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martes, 11 de julio de 2023

COMO NO PASAR POR ALTO EL SEGUNDO ANVERSARIO DEL 11 DE JULIO

Mario J. Viera

 


Existen diferentes formas de conmemorar cualquier hecho de importancia histórica. Unas son temporales, hechas solo para el momento, para recordar lo que ocurrió un día como el presente día. Alguna declaración emotiva, como rasgueo de guitarra, hecha solo para el momento, como para no dejar en el olvido el hecho histórico; en este caso la conmemoración del segundo aniversario de la explosión social del 11 de julio del 2021. Sí, es posible que algunos, con fuerte vocación civilista, reclamen, exijan la liberación de los detenidos por las manifestaciones de aquel 11 de julio. Simplemente artificios florales como para quedar bien, porque el régimen tendrá tapado los oídos y no escuchará un reclamo que no cuente con el respaldo de un poderoso movimiento de protestas, masivo y contundente. Habrá hasta los muchos que esperarán por y soñarán con un dudoso y futuro ojalá.

Sin embargo, hay otras formas más serias, más acometedoras para recordar la fecha y, hasta quizá, menos estrepitosas. El 11 de julio no fue adjetivo, sino verbo. Se requiere entonces, para no pasar por alto el segundo aniversario de 11 de julio, conjugar en presente el verbo acción. Las manifestaciones del 11 de julio fueron un clamor espontáneo del descontento poblacional, no organizado, no dirigido por un plan de acción. Una multitud popular no organizada se enfrentaba a un sistema estructuralmente organizado con capacidad de respuesta y poder de represión que, en pocas horas, pudo anular las protestas y criminalizar a sus participantes.

El ojalá se hizo remoto, y aunque de vez en vez se produzca algún conato popular de protestas estos no sobrepasan un centenar de participantes; predomina la frustración. Después de la violenta arremetida de la dictadura conduciendo a centenares a cumplir largas penas de prisión, la gran explosión social de carácter espontáneo es poco probable, si alguna probabilidad hubiera, que se produzca.

Pero hay formas de que el 11 de julio no quede como un recuerdo, como algo que fue. Primero, la oposición deberá reconsiderar sus métodos fallidos en la conformación de un reclamo poderoso de denuncias y de exigencias; para ello, a la callada, sin anuncios, reorganizarse, fundar una organización central bajo el principio del liderazgo horizontal. Segundo captar apoyos populares entre los descontentos, estudiar a cabalidad los métodos y tácticas de la lucha estratégica noviolenta sin consideraciones ideológicas de derechas o de izquierdas que constituyen un obstáculo para el desenvolvimiento de la labor de la resistencia de todo el pueblo.

Hay que ganar recursos humanos sin estridencias, poco a poco, organizando células de no más de diez activistas en todos los municipios. Elaborar un método apropiado de enlace entre las diferentes células y para el entrenamiento de los activistas, siempre con la debida discreción. El liderazgo se debe centrar en la organización sin destaque de algún dirigente en específico. Todo líder que se destaque puede ser anulado por los órganos represivos. Una célula de la resistencia noviolenta puede caer, pero otra ocupará su lugar. El protagonismo puede ser fatal dentro de un movimiento de resistencia noviolenta; el anonimato es poder.  

La organización celular puede facilitar la labor de propaganda.

Siempre que se establezcan los principios gestores del movimiento opositor no impedir las iniciativas promovidas por alguna célula de resistencia.

A lo largo de todo el proceso de reorganización, los líderes de la organización deberán elaborar un plan estratégico de acción basado en realidades, y adecuarse al mismo, aunque teniendo la previsión de reajustarle según lo requieran las condiciones del momento.

No apresurarse; una dictadura de más de seis décadas no se abate en cuestión, ni de día ni de meses. Se requiere tiempo y esfuerzo; constancia y dedicación; astucia y pragmatismo, pero el tiempo tampoco debe descuidarse. Hay que prepararse para el momento propicio de lanzar el reto político. Ese momento llegará cuando se alcance la masa crítica de participantes para la desobediencia civil.

Así, de este modo, no se pasará por alto el segundo aniversario del 11 de julio. Y esa fecha no será ya una romántica memoria sino el indispensable antecedente de un masivo, organizado y disciplinado movimiento de protestas populares. 

domingo, 20 de febrero de 2022

CUBA EN LA BALANZA III

 

Mario J. Viera

 


Mientras la oposición interna, víctima no solo de la represión sino también de su carencia de estrategia política, se desmorona, los militantes del Partido Comunista de Cuba insertos dentro del denominado sistema judicial, Yamila Peña Ojeda, fiscal general de la República y Rubén Remigio Ferro, presidente del Tribunal Supremo Popular se sienten eufóricos y felices por las palabras que, el Secretario General del PCC y diz que Presidente de la República, Díaz-Canel, expresara en una reunión con dirigentes de la Fiscalía General de la República, para hacer un reconocimiento de la adecuada actuación de la Fiscalía General y del sistema judicial ante los hechos del 11 de julio.

El 2021, fue un año retador, difícil. Cuba estuvo sometida a situaciones de envergadura que nos demandaron trabajar de una manera distinta debido a varios factores, en primer lugar, un bloqueo recrudecido y una tremenda atmósfera de agresividad imperial, tanto de inteligencia como de campañas de comunicación calumniosas, perversas”. Sí, claro, porque han sido “acciones dirigidas a provocar el estallido social, a fracturar la unidad en torno a la Revolución, a socavar la confianza de la población, como parte de una guerra no convencional, y a aplicar el llamado ‘golpe suave’, y todo ello aprovechando las condiciones impuestas por la COVID-19”.

Sí, porque de esa manera distinta de trabajar, llevada con éxito plausible por la Fiscal General y por el presidente del Tribunal Supremo; ya se ven sus resultados; si es que el pasado 14 de febrero, por ejemplo, el Tribunal Provincial de Holguín ─ como reportó Diario de Cuba ─ condenó a 20 manifestantes del 11J por el delito de sedición, entre ellos cinco menores de edad, dos condenados a 20 años de prisión; tres a 18 años; dos a 17; uno a 15; dos a 14; dos a 12 y dos a siete. Por dicho delito fueron imputadas al menos 158 personas, de las cuales 14 eran menores de edad que, al momento de la detención, tenían entre 16 y 17 años. Otros 37 tenían entre 18 y 20 años de edad.

Por supuesto es que Díaz-Canel se frota las manos con satisfacción, porque ha podido demostrarle al jefe, a Raúl Castro, que contra él no cabe eso que llaman “Golpe suave”. El conoce muy bien que las manifestaciones del 11 J fueron totalmente espontáneas; y la Yamila Peña Ojeda y el Rubén Remigio Ferro saben muy bien, que esas manifestaciones no pretendían dar el golpe suave, que no existía un concierto explícito o tácito para impulsarlas, aunque no lo expresen, pues para ello es que se les paga. Lo que le preocupa a Díaz-Canel no es el tal “golpe suave”, sino el “golpe duro” que está a las puertas; que Raúl Castro lo vigila y que Raúl controla al generalato que le mira a él con desprecio; por algo si no, ahí está Luis Alberto Rodríguez López-Calleja, colocado dentro del Buró Político del PCC, y quien, por demás, ha sido ascendido al grado de General de Brigada de las Fuerzas Armadas.

El régimen y sus aliados ven como golpe blando la aplicación de los métodos y técnicas de resistencia no violenta propuestos por Gene Sharp en su “De la dictadura a la democracia”. Técnicas estas que la oposición interna no ha sido capaz de, o no ha querido, aplicar, como tácticas políticas de resistencia no violenta frente a una dictadura. El término “golpe blando”, por otra parte, es inexacto y expresado con el propósito de desnaturalizar al movimiento de oposición no violenta de Cuba. No se trata de un “golpe”, se trata de una verdadera revolución democrática no violenta en contra del gobierno contrarrevolucionario antidemocrático de Díaz-Canel y del dominio del stalinista Partido Comunista de Cuba (PCC).

