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domingo, 30 de mayo de 2021

Cuando Fidel Castro buscó el dinero de Carlos Prío

 

Del libro en preparación “La revolución cubana. Un análisis crítico de la era del castrismo (Capítulo XII del Tomo Uno)

 

Mario J. Viera

 


En el mes de agosto se presentaba ante Castro una complicada situación. Había sido fichado por la Dirección Federal de Seguridad, se había incautado muchas de las armas de su arsenal. Se necesitaba urgentemente buscar el necesario financiamiento para sus propósitos insurreccionales. De acuerdo con el oficialista Humberto Normán Acosta, “(Castro) necesita con toda urgencia el dinero para comprar las últimas armas, adquirir la embarcación para la expedición y finalmente preparar la salida. (…) Se le presentaba una situación verdaderamente crítica, después de las detenciones y la ocupación de las armas, lo cual causó cierta decepción y provocó incluso que hasta la recaudación económica decayera[1]

Castro había proclamado que, en 1956 serían libres o serían mártires; pero la situación no parecía que pudiera cumplir su entusiasta promesa. Así le dice a su complaciente entrevistadora Katiuska Blanco: “Agosto, septiembre, octubre, noviembre y diciembre, ¡cinco meses me quedaban! Para aquella fecha habíamos perdido una parte de las armas, muchas casas — varias de seguridad —, los campos de tiro donde ir, todo lo que teníamos; ya éramos conocidos, estábamos chequeados por la policía. La situación era muy complicada. Fue un momento complejo en que hubo de todo, gestos de amigos (…), pero también desaliento entre quienes habían ayudado antes, y el caso era que, a partir de aquella situación, necesitábamos más dinero. En el escaso tiempo restante teníamos que concluir los preparativos y recuperar una parte de las armas, aunque realmente salvamos como el 70%. Teníamos que completar el número de hombres, el entrenamiento, conseguir el barco, preparar el punto de partida, hacerlo todo y bajo la vigilancia de la policía[2]. Y agregó Castro: “Entonces, en las circunstancias posteriores a nuestra detención, Prío se dio cuenta de que afrontábamos una situación muy difícil, y consideró buena la oportunidad para tener un gesto con nosotros y ofrecernos colaboración, y pidió una entrevista, un contacto, quería contribuir. Se necesitaba más dinero, quizá también por la probable generosa coima concedida al amable Fernando Gutiérrez Barrios.

Y anota Normán Acosta: “Al joven líder revolucionario no le queda más remedio que pasar por un momento muy amargo y difícil, si quiere cumplir la promesa al pueblo de que en 1956 iniciaría la insurrección en Cuba. Con profunda molestia acepta sostener un encuentro con Carlos Prío, el ex presidente, quien ha puesto la condición de que Fidel debe reunirse con él en Estados Unidos”.

En realidad, no fue Carlos Prío quien diera el primer paso para acercarse a Castro, con el fin de colaborar con su gran obra liberadora. Ese paso lo dio, inicialmente el mismo Castro. A principios de agosto, Castro le propuso a Teresa, “Teté”, Casuso contactar con el expresidente para recabar su ayuda en los preparativos de la expedición a Cuba, aprovechándose de las relaciones de amistad que Teté mantenía con el depuesto mandatario; amistad que provenía desde la época donde ambos eran compañeros de lucha contra la dictadura de Gerardo Machado. Sobre esta propuesta de Castro, Teté Casuso anotó: “Me pidió que fuera a Prío en Miami y concertara una entrevista, advirtiéndome, sin embargo, que dejara que fuera Prío quien sugiriera la reunión[3].

Ramón L. Bonachea, en colaboración con Marta San Martín, en nota explicativa al pie de página de su libro, The Cuban Insurrection, 1952-1959. 2017[4], expresó: “Fidel le pidió a Teté que concertara una reunión con Carlos Prío. Aunque previamente había hecho la misma petición de Antonio (Tony) Santiago[5] y Carlos Vega en México. Antonio "Tony" Santiago Ruiz actuó como enlace de Prío con Fidel Castro tras el contacto inicial establecido por Teté Casuso.

