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martes, 16 de septiembre de 2014

De rondón en el Gabacho

Mario J. Viera

El que ahora es un tema político más que manoseado en los Estados Unidos es, a no dudarlo, la reforma migratoria. Sí, se ha convertido en un estira y encoje entre los republicanos y los demócratas en la defensa de sus particulares opiniones. Todos, sin excepción, se declaran partidarios de la reforma; pero cada uno con sus muy propios matices, y, por tanto, sin llegar a un acuerdo definitivo. De este modo, la tan cacareada reforma migratoria  parece que finalmente terminará en el limbo de la legalidad. Allí donde mueren las esperanzas y existe el clamor y el crujir de dientes.

Sin embargo el asunto (la “inmigración ilegal”, “no ilegal”, sino, mejor usar el eufemismo “indocumentada” que, en definitiva y simplemente es furtiva o, según el término gubernamental, illegal alien) se va más allá de los debates y confrontaciones entre las cámaras alta y baja del Congreso y entre el Congreso y la Casa Blanca, para convertirse en debate nacional o cuasi nacional y casi casi en un conflicto étnico de enfrentamiento entre hispanos y anglos, como al menos así algunos activistas pro reforma migratoria parecen insinuarle.

Cuando por boca de organizaciones, como Fraternidad Americana, Consejo Nacional de la  Raza, Mujeres Pro reforma Migratoria y muchas otras de semejante carácter, se habla de inmigración furtiva, se piensa solo en la inmigración ilegal proveniente de Hispanoamérica. Nada se dice y nadie piensa en inmigrantes indocumentados e ilegales de Europa, de Asia y de África, solo se piensa en “hispanos”; y cuando se habla de hispanos, al menos por el clamor de las organizaciones mencionadas, se está pensando en mexicanos.

Ciertamente la mayor comunidad de inmigrantes furtivos hacia los Estados Unidos proviene de México, de ahí que los republicanos exigen que antes de hablar de reforma hay que “asegurar” la frontera sur.

¿Cuántos millones de mexicanos se encuentran viviendo en las sombras dentro del Gabacho, como ellos despectivamente denominan al país a donde, a riesgo de sus propias vidas, viajando en el tren terrible llamado “La Bestia”, cruzando a nado el Rio Bravo, atravesando los desiertos de Nuevo México y Arizona, desangrándose en manos de la delincuencia organizada de coyotes y polleros, intentan emigrar?

Ciertamente son muchos. Se calcula (Pew Hispanic Center) que en 2012 el 52 % de inmigrantes furtivos en Estados Unidos provenían de México. En 1996 se calculaba en aproximadamente 2 700 000 los inmigrantes ilegales o indocumentados mexicanos presentes en Estados Unidos.

Según esta misma organización en marzo de 2006 la “población no autorizada” era de 11.5 a 12 millones. En este informe de 2006, se establecía una población de inmigrantes ilegales provenientes de México en 6,2 millones o el 56% de todos los inmigrantes ilegales en Estados Unidos.

Procedentes de la América Latina, principalmente de Centro América, los inmigrantes ilegales alcanzaron una cifra de alrededor de 2,5 millones, para constituir el 22% de todos los inmigrantes ilegales.

De acuerdo con datos oficiales del Gobierno de los Estados Unidos en el 2009, el 62 % de los inmigrantes ilegales en Estados Unidos procedía de México para un total aproximado de 6 millones 650 mil. Procedentes de Centro América se contabilizó aproximadamente en 1 millón 42 mil, para un 12% del total de inmigrantes indocumentados.

Según el Departamento de Seguridad Nacional en el 2012 se hicieron ciudadanas de Estados Unidos 757,434 personas. Provenientes de América Latina y España un total de 298,326, lo que significa que un 39.38 por ciento de los naturalizados eran de origen hispano. De ellos 102,181 mexicanos alcanzaron la ciudadanía estadounidenses; es decir el 34.25%. Los cinco países que más ciudadanos hispanos aportaron al tejido estadounidense en 2012 son México (102,181 naturalizados), Republica Dominicana (33,351), Cuba (31,244), Colombia (23,972) y El Salvador (16,685).

