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martes, 15 de julio de 2014

¡Enjuiciemos a Obama! ¿Estarán locos?

Guillermo Descalzi. EL NUEVO HERALD

Quieren hacerle juicio político y destituir al primer negro afroamericano en la presidencia. Escribo negro afroamericano, una redundancia, para enfatizar lo que es un linchamiento racial, porque esto no es por diferencia política. Quienes lo promueven se imaginan las consecuencias, y eso es lo peor, porque las quieren, y quieren a toda costa un linchamiento a manos del poder legislativo. Los anima el Tea Party en la cámara baja, y si sus miembros no perciben que esto revela un racismo inocultable, entonces la bruja es buena y los enanitos de Blanca Nieves son gigantes. Lo saben y no les importa porque consideran que ‘el resto’ somos tontos que no solo aceptamos este presidente sino que también (¡imagínense el extremo de nuestra tontería!) pedimos respeto a su presidencia como institución, y a él como persona.
El conductor o speaker de la cámara baja, John Boehner, se la da de moderado por querer enjuiciar a Obama no en el Congreso, sino en las cortes. ¡Que moderación! Que traigan las sales aromáticas para los desmayados.
El juicio al presidente lo inician por haber violado la Constitución al cambiar unilateralmente la ley de salud aprobada por el congreso. Le pegan porque no y le pegan porque sí. La furia de su oposición inicial intentó detener la ley de salud, el Obamacare. Hoy lo enjuician por efectuar cambios que ellos mismos sugirieron. Obama los hace porque con los republicanos no puede contar ni para acciones como el proyecto de ley HR2667, que los republicanos apoyaron hasta que lo hizo él. HR es por House Republican. ¿Estarán locos?
Obamacare es un éxito cuantificable. Ha incorporado 20 millones de nuevos asegurados. Entre los asegurados bajo el anterior régimen de salud, 77% están felices con Obamacare y lo consideran ‘bueno’. Solo 22% del total está descontento, una fracción de los descontentos antes de Obamacare. Mientras tanto lo que tenemos es un presidente que el speaker Boehner quisiera dejar como Houdini, Barack Houdini, atado y encadenado sin oxígeno dentro de un tanque de agua. ¿Quiénes lo quieren así? Gente que en la primera mitad del siglo XX se hubiese sentido, para todo efecto práctico, cómoda con el Klan.
Obama parece pensar que lo dejarían tranquilo si solo se dieran cuenta de la decencia de su persona, pero no es así. La prueba de su decencia está a ojos vista y el Tea Party la considera ‘decencia i-legítima’. ¿En qué consiste la ‘decencia ilegítima’? La respuesta es sencilla. Es la decencia atribuida a Obama, o a cualquier decencia en el trato a él. La mayoría de quienes lo eligieron son, por ese estándar, decente o indecentemente ilegítimos.
¿Y Obama? El parece no darse cuenta que esta es una lucha perdida, que nada de lo que diga o haga logrará que la derecha tea partidista acepte su legitimidad. Eso puede, con esfuerzo, atribuirse a rivalidad política. Lo que sigue, su inhabilidad de aceptar la sola decencia humana de Obama, eso deja fuera del marco de la decencia a quienes se la niegan a él. Niegan sus logros y le achacan faltas que no son suyas. Lo acusan de no aplicar las leyes de inmigración. Disculpen, pero este es el presidente que más indocumentados ha deportado en la historia del país, dos millones contabilizados por Homeland Security y, si se cuentan las deportaciones empujadas por otras dependencias del estado, el total fácilmente llegaría a 4 millones. Obama no lo publicita porque los demócratas necesitan el voto latino, y el tea party aprovecha y tuerce su silencio.
A veces pareciera que tenemos un presidente mudo y una oposición ciega. Si no es ciega y hace lo que hace sabiendo lo que hacen, entonces hay algo esencial y profundamente descompuesto en su comportamiento.
Este país sufre de mentira en su práctica política, mentira con pedigrí. Se remonta a la caza de brujas en Salem, Massachusetts, cuando la población era victimizada por gentes que se las daban de estar entre las más dignas del pueblo. Lo que se hace con Obama es otra caza de brujas, y están muy equivocados si creen que el futuro los verá con ojos bondadosos. La presencia de Obama los retuerce como poseídos ante luz, ajos y cruz. Dan pena, pero sus víctimas dan más pena.

Apena que en este país, que respeta la verdad, un grupo vista su irrespeto con los colores nacionales. Infligen un mal que presentan como salvación. Si se preguntan por qué, es porque necesitan camuflar su depredación de la economía y su histórico malgasto de la influencia americana alrededor del mundo, insinuando a grito pelado que la culpa es… del presidente ese. Lo peor es que parecen verdaderamente creer que así se salvarán ellos y que salvándose salvarán también al país… ¿Salvarlo de qué? De Obama, por supuesto.

jueves, 31 de octubre de 2013

El Apocalipsis del Partido Republicano


I

Mario J. Viera

…y también adoraron a la Bestia, diciendo: “¿Quién se le puede igualar y quién puede luchar contra ella?”

Grande fue el Partido Republicano cuando Abraham Lincoln asumiera la presidencia de los Estados Unidos. El marcaría la historia en un antes y un después. Conservó la Unión y proclamó la libertad de los esclavos. Pocos de los presidentes republicanos que le sucedieron alcanzaron su grandeza ─ honrosas y escasas excepciones entre las que no figuran ni Ronald Reagan ni George W. Bush ─, muchos fueron la negación de la política de Lincoln. Sin embargo, el Partido Republicano representaba una derecha decorosa de centro, independientemente de alguna gris figura que de vez en vez aparecía en el escenario político para dañar el buen nombre del partido, como fue el caso del senador republicano por el estado de Wisconsin, Joseph McCarthy quien dio nombre a una época y colocó a los Estados Unidos al borde del totalitarismo y el fascismo.

A partir de las dos administraciones de Ronald Reagan, el Partido Republicano inició su decadencia, pasando desde las democráticas posiciones de Abraham Lincoln y de un conservadurismo de centro hasta convertirse en una agrupación que se identifica con las posiciones más retrógradas del conservadurismo. Las trompetas del apocalipsis comienzan a sonar como advertencia del rumbo erróneo que esta agrupación política está desandado.

Para los republicanos de ahora, Reagan es el gran estadista y el vencedor sobre el comunismo internacional cuando en realidad resultó ser un estadista mediocre que necesitaba de los consejos de la Premier británica Margaret Thatcher, tan mediocre como lo había sido como actor de cine y con solo una labor destacada en esa época, la de prestarse para acusar a otros cineastas ante el Comité Senatorial que presidía McCarthy en el sonado caso de los Diez de Hollywood. Reagan fue el antecedente del Tea Party. Bajo su acendrado anticomunismo se escondía el fanatismo ultraconservador. En 1964 apoyó la candidatura a la presidencia de Barry Goldwater, un hombre que tenía en su haber un extenso expediente de oposición a todas las iniciativas de justicia social. Se oponía al libre funcionamiento del sindicalismo; como senador, Goldwater, en 1954 votó en contra de la destitución de Joseph McCarthy y en 1964 en contra de la Ley de Derechos Civiles.

