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martes, 8 de noviembre de 2022

APOCALIPSIS NOW?

 

Mario J. Viera

 


No estoy muy seguro de estar a las puertas de u apocalipsis. No estar muy seguro de algo es como considerar su posibilidad. Este razonamiento, lo he ido considerando desde ya antes de las elecciones intermedias de Estados Unidos que hoy están concluyendo.

Me preocupan las encuestas que dan como seguros controladores de las dos cámaras del Congreso federal a los republicanos en esta contienda electoral. Nada anormal generaría angustia que el partido en la oposición ganara el poder congresional en unas elecciones intermedias, esto ha sido ya una práctica histórica en Estados Unidos; pero ahora, en estos momentos, cuando en el mundo hay mucho en juego, y la polarización política en Estados Unidos llega hasta una situación políticamente inestable, si se cumplen los pronósticos de las encuestas, estaremos en un punto de no regreso.

La democracia, orgullo que ha sido de Estados Unidos, como su institución más importante, estará irremediablemente amenazada.

La crisis inflacionaria no disminuirá, porque es un fenómeno surgido, en principio por las sanciones impuestas a Rusia por su agresión a Ucrania y porque la OPEP busca ganancias en las aguas revueltas, disminuyendo la extracción petrolera para hacer más caro el oro negro. Una victoria republicana, agudizará la crisis inflacionaria.

Ucrania quedará a la deriva si la Cámara de representante bloquean los auxilios económicos y militares proporcionados por Estados Unidos. Con el freno al liderazgo estadounidense, la unidad de Occidente se fraccionará, al igual que la OTAN; los MAGA no se sienten muy afectuosos hacia el tratado Atlántico. Putin tendrá mayores posibilidades para ahogar al estado ucraniano y la oleada antidemocrática cuyo eje está en Moscú se elevará hasta poner en peligro la paz, no solo en Europa, sino en todo el mundo.

China comunista se prepara para la guerra. Si se debilita la administración demócrata de Biden, la seguridad existencial de Taiwán está en peligro de extinción. Corea del Norte no se detiene, Obtendrá el poderío atómico y pudiera fácilmente lanzar un asalto sobre la Corea del Sur.

Si finalmente gana la ultraderecha en Estados Unidos estaremos bien cerca de que el temor apocalíptico deje de ser una posibilidad remota, para convertirse en una posibilidad presente

lunes, 12 de septiembre de 2022

Los Estados Unidos no tienen que resolver nuestros problemas

Mario J. Viera

 


¿Cuándo acabaremos por entenderlo? No, Estados Unidos no tiene por qué resolver problemas ajenos. Cada nación tiene que atender a sus propios problemas y conflictos; cada nación tiene que enfrentar los retos a su propia seguridad, definir cuáles son sus intereses dentro del escenario internacional, establecer su propia política exterior, seleccionar aliados y definir enemigos. Ninguna nación tiene por qué salir a resolver los problemas de otros. Se puede prestar ayuda y solidaridad, pero no tiene que resolver los problemas de los otros.

En Cuba, todos lo sabemos y lo sufrimos, existe una dictadura; pero no una cualquiera sino una de corte totalitario; es decir un régimen donde no puede florecer la sociedad civil; donde no existe la propiedad privada; donde no existe mercado libre sino totalmente dirigido por el poder del Estado; donde no existe el respeto a la opinión contraria, no existe libertad de prensa y de expresión, no existe el debate político porque todo está subsumido dentro del poder del Estado. No es fácil enfrentar a este colosal Leviatán que al igual como lo definió Thomas Hobbes, “No hay sobre la Tierra quien se le parezca, animal hecho exento de temor. Menosprecia toda cosa alta; es rey sobre todos los soberbios”. Sin embargo, el Leviatán cubano tiene fisuras y puntos débiles, por tanto, se le puede enfrentar, se le puede golpear; y se le puede golpear desde dentro y derrotar también desde dentro. Solo se requiere voluntad, decisión y sagacidad.

Nosotros mismos tenemos que enfrentar al Leviatán, como ya, de manera espontánea lo hizo el pueblo el 11 de julio, sin fantasías y melindres civilistas, y no salir a mendigar auxilio y apoyo externo, sino ganarnos, por nosotros mismos, por nuestra manera de actuar, la solidaridad, el auxilio y el apoyo externo.

El mundo democrático ha salido en defensa de Ucrania, dándole recursos militares y poder de fuego. El mundo democrático ha actuado así, sin comprometerse de modo directo en el conflicto, porque los ucranianos se han ganado, por su resistencia frente a Rusia, el apoyo, la solidaridad y el auxilio externo.

Tenemos que entender que los problemas de Cuba no se resuelven apelando solo al civilismo, sino planteando la lucha desde posiciones políticas; la resistencia civil no es sinónimo de civilismo; la resistencia civil es el accionar de los ciudadanos (civis), del pueblo raso, en reto y enfrentamiento decidido a la dictadura; un enfrentamiento que puede ser empleando las armas, o empleando la no violencia; esto es resistencia civil. Resistencia civil por medio del empleo de los métodos de la noviolencia de protesta, persuasión, no cooperación social (con huelgas de brazos caídos, de varias industrias, y huelga general) y política (renunciar la membresía a los CDR y demás “organizaciones de masas”, boicot a las farsas electorales, no participar en los actos convocados por la dictadura) y la intervención no violenta (sentadas, plantones, revelar la identidad de agentes secretos y de jueces y fiscales que actúen en procesamientos a opositores). Resistencia civil que tiene que ser antisistema y no reformista.

Seamos capaces, actuemos, principalmente los que formamos parte de la diáspora cubana, con sentido común y con dignidad. ¿Pedir una intervención militar en Cuba para que derroque a la dictadura? Eso significa solo una cosa, que somos incapaces de solucionar nuestros problemas, que estamos rendidos. ¿Pedir a Estados Unidos endurezca el embargo con más y más sanciones económicas contra el régimen? ¿Resolverá esto nuestro problema principal? Vease a Corea del Norte, véanse cuantas sanciones económicas y hasta diplomáticas se han implantado contra esa dictadura totalitaria y, no obstante, el régimen se mantiene incólume ¿Por qué? Porque la economía del país está totalmente bajo el control de la dictadura, no existen capitalistas que puedan ser afectados por esas sanciones y generar un rechazo al sistema, las miserias las soportan los norcoreanos que hasta han sufrido hambrunas; pero el gobierno es capaz de producir poderosos misiles intercontinentales y obtener poderío nuclear.

