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lunes, 19 de diciembre de 2016

QUE SEA LA PRIMERA Y ULTIMA VEZ…

Mario J. Viera

Sobre el “articulejo” de Carlos Alberto Montaner, “Trump, China y la trampa de Tucídides”.

No acostumbro a dar explicaciones de por qué reproduzco artículos tomados de diferentes medios con los cuales coincido en opiniones; pero siempre hay una primera vez y también una vez última y, en este caso, coincide el ser primera y última vez. Sencillo, porque yo reproduzco los artículos que me vengan en gana y que coincidan con mi manera de pensar y de opinar, no porque sus autores piensen por mí. Y^ esto lo que hice cuando reproduje ese artículo de Montaner y que en el post de Facebook donde lo coloque puse como entrada las siguientes palabras, luego de reproducir uno de sus párrafos:

No me vengan a decir ahora que Carlos Alberto Montaner es comunista, porque él no es ni siquiera de centro izquierda. Antes lo aplaudían y le consideraban maravilloso, ahora quizá le acusen de tonto ¿Será posible?

Pero no, no lo acusaron de tonto, los bulliciosos seguidores de Donald Trump, sino de ser un mercenario de la CNN:

No, no es tonto, pero ante la falta de venta de sus noveluchas se ve obligado a luchar a brazo partido por el estipendio que le da CNN. El que paga manda y si nada contra la corriente se queda sin jama.

Y no solo eso, también le consideraron:

desprestigiado por su ambivalencia y falta de criterio propio...hoy esta con Dios y mañana con el diablo.... si fuera un político podría entenderlo...pero nada más lejos de un político que el escritorcillo con ínfulas Baroja...

Sin embargo, cuando se analiza este que denominan “articulejo”, no hay señal alguna de ataque en contra del magnate devenido en Presidente de Estados Unidos solo por la gracia y bendición del Colegio Electoral. No se trata de ninguna crítica, más bien, Montaner solo está adelantando advertencias que el nuevo presidente deberá tomar en consideración o echarlas a un lado, según su parecer; pero resulta ser que, para los fervientes y bulliciosos seguidores de Trump, cualquier cosa, que por muy delicadamente que se exprese pueda semejar una crítica a su líder la toman como si les estuvieran arrojando una ofensa personal.

Montaner inicia su artículo con estas palabras, que no hicieron mayor efecto en los sentimientos de los entusiastas trumpistas:

“Me parece bien que el presidente electo Donald Trump le respondiera la llamada a Tsai Ing-wen, presidenta de Taiwán. Lo cortés no quita lo prudente. Se trata de una mujer educada e inteligente. Taiwán, pese a todo, es una isla aliada de Washington con la que existen vínculos históricos muy fuertes en el orden económico y militar (...) El presidente de Estados Unidos tiene derecho a hablar con quien desee y la diplomacia china no debiera ser tan quisquillosa y sensible por asuntos simbólicos”.

Hasta yo que no me trago a Trump, aunque me lo envuelvan en gelatina, felicité su acto, y aunque para Montaner se trata de “un gesto de cortesía” que “no pone en peligro la política de ‘Una China’ proclamada desde tiempos de Jimmy Carter”, en mi opinión es un reto a esa tesis, aunque el mismo Trump, no se hubiera percatado de lo que había hecho. En realidad, fue un bofetón dado en pleno rostro al Dragón Amarillo. Acto seguido, el autor hace su primera advertencia:

...resulta mucho más peligroso amenazar a ese país con sanciones económicas y tarifas arancelarias debido a la balanza comercial favorable que China posee con relación a Estados Unidos, como si las transacciones comerciales arrojaran una suma-cero en las que uno gana todo lo que el otro pierde.

Y esta opinión de Montaner coincide plenamente con lo que, en cierta ocasión, en un debate con un amigo fiel partidario de Trump, yo le había dicho con más o menos iguales palabras.

Coincido plenamente con Montaner cuando afirma:

 “algunos trabajadores norteamericanos pierden sus empleos debido a la competencia china, pero el ahorro por los bienes adquiridos en ese país se transforma en otros empleos creados en Estados Unidos. No en balde el nivel de desocupación de la fuerza laboral norteamericana es de apenas un 4.6%”.

Es a partir del cuarto párrafo del artículo de Montaner que se arma la de Santa María. Comienza diciendo algo con lo que coincido plenamente:

“A Estados Unidos, en números grandes, no le perjudica contar con una enorme fábrica en el Pacífico que les suministra bienes a los consumidores norteamericanos, entre un 30 y un 40% más baratos que si fueran productos equivalentes fabricados en Estados Unidos...”

Entonces hace una afirmación, que a los tan ilustrados seguidores de Trump en temas de economía y finanzas, despierta su furia:

“...a cambio de un papel moneda totalmente hegemónico que no tiene otro respaldo que el inmenso prestigio del país emisor”.

