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lunes, 7 de octubre de 2013

Chantajeando a Obama


Raúl Benoit. DIARIO LAS AMERICAS

La política, según Maquiavelo, es la forma en que los gobernantes mantienen el poder a cualquier precio, incluso matando, persiguiendo y atropellando al pueblo.

El maquiavelismo mina el espíritu de ciertos dirigentes de los Estados Unidos, en donde presumimos de ser una democracia ejemplar y un país libre; sin embargo, tenemos que admitir que no lo somos tanto, porque la democracia ante todo es justicia social y la política tiene que amparar al pueblo y defender el derecho de una sociedad a vivir equitativamente con seguridad, educación y salud.

La ultraderecha de los Estados Unidos es un grupo poderoso y perverso encubierto en una agrupación con tintes fascistas que se hace llamar Tea Party, los “patriotas”. Desde sus cuarteles reservados solo para privilegiados, favorecen intereses económicos de grupos precisos.

Lo que ha ocurrido en los últimos días al obligar el cierre del gobierno federal, no es más que otro chantaje contra el presidente Barack Obama, quien ha dicho la verdad al acusar a los republicanos de mantener al país como rehén por cuestiones ideológicas.

El Partido Republicano (tras bambalinas el Tea Party) lidera una maliciosa estrategia para ir allanando el camino con el fin de retomar el poder en el 2016 y favorecer los intereses de grandes corporaciones que aportan mucho dinero en las campañas de ellos.

El caballito de batalla es el plan conocido como ObamaCare, el cual extiende la cobertura del Medicaid, (programa de salud para personas de bajos recursos), a la gente que carece de un sistema que la proteja completamente. El ObamaCare prohíbe a las compañías aseguradoras rechazar usuarios por condiciones preexistentes y por género. Le dará acceso al seguro médico a precios asequibles a más de 30 millones de ciudadanos que ahora no tienen ese privilegio.

Manda a todos a tener un seguro médico para 2014 y quienes ganen por debajo del cuádruple de la línea de pobreza recibirán subsidios para el pago de ese seguro de salud. Obliga a los negocios con más de 50 empleados a cubrir esa protección básica. Permite a los jóvenes adultos, hasta los 26 años, a utilizar el seguro de sus padres.

Pero la maldad y la codicia son las madres de la tergiversación. Le han metido el cuento a la gente que el Plan de Salud de Obama es socialista y que lo pagaremos quienes ganamos más. ¿Por qué el egoísmo de quienes viven mejor, de no sacrificar un poco para ayudar a los necesitados? Otros dicen que esto favorecerá sólo a los hispanos y a las comunidades afroamericanas a quienes acusan de exprimir al gobierno y ser improductivas. Eso es una falacia.

Lo que está ocurriendo en el Congreso estadounidense es una demostración de hasta dónde son capaces de llegar los poderosos y multimillonarios para cuidar sus intereses y ganancias, léase, entre otros, las farmacéuticas y las aseguradoras, que operan como auténticas mafias.

Estos individuos harán hasta lo imposible para seguir desacreditando y acorralando al gobierno y usarán nuevas estrategias maquiavélicas con el fin de destruir la imagen de Obama quien tendrá que colocarse la armadura para enfrentar los chantajes de estos bandidos medievales.

viernes, 4 de octubre de 2013

Cómo perder una elección presidencial


Benjamín F. DeYurre. EL NUEVO HERALD

Ante un mundo económicamente cambiante, donde la competencia es cada vez mayor y los recursos son cada vez menores, se impone un tipo de liderazgo que intente equilibrar estos dos factores. En el pasado, las grandes reformas económicas y sociales llevadas a cabo en EEUU no han estado exentas de controversia. Obamacare tampoco lo está.

Cuando el 8 de junio de 1934 el presidente demócrata Franklin Delano Roosevelt propuso ante el Congreso la creación del Social Security, un grupo de senadores republicanos preguntó a la ministro del trabajo de entonces, Frances Perkins, si eso era socialismo. La señora Perkins, a la sazón la primera mujer en un gabinete presidencial, respondió que no. Ella no sólo apadrinó la ley del Social Security. También lo hizo con las leyes del salario mínimo y el seguro de desempleo.

