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miércoles, 21 de agosto de 2013

¿Snowden o Al Qaeda? Escoja usted


Domingo Amuchástegui Álvarez. CUBAENCUENTRO

En los últimos días hemos visto un espectacular corre-corre y dale-al-que-no-te-dio con el cierre de las embajadas en Medio Oriente y África por las amenazas de Al Qaeda... hasta aquí el notición para las mentes cortas y planas. Pocos problematizan o ponen la luz larga más allá del menú mediático. Aventuremos algunos cuestionamientos y percepciones distintas de la versión oficial que parece sugerir una suerte de hecatombe. El miedo siempre ayuda a la política.

Primero, ¿qué nos decían acerca de Al Qaeda hace un año atrás luego de la cacería exitosa de Osama Bin Laden? Que estaban liquidados, desarticulados, hecho polvo, etc., anuncios que el presidente Obama proyectó al máximo para capitalizar electoralmente la victoria aplastante sobre el terrorismo.

Segundo, por arte de magia, sin señales o indicaciones previas, Al Qaeda resucita de la noche a la mañana, sin que nadie en Washington, Londres o París lo hayan advertido o denunciado antes pese a su poderío tecnológico de espionaje electrónico y todo lo demás. Ahora Al Qaeda se nos presenta recuperada y más poderosa que nunca, la que parece mover hilos, conexiones y fuerzas para poner en jaque aparente la seguridad de EEUU en una veintena de países así como dentro de los EEUU, recurriendo éste a medidas extremas que no utilizó ni en los tiempos dorados de Al Qaeda con Osama Bin Laden. ¿Cuándo nos mintieron? ¿Hace un año? ¿O es ahora que el globo adquiere proporciones mayúsculas?

¡Qué raro todo ello!

Tercero, se había dicho hace rato, de manera repetida, que Al Qaeda ya no estaba empleando medios de IT, sino medios humanos y hasta palomas mensajeras. ¿Era cierto esto o no? ¿O es que acaso los expertos de Al Qaeda se han vuelto “mongos” y recurren a estos mismos medios de IT — en extremo vulnerables a los medios de detección de EEUU — y comienzan a planear otra suerte de 9/11 descuidando dicha vulnerabilidad más que evidente? ¿Y para qué dos dirigentes de Al Qaeda hablan de sus planes con total desfachatez por intermedio de sus medios cibernéticos sobre lo que planean? ¿Para que EEUU los detecte y denuncie de inmediato? Muy rato todo esto; me recuerda la famosa frase de Mario Puzo en El Padrino: “No me insultes mi inteligencia”

Cuarto, es casi demasiado evidente afirmar que el conjunto de las relaciones internacionales y política de EEUU son un componente clave de su seguridad nacional; mucho más que cualquier bombazo, asalto a lo Benghazi o ataque específico que Al Qaeda pueda llevar a cabo ahora. Si esto es así, ¿qué tiene más impacto y efecto práctico, un ataque de Al Qaeda — cuyas proporciones deben ser bien limitadas de acuerdo a lo que venían diciendo desde hace un año — o la conmoción cuasi-nuclear del escándalo Snowden para esas relaciones internacionales?

Quinto, si lo de Snowden está todavía por sonar mucho más y repercutir muchísimo más que el efecto Wikileaks en su tiempo, se hace imperativo luego de semanas de cobertura mediática y escándalos políticos desfavorables para EEUU, articular respuestas mediáticas y políticas que neutralicen lo más posible el efecto Snowden.

Sexto, y si alguien quiere reducir la importancia de lo de Snowden, permítanme recordarles: a. Que EEUU acaba de suspender unilateralmente su cumbre programada con Rusia por el asilo concedido a Snowden, lo cual es mucho más relevante para la seguridad de EEUU que cualquier ataque de poca monta por parte de Al Qaeda; b. ¿Por qué se precipita el Presidente Obama en acudir al talk-show de Jay Leno, el pasado día 6 de agosto, para abordar este estado de alarma y no lo ha hecho todavía con los líderes del Congreso?; y c. ¿Cuántas veces a los congresistas de EEUU se le ha hecho partícipes privilegiados de información secreta a fin de comprometerlos con su silencio en maniobras domésticas y de política exterior? Al respecto, sobran los ejemplos bien documentados.

Séptimo, se impone para la actual administración gestar y aplicar medidas activas que mediante alarmas en la esfera de la seguridad nacional permitan no sólo neutralizar y reducir lo de Snowden al máximo, sino demostrar palmariamente la necesidad de justificar, defender, legitimar y argumentar la continuación de todo el andamiaje de detección, vigilancia, escuchas, indiscriminadas que despliega EEUU por todo el mundo, sin consideración siquiera para sus más cercanos aliados. Es la misma argumentación del Patriot Act de los tiempos de W. Bush, multiplicada en proporciones geométricas. Y qué mejor instrumento para persuadir a todo el mundo que enarbolar los temidos fantasmas de Al Qaeda sobre la seguridad nacional y personal de cada uno y así olvidar a Snowden y santificar todos sus mecanismos de vigilancia, detección y escuchas.

De esta manera se neutraliza todo y dentro de algunas semanas todo se habrá diluido y las mentes cortas y planas, volverán a enfocarse en los deportes, la farándula o las telenovelas, el narcotráfico, los crímenes pasionales o de perturbados mentales, encontrando la actual administración de Obama un mejor ambiente para recuperarse de las severas lesiones del caso Snowden y todo lo que éste ha implicado… Sin olvidar que las miras y acciones de todos los políticos de EEUU están ya enfocadas en las elecciones venideras y de cómo se maneje y capitalice esta crisis, la de Snowden que ya es y la de Al Qaeda que está por ver, por ambos partidos y los candidatos que ya asoman.

La pregunta sigue en pie. ¿Cuál es la verdadera crisis, Snowden o Al Qaeda? Escoja usted.

martes, 20 de agosto de 2013

Snowden, ¿traidor?


Jorge Ramos. EL NUEVO HERALD

Claro, nadie quiere otro 9/11. Nadie. Salvo Al Qaida y otros grupos terroristas. Las encuestas en Estados Unidos son inequívocas; los norteamericanos quieren que su gobierno haga todo lo que sea necesario para evitar otro ataque terrorista como el que le costó la vida a casi tres mil personas hace una docena de años en Nueva York, Washington y Pittsburgh.

Pero una cosa es esperar que tu gobierno te proteja de ataques del exterior y otra, muy distinta, es que se utilice esto como excusa para espiar tus correos electrónicos y tus llamadas telefónicas. El programa de espionaje del gobierno de Estados Unidos ─ que filtró el ex contratista de la Agencia Nacional de Seguridad (NSA), Edward Snowden, al diario británico The Guardian ─ es mucho más extenso de lo que se pensó originalmente.

Estados Unidos copia casi todos los mensajes que los estadounidenses envían o reciben hacia y desde el exterior, según la investigación que hizo el reportero Charlie Savage del periódico The New York Times (aquí está el link http://nyti.ms/1cxVosO). Y luego la Agencia Nacional de Seguridad busca entre todos esos correos y números telefónicos, las palabras clave o referencias que pudieran sugerir un plan terrorista.

