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viernes, 17 de marzo de 2023

ELECCIONES Y AUTOCRACIAS

 


Fernando Mires. Blog Polis: Política y Cultura

Desde hace algún tiempo los medios tienden a usar el término “autocracia” para referirse a gobiernos fuertes y autoritarios, antes denominados simplemente, dictaduras. La tendencia no es casual. Seguramente tiene que ver con el aparecimiento de nuevas formas en el ejercicio del poder, formas propias a los tiempos en que vivimos, no asimilables a lo que entendíamos normalmente por dictaduras de tipo “clásico”. Se trata, en términos generales, de formas de poder en las que coexisten sesgos dictatoriales con espacios democráticos, los que se desplazan de acuerdo al cambio de correlaciones de fuerzas en el contexto de un sistema de dominación gubernamental. Dictaduras híbridas, las llaman unos. “Demokraturas”, dicen otros. Gobiernos “i-liberales”, señalan algunos politólogos.

Denominaciones aparte, estamos comprobando la hegemonía alcanzada en la sintaxis política por el término democracia. Hasta la dictadura más terrible quiere ser denominada democracia y no dictadura. Eso hay que computarlo como un hecho positivo, si no olvidamos que los cambios de la realidad comienzan con el cambio de las palabras que la designan.

Si nos atenemos a la literalidad del término democracia, podemos comprobar la existencia de gobiernos no-democráticos que –sea por las razones que sean- no solo mantienen formas democráticas, además provienen de orígenes democráticos. La mayoría de ellos no solo ha llegado al poder mediante elecciones, además suelen convocarlas periódicamente. Evidentemente, las necesitan, aunque sea como medio de legitimación, algo que no era necesario acreditar ante nadie en el pasado reciente. Una dictadura del pasado estaba legitimaba ante sí misma por una religión o por una ideología, pero nunca por ser “democrática”.

Hizo bien el presidente Biden al remarcar que la gran contradicción de nuestro tiempo es la que se da entre democracia y autocracia. Biden, claro está, tomaba como referencia su propio país, cuya antigua democracia se ha visto y ve amenazada por signos innegablemente autoritarios como son los que porta consigo el populismo trumpista. Pero también lo hacía para marcar el espacio internacional entre aquellos que siguen a la autocracia –hoy convertida en dictadura- de Putin en Rusia y los que adhieren al bloque democrático mundial hegemonizado en la guerra de Rusia a Ucrania por la “alianza atlántica” (América del Norte +Europa)

Estamos entonces frente a un fenómeno mundial que, pese a su diacronía, nos muestra una línea demarcatoria internacional y nacional que se da con claridad en determinados espacios geográficos (Europa del Este, América del Sur, Norte de África, Asia Central)

No es el momento para describir las particularidades de ese fenómeno político llamado autocracia. Baste decir, por ahora, que las definiciones o tipologías rígidas solo tienen un uso provisional que no logra captar la dinámica y los desplazamientos de formas y configuraciones que pueden variar en el tiempo, incluso en un solo país, y en lapsos relativamente cortos. Cabe por el momento destacar que tales formas de gobiernos no son “modelos” petrificados pues más bien se encuentran en constante evolución o involución. La dictadura putinista en Rusia es quizás el ejemplo involutivo más notorio: el gobierno de Putin surgió como auténtica democracia para pasar pronto a convertirse en un gobierno autoritario, luego dictatorial, hasta llegar a ser, durante la guerra a Ucrania, la tercera dictadura totalitaria de la modernidad (las primeras fueron el nazismo y el estalinismo)

Hay también ejemplos occidentales que nos muestran como las formas democráticas pueden degenerar en formas autocráticas. Ha sucedido en Polonia, Hungria, Serbia. Incluso democracias largamente establecidas, como la de Israel, amenazan convertirse, bajo el auge de las extremas derechas y del oportunismo de determinados políticos, en este caso Netanyahu, en una nueva autocracia.

En América Latina el caso más relevante sigue siendo la Venezuela chavista y/o madurista, autocracia surgida en parte como reacción populista a la norma democrática (la de Ortega en Nicaragua devino definitivamente en dictadura militar, y al parecer, de modo irreversible) Ha habido, sin embargo, signos que apuntan en sentido contrario: gobiernos tendencialmente autocráticos que han readoptado la norma democrática en contra de pasados autoritarios, como en Colombia y Brasil (anti-uribismo y anti-bolsonarismo). En esos dos casos, aunque los gobernantes elegidos puedan calificarse como de izquierda, la oposición no se dejó enmarcar en el esquema izquierda-derecha, sino en el mucho más amplio de democracia-autocracia. Tanto Petro como Lula abrieron sus alas para agrupar a sectores, si no anti autocráticos, por lo menos, anti-autoritarios.

¿Cómo enfrentar a las autocracias? Esa es una pregunta a la que buscan responder no solo los demócratas latinoamericanos sino también los europeos e israelíes frente a la consolidación de regímenes autocráticos en donde antes hubo democracias. El profesor de la universidad de Princeton Jan Werner- Mueller, en un artículo publicado en Project Syndicate, busca dar respuesta a la pregunta señalada. Así cree encontrar el principal obstáculo para la democratización en la falta de unidad de las fuerzas opositoras anti-autocráticas. Tanto en Israel, en Hungría y en Turquía –constata- la oposición no ha logrado hasta ahora unirse en frentes compactos.

Probablemente si Werner-Mueller se hubiera preocupado del caso latinoamericano, podría haber llegado a una conclusión similar. El chavo-madurismo, el evismo, incluso el orteguismo, han enfrentado a oposiciones que, por lo general, no han sabido unirse frente a los gobiernos que adversan.

