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lunes, 22 de mayo de 2017

Donald Trump en Arabia y sus partidarios.... ¡FELICES!

Mario J. Viera



BBC Mundo se pregunta: “¿Por qué después de las críticas de Donald Trump al islam, Arabia Saudita es el destino de su primera visita al extranjero como presidente de EE.UU.?” Y responde: “Hay varias razones por las que la elección de Arabia Saudita como destino del primer viaje oficial de Donald Trump como presidente de Estados Unidos puede considerarse sorprendente”. Arabia Saudita, primer país que Donald Trump visita como presidente. ¡El primero! Y rememora BBC, que en febrero de 2016 sugirió que funcionarios sauditas habían sido cómplices de los ataques del 11 de septiembre y a lo largo de su campaña llegó al punto de identificar a Arabia como uno de los enemigos de EE.UU. y así era aplaudido febrilmente por sus fieles seguidores. Además, a finales de marzo de 2016 Trump le diría al New York Times: "Sin nosotros, Arabia Saudita no existiría por mucho tiempo", y dijo que consideraría detener las compras de petróleo de Estados Unidos a Arabia Saudita a menos que el Gobierno saudí aportara tropas en contra del Estado Islámico. "No se nos está reembolsando el tipo de tremendo servicio que estamos realizando al proteger a varios países. Ahora Arabia Saudita es uno de ellos", agregó Trump.

Y BBC ve como una de las razones para esa visita a Arabia Saudita la compra de armamento estadounidense por cerca de US$110.000 millones que hiciera el reino saudí, incluyendo “sofisticados sistemas de radares, aviones y barcos, por un valor US$109.700 millones”. Pero hay algo más, según BBC, Trump desea que Arabia haga inversiones en Estados Unidos: “Son cientos de miles de millones de dólares en inversiones en Estados Unidos ─ expresó jubilosos el magnate presidente ─ y trabajos, trabajos, trabajos”.

Los sauditas, tan taimados, tan astutos, ven la gran oportunidad económica y militar de tratar con el magnate que parecía “el enemigo”. No importa todo lo que afirmara Trump durante su campaña para captar a su ferviente electorado, así lo entienden los sauditas y así, nos informa BBC, lo que declara a The Wall Street Journal el ministro de relaciones exteriores saudita Adel al Jubeir: "La gente dice muchas cosas durante la campaña. Y yo no creo ni por un minuto que el presidente Trump sea anti nada”. ¿Bonito, verdad? Pero hay más, ellos le conocen bien, saben que a él le agrada resaltar, ser aceptado y aplaudido por todos y los árabes le dieron por el gusto. Le colocaron alfombra roja para ser recibido por todo lo alto y, como reporta The Associated Press, “mientras Trump y el rey de 81 años, que se apoyaba en un bastón, caminaban sobre la alfombra roja, aviones militares cruzaron el cielo y dejaron una estela en rojo, blanco y azul”. ¡Todo un espectáculo! Luego, el gran amigo ex enemigo, al igual que antes Vladimir Putin, Theresa May y Barack Obama, el rey le otorgó a Trump la condecoración que representa el honor civil más alto que concede Arabia, la medalla de Abdulaziz Al Saud. Luego Trump hasta se atrevió, muy alegremente, al participar en una danza tradicional de los árabes al compás de los tambores y del rítmico movimiento de los danzantes que agitaban espadas.

El gobierno saudí, lo tenía bien calculado, sabía que el más beneficiado con la visita del presidente de Estados Unidos y con los acuerdos a que se arribaran ellos serían los más beneficiados. Todo venía siendo preparado desde el pasado 30 de enero en una comunicación telefónica entre el rey Salmán bin Abdulaziz y Trump ambos acordaron que era importante “hacer cumplir de forma rigurosa el Plan Integral de la Acción Conjunta con Irán”. Riad estaba resentido con Obama por el acuerdo alcanzado en Viena con el gobierno iraní el 14 de julio de 2015 y suscrito además de Estados Unidos por China, Francia, Reino Unido, Rusia y Alemania. En esa ocasión, Trump fue fuertemente crítico con el acuerdo, que según Obama había “frenado la expansión de las armas nucleares en Oriente Próximo”, pero que él calificaba como catástrofe. El pacto de Viena se ha considerado como una victoria diplomática de la administración Obama facilitada por la llegada al ejecutivo del Irán en 2013 de Hasán Rouhaní, un hombre bien separado de las posiciones extremistas de su antecesor Mahmud Ahmadinejad, y tenido como un político moderado de centro. Por este pacto el gobierno iraní aceptaba la condición de no enriquecer el uranio por encima del 5%; reduciría además sus centrifugadoras que enriquecen el uranio necesario para elaborar una bomba atómica, asi mismo, suprimiría el reactor para la producción de plutonio y se comprometía a aceptar las verificaciones del Organismo Internacional de la Energía Atómica (International Atomic Energy Agency IAEA)

Por otra parte, los sauditas ni siquiera se sintieron ofendidos porque la Primera Dama Melania y la Primera Hija Ivanka, al descender del Air Force One a su llegada a Riad no optaron por cubrirse la cabeza como es obligatorio para las mujeres árabes. Nada que criticar porque esa regla exceptúa a las extranjeras; pero ¡Caramba, hombre! Trump olvidó un pequeño detalle al respecto. A la muerte del rey saudí, Abdalá bin Abdulaziz al-Saúd, luego de transmitir sus condolencias al nuevo rey, Obama el 28 de enero de 2015 haría una escala en Riad acompañado de Michelle Obama y de algunos funcionarios de gobierno para ofrecer sus condolencias, de manera directa, a Salmán bin Abdulaziz; pero Michelle no se había cubierto la cabeza... ¡Gran ofensa! Si no para los árabes, si para Donald Trump, que indignado por el sacrilegio de los Obama, soltó al siguiente día uno de sus tuit criticando a la Primera Dama: “Many people are saying it was wonderful that Mrs. Obama refused to wear a scarf in Saudi Arabia, but they were insulted.We have enuf enemies”  ─ “Mucha gente está diciendo que fue maravilloso que la señora Obama se negara a llevar velo en Arabia Saudita, pero ellos fueron insultados. Ya tenemos suficientes enemigos”.

Los fervientes admiradores de Donald Trump, aplauden entusiasmados el fortalecimiento de las relaciones conseguido con esta visita presidencial a un país donde se practica, con todo su rigor, la ley de la Sharía. Ni lo aplaudo, ni lo critico. Está haciendo, simplemente, lo que tantos presidentes de Estados Unidos han practicado desde el gobierno de Franklin D. Roosevelt. En Arabia Saudí los derechos humanos ni siquiera son papel mojado, ¡No existen!, pero el gobierno saudí es bien astuto y este asunto de los derechos humanos lo tiene sin cuidado; conocen su importancia estratégica en el Medio Oriente, saben que son la contraparte del Estado Islámico de Irán su natural enemigo y tienen en cuenta el poderío que le otorgan sus pozos petroleros. Son una pieza importante en el plano estratégico, por eso sus relaciones se las diputan Rusia, Gran Bretaña y Estados Unidos.  


Lo que resulta más interesante de todo este asunto es que ahora los obstinados simpatizantes y seguidores de Donald Trump no levantan su indignada voz por este acercamiento del presidente con el gobierno de Riad, como acostumbraban a hacer en contra de Barack Obama por sus relaciones con un país tan violador de los derechos humanos como es Arabia Saudita. ¡Cuántas cosas dijeron! Ahora están callados. Estados Unidos es el gran amigo de los árabes y ya no se menciona “el terrorismo islámico” que tanto mencionaba Trump. Ahora Trump y sus seguidores son conciliadores: “Ésta no es una batalla entre distintas religiones, distintas sectas o entre civilizaciones. Ésta es una batalla entre los criminales bárbaros que quieren acabar con la vida humana en nombre de la religión y las personas decentes de cualquier fe que buscan protegerla... Ésta es una batalla entre el bien y el mal. Cuando vemos la sangre no vemos la religión de las víctimas… Son hijos de Dios”. Parece ser que los seguidores de Trump serán la negación de la negación... ¿Mirarán con buenos ojos a los que practican el islamismo? ¿Estarán dispuestos a recibir a los refugiados de Siria y de Irak, que también “son hijos de Dios”? 

miércoles, 5 de abril de 2017

El culpable es Obama – dice Donald Trump, sin embargo...

Mario J. Viera


El martes 4 de abril, en horas de la tarde, aviones no identificados, si fueran parte de la flota aérea rusa actuando sobre Siria, o aviones del régimen de Bashar al-Assad, descargaron un ataque químico, probablemente con gas sarín, sobre la ciudad de Jan Sheijun al sur de la gobernación de Idlib ocasionando numerosas víctimas civiles (unas 58 víctimas mortales). La ciudad de Jan Sheijun es una posición de las fuerzas opositores al régimen sirio que desde los acuerdos tomados en las Conversaciones de Ginebra se había acordado un alto al fuego. Tanto para Rusia como para Assad los rebeldes allí concentrados son calificados de “terroristas”. El gobierno de Assad negó las acusaciones en su contra alegando que su fuerza aérea solo bombardeó puestos rebeldes abandonados donde se elaboraban armas químicas pertenecientes al Estado Islámico y a grupos de Al-Qaeda, por lo que consideraba que algunos de los tóxicos liberados tras las explosiones llegaron y rodearon a Jan Sheijun situada a pocos kilómetros del lugar atacado. Esta versión es la misma sostenida por las autoridades rusas. Así se justificó el portavoz del Ministerio de Defensa ruso, Igor Konashenkov diciendo que “la aviación siria llevó a cabo un bombardeo en los alrededores de Jan Sheijun contra un almacén de munición de los terroristas. Estas instalaciones contenían fábricas para producir proyectiles cargados con agentes tóxicos

La condena internacional no se hizo esperar aunando voces de Europa, Israel, Turquía y Estados Unidos. El gobernante de Estados Unidos se apresuró a emitir un comunicado por medio de la Oficina de la Secretaría de Prensa, declarando que aquel ataque químico contra personas inocentes era “reprensible” pero consecuencia, no solo de los actos criminales de Assad y sus aliados rusos e iraníes, sino principalmente como un resultado de la debilidad e irresolución de Barak Obama.




Trump consideró como “atroz” el ataque químico lanzado por el gobierno de Assad contra su propio pueblo y afirmara que ese acto “no puede ser ignorado por el mundo civilizado”, no pidió que el dictador renunciara o que debiera ser derrocado, en cambio justificó el acto genocida como “una consecuencia de la debilidad e irresolución de la pasada administración”. A su vez Sean Spicer ratificó la denuncia de D.T. diciendo: “El ataque químico de hoy contra el pueblo inocente de Siria, incluyendo mujeres y niños, es condenable y no puede ser ignorado por el mundo civilizado. Este acto bárbaro del régimen de Bashar al-Assad es una consecuencia de la debilidad de la pasada administración”. La permanencia del dictador en el poder no está en discusión y esto lo dejó bien claro Nikki Haley, la representante de Estados Unidos ante las Naciones Unidas: “Nuestra prioridad ya no es sentarnos y pensar en cómo sacar a al-Assad. ¿Creo que es un obstáculo? Si, lo creo. ¿Vamos a sentarnos y ver como lo sacamos? ¡No!” Pero esto es lo mismo que el flamante Secretario de Estado Rex Tillerson cuando recientemente dijera en Turquía: “La permanencia del presidente Assad será decidida por el pueblo sirio”. Para la camarilla de D.T. Bashar al-Assad es “una realidad política que hay que aceptar”.