Una vez que el Social Security se convirtió en ley en 1935, su puesta en marcha significó un trabajo gigantesco; en los años 1936 y 1937 se registraron 35 millones de patronos y empleados.

Para la fecha el gobierno de Roosevelt aún no había superado la gran crisis económica de 1929, heredada del presidente republicano Herbert Hoover. Por ello el registro para el Social Security tuvo que ser hecho por correo. La recuperación económica de la época también conllevó medidas que regularon las actividades bancarias, ya que varios bancos fueron acusados de fraude y responsabilizados en buena parte por la crisis. Es allí cuando surge el FDIC o fondo de protección bancaria para los depositantes y el SEC, la comisión encargada de regular las operaciones de Bolsa.

Ya para 1964, el presidente demócrata Lyndon B. Johnson sostiene que los jubilados de 65 años y más no pueden acarrear sus gastos médicos. Es allí cuando propone la creación del Medicare y posteriormente del Medicaid para las personas de bajos ingresos o discapacitados.

El senador Barry Morris Goldwater, nominado por los republicanos a la presidencia en 1964, declaró: “Si a nuestros pensionados les pagamos sus médicos, ¿por qué no les pagamos también casa, comida, vacaciones, licor y cigarrillos?” Por supuesto, ante tales comentarios Goldwater perdió las elecciones frente a Johnson.

En 1965, el Medicare fue aprobado por el Congreso y supuso igualmente un gran esfuerzo laboral para inscribir a más de 20 millones de beneficiarios en los siguientes tres años.

En 1995, el republicano Robert Dole, postulado a la presidencia en 1996, declaró con orgullo: “Yo fui uno de los miembros de la Cámara en votar en contra de la creación del Medicare en 1965”. Por supuesto, Dole perdió en la contienda electoral frente a Bill Clinton.

Por lo visto, el hecho de oponerse a las grandes reformas sociales acordes con el curso de la historia solo hace perder elecciones presidenciales.

En la actualidad el gobierno del presidente Barack Obama está enfrascado en implementar la reforma de salud conocida como Obamacare. Para variar, los republicanos se oponen. Ya han logrado el cierre parcial del gobierno y amenazan con bloquear un incremento en el techo de la deuda si Obamacare no retarda y/o modifica su implementación. Sin embargo, el proyecto está legalmente en vigencia y no se detendrá.

Como vimos en el pasado, Obamacare no será una tarea fácil, como tampoco lo fue el Social Security, el Medicare y el Medicaid. Coincidentemente, vemos que Obama heredó una crisis de Bush, tal como Roosevelt la heredó de Hoover. También vemos como a Obamacare lo han tildado de proyecto socialista. Lo cierto es que Obamacare supone un trabajo arduo de años, que irá paulatinamente ajustando sus mecanismos para corregir sus errores.

El único error histórico será oponerse a Obamacare. No hay una manera más segura de perder elecciones.

Caricatura de EL NUEVO HERALD Republicanos contra Obamacare


jueves, 3 de octubre de 2013

La oposición desleal


Uva de Aragón. DIARIO LAS AMERICAS

Foto AFP
Son verdades de Perogrullo. La democracia es un pacto social entre gobernantes y electores. También entre partidos. Por eso cuando un candidato gana, el perdedor lo felicita y regresa a casita. La vida del país continúa su curso.

Uno de los principios esenciales de la política en Estados Unidos durante más de dos siglos ha sido “to compromise”; es decir, llegar a acuerdos, negociar. Es la regla del juego.

Existe otra norma básica: la oposición debe ser leal. Es decir, jamás coloca sus intereses particulares por encima del bienestar de la sociedad. Desde hace ya varios años, este pacto se está quebrando. Las raíces del mal quizás sean más antiguas, pero se han hecho muy obvias en los últimos años con los ataques tan atroces contra el presidente Barack Obama, electo y reelecto por los votantes.