Una afirmación que conduce a una ambivalente interpretación y confusión. Ante esta afirmación yo me coloqué un signo de interrogación y tal como le dije a Reynaldo Soto, uno de mis amigos y detractores, “a tí te puede molestar lo que dijera (Montaner) sobre la moneda de Estados Unidos de acuerdo a tus conocimientos en economía y finanzas, yo de eso no opino, paso sin ficha, porque mis conocimientos sobre finanzas no son muy amplios que digamos”. Antes Soto había declarado tajantemente:

 “en este escrito de Montaner llegué hasta aquí: "a cambio de un papel moneda totalmente hegemónico que no tiene otro respaldo que el inmenso prestigio del país emisor". Afirmar esto acerca de la moneda de una de las economías más sólidas del mundo, donde si bien no se producen ya las baratijas que se hacen en China, se siguen produciendo montones de productos de alta tecnología, artículos de consumo importantes como aviones, carros, maquinaria pesada, entre millones de otras cosas, pone a cualquiera a dudar acerca de las capacidades como economista del individuo de marras”.

Ciertamente hay que ser osado o negligente cuando se hace un juicio a la ligera de un tema leído de prisa sin antes hacer un análisis del tema y de tratar de buscar información. Yo volvía al tema... ¿“un papel moneda sin otro respaldo que el prestigio del país emisor”? Me pregunté, ¿se está refiriendo al billete de banco, al dólar? Me contesté: “No puede ser, el dólar tiene el respaldo de los fondos de oro y plata que se guardan en el Tesoro de Estados Unidos, además de contar con el respaldo de su poderosa economía industrial y tecnológica”. La clave me la dio el propio Montaner cuando dijo:

“Una parte sustancial de los beneficios que obtienen los chinos (o las compañías norteamericanas que allí fabrican) los emplean en la adquisición de bienes norteamericanos, en la compra de bonos del tesoro de Estados Unidos...”

Entonces ¿qué son los bonos del Tesoro de Estados Unidos?: ¡Un papel moneda hegemónico! Algo que se vende y que se compra, algo que gana y pierde valor de mercado y que cuenta con el respaldo de la “entera fe y credibilidad” del gobierno de los Estados Unidos. Como reconozco que mis conocimientos en estos temas son prácticamente cero y tengo que “pasarme sin fichas”, comencé a indagar, y esto es lo que encontré:

“los valores del Tesoro de los Estados Unidos (tales como letras, pagarés y bonos) son obligaciones de deuda emitidas por el gobierno estadounidense. Debido a que tales obligaciones de deuda están respaldadas por la "entera fe y credibilidad" del gobierno de los Estados Unidos y dada su potestad de recaudar ingresos tributarios y de imprimir moneda, la inversión en Bonos del Tesoro de los Estados Unidos está considerada como la más segura”.

Los bonos del Tesoro de los Estados Unidos, son papel moneda, “sin otro respaldo que el prestigio del país emisor” (Estados Unidos); es decir, respaldados “por la ‘entera fe y credibilidad’ del gobierno de los Estados Unidos”.

Así, Montaner se refiere de nuevo al tema del papel moneda (bonos del Tesoro de los Estados Unidos” que solo cuenta con el respaldo del inmenso prestigio del país emisor cuando advierte:

“China es el mayor tenedor extranjero de deuda norteamericana: cerca de un billón y un tercio de dólares (trillón y un tercio si lo decimos en inglés), seguido de cerca por Japón. Si comenzara una guerra comercial entre Washington y Pekín y los chinos pusieran a la venta sus bonos o una parte de ellos, Estados Unidos deberá hacer más atractiva su deuda aumentando los intereses, lo que repercutiría terriblemente en el pago total y obligaría al país a aumentar los impuestos para hacerles frente a las obligaciones, dado que la deuda norteamericana ya sobrepasa el 106% del PIB”.

Un hecho este que ya ocurriera a mediados de este año cuando China y Arabia Saudí vendieran una gran cantidad de bonos del Tesoro de Estados Unidos. “En una continuidad de su política monetaria ─ reportó Rusia Today en su página digital ─, Pekín se deshizo en julio último de 34.000 millones de dólares en bonos, la mayor desde 2012, reteniendo un total de 1.185 billones, también el menor desde 2012. De esta manera, intenta hacer frente a la devaluación de su moneda”. En la crisis de agosto, China vendió 31.000 millones de dólares en bonos USA.


En conclusión, cuando se haga una afirmación contundente sobre temas que no conocemos o entendemos, lo primero que hay que hacer es buscar información adecuada para no caer en el ridículo y poner en evidencia nuestra total ignorancia.

NO ME INTERESA LO QUE FUE, SINO LO QUE ES Y LO QUE SERA

Mario J. Viera


La política se conjuga en presente y se proyecta hacia el futuro. Lo que es hoy es lo primordial en Realpolitik, el pasado es como dice el refranero español: “Agua pasada no mueve molino”. Así, un sector del republicanismo, ese consagrado a favor de Donald Trump, sector por cierto bastante estridente, toda vez que planteo un juicio desfavorable hacia Donald Trump, hacia su plataforma “política” intentan rebatir lo que digo lanzando pestes contra Barack Obama o contra Bill Clinton y hasta llegan a denostar contra el Partido Demócrata diciendo todo mal de ese sector de la política americana.

