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domingo, 8 de julio de 2018

AMLO: ¿LA NUEVA REVOLUCIÓN MEXICANA?


Fernando Mires, Blog POLIS




Andrés Manuel López Obrador (AMLO) no es el Chávez mexicano sino un líder de izquierda-centro, uno de los tantos que hubo antes y que habrá después de Chávez. Pues imaginar una política sin izquierdas es tan absurdo como imaginar una sin derechas. El peligro es otro. El peligro es que en México estamos asistiendo a la implosión de todo un sistema político. Implosión que comenzó a tener lugar antes de la victoria de AMLO.

Ordenando la relación de factores, no fue la victoria de AMLO el hecho que provocó la implosión del sistema político, sino esto último llevó al ascenso de AMLO. Veamos los resultados. Ese 53% (record mexicano) obtenido sobre sus seguidores más inmediatos, el candidato continuista José Antonio Meade y el híbrido conservador Ricardo Amaya (candidato de derecha e izquierda a la vez) fue una victoria frente al vacío. Vacío de programa, vacío de política, vacío de todo. Frente a lo que esas candidaturas llegaron a representar, no solo AMLO, cualquier candidato que hubiera levantado una alternativa en contra de la corrupción, del gangsterismo estatal, de la delincuencia organizada por los partidos, habría podido vencer. Más todavía si ese candidato ha dado pruebas de seriedad (la alcaldía de de Ciudad de México fue administrada con relativa eficiencia por AMLO) virtud muy escasa en la clase política mexicana.

No, no se trata de una nueva derrota del PRI como cuando llegó a la presidencia Vicente Fox (2000). Se trata más bien de la relación de complicidad compartida entre el PRI y los demás partidos del sistema. De un sistema caracterizado, en lo fundamental, por una suerte de corporativismo político que durante largas décadas representó el PRI y después fuera ampliado hacia otros partidos como el PAN, y el propio PRD. Pues, hablando en términos polítológicos, lo que primaba en México era, en estricto sentido, una partidocracia. Ahora bien, en contra de esa partidocracia, hundida en los más turbios escándalos que es posible imaginar, levantó AMLO su candidatura. De ahí que, objetivamente, y haciendo abstracción de la retórica revolucionaria del nuevo presidente, su futuro gobierno aparece ante los ojos de muchos mexicanos como un factor de normalización y estabilidad.  Y AMLO como el hombre en condiciones de salvar la integridad de la política frente a la corrupción institucional y a la anomia social.

No sin cierta razón algunos publicistas han escrito que AMLO y su partido MORENA no solo encarnan un momento fundacional sino uno re-fundacional, vale decir, el de la fundación de un nuevo PRI. Pero las apariencias engañan. A pesar de todas las semejanzas que puedan existir entre el viejo PRI y el nuevo MORENA, hay dos grandes diferencias. La primera es que El PRI fundado por el militar Plutarco Elías Calle nació con el objetivo de institucionalizar – o cerrar ─ la revolución nacida en el 1910. MORENA en cambio, dicho con las propias palabras de AMLO, nació para comenzar una nueva revolución. Efectivamente, AMLO habla del inicio de una cuarta revolución: la de la Independencia (Hidalgo), la Gran Revolución (Madero) y la de la Reforma (Benito Juárez) son las tres primeras. La cuarta sería la revolución social de AMLO. Las tres primeras están unidas por dos características: en todas, las grandes masas escaparon a la conducción de sus líderes y todas, fueran sangrientas. Esperemos que la de AMLO, si de verdad hace una revolución, sea algo diferente. México es el país latinoamericano que más muertos ha entregado a sus grandes causas.

La segunda diferencia es que MORENA es el partido de AMLO, es decir, es propiedad de AMLO, fundado, organizado y liderado por AMLO. El PRI en cambio era una asociación de políticos y si alguna vez tuvo grandes líderes -Lázaro Cárdenas y Miguel Alemán entre otros- estos fueron siempre fieles a la línea de su partido. En cambio MORENA es solo fiel a la línea de AMLO. Sin AMLO no hay MORENA. MORENA es la prolongación de AMLO. En otras palabras, estamos asistiendo a un nuevo fenómeno: el fin del principio del corporativismo político y el comienzo del principio del caudillismo nacional. Porque, lo quiera o no, AMLO es un caudillo nacional.  Más nacional aún si se tiene en cuenta que México, como consecuencia de los insultos racistas de Trump y del oprobioso muro, arrastra el dolor de una profunda herida narcisista.

Gracias o por culpa de AMLO la política de México ha entrado en un proceso de sudamericanización. La “dictadura perfecta” (Vargas Llosa), sin caudillo, ha cedido el paso al caudillaje del líder. Desde ahora en adelante el gobierno de México será personal, personalista y personalizado. Si logra éxitos, el honor será para AMLO. Si fracasa, el fracaso será de AMLO.

El futuro dirá si AMLO utiliza el personalismo caudillista para reformar las instituciones y ampliar la sociedad civil o simplemente se convierte en un nuevo autócrata latinoamericano. Para ambas vías hay condiciones. Pero algunos indicios hablan a favor de la primera: México no es una isla como Cuba y una dictadura vecina a los EE UU no parece ser una posibilidad geopolíticamente realizable. El mismo AMLO, conocido por su pragmatismo, ha optado, en lo económico, por seguir dentro del TLCAN.  Además, el mismo sabe que si ganó ampliamente en los comicios del 2018, no fue por ser el “candidato del sur pobre y empobrecido” como lo fue en anteriores elecciones, sino por haber recibido el apoyo del norte próspero, empresarial e industrial. Por cierto, AMLO siempre será un presidente que aboga por la justicia social. Pero si entiende que no hay mayor justicia social que el mantenimiento y ampliación de las libertades políticas, podría tener ante sí un futuro auspicioso.  

Desde una perspectiva latinoamericana sería conveniente pensar las elecciones mexicanas en términos paralelos a las colombianas, las dos últimas que han tenido lugar en la región. Mientras en las colombianas la derecha-centro se impuso alrededor del candidato tecnócrata Duque al candidato de izquierda centro, Petro, en México ocurrió exactamente al revés: los dos candidatos tecnócratas de la centroderecha fueron derrotados ampliamente y sin apelaciones por el candidato de izquierda-centro. Dos direcciones no solo diferentes. Además, definitivamente opuestas. Así, mientras el centro fue ocupado en Colombia por la derecha, en México fue ocupado por la izquierda. Sin embargo, ambas elecciones tienen un punto en común. En las dos, más en México que en Colombia, quedó evidenciada la ausencia de un centro democrático y liberal, autónomo e independiente, en condiciones de ejercer hegemonía sobre ambos extremos.
Pero ¿no ha sido y es esa ausencia el gran vacío histórico de la política latinoamericana?

miércoles, 4 de julio de 2018

LOPEZ OBRADOR INSPIRA RECELOS



Mario J. Viera

Quizá el líder de Morena sea el tan ansiado mesías de los mexicanos, aquel que llegue al rescate de México y el demoledor de injusticias; ¡Quizá! Sin embargo, para cualquier observador no mexicano, la figura y la trayectoria política de López Obrador inspira recelos. Simbólico fue el gesto suyo de votar en estas elecciones no por sí mismo, sino por una activista de derechos humanos que siempre estuvo vinculada al Partido Comunista de México, me refiero a Rosario Ibarra de Piedra, quien se destacó por su enfrentamiento a los regímenes priistas de Gustavo Díaz Ordaz y Luis Echeverría y fundara en 1977 el Comité Pro Defensa de Presos, Perseguidos, Desaparecidos y Exiliados Políticos, también conocido como Comité ¡Eureka!, luego de que el 18 de abril de 1975, bajo el gobierno priista de Luis Echeverría, su hijo Jesús Piedra Ibarra, fuera secuestrado por razones políticas. El Comité fundado por Rosario Ibarra exigía, bajo la consigna de “¡Vivos se los llevaron, vivos los queremos!”, que el Estado presentara con vida a los desaparecidos políticos, consigna esta que ha sido retomadas por padres y familiares de los 43 jóvenes normalistas desaparecidos de Ayotzinapa en septiembre de 2014.