El pasado 31 de marzo, la Casa Blanca declaró por boca de su secretario de prensa Sean Spicer: “Con respecto a Assad, hay una realidad política que debemos aceptar. Estados Unidos ─ agregó Spicer ─ tiene profundas prioridades en Siria e Iraq, y lo hemos hecho claro que el contraterrorismo, particularmente la derrota de ISIS, está en primer lugar entre todas estas prioridades”. Esto, de hecho, tal como lo viera el New York Times, como declarara la Casa Blanca, significaba que Trump abandonaba el objetivo de presionar a Bashar al-Assad para que abandonara el poder “marcando una aguda partida de la política sobre Oriente Medio que por más de cinco años guió la administración Obama. Esta decisión de ignorar al dictador sirio por parte del equipo de Donald Trump, fue criticada firmemente por el Senador republicano por Arizona John McCain, quien declaró: “Tratando de combatir a ISIS a la vez que se pretende que ignoremos la guerra civil siria, que ha sido su génesis y combustible hasta el presente, es una receta para más guerra, más terror, más refugiados y más inestabilidad”.

Hay más, en un tuit de 3 de septiembre de 2013, D.T. declaró: “What I am saying is stay out of Syria” (Lo que estoy diciendo es estar fuera de Siria). Dos días después exigiría en otro tuit redactado en letras mayúsculas como reafirmación: “AGAIN, TO OUR VERY FOOLISH LEADER, DO NOT ATTACK SYRIA – IF YOU DO MANY VERY BAD THINGS WILL HAPPEN & FROM THAT FIGHT THE U,S. GETS NOTHING!”  (“Otra vez, a nuestro muy idiota líder, no ataque a Siria – si lo haces muchas cosas muy malas sucederán y ¡Nada ganará Estados Unidos con esa pelea!”)

Trump no sabe medir sus palabras lanzadas impensadamente en función de sus propuestas políticas, como si todavía estuviera en campaña, y obviando que ya lleva cerca de cuatro meses en el gobierno. Acusa a Obama y se olvida que cuando el 31 de marzo su gobierno declarara que Assad era una realidad política que no podía obviarse y al mismo tiempo respaldaba las acciones aéreas rusas le estaba dando luz verde a Assad para irrespetar el alto al fuego acordado. Trump y todos sus ignorantes colaboradores no se han percatado que “este acto bárbaro del régimen de Bashar al-Assad es una consecuencia” de su propia incoherencia e irreflexionalidad. Pero estos hechos le han venido a Trump, como dice la trillada expresión, como anillo al dedo, ya que puede lanzar una cortina de humo que cubra el escándalo de las continuadas evidencias de los vínculos de sus colaboradores con el Kremlin. Aunque en su comunicado del 4 de abril no hizo alusión alguna a Rusia, ha permitido que Tillerson hiciera un llamado a Rusia e Irán “a ejercer su influencia sobre el régimen sirio y garantizar que este tipo de horrible ataque no vuelve a ocurrir jamás", y que reclamara diciendo: “Aquellos que lo defienden o apoyan, incluidos Rusia e Irán, no deberían engañarse sobre Al Asad o sus intenciones”.

En un aparente distanciamiento con Rusia, Nikki Haley, se dice que “fustigó” a Rusia en el Consejo de Seguridad diciendo: “¿Cuántos niños más tienen que morir antes de que Rusia actúe?” Todo esto evidentemente es solo retórica para la galería. Tanta preocupación expresada por la suerte de los niños sirios y sin embargo Trump, en la más polémica de sus órdenes ejecutivas, dictó la prohibición de entrada a Estados Unidos a siete países con mayoría musulmana entre los que se encuentra Siria y se ha negado a recibir a los refugiados sirios, una de sus banderas de combate durante toda su campaña electoral. Recuérdese lo que afirmara Trump en junio de 2916: "Debemos frenar el tremendo flujo de refugiados sirios a EE. UU. No sabemos quiénes son, no tienen documentación y no sabemos de dónde vienen".


Ante el acto (crimen de guerra” como lo calificó el Secretario General de la ONU), Rex Tillerson, declararía: “Cualquier persona que utiliza armas químicas para atacar a su propio pueblo muestra un desprecio fundamental para la dignidad humana y debe rendir cuentas” y consideró que tanto Rusia como Irán, tenían “una gran responsabilidad moral por estas muertes”, solo eso, cuando el acto criminal era en realidad una consecuencia del apoyo que le ofrecen ambos países al régimen sirio. 

viernes, 31 de marzo de 2017

Abuso de Derecho: A propósito de la orden ejecutiva de Donald Trump para desmantelar las políticas ambientales del presidente Obama.

Mario J. Viera



El medio ambiente es una propiedad eminentemente colectiva, propiedad de todos los habitantes del planeta, por tanto, un bien común al cual todos tenemos el derecho de disfrute, uso y conservación. Frente al derecho de la propiedad privada, la propiedad particular, este derecho, de propiedad de todos, es y tiene que ser inconmovible. El derecho a la propiedad privada debe entenderse dentro de los límites de su importancia social, derecho de uso (ius utendi) y disfrute, pero no de abuso (ius abutendi). Nadie tiene derecho en uso de sus derechos de propiedad privada a dañar o limitar el derecho de la propiedad privada de otros. La propiedad privada es sagrada, esto es cierto, y fundamento de las libertades, pero el ejercicio del derecho a la propiedad privada no implica que se posea el derecho a esquilmar los recursos naturales de un país o un territorio en particular y mucho menos a los bienes universales a los cuales todos, como habitantes de este planeta, tenemos el derecho natural de disfrutar, ríos, mares, acuíferos, subsuelo, bosques y aire. Tenemos el derecho a respira aire limpio y sin poluciones y ante este derecho nadie puede alegar el derecho de uso y abuso de su propiedad privada.

La Constitución cubana de 1940 en su artículo 87 reconocía del derecho de la propiedad privada en su concepto de función social, declarando: “El Estado cubano reconoce la existencia y legitimidad de la propiedad privada en su más amplio concepto de función social y sin más limitaciones que aquellas que por motivo de necesidad pública o interés social establezca la ley”. Si tomamos este concepto de las limitaciones por necesidad pública o interés social de la propiedad privada podemos encuadrar dentro de las mismas las regulaciones encaminadas hacia la protección del medio ambiente.

Existe lo que se denomina abuso de derecho en el caso cuando en el ejercicio del derecho de propiedad se ejecutan acciones cuyos resultados acarrean problemas al vecino o al uso de su propiedad. Esto está contemplado y regulado por el derecho civil. Tomemos como ejemplo lo estipulado al respecto en el artículo 7.2 del Código Civil español de 1889: “La ley no ampara el abuso de derecho o el ejercicio antisocial del mismo. Todo acto u omisión que por la intención del autor, por su objeto o por las circunstancias en que se realizase sobrepase manifiestamente los límites normales del ejercicio de un derecho, con daño a tercero, dará lugar a la correspondiente indemnización y a la adopción de medidas judiciales o administrativas que impidan la persistencia en el abuso”. El Código Civil griego de 1941 estableció en su artículo 281: "El ejercicio de un derecho está prohibido si sobrepasa manifiestamente los límites impuestos por la buena fe o las buenas costumbres o por el fin social o económico de dicho derecho". Por otra parte, el Código Civil húngaro de 1960 plantea en el inciso 2 de su artículo 5, lo siguiente: “El ejercicio de un derecho es abusivo cuando tiende a un fin incompatible con el destino social del derecho y especialmente cuando acarrea daño a la economía nacional y a los ciudadanos, avanza sobre sus derechos e intereses legítimos o procura la adquisición de ventajas indebidas”. Tempranamente en el Código Civil prusiano de 1794, como anota Luis Moisset de Espanés, se estableció que “nadie puede abusar de su propiedad para agraviar o perjudicar a otro".

Todo acto “por las circunstancias en que se realice” con daño a tercero es considerado como abuso de derecho y causa de indemnización, porque nadie puede hacer abuso de su propiedad para causar perjuicios a otros. Cuando las empresas de petróleo y gas, con sus emanaciones de gases perjudiciales y tóxicos contaminan la atmósfera sobrepasando el fin económico de su derecho de propiedad provocando, por negligencia o intención, daños a terceros, es decir a todos nosotros, se requiere adoptar de medidas judiciales o administrativas que impidan la persistencia en el abuso”; por tanto, se requieren regulaciones en el ejercicio de su derecho de propiedad privada con el propósito de limitar su capacidad de adquisición de ventajas indebidas.

En Estados Unidos existe una poderosa corriente de oposición a todo tipo de regulaciones gubernamentales que pongan límites a los intereses del mercado, especialmente impulsada por el partido republicano. No obstantes, son numerosas las regulaciones que se han implantado en diversos renglones que no han suscitado ninguna posición disidente, como es el caso de las regulaciones impuestas para las construcciones de edificaciones o las que regulan el mercado de la industria tabacalera prohibiéndole el empleo de la propaganda comercial e imponiendo gravámenes indirectos al consumo de cigarrillos y cigarros, principalmente dictadas por legisladores republicanos. Del mismo modo en el sector financiero se han establecido regulaciones como es el caso de la Ley Dodd-Frank Wall Street Reform and Consumer Protection (21 de julio de 2010) a la que se le incorporó la denominada Regla Volcker dirigida a minimizar conflictos de interés financieros. En marzo de 2015, el presidente Obama presentó su plan para reducir las emisiones de carbono de las plantas termoeléctricas del país. El denominado Plan de Energía Limpia propuesto por Obama tenía como objetivo reducir para el 2030 las emisiones de carbono en un 32% con respecto a los niveles de 2005, considerando, según expresara, que las estaciones termoeléctricas producían "aproximadamente un tercio" de la contaminación total por carbono del país; este sería, opinó, “el paso más grande y más importante que hemos tomado nunca para combatir el cambio climático”. En defensa de su proyecto Obama afirmó: “Solamente tenemos un hogar, un planeta. No hay un plan B”, una verdad incuestionable. Entre los propósitos perseguidos por el Plan de Energía Limpia se preveía que para el 2025 Estados Unidos reduciría las emisiones de efecto invernadero, no solo las procedentes de las termoeléctricas, entre un 26% y un 28% respecto a los niveles de 2005.

Sin embargo, como reportara el Huffington Post: “Varios (políticos) republicanos, entre ellos algunos precandidatos presidenciales, la industria del carbón y parte de la comunidad empresarial consideran que las nuevas directrices de la EPA para las termoeléctricas destruirán miles de empleos y encarecerán el coste de la energía”. Esta es la respuesta que dieran aquellos que, sin la debida preparación académica, rechazan la realidad del cambio climático como resultado de los gases de efecto invernadero y que defienden intereses puramente egoístas de obtener más ganancias sin consideración por las consecuencias por daños a terceros, en este caso, de todos los habitantes del planeta. No existe plan B.