Tras dos intentos fallidos para la nominación como candidato a la presidencia por el Partido Republicano, finalmente Reagan logra la nominación en 1980. Aprovechando los errores de Jimmy Carter en la conducción de la administración federal, en su incapacidad para afrontar la crisis de los rehenes en Irán y solucionar la creciente inflación y el desempleo, así como la debilidad que se evidenciaba durante su administración en la defensa nacional, Reagan logró fácilmente la victoria electoral frente a su contrincante Carter.

Según Wikipedia (http://es.wikipedia.org/wiki/Ronald_Reagan ), Reagan sería elegido con una promesa de “reducir impuestos, aumentar el presupuesto de defensa y equilibrar y reducir el gasto fiscal”, implementó políticas similares que, en su conjunto, llegaron a ser conocidas como neoliberalismo. Durante su presidencia comenzó el aumento desmesurado de la deuda tanto la pública como la privada. Contrario a lo esperado por sus partidarios, el déficit fiscal de Estados Unidos creció de 900 mil millones de dólares a algo más de 3 billones, la tasa de inversiones industriales declinó precipitadamente siendo reemplazada por grandes inversiones en instrumentos financieros en lo que ha sido llamado una orgía especulativa el desempleo llegó al 10% de la fuerza de trabajo y la seguridad de trabajo y los ingresos reales del resto decayeron. [Francis Wheen: How Mumbo-jumbo Conquered the World.- Harper Perennial, London, 2004, Cap 1 (The Voodoo Revolution)]

Opuesto al Estado de Bienestar, Reagan se abrazó a la teoría económica de la Escuela de Chicago, doctrina económica que pasó a ser una ideología al igual que la doctrina económica marxista lo había sido. Las reformas económicas de Reagan que contemplaba la desregulación de los sistemas financieros y las rebajas de impuestos a las grandes corporaciones fueron conocidas como reaganomics o lo que es lo mismo, la implantación del capitalismo salvaje basado en la libérrima actuación de la fuerzas del mercado; no obstante para Conrad P. Waligorski en “Liberal economics and democracy, Keynes, Galbraith, Thurow, and Reich” afirma que “un mercado totalmente libre es definitivamente no el mejor mercado para una democracia, un mercado sin regulaciones no garantiza ni justicia ni prosperidad..." La confirmación de esta afirmación quedó demostrada durante la última administración de George W. Bush y la economía explotó ante las narices de los neoliberales reaganistas.

Para el neo keynesiano Vicenç Navarro el neoliberalismo y el fundamentalismo de mercado impuesto desde la llegada al poder de Ronald Reagan se convirtió en un dogma ─ “creencias y ortodoxias basadas en fe y no en evidencia científica” ─ que desregulando el poder financiero ha sido el origen de las crisis económicas surgidas a finales del siglo XX y principios del Siglo XXI. Según este autor, el neoliberalismo aplicado en numerosos países y concretamente en Estados Unidos y Europa han propiciado la Crisis de las hipotecas subprime, la Crisis bancaria europea y provocado la Gran recesión de principios del siglo XXI. Además, las tesis neoliberales esgrimidos no han sido verdaderamente aplicadas y las consecuencias han sido contrarias a los objetivos (El fracaso del neoliberalismo. 7 de mayo de 20130)

George W. Bush agudizaría los males del neoliberalismo durante su administración y conduciría al país al caos de la crisis con la explosión de las llamadas “hipotecas basuras”. El incremento de la desregulación de los sistemas financieros y los recortes de impuestos al sector que representa el uno por ciento de la sociedad, unido al desangramiento humano y material de dos guerras supuestamente dirigidas a derrotar al terrorismo islamita surtirían un efecto tornado en el sistema económico del país que generaría un alto índice de desempleo y la formación de un elevado techo de la deuda nacional. Condiciones todas estas que acompañadas de propuestas inteligentes permitirían el triunfo electoral del casi desconocido senador demócrata por el Estado de Illinois, Barack Hussein Obama.

Con pocas oportunidades iniciales frente a candidatos demócratas como Hillary Clinton y John R. Edwards, Obama logró imponerse como candidato presidencial, debido, entre otras cosas a que según Andrés Valdez Zepeda y Delia A. Huerta Franco en “La Estrategia Obama: La construcción de una marca triunfadora en la política electoral” (Revista Latina de Comunicación Social) “supo hacer (…) una crítica feroz y verosímil hacia el establishment de la política norteamericana. Supo aprovechar el hartazgo de la gente con el sistema político del país y logró venderse, desde el inicio de la contienda, como un candidato ganador, como el candidato del cambio y la esperanza, el único que puede limpiar la política nacional”.

Estos autores ofrecen un resumen de las principales propuestas de Obama que lograron una gran movilización a favor de su elección presidencial:

 Medio Ambiente: Reducir las emisiones de dióxido de carbono en un 80%, invertir 150 mil millones de dólares en 10 años en "energía limpia", lograr que para el 2025 el 25% de la energía que consuma Estados Unidos venga de fuentes renovables y reengancharse a la convención contra el cambio climático de las Naciones Unidas.

Economía: Reducir impuestos a la clase media, revisar los tratados de libre comercio con México y Canadá, fomentar nuevos tratados de libre comercio con otros países, garantizar la libertad sindical, simplificar los trámites para pagar impuestos.

 Salud: Nuevo Plan Nacional de Salud que incluya a todos los norteamericanos (incluyendo a los que trabajen en el equivalente a las PYMES), seguro de salud para todos los niños, creación de incentivos a quienes desarrollen un mejor servicio de salud, luchar contra el SIDA a nivel mundial y mejorar el programa de la salud mental.

Educación: Reforzar la educación de los niños entre los cero y los cinco años, invertir en estrategias para evitar la deserción escolar, mejorar las condiciones de trabajo de los profesores (becas, capacitaciones e incentivos económicos).

Política exterior: Empezar un inmediato y progresivo retiro de las tropas norteamericanas en Irak, servir de nexo diplomático entre Israel y Palestina para la existencia de los dos Estados, doblar la ayuda internacional para cumplir las metas del milenio, abrir más embajadas y consulados en África para canalizar más ayuda.

Otros Temas. Considerar como un delito federal los crímenes de odio por orientación sexual, apoyar la unión civil entre personas del mismo sexo con los mismos derechos que un matrimonio (adopción incluida) y oponerse a la propuesta republicana de prohibir constitucionalmente los matrimonios homosexuales”.

