Mostrando las entradas con la etiqueta Muro de Trump. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Muro de Trump. Mostrar todas las entradas

jueves, 12 de enero de 2017

Y Mr. Twitter habló

Mario J. Viera

Estaba anunciada la conferencia de prensa que ofrecería urbi et orbi el próximo presidente de Estados Unidos. ¿Qué diría que tuviera impacto mediático? ¿Sería acosado por los reporteros de todos aquellos medios a los cuales el imprevisible señor de los twitters llamaba corruptos? A pocos días para sumir el gobierno, ¿D.T. se mostraría moderado dejando a un lado muchas de sus más agresivas propuestas de campaña? Un interés especial se agregaba a lo que pudiera decirse en aquella conferencia... la filtración del informe de inteligencia que aseguraban que Rusia, supuestamente podría tener información personal y financiera que pudieran perjudicar al magnate inmobiliario devenido en futuro presidente de Estados Unidos.

Con toda honestidad lo digo, no logro soportar a este señor, me molesta hasta escucharle hablar, pero me dije: “Hay que escuchar lo que le pregunten y oir bien lo que responda, para que otros no vengan a decirme que fue maravilloso o que fue detestable de acuerdo con la simpatía o antipatía que por él se sienta”. Hice un esfuerzo. Me senté ante el televisor y esperé pacientemente como pacientemente esperaban por él los periodistas que aguardaban en la Torre Trump que hiciera su aparición. Se dio importancia haciendo esperar por él a todos ─ dicen que esa era práctica corriente de Napoleón Bonaparte y de Fidel Castro la de hacerse esperar ─. Diez minutos de retraso. Finalmente hizo su entrada al salón designado para la celebración de aquella esperada conferencia de prensa.

Sobre una mesa, colocada adyacente al atril, se acumulaba una voluminosa cantidad de gruesas carpetas de enigmáticos papeles. Mike Pence, el nominado vicepresidente ocupó el atril para anunciar al jefe. Nadie recogió sus palabras de presentación; ningún periodista tomo nota de lo que dijera.

Ocupó su puesto ante el podio. Con aire cesáreo observó a los concurrentes. Se le veía tranquilo, ¡Coño, si hasta me pareció agradable su rostro en ese breve tiempo! Comenzó a hablar. Anunció que en breve daría a conocer grandes noticias, habló de los resultados positivos alcanzados por él y Pence al hacer que Ford decidiera cancelar su plan de construir una fábrica en San Luis Potosí en México y hacer una inversión de 700 millones de dólares en Michigan. Nada de invertir en México, un triunfo, sin embargo, nada dijo de las fábricas que la Ford mantiene en países como Turquía, Rusia, Rumania, Portugal, España, Canadá ─ donde la Ford ha invertido 637 millones de dólares en una planta en Oakville, cerca de Toronto con una plantilla de 2.800 puestos de trabajo ─ Brasil y Argentina. Con su modestia habitual, habló de que se crearían millones de empleos en Estados Unidos y aseguró: “Vamos a crear empleos. Dije que seré el mayor creador de empleos que Dios ha creado. Y lo creo”. Sí, ciertamente D.T. es muy modesto.

Le preguntan sobre su declaración de impuestos. Asunto baladí, eso solo les preocupa a los periodistas y, muy tranquilamente responde: “No voy a publicar mis impuestos. Como saben estoy bajo una auditoría, pero les puedo decir que mis empresas son muy saludables y tienen mucho más dinero de lo que se piensa”.

¡Ah, él no va a confrontar conflictos de intereses! Ya lo resolvió, según él. Entonces con gesto amable cedió la palabra a su abogada, Sheri Dillon quien ofreció un largo, tedioso y somnífero informe detallando la transición del control de sus empresas que pasarían al control de sus hijos; sin embargo, como apuntara Marc Bassets de El País, “el arreglo no resuelve el principal problema con el conflicto de interés: Trump seguirá siendo el propietario del grupo y cualquier beneficio acabará siendo un beneficio para Trump o su familia”. Después que los reporteros que cubrían la conferencia de prensa disimulaban sus bostezos, mientras escuchaban el informe de Miss Dillon, Mr. Twitter retomó la palabra para contestar preguntas.