La filosofía de Donald Trump ─ si alguna en realidad tuviera ─ es la negación del calentamiento global como efecto del cambio climático bajo la acción del hombre. Para él, el calentamiento global es cuento chino; así lo expresó en uno de sus habituales tuits, este del 6 de noviembre de 2012 cuando anotó: “El concepto del calentamiento global fue creado por y para los chinos para atacar la competitividad de la industria estadounidense”. Coincidiendo con los intereses de la industria del carbón y de las petroleras y siguiendo los postulados de los republicanos cambio climáticos detractores, Trump califica las regulaciones planteadas dentro del Plan de Energía Limpia como “regulaciones asesinas de empleos (job-killing regulations)”.
El 28 de marzo firma Trump una Orden Ejecutiva que revoca la de Barack Obama, diciendo muy complacido: “I am taking historic steps to lift restrictions on American energy, to reverse government intrusion, and to cancel job-killing regulations”. ¿Pasos históricos? Siempre presente su grandilocuencia al considerar que todos sus actos deben tener preeminencia histórica, cuando solo lo que hizo fue anteponer intereses particulares a los intereses universales al usufructo de una atmósfera limpia. Se trata, simplemente de un flagrante acto de abuso de derecho, además de ser un acto irreflexivo y sin el debido asesoramiento científico.

En su desesperado acto de revocar lo que ve como “intrusión gubernamental”, Trump no paró en mientes para desconocer la carta firmada por 375 especialistas ambientalista que le remitieron para que considerara que “el cambio climático provocado por los seres humanos no es una creencia, un engaño o una conspiración. Es una realidad física”. En este documento los especialistas daban razones de peso diciendo: “Los combustibles fósiles alimentaron la revolución industrial. Sin embargo, la combustión de petróleo, carbón y gas también causó la mayor parte del aumento histórico en los niveles atmosféricos de gases de efecto invernadero que atrapan el calor. Este aumento de los gases de efecto invernadero está cambiando el clima de la Tierra (...) La ciencia básica de cómo los gases de invernadero atrapan el calor es clara y lo ha sido durante más de un siglo”.

Muy satisfecho con las medidas que acaba de dictar, Trump afirmó sonriente: “Vamos a poner a nuestros mineros a trabajar otra vez”. ¿Hay fundamento en lo que afirma? Revirtiendo con su proclamada “Independencia energética” la prohibición de arrendamiento de carbón en tierras federales estipulada en la orden ejecutiva de Obama del Plan de Energía Limpia, ¿garantizará un aumento en los empleos en las empresas del carbón? Él lo cree así; en cambio, BBC Mundo lo pone en duda reportando: “En 2015, las empresas de carbón emplearon a unos 66.000 mineros, el número más bajo desde que el organismo de estadística del Departamento de Energía de Estados Unidos comenzara a registrar estas cifras en 1978. Los motivos, han apuntado varios expertos, se deben a la creciente mecanización en la industria y al aumento en la producción de gas natural, una alternativa menos costosa y contaminante que el carbón”.

De inmediato ya esta orden presidencial ha originado fuertes críticas por parte de las organizaciones ambientalistas que han prometido someterlas a las cortes. Así lo han asegurado David Doniger del Consejo para la Defensa de los Recursos Naturales (NRDC) Liz Perera, de la organización Sierra Club, quien considera que esta orden presidencial representa “uno de los mayores ataques en contra de las acciones por el medio ambiente que Estados Unidos haya visto jamás”, para a continuación agregar: “Trump está señalando un cambio en la filosofía ampliamente aceptada de que el dióxido de carbono es el enemigo, el principal motor del cambio climático”. Por su parte Doniger consideró que se trata de “un plan de destrucción climática en lugar de un plan de acción”.



lunes, 4 de abril de 2016

LA OPORTUNIDAD DEL REFERENDO


Ha llegado el momento. Por años la disidencia cubana ha solicitado la realización de un referendo nacional, para que sea el pueblo quien decida bajo qué sistema de gobierno quiere vivir. Algunas organizaciones bien intencionadas, pero con gran candidez política, creen que solo con la recogida de miles de firmas en apoyo a un proyecto de referendo, presentadas ante la Asamblea Nacional del Poder Popular, el régimen va a acceder a llevarlo a cabo. ¡Ah, es que el camino al infierno está empedrado de buenas intenciones! Confían que se puede llegar a la Ley a partir de la Ley. ¡Incautos! Las leyes del Estado cubano son siempre susceptibles de enmiendas según los intereses de su cúpula gobernante.

Desde su instauración en el poder, el castrismo ha buscado su legitimidad en el apoyo de las masas, de las turbas. Las masas siempre han sido la herramienta de contención de esas mismas masas por el régimen. Si el gobierno usurpador es condenado en un foro internacional cualquiera, convoca a la movilización masiva en su apoyo y, así, poder alegar: “El pueblo está unido al Partido”.

Havel lo dijo, las masas son siempre víctimas y sostén de la tiranía. La sociología ha demostrado que la mentalidad del hombre cediendo su individualidad al influjo de la masa es la de un idiota.

Pero las masas pueden volverse en contra de quienes les manipulan y volcar de un solo golpe al poder ilegítimo. Sí, en las masas está el poder y al mismo tiempo, valga el oxímoron, la debilidad de los regímenes totalitarios.

El próximo Primero de mayo lo convoca el castrismo con un solo y único propósito disimulado bajo la consigna de exigir la devolución de la Base Naval de Guantánamo y el Levantamiento del Embargo, el transmitir la impresión que el discurso pronunciado en La Habana por Barack Obama no caló en la conciencia del pueblo y que el pueblo está firme en su apoyo a la dictadura. El castrismo quiere presentar el primero de mayo como un referendo a su favor, y ciertamente podrá blasonar de ello si la concurrencia al desfile resulta masiva y grandiosa.

Para la oposición, el desfile del primero de mayo que se está organizando puede ser la oportunidad tan esperada del referendo que le diga NO a la dictadura castrista. La consigna de la oposición interna del momento no es gritar “¡Abajo los Castro!”; la consigna que ahora se debe divulgar es: “¡Nadie al desfile del primero de mayo!”; es llamar al pueblo con la consigna: “¡Somos el cambio! ¡No desfilar el primero de mayo!”

El exilio debe unirse en el mismo reclamo. Divulgar por todos los medios, por las páginas sociales Facebook y Twitter y por Radio Martí, la consigna de no al desfile del primero de mayo. Ahí tiene una gran oportunidad #Todos marchamos, para impulsar el no a la farsa del primero de mayo. Hay que convertir el primero de mayo en la primera gran derrota de la dictadura, en el mensaje decidido de no apoyo a la tiranía; el mensaje de que el pueblo no quiere más de lo mismo, que quiere verdaderas reformas y cambios verdaderos.


Por su parte, a no dudarlo, el castrismo reforzará en todo el mes de abril la represión para infundir temor; para intentar disuadir al pueblo de cualquier intento de resistencia. Este, como diría José Martí, es el momento de los hornos.

viernes, 1 de abril de 2016

No fue racismo… fue payasada


Mario J. Viera

Ver un artículo de opinión con un título tan sugestivo como ese de “Negro, ¿tú eres sueco?” ya de entrada llama la atención. La suspicacia aparece y se dice, “Hm, aquí está clara la insinuación racista”. Surge la pregunta de inmediato: “¿Quién escribió este artículo?” Debe ser algún blanco que se cree mejor humano porque tiene blanca su piel. La curiosidad invita a la lectura: ¿Quién es ese negro que se cree o se hace el sueco? Solo con leer el párrafo inicial se da uno cuenta de qué negro se trata: “Hace apenas unas horas, La Habana fue escenario de lo que, sin lugar a dudas, constituye la noticia más importante en mucho tiempo. El presidente de los Estados Unidos visitó la capital de las Mayor de las Antillas…” ¡Nada más y nada menos que el Presidente de los Estados Unidos de América, Barack Obama! Evidentemente el artículo expresa desprecio hacia la condición racial de Obama y de paso se emplea el peyorativo decir que dice “hacerse el sueco” para indicar hipocresía… ¿Serán hipócritas los suecos?

Y la poca feliz expresión aparece en uno de los periodicuchos que circulan en Cuba, ese que se identifica como “Tribuna de La Habana”. Entonces de este lado del Estrecho de la Florida, tirios y troyanos, que es decir demócratas y republicanos afilamos nuestras plumas, o el tablero de la computadora, para caerle arriba al castrismo por esa manifestación de racismo, clara, evidente, tangible, presente en uno de sus medios informativos, pero… ¡Un momento! Descubrimos al autor de libelo. Su nombre, Elías Argudín. Y ¿quién carajo es este Argudín? ¡Sorpresa, Argudín es un negro castrista! Uno de esos tíos Tom que habitan en la cabaña de troncos del Partido Comunista de Cuba, que reciben paga para hacer loas a los prohombres del poder en Cuba.

Entonces uno piensa y analiza y no, no se trata de racismo; se trata de algo más humillante; algo que resulta sumisión indigna, de uno que se dice periodista; porque sí, quizá el escribidor estudió en la Escuela de periodismo lacayuno que fabrica aduladores y maestros en el arte de decir melifluas alabanzas y verdades a medias que son mentiras completas. Se trata solamente de una payasada, un chistecito para que los jefes le concedan una sonrisita.

Una payasada para unirse al coro de lenguaraces que se hacen eco del berrinche de los ancianitos del Comité Central porque alguien, en sus propias caras les dijera cuatro verdades. El pretende ser original con su chistecito, “al estilo de Virulo”; ¿al estilo de Virulo? Sí, Virulo es un humorista y trovador, pero… ¡Tan irreverente que es, que a veces sus chistes no caen muy bien en la tierra de los dinosaurios! Y él es como mismo dice del cubano que “tiene gran vocación para burlarse de todo, y ese es el choteo cubano, una manera de abordar la realidad a través de la burla”. Y ha compuesto una nueva canción mezcla burla, mezcla trova, con el título “Cuba sí, yanquis… ¿qué?”: “Yo nunca me imaginé/ que de repente consorte/ que el gringo se iba a volver/ mi camarada del norte…” Entonces, ¿se inspiró Argudín en aquella parte da la canción de Virulo donde se dice: “Mami, ¿qué es lo que quiere el negrito? / Tú no preguntes m’ijito…” Y en este uso de “negrito”, dentro del contexto de la canción nada hay de peyorativo.

Ahora, pregunto yo: “Mami, ¿qué quiere el negrito? / Congraciarse, m’ijito”.

Veamos lo más de interés que hay en el artículo de Argudín:

El segundo párrafo del artículo “Negro, ¿tú eres sueco?” así dice Argudín, presentando a Obama como un fallido César conquistador: “Obama vino, vio, pero desafortunadamente, con el pretendido gesto de tender la mano, también quiso vencer”. Es el empleo de la frase “veni, vidi, vici” que César utilizó en carta al Senado romano para describir su fulminante victoria en la batalla de Zela, es decir, el mensaje subliminal es: “Obama es el representante del imperio (César) y el imperio sigue siendo el mismo”; y Obama, el imperio, condiciona el avance en las relaciones, dice Argudín, “a peticiones que laceran la soberanía, en cuestiones que solo a los del patio atañen”. ¿Cuáles, según Argudín, son esas peticiones que “laceran la soberanía” planteadas por Obama ante la cara del Pequeño Hermano? ¿Acaso esto que dijo?: “Creo que los ciudadanos deben tener la libertad de decir lo que piensan sin miedo de organizarse y criticar a su Gobierno, y de protestar pacíficamente; y que el Estado de Derecho no debe incluir detenciones arbitrarias de las personas que ejercen esos derechos. Creo que cada persona debe tener la libertad de practicar su religión en paz y públicamente. Y, sí, creo que los electores deben poder elegir a sus gobiernos en elecciones libres y democráticas”. Tal vez lo que lacera la soberanía cubana fueron estas palabras dichas por el Presidente de Estados Unidos: “Debiera ser más fácil abrir un negocio aquí en Cuba. Un trabajador debiera poder conseguir un trabajo directamente con las empresas que invierten aquí en Cuba. Dos monedas no deben separar el tipo de salarios que los cubanos pueden ganar”.