Se podía entrever dentro de su plataforma elementos inspirados en el New Deal de Roosevelt, posiciones contrarias al neoliberalismo,  tendencia a la doctrina económica de John Maynard Keynes y a favor del Estado de Bienestar, temas estos repugnantes para el conservadurismo republicano-reaganiano.

El rechazo del ultra conservadurismo hacia Obama comenzó a manifestarse crudamente desde el primer día de su mandato, aunque ya desde la etapa de su campaña electoral se advertía un incremento de la resistencia ultra conservadora. En las elecciones del 4 de noviembre de 2008, Barack Obama vencería a su contrincante republicano John McCain, un hombre que, en otras circunstancias hubiera merecido la presidencia. El error de McCain fue su posición titubeante ante los ultraconservadores del Partido Republicano, la bancada que llegaría a ser la flor y nata del Tea Party, y la selección como compañera de fórmula de la inepta Sarah Palin luego devenida en la diva del Tea Party. Con la elección de Obama para la presidencia, como opinaran Valdés Zepeda y Huerta Franco, su verdadera batalla apenas comenzaba. “Los republicanos y los sectores más conservadores de los Estados Unidos no tan fácilmente (dejarían) que un negro ocupe la silla presidencial del país más rico y más fuerte del orbe”.

miércoles, 23 de octubre de 2013

Lo prometido es deuda


Sergio Muñoz Bata. EL NUEVO HERALD

El sentido común dictaría que después de la dura derrota que sufrió el Partido Republicano con el innecesario e impensado cierre del gobierno y su posterior capitulación, ahora que el presidente Barack Obama ha anunciado que por fin se dedicará a impulsar la reforma migratoria integral, los republicanos sensatos impedirán que su partido vuelva a autoflagelarse.

Sin embargo, dado que el sentido común es una virtud que hasta ahora ha brillado por su ausencia entre los kamikazes del Tea Party, es imprescindible que el liderazgo republicano cambie el rumbo, haga al lado a los extremistas y regrese al camino de la negociación siguiendo la ruta marcada por las figuras republicanas más experimentadas.

Alarmado por la intransigencia de los novatos en su partido, James Baker, tesorero con Ronald Reagan y secretario de Estado con George H. W. Bush, ha publicado un lúcido análisis de la encrucijada en la que se encuentran los republicanos. Para Baker no cabe duda que su partido ha salido dañado “en esta pelea contra sus molinos de viento políticos y que la mayoría de los norteamericanos les culpan del fiasco”. Así las cosas, escribe Baker, hay que reconocer que “la táctica y la estrategia” fue un desastre. Que el esfuerzo estaba condenado al fracaso porque los demócratas controlan el Senado y la Casa Banca. Pero advierte que lo importante ahora es ver al futuro, “olvidarse de odios y resentimientos” y convertirse “en el partido de la esperanza y la oportunidad” reconociendo el cambio demográfico en el país y acercándose a los hispanos, asiáticos y otras minorías. El mensaje de Baker es subliminal pero claro y es el mismo que mandan republicanos como John McCain, Lindsey Graham, Mario Diaz-Balart, Bob Goodlatte, políticos que entienden que la reforma migratoria es clave para congraciarse con los votantes latinos y asiáticos.

Pero no basta con que los republicanos recuperen el centro y obren racionalmente. No se puede negar que en esta ocasión Obama ganó el pulso pero tampoco podemos negar que su triunfo se basó en la inacción. Hasta en la victoria, Obama volvió a mostrar sus deficiencias políticas. Ni sabe explicar a los escépticos las bondades de sus proyectos ni sabe negociar con sus opositores. Obama no ganó por nocaut ni por decisión unánime, sino por default. Y si ahora Obama quiere ganar la batalla por la reforma migratoria va a tener que hacer lo que nunca ha podido o querido hacer, aprender de políticos como Franklin Delano Roosevelt y Lyndon Johnson cómo hacer política y hacerla bien.

El domingo pasado, mi hijo, Sergio C. Muñoz, me platicaba de la entrevista que recién le acaba de hacer al congresista Luis Gutiérrez con motivo de la publicación de su libro: Still Dreaming my Journey from the Barrio to Capitol Hill y que saldrá al aire en su programa de radio “The Intelatin Cloudcast”. Entre los varios temas que trataron el más importante fue el de la inmigración. Gutiérrez le habló de su desencanto con Obama. De su desilusión al constatar la tibieza con la que el Presidente hablaba del tema durante su primer período presidencial. “Cuando sentí que Obama faltaba a su promesa de pelear hasta el final para aprobar la reforma migratoria no tuve más remedio que criticarle”. Las críticas de Gutiérrez a las deportaciones que dividían familias fueron duras y puntuales. Su exasperación ante la indiferencia del Presidente fue pública y notoria. Su exigencia a que pusiera todo su empeño en impulsar una reforma migratoria integral fue imperiosa.

También me impresiona y me sorprende, me decía mi hijo, lo que me dijo María Teresa Kumar, presidenta de Voto Latino. Según ella, “lo más admirable de Gutiérrez es que se ha dedicado en cuerpo y alma a resolver las necesidades de sus representados aun cuando a nivel personal no tiene por qué hacerlo”. En efecto, él nació en Chicago y su familia es puertorriqueña y por ende no necesita documentos migratorios para vivir en Estados Unidos.

Mi reacción fue instantánea, si tan solo Obama tuviera la pasión y la fortaleza moral de Gutiérrez lo más seguro es que para fin de año estaríamos celebrando la aprobación de una ley migratoria integral, compasiva y generosa. Vamos a ver si en esta ocasión Obama se porta a la altura y no lo hace a medias, solo para guardar las apariencias, como muchos vaticinan que lo hará.

viernes, 18 de octubre de 2013

Caricatura: El malestar del Elefante republicano

Caricatura de El Nuevo Herald

¿Quién ganará la guerra civil republicana?


Maribel Hastings. EL NUEVO HERALD

Si alguien dudaba que el Partido Republicano está librando una guerra civil por su identidad, el penoso espectáculo de la batalla presupuestaria lo demostró en su máximo esplendor.

La mayoría republicana que controla la Cámara de Representantes fue tomada como rehén por una minoría extremista sin claro líder ─ con la excepción del senador republicano de Texas, Ted Cruz, desde la Cámara Alta ─, perteneciente al movimiento del Tea Party. Durante 16 días la “estrategia” de esta minoría dictó las acciones del presidente cameral, John Boehner, y su terca insistencia de utilizar el presupuesto para revocar la Ley de Cuidados Médicos Asequibles, popularmente conocida como Obamacare.

