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jueves, 2 de octubre de 2014

Made in Hong Kong

Fernando Mires. BLOG POLIS

Los jóvenes de Hong Kong no han salido a las calles a luchar por mejores salarios, ni contra la inflación o la escasez, ni a causa del paro, ni siquiera por el medio ambiente. Eso es lo que nunca podrán entender quienes siguen los cánones ideológicos impartidos por neo-liberales y neo-marxistas.

Según doctrinas neo-liberales y neo-marxistas, el humano es un “homo economicus”. Es por eso que sus ideólogos piensan que, superadas ciertas necesidades materiales, no habrá motivos para ninguna rebelión social. Y si de todas manera tiene lugar, sus actores serán calificados desde el poder, de anormales, delincuentes, o como ya es usual, de agentes financiados desde el exterior.

La política, vista de ese modo, es para los neo-liberales un subproducto de la economía y para los neo-marxistas una superestructura determinada por relaciones de producción. Ambas doctrinas son devotas de la lógica de la razón económica. De ahí la admiración que profesan tantos tecnócratas occidentales al “modelo chino” (un capitalismo perfecto, sin organizaciones obreras, sin derecho a huelgas; una nación de compradores, vendedores y consumidores: la unión amorosa entre el neoliberalismo más despiadado con los cultos estatistas del despotismo asiático). De ahí también el fanatismo de los “comunistas” chinos por la tecnología occidental la que, apropiada por ellos, llevará a China ─ ese es el objetivo ─ a convertirse en la mayor potencia económica del planeta.

Ni a neo-liberales ni a neo-marxistas les cabe en la cabeza que los seres humanos del siglo XXl exigen, además del cumplimiento de necesidades materiales, determinadas libertades, como las de opinión, reunión y de prensa. Y bien, esas libertades no están garantizadas en China. Y en Hong Kong, debido al status de “Un país: dos sistemas” (vigente desde 1997), solo lo están parcialmente. El objetivo de PC chino es, evidentemente, abolir el status autonómico de Hong Kong y subordinar a la península bajo la férula de “Un Estado y un solo sistema”.

La lucha de los jóvenes de Hong Kong tiene lugar entonces en contra del imperialismo de Pekín. Pekín, por su parte, busca apropiarse del sistema electoral de Hong Kong para designar desde las oficinas del partido a los candidatos al parlamento. 

Los estudiantes, liderados por el profesor Benny Tai Yiu, forjador del movimiento Occupy Central, levantan por el contrario una plataforma que contempla tres puntos: 1) Elecciones libres y secretas, 2) Libertad de opinión y de prensa y 3) La inmediata renuncia del gobernador de Hong Kong, el “pekinista” Leung Chun-Ying.

Casi está de más decir que la aceptación de uno solo de estos tres puntos dejaría al presidente chino, Xi Jinpig, en posición inconfortable frente a los sectores “duros” del Partido.

¿Cómo reaccionará Pekín? No pocos son los que temen una reedición de la masacre de Tiannamen. Pero la China de hoy no es la de 1989. China es uno de los países más imbricados en la globalización de la economía mundial, sino su más decidido impulsor. Una nueva Tiannamen, cometida en un territorio que no pertenece totalmente a China, desataría en contra de Pekín un repudio internacional cuyas repercusiones económicas son incalculables.

La segunda alternativa es que los jerarcas chinos abran un compás de espera para, en algún momento, establecer negociaciones con los rebeldes. Esa sería la solución política adecuada, siempre y cuando las movilizaciones de Hong Kong no entusiasmen a otras fuerzas disidentes al interior de la propia China.

La tercera sería seguir el “camino ruso”, es decir, que Pekín llevara a cabo una ocupación parcial de Hong Kong (como la de Putin en Ucrania) aceptando cierta autonomía administrativa de la península.

Mas, cualquiera sea el camino que tome Xi, lo cierto es que una vez más se demuestra que el talón de Aquiles de los países no democráticos no reside en su economía sino en su incapacidad de acoger demandas populares mediante el uso de mecanismos políticos. Pues, sea en una dictadura tradicional, totalitaria, o una simple autocracia, expresiones como “la revolución de los paraguas” (usados  por los estudiantes de Hong Kong para protegerse de los carros de agua y de los gases lacrimógenos) no solo ponen en jaque a un determinado gobierno, sino a todo un sistema de dominación. De ahí la brutalidad con la cual dichas manifestaciones son reprimidas.

En el fondo los capitalistas-comunistas-chinos piensan todavía como Mao: “Una sola chispa podría incendiar a toda una pradera”

La guerra que profetizó Samuel Hungtington para el siglo XXl, la de las culturas, no será cultural. Tendrá lugar por cierto entre Occidente y Oriente. Pero el Occidente político no está en el Occidente geográfico (eso no lo entendió Hungtington). Está en el interior de muchos países no occidentales, en el corazón y en la mente de sus mejores ciudadanos. En ese sentido, si bien los estudiantes de Hong Kong son desde el punto de vista geográfico, desde el cultural también, orientales, desde uno político, son muy occidentales.