Ahora, sin el auxilio de un discurso preparado, se produce la metamorfosis, y vuelve a ser él, su rostro amable del inicio recobra sus duros rasgos y ya se enfrenta a la primera pregunta, a la que vincula a Rusia con el pirateo cibernético, y sí, lo acepta. “creo que fue Rusia”, pero matiza, suaviza la carga sobre Rusia: “Pero también pienso que ha pasado con otros países y otras personas. Y puedo decir que cuando perdimos 22 millones de nombres y todo lo que ha sido pirateado recientemente, nadie levantó tantas objeciones”. ¿Sí?, me dije. Se trata de asuntos bien diferentes: “Fue algo extraordinario y lo más probable es que haya sido China”, agregó, pero aquel pirateo cibernético al que hizo alusión no atacaba al corazón de la democracia de Estados Unidos como este de los rusos que lo hicieron para intervenir en los resultados electorales con la publicación de los e-mails de la candidata demócrata y de los del Partido Demócrata.

No piensen que él va a ser manipulado por Putin, el pirateo cibernético es malo y Rusia es mala, “no debería piratear a Estados Unidos”, con él gobernando, Rusia va a respetar a Estados Unidos: “Rusia tendrá más respeto por los Estados Unidos cuando yo gobierne” y agrega: “Si a Putin le gusta Donald Trump, considero eso como una ventaja, no como un lastre, porque tenemos una relación horrible con Rusia (…) Ahora, yo no sé si voy a llevarme bien con Vladimir Putin. Espero que sí, pero hay una buena posibilidad de que no. Y si no me voy a llevar bien, realmente ¿alguien honestamente cree que Hillary iba a ser más dura con Putin que yo?” Con él en el gobierno no volverá a ocurrir, ya prepara un equipo con los mejores, con los más extraordinarios expertos en cuestiones de seguridad cibernética, que los va a reunir para que bloqueen todo intento de pirateo cibernético en Estados Unidos.

Sabe que se producirá la pregunta incómoda y ya, de entrada, pretende presentarse con una posición de un quizá, de un “no sé si voy a llevarme bien con Putin”. Y surge la jodida pregunta relacionada con el informe de inteligencia filtrado por el sitio Buzzfeed y luego reproducido por la CNN sobre supuestas informaciones personales que los servicios de inteligencia rusos podrían emplear de alguna manera para chantajearle. “¡Todo eso es mentira, no sucedió nunca!”, exclama, y ya se le nota alterado y se justifica; él es muy cuidadoso con su comportamiento cuando visita a otros países: “...todos sabemos que en muchos países, y Rusia es uno de ellos, ellos graban todo, tienen cámaras en todas las habitaciones. Siempre digo a la gente que me rodea cuando salgo del país que tenga mucho cuidado en esas situaciones, porque hay cámaras en los lugares más extraños. Les digo que tengan cuidado si no quieren que los vean en los noticieros”. ¿Será verdad? Es mentira, se trata de una maniobra de sus enemigos políticos según refiere, “un grupo que se juntaron, gente enferma que se pusieron de acuerdo en esa mentira que se difundió”. Y agrega: “Es una desgracia que esto se difundiera. Son todo informaciones falsas: nunca tendrían que haberse escrito, nunca tendrían que haberse ‘hackeado’ y nunca tendrían que haberse difundido”.

Pero un periodista de CNN, que luego los medios reportaron que su nombre es Jim Acosta, quiere insistir en el tema: “Ya que nos ataca, déjenos hacer una pregunta”. D.T. le dedica una despectiva mirada y le corta diciéndole: “Tú no, tú no. Tu medio es terrible. Cállate, cállate. No seas maleducado. No te voy a dar el turno de pregunta. Ustedes solo dicen noticias falsas”. Es el mismo de antes y será el mismo siempre. No es capaz de someterse al escrutinio de la prensa; no acepta contradicciones. Se anuncia un peligroso divorcio entre la Casa Blanca y los medios.