Rusia, en cambio, está al borde del descalabro no solo por el fracaso de su guerra en Ucrania, sino por las afectaciones económicas que se le han impuesto y afectan significativamente a los intereses de los oligarcas rusos. Si las sanciones se mantienen durante un largo periodo y la guerra en Ucrania sigue siendo favorable para los ucranianos, el fin del régimen de Putin está a la vista. ¿Por qué? Porque en Rusia existen empresas capitalistas y los capitalistas cuando ven en peligro sus acciones reaccionan en contra del gobierno, rechazan al gobierno, cualquiera que este sea.

Desde 1901 los cubanos hemos vivido bajo el síndrome del plattismo, ya es hora de vacunarnos con una inyección de civilismo, (ahora sí) y de una conciencia nacionalista sana; y acabar de entender que, no los Estados Unidos, sino nosotros, los que tenemos que derrocar a la dictadura.


sábado, 13 de agosto de 2022

¿UN TERCER PARTIDO? QUIZA UNA SOLUCION A LA ACTUAL POLARIZACION

Mario J. Viera

 


El actual sistema bipartidista que rige en Estados Unidos no ha sido capaz de sacar al país del marasmo político de la polarización, que tuvo su inicio con el surgimiento en 2008 del grupo de extrema derecha conocido como Tea Party y su continuidad con la aparición en la escena nacional del fenómeno trumpista, pero cuya base sustentadora es precisamente la existencia de solo dos partidos en los debates públicos nacionales.

El bipartidismo es la eterna disyuntiva entre los clásicos partidos conservadores y liberales o entre dos tendencial la derecha y la izquierda, sin importar que ambas tendencias asuman caracteres moderados. La realidad actual es el surgimiento de una corriente política que rompe con el equilibrio político requerido por el bipartidismo, la extrema derecha populista enmarcada dentro de los actuales marcos del Partido Republicano.

Como factor equilibrante de la política siempre ha existido en Estados Unidos un sector denominado independiente, que no precisamente constituye un centro, sino una variabilidad de opiniones y criterios; sector éste que siempre, en los periodos eleccionarios, cada partido intenta cooptar. Una especie de tercer partido de carácter difuso y no organizado.

No obstante, terceros partidos, como el Partido Libertario y el Partido Verde han presentado candidatos para la presidencia en 2016 y 2020, con resultados inferiores a los 5 millones de votos cada uno. Otros terceros partidos en Estados Unidos son algunos de derecha, otros centristas y otros de izquierda:  Partido de la Constitución, Partido Verde, Partido Libertario, Partido de la Reforma, sin faltar la existencia del Partido Comunista de Estados Unidos, el Partido Socialista; todos ellos con ninguna o con escasa representatividad en el escenario político.

En las elecciones del 2016 presentaron candidatura para la presidencia, además de los candidatos demócratas y republicanos, Gary Johnson – Partido Libertario, que alcanzó un total de 4 489 341; y Jill Stein – Partido Verde con una votación de 1 457 218. La suma de ambos aspirantes resulto nada significativa con respecto a los 62 984 829 de votos alcanzados por Donald Trump y los 65 853 514 de votos obtenidos por Hilary Clinton. En las pasadas elecciones de 2020, Jo Jorgensen del Partido Libertario presentó su candidatura para alcanzar un total de 1 865 858 votos.

En las elecciones presidenciales los terceros partidos se las ven muy mal. El Colegio Electoral es su principal inconveniente. Cuarenta y ocho estados tienen la línea de quien gana en el estado se lo lleva todo, todos los votos electorales correspondientes; de este modo esos partidos, tal como los califico la Voz de América (VoA), actúan como “aguafiestas” en las elecciones presidenciales, desviando votos desde los otros dos grandes partidos.

Un nuevo partido está en proceso de formación, el Partido Forward (FWD). ¿Cuáles son sus posibilidades reales con independencia de lo que al respecto consideran sus fundadores, el ex candidato presidencial demócrata, Andrew Yang, y la ex gobernadora republicana de Nueva Jersey, Christine Todd Whitman? Depende de como se encaminen; si comenzar a ganar representaciones congresionales en varios estados o si se lancen a la caza de la presidencia en el 2024; en este último caso, pienso que sus posibilidades son nulas y solo jugarán ese papel de “aguafiestas” que mencionó la VoA. Los fundadores de este nuevo tercer partido plantean como su eslogan el "Not Left. Not Right. Forward" (Ni izquierda ni derecha, Adelante) para mostrarse situado en el centro. Forward o Adelante es la fusión de la propuesta del PAC Forward con el Movimiento Renew America (We are not just Democrats or Republicans or Independents. We are Renewers), y el Movimiento Serve America que se manifiesta como centrista o de centro derecha; ambos movimientos integrados principalmente por republicanos indispuestos con la política de Donald Trump y del rumbo del Partido Republicano hacia la derecha radical.

Forward se plantea como algo nuevo, no como “una copia de los partidos actuales, que están arrastrando a nuestro país hacia atrás. Estamos haciendo avanzar la política estadounidense, con un partido centrado en soluciones innovadoras, colaborativas y de sentido común que funcionan para la mayoría de los estadounidenses”.

Por supuesto y quiero dejarlo aclarado que no comulgo con la aparente línea política de esta fusión de demócratas y republicanos, aunque sí saludo el empeño de mostrar otra cara de la política estadounidense y romper con el monopolio compartido de solo demócratas y republicanos en la formación de las leyes.

Según informaciones de prensa, Forward será presentado oficialmente en Houston, Texas, el 24 de septiembre y tendrán una convención como las de los “viejos” partidos cuando deban nominar al candidato presidencial. Aseguran que el partido estará registrado en 30 estados para finales de 2023 y en los 50 estados para finales de 2024, justo para las elecciones en ese año.