Se recurre al pasado solo para aprender de los errores y de los aciertos. Lo pasado es historia, memoria ancestral, solo eso. Entonces, cuando enjuicio a Trump y a su gabinete, cuando miro con desconfianza sus proyecciones, lo hago en presente. Cuando critico, me denominan frustrado y hasta obcecado llorando la derrota del Partido Demócrata. Ciertamente, hubiera deseado una victoria congresional de los demócratas; pero si algo he aprendido sobre política es que, en política, todo es relativo y transitorio; por otra parte ¿por qué tendría que llorar? No ocupo cargo alguno en la dirección del Partido Demócrata ni aspiraba a algún puesto de elección, porque no me dedico a la política. Si los republicanos ganaron la mayoría congresional, la ganaron por el voto popular; por tanto esa ganancia en puestos congresionales es, desde todo punto de vista, legítima y hay que aceptarla y que sean los directivos del Partido Demócrata quienes se encarguen de analizar las causas de esa derrota sufrida en puestos congresionales.

Pero sí, critico a Donald Trump y argumento mis críticas. Pero sí, reconozco que legalmente Trump ganó la presidencia, porque ganó según las reglas vigentes para la elección presidencial indirecta; pero que nadie venga a decirme que su “victoria” está legitimada, sencillamente porque no ganó la mayoría de los votos populares que fueron ganados por su oponente por una diferencia de 2 517 260 votos populares. Les acepto que me aleguen que el Colegio Electoral es obra de la “suprema sabiduría” de los padres fundadores para encontrar un equilibrio entre estados pequeños y estados grandes. Pero, por mucha sabiduría que hubieran tenido los padres fundadores, nada impide que fueran inmunes a cometer errores, y nada induce a pensar que lo que fue adecuado en un momento histórico específico, 229 años después tenga la misma validez y no se pueda adecuar al momento presente.

Señores, ¡por favor, si hasta el mismo Donald Trump habló en contra de la práctica del Colegio Electoral! El 6 de noviembre de 2012, Trump estaba furioso pensando, equivocadamente, que Barack Obama había ganado el Colegio Electoral pero perdido los votos populares y lanzó un primer tweet diciendo: “Esta elección es un engaño total y una parodia. ¡No estamos en una Democracia!” No conforme, ese mismo día escribió en otro tweet: “El Colegio electoral es un desastre para una democracia”. Y yo pregunto: ¿Acaso no tengo yo derecho a decir lo mismo? Sí, tengo derecho a decir: “Esta elección es un engaño total y una parodia. ¡No estamos en una Democracia! El Colegio electoral es un desastre para una democracia”. Es obvio que los ardientes partidarios de Donald Trump me replicarán repitiendo las mismas palabras que Trump escribiera en un nuevo Tweet, molesto porque la candidata del Partido Verde, Jill Stein había solicitado un recuento de votos en tres estados: "Además de ganar de manera aplastante en Colegio Electoral, gané en el voto popular si se deducen los millones de personas que votaron ilegalmente". ¡Uf, eso es grave! Millones, no unos cuantos cientos o unos cuantos miles, millones “votaron ilegalmente”. ¿Acaso esta elección es un engaño total y una parodia? ¿Estamos o no estamos en una democracia? Estados Unidos, de acuerdo con esta declaración de Trump, poco se diferencia de cualquiera de las repúblicas bananeras de América Latina. Señores, ¡por favor! ¿Tienen ustedes pruebas irrefutables de esas supuestas irregularidades? ¿En cuales estados o en cuales condados se produjeron esas violaciones electorales? Por favor, no traten de contrarrestar mis opiniones repitiendo frases hechas o consignas electorales. No se burlen de mi inteligencia, que no será la inteligencia de un genio, pero es superior a la de los idiotas. Pruebas fidedignas, fundadas sobre fuentes indiscutibles e irrebatibles.

Con respecto al magnate inmobiliario yo he expuestos mis opiniones y las he fundamentado con fuentes creíbles y con mi propio razonamiento. Si quieren rebatirme, no me ofende. Si me demuestran a la luz de la razón que estoy equivocado ¡Bienvenido sea! Díganme en que se basan ustedes para decir que Trump será un buen presidente, cuáles son sus características personales, sus conocimientos, sus experiencias que lo definirán como un verdadero estadista, como el presidente que se requiere en el momento actual. Pero, por favor, para ello no tienen que contarme la historia de la inmortalidad del cangrejo, ni decirme que es mejor que Obama o mejor que Bush. Se trata de ahora mismo, ¿cuáles son sus virtudes? Las de él, sus propias, sin tener que recurrir a comparaciones con otros presidentes que ya son historia. Ahora estamos ante una nueva historia.