Continúa ahora y lanza una primera coz contra los servicios de inteligencia: “Creo que es muy triste cuando informes de Inteligencia se filtran a la prensa. Creo que es muy triste. Primero que nada, es ilegal. Creo que fue escandaloso, escandaloso que las agencias de inteligencia permitieran que saliese información que resultó ser falta, un bulo. Es vergonzoso y lo digo. Creo que es algo que la Alemania nazi habría hecho y hacía”.

Por supuesto que el tema del Obamacare tenía que aparecer en la conferencia de prensa. Y D. T. lo dice tranquilamente que será eliminado y sustituido por otro sin dar detalles sobre este sustituto. “Será hecho lo más rápido posible, en el mismo día, en la misma hora. Una cosa sustituida por otra”, agregando: “De hecho, al acabar con el ‘Obamacare’ estoy haciéndole un favor a los demócratas porque ha sido el peor disparate que pudieran haber hecho”.

Por fin tocó la joya mayor de la corona de su campaña, el colosal muro que levantará en la frontera sur de Estados Unidos, y lo aclara cuando una periodista le pregunta sobre la cerca: “No es una cerca. Es un muro”. Está impaciente para levantar la obra de arquitectura que le inmortalizará en la historia de Estados Unidos: “No quiero esperar un año y medio para hacer un acuerdo con México, pero ellos pagarán por el muro. Nos devolverán el dinero de cualquier modo. Acuérdense de este día. Tengo el máximo respecto por el pueblo de México y su Gobierno, pero las autoridades mexicanas no tienen culpa por la inmigración ilegal”.

Respeto al Gobierno de México. Respeto al pueblo de México. Los amo. (Sí, lo ha demostrado con todos esos calificativos que les ha dedicado a los mexicanos durante su campaña presidencial) Mucha gente de México trabaja para mí. Son fenomenales. El gobierno es genial. No los culpo por lo que ha sucedido. No los culpo por tratar de sacar ventaja de Estados Unidos. Me gustaría que nuestros políticos fuesen tan astutos”.

Pero es ese gobierno al que respeta tanto, quien tendrá que pagar por los costes del muro: “México, de alguna manera, y hay muchas, nos va a reembolsar el costo del muro. Va a pasar, ya sea mediante un impuesto o, más probablemente, un pago, va a pasar”.


En resumen: Nada nuevo, lo mismo y aún más preocupante, una hora perdida escuchando la transmisión televisiva de la conferencia de prensa donde habló Mr. Twitter.

jueves, 1 de diciembre de 2016

El Muro de Trump y México

Mario J. Viera




La frontera entre Estados Unidos y México se extiende 3.169 kilómetros (1.969 millas), cruzando desiertos, ríos, pueblos y ciudades desde el Pacífico hasta el Golfo de México.


El grito es poderoso: “¡Asegurar la frontera!”, y la razón “Impedir el paso de drogas, de criminales, de terroristas y de indeseables inmigrantes ilegales”. Razón que convence y tanto es, que Trump alcanzó el apoyo de millones por su propuesta nacionalista de levantar un enorme muro, más poderoso que el Muro de Berlín, tan grandioso como la Muralla China, para separar a México de los Estados California, Arizona, New Mexico y Texas.

Pero los mexicanos son duros de cabeza y se empeñan en cruzar la frontera para asentarse en las tierras de los americanos, para invadir esas tierras de Estados Unidos, una invasión, que se cree, se asemeja a la de los bárbaros que invadieron las fronteras del imperio romano y finalmente provocaron su caída, y por supuesto eso no se puede permitir ¡De ningún modo! La historia, el recuerdo ancestral que vive y pervive en el ánima de muchos buenos americanos, confirma que hay que protegerse de los extranjeros que invaden sus territorios, no sea que asentándose por millones lleguen a apoderarse de las tierras invadidas.