Como resultado de la lucha emprendida por Rosario Ibarra, en septiembre de 1978, bajo el gobierno priista de José López Portillo, se aprobó una ley de amnistía que puso en libertad a 1,500 presos políticos, permitiendo el regreso de 57 exiliados al país y el desistimiento de 2,000 órdenes de aprehensión.

Debe destacarse que durante el gobierno priista de Gustavo Díaz Ordaz (1964 – 1970) se produjo la que se conoció como masacre de Tlatelolco. Según un informe del Fiscal Especial para Movimientos Sociales y Políticos del Pasado (FEMOSPP), Dr. Ignacio Carrillo Prieto, librado el 26 de febrero de 2006, se detallaron los crímenes cometidos “durante las administraciones de Gustavo Díaz Ordaz (1964-1970), Luis Echeverría Álvarez (1970-1976) y José López Portillo (1976-1982). Durante esos sexenios, cientos de ciudadanos mexicanos - tanto civiles inocentes como militantes armados-fueron asesinados o "desaparecidos" por fuerzas militares y de seguridad. Miles más fueron torturados, ilegalmente detenidos, o sujetos a hostigamiento y vigilancia por parte de las autoridades”. En este informe “se constata que el Estado mexicano, a los más altos niveles de mando, impidió, criminalizó y combatió a diversos sectores de la población que se organizaron para exigir mayor participación democrática en las decisiones que les afectaban, y de aquellos que quisieron poner coto al autoritarismo, al patrimonialismo, a las estructuras de mediación y a la opresión. El combate que el Estado emprendió en contra de estos grupos nacionales –que se organizaron en los movimientos estudiantiles, y en la insurgencia popular- se salió del marco legal e incurrió en crímenes de lesa humanidad que culminaron en masacres, desapariciones forzadas, tortura sistemática, crímenes de guerra y genocidio –al intentar destruir a este sector de la sociedad al que consideró ideológicamente como su enemigo- [...] Los principales hechos que consideramos que deben ser esclarecidos, en respuesta a las demandas de la sociedad, es lo sucedido en torno al movimiento estudiantil de 1968 y las políticas de Estado que ocasionaron la represión del movimiento estudiantil, la suerte de los detenidos que fueron desaparecidos durante la llamada ‘guerra sucia’, el trato que recibieron los detenidos que fueron señalados de apoyar la guerrilla y las políticas de contrainsurgencia que siguió el Estado mexicano llegando, incluso, a la ejecución extrajudicial de detenidos, así como los delitos de lesa humanidad que instrumentó en contra de su propia población”.

No está de más destacar que esos crímenes cometidos durante esos gobiernos priistas, principalmente el caso de Tlatelolco, no solo nunca fueron condenados por el régimen de Fidel Castro en Cuba, sino que también fueron silenciados por la prensa oficialista del castrismo. Fidel Castro mantenía estrechísimas relaciones con los gobiernos del PRI.

Desde la época de Lázaro Cárdenas ha estado funcionando en México una especie muy a la mexicana del Estado Corporativo, influencia del fascismo italiano que intentaría calcar Fidel Castro al inicio de su hegemonía. Así el informe de la fiscalía que estamos analizando expresa: “En México, el movimiento social es mediatizado y corporativizado por el Estado. Los sectores campesino, obrero y popular son organizados como ‘estructuras de mediación’. La defensa legítima de los intereses de los trabajadores se penaliza en un ordenamiento legal que la criminaliza. Las organizaciones sociales que el Estado no logra mediatizar son tratadas como subversivas; sus líderes son encarcelados acusados de este nuevo delito o son eliminados selectivamente. La represión de que fueron objeto los sectores combativos, la huella de impotencia que estas organizaciones dejaron en sus agremiados por no defender sus intereses –ya sea porque fueron corrompidas o porque fueron reprimidas-, el descrédito de las organizaciones sociales que eliminaron a sus dirigentes más honestos y, los sindicatos del sector público y gubernamental que terminaron por corromper las propias organizaciones educativas o productivas o de servicios dieron como resultado un escenario de desencanto y desmovilización con un poder de organización independiente prácticamente nulo”.

El PRI constituyó una verdadera dictadura disfrazada de democracia, una “dictadura perfecta” como la denominara Mario Vargas Llosa en 1990 cuando en una conferencia de prensa en la ciudad de México expresara: "México es la dictadura perfecta. La dictadura perfecta no es el comunismo. No es la URSS. No es Fidel Castro. La dictadura perfecta es México".

El PRI, por otra parte, implementó los principios del neoliberalismo como teoría rectora de la economía nacional. Los resultados fueron un gran crecimiento industrial aliado a una elevada diferenciación social, haciendo de los ricos, más ricos y más empobrecidos a los de menos recursos. Es el capitalismo salvaje donde el patrón posee todos los derechos con merma de los derechos laborales. En este marco el poder político queda prisionero del poder económico, una forma de intervencionismo, no la del Estado en la economía, sino la de la economía en el Estado.

Cuando se conocen estos antecedentes de la política de México y sus agudas contradicciones sociales, nada puede resultar ilógico que una abrumadora mayoría de mexicanos le dieran su respaldo electoral a AMLO.

Otro de los personajes con los que se ha relacionado López Obrador es esa patética figura, caricatura ridícula de Mao y Ernesto Guevara, el Subcomandante Marcos; sin embargo, ambos ya se han distanciado desde el 2013, cuando López Obrador dijera: "Puede haber diferencias, que las hay. De parte nuestra te diría que no tenemos pleito con la dirección [del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN)]”; luego apuntó: “No tenemos pleito con la dirección del EZLN, pero ellos siempre dicen que sí hay problemas con nosotros”. Luego con fecha 15 de octubre de 2016, en un tuit López Obrador criticó al EZLN refiriéndose a la postulación de la dirigente indígena María de Jesús Patricio Martínez, Marichuy:

El EZLN en 2006: era "el huevo de la serpiente". Luego, muy "radicales" han llamado a no votar y ahora postularán candidata independiente.

La respuesta del subcomandante Galeano (antes Marcos) fue: “Si somos una creación del salinismo, si nuestra apuesta era dividir el voto, ¿por qué el innombrable malo no movió sus gentes para meter las firmas”.