Los líderes del nuevo partido: David Jolly, Christine Todd Whitman, y Andrew Yang, en un comunicado conjunto, publicado por el Washington Post declararon: “El extremismo político está despedazando nuestra nación, y los dos partidos principales no han logrado remediar la crisis. Están obsoletos, y fracasaron por centrarse cada vez más en los extremos. ¿El resultado? La mayoría de los americanos no se sienten representados”,

Es claro que la intención es presentarse con una candidatura presidencial en las elecciones generales del 2024, lo cual es precipitado. Para que un tercer partido pueda en Estados Unidos presentarse como una nueva opción, lo primero que tiene que hacer es ganar un buen número de afiliados en cada uno de los estados de la Unión, no aspirar de inmediato a la presidencia, sino obtener escaños en el Congreso para luego poder dar la cara con algunas probabilidades de ganar votos electorales del Colegio Electoral en 2028.

Como bien lo ha expuesto William Galston del Brookings Institute, existe una creciente opinión favorable a la necesidad de un tercer partido, y anota: “Los demócratas están mucho menos satisfechos con su partido que los republicanos y están más dispuestos a considerar alternativas a él. Un candidato presidencial independiente o de un tercer partido centrista probablemente inspiraría más a los demócratas. Y como las elecciones presidenciales han sido tan reñidas en las últimas décadas, los efectos asimétricos de una candidatura independiente o de un tercer partido podrían resultar decisivos para devolver a Trump al Despacho Oval, a menos que dicha candidatura hiciera historia al triunfar sobre los dos partidos existentes. Pero a pesar del alto nivel de descontento actual con estos partidos, las probabilidades de que se produzca este resultado siguen siendo desalentadoras y las consecuencias del fracaso podrían ser catastróficas”.


miércoles, 21 de julio de 2021

MAL DEBEMOS ESTAR

 

Mario J. Viera

 


Me indigna ver que, el despertar del pueblo cubano frente a la dictadura, le haya venido de provecho a unos cuantos para adelantar sus plataformas políticas y sus miserables aspiraciones de resalte personal. Mal andamos.

 

Y mal andamos cuándo desde un Subcomité de la Cámara de Representantes se trazan planes, no precisamente para desestabilizar al régimen brutal que impera en Cuba, sino para poner en crisis a la administración demócrata del presidente Biden. Aparentan condenar a la tiranía del PCC, pero en el fondo los dardos los lanzan contra Biden. Yo pudiera decir, qué me importa la oposición que los republicanos le hagan al residente de la Casa Blanca, quien seguro cuenta con sus asesores para contraponer los ataques. Así pudiera decir que, esa no es mi bronca.  Pero, lo que a mí si me importa es Cuba. Lo que a mí si me importa, es hablar de Cuba, pero hablar con la sinceridad de quien no la toma como negocio, como empresa que ofrezca réditos para una vida cómoda.

 

Mal andamos, cuando el presidente del Subcomité para el Hemisferio Occidental, Seguridad Civil, Migración y Política Económica Internacional de la Cámara de Representantes, no se da cuenta, que están tomando a ese subcomité como tribuna, no anticastrista, precisamente, sino como vehículo para atarles las manos a los demócratas, y qué mejor forma de hacerlo, sino utilizar la ira, el dolor y la indignación de la diáspora cubana por los atropellos del régimen contra los manifestantes del 11J para encauzar sus propósitos.

 

Mal andamos cuando en ese subcomité de la Cámara, sea figura representativa, para hablar a nombre de Cuba, una figurita sin trayectoria conocida en Cuba de oposición al régimen, salvo la de ser hija del reformista cubano Oswaldo Payá. Vive bien y viste caro la cubanita, no tuvo que correr la misma suerte de la gran mayoría de loe exiliados, de los refugiados políticos que enfrentaron a la seguridad del estado, que, para vivir honestamente, tuvieron que emplearse en duros trabajos y hasta mal remunerados, y adaptarse a la dura viva de todo emigrante a tierras extrañas.

 

La diva del momento, Rosa María Payá, que tanto se sacrifica haciendo viajes a numerosos países para promover un plebiscito vinculante en Cuba, que solo pudiera ser autorizado por el gobierno del PCC; la directora ejecutiva de la Fundación para la Democracia Panamericana; la que recibió el 6 de febrero de 2018 un reconocimiento del Condado de Miami-Dade de la mano de su mentor político José "Pepe" Díaz y del que fuera alcalde del condado y hoy representante republicano, Carlos Giménez; que entre sus logros políticos estuvo un “interesante y agradable encuentro” ─ según sus propias palabras ─ con Ivanka Trump el 7 de marzo de 2019; que el 11 de julio de 2020 participó en una mesa redonda televisada con Donald Trump; que el pasado 17 de julio fue invitada por Ron de Santis, junto a María Elvira Salazar y Carlos Giménez para participar en una denominada mesa redonda en el Museo Americano de la Diáspora Cubana. ¡Claro que tenía que ser invitada a hablar, en nombre de los republicanos, no de Cuba, en un subcomité donde toman asiento personajes como María Elvira Salazar y Mario Díaz-Balart! Hay que reconocer que la chica es una triunfadora y sus negocios le van bien.

 

Mal andamos cuando escuchamos a la activa ─ no activista ─ Rosa María Payá resaltando ─ así lo expresa Infobae ─ que los manifestantes que salieron a las calles de la isla el pasado domingo 11 “piden libertad y derechos humanos, ninguno mencionó el embargo, sino ‘Patria y vida’”. ¡Claro está que no tenían que mencionar para nada el embargo! La protesta se planteó por las carencias que en Cuba se vive, y se pidió, además, la renuncia de Díaz-Canel; y se gritó, junto al Patria y Vida, “No tenemos miedo”. Ninguno tampoco pidió “plebiscitos vinculantes”.