El caso es que, sin ningún tipo de orden judicial (o warrant, en inglés) se está espiando y recaudando esta información. Cierto, quizás esa información le permitió, por ejemplo, al gobierno de Estados Unidos saber qué Al Qaida preparaba un ataque contra su embajada en Yemen y así se tomaron amplias medidas de precaución en todo el Medio Oriente. Pero el problema es que mucha de la información que se está copiando y escaneando es de índole personal, son datos íntimos y confidenciales, y no tienen absolutamente nada que ver con terroristas y criminales.

Quien nada debe, nada teme”. Me recuerdan este dicho en Twitter cuando hablo de los abusos de los programas de espionaje gubernamental. Pero no se trata de que tengamos algo que esconder. El punto está en que no debemos permitir que ningún gobierno se meta en nuestra vida privada sin justificación legal.

¿Por qué un agente en Washington tiene que enterarse de la persona a quien amo, del dinero que presto o me prestan, con quien me peleo, a dónde planeo ir de vacaciones o lo que de verdad pienso de mi vecino? Esto viola la cuarta enmienda de la Constitución de Estados Unidos que, claramente, advierte contra investigaciones injustificadas. (Este artículo del diario The Guardian explica cómo se realiza este tipo de espionaje sin orden judicial http://bit.ly/195OAP4)

Estamos hablando de espionaje masivo. Les doy un ejemplo. Los documentos que Snowden le filtró a The Guardian indicaron que solo en el pasado mes de marzo la NSA obtuvo 97,000,000,000 de datos producto del espionaje de e-mails y números telefónicos. La mayoría fueron obtenidos de personas en Pakistán e Irán. Pero un tres por ciento de esos datos provinieron de personas en Estados Unidos. Es decir, es como si agentes del gobierno hubieran leído tres e-mails a cada uno de los 316 millones de personas que vivimos en Estados Unidos.

No sabríamos nada de esto si Edward Snowden se hubiera quedado callado. Hoy sabemos que el gobierno de Estados Unidos tiene un masivo programa de espionaje que incluye a sus propios ciudadanos.

¿Es Snowden un traidor? Obama no lo quiso decir así. Pero en su última conferencia de prensa dijo que “no era un patriota”. Por supuesto que al presidente Obama no le gustó que se supiera que su política de seguridad nacional es casi idéntica a la de George W. Bush, a quien tanto criticó como candidato. Y aunque Obama anunció en su última conferencia de prensa que quiere hacer todo el proceso más abierto y transparente, no ha sugerido que va a detener sus prácticas de espionaje dentro y fuera de Estados Unidos.

Snowden, para muchos, no es un traidor; es sencillamente un whistleblower, un informante o delator de un abuso gubernamental. Es cierto que Snowden rompió su compromiso, firmado, de no difundir información secreta del gobierno. Pero prefirió denunciar lo que para él era un abuso que quedarse callado. Ahora está pagando las consecuencias.

Snowden consiguió un asilo temporal en Rusia. Pero ¿podría tener un juicio justo en Estados Unidos? Obviamente él no lo cree así. Por eso no ha regresado a casa. El soldado Bradley Manning, que hizo algo parecido a Snowden ─ en el 2010 filtró más de 700 mil documentos secretos a Wikileaks ─ fue encontrado culpable de 19 cargos en su contra y pudiera pasar hasta 90 años en la cárcel.

No, nadie quiere otro ataque terrorista en suelo norteamericano. Sí, el gobierno debe hacer todo lo posible para evitar que esto ocurra. Pero espiar a todos para ver quién cae no es lo que esperas de la democracia más poderosa del mundo. Big Brother no es ficción.

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jueves, 11 de julio de 2013

El mensaje de Snowden


Daniel Morcate. EL NUEVO HERALD

Manifestantes de Berlín en apoyo Edward Snowden  (AP-Reuters)
Las espectaculares filtraciones de Edward Snowden sobre la vigilancia gubernamental han dividido a los norteamericanos. En una reciente encuesta, revelada por el Huffington Post, 38% de los encuestados dicen que el ex contratista de la Agencia Nacional de Seguridad actuó mal; 33% opina que bien; y 29% se mantiene en la proverbial cerca. Aunque se esfuerce por proyectar unanimidad en la condena de Snowden, la clase política también se ha dividido. Por un lado están políticos que censuran sin titubear las filtraciones de Snowden y piden que se le castigue con mano dura; y por otro están aquellos que no ocultan su perplejidad ante lo que ha revelado y admiten que, en materia de vigilancia ciudadana, se hallaban detrás del palo. Incluso mis colegas periodistas se alinean en bandos distintos sobre el asunto. Los simboliza el Washington Post, cuya junta editorial le pidió a Snowden que negocie su entrega a la justicia norteamericana y exigió que cese la divulgación de lo que sopla, en una crítica directa a su propio departamento de noticias.

Snowden no es precisamente una damisela encantadora. Cada vez que abre la boca exhala un ego que no brinca ni una cabra amaestrada. Algunas de sus justificaciones éticas no resisten un escrutinio serio. Y él mismo ha comprometido aquellas que parecían resistirlo, al intentar protegerse bajo el ala de autócratas que no respetan ni la libertad de prensa, ni la libertad de expresión, ni mucho menos el derecho de sus pueblos a saber lo que hacen, principios todos que ha invocado para justificar sus denuncias. Por inconsecuencia o miedo a represalias, ha carecido del valor suficiente para defender sus convicciones en EEUU. Y eso en parte explica el recelo hacia él de muchos de sus compatriotas.

Pero lo prudente y sabio para los norteamericanos sería abstraer del dudoso comportamiento de Snowden para examinar bajo la lupa lo que ha denunciado. Una cosa es su personalidad contradictoria y otra muy distinta su detallada exposición de que nuestro gobierno, en el comprensible afán de combatir el terrorismo, se ha embarcado en una compleja aventura de vigilancia de nacionales y extranjeros que no había justificado ante nosotros, los gobernados. Gracias a sus filtraciones, el país ha iniciado un profundo debate nacional sobre el alcance y la conveniencia de los programas secretos que vigilan desde nuestros correos electrónicos y postales hasta nuestras comunicaciones telefónicas. Pudo y debió haber sido de otra manera. Dos presidentes y varios legisladores influyentes pudieron y debieron haber intentado acreditar públicamente la existencia de esos programas.

En lugar de ello, nuestros gobernantes han dejado pasar el tiempo, comprometiendo su credibilidad, sin asumir adecuadamente la responsabilidad de justificar la vigilancia secreta. Ante la creciente preocupación de que se realiza sin los frenos y contrapesos adecuados, el gobierno nos ha pedido que confiemos en su palabra de que existen y se aplican. A lo sumo, ha puesto de ejemplo a la corte secreta que autoriza la vigilancia. Pero ese ejemplo ilustra exactamente lo contrario. La corte se compone de jueces a los que aprueba, mediante exámenes de antecedentes a ellos y sus familiares, la propia comunidad de inteligencia a la que se supone que vigilen. Solamente el gobierno y sus aliados pueden presentar alegatos ante ella, nunca la otra parte, ni tampoco organizaciones cívicas que supervisan al gobierno. Un resultado previsible es que apenas ha negado 11 órdenes de vigilancia de casi 34,000 que le ha solicitado el gobierno desde 1979.