La Historia lo deja bien establecido y, sino, pregúntesele a los mismos mexicanos. ¡Ah, la historia! La historia es tan terca que se empeña ponernos ante los ojos algunas cosas que no podemos pasar por alto. Y nos habla la historia cuando México no era México, sino una provincia del Virreinato español de la Nueva España y como los mexicanos trataron de librarse del yugo español. Y la lucha por la independencia la inicia, según nos cuenta la historia, un cura ilustrado de la Parroquia de Dolores llamado Miguel Hidalgo. Hidalgo que conspiraba contra el virrey de la Nueva España es descubierto y, entonces, no le quedó otra opción, en su parroquia, convocó a los parroquianos, liberó a lo que estaban presos por sus ideas independistas y se apoderó de las armas de la guarnición local. Al siguiente día, el 16 de septiembre de 1810, Hidalgo ofició una misa colmada de seguidores e hizo el llamado a tomar las armas contra las fuerzas españolas, llamado que la historia recoge como el Grito de Dolores.
 
Fronteras del Virreinato de la Nueva España
¿Y qué pinta este relato con la idea del Muro de Trump? Nada, solo asociación de ideas, porque por aquellos años después del Grito de Dolores, apareció un hombre, un americano aventurero de nombre William Shaler, quien, por ser amigo del que era Secretario de Estado de los Estados Unidos, el Presidente James Madison le nombró agente confidencial y enviado a la Nueva España para observar o espiar, ¡da lo mismo!, cómo se desenvolvía en Veracruz la actividad insurgente. Y Shaler, hombre de iniciativas, conoció en Luisiana al mexicano Bernardo Gutiérrez de Lara y le aconsejó y le inspiró a lanzarse contra los españoles; y organizó el americano un ejército irregular con hombres de Estados Unidos para lanzar, junto a Gutiérrez de Lara, la llamada Expedición de Gutiérrez-Magee o Ejército Republicano del Norte, y muerto Magee, quien era el jefe militar de la expedición, el mando lo ocupó Samuel Kemper, y derrotó una expedición realista obligando al gobernador español en la provincia de Tejas a rendirse. Pero Bernardo Gutiérrez tenía sus ambiciones y se proclamó gobernador de la República de Texas y permitió que se ejecutara al gobernador español, lo que hizo que Kemper le abandonara, al final los realistas lograron aplastar al Ejército Republicano del Norte quedando Texas de nuevo bajo la soberanía virreinal. Conclusiones, quedaría estrictamente prohibida la entrada de cualquier estadounidense a la provincia novohispana de Tejas, es que no querían los novohispanos que hubiera en su territorio inmigrantes ilegales.

Pero Texas ya estaba en los propósitos expansionistas de Estados Unidos y un nuevo personaje haría su aparición a poco de alcanzar México su independencia, Joel Robert Poinsett un hombre bien diferente al filibustero Shaler. Poinsett sería el primer agente especial designado a México por el gobierno del presidente de Estados Unidos, James Monroe en 1822. Su misión: persuadir al gobierno imperial de Agustín de Iturbide y proponerle que le vendiera una gran cantidad de territorios del norte del primer Imperio Mexicano, de Texas, Nuevo México, Alta y Baja California, Sonora, Coahuila y Nuevo León, y firmar un tratado de amistad y comercio y un tratado de límites.

En 1825, Estados Unidos pretendía anexionar Texas por medio de su compra a México, ofreciendo inicialmente un pago de un millón de dólares y un año después hizo la puja hasta llegar a ofrecer un pago de cinco millones, propuestas ambas que México rechazaría. Durante el gobierno del presidente de México, Anastasio Bustamante, el Congreso mexicano aprobaría varias propuestas para asegurar sus fronteras, entre las que se incluían la exigencia de que Texas fuera poblada por españoles mexicanos y se construyeran fortines entre Texas y los Estados Unidos... ¡pero estas propuestas quedaron olvidadas ya en 1832!

Y comenzó la migración de americanos hacia el territorio mexicano de Texas impulsada por Moses Austin y con el apoyo del presidente Andrew Jackson que alentaría a su colaborador Samuel Houston a darle forma a aquella pacífica invasión. Y creció, y creció la colonia de americanos en Texas y se hicieron fuertes...

¿Qué hubiera ocurrido si México, en 1834, hubiera alzado un muro en su frontera norte como el que ahora propone Donald Trump construir en la frontera sur de Estados Unidos? ¿Qué habría sucedido si un presidente mexicano se hubiera decidido por criminalizar la inmigración ilegal y limitar la inmigración legal a su territorio norteño, como ahora se propone el presidente designado de Estados Unidos?