Díganme como se proyecta Trump, no argumentando con consignas, si no con hechos, para recuperar el supuesto respeto perdido de Estados Unidos ante el mundo. Por supuesto, díganme con elementos seguros, no con simples afirmaciones, que Estados Unidos, en los momentos actuales no es respetado por sus enemigos. Quizá me digan que aviones de guerra chino sobrevolaron provocativamente sobre barcos de la armada estadounidense o que Irán tuvo prisionero a diez marinos de Estados Unidos el 12 de enero de este 2016, y que como informó CNN (siempre alguien dirá que por hacer esta cita solo hago “copiar y pegar” y dejar que otros piensen por mí), se han registrado 31 encuentros inseguros con embarcaciones iraníes en el Golfo Pérsico en lo que va del año (septiembre 2016), a diferencia de los 23 registrados durante todo el 2015. ¿Y eso qué tiene de particular? Hechos como eso se han repetido en casi todas las administraciones de Estados Unidos desde los años posteriores al fin de la Segunda Guerra Mundial. Los diez marines detenidos por guardacostas iraníes devolvieron a los prisioneros al siguiente día; lo otros incidentes no pasaron a mayores y en una ocasión el buque de guerra USS Squall realizó tres disparos de advertencia para asegurar que los iraníes entendieran que debían dejar de inmediato el área (CNN). Ciertamente, provocaciones, pero ¿recuerdan cuando todo el mundo estaba preocupado por los intentos de Irán de equiparse con armamento nuclear? Al respecto, ¿será falso lo que se dice en un estudio realizado en la Universidad de El Salvador en el que, hablando de la política de Obama, es decir, de Estados Unidos, se anota: “Respecto a Irán han ido en aumento las amenazas y sanciones económicas, oponiéndose a su programa de energía nuclear, aun cuando no existe evidencia de que se esté desarrollando armamento nuclear e Irán ha cooperado con las inspecciones del Organismo Internacional de Energía Atómica”?

¡Ah, Corea del Norte ha detonado alguna bomba atómica! Debilidad de Estados Unidos, plantearán los fervientes seguidores de Trump; pero esto no parece ser lo que opina una Christine Hong, por cierto, no muy amiga de Estados Unidos, en un artículo suyo publicado, en colaboración con Hyun Le, en Foreign Policy in Focus, el 15 de febrero de 2013, cuando afirma: “Calificar a Corea del Norte como la principal amenaza para la seguridad de la región oculta la naturaleza falsa de la política del presidente estadounidense Barack Obama en la región, en concreto la identidad entre lo que sus asesores denominan ‘paciencia estratégica’ por una parte y por otra, la postura militar y la alianza con los halcones regionales que ha desplegado” para definir la política de Barack Obama en la península coreana como “agresiva... respecto a Corea del Norte”.

Si en este caso me fundo en lo que fue, es por la sencilla razón de aclarar y rechazar la supuesta “pérdida de respeto” que ha sufrido Estados Unidos en el plano internacional. Los Estados Unidos de ahora no son lo que fueron en épocas de Carter. Pero quiero precisar algo, y es lo siguiente, existe una gran diferencia entre el ser respetado y el ser temido; entre ser líder mundial o ser el gendarme internacional. El ser temido y el ser gendarme internacional fue lo que Estados Unidos llegó a ser durante el gobierno de Teddy Roosevelt (1901-1909), con su “gran garrote” y su diplomacia de las cañoneras o con la diplomacia del dólar que regía durante la administración de William Howard Taft (1909-1913). Obama se apartó de esos patrones en las relaciones internacionales con su política de la distensión, empezando el 17 de diciembre de 2015 con Cuba, algo que contó con mucho apoyo internacional y con poderosas críticas por parte de los republicanos y de un importante sector del exilio cubano en Estados Unidos. Resultados indirectos de su política de distensión en América Latina ha sido la destitución de la presidenta Dilma Rousseff del Brasil, la derrota electoral del kirchnerismo en Argentina, el crecimiento del poder de la oposición venezolana y la puesta en crisis de la ALBA. Para ello no se hizo necesario el empleo de las cañoneras, solo se requirió liderazgo.

¡Ah, sí, ya sé!, ya sé que me van a ripostar, no solo los partidarios ardorosos de Trump, sino todos los republicanos... o, por mejor decir, todos los cubanos afiliados al republicanismo. Dirán que concedió mucho al castrismo a cambio de nada. La cuestión es que a mí también esto me ha molestado; tal pareciera, como alguien me dijera, muy a lo cubano, que Obama estaba “cuadrando la caja” con el castrismo. Se trata simplemente de una movida política que pudiera estar equivocada, acepto, pero eso no indica que los Estados Unidos estén perdiendo respeto internacional. Detrás de ese “cuadre de caja”, se esconden los intereses geopolíticos y de seguridad nacional de los Estados Unidos, tal y como siempre han primado en las relaciones internacionales de Washington.