No obstante, Heberto Normán Acosta[6], señaló como los enlaces ─ para coordinar la entrevista entre Castro y Prío ─ a Carlos Maristany y Juan Manuel Márquez. El lugar del encuentro entre Castro y Prío se acordó realizarlo en el hotel Royal Palms de Mc Allen, Texas. Esto conllevaba un contratiempo, Carlos Prío no podía salir del territorio de Estados Unidos por estar involucrado en un caso de contrabando de armas, y Castro… Se dice que él no podía entrar legalmente a Estados Unidos, según Heberto Normán Acosta, porque “las autoridades mexicanas le han retenido el pasaporte”; o según, como el mismo Castro le dice a Katiuska Blanco: “puesto que a mí no me daban visa para ir allí, y mucho menos después de las declaraciones del Che y su defensa encendida del marxismo-leninismo en las prisiones de la Policía Federal”.

En el libro. Fidel, Raúl, mis hermanos donde María Antonieta Collins[7] recoge las memorias de Juanita Castro, esta ratifica: “Luego de varias consultas, Fidel decidió que era tiempo de ir a pedirle ayuda al expresidente Carlos Prío Socarrás, y acordaron verse en McAllen, Texas. La hermana disidente de los Castro, confirmó que Fidel, “ya no tenía visa de turismo. La Embajada de Estados Unidos, en México, se la había revocado porque Fidel seguía haciendo públicas las intenciones de invasión a Cuba, y con eso se puso fácilmente en la mirilla de los batistianos…”

Ni una cosa, ni la otra. Teté Casuso precisó:

Estuve en Miami cinco días. Las negociaciones tuvieron éxito; Carlos estaba ansioso por hablar con Fidel, y se organizó una reunión. Se reúnen una semana después en un lugar específico de Estados Unidos, justo al otro lugar de la frontera. Prío sugirió una cierta "conexión" ─ una figura mexicana importante ─ para llevar a Fidel a través de la frontera, pero Fidel, a quien se le habían dado dos semanas para salir de México a su salida de la prisión y ahora en el país ilegalmente, prefirió no correr el riesgo, y nadó el Río Grande en su lugar[8].

Contrario a lo que asegura Heberto Normán Acosta, que Castro sufría “una profunda molestia”, y que, “personalmente le duela y humille” la entrevista con Prío; lo cierto es que fue el propio Prío quien pasó por alto los ataques que Castro, el año anterior le dirigiera durante su peregrinar por Estados Unidos en búsqueda de recaudaciones por parte de los emigrados cubanos, cuando dijera, en clara referencia a Carlos Prío: “El dinero robado a la República no sirve para hacer revolución. Con el dinero robado a la República no se ha disparado un tiro todavía. (Capítulo VII § 6) Fue el expresidente quien aceptó la entrevista que Castro, por conducto de Teté Casuso, le solicitara, haciendo olvido del ataque verbal de Castro contra él.

Castro se decide. Va al encuentro con Prío en la pequeña ciudad fronteriza de McAllen. Pero no tiene la visa para entrar en Estados Unidos. ¿Qué podría hacer? Juanita Castro lo responde: “…el único recurso que le quedó a Fidel fue entrar como indocumentado. ¿Cómo lo hizo? Nadando en el río Bravo. Fofo arregló que uno de sus trabajadores en sus oficinas de Reynosa lo llevara por el mejor punto para tirarse al río, y así fue que nadando llegó a la otra orilla. Allí lo esperaban con ropa seca y auto que le llevaron al hotel Las Palmas, en el centro de McAllen para el encuentro con Prío, reunión que Orquídea [Pino] narraría tiempo después”.

