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sábado, 13 de agosto de 2022

¿UN TERCER PARTIDO? QUIZA UNA SOLUCION A LA ACTUAL POLARIZACION

Mario J. Viera

 


El actual sistema bipartidista que rige en Estados Unidos no ha sido capaz de sacar al país del marasmo político de la polarización, que tuvo su inicio con el surgimiento en 2008 del grupo de extrema derecha conocido como Tea Party y su continuidad con la aparición en la escena nacional del fenómeno trumpista, pero cuya base sustentadora es precisamente la existencia de solo dos partidos en los debates públicos nacionales.

El bipartidismo es la eterna disyuntiva entre los clásicos partidos conservadores y liberales o entre dos tendencial la derecha y la izquierda, sin importar que ambas tendencias asuman caracteres moderados. La realidad actual es el surgimiento de una corriente política que rompe con el equilibrio político requerido por el bipartidismo, la extrema derecha populista enmarcada dentro de los actuales marcos del Partido Republicano.

Como factor equilibrante de la política siempre ha existido en Estados Unidos un sector denominado independiente, que no precisamente constituye un centro, sino una variabilidad de opiniones y criterios; sector éste que siempre, en los periodos eleccionarios, cada partido intenta cooptar. Una especie de tercer partido de carácter difuso y no organizado.

No obstante, terceros partidos, como el Partido Libertario y el Partido Verde han presentado candidatos para la presidencia en 2016 y 2020, con resultados inferiores a los 5 millones de votos cada uno. Otros terceros partidos en Estados Unidos son algunos de derecha, otros centristas y otros de izquierda:  Partido de la Constitución, Partido Verde, Partido Libertario, Partido de la Reforma, sin faltar la existencia del Partido Comunista de Estados Unidos, el Partido Socialista; todos ellos con ninguna o con escasa representatividad en el escenario político.

En las elecciones del 2016 presentaron candidatura para la presidencia, además de los candidatos demócratas y republicanos, Gary Johnson – Partido Libertario, que alcanzó un total de 4 489 341; y Jill Stein – Partido Verde con una votación de 1 457 218. La suma de ambos aspirantes resulto nada significativa con respecto a los 62 984 829 de votos alcanzados por Donald Trump y los 65 853 514 de votos obtenidos por Hilary Clinton. En las pasadas elecciones de 2020, Jo Jorgensen del Partido Libertario presentó su candidatura para alcanzar un total de 1 865 858 votos.

En las elecciones presidenciales los terceros partidos se las ven muy mal. El Colegio Electoral es su principal inconveniente. Cuarenta y ocho estados tienen la línea de quien gana en el estado se lo lleva todo, todos los votos electorales correspondientes; de este modo esos partidos, tal como los califico la Voz de América (VoA), actúan como “aguafiestas” en las elecciones presidenciales, desviando votos desde los otros dos grandes partidos.

Un nuevo partido está en proceso de formación, el Partido Forward (FWD). ¿Cuáles son sus posibilidades reales con independencia de lo que al respecto consideran sus fundadores, el ex candidato presidencial demócrata, Andrew Yang, y la ex gobernadora republicana de Nueva Jersey, Christine Todd Whitman? Depende de como se encaminen; si comenzar a ganar representaciones congresionales en varios estados o si se lancen a la caza de la presidencia en el 2024; en este último caso, pienso que sus posibilidades son nulas y solo jugarán ese papel de “aguafiestas” que mencionó la VoA. Los fundadores de este nuevo tercer partido plantean como su eslogan el "Not Left. Not Right. Forward" (Ni izquierda ni derecha, Adelante) para mostrarse situado en el centro. Forward o Adelante es la fusión de la propuesta del PAC Forward con el Movimiento Renew America (We are not just Democrats or Republicans or Independents. We are Renewers), y el Movimiento Serve America que se manifiesta como centrista o de centro derecha; ambos movimientos integrados principalmente por republicanos indispuestos con la política de Donald Trump y del rumbo del Partido Republicano hacia la derecha radical.

Forward se plantea como algo nuevo, no como “una copia de los partidos actuales, que están arrastrando a nuestro país hacia atrás. Estamos haciendo avanzar la política estadounidense, con un partido centrado en soluciones innovadoras, colaborativas y de sentido común que funcionan para la mayoría de los estadounidenses”.

Por supuesto y quiero dejarlo aclarado que no comulgo con la aparente línea política de esta fusión de demócratas y republicanos, aunque sí saludo el empeño de mostrar otra cara de la política estadounidense y romper con el monopolio compartido de solo demócratas y republicanos en la formación de las leyes.

Según informaciones de prensa, Forward será presentado oficialmente en Houston, Texas, el 24 de septiembre y tendrán una convención como las de los “viejos” partidos cuando deban nominar al candidato presidencial. Aseguran que el partido estará registrado en 30 estados para finales de 2023 y en los 50 estados para finales de 2024, justo para las elecciones en ese año.

Los líderes del nuevo partido: David Jolly, Christine Todd Whitman, y Andrew Yang, en un comunicado conjunto, publicado por el Washington Post declararon: “El extremismo político está despedazando nuestra nación, y los dos partidos principales no han logrado remediar la crisis. Están obsoletos, y fracasaron por centrarse cada vez más en los extremos. ¿El resultado? La mayoría de los americanos no se sienten representados”,

Es claro que la intención es presentarse con una candidatura presidencial en las elecciones generales del 2024, lo cual es precipitado. Para que un tercer partido pueda en Estados Unidos presentarse como una nueva opción, lo primero que tiene que hacer es ganar un buen número de afiliados en cada uno de los estados de la Unión, no aspirar de inmediato a la presidencia, sino obtener escaños en el Congreso para luego poder dar la cara con algunas probabilidades de ganar votos electorales del Colegio Electoral en 2028.