Las protestas masivas del 11 de julio tomaron de sorpresa a la oposición interna; no las vieron llegar; no las motivaron, no las organizaron, fueron resultado de la iniciativa de un pequeño grupo en San Antonio de los Baños, que luego, por contagio se fueron replicando en numerosos pueblos y ciudades a lo largo de todo el país. La inmensa mayoría de los manifestantes no estaban vinculados con los grupos opositores.

Tiempo precioso, tal vez irrecuperable, perdieron los grupos de oposición interna centrados solo, como lo señala el periodista Carlos Cabrera Pérez, “en el diagnóstico y la denuncia”, y, yo agregaría, en el mensaje hacia el exterior y en la ilusión de que un Donald Trump colocaría al régimen en bancarrota para propiciar ilusorias reformas por la vía del diálogo, o su caída. Pero estaba la masa en el fermento de sus frustraciones que, siguiendo a Cabrera Pérez, reclama una oferta alternativa de gobierno para saber cómo manejarán los asuntos que incumben a todos como la libertad, el empobrecimiento y la desigualdad, agravados por la hiperinflación y la dependencia del dólar norteamericano, el deterioro de la salud, la educación y las viviendas, el envejecimiento de la población, la violencia machista y la siniestralidad vial y laboral entre otros muchos males acumulados”. Una oferta alternativa con propuestas concretas más que abstractas; así lo hemos insistido por años.

Un accionar de manera directa ─ no a través de los medios sociales de internet ─ dentro del mismo seno del pueblo. No en pedir ilusos referendos vinculantes, ni estar proclamando la sonsera de que “los cubanos tienen derecho a los derechos” sino que los derechos se ganan con la resistencia al poder; no promover desde internet supuestas revoluciones de girasoles, que nadie secunda, salvo sus proponentes y la derecha republicana del exilio cubano; ni hacer labor caritativa entre menesterosos, sino haciendo labor política dentro de las masas populares, acciones de movilización y organización de acuerdo a un proyecto de estrategia de resistencia, inteligente y realista para impulsar la revolución democrática.

Pero para ejecutar este trabajo se requiere liderazgo, salir del estadio que Cabrera Pérez identifica como “orfandad de liderazgo”. “Una vez desterrados varios de los protagonistas del 27N, 11J y 15N ─ constata Cabrera Pérez ─ y a la espera de lo que ocurra finalmente con los principales líderes del Movimiento San Isidro, ahora encarcelados, la oposición cubana está obligada a reinventarse para salvar la espuria distancia que la represión totalitaria establece entre ellos y el resto de los dolientes, que son inmensidad”. No sé si el término correcto sea el de “reinventarse”, aunque prefiero mejor emplear el termino de “renovarse”, que el mismo autor emplea en su artículo, lo cual considero más exacto.

Renovarse es dejar atrás los métodos pasados de trabajar en aislamiento, encerrados dentro de una mentalidad de cacicazgo o tribal, para conducirse por nuevas vías de acción política, no violenta y movilizadora. Es establecer nuevos métodos de organización, tal vez creando, de manera anónima, pequeñas células en todos los municipios y barriadas; organizando células de apoyo cívico entre aquellos de la población que, opuestos a la dictadura, prefieren colaborar a la callada, pero útiles para la propagación de la propaganda, para obtener informaciones y recibir sustento y ayuda.

No yerra Cabrera Pérez cuando plantea: “Los cubanos debemos aprender a pensar como país y la oposición, incluida la exiliada, debe comunicarse con el pueblo, que es su público objetivo, con el objetivo de promover la identificación de la ciudadanía con su ideario y acción para cambiar el viejo e injusto orden impuesto y tambaleante”. Para ello se requiere trabajo directo de proselitismo y preparar activistas aptos para la actividad de agitación política. Para esto se requiere que el exilio apoye y secunde a la oposición interna, pero sin pretensiones de asumir el liderazgo desde la distancia o de controlar a la oposición interna. Y ciertamente hay que pensar como país sin compromisos con este o aquel partido político de Estados Unidos o con sus confrontaciones políticas internas.

Definir prioridades y objetivos es lo primario. La oposición no debe abandonar la labor de denuncias de las violaciones de derechos humanos, que acomete el régimen; esa es una labor siempre prioritaria. Objetivos principales, captar la voluntad cívica de las nuevas generaciones, de los trabajadores, de las amas de casa. Se deberá dejar bien definido que la política de recuperación nacional no comporta revanchismo, ni contra las fuerzas armadas, ni contra los efectivos de la policía, ni contra los militantes de fila del PCC o de la UJC; solo los grandes culpables de las miserias nacionales y de los abusos de poder deberán sentirse temerosos de la justicia que, más tarde o más temprano, los juzgará. Todo esto bajo los presupuestos de un programa de acción política adecuado al momento. Si no se capta la voluntad popular, la oposición democrática está condenada al ostracismo; y esa voluntad se logra actuando directamente dentro del pueblo, dentro de las universidades, dentro de los sindicatos, en cada barrio, en cada municipio. No será fácil hacerlo, se requiere inteligencia, entusiasmo, convencimiento y disciplina; pero es posible.

La masa fermenta y solo necesita organización. De acuerdo con los marxistas, una revolución solo es posible cuando están presentes las condiciones objetivas y subjetivas. Siguiendo el razonamiento marxista, las condiciones objetivas están presentes en Cuba: ruina de la economía; crecimiento de las condiciones de pobreza dentro de la población; elevadas tasas de inflación y desabastecimiento, que hacen más dura la vida del ciudadano común; deterioro de la salud, la educación y las viviendas; represión en contra del disenso, poder de solo un partido político; ausencia de libertades públicas de opinión, expresión y manifestación. Por condiciones subjetivas, se entiende como el crecimiento de la necesidad del cambio en la conciencia de la gran mayoría del pueblo; ejemplo de ello fueron las manifestaciones del 11 J; el salto a favor de los cambios en un importante número de intelectuales y artistas mayoritariamente jóvenes, como pueden ser el movimiento del 27 N y Archipiélago y, en menor cuantía, en las protestas del Movimiento San Isidro. He ahí donde se centra el punto, el público objetivo ─ como lo denomina Cabrera Pérez ─ al que debe dirigirse la oposición interna.

Se debe entender por todos que la democratización del país no vendrá de la mano de una potencia extranjera; que la vía hacia un sistema democrático la abre nuestro propio esfuerzo y solo nuestro propio esfuerzo. Y junto a esta ardua labor de lucha no violenta frente a un régimen totalitario, hay que ganarse el favor de la opinión pública internacional, de la derecha, del centro y de la izquierda. La palabra de orden ahora es: ¡Revolución de Patria y Vida!

miércoles, 16 de febrero de 2022

CUBA EN LA BALANZA (II)

 

Mario J. Viera



En un artículo que antes redactara, califico al actual gobierno que rige en Cuba, como un Estado policiaco altamente militarizado, donde el poder real descansa en los altos mandos de las fuerzas armadas que controlan al gobierno monigote de Miguel Díaz-Canel y a las altas instancias del Partido Comunista de Cuba. Su esencia policiaca y militarizada se hace evidente cada vez más a partir de las demostraciones del disgusto de la población del 11 de julio del pasado año.

Tomados todos por sorpresa, tanto la dictadura como la oposición, el régimen se sintió desconcertado y temeroso; las masas, que siempre había sabido manipular, ahora se viraban en su contra. Se estaba perdiendo el miedo ─ el arma más poderosa con la que cuenta el poder ─ y se hizo necesario imponer con más fuerza el temor; para ello cuenta con su sistema penal y con los tribunales; con los antisociales de las brigadas de respuesta rápida, con el Departamento de la Seguridad del Estado, con la policía, con las tropas especiales del ministerio del Interior y, si fuera preciso, con las fuerzas armadas. Cientos son violentamente detenidos, muchos el mismo día de las protestas, otros a posteriori en sus propias casas. En un inicio los cargos que se imputan a los detenidos son los de “desórdenes públicos”; pero se produce la convocatoria pública del grupo Archipiélago de llevar a cabo una marcha cívica en todo el país en reclamo de la liberación de todos los presos políticos; inicialmente propuesta para el 20 de noviembre. Una convocatoria que, de manera cándida, se hizo pública y presentada en carta pública al gobierno de Díaz-Canel. Sus principales impulsores se mostraban ante el mundo con sus propios nombres. La dictadura toma nota y ordena la celebración de tres jornadas de ejercicios militares y la celebración, para el mismo día 20, del Día Nacional de la Defensa, con lo cual el régimen ponía en marcha los postulados de la Ley 75 de Defensa Nacional del 21 de diciembre de 1994, y la activación de los Consejos de Defensa y del estado de emergencia.