El tercer párrafo no tiene desperdicio, leamos: “Durante su estancia, elogio, ahora bien, sin importarle la acogida de los anfitriones y su condición de invitado, mucho más allá del reconocimiento, optó por criticar y sugerir, con sutilezas, en una velada, pero a la vez inconfundible, incitación a la rebeldía y el desorden, sin importarle estar en morada ajena. No cabe dudas, a Obama se le fue la mano”.

¿En qué se le fue la mano a Obama? ¿Incitó Obama, sutil y veladamente, “a la rebeldía y el desorden”? ¡Bingo! Ahí está la explicación de esa histeria de descalificaciones que han lanzado, desde el mismo instante en que Obama terminaba su discurso, primero dos ridículas marionetas repitiendo consignas, frases hechas y las acostumbradas falacias, después el mismo Fidel Castro balbuciendo tonterías y a continuación el coro; reflejo exacto de las limitaciones y temores del régimen artrósico de gobierno de un solo partido.

Veamos las “sutilezas” de Obama que incitan a la rebeldía y al desorden: “Cuba ─ señaló Obama para remarcar las diferencias esenciales entre el gobierno de los Castro y el gobierno de los Estados Unidos ─ tiene un sistema de partido único; Estados Unidos es una democracia multipartidista. Cuba tiene un modelo económico socialista; Estados Unidos, uno de mercado abierto. Cuba ha enfatizado el papel y los derechos del Estado; los Estados Unidos fueron fundados en los derechos de la persona individual”. ¿Qué más? Tal vez sea una incitación a la rebeldía esto que dijera el jefe de gobierno de Washington: “Y hoy, quiero compartir con ustedes mi visión de lo que puede ser nuestro futuro. Quiero que el pueblo cubano ─ especialmente los jóvenes entienda por qué creo que ustedes deben ver el futuro con esperanza. Y no es la falsa promesa que insiste en que las cosas son mejores de lo que realmente son, o el optimismo ciego que dice que todos sus problemas podrán desaparecer mañana. Es una esperanza que tiene sus raíces en el futuro que ustedes pueden elegir, y pueden conformar, y pueden construir para su país”. No, tal vez la sutil incitación de Obama se encierra en estas palabras: “…si se levantara el embargo mañana, los cubanos no se darían cuenta de su potencial sin una continuidad de los cambios aquí en Cuba”. ¿Cambios? ¿Quién necesita cambios en Cuba? ¡Somos tan felices, con la falta de alimentos, con nuestras casas en ruinas y las calles sucias y con todo el sistema de acueductos convertido en un desastre, con nuestros sueldos miserables, con la constante vigilancia de los órganos represivos, la Seguridad del Estado y la policía?

Si la incitación es sutil, así lo presiente Argudín, cuando escuchó esto que dijera Obama: “Internet debe estar disponible en toda la isla, para que los cubanos puedan conectarse con el resto del mundo y con uno de los grandes motores del crecimiento en la historia humana. Estados Unidos no limita la capacidad de Cuba para tomar estas medidas. Depende de ustedes (…) Si uno no puede acceder a la información en línea, si no puede estar expuesto a diferentes puntos de vista, no alcanzará su máximo potencial. Y con el tiempo, la juventud va a perder la esperanza”. Hay más, Obama está incitando al desorden: “Estados Unidos no tiene ni la capacidad, ni la intención de imponer un cambio en Cuba. Cualquier cambio que venga dependerá del pueblo cubano”.

Obama incita a la rebeldía, ¿Cómo se atreve a decir cosas tales como esta?: “Ya está teniendo lugar una evolución dentro de Cuba, un cambio generacional. Muchos sugerían que viniera aquí y le pidiera al pueblo de Cuba que echara abajo algo, pero estoy apelando a los jóvenes cubanos, que son los que van a levantar algo, a construir algo nuevo. [En español] El futuro de Cuba tiene que estar en las manos del pueblo cubano”. Se le fue la mano al decir que el futuro tiene que estar en las manos del pueblo cuando, como lo debe entender Argudín, el futuro de Cuba solo puede descansar en la acertada dirección del Partido Comunista de Cuba, así lo debe creer Argudín, ¡es que el pueblo es tan estúpido!


Veamos y concluyamos con el cuarto párrafo del hermoso artículo de Elías Argudín: “Fuimos muy corteses, incluso al punto de dejarle hablar a solas (y a sus anchas) con los enemigos dentro de la propia casa, a fin de cuentas, está en contra del inhumano y cruel bloqueo; es una lástima que viniera a darse cuenta cuando ya está por finalizar su segundo mandato, y no tiene chance para otra reelección”. Pregunta ¿quién coño eres tú Argudín para dejarle hacer a cualquier dignatario extranjero en Cuba lo que crea correcto hacer? Eso le corresponde al gobierno, no a ti… ¡Esperen, que ahora me doy cuenta de algo! Argudín no es el vocero de sí mismo, sino vocero del Partido Comunista, solo repite lo que le ordenen que repita, al fin y al cabo, es tan sumiso como sumiso era el Tío Tom. Y no, no fue racista lo que escribió, fue payasada y servilismo.

martes, 29 de marzo de 2016

Obama y la legitimación en Cuba


Mario J. Viera

Aunque no es una ciencia, la política tiene componentes que la equiparan a una actividad científica; la política, lo político no es material para aficionados. La política, en contrario de lo definido por Carl von Clausewitz, es la realización de la guerra por otros medios, y toda guerra se estructura sobre tesis científicas para la confección de su estrategia. El objetivo final de la guerra es la aniquilación y anulación del enemigo por medio de campañas tácticas y estratégicas. La política tiene por fin la victoria sobre los oponentes con aplicación de una bien estudiada campaña política y con la definición de objetivos precisos. En política como en la práctica de la guerra es determinante una adecuada e inteligente estrategia, A. Chandler define: “Estrategia es la determinación de los objetivos a largo plazo y la elección de las acciones y la asignación de los recursos necesarios para conseguirlos”.

Cualquiera que lea este artículo se preguntará ¿a qué se debe esta divagación sobre la política comparada con la guerra? Muy sencillo, contestaré, porque es precisamente el asunto medular del tema a tratar, esto es, el viaje de Obama a Cuba y el controvertido tema de la legitimación del régimen castrista que podría ser suscitado, tanto por la reanudación de las relaciones diplomáticas entre Estados Unidos y Cuba, decidida por la administración Obama, como por la visita de este a la isla. La tesis que planteo ya la dejé explícita antes, cuando dije que la política no es asunto de aficionados, de esos que solo ven el dedo y no ven el sol que se intenta tapar con el dedo.

Mucho se dijo, se gritó y se vociferó que Barack Obama, al restablecer las relaciones con la Cuba de los Castro, primero estaba legitimando su gobierno, vía reconocimiento diplomático, y segundo, supuestamente, se declaraba como aliado de los Castro. Dentro de la doctrina Obama de relajamiento de tensiones, el ramo de olivo que ha enviado a Cuba es consensual con esa doctrina. El gobierno de Cuba, independiente de que sea un gobierno usurpado, es un hecho, una realidad, un ente con existencia de más de medio siglo y Obama ha reconocido esa condición factual y ha actuado, consecuentemente con su doctrina: el relajamiento de las tensiones en las relaciones internacionales de Estados Unidos.

La legitimidad de un gobierno la concede su propio pueblo al aceptarle como tal, bien por el sufragio o bien por acatamiento implícito. Cuando la gran mayoría de la población aclamaba al gobierno revolucionario y le demostraba su apoyo, de hecho, lo estaba legitimando. Cuando un significativo número de votos populares aprobaban el Proyecto de la Constitución Socialista en 1976, con aquel voto estaba legitimando el poder. Se pudiera alegar que aquellos votos fueron obtenidos por engaño o por presión, pero esto no cambia el resultado: Los electores, al someterse, le estaban confiriendo legitimidad al gobierno. Cuando por convicción o por necesidad o por temor la población aceptaba la membresía en cualquiera de las organizaciones satélites del gobierno, estaba legitimando al gobierno. Es más, hasta gran parte de los grupos opositores, no los insurreccionales, sino los de la oposición pacífica solicitaban la inscripción de su organización en el registro de organizaciones del Estado, de hecho, legitimaban al gobierno. Cuando se presentó ante la Asamblea Nacional del Poder Popular más de diez mil firmas en apoyo del Proyecto Varela en concordancia con las normas de la Constitución de 1976, se estaba legitimando al gobierno, se le reconocía la capacidad de decidir sobre un proyecto de Ley.

El 3 de noviembre de 1958, la dictadura batistiana celebró unas elecciones que amañadamente le concedió la victoria a la alianza de partidos aliados al gobierno, la Coalición Progresista Nacional, el Presidente Republicano Dwight D. Eisenhower declaró ilegítimos aquellos resultados declarándole a Batista que su gobierno no reconocería al gobierno que surgiera de aquellas elecciones. Ya desde 1956, Eisenhower había decretado el embargo de armas contra la dictadura batistiana. El 7 de enero de 1959 el gobierno de Eisenhower reconoce al Gobierno Revolucionario, con lo que le reconoce como gobierno legítimo en Cuba. Prácticamente dos años después, el 3 de enero de 1961 Estados Unidos rompía las relaciones diplomáticas con el gobierno instaurado en la isla.  

Lo que propició la ruptura diplomática por parte de la administración Eisenhower, no fue, de ninguna manera, un rechazo al carácter dictatorial que cada vez se hacía más notorio en el gobierno de Fidel Castro, puesto que esa administración mantenía magníficas relaciones diplomáticas con las dictaduras de Trujillo, de Stroessner y de Somoza. Washington reaccionaba ante las medidas del gobierno de Castro que afectaba a los intereses económicos de Estados Unidos en la isla y al acercamiento de Cuba hacia la esfera de la Unión Soviética y ya cuando la CIA estaba asesorando a la que sería expedición de Bahía de Cochinos.

El 31 de enero de 1962, en la Octava Reunión de Consulta de Ministros de Relaciones Exteriores de la OEA, celebrada en Punta del Este, Uruguay, y bajo la fuerte presión del gobierno del Presidente Demócrata John F. Kennedy que exigía la expulsión de Cuba del organismo regional tras haber sido declarado el carácter marxista-leninista de la revolución se decidió expulsar al Gobierno cubano de la OEA como “incompatible con los principios y propósitos del Sistema Interamericano”.

En 1964 salvo con la excepción de México y a propuesta del gobierno de Venezuela todos los gobiernos latinoamericanos interrumpieron sus relaciones diplomáticas con el gobierno castrista. En noviembre de 1963, el gobierno de Rómulo Betancourt, según el periódico El Universal, “presentó a la OEA pruebas contra Castro y Cuba, al descubrir cuatro toneladas de armas extranjeras en la costa noroeste de Venezuela. La OEA procedió a investigar y en julio de 1964 declaró a Cuba "culpable de agresión e intervención en asuntos venezolanos”.  