Como bien lo ha expuesto William Galston del Brookings Institute, existe una creciente opinión favorable a la necesidad de un tercer partido, y anota: “Los demócratas están mucho menos satisfechos con su partido que los republicanos y están más dispuestos a considerar alternativas a él. Un candidato presidencial independiente o de un tercer partido centrista probablemente inspiraría más a los demócratas. Y como las elecciones presidenciales han sido tan reñidas en las últimas décadas, los efectos asimétricos de una candidatura independiente o de un tercer partido podrían resultar decisivos para devolver a Trump al Despacho Oval, a menos que dicha candidatura hiciera historia al triunfar sobre los dos partidos existentes. Pero a pesar del alto nivel de descontento actual con estos partidos, las probabilidades de que se produzca este resultado siguen siendo desalentadoras y las consecuencias del fracaso podrían ser catastróficas”.


lunes, 15 de febrero de 2021

¡Ay Biscet, qué bajo has caído!

 Mario J. Viera

 


Leer lo que escribe desde Cuba, un hombre, supuestamente defensor de los principios democráticos, escribiendo barrabasadas, es desconsolador. En su último brillante, magistral, extraordinario artículo de opinión, publicado en Diario Las Américas, bajo el titular “La inconstitucionalidad del impeachment a Trump”, Oscar Elías Biscet expresó lo siguiente:

 

El 45 Presidente de los EEUU, Donald Trump, es el Sócrates contemporáneo; quien como un ciudadano particular es llevado a un juicio político amañado e inconstitucional a la Cámara del Senado (09/02/2021), después de haber sido acusado e instruido de un cargo falso por la Cámara de Representantes de los EEUU, el 28/01/2021”. (el resalte en negrita es mío)

 

¡Donald Trump el Sócrates contemporáneo! ¿Puede haber similitudes entre Donald Trump y Sócrates? Algo totalmente absurdo. Sócrates veía a la filosofía como el camino que conduce, por la justicia y el amor, a la virtud. ¿Conoce, en realidad, Biscet lo que virtud significa? Es que la virtud se entiende, especialmente como la disposición de la persona para obrar de acuerdo con determinados proyectos ideales como el bien, la verdad, la justicia y la belleza; estos tres últimos conceptos abstractos tan lejos en la personalidad de Donald Trump. En cuestiones de política a Trump, ni siquiera se le puede calificar de neófito, su filosofía “política”, es la filosofía del empresario, que no admite discrepancias en cuanto a cómo manejar sus negocios. Sócrates, en cambio, ha sido considerado como el padre de la filosofía y de la ética. ¿Ética? Sí, ética, esa parte de la filosofía que trata del bien y del fundamento de sus valores.

 

Trump, un ególatra que, como el también ególatra Fidel Castro, considera que lo sabe todo, que todo lo conoce, que es infalible, que todo lo que hace es extraordinario, superior a cuanto antes haya realizado algún presidente antecesor suyo, casi más grande que George Washington, actitud en total contradicción con el filósofo ateniense, consciente, tanto de la ignorancia generalizada como de la suya propia: “Solo sé que no sé nada”. Sócrates tuvo enemigos y sus enemigos le condujeron a un juicio, sin embargo, no rehusó presentarse ante aquel juicio, algo a lo que Trump no tuvo valor de hacer. No gritó, no atacó a sus acusadores. Fue sentenciado a muerte; pudo haber huido, como le aconsejaban sus amigos, pero prefirió acatar la sanción y aceptar la muerte.

 

¿Juicio amañado, y acusado e instruido de un cargo falso, como asegura Biscet? Entonces, el líder de la minoría republicana Mitch McConnell estaba levantando cargos falsos contra Trump cuando el pasado 19 de enero, aun representando la mayoría republicana, declaró: “La turba [que asaltó al Capitolio] fue alimentada con mentiras. Los incitó el presidente y otras personas poderosas, y trataron de usar el miedo y la violencia para impedir un trámite específico del poder legislativo del gobierno federal al que se oponían”. O cuando, luego de haber dado su voto absolutorio a Trump, expresó: “No hay duda, ninguna, de que el presidente Trump es moralmente responsable, y de forma decisiva, de provocar los eventos de aquel día. La gente que asaltó este Capitolio creía que actuaba siguiendo los deseos e instrucciones de su presidente. Y tener esa creencia fue una consecuencia previsible del creciente crescendo de declaraciones falsas, teorías de conspiración e hipérbole imprudente que el presidente derrotado seguía gritando a través del megáfono más grande del planeta Tierra".