Véase lo que dijo la señorita Payá: “Levantar las sanciones contra el régimen cubano es dar fondos a la policía y a los militares, que oprimen a los pueblos obedeciendo a los generales”. Maravilla tanta profundidad de pensamiento. Para los órganos represivos, la dictadura siempre, con sanciones o sin sanciones, dispondrá de los fondos necesarios. Las sanciones no selectivas que impuso la pasada administración, poco daño le hacían al régimen de La Habana, y sí, mucho al pueblo. En los inicios de los 90 ocurrió lo mismo. El régimen se había quedado sin los subsidios soviéticos, y se mantuvo porque las penurias las cargó sobre el pueblo. Levantar hoy las sanciones impuestas por Trump, podría favorecer al cubano de a pie; sin embargo, políticamente, para la administración demócrata, sería, hoy, luego de las represiones por el despertar de 11J, un grave error político.

 

Luego agrega ─ obsérvese bien lo que resalto en negrita: “Urgimos al gobierno de Joe Biden que no haga concesiones unilaterales, sino que pida la liberación de todos los presos políticos, el fin de la represión y el respeto de las libertades fundamentales, incluyendo la legalización de los partidos políticos”. Un dardo emponzoñado dirigido al presidente Joe Biden.

 

Callen y no hablen en nombre de TODOS los cubanos, los que no han recibido esa encomienda de TODOS los cubanos. Callen que, como dijera José Martí ─ en carta abierta a Ricardo Rodríguez Otero, con fecha 18 de mayo de 1886 ─ “Azuzar es el oficio del demagogo y el del patriota es precaver”. Y pienso en cuantos hay como la Payá, nacidos en Cuba, y les digo, como dijo el Apóstol en esa Carta Abierta, “que a. la patria no se la ha de servir por el beneficio que se pueda sacar de ella, sea de gloria o de cualquier otro interés, sino por el placer desinteresado de serle útil”; que no hay “sujetos más despreciables que los que se valen de las convulsiones públicas para servir, como coquetas, su fama personal o adelantar, como jugadores, su interés privado. La patria necesita sacrificios. Es ara y no pedestal. Se la sirve, pero no se la toma para servirse de ella”.

 

Sí, mal debemos estar ¡Pobre Cuba!

domingo, 24 de enero de 2021

LA GATICA MARIA RAMOS (MARCO RUBIO) SACA SUS UÑAS

Mario J. Viera

 


Cuando ya se había controlado el motín del 6 de enero asaltando la sede del Congreso de Estados Unidos, Marco Rubio tomó la palabra para repudiar la muerte de una mujer participante en el asalto al Capitolio. Expresó entonces, en tono apasionado y aparentemente sincero, que los enemigos de Estados Unidos debían estar contentos por lo ocurrido ese día en el DC. Y dijo: “Estados Unidos no es un gobierno o un presidente o un congreso, Estados Unidos es tu familia, tu fe, tu comunidad; eso es Estados Unidos. Eso es lo que no entienden nuestros adversarios. Eso es lo que tenemos que recordar. Así es como vamos a reconstruir nuestro país y pasar la página para tener un futuro más brillante que el pasado. Por eso siento esto con tanta vehemencia y espero que los que están en secuencia conmigo lo entiendan”.

 

Antes había expresado en un tuit: “No hay nada patriótico en lo que está ocurriendo en Capitol Hill. Esta es la anarquía antiamericana al estilo del tercer mundo”. Luego, a la 1:12 pm tuitió para hacer un llamado a Donald Trump: "Señor presidente los hombres y mujeres de las fuerzas del orden están siendo atacados. Es crucial que ayude a restablecer el orden enviando recursos para ayudar a la policía y pedirles a los que hacen esto que se retiren".

 

Estados Unidos no es un gobierno, ni es un presidente, y las acciones violentas contra el Capitolio no tienen nada de patriotismo, simplemente es la manifestación de la anarquía antiamericana al estilo del tercer mundo. Muy bien lo expuso Rubio. ¿Convincente? Depende de la imagen que cada cual tenga del senador republicano por Florida. Sin embargo, lo que dijo entonces no era equivocado. Pero el 9 de diciembre de 2020, ya considerando que Trump había perdido ante Joe Biden, Rubio declaró: “Si el presidente elige postularse nuevamente en 2024, creo que será el candidato republicano. Y de hecho creo que tiene muy buenas posibilidades de ganar. Lo que dije que aceptaría es, en última instancia, que lo que los estados certifiquen legalmente a través de su proceso y lo decida el Colegio Electoral. Así es como funciona nuestro sistema”. Trump tiene muy buenas posibilidades de ganar en el 2024, esa es la opinión que sustentaba Rubio; no obstante, esas “posibilidades” que ve a favor de Trump, podrían quedar en nada si recibe una condena por el impeachment al cual pretenden los demócratas adelantar. En entrevista con la periodista de Tele Mundo 51, Gloria Ordaz, el 13 de enero, Marco Rubio no condenó a Trump como instigador al asalto al Capitolio, considerando que solo tenía “alguna responsabilidad”; y. de acuerdo con la periodista que condujo la entrevista, Rubio declaró que tomaría una decisión sobre el juicio político con base en las pruebas que presenten los fiscales de la Cámara de Representantes”.

 

Ahora el senador acaba de declarar en "Fox News Sunday", algo diferente a lo que dijera en la entrevista para Tele Mundo 51. "Creo que el juicio es estúpido", dijo tajantemente. "Ya tenemos un fuego encendido en este país", adelantar el juicio sería como agregar "un montón de gasolina" a ese fuego encendido. Expresó, además, que votaría para desestimar el artículo de impeachment contra Trump lo antes posible. "Creo que tiene derecho al debido proceso. La Cámara no tiene mucho registro de testigos porque la embistieron muy rápidamente... Creo que esto va a ser muy malo para el país”.

 

En una declaración que hiciera el 14 de enero para el canal de Miami NBS 6, Merco Rubio dijo: "Muchas de las personas que están ahí fuera por primera vez, después de ver lo que sucedió la semana pasada, en cierto modo teniendo en cuenta los últimos cuatro años, ahora, de repente, están dando vueltas en los carromatos y amenazan con convertirlo en mártir. Su movimiento será más fuerte porque ustedes lo habrán convertido en mártir", advirtió a los legisladores demócratas. Hay que asegurar que Trump pueda presentarse el 2024 como candidato republicano para la presidencia. Una condena política en el Senado lo inhabilitaría permanentemente para esa opción. Rubio, por tanto, se opone a esa solución.