Esta situación de aislamiento de Cuba comenzó a variar cuando Castro, bajo la presión del Secretario General del Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS), Leonid I, Brézhnev, renunció a continuar con su política de exportación de la revolución que chocaba con la línea trazada por el PCUS de “Coexistencia pacífica”. Lo que Clara Gil Fernández explicita diciendo: “Mayor resonancia supuso que los soviéticos influyeran en Fidel Castro para que limitara su ayuda a la extrema izquierda iberoamericana”.

Desde entonces, todos los gobiernos latinoamericanos han reanudado sus relaciones diplomáticas con el régimen castrista, todos los países africanos, prácticamente todos los países asiáticos y todos los países de Europa sostienen relaciones diplomáticas con el gobierno de Cuba. Por muy usurpador que este gobierno sea está legitimado internacionalmente y en ese sentido el único país que estaba aislado era Estados Unidos.

¿Es Obama aliado del castrismo? Así solo lo pueden ver los que no tienen la más mínima idea de lo que es política. Obama declararía que la política que durante más de medio siglo había seguido Estados Unidos basada en la confrontación y en el aislamiento de Cuba no había conseguido su propósito y que había que probar una nueva política. ¿Cuál era ese propósito? Eufemísticamente hablando sería reintegrar a Cuba al sistema democrático, pero expresado de manera cruda, el objetivo perseguido era el derrocamiento del castrismo; así Obama propone otro camino, ya que el primero no ha alcanzado sus propósitos, otro que pudiera ser viable para alcanzar el mismo propósito. Y lo dice frente a los funcionarios castristas: “Lo que Estados Unidos estaba haciendo no estaba funcionando. Tenemos que tener el valor de reconocer esa verdad” No estaba funcionando para derrocar al castrismo.

Sin embargo, hay un detalle que los que gritan, gesticulan y vociferan no han querido ver en esta visita de Obama a Cuba. Obama ha hecho lo que ningún alto mandatario de América Latina de visita en Cuba hiciera, reunirse con los representantes de diferentes sectores de la oposición cubana. El estableció un diálogo con ellos tratándoles como legítimos interlocutores y escuchando sus opiniones y hasta sus críticas. Con esto Obama establecería un importante precedente. Ahora, ante el mundo la oposición cubana quedaba legitimada. Así lo dijo Juan Antonio Blanco en “Dos días que conmovieron a Cuba”: “Como muestra palpable de que no estaba dispuesto a hacer concesiones en este campo, Obama impuso su voluntad de reunirse con disidentes y opositores que él mismo escogiera y les reiteró su admiración, reconocimiento y apoyo. Escuchó las críticas y sugerencias sobre su nueva política hacia Cuba, respondió, uno a uno, a las inquietudes de cada interlocutor y reiteró en privado el compromiso que ya había hecho público con las libertades y derechos humanos en la Isla”.

Así lo ve Carlos Alberto Montaner, cuando en el artículo que tituló “A La Habana ha llegado un presidente cargado de …”, dijo: “Los demócratas de la oposición interna han resultado los más beneficiados. Eran trece personas de diversos grupos, como corresponde a cualquier pueblo que aspira a que se respeten las diferencias de opinión. Obama se reunió con ellos durante casi dos horas, los escuchó, los apoyó, y luego dedicó la parte medular de su discurso a reclamarle a Raúl Castro el respeto por los derechos humanos y la necesidad de pluralidad que requiere una sociedad afectada durante tantos años por la esclerosis del pensamiento único. El momento en que se dirige al general y le dice que “no tema las voces de los cubanos que quieran expresarse libremente” es y será por mucho tiempo un hito en la lucha contra la dictadura”.

El plan de Obama está claramente expuesto y esto lo han comprendido los gerifaltes del castrismo; ellos se percatan que Obama persigue objetivos a largo plazo y ha sabido elegir los medios, en primer lugar, el mismo pueblo de Cuba, sus jóvenes y la oposición pacífica, y al mismo tiempo hablando directamente a los cubanos ha sabido explotar la situación real del país para avanzar en sus propósitos.

Es la definición de estrategia de A. Chandler, que antes citara, pero aplicada a la política: “Estrategia es la determinación de los objetivos a largo plazo y la elección de las acciones y la asignación de los recursos necesarios para conseguirlos”. O como afirmara Sun Tzu en el Arte de la Guerra: “El general (el strategos) debe estar seguro de poder explotar la situación en su provecho, según lo exijan las circunstancias. No está vinculado a procedimientos determinados”.


Obama está planteando una nueva estrategia y aplicando nuevas tácticas. Ahora toda la oposición cubana tanto interna como en el exilio debe prepararse para reacomodar sus medios empleando para ello, la inteligencia, la astucia, la disciplina y el coraje. 

lunes, 28 de marzo de 2016

Big Brother habla del “hermano Obama”


Mario J. Viera

Ya no hace reflexiones, ahora escribe artículos. Y dejó de ser el Gran Pitoniso que lanzaba oráculos apocalípticos para para un futuro próximo, ahora divaga, nunca dejó de divagar cuando supuestamente reflexionaba. Sus predicciones, sus razones para cualquiera que le leyera, aunque no fuera una persona versada en temas políticos o filosóficos podía subrayar los sofismas y las falacias recogidas en sus “enjundiosos” escritos, que da tan eruditos que eran provocaban risa.

Hoy emergió, ¿o fue ayer?, ¡quién sabe!, de su cripta tebana para hablar poco fraternalmente del “Hermano Obama”. Es que Obama había hablado sin tapujos y le dijo vino a lo que es vino y pan a lo que es pan y lo hizo en la misma Habana … aunque lo hubiera podido haberlo dicho en el Aula Magna de la Universidad… Ante el rostro del Pequeño hermano Obama dijo: “debo hablar con honradez acerca de las cosas en que yo creo: las cosas en las que nosotros, como estadounidenses, creemos. Como dijo Martí, ‘La libertad es el derecho de todo hombre a ser honrado, y a pensar y a hablar sin hipocresía’ Así que, déjenme decirles en qué creo. No puedo obligarles a estar de acuerdo conmigo, pero ustedes deben saber lo que pienso”. Y habló de lo creía y de lo que él pensaba, y dijo: “Creo que los ciudadanos deben tener la libertad de decir lo que piensan sin miedo de organizarse y criticar a su Gobierno, y de protestar pacíficamente; y que el Estado de Derecho no debe incluir detenciones arbitrarias de las personas que ejercen esos derechos. Creo que cada persona debe tener la libertad de practicar su religión en paz y públicamente. Y, sí, creo que los electores deben poder elegir a sus gobiernos en elecciones libres y democráticas”.

Se supone ─ anotó Castro ─ que cada uno de nosotros corría el riesgo de un infarto al escuchar estas palabras del Presidente de Estados Unidos”. No un infarto, aunque si fruncieron el ceño y palideció el Hermano Menor, y Ramiro Valdés apretó las mandíbulas. Y ante el patético auditorio de los dirigentes del Partido Comunista y de los invitados gubernamentales, el “hermano Obama” proclamó, si, en Estados Unidos hay desigualdad económica; existe la pena de muerte (como existe en Cuba, olvidó decir); hay discriminación racial y se hacen guerras en el extranjero; pero, dijo: “esto es lo que el pueblo cubano necesita comprender: yo estoy abierto a ese debate público y al diálogo. Es bueno. Es saludable. No le temo”.   

¿Cómo acota estas palabras Big Brother? Diciendo: “Las poblaciones nativas no existen para nada en la mente de Obama. Tampoco dice que la discriminación racial fue barrida por la Revolución; que el retiro y el salario de todos los cubanos fueron decretados por esta antes de que el señor Barack Obama cumpliera 10 años. La odiosa costumbre burguesa y racista de contratar esbirros para que los ciudadanos negros fuesen expulsados de centros de recreación fue barrida por la Revolución Cubana”.

¿Poblaciones nativas? Omitió el articulista que Obama antes había dicho: “Conozco la historia, pero me niego a ser atrapado por ella”; de lo que se trata es del presente y de lo que se intenta hacer en el futuro, y no estar aherrojado por el pasado como está atado todo el régimen impuesto en Cuba; ¿qué importa en el siglo XXI lo que hicieron los reyes de España en el siglo XV? El escribiente, sigue sumergido en la lectura de “Las venas abiertas de América Latina” olvidando que ya eso es historia que el viento se llevó, y yerra alegando que esos reyes “nos trajeron a los conquistadores y dueños”; yerra a propósito porque no existíamos, no éramos un nosotros, no éramos nación; y de aquellos conquistadores y de aquellos dueños surgió el cubano mezclado con genes de aquello españoles conquistadores y de los esclavos africanos.

Es poco probable que la gente en Cuba haya leído el “artículo de Fidel”, pero sus hipotéticos lectores es seguro que se rascaron la nuca y hasta dedicaran una sarcástica sonrisa al leer aquello que dijo del retiro y del salario de todos los cubanos, como si hubiera sido una conquista “revolucionaria”. ¿Cuál retiro y cuál salario – le preguntaría ─ es ese del que habla? ¿Menos de doce dólares al mes es acaso un retiro y un salario? Y aquello tremebundo de “la odiosa costumbre burguesa y racista de contratar esbirros para que los ciudadanos negros fuesen expulsados de centros de recreación, ¿se estaba refiriendo a la Cuba republicana o estará hablando de la Suráfrica del Apartheid? Confundió dos escenarios completamente diferentes. La prueba de que la “revolución” cubana barrió la discriminación racial se encuentra en la composición étnica del Comité Central del Partido y del Consejo de Ministros donde hay algún que otro negro…


¿Qué hay de esa memoria suya sobre la expedición de Bahía de Cochinos? ¿Será cierto que aquella expedición contaba con infantería blindada, que estaba equipada con aviones, y acompañada por buques de guerra y portaviones de Estados Unidos? ¡Vamos, hombre, si apenas sobrepasaba un millar de hombres! ¿Buques de guerra y portaviones de Estados Unidos? Como diría un mexicano: ¡No manches, güey!

¿Qué decir de esa advertencia que le hace a Estados Unidos, cuando dice: “Advierto además que somos capaces de producir los alimentos y las riquezas materiales que necesitamos…”? No es necesario agregar nada, ya se sabe la capacidad que posee el régimen castrista de producir alimentos… capacidad que tiende a cero.


