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miércoles, 25 de agosto de 2021

Racismo en Cuba, un tema controvertido

 

Mario J. Viera

 


Este es un artículo del 5 de abril de 2000, que redacté desde La Habana para Cubanet. Ahora lo reproduzco porque, de cierto modo mantiene actualidad.

El tema del racismo en Cuba o del prejuicio racial es uno de los más escabrosos en el actual contexto sociológico del país. El gobierno socialista afirma rotundamente que la discriminación racial ha sido definitivamente suprimida por la aplicación de su política de igualdad.

Dentro del ordenamiento jurídico del socialismo cubano el racismo, o más bien su manifestación como acto discriminatorio, constituye un hecho delictivo. El artículo 42 de la ley suprema del Estado socialista declara: "La discriminación por motivo de raza, color de la piel, sexo, origen nacional, creencia religiosa y cualquier otra lesiva a la dignidad humana, está proscrita y es sancionada por la ley" (Constitución de 1976).

Por otra parte, el Código Penal o Ley 62 establece en su artículo 295 una sanción de seis meses a dos años de privación de libertad o multa de 200 a 500 cuotas, o ambas, al que discrimine a otra persona o incite a la discriminación o difunda ideas basadas en la superioridad u odio racial o cometa actos de violencia o incite a cometerlos contra cualquier raza o grupo de personas de otro color u origen étnico. Sanción ésta, no obstante, muy benévola si se la compara con la prevista para el muy sui generis delito de "propaganda enemiga" sancionado hasta con ocho años de privación de libertad; o con la de hasta tres años de prisión por el denominado delito de desacato al presidente del Consejo de Estado, al presidente de la Asamblea Nacional y a los miembros de los Consejos de Estado y de Ministros o a los diputados de la Asamblea Nacional.

Estas previsiones jurídicas sobre el problema de la discriminación racial o étnica aparentemente constituyen un progreso dentro de la tradición jurídica cubana. Si bien es cierto que la Constitución Republicana de 1940 declaró punible en su artículo 20 “toda discriminación por motivo de sexo, raza, color o clase y cualquiera otra lesiva a la dignidad humana”, también es cierto que, en su ley penal objetiva, el Código de Defensa Social, no se recogió ninguna norma semejante a la del artículo 295 del Código Penal, actualmente en vigencia. Sin embargo, ¿se puede negar objetivamente y con pleno ajuste a la realidad social que en Cuba no haya manifestaciones de racismo y discriminación racial o prejuicios raciales?

La respuesta a esta interrogante conlleva cierta complejidad. Cuba es un país en el que predominan casi exclusivamente dos etnias: la raza europoide y la negra, originada en el África y establecida en el país por la trata negrera que mantuvo la esclavitud hasta muy avanzado el siglo XIX. La convivencia de ambos grupos raciales atravesó por diferentes etapas que no son materia de este artículo, y marcaron las relaciones de aceptación y rechazo entre un grupo y otro. Sin embargo, desde las guerras de independencia hasta la fecha, Cuba no se caracterizó por ser un país racista como pudo ser el Sur profundo de los Estados Unidos o la Suráfrica del apartheid.

Cuando es derrocado el gobierno de Fulgencio Batista, un mulato de origen humilde que llegó a ser jefe del ejército, presidente constitucional y tirano, el gobierno que asumió entonces la dirección del país, manipuló exageradamente el tema de la discriminación racial para apoyar sus proyecciones populistas y ganarse el apoyo incondicional de los negros cubanos con el fin de reforzar sus posiciones frente a las clases cultas y acomodadas del país.

Cuarenta años después muchos negros se consideran discriminados. Pero cuando se les pide argumentos que demuestren la certeza de su discriminación, sólo pueden referirse a situaciones excepcionales aisladas o a criterios muy subjetivos. No obstante, la población penal en Cuba es mayoritariamente negra, y en el gabinete cubano hay menos negros que en el de los Estados Unidos. Son pocos también los negros presentes en los niveles más altos del partido gobernante, y su presencia es escasa entre los secretarios generales de las organizaciones provinciales de ese partido. Este es un fenómeno al que muchos se han referido; sin embargo, por sí sólo no es una prueba irrefutable de la existencia de la discriminación oficial del negro.

El racismo es un fenómeno cultural, forma parte de la ideología. Su componente subjetivo es la etnofobia, el rechazo a los miembros de todo aquel que no pertenezca a la propia etnia, y esta clase de racismo existe en Cuba, de blancos hacia negros y de negros hacia blancos. Y es un fenómeno de reciente resurgimiento en Cuba o de formación nueva adoptando formas que no se conocieron en la época republicana.

Manipulando al negro, el gobierno exageró el racismo de la República y se presentó como si fuera el emancipador de los negros de toda discriminación. La insistencia en el tema de la discriminación racial presentó como a culpables a los blancos ante los ojos de toda la población negra: si los negros habían sido discriminados la conclusión lógica sería porque los blancos los habían discriminados. La concatenación de ideas llevaría a provocar la desconfianza de los negros hacia los blancos, considerados como antiguos racistas y enemigos de la gente no blanca.

