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jueves, 27 de junio de 2013

Lo bueno y lo malo del caso Snowden


Andrés Oppenheimer

Kristinn Hrafnsson
El ex contratista de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) Edward Snowden y sus aliados de Wikileaks merecen crédito por haber iniciado una muy necesaria campaña para hacer más transparentes los programas de vigilancia del gobierno de Estados Unidos, pero serían mucho más creíbles si apuntaran sus críticas a todo el espectro político, incluyendo a países como China, Cuba y — sí — Ecuador.

Esa es la conclusión a la que llegué tras entrevistar esta semana al vocero de Wikileaks, Kristinn Hrafnsson, quien se ha convertido en uno de los principales defensores de Snowden en los medios. En momentos de escribirse estas líneas, Snowden permanece en el aeropuerto de Moscú, aparentemente tratando de volar a Cuba y de allí a Ecuador.

Hrafnsson, un ex periodista televisivo de Islandia, me dijo que las revelaciones de Snowden sobre la forma en que la NSA vigila llamadas telefónicas y e-mails muestran que el gobierno de Estados Unidos está haciendo cosas “totalmente contrarias a la idea de la privacidad que prima en este país”.

Cuando le pregunté sobre la afirmación del presidente Obama de que el gobierno de Estados Unidos no está escuchando conversaciones telefónicas privadas, y que sólo se centra en conversaciones de sospechosos de terrorismo después de recibir autorización de los comités de supervisión del Congreso y una orden judicial, Hrafnsson respondió que esos programas de vigilancia están “rodeados de secrecía, y eso no es saludable en ninguna democracia”.

Cuando le pregunté por la declaración del Secretario de Estado John Kerry, quien afirmó que se podrían perder vidas a causa de las filtraciones de Snowden, y por otras afirmaciones según las cuales los grupos terroristas ya han cambiado sus métodos de comunicaciones a causa de las filtraciones de Snowden, Hrafnsson dijo que esas afirmaciones son “propaganda”.

Son los mismos argumentos que empleó el gobierno de Estados Unidos cuando Wikileaks publicó cientos de miles de cables del Departamento de Estado hace tres años, y no ha habido ninguna evidencia de que alguien haya perdido la vida por esas filtraciones, dijo.

¿Qué le diría a sus críticos que dicen que Wikileaks siempre acusa a los gobiernos de Estados Unidos y a las democracias europeas, pero jamás critica a estados policiales como China, Cuba o Corea del Norte?, le pregunté.

“No somos receptores activos de información, sino receptores pasivos”, respondió, agregando que Wikileaks publicaría información secreta proveniente de cualquier país.

¿Y qué dice sobre las críticas de que Wikileaks es culpable de hipocresía política por presentarse como un campeón de la libre expresión mientras defiende a Ecuador, el país en cuya embajada en Inglaterra ha pedido asilo Julian Assange, fundador de Wikileaks?, le pregunté.

Justo esta semana, la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) emitió una declaración diciendo que la nueva ley de prensa firmada el sábado por el presidente Rafael Correa “oficializa la mordaza a la prensa”. La nueva ley crea nuevos “delitos mediáticos” y de hecho da al oficialismo el "poder absoluto para eliminar la libertad de expresión y la libertad de prensa”, dijo la SIP.

Hrafnsson respondió que “no soy experto en la nueva ley de medios de Ecuador”. Pero agregó que “la situación allí no es tan simple como parece en la superficie, y es difícil sacar conclusiones basadas en standards del mundo occidental".

“No olvidemos que en 2002 un presidente democráticamente electo de Venezuela fue casi destituido por un golpe, en el que los medios tradicionales desempeñaron un papel activo”, aseguró.

Mi opinión: Me alegra que el caso Snowden y Wikileaks hayan generado un debate que puede llevar a que los programas de vigilancia del gobierno de Estados Unidos sean más transparentes.

Aunque es cierto que hay comités legislativos bipartidistas que monitorean estos programas y jueces que deben firmar órdenes para escuchas telefónicas ─ algo que no ocurre en otros países ─ estas agencias de inteligencia han tenido un cheque en blanco para hacer lo que quieran. Eso, tal como dice acertadamente Hrafnsson, no es bueno para ninguna democracia.

Pero se me hace difícil apoyar plenamente a Snowden o a Wikileaks cuando siempre apuntan sus criticas contra las sociedades libres, y evitan criticar a los países que más violan las libertades individuales. Serían mucho más creíbles si dijeran: “Sí, es cierto, China, Cuba y Ecuador son peores, pero no podemos criticarlos porque nos dan asilo”.

Wikileaks ha estado intentando establecerse como un grupo responsable de la defensa de los derechos universales, como Human Rights Watch o Amnistía Internacional. Pero mientras estos últimos denuncian por igual abusos cometidos por los gobiernos de Estados Unidos, Rusia, China y Cuba, entre otros, Wikileaks no lo hace.

Lo bueno del caso Snowden y de Wikileaks es que están empujando a Washington a ser más transparente. Lo malo es que no lo están haciendo con otros gobiernos que son aún peores.

viernes, 24 de agosto de 2012

El show de Correa con Assange

Andrés Oppenheimer

Mientras el presidente populista de Ecuador Rafael Correa intensifica su ofensiva internacional para dar asilo político al fundador de WikiLeaks, Julian Assange, un conocido periodista ecuatoriano que está pidiendo asilo político en Estados Unidos tiene algunas interesantes perspectivas sobre los motivos que hay detrás de este último show mediático del presidente de su país.

Emilio Palacio, ex columnista estrella del diario ecuatoriano El Universo y autor del libro de próxima aparición titulado “El periodista de los 80 millones”, dice que la campaña de Correa a favor de Assange no tiene como propósito único reparar su imagen como el enemigo número uno de la libertad de prensa en Ecuador, sino que también es parte de su ofensiva propagandística para ganar espacios políticos en el campo de la izquierda radical latinoamericana.

Según Palacio, Correa sospecha que el presidente venezolano Hugo Chávez y el líder histórico cubano Fidel Castro morirán pronto, y está tratando de proyectar su propia imagen internacionalmente para convertirse en el nuevo líder del ALBA, el bloque de países actualmente liderado por Venezuela.

Palacio es uno de varios periodistas ecuatorianos que han sido víctimas del ataque sistemático de Correa a la libertad de prensa en Ecuador, según los principales grupos de defensa de la libertad de prensa — incluyendo el Comité de Protección de Periodistas, Human Rights Watch y la Asociación Interamericana de Prensa.

Correa, bajo cuyo gobierno se han cerrado varios medios y que ha impulsado medidas para limitar a los medios independientes, presentó una demanda por $80 millones y tres años de cárcel contra Palacio y tres directores de El Universo, por una columna en la que Palacio llamó “dictador” al presidente.

Un juez ordenó que los acusados pagaran $40 millones, y Correa luego perdonó a los cuatro. Palacio, sin embargo, está pidiendo asilo político en Estados Unidos porque tiene otro juicio pendiente de un canal de televisión oficialista de Ecuador financiado por Venezuela, y teme por su seguridad si regresa a Ecuador.

En una entrevista, Palacio reiteró su afirmación de que Ecuador es una “dictadura”. Agregó que Correa está tratando de aparecer en los titulares para eclipsar su imagen de pupilo de Chávez y Castro. Nunca le gustó haber sido tratado como un líder de segunda línea por Venezuela y Cuba, señaló.

Cuando Correa asumió la presidencia en el 2007, Chávez se refirió a él como “este muchacho”. Y Cuba siempre consideró a Correa como un aliado errático, al punto de que Correa visitó la isla cinco veces, pero sólo en una ocasión se le concedió una visita oficial, dice Palacio. Presintiendo que pronto podría haber un vacío del poder en el ALBA, Correa ha aumentado su activismo internacional en los últimos meses, afirmó Palacio.

En abril, Correa acaparó los titulares durante la Cumbre de las Américas de los países latinoamericanos con el presidente Barack Obama, en Cartagena, Colombia, al boicotear el evento. En junio, Correa fue el único líder extranjero que se presentó en la reunión anual de cancilleres de la Organización de Estados Americanos en Cochabamba, Bolivia.

En julio, Correa le pidió al Comité Olímpico que le permitiera desfilar al frente del equipo de su país en la ceremonia inaugural de los Juegos Olímpicos en Londres, según informó la agencia española de noticias EFE. La petición de Correa fue rechazada por el Comité. Y ahora, Correa pretende acaparar los titulares presentándose como defensor de los oprimidos, al garantizarle asilo a Assange, agregó Palacio.