En el relato existen algunas contradicciones. Según Heberto Normán Acosta, unos amigos del ingeniero Alfonso Gutiérrez, al que siempre identifica como mexicano, acompañan a Castro “en un jeep hasta un determinado punto, donde montan a caballo hasta llegar a un recodo en la margen del río, desde donde Fidel se lanza al agua”; Castro, en cambio, le hace otro relato a Katiuska Blanco. Según Castro, fue Fofó quien pudo garantizarle el traslado. “Contactó con sus amistades para que pusieran caballos del otro lado del río. Entonces llegué, me monté en un caballo hasta un punto y luego seguí en un vehículo hasta el motel…”

En este punto, valga una digresión. Siempre, casi desde el mismo 1959, se había divulgado, cual si fuera una leyenda, que Castro había ¡cruzado a nado la Bahía de Nipe! Esta es la mayor bahía de Cuba y se considera plena de tiburones, aunque, en el relato que le hiciera a la complaciente Katiuska, matizó el bulo, diciendo que había nadado solo unos 300 a 400 metros, hasta un no muy distante cayo, llevando a cuesta consigo una ametralladora, cuando la expedición de Cayo Confites. Jamás se había dicho que hubiera cruzado el río Bravo o Grande a nado. Esta nueva anécdota comenzó a circular a partir del verano de 2006 cuando, de acuerdo con Katiuska Blanco, él le habló de haber cruzado a nado el río Bravo como si fuese un espalda mojada[9].

Todos estos hechos se prestan para que surja la suspicacia. No obstante, investigando el terreno en torno a la ciudad de Reynosa en México y los meandros del río Bravo o Grande en torno a esa ciudad, así como la distancia a la cual se encuentra McAllen de la frontera con México, se puede dar credibilidad al cruce de Castro a Estados Unidos como indocumentado, sin importar si, en realidad, lo hizo a nado o utilizando para ello alguna balsa o bote.

El Motel Royal Palms, ya hoy desaparecido, se encontraba en el 2901 N 10th (336 hwy) de McAllen, Texas, El motel, un conjunto de una veintena de cabañas agrupadas en herradura en torno al edificio de su administración. Es posible que el punto de cruce haya sido en un lugar próximo a la carretera condal 2910 Sur, donde había la posibilidad de ser esperado por un auto o una cabalgadura, y desde ahí trasladarse en auto hasta la carretera 336 que, en McAllen, se convierte en N10th St, y continuando en dirección norte hasta donde se encontraba el motel.

Faustino Pérez y Rafael del Pino, que habían acompañado a Castro en el viaje, desde la ciudad de México hasta Reinosa, cruzaron, ese mismo día, 1ro. de septiembre de 1956, el puente que une los puestos fronterizos de Hidalgo y Reinosa.

El encuentro de Castro con Prío se produce en la cabaña marcada con el número 21. Allí le esperaba Carlos Prío quien, en compañía de Juan Manuel Márquez, había viajado desde Miami. Lo que se conversó entre ellos ha quedado en el anonimato. Al respecto, de manera muy parca Castro le diría a Katiuska Blanco: “Conversamos largamente. Allí estuve unas horas, creo que hasta almorcé con él”.

Castro había solicitado inicialmente un préstamo de 40 mil dólares, sin embargo, Prío le aportó una suma de 50 mil dólares. Heberto Normán Acosta afirma que la entrega de dicha suma no se efectuó en ese momento, sino posteriormente. Según dice, la entrega del dinero se realizó en diferentes partidas, todo lo cual se contradice con lo declarado por Juanita Castro: “Fue ─ declaró ella ─ algo muy privado y sin testigos. Fidel me dijo que le había explicado a Prío la necesidad urgente de comprar el barco con el que regresarían a Cuba. Prío entonces le entregó ahí mismo un paquete con cincuenta mil dólares para que pudieran comprarlo…”



[1] Heberto Normán Acosta. El día que Fidel cruzó a nado el río Bravo.  Granma, 31 de agosto de 2006

[3] Teresa Casuso. Cuba and Casto. Random House. 1961 (Pag. 111-112)

[4] Ramón L. Bonachea y Marta San Martín. The Cuban Insurrection, 1952-1959. Edición de 2017

[5] Antonio "Tony" Santiago Ruiz, era un estrecho colaborador de Carlos Prío Socarrás. No confundirlo con el agente castrista de igual nombre, Antonio (Tony) Santiago Rodríguez.

[6] Heberto Normán Acosta. Op. Cit.