La deducción de Werner-Müller es obvia: entre diferentes ideologías nunca va a ser encontrada una unidad, de modo que la unidad política debe ser construida sobre una base no ideológica. El problema es que un acuerdo puramente pragmático entre sectores ideológicos suele despertar desconfianzas entre los electores. La deducción del autor citado, al tomar como referencias los casos de Israel, Hungría y Turquía, es que las unidades electorales construidas en los países que menciona, no han logrado marcar las diferencias con los gobiernos que desafían. En Israel, aduce, la unidad fue buscada en torno “a figuras duras de centro-derecha como el general retirado Benny Gantz”. En las elecciones de Hungría, la oposición tampoco logró establecer una línea claramente diferenciadora. En Turquía, la unidad de la Mesa de los Seis, si bien ha logrado reorganizarse en torno al veterano candidato socialdemócrata Kemal Kılıçdaroğlu, lo ha hecho solo en contra del autocratismo y por el retorno de la constitucionalidad republicana. No es poco, es cierto. Pero podría repetirse lo que siempre ocurre en Turquía, a saber, que la oposición democrática logre imponerse en Estambul y otras grandes ciudades, pero pierda nuevamente en zonas semi-agrarias, como son las de Anatolia, donde el lenguaje épico-moralista- religioso de Erdogan entra con suma facilidad. La oposición turca estaría en este caso obligada a presentar – sobre todo en momentos en los que Turquía se ve amenazada por profundos desajustes económicos – un programa social muy creíble. La democracia moderna, es decir la de masas, obliga a combinar la lucha por las libertades con la lucha por las necesidades.

Esa combinación fue en cierto modo la receta que llevó en América Latina al triunfo de candidatos como Boric, Petro y Lula. Los tres podrán gobernar mientras se mantengan fieles a las demandas democráticas y a las demandas sociales que los catapultaron al gobierno. En Chile, fracciones ideológicas intentaron imponer al país una constitución ideológica. Fracasaron. Boric entendió el mensaje y hoy remonta en las encuestas llevando a cabo su programa social pero manteniendo su apego a la constitución vigente, aunque esta sea “la de Pinochet”. Petro, más ideologizado que Boric, parece tener más dificultades para conservar el equilibrio entre lo social y lo político. De Lula ya sabemos que ha dado las espaldas a las fuerzas democráticas mundiales que apoyan a Ucrania, tal vez no por principios ideológicos (nunca los ha tenido) sino por razones derivadas del comercio exterior, sobre todo con China.

Venezuela sigue siendo un problema grave. Como es muy sabido, en estos momentos tiene lugar en el seno de la oposición una feroz lucha para imponer candidaturas personales y partidarias. Alguna vez va a emerger una candidatura, pero eso tampoco asegura una alternativa que ofrezca un mínimo de credibilidad. En la multitud de candidatos venezolanos, no hay ninguno que sea catalizador, entre otras razones, porque la mayoría de ellos pasó de un anti-electoralismo irresponsable y aventurero, a un electoralismo demagógico, sin mediar críticas, discusiones, debates, en fin, estrategias que explicaran el repentino cambio de paradigma.

Si hay algo en Venezuela en lo que casi nadie cree, es en la política y en los políticos, sean de gobierno o de oposición. En este dudoso logro, la responsabilidad no es solo del gobierno sino –me atrevería a decir, sobre todo- de la oposición. Estamos frente a un caso radical de “anomia política”. Para superarla solo queda una efímera esperanza: que el candidato elegido pueda representar algo diferente a la falta absoluta de alternativas sociales, económicas y políticas que caracteriza al gobierno. Pero para que eso ocurra, ese candidato debe reunir en su torno un mínimo de condiciones básicas que marquen claramente una diferencia, no solo con el gobierno, sino con el modo imperante de hacer política en el país. Nombremos, entre varias, tres:

Primero: no haber abandonado nunca la línea de los cuatro puntos cardinales que orientaron a la oposición hasta el año 2018: electoral, constitucional, democrático y pacífico. O en el caso extremo de haberla abandonado, saber reconocer públicamente y por escrito el tremendo error cometido.

Segundo: no haber promovido o apoyado nunca alguna intentona militarista, golpista, invasionista, o cualquiera otra que incluya el uso de la violencia. Eso significa, entre otras cosas, no haber puesto jamás el principio de “fin de la usurpación” por sobre el principio de “elecciones democráticas”. Significa también, ceñirse a las reglas del juego político, sin jurar venganzas, ni ofrecer linchamientos y cárceles al adversario el que, en la contienda, es enfrentado constitucionalmente. Todo eso no sería más que chavismo al revés.

Tercero: No haberse alineado jamás con proyectos autocráticos internacionales o regionales, como son el putinismo, el trumpismo y otras afinidades menores como el bolsonarismo, el bukelismo, el castrismo, el orteguismo.

Si no se reúnen estas condiciones básicas, el electorado verá en ese candidato solo a un representante del partido del “más de lo mismo”, o peor aún: la lucha entre dos tipos de autocracias: una que está y otra que quiere estar.  Por eso, como hemos intentado precisar, una posibilidad (posibilidad, no seguridad) para derrotar a las autocracias, presupone saber marcar las diferencias con el adversario. Al fin y al cabo, sin diferencias no hay política.

martes, 26 de febrero de 2019

SOBRE LA CUMBRE DEL GRUPO DE LIMA EL PASADO LUNES


Mario J. Viera



Y en este lunes, se renuevan mis esperanzas en la causa de la oposición venezolana.

En un análisis preliminar de los resultados que parecen surgir de la reunión extraordinaria del Grupo de Lima, celebrada el pasado lunes, 25 de febrero, en Bogotá, con la presencia de Juan Guaidó y, en especial del vicepresidente Mike Pence, creo ver que el liderazgo del presidente encargado de Venezuela dejó demostrada su capacidad de liderazgo. Su discurso, aparte de su emotividad, fue preciso y claro. Puso en evidencia la voluntad de Nicolás Maduro de no buscar soluciones negociadas, demostró que Venezuela es santuario de los terroristas de MLN colombiano, y dejó en claro el desastre ecológico que se ha producido en el arco minero del Orinoco. De sus palabras, nada pudo colegirse que invitara a una solución militar extranacional para la crisis venezolana. En cambio, pidió continuar con la presión diplomática para el aislamiento del régimen del chavismo-madurismo.
Por otra parte, el diario español El Pais, reprodujo las conclusiones de la Comunidad Europea, España. Brasil y Guatemala sobre el tema de la intervención militar unilateral de Estados Unidos en el conflicto venezolano:

La Unión Europa pide a EE UU que prescinda de una posible intervención militar en Venezuela. Federica Mogherini, la Alta Representante de Política Exterior de la UE, ha sido muy clara en las últimas horas: Venezuela "necesita una salida pacífica, política y democrática, lo cual, evidentemente, excluye el uso de la fuerza". El pasado domingo, el ministro español de Asuntos Exteriores, Josep Borrell, dijo que "no apoyaríamos, y condenaríamos firmemente, cualquier intervención militar extranjera".
El 'no' rotundo del Gobierno brasileño a la opción militar como salida a la crisis venezolana lleva aparejada, también, una negativa a un potencial uso de su territorio por parte de EE UU para lanzar una operación, según ha clarificado Hamilton Mourao tras la reunión de Bogotá. Brasilia es rotunda: queda descartada cualquier tipo de acción militar para sacar al chavismo del poder. "Nunca fue una opción (...) y abogamos por la no intervención", ha zanjado el vicepresidente del gigante sudamericano. "Que yo sepa, nadie está apostando por una opción militar. Hay que tener paciencia y resiliencia". En la misma línea, el Gobierno guatemalteco se ha sumado al grupo de países contrarios a una potencial intervención armada: "Respetamos los principios de territorialidad y el principio de no intervención, por lo que rechazaremos cualquier solución militar o amenaza de uso de la fuerza", ha dicho el presidente del país centroamericano, Jimmy Morales.

Pence resultó, para mí, convincente, con propuestas para que los países de América Latina congelen los activos de PDVSA y les coloquen bajo la dirección del gobierno de transición de Venezuela, y solicitó además: "Le pido al Grupo de Lima que congelen de inmediato los activos de los funcionarios, y que transfieran la propiedad de los activos de los secuaces de Maduro al Gobierno del presidente Guaidó"; también llamó a tomar medidas contra los países de America Latina que den apoyo a la dictadura madurista, en clara alusión a Cuba, Bolivia y Nicaragua. "Quienes apoyen a este régimen solo lograrán aislarse más en el mundo”. Así mismo, Pence solicitó que se votara para que el representante de Guaidó, sea reconocido en el Banco Interamericano de Desarrollo. No obstante, volvió a repetir el mensaje injerencista de Donald Trump de que todas las opciones están sobre la mesa. Esta solución militarista quedó, por el momento, fuera del contexto de la cumbre.

Todavía quedan muchas medidas de carácter diplomático que la comunidad internacional de naciones puede emprender para asfixiar al régimen madurista, llegando hasta los mismos procedimientos que se emplearon para que el régimen del apartheid en Africa del Sur fuera derrocado.

Tal y como ha dicho Pence: "Ha llegado la hora. No puede haber espectadores en la lucha por la democracia de Venezuela". De entrada, sería muy propicio que los países al sur del Rio Bravo, rompieran o enfriaran sus relaciones diplomáticas con los regímenes imperantes en Cuba, Nicaragua y Bolivia y con aquellos que mantienen posiciones tibias o cordiales con el madurismo.

Por otra parte, es necesario, que la resistencia en Venezuela no se enfríe. Se debe continuar con las manifestaciones masivas de protestas, organizar grupos que se enfrenten, anulen o liquiden a los criminales que forman parte de los llamados colectivos, identificarlos, conocer donde viven y donde se mueven, ACTUAR CONTRA ELLOS y, para ello, no se necesita el método de la resistencia noviolenta, son criminales y como a tales hay que tratarles. Continuar enviando el mensaje a los militares, buscarles y ganar la colaboración de los oficiales de los mandos intermedios. Según últimas noticias ya han pasado hacia las filas de la oposición 167 efectivos entre policías y militares.

El ejército es factor importante para el derrocamiento del Nicolás Maduro y sus 30 ladrones. No se necesita que encabecen un golpe de estado solo basta con no volver las armas contra la población y desobedecer las órdenes de sus mandos superiores. Eso también es parte de la técnica de la resistencia noviolenta.

Si todas estas opciones fallan y el régimen madurista continúa cometiendo crímenes de lesa humanidad contra la población, entonces, solo entonces se requeriría una intervención militar en Venezuela con un cuerpo de ejércitos colocados bajo las banderas de la Organización de Estados Americanos y actuando como cuerpos de paz.

Si la dictadura madurista, títere del castrismo cae, se producirá un efecto dominó que arrastre en su caída a Nicaragua, a Bolivia y, esta vez no logrará escapar el régimen castrista.

viernes, 8 de febrero de 2019

El Mecanismo de Montevideo, un modo de dar un soplo de aire al madurismo


Mario J. Viera


Aplaudido por Granma, aceptado de inmediato por Nicolás Maduro, el Mecanismo de Montevideo, impulsado por México y Uruguay. propone una vía de solución sin condicionamiento al conflicto venezolano. Nada de proponer elecciones generales, no porque según el canciller uruguayo Rodolfo Nin Novoa, “Si pedimos elecciones en tal momento estamos imponiendo condiciones que dificultan el diálogo. Son ellos los que deben acordar. Vamos al diálogo sin condiciones. Júntense, hablen y arreglen”. Pero lo básico para la solución de la crisis venezolana es precisamente es de convocar a elecciones generales, porque ni la oposición, ni la mayoría de los países que reconocen a Juan Guaidó, reconoce como legítima las elecciones que le reconocieron un nuevo mandato a Nicolás Maduro.

Cuatro fases son las propuestas del Mecanismo de Montevideo para llegar a la solución del conflicto, todas dirigidas un sorbo de aire a la dictadura madurista, “diálogo inmediato” algo que ya la oposición desde antes ha rechazado por considerar que ya antes se intentó dialogar y no hubo resultados positivos; “negociación”, pero negociar ¿qué?; “compromisos”, pongo un signo de interrogación, “?”; y, por último. “implementación” de todos los compromisos contraídos mediante el diálogo y la negociación.

Por supuesto, los cancilleres de México y Uruguay hacen una importante recomendación a ambas partes a “respetar los derechos humanos” con lo que igualan a la oposición con los métodos de violenta represión que ha impulsado el madurismo por intermedio de la guardia nacional bolivariana. Ellos no condenan, solo le piden al régimen madurista el respeto a los derechos humanos y lo hace extensivo a la oposición.

