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domingo, 24 de septiembre de 2017

Y bien, Bruno Rodríguez responde al discurso de Trump ante las Naciones Unidas.

Mario J. Viera



El día 22 de septiembre, Bruno Rodríguez Parrilla, ministro de relaciones exteriores del castrismo, se puso de pie y se dirigió a ocupar sitio en el Podio de la Asamblea General de la ONU. Y comenzó a hablar. Muchos temas de interés se han de tratar en este 72 periodo de sesiones de las Naciones Unidas, pero Rodríguez se centrará en dar respuestas al discurso que antes pronunciara Mr. Donald Trump. Lo primero que hace es declarar que el gobierno cubano nada tiene que ver con los ataques acústicos contra personal diplomático de Estados Unidos acreditados en Cuba, algo que en realidad las investigaciones efectuadas no han encontrado evidencias de la participación castrista en esos supuestos ataques, pese a todas las “buenas” intenciones del senador floridano Marco Rubio que se empeña en achacar la agresión a los medios de inteligencia castristas. Por supuesto enfatizó en que Cuba cumple con todas sus obligaciones emanadas de la Convención de Viena, aunque en realidad no siempre ha sido así, solo baste recordar la crisis de las embajadas de 1990.

Pero el discurso de Trump le da argumentos de apoyo a la retórica demagógica del funcionario de Raúl Castro para las relaciones exteriores y para calificar las palabras expresadas por Trump como “insólitas, agresivas, de dominación y descarnadamente imperialistas”, calificativos con que muchos de los participantes de la Asamblea General estarían de acuerdo.

La posición antiinmigrante del mandatario estadounidense es fuente de animadas críticas en medios diplomáticos sirviendo de pasto nutricio para el ataque del diplomático cubano, más que contra el mismo Trump, contra los Estados Unidos; es que la construcción de muros y barreras contra la inmigración, todo el mundo estará de acuerdo con Rodríguez, “No resuelven la pobreza y el subdesarrollo” y ahí tiene el castrista un punto de mira para sus ataques. “¿Acaso ─ indaga ─ pueden olvidarse las consecuencias del colonialismo y el imperialismo?”, tesis fundamental de Las venas abiertas de América Latina, la Biblia de la izquierda bananera.

La aferración de Donald Trump a negar el cambio climático y su obsesión de impulsar el desarrollo de las carboníferas y, al mismo tiempo, decidir retirar a Estados Unidos del Pacto de París, decisión que cuenta con el rechazo de prácticamente todos los Estados del mundo le sirve de fundamento a Rodríguez donde afirmar que el gobierno que representa es un campeón en la defensa del medio ambiente: “Cuba lamenta la decisión del gobierno de Estados Unidos, el principal emisor histórico de gases de efecto invernadero, de retirar a su país del Acuerdo París”. Entonces, tal como reportó el libelo Granma, Rodríguez reiteró que “el cambio climático es una amenaza para el desarrollo de las naciones del orbe” y se refirió “en específico a las pequeñas naciones del Caribe en ese sentido, para las cuales pidió un trato especial y diferenciado”. ¡Cuba la defensora de las pequeñas naciones del Caribe!

¡Ah, la cuestión atómica! La afirmación de Donald Trump de aumentar las capacidades nucleares del armamento de guerra de los Estados Unidos. El conflicto con Corea del Norte al que le gobernante americano no acaba de encontrar una solución inteligente y práctica, alimentó la retórica del jefe de la diplomacia castrista. Y señala que es necesario eliminar la producción y uso por parte de todos los países de las armas nucleares... Tema sensible, para la gran mayoría de las naciones del orbe y aún más inquietante en el diferendo Corea del Norte/Estados Unidos. Sí, argumentó con el recién alcanzado Acuerdo mundial para eliminar la producción y el uso de las armas nucleares para un Tratado sobre la Prohibición de las Armas Atómicas a ser ratificado por la firma de los estados a partir del pasado 20 de septiembre. Y resalta Rodríguez diciendo: “Estados Unidos se opuso”. Esto es demasiado tajante para ser exacto y preciso.

