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lunes, 16 de octubre de 2017

EL PALO QUE CAMBIÓ LA HISTORIA

Pablo Socorro


Si a Colón no se le hubiera roto el palo mayor de la Pinta tres dias después de salir de Palos de la Frontera rumbo a las "indias" (las que el Almirante sospechaba tenían muy buena pinta), tal vez la historia de América sería diferente. A la altura de las Islas Canarias los vientos del este soplaron tan fuerte que el mástil de la nave capitaneada por Martín Alonso Pinzón se quebró como un pirulí congelado y Colón estuvo un mes varado en puerto para su reparación.

Muchos consideran tal inconveniente como un golpe de suerte. De no haberse producido tal retraso en los planes del Almirante de la Mar Océana, sus tres naves habrían incursionado en el Caribe en pleno apogeo de la temporada de huracanes, y tal vez habrían desaparecido para siempre, retrasando quien sabe cuántos años la llegada de los europeos a nuestro continente. Dicen los que saben que cuando aquello los ciclones vacacionaban más temprano en el Caribe. Pero desde que Trump nos sacó del Tratado de París ahora los huracanes remolonean en octubre. Como buscando otra crisis.

Por fin, el 6 de septiembre Colón pudo zarpar desde La Gomera en una travesía de 70 dias sobre un mar bastante tranquilo. Cuando la tripulación ya comenzaba a desesperar, y a apestar, Rodrigo de Triana gritó "¡Tierra a la vista!" y el mundo conocido cambió para siempre. El 12 de octubre de 1492 la tierra dejó de ser plana para convertirse en una esfera (dicen que más bien tiene forma de patata mirada desde el espacio). Pues hoy la Patata, estremecida por guerras, explosiones nucleares, terremotos y ciclones, también es amenazada por un grupo de pijoprogres que ahora quieren cambiar la historia. Intentan ningunear al Almirante, a Rodrigo de Triana, a la Niña, la Pinta y la Santa María, y a los hermanos Pinzones. Andan diciendo ─ malevolentes que son los pijoprogre ─ que el síndrome del colon irritable nació del tremendo berrinche que se montó el Almirante al descubrir que no había llegado a las Indias. O que los vikingos Eriksson y Verizon fueron los primeros en descubrir a América.

Todo lo tienen bien calculado esos pijoprogres para echarnos en el saco de un igualitarismo acomplejado. Nos venden la imagen del Gran Almirante de la Mar Océana poniendo un pie en tierra y diciéndoles a los inditos (que no era tales):

- ¡Hola! Soy Cristóbal Colón y vengo a colonizaros

Y que el Cacique Hatuey le respondiera:

- Menos mal que no te llamas Sodom

La hazaña de Colón comenzó a desmoronarse bajo los mandarriazos de una izquierda urgida de acabar con la historia conocida para escribir la suya propia, a conveniencia y medida. Todo comenzó cuando se desmerengó el campo socialista y el Difuntito en Jefe convenció al corrupto Lula Da Silva para crear el Foro de Sao Paulo en 1990, una especie de entente marxista que agrupó inicialmente a toda la izquierda desperdigada por el mundo tras la caída del Muro de Berlín.

Dos años después se produjo un movimiento curioso. Mientras España se empeñaba en consolidar las Cumbres Iberoamericanas -foro que en tantos años solo ha tenido un gran hito histórico: el "¿por qué no te callas?" del Rey a Chávez-, esa izquierda remasterizada empezó su tarea de deconstruir la Historia de América Latina, empezando por replantear el significado del 12 de octubre de 1492.

La Historia no es solo una sucesión de hechos casuales, sino más bien una cadena de hechos causales. Según los sociólogos Nicolás Márquez y Agustín Laje en su obra "El Libro Negro de la Nueva Izquierda: ideología de género o subversión cultural", varios acontecimientos, en apariencia inconexos, sirvieron para sentar el nuevo soporte discursivo a una izquierda huérfana de la Madrecita Rusia, pero con el padre putativo sentado en su islita cubana manejando los hilos tras bambalinas.

Se inventaron nuevas banderas, se oxigenaron viejas consignas, y en silencio la izquierda reciclada reemplazó las balas y los bolos (como le decíamos a los rusos) por los votos y las urnas. Los obreros y campesinos de Marx y Lenin fueron desplazados para acoger a un Hombre Nuevo forjado con las dosis precisas de incontinencia, marginalidad, anarquismo, delincuencia, corrupción y tontería útil.

Dos años después del Foro de Sao Paulo, y coincidiendo con el 500 aniversario de la llegada de los españoles al Nuevo Mundo, 458 ONGs fueron creadas de repente para vender la nueva versión precolombina del Descubrimiento.

El 12 de octubre 1992 se llevó a cabo en Bolivia la primera gran marcha indigenista, donde se crucificó ante la Historia la gesta del Almirante. La marcha fue encabezada por un desconocido dirigente cocalero llamado Evo Morales, un poco falto de seso, pero ladino como indio de encomienda. Paralelo a esto, otro ignorado coronelito nombrado Hugo Chávez daba dos cruentos golpes de estado en Venezuela que, aunque no fructificaron, siete años después le sirvieron para vestirse de dictador de su país. También en 1992, en Rio de Janeiro, y bajo el amparo del marxista Lula, otras 1500 ONGs de todo el mundo proclamaron el "ecologismo popular" y comenzaron a reclamarle a los países industrializados la "deuda ecológica" por la explotación de los recursos naturales de las naciones menos desarrolladas. Nicaragua, a lo gran potencia, fue uno de los tres países que no firmaron el Tratado de Paris sobre el cambio climático. Daniel Ortega reclamó una indemnización monetaria a los países ricos por haber "gastado el medio ambiente", como si esto fuera una pastilla de jabón o un tarro de mermelada.

Pero ya tenía la nueva izquierda nuevas banderas que empuñar, más atractivas que los apolillados estandartes de Lenin y Marx.

El 12 de octubre pasó de ser el Dia del Descubrimiento o la llegada de los europeos al Nuevo Mundo, al Dia de la Raza; y cuando no convino porque hubo cierta raza que se creyó con más derecho que otra -¡igualados! les dijeron-, se inventaron lo del Encuentro entre las Dos Culturas, hasta que Hugo Chávez radicalizó la parada con lo del Dia de la Resistencia Indígena y de buenas a primeras todos los latinoamericanos pasamos a ser indios vengativos a la caza del primer español que nos cayera a mano para cobrarnos el genocidio que hicieron con nuestros queridos parientes, Siboney, Atabey, Hatuey y sus hermanos Cristal y Mayabe, Caonao, Anacahona, Atahualpa Yupanqui -famoso engrasador precolombino de ejes de carretas-, Tupac Amaru, el Indio Naborí, Manco Capac y su hermano Cojo Incapac, Nube Blanca, Toro Sentado, Rabo de Nube y Silvio Rodríguez.