No es cuestión en estos momentos de discutir los logros o fracasos de su gestión, sino de señalar que muchos han perdido el respeto al cargo del Presidente, independientemente de quien lo ocupe. No es buena señal. El largo discurso de Ted Cruz recientemente y el cierre del Gobierno porque el Tea Party desea impedir que se implemente la ley de salud asequible, conocida como Obamacare, es un triste ejemplo del resquebrajamiento del pacto social.

Las tácticas de Cruz y sus compinches son una muestra clara de oposición desleal. El señor Cruz miente. Incluso miembros de su propio partido han señalado, que aunque quisieran, el hecho de no aprobar la extensión del presupuesto y de cerrar el Gobierno, como han hecho, no impediría la implementación del Obamacare, que está financiado en gran parte por fondos que el Congreso está obligado a gastar. Así se ha comprobado ya, pues la ley ha entrado en vigor. O sea, el Tea Party mantiene al país secuestrado para obligar al presidente Obama a cambiar una ley que no les gusta, pese a que fue aprobada por el Congreso, y declarada constitucional por el Tribunal Supremo.

El presidente Obama y el líder de la mayoría del Senado Harry Reid (D-Nevada) no son culpables de que el Gobierno haya cerrado. Hacen bien en no aceptar el chantaje. Sería un precedente peligroso. Muchos republicanos dicen medias verdades, casi peores que las mentiras. Aseguran que las personas no encuentran trabajo porque los negocios no quieren pagarles el seguro médico que ahora estarían obligados a ofrecer si tienen más de 50 empleados a tiempo completo. Es cierto. Lo que no dicen es que muchos de estos negocios tienen ganancias millonarias y no desean disminuirlas. Es la avaricia lo que prevalece.

La oposición desleal oculta verdades, como los beneficios del Obamacare, pues muchos podrán recibir cuidados de salud pese a condiciones médicas previas, tendrán oportunidad de mantener a los hijos en sus pólizas hasta los 26 años y no perderán su cobertura si sufren una enfermedad catastrófica. Además, habrá pólizas a precios razonables, con lo cual los ciudadanos tendrán acceso a medicina preventiva, una ventaja individual y colectiva.

Me parecería más sensato aceptar una ley que ya ha entrado en vigor y ayudar a ajustar sus aspectos negativos, que poner la nación al borde del precipicio, como han hecho. Cuando se aprobó el Seguro Social y años después el Medicare ─ ambos durante administraciones demócratas ─ muchos pusieron el grito en el cielo. Quisiera que los lectores de esta columna se preguntaran a sí mismos, si estos programas, pese a sus fallos, no los han beneficiado a ellos o a sus padres.

Hay más. El efecto del cierre del Gobierno no sólo perjudicará a los empleados federales y a los que reciben sus servicios, sino que va a tener un impacto inmediato y dañino en la Bolsa de valores, y en las cuentas de IRA de muchos retirados, ahora que el mercado comienza a recuperarse. En realidad, las pérdidas económicas son billonarias. Es otro de los males provocados por la oposición desleal.

Irónicamente, no creo que sean los ciudadanos promedios ─ que en su inmensa mayoría desaprueban el desempeño del Congreso ─ ni la prensa ni el presidente Obama ni los demócratas quienes pongan freno a la irresponsabilidad alarmante del Tea Party y sus representantes en la Cámara. La presión vendrá de las instituciones financieras, los bancos, Wall Street, que a su vez la recibirán de China y Japón. A estos países poco les importa Obamacare, pero tienen un gran interés en mantener la estabilidad económica y social de los Estados Unidos. Nadie más asustadizo que un inversionista. Si son inteligentes, el Tea Party, Ted Cruz y compañía les pondrán los pelos de punta.

¡Viva la muerte!


A lo que realmente le temen los republicanos es a que la reforma sanitaria tenga éxito, es decir, a que, pese a las naturales dificultades prácticas de poner en vigor un programa tan complejo y novedoso, reduzca el número de norteamericanos sin seguros, rebaje los costos de la atención médica y termine ganándose las simpatías de los norteamericanos.  