Ante tal coyuntura, el colectivo de Archipiélago adelantó en cinco días la fecha de la convocatoria, cayendo nuevamente en la misma candidez de hacerla pública y de informar a la Asamblea Nacional del Poder Popular del cambio propuesto y de creer que el régimen del PCC se ajustaría al respeto del artículo 56 de la gatopardista Constitución vigente, por el cual formalmente se establece: “Los derechos de reunión, manifestación y asociación, con fines lícitos y pacíficos, se reconocen por el Estado siempre que se ejerzan con respeto al orden público y el acatamiento a las preceptivas establecidas en la ley”. Archipiélago parece no haber tomado en cuenta la última línea del precepto de est artículo,

El acoso de los agentes de la seguridad del Estado y de las brigadas de acción rápida se descarga sobre los miembros del 27 N, de lo que restaba del Movimiento San Isidro y de la inoperante UNPACU; y de los promotores del 15 N, principalmente en contra de quien era la figura más conocida del grupo Archipiélago, Yunior García quien se viera obligado a ponerse a salvo en España, prácticamente desmanteló a lo poco que quedaba de la oposición interna.

Como muchos comentaristas han evidenciado, tras el fracaso del 15 N, el régimen cambió los cargos iniciales de “desórdenes públicos:” contra los encartados por los sucesos del 11 J, para imponerles cargos de sedición; sin importar que, hasta el momento, como hiciera evidente Lucía Alfonso Mirabal, del Diario de Cuba, “no se ha podido probar que existiera concierto explícito o tácito entre los manifestantes [elemento básico para la imputación del delito de sedición] … El régimen no ha podido mostrar una sola prueba de que las manifestaciones hayan sido lideradas u organizadas por alguien”. Lo que se busca con los cargos de sedición que comportan hasta pena de 30 años de prisión es volver a imponer la obediencia por medio del temor y desalentar la realización de cualquier manifestación pública de descontento.

Las nuevas generaciones de opositores cubano no han sido capaces de recoger las experiencias acumuladas de los iniciadore de la oposición pacífica de Cuba y la de sus continuadores hasta el 2003. Las mismas faltas de expectativas adolecidas en el periodo posterior a Concilio Cubano, están presentes dentro de la nueva oposición.

Años llevamos advirtiéndole a la nueva oposición de ser cautos como las palomas y astutos como las serpientes; que el material de trabajo está en lo interno del país, con proselitismo directo dentro de las masas populares, sin hacerles concesiones a las organizaciones de la ultraderecha del exilio, abriéndose hacia todas las corrientes democráticas que se oponen a la dictadura del PCC, ya sean las de derecha como las de izquierda. Sin embargo, lo que más caracteriza a la oposición interna es la actual carencia aguda de liderazgo, de un liderazgo que no puede ser vertical, sino horizontal.

Hoy prima el desconsuelo, la falta de esperanzas y el derrotismo. Pero no todo se ha perdido, como lo demuestran esos batallones de un solo hombre que están haciendo pintadas antigubernamentales sin formar parte de ningún grupo opositor. Ante la arremetida gubernamental y el desarme de prácticamente toda la oposición cubana, como bien lo dice el periodista Carlos Cabrera Pérez, en un interesante artículo redactado para CiberCuba, “está obligada a reinventarse”.

En la parte III de estos comentarios haré un análisis sobre el artículo de Cabrera Pérez, “Orfandad de liderazgo en Cuba”.

domingo, 13 de febrero de 2022

CUBA EN LA BALANZA (I)

 

Mario J. Viera       

 


El 11J fue el acto legítimo de la protesta por algunos miles de cubanos en contra de la errática conducción de la economía y la mala conducción de la pandemia del COVID-19 del gobierno y las estructuras estatales de poder autoritario. Fue un acto político ejecutado por la población. La reacción del gobierno ante las protestas asumió un verdadero acto de crimen de Estado, tal como su actuación en el empeño de frustrar la convocatoria para una marcha cívica el 15 de noviembre, cuando el régimen incitó a sus brigadas denominadas de respuesta rápida para acosar y agredir a los promotores de la marcha cívica.

Tal como lo ha expuesto Carlos de la Torre Reyes (citado por Erick Alejandro Astudillo Canessa), constituyen como autores de crímenes de Estado “los representantes de la autoridad pública, guiados por móviles de política represiva; incitan a las masas o a sus adeptos a perpetrar ataques personales, muchas veces culminantes en el homicidio, contra los elementos de la oposición”. En el mismo hecho criminal actuaron también las ilegítimas fuerzas de la denominada Seguridad del Estado y las fuerzas policiacas que arremetieron en contra de los manifestantes.

Dentro de este concepto penal, se habrá de considerar como autores intelectuales de la comisión de crimen de Estado a las altas instancias del gobierno cubano y al ministro del Interior, y como ejecutores directos, los miembros de la Seguridad del Estado y de la Policía Nacional Revolucionaria, así como todos los que participaron organizados en bandas para cometer delito, como son los integrantes de las Brigadas de Respuesta Rápida.

Como cómplices en crimen de Estado deberán considerarse tanto los fiscales como los jueces que participaron en juicios donde se dictaron contra los manifestantes del 11 J, sentencias de prisión bajo la acusación de sedición, atentado y vandalismo.Insurgencia

El gobierno de facto, que existe en Cuba desde 1959, no electo por la voluntad del pueblo, en el ejercicio de su derecho soberano de emitir su voto en elecciones, libres y transparentes, es de hecho un gobierno usurpador autor de un delito de usurpación de la soberanía del pueblo y puesto en evidencia con los actos represivos contra los manifestantes de 11 J y loa impulsores del 15 N. De acuerdo con lo reconocido en muchas de las Constituciones democráticas del mundo, la insurgencia, es un derecho de los ciudadanos; así, por ejemplo, se recoge en el artículo 146, de la Constitución de Colombia, que “nadie debe obediencia a un gobierno usurpador, ni a quienes asumen funciones públicas en violación de la Constitución y de las leyes. La población civil tiene el derecho de insurgencia en defensa al orden constitucional"; o en el enunciado del segundo párrafo del artículo 40 de la Constitución de 1940 que establecía tajantemente: “Es legítima la resistencia adecuada para la protección de los derechos individuales garantizados anteriormente”. Toda la estructura del Estado que rige actualmente en Cuba constituyó, desde 1959 hasta 1976 y posteriores, una violación de los postulados de la Constitución de 1940.

En abundancia, pedir en manifestaciones públicas la renuncia de un gobernante, por muy legítimo que este ocupe el cargo, de ningún modo puede ser catalogado como acto de sedición. El artículo 100 del Código Penal vigente en Cuba establece: “Los que, tumultuariamente y mediante concierto expreso o tácito, empleando violencia, perturben el orden socialista o la celebración de elecciones o referendos, o impidan el cumplimiento de alguna sentencia, disposición legal o medida dictada por el Gobierno, o por una autoridad civil o militar en el ejercicio de sus respectivas funciones, o rehúsen obedecerlas, o realicen exigencias, o se resistan a cumplir sus deberes”. Salvo el ambiguo término de realizar exigencias, que permite cualquier interpretación que le quiera dar a los sometidos tribunales del país, los actos del 11 J no configuran el delito de sedición. En Derecho Penal, por lo general se considera la sedición como "alzamiento colectivo y violento contra la autoridad, el orden público o la disciplina militar, sin llegar a la gravedad de la rebelión". El artículo 544 del Código Penal de España, por ejemplo, establece: “Son reos de sedición los que, sin estar comprendidos en el delito de rebelión, se alcen pública y tumultuariamente para impedir, por la fuerza o fuera de las vías legales, la aplicación de las Leyes o a cualquier autoridad, corporación oficial o funcionario público, el legítimo ejercicio de sus funciones o el cumplimiento de sus acuerdos, o de las resoluciones administrativas o judiciales”.