Muchos de los que sienten recelos con respecto a AMLO ─ incluido yo mismo ─ están motivados por la idea de su supuesto chavismo. Sobre este tema, Adrián Espallargas, del diario El Confidencial señala:

“López Obrador, por mucho que se insista, no es Chávez, ni el México de 2018 es la Venezuela de hace veinte años. Los orígenes de estos carismáticos políticos latinoamericanos son diametralmente opuestos. Chávez era un militar totalmente desconocido para el público venezolano hasta que dio aquél fallido golpe de Estado en 1992. Tras ser indultado, ganó popularidad y se metió en política para arrasar en las elecciones de 1998. AMLO, en cambio, lleva casi cuatro décadas en política e incluso fue alcalde de la Ciudad de México durante cinco años, un pasado que permite radiografiar el tipo de gobernante que es.

“En sus cinco años como jefe de gobierno del entonces DF (ahora CDMX), López Obrador no se caracterizó por el despilfarro ni demonización de la empresa privada. De hecho, la inversión extranjera se mantuvo a niveles similares a anteriores y posteriores, mientras que la deuda creció un 26,3% entre 2000 y 2005, un aumento considerable pero dentro de unos límites normales. Es más, Moody’s y S&P daban calificación AAA a la deuda del DF, su nota más alta, en el último año de AMLO como alcalde. Y, para más inri, en 2004 fue elegido segundo mejor alcalde del mundo por la organización City Mayor, la misma que eligió a Iñaki Azkuna, fallecido edil de Bilbao, mejor alcalde en 2012.

Los programas sociales fueron el mayor logro de AMLO. Su gran éxito fue la creación de una pequeña pensión de para mayores de 70 años, una medida que al poco tiempo fue adoptada a nivel nacional. Dio ayudas a madres solteras y personas de bajos recursos. También hubo desarrollos de infraestructuras de transporte público, el Metrobús, y construcción de carreteras de peaje.

“Chávez y López Obrador, sin embargo, sí que guardan ciertas similitudes como su discurso dirigido a las clases menos pudientes. Primero, el continuo uso de figuras históricas para venerar un pasado glorioso. Para Chávez y Maduro, el héroe es Simón Bolívar. Para AMLO ese es Lázaro Cárdenas, quien en 1938 nacionalizó los activos petroleros en manos de empresas extranjeras y los dejó en manos de Pemex (...) AMLO no es un recién llegado a la política mexicana, pero se nutre de ese cansancio del pueblo con las élites para lograr al fin la victoria en su tercer asalto a Los Pinos, residencia oficial del presidente de México. Si no logra ganar los comicios, ya ha asegurado que se irá a La Chingada, nombre de su finca -y que en mexicano significa ‘irse a la mierda’-.”

No obstante, hay algo que me mantiene en alerta ante su futuro gobierno, y es aquella frase suya, dicha en el discurso de celebración, tras su victoria electoral; una frase que me recuerda un poco a la manera de pronunciarse Fidel Castro: Llamo a todos los mexicanos a no poner por encima los intereses personales por legítimos que sean. Hay que poner por encima el interés superior”. Este un eslogan propio del fascismo italiano. La renuncia a los interese personales ante los intereses de toda la sociedad. Y sí se es fiel a este concepto se puede llegar hasta el punto de negar los derechos individuales recogidos en la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

jueves, 1 de diciembre de 2016

El Muro de Trump y México

Mario J. Viera




La frontera entre Estados Unidos y México se extiende 3.169 kilómetros (1.969 millas), cruzando desiertos, ríos, pueblos y ciudades desde el Pacífico hasta el Golfo de México.


El grito es poderoso: “¡Asegurar la frontera!”, y la razón “Impedir el paso de drogas, de criminales, de terroristas y de indeseables inmigrantes ilegales”. Razón que convence y tanto es, que Trump alcanzó el apoyo de millones por su propuesta nacionalista de levantar un enorme muro, más poderoso que el Muro de Berlín, tan grandioso como la Muralla China, para separar a México de los Estados California, Arizona, New Mexico y Texas.

Pero los mexicanos son duros de cabeza y se empeñan en cruzar la frontera para asentarse en las tierras de los americanos, para invadir esas tierras de Estados Unidos, una invasión, que se cree, se asemeja a la de los bárbaros que invadieron las fronteras del imperio romano y finalmente provocaron su caída, y por supuesto eso no se puede permitir ¡De ningún modo! La historia, el recuerdo ancestral que vive y pervive en el ánima de muchos buenos americanos, confirma que hay que protegerse de los extranjeros que invaden sus territorios, no sea que asentándose por millones lleguen a apoderarse de las tierras invadidas.

La Historia lo deja bien establecido y, sino, pregúntesele a los mismos mexicanos. ¡Ah, la historia! La historia es tan terca que se empeña ponernos ante los ojos algunas cosas que no podemos pasar por alto. Y nos habla la historia cuando México no era México, sino una provincia del Virreinato español de la Nueva España y como los mexicanos trataron de librarse del yugo español. Y la lucha por la independencia la inicia, según nos cuenta la historia, un cura ilustrado de la Parroquia de Dolores llamado Miguel Hidalgo. Hidalgo que conspiraba contra el virrey de la Nueva España es descubierto y, entonces, no le quedó otra opción, en su parroquia, convocó a los parroquianos, liberó a lo que estaban presos por sus ideas independistas y se apoderó de las armas de la guarnición local. Al siguiente día, el 16 de septiembre de 1810, Hidalgo ofició una misa colmada de seguidores e hizo el llamado a tomar las armas contra las fuerzas españolas, llamado que la historia recoge como el Grito de Dolores.
 
Fronteras del Virreinato de la Nueva España
¿Y qué pinta este relato con la idea del Muro de Trump? Nada, solo asociación de ideas, porque por aquellos años después del Grito de Dolores, apareció un hombre, un americano aventurero de nombre William Shaler, quien, por ser amigo del que era Secretario de Estado de los Estados Unidos, el Presidente James Madison le nombró agente confidencial y enviado a la Nueva España para observar o espiar, ¡da lo mismo!, cómo se desenvolvía en Veracruz la actividad insurgente. Y Shaler, hombre de iniciativas, conoció en Luisiana al mexicano Bernardo Gutiérrez de Lara y le aconsejó y le inspiró a lanzarse contra los españoles; y organizó el americano un ejército irregular con hombres de Estados Unidos para lanzar, junto a Gutiérrez de Lara, la llamada Expedición de Gutiérrez-Magee o Ejército Republicano del Norte, y muerto Magee, quien era el jefe militar de la expedición, el mando lo ocupó Samuel Kemper, y derrotó una expedición realista obligando al gobernador español en la provincia de Tejas a rendirse. Pero Bernardo Gutiérrez tenía sus ambiciones y se proclamó gobernador de la República de Texas y permitió que se ejecutara al gobernador español, lo que hizo que Kemper le abandonara, al final los realistas lograron aplastar al Ejército Republicano del Norte quedando Texas de nuevo bajo la soberanía virreinal. Conclusiones, quedaría estrictamente prohibida la entrada de cualquier estadounidense a la provincia novohispana de Tejas, es que no querían los novohispanos que hubiera en su territorio inmigrantes ilegales.