Daniel Morcate. EL NUEVO HERALD

Debe de ser una forma de locura política colectiva. Tal vez piensan que el país se les va de las manos. Quizá ya no lo reconocen. O no les gusta. Y quieren disparar los últimos cartuchos de histeria antes de volverse totalmente irrelevantes. Ellos para el país o el país para ellos. Pero lo cierto es que la conducta de muchos legisladores republicanos en estos días, y de los ideólogos iracundos que los alientan, ha sido poco menos que demencial. Si en nuestras familias alguien se monta un numerito como el que montó Ted Cruz en el Senado el otro día, lo veríamos como una tragedia digna de manicomio o por lo menos de siquiatra. Pero el primo más bien encontró gente que lo felicitara. De su partido a la deriva, claro está. Y del Tea Party, esa cuna en la que permanentemente renace el trogloditismo. Algunos senadores incluso se prestaron para relevarlo mientras descargaba su filípica al estilo de Castro o Chávez. Era el Senado devenido circo de fieras políticas que ladraban y rugían.

Al paso que llevan, los extremistas republicanos, que hoy por hoy dominan a su partido, harán suyo el tristemente célebre lema del fascista gallego José Millán-Astray en los comienzos del franquismo: ¡viva la muerte! Van por la senda de la anarquía ultra conservadora. Palo a los pobres. Palo a los indocumentados. Palo a las minorías étnicas. Palo a los gays. Palo al derecho al voto. Palo a la acción afirmativa. Palo a la reforma migratoria. Y palo a todo lo que proponga el presidente Obama. Sobre todo a la reforma sanitaria. Y es que los republicanos le tienen pánico a esa medida. No es que le teman a que no funcione o que quiebre al país, como afirman. A lo que realmente le temen es a que tenga éxito, es decir, a que, pese a las naturales dificultades prácticas de poner en vigor un programa tan complejo y novedoso, reduzca el número de norteamericanos sin seguros, rebaje los costos de la atención médica y termine ganándose las simpatías de los norteamericanos.

Esto en parte explica el nihilismo al que han descendido los republicanos en estos días. Han estado dispuestos a cerrar el gobierno, dejar a cientos de miles de empleados federales sin cobrar, a millones de norteamericanos sin servicios federales, a millones más con pérdidas en sus pensiones y al país sin pagar su deuda externa, con tal de imponer su voluntad y privar de fondos a Obamacare. Creen que este es el momento de hacerlo, pues comenzó una fase crucial para el programa. En sus cálculos delirantes y egoístas, piensan que si Obamacare funciona, aunque sea parcialmente, los votantes recompensarán al partido del presidente en las próximas elecciones. ¿Y qué sucede mientras tanto con los 30 millones de personas a las que potencialmente aseguraría Obamacare? En las diatribas republicanas ni siquiera figuran, son puros fantasmas, gente a la que prefieren no mencionar. Muchos incluso defienden la idea primitiva de que si carecen de seguro es porque se lo merecen. ¡Que viva la muerte!

La campaña republicana contra la reforma sanitaria es implacable. En la Cámara baja han votado más de 40 veces para anularla. Con su incesante propaganda, que subvencionan multimillonarios cavernícolas, han logrado revertir el apoyo popular a la medida. Los norteamericanos se sienten confundidos y abrumados por los retos que presenta. Los reales. Y los que inventa la propaganda. Lejos de ayudar a afrontarlos con actitud constructiva, los republicanos los hacen lucir más insuperables de lo que realmente son.

Pero el presidente Obama y los legisladores demócratas no deberían ceder ante el chantaje y las turbias maniobras republicanas.

En definitiva, los votantes favorecieron una reforma sanitaria al elegirlo dos veces a la Casa Blanca y al darles el Senado a los demócratas. La medida se adoptó además mediante el debido proceso. Y la Corte Suprema avaló su constitucionalidad. Si a pesar de todo eso los republicanos, irremediablemente fanatizados ya, insisten en boicotearla a expensas de la salud de millones de norteamericanos, y de la salud financiera de la nación, que por lo menos quede bien claro que son ellos quienes parecen gritar: ¡que viva la muerte!

miércoles, 2 de octubre de 2013

Crisis de la verdad acomodada


Guillermo Descalzi. EL NUEVO HERALD

Ted Cruz y Boehner (Daily Kos) 
 

Entre un megalómano, Cruz, y un incapaz, Boehner, nos están llevando al abismo más profundo del mar de la iniquidad política.