Nadie se haga la ilusión ─ escribe con entusiasmo ─ de que el pueblo de este noble y abnegado país renunciará a la gloria y los derechos, y a la riqueza espiritual que ha ganado con el desarrollo de la educación, la ciencia y la cultura”. No el pueblo, ese al que le habló el Hermano Obama, cada día va perdiendo el miedo y seguro que no renunciará, es más, luchará para conquistar la gloria y los derechos que los usurpadores del poder le arrebataron. Mientras tanto: “En paz descanse, Fidel Castro”.

sábado, 26 de marzo de 2016

Me sentí frustrado, pero…

Mario J. Viera


Fue aquel 17 de diciembre. Acababa de escuchar la decisión del Presidente Barack Obama de restablecer relaciones diplomáticas con el régimen de Castro. Aquello me sacó de paso, sentí, como muchos del exilio, que había recibido un fuerte bofetón, quizá hasta traicionado… “¡Coño ─ exclamé ─, si esto es así, votaré por cualquier peste republicana!” Quizá votaría por Jeb Bush si fuera el nominado por el Partido Republicano como candidato para las elecciones del 2016 y si no fuera así, me abstendría de votar. El berrinche me duró un cierto tiempo… Luego un gran amigo mío me dio sus opiniones al respecto y me decía que se trataba de un nuevo comienzo y que ahora había que remodelar toda la estrategia opositora. Y me demostró que se estaba ofreciendo una magnífica oportunidad para, desde ese momento, combatir a la dictadura en su punto más débil, el accionar democrático. Otro amigo desde la distancia decía que se estaba preparando el camino hacia una transición en Cuba; no estaba muy de acuerdo con su opinión porque los tiranos no son los más indicados para facilitar transiciones. El amigo desde la distancia me replicó diciéndome que sería una posibilidad remota, pero una posibilidad que fundaba en su experiencia en otras transiciones hacia la democracia que él había estudiado profundamente.

Pensé, recapacité. El embargo, al que siempre apoyé, ciertamente no había conseguido generar cambios en Cuba y era un tema con el que toda la comunidad internacional discrepaba con Estados Unidos. En el tema del embargo Estados Unidos estaba aislado. Me di cuenta, analizando las tendencias presentes en la política del partido republicano, que no precisamente son las de los congresistas cubano-americanos, que el embargo serían los propios republicanos los que lo levantarían. Muchos son los intereses corporativos colocados a la sombra del republicanismo. No levantarían el embargo durante la administración Obama, por supuesto, pero una vez salido este de la Oficina Oval, ya no habría más rechazo.

Una mirada tranquila echada sobre toda la historia de la política exterior de los Estados Unidos pone, muy en claro, que  Estados Unidos solo es firme en sus intereses nacionales y en lo tocante a su seguridad nacional. Estados Unidos fomenta alianzas con los elementos que le convienen a sus intereses. No tiene amigos, tiene aliados y el exilio cubano no es ya un aliado útil para asegurar los intereses nacionales. Cuba, empobrecida hasta la médula, sin el apoyo de una potencia extracontinental, no representa peligro alguno para los intereses de Estados Unidos. Más peligro hay en la Venezuela de Chávez-Maduro. El régimen castrista es el modelo inspirador de los chavistas y había que anular su influencia, destruyendo su mito del David enfrentado al Goliat gringo. Obama no lanzará los marines sobre Cuba, nunca, después de los acuerdos Kennedy-Jruschov, tuvo Estados Unidos la intención de hacerlo, ni siquiera permitiría ataques armados del exilio cubano contra las posiciones castristas y todas las administraciones demócratas y republicanas que se sucedieron se mantuvieron firmes en aquella posición y castraban las energías bélicas del exilio cubano, al que solo le quedó el recurso del pataleo y de la retórica, ardiente pero retórica al fin. ¿Qué se había conseguido? ¡Nada! Castro transfirió su poder a Raúl Castro y se fue para su residencia en el Punto Cero a esperar tranquilamente una muerte plácida en su propio lecho de convaleciente. Raúl hizo una pantomima de “reformas” que nada reformaron y reanudó alianzas con la China comunista y con el oso ruso de Putin. Cuba seguía envuelta en la Guerra Fría y el mundo no encontraba interlocutor ideal y representativo de toda la oposición cubana y de todo el exilio, porque son muchas las organizaciones que lo forman y todas reclaman la máxima representatividad. ¿A quién apoyaría la opinión pública internacional en el caso cubano? ¡A nadie! Solo alguna que otra declaración dada, así como de cortesía, o alguna condena retórica por los actos represivos de la Primavera Negra de Cuba o por el fusilamiento de tres infelices que trataron de robar una lancha para emigrar hacia Estados Unidos.

En Cuba se sucedieron tímidos esfuerzos para movilizar a los cubanos. Apareció el cándido Proyecto Varela que aspiraba a cambiar la ley a partir de la ley y con el concurso de la Asamblea Nacional del Poder Popular, intento fallido que solo originó una reforma a la constitución comunista declarando inconmovible el socialismo marxista y el despliegue de una fuerte represión dirigida principalmente contra los activistas que habían logrado conseguir más de diez mil firmas de electores en apoyo del Proyecto Varela. Ya antes se había producido un intento serio de unidad de todos los grupos opositores agrupados bajo el paragua de Concilio Cubano. Bastó solo con la detención de sus dos principales impulsores para que la cúpula de Concilio Cubano decidiera entrar en un “compás de espera, hasta un momento más propicio” y como daño colateral se produjo el derribo de dos avionetas de Hermanos al Rescate que pretendía dar apoyo a la realización del encuentro de Concilio. Nada trascendental sucedió en respuesta a tal criminal acción de la Fuerza Aérea de Cuba, salvo la ratificación de la Ley Helms-Burton [The Cuban Liberty and Democratic Solidarity (Libertad) Act] por el Presidente Bill Clinton que recibió en respuesta la promulgación de la Ley 88 (de Protección de la Independencia Nacional y la Economía de Cuba) por parte del régimen de Fidel Castro en un acto de acción y reacción.

En tanto, el pueblo cubano seguía a la espera, frustrado, sin esperanzas. La oposición seguía actuando al margen del pueblo como si fuera una figura fantasmal que nadie ve, que nadie palpa. ¿Qué podría hacerse entonces, si nada había cambiado en Cuba, si nada cambiaba en Estados Unidos, si todo se mantenía estancado en un conflicto permanente y sin soluciones? La Iliada nos remite a una situación parecida de no cambio. Por años los aqueos estuvieron sitiando y atacando a los troyanos y los troyanos respondían con sus ataques a los aqueos, y siempre Ilión se mantenía firme, nada presagiaba que sus muros pudieran ser demolidos. Mucho eran los daños que ambos combatientes se habían producido entre sí.

Como nada cambiaba, los aqueos ya estaban a punto de abandonar la empresa contra Troya, cuando apareció el astuto Ulises que dijo: “Esperen yo tengo la solución”, y ordenó construir un gran caballo de madera en cuyo vientre se escondería un grupo de aqueos bajo el mando de Ulises y alejaron las naves de las costas de Ilión. Los troyanos satisfechos con su aparente victoria llevaron al interior de sus muros al colosal caballo de madera. El resultado se conoce, Troya caería…

Quizá Obama ella leído la Iliada y se haya inspirado en su lectura, tal vez no; pero ha reaccionado como Ulises y colocado en la playa castrista un aparente conciliador caballo de Troya.

En su discurso dirigido principalmente al pueblo de Cuba Obama expuso: “Lo que Estados Unidos estaba haciendo no estaba funcionando. Tenemos que tener el valor de reconocer esa verdad y agregó: “No debemos temer al cambio, debemos abrazarlo”. Si una táctica no funciona, si en la práctica ha demostrado que no da resultados positivos, el estratega sabe que hay que modificarla y cambiar los métodos con vistas al cumplimiento del plan estratégico general. Y se dirige al pueblo de cuba y a la juventud cubana: “Quiero que el pueblo cubano especialmente los jóvenes ─ entienda por qué creo que ustedes deben ver el futuro con esperanza. Y no es la falsa promesa que insiste en que las cosas son mejores de lo que realmente son, o el optimismo ciego que dice que todos sus problemas podrán desaparecer mañana. Es una esperanza que tiene sus raíces en el futuro que ustedes pueden elegir, y pueden conformar, y pueden construir para su país”. Y advierte a los cubanos, no al gobierno usurpador, al pueblo diciendo: “Pero incluso si se levantara el embargo mañana, los cubanos no se darían cuenta de su potencial sin una continuidad de los cambios aquí en Cuba”. De eso se trata, de que la juventud y todo el pueblo cubano se decida por los cambios: “Estados Unidos no tiene ni la capacidad, ni la intención de imponer un cambio en Cuba. Cualquier cambio que venga dependerá del pueblo cubano”.


Cuando meditaba en estas cosas, comprendí que los Estados Unidos no le estaba dando apoyo a la tiranía castrista, que no se dirigía al fortalecimiento de la dictadura, sino todo lo contrario; Estados Unidos está tendiendo un ramo de olivos, no a Raúl Castro, lo extiende al pueblo de Cuba y a la juventud cubana. Comprendí que no debía quedar atrapado por la historia, que había que dar un paso hacia delante y romper los marcos ya obsoletos y darle un vuelco a la historia, y también comprendí que siempre hay que hacer cambios y nuevos cambios, pero nunca estancarnos y no dejarnos atrapar por las mareas de la historia como dijera Obama: “Las mareas de la historia pueden dejar a las personas atrapadas en situaciones de conflicto, y exilio, y pobreza”.

Texto en español del discurso del Presidente Barack Obama en Cuba



Traducción de Rolando Cartaya (Los subrayados son míos)

22 de marzo de 2016

Presidente Castro, pueblo de Cuba:

Muchas gracias por la cálida acogida que hemos recibido yo, mi familia y mi delegación. Es un honor extraordinario estar hoy aquí. Antes de empezar, permítanme por favor, quiero comentar sobre los ataques terroristas que tuvieron lugar en Bruselas.

Los pensamientos y las oraciones del pueblo de Estados Unidos están con el pueblo de Bélgica. Somos solidarios con ellos, condenando estos indignantes ataques contra personas inocentes. Haremos todo lo que sea necesario para apoyar a nuestro amigo y aliado, Bélgica, para llevar ante la justicia a los responsables, y este es otro recordatorio más de que el mundo debe estar unido.

Debemos cerrar filas, al margen de nacionalidad, raza o creencias religiosas, en la lucha contra este flagelo del terrorismo. Podemos derrotar, y derrotaremos, a aquellos que amenazan nuestra seguridad y la de las personas en todo el mundo.

Al Gobierno y al pueblo de Cuba quiero agradecerles la amabilidad que han demostrado hacia mí, hacia Michelle, Malia, Sasha, mi suegra, Marian.

[En español] “Cultivo una rosa blanca” [aplausos] En su más célebre poema José Martí hizo esta oferta de amistad y paz tanto a amigos como enemigos. Hoy, como Presidente de Estados Unidos de América yo le ofrezco al pueblo cubano [en español] el saludo de paz [aplausos].

La Habana está a solo 90 millas de la Florida, pero para llegar aquí tuvimos que recorrer una larga distancia, por encima de barreras históricas, ideológicas, de dolor y separación. Las azules aguas bajo el Air Force One, fueron una vez surcadas por acorazados hacia esta isla para liberar a Cuba, pero también para ejercer control sobre ella.

Esas aguas también fueron surcadas por generaciones de revolucionarios cubanos hacia Estados Unidos, donde recabaron apoyo para su causa. Y esa corta distancia ha sido cruzada por cientos de miles de exiliados cubanos, en aviones y balsas rústicas, quienes vinieron a Estados Unidos en busca de libertad y oportunidades, a veces dejando atrás todo lo que tenían y a todos sus seres queridos. Como tantos, en nuestros dos países.

Toda mi vida se ha desenvuelto en una era de aislamiento entre nosotros. La revolución cubana tuvo lugar en el mismo año en que mi padre emigró a Estados Unidos desde Kenia. Bahía de Cochinos tuvo lugar en el año en que yo nací. Al año siguiente el mundo entero quedó en suspenso observando a nuestros dos países mientras la Humanidad se acercaba más que nunca antes al horror de una guerra nuclear.