[7] María Antonieta Collins. Fidel y Raúl, mis hermanos, la historia secreta. Memorias de Juanita Castro.  Penguin Random House Grupo Editorial USA, 2011

 

[8] Teresa Casuso. Op. Cit.

[9] Katiuska Blanco. Op. Cit.

martes, 8 de diciembre de 2020

¿RECUERDAN 1957-58…?

Mario J. Viera

 


Cubadebate denuncia las “Falsas analogías”, y se presta para ello, un redactor de nombre Yunier Javier Sifonte Díaz, Y dice Sifonte Díaz que hay “un pequeño sector” que muestra en las redes unos argumentos que espantan”; vamos, “que comparan el asalto al Cuartel Moncada, a Radio Reloj, y las acciones del Directorio Revolucionario durante la lucha clandestina, con los llamados a tomar ahora estaciones de radio y televisión, romper tiendas o promover la violencia en las calles”. Sifonte Díaz está perplejo no sabe, dice, si se trata de “un desconocimiento absoluto de la historia, un oportunismo atroz o una falsa ingenuidad”, el igualar ambos escenarios, pero se decide por la última opción. La de la “falsa ingenuidad”.

 

Si se comparan ambos escenarios, el existente, por ejemplo, en 1957-58, con el actual, con el que se está viviendo en la Cuba de ahora, el reportero, cronista, redactor o alabardero de Cubadebate, llega a la siguiente conclusión: “Todos darían argumentos suficientes para contrarrestar el sinstentido (Sic)”. ¡Claro está que es un sinsentido tratar de igualar ambos escenarios! ¡No faltaba más! Parece ser que este Yunier, de quien se dice es graduado de periodismo en la Universidad Central "Marta Abreu" de Las Villas en el año 2016; que es, además, periodista de Telecubanacán y colaborador o (esto no se agrega a su nota identificativa) reportero o cronista o redactor o alabardero de la nómina de Cubadebate, nacido después de 1959. De lo ocurrido en 1958, solo conoce lo que le han contado, lo que le han enseñado en la escuela o en la universidad, y, por tanto, demuestra, en lo que escribe y deforma que responde a “un desconocimiento absoluto de la historia”, o a “un oportunismo atroz o una falsa ingenuidad”, que quizá sea, muy probablemente, todo esto junto.

 

¿Los objetivos? El redactor de Cubadebate pretende analizar los objetivos diferenciales de los dos escenarios que analiza, y plantea los siguientes interrogantes que resalta en negrita: “¿Qué perseguía la Generación del Centenario? ¿Qué construyó cuando llegó al poder? ¿Contra qué proyecto de país luchaba? La respuesta que se le dé a tales preguntas. para el redactor, cronista, colaborador o alabardero de Cubadebate, “implica llegar a una historia de verdadera lucha por la libertad, por la dignidad de la Patria y por la inclusión social, entre otros muchísimos logros”. En primer lugar, no existía como organización ninguna “generación del centenario” eso solo existe como eslogan del castrismo.

 

Pero aceptemos lo de “generación del centenario” como hipótesis para centrarnos en qué perseguían aquellos jóvenes que formaban parte del Directorio Revolucionario, del Movimiento Revolucionario 26 de Julio y, también, los que integraban la Organización Auténtica, que también existía, aunque ahora algunos alabarderos del régimen, como este Yunier, pretenden como desconocer, quizá, por una falsa ingenuidad. En primer lugar, el rescate de la Constitución de 1940, pisoteada por el golpe de estado del 10 de marzo de 1952; pero también se luchaba contra la corrupción del gobierno batistiano, e incluso también de la corrupción presente en gobiernos anteriores al golpe de estado; se luchaba contra los excesos de la policía y las fuerzas armadas, puestas al servicio del gobierno usurpador, tal como ahora, coincidentemente, ocurre en Cuba; se buscaba el rescate de los derechos humanos violados por la dictadura batistiana, tal como coincidentemente, es lo mismo por lo que ahora se lucha en Cuba; se luchaba por la libertad de opinión, de libertad de prensa sin censura, como coincidentemente ocurre en la actualidad cubana; se luchaba por el respeto de la autonomía universitaria, que el castrismo en el poder con un firmazo suprimió; se luchaba por la independencia económica de Cuba, dependiente de un solo mercado externo, por la redistribución de la tierra ociosa a favor de campesinos libres, no por la propiedad de la tierra por el Estado.