El miedo al terrorismo y el desprecio a los terroristas contribuyen a que muchos norteamericanos parezcan resignados a la vigilancia secreta sin recibir mayores explicaciones oficiales. Se imaginan que la cosa no va con ellos. O parecen dispuestos a dejarse fisgonear a cambio de seguridad. A ellos les dedicó Benjamin Franklin su famosa advertencia de que “aquellos que renuncian a la libertad esencial para obtener un poco de seguridad temporal, no se merecen ni la libertad ni la seguridad”. El gobierno siempre está a tiempo de atenuar esa falsa disyuntiva defendiendo en público, con argumentos convincentes, los programas de vigilancia, aunque sea con un ápice del celo que muestra en perseguir al hombre que los denunció.

miércoles, 10 de julio de 2013

Las razones por las que Venezuela ofrece asilo a Snowden


Mary Anastasia O'Grady.  The Wall Street Journal Americas.

Tomado del Blog de EL INSTITUTO INDEPENDIENTE

Edward Snowden, el ex contratista del gobierno estadounidense que ahora es buscado por filtrar información confidencial de seguridad nacional, es una víctima de "persecución" por parte del "más poderoso imperio del mundo", dijo el viernes el presidente venezolano, Nicolás Maduro.

Maduro ofreció asilo al fugitivo, a quien se le están agotando las opciones. Nicaragua y Bolivia realizaron propuestas similares. Los planes que se están tejiendo para sacar a Snowden de su refugio en el aeropuerto de Moscú, siempre y cuando acepte asilarse en América Latina, son, por supuesto, secretos.

Maduro nos quiere hacer creer que su gesto demuestra el compromiso de Venezuela con la libre expresión y su férrea oposición a esconder información del público. También quiere que el mundo conozca su rechazo a las operaciones secretas de inteligencia de los gobiernos. Es curioso, por lo tanto, que Venezuela no haya expresado la misma indignación acerca de cómo sus aliados ocultan información. Argentina es un ejemplo. El gobierno de Cristina Fernández de Kirchner se negó a otorgarle al fiscal federal Alberto Nisman autorización para viajar a Washington e informar a un comité del Congreso estadounidense sobre los datos que ha reunido sobre las células terroristas de Irán y Hezbollah en el hemisferio occidental. El informe de 500 páginas que Nisman elaboró sobre el tema es de carácter público, pero en una carta del 1 de julio dirigida al Congreso de Estados Unidos, el fiscal indicó que por orden de la Procuración General de la Nación se le había "negado la autorización para testificar ante el honorable parlamento".

La falta de preocupación de Maduro sobre la supresión de información en Argentina merece que se le preste atención. La manera más fácil de entender su oferta para otorgar refugio a Snowden es como un intento para distraer a los venezolanos de sus crecientes y cotidianas penurias económicas y hacer que, en un gesto patriótico, apoyen la decisión de irritar al Tío Sam. Pero no es lo único.

Venezuela tiene razones para temer transformarse en un actor cada vez más irrelevante a medida que América del Norte produce una mayor parte de la energía que consume. Esto transforma a Irán en un país crucial. Maduro puede estar tratando de establecer sus credenciales como un líder tan comprometido con la causa antiestadounidense como su predecesor, Hugo Chávez, quien había forjado un fuerte lazo personal con el ex presidente iraní, Mahmoud Ahmadinejad. También necesita abrir su propio espacio en la política sudamericana.

La oferta de asilo a Snowden es una forma de enviar un mensaje al mundo de que, más allá del débil intento del secretario de Estado estadounidense, John Kerry, de buscar un acercamiento con Caracas el mes pasado, la Venezuela post-Chávez no tiene ninguna intención de alterar el rumbo de la revolución bolivariana. En lugar de ello, conforme la economía del otrora rico país petrolero se deteriora, Maduro está indicando que Venezuela quiere ser un aliado geopolítico y estratégico incluso más leal de Rusia e Irán.

La presidencia de Maduro sigue siendo considerada ilegítima por cerca de la mitad del electorado venezolano, que votó por el candidato opositor Henrique Capriles en las elecciones de abril. El tipo de cambio oficial, conocido como el "bolívar fuerte", asciende a 6,3 unidades por dólar. Sin embargo, una escasez de dólares ha obligado a los importadores a acudir al mercado negro, donde la moneda se transa a entre 31 y 37 unidades por dólar. Los controles de precios abarcan casi todo, generando escasez de alimentos y medicinas. De todos modos, la inflación ahora bordea 35%, lo que significa que algunos vendedores están eludiendo los dictámenes del gobierno.

En una sociedad libre donde hay elecciones competitivas, el caos económico a menudo conduce a una respuesta del gobierno que trata de mitigar las dificultades. Venezuela necesita la liberalización. Pero eso arruinaría las ganancias de los militares que, en buena medida, son los que están a cargo del país. Cuando a un país se le acaba el papel higiénico en la primavera, surge la metáfora de un Estado fallido. Pero el canciller de Maduro, Elías Jaua, respondió recriminando a los venezolanos por su materialismo al preguntar "¿ustedes quieren patria o papel higiénico?".

Si el gobierno está diciendo que la espiral económica de la muerte le importa un comino es porque cree que tiene a la nación en sus manos. El control estatal de la información, por un presidente que se ha vuelto el principal defensor de Snowden en el mundo, es casi absoluto. El último canal importante de televisión por cable independiente fue finalmente vendido en abril y el mercado de los medios impresos independientes se está reduciendo.

Otra arma de la represión, una que Snowden supuestamente aborrece, es la capacidad de espiar a los ciudadanos. Chávez nunca tuvo remordimientos a la hora de grabar las conversaciones de sus adversarios, una práctica que continúa durante la gestión de Maduro. Las diferentes facciones que compiten al interior del gobierno podrían estar siguiendo el ejemplo. Dos recientes casos altamente publicitados, uno en el que un reconocido partidario del gobierno acusa de presuntos delitos a gente del gobierno en una conversación con un militar cubano y otro contra un político opositor, han intensificado la sensación entre los ciudadanos de que no existen las conversaciones privadas en Venezuela.

No obstante, incluso un gobierno que cierra la prensa y espía a sus ciudadanos sin rendirle cuentas a nadie necesita aliados. Ningún país puede sobrevivir en el aislamiento absoluto, en especial cuando su poderío económico colapsa.

Los déspotas latinoamericanos lo entienden. Argentina trata de depositar gestos de buena voluntad en su cuenta con Irán al bloquear el viaje de Nisman a Washington. Venezuela, al ofrecer refugio a Edward Snowden, está realizando, sin lugar a dudas, un ofrecimiento similar a los enemigos de sus enemigos.

martes, 9 de julio de 2013

Camino del Infierno


Snowden no debe huir. Debe regresar a los Estados Unidos y enfrentar su destino; si cree como el autor de Desobediencia Civil consideraba que “bajo un gobierno que encarcele a alguien injustamente, el sitio adecuado para una persona justa es también la cárcel”, Snowden debe enfrentar a la justicia de su país, demostrando su valentía cívica; quizá en ese momento su figura se eleve sobre la mediocridad general y reciba un apoyo como jamás hubiera pensado que recibiría por parte de sus connacionales. Huir no es la solución, refugiarse bajo la protección de gobiernos de carácter antidemocrático significaría la negación de su propia negación.

Mario J. Viera

Foto BOBBY YIP / REUTERS
 
¿Debe el ciudadano renunciar a su conciencia, siquiera por un momento o en el menor grado a favor del legislador? ¿Entonces por qué posee conciencia el hombre? Pienso que debemos primero ser hombres y luego súbditos. No es deseable cultivar tanto respeto por la ley como por lo correcto. Se ha dicho con bastante verdad que una corporación no tiene conciencia, pero una corporación de hombres conscientes es una corporación con conciencia. La ley jamás hizo a los hombres ni un ápice más justos; además, gracias a su respeto por ella hasta los más generosos son convertidos día a día en agentes de injusticia.

Henry David Thoreau. “Desobediencia Civil”

 

Fue aquella noche. Desde el balcón norte del Palacio Presidencial, Fidel Castro pronunciaba uno de sus furibundos discursos; se dice que cerca de un millón de ciudadanos estaban presentes escuchando las palabras del que era Primer Ministro del Gobierno Revolucionario. Era la noche del 28 de septiembre de 1960. De manera muy oportuna se escucharon varias explosiones de petardos ─ quizá estratégicamente colocados y hechos estallar por miembros del G2 ─ que le permitieron a Fidel Castro “concebir” la brillante idea: “Vamos a establecer un sistema de vigilancia revolucionaria colectiva. Están jugando con el pueblo y no saben todavía quién es el pueblo; están jugando con el pueblo y no saben la tremenda fuerza revolucionaria que hay en el pueblo”. Ese fue el inicio de la vigilancia de todos hacia todos por medio de los llamados Comités de Defensa de la Revolución, un sistema de espionaje colectivo, la personificación de la pesadilla orwelliana del Gran Hermano.

Fue desde ese momento que la incipiente dictadura castrista se hizo tiranía. El pretexto: defender a la revolución de sus enemigos, la defensa de la soberanía nacional de las amenazas externas. El objetivo real: controlar a todo el pueblo, someter a todos bajo el control de la pupila vigilante de la tiranía. Nadie podría en adelante sentirse seguro, ni siquiera en lo profundo de su intimidad.

Pero el castrismo no quedó conforme con la vigilancia colectiva, había además que tener control de las llamadas telefónicas y del correo personal y así fue y así ha sido y continúa siendo.

Bajo secreto este accionar ha sido puesto en práctica por el gobierno de los Castro sin atender a consideraciones legales. El artículo 32 de la Constitución de 1940 establecía: “Es inviolable el secreto de la correspondencia y demás documentos privados, y ni aquélla ni éstos podrán ser ocupados ni examinados sino a virtud de auto fundado de juez competente y por los funcionarios o agentes oficiales. En todo caso, se guardará secreto respecto de los extremos ajenos al asunto que motivare la ocupación o examen. En los mismos términos se declara inviolable el secreto de la comunicación telegráfica, telefónica y cablegráfica”.

La Constitución Socialista de 1976 estableció en su artículo 56: “(1) La correspondencia es inviolable. Sólo puede ser ocupada, abierta y examinada en los casos previstos por la ley. Se guardará secreto en los asuntos ajenos al hecho que motivare el examen. (2) El mismo principio se observará con respecto a las comunicaciones cablegráficas, telegráficas y telefónicas.

La inviolabilidad de la correspondencia y de las comunicaciones cablegráficas, telegráficas y telefónicas de acuerdo con esta última Constitución ─ y por la reforma de 1992 en el artículo 57 ─  no está amparada por mandato judicial y pueden ser controladas bajo el impreciso presupuesto de “casos previstos por la ley” y decidido no por un juez independiente, sino por un oficial policiaco denominado Oficial de Instrucción. Bajo este criterio “constitucional” en Cuba, el gobierno ejerce una verdadera labor de espionaje sobre sus ciudadanos característico y propio de cualquier tiranía. “El Hermano Mayor te vigila”.

La inviolabilidad del secreto de la correspondencia y por extensión las de correos electrónicos y telefonía se encuentra asegurada en casi todos los ordenamientos constitucionales con excepción de Estados Unidos donde no existe una enmienda específica para la privacidad de la correspondencia que no sea el de la interpretación por extensión de la Cuarta Enmienda que establece: “El derecho de los habitantes de que sus personas, domicilios, papeles y efectos se hallen a salvo de pesquisas y aprehensiones arbitrarias, será inviolable, y no se expedirán al efecto mandamientos que no se apoyen en un motivo verosímil, estén corroborados mediante juramento o protesta y describan con particularidad el lugar que deba ser registrado y las personas o cosas que han de ser detenidas o embargadas”.

Esta ausencia legal ha permitido que la Ley Patriota (Patriot Act) de 24 de octubre de 2001 no haya podido ser declarada inconstitucional aunque autoriza la intervención de las comunicaciones telefónicas y por correo electrónico de los ciudadanos sin autorización judicial previa o, como ha quedado evidente recientemente, por la autorización de un tribunal secreto denominado “Tribunal FISA” establecido por la Ley de vigilancia de la inteligencia extranjera (Foreign Intelligence Surveillance Act) de 1978.

En opinión de Borja M. en Mens Iuris, la Ley Patriota “viola flagrantemente la propiedad privada y la intimidad personal, ambos derechos se destruyen en muchos casos sin necesidad de autorización judicial, tan solo gubernativa. Es por ello que haciendo un ejercicio al estilo americano, podemos acogernos a la cuarta enmienda, que por sí sola, desvirtúa la presente ley, pero que desgraciadamente la Supreme Court de USA no lo considera así, pues antepone la seguridad nacional a los derechos individuales, socavándolos una vez más”.

Aunque la Ley Patriota tiene en la mira como objetivos todos los actos sospechosos de actividades terroristas o de lavado de dinero y se centra en la defensa de la seguridad nacional y del pueblo de los Estados Unidos habría que preguntarse hasta donde puede llegar  los servicios de inteligencia en el rastreo de “evidencias” y cuáles son los límites que se les pueda imponer teniendo como fundamento la inviolabilidad de la privacidad de los ciudadanos. ¿Existe la suficiente transparencia para asegurar que las indagaciones se limiten solo a monitorear las actividades de extranjeros que pudieran ser sospechosos o, sin límites legales, llegar hasta la vigilancia de todos como sospechosos y de abrir expedientes en contra de cualquier opinión disidente en evidente violación de los corolarios de la Cuarta Enmienda y de la Primera Enmienda?

Durante el gobierno de George W. Bush, la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) creada bajo la administración de Harry S. Truman adquirió mayores poderes de inteligencia y sin un estrecho control de sus actividades por parte del Congreso. Estos poderes continúan sin limitaciones durante la actual administración de Barack Obama. Uno de los pilares de la NSA es el programa top secret denominado PRISM que opera desde el 2007. PRISM tiene capacidad para monitorear correos electrónicos, vídeos, chat de voz, fotos, direcciones IP, notificaciones de inicio de sesión, transferencia de archivos o detalles sobre perfiles en redes sociales, como ha sido puesto en evidencia por las últimas filtraciones.