Mi opinión: Palacio se excedió un poco al calificar a Correa como un “dictador”. Por ahora, Correa es un aspirante a dictador, o un presidente narcisista populista que está utilizando demasiadas energías para acaparar poderes absolutos, y demasiado pocas para mejorar las condiciones de vida de los ecuatorianos. Ecuador puede terminar siendo una dictadura como Cuba, pero todavía no lo es.

Pero lo que dicen Palacio y otros no justifica los ataques de Correa contra la prensa. Como bien señaló recientemente Tim Padgett en la revista Time, Obama es atacado a diario por críticos que aseguran — contra toda evidencia — que no nació en Estados Unidos, y sin embargo el presidente de Estados Unidos no se dedica a clausurar Fox News, o a demandar a columnistas críticos.

Palacio tiene razón al ver la cruzada de Correa para presentarse como un campeón de la libertad de expresión como una hipocresía. El solo hecho de que Correa diga que le ha concedido asilo a Assange en Ecuador — un país con un sistema de justicia cada vez menos independiente — porque supuestamente no gozaría de suficientes garantías de que recibirá un trato justo en Suecia, un país cuyas instituciones están entre las más sólidas del mundo, es algo digno de risa.

martes, 21 de agosto de 2012

Navidades en Londres


Hernán Pérez Loose. EL UNIVERSO

Parece recomendable hacer un breve inventario de algunas de las perlas que ha producido el affaire Assange antes que los 15 minutos de fama se les acaben a sus protagonistas.

Lo primero que sorprende es que el Gobierno ecuatoriano haya admitido que sí sabía que las reglas internacionales vigentes en Europa, incluyendo el Reino Unido, no reconocen al asilo diplomático. Lo que sí admiten esos países bajo ciertas condiciones es el asilo territorial. Es decir, el asilo fue concedido a Assange sabiendo que para el Estado anfitrión era inaceptable. A sabiendas que se cometería una ofensa a una nación con la que ha existido tradicionales lazos de amistad.

Pero la ofensa a Inglaterra no quedó allí. Uno de los argumentos esgrimidos para justificar el asilo fue que los tribunales ingleses no son confiables, que ellos no ofrecen las garantías del debido proceso. Hay que recordar que Assange había impugnado judicialmente el pedido de su extradición hasta llegar al máximo tribunal inglés, y que no había sido aceptado. Que las cortes inglesas no le hayan dado la razón a Assange no justifica decir que no son confiables. ¿En qué modelo de magistrados se pensaba cuando se hizo tamaña afirmación? ¿Con qué rasero Ecuador puede medir a las prestigiosas cortes inglesas cuando acá se premia públicamente al juez que admitió tranquilamente que una de las partes le redactó la sentencia de los 40 millones, y que se sentía frustrado porque no le estaban “cumpliendo”?

Además, resulta que no solo las cortes inglesas deberían aprender de las nuestras sino también los fiscales suecos. La fiscalía sueca busca a Assange por denuncias de violación y acoso sexual. El Ecuador ha puesto en duda el profesionalismo del fiscal sueco, pues, ha sugerido que eso es un pretexto nomás, y que además allá la Fiscalía es influenciada por el Ejecutivo, y sus cortes son títeres de Washington. ¿En base a qué se lanzaron semejantes afrentas a un país tan institucionalizado como Suecia? Todo el argumento de la pena de muerte carece de sustento pues ni Suecia ni Inglaterra extraditan a personas que van a sufrir pena de muerte.

No menos sorprendente que acusar de corrupción a los jueces ingleses y suecos es exigirle a Londres el salvoconducto para Assange. No solamente que no hay base para ello sino que Ecuador hizo exactamente lo contrario cuando rehusó el respectivo salvoconducto para salir del país a un periodista ecuatoriano al que Panamá le había reconocido un asilo diplomático. Y esto, a pesar de que allí sí había un tratado internacional que nos obligaba a conceder dicho salvoconducto sin entrar a valorarlo.

Y que todo esto se hace por la libertad de expresión es lo que más sonrisas provoca en el exterior. Ya quisieran los ecuatorianos que esa devoción por defender la libertad de expresión de un australiano se practique en casa.

En fin, todo hace pensar que Assange pasará las próximas navidades en nuestra embajada en Londres. Para entonces el mundo llevará meses ocupado en otras cosas. Incluyendo al Ecuador.