Esta situación ha generado tensiones entre las dos etnias básicas de la población cubana y echado por el suelo el ideal de instauración de una verdadera sociedad daltónica. El negro “liberado” del socialismo ha servido como propaganda de uso externo, y de ahí, la palpable discriminación de los no negros en los equipos deportivos nacionales. Se necesitan las “morenas del Caribe”, a los balompedistas y jugadores de basket negros, para consumo del África que siempre aporta sus votos a favor del régimen de La Habana.

A la pregunta ¿hay racismo en Cuba? no se puede dar respuesta en circunloquios ni esquivarla, sino contestar llanamente: Sí, en Cuba hay racismo. Al menos esa parte psicológica que hemos dado en llamar etnofobia. Este racismo presente en Cuba tiene componentes muy diferentes al tipo que existía antes de 1959, que se manifestaba preponderantemente dentro de algunos sectores sociales y en determinados estratos de la clase media y de la élite social. Ahora la etnofobia es acción y reacción. Un doble vector que apunta hacia un grupo y otro. Es un choque silencioso entre las dos razas con matices gregarios; por lo general, los negros prefieren asociarse entre sí, aislándose de los blancos en actividades sociales comunes, en fiestas, reuniones de amigos, en el intercambio de tragos; y lo mismo se manifiesta entre los blancos. Cada uno por separado, pero sin llegar a una definida segregación al estilo de Atlanta año 1950. El racismo en Cuba no va más allá de un agudo prejuicio racial planteado en términos del “somos distintos”.

Sin embargo, negros y blancos sufren una idéntica discriminación de carácter étnica y que les coloca socialmente por debajo de las prerrogativas que gozan los extranjeros en el país. Ambos grupos están privados por igual del acceso a los mejores hoteles, al disfrute de las mejores playas y balnearios, a la interdicción territorial de lugares exclusivos para los extranjeros como los cayos Coco y Largo, y esta es una humillante realidad, una, que sufren, tanto los negros como los blancos cubanos: la discriminación de todo un pueblo.

El cubano es un pueblo apasionado, ardiente, a veces intolerante, pero es un pueblo que se quiere a sí mismo, que es capaz de llamarse uno a otro como hermano, que no se deja arrastrar por el fanatismo y el odio, y que es una verdadera mezcla de razas y culturas. Es un pueblo que es capaz de apretarse en un fuerte abrazo sin importar la raza o el color de la piel, y un día, cuando se le eduque verdaderamente en la cultura de la democracia, ya no habrá cabida en este país para los prejuicios raciales. Cuba algún día será, sin hipocresías ni tartufismos, una verdadera sociedad daltónica incapaz de distinguir colores.

jueves, 21 de enero de 2021

EL INTENTO TRUMPISTA DE “EDUCACION PATRIOTICA”

Mario J. Viera

 


Al igual que el Partido Comunista de Cuba refundó la Historia de Cuba, para adaptar sus enseñanzas a los postulados político e ideológicos del régimen, así, de igual manera Donald Trump intentó renovar la enseñanza escolar de la historia de Estados Unidos para ajustarla de acuerdo CON los patrones ideológicos de la derecha conservadora y mojigata, justificándola como “educación patriótica” tal como lo han hecho fascistas y comunistas. Con este objetivo en mente, Trump dio a conocer, en un discurso pronunciado el 17 de septiembre del pasado año, una denominada “1776 Commission” la que, finalmente, establecería como Comisión Asesora del Presidente, por la Orden Ejecutiva 13956, firmada el 2 de noviembre, un día antes de las elecciones. “Con este movimiento ─ consideró el diario The Indian Express ─ Trump trató de activar a sus partidarios de derecha duplicando lo que describió como ‘cultura de cancelación’, ‘teoría crítica racial’ e ‘historia revisionista’". En general, tal como lo hizo conocer el New York Times, la Comisión quedaría formada por una serie de activistas conservadores, políticos e intelectuales, ninguno historiadores profesionales.

 

En esta Orden Ejecutiva, Trump justificaba la decisión acudiendo a una falacia: “A pesar de las virtudes y logros de esta Nación, a muchos estudiantes ahora se les enseña en la escuela a odiar a su propio país, y a creer que los hombres y mujeres que lo construyeron no eran héroes, sino villanos”, y agrega, basándose en la misma falacia: "No identificar, desafiar y corregir esta perspectiva distorsionada podría desgastar y, en última instancia, borrar los lazos que unen nuestro país y nuestra cultura". Más adelante expresa falazmente: “Ver a Estados Unidos como un país irremediablemente y sistémicamente racista no puede explicar el extraordinario papel de los grandes héroes del movimiento estadounidense contra la esclavitud y los derechos civiles, un gran esfuerzo moral que, desde Abraham Lincoln hasta Martin Luther King, Jr., estuvo marcado por la comunión religiosa, la buena voluntad, la generosidad de corazón y el énfasis en nuestros principios compartidos, y una visión inclusiva para el futuro”.