 

A solo dos día de la toma de posesión de la presidencia de Joe Biden, el senador de Florida saca sus uñas y, en un mensaje publicado en un video de Twitter en la mañana del día 22 de enero, implícitamente deja claro que hará todo lo posible para torpedear cualquier iniciativa que emprenda la administración Biden (“no va a ser buena para el país y no va a ser buena para la gente, para los trabajadores estadounidenses y para sus empleos”): "No vamos a poder quedarnos sentados aquí en un período de luna de miel y ver cómo suceden estas cosas".

 

Entre esas “cosas” está el oleoducto Keystone XL, aprobado por Trump el 24 de marzo de 2017 y antes bloqueado por Barack Obama en 2015, porque, como se dice en un artículo de AFP, a diferencia del crudo extraído de los tradicionales pozos, “el de las arenas bituminosas de Alberta debe ser sacado mediante recalentamiento subterráneo; lo cual implica utilizar agua hirviendo para separar el bitumen de la arena para luego refinarlo”. Rubio en este video aseguró que Biden, de “un plumazo, literalmente dejó sin trabajo a miles y miles de trabajadores obreros sindicalistas (…) Y luego el presidente entra en la Oficina Oval, firma una orden ejecutiva que elimina el oleoducto de Keystone y están sin trabajo” Contrario a lo que Marcos Rubio dice que serán eliminados miles de trabajadores en el oleoducto, muchos especialistas consideraron que una vez terminado, el oleoducto solo demandaría 50 trabajadores permanentes. Estos mismos especialistas expresaron que el oleoducto, eliminará muchos más empleos al desviar inversiones destinadas a energías limpias; como la solar o la eólica. No solo los ambientalistas se oponen al trazado del Keystone XL, también se oponen los pueblos indígenas de Estados Unidos y Canadá, como la Confederación de Pies Negros (Blackfoot) y de la nación Gran Sioux (Great Sioux).

 

Marco Rubio toma entonces el tanque de gasolina para arrojarlo sobre ese fuego encendido, que dice se tiene en Estados Unidos: "El presidente Biden, espuso Rubio, está hablando como un centrista, usando las palabras del centro como unidad, pero gobernando como alguien de extrema izquierda”. Obviamente, el mensaje de Rubio está dirigido a la extrema derecha del Partido Republicano y de los seguidores de Trump. Para ejemplificar su afirmación, agrega: “Número uno, ha emitido más 'fiats' ejecutivos que nadie en un período tan corto de tiempo. Más que Obama, más que Trump. En segundo lugar, estos no son sólo 'fiats' ejecutivos normales. Esto literalmente está bajando la lista de deseos de la extrema izquierda y marcarlos a todos”.

 

Da la impresión que Marco Rubio quiere recoger la bandera del populismo de derecha caída de las manos de Donald Trump, para lanzarse, posiblemente, como aspirante a la presidencia del 2024. Primero tendrá que reelegirse como senador el 2022. "No soy dueño del escaño en el Senado, dijo, no me pertenece. Si quiero volver al Senado de los Estados Unidos, tengo que ganar eso cada seis años”. Para entonces habrá que ver si de nuevo es electo para el escaño del que no es dueño. Probablemente tanto ese sector de la diásporas cubanas y venezolanas de tendencia trumpista les den el voto, pero no todos los de las comunidades cubanas y venezolanas de emigrantes y exiliados votarán por él y es posible también que será pocos los portorriqueños que le quieran seguir viendo como senador por Florida. 

lunes, 28 de diciembre de 2020

LA HOJA DE RUTA PARA EL RESTABLECIMIENTO DE LOS COMPROMISOS CUBANOS.

 

Proyecto del Centro para la Democracia en las Américas y la Oficina de Washington sobre América Latina. (Segunda parte)

 


Mario J. Viera

 

En la propuesta para la renovación de los compromisos diplomáticos con Cuba, los ponentes consideran que se puede alcanzar una política exitosa siempre que sirvan al interés nacional y adaptar de manera realista las capacidades a los objetivos (“sentido normativo); y contar, además, con suficiente apoyo de las partes interesadas pertinentes para ser sostenibles (sentido político) Teniendo esto presente, el proyecto del Centro para la Democracia en las Américas y la Oficina de Washington sobre América Latina (WOLA), plantea cuatro interrogantes para las cuales intenta responder:

 

• ¿Por qué Cuba debería ser una prioridad cuando tantas otras cuestiones urgentes requieren atención?

• Después de cuatro años de hostilidad estadounidense, ¿Cuba sigue interesada en mejorar las relaciones?

• ¿Qué piensan las principales partes interesadas sobre esta polémica cuestión política interna?

• ¿Cómo puede una nueva política de compromiso superar los obstáculos del apoyo de Cuba al gobierno venezolano y el misterio sin resolver de las lesiones al personal estadounidense que presta servicio en Cuba?

 

Esto, según los ponentes, requiere alcanzar tres imprescindibles etapas, dentro de las cuales se consideran:

1.   Reparación del daño: En los primeros meses de la nueva administración, revertir el daño causado por el uso de la autoridad ejecutiva por parte del presidente Trump para "cancelar" la apertura del presidente Obama.

2.   Tomar la Iniciativa: Identificar e implementar medidas adicionales para avanzar la política de participación a un nuevo nivel utilizando la autoridad ejecutiva del presidente.

3     Terminar el trabajo: Tratar de cambiar las disposiciones legales que han prescrito las sanciones contra Cuba en la ley, limitando la autoridad constitucional del presidente para dirigir la política exterior de estados Unidos.