Y hablando de intereses geopolíticos y de seguridad nacional de Estados Unidos, en ocasiones me preguntan: “¿para qué queremos volver a ser enemigos de Rusia?” De lo que se trata no es de que Estados Unidos quiere ser enemigo de Rusia, de lo que se trata es que Rusia se empeña en ser enemiga de Estados Unidos; ¿pudieran los entusiastas defensores de Trump darme elementos concretos, evidencias bien fundadas de que Rusia, la pobre, no pretende ser nuestra enemiga?; ¿me pueden aportar algún elemento de razón demostrando que es Estados Unidos el que se empeña en mantenerse como enemigo de la putinesca Rusia?; ¿pudieran decirme cuáles son los países con los que Rusia mantiene estrechos vínculos que sean verdaderos aliados de los Estados Unidos? Datos, por favor, no consignas.

Otra pregunta me han formulado: “¿Por qué los rusos ‘no son nuestros amigos y China sí, e Irán, y Arabia Saudí...?” Lo primero que hay que demostrar es que Estados Unidos es amigo de Irán, sin confundir con amistad un acto de política internacional dirigido a garantizar que Irán acepte las inspecciones de la Agencia Internacional de la Energía Atómica (AIEA) y de este modo anular sus propósitos de acceder al arma atómica. El que era Secretario de Defensa de Estados Unidos en la administración Obama había declarado que Irán estaría en condiciones de fabricar una bomba atómica en el transcurso del año 2012. Esto encendió todas las alarmas provocando que se implantaran por parte de Estados Unidos, del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y de la Unión Europea una serie de sanciones económicas contra Irán. El 24 de noviembre de 2013 ─ según aparece en Wikipedia ─, salió la noticia de que las potencias occidentales junto a Rusia y China han conseguido un acuerdo con Irán por el cual Irán se compromete a congelar su programa de enriquecimiento de Uranio durante al menos 6 meses. Se ha tomado este acuerdo como un "avance sin precedentes". El 15 de enero de 2016, las sanciones contra Irán fueron levantadas luego del acuerdo que ese país firmara con Estados Unidos, China, Francia, Reino Unido, Rusia y Alemania (el llamado Grupo P5+1) en el que se comprometía a limitar y a permitir la supervisión internacional sobre su programa nuclear a cambio del levantamiento de las sanciones internacionales a las que estaba sometido.

Previo al anuncio sobre el levantamiento de las sanciones contra Irán ─ informó BBC Mundo, 16 de enero de 2016 ─, las autoridades de ese país liberaron a cuatro estadounidenses que estaban presos en ese país, incluyendo al excorresponsal del Washington Post en Teherán, Jason. La acción de Teherán fue correspondida con la liberación por parte de Estados Unidos de siete iraníes que habían sido condenados o estaban acusados por violar las sanciones y que habrían recibido una medida de perdón.

No se han restablecido relaciones diplomáticas con Irán, pero si existen agudas contradicciones ente Estados Unidos y esa nación musulmana. ¿Y China? Bueno con China hay relaciones diplomáticas como las hay con Rusia y, punto. ¿Y Arabia Saudí? Desde 1940 Estados Unidos mantiene relaciones diplomáticas y comerciales, además de existir colaboración en el tema militar. Todas las administraciones de Estados Unidos, que se han sucedido desde esa fecha hasta el presente han mantenido firmes esas relaciones por un principio eminentemente geopolítico. Arabia Saudí, un aliado estratégico para los Estados Unidos sobre todo por su petróleo. De Arabia Saudí se podría decir lo que se atribuye al presidente Franklin D. Roosevelt sobre Anastasio Somoza: “Sí, es un hijo de puta, pero es nuestro hijo de Puta”.

Pero no me contradigo cuando menciono estos datos, porque no son lo que fue, sino lo que todavía es; no pasado, presente.

Tal vez me haya excedido un poco, solo un poco, no demasiado, cuando califiqué de plutócrata al gabinete que está conformando Donald Trump y sobre todo a los propuestos para las secretarías de Estado y de Trabajo, Rex W. Tillerson y Andy Puzder, respectivamente. Como no he tenido el privilegio de conocer personalmente a estos distinguidos señores, me deberán disculpar mis estimados detractores, que haya tenido que recurrir a informaciones que de ellos se ofrecen en Wikipedia y en diferentes medios informativos ─ que tal vez mis amables detractores consideren corruptos, como el New York Times, el Washington Post y otros, para ellos, de igual calaña. Ambos son magníficos ejemplos para ilustrar la figura de un plutócrata, ambos poderosos multimillonarios, el primero CEO de la Exxon Mobil por muchísimos años, que solo piensa como petrolero, que no tiene experiencia gubernamental alguna y mucho menos de diplomacia, pero que sí ha sido muy hábil para establecer convenios con la Rusia de Putin y premiado por este con una importante condecoración; el segundo, zar de cadenas de hamburgueserías y burritos con más de 3.000 locales en el mundo y siempre se ha opuesto al incremento del salario mínimo de sus empleados.

Y como he criticado a este lujoso gabinete de multimillonarios que ha formado Donald Trump en una proporción mayor que cualquier otro gobierno de EEUU, según informa The Washington Post, algunos me replican que esto es capitalismo y que al que no le guste este capitalismo que emigre a países paternalistas donde podrán sentirse a gusto. Tremenda falacia y de las mayores. Por favor, no sean tan simples, hoy por hoy, la inmensa mayoría de los países de este mundo se rigen por las relaciones económicas que se denominan “capitalismo”. Sin embargo, hay capitalismo y capitalismo. Hay capitalismo con respeto a los derechos laborales tales como condiciones adecuadas de trabajo y salarios dignos y que se ajustan a lo establecido en los convenios mutuos laborales. Hay capitalismo también explotador que no reconoce derechos laborales y pagan salarios de miseria ─ como en las maquiladoras que algunos empresarios inescrupulosos de Estados Unidos mantienen en México ─, que degradan los recursos naturales y el medio ambiente en aras de obtener ganancias sin atenerse a condiciones éticas. Así como también capitalistas de elevadas condiciones éticas como los hay que son tremendos hijos de puta. ¿Qué queremos? ¿Un capitalismo que se ajuste a los principios de una sociedad democrática ejercitando la competencia en buena lid o un capitalismo salvaje, corrupto y corruptor y pretenda someter a toda la sociedad bajo los intereses egoístas de los magnates?

A propósito de esto, hay un alegato de mis estimados detractores diciendo que la gran mayoría de los que se opusieron con el voto a Donald Trump son aquellos que extienden la mano pidiendo la ayuda del Welfare, con estampillas de alimentos, Medicaid y Section 8, todo ello a costas del sudor de los que trabajan, que son, estos últimos, los que en su mayoría votaron a favor de Donald Trump. No me den una tan falácica afirmación. ¿Dónde están las estadísticas que confirmen tales aseveraciones? ¿Dónde están las estadísticas que confirmen que aquellos que solo viven de su trabajo sin recurrir a las ayudas gubernamentales fueron los que le dieron su voto a Donald Trump? Otra cosa, contesten, no con consignas ni opiniones prejuiciadas, ni refiriéndose como general lo que es excepcional ¿cuáles son las causas sociales que origina que haya personas que buscan estampillas de alimentos, Medicaid y Section 8?


Por último, estimados amigos fervientes seguidores de Donald Trump, cuando expongo una opinión mía, no una de “copiar y pegar”, o reproduzco un artículo de alguien con el cual coincido en opinión, no me acosen con preguntas, háganse ustedes mismos sus preguntas, dense sus respuestas y opinen, ya antes había dado la mía. 

lunes, 28 de noviembre de 2016

No me arrepiento de Nada

Fernando Mires. Blog POLIS


Con el correr indetenible de los años, he llegado a la conclusión de que uno – al menos en política ─ no debe identificarse con nada ni con nadie para siempre. Que el “para siempre” no forma parte de la condición humana. Que la historia política está formada por momentos. Y hay momentos luminosos y muchos otros de absoluta oscuridad. Y así como hay algunos que nos permiten vislumbrar al infierno, hay otros que nos muestran, si no al cielo, la ilusión de que podemos llegar a ser mejor de lo que somos.

Quienes una vez accedimos a la vida política siguiendo las noticias que nos llegaban de la Sierra Maestra, nos identificamos rápidamente con la guerrilla de Fidel Castro. ¿Quién que no fuera un malvado podía apoyar a Batista? La imagen mostrando a Cuba convertida en un burdel recorría al mundo. En Cuba había nacido una revolución y cada uno de nosotros, ni siquiera ventiañeros, proyectaba hacia la isla sus visiones de futuro.

Definitivamente, Cuba pasó a ser parte de diversas biografías. El rechazo al comunismo soviético y la revelación pública de los crímenes cometidos por Stalin, fueron hechos que impulsaron a no pocos jóvenes de mi generación a buscar una salida política que no fuera la mediocre oferta de las derechas tradicionales. El discurso del Che Guevara en Argelia afirmó nuestras convicciones: era posible ser revolucionario sin ser comunista y antiimperialista sin ser pro-soviético.

La idea de un socialismo latinoamericano parecía no ser solo una utopía. Si a eso sumamos las imágenes que nos llegaban desde Vietnam, horrores como los de la aldea My Lay, poblaciones completas padeciendo bajo el napalm, no parecía haber otra alternativa más digna que la ofrecida por Cuba.

La primera fisura colectiva y profunda ocurrió en 1968 cuando Fidel Castro, confirmando la primera gran capitulación de la revolución cubana, aplaudió la invasión a Checoslovaquia. Peor aún: la aplaudió aceptando que esa había sido una violación a la soberanía nacional de ese país.

Aún sin habernos distanciado públicamente nos repugnó la autocrítica despiadada que obligaron hacer a Heberto Padilla. Después nos enteramos de la vil persecución a que fue sometido Reynaldo Arenas. Las declaraciones de Guillermo Cabrera Infante nos impactaron. Las persecuciones a los homosexuales nos horrorizaron. El culto al paredón nos recordaba a nuestras lecturas sobre la Francia de las guillotinas.

Los que habíamos sabido de los crímenes de Stalin comenzábamos a entender lo que estaba sucediendo en la isla. Cuba dejó ─ no de un día a otro, lentamente ─ de ser la esperanza, el horizonte, el futuro. Cuba, la Cuba de Fidel, había roto con muchos de nosotros. El tiempo lo fue confirmando. Castro no era un libertador. Era, o llegó a ser, un simple dictador latinoamericano en una larga y siniestra galería de crueles dictadores.

Y sin embargo, dejo constancia, no me arrepiento de haber apoyado durante un tiempo a la Cuba de Fidel. Y lo voy a explicar:

Con la misma pasión con la cual una vez seguí a Cuba, comencé a seguir tiempo después a las revoluciones democráticas del Este europeo. Apoyé a Solidarnosc y a Walesa y no temo afirmar que hasta me identifique con ellos. Pero miremos a la Polonia de hoy. Un país gobernado por un autócrata rodeado de curas fanáticos amenazando a los derechos humanos y a las libertades públicas. A esas mismas libertades por las cuales los obreros de Danzig arriesgaron todo en su lucha en contra de la dictadura comunista.

Con la misma pasión con la cual seguí a Cuba, me identifiqué con la gesta antiburocrática iniciada por Gorbachov en la URSS. Pero miremos a la Rusia de hoy. Un imperio que amenaza a Europa, invade a Ucrania, comete genocidio en Siria y bombardea a poblaciones indefensas en el Oriente Medio. ¿Debo arrepentirme por haber apoyado a Gorbachov?

Con la misma pasión con la cual seguí a Cuba, apoyé a la revolución democrática de Hungría y a la Checoslovaquia de Havel. Hoy Hungría está gobernada por un neo-dictador y la Checoslovaquia de Havel no existe. ¿Debo arrepentirme por haber apoyado al nacimiento de la democracia en esos países?

Con la misma pasión con la cual seguí a Cuba apoyé a las multitudes disidentes de Dresden y Leipzig, reunidas en las plazas, todas gritando: “Nosotros somos el pueblo”. ¿Debo arrepentirme por haberme sentido tan cerca de esa gente solo porque hoy esa consigna es coreada por una chusma enloquecida de racistas? ¿Los mismos que en las noches incendian los albergues donde residen indefensos extranjeros?

Con la misma pasión con la cual seguí a Cuba, me pronuncié a favor de la llamada “primavera árabe”. A ese mismo pobre mundo árabe que hoy aparece otra vez envuelto en guerras fraticidas y pisoteado por nuevas dictaduras. ¿Debo arrepentirme por haber cifrado algunas esperanzas en ellos?

Con la misma pasión con la cual seguí a Cuba, apoyo hoy día a las fuerzas democráticas de la nación venezolana en su larga lucha en contra de la dictadura de Maduro ¿Deberé arrepentirme si después de la salida de Maduro esas mismas fuerzas democráticas convierten a Venezuela en un lodazal de corrupciones?

No voy a repetir la letra de la canción de Edith Piaf. Pero tampoco me daré golpes en el pecho. No. No me arrepiento de nada.

Con el correr indetenible de los años, he llegado a la conclusión de que uno – al menos en política ─ no debe identificarse con nada ni con nadie para siempre. Que el “para siempre” no forma parte de la condición humana. Que la historia política está formada por momentos. Y hay momentos luminosos y muchos otros de absoluta oscuridad. Y así como hay algunos que nos permiten vislumbrar al infierno, hay otros que nos muestran, si no al cielo, la ilusión de que podemos llegar a ser mejor de lo que somos.


Antes de escribir estas líneas he estado mirando con detención una foto. Fue tomada el 01 de Enero de 1959: Los muchachos de la Sierra Maestra hacen su entrada triunfal en La Habana con Fidel a la cabeza. No, no fue un error haberme sentido muy cerca de ellos. El error habría sido seguirlos “hasta la victoria siempre”. Y eso, en política, nunca hay que hacerlo con nadie. Con nadie.

jueves, 27 de febrero de 2014

¿Embargo petrolero contra Venezuela?



Andrés Oppenheimer







Algunos miembros conservadores del Congreso de Estados Unidos le están pidiendo al Presidente Obama que imponga sanciones económicas a Venezuela, empezando por una reducción del 10 por ciento de las importaciones petroleras provenientes de ese país. Pero eso sería contraproducente. Hay cosas mucho más inteligentes que el gobierno estadounidense podría hacer.