Nadie niega que los españoles se tomaron muy a pecho el papel evangelizador y a fuerza de espada y cruz casi acaban con los habitantes del mundo descubierto, pero también, si se hubieran demorados unos años más en pisar tierras americanas la habrían encontrado desierta por el baño de sangre que se tenían entre manos los caciques de los aztecas, mayas e incas. En Cuba, Dominicana y el resto de las islitas tampoco habrían encontrado habitantes, debido a la antropofagia de los indios Caribes que venían de Venezuela a buscar la carne de la semana allende los mares. Como quien va a la carnicería en busca de un buen corte. "¡Tráeme riñonada de la buena!", le decía la mujer, y allá se iba el Caribe con su jabita al brazo.

Hoy, en aras de una tardía reivindicación histórica, se quitan estatuas del Almirante, cambian nombres a plazas y avenidas y ponen en la lista negra a los que se niegan a seguirles. Y hasta algunos de esos pijoprogres se preguntan por qué Colón comió tanta mierda con la brújula, el astrolabio y el cuadrante, si con poner la dirección de La Española en google maps iba al seguro. La coca reblandece el cerebro.

sábado, 27 de septiembre de 2014

La izquierda asiática de América Latina


Fernando Mires. BLOG POLIS

Detrás de las opiniones hay a veces una historia. En eso pensé cuando un académico alemán me preguntó acerca de la posición de las naciones latinoamericanas frente al terrorismo del ISIS. “Ninguna” ─ respondí ─ “los gobiernos latinoamericanos son de izquierda”. Mi interlocutor preguntó: “¿Pero no es la izquierda una categoría occidental”? “Sí” ─ fue mi respuesta ─: “Pero una buena parte de la izquierda latinoamericana es asiática”. Mi interlocutor pensó seguramente que yo bromeaba. Pero no. Yo hablaba en serio. Muy en serio.

Si hubiera tenido tiempo le habría explicado que la tesis del “asiatismo” de una gran parte de la izquierda latinoamericana ya la había enunciado en un ensayo publicado en 1976 en la revista “Lateinamerika, Analyse und Berichte”. Su título “El subdesarrollo del marxismo en América Latina”. El texto apareció después en diversos idiomas. Sobre esa base escribí en 1978 (¡Dios, cómo ha pasado el tiempo!) un libro titulado: “Cuba, la revolución no es una Isla”, el que marcó mi ruptura con las dos principales izquierdas de América Latina: la soviética y la castrista.

La tesis de la “asiatización” del marxismo se encuentra muy bien formulada en un libro del líder de los movimientos sesentistas, Rudi Dutschke, cuyo título –“Un intento para poner a Lenin sobre sus pies” ─ habla por sí solo. Fue el mismo Rudi quien, en una conversación acerca del tema, me sugirió escribir específicamente sobre “el asiatismo en la izquierda latinoamericana”. Nunca lo hice. Pero la idea la he mantenido ¿Por qué una parte de la izquierda latinoamericana ─ la castrista y la post-soviética ─ no reconoce su occidentalidad política? Mi respuesta vuelve a ser la de antes: esa izquierda no es occidental.

En pocas líneas no puedo resumir el libro de Dutschke. Pero hay sí tres ideas que sigo subscribiendo

1. Las teorías (no “la” teoría) marxistas, son hijas del contexto alemán y europeo (Hegel, Schelling, Feuerbach; además de Darwin, Ricardo, Smith, y tantos otros). Marx en ese sentido es solo un eslabón, uno más, en la larga cadena del pensamiento occidental.

2. Marx siempre dejó clara su posición con respecto a la imposibilidad del socialismo en Rusia. Su correspondencia con Bakunin y su reveladora carta a Vera Sasulich, son testimonios irrefutables. Para Marx, el curso hacia el comunismo (como sinónimo de socialismo) no podía surgir desde formaciones históricas asiáticas. Esa era, para él, “otra historia”. (Karl Marx, “Formaciones económicas pre-capitalistas”, cuadernos de 1858)

3. Antes de que el legado de Marx fuera convertido por Lenin en “marxismo”, existían diversas teorías de Marx, algunas contradictorias entre sí. El “marxismo-leninismo” como un todo ideológico fue un producto de la Academia de Ciencias de la URSS. Allí comenzó la des-europeización y la “asiatización” de Marx. Esa conclusión fue el aporte central de Rudi Dutschke al pensamiento de izquierda europeo.

En su estudio, Dutschke consultó al teórico alemán Karl A. Wittfogel para quien el comunismo soviético era una reedición moderna de los antiguos despotismos asiáticos (“Despotismo Oriental”, 1957). Los rasgos de esas “despotías hidraúlicas” eran perfectamente reconocibles en la URSS. Entre otros, el culto al líder, la verticalización de la “sociedad”, la construcción de una doctrina dogmática, la apropiación total de los medios de producción por parte del Estado, así como la formación de una clase dominante estatal (la "nomenklatura"), Todo eso, según Dutschke, no tenía nada que ver con las teorías de Marx. La tarea de los intelectuales revolucionarios debería ser entonces la de rescatar a Marx de la cárceles asiáticas en las cuales sus teorías yacían secuestradas. Eso pasaba por reafirmar el carácter europeo y occidental del marxismo.

En verdad, la misión de rescate había sido iniciada por Antonio Gramsci en la Italia de los treinta. El auge de Gramsci en los setenta y ochenta fue, por lo mismo, consonante con el proyecto de re-europeización de Marx. El “eurocomunismo” de Enrico Berlinguer apuntaba a la misma dirección. Pero ya era tarde. Las revoluciones democráticas en los países de Europa Central y del Este (1989-1990) postergaron cualquiera posibilidad para seguir ocupándonos de Marx. Incluso los post-marxistas (Laclau, Zizec, Mouffe, entre otros) dejaron de citarlo. Los ─ para mí todavía apasionantes ─ libros de Marx, son hoy casi regalados en Amazon.com. No ocurrió así en América Latina.

En ese “lejano occidente” (Alain Rouquié) el marxismo asiático ha continuado vigente. Lo digo con conocimiento: En diversas universidades de América Central y del Sur es impartido en nombre de la sociología, de la economía o de la historia, un marxismo de silabario hecho para débiles mentales.

El marxismo asiático (leninismo, stalinismo, maoísmo  y otros ismos) ha llegado a formar parte de la cultura política de una parte de la izquierda latinoamericana, aunque muchos de sus integrantes no hayan leído a Marx. El culto faraónico a la memoria de Chávez en Venezuela es solo un ejemplo. Pero hay otros. El mismo Chávez se sentía fascinado por déspotas asiáticos como Ahmadineyah, Asad, Gadafi, Husein. Las mismas fascinaciones son cultivadas por los Castro y por Evo Morales. Incluso, el partido comunista chileno ─ un partido democrático en democracia ─ envió una vez una carta de felicitaciones al representante de la dinastía (comunista) de Corea del Norte. ¿Reflejos condicionados de un “asiatismo” nunca bien elaborado?