Si el régimen se empeña en calificar las protestas como actos de delito común de “perturbación del orden”, y para ello hace mención de algunos de los actos de vandalismo que se cometieron contra las Tiendas MLC, no puede deducirles como lo ha hecho, de sedición, y, en tal caso estos actos de vandalismo deben entonces ser considerados como delito conexo del delito político de sedición, como lo define Luis Jiménez de Asúa en su “Tratado de Derecho Penal”, al considerar como delito conexo “cuando se comete una infracción de derecho común, en el curso de un delito político, teniendo relación con este acontecimiento; como por ejemplo, el hecho de asaltar arsenales, oficinas de Estado...”

jueves, 26 de agosto de 2021

¿No era acaso “el opio de los pueblos”?

 

Mario J. Viera

 


Fue Karl Marx, quien, en su Contribución a la Crítica de la Filosofía del Derecho de Hegel, comparó a la religión con el efecto narcotizante del opio. Marx expuso en ese trabajo: “La religión es el alivio de la criatura oprimida, el sentimiento de un mundo sin corazón y el espíritu de un estado de cosas desalmado. Es el opio del pueblo.

Parece ahora que el dictador sustituto en el régimen del Partido Comunista de Cuba, Miguel Díaz-Canel ha llegado a las mismas conclusiones que el teórico del comunismo científico; pero partiendo de otra concepción menos despectiva y más pragmática: “Somos parte de un mismo pueblo ─ afirmó el primer secretario del PCC en un encuentro “que bendijo a Cuba” realizado en la sede del Comité Central del PCC ─, somos parte de un mismo proyecto que defendemos y con el cual nos sentimos comprometidos, y somos parte también de la convicción de que podemos tener un país mejor”.

Allí estaban bendiciendo al dictador un grupo ilustradísimo de líderes religiosos, agrupados en la Plataforma Interreligiosa en Cuba, una abigarrada combinación de corrientes religiosas, mayoritariamente de cultos evangélicos, junto a espiritistas, la Asociación Cultural Yoruba, el Cabildo Arará de santeros y practicantes palo monte, la Coordinadora de la Comunidad Hebrea de Cuba y las exóticas Soka Gakkai y la Comunidad Bahá'í. Feliz tuvo que sentirse Díaz-Canel cuando los miembros religiosos de apoyo y sostén propagandístico de la dictadura le pidieron permiso para llamarle “Hermano Miguel”.

¡Claro que se sentía feliz con los actos aduladores conque le colmaron!; si hasta anota en un tuit: “Fue un encuentro enaltecedor y confirmó que todos somos parte de un mismo pueblo y trabajamos por un país mejor”. Decididamente todos son agentes de la dictadura del PCC y es útil recordar sus nombres.

Allí, agradeciéndole al dictador el “espacio brindado para el intercambio de ideas”, estaban Enrique Alemán Gutiérrez, coordinador de la Plataforma Interreligiosa quien se ofreció su total identificación con el usurpador del gobierno de Cuba: “Usted cuente con el pueblo religioso cubano, Presidente, en toda la extensión de la palabra, y diga qué más tenemos que hacer”, la misma condigna que le exigieron a los brigadistas alfabetizadores al cierre de aquella campaña: “¡Fidel, Fidel, dinos que otra cosa tenemos que hacer!” También en el coro de aduladores estaba Gisela Lucrecia Braña Fernández, directiva de la asociación espiritista Quisicuaba: “Estamos dispuestos a cumplir cualquier tarea que la Patria y la Revolución necesiten”, le aseguró al secretario general del PCC; también Norberto Quesada Rodríguez, presidente de la Convención Evangélica de Cuba Los pinos nuevos; Paúl Prieto González y Joannet Delgado de la Guardia, ambos dirigentes de la Soka Gakkai de Cuba; Roberto Padrón Silva, presidente de la Asociación Cultural Yoruba de Cuba; David Prinstein, vicepresidente de la Coordinadora de la Comunidad Hebrea de Cuba; José Knights Rodríguez, presidente del Cabildo Arará; y Rosa Maday García García, vicepresidenta de la Iglesia de Dios en Cristo y de la Confraternidad de Pastores y Ministros Evangélicos de Cuba. Sus centros religiosos verdaderos fumaderos del opio que adormece conciencias.

Pero este no es el único encuentro que Díaz-Canel ha tenido con grupos religiosos. También, antes, el 7 de agosto, casi un mes después de los sucesos del 11 de julio, el dictador tuvo un encuentro con el deprimente Consejo de Iglesias de Cuba para, según dijera hablar de fe y esperanza: “Sostuvimos enaltecedor encuentro con miembros del Consejo de Iglesias de Cuba y líderes ecuménicos. Hablamos de fe y esperanza, de cuánto podemos seguir haciendo juntos por el bien de la patria”, comentó el actual primer secretario del PCC. En ese encuentro Díaz-Canel impuso, al muy fiel al servicio de la dictadura pastor Raúl Suárez Ramos, la Orden Félix Varela de Segundo Grado

Esta organización de masas de nuevo tipo, la Plataforma Interreligiosa Cubana, fundada el 12 de septiembre del 2011, al igual que el resto de esas denominadas organizaciones de masas creadas por la dictadura, es simplemente una de tantas correas de transmisión de las “orientaciones” del PCC, y un complemento de lo que ha sido desde abril de 1990 el lamentable Consejo de Iglesias de Cuba y su dirección por los pastores Raúl Suárez y Pablo Odén Marichal siempre tan solidarios con las directivas de la dictadura. Realmente, tanto el Consejo de Iglesias de Cuba como la Plataforma Interreligiosa Cubana son parte del mismo proyecto que defiende el Partido Comunista de Cuba, como lo hizo claro el dictador sustituto.

Muy noble la Plataforma Interreligiosa, si hasta “denuncia que la injusticia de los poderosos contra los pobres y los humildes es ejercida a través de métodos opresivos y de terror para infundir el miedo y la sumisión”, como lo deja declarado en su página oficial; y en esto se funda el gran sofisma que la alienta. Propuesta hipócrita, porque antes que bendecir al gobierno usurpador, los participantes en el encuentro amable con Miguel Díaz-Canel, debieron bendecir a esos miles de cubanos pobres y humildes que el 11 de julio salieron a las calles reclamando libertades; debieron denunciar ante el dirigente del PCC, la injusticia que su régimen ejerce sobre el pueblo cubano a través de sus métodos opresivos de terror para infundir el miedo y la sumisión que le permita continuarse en el poder usurpado.

Ver a esos religiosos bendiciendo a un tiranía nos impone la paradoja de coincidir con algo expresado por Karl Marx… “opio de los pueblos”

sábado, 7 de agosto de 2021

Cada acto tiene su tiempo

 

Mario J. Viera


 

Sí, hay un tiempo para todo, y hay un tiempo para cada suceso bajo el sol, como se puede leer en Eclesiastés, ese hermoso libro de la Biblia, tan lleno de enseñanzas útiles y, debo decir de entrada, que no me identifico ideológicamente, con los principios bíblicos, pero los acontecimientos que ahora se produjeron en Cuba con el estallido de las protestas del 11 J, y las continuadas exaltaciones pasionales de la diáspora cubana en Miami Dade (diáspora, para incluir exiliados e inmigrantes económicos que conforman a la comunidad cubana en Estados Unidos) me hacen rememorar el Capítulo 3, versículos del 1 al 8 de Eclesiastés.

 

Es que todo tiene su tiempo y tiene su momento oportuno para el hacer; sí, hay un tiempo para nacer y un tiempo para morir, como hay un tiempo para plantar y un tiempo para cosechar. También existe un tiempo para derribar y un tiempo para construir, como igualmente, un tiempo de amar, y un tiempo de odiar; y hasta hay un tiempo para hacer la guerra, y un tiempo para concertar la paz. Estas dos últimas antítesis me obligan a divagar sobre determinados temas políticos, que, con respecto a Cuba están sobre la mesa; como es el caso del embargo, denominado por el régimen del Partido Comunista ─ y por algunos de sus eventuales compañeros de caminos que se autodefinen “progresistas” ─ como “bloqueo”; y el tema de las sanciones económicas no selectivas contra el gobierno de Cuba.