 

En toda falacia puede existir algo verdadero pero presentado con poco apoyo inductivo, con apariencia correcta, pero con argumento engañoso. Partir de la proposición del “extraordinario papel de los grandes héroes del movimiento estadounidense contra la esclavitud y los derechos civiles” no niega de ningún modo que, en Estados Unidos, exista un racismo sistemáticamente existente. El racismo está presente desde la abolición de la esclavitud luego de su proclamación por Abraham Lincoln; el racismo está presente en el ultranacionalismo que se manifiesta en muchos sectores de la sociedad estadounidense considerando otras etnias no anglosajonas como pertenecientes a países “shit holes”, hispanos y asiáticos. El racismo está presente en las innumerables organizaciones de supremacistas blancos de Estados Unidos; presente en todas las organizaciones neo nazis; está presente en la violencia policiaca contra negros e hispanos y que diera origen al movimiento del Black Lives Matter; está presente en la existencia del Ku Klux Klan; se manifiesta cuando se enarbola la bandera confederada, siempre presente en todas las concentraciones trumpistas y hasta en el asalto sedicioso al Capitolio de Estados Unidos.

 

El mismo día, cuando se honra la memoria de Martin Luther King Jr, 18 de enero de 2021, la Comisión 1776 dio a conocer el Informe 1776. Según la American Historical Association (AHA), “el informe consta de dos temas principales. Uno es un homenaje a los Padres Fundadores, una interpretación simplista que se basa en falsedades, inexactitudes, omisiones y declaraciones engañosas. La otra es una pastoral contra medio siglo de erudición histórica, presentada en gran medida como una serie de caricaturas, utilizando ejemplos individuales (sobre todo el "Proyecto 1619") para representar tendencias historiográficas más amplias”. La declaración de la AHA expuso además en su análisis del Informe de la Comisión 1776, que ignoraba a los Estados Confederados de América, cuyos líderes, muchos claramente culpables de traición, iniciaron una guerra civil que se cobró más de 700.000 vidas, más vidas estadounidenses que todos los demás conflictos en la historia del país combinados. En cambio, los autores se centran en los reformadores progresistas de principios del siglo XX y sugieren extrañamente que eran similares a Mussolini y otros fascistas europeos de la Segunda Guerra Mundial. Cabe destacar la condena implícita a la legislación de la Era Progresista: la legislación sobre salud y seguridad en el lugar de trabajo, la regulación de la producción de alimentos y drogas, la eliminación del trabajo infantil y otros bienes sociales que hoy damos por sentados”. Concluye la AHA su declaración, diciendo:

 

Aunque ensalza (estrechamente definida) la familia y la fe como las fuerzas finales para el bien, el ‘Informe de 1776’ también observa que la "roca sobre la que se construye el sistema político estadounidense es el estado de derecho. Sin embargo, su condena a los movimientos sociales contemporáneos ignora los recientes esfuerzos por socavar la legitimidad de las mismas instituciones consagradas en la propia Constitución”.

 

El historiador de la Universidad de Yale, sobre la Guerra Civil, expresó también su crítica al Informe 1776: “Es un insulto a toda la empresa de la educación ─ dijo ─. Se supone que la educación ayude a los jóvenes a aprender a pensar críticamente. Ese informe es un pedazo de propaganda de derecha”.  

 

Biden, tras haberse juramentado como el 46 Presidente de los Estados Unidos, posiblemente asesorado por un equipo de historiadores, anuló, por medio de una Orden Ejecutiva, una de las 17 que firmara en la tarde del 20 de enero, el proyecto fascista de “educación patriótica” de Donald Trump, y disolvió la Comisión que, según declaró, “buscaba borrar la historia de injusticia racial de Estados Unidos”.

viernes, 25 de agosto de 2017

¡Despierten, ya están aquí!

Mario J. Viera

 “Levantaos, vámonos; mirad, está cerca el que me entrega”. (Marcos 14:42)




El Maestro está al tanto, conoce que la hora de las angustias está próxima, que todo ya está dispuesto para un fatal desenlace y se va con sus discípulos a un monte a meditar. Es bien entrada la noche y les pide a sus seguidores que se mantengan alertas, que no se dejen vencer por el sueño, y se aparta para poder meditar, y se angustia previendo lo que se avecina. Contempla a sus discípulos rendidos por el sueño, es que ¿ni siquiera una hora han podido mantenerse en vigilia?, pero él sigue alerta, meditando en alerta, adivinando lo que se mueve por las laderas del monte, del enemigo que se acerca... “Cómo, ¿todavía están dormidos? ¿No se percatan que el enemigo, siempre en acecho, ya está al alcance? ¿Cómo es posible que, en esta noche, en esta oscura noche, no comprendan que tienen que mantenerse alertas...?” Ya el Maestro escucha el sonar metálico de las armas del perseguidor, el ruido de sus pasos, los rumores de sus voces... ¡Ya llegan...! Decepcionado llega junto a sus discípulos y les grita: “¡Despierten, ya están aquí, y ustedes ni siquiera se han dado cuenta!”