La revolución democrática de nuestro tiempo continúa su camino. Ya triunfó en Europa del Este. En América Latina también, aunque a medias. En el mundo árabe mostró sus posibilidades futuras. Hoy reaparece en Hong Kong. La democracia, latente y no siempre realizada, es el “Viejo Topo de la Historia” que intuyó, pero no supo reconocer Karl Marx. 

sábado, 17 de mayo de 2014

Enemigos de la revolución


Vladimiro Mujica. TALCUAL DIGITAL.com


A medida que avanza la represión y las violaciones contra los derechos humanos y la Constitución Nacional en estos tres meses eternos de protestas, se va definiendo con mayor claridad el perfil de los enemigos de la así llamada revolución bolivariana.
A esta categoría pertenece gente de carne y hueso, ciudadanos como usted y como yo, contra los que arremeten la PNB, la GNB y los grupos para-militares adeptos al régimen. En ese sentido el enemigo es simplemente el pueblo que se resiste a adoptar la versión denigrante de patria impuesta y a empellones, empobrecida e indigna, que pretende la revolución.
A la famosa frase atribuida a nuestro Canciller: "No tenemos papel toilette, pero tenemos patria" se le añade otra de un funcionario de mucha menor jerarquía, presuntamente de la PNB, actuando en contra de los manifestantes en una reciente jornada de protesta en Chacao: "Los que no quieran patria, tendrán plomo".
El conjunto de ambas frases conforma una suerte de lógica condescendiente y abusiva de quienes se sienten los dueños de la vida, y sobre todo de la muerte, de los venezolanos. Les estamos enseñando a vivir en revolución, y quienes se resistan no esperen otra cosa que ser tratados como se merecen.
Pero hay otros enemigos intangibles de la revolución, tan o más peligrosos que las acciones de protesta. El primero y más importante es la libertad de pensamiento y su pariente cercano la libertad de información.
Contra el segundo se tiene la coacción y la censura contra los medios y el ejercicio desembozado de la hegemonía comunicacional, concepto tenebroso anunciado cuando nadie lo creía posible por el entonces ministro del ramo, Andrés Izarra.
La libertad de pensamiento requiere de un control más refinado que se ejerce a través de distintos canales que van desde la represión hasta el control de la educación, de los libros que se pueden leer, y los contenidos aceptables en Internet. Pero en definitiva la imposición del pensamiento único pasa por doblegar y eventualmente destruir a las instituciones donde la elaboración intelectual fluye libremente: las universidades y los centros de conocimiento.
En un sentido tanto filosófico como práctico, la revolución chavista es un ejemplo paradigmático del pensamiento izquierdista más reaccionario.
Uno que se creó al amparo de tiranías auto-declaradas comunistas o socialistas, que concibe como dilema la existencia simultánea de la libertad y la igualdad. La libertad se percibe como un concepto burgués y liberal que requiere ser extirpada y controlada en beneficio de un cierto igualitarismo ramplón que castra las posibilidades de crecimiento físico y espiritual de una nación.
La lista de enemigos continúa: la libertad sindical y de asociación, ferozmente controlada y diezmada por el gobierno. La empresa privada y el derecho de los ciudadanos a desarrollarse como individuos no dependientes de un Estado todopoderoso y centralizado.
Por ahora la revolución ha co-existido con una versión restringida de la libertad de asociación política y de ejercicio de los derechos ciudadanos, pero la última sentencia del TSJ restringiendo el ejercicio del derecho a protestar pacíficamente es un mal presagio de lo que los revolucionarios tienen en mente.
En el espacio internacional, la pléyade de enemigos fundamentales del régimen está conformada por quienes pueden ver a leguas la falsedad de la prédica del buen revolucionario con que el gobierno se vende ante los ojos permisivos de una comunidad que está dispuesta a perdonarle muchas cosas a la potencia imperialista petrolera en que se ha constituido Venezuela. En esta dirección, el cerco informativo y la disponibilidad infinita de los recursos de la extorsión política y económica son las herramientas preferidas.
El régimen se defiende con el terror y la violencia desmedidos. Ello combinado con operaciones políticas que le permiten mantener una fachada democrática y de diálogo frente a la comunidad internacional. En el camino, se arrasa con lo que va quedando de libertades ciudadanas y se precipita al país en una espiral de caos cotidiano en el que la existencia de la gente oscila entre la necesidad de sobrevivir y la urgencia de la acción para contrarrestar la acción destructiva de la revolución.
Uno termina por hacerse la pregunta de si nadie dentro del chavismo militante es capaz de ver lo que está ocurriendo, más allá de las banales explicaciones sobre las conspiraciones que abundan en estos días. En la paradoja última de estos tiempos vergonzosos, el pueblo ha terminado por convertirse en el enemigo indomable de una revolución que se auto-proclama popular.
Contra los estudiantes se arremete porque no se doblegan. A los sindicalistas independientes se les persigue por el peligro que representan los trabajadores organizados e indóciles. Un esquema perverso que cada vez se sostiene más en las fuerzas de la barbarie y la represión y menos en la gente.
Ya vendrán otros días que se construirán del aprendizaje de esta época aciaga de nuestra historia. Mientras tanto, a los demócratas y amantes de la libertad con dignidad nos corresponde seguir dando esta difícil pelea que solamente venceremos preservando la unidad contra un adversario que cada vez da más evidencias de ser un gigante enorme con frágiles pies de barro.