Con el paso de las décadas nuestros Gobiernos se quedaron estancados en una confrontación aparentemente interminable, librando batallas a través de terceros. En un mundo que se rehízo a sí mismo una y otra vez, el conflicto entre Estados Unidos y Cuba era una constante. Yo he venido aquí a enterrar los últimos remanentes de la Guerra Fría en las Américas [aplausos] Yo he venido aquí a extender una mano de amistad al pueblo cubano [aplausos].

Quiero ser claro: las diferencias entre nuestros Gobiernos al cabo de tantos años son reales, y son importantes. Estoy seguro de que el presidente Castro diría lo mismo. Lo sé, porque he escuchado y abordado esas diferencias en profundidad. Pero antes de discutir esos problemas, también tenemos que reconocer cuantas cosas compartimos porque, en muchas formas, Estados Unidos y Cuba son como dos hermanos que han estado distanciados por muchos años, aunque llevemos la misma sangre.

Ambos vivimos en un Nuevo Mundo colonizado por europeos. Cuba, como Estados Unidos, fue en parte fundada por esclavos traídos de África. Como el de Estados Unidos, el pueblo cubano puede trazar sus ancestros hasta esclavos y dueños de esclavos. Ambos acogimos a inmigrantes que vinieron de muy lejos para empezar una nueva vida en las Américas. A lo largo de los años nuestras culturas se han entremezclado. La labor del Dr. Carlos Finlay en Cuba allanó el camino para generaciones de médicos, entre ellos Walter Reed, que se basó en el trabajo del Dr. Finlay para ayudar a combatir la fiebre amarilla.

Tal como Martí escribió su obra más famosa en Nueva York, Ernest Hemingway hizo de Cuba su hogar y encontró inspiración en las aguas de estas costas. Compartimos el mismo pasatiempo nacional [en español]: la pelota. Y hoy mismo, más tarde, nuestros jugadores van a competir en el mismo terreno habanero donde jugara Jackie Robinson antes de debutar en las Grandes Ligas [aplausos]. Y se dice que nuestro más grande boxeador, Mohamed Alí, rindió homenaje una vez a un cubano con el que nunca pudo pelear, diciendo que lo más que podía alcanzar era un empate con ese gran cubano, Teófilo Stevenson.

Así que aun cuando nuestros Gobiernos devinieron adversarios, nuestros pueblos compartían estas pasiones comunes, particularmente con la llegada a Estados Unidos de tantos cubanos. En Miami o La Habana usted puede encontrar lugares donde bailar cha-cha-cha o salsa; donde comer “ropa vieja”; la gente en nuestros dos países ha cantado con Celia Cruz, Gloria Estefan, y ahora escuchan el reggaetón de Pitbull.

Millones de los nuestros tienen una misma religión, una fe a la que yo he rendido tributo en la Ermita de la Caridad de Miami: la paz que los cubanos encuentran en La Cachita.


A pesar de nuestras diferencias, cubanos y estadounidenses comparten valores comunes en sus vidas: un sentido de patriotismo y de orgullo, un gran orgullo; un profundo amor a la familia; la pasión por nuestros hijos; un compromiso con su educación. Y es por eso que creo que nuestros nietos mirarán este período de aislamiento como una aberración, y como apenas un capítulo en una historia más larga de familiaridad y amistad.

Pero no podemos ni debemos ignorar las diferencias reales que tenemos, acerca de cómo organizamos nuestros Gobiernos, nuestras economías y nuestras sociedades. Cuba tiene un sistema de partido único; Estados Unidos es una democracia multipartidista. Cuba tiene un modelo económico socialista; Estados Unidos, uno de mercado abierto. Cuba ha enfatizado el papel y los derechos del Estado; los Estados Unidos fueron fundados en los derechos de la persona individual.

A pesar de estas diferencias, el 17 de diciembre del 2014 el presidente Castro y yo anunciamos que Estados Unidos y Cuba comenzarían un proceso de normalización de las relaciones entre nuestros países [aplausos].

Desde entonces, hemos establecido relaciones diplomáticas y abierto embajadas. Hemos puesto en marcha iniciativas para cooperar en la salud y la agricultura, la educación y la aplicación de la ley. Hemos llegado a acuerdos para restaurar los vuelos y el servicio de correo directos. Hemos ampliado los lazos comerciales, e incrementado la capacidad de los estadounidenses para viajar a Cuba y hacer negocios aquí.

Y estos cambios han sido bien recibidos, a pesar de que todavía hay quienes se oponen estas políticas. Pero, aun así, muchas personas en ambos lados de este debate se han preguntado: “¿Por qué ahora?" "¿Por qué ahora?”

La respuesta es simple: Lo que Estados Unidos estaba haciendo no estaba funcionando. Tenemos que tener el valor de reconocer esa verdad. Una política de aislamiento diseñada para la Guerra Fría tenía poco sentido en el siglo XXI. El embargo sólo estaba perjudicando al pueblo cubano en lugar de ayudarlo. Y yo siempre he creído en lo que Martin Luther King, Jr. llamó "la feroz urgencia del ahora": No debemos temer al cambio, debemos abrazarlo. [aplausos]

Esto me conduce a una razón mayor y más importante de estos cambios [en español]: Creo en el pueblo cubano. Creo en el pueblo cubano [aplausos]. Esto no es sólo una política de normalización de las relaciones con el Gobierno cubano. Estados Unidos de América está normalizando sus relaciones con el pueblo cubano. [aplausos]

Y hoy, quiero compartir con ustedes mi visión de lo que puede ser nuestro futuro. Quiero que el pueblo cubano especialmente los jóvenes ─ entienda por qué creo que ustedes deben ver el futuro con esperanza. Y no es la falsa promesa que insiste en que las cosas son mejores de lo que realmente son, o el optimismo ciego que dice que todos sus problemas podrán desaparecer mañana. Es una esperanza que tiene sus raíces en el futuro que ustedes pueden elegir, y pueden conformar, y pueden construir para su país.

Yo tengo esa esperanza porque creo que el pueblo cubano es tan innovador como cualquier otro pueblo del mundo.

En una economía global, impulsada por las ideas y la información, el mayor recurso de un país es su gente. En Estados Unidos, tenemos un claro monumento a lo que el pueblo cubano es capaz de construir: se llama Miami. Aquí en La Habana, vemos ese mismo talento en los cuentapropistas, las cooperativas, los autos antiguos que todavía ruedan [en español]. El cubano Inventa del aire. [aplausos]

Cuba cuenta con un extraordinario recurso: un sistema de educación que valora a cada niño y cada niña [aplausos]. Y en los últimos años, el Gobierno cubano ha comenzado a abrirse al mundo, y a abrir aún más espacio para que el talento florezca. En pocos años, hemos visto como los cuentapropistas pueden salir adelante, mientras conservan un espíritu netamente cubano. Ser trabajador por cuenta propia no significa ser más como Estados Unidos, significa ser uno mismo.

Miren a Sandra Lídice Aldama, que decidió comenzar un pequeño negocio. Los cubanos, dice, podemos "innovar y adaptar sin perder nuestra identidad... nuestro secreto está en no copiar o imitar sino, simplemente, en ser nosotros mismos".

Es ahí donde comienza la esperanza: con la posibilidad de ganarse la vida y construir algo de lo que uno pueda estar orgulloso. Es por eso que nuestras políticas se centran en el apoyo a los cubanos, y no en hacerles daño. Es por eso que nos deshicimos de los límites en las remesas: para que los cubanos tengan más recursos. Es por eso que estamos alentando los viajes, que construirán puentes entre nuestros pueblos, y traerán más ingresos a las pequeñas empresas cubanas. Es por eso que hemos ampliado el espacio para el comercio y los intercambios, de modo que los estadounidenses y los cubanos puedan trabajar juntos para encontrar curas a las enfermedades, y crear puestos de trabajo, y abrir las puertas a más oportunidades para el pueblo cubano.

Como Presidente de Estados Unidos, he exhortado a nuestro Congreso a levantar el embargo [aplausos]. Es una carga obsoleta sobre el pueblo cubano. Es una carga para los estadounidenses que quieren trabajar y hacer negocios o invertir aquí en Cuba. Es hora de levantar el embargo. Pero incluso si se levantara el embargo mañana, los cubanos no se darían cuenta de su potencial sin una continuidad de los cambios aquí en Cuba [aplausos].

Debiera ser más fácil abrir un negocio aquí en Cuba. Un trabajador debiera poder conseguir un trabajo directamente con las empresas que invierten aquí en Cuba. Dos monedas no deben separar el tipo de salarios que los cubanos pueden ganar. Internet debe estar disponible en toda la isla, para que los cubanos puedan conectarse con el resto del mundo [aplausos] y con uno de los grandes motores del crecimiento en la historia humana. Estados Unidos no limita la capacidad de Cuba para tomar estas medidas. Depende de ustedes. Y puedo decirles como amigo que en el siglo XXI la prosperidad sostenible depende de la educación, la salud, y la protección del medio ambiente. Pero también depende del intercambio libre y abierto de ideas. Si uno no puede acceder a la información en línea, si no puede estar expuesto a diferentes puntos de vista, no alcanzará su máximo potencial. Y con el tiempo, la juventud va a perder la esperanza.

Sé que estos son temas sensibles, sobre todo viniendo de un presidente estadounidense. Antes de 1959, algunos americanos veían a Cuba como algo que explotar, ignoraban la pobreza, facilitaban la corrupción. Y desde 1959, hemos estado boxeando con nuestras sombras en esta batalla de la geopolítica y las personalidades. Conozco la historia, pero me niego a ser atrapado por ella. [aplausos]

He dejado claro que Estados Unidos no tiene ni la capacidad, ni la intención de imponer un cambio en Cuba. Cualquier cambio que venga dependerá del pueblo cubano. No les vamos a imponer nuestro sistema político o económico. Reconocemos que cada país, cada pueblo, debe trazar su propia ruta y dar forma a su propio modelo. Pero después de haber eliminado de nuestra relación la sombra de la historia, debo hablar con honradez acerca de las cosas en que yo creo: las cosas en las que nosotros, como estadounidenses, creemos. Como dijo Martí, "La libertad es el derecho de todo hombre a ser honrado, y a pensar y a hablar sin hipocresía".

Así que, déjenme decirles en qué creo. No puedo obligarles a estar de acuerdo conmigo, pero ustedes deben saber lo que pienso. Creo que cada persona debe ser igual ante la ley [aplausos]. Todos los niños merecen la dignidad que viene con la educación y la atención a la salud, y comida en la mesa y un techo sobre sus cabezas [aplausos]. Creo que los ciudadanos deben tener la libertad de decir lo que piensan sin miedo [aplausos] de organizarse y criticar a su Gobierno, y de protestar pacíficamente; y que el Estado de Derecho no debe incluir detenciones arbitrarias de las personas que ejercen esos derechos [aplausos]. Creo que cada persona debe tener la libertad de practicar su religión en paz y públicamente [aplausos]. Y, sí, creo que los electores deben poder elegir a sus gobiernos en elecciones libres y democráticas. [aplausos]

No todo el mundo está de acuerdo conmigo en esto. No todo el mundo está de acuerdo con el pueblo estadounidense acerca de esto. Pero yo creo que los Derechos Humanos son universales [aplausos]. Creo que son los derechos del pueblo estadounidense, del pueblo de Cuba, y de las personas en todo el mundo.