En una carta del 18 de febrero dirigida al Secretario de Estado John Kerry, la congresista Ileana Ros-Lehtinen (republicana por Miami) escribió: “Querría pedir respetuosamente que el gobierno de Estados Unidos reduzca de inmediato al menos el 10 por ciento de las importaciones de petróleo provenientes de Venezuela”.


Horas después, la congresista agregó que esa medida “enviaría una señal de apoyo a los oprimidos” por el gobierno del presidente venezolano Nicolás Maduro. El congresista Mario Díaz-Balart (R-Miami) apoyó la propuesta del embargo parcial. Otros legisladores republicanos, incluyendo al senador Marco Rubio (R-Florida) también pidieron sanciones, pero no especificaron si apoyan un embargo petrolero.


Entre otras cosas, quienes piden sanciones citan los asesinatos de más de una docena de estudiantes y otros manifestantes pacíficos, la reciente expulsión de Venezuela de tres diplomáticos estadounidenses, la censura de Maduro contra los medios de comunicación, y el reciente arresto del líder de la oposición Leopoldo López.


Muchos de quienes siguen con atención los temas latinoamericanos en Washington coinciden en Obama no puede hacerse el distraído cuando la Guardia Nacional y bandas paramilitares protegidas por el gobierno venezolano masacran a manifestantes pacíficos. Hasta el momento, al menos 16 personas han muerto, y cientos han sido heridas desde principios de este mes.


Pero los críticos dicen que hay varios motivos por los que un embargo petrolero estadounidense, aunque fuera parcial, sería una mala idea.


En primer lugar, un embargo petrolero de Estados Unidos le daría a Maduro una enorme victoria propagandística, porque le otorgaría munición para respaldar su relato de que su gobierno es víctima de un complot desestabilizador de parte de Washington. Maduro repite a diario esa afirmación, aunque no ha dado ninguna prueba sólida para apoyarla.


La estrategia de Maduro — copiada de Cuba — es de “internacionalizar” el conflicto venezolano, para que no sea visto como una confrontación entre su gobierno y el pueblo venezolano, sino como un choque entre un país soberano y un imperio extranjero. Un embargo petrolero norteamericano llevaría la contienda a este último plano.


En segundo lugar, la reducción de las importaciones petroleras de Venezuela no tendría un impacto inmediato en el gobierno de Maduro, en parte porque una buena proporción de las exportaciones petroleras venezolanas han sido vendidas meses o años por adelantado, en el así llamado mercado futuros. Además, Venezuela podría vender el petróleo embargado a otros países.


En tercer lugar, un embargo petrolero de Estados Unidos no sería fácil de implementar, porque el gobierno de Estados Unidos no compra petróleo, sino que lo hacen empresas privadas. Imponer un embargo parcial castigaría a las compañías petroleras estadounidenses — especialmente a Chevron, la mayor inversora estadounidense del sector petrolero venezolano — a ser nacionalizadas por el gobierno de Maduro, advierten los críticos, como el investigador de la industria petrolera latinoamericana Jorge Piñón, de la Universidad de Texas, en Austin.


En cuarto lugar, aun cuando las sanciones consiguieran empeorar más la ya arruinada economía venezolana, podrían perjudicar más al pueblo que al gobierno venezolano. Maduro simplemente podría cargarle los costos a los consumidores venezolanos y acusar al “imperio”, tal como lo viene haciendo Cuba desde hace cinco décadas, dicen los críticos.


Entonces, ¿qué debería hacer Obama? Casi todos los “latinoamericanistas” en Washington coinciden en que Estados Unidos debería seguir manifestándose contra los ataques venezolanos contra las libertades democráticas y los derechos humanos universales, tal como se lo requieren las convenciones interamericanas y de las Naciones Unidas.


Además, algunos proponen que Obama revoque las visas de funcionarios venezolanos, sus familias, y sus socios de la “Boliburguesía Bolivariana” de Venezuela, muchos de los cuales son multimillonarios que tienen casas en Miami, y van de vacaciones a Disneyworld. Parece una medida trivial, pero sería muy eficaz contra el gobierno y los “boliburgueses”, dicen los partidarios de la restricción de visas.


Mi opinión: los embargos petroleros funcionan cuando gran parte de la comunidad internacional los respalda, como ha ocurrido en el caso de Irán. Pero un embargo petrolero unilateral de Estados Unidos a Venezuela, le daría nueva munición propagandística a Maduro, sin ningún beneficio claro para la causa de la democracia en Venezuela.


Washington debería concentrar sus energías en aumentar las presiones diplomáticas internacionales sobre el gobierno de Venezuela para que libere a los presos políticos, restaure la separación de poderes en el país, y restablezca la libertad de prensa.


Y si el Congreso estadounidense decide que eso no alcanza, debería restringir las visas a Estados Unidos de los funcionarios y militares venezolanos. Pero un embargo petrolero estadounidense le haría el juego a Maduro.