Pero Texas ya estaba en los propósitos expansionistas de Estados Unidos y un nuevo personaje haría su aparición a poco de alcanzar México su independencia, Joel Robert Poinsett un hombre bien diferente al filibustero Shaler. Poinsett sería el primer agente especial designado a México por el gobierno del presidente de Estados Unidos, James Monroe en 1822. Su misión: persuadir al gobierno imperial de Agustín de Iturbide y proponerle que le vendiera una gran cantidad de territorios del norte del primer Imperio Mexicano, de Texas, Nuevo México, Alta y Baja California, Sonora, Coahuila y Nuevo León, y firmar un tratado de amistad y comercio y un tratado de límites.

En 1825, Estados Unidos pretendía anexionar Texas por medio de su compra a México, ofreciendo inicialmente un pago de un millón de dólares y un año después hizo la puja hasta llegar a ofrecer un pago de cinco millones, propuestas ambas que México rechazaría. Durante el gobierno del presidente de México, Anastasio Bustamante, el Congreso mexicano aprobaría varias propuestas para asegurar sus fronteras, entre las que se incluían la exigencia de que Texas fuera poblada por españoles mexicanos y se construyeran fortines entre Texas y los Estados Unidos... ¡pero estas propuestas quedaron olvidadas ya en 1832!

Y comenzó la migración de americanos hacia el territorio mexicano de Texas impulsada por Moses Austin y con el apoyo del presidente Andrew Jackson que alentaría a su colaborador Samuel Houston a darle forma a aquella pacífica invasión. Y creció, y creció la colonia de americanos en Texas y se hicieron fuertes...

¿Qué hubiera ocurrido si México, en 1834, hubiera alzado un muro en su frontera norte como el que ahora propone Donald Trump construir en la frontera sur de Estados Unidos? ¿Qué habría sucedido si un presidente mexicano se hubiera decidido por criminalizar la inmigración ilegal y limitar la inmigración legal a su territorio norteño, como ahora se propone el presidente designado de Estados Unidos?

Cosas de la historia, probablemente Texas no se habría declarado independiente y Estados Unidos no la hubiera podido anexar. Un gran muro ¿podría haber impedido la invasión pacífica de los colonos americanos? Pero México no construyó el muro, ni limitó la inmigración, ni deportó a los inmigrantes ilegales y entonces hubo un El Álamo, y hubo un combate donde cae prisionero el caudillo mexicano Antonio López de Santa Anna en la batalla de San Jacinto y se ve obligado, estando prisionero, a firmar el 14 de mayo de 1836 el Tratado de Velasco por el que México reconocía de facto la independencia de Texas fijando como límite, entre Texas y México, el río Bravo y no el anterior fijado más al norte en el río Nueces. Y en 1845 Texas dejó de ser mexicano y se hizo estadounidense. Pero la franja comprendida entre el Nueces y el Bravo continuó siendo territorio reclamado por México y Estados Unidos, porque el Congreso de México no aceptaba los términos del Tratado de Velasco.
 
Franja entre Río Nueces y Río Bravo
¡Ah, caramba, México no aprendía la lección! Así, la Alta California iba recibiendo numerosos inmigrantes ilegales anglosajones desde 1819 e incrementándose después de 1823 y tratando de ordenar esa inmigración ilegal ¿qué hizo el gobierno mexicano? No desarrolló, como ahora ocurre en Estados Unidos, una fuerte campaña en contra de la inmigración ilegal, sino que dio nuevas concesiones de colonización, sin tomar en cuenta que Estados Unidos ya tenía puestos sus ojos en la Alta California. Luego de Texas, en octubre de 1895, James Knox Polk, conspiraba para anexar pacíficamente a la Alta California; sin embargo, los mexicanos seguían despreocupados o solo preocupados por los reclamos de la franja en disputa en Texas, y no vieron lo que les venía encima. Si México hubiera levantado un gran muro en lo que le quedaba de frontera en 1838, ¿cuál habría sido la historia? El problema es que en aquellos años a nadie se le ocurría construir muros gigantescos, ni nuevas murallas chinas.

Pero la cosa se pondría, como dicen los mexicanos, color de hormiga, cuando el presidente de Estados Unidos envió tropas a la zona disputada entre el río Nueces y el río Bravo y fuera esa tropa emboscada por fuerzas mexicanas el 25 de abril de 1846. Entonces Polk aprovechó el incidente y habló ante el Congreso de Estados Unidos proclamando: “Sangre estadounidense ha sido derramada en suelo estadounidense...” aunque no fuera en suelo de Estados Unidos sino en suelo en disputa por los Estados Unidos. El 13 de mayo de 1846, los Estados Unidos le declararon la guerra a México. Como se anota en Wikipedia, “México declaró la guerra diez días después, el 23 de mayo de 1846, enfrentando así una guerra para la que no estaba preparado ni económica, ni militarmente, teniendo un ejército que resultó no siempre equipado para el combate...”

El 14 de junio de 1846, en la ciudad de Sonoma, los conspiradores gringos de California se levantaron en motín proclamando el establecimiento de la República de California, la república del oso. Estados Unidos, finalmente derrotaría a las fuerzas mexicanas y le impondría a México el Tratado de Guadalupe Hidalgo, por el cual México le concedía a Estados Unidos el control sobre Texas, el territorio en disputa entre el río Nueces y el río Bravo y los territorios conocidos como Alta California y Santa Fe de Nuevo México, con lo que quedó bajo soberanía de Estados Unidos los territorios que hoy son los Estados de Arizona, California, Nevada, Utah, Nuevo México y partes de Colorado, Wyoming, Kansas y Oklahoma...


Entonces, parece ser que la historia justifica a Trump en su propósito de alzar un muro en la frontera sur de Estados Unidos y, así, evitar que los inmigrantes mexicanos se subleven y faciliten a la potencia tremenda de México la anexión de todos aquellos territorios que un día fueron de México... Precaución, eso es lo que pretende Trump y no caer en los descuidos del México de la mitad del siglo XIX y, de este modo, con el gran muro hacer a Estados Unidos más seguro y, sobre todo, hacer a Estados Unidos grande otra vez... 

martes, 16 de septiembre de 2014

De rondón en el Gabacho

Mario J. Viera

El que ahora es un tema político más que manoseado en los Estados Unidos es, a no dudarlo, la reforma migratoria. Sí, se ha convertido en un estira y encoje entre los republicanos y los demócratas en la defensa de sus particulares opiniones. Todos, sin excepción, se declaran partidarios de la reforma; pero cada uno con sus muy propios matices, y, por tanto, sin llegar a un acuerdo definitivo. De este modo, la tan cacareada reforma migratoria  parece que finalmente terminará en el limbo de la legalidad. Allí donde mueren las esperanzas y existe el clamor y el crujir de dientes.

Sin embargo el asunto (la “inmigración ilegal”, “no ilegal”, sino, mejor usar el eufemismo “indocumentada” que, en definitiva y simplemente es furtiva o, según el término gubernamental, illegal alien) se va más allá de los debates y confrontaciones entre las cámaras alta y baja del Congreso y entre el Congreso y la Casa Blanca, para convertirse en debate nacional o cuasi nacional y casi casi en un conflicto étnico de enfrentamiento entre hispanos y anglos, como al menos así algunos activistas pro reforma migratoria parecen insinuarle.