Pensemos y extraigamos enseñanzas de esta anécdota. No podemos ser como los discípulos displicentes del relato que se quedan dormidos en una noche que pudiera ser decisiva. No podemos permitirnos ser sorprendidos en medio de la noche. Ya están aquí, y ganan fuerza, si nos dormimos y no estamos vigilantes, ahora, en este mismo momento, luego ya será tarde. Sabemos quién es el enemigo, sabemos que por años han estado aletargados carentes del necesario apoyo, del imprescindible estímulo’ pero siempre a la espera de cualquier oportunidad para hacer adelantar su prédica de odio e intolerancia. Ahí están, les vimos marchando con actitud marcial, con milicias propias, armadas con fusiles de asalto, por las calles de Charlottesville en Virginia. Hordas, todavía escuálidas, de neo nazis, de miembros del Ku Klux Klan, de los que se creen supremos por tener una piel descolorida, como anémica, de toda esa caterva de la extrema derecha que se propaga por todo el Sur profundo del Jim Crow.

¡Alerta, ya están aquí! Ya se levantan, ya se alían todos los fascistas; ya toman aliento de la retórica del populismo nacionalista reaccionario de un presidente inepto e irresponsable, opuesto a todo principio democrático. “Make America Great Again!”, hacer grande a los Estados Unidos, “Only White” como ordenaban las leyes de Jim Crow; “Land and blood” reclaman los nazis de ahora como antes lo hicieran los nazis iniciales, los de Adolfo Hitler, los de las terribles SS. Ya toda la piara racista se moviliza cuando Jason Kessler convoca a la concentración de Unite the Right a celebrarse en Charlottesville con el pretexto de impedir que se remueva de su pedestal la estatua ecuestre del jefe del Ejército esclavista del Sur entre 1861 y 1865. Y fueron al encuentro de lo más retrógrado, la flor y nata de la intolerancia racial, haciendo acto de presencia el ex líder del KKK que apoya fieramente a Donald Trump, David Duke y junto a él se encontraba el ultra nacionalista y supremacista blanco Richard B. Spencer que ve una conexión profunda entre la ultraderecha y los postulados de Donald Trump y considera que, como él mismo ha dicho, “El partido republicano es el partido de la gente blanca, quiera admitirlo o no. El 90% de sus votos viene de gente blanca, expresa nuestra cultura, Donald Trump dio el primer paso al reconocer esa identidad política”, y le acompañaba el mismo Jason Kessler, junto a otros de menor categoría como Christopher Charles Cantwell y James Alex Fields Junior el asesino del auto, el neo nazi que asesinó a Heather Heyer y atropelló a 19 otras personas que se oponían a las marchas de los supremacistas y neo nazis.


Escuchemos el llamado: “¡Despierten, ya están aquí!

lunes, 21 de agosto de 2017

Organizaciones de Odio = Organizaciones terroristas

Mario J. Viera



Preguntémonos, si a organizaciones como Al-Qaeda y el Estado Islámico, la Primera Enmienda de la Constitución de Estados Unidos pudiera reconocerles el derecho de reunión, de asociación y de divulgación de sus opiniones, si organizaran sus grupos dentro de las fronteras de este país. ¿Constitucionalmente esos grupos tendrían derecho a ser reconocidos como organizaciones de la sociedad civil? ¿Se pudiera alegar que tienen derecho de asamblea, de reunión pacífica y libertad de expresión...? No hay que ser un especialista en Derecho Constitucional para dar una respuesta adecuada a estos cuestionamientos: De ninguna manera se les reconocerá el derecho de asociación y de divulgar sus programas o plataformas políticas, porque son organizaciones que promueven el odio, que promueven la violencia y son intolerantes y fanáticas. Son organizaciones calificadas de terroristas como en su momento lo fuera el Ejército Popular Boricua-Macheteros, para ellas no rigen los postulados de la Primera Enmienda, implícitamente están excluidas del amparo de la Primera Enmienda. Los ciudadanos de Estados Unidos tienen prohibido prestarles ayuda material a cualquier organización que el Departamento de Estado categorice como organización terrorista; en este caso no rigen para nada los postulados de la Primera Enmienda.