 

Ante los numerosos problemas, a los que, el gobierno de Biden tendrá que buscarle soluciones, tales como “la pandemia COVID-19, la peor recesión económica desde la década de 1930, y las demandas de justicia racial que se habían demorado durante mucho tiempo”, los ponentes del proyecto se cuestionan, si Cuba, debiera ser una prioridad en la agenda del presidente. “Después de todo ─ aseguran ─, Cuba es un país pequeño que no representa una amenaza real para los Estados Unidos, a pesar de más de medio siglo de antagonismo”. Existen, de acuerdo a los ponentes, “varias buenas razones para que el presidente se mueva rápidamente para volver a comprometerse con Cuba”.

 

La primera de estas “buenas razones” es la crisis en Venezuela, porque, señalan, “guste o no, una solución política a la crisis venezolana requerirá la cooperación internacional entre actores con diferentes intereses, incluyendo Cuba y Estados Unidos”. En segundo lugar, se dice, está previsto que estados Unidos organice la Novena Cumbre de las Américas a finales de 2021, donde la nueva administración de Estados Unidos podrá formular “su enfoque general hacia América Latina, incluida Cuba”. Consideran los ponentes que, si “Estados Unidos detuvo el compromiso; dependerá de los Estados Unidos dar los primeros pasos hacia su restauración”, aprovechando un encuentro de Biden con el nombrado como presidente por el PCC, Miguel Díaz-Canel, en esa Cumbre, para subrayar el interés de Estados Unidos en mejorar las relaciones.

 

En mi opinión este “primer paso” que se le propone dar a Biden, sería un error político y hasta mostraría una posición débil por parte de Estados Unidos. Es cierto que, el denominado “compromiso”, se interrumpió por la política oportunista de Trump hacia Cuba, aunque, reamente, fue el propio gobierno de Cuaba quien creó las condiciones para torpedear las buenas intenciones del presidente Obama. Biden pudiera abrirse a una solución pactada con el gobierno cubano sí, y solo, si el representante de ese gobierno fuera quien diera el primer paso. Por otra parte, si fuera Biden quien diera el primer paso en el acercamiento, el sector ultraderechista del exilio cubano se haría más agresivo hacia la administración demócrata, y se ahondaría más la división que hoy afecta a toda la comunidad cubana de exiliados y emigrantes.

 

En tercer lugar, se declara en el proyecto, “volver a comprometerse con Cuba es relativamente fácil”; esto solo es verdad a medias. Es cierto que Biden, de un plumazo pudiera revertir las sanciones que, por autoridad ejecutiva, Donald Trump le impuso a Cuba. Sin embargo, la situación actual no es la misma que se esperaba alcanzar en 2016. Independiente de las acciones agresivas de la administración Trump, en Cuba, tanto las condiciones económicas como políticas y sociales se abocan a una crisis. El régimen se ha dado a la tarea de reprimir a la disidencia, en especial después de los acontecimientos del pasado 27 de noviembre; en tanto, las diferentes y escuálidas organizaciones opositores al interior de la isla, están entregadas a un inmovilismo político confiando en las quimeras de las organizaciones de ultraderecha del exilio y sus promesas de liberación via las acciones de sanciones económicas.

 

No se puede volver al 2016. Biden no debe hacerle concesiones unilaterales al régimen de la dictadura de un partido colocado por encima del Estado y la sociedad. La política de descongelamiento de las relaciones diplomáticas mutuas, se puede reencaminar a partir se la supresión de las sanciones económicas impuestas por Trump, conjuntamente con el reintegro del personal diplomático estadounidense retirado de la embajada de Estados Unidos, desde septiembre de 2017, como respuesta a las lesiones reportadas a unas dos docenas de ellos, por un supuesto ataque sónico que no ha podido ser identificado claramente.

 

Este tema de las afectaciones sufridas por el personal diplomático de Estados Unidos en La Habana, es considerado, dentro del proyecto, como uno de los dos principales obstáculos para el reinicio del compromiso Cuba-Estados Unidos. Resaltado en negrita, el proyecto plantea, con respecto a este conflicto, lo siguiente: “El presidente no debe permitir que este misterio sin resolver determine nuestra relación con Cuba. Devolver las embajadas de Estados Unidos y Cuba a la plena funcionalidad es un primer paso crítico en una nueva política de compromiso. Propone entonces, cumplir determinados requisitos para que esto se haga de forma segura:

 

• Dotar la embajada poco a poco, con nuevo personal, priorizando la reanudación de los servicios consulares, la ausencia de los cuales ha puesto la mayor carga para la reunificación familiar y el intercambio cultural. • Realizar pruebas de referencia y reevaluaciones periódicas del personal estadounidense estacionado en La Habana para identificar rápidamente cualquier problema nuevo. • Aumentar la seguridad en y alrededor de las residencias diplomáticas de los Estados Unidos. • Continuar los esfuerzos para identificar la causa original de las lesiones, compartiendo toda la información necesaria con los investigadores de la Academia Nacional de Ciencias, reanudando la cooperación con los investigadores cubanos y replicando el protocolo de pruebas canadiense sobre temas estadounidenses para determinar si produce resultados comparables (…) Las precauciones enumeradas anteriormente reducirán la probabilidad de nuevos casos y proporcionarán la capacidad de identificarlos rápidamente si se produce alguno”.

 

El segundo obstáculo, de marcado carácter político, el proyecto lo ve en la crisis en Venezuela y en la implicación del gobierno de Cuba a favor del gobierno de Maduro.  La crisis política, económica y humanitaria en Venezuela ─ señala el proyecto ─ es uno de los temas más urgentes en el hemisferio occidental y el apoyo de Cuba al gobierno de Maduro representa tanto un obstáculo político para el renovar el compromiso como para una oportunidad diplomática”.

 

Según el proyecto, la participación de Cuba tiene importancia capital en la búsqueda de una solución negociada del caso venezolano, “que conduzca a elecciones libres y justas”, y la “política estadounidense debe apoyar los esfuerzos internacionales para lograr un acuerdo político que conduzca a elecciones libres y justas, en la línea del acuerdo que puso fin a la guerra civil de Nicaragua en 1990”. Se agrega diciendo: “Como partidario clave del gobierno de Maduro, Cuba tendrá una influencia considerable sobre si tal solución es posible. Te guste o no, involucrarse con La Habana es una condición necesaria para llegar a un asentamiento venezolano que funcione”.