En abril de 2012, William Binney, ex director técnico de la NSA en entrevista con Democracy Now reveló que la NSA había recopilado más de 20 billones de mensajes, llamadas telefónicas y otros, agregando que la Ley Patriota le daba licencia a la agencia “para guardar todos los datos, lo que ─ en su opinión ─ es sumamente peligroso, porque si los tienes ─ aseguró ─ y los conviertes en unos formularios o gráficos y después los analizas, puedes acumular conocimientos acerca de todo el mundo del país”. Posteriormente, en julio de ese año, Binney que toda la recopilación de datos por la NSA “comenzó en febrero de 2001 cuando se empezaron a solicitar datos a las empresas de telecomunicaciones”,  lo que en su opinión significaba “que el verdadero plan era espiar a los estadounidenses desde el principio”. De acuerdo con el ex funcionario de la Agencia de Seguridad Nacional, esta tiene la capacidad ─ y la ejecuta ─ de recabar sin control judicial datos de redes sociales, de correos electrónicos y registros de llamadas telefónicas tanto fuera como dentro de Estados Unidos, como ha sido recogido por diferentes medios.

El 31 de octubre de 2001 Binney renunció a la agencia porque según dijo, la NSA “empezó a espiar a todo el mundo en el país”. Sus denuncias lo convirtieron en objeto de investigación por parte del FBI y en el 2007 se hizo una redada en su residencia. No obstante el pasado año recibió el Premio al Coraje Cívico Joe A. Callaway.

Cuando en 1786 los padres fundadores de la nación americana se reunieron para elaborar una Constitución Federal, tenían en cuenta evitar que el Gobierno se hiciera tan poderosos que pusiera en peligro los derechos de los ciudadanos o que les restringiera. Esto lo expresó claramente Thomas Jefferson cuando dijo: “Los dos enemigos del pueblo son los criminales y el Gobierno, así que permítanos restringir al segundo con las cadenas de la Constitución así el segundo no se convertirá en la versión legalizada del primero”. El pueblo ─ We the People ─ no debe dejar en manos del Gobierno la decisión sobre el ejercicio de sus derechos. El pueblo debe ser escrutador implacable del desempeño de sus gobernantes y sujetarle sus impulsos naturales de poder con el dogal de la Constitución y la Declaración de Derechos. Nada puede ser de tanta prioridad para que se permita la limitación de los derechos ni para omitir la transparencia gubernamental. El pueblo tiene derecho a ser debidamente informado y a ser escuchado.

Lo que inició William Binney lo ha continuado y ampliado el subcontratista de la NSA Edward Snowden.

Snowden un apasionado de la libertad en internet decidió filtrar a los periódicos The Guardian y el  Washington Post los programas secretos de la Agencia Nacional de Seguridad que ejercen un monitoreo de las llamadas telefónicas en Estados Unidos y a acceder a los servidores de Microsoft, Yahoo, Google, Facebook, PalTalk, AOL, Skype, YouTube y Apple buscando conexiones con el terrorismo internacional a través del Programa PRISM, así como la exigencia que el gobierno de Estados Unidos le hiciera a Verizon para que entregara a la NSA los registros de llamadas telefónicas de sus clientes.

Por sus revelaciones de un asunto considerado de máximo secreto, Snowden ha sido catalogado desde ser un tonto útil hasta de ser un criminal y todavía más grave de traición. Para el comentarista del New York Times, David Brooks, Snowden “traicionó la Constitución. Los fundadores no crearon a los Estados Unidos para que un solitario de 29 años de edad pudiera hacer decisiones unilaterales  sobre qué debiera exponerse”. Sin embargo, de acuerdo con el Washington Post, el motivo que condujo a Snowden a hacer las filtraciones era poner al descubierto “el estado de vigilancia” que impera en el gobierno de Estados Unidos. Snowden declaró entonces que no podía “en conciencia, permitir al gobierno de EEUU destruir la privacidad, la libertad en internet y las libertades básicas de la gente de todo el mundo con esta gigantesca máquina de vigilancia que están construyendo en secreto”, y declaró: “Quiero que el centro de atención sea sobre los documentos y el debate que espero que genere entre los ciudadanos de todo el globo sobre el tipo de mundo en el que quieren vivir. Mi única motivación es informar al público de lo que han hecho en su nombre y lo que se hace en su contra (…) No quiero vivir en una sociedad que hace este tipo de cosas (…) No quiero vivir en un mundo donde se registra todo lo que hago y digo. Es algo que no estoy dispuesto a apoyar o admitir”.

Snowden faltó con sus declaraciones a la fidelidad que debía a su gobierno, esto es cierto, pero, en conciencia ¿A quién debemos fidelidad, al Gobierno o al Pueblo-Nación? Edward Snowden no cometió traición contra su nación y así lo creen muchos americanos. Amy Davidson del New Yorker consideró que él “es la razón por la que, durante la última semana, ha existido en nuestro país una conversación sobre la privacidad y los límites de la vigilancia doméstica. Ya era hora de ello; una esperaría que hubiera surgido a partir de un autoexamen por parte de la administración de Obama o por una verdadera supervisión del Congreso” y añadió: “Ambos fallaron y vino en la manera en que Snowden entregó los documentos clasificado ─ muchos de ellos ─ a los periodistas” (Amy Davidson. 9 de junio de 2013: “Edward Snowden, The N.S.A. Leaker, Comes Forward”).

Snowden violó la ley, cuando reveló lo protegido por la Ley Patriota. Una verdad es evidente; más que acatar a las leyes el hombre de honor debe acatar a su conciencia y esta idea no es extraña al ideario americano. Henry David Thoreau en Desobediencia Civil, lo expuso claramente: “Existen leyes injustas: ¿debemos conformarnos con obedecerlas o, debemos tratar de enmendarlas y acatarlas hasta que hayamos triunfado o, debemos transgredirlas de inmediato?” Está en el espíritu de los fundadores de la Nación. Jefferson lo dijo: “Un poco de rebelión de vez en cuando es buena cosa”.

Snowden no es un espía al servicio de una potencia extranjera. Primero, no se ocultó en el anonimato: “No tengo intención de esconder quién soy porque sé que no he hecho nada malo. No hice nada malo. Soy un convencido de que deben ser los ciudadanos los que decidan sobre el poder que le otorgan al Estado y no un burócrata de turno.”, le aseguró a The Guardian. Segundo, entregó la información a la prensa y, como el mismo dijera: “Cualquiera en mi situación podría haber cogido todos estos secretos y venderlos en el mercado a Rusia. El mayor miedo que tengo respecto al resultado es que nada va a cambiar. Estados Unidos está aumentando su poder para controlar a la sociedad. En unos años, va a ser peor (...). Se convertirá en una tiranía”.

Muchos en Estados Unidos ven a Snowden como un “héroe nacional”. Así lo describió una petición a favor del ex analista del NSA apoyada por más de 100 mil firmas, dirigidas a la página de la Casa Blanca “We the People”. La petición se plateó en estos términos: “Edward Snowden es un héroe nacional y debería recibir inmediatamente un perdón completo y absoluto de cualquier crimen que haya cometido o pueda haber cometido relacionado con la liberación de información relacionada a los programas de vigilancia de la NSA”. El apoyo recibido a esta petición hizo que Obama se refiriera al caso diciendo: “Uno no puede tener un 100% de seguridad y un 100% de vida privada sin tener ciertos inconvenientes”. Más que una respuesta la del Presidente fue una excusa desafortunada, pues Benjamín Franklin le hubiera respondido diciendo: “Aquellos que pueden dejar la libertad esencial por obtener un poco de seguridad temporal, no merecen ni libertad ni seguridad”.

No obstante esa cuota de carencia de privacidad que se intenta justificar por el expediente de contrarrestar las acciones terroristas no tiene sentido en la práctica. Así lo expresó la ministra de Justicia alemana, Leutheusser-Schnarrenberger: “Cuanto más grande sea el pajar, más difícil será encontrar la aguja escondida”. El acceso a Facebook, YouTube y otras páginas sociales no impidió el ataque terrorista de los hermanos Tsarnaev en la Maratón de Boston. Según la CNN, aunque las autoridades rusas transmitieron a los órganos de seguridad de los Estados Unidos “su preocupación respecto a que Tsarnaev se estaba volviendo cada vez más radical”, el FBI “no encontró evidencia de actividad extremista y cerró el caso, aunque lo nombres de los dos hermanos Tsarnaev y de su madre fueron colocados en una base de terroristas”.

El gobierno es conductor, es administrador de los bienes públicos, no es el árbitro supremo para decidir qué le conviene o no a la ciudadanía. Los ciudadanos que quieren conservar la libertad no pueden acatar cualquier decisión gubernamental, “un poco de rebelión de vez en cuando es buena cosa  apuntó Jefferson y aún más: “El espíritu de resistencia al gobierno es tan valioso en ciertas ocasiones que deseo que siempre sea mantenido con vida”. Cuando Edward Snowden filtró la existencia de un mega ciberespionaje, actuó dentro de un legítimo espíritu americano, aplicando la noción jeffersoniana de rebelión.

El Defensor del Pueblo en Rusia,  Mijaíl Fedótov, en apoyo de asilo político a Snowden declaró que “un hombre que saca a la luz pública secretos que ocultan los servicios de inteligencia, cuando estos secretos representan una amenaza para la sociedad, para millones de personas y hablamos de la vigilancia total en internet merece realmente el asilo político”; y la historiadora y activista de los derechos humanos que enfrentó al régimen soviético, Lyudmila Alexéyeva, dijo al respecto: “Si a (Gerard) Depardieu le dieron la ciudadanía para que eludiera pagar impuestos, también se le puede conceder a Snowden”. El actor Gerard Depardieu en el 2012 se exilió en Rusia como protesta por los altos impuestos que debía pagar en Francia, su país de origen, recibiendo la ciudadanía rusa por concesión de Vladimir Putin. Depardieu había ejercido la desobediencia civil en escala muy inferior a la desobediencia civil que, al estilo de Thoreau ha practicado Snowden.

En contrario de estas opiniones, Mario Vargas Llosa, hablando en la  VI edición del Foro Atlántico de la Fundación Internacional para la Libertad, dijo: “Ni el señor Snowden ni el señor Julian Assange representan la auténtica libertad de expresión. Son instrumentos voluntarios o involuntarios de fuerzas profundamente antidemocráticas". Agregó: "La conclusión sería tener clara dónde está la línea fronteriza, la demarcación entre lo que es genuina libertad de expresión, derecho de crítica y lo que es un visión distorsionada, sesgada de estas categorías fundamentales de la cultura democrática”.

Mario Vargas Llosa iguala a Assange con Snowden partiendo de un error de apreciación. Snowden, a diferencia de Assange no puso en peligro la vida de nadie con sus filtraciones. Assange divulgó 77 mil documentos de secretos militares y 400 mil informes militares de Irak entre 2004 y 2009. Assange actúa a favor de los regímenes autoritarios y populistas de América Latina con la intención clara de denigrar a los Estados Unidos. Assange se mantuvo en el anonimato mientras pudo y ha lucrado con su actividad como hacker. Assange fue juzgado por 24 cargos en su contra por delitos informáticos de los que se declaró culpable, siendo liberado por buena conducta y obligado a pagar una multa de dos mil 100 dólares australianos.

Edward Snowden, a diferencia de Assange, no intenta denigrar a los Estados Unidos, él buscaba crear un estado de opinión dentro de la sociedad americana en torno a un tema que consideraba ilegítimo y violador de la Declaración de Derechos de la Constitución de Estados Unidos.

Pero las buenas intenciones de Snowden tienen un precio que tiene que pagar. Ciertamente como se dice popularmente, el camino del infierno está empedrado de buenas intenciones. Cuando filtró el trabajo de PRISM a The Guardian y al  Washington Post, Snowden provocaría un escándalo internacional que le arrastraría a sí mismo. El gobierno de Estados Unidos actuó enérgicamente exigiendo, primero a China, luego a Rusia su extradición, para terminar aislado, sin documentación legal en la zona de tránsito del aeropuerto internacional Moscú-Sheremetievo. En esas condiciones y luego de renunciar a pedir asilo en Rusia Snowden declaró: “Mientras el público ha expresado apoyo a la luz que he arrojado sobre este sistema secreto de injusticia, el Gobierno de los Estados Unidos de América ha respondido con una cacería extrajudicial que me ha costado mi familia, mi libertad de movimiento, y mi derecho a una vida pacífica, sin miedo a una agresión ilegal”.

Sobre este aspecto el canciller ruso Serguei Lavrov expresó: “(Snowden) No ha violado la ley rusa, no ha cruzado la frontera, está en la zona de tránsito del aeropuerto y puede volar a donde quiera. Como dijo el presidente Vladimir Putin, Edward Snowden es un hombre libre. No tenemos nada que reprocharle desde el punto de vista jurídico”.

Respondiendo a un rumor de que Estados Unidos podría interceptar vuelos comerciales, Barack Obama declaró desde Dakar donde se encontraba como parte de una gira por varios países africanos: “No voy a alborotar los vuelos para capturar a un pirata informático de 29 años”

Los enemigos encubiertos o declarados de Estados Unidos se han afilado los dientes con el affaire Snowden. Ya Wikileaks se erigió en su protector y consejero como lo ha estado dejando en claro y como lo ha confirmado el jurista español Baltasar Garzón: “El equipo de Wikileaks y yo estamos interesados en preservar sus derechos y protegerle como persona. Lo que se le ha hecho al ex analista de la CIA y a Julian Assange ─ por realizar o facilitar revelaciones de interés público ─ es un asalto al pueblo”.

Sobre esto, Lonnie (Lon) Snowden, padre del ex analista, ha expresado la preocupación de que el grupo de Wikileaks pudiera aprovechar la oportunidad sin tener en mente los mejores intereses de Snowden. En carta abierta que publicaran Snowden, padre y su abogado Bruce Fein le expresan a Snowden que aquello que “has hecho y lo que estás haciendo ha despertado la supervisión del Congreso sobre la comunidad de inteligencia del profundo sopor en el que estaba”, diciéndole además: “Eres un Paul Revere moderno: haciendo un llamado al pueblo estadounidense para que confronte el creciente peligro de la tiranía y de una rama del gobierno”. Y a través de una entrevista que le concediera a la cadena Fox, Lon le pidió a su hijo que regresara y le transmitió: “Espero, rezo y pido que no reveles secretos que puedan constituir traición”.

Esta preocupación del padre de Edward Snowden es la disyuntiva a la que este se enfrenta. Si se deja llevar por sus frustraciones y destapa secretos de carácter delicado para la inteligencia  de Estados Unidos, todo su esfuerzo se habrá perdido. Hay un límite entre lo que constituye una legítima indignación por lo que se considera incorrecto y la colaboración con los enemigos. Y el padre le dice al hijo advirtiéndole: “Creo que estás bajo una gran cantidad de estrés en función de lo que he leído recientemente y te pido que no sucumbas a esa presión y tomes una decisión equivocada”.

Ed Snowden ha solicitado asilo a numerosos países y solo ha obtenido el rechazo tajante o promesas ambiguas. Francia, Italia, Alemania, Brasil, Noruega, India, Polonia, Islandia, Austria, Finlandia, Holanda y España han negado concederle asilo. Ecuador que en principio parecía concederle asilo político dio un cambio cuando Rafael Correa consideró que Snowden era responsabilidad de Rusia y que antes de considerar su petición de asilo debía primero llegar a territorio ecuatoriano. Para Correa, Snowden “es una persona muy complicada. Estrictamente hablando ─ dijo ─, el señor Snowden espió por algún tiempo”.

La inteligencia cubana guarda silencio pero espera el momento de encontrarse con Snowden e intentar arrancarle informaciones comprometedoras para la seguridad nacional de Estados Unidos. Nicolás Maduro ya le ofreció asilo seguro: “Como jefe de Estado y de gobierno de la República Bolivariana de Venezuela ─ dijo Maduro ─ he decidido ofrecerle asilo humanitario al joven estadounidense Edward Snowden para que en la patria de  Bolívar y Chávez puede venir a vivir (sin la)...persecución imperial norteamericana”. Si Snowden decide viajar a la Venezuela chavista, cometerá el peor error de su vida; entonces no tendrá el apoyo moral de todos los que creen en los derechos y libertades de los seres humanos. La Seguridad del Estado cubana le presionará y empleará todos sus métodos de convencimiento para arrancarle secretos de estado que entonces sí le convertirían en un traidor.

Edward Snowden tomó una decisión de suma gravedad que comporta consecuencias. Parecía que en sus denuncias vibraba el espíritu de Thoreau y de su Desobediencia Civil. Pero para actuar con la misma valentía que asumiera Thoreau, Snowden no debe huir. Debe regresar a los Estados Unidos y enfrentar su destino; si cree como el autor de Desobediencia Civil consideraba que “bajo un gobierno que encarcele a alguien injustamente, el sitio adecuado para una persona justa es también la cárcel”, Snowden debe enfrentar a la justicia de su país, demostrando su valentía cívica; quizá en ese momento su figura se eleve sobre la mediocridad general y reciba un apoyo como jamás hubiera pensado que recibiría por parte de sus connacionales. Huir no es la solución, refugiarse bajo la protección de gobiernos de carácter antidemocrático significaría la negación de su propia negación.

Snowden: entre grandes y pequeños hermanos



Roberto Giusti. EL UNIVERSAL
 

Que Rusia haya sido el país donde ha recalado, por ahora, Edward Snowden no deja de resultar una paradoja. Que sean países como Venezuela, Ecuador, Bolivia y/o Nicaragua, los únicos del planeta que expresaron, en diferentes momentos, su disposición de acoger esa papa caliente, confirman el contrasentido. Y no hace falta estar muy bien informado para establecer que todos esos países sostienen en común, unos con sus más, otros con sus menos, una orgánica y sistemática cruzada contra el libre flujo de la información. Pero paradoja también es que el país de las libertades y del respeto a los derechos humanos haya sido pillado in fraganti metiendo la nariz en los "metadatos" de millones de norteamericanos, así como en las comunicaciones de internautas de todo el mundo.

Primera conclusión: el episodio Snowden corrobora la certeza de que todo el mundo espía a todo el mundo (una verdadera perogrullada), pero, sobre todo, pone al descubierto la gigantesca escala a la cual se ha llegado gracias al desarrollo de la tecnología aplicada a las comunicaciones. La tercera, es que nadie está a salvo del implacable escudriñamiento al cual nos vemos sometidos todos los seres humanos, porque hasta un niño con un celular se convierte en potencial agente secreto o reportero espontáneo. La cuarta es que a pesar del combate encarnizado contra el derecho a la intimidad, los medios masivos de comunicación (y no sólo los dirigidos desde empresas) han convertido la contrainformación en un arma masiva de uso habitual. Así, a pesar de que ahora se dispone de una cantidad de información real como nunca antes se tuvo, en cantidad e instantaneidad imposible de digerir, la otra, la manipulada, la sesgada y elaborada, ha llegado a niveles que harían salivar de gusto al doctor Goebbels.

La última de las paradojas, como consecuencia de las anteriores, son los curiosos lazos que identifican el caso Assange con el episodio Snowden. Así, mientras el primero pone al descubierto documentos del Departamento de Estado que en buena medida podrían ser de dominio público, convirtiendo así al Estado en "víctima" del espionaje, el segundo revela cómo "la víctima" se convierte en victimario en nombre de la seguridad de todo un país.

Que los rusos históricamente han sofocado la libertad de información, que los chinos no se queden atrás en esa materia; que Correa sea un déspota incapaz de escuchar la palabra "medios" sin entrar en shock; que Chávez haya cerrado televisoras y emisoras de radio y que Maduro condene el mismo espionaje del cual se sirve para sus fines políticos, son algunas de las razones que, ya muy tarde, debe estar sopesando Snowden, quien ahora pasa a ser, por fuerza de los hechos, el "cautivo Snowden".

lunes, 8 de julio de 2013

Espías buenos, espías malos


Félix R. Chacón. EL UNIVERSAL

Hace unos meses acusaron a un cineasta de espía[1] y lo metieron preso sin más. Solo para dejarlo en libertad tiempo después corroborándose que la acusación no tenía ninguna base jurídica o real.

Ahora ya se comenta que se ha fabricado una cumbre en Rusia a raíz del asunto Snowden para tener acceso a él en el aeropuerto de Moscú, conocer de primera mano sobre la importancia así como las posibles implicaciones de las informaciones supuestamente reveladas a otros países. También estudiar acerca de las posibilidades de asilo, y se comenta que hasta si se le transporta hasta Caracas en el mismo avión en el que viaja Maduro.

En casa fabricamos espías y los metemos presos con discursos rimbombantes de soberanía nacional y cantos de "abajo el imperio", aunque infundadamente como quedó establecido por la liberación y posterior expulsión del "espía". No le da la mente a uno, lego en el tema, que siendo espía se pueda dejar en libertad, así que tomamos como cierto que se le acusó y apresó violándole sus derechos.