Vamos de lo ridículo a lo patético, de crisis en crisis, y si no hay crisis el Congreso no se mueve. Esta es una crisis republicana que quieren presentar como carga demócrata. Eso no va a funcionar. Todo el mundo sabe donde está la intransigencia, cuál es el partido del no, quién es la madre del cordero.

Recuerdo cuando los fundadores del Noticiero Nacional SIN, la hoy Univisión, llegamos a Washington. Fue el día de la inauguración de Ronald Reagan. Llegamos con camisetas negras de SIN, la Spanish International Network. Decían SIN ON THE HILL, pecado en la colina, la del Capitolio. Estaba vivo el recuerdo de Wilbur Mills, poderoso chairman del House Ways and Means Committee, que se metió con ropa y todo a la laguna del monumento a Jefferson tras una stripper argentina conocida como Fanne Fox, Zorra Divertida. Fue ridículo. Nuestras camisetas de ‘Sin on the Hill’ volaron. Hoy llevaríamos camisetitas con ‘El Inca en la Colina’, donde el Inca es John Boehner, “speaker” de la Cámara de Representantes, Inca por incapaz y “speaker” entre comillas porque por su boca no habla él. Es patético. Hemos ido de lo ridículo a lo patético. ¿Y lo digno? Sorry, esto no es lo bueno, lo malo y lo feo. Aquí hay solo lo malo y lo feo.

Del sumo sacerdote de Tonatiuh, Sol Azteca, se decía que “por su boca habla el espíritu”. ¿Qué espíritu habla por la de Boehner? Hoy por hoy es el de la megalomanía en Ted Cruz, ídolo de jour de la derecha folklórica y nativa, colorida y simple, lo cual estaría bien si Ted estuviese para entretenerla, pero está para absorberla. Absorbe su espíritu de conservadorismo digno y lo suelta en torrentes de rechazo por boca de nuestro speaker, el Inca Boehner.

Este era, fue, el país de la democracia que funciona. Lo volverá a ser. Esto es cíclico, pero por el momento y en algún momento, es difícil precisar cuándo pasamos a ser un país donde la democracia dejó de funcionar. Ganase quien ganara, éramos americanos y quienes no ganaban apoyaban al ganador. El concepto de la oposición leal iba más allá de lo teórico. Era una oposición funcional, constructiva, que en lo más duro arrimaba el hombro.

La ley del Obamacare ganó, pasó, y fue validada por la Corte Suprema. Cruz incita a romper la ley, esa ley, ya aprobada, dirimida y juzgada. ¿Puede alguien decir que Cruz, con el torrente que lanza por boca de Boehner, sea leal y constructivo, funcional en su oposición?

Quienes me conocen saben que no soy fanático. Hay mucho que critico en Obama, pero soy constructivo y leal en mi crítica, no a él, a nuestro sistema de gobierno, leal a nuestra constitución, al país, a nuestra sociedad y valores.

Torcer la verdad es patético. Hay que ser leales a partido y causa, sí, leales al movimiento y principios con los que uno se identifique, sí, pero primero hay que ser leales a la verdad y la decencia. En un llamado de atención al entonces senador Joseph McCarthy, le preguntaron: “ Have you no sense of decency?” ¿No tiene sentido de decencia? Los que hoy siguen a Cruz necesitan preguntarle lo mismo. Su decencia debiese condicionar el apoyo que le den.