¿Por qué los gobiernos latinoamericanos de izquierda no se pronuncian a favor del occidente político en la lucha en contra de ISIS? Pienso que mi respuesta fue la justa: Hay una izquierda latinoamericana que todavía no es occidental. De ahí su precaria sensibilidad frente a temas como el de las libertades y los derechos humanos. De acuerdo a la tradición marxista asiática, esos son elementos de la ideología “burguesa” (occidental). Es triste constatarlo; pero es la realidad.

domingo, 17 de febrero de 2013

Marco Aurelio García: Un caso grave de alienación ideológica


Fernando Mires. BLOG POLIS
El ideólogo Marco Aurelio García

Ya he perdido toda esperanza. Es más fácil conversar acerca de tolerancia con un talibán que discutir de política con algún ideólogo latinoamericano de la "nueva izquierda". Y, sin embargo, hay que seguir haciéndolo, aunque sea para denunciar los excesos ideológicos en los que incurren.

Probablemente Marco Aurelio García no se entiende a sí como ideólogo del "socialismo del siglo XXl", pero leyendo su artículo titulado "Los desafíos de los gobiernos" no hay más alternativa que alinearlo en esa tendencia, entre otras cosas, porque ahí subscribe punto por punto la doctrina de legitimación de las autocracias y neodictaduras sudamericanas.

Según MAG, las izquierdas sudamericanas, particularmente las del Cono Sur, fueron afectadas política, organizacional y militarmente por las dictaduras que asolaron esa región. Lo que no dice MAG es que esas dictaduras no sólo fueron ejercidas en contra de las izquierdas. Víctimas de ellas fueron otros sectores democráticos, no siempre de izquierda, como ocurrió en Uruguay y en Chile. Tampoco dice MAG que los comunistas argentinos (imagino que también son de izquierda) apoyaron la dictadura de Videla siguiendo órdenes de la URSS. Calla también MAG cuando oculta que un gran sector del peronismo, particularmente fracciones montoneras, apoyó a Galtieri durante la guerra de las Malvinas. Igualmente calla cuando no dice que los Tupamaros uruguayos y otras organizaciones similares apoyadas por Cuba, posibilitaron la salida militar en diversos países del continente.

Nadie niega, por supuesto, que los sectores más afectados por la represión militar éramos de alguna izquierda. Pero reducir el drama padecido a la contradicción izquierda-dictadura, es faltar a la verdad. Prueba es que los pilares de la lucha antidictatorial no estuvieron centrados en las izquierdas, aunque ellas participaron en los bloques de restauración democrática que tuvieron lugar.

 Para hablar con ejemplos: Si las Madres de la Plaza de Mayo tuvieron repercusión mundial no fue porque eran de izquierda sino porque eran madres. Y si gran parte de la lucha democrática de los chilenos reposó sobre la Iglesia Católica, no fue porque el Cardenal Silva Henríquez hubiera sido un personaje de izquierda.

Ni en Brasil, ni en Argentina, ni en Chile, ni en Uruguay, ni en Paraguay, ni en Bolivia, los primeros gobiernos democráticos post-dictatoriales fueron de izquierda. Pero tampoco, en sentido estricto, fueron de derechas. Fueron formaciones centristas orientadas a facilitar el retorno de usos democráticos y el retiro de los militares a sus cuarteles. De tal modo que el auge de la izquierda debe ser entendido como un fenómeno post-transición, pero no post-dictatorial. Adjudicar a los gobiernos post-dictatoriales un carácter neo-liberal sólo porque no practicaron programas estatistas, es un abuso ideológico de enormes proporciones.

Ahora, el periodo post- transición tuvo lugar en el marco histórico determinado por el fin de la Guerra Fría, hecho que MAG calla. Si no hubiera callado habría tenido que aceptar que la intervención militar no ocurrió sólo para proteger a los "ricos" de la derecha en contra de los "pobres" de la izquierda, sino porque gran parte de esa izquierda obedecía directrices internacionales contrarias a las que primaban en el espacio político occidental.

Hasta aquí la prehistoria. Lo central es que para MAG, el gran mérito de la "nueva izquierda gubernamental latinoamericana” (la del socialismo del siglo XXl) fue el de subvertir los programas neo-liberales puestos en prácticas durante el periodo de transición.

Acerca de que es lo que entiende MAG por neo-liberalismo, es un misterio. Misterio sólo descifrable si entendemos que es lo que significa "neo-liberalismo" para gente como MAG. Para decirlo en clave de síntesis, neo-liberalismo es para ellos todo lo que no es estatista. La izquierda latinoamericana en la visión de MAG no se define como lo hicieron las primeras izquierdas por su posición a favor de la democracia, de la clase obrera, por su laicismo o por la libertad de pensamiento. Izquierda es para ellos estatismo; y punto.

En ningún momento se les pasa por la cabeza a ideólogos como MAG que el estatismo puede ser mucho más opresivo que una economía liberal políticamente regulada. Tampoco se les ha ocurrido que el estatismo pueda llevar a la práctica una economía neo-liberal. Cuba, en ese sentido, es un gran ejemplo. En ningún país del continente los derechos de las organizaciones obreras han sido más violados que en Cuba. Venezuela es un caso parecido. Después de catorce años de vida autocrática, los otrora poderosos sindicatos obreros han sido desmantelados por el gobierno militar chavista. Pero como esos gobiernos son para MAG "de izquierda" quedan a salvo de toda crítica.

A fin de fortalecer su visión de una nueva izquierda anti-neo-liberal redentora, MAG intenta imponer una visión maniquea de la historia reciente. Citemos:

"La hegemonía de las ideas neoliberales en el plano económico durante el período de transición a la democracia proyectó personajes funestos como Carlos Menem en Argentina, Collor de Mello en Brasil, Sánchez de Lozada en Bolivia, figuras centrales de un movimiento del que también formaban parte Salinas de Gortari en México y Vargas Llosa o Fujimori en Perú".

En otras palabras, MAG toma a todos los gobiernos que no son de su agrado y los mete en el saco del neo-liberalismo. ¿Pero por qué Menem y no Kirchner? ¿No eran del mismo partido? ¿Dónde está el discurso de Kirchner en contra de Menem? ¿No son seguidores de Cristina muchos menenistas de antaño?

Si MAG analizara la política europea, hasta Berlusconi podría ser de izquierda: ¿No se ha pronunciado recientemente en contra del "neo-liberalismo" alemán? ¿No levanta Berlusconi la bandera de las libertades sexuales en contra del Vaticano? 

Hasta tal punto llega la alienación  ideológica de MAG que para él Fujimori y Vargas Llosa son lo mismo, no importando que el segundo se haya pronunciado en contra de todos los regímenes dictatoriales del mundo (y MAG en contra de ninguno) y el primero haya sido portador de una autocracia militarista y populista muy parecida a la que ejerce el chavismo en Venezuela.