El "espía" que cayó de Hollywood era un espía malo. Snowden por el contrario ha de ser uno bueno, tanto que se lo pelean varios estados de estos que ven espías en todos lados y los apresan inconstitucionalmente. Todos quieren salvarlo para que no sea devuelto a EEUU en un acto motivado por los más altos intereses en preservar los DDHH del Sr. Snowden. Para el que se quiera creer esa historia. Y aquí habría que recordar que de Snowden no solo se sospecha que es un espía, sino que detenta el título.

Lo cierto es que su país lo reclama para someterlo a la justicia y enjuiciarlo para que se determine si con sus acciones infringió las leyes que regían sus actividades como funcionario de la CIA.

Pero para los humanitarios que se pelean por ofrecerle y darle asilo, este espía bueno sí tiene DDHH que resguardarle, mientras que el "espía" malo que supuestamente habían agarrado con las manos en la masa, venía equipado con DDHH defectuosos, tipo tapa amarilla.

Vale ahondar en el asunto y considerar que el "espía malo" era tan malo, que había que meterlo preso de una vez y sin más consideraciones, y aunque quedó establecido que no lo era, había que expulsarlo sin más excusas, sin sus pertenencias,  y sin una debida aclaratoria a la opinión pública que ayudara a entender lo que había pasado. Se salvó de que no lo enviaran a su país con las siglas EM (espía malo) marcadas en la frente.

Pero otro espía bueno, este confeso de acuerdo a una grabación al parecer incontestable que sirvió para que la Fiscalía abriera una investigación, y donde se le escucha reportar a un supuesto funcionario de inteligencia de otro país, asuntos sensibles a la seguridad del Estado venezolano y sobre funcionarios de la más alta envestidura gubernamental y de los poderes públicos, solo calificó para hacerle una invitación a ser entrevistado como testigo a pesar de que es él quien se implica en los hechos como se desprende de la grabación.

Mientras tanto la papa caliente sigue en el aeropuerto de Moscú esperando que algún humanitario le dé una ayudadita. Todo sin intención alguna, y serían capaces de jurar que jamás hurgarían en sus bases de datos para conocer el contenido de las mismas.



[1] Timothy Tracy, mientras se encontraba filmando un documental en Venezuela fue acusado por Nicolás Maduro de financiar las protestas en su contra por instrucciones de la CIA

Una monumental confusión


Carlos D. Mesa Gisbert (historiador y periodista y ex presidente de Bolivia). EL PAIS

El desconcierto es total. Asistimos a una mezcla de razón de Estado, miedo, debilidad y paranoia…Estamos en el umbral de un escenario internacional cargado de incertidumbres en el que todos o casi todos los poderosos, no atinan a otra cosa que a dar palos de ciego.

El reciente vendaval político lo desató la decisión de los gobiernos de Francia, Italia y Portugal de impedir el vuelo del avión presidencial de Evo Morales sobre su espacio aéreo, sumado a la insólita intención directa o indirecta de un diplomático español y algunos funcionarios que querían ver el interior del avión una vez posado de emergencia en suelo vienés.

La Francia de De Gaulle, la de la “grandeur” de la Quinta República, actuando como un país de opereta. Italia y Portugal, miembros destacados de la UE, secundando una acción digna de estados autoritarios y desinstitucionalizados. ¿Qué está ocurriendo? ¿Está Europa tan atrapada en sus miedos y en sus dependencias que reacciona irreflexivamente, pasando por alto su tradición y los valores que pretende representar?

Irónicamente, los europeos respondieron indignados ante el espionaje indiscriminado que les hace Estados Unidos, para quien en este tema no hay amigos ni enemigos, sino una particular lógica esculpida en la conciencia de su propio poder. Las leyes valen sólo dentro del territorio de la Unión. Sus agencias de seguridad pueden, fuera de su territorio, hacer literalmente cualquier cosa. Pero esos mismos europeos fueron lo que impidieron el paso del Presidente Morales basados en la presunción de que Edward Snowden podría encontrarse en la nave boliviana. Conclusiones europeas: Snowden, quien ha hecho publico que Estados Unidos los espía, es en realidad culpable de alta traición a la patria. La seguridad de Estados Unidos y la suya propia está por encima de los principios de respeto a la soberanía de los estados. El Presidente Morales está en una categoría distinta a la de los mandatarios a los que por razón alguna se les hubiese vedado el paso por sus territorios.

Francia, Italia, Portugal e incluso España, presumieron que Snowden estaba en el avión presidencial boliviano y con tal presunción pasaron por alto tratados internacionales, respeto a la investidura de un Jefe de Estado y una larga relación diplomática de países amigos con Bolivia.

Estados Unidos por su parte dijo que nada tenía que ver en tal decisión. ¿El gobierno de Hollande, el de Letta y el de Passos Coelho actuaron de motu proprio porque están asustados? ¿Por qué la seguridad es una sombra que les ciega la mirada? ¿Por qué la estructura militar-OTAN tiene margen de juego autónomo de su poder político? Decisión que, por supuesto, es contradictoria en si misma dado que a Snowden ─ que al hacerlo comete un delito en su país ─ está donde está en nombre de los principios del respeto al derecho internacional vulnerados por la primera potencia del mundo. ¿O es que los tres gobernantes piensan en lo íntimo que ese espionaje desbocado es un camino para frenar el terrorismo? ¿Lo es realmente?

Nadie puede responder nada con claridad. Snowden es la expresión sintomática de un virus letal que coloca en la superficie una crisis de una profundidad dramática. Occidente navega sin rumbo en medio de una tormenta que está desquiciando los goznes de su edificio. La democracia, los derechos humanos, los valores esenciales, se resquebrajan en medio de la confusión. Una monumental confusión que atora mentes y cuerpos. La verdad es que los líderes de Occidente están perdidos en su propio laberinto. A su vez Estados Unidos está preso de sus pesadillas y ve impotente como la red de su poder es el gran agujero de su debilidad. La tecnología que les permite entrar a las casas de cualquier mortal en cualquier parte del planeta es la misma que ha dado lugar a Wikileaks, y que le permite a Snowden ─ animado por las razones morales o políticas que sean ─ poner en evidencia una trama de la que nadie parece poder salir.

El norte está perdido. El episodio inaceptable y vergonzoso que se cernió sobre el Presidente de Bolivia marca una pauta. La Realpolitik ─ que diría von Rochau ─ se coloca por encima del rosario retórico de los valores universales que fueron los firmes pilares de Occidente después de la Segunda Guerra Mundial.

Por añadidura, el vuelo prohibido ha desatado una crisis en las relaciones de Europa con América Latina, lo que refuerza a los críticos de una determinada visión de mundo y permite afianzar los prejuicios de sectores de la región históricamente antagónicos a Estados Unidos y Europa

Un apunte de política local. Si el Presidente Morales y su gobierno quieren ser coherentes hoy, es simplemente aberrante que mantengan retenido al Senador Roger Pinto en la embajada de Brasil en La Paz. Ese país le concedió asilo ¿No es el asilo una institución sagrada en un mundo democrático y libre?