 

Siempre tenemos que referirnos al puntual antecedente que han sido las masivas manifestaciones de protestas protagonizadas por el pueblo cubano el 11 de julio; manifestaciones que algunos de esa diáspora cubana apenas les dan importancia y otros que las han hipertrofiado, destacando solo algunas de las verdaderas causas de las protestas, resaltando algunas u omitiendo otras, de acuerdo a lo que quieren entender. Y es que debemos considerar que ─ esto no previsto por el autor de Eclesiastés, atribuido, supuestamente, al mítico rey Salomón ─ hay un tiempo para soportar abusos y un tiempo para rechazar los abusos; y esto, precisamente es lo ocurrido el 11 J, una poderosa protesta en contra de los abusos en el abastecimiento, en la pobreza, en los efectos de la pandemia y de la denominada Tarea Ordenamiento, que todo ha desordenado, y en favor de las libertades y la destitución del actual gobernante Miguel Díaz-Canel, y todo, bajo la consigna de “Patria y Vida”; consigna esta tan denostada por un sector minoritario de la diáspora cubana y bendecida por la mayoría de esa misma diáspora.

 

Es que también hay tiempo para maldecir y tiempo para bendecir. Los que denigran la consigna de Patria y Vida se fundan en la falacia del argumento ad hominem, referido a sus autores principales, Yotuel Romero, Descemer Bueno y el dúo de Gente de Zona conformado por Alexander Delgado Hernández y Randy Malcolm Martínez, a quienes acusan de oportunistas por algunas pasadas veleidades con respecto al régimen del PCC. Sin embargo, la consigna ha calado dentro de la conciencia de los cubanos al interior de la isla. Qué importancia pueda tener el autor o los autores de una consigna cargada de poder movilizador. En todo movimiento de resistencia se necesitan símbolos que impliquen el ideal de la resistencia. ¿Acaso desconocen el origen de nuestra enseña nacional? Olvidan que fue diseñada por el anexionista Miguel Teurbe Tolón, siguiendo la idea del ambicioso venezolano Narciso López quien había formado filas dentro del Ejército Realista de España en lucha contra Simón Bolívar; bandera que primeramente tremoló en la ciudad de Cárdenas el 19 de mayo de 1850 durante la frustrada expedición anexionista de Narciso López. Bandera que posteriormente levantó Ignacio Agramonte como símbolo de combate y que, como expresara Bonifacio Byrne, en su poema “Mi Bandera”, “Orgullosa lució en la pelea,/sin pueril y romántico alarde:/¡al cubano que en ella no crea/se le debe azotar por cobarde! ¡Claro que hay tiempo para rechazar los abusos y tiempo para amar!

 

Todo puede ser; pero no todo se puede aceptar. No se puede admitir la manipulación de los sentimientos, porque conduce al extravío y al engaño. Cuando todo un pueblo repudia y protesta, aparecen los oportunistas con todo el propósito de adelantar sus intereses personales o sus agendas políticas. Y este es el caso que vemos ahora en Miami-Dade. La derecha radical del partido Republicano se ha adueñado del repudio de la diáspora cubana hacia la dictadura cubana, para convertirla en protesta en contra del gobierno de Estados Unidos. Convertir en problema interno una crisis externa, es el mejor método de hacerle oposición a la administración de Biden; más que satanizar al régimen del PCC se sataniza a la actual administración demócrata. La mira puesta está en las elecciones intermedias del 2022. Hay que ganar Florida y asegurar los cargos que se ostentan en el Congreso es el principal propósito de los republicanos de Florida.

 

Bien que esa derecha radical conoce la masa que manipula, mayoría de patriotas de bolsillo, seguidores apasionados de Donald Trump, que hicieron caravana y actos masivos de apoyo a las mentiras trumpistas sobre el fraude electoral, y una gran parte de ellos vio como héroes a los asaltantes del Congreso el 6 de enero; mayoría significativa dentro de la comunidad cubano-americana; mayoría fácilmente manipulable. Ejemplo de esa masa guiada por los republicanos es aquella señora que en una de tantas manifestaciones frente al restaurante Versalles gritaba furiosa por los poros, que cree ver, hay en el embargo, cuyas palabras reprodujo ese canal televisivo, hoy convertido en la versión hispana de Fox News, Telemundo 51; canal que da amplia cobertura a las declaraciones republicanas sin hacer uso del contraste informativo. Y la señora de marras se manifestaba indignada diciendo que hoy casi todo el pollo que se consume en Cuba proviene de Estados Unidos, olvidando que esto fue aprobado durante la administración del republicano George W. Bush, en octubre de 2000, cuando la puesta en vigor de la Ley de Sanciones Comerciales e Incremento del Comercio, por la cual se permitía la venta de productos agrícolas y medicinas a Cuba por razones humanitarias.

 

Así lo comentó Amnistía Internacional de septiembre de 2009: “Desde 2002, Estados Unidos ha sido el principal proveedor de alimentos y productos agrícolas a Cuba. Desde 2005, las regulaciones estadounidenses establecen que estas exportaciones deben realizarse mediante pago por adelantado, y el pago debe completarse antes de que los productos se envíen a Cuba; además, las transacciones deben realizarse a través de bancos en un tercer país. En 2008, Cuba importó de Estados Unidos alimentos y productos agrícolas por un valor superior a 700 millones de dólares. En marzo de 2009, el gobierno estadounidense levantó estas restricciones, y permitió que Cuba siguiera comprando alimentos y productos agrícolas y pagándolos tras la entrega”.  

 

El embargo comercial de Estados Unidos, como tantas otras cosas, constituye un elemento más de contradicción dentro de la variopinta diáspora cubana. Unos que piden se levante el embargo a rajatabla, otros, no solo quieren que se mantenga, sino que también se haga más rígido; sí porque hay que asfixiar al gobierno de Cuba, sin importar que, como daño colateral, también con ello se asfixia a la gente que vive en Cuba del día al día. Y es verdad, tal como lo dice Amnistía Internacional, que, aunque “el gobierno cubano es el principal responsable de respetar, proteger y hacer realidad los derechos humanos en Cuba, existe un reconocimiento internacional cada vez más general respecto a que, al imponer sanciones tales como embargos comerciales, los Estados deben tener en cuenta los posibles efectos de estas sanciones en el disfrute de los derechos económicos, sociales y culturales en el país afectado. Amnistía Internacional cree que el impacto del embargo sobre los derechos humanos de la población de Cuba no ha tenido una atención suficiente del gobierno estadounidense”.

 

De este modo, Joe Biden se encuentra en el medio de un campo de tiro, donde unos exigen más embargo y otros piden su eliminación, olvidando ambos sectores que el embargo ya está legislado por dos leyes aprobadas por el Congreso, la Ley Torricelli de 1992 y la macarrónica Ley Helms-Burton de 1994 y por lo regulado en esta última ningún presidente por sí puede levantar el embargo sino con el concurso del Congreso Federal; por otra parte ¿Más sanciones indiscriminadas a las impuestas por Donald Trump? Esto es algo que ni siquiera Trump, si hubiera conseguido un segundo periodo de gobierno, se habría atrevido a hacer. En definitiva: Hay tiempo para aprobar como hay tiempo para repudiar.

 

Los republicanos están en campaña. Quien crea que lo hacen a favor de los cubanos oprimidos en la isla está en un completo error. Primero tergiversan las demandas del 11 J; demandas que no fueron recogidas en un pliego, porque no se trató de manifestaciones políticamente organizadas, sino como la expresión del cansancio del pueblo. Vease lo dicho por Ron DeSantis el 13 de julio: “Ellos no están exigiendo vacunas o medicinas, lo que realmente quieren es la libertad que no han tenido por más de 60 años. El que crea otra cosa no entiende la opresión que ha sufrido ese pueblo”. O lo dicho recientemente el vástago de una familia batistiana Mario Díaz-Balart y el mediocre ex alcalde de Miami-Dade Carlos Giménez que "los cubanos no piden remesas sino libertad". Es que los cubanos tienen que esperar a la caída del régimen del PCC para alcanzar la libertad, y solo entonces, con ella "llegarán comida, medicinas, vacunas contra la COVID y el progreso económico", ¡Claro está si antes no mueren por la pandemia o por inanición!