En Estados Unidos, todos tenemos derecho a expresar nuestras opiniones, las que sean, aunque sean grandes estupideces, sin embargo, Andrés Gascón Cuenca, pone ante nosotros una idea inquietante en torno a este asunto cuando afirma: “Aunque parezca que los estadounidenses tienen derecho a decir lo que quieran, cuando quieran y como quieran, esto no es completamente correcto. Este derecho ha estado (o está en la actualidad) limitado por cuestiones de “seguridad nacional, moralidad pública o seguridad personal” (E. Bleich) La libertad de expresión, de acuerdo a la jurisprudencia de Estados Unidos puede ser limitada por “peligro claro y presente” (clear and present Danger). Gascón Cuenca explica que “en la sentencia Abrams v. United States, el Tribunal Supremo confirma la condena al acusado, en la que se limita la libertad de expresión respecto de la publicación de dos folletos, en los que se llamaba al alzamiento de las clases trabajadoras en contra de los abusos del capitalismo y a favor de la Revolución rusa”.


Otra excepción de la Primera Enmienda se considera con respecto a las denominadas “fighting words”, es decir, según el autor que he citado, “son aquellas (expresiones) que mediante su utilización, infligen un daño o tienden a incitar a una inminente ruptura de la paz”. En este sentido, toda organización de carácter terrorista no cuenta con el amparo de la Primera Enmienda, ni para la libertad de expresar sus opiniones, ni para el derecho de asociación. Pero ¿Cuál es la característica distintiva para que una organización pueda ser considerada terrorista?

La Real Academia Española, define terrorismo con tres acepciones: (1) “Dominación por terror”; (2) “Sucesión de actos de violencia ejecutados para infundir terror”; (3) “Actuación criminal de bandas organizadas que, reiteradamente y por lo común de modo indiscriminado, pretende crear alarma social con fines políticos”. Walter Laqueur, quien ha devenido un autor de referencia para el tema del terrorismo, en su “Terrorismo: una reseña histórica” se pregunta ¿qué es el terrorismo? Y responde diciendo: “Existen más de cien definiciones (...) Ninguna de ellas es enteramente satisfactoria (...) No se encontrará nunca una definición que lo abarque todo por la simple razón de que no existe un solo tipo de terrorismo, sino que ha habido muchos tipos de terrorismo, los que han diferido grandemente en el tiempo y el espacio, en motivación y en sus manifestaciones y roles”. El Buró Federal de Investigaciones (FBI), por otra parte, define el terrorismo como “un uso ilegal de la fuerza o violencia contra las personas o la propiedad para intimidar o ejercer coerción sobre un gobierno, la población civil o cualquier otro segmento, en búsqueda de objetivos sociales o políticos”.


 El Código Penal Argentino calificaría como organización terrorista a aquella “cuyo propósito sea, mediante la comisión de delitos, aterrorizar a la población u obligar a un gobierno o una organización internacional, a realizar un acto o abstenerse de hacerlo...”, y entre las características que ofrecía de las tales organizaciones terroristas está la de “tener un plan de acción destinado a la propagación del odio étnico, religioso o político”, y subrayo intencionalmente estas últimas expresiones, como característica clave de las organizaciones terroristas, junto a las manifestaciones de violencia contra las personas o la propiedad, ejercidas por bandas que actúan de modo irracional, imponiendo la coerción sobre el gobierno y la población civil para alcanzar sus demandas e imponer sus criterios ideológicos. De aquí que debemos considerar el odio irracional como el fundamento característico que iguala a todos los grupos u organizaciones terroristas. Las organizaciones de fondo islamita como Al-Qaeda y el Estado Islámico son organizaciones establecidas sobre los pilares del odio, son poderosos grupos de odio del terrorismo internacional.


De acuerdo con el Southern Poverty Law Center (SPLC) ─ organización que monitorea el estado de los derechos civiles y los crímenes de odio ─, los grupos de odio “son organizaciones de individuos cuyas creencias o prácticas atacan o difaman una clase de gente, típicamente por sus características inmutables, como la raza o la orientación sexual, pero a veces también por sus características mutables, como las creencias religiosas”: “propagación del odio étnico o religioso”.