MAG, siguiendo esa tradición economicista que caracteriza a la política latinoamericana (de izquierda y derecha) sólo conoce un límite: El neo-liberalismo. Todo lo que no es neo-liberal (estatista) es de izquierda, incluyendo a las FARC a los que alude con el hipócrita eufemismo de "importante insurgencia rural". En palabras de MAG:

“A pesar de esas diferencias, algunos elementos programáticos estuvieron presentes, con distintos enfoques y perspectivas, en las luchas y movimientos de los distintos países: 1) énfasis en las cuestiones sociales (combate a la pobreza, la exclusión y las desigualdades), 2) democratización del Estado y participación social, 3) defensa de la soberanía nacional e 4) integración sudamericana y latinoamericana capaz de garantizar a la región un lugar en un mundo que vivía (y vive) una intensa y acelerada transformación”.

¿De dónde saca MAG que estamos frente a una nueva versión de la izquierda latinoamericana que sustituye una hegemonía de las derechas que casi nunca ha habido? En su propio país, Brasil, el lulismo no surgió de la nada. Desde Getulio Vargas, pasando por Joao Goulart, siguiendo por F. H. Cardoso, las tradiciones predominantes han sido de centro izquierda. Lo mismo ocurre en el Perú, donde un Humala recoge antiguas banderas del APRA. O en la Bolivia de Evo Morales cuyo gobierno sólo puede entenderse de acuerdo a las tradiciones iniciadas por el MNR, y así sucesivamente.

En la gran mayoría de los países latinoamericanos, el tronco grueso de la política ha sido siempre de centro-izquierda, a veces de centro-derecha, nunca de izquierda-izquierda o de derecha-derecha, como imagina, de modo abstruso, MAG

¿Y de qué defensa de la soberanía nacional habla el ideólogo del Brasil? ¿Quién amenaza la soberanía continental en estos momentos? ¿Rusia, China? ¿O es MAG otra viuda más del "imperialismo norteamericano" con el cual Brasil ha practicado siempre las más intensas relaciones, sobre todo en tiempos de Lula?

Tampoco la política social latinoamericana ha comenzado con los gobiernos del ALBA ni con los "nuevos" gobiernos de izquierda. Es, por el contrario, de muy larga data. Mucho menos, la democratización del Estado a la que MAG hace mención, a menos de entender por ella la creación de relaciones verticales entre masa-Estado y líder, o el control del Poder Judicial por el Ejecutivo, o la creación de partidos-estados, en fin, todas esas estructuras anti-democráticas que caracterizan a la nueva izquierda latinoamericana cuando se apodera de las palancas del poder.

SI MAG no estuviera tan alienado como aparenta, podría darse cuenta de que los valores que defiende el gobierno venezolano al cual ha amparado en todas sus múltiples violaciones constitucionales, son los de las más rancias derechas del continente: militarismo, culto irracional al líder, mistificación del pasado y, recientemente, fanatismo religioso.

A la inversa, MAG podría también advertir que en la oposición venezolana se encuentra el grueso de esa centro-izquierda que dio origen no a un sistema neo-liberal (como el neo-liberalismo de Estado que practica el chavismo) sino a un largo y estable periodo de convivencia política anti-militarista, sobre cuya base, nunca sobre su negación, deberán surgir los futuros proyectos de integración social. O dicho así: las tradiciones de la izquierda venezolana, las que vienen de Rómulo Betancourt y no de Fidel Castro, se encuentran en la oposición. No en los cuarteles.

En breve: Estamos frente a un grave caso de alienación ideológica. MAG, irremediablemente, sólo ve lo que su estrecha ideología le permite. Y si gran parte de la realidad no cabe en esa ideología, el problema estará siempre en la realidad. Así nos explicamos por qué, bajo su funesta influencia, Brasil en la ONU sólo supo practicar la más antipolítica abstención, protegiendo a regímenes tiránicos como Libia ayer, Cuba y Siria hoy.

Con ese tipo de conducción, Brasil solo será una potencia económica de "clase media". Una potencia política, jamás.

jueves, 15 de noviembre de 2012

Los enemigos latinoamericanos de Barack Obama


Fernando Mires. Blog POLIS

El triunfo obtenido por Barack Obama en las elecciones que tuvieron lugar en Noviembre del 2012 ha descompuesto el ánimo de diversos grupos ideológicos. Y no sólo en los EE UU. Ese es el motivo por el cual en esta ocasión he decidido referirme a los enemigos latinoamericanos de Obama. A fin de simplificar, los he clasificado en tres sectores.

- Los gobiernos antimperialistas

- La ultraderecha ideológica

- Los tecnócratas de la economía pseudocientífica

Las gobiernos antiimperialistas de América Latina organizados en el ALBA requieren de una política agresiva norteamericana ─ tipo Reagan o Bush ─ para así poseer un enemigo simbólico y perfilarse como adalides del antiimperialismo continental. Por eso Romney era para ellos su candidato secreto.

Un gobernante que no invade pueblos, que se abre al diálogo, que hace caso omiso a insultos, que busca el debate, y que perfila su acción en plazos largos, es lo menos que conviene a los ideólogos antiimperialistas.

No es casualidad que los argumentos del radicalismo de izquierda coincidan en ese punto con los segundos enemigos: la ultraderecha continental. Según opinión compartida, Obama es un gobernante débil: retira sus tropas de Afganistán, pronto hará lo mismo en Irak, no invade Cuba, no bombardea Teherán ni ataca a Siria, en fin, no se hace respetar en el escenario internacional y por eso los EE UU han perdido su lugar en el mundo.

Sin embargo, cualquier balance muestra lo contrario.

El apoyo tácito, a veces explícito de los EE UU a las rebeliones árabes, ha hecho posible que por primera vez surgieran movimientos políticos en la región que no hacen del anti-norteamericanismo su bandera. También en América Latina: la era de las invasiones ha quedado atrás y los antiimperialistas ya no tienen en contra de quien gritar.

Ese éxito no lo soportan ni los antiimperialistas ni los ultraderechistas del continente.

Estos últimos, acostumbrados a apoyar salidas de fuerza, golpistas por convicción, belicistas por doctrina, añoran esos días antipolíticos de la Guerra Fría de la cual ellos son sus sobrevivientes ideológicos.

El tercer sector latinoamericano anti-Obama es el formado por una tecnocracia pseudocientífica, ligada políticamente a la ultraderecha, aunque también se encuentran ahí teóricos del capitalismo salvaje de Estado ─ entre otros, los fans de China: nuevo paraíso de la tecnocracia internacional ─. Según opinión predominante, Obama es para ellos un demagogo que enfrenta la crisis dividiendo a la nación y movilizando de modo populista a las clases pobres en contra de las clases pudientes.

Siguiendo la opinión de dichos tecnócratas, la crisis sólo puede ser enfrentada de acuerdo a criterios “científicos”, los que para ellos son siempre los mismos: des-estatización radical, privatizaciones, reducción del monto circulante, disminución drástica de impuestos, despidos masivos. La otra alternativa, arguyen, sería imitar a la “decadente Europa”: La Europa del “Estado del Bienestar”.

Lo que callan los tecnócratas es que esa masa de sectores empobrecidos no la creó Obama. Es, por una parte, el resultado de las medidas reguladoras de los gobiernos republicanos, los mismos que condujeron a un hiperdesarrollo de las especulaciones en el sector inmobiliario. Por otra, es resultado de migraciones, particularmente de latinos, las que ningún gobierno norteamericano ha podido controlar. Se trata ─ no hay que recurrir a Huntington para afirmarlo ─ de una masa migratoria difícil de integrar. Ahora bien, el dilema es integrarla o no. Crear un Apartheid social o no. Y los medios de integración sólo pueden ser dos: representación política y ayuda social, aunque eso signifique recrear estructuras similares a las de la “decadente Europa”. Sobre ese punto, valga un comentario.

El diagnóstico proto-fascista acuñado por Oswald Spengler en los años veinte del pasado siglo, la “decadencia de Occidente”, tiene hoy su réplica en la visión de la “decadencia de Europa”, visión compartida por ultraizquierdistas, ultraderechistas y tecnócratas de diversos países de América Latina.

Pero quizás habría que recordar que la crisis económica de nuestro tiempo no comenzó en Europa sino en el ultraliberal Estados Unidos de Bush.

Tampoco estaría de más recordar que la crisis económica no ha afectado ni a Alemania, Holanda, Suiza, Austria, ni a los países escandinavos, ni a la misma Inglaterra y muy levemente a Francia. Y esas son precisamente las naciones en las cuales fue erigido desde hace mucho tiempo un Estado social que ha funcionado en el bien-entendido de que la economía no comienza ni termina en números sino en seres humanos. Hay que convenir entonces en que la avanzada política social de esos países, lejos de acelerar la crisis, ha sido su eficaz muro de contención.

Ni Europa está en decadencia ni Obama es populista. Al contrario, la suya es una política que busca la integración de los hasta ahora excluidos. Lo contrario sería aceptar pasivamente la desintegración social de la nación. Pero como dijo Obama en esa pieza maestra de oratoria que fue el discurso pronunciado con motivo de su reelección:

“Creemos en un Estados Unidos generoso, un Estados Unidos compasivo, un Estados Unidos tolerante, abierto a los sueños de una hija de inmigrantes que estudia en nuestras escuelas y jura fidelidad a nuestra bandera. Abierto a los sueños del chico de la parte sur de Chicago que ve que puede tener una vida más allá de la esquina más cercana. A los del hijo del ebanista de Carolina del Norte que quiere ser médico o científico, ingeniero o empresario, diplomático o incluso presidente; ese es el futuro al que aspiramos. Esa es la visión que compartimos. Esa es la dirección en la que debemos avanzar. Hacia allí debemos ir”.

Y hacia allá va Obama.

 

martes, 24 de julio de 2012

La fiebre comunista


Saúl Godoy Gómez. EL UNIVERSAL

Latinoamérica viene dando tumbos en su política de integración desde que se le permitió a Chávez una injerencia malsana en los asuntos de Mercosur, en esto, una parte de la culpa se la lleva Brasil, que en manos del socialista Lula y luego de Dilma Rousseff, estableció prioridades ideológicas sobre las económicas y políticas.  Fue Chávez quien arrastró al Brasil a su pobre desempeño en la crisis de Honduras, para luego empantanarse en los asuntos internos de Paraguay durante el episodio de la deposición del presidente Lugo, en donde Chávez comprometió el prestigio y la trayectoria democrática de los gobiernos socialistas de América Latina en una defensa a ultranza de los intereses comunistas en la región.

No nos llamemos a engaño, en Brasil, a pesar de que existe una pujante economía de mercado, la cúpula política se encuentra en manos de los comunistas, que son imperialistas y que tienen un claro plan de dominio en la región, y donde el aspecto ideológico es fundamental para la estrategia de ir creando países satélites, a la usanza del viejo modelo de la URSS.

Estados Unidos calculó mal su retiro de Latinoamérica, creyendo que, si dejaba que Brasil ocupara su papel de líder regional, y con base en las buenas relaciones económicas y diplomáticas que había cultivado en la última década, confiaba en manos de país amigo las relaciones con sus impredecibles vecinos; el error fue que no vieron que el Foro de Sao Paulo, ese conglomerado de fuerzas de la ultraizquierda latinoamericana, se impondría sobre la sensatez y el profesionalismo de la cancillería de Itamaratí, que hasta los momentos se había desempeñando de manera equilibrada.

Si bien Lula le había dado a la economía brasilera una apertura importante para convertirla en la octava economía del mundo, pues en su óptica necesitaba del dinero y los recursos para atender a las grandes masas de desposeídos, que significaban un gran riesgo en cuanto a problemas sociales y veía en ellos el soporte político, en votos, para sostener al socialismo en el poder. Es una lástima que Brasil esté echando por la borda su oportunidad de oro para convertirse en el líder del continente, porque a Lula y a Dilma les dio por anteponer intereses doctrinarios y bastardos a los intereses de su país.

Cegado por los éxitos electorales del socialismo en los diversos países de Latinoamérica y presionado por la nueva internacional comunista transmutada en el Foro de Sao Paulo, que le respira en el cuello, Lula se dedicó insensatamente a sostener una política de promoción y ayuda a los regímenes socialistas de la región como política de Estado, fue el caso de Chávez, entre otros.

Pero Chávez, a pesar de su popularidad y beligerancia ante los medios de comunicación, resultó ser una mercancía dañada, porque concentraba en su persona lo peor del socialismo real, su odio de clases, su desdén por el sector privado y la libre empresa, la violencia de su discurso y el desprecio de los más básicos postulados democráticos, bien ocultos tras su fachada de invencible candidato en procesos electorales.

Si bien Lula y Dilma, la Cristina Fernández de Kirchner en Argentina y los otros peones del socialismo en la región trataron de construir un esquema de integración en el sur y que fue dando sus resultados positivos para el desarrollo de sus países miembros, el factor Chávez le imprimió ese olor a podrido a la gestión, introduciendo elementos de corrupción, manejos de política barata, injerencia en los asuntos internos, instando a golpes de Estado y a la desobediencia de las constituciones, aparte de un acento antiimperialista y antinorteamericano que no favorecía a nadie, haciendo mucho ruido entre las relaciones Europa-EEUU con el Mercosur, que posiblemente le fuera de interés al partido socialista de los trabajadores del Brasil, pero que a la larga, terminaría por derrumbar el proceso de integración.

Chávez utilizó el poder del petróleo para suavizar su entrada al club pero a costa de la unión misma, poniendo a los países a pelear, a desconfiar entre ellos, a sembrar la discordia hasta resultar en la eyección de Paraguay de la organización, que era la piedra de tranca de su ingreso.