Cuando por boca de organizaciones, como Fraternidad Americana, Consejo Nacional de la  Raza, Mujeres Pro reforma Migratoria y muchas otras de semejante carácter, se habla de inmigración furtiva, se piensa solo en la inmigración ilegal proveniente de Hispanoamérica. Nada se dice y nadie piensa en inmigrantes indocumentados e ilegales de Europa, de Asia y de África, solo se piensa en “hispanos”; y cuando se habla de hispanos, al menos por el clamor de las organizaciones mencionadas, se está pensando en mexicanos.

Ciertamente la mayor comunidad de inmigrantes furtivos hacia los Estados Unidos proviene de México, de ahí que los republicanos exigen que antes de hablar de reforma hay que “asegurar” la frontera sur.

¿Cuántos millones de mexicanos se encuentran viviendo en las sombras dentro del Gabacho, como ellos despectivamente denominan al país a donde, a riesgo de sus propias vidas, viajando en el tren terrible llamado “La Bestia”, cruzando a nado el Rio Bravo, atravesando los desiertos de Nuevo México y Arizona, desangrándose en manos de la delincuencia organizada de coyotes y polleros, intentan emigrar?

Ciertamente son muchos. Se calcula (Pew Hispanic Center) que en 2012 el 52 % de inmigrantes furtivos en Estados Unidos provenían de México. En 1996 se calculaba en aproximadamente 2 700 000 los inmigrantes ilegales o indocumentados mexicanos presentes en Estados Unidos.

Según esta misma organización en marzo de 2006 la “población no autorizada” era de 11.5 a 12 millones. En este informe de 2006, se establecía una población de inmigrantes ilegales provenientes de México en 6,2 millones o el 56% de todos los inmigrantes ilegales en Estados Unidos.

Procedentes de la América Latina, principalmente de Centro América, los inmigrantes ilegales alcanzaron una cifra de alrededor de 2,5 millones, para constituir el 22% de todos los inmigrantes ilegales.

De acuerdo con datos oficiales del Gobierno de los Estados Unidos en el 2009, el 62 % de los inmigrantes ilegales en Estados Unidos procedía de México para un total aproximado de 6 millones 650 mil. Procedentes de Centro América se contabilizó aproximadamente en 1 millón 42 mil, para un 12% del total de inmigrantes indocumentados.

Según el Departamento de Seguridad Nacional en el 2012 se hicieron ciudadanas de Estados Unidos 757,434 personas. Provenientes de América Latina y España un total de 298,326, lo que significa que un 39.38 por ciento de los naturalizados eran de origen hispano. De ellos 102,181 mexicanos alcanzaron la ciudadanía estadounidenses; es decir el 34.25%. Los cinco países que más ciudadanos hispanos aportaron al tejido estadounidense en 2012 son México (102,181 naturalizados), Republica Dominicana (33,351), Cuba (31,244), Colombia (23,972) y El Salvador (16,685).

La comunidad hispana en Estados Unidos es numerosa, se calcula que asciende a 50.5 millones de residentes (13% del total), con fuerte presencia en estados como Nuevo México (46.3%), California (37.6%), Texas (37.6%), Arizona (29,6%), Nevada (26,5%), Florida (22.5%), Colorado (20.7%). Sin embargo la comunidad hispana es políticamente débil, pues gran parte de sus miembros no se naturalizan como ciudadanos de Estados Unidos debido a las barreras idiomáticas y a los altos costos que representa económicamente el proceso de naturalización.

En los últimos comicios presidenciales solo el 24% (12.2 millones) de todos los hispanos ejercieron el derecho al voto; o si se compara con el total de hispanos con derecho al voto que, de acuerdo con el Centro Pew Hispano, es superior a los 21.7 millones, su participación fue del 56.2%.

En general y según considera la Asociación Nacional de Funcionarios Latinos Designados y Electos hay un gran problema de participación política en la comunidad latina. Ya sea por falta de leyes que promuevan el acceso al voto de las minorías o por falta de interés de los hispanos por salir a votar. Realmente esta última razón es la determinante en la participación del voto hispano, poco interés en ejercer el derecho al voto. Aquí radica la principal debilidad de toda la comunidad hispana.

¿Y el tema migratorio? Quizá los más interesados sean, precisamente, aquellos que no pueden ejercer el voto, los propios indocumentados o inmigrantes furtivos y principalmente aquellos de origen mexicano. Entre los votantes hispanos el tema de la inmigración no tiene un peso significativo dentro de sus prioridades electorales. Efectivamente en un sondeo realizado por Fox News Latino con vistas a las elecciones de 2012 se estableció que el 48% de los posibles votantes latinos consideró la economía como el asunto más importante que definiría su voto, mientras que sólo el 6% aseguraron que votaría en función del asunto migratorio. La inmigración se colocó en el quinto lugar de prioridades, detrás de preocupaciones como la economía (14%), la educación (11%), y los asuntos sociales (8%), mientras que la seguridad nacional y la defensa fueron mencionadas en sexto lugar, con un 5%.

Estas prioridades no difieren significativamente con los resultados de una encuesta realizada en abril de 2014 por el Public Religion Research Institute y The Brookings Institution, según los datos obtenidos, las prioridades en orden de importancia fueron: 1) empleos, 2) atención médica y déficit presupuestario, 3) valores morales, 4) inmigración y 5) cambio climático.  

Resulta patético escuchar las alegaciones de algunas organizaciones “pro inmigrantes” ilegales (principalmente de mexicanos). Unos dicen que esos inmigrantes han llegado para fortalecer la economía americana; otros dicen que aquellos que se oponen a una reforma integral de inmigración o aquellos que no son lo suficiente cálidos a favor de la misma están en contra de “nuestra comunidad”; muchos alegan que Estados Unidos es tierra de inmigrantes y hasta denominan al presidente Barack Obama como “deportador en jefe”.

Vemos muchas manifestaciones reclamando, más bien, exigiendo que se legalicen los indocumentados ─ los inmigrantes furtivos ─, y lo reclaman alegando que es su derecho, su derecho humano. Así se desfila en fechas significativas del comunismo como es la del Primero de Mayo o se presentan filmes como “Un día sin mexicanos”, o se organizan boicots en algunos estados. Todo un movimiento de reclamo en tierra extranjera.

Estados Unidos, ciertamente, es un país de inmigrantes, como lo han sido en sus inicios todos los países del continente. Estados Unidos es la meta ambicionada para todos los desesperados del mundo que sufren la agonía de sus economías. La miseria presente en muchas regiones de América Latina, en pueblos empobrecidos, sin adecuada asistencia médica, sin presencia de escuelas, con altos índices de desempleo y con empleos con paupérrimos salarios, unido a la violencia, al crecimiento de la delincuencia organizada junto a una escandalosa corrupción administrativa, impone a los más necesitados huir de sus países en busca de una considerable mejoría en sus condiciones de vida, y huyen ¿hacia dónde?, hacia los Estados Unidos, país con el que no sienten particular simpatía en la generalidad de los que en él buscan refugio.

Por supuesto a gobiernos como el de México, El Salvador, Honduras y Guatemala, la emigración masiva de sus países les conviene, les quita presión social, le reportan un buen ingreso de divisas provenientes de las remesas familiares de sus migrantes. En estos países existen cuatro industrias megamillonarias: el narcotráfico, los secuestros, el contrabando humano y las remesas desde el exterior. Realmente cuando en un país sus ciudadanos emigran masiva es porque existe en ese país un grave problema de gobernabilidad.