No es de extrañar a buena acogida que le diera Nicolás Maduro a la iniciativa de México y Uruguay, y declara en tono triunfalista: "La primera reunión para ayudar y propiciar un diálogo por la paz en Venezuela ha sido todo un éxito y ratifico todo el respaldo al plan de las cuatro fases que está proponiendo el mecanismo de Montevideo integrado por México, Uruguay y los 14 Gobiernos del Caribe más Bolivia".

Es una desvergüenza de parte del México del izquierdista Andrés Manuel López Obrador y del Uruguay del izquierdista Tabaré Vázquez, proponer una tímida solución a un conflicto abierto entre dos posiciones irreconciliables, entre la que sustenta una dictadura y la que sustenta una oposición democrática, solución tímida y sínica; es como afirma Pedro García Otero, columnista del Panam Post: “Si a Tabaré Vázquez y a Andrés López Obrador les queda un mínimo de buena fe, no deberían impulsar un diálogo interminable que solo sirve para que el régimen venezolano se afinque en su posición y en su represión”.

Tabaré Vázquez y AMLO está entonando el canto del cisne para la izquierda bananera de América Latina.

jueves, 31 de enero de 2019

¿Cómo se resolverá la crisis?


Trino Márquez



Estamos en presencia de la crisis institucional y política más grave desde abril de 2002. Llegamos a un punto de ruptura. La mayoría del país desea que el nudo se desate de forma pacífica, pero los factores del gobierno acaudillados por Diosdado Cabello buscan un desenlace violento. Debemos imaginar escenarios sólo a partir del cuadro actual.

El régimen intenta demostrar una fortaleza de la cual carece. El Psuv es un partido útil para intimidar y chantajear votantes en períodos electorales, pero sin arraigo popular.  Algunos de los miembros de la cúpula militar-civil que sostienen a Maduro tratan de convertirse en héroes. Intentan reeditar a los líderes de la revolución cubana cuando se produjo la invasión de Bahía de Cochinos. La diferencia reside en que los guerrilleros bajados de Sierra Maestra apenas tenían dos años gobernando. Carecían de recursos financieros para comprar lealtades. Apelar a la mística y al sacrificio era posible porque aún encarnaban una esperanza para numerosos cubanos y para la izquierda mundial. No habían tenido tiempo de destruir y esclavizar la isla, como lo hicieron poco después. Los rojos venezolanos pretenden recrear la historia 60 años después, pero sin ningún encanto. Perdieron desde hace años la admiración popular.

Existe un núcleo duro comandado por Cabello que, al parecer, prefiere salir a la fuerza, que los decapiten, antes que negociar lo único negociable para la nación: la salida de Nicolás Maduro, la formación de un gobierno provisional y la convocatoria en un plazo razonable de unas elecciones transparentes con supervisión internacional. Con ese sector extremista resulta imposible llegar a acuerdos. Consideran que no tienen escape. Este grupo militar-cívico bloquea cualquier opción basada en la restitución del orden constitucional roto por Maduro. Su fortaleza reside en la presión que ejerce la cúpula militar sobre lo que queda de la destartalada Fuerza Armada y en su alianza, hasta ahora indestructible, con la élite civil del Psuv. Allí se encuentran atrincherados Maduro, Padrino y Cabello. Reproducen el esquema de Noriega en Panamá. Creen que esa sociedad es suficiente para sobrevivir y retomar el control de la situación.

Los apoyos internacionales recibidos por el régimen muestran el talante autoritario de su postura. Sólo dictadores, tiranos y grupos terroristas lo han respaldado. Putin, Xi Jinping, Erdogán, Ortega, Díaz-Canel y Hezbollá son algunos de sus socios. Ninguno de ellos, desde luego, está dispuesto a asumir el costo financiero y militar de apoyar la pandilla venezolana. El respaldo militar de Putin es incierto. Venezuela queda demasiado lejos de Rusia. Esta no cuenta con una base logística en América Latina desde la cual elevar la eficacia de esa eventual ayuda. El costo económico de ese operativo resulta demasiado alto para esa economía tan maltrecha.

El apoyo internacional le sirve a Maduro para vociferar y torpedear una salida concertada. Afincado en ella y en control de los aparatos represivos, reprime. Viola los derechos humanos de los niños y adolescentes. Agrede. Comete excesos. Sanciona tímidamente a Juan Guaidó. Usa a los criminales del Faes y de los colectivos para masacrar y atemorizar. Pero no se afianza en el poder. Está rodeado por las fuerzas internas e internacionales que se desataron de forma súbita e inesperada.

La oposición vive su mejor momento desde 2002. Una nueva primavera. Se ha reconectado con la gente. La explosión popular del 23 de enero fue majestuosa. El optimismo se convirtió en un factor movilizador que se expresa a diario.  El respaldo internacional ha aumentado en cantidad y calidad. Gobiernos ambivalentes, como el de Pedro Sánchez, ahora llaman tirano a Maduro. La Internacional Socialista se deslindó de él. El único país importante de la región que no ha reconocido a Guaidó es México. López Obrador resultó peor de lo que imaginábamos. La estrategia adoptada por la Asamblea Nacional está dando resultados. La comunidad internacional ha pasado del apoyo retórico a acciones concretas. Las sanciones a Pdvsa son letales. Dejaron al régimen sin su músculo financiero. Esa fibra será trasladada al gobierno de Guaidó.

El nivel alcanzado por la oposición es muy alto, pero aún no logra producir la fractura de las Fuerzas Armadas que inicie una nueva fase. El gobierno no puede aplastar a la oposición. No puede entronizarse. La invasión militar, aunque aparece como opción en la mesa de Trump, nadie la quiere, empezando por los gringos. Maduro y su camarilla se hallan cada vez más acosados, aislados y débiles. El cuadro general favorece a la alternativa democrática. La caída del régimen luce posible y cercana.

Lo más importante consiste en combinar las jugadas políticas ─ como el nombramiento de representantes en países y organismos internacionales y de la nueva junta directiva de Citgo ─ con la movilización de la gente. Los ciudadanos tienen que sentir que el cambio está ligado a su compromiso y presencia en la calle. Todo indica que el retorno a la democracia será pronto.