 

Y van todos sus dardos contra Joe Biden, el que ganó el Colegio Electoral y el voto popular frente al maniático Donald Trump. Vean que este es el ejemplo: "Esto no debe ser un tema de republicanos o demócratas, es sobre Estados Unidos y el mundo libre" ante "una dictadura de más de 60 años (…) No puedes [Biden] ser el líder del mundo libre cuando estás en silencio ante esos que piden libertad", expresó muy emocionado Kevin McCarthy, líder de la minoría republicana en la Cámara de Representantes.

 

¡Ah, hermosas palabras; emotivas palabras! Lástima que no le expresó las mismas palabras a Donald Trump, cuando este coqueteaba con el máximo dirigente de una dictadura más despiada que la que pudiera ser la del PCC, con Kim Jong Un. Cuando Trump dijera del tirano que era su amigo; cuando a pedido del Jong Un suspendiera los ejercicios militares conjuntos entre las fuerzas de Corea del Sur y las estadounidenses, a los cuales denominó “juegos de guerra”, para hacer feliz a la bestia de Corea del Norte. ¡No, entonces, McCarthy, solo hizo unos tímidos comentarios!, como este de: “Los métodos de Trump hicieron que Corea del Norte hablara, así que dale una oportunidad en materia de comercio. No creo que nadie gane una guerra comercial, pero sí creo que es saludable tener una discusión comercial”; o este otro, donde expresó: "Permitamos que [Trump] tenga un poco de margen para tener una discusión.  Siempre es parte de las negociaciones, a veces haces una discusión sobre un punto para que puedas ser más fuerte".

 

Y lo que dijo la hija de unos cubanos que salieron huyendo de la isla cuando llegó al poder Fidel Castro, sin haber hecho nada para enfrentarle, convencidos como estaban de que era comunista, María Elvira Salazar, periodista mediocre surgida, ¡Tenía que ser de Telemundo 51!, nacida en Miami en 1961 exclamando muy airada, "La paciencia se nos está acabando", porque reiteradamente, se le ha solicitado a Biden un "liderazgo claro" con respecto a Cuba. Y no podía faltar la glamorosa, la diva del republicanismo, Rosa María Payá, la hija del iluminado, del impecable representante de la oposición cubana, del “mártir” Oswaldo Payá, que para resalto de ella se aprobó en el Senado estadounidense, a petición de Marco Rubio ─ omitiendo nombres preclaros como los de Ricardo Bofill y Sebastián Arcos Bergnes, que si conocieron las cárceles de la tiranía ─  rebautizar la calle donde se levanta la sede de la embajada cubana con el nombre de “Oswaldo Payá Way”. Y dice la destacada activista pro ella misma: "El presidente Biden dice que apoya la clara demanda de libertad, pero todavía no ha actuado para ayudarla a la altura de la circunstancia".

 

Dejemos a un lado las ambiciones republicanas, que han convertido el 11 J en un apetitoso pastel colocado sobre los lomos de un elefante y cada uno aspira a probar una tajada del mismo. Olvidemos las intrigas politiqueras que alimentan la polarización política en Estados Unidos y situémonos en lo específico. Hoy, no es el momento de suprimir, por muy estúpidas que sean, que lo son, las sanciones que Trump le impuso a Cuba. Hoy, en este momento, luego que la dictadura reprimiera el derecho de manifestación con violencia física, detuviera a cientos y condenado a muchos de los participantes en las manifestaciones bajo cargos de “desorden público” y desacato, y sin las adecuadas garantías judiciales; no sería políticamente acertado, quizá más adelante pudiera hacerse, pero paso a paso. Levantar el embargo, no es el momento, no existe una mayoría congresional favorable a ello y de hacerlo, hacerlo paulatinamente, concesión por concesión. Es que existe un tiempo de espera y un tiempo de hacer;

 

Si se me permitiera darle mi opinión a Biden, yo solo le diría: “Ud. es el presidente de Estados Unidos; haga lo que entienda es mejor para Estados Unidos; elabore su propia política exterior, de acuerdo con sus propias opiniones y el consejo de su equipo de asesores. Concéntrese en los intereses de su país, en el mejoramiento social, educativo y económico de sus ciudadanos, ellos lo valorarán, Desarrolle una política interior dirigida a ganar apoyos dentro de las minorías nacionales, de los sindicatos, de los trabajadores de la industria. Céntrese en el trabajo de acabar con el azote de la pandemia, fortalezca las relaciones con los aliados de Estados Unidos y hacer que florezca la economía nacional con bajos índices de desempleo; recuerde que Estados Unidos no es el policía universal y que la era del gran garrote ya ha quedado solo como recuerdo histórico”.

 

Para los cubanos que en la isla se enfrentan al poder de la dictadura, ya no hay tiempo de esperar por salvadores externos, es tiempo de alcanzar la libertad por propia y autóctona decisión. ¿Qué ha hecho Estados Unidos para rescatar la democracia en Nicaragua?¡Nada, si acaso alguna que otra tímida sanción económica! ¿Y los cientos de muertos en las protestas masivas de Nicaragua? ¡Nada, todavía Daniel Ortega se mantiene en el poder! ¿Y en Venezuela, donde todas las acciones estaban puestas sobre la mesa? ¿Y los cientos de asesinatos políticos que han cometido en Venezuela los grupos de facinerosos que militan en bandas parapoliciales conocidas como “colectivos”? ¡Nada, todavía Maduro mantiene el poder y la oposición se ha quedado sin fuerzas! Olvídense, Marco Rubio, Mario Díaz Balart, María Elvira Salazar, Carlos Giménez, Ron DeSantis y Rick Scott son políticos estadounidenses, para ellos, en realidad, Cuba solo es un propósito para alimentar sus aspiraciones políticas y ganar en la Florida los votos de la poderosa, en número, comunidad cubano-americana. ¿Las afamadas organizaciones del exilio cubano? ¿Qué han hecho de utilidad para la conquista de la libertad en Cuba, el Directorio Democrático Cubano, la Asamblea de la Resistencia Cubana, ambos bajo la dirección de Orlando Gutiérrez, con su "Plan República de Cuba"; Cuba Decide, encabezada por Rosa María Payá promoviendo un “plebiscito vinculante”; y otras del mismo pelaje? Salvo vivir sin sudar la camisa, nada han logrado, solo dividir más y más a los sectores de la diáspora cubana alineándose a un solo partido estadounidense, el Republicano y dando apoyo ferviente a Donald Trump.

 

Hay que reorganizarse, comenzar de nuevo, elaborar una estrategia de resistencia, conociendo nuestras fuerzas y nuestras debilidades. Elaborar un pliego de demandas y propuestas. El 27 N puede jugar un papel movilizador. Echar a un lado las promesas de un exilio desfocado, y del histerismo miamense. La solución de nuestros problemas está en las manos de las nuevas generaciones, y hay que ganar la voluntad de actuar de esa generación. Cuba no necesita una nueva Enmienda Platt. Cuba ha de levantarse por el esfuerzo de todos sus hijos, sin exclusiones, para poder superar esta etapa de oscurantismo político donde ha sido sumida por los máximos responsables del usurpador Partido Comunista de Cuba. ¡Habrá una Tercera República!, como hubo una primera, surgida el 29 de mayo de 1934 al ser derogada la Enmienda Platt; como hubo una segunda, a partir del 10 de octubre de 1940 con la ratificación de la Constitución del 40. Sí, necesariamente, surgirá la Tercera República, una, soberana, independiente y libre República de Cuba. Todavía hay tiempo para la esperanza.

lunes, 26 de julio de 2021

Las lecciones del 11-J

 

Mario J. Viera

 


Son muchas las lecciones que nos ha dado la explosión del 11 J, y muchas las enseñanzas que, de ellas, pudiéramos extraer. La primera de todas, es que podemos alcanzar la liberación por nuestros propios medios, sin necesidad imperiosa de injerencias de poderes externos.