 

Recordemos el asalto al Palacio Presidencial. Acto tremendo, violento, para asesinar al dictador en su misma madriguera, y para quitarle a Fidel Castro su protagonismo caudillista. El asalto al Palacio Presidencial, una acción coordinada entre estudiantes universitarios y miembros del Partido Revolucionario Cubano (auténtico), la gran mayoría, católicos y anticomunistas, donde resaltaba la figura del presidente de la Federación de Estudiantes Universitarios (FEU) y del Directorio Revolucionario, José Antonio Echeverría.

 

Recordemos 1958; recordemos aquel detestable alabardero del batistato de nombre Otto Meruelo, que rompía lanzas a favor del régimen en su programa diario por la TV cubana, alabardero como hoy tantos han aparecido para alabar a un régimen impuesto sin acatamiento popular en un sistema donde floreciera la diversidad política. Hoy los Otto Meruelo se encuentran multiplicados en los noticieros de la TV, en los periódicos, todos bajo la égida de un solo y único partido político.

 

Es patético Yunier cuando expresa: “¿A quién ya se le olvidó la mirada de José Luis Tassende, la muerte de José Antonio, la brutalidad contra Lidia y Clodomira, los muchachos de Humboldt 7, la vida de Frank, los ojos de Abel? ¿En serio vamos a comparar tanta grandeza?” Era esa la brutalidad de un régimen dictatorial. Tassende, asesinado tras ser apresado vivo en el interior del cuartel Moncada; pero Tassende había asaltado aquel cuartel en la asonada de Fidel Castro, vistiendo el mismo uniforme de los asaltados y disparando contra los soldados, provocando la furia homicida de la soldadesca que buscaba venganza por la muerte de algunos de los suyos.

 

¿Y Frank Pais? ¿La vida de Frank País? ¿Qué sabe Yunier de la vida de Frank Pais, bautista de religión y anticomunista?; en él se unía el hombre práctico, civilista, junto al revolucionario capaz de hacer cumplir el llamado del ojo por ojo; que chocó con Castro por la independencia del movimiento en el Llano de la comandancia de la Sierra. ¿Qué sabe de su muerte? Yunier solo conoce lo dicho por Castro. Nada sabe sobre las sospechas de la actuación de Vilma Espín en la delación conducente al asesinato del gran líder del Llano.

 

Yunier menciona “Los llamados a tomar ahora estaciones de radio y televisión, romper tiendas o promover la violencia en las calles” supuestamente presentes en la oposición al PCC. ¿De dónde extrae Yunier estas conclusiones? Nada determinante dentro de las actividades de la oposición de corte no violento de Cuba. ¡Claro está que no existen analogías entre unos casos esporádicos de acciones de vandalismo y los actos cometidos por el Movimiento 26 de Julio en 1957-58, utilizando métodos que, muy bien ahora, pueden considerarse actos de terrorismo! ¿Qué algún exaltado arroje piedras contra los cristales de una tienda que opera solo en moneda libremente convertible? Solo se trata de algún hecho aislado. Recordemos 1957-58:

 