Brasil y Argentina están muy confiados de que pueden controlar a Chávez y aprovecharse, sin muchos riesgos, de la "generosidad" y largueza de su nuevo mejor amigo, lo saben enfermo y disminuido en sus capacidades, poco les importa los principios democráticos que sirvieron de marco a la unión, pues saben que, tarde o temprano, sus gobiernos socialistas van a terminar utilizando la fuerza y el autoritarismo en contra de sus propias poblaciones, saben que mantener el socialismo en Latinoamérica va a tomar un poco de brutalidad policial y militar, pero todo sea por la "felicidad humana".

Pero pasan por alto que Venezuela está en modo de cambio, que muy pronto habrá un nuevo giro en la región, que el péndulo de la izquierda se devuelve lenta, pero seguro, a la derecha, que EEUU está observando y que también allá, tarde o temprano, también habrá cambios.

 Esta fiebre comunista, que tiene a Latinoamérica delirando sobre su papel en los asuntos del mundo, de permitir que estos caudillos decimonónicos se levanten entre los pueblos para hacer revoluciones, de estos sueños de socialistas trasnochados de imponerse por sobre la cordura y los derechos de los pueblos para conducir sus destinos, estos delirios, repito, por lo general terminan en espantosas pesadillas y sangrías, la historia está llena de ejemplos, en nuestro caso solo nos queda resistir y denunciar a elementos como Chávez, que están haciendo su trabajo de depuración y purga, de poner en evidencia a las sociedades fallidas, a las ideologías inhumanas y los engaños.

lunes, 21 de noviembre de 2011

Revolucionarios bananeros

Tulio Hernández. ABC DE LA SEMANA.

Lo vuelvo a recordar. En diciembre de 1998 Gabriel García Márquez publicó una premonitoria entrevista que le hizo a bordo de un avión al entonces presidente electo Hugo Chávez. Al final de la misma, el premio Nobel colombiano confiesa “estremecido” la sensación de haber viajado con dos hombres distintos.
Cito textualmente: “Uno a quien la suerte empedernida le ofrecía la oportunidad de salvar a su país. Y el otro, un ilusionista, que podía pasar a la historia como un déspota más”.
Trece años después, el dilema tiene respuesta. Y obvia.
Pero nuestro vecino costeño no la escribirá jamás. No sólo porque por razones de salud se haya alejado del oficio, sino porque García Márquez, un defensor de los derechos humanos en otros países, decidió alguna vez no cuestionar jamás el oficio de dictador bananero que con pasión casi teatral ha encarnado Fidel Castro, su amigo personal. A finales de su vida, debe haber pensado, no lo iba a contrariar.
Viene al caso la figura del déspota bananero porque a pesar de los cambios ocurridos aún sigue con vida y parece repetirse a la manera de los ciclos del eterno retorno.
Pasan los años, Estados Unidos se va retirando del Caribe y Centroamérica, América Latina se hace predominantemente democrática, el precio de las materias primas agrícolas decae, Somoza Debayle y Rafael Leonidas Trujillo fueron asesinados hace décadas, pero la figura de los gobernantes todopoderosos, extravagantes, implacables, caprichosos y de uniforme se recicla y se mantiene. Como un resistente gen. Allí están como ejemplo Daniel Ortega, Hugo Chávez y Fidel Castro.
Wikipedia, ese prodigio de las nuevas maneras de organizar el conocimiento en tiempos de las redes sociales, define de manera reveladora qué es una república bananera. Dice: “Es un término peyorativo para un país que sea considerado como políticamente inestable, empobrecido y atrasado, cuya economía depende de unos pocos productos de escaso valor agregado gobernado por un dictador o una junta militar”. Y seguidamente agrega: “Otro rasgo notable en este estereotipo es que en la `república bananera’ la corrupción es práctica corriente en cada aspecto de la vida cotidiana, siendo comúnmente desobedecidas las leyes del país”.
Si no fuera porque conocemos la metodología Wikipedia podría uno pensar que hay algo de mala fe en la definición y que fue hecha para describir la Nicaragua de Ortega, la Venezuela de Chávez y la Cuba de Fidel. Con algunas diferencias. Cuba no es inestable, tiene la solidez viscosa de una cárcel de máxima seguridad. Y, aunque ambos gobiernan sus países como si fueran una junta militar, ni Ortega ni Chávez son exactamente dictadores, son presidentes elegidos.
En cambio, no hay distinción alguna en el hecho de que todas, incluida Venezuela que ha dilapidado vergonzosamente su riqueza petrolera, son naciones pobres y atrasadas. Tampoco en la constatación de que la corrupción forma parte de la vida cotidiana.
Sólo hay que recordar el mercado negro cubano, la piñata sandinista o el régimen cambiario venezolano.
Pero donde la coincidencia es absoluta es en el hecho de que en las tres son “comúnmente desobedecidas las leyes del país”. Los venezolanos, por ejemplo, ya nos hemos acostumbrado al hecho de que ley no es otra cosa que aquello que el Jefe Único desea. “Me lo expropias”, “me lo metes preso”, “me lo invades”, son las figuras literarias más representativas de la omnipotencia del tirano.
Más o menos lo mismo que en Nicaragua, el país donde el jefe político que condujo la salida del último Somoza ha terminado repitiendo las prácticas perversas de aquellos a quienes combatió. Los más recientes gestos, el fraude electoral alertado sin ambages por los observadores internacionales y la violación de la Constitución por parte del Tribunal Supremo para permitirle otro período de gobierno al jefe del somocismo sandinista, nos recuerdan que las culturas políticas bananeras tienen muchas vidas y si no se produce una profunda transformación ética terminan siendo reeditadas incluso por aquellos que alguna vez intentaron superarlas. Otros déspotas más.