Ciertamente las diversas opiniones dentro de un caucus deben escucharse y respetarse, pero en este caso la Cámara Baja ha votado más de 40 veces para revocar, sin éxito, el Obamacare. Cuando la estrategia pasó de castaño a oscuro para tratar de frenar el presupuesto, incluso con la amenaza de que por primera vez Estados Unidos no pagara sus deudas, se requería liderazgo para poner un hasta aquí, sobre todo cuando lo que se afectó con el cierre gubernamental no fueron únicamente los porcentajes de aprobación de los disfuncionales políticos en Washington.

Al final, han sido los republicanos los que cargan con la mayor parte de la culpa política del cierre y de la intransigencia ante el pueblo estadounidense. La minoría del Tea Party, claro está, continúa feliz porque regresa a sus distritos a fanfarronear de lo conseguido. Recordemos que muchos de estos congresistas provienen de distritos en donde fueron electos con la promesa de revocar el Obamacare.

A esta minoría le importa poco la imagen nacional del Partido Republicano porque se aferra al precepto de que toda la política es local. Lo es, pero hasta cierto punto. Cuando un partido es expuesto nacionalmente controlado por un grupo de extremistas, afecta sin duda sus probabilidades de apelar a un sector más amplio de votantes fuera de su base y que necesita para ganar la Casa Blanca.

Y con esto en mente llegamos a la inmigración.

El presidente Barack Obama indicó que superado el tranque presupuestario, es su intención presionar por un voto para un plan de reforma migratoria en la Cámara Baja. Apeló a los republicanos a proponer mejoras al plan que aprobó el Senado el 27 de junio y a no dejar que el tema se siga postergando en el Congreso.

Muchos consideran una locura que en un escenario legislativo tan polarizado y en una atmósfera política tan envenenada, la reforma migratoria ─ un tema que levanta pasiones ─ tenga posibilidades reales de avanzar en la Cámara Baja.

Sin embargo, hay motivos para pensar lo contrario.

El espectáculo ha reforzado a los demócratas y los hace más competitivos en su lucha por arrebatar la mayoría cameral a los republicanos en los comicios de medio término de 2014.

Es algo que el liderazgo republicano debe sopesar en su plan de rehabilitación. Para fortalecer su imagen, republicanos y demócratas deben evidenciar bipartidismo y el tema migratorio ofrece esa vía, siempre y cuando Boehner no vuelva a permitir que un grupo de extremistas antiinmigrantes liderados por el congresista republicano de Iowa, Steve King, vuelva a tomar el caucus republicano como rehén, esta vez para frenar una reforma migratoria que beneficia a la economía, al país, a la unidad familiar y que supondrá en algún momento ganancias políticas para los republicanos.

El mal manejo y buen manejo del tema migratorio afecta a los políticos republicanos.

George W. Bush defendió una reforma migratoria y ganó la reelección en 2004 con 44% del voto latino. El senador republicano de Arizona, John McCain, defendió, junto a Bush, la reforma migratoria, pero le dio la espalda en 2008 cuando fue el nominado presidencial republicano y su porción del voto latino bajó a 31%. Y en 2012, el nominado republicano, Mitt Romney, propuso el concepto de autodeportación como plataforma migratoria y logró sólo el 27% del voto latino.

Boehner, quien ha insistido en que sólo llevará al pleno un plan de reforma que tenga el apoyo de la mayoría de su mayoría, demostró en la batalla presupuestaria la falacia de la extraoficial Regla Hastert. Una minoría controló su caucus con nefastos resultados.

Hay votos para aprobar una reforma migratoria con una simple mayoría en la Cámara Baja, así sea con una mayoría de votos demócratas y una minoría de republicanos realmente interesados en rehabilitar la imagen nacional de su partido.

La reforma migratoria ofrece a los dos partidos la oportunidad de demostrar que pueden gobernar.

Los demócratas pueden demostrar que pueden ir más allá de las promesas, y los republicanos pueden, de una vez y por todas, iniciar la ruta de la recuperación mirando más allá de su base y de extremistas que sólo contribuyen a la irrelevancia de este partido en la esfera nacional.

El calendario legislativo es corto en lo que resta de este año, pero la voluntad política no debería serlo.

Como dijo el presidente, la reforma migratoria “puede y debe lograrse” antes de que finalice el año.

domingo, 13 de octubre de 2013

El rehén


Si siendo una minoría de la minoría, tienen al mundo en vilo, a su país al borde del abismo, ¿cómo sería si fueran mayoría? ¿Cómo sería si alguno de sus miembros llegara a ser presidente? ¿Cómo han podido llegar a ser parte del Congreso de la primera potencia del mundo, personas que creen, por ejemplo, que el cuerpo de la mujer se encarga naturalmente de bloquear la concepción, en caso de una violación “legítima”?

Pedro Caviedes. EL NUEVO HERALD

Los nuevos reportes provenientes de Washington dan cuenta de una extrema preocupación en el lobby de negocios. Sus presidentes, ejecutivos y voceros, dicen estar molestos con la extrema derecha, que mantiene cerrado al gobierno y amenaza con que por primera vez en sus 224 años de historia, Estados Unidos no pague sus deudas, dando paso a un cataclismo económico que tendrá consecuencias mucho más graves que las creadas cuando quebró Lehman Brothers, y la burbuja financiera estalló. Están desesperados. Si la economía se cae, los negocios que representan también caerán.

Me pregunto si no sabían. Porque estas mismas asociaciones gastaron millones de dólares en las elecciones del 2012, para que la redistribución de los distritos les conviniera, y para que salieran elegidos los mismos personajes con los que ahora se pelean. ¿Acaso no escuchaban sus discursos? Para ellos no hay enemigo más grande que el gobierno. Y esa enemistad se multiplica al infinito si el presidente es de apellido Obama. Creo que este es el típico caso de los cuervos que les sacan los ojos a sus criadores. De la bomba que estalla en la cara.

O quizá lo que estamos viviendo sea el estallido de la burbuja que representa el discurso falaz e ideo-ilógico de ese grupo de congresistas que hoy por hoy ha pasado de la palabra al acto. La propaganda anti presidente ya solo engaña a los más fanáticos. La realidad se ha impuesto. Gobernar desde el radicalismo es perjudicial para todos. No hay excepciones.