La comunidad hispana en Estados Unidos es numerosa, se calcula que asciende a 50.5 millones de residentes (13% del total), con fuerte presencia en estados como Nuevo México (46.3%), California (37.6%), Texas (37.6%), Arizona (29,6%), Nevada (26,5%), Florida (22.5%), Colorado (20.7%). Sin embargo la comunidad hispana es políticamente débil, pues gran parte de sus miembros no se naturalizan como ciudadanos de Estados Unidos debido a las barreras idiomáticas y a los altos costos que representa económicamente el proceso de naturalización.

En los últimos comicios presidenciales solo el 24% (12.2 millones) de todos los hispanos ejercieron el derecho al voto; o si se compara con el total de hispanos con derecho al voto que, de acuerdo con el Centro Pew Hispano, es superior a los 21.7 millones, su participación fue del 56.2%.

En general y según considera la Asociación Nacional de Funcionarios Latinos Designados y Electos hay un gran problema de participación política en la comunidad latina. Ya sea por falta de leyes que promuevan el acceso al voto de las minorías o por falta de interés de los hispanos por salir a votar. Realmente esta última razón es la determinante en la participación del voto hispano, poco interés en ejercer el derecho al voto. Aquí radica la principal debilidad de toda la comunidad hispana.

¿Y el tema migratorio? Quizá los más interesados sean, precisamente, aquellos que no pueden ejercer el voto, los propios indocumentados o inmigrantes furtivos y principalmente aquellos de origen mexicano. Entre los votantes hispanos el tema de la inmigración no tiene un peso significativo dentro de sus prioridades electorales. Efectivamente en un sondeo realizado por Fox News Latino con vistas a las elecciones de 2012 se estableció que el 48% de los posibles votantes latinos consideró la economía como el asunto más importante que definiría su voto, mientras que sólo el 6% aseguraron que votaría en función del asunto migratorio. La inmigración se colocó en el quinto lugar de prioridades, detrás de preocupaciones como la economía (14%), la educación (11%), y los asuntos sociales (8%), mientras que la seguridad nacional y la defensa fueron mencionadas en sexto lugar, con un 5%.

Estas prioridades no difieren significativamente con los resultados de una encuesta realizada en abril de 2014 por el Public Religion Research Institute y The Brookings Institution, según los datos obtenidos, las prioridades en orden de importancia fueron: 1) empleos, 2) atención médica y déficit presupuestario, 3) valores morales, 4) inmigración y 5) cambio climático.  

Resulta patético escuchar las alegaciones de algunas organizaciones “pro inmigrantes” ilegales (principalmente de mexicanos). Unos dicen que esos inmigrantes han llegado para fortalecer la economía americana; otros dicen que aquellos que se oponen a una reforma integral de inmigración o aquellos que no son lo suficiente cálidos a favor de la misma están en contra de “nuestra comunidad”; muchos alegan que Estados Unidos es tierra de inmigrantes y hasta denominan al presidente Barack Obama como “deportador en jefe”.

Vemos muchas manifestaciones reclamando, más bien, exigiendo que se legalicen los indocumentados ─ los inmigrantes furtivos ─, y lo reclaman alegando que es su derecho, su derecho humano. Así se desfila en fechas significativas del comunismo como es la del Primero de Mayo o se presentan filmes como “Un día sin mexicanos”, o se organizan boicots en algunos estados. Todo un movimiento de reclamo en tierra extranjera.

Estados Unidos, ciertamente, es un país de inmigrantes, como lo han sido en sus inicios todos los países del continente. Estados Unidos es la meta ambicionada para todos los desesperados del mundo que sufren la agonía de sus economías. La miseria presente en muchas regiones de América Latina, en pueblos empobrecidos, sin adecuada asistencia médica, sin presencia de escuelas, con altos índices de desempleo y con empleos con paupérrimos salarios, unido a la violencia, al crecimiento de la delincuencia organizada junto a una escandalosa corrupción administrativa, impone a los más necesitados huir de sus países en busca de una considerable mejoría en sus condiciones de vida, y huyen ¿hacia dónde?, hacia los Estados Unidos, país con el que no sienten particular simpatía en la generalidad de los que en él buscan refugio.