El 8 de noviembre, pero de 1957 Sergio González López, el Curita, que era católico, hizo detonar 100 bombas en La Habana, pero también los miembros del Irish Republican Army (IRA) eran católicos, pero no dejaban de realizar actos terroristas. En 1958, se produjo la mal llamada Huelga de Abril. Faustino Pérez, en 2009 hizo un recuento de las acciones de violencia que se realizaron en aquel día: “el asalto a la armería de La Habana Vieja, la voladura de registros de electricidad, los paros y sabotajes en varias terminales del transporte, la quema de gasolineras y de vehículos, la interrupción del tránsito de entrada y salida de la capital, los sabotajes, acciones y paros en Guanabacoa, el Cotorro, Madruga, el asalto a la emisora de Matanzas dirigido por Enrique Hart, el descarrilamiento de trenes en Jovellanos, el ataque al cuartel de Quemado de Güines y la interrupción de la Carretera Central en Manacas, las acciones del Condado en Santa Clara, la paralización y el dominio absoluto de Sagua la Grande, el asalto y sabotaje a la planta eléctrica de Vicente en Ciego de Ávila, acciones diversas en Camagüey, y la paralización prácticamente completa de todo Oriente por la acción combinada de las fuerzas guerrilleras y de la clandestinidad…” No fueron estos, hechos aislados que algún exaltado acometiera; se trató de acciones planeadas y ejecutadas de manera organizada. El Contralmirante (R) José Luis Cuza Téllez de Girón, historiador oficialista, hizo recordar lo ocurrido en Santiago de Cuba: “La represión no pudo impedir que se le diera candela a la fábrica de ron Rovira, a la fábrica de alpargatas Rubio y que se incendiara una tienda de ropas en la céntrica calle Enramadas y San Agustín”; no eran estas, acciones puestas en práctica por algún solitario exaltado, fueron actos netamente de vandalismo dirigidos, no contra posiciones militares del régimen de Batista, sino a empresas privadas que daban empleo a numerosos trabajadores.

 

¿Qué decir del desastre del vuelo 495 de Cubana de Aviación ocurrido el primero de noviembre de 1958, cuando miembros del Movimiento 26 de julio desviaron aquel vuelo hacia la Sierra Maestra, llevando equipamiento militar para la guerrilla serrana? Por errores y falta de planeamiento, el avión desviado se estrellaría en las cercanías del central Preston a orillas de la bahía de Nipe provocando la muerte de la tripulación ─ piloto, copiloto, sobrecargo y la azafata ─ y diez personas más, incluidos tres niños.

 

Ciertamente no existen analogías con aquel tiempo y el de ahora.

 

El 3 de septiembre de 1957 se produjo otro acto terrorista, cuando Urselia Díaz Báez, una muchachita de apenas 17 años, que ya antes había participado en acciones como lanzar cocteles molotov y romper vidrieras en centros comerciales, cuando muere al intentar hacer estallar una bomba de tiempo en el baño para Damas en el Cine Teatro América de la calle Galiano en Centro Habana.

 

Uno se pregunta ¿cómo pueden existir gente, como el colaborador, cronista, redactor o alabardero de Cubadebate, Yunier Javier Sifonte Díaz, afirmando: “Intentar legitimar la delincuencia, la doble moral y el entreguismo a partir de comparaciones como las vistas en los últimos días en las redes sociales implica, sobre todo, desconocer a un país y su gente”? Aunque parezca increíble, no lo es; siempre hay alguno que, por oportunismo, por ignorancia o por mala fe, entrega su pluma al servicio de una dictadura. Es increíble que, quien sí practica la doble moral, denomine como delincuentes, o como entreguistas, a todo un conjunto de personas por solo pensar, opinar diferente a como obliga a pensar y opinar la dictadura. Es inmoral, es falaz, todo aquel que intente definir al total por lo excepcional. Mercenario es todo aquel que por un salario, por algún pequeño privilegio venda su intelecto, junto a su dignidad al poder de una dictadura.

 

El descuidado Yunier debería tomar para sí, el consejo que hace al concluir su libelo: “se impone el estudio y el análisis, el sentido crítico y la alerta ante cantos de sirena y falsas posturas. Las claves de hoy están también en sostener ese otro diálogo con la historia y sus enseñanzas”.

 

lunes, 27 de abril de 2020

Del libro Amigos, Aliados y Enemigos


Mario J. Viera



Comentar sobre el contenido de un libro, es tarea ardua. Obliga a hacer una lectura total de sus páginas, y volver a leer y acotar muchos de sus contenidos. Es una agobiante labor intelectual; primero hay que hacer un resumen mental de toda la obra, y luego, sacar las propias conclusiones para expresarlas, más tarde, de la manera más suscinta posible. Es un trabajo de crítica y, en toda crítica se resalta lo que haya de positivo en el trabajo literario, y también, ¿por qué no?, se destaca todo aquello que se considere erróneo. De hecho, la subjetividad del análisis prima.