Los grupos u organizaciones de odio incentivan los crímenes de odio, los que, como define Beatriz Vallet Gomar (Crímenes de odio. Crimipedia, 03/05/2016), un crimen de odio “es cualquier agresión contra una persona, un grupo de personas, o su propiedad, motivado por un prejuicio contra su raza, nacionalidad, etnicidad, orientación sexual, género, religión o discapacidad. Los motivos fundamentales por los que estos crímenes se diferencian de los ordinarios son los siguientes: (1) la víctima tiene un estatus simbólico, es decir, no se la ataca por quién es sino por lo que representa. Así, esta víctima podría ser intercambiable por cualquier otra que comparta las mismas características; (2) la intención de este tipo de violencia no es solamente herir a la víctima, sino transmitir a toda su comunidad el mensaje de que no son bienvenidos; (3) en estos crímenes suelen participar múltiples agresores”. El SPLC reporta que, en 2017, en Estados Unidos existen 197 grupos de estas características intransigentes en los que se incluyen organizaciones como el Ku Klux Klan, los grupos neonazis, entre los que se destacan por su agresividad los Skinhead, los ultranacionalistas blancos y los neo confederados, todos ellos definidos como supremacistas blancos afiliados políticamente con la derecha alternativa (léase “ultra derecha”), y los separatistas negros. Todos estos grupos en mayor o menor cuantía asumen posiciones de carácter terrorista; en esencia constituyen dentro de Estados Unidos una red interactuante de terrorismo doméstico. En opinión de la Organización para la Seguridad y Cooperación en Europa (OSCE) los crímenes de odio incontrolados plantean para los gobiernos un serio reto a la seguridad, los que como actos individuales ascienden en espiral hasta convertirse en trastornos civiles, llegando, en las situaciones más extremas, a conducir a conflictos dentro y fuera de las fronteras nacionales. Aunque todos los crímenes de odio no son ejecutados por miembros de organizaciones o grupos específicos, estos grupos, no obstante, son motivadores para la ejecución de tales crímenes por individuos influidos por la propaganda que los grupos de odio impulsan, las “fighting words” o “hate speech” que pueden considerarse excluibles del derecho que se concibe por la Primera Enmienda, teniendo en cuenta que los llamados a la incitación de la violencia son considerados como delito por una gran cantidad de Estados occidentales.


En muchos países, las leyes criminalizan también la comunicación oral, escrita o simbólica que promueva o incite al odio basado en la discriminación. Por otra parte, el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos reconoce la limitación del ejercicio de los derechos de asociación y de libertad de expresión en determinadas condiciones. El artículo 19.3 del Pacto Internacional establece que el derecho a la libertad de expresión “entraña deberes y responsabilidades especiales” y, por tanto, sujeto a ciertas restricciones para asegurar “el respeto a los derechos o a la reputación de los demás” y a la protección de “la seguridad nacional, el orden público o la salud o la moral públicas”. En su artículo 20 expresa: “Toda apología del odio nacional, racial o religioso que constituya incitación a la discriminación, la hostilidad o la violencia estará prohibida por la ley”. En cuanto al ejercicio del derecho de asociación el Pacto Internacional reconoce que este derecho “sólo podrá estar sujeto a las restricciones previstas por la ley que sean necesarias en una sociedad democrática, en interés de la seguridad nacional, de la seguridad pública o del orden público, o para proteger la salud o la moral públicas o los derechos y libertades de los demás”.


No obstante, la primera enmienda de la Constitución le prohíbe al Congreso dictar leyes que limiten la libertad de expresión, de prensa y del derecho de reunión pacífica, y bajo este criterio, los grupos extremistas de Estados Unidos se escudan para reclamar su derecho de existir y de propagar sus ideas de odio y de discriminación racial y de este modo, individuos detestables como el “Imperial Wizard” de los Leales Caballeros Blancos del Ku Klux Klan, Chris Barker, puede blasonar su odio y decirle a la periodista que le entrevista, Ilia Calderón: “Matamos 6 millones de judíos, 11 millones (de indocumentados) no son nada” y antes le expresara: “Me enoja haberte visto, y a todos los de tu tipo que veo cada día… Para mí eres mongoloide”. Esta bestia con figura humana y que reside en Yanceyville (Carolina del Norte), demostrando su incapacidad de razonar diría más tarde, hablando de los negros, “Dios los maldijo para que sean servidores y esclavos. Las personas de raza negra siguen siendo salvajes cuyo cerebro no se desarrolló” y refiriéndose a los homosexuales expresó: “El homosexualismo no es una condición natural. Los gays deben morir y por eso Dios se inventó el sida”.


Los grupos supremacistas, nazis, KKK y neo-confederados, sintiéndose alentados por la retórica ultranacionalista y xenofóbica de Donald Trump, decidieron mostrar sus fuerzas en un acto provocativo y racista en la ciudad de Charlottesville en Virginia, convocado a través de los medios sociales y que contó con la participación de entre 2 mil a 6 mil personas procedentes de diferentes partes de Estados Unidos, todas reunidas bajo la consigna de “Unite the Right”. Allí presente se encontraba el ex dirigente máximo del KKK, David Duke, un hombre que se ha caracterizado por su antisemitismo y por su proximidad con el nazismo. De este, el Presidente George H. W. Bush diría: “Cuando alguien asegura que el Holocausto nunca tuvo lugar, entonces no creo que esa persona merezca nunca un ápice de confianza pública. Cuando alguien recientemente ha endosado el nazismo, es inconcebible que ese alguien pueda razonablemente aspirar a liderar un papel dentro de una sociedad libre”. Ese mismo Duke, en la concentración de Charlottesville afirmaba: “Vamos a cumplir con las promesas del presidente Donald Trump y retomar el país”.