 

 

El supuesto de que el régimen cubano sea un partícipe crucial en la solución de la crisis venezolana, más que nada, solo es una expresión de “buenos deseos”. Aunque el proyecto funda sus esperanzas en la participación cubana durante las conversaciones que pusieron fin a la guerra entre Angola y Sudáfrica en la década de 1980, y su participación en los acuerdos de paz en Centroamérica en la década de 1990 y, en asociación con Noruega, al acuerdo de paz colombiano negociado en La Habana en 2016; esto no significa necesariamente que, el régimen del PCC se interesará en conversaciones que puedan producir la caída del gobierno de Nicolás Maduro. Venezuela es un aliado de primera línea de Cuba. Es del todo improbable que Cuba se una en un esfuerzo común con Estados Unidos para “apoyar un esfuerzo de mediación internacional viable encaminado a resolver la crisis venezolana a través de elecciones libres y justas”.

 

Sin embargo, el proyecto se contradice cuando, luego de considerar el papel de Cuba como mediador en Venezuela, concluye diciendo: El volver al compromiso con Cuba no debe condicionarse a los progresos en Venezuela ni al fin del apoyo cubano a Maduro. Volver a comprometerse con Cuba es la política exterior correcta porque sirve a una amplia gama de intereses estadounidenses, a pesar del conflicto venezolano”. No obstante, no abandona del todo sus esperanzas con respecto al régimen de La Habana: “Pero volver a comprometerse ─ confían los ponentes del proyecto ─ creará condiciones más propicias para alistar la cooperación cubana para poner fin a ese conflicto”. Algo así como la comedia de Shakespeare “Sueños de una noche de verano”.

 

 

Pero, ¿realmente Cuba es una cuestión de política exterior de alto perfil, como lo entienden los redactores del proyecto?, “tal vez más de lo que la importancia intrínseca de Cuba dictaría. La apertura del presidente Obama en 2014 a Cuba atrajo la atención y los elogios a nivel mundial como un acontecimiento histórico. Una de las razones del alto perfil de Cuba es la larga historia de crisis”, se afirma en el proyecto; y agrega: “Otra es la diáspora cubano-estadounidense, que se preocupa profundamente por las relaciones entre Estados Unidos y Cuba, ya sea a favor o en contra. Una acción rápida para volver a comprometerse con Cuba enviará el mensaje de que el presidente tiene la intención de tener una política exterior activa, volver a comprometerse con aliados y adversarios, y reconstruir la estatura estadounidense en el mundo”.

 

Los autores del proyecto se cuestionan diciendo: “¿Es Cuba un socio confiable? ¿Mantendrán los líderes cubanos su parte del trato? La respuesta corta es sí”. ¿Y por qué esta rotunda afirmación?, porque así lo consideran los promotores del proyecto diciendo: “…a lo largo de la administración Trump, los líderes cubanos continuaron insistiendo en que están abiertos a mejorar las relaciones con los Estados Unidos sobre la base del respeto mutuo. Sin embargo, para superar las sospechas cubanas, (según el proyecto, como resultado de “la reversión del presidente Trump de los logros hechos durante la apertura de Obama”) una nueva administración estadounidense tendrá que hacer un esfuerzo concertado para reconstruir una medida de confianza, lo que significa tomar los primeros pasos para renovar el proceso. De nuevo la condición de que Estados Unidos dé el primer paso. No, la administración de Biden debe dejar asentado que el proceso de distensión con Cuba, no implica el que Estados Unidos renuncie a la denuncia de las violaciones de los derechos humanos de Cuba tanto civiles como políticos; que Estados Unidos reconoce el derecho de todo cubano a organizarse políticamente y a disentir; que Estados Unidos condena todas las manifestaciones represivas por razones políticas, y los denominados “Actos de Repudio”, lo que no implica intromisión en los asuntos internos de Cuba.

 

Es que, según lo enunciado en el proyecto, Cuba sigue interesada en el compromiso., porque las “condiciones políticas y económicas de Cuba han cambiado desde que el presidente Obama y el presidente Castro anunciaron su intención de normalizar las relaciones, pero los incentivos económicos estructurales que llevaron a Cuba a apoyar la normalización siguen vigentes”. Lo único vigente es que ambas embajadas continúan abiertas y solo existe una cooperación en temas como el narcotráfico. Lo que el régimen de La Habana está interesado es en el relajamiento de las sanciones económica y en el levantamiento del embargo, sin mayores compromisos de su parte; sin intromisión en sus asuntos internos, como es el tema de los derechos humanos. El PCC reclama este punto como cota aparte de cualquier acuerdo, nada de legalización de la oposición, nada de libre expresión que no sea favorable a su poder.

 

¿Cuál es la propuesta del proyecto para que Estados Unidos sea quien dé el primer paso para la normalización de las relaciones Cuba-Estados Unidos que la política de Trump ha dificultado? Partiendo del postulado asumido por los redactores del proyecto, que una “nueva política de compromiso implica relativamente poco riesgo político y el potencial de movilizar una amplia variedad de electores en apoyo”, los promotores del proyecto del Centro para la Democracia en las Américas y la Oficina de Washington sobre América Latina, plantean varias recomendaciones que la administración Biden-Harris debieran seguir.  

 

En primer lugar, el proyecto plantea, como cuestión esencial, lo siguiente: En los primeros 100 días, un representante presidencial debe reunirse con miembros comprensivos de la comunidad cubano-estadounidense, pidiendo su apoyo para una nueva política de compromiso y escuchando qué temas son de especial importancia para ellos. Esto dicho, luego de exponer: “Muchos de los líderes de la comunidad cubano-estadounidense que fueron partidarios abiertos de la política del presidente Obama han estado callados ante la reversión de la misma por parte del presidente Trump, no porque ya no apoyen el compromiso, sino porque vieron un espacio limitado para que sus voces marcaran la diferencia”. ¿Muchos? Habría que preguntar, quiénes son esos líderes. ¿Acaso algunos como Max Lesnik de la Alianza Martiana o como la Brigada Antonio Maceo o la Fundación para la Normalización de las Relaciones entre Estados Unidos y Cuba de Elena Freyre? Todos comprometidos en la defensa del sistema que rige en Cuba. ¿Acaso algunos de los participantes en el encuentro con representantes del gobierno cubano, denominado “La Nación y la Emigración”? Por otra parte, ¿Quiénes son, a juicio de los promotores del proyecto, esos “miembros comprensivos de la comunidad cubano-estadounidense”? Tal vez, Ramón Saúl Sánchez del Movimiento Democracia que ha estado opuesto al embargo, o miembros fundadores de CubaOne Foundation o algún miembro cubano de Engage Cuba.