Si siendo una minoría de la minoría, tienen al mundo en vilo, a su país al borde del abismo, ¿cómo sería si fueran mayoría? ¿Cómo sería si alguno de sus miembros llegara a ser presidente? ¿Cómo han podido llegar a ser parte del Congreso de la primera potencia del mundo, personas que creen, por ejemplo, que el cuerpo de la mujer se encarga naturalmente de bloquear la concepción, en caso de una violación ‘legítima’? ¿Irresponsables que investidos de congresistas son capaces de salir a acusar a la asistente de la Secretaria de Estado de ser aliada de los Hermanos Musulmanes? ¿Personajes que dicen que no ampliar el techo de la deuda y que la economía más grande del planeta no cumpla con sus obligaciones, no sería tan grave, porque en sus pequeños negocios a veces han dejado de cumplirlas, y las consecuencias no han sido tan desastrosas? Algo anda mal en esta democracia. Y algo anda mal con los votantes. Quizá estemos viendo demasiada farándula y reality shows. O quizá haya demasiados predicando de política a través del fanatismo religioso. Otra bomba de tiempo.

¿Qué pasaría si otros países siguieran el ejemplo de estos congresistas? ¿Qué pasaría si de repente China y Rusia y los países de la Unión Europea y de Latinoamérica y el resto del planeta decidieran cerrar sus gobiernos y al mismo tiempo no pagar sus deudas? ¿Qué pasaría si los Congresos de otros tantos países democráticos decidieran que las leyes se crean y se derogan a través del chantaje? ¿Qué pasaría si de repente la gente, siguiendo el ejemplo de estos congresistas, decidiera no pagar su hipoteca, sus tarjetas de crédito, los préstamos para carro o estudios, las deudas hospitalarias? Creo que en el eventual caso en el que todos los países decidieran seguir su ejemplo, la Tercera Guerra Mundial estaría a la vuelta de la esquina. En el de la gente, una crisis económica peor que la de hace cinco años. Y en todo caso, reinaría la anarquía.

El jueves en la noche, después de una reunión en la Casa Blanca, John Boehner salió a decir que le habían presentado una gran oferta al presidente. Consistía en dejar el gobierno cerrado indefinidamente y prorrogar la agonía por el techo de la deuda durante tres meses. Es decir, hacen de toda la casa una catástrofe, parten los muebles, quiebran los adornos, rompen las cortinas, funden los electrodomésticos, riegan la comida, rayan las paredes, no pagan los servicios, y después hay que darles las gracias infinitas porque ofrecen tirar a la basura el desastre de una de las alcobas.

Hoy, por fin, está claro, el compromiso para el GOP significa que los otros acepten sin condiciones, todas las condiciones que ellos impongan, para liberar a su rehén: el gobierno. Pero si este es el gobierno del pueblo.

¿Entonces quién es el rehén?

lunes, 7 de octubre de 2013

Chantajeando a Obama


Raúl Benoit. DIARIO LAS AMERICAS

La política, según Maquiavelo, es la forma en que los gobernantes mantienen el poder a cualquier precio, incluso matando, persiguiendo y atropellando al pueblo.

El maquiavelismo mina el espíritu de ciertos dirigentes de los Estados Unidos, en donde presumimos de ser una democracia ejemplar y un país libre; sin embargo, tenemos que admitir que no lo somos tanto, porque la democracia ante todo es justicia social y la política tiene que amparar al pueblo y defender el derecho de una sociedad a vivir equitativamente con seguridad, educación y salud.

La ultraderecha de los Estados Unidos es un grupo poderoso y perverso encubierto en una agrupación con tintes fascistas que se hace llamar Tea Party, los “patriotas”. Desde sus cuarteles reservados solo para privilegiados, favorecen intereses económicos de grupos precisos.

Lo que ha ocurrido en los últimos días al obligar el cierre del gobierno federal, no es más que otro chantaje contra el presidente Barack Obama, quien ha dicho la verdad al acusar a los republicanos de mantener al país como rehén por cuestiones ideológicas.

El Partido Republicano (tras bambalinas el Tea Party) lidera una maliciosa estrategia para ir allanando el camino con el fin de retomar el poder en el 2016 y favorecer los intereses de grandes corporaciones que aportan mucho dinero en las campañas de ellos.

El caballito de batalla es el plan conocido como ObamaCare, el cual extiende la cobertura del Medicaid, (programa de salud para personas de bajos recursos), a la gente que carece de un sistema que la proteja completamente. El ObamaCare prohíbe a las compañías aseguradoras rechazar usuarios por condiciones preexistentes y por género. Le dará acceso al seguro médico a precios asequibles a más de 30 millones de ciudadanos que ahora no tienen ese privilegio.

Manda a todos a tener un seguro médico para 2014 y quienes ganen por debajo del cuádruple de la línea de pobreza recibirán subsidios para el pago de ese seguro de salud. Obliga a los negocios con más de 50 empleados a cubrir esa protección básica. Permite a los jóvenes adultos, hasta los 26 años, a utilizar el seguro de sus padres.

Pero la maldad y la codicia son las madres de la tergiversación. Le han metido el cuento a la gente que el Plan de Salud de Obama es socialista y que lo pagaremos quienes ganamos más. ¿Por qué el egoísmo de quienes viven mejor, de no sacrificar un poco para ayudar a los necesitados? Otros dicen que esto favorecerá sólo a los hispanos y a las comunidades afroamericanas a quienes acusan de exprimir al gobierno y ser improductivas. Eso es una falacia.

Lo que está ocurriendo en el Congreso estadounidense es una demostración de hasta dónde son capaces de llegar los poderosos y multimillonarios para cuidar sus intereses y ganancias, léase, entre otros, las farmacéuticas y las aseguradoras, que operan como auténticas mafias.

Estos individuos harán hasta lo imposible para seguir desacreditando y acorralando al gobierno y usarán nuevas estrategias maquiavélicas con el fin de destruir la imagen de Obama quien tendrá que colocarse la armadura para enfrentar los chantajes de estos bandidos medievales.

sábado, 5 de octubre de 2013

Del Bogotazo al Té-tazo


José Manuel Pallí, Esq. DIARIO LAS AMERICAS

En abril de este año 2013, los colombianos recordaron con recogimiento y reflexión el 65º aniversario del magnicidio de Jorge Eliécer Gaitán, brillante orador y líder del Partido Liberal. 

Más allá de la asignación de responsabilidades por la autoría de aquel hecho de violencia política (que si lo mató la CIA, o si el asesinato fue obra de los conservadores, o bien de los comunistas colombianos…), lo cierto es que la muerte de Gaitán acentuó la polarización que ya por entonces existía en la sociedad colombiana, y encaminó a Colombia por un triste camino que, sólo en fechas recientes y con titánico esfuerzo, han podido los colombianos comenzar a desandar.

En los Estados Unidos no somos ajenos a los hechos de violencia política, claro. Y la proliferación de todo tipo de armamento en nuestras calles nos debiera llamar a sosiego ante el grado de inquina que está alcanzando entre nosotros la polarización, que ya se acerca peligrosamente a ser tan profunda y divisiva como lo es en las sociedades más polarizadas del planeta.

Los hechos que hemos vivido en estos días en nuestro país, si bien la sangre todavía no ha llegado al río, constituyen un atentado de magnicidio, no ya contra un individuo, ni contra un grupo en particular, ni siquiera en contra (o en defensa) de una ideología en particular ─ es difícil encontrar el menor vestigio de ideología alguna en el conjunto de eslóganes, uno más necio que el otro, que repiten como loros los responsables del Té-tazo por el que atravesamos ─ sino contra toda una estructura institucional.  

Una estructura, que durante muchos años, evitó en los Estados Unidos la ocurrencia de Bogotazos, Caracazos, o incluso manifestaciones algo más benignas del disgusto popular como la toma de las calles en forma masiva por ciudadanos indignados ante la insensibilidad y negligencia de sus gobernantes.

Una estructura que nos ha dado, hasta ahora, la autoridad moral para señalar las deficiencias de quienes padecían la ausencia de un marco institucional como el nuestro y, en muchos casos, nos lo envidiaban.

Una estructura que hemos descuidado irresponsablemente a partir de nuestra indiferencia ante quienes con absoluto descaro han puesto ese marco institucional al servicio del mejor postor. Nuestras leyes son hoy en día poco más que el reflejo de un sinnúmero de intereses sectoriales, representados por cabilderos irresponsables que sólo responden a quienes les pagan por hacer su “trabajo legislativo” y a quienes poco les interesan las consecuencias de las leyes que ellos mismos hacen, mientras les permitan llenarse sus bolsillos de dinero. 

Que alguien de la insignificancia hasta ayer de Ted Cruz ─ empeñado en convertirse en Tom Cruise a fuerza de llevar hasta sus últimas consecuencias su “Misión Imposible” ─ se haya convertido en el eje sobre el que gira la primera potencia del mundo, al punto de transformarse en líder “de facto” de la Cámara de Representantes (por “default”, es cierto, del cabeza hueca que ostenta ese cargo) nos debiera preocupar especialmente a los cubanos, o cubanoamericanos.

Y es que algunos de nuestros políticos más exitosos ─ y comparto el orgullo de muchos cubanos por el éxito que ha tenido nuestra comunidad al generarlos ─ se acercan cada vez más a la parodia. Me imagino que un buen amigo mío describiría a Tom (quiero decir Ted) como un ejemplar de lo que considera un “racionalmente egoísta homo politicus cubanusamericanus”, aunque lo de racional le queda grande al Sr. Cruise (sorry, Cruz). Pero el daño que le hizo a la imagen de los cubanos el mal llevado affaire de Elián González nos va a parecer cosa de niños comparado con el que puede hacerle este niño malcriado.

En España dicen aquello de que “lo que natura non da, Salamanca non presta”. El Senador por Texas (y por Canadá: gracias, Señor, por no sobrecargar esta vez a tu pueblo elegido de Miami) puede haber pasado por las mejores universidades de este país, pero es evidente que se saltó el kindergarten, en donde, según reza el título de un “best-seller” de no hace mucho tiempo, uno aprende todo lo que necesita saber en la vida.

Al lado de Tom (sorry, quise decir Ted) hasta Nicolás Maduro parece un “frat-boy” de Princeton. ¿Habrán estudiado juntos? Lo que me queda claro es que tanto Nick como Ted son igual de inmaduros…

jueves, 3 de octubre de 2013

La oposición desleal


Uva de Aragón. DIARIO LAS AMERICAS

Foto AFP
Son verdades de Perogrullo. La democracia es un pacto social entre gobernantes y electores. También entre partidos. Por eso cuando un candidato gana, el perdedor lo felicita y regresa a casita. La vida del país continúa su curso.

Uno de los principios esenciales de la política en Estados Unidos durante más de dos siglos ha sido “to compromise”; es decir, llegar a acuerdos, negociar. Es la regla del juego.

Existe otra norma básica: la oposición debe ser leal. Es decir, jamás coloca sus intereses particulares por encima del bienestar de la sociedad. Desde hace ya varios años, este pacto se está quebrando. Las raíces del mal quizás sean más antiguas, pero se han hecho muy obvias en los últimos años con los ataques tan atroces contra el presidente Barack Obama, electo y reelecto por los votantes.

No es cuestión en estos momentos de discutir los logros o fracasos de su gestión, sino de señalar que muchos han perdido el respeto al cargo del Presidente, independientemente de quien lo ocupe. No es buena señal. El largo discurso de Ted Cruz recientemente y el cierre del Gobierno porque el Tea Party desea impedir que se implemente la ley de salud asequible, conocida como Obamacare, es un triste ejemplo del resquebrajamiento del pacto social.

Las tácticas de Cruz y sus compinches son una muestra clara de oposición desleal. El señor Cruz miente. Incluso miembros de su propio partido han señalado, que aunque quisieran, el hecho de no aprobar la extensión del presupuesto y de cerrar el Gobierno, como han hecho, no impediría la implementación del Obamacare, que está financiado en gran parte por fondos que el Congreso está obligado a gastar. Así se ha comprobado ya, pues la ley ha entrado en vigor. O sea, el Tea Party mantiene al país secuestrado para obligar al presidente Obama a cambiar una ley que no les gusta, pese a que fue aprobada por el Congreso, y declarada constitucional por el Tribunal Supremo.

El presidente Obama y el líder de la mayoría del Senado Harry Reid (D-Nevada) no son culpables de que el Gobierno haya cerrado. Hacen bien en no aceptar el chantaje. Sería un precedente peligroso. Muchos republicanos dicen medias verdades, casi peores que las mentiras. Aseguran que las personas no encuentran trabajo porque los negocios no quieren pagarles el seguro médico que ahora estarían obligados a ofrecer si tienen más de 50 empleados a tiempo completo. Es cierto. Lo que no dicen es que muchos de estos negocios tienen ganancias millonarias y no desean disminuirlas. Es la avaricia lo que prevalece.

La oposición desleal oculta verdades, como los beneficios del Obamacare, pues muchos podrán recibir cuidados de salud pese a condiciones médicas previas, tendrán oportunidad de mantener a los hijos en sus pólizas hasta los 26 años y no perderán su cobertura si sufren una enfermedad catastrófica. Además, habrá pólizas a precios razonables, con lo cual los ciudadanos tendrán acceso a medicina preventiva, una ventaja individual y colectiva.

Me parecería más sensato aceptar una ley que ya ha entrado en vigor y ayudar a ajustar sus aspectos negativos, que poner la nación al borde del precipicio, como han hecho. Cuando se aprobó el Seguro Social y años después el Medicare ─ ambos durante administraciones demócratas ─ muchos pusieron el grito en el cielo. Quisiera que los lectores de esta columna se preguntaran a sí mismos, si estos programas, pese a sus fallos, no los han beneficiado a ellos o a sus padres.

