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lunes, 18 de abril de 2022

DECIDETE BIDEN

 

Mario J. Viera



Está dicho, lo acaba de decir el teniente general retirado Ben Hodges, excomandante general del ejército de Estados Unidos en Europa:

Lo que los ucranianos necesitan desesperadamente son fuegos de largo alcance, cohetes, artillería, drones que puedan interrumpir o destruir los sistemas que están causando tanto daño en las ciudades ucranianas, y que también desempeñarán un papel fundamental en esta próxima fase, cuando empiece, Realmente me gustaría escuchar al gobierno hablar sobre ganar y tener un sentido de urgencia para llevar estas cosas allí”.

Putin amenaza. si la OTAN y Estados Unidos continúan enviando el arsenal que requiere Ucrania para detener el avance ruso en el Donbás, habrá “consecuencias impredecibles”. ¿Te vas aquedar callado Biden? ¿Vas a aceptar las amenazas del autócrata y asesino V. Putin?

¿Por qué Estados Unidos y la OTAN no le advierten a Putin que habrá “consecuencias impredecibles” si continúa su ofensiva criminal en el este de Ucrania? ¿El águila del Potomac puede sr intimidada por los rugidos del Oso estepario?

Estados Unidos y Europa, junto con la OTAN ¿de verdad son amigos de Ucrania? Si de verdad son amigos deben involucrarse más en defensa de Ucrania. Es como dice Zelenski: “Si son nuestros amigos o socios, dennos armas, dennos una mano, dennos apoyo, dennos dinero y detengan a Rusia, pateen a Rusia. Pueden hacerlo si son amigos

¿Qué pasa, Biden? ¿Pretendes que Estados Unidos asuma el liderazgo de eso que llaman “mundo libre”? El liderazgo comporta, fuerza, decisión y coraje. El líder que titubea ante alardes de fuerza de otros, deja de ser un líder. Cuando un líder acepta la humillación, su liderazgo se cae en pedazos.

Si Putin no tierne en claro que sus acciones en Ucrania no le causarán “consecuencias impredecibles”, no se detendrá, irá por mas presas, seguirá avanzando en su locura imperial, irá por Georgia, por Serbia, tratará de aplastar a Polonia, se apoderará de Hungría y arrasaría con Finlandia. Entonces toda Europa, y Estados Unidos, y Canadá, y Gran Bretaña y el mundo sufrirán “consecuencias impredecibles”.

martes, 20 de julio de 2021

LO QUE SI ME PREOCUPA


Mario J. Viera

 


¿Qué hay de nuevo sobre Cuba? Lo nuevo son las propuestas que se han filtrado de Joe Biden sobre las medidas que está analizando con respecto a Cuba. ¡Claro está, los duros del exilio cubano ya están expresando su inconformidad! ¡Quieren más!, diz que, los cubanos no están pidiendo comida, lo que piden es libertad. Aunque yo preferiría modificar ligeramente esas conclusiones. Sí, yo diría, los cubanos están pidiendo comida, exigiendo comida, porque sin comida no se puede vivir, y también piden y están exigiendo libertad, porque sin libertad no se merece vivir. En verdad ese apasionamiento de los duros, no me preocupa, que al fin de cuentas la comida y la libertad de y para Cuba, no hay que exigírsele al gobierno de Estados Unidos. Esos reclamos hay que hacerlos al gobierno de Cuba.

 

Tampoco me preocupa lo que diga la apasionada y estridente Alexandria Ocasio-Cortez pidiendo que ahora, en estos momentos, se levante el embargo a Cuba; y lo reclama Ocasio-Cortez porque ella comprende que “contribuye al sufrimiento del pueblo cubano”. Contribuir., ese es el verbo preciso para referirse al embargo estadounidense: “Ayudar y concurrir con otros al logro de algún fin”. El principal promotor del sufrimiento del pueblo cubano es el Partido Comunista de Cuba (PCC); es decir que, si se retira el embargo, como contribuyente, no por eso dejará de continuar el sufrimiento del pueblo cubano. ¿Una paradoja? ¿Quizá un oxímoron?

 

¿Qué Biden haya ordenado crear un grupo de trabajo para revisar la política federal de remesas? Es que quiere garantizar que, esas remesas, lleguen directamente a las manos de aquellos a quienes se les remitan en Cuba, y “sin que el régimen se lleve su tajada”. ¡Por supuesto que no me preocupa, si es que hasta lo aplaudiría! Sin embargo, no sé como tal cosa pueda conseguirse; en fin, no me preocupa. Lo que sí sé es que ya comenzaron a ponerle piedras en el zapato a Biden los que, de antemano, anunciaron que torpedearían cualquier iniciativa que impulsara la nueva administración. La venenosa María Elvira Salazar ya lanzó la primera piedra: "Presidente Biden, no necesitamos ningún grupo de estudio. Necesitamos acción, ¡ahora!", y el inefable Marco Rubio opinó que la Administración Biden, con el grupo de trabajo sobre remesas, estaría facilitando "una trampa" que el Gobierno de Cuba aprovechará para engañar a EEUU.  

 

¿Qué el presidente de Estados Unidos quiera revisar la viabilidad de incrementar el personal de la embajada estadounidense en La Habana? ¡Pues, hombre! ¿Cómo puede esto generarme preocupación? ¿Los ataques sónicos? ¡No sé, quizá habría que tomar en cuenta esa posibilidad! Sin embargo, de este modo Estados Unidos pudiera facilitar la participación con la sociedad civil ¿Por qué no?

 

Ni a mí, ni a los duros del exilio, nos preocupará que Biden exhorte al gobierno a trabajar con el Congreso para identificar opciones, con el fin de obtener mayor acceso a internet en territorio cubano. Los duros no deben protestar por esta iniciativa, si es que esa propuesta partió de dos de los más altos representativos republicaos de Florida, Ron DeSantis y Marco Rubio. Por supuesto no hay que descartar que los duros comiencen a exigir que el acceso al internet sea ahora mismo y no la semana o el mes que viene.

 

Que la Casa Blanca procure colaborar con organizaciones internacionales para aumentar la asistencia humanitaria a Cuba, ¡De ningún modo me preocupa! Pienso que tampoco los duros tengan motivos para preocuparse o negarse a aceptar tal intención porque, al fin y al cabo, ¿No era precisamente lo que se pretendía con #SOSCUBA? esa iniciativa que se pronunciaba ante la crisis sanitaria debida al aumento de casos de Covid-19 y el colapso de hospitales en Cuba y más en especial en Matanzas.

 

Tampoco es tema preocupante para mí que la Oficina de Control de Activos Extranjeros del Departamento del Tesoro analice la posibilidad de aplicar sanciones a funcionarios cubanos que cometieron violaciones a los derechos humanos en contra de los manifestantes pacíficos en Cuba. Más efectos pueden causar sobre el régimen del PCC las sanciones selectivas, como estas que aquí se presentan, que las sanciones económicas indiscriminadas. Siempre he sido partidario de que se impongan sanciones, no solo económicas, sino también diplomáticas contra todo aquel que cometa actos violatorios de los derechos humanos, desde los matones de las fuerzas especiales, los miembros de la brigadas de respuesta rápida, de la policía, de la seguridad del Estado y de los altos cargos del Partido Comunista de Cuba; es más, que las misma se extiendan a los jueces y fiscales que condenen con penas de prisión en juicios sin las debidas garantías procesales a todo aquel que hubiera tomado parte en las manifestaciones de protestas del 11 de julio, y aún más, a los jueces y fiscales que hayan condenado a disidentes por desacato, propaganda enemiga, asociación ilícita y todas las figuras penales que criminalizan los derechos de expresión, de opinión y de libre asociación.

 

Ahora bien, sí hay algo que me preocupa, y me preocupa al máximo y es que Cedric Richmond, un alto asesor de Biden, y Juan González, alto funcionario del Consejo de Seguridad Nacional, se reunieron el lunes con supuestos líderes cubano-estadounidenses, para escuchar sus recomendaciones y preocupaciones tras las protestas. Y esta preocupación la he venido manifestando desde el 11 de marzo, cuando Antony Blinken, respondiendo a preguntas de la provocativa María Elvira Salazar, dijo: "Vamos a consultar y comprometernos con los cubano-estadounidenses en cualquier cosa que tenga que ver con Cuba". Es que hasta esta preocupación la compartí entonces en Facebook y con algunos de mis amigos virtuales: ¿Cuáles son esos líderes cubano-estadounidenses a quienes el Departamento de Estado consultaría sobre el caso cubano?  La nota de prensa de AP es escueta y no menciona por nombres a esos “consejeros” cubano-estadounidenses.

 

Definitivamente, “algo huele mal en Dinamarca”; y esto si es preocupante.

viernes, 7 de mayo de 2021

De un debate sobre “las promesas de Joe Biden”

 Mario J. Viera


 

Un debate se ha producido dentro de las fincas del Facebook, a propósito de exigirle o hacerle recordar al presidente Joe Biden sus “promesas electorales con respecto a Cuba” y uno de los principales reclamos que se le hacen es el levantamiento del embargo (prefieren utilizar la combinación “embargo/bloqueo”) Hasta promueven manifestaciones públicas con reclamos a la administración Biden, diz que, porque ellos les dieron su voto.

 

Pero Biden no prometió levantar el embargo, no prometió hacer más estrechas las relaciones con el gobierno del PCC, claramente lo dijo él no es Obama, y también claramente dijo que levantaría las sanciones extremistas que impuso Donald Trump afectando más al pueblo que a la dictadura.

 

Durante su periodo de campaña electoral, Biden declaró, en entrevista para CiberCuba: “La situación de hoy en Cuba no es igual a la situación hace cuatro años y yo seguiré políticas que reconozcan el ambiente de hoy, empezando con la eliminación de las restricciones de Trump a las remesas y los viajes, las cuales perjudican al pueblo cubano y mantiene a las familias separadas. También abordaré el atraso de más de 20,000 visas que ha aumentado bajo la administración Trump, exigiré la liberación de los presos políticos y defenderé los derechos humanos en Cuba, tal como lo hice cuando era vicepresidente”. Lo ha expresado por boca de la vocera de la Casa Blanca, Jen Psaki, la política que seguirá la administración con respecto a Cuba, estará "comandada por dos principios: el primero el apoyo a la democracia y los derechos humanos, que va a ser el eje, y el segundo es que los estadounidenses de origen cubano son los mejores embajadores de la libertad en Cuba”; agregó, además, Psaki: "Estamos revisando las políticas del gobierno de Trump en varios temas de seguridad nacional para asegurarnos que nuestra visión se ajusta a eso. Vamos a marcar nuestro propio camino"   

 

Pero también se ha recalcado que existen prioridades más importantes para Estados Unidos, como la pandemia, la economía, el calentamiento global, y el conflicto con Irán, y es así, porque Biden no es el presidente de la comunidad cubano-americana de la Florida; él es el presidente de Estados Unidos.

 

Al embargo, el régimen dictatorial del PCC lo denomina "bloqueo", lo ha estado diciendo desde 1962. No obstante, Cuba mantiene magníficas relaciones con más de cien países con los que hace comercio e intercambios. Por muchos años, Fidel Castro se burlaba del embargo ─ él decía bloqueo ─. El 2 de enero de 1969, en un discurso que pronunció en la Plaza de la Revolución, dijo, “la consigna de este país es primero pasar hambre que dejar de pagar una sola obligación porque afectaría el crédito de este país”, y agregó:


¡Venir a estas horas pensando que pueda prosperar el bloqueo! (…) ¡Dan ganas de reír sencillamente! (…) El bloqueo ya nos da ganas de reíry no puede ser para menos”.  

 

Chupaba de la teta de la vaca soviética; pero, no obstante, comenzó una tremenda campaña propagandística, con aquello de la deuda externa del Tercer Mundo, que decía, era impagable. Argumentó con cuantas falacias le vinieran a la mano para justificar su reclamo “internacionalista”. Hasta convocó el encuentro de la deuda externa de América Latina y el Caribe, en La Habana, celebrado a lo largo de seis días, desde el 30 de julio hasta el 4 de agosto de 1985. Mucho que le debía al Club de París y a países de América Latina como Argentina y México; y en su discurso de apertura del encuentro Castro expresó: “Cuando hablamos de abolir la deuda, hablamos de todas las deudas que tiene el Tercer Mundo con el mundo industrializado, no excluyo a los países socialistas”. Su conclusión final fue declarar, “la deuda externa de los países del Tercer Mundo es impagable e incobrable (…) un imposible político, un imposible económico y un imposible moral” (Discurso pronunciado por FC, el 2 de septiembre de 1986 en Harare, Zimbabue).

 

Llegó la perestroika, se le acabaron los subsidios soviéticos y no hizo lo que debió hacer, rectificar, abrirse al pueblo y abrirse al mundo. En Cuba todos estábamos entusiasmados con la perestroika, pero FC se mantuvo inmutable, su poder no podía ser amenazado por los "perestroikos", como comenzaron a llamar a los miles y miles que, en Cuba, vieron en la perestroika, un nuevo camino de esperanzas, de mejoramiento de los niveles de vida. Impuso entonces Castro su proyecto de "rectificación de errores", que lo único que logró fue hacer más patentes y más duros los errores.

 

Se decidió por la resistencia y le clavó al pueblo el denominado "periodo especial en tiempos de paz". No se abrió a los cambios, y continuó acumulando deudas con el club de Paris, aún las mantiene. Comenzó entonces a lloriquear por el "bloqueo" y los tontos útiles comenzaron también a llorar por el "bloqueo".

 

La economía seguía en bancarrota, se debía a la política de la Planificación Centralizada. Se arruinaban las muy fértiles tierras de Cuba por las malas prácticas del burocrático latifundismo estatal. amenazaba el hambre. Los campos se cubrieron de marabú, y no fue por culpa del embargo, sino por la incorrecta dirección de la economía conducida por la intolerancia castrista.

 

Ciertamente, el embargo es una práctica obsoleta, surgida, en primera instancia para apartar al Cuba de la Unión soviética. Caído el campo soviético del "socialismo real", Estados Unidos, mantuvo el embargo, principalmente a impulsos de la comunidad cubano-americana.

 

En 1996, por inspiración de Lincoln Díaz-Balart, surgió la Helms-Burton que codificaba al embargo. Bill Clinton dudaba firmar la tal ley, ¿y qué ocurrió? En Cuba se organizaba Concilio Cubano, el reto más poderoso que la oposición interna le planteara al régimen; Castro quería acabar con ese reto y envió un mensaje. Una cuadrilla de avionetas de Hermanos al Rescate intentó un vuelo sobre Cuba en apoyo de Concilio, pero los mig de combate del régimen derribaron con misiles a dos de las avionetas sobre aguas internacionales. A Clinton no le quedó más remedio políticamente que firmar esa ley; una ley que pudo haber vetado.

 

Llega Obama, busca mejorar las relaciones con Cuba, le facilita un mejoramiento en esas relaciones; pudo haber mejorado la vida de los cubanos, pero aparece Trump e impone sanciones severas, que, más que al régimen, a quien más dañaba era al pueblo; ahí está el contenido de lo que Biden prometiera, suprimir esas medidas estúpidas de Trump y dejar en suspenso los títulos III y IV de la Helms Burton.

 

Mantener el embargo, nada resuelve a favor de la libertad de Cuba. Levantar el embargo tampoco resolverá la libertad de Cuba, ejemplo la China capitalista-comunista.

 

Cuando voto por un candidato a la presidencia de Estados Unidos, lo hago considerando si es el candidato correcto para Estados Unidos; no lo hago pensando en que ese candidato sea el "libertador" de Cuba o de Venezuela, o el de Nicaragua o el de Birmania.

Si Estados Unidos impuso el embargo, Estados Unidos decidirá si lo mantiene o lo levanta; no soy yo quien lo decidirá. Pero, mientras tantos, cubanos con buenas intenciones, pero erradas en principio siguen promoviendo puentes de amor entre el gobierno de Estados Unidos y el Gobierno del PCC.

 

Los puentes de amor han sido bien recibidos por los funcionarios del régimen que llaman "patriotas" a los puenteros. Me sentiría muy mal si el régimen del PCC me denominara "patriota". ¿Sanciones económicas no selectivas? Por supuesto que no las apruebo. ¿Ley Helms-Burton? Por supuesto que no la apoyo, que estoy en contra suya; pero, ¿Regalarle de gratis una victoria política al régimen del PCC? ¡De ninguna manera! Miren qué conflicto el mío. Soy partidario de un quid pro quo en cuanto al levantamiento del embargo, un “te doy y me das”. Lo demás es asunto a dilucidar por el Congreso Federal.

jueves, 1 de abril de 2021

INICIATIVAS REPUBLICANAS (Primera Parte)

 Mario J. Viera


 

Es escabroso criticar las iniciativas de algunos senadores de Estados Unidos y hasta de algunos miembros republicanos de la Cámara baja del Congreso. El tema es bien sensible: el régimen dictatorial del PCC. Ellos, es evidente, están preocupados por los actos violatorios de los derechos humanos en la isla cautiva. ¿Criticar las iniciativas, de esos senadores? Quien se atreva hacerlo, puede ser visto, como mínimo, como un simpatizante del régimen que ellos condenan, como máximo, se le puede catalogar, hasta de agente de la Seguridad del Estado.

 

¡Ahí están las propuestas! Mantener a Cuba en la lista de los países patrocinadores del terrorismo; aplicar la Ley de Ajuste Cubano a los cubanos recluidos en centros de detención de Inmigración; y por último las dos resoluciones en apoyo, una al Movimiento San Isidro, y la segunda, en apoyo a las Damas de Blanco. Todo muy bien, salvo que el propósito detrás de esta múltiple labor legislativa es la hipocresía republicana y el empeño de crearle dificultades a la administración Biden.

 

En política no se puede quedar solo en la contemplación del pico del iceberg, hay que profundizar para ver todo lo que el agua oculta.

 

Nos sumergimos y contemplamos una iniciativa legislativa denominada Ley Force; se debe a la muy ilustre congresista republicana María Elvira Salazar, que no pierde, ni siquiera un minuto, para mantenerse encima del potro inquieto que es un cargo de representante. El bodrio legislativo busca forzar a Biden para impedirle revertir la medida de Trump que antes revirtiera la de Obama de sacar a Cuba de la lista negra. ¡Nada hay de innovador en la tal Force! Solo es mala copia de la Ley Helms-Burton, y argumentada con una serie de consideraciones y de verdades, que hasta pueden ser cuestionadas.

 

Que Cuba alberga fugitivos de la justicia estadounidense, no es mentira, pero es una verdad debatible, puesto que el régimen de La Habana bien pudiera alegar, que Estados Unidos acogió y protegió a destacados asesinos del depuesto régimen de Fulgencio Batista, destacándose, el bien conocido por los cubanos de 1958, coronel de la policía Esteban Ventura Novo, un verdadero asesino serial, y protegió al terrorista cubano Luis Posada Carriles. ¿Tráfico de médicos y personal médico? Me pregunto qué tiene que ver esto con el terrorismo, un tema que, solo pudiera considerarse como trata de personas, tal como esos mismos senadores lo reconocen al mencionar, “incluida la trata de personas", para referirse al tráfico de médicos.

 

Pero hay más, los senadores Marco Rubio, Ted Cruz y Rick Scott, fieles partidarios de la administración Trump, incluyen, entre las causales para la inclusión de Cuba en la lista de promotores del terrorismo, el contrabando de armas; una referencia a hechos acaecidos el 10 de julio de 2013 cuando el barco norcoreano Chong Chon Gang, procedente de Cuba con destino a Corea del Norte, fuera abordado por autoridades del Canal de Panamá, ante sospechas de tráfico de drogas, pero en la inspección no encontraron drogas. No obstante, después de dos días de inspección, se descubrió que llevaba "maquinaria de guerra", dos complejos coheteriles antiaéreos Volga y Pechora, nueve cohetes en partes y piezas, dos aviones Mig-21 Bis, y 15 motores de ese tipo" de aeronave, escondidos en contenedores que decían transportar 250 quintales de azúcar crudo.

 

Evidentemente, y claro quedó demostrado, que se trataba de un acto de contrabando de armas, dirigido a burlar las sanciones de la ONU contra Corea del Norte para prohibirle exportar e importar armamento, en respuesta a la prueba nuclear del 12 de febrero de ese año puesta en práctica por ese país.

 

Todo este affaire quedó resuelto, luego del pago de una multa de 693.333 dólares, la retención de los 35 tripulantes de la embarcación, sometidos a los tribunales panameños, la absolución primero a los 32 tripulantes y la absolución posteriormente, el 27 de junio de 2014, del capitán, el primer oficial y el secretario político de la embarcación, dictada por el juez Carlos Villarreal, alegando que el hecho "escapaba de la jurisdicción panameña", Finalmente se decomisó todo el armamento y la carga de azúcar.

 

El veleidoso Marco Rubio, declaró al respecto: "La Administración Trump hizo bien en revertir la decisión del presidente Obama de remover al régimen cubano como un país patrocinador del terrorismo. Bajo esta nueva administración, debemos asegurarnos que se mantengan las medidas significativas para responsabilizar al régimen de Castro y Díaz-Canel. Me enorgullece trabajar con mis colegas y liderar este esfuerzo en el senado, y le agradezco a la congresista Salazar por su liderazgo en la Cámara de Representantes". ¡No faltaba más! Y María Elvira Salazar, nacida, no en Cuba, sino en la Pequeña Habana se siente eufórica y declara: “Este proyecto de ley le dice a cualquier administración que no puede quitar a Cuba de la lista hasta que no se porten bien”.

 

Esa es la razón verdadera de la ley Force, y claramente fue expuesta por el trío de ases republicanos, en carta dirigida a Joe Biden: "Le escribimos para informarle de nuestra objeción a cualquier moción o solicitud de consentimiento con respecto a cualquier legislación que busque enmendar la política de nuestra nación hacia Cuba. Para apoyar al pueblo de Cuba, debemos continuar promoviendo la libertad y la democracia en Cuba y responsabilizar a la dictadura de Castro-Díaz Canel por su atroz historial de derechos humanos, albergue de fugitivos de la justicia estadounidense, contrabando de armas militares, tráfico de médicos y personal médico y negar el apoyo económico al brazo militar de esta brutal dictadura". Por supuesto que esta misiva se hizo en contra de la iniciativa de 80 congresistas demócratas de enviarle una carta a Biden donde le solicitaban revertir las políticas de Trump hacia Cuba. Entre los principales firmantes de esta carta se destacan los representantes Bobby Rush, de Illinois, Gwen Moore, de Wisconsin, y Barbara Lee, de California; Rush previamente introdujo un proyecto legislativo destinado a mejorar las relaciones y mercados de Estados Unidos con Cuba.      

 

Es muy cierto lo que el senador Marco Rubio expresara en carta dirigida al secretario de Seguridad Nacional de Estados Unidos, Alejandro Mayorkas: "Durante más de seis décadas, el régimen cubano ha sido hostil con las libertades básicas, los valores democráticos y los derechos humanos del pueblo cubano. El régimen impuesto por el Partido Comunista de Cuba ha sido reiterativo en esos aspectos; desprecio total por los derechos que, a cada hombre, mujer y niño, les corresponde. Miles de cubanos, en su propio país, han sufrido discriminación y cárceles por sus convicciones políticas. El gobierno no se abre al pueblo, y coarta toda posibilidad de mejoramiento y de superación humana debido a sus errores en la conducción de la economía, aferrándose a patrones obsoletos que han mostrado su incapacidad. Toda esta situación trae como resultado, como bien anota Rubio, que “los ciudadanos cubanos continúan arriesgando sus vidas y buscan el sueño americano y la promesa de un mejor futuro en Estados Unidos”.

 

Atendiendo a estas consideraciones, Rubio expresa: “Es imperativo que Estados Unidos se comprometa con la aplicación de la ley federal de inmigración, que incluye a cubanos actualmente en EEUU elegibles para obtener la residencia bajo la Ley de Ajuste Cubano".  

 

Y Marco Rubio es secundado en esta propuesta por la troika de María Elvira Salazar, Mario Díaz-Balart y Carlos A. Giménez en sendas cartas dirigidas a la administración de Joe Biden, mediante las cuales solicitan la liberación de "los cientos de cubanos" en los centros de detención de ICE. Todo parece ser una iniciativa plausible. Sí, así parece, pero… ¿La Ley de Ajuste Cubano?

 

¿Será una reconsideración de Marco Rubio de aquello en que creía y recomendaba el 12 de enero de 2016? Sí porque en aquella fecha dijo: "Es indignante que se explote la generosidad del pueblo estadounidense. Es indignante particularmente cuando los individuos que dicen venir huyendo de la represión en Cuba y se les permite coger la asistencia federal en base a su situación, vuelven enseguida al mismo lugar del que afirman estar huyendo. Las debilidades en nuestra ley actual no sólo permiten el flujo de dinero de los contribuyentes estadounidenses al régimen comunista de Castro, sino que socava la causa legítima de aquellos cubanos que están verdaderamente huyendo de la represión y persecución políticas. Este es un primer paso para eliminar las lagunas y los incentivos financieros explotados por mucho tiempo, y al mismo tiempo para proteger a los contribuyentes estadounidenses y preservar la intención original del Programa de Ajuste Cubano, que es para dar refugio a los cubanos que huyen verdaderamente de la persecución”. Por ello, proponía hacer cambios a la Ley de Ajuste Cubano por medio de un proyecto de ley de su iniciativa al cual denominó, Ley de Oportunidades de Trabajo del Inmigrante Cubano. Pretendiendo asegurar el “continuar asistiendo a los que huyen de la persecución política en Cuba mientras se trabaja para poner fin a los abusos de la generosidad estadounidense. Este es un primer paso firme, y espero que el Congreso lo apruebe este año".

 

Su intención sería secundada por el representante republicano Carlos Curbelo quién expresaría: “El éxodo masivo de cubanos y el abuso generalizado de nuestros programas de asistencia de refugiados son consecuencias directas de la política imprudente hacia Cuba del presidente Obama. Esta legislación asegurará que solamente los cubanos perseguidos puedan recibir beneficios de refugiados, que son designados para aquellos que no pueden regresar a sus países, y protegerá a los contribuyentes estadounidenses. La generosidad de Estados Unidos debe ser honrada y apreciada".

 

El 16 de agosto de 2016, Marco Rubio ratificó sus puntos de vista con respecto a la Ley de Ajuste Cubano ante el crecimiento que se produjera de la inmigración cubana, luego del deshielo en las relaciones bilaterales Estados Unidos-Cuba, propiciado por Barack Obama. Había que cambiar la ley: “Es muy difícil justificar esto ─ expuso Marco Rubio entonces ─.  cuando llegan, y un año y un día después viajan a Cuba 16 o 18 veces al año”. Las causas de la emigración, ya lo había declarado, son conocidas por Rubio; y como expuso al diario DW el politólogo y periodista neoyorkino Herbert C. Arend, independiente de quien ocupe la presidencia en Estados Unidos continuará imparable: "…somos prepotentes ─ dijo ─ pero no brutos, y sabemos que ese flagelo en Cuba durará décadas: varias generaciones crecieron viéndonos como La Meca, y eso no cambiará aunque Fidel y Raúl mueran, y aunque el próximo presidente profundice las aperturas de Obama. Seguirán existiendo oleadas de cubanos hacia acá, la emigración cubana se parecerá más a otras emigraciones, y eso obligará a que la Ley de Ajuste se ajuste a las nuevas circunstancias, porque también los norteamericanos somos fieles. Cuba es para nosotros algo especial, y nadie puede negar que entre nuestras naciones siempre han existido lazos emotivos que no existen con otros países de la región".  

 

Y realmente continuó la inmigración de cubanos, ahora menos por mar y mayoritariamente por tierra, viajando a Ecuador, a Nicaragua y a México, para emprender una angustiosa marcha hacia la frontera sur de Estados Unidos. Continuó ese éxodo durante la administración de Trump. De acuerdo con el diario Los Angeles Times, del 31 de julio de 2019, el número de cubanos que se presentan en la frontera sur sin permiso previo para ingresar, categorizados como “inadmisibles” por la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza, ha continuado al alza, con más de 20.000 personas que esperan ingresar este año (2019), aunque Trump los devolvía hacia México para que pudieran esperar, por meses y hasta por más de tres años, en campamentos improvisados, para que sus casos pudieran ser atendidos en un tribunal de inmigración al norte de la frontera. Por cierto, ni Rubio, ni Díaz-Balart le escribieron cartas a la administración de Trump reclamando que, a esos cubanos, se les concedieran los beneficios de la Ley de Ajuste. 

viernes, 26 de febrero de 2021

BIDEN NO PARECE DARSE PRISA

 Mario J. Viera

 


Intensa ha sido la lluvia de cartas, proposiciones y sugerencias, que no cesa de caer sobre la administración de Joe Biden, solicitándole la instrumentación de una nueva política hacia Cuba. Desde el amable intento de los “puentes de amor”, solicitando la remoción de todas las políticas de Trump tendientes a incrementar las sanciones económicas no selectivas contra Cuba, y hasta la eliminación del “bloqueo/embargo”; la romántica propuesta del proyecto del Centro para la Democracia en las Américas, y la Oficina de Washington sobre América Latina, pidiendo a Estados Unidos dar el primer paso; la coja propuesta de la Joven Cuba; la carta del Cuba Study Group con la recomendación de que ambos gobiernos [Estados Unidos y Cuba] “negocien acuerdos de cooperación y faciliten arreglos económicos entre su sector privado que puedan consolidar suficientemente las relaciones diplomáticas y la integración socioeconómica entre los dos países”, más interesado en hacer negocios en Cuba que cualquier otro criterio altruista; hasta concluir el aguacero con la ríspida Carta Cuba-Estados Unidos que propone hasta casi la celebración de un simposio para llevar a cabo las negociaciones diplomáticas entre ambos estados.

 

Parece, no obstante, que Biden no se está dando prisa en el tema de la renovación del acercamiento con el gobierno de Cuba; al menos, hasta ahora, no ha hecho ninguna alusión al asunto. Bueno, sí, este 24 de febrero, aniversario 25 del derribo de dos avionetas de Hermanos al Rescate por aviones Mig del Ejército Cubano, Biden envió al Congreso una proclamación por la cual prorrogó, por un año más la declaración de emergencia con Cuba, firmada por Bill Clinton e 1ro de marzo de 1996, aduciendo que sigue existiendo la necesidad de continuarla.

 

En su declaración, Biden expresó: “La posibilidad de entradas no autorizadas a gran escala de embarcaciones registradas en Estados Unidos en aguas territoriales cubanas perturbaría las relaciones internacionales de los Estados Unidos con respecto a Cuba al permitir o proporcionar los medios para facilitar una migración masiva de ciudadanos cubanos y amenazar nuestra seguridad nacional”.

 

Algo más. El 8 de febrero, el encargado de negocios estadounidense Mark Cassayre hizo la siguiente declaración: "Tengo el gusto de informarles que, esta mañana, el secretario de Estado Blinken va a anunciar que Estados Unidos se comprometerá de nuevo en el Consejo de Derechos Humanos de la ONU, en calidad de observador", Algunos días después, Bliken explicaría en un comunicado que “la administración Biden ha reencauzado a Estados Unidos a una política exterior centrada en la democracia, los derechos humanos y la igualdad”, para agregar: “El uso efectivo de herramientas multilaterales es un elemento importante de esa visión, y en ese sentido, el presidente ha instruido al Departamento de Estado a reintegrarse inmediatamente y de forma robusta con el Consejo de Derechos Humanos de la ONU”; afirmando además, que  seguirá denunciando abusos en países como Venezuela, Nicaragua, Cuba o Irán (…) Los que tienen peores registros de derechos humanos no deberían ser miembros de este Consejo”.

 

Todavía más. Así se refirió la exembajadora de Estados Unidos ante las Naciones Unidas durante el gobierno de Obama, Samantha Power con respecto a la canción “Patria y Vida”, opinó: "Una mirada muy interesante a la nueva generación de jóvenes en Cuba y cómo están presionando contra la represión gubernamental”. Power, que también ha sido nominada por Biden para dirigir la Agencia de EEUU para el Desarrollo Internacional (USAID); agregó a su comentario, diciendo: “Un grupo de artistas canalizó sus frustraciones en una nueva canción tremendamente popular que el Gobierno ahora está desesperado por suprimir”.

 

Ninguno de estos mensajes debe sonar muy agradable a los oídos de los regentes del PCC.

 

Hasta el momento, no se ha dado a conocer si ya la administración Biden le haya pedido al Departamento de Estado un estudio para revisar la pertenencia de Cuba dentro de la lista de países patrocinadores del terrorismo, vuelta a colocar por Trump en la lista negra el 11 de enero de 2021, revirtiendo la decisión tomada por la administración Obama el 29 de mayo de 2015 para excluirle de tal designación. Todo un regalito de “buena voluntad” que le dejara Trump a Joe Biden con el propósito de dificultar el proceso de renovar las relaciones diplomáticas entre Estados y Cuba.

 

Mientras Biden se toma su tiempo para la elaboración de su política hacia Cuba, ya le han aparecido cuatro piedrecitas en su zapato para hacerle cojear. Se trata de cuatro congresistas cubano americanos ─ casualmente todos con representación de Florida en el Congreso de Estados Unidos ─, el senador Marco Rubio y los representantes Mario Díaz-Balart, María Elvira Salazar y Carlos A, Giménez, lo cuales, en un comunicado dirigido a la Casa Blanca, instaron a “mantener la presión” sobre Cuba a propósito de un tema muy delicado en Miami, como es el nuevo aniversario del derribo de las dos avionetas de Hermanos al Rescate sobre aguas internacionales.

 

En el comunicado, los cuatro radicales congresistas declaran: "Cada año que pasa nos sirve como recordatorio que este régimen asesino, narcoterrorista y antiamericano no ha cambiado en lo absoluto. El régimen castrista debe enfrentar consecuencias por sus actos criminales. Específicamente el asesino Raúl Castro, quien ordenó esta atrocidad, así como los tres individuos ya imputados en una Corte Federal de los Estados Unidos: el general Rubén Martínez Puente y los pilotos de combate Lorenzo Alberto Pérez-Pérez y Francisco Pérez-Pérez. El régimen ha demostrado repetidamente que no respeta la vida humana ni los derechos humanos más básicos. Mientras que los asesinos responsables sigan caminando sobre la faz de la tierra seguiremos exigiendo justicia para las víctimas del régimen: Carlos, Armando, Mario y Pablo”.

 

Declaraciones estas muy duras, que obligan a pensar, si resulta políticamente ventajoso para la Casa Blanca impulsar un acercamiento con el gobierno de Cuba. Por cierto, en el comunicado, ni por casualidad hicieron una referencia a la masacre del remolcador Trece de Marzo, ocurrida el 13 de julio de 1994, provocada por la embestida de embarcaciones gubernamentales contra el remolcador, provocando el saldo de 41 civiles, incluidos 11 niños, que pretendían llegar a territorio de Estados Unidos. Cualquiera sea un poco suspicaz, pensaría que, el propósito del comunicado, aparte de tener la intención de dificultar cualquier relajamiento de las relaciones diplomáticas con Cuba, estaría dirigido a las elecciones intermedias de 2022. ¡El factor Miami-Florida!

 

Sí, el factor Miami-Florida, algo que toma en cuenta la carta del Cuba Study Group., dirigida al presidente Joe Biden, cuando, en una de sus partes, resalta que, “el gobierno cubano también debe darse cuenta de que es poco probable que el acercamiento con Estados Unidos sea sólido si intenta eludir Miami”. Reconociendo que la política de Estados Unidos hacia Cuba, no debiera guiarse por la política electoral interna, el Cuba Study Group consideró que esto solo será “una aspiración más que un reflejo de la realidad actual” como consecuencia de, “la fuerte oposición partidista en el Congreso de Estados Unidos y el enorme papel de Florida (y su número cada vez mayor de votantes inmigrantes cubanos) en el Colegio Electoral (…) El sentimiento de los votantes cubanoamericanos hacia el gobierno cubano y las relaciones entre Estados Unidos y Cuba representa el mayor obstáculo político interno hacia la normalización”, lo que yo denomino “Factor Miami-Florida”.

 

En lo esencial, el cúmulo de sugerencias que, desde diferentes grupos de intereses, se promueven, se resumen en lo siguiente: levantar las restricciones a los vuelos comerciales y chárter, poner fin a los límites de remesas, restablecer los servicios consulares en Cuba, reiniciar el Programa de Reunificación Familiar para Cubanos, suspender la ejecución de los títulos III y IV de la Ley Helms-Burton; todo esto, algo que, como he dicho en otro artículo, Biden, por sí mismo y por condiciones humanitarias, puede decretar la derogación de las sanciones económicas que Donald Trump, previamente había dictado. No obstante, el presidente y su gobierno se están tomando su tiempo para implementar todo lo concerniente a la política que ha de seguir, respecto a Cuba.

 

Ahora bien, algunos proponen que la administración Biden se decida por el levantamiento del embargo y hasta hay los que reclaman su levantamiento incondicional (Carta de la Joven Cuba). Esto es algo muy diferente. Repito aquí lo que antes dije en el artículo que publiqué el 12 de febrero (La Carta de la Joven Cuba al presidente Biden, cojea):  “Aunque el embargo sea, en el presente, solo una reliquia anquilosada del periodo de guerra fría; aunque su aplicación no ha conseguido aperturas y reformas profundas en Cuba, las sanciones económicas contempladas en las leyes Torricelli y Helms-Burton no pueden o no deben ser levantadas de manera unilateral por parte de Estados Unidos, y aunque en muchos sectores de la economía estadounidense se plantean reclamos para su supresión, optar por su levantamiento necesita pasar por un proceso de negociaciones, en una especie de quid pro quo”.

 

El embargo es un tema espinoso y de muchas aristas. Independientemente de que la Ley Helms-Burton codificó el embargo, también estableció. como premisa para su levantamiento, la existencia de un Gobierno de transición en Cuba, con determinadas características, entre las cuales se pueden enumerar las siguientes: que haya legalizado todas las actividades políticas; que haya puesto en libertad a todos los presos políticos; haya disuelto el Departamento de Seguridad del Estado, incluidos los Comités de Defensa de la Revolución y las Brigadas de Respuesta Rápida; y haya expresado públicamente su compromiso de organizar elecciones libres y justas para un nuevo gobierno; con la participación de múltiples partidos políticos independientes; que exprese públicamente, su decisión de avanzar en el establecimiento de un poder judicial independiente; el respeto de los derechos humanos y las libertades fundamentales internacionalmente reconocidos; la creación de condiciones para el establecimiento de sindicatos independientes, y de asociaciones sociales, económicas y políticas independientes; y sobre todo que ese gobierno de transición no incluya a Fidel Castro ni a Raúl Castro. Solo cuando se certifique la existencia de un gobierno de transición y la formación de un gobierno elegido democráticamente, podrá levantarse el embargo.

 

Dentro de estas condicionales presentes en la vigente ley, un presidente, sea Biden o cualquier otro presidente, dictar por orden ejecutiva el levantamiento del embargo sería ir contra derecho, por muy legítima que pudiera ser considerada tal decisión. Para derogar la Helms-Burton, el Partido Demócrata necesitaría ganar en el 2022 una mayoría congresional de cerca de las dos terceras partes de todos los escaños, tanto en el Senado como en la Cámara de representantes, algo que a todas luces no parece ser probable, Aún en el caso que esto ocurriera y se lograra derogar la Helms-Burton debería considerarse si resultara apropiado el levantamiento del embargo de solo un plumazo, o hacerlo por etapas.

 

Bajo las condiciones políticas que hoy rigen en Cuba, el levantamiento del embargo no redundaría en mayores beneficios para el cubano común y corriente; solo se obtendrían algunas ligeras mejoras existenciales. El cubano continuaría siendo el mismo gallo desplumado de antes, aunque con un poco más de maíz. Tal vez quedaría sin sentido la coartada del régimen como plaza sitiada. Tal vez la retórica de lucha “antimperialista” se suavizase. Pero, el Partido Comunista de Cuba mantendría su no discutible hegemonía; las leyes de desacato no serían revocadas y el sistema judicial perduraría como tal y no como uno de los poderes independientes del estado. La represión en contra de la opinión disidente persistiría bajo formas más sutiles, los medios informativos continuarían bajo el monopolio oficialista y con mayores recursos económicos para sostenerles y para reforzar la propaganda gubernamental; los sindicatos continuarían siendo secciones sindicales para servir como correa transmisora de las directivas del PCC.

 

La economía pudiera mejorar, pero solo, en especial, para tanto el sector de los empresarios privados, como el de los inversores extranjeros en asociación con el gobierno; y el sector de los altos cargos del aparato gubernamental. No quedaría resuelto el problema del desabasto de la población, porque la prominencia estaría en el sector estatal de la economía bajo el principio de la planificación centralizada. Mantener el embargo, por otra parte, no garantiza de ningún modo la democratización de Cuba; levantar el embargo, tampoco garantizará la democratización del país.

 

Alcanzar la democracia en Cuba, no viene de mano del embargo estadounidense, ni de su supresión. La democracia, en Cuba, se alcanzará cuando cese el tribalismo entre los diferentes grupos de la oposición interna; cuando esa oposición se disponga a unirse en el lanzamiento de un reto poderoso al régimen; cuando esa oposición se aparte, se autonomice de los grupos de ultraderecha del exilio; cuando esa oposición deje de ser figura virtual para convertirse en presencia real actuando dentro de las entrañas del pueblo.

viernes, 19 de febrero de 2021

LA CONSTANTE LLUVIA DE CONFETIS

Mario J. Viera

 


Cual una lluvia de confetis en un día de final de año, ahora le llueve a la Casa Blanca un diluvio de cartas, solicitando, casi exigiendo a Joe Biden, que se ajuste a lo que cada cual, en sus cartas, crea ser mejor para “salvar a Cuba”. El aguacero de cartas y consejos se inició, el 18 de diciembre de 2020, antes de la toma de posesión de la presidencia por Joe Biden, con el proyecto del Centro para la Democracia en las Américas y la Oficina de Washington sobre América Latina; continuó con los “puentes de amor”, y a seguidas, con la arremetida de la Joven Cuba, para ahora presentarse una nueva propuesta insertada en un documento o Carta Cuba-Estados Unidos.

 

Cuando se hace una primera lectura a la Carta Cuba-Estados Unidos, reproducida en el sitio CiberCuba, resulta interesante; sus propuestas captan al lector. Sin embargo, cuando en un documento se trata el tema cubano, el conflicto gobierno/ciudadanía, no podemos conformarnos con una primera simple lectura. Hay que pensar; hay que analizar, y esto es lo que me propongo hacer en las siguientes líneas.

 

Aunque la nueva carta se dirige más a exigencias al gobierno que actúa bajo las directivas y controles del Partido Comunista de Cuba (PCC), también incluye propuestas a seguir por el gobierno de Estados Unidos. Y reclama determinadas condiciones que, a juicio de los ponentes del documento, deberán cumplirse a lo largo de todo el proceso negociador entre los gobiernos de Estados Unidos y Cuba. Entre estas condiciones se destacan: una amplia participación y representación de la sociedad cubana; transparencia, con acceso equitativo a medios oficiales e independientes cubanos, así como a la prensa internacional; ningún acuerdo podrá tomarse a espaldas de la ciudadanía cubana y estadounidense; participación durante las negociaciones de mediadores de credibilidad y experiencia como el Vaticano, Noruega y el Parlamento Europeo; carácter escalonado para el proceso de negociación y los acuerdos resultantes; creación de mecanismos periódicos de revisión incluyendo el acompañamiento, monitoreo e incidencia de la sociedad civil, siguiendo buenas prácticas de otros procesos internacionales; el avance de las negociaciones a fases superiores o su interrupción en caso de incumplimientos deberán depender de los resultados de las evaluaciones; liberación inmediata ─ sin exilio condicionado ─ de los presos políticos y la legalización de todas las organizaciones de la sociedad civil y del sector privado que van a estar representadas en las conversaciones, junto con el cese de la represión política y las restricciones económicas a la ciudadanía como condición preliminar para el inicio de las negociaciones”.

 

Todos, reclamos muy justos si se quiere, salvo que no es así como funcionan los convenios diplomáticos de acuerdo con la Conversión de Viena sobre relaciones diplomáticas de 18 de abril de 1961, y en la práctica internacional. Quizá por desinformación han confudido las negociaciones diplomáticas con las negociaciones, que, en crisis políticas internas, se promueven entre un gobierno y su oposición política, como han sido las negociasciones que, durante un tiempo, se llevaron a cabo entre el gobierno de Nicolás Maduro y la oposición venezolana, o como las negociaciones,  llevadas a cabo en Cuba, entre el gobierno colombiano y las guerrillas de las FARC y el ELN, las cuales exigían transparencia y la participación de mediadores; en el caso venezolano, Noruega en la isla de Barbados, el 9 de julio de 2019; y en el caso colombiano  los mediadores fueron Cuba y Noruega.

 

Si la oposición cubana al interior del país promoviera una fuerte resistencia civil, con gran participación de las masas populares, poniendo en crisis a la dictadura, esta se vería obligada a negociar. Es entonces cuando la oposición podría reclamar, para ir a la mesa de diálogo, todas las condicionantes que lo redactores de la Carta Cuba-Estados Unidos han planteado. Exigir que fueran mediadores en el diálogo el Vaticano, Noruega y el Parlamento Europeo; reclamar el cese de la represión, y la liberación de todos los presos políticos, y la legalización de todas las organizaciones de la sociedad civil y del sector privado.

 

Entre dos estados, según el Derecho Diplomático, la mediación solo concurre como “Intervención amistosa de un tercer estado entre dos (o más) que se hallan en conflicto (armado o no) proponiendo una solución que pueda ser aceptable para todos los litigantes”. Como ejemplo de mediación entre dos naciones envueltas en conflictos, fueron los acuerdos de Camp Davis, firmados por el presidente egipcio Anwar el-Sadat y el primer ministro israelí Menachem Begin, el 17 de septiembre de 1978, con la mediación del presidente de Estados Unidos Jimmy Carter, como tercer estado, para resolver las reclamaciones, el conflicto, de ambas partes sobre la península del Sinaí. Este no es el caso presente en las relaciones entre Cuba y Estado Unidos, que hasta tal punto requiera de la buena mediación de otro país para resolver los conflictos entre ambos países. El posible acercamiento del gobierno de Biden hacia nuevas relaciones dipolomáticas con Cuba es un reprochement, un término francés que significa reconciliación o aproximación, y que se utiliza para describir las gestiones o la política que, para tales fines, se llevan a cabo entre dos o más estados, después de un periodo de fricción o distanciamiento, según se define en Derecho Diplomático.

 

En este tipo de negociaciones no se requiere el concurso o la participación de elementos diferentes a los negociadores diplomáticos de las dos naciones. Todo equipo negociador está equipado con un grupo más o menos grande, integrado por especialistas en derecho internacional, economía y política. De acuerdo con especialistas en el Derecho Diplomático en “las relaciones internacionales, existen situaciones o datos que motivan en cada caso a actuar de determinada manera para poder llevar a cabo ciertos fines. Estas situaciones o datos se pueden denominar condiciones fácticas que influyen en las relaciones diplomáticas. Las condiciones fácticas a tomar en cuenta en las relaciones diplomáticas son de carácter político, sociológico o económico, ya sea de manera aislada o en combinación de unos y otros

 

La motivación económica por sí misma es, hoy en día, razón suficiente para establecer relaciones entre Estados. Entre estas condiciones se destacan el comercio bilateral, o la oportunidad de descubrir nuevos mercados; el establecimiento de empresas estatales en el otro Estado(Rosa Adriana Figueroa Álvarez. Propuesta para la regulación del proceso· de normalización de las relaciones diplomáticas de México). Aunque al final, la decisión del establecimiento de relaciones diplomáticas, es de carácter político.

 

Ahora bien artículo 2 de la Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas, señala que, el establecimiento de las relaciones diplomáticas ha de hacerse por consentimiento mutuo; y se deben centrar en lo que es común entre las partes, no en las diferencias existentes. Esas negociaciones, además, no tienen que ser públicas, aunque diferentes factores políticos, de ambos estados, puedan expresar sus rechazos y hasta presentar sus cuestionamientos  en el Congreso o en los medios informativos; pero esto no cambia los resultados. Con Cuba, Estados Unidos estará actuando de acuerdo con sus intereses económicos pero, por encima de cualquier objeción, según sus intereses políticos. que no necesariamente coincidirán con los intereses del gobierno cubano. Este fue, por ejemplo, las negociaciones para el establecimiento de relaciones diplomáticas de Estados Unidos con la China comunista, iniciadas durante el gobierno de Richard Nixon y concluidas durante la administración de Jimmy Carter, lo que trajo como consecuencia la expulsión de Taiwan del Consejo de Seguridad de la ONU y la ruptura de sus relaciones diplomáticas con Estados Unidos.

 

La carta, propuesta, reclamo o lo que sea, se inicia explicando que la misma, “es fruto de una iniciativa ciudadana de cubanos de diferentes posiciones políticas, guiados por el anhelo de una Cuba democrática y respetuosa de todos los derechos para todas las personas”. Y bien que es bastante variopinta la lista de sus firmantes y, como en la Viña del Señor, hay de todo los tipos, desde presos políticos, artistas e intelectuales hasta conocidos simpatizantes de Donald Trump y de sus políticas, y algún que otro oportunista que, para mostrarse duros frente a la dictadura, firman cualquier carta que se les ponga delante, Adelantan también una exigencia al régimen del PCC: “El gobierno de Cuba debe normalizar las relaciones con sus ciudadanos, como premisa para normalizarlas con el mundo”. El problema es que, querrámoslo o no, el régimen, sin haber normalizado “las relaciones con sus ciudadanos”, ya tiene relaciones diplomáticas con la mayoría de los estados del continente americano, de Europa, de Asia y de Africa; y lo puede hacer porque en Cuba no hay un movimiento de resistencia interna consolidado y retador que confronte al régimen ante la opinión pública internacional. Con carticas más o menos y con canciones contestarias, no se derrocan dictaduras.

 

Es así que, ante “la posibilidad de un nuevo acercamiento entre los gobiernos de Cuba y Estados Unidos” los redactores del documento desean transmitir sus impresiones sobre el tema. Comienzan entonces una serie de advertencias, que parecen dirigidas al mismo Joe Biden y suenan como si fuera un regaño.

 

El primer reclamo admonitorio dirigido al gobierno de Biden, aparece en su inciso a): “La soberanía de Cuba como nación independiente no puede ser monopolizada por un gobierno. No se debe confundir empoderamiento de la sociedad con el apoyo a la agenda del régimen y de grupos autorizados por este para representar a la sociedad civil”. Error. Todo gobierno es representante de la soberanía de una Nación como Estado independiente con respecto a la soberanía de otras naciones. Lo que un gobierno no puede monopolizar es la soberanía que reside en el pueblo y del cual dimanan todos los poderes del Estado; soberanía esta que ha sido secuestrada, no por el gobierno sino por el PCC y depositada en su Buró Político. La Constitución de 1940 planteaba las dos condiciones de soberanía. En el Art. 1, se estipula: “Cuba es un Estado independiente y soberano” (Nación), y en su Art. 2, planteaba: “La soberanía reside en el pueblo y de éste dimanan todos los poderes públicos” (auto determinación); por ptra parte, la Convención de Viena ofrece un marco completo para el establecimiento, mantenimiento y terminación de las relaciones diplomáticas basado en el consentimiento entre Estados soberanos.

 

El inciso b), aunque me cuesta tener que admirlo, constituye una falacia lógica, algo que, en todo documento que enfoque un tema político se debe evitar, teniendo mucho cuidado en la elección de los términos o premisas lógicas del análisis. Sobre la tesis verdadera de que el régimen implantado en Cuba niega los derechos fundamentales y criminaliza el disenso y excluye la participación autónoma (primera premisa lógica); y se argumenta correctamente, que “atenta contra estándares internacionales de derechos humanos” (Segunda premisa lógica), se concluye diciendo: “es legítimo que la comunidad internacional asuma posicionamientos ante la desprotección en que se encuentran los ciudadanos del país”. La conclusión a la que se arriba no se desprende de las dos premisas lógicas empleadas.

 

La desprotección en que se encuentran los ciudadanos de Cuba, no resulta aparente ante la opinión internacional. Tanto es así que esa comunidad internacional le ha concedido al régimen del PCC un asiento en el Consejo de Derechos Humanos de la ONU. En Cuba no se han producido las convulsiones político y sociales como las que se produjeron en Venezuela con las masivas protestas y manifestaciones populares en contra del régimen de Nicolás Maduro que dejaron un saldo grande de ciudadanos muertos. No han ocurrido las protestas y manifestaciones pacíficas de Nicaragua reclamando la renuncia del gobierno de Daniel Ortega y Rosario Murillo enfrentándose a la brutal y sangrienta represión, tambien con saldos de muertes violentas de ciudadanos. Nada similar se ha producido en Cuba a las manifestaciones multitudinarias de Bielorrusia, ni los actos de desobediencia civil en Hong Kong, ni las multitudes que en Birmania rechazan el golpe de estado por parte del ejército enfrentádose valientemente a las fuerzas militares que les reprimen de manera violenta; ni las las protestas multitudinarias producidas en Rusia a favor del opositor Alexei Navalny.

 

Donde no hay una fuerte confrontacion pueblo/dictadura con un movimiento de resistencia bien organizado y actuante, la comunidad internacional vuelve la vista hacia lugares de mayor conflictividad. Faltó precisamente esa tercera premisa para que la conclusión que se obtuviera no constituyera una falacia lógica.

 

Los siguientes cuatro incisos se dedican  a demostrar, según los redactores de la Carta Cuba-Estados Unidos, el fracaso del proceso de normalizacion de las relaciones entre ambos estados impulsada por Barack Obama, con los mismos argumentos que los detractores de la política exterior obamista han empleado desde los primeros meses del deshiele diplomático. Inciso c) “no se experimentaron en la Isla avances en los derechos humanos”; d) “La represión es consustancial a la naturaleza totalitaria del sistema […] No depende de la actitud del gobierno de Estados Unidos, como demuestra este primer mes de la presidencia de Biden (¿?) […] se ha expandido y diversificado la represión incluso contra nuevos actores como los activistas de poblaciones en situación de vulnerabilidad, artistas, ambientalistas, protectores de animales, intelectuales de orientación progresista; e) Las reformas económicas realizadas por el gobierno de Cuba durante la normalización de Obama fueron mínimas y sufrieron congelamiento o reversión incluso antes de la administración Trump. Inexacto. Las tímidas reformas económicas del gobierno de Cuba se iniciaron entre el 2008 y el 2010, entrega en usufructo de tierras estatales ociosas para su explotación por parte de campesinos y cooperativas; despido masivo de em­pleados estatales excedentes, que a partir de ese momento deberían ser ocupados en nuevos trabajos privados; au­torización de la compraventa de viviendas y de automóviles, y, en 2013 la eliminación de los permisos de salida para viajar al extranjero. El inciso f) declara: “Durante el deshielo anterior, es cierto que creció cierta clase media urbana que mantuvo una actitud de no confrontación o colaboración con el régimen, pero la mayoría empobrecida del país no se benefició de la normalización”.

 

La carta fue remitida al Gobierno ─ ¿reconocimiento implícito de que el gobierno es parte en el debate? ─ Mientras se recogían firmas de apoyo a la Carta Cuba-Estados Unidos, se informa en un artículo aparecido en Cubanet, que “sin previa consulta, el documento fue expuesto (…) en el Noticiero Nacional de Televisión por Humberto López, quien la utilizó para exponer algunas de las gestiones de ‘personas que promueven acciones de desobediencia y contrarrevolución’”. Falta por conocer lo que el Departamento de Estado considerará sobre la propuesta, reclamo o Carta Cuba-Estados Unidos.