Cosas de la historia, probablemente Texas no se habría declarado independiente y Estados Unidos no la hubiera podido anexar. Un gran muro ¿podría haber impedido la invasión pacífica de los colonos americanos? Pero México no construyó el muro, ni limitó la inmigración, ni deportó a los inmigrantes ilegales y entonces hubo un El Álamo, y hubo un combate donde cae prisionero el caudillo mexicano Antonio López de Santa Anna en la batalla de San Jacinto y se ve obligado, estando prisionero, a firmar el 14 de mayo de 1836 el Tratado de Velasco por el que México reconocía de facto la independencia de Texas fijando como límite, entre Texas y México, el río Bravo y no el anterior fijado más al norte en el río Nueces. Y en 1845 Texas dejó de ser mexicano y se hizo estadounidense. Pero la franja comprendida entre el Nueces y el Bravo continuó siendo territorio reclamado por México y Estados Unidos, porque el Congreso de México no aceptaba los términos del Tratado de Velasco.
 
Franja entre Río Nueces y Río Bravo
¡Ah, caramba, México no aprendía la lección! Así, la Alta California iba recibiendo numerosos inmigrantes ilegales anglosajones desde 1819 e incrementándose después de 1823 y tratando de ordenar esa inmigración ilegal ¿qué hizo el gobierno mexicano? No desarrolló, como ahora ocurre en Estados Unidos, una fuerte campaña en contra de la inmigración ilegal, sino que dio nuevas concesiones de colonización, sin tomar en cuenta que Estados Unidos ya tenía puestos sus ojos en la Alta California. Luego de Texas, en octubre de 1895, James Knox Polk, conspiraba para anexar pacíficamente a la Alta California; sin embargo, los mexicanos seguían despreocupados o solo preocupados por los reclamos de la franja en disputa en Texas, y no vieron lo que les venía encima. Si México hubiera levantado un gran muro en lo que le quedaba de frontera en 1838, ¿cuál habría sido la historia? El problema es que en aquellos años a nadie se le ocurría construir muros gigantescos, ni nuevas murallas chinas.

Pero la cosa se pondría, como dicen los mexicanos, color de hormiga, cuando el presidente de Estados Unidos envió tropas a la zona disputada entre el río Nueces y el río Bravo y fuera esa tropa emboscada por fuerzas mexicanas el 25 de abril de 1846. Entonces Polk aprovechó el incidente y habló ante el Congreso de Estados Unidos proclamando: “Sangre estadounidense ha sido derramada en suelo estadounidense...” aunque no fuera en suelo de Estados Unidos sino en suelo en disputa por los Estados Unidos. El 13 de mayo de 1846, los Estados Unidos le declararon la guerra a México. Como se anota en Wikipedia, “México declaró la guerra diez días después, el 23 de mayo de 1846, enfrentando así una guerra para la que no estaba preparado ni económica, ni militarmente, teniendo un ejército que resultó no siempre equipado para el combate...”

El 14 de junio de 1846, en la ciudad de Sonoma, los conspiradores gringos de California se levantaron en motín proclamando el establecimiento de la República de California, la república del oso. Estados Unidos, finalmente derrotaría a las fuerzas mexicanas y le impondría a México el Tratado de Guadalupe Hidalgo, por el cual México le concedía a Estados Unidos el control sobre Texas, el territorio en disputa entre el río Nueces y el río Bravo y los territorios conocidos como Alta California y Santa Fe de Nuevo México, con lo que quedó bajo soberanía de Estados Unidos los territorios que hoy son los Estados de Arizona, California, Nevada, Utah, Nuevo México y partes de Colorado, Wyoming, Kansas y Oklahoma...


Entonces, parece ser que la historia justifica a Trump en su propósito de alzar un muro en la frontera sur de Estados Unidos y, así, evitar que los inmigrantes mexicanos se subleven y faciliten a la potencia tremenda de México la anexión de todos aquellos territorios que un día fueron de México... Precaución, eso es lo que pretende Trump y no caer en los descuidos del México de la mitad del siglo XIX y, de este modo, con el gran muro hacer a Estados Unidos más seguro y, sobre todo, hacer a Estados Unidos grande otra vez...