Hay más. El efecto del cierre del Gobierno no sólo perjudicará a los empleados federales y a los que reciben sus servicios, sino que va a tener un impacto inmediato y dañino en la Bolsa de valores, y en las cuentas de IRA de muchos retirados, ahora que el mercado comienza a recuperarse. En realidad, las pérdidas económicas son billonarias. Es otro de los males provocados por la oposición desleal.

Irónicamente, no creo que sean los ciudadanos promedios ─ que en su inmensa mayoría desaprueban el desempeño del Congreso ─ ni la prensa ni el presidente Obama ni los demócratas quienes pongan freno a la irresponsabilidad alarmante del Tea Party y sus representantes en la Cámara. La presión vendrá de las instituciones financieras, los bancos, Wall Street, que a su vez la recibirán de China y Japón. A estos países poco les importa Obamacare, pero tienen un gran interés en mantener la estabilidad económica y social de los Estados Unidos. Nadie más asustadizo que un inversionista. Si son inteligentes, el Tea Party, Ted Cruz y compañía les pondrán los pelos de punta.

¡Viva la muerte!


A lo que realmente le temen los republicanos es a que la reforma sanitaria tenga éxito, es decir, a que, pese a las naturales dificultades prácticas de poner en vigor un programa tan complejo y novedoso, reduzca el número de norteamericanos sin seguros, rebaje los costos de la atención médica y termine ganándose las simpatías de los norteamericanos.  

Daniel Morcate. EL NUEVO HERALD

Debe de ser una forma de locura política colectiva. Tal vez piensan que el país se les va de las manos. Quizá ya no lo reconocen. O no les gusta. Y quieren disparar los últimos cartuchos de histeria antes de volverse totalmente irrelevantes. Ellos para el país o el país para ellos. Pero lo cierto es que la conducta de muchos legisladores republicanos en estos días, y de los ideólogos iracundos que los alientan, ha sido poco menos que demencial. Si en nuestras familias alguien se monta un numerito como el que montó Ted Cruz en el Senado el otro día, lo veríamos como una tragedia digna de manicomio o por lo menos de siquiatra. Pero el primo más bien encontró gente que lo felicitara. De su partido a la deriva, claro está. Y del Tea Party, esa cuna en la que permanentemente renace el trogloditismo. Algunos senadores incluso se prestaron para relevarlo mientras descargaba su filípica al estilo de Castro o Chávez. Era el Senado devenido circo de fieras políticas que ladraban y rugían.

Al paso que llevan, los extremistas republicanos, que hoy por hoy dominan a su partido, harán suyo el tristemente célebre lema del fascista gallego José Millán-Astray en los comienzos del franquismo: ¡viva la muerte! Van por la senda de la anarquía ultra conservadora. Palo a los pobres. Palo a los indocumentados. Palo a las minorías étnicas. Palo a los gays. Palo al derecho al voto. Palo a la acción afirmativa. Palo a la reforma migratoria. Y palo a todo lo que proponga el presidente Obama. Sobre todo a la reforma sanitaria. Y es que los republicanos le tienen pánico a esa medida. No es que le teman a que no funcione o que quiebre al país, como afirman. A lo que realmente le temen es a que tenga éxito, es decir, a que, pese a las naturales dificultades prácticas de poner en vigor un programa tan complejo y novedoso, reduzca el número de norteamericanos sin seguros, rebaje los costos de la atención médica y termine ganándose las simpatías de los norteamericanos.

Esto en parte explica el nihilismo al que han descendido los republicanos en estos días. Han estado dispuestos a cerrar el gobierno, dejar a cientos de miles de empleados federales sin cobrar, a millones de norteamericanos sin servicios federales, a millones más con pérdidas en sus pensiones y al país sin pagar su deuda externa, con tal de imponer su voluntad y privar de fondos a Obamacare. Creen que este es el momento de hacerlo, pues comenzó una fase crucial para el programa. En sus cálculos delirantes y egoístas, piensan que si Obamacare funciona, aunque sea parcialmente, los votantes recompensarán al partido del presidente en las próximas elecciones. ¿Y qué sucede mientras tanto con los 30 millones de personas a las que potencialmente aseguraría Obamacare? En las diatribas republicanas ni siquiera figuran, son puros fantasmas, gente a la que prefieren no mencionar. Muchos incluso defienden la idea primitiva de que si carecen de seguro es porque se lo merecen. ¡Que viva la muerte!

La campaña republicana contra la reforma sanitaria es implacable. En la Cámara baja han votado más de 40 veces para anularla. Con su incesante propaganda, que subvencionan multimillonarios cavernícolas, han logrado revertir el apoyo popular a la medida. Los norteamericanos se sienten confundidos y abrumados por los retos que presenta. Los reales. Y los que inventa la propaganda. Lejos de ayudar a afrontarlos con actitud constructiva, los republicanos los hacen lucir más insuperables de lo que realmente son.

Pero el presidente Obama y los legisladores demócratas no deberían ceder ante el chantaje y las turbias maniobras republicanas.

En definitiva, los votantes favorecieron una reforma sanitaria al elegirlo dos veces a la Casa Blanca y al darles el Senado a los demócratas. La medida se adoptó además mediante el debido proceso. Y la Corte Suprema avaló su constitucionalidad. Si a pesar de todo eso los republicanos, irremediablemente fanatizados ya, insisten en boicotearla a expensas de la salud de millones de norteamericanos, y de la salud financiera de la nación, que por lo menos quede bien claro que son ellos quienes parecen gritar: ¡que viva la muerte!

miércoles, 2 de octubre de 2013

Crisis de la verdad acomodada


Guillermo Descalzi. EL NUEVO HERALD

Ted Cruz y Boehner (Daily Kos) 
 

Entre un megalómano, Cruz, y un incapaz, Boehner, nos están llevando al abismo más profundo del mar de la iniquidad política.

Vamos de lo ridículo a lo patético, de crisis en crisis, y si no hay crisis el Congreso no se mueve. Esta es una crisis republicana que quieren presentar como carga demócrata. Eso no va a funcionar. Todo el mundo sabe donde está la intransigencia, cuál es el partido del no, quién es la madre del cordero.

Recuerdo cuando los fundadores del Noticiero Nacional SIN, la hoy Univisión, llegamos a Washington. Fue el día de la inauguración de Ronald Reagan. Llegamos con camisetas negras de SIN, la Spanish International Network. Decían SIN ON THE HILL, pecado en la colina, la del Capitolio. Estaba vivo el recuerdo de Wilbur Mills, poderoso chairman del House Ways and Means Committee, que se metió con ropa y todo a la laguna del monumento a Jefferson tras una stripper argentina conocida como Fanne Fox, Zorra Divertida. Fue ridículo. Nuestras camisetas de ‘Sin on the Hill’ volaron. Hoy llevaríamos camisetitas con ‘El Inca en la Colina’, donde el Inca es John Boehner, “speaker” de la Cámara de Representantes, Inca por incapaz y “speaker” entre comillas porque por su boca no habla él. Es patético. Hemos ido de lo ridículo a lo patético. ¿Y lo digno? Sorry, esto no es lo bueno, lo malo y lo feo. Aquí hay solo lo malo y lo feo.