La verdad no puede, ni debe, ser defendida con medios y palabras indecentes. La mentira es indecente, pero quienes la manejan en esta crisis pretenden que es ‘verdad acomodada’, y que no son ‘ellos’ quienes la acomodan, que son los ‘otros’. Sacarles una verdad simple, sin acomodos, es una tarea titánica, por no decir misión imposible. La verdad no se acomoda, y sería llevadera por todos sin tan solo se manejase con decencia, pero la verdad del momento, acomodada por Cruz y compañía, es usada como amenaza de caos económico para matar el Obamacare. En esta crisis de la verdad acomodada están creando una burbuja similar a del ‘reverendo’ Jim Jones, con odio maquinado y veneno refinado para sus seguidores en Jonestown, Guyana. La de ahora conduce a un Cruztown económico, maquinado en el Capitolio con veneno disfrazado de verdad acomodada. Vengan, tomen su kool aide. Es bueno.

El megalómano lleva al incapaz, y entre los dos llevan y estimulan a los exaltados. Han tratado de derogar el Obamacare más de 40 veces. No lo han logrado. Obama ha sido reelecto. Es tiempo de que acepten la realidad y se den cuenta que su exaltación destruye, y que Dios los bendiga porque son hijos de Dios. Que el Altísimo permita que consideren a los demás en este asunto de la misma manera como nosotros los consideramos a ellos, hijos de Dios.

sábado, 28 de septiembre de 2013

La opinión de un republicano: Una derrota para cambiar de rumbo


Vicente Echerri. EL NUEVO HERALD

Hay grandes probabilidades de que el gobierno federal cese de funcionar el próximo 1 de octubre, si antes ambas cámaras del Congreso no llegan a algún acuerdo constructivo que lo impida. Como los republicanos que controlan la Cámara de Representantes han puesto como condición para transarse dejar sin fondos la Ley de la Atención Médica Asequible (conocida popularmente por Obamacare) y el Presidente ha prometido vetar cualquier proyecto de ley que respalde ese despojo, las posibilidades de arreglo antes del martes son escasas.

Independientemente de la catástrofe económica que puede provocar tal cierre (aunque sea parcial, pues muchos empleados públicos seguirán trabajando), peor ha de ser la crisis política que de ello surja y que va a afectar, en primer lugar, al Partido Republicano, al que gran parte de la ciudadanía responsabilizará por los estragos y al que acusarán, con toda razón, de soberbia y de malicia. El senador John McCain ─ cuyo patriotismo e ideología conservadora no son cuestionables ─ dijo este viernes que, en las tres décadas que lleva de senador, nunca había presenciado tal disfunción en el Congreso y, refiriéndose a sus compañeros de partido, agregó: “Estamos dividiendo al Partido Republicano más que atacar a los demócratas”.

La posición de los neo-republicanos en el Congreso ─ sobre todo los que responden a la línea ideológica del Tea Party, grupo de filoanarquistas que han llegado a controlar grandes segmentos del partido ─ es francamente vergonzosa: en su afán de demonizar y de cargarse al Presidente están dispuestos a pasar por encima de los intereses de la nación. Ya lo han hecho en el ámbito internacional con el creciente aislacionismo que quieren imponerle a la política exterior norteamericana; y ahora extreman su encono en el terreno de la política nacional, encono al que le suman una buena dosis de torpeza y de ignorancia, llamémosle rural.

Creo que el Presidente – por quien yo no voté y que no me resulta personalmente grato ─ se mantendrá en sus trece y no cederá ante la bravata de estos extremistas endomingados, cuya pequeñez de miras espero sea debidamente castigada por los votantes en las elecciones parciales del año próximo. Espero también que aparezca alguien, o algunos líderes o ideólogos republicanos, con la inteligencia y la fuerza suficientes para rescatar a un gran partido de las manos de estos analfabetos; gente con la lucidez y la cultura necesarias para reorientar el partido por los rumbos de un auténtico conservadurismo del que andamos tan huérfanos en este país.

La responsabilidad social, el orden público y el arbitraje del Estado han sido siempre énfasis de una política conservadora. Son los liberales, precisamente, los que han creído en que al mercado le basta regirse por sus propias leyes, del mismo modo que es una herencia liberal el individualismo a ultranza, donde nadie parece tener más juez ni referente que el de su propia conciencia.

