prometen restaurar las libertades conculcadas y restablecer la democracia.

Finalmente, la noche del 31 de diciembre de 1958 Batista huye de Cuba y la oposición se apodera de los resortes del poder. Ocho días más tarde, Fidel Castro entra triunfalmente en La Habana al frente de sus guerrilleros barbudos. Su liderazgo se ha impuesto por encima de los demás grupos insurrectos.

¿Qué se propone hacer Castro? Públicamente, ha renegado del comunismo y prometido elecciones y democracia, pero secretamente ha decidido "hacer la revolución". Su radicalización ha sido progresiva desde el asalto al cuartel Moncada en 1953. En el exilio mexicano ha conocido al Che Guevara, quien viene del fallido episodio izquierdista del guatemalteco Jacobo Arbenz.

Su revolución

¿Qué es para Castro "hacer la revolución"? Sin duda, llevar hasta las últimas consecuencias las premisas que flotaban en el ambiente en que construyó su visión de la realidad política y social: si el capitalismo y la empresa privada eran nocivos, había que sustituirlos por el Estado-empresario. Si los norteamericanos eran unos explotadores que habían humillado a los cubanos durante décadas, había que echarlos del país y salir a combatirlos en todos los escenarios. Si la burguesía cubana era aliada de los yanquis, ¿qué otro trato merecía que la privación de sus bienes, la cárcel o el destierro? Si la política cubana había estado plagada por las desvergüenzas y la corrupción, lo correcto era imponer una sola y disciplinada voz: la de la revolución, es decir, la de él mismo auxiliado por un partido único.

¿Cómo podía calificarse Castro en el terreno ideológico? Era un revolucionario radical, anticapitalista y antiyanqui, dotado de temperamento y de ademanes fascistas. Solo que por ese camino, en medio de la Guerra Fría, se desembocaba en el comunismo y en el modelo soviético, porque solamente la URSS podía insuflar forma y sentido en la banda armada, desorganizada y caótica que había tomado el poder en Cuba, y servirle de guardaespaldas al régimen frente a Washington.

La reacción de los cubanos ante Castro fue de absoluto e ingenuo fervor. El Mesías revolucionario había llegado a salvarlos. Y como la ciudadanía no sentía demasiado respeto por las instituciones, ni entendía la esencia del Estado de derecho, porque vivía inmersa y anestesiada por la cultura revolucionaria, no parecen haber sido muchos los cubanos que se horrorizaron con los juicios sumarios tras los que se fusilaron a cientos de militares acusados de asesinatos y torturas al servicio de Batista.

También es posible que en esos años la mayoría del país apoyara la incautación de la prensa libre, la intervención de las escuelas privadas o la confiscación del aparato productivo, atropellos a las libertades acompañados por la arbitraria y muy populista reducción de los alquileres de las viviendas en un 50%, medida inmediatamente aplaudida. Era el preludio para luego confiscarlas.

Igual sucedió con el comercio importante y las grandes industrias. Todo sucedió vertiginosamente entre los años 1959 y 1960; y, aunque hubo oposición armada y alzamientos campesinos, la verdad es que la resistencia ante la apisonadora revolucionaria no fue masiva ni espectacular. Vivir en una cultura revolucionaria había debilitado los mecanismos defensivos de la sociedad cubana.

El grueso de la oposición más decidida prefirió huir que enfrentarse a Castro, aunque en el exilio unos 1.500 jóvenes, organizados por EEUU, lanzaron la fracasada invasión de Bahía de Cochinos. Prevalecía entonces la idea de que Washington no podía permitir la entronización de un satélite de Moscú a 90 millas de sus costas. Los marines pondrían orden en el alterado manicomio de siempre. Y lo más prudente parecía ser contemplar estos toros desde la barrera del exilio.

Pero, además de hacer la revolución en el terreno económico y político de acuerdo con el modelo leninista importado de Moscú, Fidel Castro le dio otro sentido parcialmente distinto a su Gobierno: desde el año 1959 se convirtió en el paladín de la causa comunista en el planeta. Organizó, financió y adiestró expediciones de insurrectos a medio planeta. Sentía la necesidad imperiosa de reproducirse. Su verdadero leit motiv era ese y no la transformación del país.

Su sueño consistía en que en cada rincón del mundo un pequeño grupo de guerrilleros armados desatara una revolución antiimperialista, antiyanqui, anticapitalista que repitiera su triunfo político. Su narcisismo lo impulsaba a tratar de influir en los destinos del planeta. No se resignaba a ser el abrumado administrador de una pequeña isla cañera del Caribe empeñada en cumplir con absurdos o quiméricos planes quinquenales. Castro quería ser Bolívar, Napoleón, Alejandro Magno.

Angola y Etiopía

Para realizarse, Castro necesitaba triunfar a escala planetaria, lo que le llevó a enviar a decenas de miles de soldados cubanos a las guerras de Angola y Etiopía durante más de 15 años, conflicto que supera en tiempo, y probablemente en bajas en combate, a las dos guerras de independencia que tuvo Cuba en el siglo XIX.

El comandante, en suma, acaba de morir tras una larga enfermedad que lo apartó del Gobierno desde 2006, pero su régimen comenzó a agonizar mucho antes, en el momento en que Gorbachov desató la perestroika, agravándose después, en 1989, con la caída del muro de Berlín, antesala de la desaparición del Bloque del Este, la disolución de la Unión Soviética y total descrédito del marxismo como referencia teórica.

¿Cómo resistió Castro este cataclismo? Al margen de la ayuda masiva otorgada por Hugo Chávez, la revolución ha resistido por el mismo procedimiento que Corea del Norte: no cediendo un milímetro de poder y no permitiendo la menor disensión en las filas del poder. ¿Podrá Raúl Castro mantener el mismo rumbo? Supongo que solo por cierto tiempo. El mesianismo no es transferible y la desmoralización ideológica de la clase dirigente es total.


Por otra parte, la cultura política que Castro lega es totalmente diferente a la que él recibió. Con Fidel Castro ha muerto más que un líder. La cultura revolucionaria también ha llegado a su fin en Cuba. Esto le abre las puertas a un futuro esperanzador para todos los cubanos.