sábado, 5 de noviembre de 2011

El final de un guerrillero

Mario J. Viera

Prácticamente la prensa de todo el mundo se hace eco de la noticia. Noticia de primera plana en los más importantes diarios de América Latina, Estados Unidos y Europa. La muerte de un guerrillero colombiano. “Cayó el número uno de las FARC. Es el golpe más contundente que se ha dado a esta organización en toda su historia” anunció el presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, desde la Casa de Huéspedes Ilustres de la ciudad de Cartagena de Indias.
Alfonso Cano, o más bien, Guillermo León Suárez cayó abatido por efectivos de la brigada 29 del Ejército y la Fuerza Aérea colombiana. Había escogido el camino de la violencia y violentamente encontró la muerte, como le ocurrió a Víctor Julio Suárez Rojas, el “Mono Jojoy”, como le ocurriera antes a Luis Edgar Devia, alias 'Raúl Reyes'. “Ese golpe es una comprobación de que el crimen no paga, la violencia no es un camino...”, advierte Santos.
Cuando en el juego democrático hay opciones, cuando por medio de las urnas se puede cambiar el curso de la vida política colombiana, la violencia homicida, la persistencia en un foco guerrillero, que actúa, más allá de una ideología, con métodos terroristas, con extorsiones, secuestros y ejecuciones extrajudiciales, es inaceptable. La violencia devora y sus impulsores son siempre devorados por la violencia.
Pocos llorarán la muerte del hombre que por más de 30 años llevaba una vida de forajido. Forajido es todo aquel que huye a las montañas y lanza ataques, organiza secuestros y se alía con el narcotráfico. No hay razón en la afirmación que asegura que el fin justifica los medios. Quien se decide por medios criminales demuestra que sus fines son el crimen.
Tal vez alguien, de esa izquierda latinoamericana que merece llamarse “bananera” quiera levantarle un pedestal y coronarle como héroe. Mal va un partido que necesita héroes ficticios consagrados al crimen.
El diario español EL PAIS hizo un resumen biográfico del líder supremo de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). Había nacido “en un hogar de clase media en Bogotá en 1948. Le encantaba jugar al fútbol en las calles de la ciudad, actividad que alternaba con sus actividades políticas”. Había intentado estudiar antropología y derecho en la Universidad Nacional cuando en toda la América Latina se esparcía un aura de simpatías por la recién triunfante revolución castrista. Tal vez aquel halo romántico de los guerrilleros barbudos de la Sierra Maestra le inspiró y le guió; y como señala EL PAIS ingresó en las files de las “Juventudes Comunistas (JUCO), el espacio de formación de los nuevos cuadros del Partido Comunista. Aquí se fue integrando en las corrientes izquierdistas de la lucha armada”.
No concluye sus estudios; se ha sentido portador rebelde de una verdad a medias y conspira, redacta proclamas llamando a la insurrección. En su espíritu ardían los afanes del periodo de las guerras civiles que estremecieron a Colombia; quizá tenía presente los acontecimientos que se desataron tras el asesinato de Jorge Eliecer Gaitán y culminaron en el Bogotazo. El sería reparador de injusticias y portador de la antorcha libertaria de las revoluciones; tal vez soñara en un nuevo bogotazo para arder en él con la misma pasión con la que participara aquel joven, objeto de su admiración, que había llegado de Cuba y ahora conducía un gobierno surgido de una insurrección, Fidel Castro.
Ya se había unido a las Juventudes Comunistas y hace contactos con las FARC y es invitado a dictar conferencias sobre marxismo en varios frentes guerrilleros.  En 1981 es detenido y cumpliría año y medio de prisión. La prisión política enardece a los espíritus apasionados; la cárcel no cambia el carácter de los que creen en un ideal, ya sea recto, ya sea torcido. Había recibido el beneficio de una amnistía del presidente Belisario Betancur que pretendía un cese al fuego con las guerrillas. Entonces, León Suárez se convertiría definitivamente en “Alfonso Cano”, en el ideólogo de las guerrillas marxistas.
EL PAIS destaca: “Figuró como negociador en los frustrados diálogos sostenidos desde 1991 y creó el llamado Movimiento Bolivariano por una Nueva Colombia y el Partido Comunista Clandestino (PC3), herramientas de infiltración y expansión política de las FARC”.
Al morir Manuel Marulanda, “Tiro Fijo”, Alonso Cano asume la jefatura de todo el movimiento guerrillero.
Instituto de Medicina Legal en Popayán bajo fuerte custodia militar
Soñó Cano ser un jefe victorioso, como 52 años antes había sido Fidel Castro. Se imaginaba quizá ser el líder indiscutible de un gobierno bolivariano de la Nueva Colombia. Sus ambiciones políticas se frustraron abruptamente el pasado viernes, las balas habían cortado su vida. Ahora yace su cuerpo sin vida en un cuarto de la morgue del Instituto de Medicina Legal en Popayán y bajo fuerte custodia militar. No se le rinden tributos; los honores solo son merecidos por los que combaten lealmente, por los que sacrifican su vida por el bien de los pueblos, no por los que convirtieron sus ideales en una empresa de matar, de secuestros, de operación de narcóticos.
Con su caída, las FARC presentan un panorama gris; se prevén deserciones. Sin embargo aún se mantienen en pie; su estructura de mando permite encontrarle un sustituto, alguno, tal vez con actitudes más violentas y criminales que las del propio Cano. Como dijera el expresidente Andrés Pastrana: “Uno no puede decir que sea el fin del fin porque en un grupo tan grande pueden quedar reductos que insistan en la vía militar. Sin embargo, sus posibilidades de maniobra ahora son mínimas. La única salida es seguir el ejemplo de ETA y renunciar a las armas”; o como expusiera Juan Manuel Santos: “No debemos ser triunfalistas. Todo lo contrario: debemos perseverar. Debemos insistir hasta traerles a los colombianos un país en paz".
Pero al intento totalitario de las FARC le van quedando menos posibilidades; su reino de terror se va acercando cada vez más a su final. La única opción que les queda es la desmovilización, de lo contrario, como dice el presidente colombiano su futuro es tenebroso: “Desmovilícense. De lo contrario, como hemos dicho tantas veces y como hemos comprobado, terminarán o en una cárcel o en la tumba”.