Ahora bien, no es ningún secreto que nuestros Gobiernos están en desacuerdo sobre muchos de estos asuntos. He sostenido conversaciones francas con el presidente Castro. Durante muchos años, él ha señalado las fallas en el sistema americano: la desigualdad económica; la pena de muerte; la discriminación racial; guerras en el extranjero. Eso es sólo una muestra. Él tiene una lista mucho más larga. (Risas). Pero esto es lo que el pueblo cubano necesita comprender: yo estoy abierto a ese debate público y al diálogo. Es bueno. Es saludable. No le temo.

Tenemos demasiado dinero en la política estadounidense. Sin embargo, en Estados Unidos, todavía es posible para alguien como yo ─ un niño que fue criado por una madre soltera, un niño mestizo que no tiene mucho dinero ─ aspirar al más alto cargo de la tierra y ganarlo. Eso es lo que es posible en Estados Unidos. [aplausos]

Tenemos desafíos de discriminación racial ─ en nuestras comunidades, en nuestro sistema de justicia criminal, en nuestra sociedad ─ un legado de la esclavitud y la segregación. Pero el hecho de que tengamos debates abiertos dentro de la propia democracia estadounidense es lo que nos permite mejorar.

En 1959, el año en que mi padre se trasladó a Estados Unidos, en muchos estados americanos era ilegal que se casara con mi madre, que era blanca. Cuando empecé la escuela, todavía estábamos luchando por eliminar la segregación en las escuelas de todo el sur de Estados Unidos. Pero las personas se organizaron; protestaron; debatieron estos temas; desafiaron a los funcionarios del gobierno. Y debido a esas protestas, y debido a esos debates, y debido a la movilización popular, es que yo puedo estar aquí hoy, un afroamericano, presidente de Estados Unidos. El que pudiéramos lograr un cambio se debió a las libertades que disfrutamos en Estados Unidos.

No estoy diciendo que sea fácil. Todavía hay enormes problemas en nuestra sociedad. Pero la manera que tenemos para resolverlos es la democracia. Así es como obtuvimos atención de salud para más estadounidenses. Así es como hemos hecho grandes avances en los derechos de la mujer y los derechos de los homosexuales. Así es como atendemos la desigualdad que concentra tanta riqueza en los estratos superiores de nuestra sociedad. Gracias a que los trabajadores pueden organizarse y la gente común tener una voz, la democracia estadounidense ha dado a nuestra gente la oportunidad de realizar sus sueños y disfrutar de un alto nivel de vida. [aplausos]

Ahora bien, todavía nos quedan algunas peleas difíciles. No siempre es bonito el proceso de la democracia. A menudo es frustrante. Lo pueden ver en las elecciones que tenemos allá. Pero deténganse un momento y consideren este hecho: en la campaña electoral estadounidense que está teniendo lugar en este momento hay dos cubanoamericanos del Partido Republicano, compitiendo contra el legado de un hombre negro que es Presidente, mientras aducen ser la mejor persona para vencer al candidato demócrata que, o bien va a ser una mujer, o un socialdemócrata. (Risas y aplausos.) ¿Quién lo hubiera creído en 1959? Esa es una medida de nuestro progreso como democracia. [aplausos]

Así que aquí está mi mensaje para el Gobierno de Cuba y el pueblo cubano: los ideales que son el punto de partida de toda revolución –la revolución americana, la revolución cubana, los movimientos de liberación en todo el mundo– esos ideales encuentran su expresión más auténtica, creo yo, en una democracia. No porque la democracia estadounidense sea perfecta, sino precisamente porque no lo somos. Y nosotros ─ como todos los países ─ necesitamos para cambiar el espacio que la democracia nos da. Ella da a los individuos la capacidad de ser catalizadores para pensar en nuevas formas, y reimaginar cómo debe ser nuestra sociedad, y hacerse mejores.

Ya está teniendo lugar una evolución dentro de Cuba, un cambio generacional. Muchos sugerían que viniera aquí y le pidiera al pueblo de Cuba que echara abajo algo, pero estoy apelando a los jóvenes cubanos, que son los que van a levantar algo, a construir algo nuevo [aplausos]. [En español] El futuro de Cuba tiene que estar en las manos del pueblo cubano. [aplausos]

Y al presidente Castro ─ a quien le agradezco estar aquí hoy ─ quiero que sepa, creo que mi visita aquí demuestra, que no tiene por qué temer una amenaza de Estados Unidos. Y teniendo en cuenta su compromiso con la soberanía y la autodeterminación de Cuba, también estoy seguro de que no tiene por qué temer a las voces diferentes del pueblo cubano, y su capacidad de expresarse, reunirse, y votar por sus líderes. De hecho, tengo una esperanza para el futuro porque confío en que el pueblo cubano tomará las decisiones correctas.

Y como ustedes, también estoy seguro de que Cuba puede seguir desempeñando un papel importante en el hemisferio y en todo el mundo, y mi esperanza, es que pueda hacerlo como socio de Estados Unidos.

Hemos desempeñado roles muy diferentes en el mundo. Pero nadie debería negar el servicio que miles de médicos cubanos han prestado a los pobres y los que sufren [aplausos]. El año pasado, trabajadores de la salud estadounidenses ─ y militares de EEUU ─ trabajaron codo a codo con los cubanos para salvar vidas y acabar con el Ébola en África Occidental. Creo que deberíamos continuar teniendo esa clase de cooperación en otros países.

Hemos estado en el lado opuesto de muchos conflictos en el continente americano. Pero hoy en día, los estadounidenses y los cubanos están sentados juntos en la mesa de negociación, y estamos ayudando a los colombianos a resolver una guerra civil que se ha prolongado durante décadas [aplausos]. Ese tipo de cooperación es bueno para todos. Brinda esperanza a todos en este hemisferio.

Tomamos diferentes caminos en nuestro apoyo al pueblo de Sudáfrica para la abolición del apartheid. Pero el presidente Castro y yo pudimos estar al mismo tiempo en Johannesburgo para rendir homenaje al legado del gran Nelson Mandela. [aplausos]

Y al examinar su vida y sus palabras, estoy seguro de que ambos nos damos cuenta de que tenemos más trabajo por hacer para promover la igualdad en nuestros propios países: para reducir la discriminación de las razas en nuestros propios países. Y en Cuba, queremos que nuestro compromiso ayude a levantarse a los cubanos de ascendencia africana, [aplausos] que han demostrado que no hay nada que no puedan lograr cuando se les da la oportunidad.

Hemos sido parte de diferentes bloques de naciones en el hemisferio, y vamos a seguir teniendo profundas diferencias sobre las maneras de promover la paz, la seguridad, las oportunidades y los Derechos Humanos. Pero a medida que se normalicen nuestras relaciones, creo que podremos ayudar a fomentar un mayor sentido de unidad en las Américas [en español] Todos somos americanos. [aplausos]

Desde el inicio de mi mandato, he instado a la gente en las Américas a dejar atrás las batallas ideológicas del pasado. Estamos en una nueva era. Sé que muchos de los problemas de los que he hablado carecen del drama del pasado. Y sé que parte de la identidad de Cuba es su orgullo de ser una pequeña nación insular capaz de defender sus derechos, y estremecer al mundo. Pero también sé que Cuba siempre se destacará por el talento, el trabajo duro, y el orgullo del pueblo cubano. Esa es su fuerza [aplausos]. Cuba no tiene que ser definida por ser adversario de Estados Unidos, más de lo que Estados Unidos deben ser definidos por ser adversarios de Cuba. Tengo esa esperanza para el futuro debido a la reconciliación que está teniendo lugar en el pueblo cubano.

Sé que algunos cubanos en la isla pueden tener la sensación de que los que se fueron de alguna manera apoyaron el viejo orden en Cuba. Estoy seguro de que hay una narrativa que perdura aquí, y que sugiere que los exiliados cubanos pasaron por alto los problemas de la Cuba pre-revolucionaria, y rechazaron la lucha por construir un nuevo futuro. Pero hoy les puedo decir que muchos exiliados cubanos guardan recuerdos de una dolorosa y, a veces violentaseparación. Ellos aman a Cuba. Una parte de ellos todavía considera que este es su verdadero hogar. Es por eso que su pasión es tan fuerte. Es por eso que su dolor es tan grande. Y para la comunidad cubanoamericana que he llegado a conocer y respetar, no se trata sólo de política. Se trata de la familia: el recuerdo de una casa que se perdió; el deseo de reconstruir un vínculo roto; la esperanza de un futuro mejor; la esperanza del retorno y la reconciliación.

A pesar de las políticas, las personas son personas, y los cubanos son cubanos. Y he venido aquí ─ he viajado esta distancia ─ sobre un puente que fue construido por cubanos a ambos lados del estrecho de la Florida. Primero llegué a conocer el talento y la pasión de los cubanos en Estados Unidos. Y sé cómo han sufrido algo más que el dolor del exilio: también saben lo que es ser un extraño, y pasar trabajos, y trabajar más duro para asegurarse de que sus hijos puedan llegar más lejos en América.

Así que la reconciliación de los cubanos ─ los hijos y nietos de la revolución, y los hijos y nietos del exilio ─ es fundamental para el futuro de Cuba. [aplausos]

Uno lo ve en Gloria González, que viajó aquí en 2013, por primera vez después de 61 años de separación, y fue recibida por su hermana, Llorca. "Tú me reconociste, pero yo no te reconocí a ti", dijo Gloria después de abrazar a su hermana. Imagínese eso, después de 61 años.

Se ve en Melinda López, que llegó a la antigua casa de su familia. Y mientras caminaba por las calles, una anciana la reconoció como hija de su madre, y se puso a llorar. La llevó a su casa y le mostró un montón de fotos que incluían algunas de Melinda cuando era una bebé, que su madre le había enviado hacía 50 años. Melinda diría más tarde: "Muchos de nosotros estamos recuperando tanto ahora".

Se ve en Cristian Miguel Soler, un joven que fue el primero de su familia en viajar aquí después de 50 años. Y al encontrarse con sus familiares, por primera vez, dijo: "Me di cuenta de que la familia es la familia, sin importar la distancia entre nosotros".

A veces los cambios más importantes comienzan en lugares pequeños. Las mareas de la historia pueden dejar a las personas atrapadas en situaciones de conflicto, y exilio, y pobreza. Se necesita tiempo para que esas circunstancias cambien. Pero en el reconocimiento de una humanidad común, en la reconciliación de personas unidas por lazos de sangre y en el creer el uno en el otro, es donde comienza el progreso. En el entendimiento, y el saber escuchar, y el perdón. Y si el pueblo cubano enfrenta el futuro unido, será más probable que los jóvenes de hoy puedan vivir con dignidad y alcanzar sus sueños aquí en Cuba.

La historia de Estados Unidos y Cuba abarca revolución y conflicto; lucha y sacrificio; retribución y, ahora, reconciliación. Es ya hora de dejar atrás el pasado. Ha llegado el momento de que miremos juntos hacia el futuro [en español] un futuro de esperanza. Y no va a ser fácil, y habrá adversidades. Tomará tiempo. Pero mi tiempo aquí en Cuba renueva mi esperanza y mi confianza en lo que el pueblo cubano puede hacer. Podemos hacer este viaje como amigos, y como vecinos, y como familia: juntos. [En español] Sí se puede.


Muchas gracias. [aplausos]