Del sumo sacerdote de Tonatiuh, Sol Azteca, se decía que “por su boca habla el espíritu”. ¿Qué espíritu habla por la de Boehner? Hoy por hoy es el de la megalomanía en Ted Cruz, ídolo de jour de la derecha folklórica y nativa, colorida y simple, lo cual estaría bien si Ted estuviese para entretenerla, pero está para absorberla. Absorbe su espíritu de conservadorismo digno y lo suelta en torrentes de rechazo por boca de nuestro speaker, el Inca Boehner.

Este era, fue, el país de la democracia que funciona. Lo volverá a ser. Esto es cíclico, pero por el momento y en algún momento, es difícil precisar cuándo pasamos a ser un país donde la democracia dejó de funcionar. Ganase quien ganara, éramos americanos y quienes no ganaban apoyaban al ganador. El concepto de la oposición leal iba más allá de lo teórico. Era una oposición funcional, constructiva, que en lo más duro arrimaba el hombro.

La ley del Obamacare ganó, pasó, y fue validada por la Corte Suprema. Cruz incita a romper la ley, esa ley, ya aprobada, dirimida y juzgada. ¿Puede alguien decir que Cruz, con el torrente que lanza por boca de Boehner, sea leal y constructivo, funcional en su oposición?

Quienes me conocen saben que no soy fanático. Hay mucho que critico en Obama, pero soy constructivo y leal en mi crítica, no a él, a nuestro sistema de gobierno, leal a nuestra constitución, al país, a nuestra sociedad y valores.

Torcer la verdad es patético. Hay que ser leales a partido y causa, sí, leales al movimiento y principios con los que uno se identifique, sí, pero primero hay que ser leales a la verdad y la decencia. En un llamado de atención al entonces senador Joseph McCarthy, le preguntaron: “ Have you no sense of decency?” ¿No tiene sentido de decencia? Los que hoy siguen a Cruz necesitan preguntarle lo mismo. Su decencia debiese condicionar el apoyo que le den.

La verdad no puede, ni debe, ser defendida con medios y palabras indecentes. La mentira es indecente, pero quienes la manejan en esta crisis pretenden que es ‘verdad acomodada’, y que no son ‘ellos’ quienes la acomodan, que son los ‘otros’. Sacarles una verdad simple, sin acomodos, es una tarea titánica, por no decir misión imposible. La verdad no se acomoda, y sería llevadera por todos sin tan solo se manejase con decencia, pero la verdad del momento, acomodada por Cruz y compañía, es usada como amenaza de caos económico para matar el Obamacare. En esta crisis de la verdad acomodada están creando una burbuja similar a del ‘reverendo’ Jim Jones, con odio maquinado y veneno refinado para sus seguidores en Jonestown, Guyana. La de ahora conduce a un Cruztown económico, maquinado en el Capitolio con veneno disfrazado de verdad acomodada. Vengan, tomen su kool aide. Es bueno.

El megalómano lleva al incapaz, y entre los dos llevan y estimulan a los exaltados. Han tratado de derogar el Obamacare más de 40 veces. No lo han logrado. Obama ha sido reelecto. Es tiempo de que acepten la realidad y se den cuenta que su exaltación destruye, y que Dios los bendiga porque son hijos de Dios. Que el Altísimo permita que consideren a los demás en este asunto de la misma manera como nosotros los consideramos a ellos, hijos de Dios.

domingo, 29 de septiembre de 2013

Un tercero


Pedro Caviedes. EL NUEVO HERALD

En el último episodio de la más reciente temporada de la serie de televisión The Newsroom, que sucede en la noche de las elecciones presidenciales pasadas, una de las presentadoras le pregunta al protagonista, Will McAvoy, si él dice ser republicano para que de esa manera pueda reclamar credibilidad cuando ataque al GOP. A lo que McAvoy responde (traduzco): “No, me considero republicano porque lo soy. Yo creo en las soluciones del mercado, las realidades de sentido común y la necesidad de defendernos de un mundo peligroso, y eso es más o menos todo. El problema es que ahora tengo que ser homofóbico. Tengo que contar el número de veces que la gente va a la iglesia. Tengo que negar los hechos y creer que la investigación científica es una gran estafa. Tengo que pensar que a la gente pobre se le está ofreciendo un dulce aventón. Y tengo que tener un complejo de inferioridad tan pasmoso, que tengo que temer a la educación y al intelecto… en pleno siglo XXI. Pero sobre todo, el más grande de los nuevos requisitos, en realidad el único requisito, es que debo odiar a los demócratas. Y tengo que odiar a Chris Christie por no escupirle en la cara al presidente en el momento que descendió del Air Force One (cuando el huracán Sandy). El sistema de dos partidos es crucial para toda la operación. Hay honor en ser la oposición leal”.

Esta semana después del show montado por el senador Ted Cruz, que se paró a hablar por veintiún horas seguidas en contra de la ley de reforma de la salud, y de ver la impotencia de algunos senadores de su partido menos radicales que él, intentando detenerlo, y de ver cómo en la Cámara de Representantes, la semana pasada, se les ocurrió que la única forma de que haya una ley de presupuesto es quitándole los fondos a la ley de salud, y de escuchar cómo otros contestaron que hay que aprobar un presupuesto, pero solo para sacarlo en la discusión del techo de la deuda, y de ver como se hunde bajo el fango de tanta trama y palabrería la reforma migratoria, y de ver cómo pasan una ley para acabar con uno de los programas más exitosos como lo es el de los sellos de alimentos que tanta ayuda han traído en la tragedia de esta crisis de la gran recesión a miles de familias, y de ver cómo continúan simplemente odiando y oponiéndose a toda iniciativa que parta de la mente del presidente Obama, se me ocurre que ha llegado el momento de que un ala de un partido, el Tea Party, se convierta en un tercero, a ver si de alguna manera se recupera el orden de esta democracia estancada en pleno Capitolio Nacional.

Quizá a McAvoy, regresando a la serie, le faltó decir que también se debe ser anti inmigración y hasta pensar que todos los latinos y los afroamericanos, son una pandilla de flojos y mafiosos pistoleros que están destruyendo a su país, como dicen muchos de los presentadores nefastos de Fox News, la cadena que es la mayor plataforma de publicidad de ese nuevo partido que se ha tomado a otro partido.