@trinomarquezc.

miércoles, 24 de enero de 2018

El Mito, el Diálogo y las Primarias

Fernando Mires. Blog POLIS



Sobre el asesinato cometido a Óscar Pérez y a sus acompañantes por militares y delincuentes para-militares, es casi imposible agregar otra palabra. Fue un crimen horroroso. La noticia, las fotos, los videos, han traspasado los límites del país y quienes creían que la de Maduro no pertenece a la galería de las dictaduras militares, han debido callar. Su aislamiento internacional ya es casi total. Ni los gobiernos de izquierda que ayer vitorearon a Chávez se atreven a pronunciar una palabra a favor del régimen dirigido por la siniestra trilogía formada por Padrino, Maduro y Cabello (en ese orden).

Como suele suceder en casos similares, la figura de Óscar Pérez pasará a ocupar un lugar dentro de la mitología popular. Muchos lo venerarán como héroe de la patria. Sus últimas palabras serán citadas con devoción. Su retrato aparecerá en las demostraciones venezolanas. Y después que la dictadura caiga o se vaya, más de una calle llevará su nombre, más de una plaza se llamará Oscar Pérez y su breve gesta será narrada en los libros de historia de las escuelas primarias. No, no estoy jugando con ironías. Se trata de un hecho objetivo.

Todo proceso histórico crea mitos y símbolos. Ellos cumplen incluso un rol político. Gracias a los mitos, miles se reconocen como partes de un ideal común. No las complejas teorías, no tratados académicos, no sesudos análisis, movilizan a las grandes multitudes. Pero sí los mitos. Fenómeno que hace mucho tiempo descubrieron Georges Sorel en Francia y José Carlos Mariátegui en Perú. Sin mito revolucionario, escribieron ambos, no hay revolución. Hoy diríamos –dado el descrédito de la palabra revolución- no hay cambio.

El historiador (sea el del pasado lejano o el del inmediato) debe entender la fuerza del mito, pero sin seguirlo, del mismo modo como el analista que se interna en la locura del paciente no se hace parte de ella. Por lo mismo debe alertar sobre los peligros del mito cuando este es sacado fuera de su contexto originario o, aún peor, cuando el mito sustituye a ese contexto.

El mito del aviador Pérez surgió desde sus audaces sobrevuelos durante las grandes demostraciones del 2017. Pero terminó en un contexto muy distinto, en uno caracterizado por el aplastamiento militar de esas demostraciones, con el diálogo entre la oposición democrática y la dictadura en la República Dominicana, y con los preparativos para las candidaturas primarias en los partidos de esa oposición.

Razones suficientes para que grupos divisionistas, los llamados opositores a la oposición, hayan utilizado el asesinato a Pérez como un arma en contra del diálogo y de las primarias. Para ellos todo diálogo es traición. Y las primarias, una ofensa a la memoria de Óscar Pérez.

La dictadura en cambio sí entendió perfectamente el contexto histórico en el cual ella se encuentra situada.

El asesinato a Pérez fue cuidadosamente planificado y sus objetivos fueron claros: militarizar el conflicto político, imponer la lógica de la guerra, dinamitar el diálogo dominicano, culpar a la oposición del crimen a Pérez (Reverol) e impedir todo acuerdo que conduzca a las primarias pre-presidenciales para después llamar a elecciones frente a una oposición diezmada por ella misma. De más está decir, gracias a la ayuda de los divisionistas militantes, la dictadura está consiguiendo esos objetivos.

Han seguido otra vez el juego de la dictadura. Según los divisionistas, la oposición si dialoga traicionará el legado de Pérez y si convoca a primarias, continuará por la vía del entreguismo electoralista que rechazaba Pérez. Óscar Pérez se ha convertido para ellos en el estandarte de la anti-MUD. Por cierto, las alternativas que ofrecerán en su nombre no podrán ser más descabelladas. Entre otras, una invasión internacional que ningún gobierno democrático ha imaginado (calificada incluso de delirante por el canciller de Brasil), un golpe de estado perpetrado por generales democráticos o un regreso a los tiempos de Carmona con la promoción electoral (¡hecha por abstencionistas!) del empresario Lorenzo Mendoza. De más está decir, las tres alternativas favorecen al régimen: la primera, porque otorga un toque “antimperialista” a la dictadura. La segunda porque legitima a la dictadura para que continúe sus labores de limpieza al interior del ejército. Y la tercera, porque frente a un candidato empresario, Maduro podrá presentarse ante los suyos como representante de la “lucha de clases” en nombre del pueblo. ¿Qué mejores manjares para la casta en el poder?

El diálogo, por lo demás, no fue convocado por la dictadura. La oposición decidió asistir debido a las exigencias de una fuerte presión internacional. Si no asistía, la dictadura iba a presentarse ante el mundo como la única “fuerza dialogante” frente a una oposición anti-política. Había que impedirlo y por lo mismo, la oposición envió sus representantes a la República Dominicana.

Negociaciones, no diálogo, fue lo que establecieron desde un primer momento sus dirigentes. Aunque si bien es cierto nunca especificaron con claridad qué es lo que se iba a dialogar o negociar o, lo que es aún más importante, cuáles iban a ser los puntos no-negociables del diálogo. No fue en consecuencia solo la labor de zapa del divisionismo ni el evidente proyecto de la dictadura para hacer fracasar el diálogo lo que puede llevar a su fracaso. La oposición democrática –salvo uno que otro comunicado de Borges o de Florido- no ha sabido defender a ese diálogo frente a sus enemigos internos y externos.

Frente al argumento divisionista “con una dictadura no se dialoga”, la oposición debió haber respondido: Solo con una dictadura se dialoga fuera del país. En una democracia no se dialoga con el gobierno y mucho menos fuera del país porque el diálogo en una democracia transcurre a través de canales institucionales Nadie va a pedir un diálogo extraterritorial a Merkel, Macron, Bachelet o Macri. Se va a un diálogo fuera del país solo cuando los canales de la política interna se encuentran cerrados, es decir, bajo un estado de excepción, bajo una dictadura.

¿Se va a negociar en el diálogo?  Por supuesto, a eso se va. Pero –y eso es lo que la oposición debió haber aclarado- hay materias no negociables. ¿Cuáles son esas materias? Nadie pedía una lista detallada. Solo habría bastado una frase. Una sola. Una que dijera: Nada que sea constitucional puede ser negociable.

Ni la AN, ni las elecciones, ni los derechos humanos son negociables. Negociable puede ser en cambio la composición del CNE, el papel del Ejército y, sobre todo, esa Asamblea Constituyente, no solo anti-constitucional sino, además, producto de uno de los más grandes fraudes electorales de la historia universal. Bajo ese bienentendido el único que puede perder con una negociación es el régimen. Solo así se explica por qué Maduro intentó reventar el diálogo usando al general Reverol. Hizo bien la oposición entonces al no asistir a las sesiones de enero, e hizo mejor al no abandonar el diálogo. Puede ser incluso que ese llamado diálogo no tenga destino, pero la patada final la debe dar Maduro, no la oposición.

Si la oposición se esmera, el diálogo puede ser convertido en un foro público. Un lugar en donde quede más claro que el sol que todos los puntos que defiende la oposición son constitucionales y los que defiende el régimen, anticonstitucionales. La mayoría de la ciudadanía, si se explican bien los alcances de ese diálogo, entenderá. El asesinato a Pérez, en consecuencia, no es ninguna razón para terminar, pero si es una razón para continuar el diálogo. Ante la presencia de los delegados internacionales la oposición puede encontrar incluso en ese mal llamado diálogo – en verdad es un espacio de confrontación verbal ─  el momento adecuado para revelar las violaciones a los derechos humanos cometidos por la dictadura.

Debido a razones similares la oposición no debe dejarse presionar por los divisionistas que intentan impedir el proceso de las primarias en nombre de un supuesto legado de Óscar Pérez. Las primarias tienen una importancia existencial para designar al candidato unitario que deberá enfrentar a la dictadura y convertir a la campaña electoral –más allá de los resultados y fraudes que marcarán a la elección presidencial- en una instancia de denuncia dirigida a la comunidad internacional. Más aún si se tiene en cuenta que durante esa campaña electoral todos los ojos de la opinión pública mundial estarán puestos sobre Venezuela. Pero hay, además, otra razón para llevar a cabo lo más pronto posible las primarias.

Las primarias son el lugar y el momento ideal para que la oposición discuta consigo misma. Pues a diferencias del PSUV, que no es sino una prolongación vertical del cuerpo de la dictadura, la oposición venezolana sigue siendo multipartidista y pluralista. Eso quiere decir que al interior de esa oposición no solo hay uno sino varios proyectos de nación política. Esos proyectos deben ser discutidos de cara al público y no en el secretismo de habitaciones cerradas. Cada candidato potencial, al ser miembro de un partido, deberá exponer sus puntos de vista, polemizar con sus adversarios y conquistar adherentes. Para la dictadura, un verdadero escándalo. Para los demócratas, una oportunidad para salir de las sombras a las que quiere condenarla la dictadura. Visto desde esa perspectiva, las elecciones primarias pueden ser aún más importantes que las propias elecciones presidenciales.


Los divisionistas por cierto seguirán utilizando el nombre de Óscar Pérez como chantaje moral a fin de prolongar sus fantasías, soñando con marchas sin regreso, con inmolaciones colectivas, con ejércitos libertadores o con invasiones milagrosas. Para la oposición, en cambio, se trata de lograr la repolitización de la vida venezolana, sin recurrir a la violencia, apegada a la letra de la Constitución y apoyada por los gobiernos democráticos del continente. Las primarias son una vía hacia la repolitización del país. La salida será política.

domingo, 19 de noviembre de 2017

ESCUPIR PARA ARRIBA

María José Ferreiro. Blog POLIS
Muchos que me leen me conocen personalmente, saben que divido mi tiempo entre Bogotá y Caracas por motivos de trabajo. Para el 2018, tendré que añadir un nuevo país: Perú. Me gusta viajar, pero sufro de aerofobia. Créanme que no es fácil dominar una fobia. Leo a mucha gente en Twitter, no hago lo mismo en Facebook o Instagram, ya que considero el mundo de las redes sociales como una burbuja adictiva, donde uno entra y sale por distintos motivos.
     Viví en primera persona gran parte de las protestas de este año, vi lo que sucedió en las calles, y vi lo que sucedió frente a mi casa cuando la GNB nos dispensó una “cordial” visita: ese día puse a prueba mi extenso repertorio de maldiciones y groserías. También vi a los guarimberos saboteando marchas, vi a la resistencia, la de verdad, enfrentando a la GNB, tragué una que otra dosis de “gas del bueno”, saqué fotos, hice denuncias, conversé con gente, me senté con chavistas para saber que pensaban. He escrito varias veces en mi cuenta de twitter que tengo amigos chavistas, y eso me ha ganado muchos insultos. De estos amigos cuento con una mano, y me sobran dedos los que aún apoyan a este régimen. En cada uno de esos días de protestas, había una pregunta que me repetía mentalmente: ¿cuánto más se podrá aguantar? No era sólo el cansancio, la parálisis de tantas actividades, lo más grave eran los asesinatos por los esbirros, los miles de heridos (algunos sin recuperarse todavía) los miles de detenidos juzgados sin justicia, el llanto, el dolor y desesperación de las familias, los asaltos a domicilios de madrugada, y una vez más: “haz esta cola, llegó el arroz, no hay pan.” Día, tras día, sin descanso. Jamás, nunca, se estuvo en la calle por o para la MUD, y aquí hago énfasis en el uso de las preposiciones, que algunos en su ligera e ignorante lectura pasan por alto: POR, PARA. Convocar, no es un para o por. De hecho, también leía a quienes le exigían a la MUD mayor conducción en las protestas. Hubo un momento en que ya ni los puntos de concentración se cumplían. Y llegó un momento en que la GNB ya no permitía concentrarse en ningún punto, la represión no lo permitía. Esos fueron los peores días. También vi con el desgaste de la gente y la horrible represión, como pequeños grupos vandálicos iban tomando protagonismo: llegaban, rompían todo, amenazaban a la gente, asaltaban vehículos, merodeaban, y ninguno terminaba detenido. Grupos que aún hoy en día aparecen y desaparecen, sin que se sepa de donde vienen, si responden a algún interés, o como es que operan. No, estos grupos no son la resistencia que yo vi y reconozco.

     Es increíble como desde Miami, España, Argentina, México y otros países, dicen que la calle se desmanteló ¿La calle es una casa de lego que se desmantela? Que la callé se enfrió. Claro que se enfrió, la sangre enfría, el cansancio enfría, el dolor enfría, el miedo enfría, sobre todo cuando después de 4 meses quieres ver algo más que un batallón de la GNB pateándote, disparándote, y arrastrándote a una celda. La más absurda de todas las quejas, favorita de los off shores: la MUD enfrió la calle. Esto es un insulto para miles de personas que protestaron en todo el país, que tragaron gas, que vieron sus hogares asaltados de madrugada por los esbirros de la GNB. ¿Creen realmente que la MUD giró una orden y listo, obedecimos como borreguitos escuchando a su comandante? Hay que tener mucha soberbia y poca capacidad de discernimiento para pensar semejante desfachatez. 
    Cuando se convocaron a elecciones regionales, elecciones que el régimen suspendió ilegalmente en el 2016, y no quería realizar, ya la calle estaba sola por razones lógicas que algunos no quieren ver. Estos mismos levantan su queja desde el teclado porque no se siguió adelante “epa, sal a la calle, tienes que hacer esto...que estás esperando, es que no tienen bolas, así no se va a salir de la tiranía”. Para mandar a hacer, el ser humano es muy diligente. Les pregunto a estas personas ¿no sería más noble, valiente y solidario de su parte, ayudar con medicamentos a los cientos de heridos por la represión y que todavía no se recuperan? ¿Aportar con comida a los cientos de detenidos en las cárceles? Y es aquí donde insisto en un factor común: la mayoría de quienes escriben los reclamos de calle, ya no viven en Venezuela, no todos, obviamente, pero sí una gran parte que se expresa en las redes sociales. A estos tengo algo que decirles con respeto, y honestidad. Sepan, que nadie, sino ustedes mismos, son los responsables de esa frustración que rumian porque se fueron. Sepan, que el dolor que sienten por haberse tenido que ir de su país, para tener una vida mejor, a la cual tienen derecho, no los hace especiales, únicos, o los reyes del lugar que hay que consolar porque les duele mucho. Sepan, que su “dictadura no sale con votos” es una cachetada a millones de personas que no se van a ir de Venezuela, que no tienen a donde ir, o no tienen como irse. Sepan, que su derecho a opinar no está por encima del derecho a responderles. Sepan, que esto es demasiado doloroso para que ustedes, yo, o el otro pisoteen las heridas. Sepan, que la MUD no es perfecta, que es un manojo de errores, pero que a nivel político es lo mejor que hay. Sepan, que tienen razones comprensibles para sentirse como se sienten, pero también deben aprender a valorar a quienes están en otra posición, sintiéndose, quizás, igual a ustedes, o hasta peor porque no saben si van a tener que comer en la noche o tienen a un ser querido injustamente detenido. 

     No, la MUD no enfrió la calle, ¿cómo podría hacerlo? Si usted es el que dice que con las elecciones regionales se enfríó la calle, entonces está diciendo que la gente que estaba en la calle solo quería elecciones regionales y por eso se retiró. Piense, no duele, es un ejercicio muy útil. Por nada en el mundo me pondría en el lugar de cualquier dirigente político, porque su responsabilidad es muy, muy difícil de calzar. Y me refiero a la dirigencia que asume responsabilidades, no la de adorno o consignas que se dedica a reaccionar contra lo que otros hacen. La calle se enfrió porque somos humanos y la calle duele, sangra, se muere en ella, y si terminas en una cárcel, es mejor que te encomiendes a todos los santos, porque ya no serás dueño de tu vida, los militares lo serán. Ellos decidirán si vives o mueres, ellos decidirán hasta tus horas para ir al baño, si es que hay un baño. Ellos decidirán si te rapan el pelo, si agonizas por unos días, o si te dejan un rato más en una celda inmunda antes de que vuelvas a ver la luz del sol. ¿Quién está dispuesto a eso? Decirle a la gente que haga lo que no se está dispuesto a hacer, es una bajeza. 

El régimen por supuesto que no saldrá sólo por el voto, tiene que haber una conjugación de muchos factores, y poner todos a funcionar con efectividad, sin que uno excluya al otro, es una tarea titánica. Esto no va a cambiar hasta que se alcance el punto máximo de oscuridad, y ahí estamos entrando con el fraude del domingo 15 de Octubre: así que, abróchense los cinturones. Si usted es el que se levanta y pone una foto de una marcha de hace 8 o 6 años diciendo que perdió el tiempo porque Chávez no se fue: usted no conoce a su país, ni lo que ha pasado en el. Sufrir consecuencias, no significa necesariamente conocimiento. Jamás entenderé como repitiendo con tono fuerte que el régimen es una narco dictadura, puede al mismo tiempo quejarse de que fue a una marcha y el régimen no cambió, o fue a 100 marchas, y el gobierno no cayó. ¿No le parece que hay contradicción en eso? Piense, es muy útil. Al final, su frustración, no es una competencia con la mía. Su vivencia, no está por encima de la de otro, y lo que usted dice: “se sabía”, aún quien actúa distinto a usted, también lo sabe. 

     La vida es difícil, la vida duele, la vida no es rosa, la vida puede ser muy gris, y a pesar de eso, hay que levantarse todos los días y salir adelante. La vida no responde a lo que queremos, sino a lo que construimos en consecuencia de las decisiones que tomamos. Unas veces nos equivocamos, y toca volver a empezar, otras veces nos va bien, otras no tanto: pero seguimos, seguimos hasta que dejamos este mundo, es sólo en ese momento en que se terminan todas las opciones.


Maria José Ferreiro. @mjferreiro 
Escritora-guionista-autora

martes, 31 de octubre de 2017

¿Participar en las elecciones municipales de diciembre? Este es el dilema

Mario J. Viera



En un anterior artículo expresé que “Si la oposición se decide por participar en las elecciones de diciembre estará actuando como compañero de viaje de la dictadura y de hecho reconociéndole a la ANC la capacidad de convocatoria” esto de ninguna manera puede ponerse en práctica bajo las actuales condiciones del juego o rejuego político que actualmente se vive en Venezuela. La fraudulenta Asamblea Nacional Constitucional erigida en megapoder convocó a la realización de elecciones municipales para el 10 de diciembre. Impuso además la condición de quienes resultaran electos deberían jurar sus cargos ante su autoridad, algo que de ningún modo puede aceptar la oposición luego de haberle declarado unánimemente de fraudulenta.

Tan pronto se anunció la convocatoria electoral, tanto el Partido Primero Justicia (PJ) de Henrique Capriles como el Voluntad Popular del líder encarcelado Leopoldo López rechazaron participar en lo que será una nueva farsa electoral orquestada por la dictadura al amparo de su Consejo Nacional Electoral (CNE), su Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) y su ANC. La condición sine qua non planteada para participar en ese proceso electoral es, primero la reforma del CNE tal como lo había propuesto el presidente de Colombia Juan Manuel Santos el 17 de octubre, CNE independiente, y segundo, veedores extranjeros. Jorge Millán, coordinador general de PJ ya había expresado que la situación política es de todo punto de vista “complicada debido a que el Gobierno del presidente Nicolás Maduro busca con acabar con todos los espacios de participación ciudadana”. En ese juego donde solo hay un ganador a priori, la oposición venezolana no puede prestarse para servir de coartada al régimen. En igual sentido se expresó también Humberto Agudo, dirigente en Lara del partido de tendencia socioliberal Causa Radical, al considerar que la Mesa de Unidad Democrática (MUD) no debía ir a unas elecciones donde prevalezcan las mismas condiciones de las elecciones regionales y aseguró, como lo reportó Unión Radio: “El Consejo Nacional Electoral no ha determinado el cronograma, esa es la primera etapa del fraude (…) La Unidad en su refundación tiene que plantear esta nueva tarea, una agenda clara en relación al cronograma electoral, no podemos volver a un proceso electoral con un Plan Republica parcializado con el régimen”, dijo refiriéndose al operativo de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana con el supuesto propósito de custodiar el proceso electoral y puesto en marcha por el ministro para la Defensa, Vladimir Padrino López.

Por boca de su presidente Richard Blanco, Alianza Bravo Pueblo (ABP), organización fundada por Antonio Ledesma, actualmente en arresto domiciliario, aunque ratifica la lucha por la democracia, afirma: “No podemos dejarnos llevar por un proceso inconstitucional como lo propone la ilegítima asamblea nacional constituyente. (...) No es tiempo de participar en la candidatura de las municipales, lo primordial es rescatar al pueblo venezolano de esta crisis”. Por supuesto, la organización que encabeza María Corina Machado, Vente Venezuela, se mantiene en su posición de no participación en procesos electorales efectuados “en dictadura”. Gregorio Salazar de Tal cual digital hace observar que: “Ahora la cúpula roja se apresta a acelerar los tiempos de las elecciones de alcaldes y concejos legislativos y ya hay quien le ha declarado la guerra a cualquier intento de participación, lo cual encuentra eco en importantes sectores de la población. Nada menos”. Y, definitivamente, los principales grupos políticos reunidos bajo el manto de la MUD se han decantado por el abstencionismo ante las próximas elecciones, incluyendo tanto a los anteriores citados como los siguientes partidos, Acción Democrática, el socialcristiano Un Nuevo Tiempo y Movimiento Progresista, considerando la mayoría de la MUD que la convocatoria es un proceso amañado y plagado de trampas.

En opinión del cronista de EL NACIONAL, Fernando Ochoa Antich: “Los dilemas siempre han sido los mismos: ¿es posible aceptar competir en unas elecciones sin que se modifiquen las actuales condiciones electorales? ¿Existe algún margen de maniobra para poder negociar este único punto con el régimen madurista? La oposición democrática, a excepción de lo ocurrido en 2005, ha participado multitudinariamente en los procesos electorales, pero siempre con serios cuestionamientos al ventajismo oficial y a las dudas surgidas de los escrutinios”; y el Grupo de Lima reunido en Canadá coincide en que es imprescindible “la revisión del sistema electoral, incluyendo en particular, la renovación del Consejo Nacional Electoral con miembros nombrados por la Asamblea Nacional y la publicación de un cronograma de elecciones, las que deben ser supervisadas por observadores electorales independientes”.


En ocasiones la democracia también se defiende renunciando al uso de uno de sus recursos básicos como el del ejercicio del voto. Ahora bien, luego de esta decisión mayoritaria de la oposición ¿qué recurso queda? Como ha sugerido Marta de la Vega en. Tal Cual, digital: “Urge una coalición verdaderamente concertada, sin arrogancia ni terca pedantería de algunos jefes de partidos. Se necesitan líderes que piensen más allá de la coyuntura y de las circunstancias inmediatas, que alcen la mirada con una visión a largo plazo”. Decisión que se tiene que emprender decidida y concertadamente, pero lo primero, lo estrictamente político y estratégico ahora es salvar la unidad opositora por encima de cualquier controversia o interés de grupo. Si la MUD se fracciona, Nicolás Maduro y sus colaboradores se habrán anotado la más importante victoria política y lograrán que la presión internacional sobre su régimen se disipe paso a paso y, al mismo tiempo, la oposición ya no tendrá una opción consistente para el reto político unificado y solo se podrá emprender pírricas batallas dispersas e individuales. Como su consecuencia, el gobierno, en alianza con el Tribunal Supremo de Justicia, con el Consejo Electoral Nacional y la Asamblea Nacional constituyente, ante una oposición dispersa, podrá seguir los pasos del régimen castrista ilegalizando a todo partido político que no se ajuste a la línea de dirección del oficialismo. El castrismo entonces habrá triunfado en Venezuela. Primero consolidar la unidad y luego impulsar la presión popular, la resistencia noviolenta, la desobediencia civil y el empuje de las manifestaciones exigiendo la renovación, la restructuración del CNE, depurándolo de sus elementos más comprometidos con el régimen, principalmente con la democión de su presidenta Tibisay Lucena Ramírez. Movilización en contra de la ANC y a favor de nombrar veedores extranjeros para supervisar la transparencia de todo el proceso.