Si cuando analizamos el tema de un libro, que otro haya realizado es agobiante, ¿qué decir si quien comenta sobre el libro es su propio autor? Escribir un libro y lograr su publicación es semejante a un arduo trabajo de parto. No importa cuanto haya tenido que sudar la parturienta trayendo a luz una nueva vida, al final, el fruto de sus entrañas compensa todos los dolores, porque se le ama. Así me ocurrió a mi y asi me ocurre, desde el mismo momento en que ví que un libro mío ha sido publicado.

Se acaba de publicar por Amazon el primer volumen de un libro de tres volúmenes que me tomó cinco años trabajando en su redacción, consultando y cotejando cientos de fuentes; redactando y corrigiendo. Se trata del primer volumen de “Amigos, Aliados y Enemigos. Un análisis crítico de la era del castrismo”, en una serie de tres volúmenes o tomos, que recorre toda la historia de la era del castrismo, comenzando desde el momento en que Fulgencio Batista diera su golpe de estado, el 10 de marzo de 1952, hasta la llegada del actual periodo del neocastrismo.

No puedo evitar la tentación de hacer un comentario sobre este recién nacido libro; pero cediendo a la tentación no voy a hacer un panegírico sobre el mismo; eso no me toca a mí, las críticas les corresponde a mis probables lectores.

Los tres volúmenes es un compendio de toda la historia de la era del castrismo; sin embargo, no se trata propiamente de un tratado histórico sigue una línea estrictamente cronológica, sino un compendio de temas que pueden ubicarse en diferentes periodos históricos.

Este primer tomo es un bosquejo del periodo insurreccional en el oriente de la isla hasta la fuga de Fulgencio Batista, el Primero de enero de 1959, y la llegada al poder de Fidel Castro. En especial se analiza la asonada del Moncada, la fuga y captura de Castro por las fuerzas del Ejército Regular, el juicio seguido contra él y su alegato de defensa que más tarde se conocería como “La Historia me Absolverá”.Se estudia, desde un punto crítico, toda la campaña rebelde del Movimiento 26 de Julio, para demostrar que la “victoria rebelde” se debió a causas muy diferentes a la del mito revolucionario.

Un espacio especial se dedica al tema de la Carta de México firmada por Castro y José Antonio Echeverría, los preparativos para la expedición del Granma, los entrenamientos en México, el choque de los mocadistas con los cuerpos de seguridad de ese país; el asalto al Palacio Presidencial por el Directorio Revolucionario, la figura de Frank País, su muerte, y las contradicciones entre la sierra y el llano; el Segundo Frente Nacional del Escambray, la invasión hacia el occidente de la isla por las columnas de Camilo Cienfuegos y Ernesto Guevara y las confrontaciones que se produjeron en el Escambray entre los tres grupos insurreccionales que disputaban su hegemonía sobre el macizo montañoso del centro de la isla. La toma de Santa Clara por las fuerzas de Ernesto Guevara y el ataque al tren blindado que la dictadura batistiana enviara como refuerzo, se analizan desde un punto de vista diferente al sustentado por la propaganda castrista.

El segundo tomo comienza con la llegada de Fidel Castro a la capital cubana y se continúa con los principales acontecimientos ocurridos en el país, como fueron la liquidación del Poder Judicial, la formación de los tribunales revolucionarios, los movminentos urbanos de acción anticastrista; el movimiento guerrillero anticomunista con auxilio de la Agencia Central de Inteligencia y el Departamento de Estado de Estados Unidos. El tomo segundo trata sobre los preparativos para la expedición de la Brigada 2506 por Bahía de Cochinos y concluye con los acontecimientos de la Crisis de los Misiles o Crisis de Octubre. El Tercer tomo abarca todo el periodo de la postsovietización del país y el surgimiento del movimiento de los derechos humanos y de la oposición pacífica cubana.