 

La principal característica de las multitudinarias manifestaciones del 11 J ha sido su carácter inusitado, al margen e independiente del concurso y la dirección de organizaciones internas, que no han podido superar su estadio de disidencia para convertirse en verdaderas organizaciones políticas de oposición; y este carácter inusitado significa que, existe y se manifiesta dentro de la gran masa de la población, la conciencia de la necesidad del cambio y la voluntad para producir el cambio. Estos dos factores son los que, necesariamente tienen que estar presentes en la conciencia social ─ necesidad del cambio y voluntad para producir el cambio ─ para producir una revolución.

 

Tiene razón la economista Rafaela Cruz cuando señala ─ en Diario de Cuba ─ que la debilidad de la oposición (yo preferiría decir “disidencia’) se hizo manifiesta en las protestas del 11 de julio, “cuando ningún movimiento o líder logró fusionar y encausar el descontento. Muchos, desde largo tiempo, hemos estado abogando para que los grupos disidentes se vuelvan más hacia lo interno que hacia el exterior, actuando dentro del pueblo, haciendo labor de proselitismo de manera directa, para darle cauce a la indignación popular. Se trata de ejercer el liderazgo para impulsar el cambio cuando existe “una masa lista, como propone Cruz, para estallar cuando el liderazgo correcto los invoque”. Es decir, enfocarse en el fortalecimiento, tal como aconseja Gene Sharp, de la “población oprimida en su determinación de luchar, en la confianza en sí misma y en sus aptitudes para resistir”. Esto quedó determinado en los sucesos del 11J, la existencia de una masa lista para producir el estallido, confiada en sí misma por la identificación del conjunto que eleva el grito de Patria y Vida. Pero faltó algo importante, por la desidia de los grupos disidentes al interior de la isla, la necesidad ─ que Sharp propone ─ de “desarrollar un amplio y concienzudo plan estratégico global para la liberación, y ejecutarlo con destreza”. Sin un plan, sin una estrategia elaborada sobre realidades, no existe un movimiento de resistencia que logre el éxito. Factor este, sobre el cual tantos hemos insistido.

 

En su espontaneidad, sin la presencia de líderes conductores, aparecieron, diversas personas actuando como verdaderos agitadores políticos, quienes proponían consignas y determinadas acciones; como ocurrió en San Antonio de los Baños, cuando, al inicio de la protesta en un punto de la ciudad, algunos propusieron desfilar hasta la sede del Comité Municipal del Partido Comunista, en una forma de liderazgo horizontal con iniciativas no limitadas por un liderazgo vertical.

 

Este estallido social, el profesor Fernando Mires, lo identifica como la expresión de “un colectivo deseo de vida, de un grito desesperado por ser, de una expresión masiva por la libertad”; un movimiento, más que político, “fue un movimiento existencial”. Mires rechaza catalogar el grito del 11 J como “espontáneo”. “Una cosaexplica Mireses que un movimiento no tenga líderes ni partido y otra es que sea espontáneo. Espontáneo, en el léxico político, significa un estallido anárquico y desorganizado”. Y esto para Mires no es lo que sucedió en Cuba., dado el hecho de que la protesta “se expandiera tan rápidamente desde los poblados más lejanos hacia las grandes ciudades y que en todos los lugares fueran coreadas las mismas consignas y que sus participantes hubiesen decidido poner término a todas las manifestaciones a la misma hora” evidencia que hubo “un alto grado de sincronía, de intensiva comunicación (digital) interna”. Esto, visto así, es cierto. Una coordinación que tuvo su antecedente en la sincronización comunicacional que estuvo presente para llevar a cabo la plantada frente al Ministerio de Cultura el 27 de noviembre del pasado año; una acción esta de desobediencia civil que tomó por sorpresa, igual que ahora, a los servicios de inteligencia de la dictadura.

 

Lo espontáneo, dentro de los hechos del 11 J, estuvo solo presente en la táctica empleada, sin ajustarla a una estrategia consensuada para impulsar una verdadera resistencia noviolenta; aunque, de modo instintivo, se pudo consolidar el número crítico de participantes que se requieren en un proceso de resistencia noviolenta, en una masa multigeneracional y de géneros. Fue significativa la participación de las mujeres lanzando el grito de “no tenemos miedo”. Hay pueblo, solo se requiere que los disidentes conviertan el movimiento en uno de tipo político, con demandas políticas, y, como propone, muy acertadamente, Rafaela Cruz, “haciendo propuestas mínimas, básicas, pocas, cortoplacistas y comprensibles, teniendo en cuenta que el pueblo no rechaza todo del castrismo — los sistemas de salud y educación estatales son intocables —, solo quiere vivir mejor. Hay que definir qué es "vivir mejor" y ofrecerlo ya, ahora”.

 

¿Qué se buscaba alcanzar con las manifestaciones del pasado 11 de julio? ¿La toma del poder político? Ese no era el objetivo de los manifestantes. Lo que se pretendía era lanzar un reto al poder y mostrar el descontento que existe en toda la sociedad cubana por las reformas económicas que últimamente ha venido implementando el PCC y el gobierno de Díaz-Canel; por los métodos incorrectos empleados por el gobierno para enfrentar la pandemia del COVID-19 que han provocado el colapso de las capacidades hospitalarias, especialmente en Matanzas; y por la crisis de desabastecimiento agudizada con la aparición de las tiendas que comercian en dólares y a sobreprecio de los productos esenciales.

 

He aquí donde fallan los grupos disidentes de Cuba, cuando solo se centran en problemas puntuales, en la elaboración de proyectos inocuos de reformas, como el tan mentado Proyecto Varela o la idílica Plataforma 18 de participación en el proceso electoral de Cuba; y en la búsqueda de apoyo externo, sin plantear como objetivo básico la toma del poder político a partir de un poderoso movimiento interno de resistencia. La disidencia descuidó el trabajo de captar pueblo; y pueblo había para impulsar ese movimiento de resistencia interna, como ha quedado demostrado en este accionar del 11 J.

 

Como bien se afirma en Los 50 puntos cruciales de la lucha no violenta de los autores Srdja Popovic, Andrej Milivojevic y Slobodan Djinovic, no se puede cambiar una sociedad si no se alcanza el poder político para la implementación de las reformas que esa sociedad requiere. No se trata solamente de plantear una lucha por ideales, por el respeto de los derechos políticos, civiles, sociales y humanos de los ciudadanos; sino la lucha por y para la toma del poder político. Solamente contando con el poder político se pueden implementar las necesarias reformas para la transición hacia un estado de derecho.

 

De hecho, el poder político en una sociedad proviene de la obediencia de las personas y el 11 J fue un desacato, un reto, una manifestación de desobediencia al poder político que usurpa en Cuba el PCC; y esto implica que el régimen actúe para reprimir la desobediencia. Este es el mérito histórico del 11 J, el primer acto multitudinario de desobediencia civil en 62 años de poder autoritario. Así como expone Mires: “La posibilidad de que la represión logre desmembrarlo, debe ser considerada. El aparato policial y militar cubano está hecho para reprimir a su propio pueblo. Pero que eso no suceda, depende también de las formas que asumirá en el movimiento en el futuro”.

 

La reacción primaria de la dictadura, ante un hecho considerado improbable, fue la indecisión, pero cuando las manifestaciones llegaron hasta la misma capital de la nación, centro de toda la atención internacional, tuvo que decidir y actuar. Movilizó a las fuerzas especiales del Ministerio del Interior, las “Avispas Negras”, a los efectivos de la Policía Nacional Revolucionaria y de la Seguridad del Estado, y, al mismo tiempo, demostrar que contaba con apoyo popular frete al reto de grupos calificados como marginales que quebraban el mito de “la unidad del pueblo en torno al partido comunista y al gobierno”. No se podía “admitir que ningún contrarrevolucionario, ningún mercenario, ningún vendido al gobierno de EE.UU., vendido al imperio, recibiendo dinero de las agencias, dejándose llevar por todas estrategias de subversión ideológica van a crear desestabilización en nuestro país", como clamó el sustituto de Raúl Castro al frente del gobierno. Entonces convoca: "a todos los revolucionarios del país, a todos los comunistas, a que salgan a las calles y vayan a los lugares donde vayan a ocurrir estas provocaciones".