De los 192 Estados miembros de las Naciones Unidas participaron en las negociaciones 124, la mayor parte de los países miembros del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) no participaron en aquellas negociaciones con la excepción de Holanda que en definitiva votaría en contra de la resolución. Los principales países poseedores de armas atómicas, Estados Unidos, Rusia, Reino Unido, China, Francia, India, Pakistán, Israel y Corea del Norte ni siquiera asistieron a los debates. Según el New York Times, Estados Unidos junto al Reino Unido y Francia declararon: “No tenemos la intención de firmar, ratificar o siquiera ser parte del tratado”, señalándose además que “una prohibición de las armas nucleares que no sea capaz de solucionar los problemas de seguridad que vuelven necesaria la disuasión nuclear no logrará culminar en la eliminación de ningún arma nuclear y no mejorará la seguridad de ningún país ni brindará paz y seguridad internacional”; y consideraron que el acuerdo era “equivocado e imprudente, en particular ahora que Corea del Norte está amenazando con atacar el territorio estadounidense con misiles que tienen ojivas nucleares”. Algo que tiene mucho sentido en las condiciones actuales de la realpolitik. Aunque, no obstante, Rodríguez reafirma que su gobierno apoya la desnuclearización total de la península coreana sin injerencias externas y rechaza “la retórica belicista en la península coreana, que conduciría a una conflagración de consecuencias impredecibles”; por supuesto no ofrece fórmula alguna para alcanzar el propósito de la desnuclearización dotal de la península coreana sin externas injerencias, como dejándolo a la buena voluntad del dictador coreano. Como lo declaró la representante de Estados Unidos ante las Naciones Unidas, Nikki Haley: “¿Acaso hay alguien que cree que Corea del Norte aceptaría una prohibición de armas nucleares? No hay nada que no quiera más para mi familia que un mundo sin armas nucleares, pero hay que ser realistas”.

Pero como ha anotado Beatriz Fihn, directora ejecutiva de la Campaña Internacional para Abolir las Armas Nucleares la teoría de la disuasión para el mantenimiento de la paz se pone en entre dichos con la confrontación Estados Unidos y Corea del Norte con motivo de las armas nucleares y los misiles balísticos de los norcoreanos. “La teoría solo funciona si estás listo para usar armas nucleares, de otro modo tu oponente reconocerá el engaño”, afirmó Fihn; pero la base de la persuasión está en “la percepción de que los líderes son racionales y cuerdos”, algo que no caracteriza, de ningún modo a Kim Jong-un ni a Donald Trump.


Y concluye su alocución el representante del castrismo haciendo primero unas reflexiones a favor de la dictadura madurista de Venezuela a propósito de las afirmaciones de Trump sobre la situación del país sudamericano y rechazando “las amenazas contra la República de Venezuela”. Aunque Trump fue firme calificando la situación de Venezuela, su lenguaje, en esta ocasión, fue menos efectivo que antes cuando dejó abierta la posibilidad de una intervención armada en Venezuela, algo, por supuesto completamente estúpido, pero que le resulta útil a todos los críticos de los Estados Unidos y alimenta las piras de la izquierda bananera de América Latina. Al final cerró refiriéndose a las relaciones Cuba-Estados Unidos y anunciando que Cuba presentará el 1 de noviembre la resolución sobre la necesidad de poner fin al bloqueo económico, financiero y comercial contra la Isla. El llanto de siempre y la justificación eterna para hacer caer la culpa del fracaso socio-económico del país, no en la errónea conducción de la política nacional por el voluntarismo castrista, sino en las condiciones del embargo comercial.

viernes, 5 de abril de 2013

Castro, Obama y Corea


Mario J. Viera

Castro, el mayor, el que vegeta en Punto Cero, ha salido de su letargo literario y ha publicado una nueva de sus “reflexiones”. Corea le despertó, y se despierta hablando del deber de evitar una guerra en Corea. Loable intención ante “la gravedad de un hecho tan increíble y absurdo como es la situación creada en la península de Corea”, según sus propias palabras. Pero, en todo lo que brote del cacumen del gran reflexionante siempre hay un pero, no puso en claro quién es el responsable de la situación creada en Corea.