Armados con instrumentos contundentes, portando, además de los carteles racistas y de corte fascista, escudos y cascos de guerra, como una milicia fuertemente armada, los manifestantes de la ultraderecha, al grito de "Un pueblo, una nación, terminemos con la inmigración" invadieron el campus de la Universidad de Virginia y rodearon a un pequeño grupo de estudiantes que se oponían al supremacismo blanco, lanzándoles antorchas y agrediéndoles físicamente, tal como lo informaría en un comunicado la Presidenta de la Universidad Teresa Sullivan quien además expresaría: “Estoy profundamente entristecida y perturbada por el odioso comportamiento desplegado esta pasada noche en nuestro recinto por estos manifestantes. Condeno enérgicamente el asalto que han perpetrado, sin mediar provocación alguna, contra miembros de nuestra comunidad que intentaban mantener el orden”. Y David Duke y ese furioso partidario de Donald Trump y figura destacada de la ultra derecha Jack Posobiec, acusaron a los contra manifestantes como “terroristas domésticos”. Allí en el acto provocativo de los supremacistas blancos se encontraba el creador del título de Alt-right para referirse a la ultraderecha, Richard Spencer, quien ya antes, en el mes de mayo condujo una marcha con antorchas al estilo nazi en Charlottesville en rechazo del acuerdo del consejo municipal de esa ciudad de retirar la estatua ecuestre del general confederado Robert Edward Lee y partidario de lo que denomina una “limpieza étnica pacífica”. La provocación, el reto de los ultraderechistas, provoca la respuesta airada de los que se oponen al racismo y al fascismo y se desata la confrontación al calor de aquellos actos un joven, con su mente turbia de racismo y de propaganda nazi, James Alex Fields Jr. Sube a su auto y a toda velocidad lo lanza contra los contramanifestantes provocando la muerte de una joven, Heather Heyer y numerosos lesionados en un acto que el mismo Fiscal General del Gobierno de Trump, Jeff Sessions calificó como “terrorismo doméstico” pero que para Justin Moore, el Gran Dragón de los Leales Caballeros Blancos del Ku Klux Klan, era un motivo de alegría: “Me alegra que esa gente fueron golpeadas y me alegra que esa chica muriera. Eran un montón de comunistas protestando contra la libertad de expresión de alguien, por eso a mí no me importa que todos ellos sufrieran daños. Pienso que veremos más cosas como esta que está pasando en los eventos de blancos nacionalistas”.


El odio es el distintivo de la organización a la que representan Chris Barker, Justin Moore y David Duke, el Ku Klux Klan, la más antigua de las organizaciones de odio fundada en 1865. El odio es la marca distintiva de los grupos nazistas; el odio y la intolerancia son los rasgos representativos de toda la fauna de supremacistas blancos. Deben ser declaradas organizaciones terroristas tanto los grupos nazi como las asociaciones del Klan. Debemos exigir se dicten leyes que persigan a los instigadores del odio racial; debemos criticar firmemente el doble estándar de Donald Trump al igualar a los fascistas con los demócratas, a los racistas con los integracionistas y saludar las palabras proferidas por el senador republicano por Carolina del Sur, Lindsey Graham: "Yo, junto con muchos otros, no respaldamos esta equivalencia moral. Muchos republicanos lucharán contra la idea de que el Partido de Lincoln tiene una alfombra de bienvenida para los David Duke del mundo”, o las dichas por el senador republicano por Arizona Jeff Flake cuando declaró al respecto: "No podemos aceptar excusas sobre la supremacía blanca y los actos de terrorismo interno. Debemos condenar. Punto”.



Tal como se señala en el Censo Anual del SPLC, "La carrera de Trump electrizó a la derecha radical, que vio en él alguien que promovería la idea de que Estados Unidos es fundamentalmente el país del hombre blanco", y añade acerca del polémico asesor de Trump, ahora suprimido, y sus ideas racistas: "En Steve Bannon, estos extremistas creen que finalmente tienen un aliado con capacidad de influir al presidente". Pero como bien lo ha expresado el destacado atleta negro americano: “El odio siempre ha existido en América. ¡Sí, eso lo sabemos, pero Donald Trump lo ha vuelto a poner de moda! ¡Las estatuas ya no tiene nada que ver con nosotros!” 

sábado, 18 de marzo de 2017

Anatomía del racismo

Carlos Alberto Montaner. EL NUEVO HERALD


María David, en la Marcha del Día del Trabajador en Miami. Alexia Fodere. The Miami Herald/El Nuevo Herald
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Para Mario Kreutzberger, Don Francisco, que se preguntaba de dónde surgía el racismo.

Steve King, congresista republicano de Ohio, tuiteó: “No podemos reconstruir nuestra civilización con los hijos de otros países”. A lo que le respondieron, contrariados, dos congresistas cubanoamericanos, también republicanos, Carlos Curbelo e Ileana Ros-Lehtinen. Ileana precisó: “la diversidad es nuestra fuerza”. La polémica fue reflejada en el Nuevo Herald.