Llegan a arañar la tierra, a conseguirse un dólar a como sea, a reunir un poco para enviarlo a sus familias dejadas atrás en sus tierras y sin el menor esfuerzo para identificarse con los patrones de conducta, creencias y hábitos de la sociedad donde, de modo solapado, se han insertado. La gran mayoría de los que aquí llegan poseen bajos índices académicos y sin dominio del inglés obligándose a emplearse en trabajos de bajas calificaciones.

Estados Unidos es un país de leyes. Esto se repite hasta hacerse una frase trillada, pero es verdad, y el Ejecutivo de este país, como se supone para el Ejecutivo de cualquier otro país, está obligado, en primer lugar, a cumplir las leyes; en segundo lugar, a hacerlas cumplir. Entre otras leyes que un presidente de Estados Unidos está obligado a hacer cumplir, están las de inmigración que ordenan deportar a los que de modo ilegal han entrado al país.

De acuerdo con cifras divulgadas por la BBC (26 de marzo de 2014), en 2013 fueron deportadas 368.644 personas. Unos 133.000 deportados fueron aprehendidos en el interior del territorio estadounidense en tanto que 235.000 fueron detenciones en la frontera con México. Más de la mitad de los deportados, el 59% o un total de 216.810 estaban condenados por  un delito (crimen) anterior. La mayor parte de los deportados en ese año fueron los mexicanos con un total de 241. 493; guatemaltecos 47.769 y hondureños 37.049.

México no es Cuba, ni mucho menos Corea del Norte, donde se reprimen las manifestaciones de protestas, donde no existe prensa independiente del Estado, donde están ilegalizados los partidos de oposición y solo domina un poderoso Partido-Estado, que reprime con prisión y golpizas cualquier manifestación disidente.

Si con el mismo entusiasmo que los mexicanos exigen un derecho que no les corresponde en los Estados Unidos, en el Gabacho, exigieran en su país mejores condiciones de vida, mejores salarios, más oportunidades de prosperidad, eliminación de la corrupción en todas las estancias gubernamentales y judiciales, lucha efectiva contra la delincuencia organizada y la violencia, haciendo uso de las protestas masivas, agrupándose dentro de organizaciones que se creen para impulsar estos reclamos, exigiéndoles a los políticos locales con el ejercicio del voto, impulsando fuertes campañas a favor de las demandas sociales; exigiendo que desaparezcan las condiciones socio-económicas que incentivan a la emigración, quizá, tal vez, los mexicanos no se vean forzados a escapar de su país huyendo de la miseria, ni tener que entrar de rondón en el gabacho para vivir en un mundo de sombras y, entonces sí y solo así podrán proclamar su chovinismo gritando: “¡Viva México!”, “¡Como México no hay dos!” y puedan lanzar su eterna consigna de “¡Sí se puede!”.


No olviden que en México no está instaurado un régimen totalitario, aunque la democracia allí, todavía le falta mucho para ser una verdadera democracia. Allí pueden luchar sin necesidad de hacer reclamos en el Gabacho, en Gringolandia. 

viernes, 1 de marzo de 2013

El golpe de México contra “la maestra”


Andrés Oppenheimer
Elba Esther Gordillo "La Maestra"

CIUDAD DE MEXICO -- Esta puede ser una semana histórica para México. Después de décadas en que varios gobiernos trataron sin éxito de modernizar la educación pública, el presidente Enrique Peña Nieto ha puesto detrás de las rejas a la todopoderosa lideresa sindical Elba Esther Gordillo, más conocida como “la maestra”, y ─ más importante aún ─ firmó una enmienda constitucional que permitirá reformas claves a la educación en el país.

La reforma constitucional para la reforma educativa firmada por Peña Nieto, que había sido aprobada en el congreso por los tres principales partidos políticos de México a pesar del rechazo de Gordillo y su poderoso Sindicato de Trabajadores de la Educación (SNTE), aún debe ser regulada por el Congreso mediante una “ley secundaria” que debe ser aprobada en los próximos seis meses.

Pero a juzgar por lo que vi durante una visita a México esta semana, aunque existe el riesgo de que el Congreso apruebe una “ley secundaria” diluida, el arresto de Gordillo bajo cargos de corrupción – y las acusaciones de que entre otras cosas “la maestra” habría gastado alrededor de 3 millones de dólares en compras en Neiman Marcus, una de las tiendas más caras de Estados Unidos – hará más fácil que el Congreso apruebe una ley efectiva.

La reforma constitucional establece, entre otras cosas, que se deberán hacer evaluaciones obligatorias a todos los maestros, y que las contrataciones y promociones de los docentes deberán estar sujetas a estas evaluaciones. Lo que es más, permite que los maestros mal evaluados puedan ser despedidos, algo a lo que el SNTE se ha opuesto con uñas y dientes.

Hasta ahora, el SNTE, que cuenta con 1,7 millones de afiliados y es el sindicato más grande de Latinoamérica, de hecho decidía quién podía ser contratado como maestro. Gracias al poder político del sindicato — que tiene incluso un partido político, con senadores y diputados — los maestros de México no podían ser despedidos por más que no fueran a dar clases, o no estuvieran capacitados para hacerlo.

Todo esto ha llevado a un deterioro de la calidad educativa, y a una corrupción rampante. En evaluaciones voluntarias de maestros llevadas a cabo en los últimos años, más de la mitad de los docentes reprobaron la prueba. Y la venta de plazas ─ la práctica por la cual aspirantes no calificados compran puestos de maestros vitalicios por unos $10,000 dólares ─ es una práctica aún vigente, tal como la propia Gordillo me admitió en una entrevista en el 2010.

Como resultado de este perverso sistema educativo, México sale mal parado en los exámenes internacionales PISA para estudiantes de 15 años. En el último test PISA realizado en 2009, México salió en el puesto 51 entre 65 países (aunque, Brasil, Colombia y Argentina ocuparon puestos aún más bajos en la tabla).

Cuando le pregunté al jefe de gabinete del presidente, Aurelio Nuño, en una entrevista en el palacio presidencial pocas horas antes del arresto de Gordillo si no hay un riesgo de que el mandato constitucional sea diluido en el congreso cuando se dicte la “ley secundaria”, meneó la cabeza como diciendo “de ninguna manera”.

Según Nuño, es en el interés del gobierno de que la reforma educativa se implemente, porque la aprobación de una reforma educativa efectiva le hará más fácil a Peña Nieto hacer aprobar sus proyectos de reformas de telecomunicaciones, y energética. Cuando se logra una reforma, se hace más fácil aprobar la próxima, me aseguró.

Preguntado sobre el arresto de Gordillo, David Calderón, director de Mexicanos Primero, un grupo cívico no partidario que ha luchado por la educación de calidad, me dijo que podría facilitar la aprobación de una “ley secundaria” efectiva. Las presuntas pruebas de corrupción masiva en el SNTE harán más difícil para muchos congresistas defender al sindicato, argumentó.

Mi opinión: Aunque el arresto de Gordillo generó los titulares más grandes, la prueba de fuego más importante para la futura prosperidad de México será si el Congreso aprueba una “ley secundaria” efectiva para implementar con vigor la reforma educativa. Eso ayudaría a reducir la pobreza, al darle a los pobres una educación de calidad que les permitiría acceder a mejores empleos, y además, ayudaría a México a ser un país más competitivo, y más próspero.