Por supuesto a gobiernos como el de México, El Salvador, Honduras y Guatemala, la emigración masiva de sus países les conviene, les quita presión social, le reportan un buen ingreso de divisas provenientes de las remesas familiares de sus migrantes. En estos países existen cuatro industrias megamillonarias: el narcotráfico, los secuestros, el contrabando humano y las remesas desde el exterior. Realmente cuando en un país sus ciudadanos emigran masiva es porque existe en ese país un grave problema de gobernabilidad.

Llegan a arañar la tierra, a conseguirse un dólar a como sea, a reunir un poco para enviarlo a sus familias dejadas atrás en sus tierras y sin el menor esfuerzo para identificarse con los patrones de conducta, creencias y hábitos de la sociedad donde, de modo solapado, se han insertado. La gran mayoría de los que aquí llegan poseen bajos índices académicos y sin dominio del inglés obligándose a emplearse en trabajos de bajas calificaciones.

Estados Unidos es un país de leyes. Esto se repite hasta hacerse una frase trillada, pero es verdad, y el Ejecutivo de este país, como se supone para el Ejecutivo de cualquier otro país, está obligado, en primer lugar, a cumplir las leyes; en segundo lugar, a hacerlas cumplir. Entre otras leyes que un presidente de Estados Unidos está obligado a hacer cumplir, están las de inmigración que ordenan deportar a los que de modo ilegal han entrado al país.

De acuerdo con cifras divulgadas por la BBC (26 de marzo de 2014), en 2013 fueron deportadas 368.644 personas. Unos 133.000 deportados fueron aprehendidos en el interior del territorio estadounidense en tanto que 235.000 fueron detenciones en la frontera con México. Más de la mitad de los deportados, el 59% o un total de 216.810 estaban condenados por  un delito (crimen) anterior. La mayor parte de los deportados en ese año fueron los mexicanos con un total de 241. 493; guatemaltecos 47.769 y hondureños 37.049.

México no es Cuba, ni mucho menos Corea del Norte, donde se reprimen las manifestaciones de protestas, donde no existe prensa independiente del Estado, donde están ilegalizados los partidos de oposición y solo domina un poderoso Partido-Estado, que reprime con prisión y golpizas cualquier manifestación disidente.

Si con el mismo entusiasmo que los mexicanos exigen un derecho que no les corresponde en los Estados Unidos, en el Gabacho, exigieran en su país mejores condiciones de vida, mejores salarios, más oportunidades de prosperidad, eliminación de la corrupción en todas las estancias gubernamentales y judiciales, lucha efectiva contra la delincuencia organizada y la violencia, haciendo uso de las protestas masivas, agrupándose dentro de organizaciones que se creen para impulsar estos reclamos, exigiéndoles a los políticos locales con el ejercicio del voto, impulsando fuertes campañas a favor de las demandas sociales; exigiendo que desaparezcan las condiciones socio-económicas que incentivan a la emigración, quizá, tal vez, los mexicanos no se vean forzados a escapar de su país huyendo de la miseria, ni tener que entrar de rondón en el gabacho para vivir en un mundo de sombras y, entonces sí y solo así podrán proclamar su chovinismo gritando: “¡Viva México!”, “¡Como México no hay dos!” y puedan lanzar su eterna consigna de “¡Sí se puede!”.


No olviden que en México no está instaurado un régimen totalitario, aunque la democracia allí, todavía le falta mucho para ser una verdadera democracia. Allí pueden luchar sin necesidad de hacer reclamos en el Gabacho, en Gringolandia. 