O tal vez sí, pero lanzando el dardo hacia otro objetivo. Para Castro no es el Brillante Camarada Kim Jong-un el hijo del Querido Líder Kim Jong-il y nieto del Gran Líder Kim Il Sung  quien ha atizado el conflicto artificial que estremece no solo a toda Corea sino que se extiende hasta Japón, Guam y el territorio de los Estados Unidos.

Considerando que se “trata de uno de los más graves riesgos de guerra nuclear después de la Crisis de Octubre en 1962 en torno a Cuba, hace 50 años” arroja la responsabilidad del estallido del conflicto en Corea sobre el presidente de Estados Unidos Barack Obama, y acusa:

Si allí estallara un conflicto de esa índole, el Gobierno de Barack Obama en su segundo mandato quedaría sepultado por un diluvio de imágenes que lo presentarían como el más siniestro personaje de la historia de Estados Unidos. El deber de evitarlo es también suyo y del pueblo de Estados Unidos.

Cómo se supone, según Castro, que Obama y el pueblo de Estados Unidos eviten el estallido de una guerra nuclear en la península coreana, no lo aclaró el reflexionante. Tal vez para Castro, el modo factible de evitar el conflicto sea ceder ante los chantajes de un gobierno de maniáticos aceptando su armamento nuclear y brindándole ayuda humanitaria para alimentar a una población expoliada y hambreada por ese gobierno.

Corea del Norte es el agresor. Ya antes había lanzado ataques sobre el territorio del Sur como sucedió en noviembre de 2010 cuando su artillería bombardeara a Yeonpyeong, una isla surcoreana en el Mar Amarillo, causando la muerte de dos militares sudcoreanos e hiriendo a 12 al igual que a varios civiles. En enero de ese mismo año hubo un intercambio de disparos entre el Norte y el Sur, luego que las baterías de Corea del Norte abrieran fuego sobre territorio del Sur. En marzo un torpedo norcoreano hundió un barco del Sur con 46 soldados a bordo.

En octubre del pasado año el gobierno de Kim Jong-un amenazó con lanzar un ataque contra la ciudad fronteriza surcoreana de Paju por lo que denominó de guerra psicológica de Corea del Sur, cuando activistas lanzaron globos con panfletos propagandísticos contrarios al régimen de Pionyang desde el pabellón de Rimjin.

Las fantochadas actuales del oligofrénico líder de Corea del Norte  se originaron a partir del acuerdo tomado por unanimidad del Consejo de Seguridad de las Naciones de imponer nuevas sanciones contra Corea del Norte respondiendo al ensayo nuclear que efectuara el pasado mes de febrero.

Sin embargo el régimen del comunismo desfasado de Pionyang está jugando con fuego y puede que se consuma en el fuego que pretender atizar. Corea del Norte no es la misma de 1950 cuando el 12 de junio invadiera el Sur a impulsos de Kim Il Sung y aún entonces aquel intento pudo haber sido condenado al fracaso si no hubiera sido por la participación de China en el conflicto alentado dentro del periodo de la guerra fría. Hoy Corea del Norte no cuenta con el apoyo de China para sus aventuras bélicas. China está más interesada en su expansión económica que en su expansión ideológica. Le interesa más hacer negocio con Corea del Sur y con Estados Unidos que mimar al parasitismo norcoreano.