Si nociva resulta la hipertrofia de la maquinaria estatal, típica de las sociedades socialistas y socialdemócratas, que generan esas gigantescas nóminas de burócratas; peligroso para la existencia misma de la nación es descarnar al Estado, y a las instituciones que lo administran, hasta el punto de dejarlo en los huesos mondos, sin fuerza para cumplir una agenda gubernativa.

Los fanáticos que ahora mismo se atrincheran en el Congreso han caído en la tentación de inmovilizar el gobierno ─ que es casi como derrocarlo – y eso constituye una agresión contra todos nosotros, contra nuestra manera de vivir. Espero que el éxito momentáneo que puedan tener en ese intento lo paguen con creces en la próxima cita electoral y que esa humillación le sirva al Partido Republicano para retomar el rumbo perdido, acaso de mano de las viejas élites conservadoras que alguna vez lo dirigieron.

martes, 24 de septiembre de 2013

Golpe republicano


Guillermo Descalzi. EL NUEVO HERALD

Senador republican Ted Cruz
Es el golpe de un grupo republicano sobre el liderazgo del partido, con la amenaza de reventar la economía nacional si el congreso no hace lo que quieren. Han puesto al poder legislativo, fácilmente controlado por manipuladores, a merced de uno particularmente insidioso, el senador Ted Cruz. Aprovechan la peculiar ineptitud del speaker de la cámara de representantes. Cruz es un demagogo mayor, risueño sembrador de rechazo, y el segundo, John Boehner, es su vehículo para implementar una estratagema disfrazada de ideología. Reconocer ideología en el ardid del senador Cruz es otorgarle una talla intelectual que no tiene, pero la ineptitud del speaker es tal que no le ha quedado otra cosa que aceptar el ‘razonamiento’ con que Cruz lo sustenta.

La estratagema golpista ata el servicio de la deuda nacional al dinero para implementar la reforma médica, el Obamacare. Si los demócratas quieren que Washington funcione, entonces necesitarán dejar sin fondos al Obamacare. La demagogia de Cruz es consistente. Lo que es difícil de entender es la facilidad con que los republicanos de la cámara baja, bajo el speaker Boehner, se han prestado al curso de acción adelantado por Cruz, un chantaje claro y descarado que le sirve de vehículo de figuración nacional, uno de los muchos que usará a lo largo de su carrera.

¿Y el estado de derecho? Los golpistas pretenden que su chantaje nos devuelva al estado de derecho original, definido por ellos. ¿Por qué lo hace Cruz? Por figureti, por bonito, por pose, y porque la campaña contra el Obamacare ha sido tan cerrada que muchos en la oposición republicana no ven más que sus propias falacias acerca de ella. La desactivación de la reforma médica es un instrumento, bisturí o cuchillo de carnicero, en manos de gentes como Cruz. De nada sirve que el derecho federal sobre la práctica médica haya sido reconocido y refrendado por la Corte Suprema de acuerdo a las cláusulas que regulan el comercio interestatal. Cruz busca renombre matando la reforma, y para eso ha empujado a la cámara a la que no pertenece a que condicione la salud fiscal del país a la salud fiscal de la reforma médica. ¿Plata para necesidades? Maten el Obamacare, quítenle su dinero, déjenlo sin nada.

Hay quienes opinan que Cruz es una Michele Bachmann hecha hombre en el Senado. Tengo que admitir que hay cierto parecido fisionómico entre el rostro de los ojazos abiertos en ella y la sonrisa como de gato que se comió al canario en él, pero allí se acaba el parecido. Cruz es demasiado inteligente para decir cosas como las que salen de Bachmann, su sugerencia –por ejemplo– de investigar a representantes y senadores para determinar quienes son los ‘antiamericanos’ en el Congreso, traidores. Bachmann pudiese haber sido una nueva y femenina Joe McCarthy, pero no da la talla. El que sí la da es Cruz, de la misma edad de McCarthy, 42 años, cuando empezó a acumular poder en base a acusaciones que destrozaron vidas y carreras, y que convirtieron al comité de asuntos antiamericanos (unAmerican activities) en una mezcla de inquisición y cacería de brujas.