jueves, 3 de julio de 2014

EEUU se equivoca con niños migrantes


Andrés Oppenheimer. EL NUEVO HERALD

La promesa del presidente Barack Obama de firmar decretos ejecutivos para reformar el sistema de inmigración y detener la avalancha de niños centroamericanos a Estados Unidos es una buena noticia. Pero me temo que no ayudará mucho porque no ataca el problema de fondo, que es el hecho de que un 60% de los niños de Centroamérica no terminan la escuela secundaria, y están en las calles.
Obama anunció que, dada la negativa de los republicanos en la Cámara de Representantes a aprobar la reforma inmigratoria que ya fue aprobada por el Senado el año pasado, actuará de manera unilateral en las próximas semanas para tratar de resolver la crisis migratoria.
Obama fue impulsado a actuar luego de la crisis humanitaria disparada por los casi 50,000 niños centroamericanos que han cruzado la frontera sin sus padres, y sin documentos inmigratorios, desde el 1 de octubre. Casi todos ellos huyen de El Salvador, Guatemala y Honduras, por la violencia de las bandas del narcotráfico y por la desesperanza económica existente en sus países.
Pero el plan de Obama de detener la oleada de niños centroamericanos se centra casi exclusivamente en medidas policíacas, como la creación de nuevos centros de detención y controles en la frontera.
En una carta al Congreso del 30 de junio, Obama pidió “un incremento de seguridad en la frontera” y “una agresiva estrategia de disuasión”. La administración Obama ha dicho que destinará $161,500 millones este año a la Iniciativa de Seguridad Regional Centroamericana, para financiar los desafíos más urgentes de seguridad y gobernabilidad de la región.
¿Pero lograrán este tipo de medidas frenar el flujo de niños centroamericanos? Lo dudo mucho. Con suerte, contribuirán marginalmente a reducir las estadísticas a corto plazo.
La razón de fondo por la que tantos niños no acompañados de El Salvador, Guatemala y Honduras están cruzando la frontera de Estados Unidos es que abandonan la escuela y están viviendo en las calles, con pocas alternativas fuera de unirse a las pandillas del narcotráfico o convertirse en sus víctimas.
Recientemente me topé con una escalofriante estadística del Banco Interamericano de Desarrollo (BID): solo el 27% de los jóvenes de Guatemala, 40% de los de Honduras y 41% de los de El Salvador terminan la escuela secundaria.
Sí, leyeron bien: más del 60% de los adolescentes centroamericanos no van a la escuela, y están viviendo en la calle en algunos de los países con índices más elevado de homicidios del mundo.
No resulta sorprendente, entonces, que los padres de muchos de esos niños y niñas centroamericanos, temerosos de verlas violadas o asesinados por las pandillas, los insten a huir al exterior. Y no solo a Estados Unidos: se están yendo a otros países.
Según la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para Refugiados, aunque el número de migrantes — incluidos los niños — de El Salvador, Guatemala y Honduras que han pedido asilo en Estados Unidos ha subido un 757% desde el 2008, el número de migrantes de esos tres países que han pedido asilo en otras naciones de la región, como México y Panamá, ha subido un 712%.
Además de la violencia del narcotráfico, los niños centroamericanos no tienen perspectivas económicas. Las economías de sus países están congeladas en el tiempo, viviendo de un puñado de exportaciones agrícolas y de las remesas familiares provenientes de Estados Unidos.
En parte, por un absurdo nacionalismo que impide una integración centroamericana que permita que estas diminutas economías puedan complementarse y ser más competitivas, y por el pésimo nivel educativo que les impide elaborar productos más sofisticados, el futuro económico de Centroamérica es sombrío.
Gador Manzano, una especialista en educación del BID, me señaló que los estudios en el estado de Jalisco, México, y en otras partes del mundo han demostrado que cuanto más tiempo permanecen los niños en la escuela, es menos probable que emigren.
“Ir más años a la escuela no garantiza que los niños centroamericanos no vayan a emigrar, pero disminuye las posibilidades”, me dijo Manzano. “Cuanto más años pasan en la escuela, tanto más probable es que se pongan de novios, o encuentren un trabajo, o echen más raíces en su país”.
Mi opinión: El plan de Obama de abrir nuevos centros de detención en la frontera, deportar más niños centroamericanos inmigrantes y darle más ayuda a los ejércitos y las policías centroamericanas puede contribuir a mitigar la última crisis migratoria, pero no demasiado.
En vez de centrarse casi exclusivamente en fortalecer la Iniciativa de Seguridad Regional Centroamericana y otros planes de ese tipo, Obama debería lanzar una Iniciativa de Educación Regional Centroamericana para ayudar a que los niños de esos países pasen más tiempo en la escuela, y menos en las calles. Sin un plan para mejorar la educación, los niños seguirán escapando de la realidad de sus países.