El SNTE tiene razón cuando dice que los maestros mal evaluados deben tener la oportunidad de recibir capacitación, y de dar un segundo – y quizás tercer – examen evaluatorio. Pero si ese proceso toma diez o quince años, o se hace infinito, como pretende el sindicato, la reforma constitucional será apenas un texto inspiracional.

La verdadera batalla por la reforma educativa en México recién empieza. Si la “ley secundaria” que debatirá el congreso en los próximos seis meses refleja la letra y el espíritu de la reforma constitucional, como parece factible ahora, sin duda esta semana puede terminar siendo histórica para México.

 

lunes, 28 de noviembre de 2011

¿Se contagió Felipe Calderón con su amigo Rafael Correa?

Mario J. Viera

Parece que sí. Calderón sostiene las mejores relaciones con su homólogo ecuatoriano. Simpatiza con él en algunos temas como el de dar apoyo a la idea de la creación del CELAC, la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños tan acariciada por los socios del Socialismo del Siglo XXI. Aunque no ha sido el único que cediera ante el chovinismo subcontinental, pues a los gobiernos de la ALBA se unieron todos los países latinoamericanos y caribeños.
Calderón se colocó del lado de Correa en el conflicto con Colombia con motivo del ataque colombiano en contra del campamento cómodamente instalado en Ecuador de Luis Edgar Devia, alias "Raúl Reyes". Calderón se había sentido conmovido porque en el operativo colombiano habían resultado muertos cuatro mexicanos afiliados a las FARC y herida una importante colaboradora mexicana de esa organización terrorista.
Este conflicto ─ expresó Calderón durante una visita amistosa que hiciera Correa a México en abril de 2008 ─ ha resultado particularmente doloroso para México porque en estos hechos han muerto cuatro mexicanos y una más resultó herida... No hay tragedia más grande que perder a un hijo, por ello reitero mis condolencias a los familiares de los jóvenes que perdieron la vida y el Gobierno mexicano hace suya la exigencia de justicia”.
Calderón junto a su retórica con marcado acento antinorteamericano ha encontrado puntos de acercamiento con la tiranía de los Castro. En diciembre de 2008, según él mismo dijera, le quedó muy buena impresión su encuentro con Raúl Castro en Salvador de Bahía, Brasil, lo que sería indicativo de que se abrirían “avenidas muy importantes de colaboración y cooperación” con la dictadura isleña; pero no solo eso, habló en contra del embargo que Estados Unidos aplica al régimen castrista pidiendo que se levantara el “bloqueo”, tal como los Castro definen al embargo: “Y nuestro rechazo al bloqueo, tampoco quedó fuera el tema de la preocupación y la de muchos mexicanos sobre la vigencia y el respeto pleno a los Derechos Humanos en Cuba y en cualquier otra nación del mundo”. La violación de los derechos humanos en Cuba parece que Calderón la entiende como resultado del “bloqueo” y no como una política de estado de los usurpadores del poder en Cuba.
Durante la cordial visita de Correa a México, el sanguíneo presidente ecuatoriano bromeó amigablemente con calderón y esbozó las coincidencias personales que les unía a ambos. Correa dijo entonces: “Más allá de presuntas divergencias ideológicas hemos descubierto que tenemos mucho en común con el presidente Calderón, la misma edad, tal vez somos representantes de una nueva generación de dirigentes en América Latina, hermosas esposas, tres hijos, el último de la misma edad, afición por el ciclismo, por la guitarra, afición por la música Latinoamericana, sólo le falta ser socialista, no perdemos las esperanzas, ser de derecha ya pasó de moda en América Latina, véngase, bienvenido siempre
Pero estas no son sus únicas coincidencias, aparte de la que encontró Calderón durante la Cumbre Iberoamericana celebrada en Asunción de Paraguay. “Coincido ─ había dicho Calderón ─ con Rafael Correa en que el abuso de la libertad, sobre todo de la libertad de expresión, lleva a extremos que son exacerbaciones molestas, ofensivas, difamatorias”, aunque luego matizó el tema diciendo que “entre el dilema de la libertad usada en exceso, que llega al abuso, y el dilema de la libertad que se restringe para evitar que se llegue al abuso, nosotros hemos optado totalmente por la libertad”. ¿Cierto?
Parece que no y que Calderón coincide con Correa amenazando a quienes le critican. Esto quizá lo conocerá el abogado mexicano de derechos humanos, Netzai Sandoval a quien, junto a un grupo de periodistas, académicos e intelectuales, se le ocurrió presentar ante la fiscalía de la Corte Penal Internacional (CPI) una querella en la que solicita se abra una investigación en las muertes de 45 mil personas a manos de los militares y narcotraficantes. “Queremos que el fiscal nos diga si se han cometido crímenes de guerra y crímenes de lesa humanidad en México y si el presidente y otros altos funcionarios son responsables” había afirmado Sandoval.
La querella fue presentada el pasado viernes ante la CPI acompañada con la firma de 23,000 ciudadanos mexicanos. Entre los implicados en la querella se menciona al presidente de México y el narcotraficante Nacho Guzmán.
En el mejor estilo correista, la Oficina de la Presidencia mexicana amenazó con proceder legalmente contra los peticionarios. En un comunicado dado a conocer este lunes 11 de noviembre se dijo:El Gobierno explora las alternativas para proceder legalmente contra las personas que las promueven en distintos foros e instancias nacionales e internacionales” al considerar la querella como “imputaciones falsas y calumniosas”.
Como su gobierno es tan democrático, la Presidencia de México consideró absurdo igualar su accionar en la lucha contra el narcotráfico “con delitos de lesa humanidad que son cometidos por Estados autoritarios, orientados al exterminio de una población por razones étnicas, religiosas o políticas”.
México formalmente es una democracia, pero el elevadísimo grado de corrupción que permea a políticos, jueces, funcionarios, policías y ejército daña gravemente la credibilidad de las libertades públicas que se pregonan “como pocas naciones en desarrollo” pudieran tener.
Si Calderón ha optado por la libertad, como afirmara en Paraguay, nada debe temer de una querella impulsada por un elevado número de mexicanos y mucho menos amenazar con acciones legales en contra de los querellantes como haría cualquier Estado autoritario al estilo de Castro, Chávez o Correa.
Vale la pregunta: ¿Se habrá contagiado Felipe Calderón con su amigo Rafael Correa?

martes, 11 de octubre de 2011

México y los Estados Fallidos

Carlos Alberto Montaner

Corrupción en Oaxaca. Foto withquietintentions'
(CNN Español) El presidente Felipe Calderón está empeñado en liquidar a los cárteles mexicanos de la droga. Parece que una parte sustancial de sus compatriotas no está feliz con esa política. Le temen a la crueldad sin límites de los mafiosos y a la complicidad de las fuerzas del orden público. En México circula, como amargo chiste, el diálogo siguiente:

- Me han robado, auxilio, me han robado –grita una anciana aterrorizada.
- ¡Cállese, por Dios, señora, que la puede oír un policía! –le contesta una persona que pasaba por la calle.