Cruz ha empujado sobre la cámara el ultimátum de matar el Obamacare o cerrar el gobierno. Sí, ese es Cruz. Ahora, vayamos al segundo del día, y mientras que Cruz, el manipulador, goza proyectando una apariencia venenosamente inocente, Boehner, de más alto rango, es simplemente patético en su impotencia, un speaker que tiene que sentirse y saberse inadecuado para el cargo, pero debe gustarle el título, la posición y el poder que ostenta.

Nuestra gobernabilidad, buena fe y crédito de país están amenazados en esta maniobra, este golpe empujado y liderado por republicanos del Tea Party. Cruz, un controlador activo, tiene a Boehner, un líder pasivo, atado en nudos.

La curiosa inefectividad de Boehner lleva a preguntarse por qué lo aguantará su bancada en el cargo que ocupa. Es precisamente por eso, por inefectivo, porque carece de espina dorsal, porque es útil para los Cruces de la nación, que lo llevan por la senda que quieran. Es su Prisionero de Senda, como en esa novela del siglo XIX, de sir Anthony Hope, aunque esa senda es con zeta, Zenda. Triste destino al que nos acercamos llevados por Cruces en sendas para Boehners, triste cuando un demagogo activo es capaz de manipular a un líder pasivo, amenazando la economía con el pretexto de matar el Obamacare, que resulta claro que está aquí para quedarse. ¿Qué es entonces lo que hace Cruz? Hace demagogia, cara por lo barata que es. Que Dios nos proteja de manipuladores como él, porque si bien pueden no haber los antiamericanos que la Bachmann quería identificar en el Congreso, sí que hay manipuladores en él.

Speaker Boehner has a choice to make‏


Dan Pfeiffer. The White House

Right now, Congress has two jobs: to pass a budget that invests in the middle class and to pay the bills it has already incurred.

But instead of doing their jobs, a few reckless Republicans in Congress are so obsessed with refighting old political battles over Obamacare that they're threatening to shut down the government and stop paying the country's bills.

On Friday, these House Republicans voted to shut down the government unless the Senate and the President agree to defund Obamacare. This week, instead of playing those games, the Senate is set to send a simple budget resolution back to the House -- one that keeps the government open for a few months while leaders continue to work on a budget that creates jobs and cuts the deficit in a balanced way. That's a reasonable solution.

But some Republicans still care more about scoring political points on Obamacare than keeping the government open and our economy moving forward.

This kind of up-to-the-final-hour brinksmanship is beyond irresponsible, and it could reverse the hard-earned economic progress we've made by creating another crisis. Unfortunately, we've watched them run this play before, and we know what it looks like. Two years ago, these Republicans held the economy hostage, and as a result our credit rating was downgraded, the stock market plummeted 17 percent, consumer confidence dropped like a rock, and businesses stopped hiring.

That's why it's time for GOP lawmakers to pass a simple budget resolution that doesn't defund Obamacare and move on.

In the five years since the financial crisis began, the American people have pushed the economy forward. Over the past 42 months, businesses have added 7.5 million jobs. American manufacturing is growing again, and the auto industry is back. We've reformed Wall Street so that no company is ever again too big to fail and created the toughest consumer financial protections this nation has ever seen. We've cut our deficit by more than half, made the tax code more progressive, and reformed our health care system.

Today, there is record demand for American products abroad, and our tech companies are booming. The housing market is coming back ─ sales of existing homes are up by double digits and new foreclosures are down to the lowest levels since the start of 2006.

We need to keep building momentum. So we're asking Congress to join the President in creating a better bargain for the middle class, and give up on manufacturing a new political crisis. For that to happen, reasonable Congressional Republicans have to stand up to a few extreme members of their party for the good of the country and our economy.

From the day he took office, President Obama has been open to any good idea when it comes to the budget, as long as supporting middle-class families remains our North Star. Republicans won't extract concessions over the full faith and credit of the United States.

Will you help spread the word? Share this message so that people know what's about to happen to the economy if Congress doesn't act.

Dan Pfeiffer

Senior Advisor

The White House

@Pfeiffer44