lunes, 12 de septiembre de 2011

Ni en su tierra la quieren

Mario J. Viera. Englewood, Florida

Ese fraude de Premio Nobel que responde al nombre de Rigoberta Menchú recibe solo unas décimas porcentuales de los votos  contados hasta el presente en su propia tierra, el Quiché.
Ya con el 92% de los votos escrutados los resultados son contundentes. Los favoritos son los candidatos de derecha que deberán presentarse al balotaje previsto para el 6 de noviembre, Otto Pérez Molina del Partido Patriota y Manuel Baldizón, de Libertad Democrática Renovada (LIDER), ambos candidatos de derecha, en tanto que la despistada de la izquierda bananera Rigoberta Menchú solo alcanza un modesto apoyo de solo 3.18% en todo el país.
Es la segunda ocasión que la supuesta activista por los derechos humanos se presenta como candidata presidencial. En las elecciones de 2007, la pobre, solo alcanzó un apoyo del 3.09% de los votos válidos emitidos. Parece que los guatemaltecos no confían mucho en ella.
En aquella ocasión Menchú critico las encuestas que preveía para ella entre un cuarto y un sexto lugar, acusando a los encuestadores de racistas a pocos días antes de realizarse las votaciones. El Periódico de Guatemala recogió las declaraciones de la poco apoyada candidata en su edición del 16 de septiembre de 2007: “Los encuestadores han sido racistas y nos han ignorado”, declaró mientras, como informó el diario “servía en su casa tazones humeantes con caldo de gallina al séquito de periodistas que la seguía a todos lados”.
Muy apasionada declararía: “Cuando lleguemos al Gobierno lo primero que vamos a sacar es una ley para impedir que se hagan esas encuestas privadas, que solo interfieren con las democracias y las dirigen”. Así se creía ella que sería electa como presidente de Guatemala. Como aseguró el rotativo la respuesta se la dieron los los resultado de los comicios; Rigoberta Menchú quedaría “en el séptimo puesto, con el 3.09 por ciento de los votos, una posición que ni las encuestas previeron”.
El 42% de la población guatemalteca es indígena pero los indígenas apenas votaron por ella. Ni su propia gente confiaba en ella como tampoco ahora ha confiado en la gran perdedora.
La Menchú fue lanzada a la fama internacional tras la publicación en 1983 del libro “Me llamo Rigoberta Menchú” que se redactó a partir de entrevistas gravadas en las que ofrecía sus testimonios a Elisabeth Burgos-Debray, los que para muchos están construidos sobre mitos y falacias. El antropólogo norteamericano David Stoll hizo un estudio crítico de la vida de Rigoberta Menchú y puso en tela de juicio muchos de los relatos de la laureada con el Nobel.
“¿Qué tal si gran parte de la historia de Rigoberta no es verdadera? Esta es una pregunta difícil, especialmente para alguien que, como yo, piensa que el Premio Nobel fue una buena idea. No obstante, decidí que la pregunta debía ser planteada. Mientras entrevistaba a los sobrevivientes de la violencia política a finales de los ochenta, empecé a encontrarme con problemas considerables en la historia relatada por Rigoberta al comienzo de su carrera. No hay duda respecto a los puntos más importantes: que una dictadura masacró a miles de campesinos indígenas, que las víctimas incluían a la mitad de la familia inmediata de Rigoberta, que ella misma huyó a México para ponerse a salvo, y que se unió a un movimiento revolucionario para liberar su país. En estos puntos, el relato de Rigoberta es incuestionable y merece la atención que recibe. Pero en otros aspectos, tales como la situación de su familia y su pueblo antes de la guerra, otros sobrevivientes me describieron un cuadro diferente, el cual es confirmado por los documentos disponibles” anotará Stoll en el prólogo de su libro “Rigoberta Menchú y la historia de todos los guatemaltecos pobres” aparecido en idioma inglés en 1999 por Westview Press (Boulder, Colorado, EE.UU.)
En la realización de sus investigaciones el antropólogo solicitó una entrevista con la Menchú en febrero y abril de 1997 obteniendo de la Fundación Rigoberta Menchú solo la excusa dada por correo electrónico que ella se encontraba demasiado ocupada para conceder entrevistas.
Rigoberta Menchú se ha declarado defensora de los cinco espías castristas condenados en los Estados Unidos pero jamás ha dicho una palabra a favor de los presos de conciencia que el régimen castrista había condenado a largas penas de prisión.
El 12 de abril de 2004, Rigoberta Menchú envió una carta abierta a la Comisión de Derechos Humanos de la ONU a pocos días de enjuiciar al gobierno castrista por violaciones de los derechos humanos. En esa carta la Manchú declaró: “Se intenta producir una nueva condena contra Cuba que en definitiva busca justificar el bloqueo criminal que se ha prolongado por más de cuatro décadas y que tantas carencias y dificultades han acarreado al pueblo cubano, y de paso, evadir el tratamiento objetivo e integral del tema cubano”. La supuesta defensora de los derechos humanos defiende al gobierno de Cuba que ha pisoteado durante más de cinco décadas los derechos humanos de los cubanos.
En abril de 2005 la Fundación Rigoberta Menchú criticó el voto del gobierno guatemalteco contra el gobierno castrista calificándole de “vergüenza nacional”. La fundación había declarado ante la resolución contraria al régimen cubano aprobada por 21 votos a favor, 17 en contra y 15 abstenciones y que contaron con el respaldo de Costa Rica, México y Guatemala: "Este voto constituye un acto de vergüenza nacional que demuestra la subordinación del gobierno a la agenda e intereses de Estados Unidos"; y concluye en su declaración: "Manifestamos nuestra solidaridad con Cuba y denunciamos las maniobras de Estados Unidos por construir un escenario que justifique una intervención contra la isla, tal y como ocurrió con Irak hace más de dos años".
Los electores guatemaltecos no consideraron necesaria y posible la propuesta de gobierno del Frente Amplio que apoyaba a la Menchú de “construir un nuevo sistema o modelo económico en el que el mercado no determine las necesidades y la orientación de la sociedad, sino que sea ésta la que determine la orientación y el carácter del mercado”.
Definitivamente, a Rigoberta Menchú no se la tragan ni en su propia tierra ni por los indígenas de Guatemala.

viernes, 26 de agosto de 2011

Una propuesta de hace algunos años

Coalición urgente.
La peste totalitaria no ha muerto. Cual toda epidemia se expande de cuerpo en cuerpo por simple contacto y por la acción de patógenos virulentos. El totalitarismo, esta vez representado bajo su apariencia de izquierda, amenaza al continente americano.
La caída del muro de Berlin no significó la muerte del comunismo como sistema global. Su forma más descarnada se amuralló en Cuba como la pupa de un insecto dañino. La metamorfosis del fascismo de izquierda, el comunismo, dio una forma nueva de penetración que se ido propalando por todo el continente latinoamericano.
Asume a veces la forma de movimientos progresistas adaptados a los procedimientos democráticos como en Venezuela, otras como el reclamo de los “sin tierra” del Brasil y otras como movimiento indigenista como en Bolivia o manteniendo la forma del foco guerrillero presente en Colombia.
La agitación comunista gana terreno dentro de las débiles democracias latinoamericanas. Los ideólogos de barricada aprovechan la lacra de la corrupción presente en muchos de los gobiernos del subcontinente, hacen demagogia alrededor de los sectores sociales marginados como los indios, los campesinos y los moradores de las villas miseria y enardecen a las multitudes con el fantasma del “imperialismo yanqui”.  Convierten el tema de la deuda externa, la inadecuada aplicación de los principios del neoliberalismo económico, y la incógnita de la integración y globalización económicas en banderas de lucha para adormecer conciencias.
El totalitarismo concentra fuerzas bajo el comando de la dictadura castrista. Los partidos “obreros” y socialistas no paran de peregrinar a la meca del fascismo de izquierda que somete al pueblo de Cuba.
Ante el empuje del totalitarismo se requiere la acción concertada de los hombres y mujeres de conciencia libre, de los partidarios de la democracia verdadera, de todo el continente americano, especialmente de la America Latina. Es necesario que cubanos, venezolanos, argentinos, hondureños, ecuatorianos, mexicanos, haitianos, colombianos, bolivianos, peruanos, se busquen y se unan en un Frente Antitotalitario de America Latina.
Hay que parar la penetración de los detractores de la historia, de los enemigos de los pueblos, de los asesinos de las libertades humanas, llámense Fidel Castro, Hugo Chávez, Evo Morales, Daniel Ortega o Rafael Correa.
Defendamos la libertad de opinión y de prensa, condenando el sistemático ataque al periodismo libre que se impulsa bajo el gobierno de Rafael Correa y el gobierno de Hugo Chávez.
Reunamos voluntades para la formación ahora mismo del FRENTE ANTITOTALITARIO DE AMERICA LATINA