No se trata de que los mexicanos estén a favor de los delincuentes, sino de que, a lo largo de muchas décadas, perdieron la fe en el Estado como consecuencia del comportamiento de los gobernantes. Donde desvalijar los presupuestos, exigir comisiones, cobrar coimas y comprar jueces, fiscales y agentes de la ley ha sido la norma casi desde la fundación de la República, pero mucho más a partir de la revolución mexicana de 1910, nadie debe extrañarse de que la sociedad no vea que sus intereses se reflejan en el Estado.

Más aún: la sociedad, en su conjunto, aprendió a sobrevivir en ese medio podrido y agregó la corrupción a sus costos de transacción. Casi nadie se hacía ilusiones con el discurso sobre los recios valores republicanos de igualdad ante la ley y sujeción a las instituciones. Todo eso era pura palabrería que se escuchaba el día de la patria con una actitud cínica y sin la menor credulidad. Se daba por sentado que los políticos robaban, que los jueces vendían sus sentencias y los policías y funcionarios daban “mordidas” para completar sus magros salarios. El estado era un asco, pero se aprendía a chapotear en medio de la inmundicia y era posible alcanzar modos de vida agradables. Pese a todo, México era, en muchos aspectos, un gran país. Un gran país con un Estado pésimo.

Ha habido, claro, gobernantes honrados. Creo que Calderón lo es, como también lo fueron Ernesto Zedillo y Vicente Fox, pero la probidad del Presidente no es suficiente para equilibrar la inercia de las peores tradiciones del sector público y de la sociedad civil. Es muy simple: un gobernante no puede elegir cuáles delitos se combaten a sangre y fuego y cuáles se ignoran.

La sociedad civil, acostumbrada a convivir con la corrupción y a ser parte de ella, no agradece que, súbitamente, el Estado se dedique a tratar de destruir a las feroces mafias de la droga –que también lo son de la extorsión, la prostitución y cualquier actividad delictiva que genere beneficios—, porque estos asesinos son capaces de hacerle mucho daño. La gente de a pie, sencillamente, no quiere morir en medio del fuego cruzado. Prefiere hacerse de la vista larga e ignorar al mafioso que trafica con cocaína, como ignora los robos del gobernador que saquea las arcas públicas. No es posible tener una sensibilidad selectiva ante los delitos. Ahí está el detalle, solía decir Cantinflas.

miércoles, 7 de septiembre de 2011

El narcoterrorismo en México

Cuatro propuestas para México
Jorge Ramos


Monterrey – Esperaba violencia en México y eso es exactamente lo que tenía frente a mis ojos. Un militar tenía el dedo en el gatillo de una ametralladora y estaba apuntando directamente al auto en que yo viajaba con un chofer y otro periodista de Univision, Porfirio Patiño. Cualquier cosa podía pasar. Terminaré siendo otra cifra más, pensé, uno más de los 50 mil muertos.

Otros dos militares nos rodearon con las manos en sus armas y a gritos nos obligaron a detenernos. Apenas dos horas antes habíamos circulado por el mismo lugar sin problemas. Era de noche, estaba lloviendo, no había nadie más en la calle. Porfirio y el chofer subieron las manos y yo, en la parte de atrás del coche, dejé de respirar para no moverme. Finalmente, constataron que éramos periodistas y nos regresaron a punta de un fusil por dónde veníamos, sin ninguna explicación.

Estos nerviosos militares eran parte del contingente de tres mil soldados y policías federales que inundaron Monterrey tras la masacre de 52 personas en el Casino Royale. Esta matanza terminó con el teatrito.

Quedó destruida la teoría oficial de que la violencia en México era de casos aislados, solo entre delincuentes y que no afectaba a la población civil. Hay días en que son asesinadas más personas en México que en zonas de guerra. Se cayeron las máscaras.

Viajé a Monterrey para que nadie me contara lo que estaba pasando y para que no dijeran que solo critico a mi país desde lejos. Y vi a mucha gente doblemente enojada. Primero, por supuesto, con los criminales. Pero también con el presidente Felipe Calderón y con su gobierno por no proteger a su gente. Cada muerto es un fracaso y una muestra de impotencia.

No creo que lo de Monterrey marque un antes y un después. Ojalá lo fuera pero creo que los mexicanos se han resignado a esperar al próximo presidente o presidenta para ver algún cambio. Calderón no va a cambiar.

Ojo, no estoy abogando por una tregua o una amnistía. Nadie, en su sano juicio, puede proponer una negociación con asesinos. Pero es obvio que la actual estrategia contra el narco no está dando resultados. Cada vez hay más muertos y la cantidad de droga que llega a Estados Unidos no ha disminuido considerablemente. 2011 podría convertirse en uno de los años más violentos en México desde la revolución.

Hay veces en que los mexicanos y sus autoridades están en absoluto estado de negación.

México no tiene un problema de percepción; México tiene un problema de realidad, de muerte, de violencia y, últimamente, de terror.

La misma semana en que ocurrió la masacre en Monterrey –la peor en la historia moderna del país– se transmitió en Estados Unidos un programa de televisión en inglés en que el presidente Calderón promovía el turismo y le pedía a los extranjeros que viajaran a México. Qué ironía.

Las marchas de indignados, me temo, no van a cambiar el clima de violencia. Gritar basta ya no basta. Claro, pedir menos corrupción y más educación es básico. Pero eso es a largo plazo. Hoy urgen medidas concretas y propongo cuatro que tuvieron mucho éxito para reducir la violencia en Colombia y que todavía no se están poniendo en práctica en México.

Propongo: 1. Crear una policía nacional que reemplace a los 2,600 cuerpos de policía, que están mal entrenados y sin coordinación. 2. Formar un cuerpo élite, incorruptible, de combate contra los narcos. Está claro que el ejército no puede y los policías menos. 3. Pegarle a los narcos donde más les duele: en el dinero, en sus cuentas. Muchos casinos, por ejemplo, lavan dinero de los narcos recibiendo su cash y, tras cobrarse una comisión, se lo regresan en forma de cheque y limpiecito. 4. Liberar ciudades y carreteras, una por una. Así hicieron los colombianos con Medellín y Cali pero los mexicanos no hemos hecho eso con Cuernavaca, Ciudad Juárez, Torreón o con la carretera de Saltillo a Monterrey.

México está casi solo en esto. Estados Unidos –el principal mercado de drogas del mundo– no está oyendo. Reducir el consumo de drogas no es una prioridad para los norteamericanos. Y no hay voluntad política para restringir el derecho constitucional a comprar armas de fuego. Por lo tanto, México está obligado a tomar medidas unilaterales. Y pronto.

Estados Unidos pone los consumidores de drogas y las armas mientras México pone los narcos y los muertos. Eso no va a cambiar. Entonces, la pregunta es ¿cómo evitar el narcoterrorismo? ¿Cómo reducir los actos de violencia contra la población civil?

Esto ocurrirá en México cuando los narcos se den cuenta que el costo de matar civiles es demasiado alto y que es mejor bajar su perfil. Eso pasó en Colombia y eso debe pasar en México. Pero hoy los narcos matan y no pasa nada. La Comisión Nacional de los Derechos Humanos confirma que la mayoría de los crímenes en México queda en la impunidad.

México, por ahora, está reafirmando ese terrible cliché de ser un país donde no pasa nada. Mi peor temor es que tras la masacre de Monterrey las cosas sigan exactamente igual.