 

El gobierno moviliza de inmediato a los esquiroles de la respuesta rápida que tan bien actuaron en la represión de las manifestaciones del 5 de agosto de 1994, conocidas popularmente como el “maleconazo”, junto a efectivos militares vestidos de civil y armados con garrotes; pero se cuida especialmente de no ametrallar a la población inerme; eso sería fatal para su imagen pública internacionalmente. No se reproducen los actos de violencia policial ocurridos en Chile y Colombia, ni el fusilamiento de manifestantes por efectivos militares como los ocurrido en Birmania, ni los asesinatos indiscriminados que el gobierno de Daniel Ortega cometió contra las manifestaciones de protestas en Nicaragua, no se lanzaron bombas de gases lacrimógenos para dispersar a las multitudes, como ocurriera en Estados Unidos durante las protestas del movimiento BLM.

 

Aunque muchos de la diáspora cubana vean la represión que, en Cuba, produjo cientos de detenidos, golpizas, asaltos a domicilios y hasta la muerte, reconocida oficialmente, de uno de los manifestantes, como una “represión bestial”, lo cierto es que no se llegó a tal extremo; lo que no implica, precisamente, que, en el futuro, ante un movimiento consolidado de resistencia no violenta, el régimen se inhiba de recurrir a la represión bestial indiscriminada.

 

Ante esta situación el periodista e historiador y exprofesor de la Facultad de Periodismo de la Universidad de La Habana, Roberto Álvarez Quiñones, en artículo para Diario de Cuba, conceptuó al movimiento del 11 de julio como “una monumental rebelión política”, aunque, erróneamente e inexactamente, consideró que los “manifestantes apuntaron al poder, la fuente primaria de la desgracia cubana y no a sus consecuencias sociales (hambre, escasez de todo, pobreza, etc.)”. Fue, precisamente esas condiciones sociales ─ hambre, escasez de todo, pobreza, etc. ─ la causa eficiente para la protesta, sin importar que se gritara reclamando libertad y la renuncia de Miguel Díaz-Canel a la presidencia del país.

 

El muy distinguido comentarista considera, también de modo incorrecto, que, “el derrumbe del comunismo en Cuba se logrará con la acción de fuerzas combinadas de una insoportable presión político-social interna y otra presión venida de fuera, para que ambas produzcan una fractura en la cúpula del poder que dé al traste con el régimen”. Aboga también por reclamarle al “presidente de la mayor potencia mundial” que le exija a la dictadura cubana que ponga “fin a la bestial represión, liberen a todos los detenidos y los presos políticos, que aparezcan los desaparecidos y se restauren las libertades ciudadanas, o ‘habrá consecuencias’". Y esas consecuencias, por supuesto, serían “echar abajo el mito de que solo hablar de una intervención humanitaria-militar favorece a la tiranía porque esta puede reavivar el nacionalismo ‘revolucionario’". Aparte de que estas declaraciones tienen el tinte propio de una mentalidad plattista, son también manifestación de la desconfianza de alguien en las capacidades de los cubanos de alcanzar su propia liberación.  

 

Sobre este aspecto, el Dr. Gene Sharp he expresado: “Muchas personas que actualmente están padeciendo bajo una dictadura, o que han tenido que exilarse para escapar de sus garras, no creen que los oprimidos puedan liberarse por sí mismos. Ellos no esperan que su pueblo pueda ser liberado sino por la acción de otros. Ponen su confianza en las fuerzas extranjeras. Creen que sólo una ayuda internacional puede ser lo bastante fuerte como para derribar a los dictadores.  (…) Esa confianza puede estar puesta en un factor totalmente errado. Por lo general, no van a llegar salvadores extranjeros”. Y agrega Sharp: “Los estados extranjeros podrían involucrarse activamente para fines positivos sólo cuando hubiere un movimiento interno que ya haya comenzado a sacudir la dictadura y logrado que la atención internacional se enfoque sobre la índole brutal del gobierno”.

 

Refiriéndose Sharp a las acciones internacionales, señala: “Aunque las acciones internacionales pueden beneficiar, o de alguna manera debilitar a las dictaduras, la continuación de éstas depende primordialmente de factores internos. (…) el boicot económico internacional, los embargos, la ruptura de relaciones diplomáticas, la expulsión del gobierno de organizaciones internacionales, la condena del mismo por alguno de los cuerpos de las Naciones Unidas y otros pasos semejantes, pueden contribuir grandemente. A pesar de todo, si no existe un fuerte movimiento de resistencia interna, tales acciones por parte de otros es poco probable que se den”.

 

Hoy en Estados Unidos, las manifestaciones de la diáspora cubana en apoyo al 11 J, parecen estar dirigidas más en contra de la administración demócrata que contra la dictadura del PCC. A impulsos del sector de la extrema derecha del Partido Republicano y de sus acólitos en algunas de las principales organizaciones del exilio, se alienta la mentalidad plattista que tanto daño ha hecho al crecimiento opositor al interior de la isla, con el reclamo y la exigencia de que Biden haga esto o no haga esto otro. Es legítima la intolerancia ante la intolerancia de la dictadura del PCC; pero ¿hasta dónde debe ser llevada?; hasta el punto dónde no perdamos la opinión pública internacional. ¿Se gana a la opinión internacional cuando se aboga por intervenciones militares de Estados Unidos y de la OTAN en Cuba, como la propuesta de un tal Léo Juvier-Hendrickx patrocinada además por Zoé Valdés y la suscripción de 50 mil firmas? Intervención militar que otros denominan eufemísticamente como “intervención humanitaria-militar”. Así no se gana el apoyo de la opinión pública internacional.

 

El 11 J debe convertirse en un movimiento consolidado, dejando a un lado todo el histerismo político miamense. La disidencia interna tiene ahora la oportunidad, el ejemplo lo dieron los miles de manifestantes que tomaron las calles de ciudades y pueblos en toda la isla. Ahora, lo que importa, como propone Mires, es preservar la existencia física del movimiento y a partir de ahí, asegurar su existencia política. “Por el momento, lo que más requiere es mantener continuidad. En otras palabras, que el régimen se vea obligado a reconocer al 11-J no solo como un enemigo externo sino como una oposición interna, y esto es en lo que se debe concentrar la resistencia interna, sin pensar en invasiones militares de una potencia externa con la misión de “rescatar la libertad de Cuba”, lo que conduce a una paralización de la voluntad de resistencia con la esperanza puesta en una invasión militar que nunca se producirá; debe concentrarse en la elaboración de una estrategia cohesionada de lucha política no violenta y en la elaboración de un proyecto de nación, sin fantasías. Unir en un mismo empeño a todos los cubanos, ¡A todos! Más que buscar apoyos de gobiernos extranjeros, se debe buscar el apoyo de la opinión internacional, la opinión de las masas latinoamericanas, de las masas europeas. Hay que ganar para la causa de la liberación nacional las simpatías populares y de intelectuales y artistas de América Latina, de Estados Unidos, ¡De todo el mundo! Y tener muy presente las opiniones de Mires cuando señala: “Sin disidencias, sin trizaduras internas [dentro del mismo régimen], ningún régimen se viene abajo. Eso significa, para el movimiento que recién nace, mantenerse atento a cualquiera posibilidad de comunicación con los personeros del régimen. Nunca cerrar todas las puertas. (…) En no pocas experiencias históricas hemos visto a miembros de regímenes dictatoriales que terminan por disentir. Nunca faltan los que se dan cuenta de que seguir manteniendo a gobiernos ilegítimos lleva a callejones sin salida. Hay quienes también no quieren pasar a la historia como verdugos de sus pueblos. No hay transiciones sin deserciones.