Kim Jong-Un puede encontrarse un hueso duro de roer en la Princesa de Hielo, Park Geun-hye la actual presidenta de Corea del Sur, una mujer fuerte que conoce lo que significa el poder, que no es neófita en la cultura militar como lo es el obeso Brillante Camarada. Park Geun-hye ha declarado: "La razón de ser de las Fuerzas Armadas es proteger al país y al pueblo de las amenazas" y convencida de tal aserto está decidida y ha ordenado al ejército sur coreano “responder con fuerza y sin consideraciones políticas” ante un ataque procedente del Norte.

Castro entre líneas justifica la política aventurera y provocadora de Corea del Norte, un régimen con el que tiene numerosos puntos de identidad. Entonces dice: “La República Popular Democrática de Corea siempre fue amistosa con Cuba, como Cuba lo ha sido siempre y lo seguirá siendo con ella”.

Es necesario corregir el error de identidad castrista. Corea del Norte ─ que de popular y democrática solo tiene el nombre ─ nunca ha sido amistosa con Cuba; Cuba nunca mantuvo relaciones diplomáticas con Corea del Norte antes de la instauración del régimen comunista en la isla. Cuba, en el conjunto de toda su ciudadanía, nunca ha sido, ni nunca lo será, amiga de Corea del Norte, porque Cuba no es el castrismo ni el castrismo es la identidad de lo cubano.

Sin embargo, a propósito de esta declaración de Castro, vale mencionar un hecho que viví personalmente. Por los años finales de la década de los 80, yo trabajaba como ingeniero agrónomo en una empresa cañera estatal del municipio de Bauta, de nombre Amistad Cubano-Coreana. Como otros profesionales de la misma empresa recibí unos libros primorosamente editados que nos enviara la embajada de Corea del Norte. Aquellos libros contenían discursos de Kim Il-Sung y había uno en especial que trataba  sobre la ideología Juche, el marxismo-leninismo a lo coreano.

Sin embargo el Juche era visto con desprecio y sospecha por parte de los dirigentes comunistas pues lo consideraban ideológicamente deformado; así fue que nos recogieron los libros y nos advirtieron que debíamos informar cada vez que nos volvieran a regalar nuevos libros o la revista, si no recuerdo mal, llamada Corea de Hoy, o algo así.

Así Castro, reconociendo los avances técnicos y científicos de Corea del Norte que sin embargo no sirven para alimentar a su pueblo, le recuerda “sus deberes con los países que han sido sus grandes amigos, y no sería justo olvidar que tal guerra afectaría de modo especial a más del 70 % de la población del planeta”. Es decir que el malcriado tenga presente que estará solo sin la ayuda de chinos y de rusos y si hay guerra esa será culpa de Obama no del impoluto y candoroso líder de la tan democrática y popular Corea del Norte.


jueves, 4 de abril de 2013

El payaso de Pyongyang


Eugenio Yáñez. CUBAENCUENTRO

El territorio de Corea del Sur es menor que el de Corea del Norte, pero el Producto Interno Bruto (PIB) del Sur es 40 veces mayor que el del Norte. A nivel mundial, el PIB per cápita del sur ocupa el lugar número 40; el del norte, el 197. En Corea del Sur se celebran elecciones multipartidistas periódicamente, en Corea del Norte la misma dinastía de los Kim (abuelo, hijo, nieto) gobierna desde hace más de sesenta años. ¿Hay que decir algo más para entender por qué esas diferencias entre el Norte y el Sur?

El payaso de Pyongyang es un inexperto jovenzuelo muy conocido en su casa a la hora del almuerzo, que dicen que pasó por escuelas suizas, aunque las escuelas suizas no pasaron por él, “fan” de Walt Disney y del basket profesional americano (donde apareció otro payaso que materializó el clásico refrán francés de que “un tonto siempre encuentra a uno más tonto que lo admira”). Un día, por obra y gracia de la brutal tiranía que impera en su país, fue ascendido a general de cuatro estrellas sin haber disparado un solo tiro, y proclamado líder supremo, aunque aparentemente todavía no controla por sí mismo todos los resortes del poder. Y cree que puede jugar con armas nucleares y misiles como si se tratara de un Nintendo.