Ahí está el núcleo de un debate permanente: la naturaleza humana, es decir, animal, reivindicada por King, frente a la racionalidad artificial surgida en el curso de nuestra civilización. Es la uniformidad contra la diversidad. Son los nexos genéticos frente a las relaciones fundadas en el derecho. Es la lógica de la raza, de la sangre, de Hitler, versus la de los derechos naturales y, si se quiere, la de la tradición judeo-estoica-cristiana.

El racismo, es cierto, aumenta notablemente en el mundo. Se demuestra en los crecientes episodios de antisemitismo. Ocurre en Francia, en Holanda, en España, en Italia. La consigna de hacer “otra vez grande a Estados Unidos” no es sólo una cuestión económica o industrial. Es también que el país sea de nuevo, esencialmente, blanco, norte-europeo y uniformemente angloparlante, como le gustaría al congresista Steve King.

Así era la clase dirigente norteamericana cuando se fundó la República a fines del siglo XVIII, mítica época dorada en la que se dieron cita los Padres Fundadores. Así fue hasta que llegó a la Casa Blanca un señor afro-anglo-americano llamado Barack Hussein Obama, el presidente número 44 de la nación.

Hoy tal vez caben en esa definición estrecha de Estados Unidos, pero menos, los judeoamericanos, los italoamericanos, los grecoamericanos, y el resto de las adherencias que han inmigrado en masa a Estados Unidos en los últimos 150 años, pero el núcleo duro de la identidad estadounidense, el que genera el estereotipo más enérgico, es el mítico anglosajón ilusionado con la victoria de Donald Trump, como le ocurre al congresista Steve King, descendiente de irlandeses, alemanes y galeses.

El racismo es un rasgo inherente a la naturaleza humana. Los niños nacen sin experimentarlo, y así evolucionan durante los primeros años de vida, hasta que, paulatinamente, van adquiriendo una identidad. Ésa es la madre del cordero. Tan pronto se perfila y afianza el yo comienza el impulso ciego por segregar o liquidar al otro, al diferente, al que realmente no forma parte del grupo ni comparte esa identidad primaria.

La identidad nos hace racistas porque vamos dejando de ser individuos en abstracto para formar parte de una tribu que se identifica por el color de la piel, el tipo de cabello, la forma de los ojos, el idioma que utilizamos, la entonación con que lo hablamos, la gesticulación que empleamos, las creencias religiosas, la mitología o relatos compartidos, y otros mil detalles que van formando y conformando a los miembros del grupo.

El antropólogo José Antonio Jáuregui, un catedrático especialmente inteligente, intuía que ese comportamiento de acercamiento “identitario” formaba parte de una estrategia natural de la especie para poder prevalecer en el complejo y agresivo curso de la evolución.

Las personas integradas en una tribu tienen más posibilidades de reproducirse y entregar sus genes a sus descendientes. Para lograrlo, el cerebro nos guía en la dirección debida por medio de los neurotransmisores con estímulos placenteros o dolorosos. Somos, decía Jáuregui, “esclavos de nuestros cerebros”.

El nacionalismo y el fanatismo deportivo –casi siempre hermanados– serían una expresión de este fenómeno. (Hace pocas fechas, cuando los catalanes ganaron un improbable partido de fútbol con cinco goles, los sismógrafos de Barcelona registraron el triunfo con un punto en la escala de Richter por los saltos de alegría que dieron al unísono decenas de miles de barceloneses felices, súbitamente unificados por el paroxismo provocado por la victoria del equipo local).

¿Cómo pudo ganar la presidencia un mestizo con nombre árabe y orígenes parcialmente africanos si las sociedades permanecen atadas por esos lazos antiguos e invisibles? Porque, al menos provisionalmente, había triunfado la concepción republicana (en el buen sentido de la palabra) de la especie: todos somos iguales ante la ley. Fue el triunfo del republicanismo, un bendito artificio basado en la hermosa superstición de que es el acatamiento de la Constitución lo que hace estadounidenses a los “americanos”.

En eso estamos. Luchando contra un pasado de millones de años para que las personas no sean prejuzgadas por el color de la piel, los dioses en los que creen, los deseos sexuales que los dominan y el resto de los elementos que constituyen la identidad.

Eventualmente se logrará y habremos desterrado el racismo para siempre. Pero necesitamos mucho tiempo para que la razón gane ese combate. Al fin y al cabo fuimos animales millones de años y sólo hace 25 siglos que Zenón el Estoico, un extranjero pelirrojo, pequeño y patizambo, se atrevió a decir en Atenas que las personas tenían derechos más allá del parentesco y del sitio de nacimiento. Apenas un rato.

Periodista y escritor. Su último libro es la novela Tiempo de Canallas.
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