 

No creo que alguno de ellos sea representativo del conjunto de la comunidad cubana de exiliados y emigrados.

 

El proyecto fundamenta esta propuesta basándose en los resultados de una encuesta realizada en marzo de 2015, cuyos resultados mostraban un apoyo del 51% de los cubano-americanos a la normalización y un 47% se declaraba a favor de levantar el embargo. Un año después del anuncio de Obama, los cubano-americanos apoyaron la normalización (56% a favor, 36% en contra) y el levantamiento del embargo (53% a favor, 31% en contra). Todos estos datos, luego de los cuatro años de propaganda trumpista han dejado de ser confiables. Las organizaciones cubanas del exilio han tendido cada vez más hacia posiciones de extrema derecha y de firme oposición a cualquier política que entiendan como favorable al régimen de La Habana. Entre estas, se destacan el Directorio Democrático Cubano y su apéndice, la Asamblea de la Resistencia Cubana, que, según sus impulsores, agrupa a organizaciones opositoras de dentro y fuera de la isla.

 

La recomendación a la nueva administración más apropiada debería ser: “En los primeros 100 días, la Oficina del Contador General (GAO) y la United States Agency for International Development (USAID), deberán realizar una auditoria a todas las organizaciones del exilio cubano para ver en qué se invierte el dinero de los contribuyentes que cubre los respectivos grants, y cuyos resultados se hagan públicos”.

 

Otra de las recomendaciones incluidas en la “Hoja de ruta”, plantea lo siguiente: “Al principio, la nueva administración debe consultar con la Cámara de Comercio de los Estados Unidos, el Consejo Empresarial EE.UU.-Cuba y la Coalición de Agricultura de los Estados Unidos para Cuba para discutir cómo el gobierno de los Estados Unidos puede facilitar la expansión de las relaciones comerciales con Cuba”. Sin embargo, lo principal a tener en cuenta es no hacer concesiones unilaterales al régimen del PCC a cambio de nada. Aunque, conveniente para los Estados Unidos, la administración Biden no debe mostrarse muy generosa en cuanto a facilitar la expansión comercial con Cuba. Esta expansión comercial debe tener en cuenta la situación de los derechos políticos y civiles existentes en Cuba, el respeto a la libre expresión y al disenso.

 

En otro sentido, no puede omitirse la realidad de la economía cubana, tal como lo expresa Richard E. Feinberg, en la monografía titulada “Extender la mano: La nueva economía de Cuba y la respuesta internacional”: “La principal restricción que retrasa a la economía cubana no son las sanciones impuestas por los Estados Unidos (aunque son realmente duras). En realidad, es el propio modelo económico desactualizado de planificación centralizada que Cuba heredó de la Unión Soviética”. Además, gravitando en la economía cubana está la situación de su deuda externa tal y como demostró un Documento de la Unión Europea sobre la estrategia nacional de Cuba y Programa Nacional Indicativo para el período 2011-2013, citado por Feinberg, los $ 31,6 mil millones de deuda externa cubana en el 2008, Cuba debía mil millones o más a cada uno de sus acreedores: Venezuela ($11.4 mil millones), España ($3.2 mil millones), China ($3.2 mil millones), Japón ($2.8 mil millones), Argentina ($2 mil millones), Francia ($1.9 mil millones), Rumania ($1.2 mil millones), y Rusia postsoviética ($1.1 mil millones).

 

Con el presupuesto de que una sección bipartidista de la comunidad de política exterior y seguridad nacional apoyó la apertura del presidente Obama a Cuba con el argumento de que la vieja política era un remanente ineficaz de la Guerra Fría que estaba dañando las relaciones de Estados Unidos con los aliados, especialmente en América Latina”, el proyecto propone, que: En los primeros 100 días, el presidente debe reunirse con miembros seleccionados del Congreso, incluidos demócratas y republicanos que apoyan el compromiso (por ejemplo, el Grupo de Trabajo de Cuba en la Cámara), para pedir su apoyo”. Propuesta esta que pasa por alto la realidad política actualmente existente, luego de los cuatro años de los desastres trumpistas, manifestada en una acentuada polarización entre los congresistas republicanos y demócratas que dificulta el avance de cualquier iniciativa presidencial si, finalmente, los demócratas no aseguran la mayoría formal en el Senado. Por otra parte, el denominado Grupo de Trabajo de Cuba en la Cámara, prácticamente ha desaparecido.

 

El Grupo de Trabajo de Cuba (Cuba Working Group) fue una iniciativa bipartidista aparecido en diciembre de 2015, formado por 17 representantes republicanos y 17 demócratas, como un grupo especial de la cámara baja del Congreso en apoyo a un abordaje "más pragmático" para una mejora de las relaciones con Cuba. El 4 de junio de 2019, lo que quedaba del grupo especial, tras el anuncio del Departamento del Tesoro de aumentar las restricciones a los viajes de los Estados Unidos a Cuba, declaró: “Todo estadounidense debe tener derecho a viajar libremente. La decisión de la Administración de restringir aún más los viajes de Estados Unidos a Cuba no sólo viola ese derecho, sino que socava los esfuerzos para ayudar a promover la democracia y mejorar la vida del pueblo cubano. La fallida política de embargo de Estados Unidos hacia Cuba en los últimos 60 años ha dado lugar al resultado que vemos hoy. Ahora, los miembros del Congreso deben preguntarse si quieren continuar por el mismo camino con respecto a Cuba o trazar un nuevo rumbo a través de la participación.

 

 

(Continuamos)