Sin tener legitimidad otorgada por las urnas o por un historial combativo, y frente a las sanciones que las naciones serias le imponen a su gobierno por su irresponsabilidad y temeridad, necesita desesperadamente conseguir ayudas alimenticias internacionales, que ni siquiera agradece, y presentarse ante su hambreado y sufrido pueblo como duro e indomable, para ganar protagonismo y reconocimiento. Entonces, recurriendo a la tradición chantajista de la dinastía Kim, lo único que se le ocurre es amenazar a Estados Unidos y Corea del Sur con ataques nucleares, idiotez que ni siquiera en los peores momentos de la Guerra Fría les pasó por la cabeza a los jerarcas comunistas. Solamente Fidel Castro lo intentó, sibilinamente, a través de los soviéticos durante la Crisis de Octubre de 1962, lo que sólo se conoció muchos años después, con la publicación de las memorias de Nikita Jrushov.

El payaso de Pyongyang ignora cuestiones elementales, como el hecho de que lanzar un ataque nuclear contra Estados Unidos o Corea del Sur lo menos que puede esperar es un nivel de represalia aplastante que borraría del mapa al agresor. Hasta los soviéticos, a pesar de su impresionante poderío nuclear, sabían eso.

Para que un misil nuclear de largo alcance constituya amenaza efectiva contra Estados Unidos son imprescindibles por lo menos cinco condiciones: disponer de silos de lanzamiento que no puedan ser destruidos por el enemigo antes del disparo; alcance de los misiles para llegar hasta los blancos pre-determinados; absoluta confiabilidad de que el misil disparado mantendrá su rumbo sin caer en la cabeza de los propios atacantes por fallos de funcionamiento; posibilidad realista de neutralizar los sistemas antimisiles del país-objetivo del ataque nuclear; y efectiva capacidad de miniaturización de las ojivas nucleares.

La obsoleta tecnología norcoreana no cumple ni medianamente ninguna de estas cinco condiciones señaladas, en un país donde la inteligencia occidental duda seriamente si su fuerza aérea dispone de combustible suficiente para que puedan volar sus aviones de combate. A pesar de eso, en su más reciente reunión partidista se propugnó la carrera nuclear sobre la indispensable alimentación y subsistencia de la población.

Sin embargo, el payaso podría ordenar ataques con armas convencionales y misiles tácticos contra Corea del Sur, y provocar grandes daños en Seúl y sus alrededores, donde viven 25 millones de personas y se emplazan más de 28,000 militares estadounidenses. Ya Washington y Seúl dijeron claramente que se toman “muy en serio” la situación. Suponer que no habría una respuesta demoledora de ambas naciones contra los agresores del norte es una quimera.

Es de esperar que los mandos militares norcoreanos de nivel superior, con calificación y experiencia para comprender que las cantaletas del payaso de Pyongyang son solamente eso, y que en ninguna circunstancia podrían ir más allá de malacrianzas de niño majadero pataleando y escandalizando, impidan que sus locuras de mariscal de play-station se materialicen, a no ser que todos esos mandos militares hubieran perdido la razón. ¿Sería posible? Si recordamos la ceguera y fanatismo de muchos calificados mariscales y generales alemanes bajo Hitler, la conclusión podría ser sobrecogedora.

Por otra parte, aunque no se hayan detectado hasta el momento movimientos bélicos inusuales en el norte que sugieran una posible agresión en preparación, no puede desecharse que, en medio de tantas escaladas, tensiones, lenguaje belicoso, y demasiado armamento en máxima alerta en aire, mar y tierra, un disparo accidental, desde cualquier parte, pudiera ser el tétrico detonante de un enfrentamiento de incalculables consecuencias, no solamente para la península coreana, sino para toda la humanidad.

El payaso de Pyongyang cree que poseer una fuerza nuclear “permite disuadir y garantizar y proteger nuestra soberanía”. En la propaganda para consumo interno norcoreano será tolerable ese disparate, pero para la realpolitik y los análisis serios de correlación de fuerzas militares, esa declaración no sobrepasa el pataleo de ahorcados.

La camarilla que dirige Corea del Norte, y que disfruta la vida como si fueran monarcas feudales europeos, de espaldas a las miserias de su pueblo, debería mantener la sensatez suficiente para evitar auto-aniquilarse en un infierno nuclear o convencional, recordándole al payaso de Pyongyang que la función termina temprano y que, como no hay electricidad suficiente en el país, hay que acostarse a dormir.

martes, 2 de abril de 2013

Corea: ¿juegos peligrosos?


Joaquín Hernández. HOY.com

No está claro hasta dónde quiere llegar Corea del Norte con sus amenazas de guerra a su vecina Corea del Sur y a los Estados Unidos. La cobertura internacional de la noticia es baja (basta comparar con la elección del nuevo Papa o la derrota de Gadafi) y según las agencias de prensa internacionales ni los propios sudcoreanos, ─ incluso los que viven cerca de la frontera en la zona desmilitarizada del paralelo 38, ─ parecen sentirse demasiado preocupados. Parte, porque el uso del lenguaje agresivo y bélico ha sido un recurso continuo del régimen de Corea del Norte. Parte porque confían en la capacidad estratégica y militar de los EE.UU, sus principales aliados y en realidad los garantes de su supervivencia. Parte porque los sudcoreanos están más preocupados por sus problemas económicos: aumento del índice de paro y debilidad de la tasa de crecimiento. "En Seúl, la gente está como inmunizada por las provocaciones de Pyongyang" resume la corresponsal de Le Monde en Corea del Sur, Elise Barthet.

En julio de este año se cumplen seis décadas en que concluyó la guerra de Corea (1950-1953). En realidad no terminó propiamente porque nunca se firmó un tratado de paz sino solamente un armisticio entre las fuerzas combatientes de entonces, los norcoreanos y los chinos por un lado y el comando de la OTAN por el otro. Ha sido, ─ como dice el corresponsal del ABC — una guerra de nunca acabar en la que no han faltado episodios violentos y sangrientos que pudieron haber encendido la mecha de una nueva confrontación como el del año 2010.

La actual presidenta de Corea del Sur, Park-Geung-hye ha asumido el problema con toda firmeza y no ha dudado en prometer una respuesta contundente a sus vecinos y confirmar nuevas maniobras militares con los EEUU este mes. Durante su campaña electoral ensalzó como modelos de gestión gubernamental liderados por mujeres a Margaret Tatcher y a Angela Merkel. Precisamente porque lo que interesaba a sus votantes era el tema económico que en términos numéricos significa pasar del crecimiento del 2% del año pasado al 5% o al 6% de años anteriores. El problema de Corea del Sur, pese a sus "Silicon Valley", a sus ciudades del conocimiento y a sus PhD produciendo patentes, es que depende totalmente de las exportaciones. Sus principales clientes, China, los EE UU y la Unión Europea han bajado sensiblemente sus importaciones.

Lo que la actual crisis coreana revela entre otras cosas es que el modelo de desarrollo implementado por el gobierno de Seúl depende del complejo paraguas bélico, financiero y tecnológico de los EE UU. Las maniobras militares conjuntas forman parte del paraguas que permite tranquilidad al régimen y a sus habitantes. En el caso del vecino del Norte, no está claro si está sintiendo ya las muestras de la asfixia económica internacional decretada por los países occidentales y busca solo negociar. Su gran aliada China no es la de la guerra fría. No vetó las sanciones del Consejo de Seguridad y parece poco probable que quiera repetir los papeles de entonces. Por ello, parece lejana una guerra.

Corea del Norte está en América del Sur


Fernando Mires. Blog POLIS

Las frases en broma, así como ocurre con algunos chistes, son buenas cuando arrastran algunos sedimentos de seriedad y por eso encontré buena la que escuché: "Si Cuba tuviera la bomba atómica sería igual a Corea del Norte". Pero para hablar más en serio yo contesté: "Sería parecido, pero no lo mismo. Corea es una península y Cuba una isla". ¿Y no hay más diferencia que las geográficas? Traté de encontrar alguna, pero no encontré ninguna. Efectivamente, no es broma: Si Cuba tuviera una bomba atómica, sería igual a Corea del Norte.

Tanto allí como allá hay un solo periódico y una sola ideología. Tanto allí como allá tienes que pesar cada frase, serás vigilado, desconfiarás hasta de tu sombra y si desobedeces puedes perder la vida en un accidente. Tanto allí como allá te dirán que si tienes lo mínimo para comer, medicina y entierro gratuito, no tienes de qué quejarte. Tanto allí como allá aprenderás a odiar a los EE UU  y a que las palabras democracia y libertad son invenciones de la CIA para inocular ideología burguesa en el alma de los pueblos. Tanto allí como allá deberás estudiar manuales de marxismo- leninismo y adorar al líder fundador, sea a Kim Il Sung o a Fidel Castro. Tanto allí como allá el poder se transmite por la sangre. Tanto allí como allá una clase dominante de estado construye el capitalismo salvaje en nombre del socialismo. En fin, tanto Cuba como Corea del Norte fueron protectorados soviéticos que sobrevivieron a la Guerra Fría, meteoritos totalitarios de un sistema que parecía erigirse desde la tierra hacia la eternidad.

La gran diferencia, aparte de la geográfica, reside en que Cuba, a pesar de ser una isla, no está aislada. En cambio la dictadura del patético Kim Jing-un no goza ni de la simpatía de China, cuyos mandarines, aparte de haber renunciado al marxismo-maoísmo necesitan un “hinterland” pacificado y chinófilo para practicar grandes negocios con occidente. Ojalá "dos, tres Vietnams", como quería el Che.

Es inevitable entonces pensar que Corea del Norte se encuentra más presente en América del Sur que en Asia. Quiero decir: ideológicamente presente. Entre otras razones, el marxismo-leninismo de las elites de izquierda latinoamericana equivale al tipo de marxismo asiático que adoptaron durante la Guerra Fría muchas naciones del ayer llamado "Tercer Mundo". El marxismo- leninismo cubano también es de neto tipo asiático. Quizás deberé explicar algo más ese punto:

Fue Rudi Dutschke, líder juvenil del movimiento sesentista alemán, quien en su trabajo de doctorado titulado "Intento para poner a Lenin sobre los pies" (1974) destacó el hecho de que el marxismo de Marx había sido asiatizado por Lenin primero, por Stalin después. El marxismo soviético era para Dutschke la ideología de legitimación de una autocracia representada por el partido, sus bonzos, y sus ramificaciones intra-sociales.

La tarea histórica de la izquierda europea de acuerdo al talentoso líder, debería ser re-europeizar el marxismo, adulterado por la autocracia post-zarista.

El término asiático, de más está decirlo, no tenía para Dutschke una connotación geográfica sino cultural, cimentada en la bibliografía que sobre ese tema dejó Marx en sus escritos acerca del "modo asiático de producción" y en sus artículos sobre la imposibilidad de construir el socialismo en un país “bárbaro” como Rusia, publicados entre 1853 y 1858 en el New York Daily Tribune.

Ahora bien, el marxismo llegado a América Latina, primero a través de los partidos comunistas, después del castrismo, fue, para decirlo con Dutschke, un marxismo asiatizado, es decir, autocrático y teocrático y, por lo mismo, esencialmente anti-marxista.

Las fuentes principales del marxismo latinoamericano no fueron, es una paradoja, marxistas. Tanto el leninismo-estalinismo como el estalinismo-maoísmo son adulteraciones del pensamiento de Marx orientadas a legitimar estructuras asiáticas de poder. El trotsquismo sólo fue un intento débil por restaurar elementos europeos del marxismo, pero sin renunciar a su matriz despótica asiática; de ahí su gran fracaso. La socialdemocracia, a su vez, renunció al marxismo como ideología, e hizo bien. El marxismo ya estaba destruido por las revoluciones rusa y china y no valía la pena rescatarlo como intentaron hacerlo Dutshcke y los suyos  en Alemania y, con más éxito, el PCI de Enrico Berlinger en Italia (Eurocomunismo).

Cuando la primera revolución obrera ocurrida en Europa Occidental, la polaca encabezada por el católico Lech Walessa, se levantó en contra del comunismo, lo hizo también en contra del marxismo, ideología de la dictadura.

El marxismo, a la hora de la revolución polaca ya estaba liquidado. Lo liquidaron en Rusia y China primero; en Corea del Norte y en Cuba después. Tratar de recuperar “el marxismo verdadero”, el europeo, el de Marx, habría sido bajo condiciones post-comunistas una actividad ociosa. ¿Para qué?

Cuba es Corea del Norte sin bomba atómica, aunque Fidel Castro, en sus momentos de mayor locura, durante la crisis de los misiles de 1962, intentó obtenerla, aún al precio de llevar al mundo al borde del holocausto nuclear. Si no hubiera sido por la cordura de Nikita Kruschev ─ de quien dijo Castro “Nikita, mariquita, lo que se da no se quita” ─ Cuba sería un cementerio oceánico. En las despotías asiáticas, aunque sean latinoamericanas, las crisis psíquicas de los dictadores suelen convertirse en crisis mundiales

El marxismo de las autocracias asiáticas continúa sobreviviendo como ideología en diversos países sudamericanos. La idolatrización de líderes militares, la santificación de gobernantes, el culto a la muerte, e incluso la momificación real o simbólica de histriónicos caudillos, son hechos que delatan hasta qué punto el asiatismo-marxista, en sus más bárbaras expresiones, sigue presente en tierras latinoamericanas.

Corea del Norte a través de Cuba y sus acólitos se encuentra en estos momentos más presente en América del Sur que en Asia. Esas son las razones por las cuales la liberación de América Latina, la principal, la espiritual, menos que un hecho político, deberá ser el resultado de una larga lucha cultural. La estamos dando.

lunes, 24 de enero de 2011

ESTO ES EL COMUNISMO

Ejecutados dos norcoreanos por recoger propaganda del Sur

AFP. 24 DE ENERO
 
Corea del Norte ejecutó este mes en público a dos de sus ciudadanos por haber recogido volantes de propaganda enviados desde la frontera por Corea del Sur, indicó este lunes un militante que dirige una asociación en Seúl.

Un oficial del ejército, que guardó algunos dólares incluidos en el volante, y una mujer de 45 años, que había escondido la propaganda, fueron fusilados el 3 de enero en Sariwon, 45 kilómetros al sur de Pyongyang, indicó Choi Sung-Yong.

La ejecución tuvo lugar ante 500 personas y fue precedida por una sesión ideológica dedicada a los prospectos enviados desde el otro lado de la frontera por el Sur, generalmente mediante globos hinchados de aire.

Según Choi Sung-Yong, que cita a una fuente en Sariwon, seis miembros de las familias de las dos personas ejecutadas fueron enviadas a campos de prisioneros políticos.

Choi Sung-Yong, cuyo padre fue secuestrado por el Norte, creó una asociación que logró hacer huir a prisioneros de guerra y a víctimas de secuestro por el régimen de Pyongyang.

Seúl estima en 500 el número de prisioneros de guerra surcoreanos que aún están detenidos por el Norte, y en 480 el número de surcoreanos secuestrados desde el fin de la guerra (1950-1953). Pyongyang desmiente tener a surcoreanos en contra de su voluntad.