 

Tal como se recoge en CNN, McConnell no descartó que Trump pudiera ser juzgado en cortes penales y civiles: “El presidente Trump sigue siendo responsable de todo lo que hizo mientras estuvo en el cargo como ciudadano común y, a menos que se ejecute el estatuto de limitaciones, sigue siendo responsable de todo lo que hizo mientras estuvo en el cargo. Todavía no se salió con la suya. Sin embargo, tenemos un sistema de justicia penal en este país. Tenemos litigios civiles. Y los expresidentes no son inmunes a que rindan cuentas en alguno de los dos

 

¿Es falso lo dicho por el senador republicano, Lindsey Graham, refiriéndose a Trump, “Su comportamiento después de las elecciones fue indignante”? Esto dicho, aunque diciendo que, en los escrutinios del 2022, le gustaría hacer campaña junto a él

 

¿Amañado el juicio? Así no lo consideraron los senadores republicanos Richard Burr, Bill Cassidy, Susan Collins, Lisa Murkowski, Mitt Romney, Ben Sasse y Pat Toomey, los cuales votaron a favor de la condena. ¿Carece de significado la llamada que, el líder de la minoría republicana de la Cámara de representantes, Kevin McCarthy le hiciera a Trump durante el asalto al Capitolio por una turba de trumpistas facinerosos? McCarthy le pedía a Trump que hiciera un llamado a sus seguidores para que abandonaran la sede del Congreso. La respuesta que recibió de Trump, fue la siguiente: “Bueno, Kevin, supongo que esta gente está más molesta por la elección que tú”. La riposta de McCarthy a Trump, mientras observaba como los amotinados penetraban a sus oficinas rompiendo ventanas, fue: “¿Con quién carajos crees que estás hablando?” El representante republicano Jaime Herrera Beutler, le comentó a CNN sobre esta llamada: “Hay que mirar lo que hizo [Trump] durante la insurrección para confirmar dónde estaba su mente. Estoy haciendo un gran esfuerzo por no decir la palabra fucked”.

 

Pero, ¿qué se puede esperar de alguien que considere a la seguidora de QAnon Marjorie Taylor Greene como una heroína. Una mujer que asegura, que los tiroteos producidos en las escuelas de Sandy Hook y Parland, dejando un salto de víctimas inocentes, no eran más que un montaje para prohibir el uso de las armas; incluso consideraba que algunos congresistas demócratas deberían ser ejecutados por traidores, entre estos, principalmente Nancy Pelosi. También, como informa France 24, había dicho que la matanza de 58 personas a manos de un hombre que disparó desde la habitación de un hotel en Las Vegas, en 2017, era un complot secreto para generar apoyo a la legislación de control de armas. ¿Acaso desconoce el patético Biscet, que el mismo Mitch McConnell, la calificó como “un cáncer para el Partido Republicano”? Hasta Kevin McCarthy, dijo sobre ella: “Déjenme ser claro, los comentarios de Greene como ciudadana privada no representan los valores de mi partido. Como republicano, como conservador y estadounidense, condeno esas visiones inequívocamente”.

 

Biscet la denomina heroína porque ella, un día después del juramento de Biden como presidente, introdujo una propuesta de impeachment contra él, bajo los supuestos cargos de corrupción, abuso de poder, tráfico de influencias y nepotismo, algo que en Estados Unidos se puede proponer, aunque sea estúpido. Y denomina a la activista de QAnon, Ashli Babbitt, muerta mientras intentaba penetrar por una ventana al interior del Capitolio, de “patriota”, “defensora de la América libre y constitucional”; ella como “resplandor perenne de libertad y resistencia a las injerencias de las dictaduras globalistas del socialismo y sorosismo en EEUU” (Podemos perdonarle la cursilería de aprendiz de escribiente). Ni en ella, ni en el resto de los asaltantes, Biscet, desde la distancia, dijo, no pudo observar “la cólera enajenante de los múltiples y desastrosos motines desencadenados por Antifa y BLM”.

 

Antifa y BLM parecen ser obsesivos en las visiones kafkianas de Biscet. Lean esto escrito por él: “El Partido Demócrata en la Cámara de Representantes acusó de insurrección al presidente Donald Trump, cargo falso y amañado, pues en el momento de la acusación a Trump ya la Policía (FBI) había definido los causantes, la hora de comienzo, su planificación de días antes por Antifaz y MLB y la no relación del presidente Trump con los que causaron los disturbios en el Capitolio”; esto es algo totalmente falso. Pero ¿qué conoce Biscet sobre Antifa, salvo lo que aduce la derecha radical sobre ese grupo. Antifa, es un movimiento antifascista, que declara oponerse a todas las formas de racismo y sexismo y a las políticas que impulsaba el gobierno de Trump contra la inmigración y los musulmanes. Aunque a menudo se le clasifica como una organización de izquierda o de extrema izquierda, sus miembros se han focalizado en luchar contra la ideología de extrema derecha, más que en promover iniciativas que representen a un sector determinado del sistema político. Según BBC Mundo, son “grupos muy diversos en distintos países, aunque aparentemente los más activos se encuentran en Estados Unidos, Reino Unido y Alemania”

 

Por otra parte, Biscet, como los supremacistas blancos y la ultraderecha de Estados Unidos, acusa a BLM este disperso movimiento como violento. Algo muy significativo. Biscet es de la raza negra, mestizo, es un activista Pro Vida y, sin embargo, no siente empatía alguna por la desesperada lucha de BLM, movimiento en contra del racismo sistemático presente en muchos sectores de la sociedad estadounidense y, en protesta por la muerte violenta que varios negros han sufrido a manos de policías blancos. Tal vez para Biscet la vida de los negros, bajo el cuatrienio de Donald Trump, no importe.

 

Antifa, no ha tratado nunca de asaltar centros alguno de la democracia de Estados Unidos, como sí han hecho los Proud Boys, los QAnon, las milicias armadas de trumpistas; los neo-nazis y los neo-confederados, ondeando la bandera de la Confederación, símbolo de la traición hacia los Estados Unidos y del racismo. Le preguntaría al Dr. Oscar Elías Biscet ¿Qué hubiera ocurrido si, en lugar de los trumpistas extremistas, hubieran sido los miembros del BLM, quienes asaltaran el Capitolio federal de Estados Unidos?

 

Ahora, el médico de profesión, se nos presenta como un experto en Derecho Constitucional de Estados Unidos para darle a los estadounidenses, lecciones de interpretaciones literales sobre la Constitución de este país, y lo hace reproduciendo los postulados que tratan sobre el juicio político a altos funcionarios del gobierno y del legislativo, postulados que aquí son conocidos por la gran mayoría de sus ciudadanos, sin necesidad de que nos instruya el médico Biscet.

 

Mejor sería que Biscet, que no es ciudadano de Estados Unidos, en lugar de intentar influir en la política de este país, y de colocarse como si fuera un miembro del Partido Republicano de Trump, se dedicara a criticar al gobierno de Miguel Díaz-Canel y a la dictadura del PCC, y darse por entero a impulsar un movimiento de resistencia noviolenta en Cuba o a su Proyecto Emilia, un “proyecto triunfador”, según él mismo lo denomina. “Gracias a que hemos mantenido una vanguardia de lucha no violenta en Cuba ─ declaró Biscet el 11 de enero de 2019 ─, este pudiera ser el último año de la tiranía al frente de la nación”. Desgraciadamente, ya estamos en el inicio de la segunda quincena de febrero de 2021 y la tiranía continúa al frente de la nación, quizá porque ese “triunfador proyecto” solo sea conocido por cuatro gatos en Cuba y, si no me creen, pregúntenles a sus familiares en Cuba, cuando se comuniquen con ellos, si conocen el tal Proyecto Emilia.

 

Si alguien se siente incómodo por este análisis que hago de los artículos de opinión de Biscet, por aquello de que está en Cuba “enfrentando” a la dictadura, le diré: Biscet ha dado su opinión públicamente y es mi derecho analizar públicamente sus opiniones y exponer las mías.

viernes, 23 de octubre de 2020

SER ANTICOMUNISTA

Mario J. Viera

 


Hay muchos por estos lares que se declaran ardientes, radicales y convencidos anticomunistas, algo que en gran medida resulta alentador. El comunismo tiene más detractores que seguidores; tema que una inmensa mayoría de voces rechaza; y le rechazan porque el comunismo es ciertamente horroroso, expoliador, fracaso, maldad, violencia y odio. Ahora bien, ¿Qué, en realidad es el comunismo? ¿Todos los anticomunistas son anticomunistas porque parten de conceptos filosóficos, económicos e intelectuales que les permitan elaborar conceptos propios, analizados, sin caer en la dicotomía del “esto es malo/esto es bueno”, para poder manifestarse, con todo sentido, firmes contrarios a toda idea de comunismo, o son solo anticomunistas por consigna, porque es lo que se dice, porque es lo que da presencia o solo simple catarsis?

 

El conocimiento empírico es básico para conformar una idea de la realidad de algo, la experiencia es el punto inicial para la elaboración o comprobación de una tesis o una teoría. Y es la experiencia de todos los que han vivido y sufrido bajo un sistema basado en las concepciones marxistas-leninistas, la que genera, en una mayoría de estos, el sentirse anticomunistas. ¿Qué nos enseña la experiencia de vivir bajo un régimen comunista? Significa vivir bajo la vigilancia implacable del Estado que nos obliga a sopesar con mucho cuidado qué decir, qué manifestar, qué hacer, para entonces vivir la realidad onírica del vivir en la mentira, de vivir siempre fingiendo. Es terrible la existencia de un Estado policiaco que obliga a todos ser “iguales”, a pensar todos de igual manera, a creer todos lo mismo que el Estado cree; y como todos son “iguales” todos son iguales en la pobreza. Vivir bajo un régimen sustentado en el marxismo-leninismo-estalinista es como vivir todos iguales dentro de una misma prisión, aunque en apariencias se viva en libertad de movimiento. Todos iguales y todos empleados por el Estado, porque el Estado, o el Partido, al fin de cuentas entes idénticos, tiene el supremo derecho de existir sin ser sometido a escrutinio. Todo aquello que pueda ser considerado como peligro para la existencia del poder del Estado es, por tanto, enemigo ideológico o práctico, del poder del Estado. Vivir bajo un estado comunista es vivir en la asfixia, y la gente quiere respirar aire fresco, y ese aire fresco lo encuentra fuera de las fronteras donde tiene soberanía el Estado comunista. Y se huye, se escapa, buscando respirar libertad a pleno pulmón. Entonces, cuando se está fuera del Estado opresor, se hace grito el sentimiento anticomunista que se guardaba bajo siete llaves, en la intimidad, en el secreto de la alcoba.

 

El anticomunismo es como la antítesis exacta y precisa del comunismo, entonces, para poder definir al anticomunismo debemos definir, precisamente, el significado de “comunismo”. A simple vista comunismo es la idea de todo en común, de todos iguales, de todos hermanos, como consecuente inicial de la consigna de Liberté, Égalité, Fraternité proclamada por la Revolución Francesa de 1789. La Revolución Francesa fue un verdadero choque de clases. Los revolucionarios de 1789, representantes del Tiers-Etat (los comunes o burgueses) creían que solo era posible alcanzar la libertad eliminando las diferencias en los estamentos que conformaban los Estados Generales, el clero, la nobleza y los comunes. Se trataba de anular los privilegios del alto clero, del poder de la nobleza y de la parasitaria clase de la aristocracia. Comenzaron decapitando a los nobles, entre ellos al soberano Luis XVI y la reina María Antonieta, para terminar, decapitándose unos a otros, con la implementación del Terror (la Terreur) impulsado por los jacobinos, y continuado durante el periodo de la Reacción de Termidor, y, finalmente, dar paso al Imperio napoleónico y al surgimiento de una nueva aristocracia. La consigna de igualdad y fraternidad nunca fue alcanzada.

 

En medio de la denominada Revolución Industrial, en la sociedad hacen su aparición dos clases sociales fundamentales, predominantes sobre los terratenientes y comerciantes, el proletariado (trabajadores industriales y campesinos pobres) y la burguesía. El proletariado carente de los derechos más elementales era sometido a largas y penosas jornadas laborales, donde se explotaba mano de obra no solo de hombres adultos sino también de niños y mujeres. La miseria dentro de esta clase era generalizada debido a los bajos salarios que recibía. Ignorancia, enfermedades y alcoholismo, minaba a los trabajadores de aquel periodo de gran avance económico.

 

Conmovidos por las infrahumanas condiciones de vida del proletariado, un número de intelectuales propusieron y adelantaron una serie de teorías y modos de hacer en beneficio del proletariado sin pronunciamientos radicales como la revolución. entre los cuales, se distinguieron: Robert Owen en Inglaterra; y, en Francia. Henri de Saint-Simon, Flora Tristán, Charles Fourier y Étienne Cabet y Auguste Blanqui todos ellos denominados por Federico Engels como “socialistas utópicos”. Es a partir de la Revolución francesa de 1848 que apareció por primera vez el término de socialdemocracia, en cuanto a la posición política de los seguidores de Louis Blanc.

 

Karl Marx se refirió a la socialdemocracia francesa en estos términos: "Frente a la burguesía coligada se había formado una coalición de pequeños burgueses y obreros llamado partido socialdemócrata. Los pequeños burgueses se vieron mal recompensados después de las jornadas de junio de 1848, vieron en peligro sus intereses materiales y puestas en tela de juicio por la contrarrevolución las garantías democráticas que había de asegurarles la posibilidad de hacer valer esos intereses. Se acercaron, por tanto, a los obreros. De otra parte, su representación parlamentaria, la Montaña, puesta al margen durante la dictadura de los republicanos burgueses había reconquistado durante la última mitad de la Constituyente su perdida popularidad con la lucha contra Bonaparte y los ministros realistas. Había concertado una alianza con los jefes socialistas. En febrero de 1849 se festejó con banquetes la reconciliación. Se esbozó un programa común, se crearon comités electorales comunes y se proclamaron candidatos comunes". (Karl Marx. El 18 Brumario de Luis Bonaparte. Fundación Federico Engels Madrid. 2003)

 

Ya, a principios de la segunda mitad del siglo XIX se funda la denominada Primera Internacional de los trabajadores que servía de paraguas tanto a organizaciones sindicalistas, como socialistas y anarquistas, con el propósito de unir al proletariado internacional en defensa de sus derechos. Existía en ella un carácter claramente clasista y , en la cual, participaron Karl Marx y el anarquista Bakunin, ambos partidarios de la supresión del Estado, aunque con diferentes enfoques que originarían fuertes choques dentro de su seno. Es en esta época que se funda el Partido Socialdemócrata Obrero Alemán, muy distante de la socialdemocracia francesa. En 1875 esta organización se fusiona con la Asociación General de Trabajadores de Alemania en el Congreso de Gotha, para dar paso al Partido Socialista Obrero Alemán sus proyecciones aparecieron en el denominado Programa de Gotha, muy criticado por Marx. Su primer punto de la declaración de principios exponía: “El trabajo es la fuente de todas las riquezas y de toda cultura, y como quiera que el trabajo productivo en general sólo es posible a través de la sociedad, pertenece a la sociedad, es decir, a todos sus miembros, el producto total del trabajo, en condiciones de trabajo obligatorio e igualdad de derechos, proporcionándose a cada uno según sus necesidades, de un modo racional”. En principio es la exigencia de la propiedad común de todos los medios de producción.

 

Todos estos movimientos socialistas planteaban, en primer lugar, la lucha de clases, la abolición de las clases, en especial, la burguesía, como norma esencial para alcanzar la libertad, la igualdad y la fraternidad. Todos, salvo los anarquistas, estaban influidos por las tesis comunistas de Marx formuladas en el Manifiesto del Partido Comunista, redactado entre 1847 y 1848 y publicado por vez primera en Londres el 21 de febrero de 1848. Producto de las contradicciones entre marxistas y anarquistas, en 1872, los anarquistas son expulsado de la Primera Internacional.

 

La Segunda Internacional fue más monolítica pues estaba integrada por organizaciones de carácter marxista, aunque presentándose dentro de ella dos tendencias, la de los marxistas radicales decididos por la vía revolucionaria para alcanzar el socialismo, y la de los moderados, por Lenin denominados revisionistas, discrepantes de algunas de las propuestas básicas del marxismo, como la lucha de clases o el materialismo histórico. Entre sus más destacados representantes se encontraba Eduard Bernstein que promovía alcanzar el socialismo por la vía pacífica y el parlamentarismo, esto muy rechazado por Vladímir Ilich Lenin y sus teorías sobre el “nuevo partido” un partido que debía integrarse con “revolucionarios profesionales”.

 

La fuerza que alcanzaba la socialdemocracia de corte marxista en gran parte de Europa y con mayor potencia en Alemania, implicaba un desafío que debía ser anulado. La represión no era suficiente para acallar los reclamos laborales, se requería hacer reformas sociales. Es entonces cuando aparecieron las reformas del seguro social, propuestas por el canciller de Alemania, Otto von Bismarck.  Para el Canciller de Hierro, el movimiento obrero de carácter político era enemigo del Reich y, por tanto, ilegalizó a los partidos socialdemócratas. Sin embargo, necesitaba restarles influencias a todos aquellos partidos. El 17 de noviembre de1881, bajo los auspicios de Bismarck, el Kaiser Guillermo I propuso dar “un apoyo directo a los trabajadores” por media de las leyes y expresó:

 

La cuestión de la jornada de trabajo y del incremento de los salarios es extraordinariamente difícil de resolver a través de la intervención del Estado (…). El problema real de los trabajadores es la inseguridad de su vida; no está seguro de tener siempre trabajo; ni lo está de estar siempre sano; y prevé que algún día será viejo e incapaz de trabajar: Pero incluso si cae en la pobreza como resultado de una larga enfermedad, estará completamente desasistido con sus propias fuerzas, y hasta ahora la sociedad no contrae más obligaciones con él que la de prestarle el elemental auxilio de pobreza, incluso si ha trabajado antes leal y con diligencia. Pero el auxilio social deja mucho que desear, especialmente en las grandes ciudades (…). Naturalmente, debo decir que mantenemos el derecho a que esta ley excepcional sea una derivación de las obligaciones y del cumplimiento del deber de la legislación cristiana. Desde el lado progresista, podéis llamarla ‘legislación socialista’; yo prefiero el término ‘cristiana’. En el tiempo de los Apóstoles, el socialismo fue todavía mucho más lejos. Si por casualidad leéis nuevamente la Biblia, encontraréis varios pasajes sobre esto en los Hechos de los Apóstoles. No vamos más lejos en nuestro tiempo…”

 

Entre 1884 y 1887, el Reichstag aprobó, a instancias de Bismarck, un conjunto de leyes que promovieron seguros en previsión de accidentes, enfermedades, ancianidad e invalidez a favor de los obreros. Fue este el inicio de la justicia social y del estado de bienestar. Sin embargo, el impulso para alcanzar la justicia social no sería solo el dado por la Alemania de Bismark. El 15 de mayo de 1891, el Papa León XIII, promulgó la primera encíclica social de la Iglesia Católica, conocida como Rerum novarum (De las cosas nuevas). En esta carta, León XIII declaraba: “Despertado el prurito revolucionario que desde hace ya tiempo agita a los pueblos, era de esperar que el afán de cambiarlo todo llegara un día a derramarse desde el campo de la política al terreno, con él colindante, de la economía (…) la acumulación de las riquezas en manos de unos pocos y la pobreza de la inmensa mayoría; la mayor confianza de los obreros en sí mismos y la más estrecha cohesión entre ellos, juntamente con la relajación de la moral, han determinado el planteamiento de la contienda”.

 

El Papa veía con preocupación los conflictos sociales que se presentaban entre obreros y poderosos: “El asunto es difícil de tratar y no exento de peligros. Es difícil realmente determinar los derechos y deberes dentro de los cuales hayan de mantenerse los ricos y los proletarios, los que aportan el capital y los que ponen el trabajo. Es discusión peligrosa, porque de ella se sirven con frecuencia hombres turbulentos y astutos para torcer el juicio de la verdad y para incitar sediciosamente a las turbas”.

 

Agrega entonces León XIII:

 

Disueltos en el pasado siglo los antiguos gremios de artesanos, sin ningún apoyo que viniera a llenar su vacío, desentendiéndose las instituciones públicas y las leyes de la religión de nuestros antepasados, el tiempo fue insensiblemente entregando a los obreros, aislados e indefensos, a la inhumanidad de los empresarios y a la desenfrenada codicia de los competidores”. Refiriéndose a las pretensiones de los marxistas de socializar las propiedades, el Papa señaló: “Al pretender los socialistas que los bienes de los particulares pasen a la comunidad, agravan la condición de los obreros, pues, quitándoles el derecho a disponer libremente de su salario, les arrebatan toda esperanza de poder mejorar su situación económica y obtener mayores provechos. Añádase a esto que no sólo la contratación del trabajo, sino también las relaciones comerciales de toda índole, se hallan sometidas al poder de unos pocos, hasta el punto de que un número sumamente reducido de opulentos y adinerados ha impuesto poco menos que el yugo de la esclavitud a una muchedumbre infinita de proletarios”.

 

El obrero no debía ser considerado como si fuera un esclavo, había que respetarles su condición de persona; el trabajador debía recibir un salario que le permitiera la subsistencia y tener una vida razonablemente cómoda; aceptar las malas condiciones laborales hace al trabajador una víctima de la injusticia. No se trata de alcanzar el sueño de la igualdad, y lo expone claramente el Papa: “Establézcase, por tanto, en primer lugar, que debe ser respetada la condición humana, que no se puede igualar en la sociedad civil lo alto con lo bajo. Los socialistas lo pretenden, es verdad, pero todo es vana tentativa contra la naturaleza de las cosas. Y hay por naturaleza entre los hombres muchas y grandes diferencias; no son iguales los talentos de todos, no la habilidad, ni la salud, ni lo son las fuerzas; y de la inevitable diferencia de estas cosas brota espontáneamente la diferencia de fortuna”. Es insensato enfrentar una clase con otra, cuando ambas, según la opinión papal son complementarias: “…así ha dispuesto la naturaleza que, en la sociedad humana, dichas clases gemelas concuerden armónicamente y se ajusten para lograr el equilibrio. Ambas se necesitan en absoluto: ni el capital puede subsistir sin el trabajo, ni el trabajo sin el capital. El acuerdo engendra la belleza y el orden de las cosas; por el contrario, de la persistencia de la lucha tiene que derivarse necesariamente la confusión juntamente con un bárbaro salvajismo”.

 

Y aparece el comunismo. El comunismo revolucionario de Lenin supo aprovechar el momento oportuno, el fracaso de la Revolución de febrero (marzo) ─ que había logrado la abdicación del zar Nicolás II ─ y del gobierno de Alexander Kerensky del Partido Laborista Ruso (trudovikí). Lenin logró ganar mayoría dentro del Soviet de Petrogrado ─ un consejo de obreros y soldados ─, creado dentro de los conflictos de la revolución de febrero. La continuación de la guerra por parte del Gobierno Provisional que hacía imposible realizar elecciones, y la no solución de los problemas de abastecimiento, constituyeron los principales condicionamientod para que este gobierno perdiera todo el apoyo popular. Tras un intento de golpe de estado contra el gobierno provisional, Lenin lanza la consigna de “todo el poder para los soviets” y logra la caída del débil gobierno de coalición socialista y liberal de Kerensky, y asume el poder de Rusia. Así nació el comunismo como régimen, dentro de un país devastado por la guerra, atrasado, y sometido a la dictadura oprobiosas del zarismo. La consigna sería implantar la “dictadura del proletariado”, aunque, en la realidad, se implantaba la dictadura del partido bolchevique sobre toda la nción, incluido el proletariado. Un pueblo, siempre sometido al despotismo, sin derechos legítimos de ciudadanos, ahora se veía como si hubiera alcanzado el gran sueño de la libertad, la igualdad y la fraternidad.

 

Pero el sistema comunista pronto se mostraría tal cual es, un sistema policiaco, dictatorial con las siguientes características definitorias:

 

1. Existencia de solo un Partido político y la ilegalización de cualquier otro. Un partido que estaría colocado sobre el Estado y la Sociedad

2. Identidad Partido/Estado

3. Confusión Gobierno/Estado

4, Imposición de una ideología única sustentada por el Estado

5. Predominio de un caudillo, al que todos deben obediencia y acatamiento (Führerprinzip)

6. Existencia de un enemigo-objeto, sobre el cual hacer recaer todas las culpas y errores cometidos por el régimen

7. Prioridad de la colectividad sobre el individuo

8. Control por el gobierno de todos los medios informativos para convertirlos en aparatos de propaganda

 

Cuando se analizan estas características del comunismo, podemos darnos cuenta que estas también están presentes en los regímenes del fascismo y del nacional socialismo; por tanto, estas características pueden generalizarse para todo tipo de Estado de carácter totalitario.

 

Muchos de los denominados anticomunistas, provenientes de Cuba, se declaran como tales, diciendo que, en Cuba conocieron el comunismo, por eso emigran. Si se les pregunta qué tiene de malo el comunismo, la respuesta siempre es la misma: Pobreza, carencia de oportunidades para progresar, abuso policiaco… Estas conclusiones son prácticamente similares a las que pudiera alegar cualquier emigrado de alguna que otra república de América Latina como pudieran ser Honduras, Guatemala o El Salvador. ¿Por qué emigraste? Por la pobreza, por la falta de oportunidades de progreso, por el abuso policiaco, y además agregaría, por la falta de seguridad ante el crimen organizado… Y en esos países no existe el comunismo. Si a esos emigrantes cubanos les preguntas ¿qué hiciste contra el comunismo?, la respuesta de muchos es la misma: “Yo no concurría a las concentraciones y desfiles del Primero de Mayo, yo no hacía guardias en el CDR…Ya, ¿solo eso?, pero ¿perteneciste a alguna organización opositora al castrismo? Vacilarán en responder y luego darán esta justificación: “¡No, porque todas esas organizaciones están penetradas por la seguridad del Estado!”. ¿Anticomunismo? Si acaso, un anticomunismo pasivo.

 

Otros son anticomunistas por referencia, son hijos de emigrantes cubanos, que son anticomunistas porque “mis padres me explicaron como se vive allá”. ¿Solo por eso? Y hay aquellos que son anticomunistas por complicidad, “sí porque si aquí en Miami no te declaras anticomunista definido, te verán mal”, y como son anticomunistas por complicidad pues se declaran republicanos y baten palmes por Trump, “porque el Partido Demócrata está lleno de comunistas”. Sí, concedamos, el Partido Demócrata es tan comunista como comunistas fueron Bismark y le Papa León XIII, porque “miren, eso de hablar de justicia social es cosa de izquierdistas y los izquierdistas, me han dicho gente bien enterada, todos son comunistas”.

 

El anticomunista verdadero, no se asusta con palabras como justicia social, derecho de huelga de los trabajadores, derecho a la salud, acceso libre a los estudios universitarios, derecho de las mujeres a decidir sobre su cuerpo… El anticomunista verdadero es el que conoce qué en verdad, política, filosófica y económica,  es el comunismo; conoce su historia, sus propuestas, sus métodos; el anticomunista verdadero es, por encima de todo, antitotalitario. El ser antitotalitario es implícitamente ser antifascista, antinazista y anticomunista. 

lunes, 6 de abril de 2020

LA VERDAD TRAS LA CAMPAÑA DE BERNIE SANDERS


Mario J. Viera



En Estados Unidos va tomando fuerza una organización de extrema izquierda, muy cercana a las posiciones de los partidos comunistas, aunque no propiamente de filiación comunista en su totalidad. Una organización de carácter populista con ansias de convertirse en una fuerza política independiente y representación dentro del Congreso, se trata de la social oportunista Socialistas Democráticos de Estados Unidos (DSA, por sus siglas en inglés). No se trata de una organización semejante a la de los partidos de la socialdemocracia, no lo es.

La DSA está organizada bajo la dirección de un Comité Político Nacional (CNP) que tal como lo identifica la página oficial de DSA, es un órgano integrado por dieciséis personas que funciona como su junta directiva. (https://www.dsausa.org/about-us/structure/)

Tiene, además una sección juvenil, los Jóvenes Socialistas Democráticos de América (YDSA) reclutados entre estudiantes de colleges y de high schools. La YDSA es miembro de la Unión Internacional de Juventudes Socialistas, afiliada a la Internacional Socialista. Existe en esto una gran paradoja, ese movimiento juvenil de “socialistas democráticos” son estudiantes, posiblemente de familias de trabajadores y de clase media, pero ninguno es trabajador u obrero.

Esta organización de ultraizquierda ha penetrado al Partido Demócrata, al que denomina partido neo liberal para hace avanzar su agenda política. En su Convención Nacional de agosto de 2018, aprobó una resolución de prioridades que establecía el trabajo electoral como uno de sus principales focos de acción, conjuntamente con el Medicare for All y la Labor Solidarity.

“En agosto, la Convención Nacional de la DSA aprobó una resolución de prioridades que establecía el trabajo electoral como uno de los tres principales focos de nuestra organización (junto con Medicare para Todos y Solidaridad Laboral). El segmento electoral de esa resolución dice: “Y considerando que el trabajo electoral local, particularmente a favor de candidatos socialistas democráticos, como también a progresistas anticorporativos, pueden derrotar a la derecha y retar a candidatos del establishment neoliberal del Partido Demócrata” (https://electoral.dsausa.org/national-electoral-strategy/) En este sentido, se dice en el capítulo dedicado al trabajo electoral de los socialistas democráticos de Estados Unidos (DSA), que aunque se priorice el trabajo del movimiento social y la educación socialista ─ es decir indoctrinamiento ─ se reconoce “que quien ostente el poder legislativo afecta las posibilidades de un cambio social democrático”; entonces según el DSA se requiere hacer esfuerzos para “desarrollar y postular candidatos viables abiertamente socialistas para el cargo (ya sea en primarias demócratas o como independientes)”.

Todo un plan conspirativo usando al Partido Demócrata como trampolín para alcanzar el objetivo final del DSA “de construir una formación política socialista masiva en los Estados Unidos”, dicho con otras palabras, construir un nuevo partido socialista, como un tercer partido frente al Partido Republicano y al Partido Demócrata; pero, para alcanzar ese objetivo, “es esencial que la DSA Nacional priorice el cultivo y el apoyo a los candidatos socialistas que responderán a la agenda política de DSA y que puedan servir de base para una actividad electoral socialista independiente cada vez más asertiva y generalizada en los próximos años. Este trabajo será fundamental para el desarrollo de una alternativa genuina a la política neoliberal de tercera vía del establishment corporativo dentro del Partido Demócrata”. Véase los ataques que se hacen contra el partido que pretenden utilizar como plataforma para su asalto al poder: “política neoliberal”, “establishment corporativo”; es decir que para los patrocinadores de Bernie Sanders, el Partido Demócrata es un partido de derecha; es más, un partido de carácter fascista dado que el fascismo fue el creador del corporativismo político.

Y se pregunta la DSA: “¿Por qué una organización socialista debería dedicarse al trabajo electoral?” Y se responde a sí misma: “La pregunta es antigua, pero la campaña de Bernie Sanders la ha aportado con una nueva vida. Hoy en día, las mayorías socialistas siguen en un horizonte lejano, pero como Sanders y otros han demostrado, el trabajo electoral puede hacer enormes contribuciones al avance de la política socialista y la construcción de una coalición mayoritaria de izquierda”; aunque propiamente debiera haber dicho “una coalición de ultraizquierda”. Sí DSA, se organiza, se mueve y, en su campaña propagandista, como ellos aconseja, emplean el Modelo Canvas que en 2011 desarrollaron Alexander Osterwalder e Yves Pigneur en el libro “Generación de Modelos de Negocio”. El Modelo Canvas es una herramienta para definir y crear modelos de negocio innovadores que simplifica 4 grandes áreas: clientes, oferta, infraestructura y viabilidad económica. De este modo, el establishment de los socialistas democráticos, considera que el modelo Canvas es el factor más importante para promover al candidato preferido de la lista de candidatos de una campaña. El modelo Canvas es un intento de profesionalizar el trabajo propagandismo de la DSA para actuar sobre los electores.

¿Y qué pinta Bernie Sanders en todo este entramado político? Para los socialistas democráticos de Estados Unidos, