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domingo, 3 de diciembre de 2017

ESTE HOMBRE NO ESTA LOCO

Pablo de Jesús. pablosocorro.com




Confieso que he llegado a pensar que estoy medio tostado porque suelo largarme tremendas parrafadas conmigo mismo. Lo estuve haciendo hasta la llegada de Fenris a esta casa. Ahora mi perro me sirve de oyente, y gira la cabeza ante cada frase que le suelto. Creo que el hablar solo es un mal de familia, porque mi viejo solía dispararse unos monólogos en voz alta, que hasta hacía contrapunteo de décimas guajiras entre él y su alter ego. Bueno, en verdad hay que estar algo crazy para meterse en una jaula a boxear con un gorila. O muy necesitado de ganarse los 20 pesos de recompensa; y mi papá El Gallego no sólo lo hizo, sino que le sonó tal tortazo al mono que éste se encaramó en lo alto de la jaula y no hubo Dios que lo hiciera bajar por el resto de la pelea. Él mismo se narraba su combate contra el gorila Timbalú, creyendo que estaba solo mientras daba raqueta a la yegua Cuca para lustrarle la pelambre. Mi hermano y yo nos escondíamos detrás del tanque de agua para escuchar el relato-soliloquio, y nos partíamos de la risa cuando el Gallego decía con voz enojada: "Ven, acércate cabrón. Ven mono hijoeputa que te voy a partir la crisma. Vamos, se machito".

Y parece que yo he heredado el mal. O la bendición de hablar sólo. Resulta que, según un estudio de una prestigiosa universidad americana, hablarte a ti mismo no solo es sano, sino que también es un signo de que eres un genio. Algunas de las personas más inteligentes en la tierra sostenían interminables soliloquios. Dicen que Albert Einstein hablaba consigo mismo. El sitio einstein.Org asegura que "solía repetir sus frases a sí mismo en voz baja". Y ya ven. El tipo se soltó la teoría de la relatividad y después se fue a tomar su té mezclado con café. De paso, les digo que una empresa checa de tés, ha sacado al mercado el llamado "Té Einstein" para los estudiantes. Va y en cualquier momento yo descubro la teoría de la irrelevancia, por mi afición al carajillo de la tarde: un café cargadito con ron.

Hasta hace unos años, hablar solo era cosa de orates. ¿Quién no tuvo un loquito en su pueblo o en su barrio que hablaba solo y nos entretenía con las chorradas de su magín en las tardes de abulia sin ron ni dominó? Locos que en cierta forma estaban más cuerdos que mucho que se dicen cuerdos porque podían decir verdades sin temor a represalias.

Pues no señores. La ciencia está tan adelantada que el hablar con uno mismo ya no es tener guayabitos en la azotea, sino "un comportamiento muy positivo y saludable", según el psicólogo de mi amigo Yeyo, quien siempre hace hincapié en la P de su profesión.

-Los grandes pensadores hablaban para sí mismos. Mira los monólogos interiores de los genios. ¡Mira la poesía! ¡Mira la historia! ─ me dice Yeyo, y no tengo más remedio que convenir con él ─. La historia ha demostrado que los conversadores interiores han hecho menos daño a la Humanidad que aquellos charlatanes de púlpito y estrado. Yo conocí ─ y padecí ─ a uno que se podía estar horas y horas hablando de como le entra el agua al coco y uno le aplaudía, aunque al final salía de la Plaza de la Revolución sin agua ni coco y si con un Patria o Muerte retumbándote en los oídos que te dejaba loco.

Siguiendo con el tema de la habladera en privado. Dicen los expertos ─ esa gente que sabe de todo y no ponen una nunca ─ que el chacharear contigo mismo hace que tu cerebro funcione de manera más eficiente, porque entre otras cosas, te ayuda a organizar tus pensamientos, te ayuda a alcanzar tus metas y ayuda a tu autoestima. Será por eso que en Cuba las metas siempre se sobrecumplen, ¡porque, mira que la gente habla! La autoestima del cubano es directamente proporcional a las mentiras que el mismo se dice.

Hablar con uno mismo hace que tu cerebro funcione de manera mas eficiente. Pero todos necesitamos hablar con alguien interesante, inteligente, que nos conoce bien y está de nuestra parte. ¿Y quién mejor que esa persona que nosotros mismos? Probablemente eres la persona más interesante que conoces.


Así que cuando vean que hablo solo no me interrumpan. Este hombre que les escribe no está loco. Cuando habla con su yo interior, está buscando la opinión de un experto.

lunes, 17 de diciembre de 2012

Una mudada… ¡Demonios!


Mario J. Viera

Si en verdad hay algo que detesto más que a los Castro es cambiar de dirección, es decir: mudarme. Mudarse es una angustia. Mudarse es llenarse de estrés, de agobio, de trastornos. Y mudarse a 180 millas es terrible; ¿qué terrible?; mudarse es indescriptible, no tiene nombre; pero finalmente me mudé a una nueva dirección; salí de Englewood para llegar a Miami.

¡Ah, Miami! Esta caldera urbana donde se mezclan todas las etnias de América Latina con algún que otro asiático, árabe, hindú y cuanta nacionalidad haya en este mundo. Esta ciudad que se desborda, llena de arrebatos, tránsito alocado, gritería y sofocos. Miami es América Latina con algo de Estados Unidos. Miami es idioma español y espanglish y un poco de inglés; pero sobre todo, Miami es Miami.

Sacando cuentas, decidiendo qué llevar o qué dejar para la mudada ya es más que suficiente, y finalmente se renta un U Haul y un “Tow Dolly” agregado para transportar el carro y moverse por toda la I-75, teniendo en cuenta que de seguro alguna cosa que pretendemos conservar se ha perdido, pero con la tranquilidad de que, finalmente, nos mudamos.

Llegar a Miami no es ya el fin; ahora hay que esperar para firmar el contrato de arrendamiento y eso nos toma casi una semana y mientras, los muebles y enseres y la ropa y los libros guardados en un pequeño local donde no podemos escarbar para encontrar algo que de inmediato se nos presenta como “ahora lo necesito”.

Se firma el contrato y hay que contar con un amigo para tomar los tiliches, montarlos en un camión y llegar al nuevo apartamento, que no es tan nuevo pero aceptable y en medio de la 12 Avenida del South West a cuatro cuadras de la calle 8 y a cuatro cuadras de Flagler.

Entonces comienza la nueva locura. Desembalar y comenzar a organizar donde cada cosa debe ir. Uno entonces exclama, como se dice que rugían los piratas del Caribe: ¡Rayos y Centellas! Al final del día estás más cansado que lo que uno se cansa cortando un tajo de caña al mediodía.

Entonces se da uno cuenta de algo que un jubilado tanto necesita, cuando ya no tiene nada más que esperar o hacer luego de la mudada: NO TIENES INTERNET y dejas a un lado, para luego, mantener al día tu blog.

-        ¿De qué te queja? En Cuba no tenías internet y ni siquiera contabas con una computadora ─ Te dicen.

Y tú contestas:

-        Es verdad, pero en Cuba se tenía bastante entretenimiento… Tenía la visita periódica de algún oficial de la Seguridad del Estado que con caras de pocos amigos te conminaba a “estar tranquilo” o intentaba meterte miedo… También se practicaba el deporte de la caza de un ómnibus para transportarte o salir a pescar noticias caminando muchas cuadras, con el estómago vacío y sudando a chorros bajo el sol ardiente y el calor habanero… No quedaba tiempo para el aburrimiento.

Al fin: Ya estoy instalado; puedo emplear mi computadora para garabatear este artículo y ya cuento con acceso a la internet… Ahora solo me queda esperar por la próxima mudada…

jueves, 22 de noviembre de 2012

Yo y el día de dar Gracias


Mario J. Viera

En ocasiones anteriores había asistido a una cena por el Día de Acción de Gracia elaborada por otros. Hubo ocasiones que pasé por alto la cena de la festividad; pero me gustó esta celebración, o ritual, tan de Estados Unidos y Canadá nada ligada con las tradiciones festivas de Cuba. Ahora a mí me toca enfrentar el reto de preparar la cena.

La primera vez que me topé con el Día de Acción de Gracias fue en 1984 cuando en Canadá participaba en un curso de post grado sobre la tecnología de producción papera. Fue para mí un encuentro cargado de simbología y, de cierto modo, un reencuentro con el mismo Dios del que apenas tenía memoria. Me sentía extraño ante aquella cena que no entraba dentro de mi cultura y me fascinó que se dedicara un día del año a darle gracias al Creador por todo lo bueno, por todo lo bello y hasta simplemente por gozar del don de la vida, sin importar las dificultades que se hubieran vivido a lo largo del año.

Me admiraba que los cubanos exiliados en Miami, tan acostumbrados al puerco asado de la Noche Buena se hubieran adaptado, y celebrado como propia, a la fecha y al pavo asado. Sin embargo, aunque dándole sabor cubano a la preparación del pavo, los exiliados cubanos tienen muchَísimos motivos para dar gracias al Padre de la Vida. En estas tierras, hemos encontrado una patria prestada, pero patria en fin; aquí hemos podido expresarnos y realizarnos como personas libres y desarrollar todas nuestras capacidades como entes vivientes. Aquí soñamos con el día en que podamos volver a pisar el suelo patrio sin necesidad de pedirle permiso a los que nos robaron el país.

El Día de Acción de Gracia tiene un alto significado: la solidaridad y la mistad que puede fomentarse entre etnias diferentes. Los peregrinos del May Flower eran una minoría de inmigrantes que tuvieron que enfrentarse a condiciones climáticas terribles y con voluntad, tesón y la fe en la Majestad Divina pudieron sobrevivir para llegar a ser la semilla germinante de lo que serían los Estados Unidos de América apenas un siglo después. Ellos recibieron la ayuda de los nativos y pudieron sobrevivir.

En Plymouth, Massachusetts en el año de 1621 se celebró el primer Día de Gracias en una cena donde se hermanaron los colonos y los nativos de la tribu de los Wampanoag, quienes les habían ayudado con semillas, con la pesca y les instruyeron en el modo de utilizar el pescado como fertilizante para obtener una cosecha abundante.

Hoy celebro el Día de dar Gracias y lo hago identificado con su significado. La primera virtud que ilumina al alma humana es la gratitud.

Pero en buen aprieto me he metido. Me toca preparar la cena, y ya colecté recetas de como hornear un pavo. Soy optimista y espero que el pavo me quede suculento y delicioso al paladar y si no se me quema tendré además otro motivo para dar gracias.   

sábado, 20 de octubre de 2012

Los ignorantes


Francisco Rivero Valera. EL NACIONAL

Los ignorantes son hijos de la ignorancia.

E ignorancia es la falta de conocimientos. Zubiri. Y sinónimo de olvido, de oscurantismo, incultura, analfabetismo y de otras cosas no tan positivas.

La ignorancia, de acuerdo a su profundidad, puede ser absoluta o concreta. Kant. La absoluta o Nesciencia es la ausencia total de conocimientos, algo inconcebible porque, aunque sea poco o mucho, todos tenemos los conocimientos básicos transmitidos por nuestros ancestros.

La ignorancia concreta, por su parte, se refiere a la falta de conocimientos en uno o varios aspectos de la vida en particular. Es lo común.

O sea, sin ofender, una sola es la realidad: todos somos ignorantes. Y una sola es la razón: es imposible que una persona pueda tener el conocimiento total del universo. En palabras de Albert Einstein, sería: todos somos ignorantes. Lo que ocurre es que no todos ignoramos las mismas cosas. O de Thomas Alva Edison: no sabemos ni un cienmillonésimo de nada.

Lo contrario de ignorancia es sabiduría y ciencia. Su antídoto: la educación, como medio eficaz de minimización. Y sus resultados: el progreso y bienestar individual y colectivo.

Sin embargo, no todo es negativo en los ignorantes.

Por ejemplo, muchas personas de países subdesarrollados se encuentran sumergidas en la carencia de conocimientos, más absoluta que concreta. Estas personas son aprovechadas particularmente por 2 entidades de la escala jerárquica del colectivo: por gobiernos con actitudes autocráticas y por algunas clases sociales.

Para algunas clases sociales, por ejemplo, los ignorantes son fuente de explotación que les permiten aumentar y conservar sus riquezas. Como los zánganos de una colmena.

Y para algunos gobiernos autocráticos: son individuos fácilmente manipulables con la mentira, constituyen la población estratégica que les permite consolidar su poder y facilitar el ejercicio del gobierno. Y son fuente de armonía social por su baja conflictividad. Quesada. Es un negocio redondo para las autocracias: baja inversión, bajo riesgo de conflictividad y alta rentabilidad. Y permanencia en el poder.

Por lo tanto, y de acuerdo con la intensidad de manipulación que reciban, los ignorantes son capaces de hacer rico a cualquiera. O de entronizar a cualquier gobierno. Pero también resultan ser el freno del desarrollo y avance personal y colectivo de un país, y la fuente de calamidad pública. En palabras de Simón Bolívar sería, nuestras discordias tienen su origen en las dos fuentes más copiosas de calamidad pública: la ignorancia y la debilidad.

Sin embargo, la educación es el antídoto. Pero al ser utilizada como antídoto, se transforma en un recurso indeseable e inconveniente para los intereses de los gobiernos autocráticos, argumentando 3 aspectos: altos costos, productivo a largo plazo y de alto riesgo, por la deserción y la conflictividad. Menosprecian su rentabilidad con el desarrollo, para asegurar el ejercicio y permanencia en el poder. Establecen como objetivo: lograr el control del sistema educativo, desde niveles iniciales de escolaridad, hasta liquidar el nivel máximo de pensamiento universal, con el control de las universidades. Y obvian el avance acelerado del conocimiento para caer en niveles profundos de ignorancia y subdesarrollo.

O sea, el país tiene una sola alternativa para alcanzar el desarrollo: defender su sistema educativo como único medio para salir de la ignorancia. Lo mejor viene después.

Comencemos ahora.

Que así sea.

lunes, 17 de septiembre de 2012

El mono tranquilo


Gina Montaner. Firmas Press

Cercopithecus lomamiensis Lesula

Los creacionistas insisten en que un ser superior nos creó tal y como somos sin pasar por un proceso evolutivo. Sencillamente aparecimos sobre la faz de la tierra erguidos y listos para vestir prendas, hacer la compra en el mercado y colgar cuadros en la casa. O sea, sin pelaje en el cuerpo; ni necesidad de salir a cazar bisontes y de regreso en la cueva grabar sobre la piedra las primeras memorias que nos alejaron de la simpleza del primate a la complejidad de la toma de conciencia.

Bien, es evidente que los creacionistas no se han enterado de la existencia de una especie de mono, el lesula, que acaba de ser descubierto en las selvas de la República Democrática del Congo. Es la primera vez desde hace veintiocho años que se encuentra otro tipo de simio, y el hallazgo es extraordinario porque ha sido como descubrir a un pariente lejano del que desconocíamos su existencia.

Si visitamos un zoológico y observamos en sus habitáculos a las familias de chimpancés, gorilas o mandriles, es inevitable ver en su comportamiento y ciertos rasgos el reflejo de lo que significó el salto a ser criaturas bípedas que descubrirían el fuego y los dilemas existenciales bajo las noches estrelladas. Pero ahora, con el inesperado descubrimiento del lesula, nos hemos topado con una criatura cuyo rostro es lo más parecido al boceto de un hombre tranquilo. Rozando la añoranza.

Con rostro delgado, nariz afilada y unos ojos penetrantes, el lesula pareciera estar a punto de romper a conversar quedo, porque uno de sus rasgos es la timidez. Los investigadores han informado de que a este primate le gusta la vida apartada junto a su clan. Tanta es su sensatez, que es vegetariano y hasta ahora ha procurado vivir discretamente en el corazón del bosque tropical, guarecido de los cazadores con ansias de comer su carne.

El lesula es como un tipo bajito y delgado, con el gesto ensimismado de tantos individuos a la vuelta del trabajo o perdidos en el laberinto de sus pensamientos. Me los he encontrado en cafés, autobuses y deambulando en la calle. Pensándolo bien, no podría distinguir a los hombres de esta criatura que ha aprendido a vivir con la angustia de pasar inadvertida para escapar a la voracidad de sus primos lejanos, incapaces de reconocer a un pariente antes de dispararle.

El primer lesula que se halló fue gracias a una niña en una aldea que lo llevaba a todas partes como su fiel mascota. Cuando una pareja de científicos estadounidenses vio la tierna foto de la chiquilla con aquel animal tan singular, comprendieron que nunca antes habían visto nada parecido. Lamentablemente, un buen día el mono desapareció. Seguramente acabó como manjar exquisito en la casa de algún lugareño sin escrúpulos.

Hasta ahora los lesulas habían conseguido burlar el ojo detector de los biólogos y vivían anónimamente en un lugar recóndito. Sus días apacibles parecen haber llegado a su fin.


lunes, 13 de agosto de 2012

Hoy es 13 de agosto… ¿Y qué?


Mario J. Viera

Pues sí, señor. Hoy es 13 de agosto. Para mí una fecha cualquiera del almanaque. Un día cualquiera del signo de Leo. Quizá esta fecha rememore que ese mismo día, en 1961, el gobierno comunista de la Alemania Oriental ordenó el inicio de la construcción del inicuo Muro de Berlin, o que en 1787 Turquía la declaró la guerra a Rusia por el asunto del protectorado ruso de Crimea, o que en 1762 La Habana se rendía ante los ingleses tras cuatro meses de asedio marítimo y terrestre. Quizá la fecha nos recuerde el día, allá por el año de 1553, en que fuera detenido por orden del reformador protestante Calvino, el eminente científico Miguel Servet descubridor de la doble circulación de la sangre.

El 13 de agosto de 1899 nació en Londres el Mago del Suspense Alfred Hitchcock. También el 13 de agosto de 1910 murió en Londres Florence  Nightingale, fundadora del cuerpo moderno de enfermeras.

Esta fecha tiene su santoral y en él se dedica al papa canonizado Ponciano quien sería el primer papa que renunciaría a su investidura cuando el emperador Maximino lo desterrara a Cerdeña junto al presbítero Hipólito.

Quizá en esa fecha naciera algún pandillero, un hombre de pistola y gatillo; pero no Al Capone quien nació en enero, ni tampoco Salvatore Lucania que fuera más conocido por "Lucky" Luciano, porque este nació un 4 de noviembre. No se trata de Pablo Escobar porque nació un primero de diciembre, ni tampoco ese pandillero fue Santos Trafficante que nació un 15 de noviembre. Pero sí, un 13 de agosto nació un gánster de cuyo nombre no quiero ni acordarme.

Por lo demás, el 13 de agosto no tiene mayor relevancia histórica.

domingo, 30 de octubre de 2011

El judío que miró a los ojos de los nazis.

Mario J. Viera

Howard Triest
Aquel joven de 22 años miembro del ejército norteamericano de facciones raciales que lo mostraban como un “ario” de pura raza, rubio, de ojos azules y que servía como traductor de los altos funcionarios nazi en una serie de entrevistas psiquiátricas luego de la derrota del nazismo era un judío.

En ese entonces, Estados Unidos estaba conduciendo esas entrevistas a reconocidos líderes nazis para construir el perfil psicológico de los asesinos. El intérprete era aquel joven militar que hablaba perfectamente el alemán y que sentía un profundo odio por aquellos que fueron responsables de la muerte de seis millones de judíos y, entre ellos, a sus progenitores. Su nombre, Howard Triest, que ahora tiene la edad de 88 años. Cuando apenas era un adolescente, había sido reclutado como soldado americano, prestando servicio como traductor.
Durante aquellas entrevistas, Triest pudo mirar directamente a los ojos de los poderosos nazis, aquellos que habían arrastrado al mundo a una terrible y despiadada guerra y al odio racial y al antisemitismo que ya se perfilaba en la Carta a Geimlich, redactada por Adolfo Hitler a solo diez meses de concluida la Primera Guerra Mundial.
Nacido en Munich en 1923, Howard Triest era un adolescente cuando conoció en sus propias carnes la persecución nazi. Un día antes de que Alemania lanzara  la invasión a Polonia había viajado con su familia a Luxemburgo con la intención de viajar a los Estados Unidos. Sin embargo, la familia no contaba con el suficiente dinero para sufragar el viaje por lo que decidieron enviar por delante a Howard. Sus padres y su hermana menor debieron esperar un mes más, lo que resultó fatal para los progenitores de Howrd. Habían sido capturados y remitidos al campo de exterminio de Auschwitz, en Oświęcim, Polonia, donde finalmente perderían la vida. Su hermana Margot fue llevada clandestinamente hacia Suiza y de allí pudo llegar a los estados Unidos donde vive aún.
Howard intentó alistarse en el ejército de Estados Unidos pero en su primer intento fue rechazado al no ser ciudadano americano pero en 1943 logra su propósito al recibir la ciudadanía. Destinado a Europa aterrizó en Omaha Beach un poco antes del D, la invasión a Normandía. Gracias a su fluido alemán comenzó a trabajar para la inteligencia militar.
En el verano de 1945 fue dado de baja, pero inmediatamente después empezó a trabajar para el Departamento de Guerra de EE.UU. como civil, y fue enviado a Nuremberg para asistir al mayor Leon Goldensohn con sus evaluaciones psiquiátricas de los defendidos que esperaban un juicio.

En 1945 estaba delante de aquellos a los que había visto como los tiranos, como los causantes de la muerte de sus padres, como los asesinos a quienes tenía que odiar; pero era él ahora quien estaba al mando. "Había visto a esta gente en sus tiempos de gloria, cuando los nazis eran los dueños del mundo. Estos dirigentes habían matado a la mayoría de mi familia, pero ahora yo estaba en control", había declarado Triest durante una entrevista.
Aquellos nazis no se imaginaban que era un judío quien les servía de traductor, incluso lo creyeron al ario típico. Así Triest pasó horas junto a ellos traduciendo las respuestas que daban. Al contemplarles, sentado frente a él les parecía gente común y corriente: “Si omites los nombres de estos nazis, y sólo te sientas y hablas con ellos, pudieran parecer como tus amigos y tus vecinos vecinos", consideró.
Aquellos hombres iban a ser juzgados en Nuremberg por crímenes de guerra. Allí estaban respondiendo a la inquisitoria psiquiátrica, hombres como Hermann Goering, el jefe de la fuerza aérea alemana, la Luftwaffe, Rudolf Hess, el segundo hombre de Hitler, el propagandista antisemita Julius Streicher y el tenebroso jefe de Auschwitz, Rudolf Hoess.
"Es una sensación muy extraña, estar sentado en una celda con el hombre que sabes mató a tus padres. (...) Lo tratamos con cortesía, mantuve mi odio bajo control cuando estaba trabajando allí. No podías dejar ver cómo te sentías realmente porque no sacarías nada de sus interrogatorios. Pero nunca le di la mano a ninguno de ellos", diría Triest rememorando aquellos días.
Se pretendía penetrar los mecanismos psicológicos que condicionan la mente humana para convertirles en una especie de Mr. Hyde; pero la verdad se ocultaba detrás del fanatismo de aquellos hombres: "¿Aprendimos algo de estas pruebas psiquiátricas? No. No encontramos nada anormal, nada que indicara algo que los hizo los asesinos que fueron. De hecho, eran bastante normales. La maldad y la crueldad extrema pueden ir con la normalidad. Ninguno mostró remordimiento. Dijeron que sabían que había campamentos, pero no tenían conocimiento de la aniquilación de gente.
Es una lástima que no pasaron por lo mismo que sus víctimas, que Hoess no haya sufrido en un campo de concentración de la misma forma que sus prisioneros".
Howard Triest todavía recordaba a aquellos terribles hombres. Uno por uno fue relatando su experiencia con ellos.
Cómo olvidar a Hermann Goering. Goering sería condenado a la pena de muerte por la horca, acusado de ser promotor de crímenes contra la humanidad y porque había sido una de las figuras prominentes del nazismo que se quería erradicar a toda costa de Alemania. Al igual que Wilhelm Keitel, había rechazado la muerte por ahorcamiento, pena que consideraba se reservaba para los traidores en Alemania. El prefería la ejecución por fusilamiento en honor a su alto rango militar, petición que le fue denegada.
Sin embargo, como se puede leer en Wikipedia, a menos de dos horas de la que se había señalado para su ejecución, Goering se suicidó ingiriendo una cápsula de cianuro de potasio el 15 de octubre de 1946. En su celda se encontró una carta en la que aseguraba que había sido el dueño de su propio destino. Nunca se supo cómo llegó el cianuro a sus manos, y es un misterio, dada la extrema vigilancia a la que estaban sometidos los jerarcas nazis. Se sospechó de su mujer Emmy aunque también de que pudo haber sobornado a los guardianes.

Hermann Goering, Mariscal del III Reich
Sobre su personalidad Triest señala: "Seguía siendo un hombre pedante; era el actor eterno, el hombre que estaba a cargo. Se consideraba a sí mismo como el prisionero número uno, porque Hitler y Himmler ya estaban muertos. Siempre quería la silla número uno en el tribunal.
Llegó a Nuremberg con ocho maletas, la mayoría llenas de drogas, pues era adicto, y le sorprendió que lo trataran como un prisionero y no como una personalidad famosa".
Rudolf Hess fue también otro para los que Triest actuó como traductor. Hess, había sido el diputado de Hitler hasta que huyó a Escocia, en mayo de 1941, volando en un bimotor Bf 110 que él mismo piloteara rumbo a Escocia. Tras burlar la vigilancia de las patrullas de la RAF  se lanzó en paracaídas, pero capturado fue recluido posteriormente en la Torre de Londres hasta el final de la guerra pese a que alegaba que había ido all para iniciar conversaciones de paz.
Rudolf Hess quien sería considerado como la “cara amable” del nazismo, en 1932 fue designado Presidente del Comité Central Nazi y, en 1933, elegido como parlamentario del Reichstag (parlamento alemán). Al ascender Hitler al poder como Führer, fue designado jefe del Partido Nazi y Ministro de Estado, ocupando casi todas las carteras, excepto de guerra y política exterior, llegando a ser el segundo en la jerarquía nazi, por delante incluso de Joseph Goebbels; a pesar de los cargos que se presentaron contra él,  Hess nunca presentó un perfil de líder.

Rudolf Hess
De Hess recuerda Triest: "Era como un zombi, pensaba que lo perseguían, incluso cuando estaba retenido en Inglaterra. Hizo paquetes de muestra de comida y nos daba algunos a mí y a los psiquiatras. Pedía que los analizáramos, pues pensaba que lo estaban envenenando.
Era un prisionero callado, que respondió algunas preguntas pero no entró en detalles. Nadie sabía cuánto había de actuación y cuánto era real, cuanto realmente podía recordar".
Fue juzgado en Nuremberg y condenado el 1 de octubre de 1946 a cadena perpetua y recluido en la prisión de Spandau, en la zona aliada de Berlín. Decaído y demacrado físicamente, fue inconsistente y exhibió reiteradamente lagunas mentales.
Dentro de sus obligaciones, Triest también estuvo cara a cara con el miembro de las Schutzstaffel (SS), el Obersturmbannführer (Teniente Coronel) Rudolf Hoess, fue uno de los encuentros más intensos que viviera por el recuerdo de la muerte de sus padres en Auschwitz, cuando el campo de concentración estaba bajo el control de Hoess.
En 1939, Hoess había sido nombrado comandante del campo de Auschwitz, que debía organizarlo desde 1940 y en cuyo mando permanecería hasta finales de 1943. En ese periodo alcanzó a relacionarse con el médico Josef Mengele. Durante su estancia en Auschwitz, Hoess organizó los asuntos administrativos en los asesinatos en masa de la Endlösung (Solución Final) del problema judío dictada por Heinrich Himmler.

Rudolf Hoess
"Tanto Goldensohn como yo estuvimos con él muchas veces. Algunas veces yo estaba a solas con él en su celda", explica Triest. "Era alguien muy normal. No parecía alguien que había matado a dos o tres millones de personas (...) Algunas veces yo estaba a solas con él en su celda".
Era mucho el odio que Triest sentía por aquel hombre, pero sabía que no podía delatarse y que tenía que controlarse. "La gente me solía decir: 'puedes vengarte, puedes llevarte un cuchillo a su celda'. Pero la venganza estaba en que yo sabía que estaba tras las rejas y que sería colgado. Así que sabía que iba a morir de todas formas. Matarlo no me hubiera hecho ningún bien".

Prisioneros del Campo de concentración de Auschwitz
Hoess escribió a mano sus memorias donde declaraba que él cumplía con la obediencia debida: "Por voluntad del Reichsführer de las SS, Auschwitz se convirtió en la mayor instalación de exterminio de seres humanos de todos los tiempos. Que fuera necesario o no ese exterminio en masa de los judíos, a mí no me correspondía ponerlo en tela de juicio, quedaba fuera de mis atribuciones. Si el mismísimo Führer había ordenado la solución final del problema judío, no correspondía a un nacionalsocialista de toda la vida como yo, y mucho menos a un Führer de las SS, ponerlo en duda"
Rudolf Hoess

Fue ahorcado en el antiguo campo de concentración de Auschwitz el 16 de abril de 1947.
Un incidente extraordinario ocurrió con Julius Streicher, cuyo periódico semanal Der Stürmer (El Atacante) alimentó mucho la histeria antisemita entre los alemanes.

Julius Streicher
"Era el más grande antisemita. Lo entrevisté con otro psiquiatra, el mayor Douglas Kelley. Streicher tenía unos papeles que no le quería dar a Kelley o a ninguna persona, porque decía que no quería que cayeran en manos judías. Finalmente me los dio. Yo era alto, rubio y de ojos azules. Él dijo: 'Se los daré al traductor porque sé que es un verdadero ario. Lo sé por la forma en que habla'.
Streicher habló conmigo durante horas porque creía que yo era un 'verdadero ario', saqué mucho más de él de esa forma".
Streicher había publicado su semanario Der Stürmer a partir de 1923 que llegó a ser un medio importante en la propaganda nazi por su vehemente antisemitismo. A diferencia del Völkischer Beobachter (El Observador del Pueblo) órgano oficial del Partido Nacional Socialista que pretendía mostrarse como un órgano serio, el tabloide Der Stürmer publicaba caricaturas groseras antisemitas, y artículos obscenos y pornográficos contra los judíos. Sus caricaturas mostraban judíos codiciosos y avaros, con cuerpos deformes y narices ganchudas, que mataban niños para utilizar su sangre.
El 1 de octubre de 1946 Streicher sería condenado a la pena muerte al considerarse que sus actividades de propaganda antisemita habían contribuido al genocidio. Fue ejecutado en la horca el 16 de octubre de 1946.
La historiadora Helen Fry ha recogido las memorias de Triest en un libro titulado “Dentro de la prisión de Nuremberg”.
Hoy Howard Triest espera que nunca se olvide la historia del Holocausto judío durante el periodo de dominio nazi. "Pero mira al mundo ahora. ─ dice ─ ¿Es más tranquilo? Algunas de las víctimas han cambiado, pero todavía las hay en todo el mundo".



LA CARTA A GEIMLICH DE ADOLFO HITLER

Hitler redactó la carta para Adolf Geimlich, un miembro del Aufklärungskommando (Comando de Inteligencia de la Reichswehr[1]), la oficina de inteligencia militar de Munich, como un intento de respuesta a una cuestión urgente: ¿cuál era la situación de los judíos en Alemania después de la derrota en la Gran Guerra y qué posición al respecto tomaban las fuerzas armadas?
Hitler se sentó en una máquina de escribir del ejército y redactó una suerte de ensayo de cuatro páginas, que fue recibido con beneplácito por sus superiores en el departamento de propaganda.
“Es su primer escrito político contando cuáles eran sus planes para los judíos. Es difícil que exista un documento más relevante para comprender la segunda Guerra Mundial: expone cuáles fueron las razones para llevar adelante esa guerra desde la cabeza misma de quien la impulsó, Adolf Hitler”, señaló a BBC Mundo Marvin Hier, decano del Centro Simon Wiesenthal, que adquirió la carta por US$150.000 y la ha puesto a la vista en el museo angelino.
Allí, el líder nacionalsocialista establece que “el antisemitismo es fácilmente caracterizado como un fenómeno emocional. Pero esto es incorrecto. El antisemitismo como un movimiento político no puede y no debe ser definido por impulsos emocionales sino por el reconocimiento de hechos”.
Esos hechos, dice, son postulados irrefutables, como que “el judaísmo es absolutamente una raza y no una asociación religiosa” o que los judíos responden al estereotipo de “acumuladores de riqueza” como un paso hacia la conquista del mundo a través del dinero.
Todo hombre va detrás de un objetivo mayor, sea la religión, el socialismo, la democracia. Para los judíos éstos son sólo un medio para un fin, la manera de satisfacer su deseo por el oro y la dominación”, expresó quien sería luego la cabeza del brutal Tercer Reich.
Y agregó después: “el antisemitismo que se alimenta de razones puramente emocionales siempre encontrará su expresión en la forma de pogroms (ataques violentos contra judíos). Pero el antisemitismo
basado en la razón debe llevar al combate y a la suspensión sistemática de los privilegios de los judíos… Su objetivo final, sin embargo, debe ser la eliminación sin compromisos de los judíos como tal”.

La Carta Geimlich comenzó a circular en 1988, casi 70 años después de la fecha registrada por Hitler en el papel.
Por entonces, una empresa que comerciaba documentos históricos en California se acercó al Centro Simon Wiesenthal, pensando que podría interesarle tener la carta en sus archivos.
Pero los expertos de esta asociación por los derechos humanos de los judíos, basada en Los Ángeles desde 1977, la rechazaron de plano. Les resultaba extraño que el entonces joven Hitler hubiera tenido acceso a una máquina de escribir.
Era un don nadie y para tener una máquina de escribir en esos días había que ser rico”, señaló a BBC Mundo el decano Marvin Hier, quien recordó además que la falsificación de documentos del nazismo era moneda corriente por esos años.
Cuando la fundación la descartó, la carta fue a parar a manos de un coleccionista privado, que desembolsó por ella US$270.000.
Tras la crisis financiera desatada en 2008, el particular se vio obligado a venderla para cubrir deudas y contactó al mismo dealer. Le ofrecieron poco más de la mitad de lo que había pagado dos décadas antes para ponerla de nuevo en el mercado.
Con el documento en mano, el comerciante volvió al Centro Wiesenthal. Entre tanto, con la ayuda de académicos de todo el mundo, Hier había recabado información que le permitía asumir que la carta era auténtica.
Siempre supimos que la firma era la de Hitler, pero para 2008 ya sabíamos que tenía acceso a una máquina. Hicimos una investigación sobre las máquinas de escribir que existían, que eran pocas, y sobre quiénes eran sus dueños. Y descubrimos que eran de uso frecuente en el ejército alemán, especialmente en el departamento de propaganda donde Hitler trabajada”, detalló el rabino.

Pero, ¿cómo fue que apareció este documento, más de cuatro décadas después de la derrota del nazismo?
Según los registros, la Carta Geimlich fue hallada en 1945 por un efectivo del ejército estadounidense enviado a Europa. En los últimos días del régimen, en las afuera de Núremberg, el soldado Arthur Ziegler se encontró con un archivo de documentos y objetos militares: mientras sus compañeros se llevaban medallas y gorras, él eligió documentos almacenados en cajas.
“Él ya no vive como para confirmar si buscaba o no papeles que tuvieran la firma de Hitler, no podemos saber cómo eligió qué sacar. Pero sí sabemos que se llevó una pila de documentos, los transportó consigo a su casa en Estados Unidos y los olvidó en un closet por años”, relató Marvin Hier a BBC Mundo.
A mediados de los ’80 –según suponen los especialistas-, algún familiar debe haberle sugerido que llevara la carta a un coleccionista de documentos. La vendió a una empresa del estado de Nebraska, que luego la volvió a comercializar y llegó a manos de Profiles in History, una de las principales compañías del rubro en Estados Unidos.
Ellos fueron quienes la ofrecieron reiteradamente al Centro Wiesenthal, según afirmó el rabino Hier.
En 1990, el experto en caligrafía Charles Hamilton verificó la autenticidad de la firma y, desde entonces, expertos alemanes, británicos y estadounidenses han revisado los papeles manchados por el tiempo para concluir que es ciertamente un documento original de 1919, escrito y rubricado por Adolf Hitler.


[1] La Reichswehr (defensa del imperio) fue la organización militar de Alemania desde 1919 hasta 1935, cuando el gobierno nazi la rebautiza como  Wehrmacht. Al final de la Primera Guerra Mundial, las fuerzas del Imperio Alemán se habían desintegrado. Muchas tropas se juntaron en el Freikorps (cuerpos libres), una colección de unidades paramilitares de voluntarios que estuvieron implicadas en choques con los revolucionarios espartaquistas entre 1918 y 1923.


 

martes, 25 de octubre de 2011

La monja rebelde

Mario J. Viera
Madre Bonifacia Rodríguez

Si José Martí hubiera conocido a esa humilde española de nombre Bonifacia Rodríguez Castro hubiera dicho de ella: “Como se puso del lado de los humildes merece honor... y hasta ser canonizada”, y es en verdad una mujer que se colocó del lado de los débiles pero no como hacían en su época los afiebrados de la Internacional Comunista, y sin pretender despanzar una parte de la humanidad a favor de otra en el choque violento de la lucha de clases.
Bonifacia Rodríguez se entregó con amor a la defensa de las mujeres trabajadoras, dándoles empleo y obra, junto al amor y a la consideración; y por aquella entrega sufrió el acoso de quienes debieran ser sus mentores, colocándola en el sitio menos destacado y condenada casi al anonimato.
Su obra fue la Congregación de las Siervas de San José y los talleres que abriera para acoger a obreras que sufrían la discriminación por su condición. Su historia, como señala Irene Hernández en una crónica para EL PAIS “rompe los ribetes de lo común”. Había nacido en un hogar muy humilde en la calle Las Mazas en un barrio cercano a la Universidad de Salamanca el 6 de junio de 1837. Ella sería la mayor de seis hermanas. Cuando arribó a esa edad que es para las jovencitas la edad del deslumbramiento, los 15 años, muere su padre, un sastre que tenía un pequeño taller: la miseria amenaza a su familia.
Había aprendido el oficio de cordonera luego de concluir sus estudios primarios y se entrega a ese trabajo para ayudar a paliar la pobreza del hogar materno. Trabajando junto a su madre en su propio taller comienza a adiestrar en su oficio a mujeres que no tienen otro recurso que sus propias manos para ganar su sustento. Aquella fue una época de confrontaciones políticas en España marcada por los acontecimientos de las guerras carlistas que concluirían con la abdicación del rey Amadeo I de Saboya y la proclamación de la República.
En pleno auge del liberalismo y de los movimientos anarquistas, en 1870, a escaso un año de la proclamación de la Constitución de 1869, llega a Salamanca el jesuita Francisco Butinyà, quien antes había trabajado como profesor de matemáticas. Física y ciencias naturales en el Colegio Belén en La Habana. Como se dice en su biografía, escrita por Carmen Soto Varela, Butinyá “sentía la necesidad de convertir la experiencia cristiana en una respuesta significativa y comprensible para el mundo obrero”. Respondía a las experiencias que había tenido en su natal Cataluña de los albores de la revolución industrial y las difíciles condiciones por las que atravesaban los hombres y mujeres que laboraban en las fábricas, con largas jornadas laborales y salarios de miseria.
Como resalta Soto Varela, en esa época, inicio del reinado de Amadeo de Saboya, las “relaciones entre la Iglesia y el gobierno son buenas gracias al tacto político del obispo Lluch i Garriga, un catalán abierto y dialogante, muy preocupado por la realidad obrera”. En ese ambiente, Butinyá conoce a Bonifacia y su proyecto de la Asociación Josefina y sus talleres para jóvenes obreras. Así, como describe la biógrafa citada: “En una ciudad lejana a la problemática laboral de las grandes fábricas, Butinyà descubre la necesidad de cualificar el trabajo de las mujeres, protegerlas contra los abusos que las amenazan: explotación, ausencia de valores, dureza de vida, que llevan a decisiones equivocadas. Un trabajo artesanal no regulado, un servicio doméstico explotador, un éxodo rural que colocaba a las chicas de ambiente rural en un contexto que no sabían manejar”.
Esta idea sería el meollo que impulsaría a la monja rebelde, inspirada por el jesuita, a fundar Congregación de las Siervas de San José. “Los ideales que en esos momentos estaba esgrimiendo un feminismo incipiente se van a recrear en un sencillo taller. Sin luchas políticas, sin protestas callejeras, el taller josefino está poniendo en pie un proyecto de emancipación femenina, de dignificación de su trabajo. Con él no se alejará a la mujer del mundo laboral como deseaba el ideal burgués, sino que la sitúa en un espacio de trabajo saneado, donde se compartirán los bienes y los sueños. Un proyecto que confía en las posibilidades de autogestión femenina, que genera espacios de formación y brota de una propuesta creyente, hermanando oración y trabajo al estilo de Nazaret” como se dice en su biografía.
La idea toma forma definitiva el 10 de enero de 1874 a solo seis días del golpe de estado del general Pavía que marcaría el fin de la Primera República española. Como asegura Soto Varela: “El taller que nace en la calle Traviesa (donde se ubicaba la vivienda y taller de Bonifacia Rodríguez) se enraíza en las posibilidades utópicas del socialismo, en la evocación familiar de Butinyà y en la realidad cotidiana de Bonifacia”.
La idea de dignificar el trabajo femenino remunerado choca con las concepciones conservadoras prevalecientes en la sociedad salamanquina y entre sus clérigos. Resultaba demasiado aventurera la creación dentro del seno de la iglesia de una congregación integrada por mujeres de la clase trabajadora en talleres que pretendían fomentar la industria cristiana; un proyecto que, como afirma Victoria López, Sierva de San José de Zamora, “rompía la imagen de la vida religiosa femenina tradicional” formado por un pequeño grupo de religiosas que no vestían hábito “y se reunían para vivir de su trabajo, acogiendo a otras mujeres que no lo tenían”
Butinyá, como muchos jesuitas, es expulsado de España y el obispo Lluch i Garriga, que había apoyado la idea, sería trasladado hacia otra ciudad de España, a Barcelona. Comienzan entonces las dificultades a las que tiene que enfrentar Bonifacia y que provenían de los medios clericales que intentaban cambiar los reglamentos de la congregación para dirigir sus esfuerzos en la enseñanza y suprimir su carácter social presente en los talleres que le dieron origen.
Bonifacia se opuso a aquella decisión lo que le costó ser separada como superiora de la comunidad que fundara y obligada a salir de Salamanca. El año de 1882; Bonifacia solicita al nuevo obispo de Salamanca que la autorice a fundar en Zamora una nueva comunidad de las Siervas de San José y a aquella ciudad se traslada con su madre, el 25 de octubre de 1883. En Salamanca la nueva dirección de la congregación se distancia de su fundadora, de modo que cuando el Papa León XIII da su aprobación pontificia a las Siervas de San José, el 1 de julio de 1901, la casa de Zamora quedaba excluida de la congregación y hasta se le negó escuchar sus alegatos, diciéndosele simplemente: “tenemos órdenes de no recibirle”.
Allí, en Zamora, como se dice en un perfil biográfico que redacta la Congregación de la Causa de los Santos en Roma, en su taller, codo a codo con otras mujeres trabajadoras, niñas, jóvenes y adultas, Bonifacia lucha y defiende la dignidad de la mujer pobre, enseñándolas a ser trabajadoras cristianas a través del trabajo hermanado con la oración al estilo de Nazaret, creando entre todas las moradoras del Taller relaciones humanas de igualdad, fraternidad y respeto”.
Cuatro años después, rechazada y prácticamente olvidada, Bonifacia fallecería el 8 de agosto de 1905 en Zamora. Posteriormente, en 1945, cuando se revisó su historia y se rescatara su recuerdo, sus restos mortales tuvieron acogida la capilla del Colegio de las Siervas de San José, en Salamanca.
Como pago póstumo a su memoria, consejo general de las Siervas de San José en la ciudad de Zamora se solicitó se abriera un proceso de canonización a favor de la monja que se había rebelado contra las ordenanzas de sus superiores eclesiásticos. Entonces Juan Pablo II, el 1 de julio de 2000 promulgaría un decreto sobre las virtudes heroicas de Bonifacia Rodríguez.
Como dice Irene Hernández Velazco la monja en estos momentos “probablemente se estará ahora revolviendo en su tumba de puro regocijo”, acaba de ser canonizada por el Papa Benedicto XVI, luego de dos milagros atribuidos a su intercesión. Según Raúl Martín en salamanca.24 horas, el primer milagro a ella atribuido fue el de un vallisoletano residente en Barcelona de 73 años desahuciado por un carcinoma en el hígado, quien “mientras esperaba la llamada de la muerte, decidió continuar su labor junto al colegio de las Siervas de San José fabricando los uniformes escolares. Las monjas celebraron varias novenas para solicitar a la madre Bonifacia su curación. El día de su cumpleaños, los ocho centímetros de carcinoma se evaporaron”.
El segundo de sus milagros ocurrió en el Congo cuando el comerciante de 33 años, Kasongo Bavon se recuperara milagrosamente luego de tres operaciones por una peritonitis que le condenaba irremisiblemente a la muerte. Luego de las oraciones que por su salud hicieran las monjas de las Siervas de San José y su médico de cabecera Muyumba Mukana Patrick. Al siguiente día según ABC, “inesperadamente, Kasongo se levantó y comenzó a buscar ansiosamente a sor Sacramento Villalón porque sentía un hambre tremenda
Finalmente la Iglesia le ha hecho justicia a aquella humilde española que se puso de parte de los débiles por el trabajo, la educación y el amor.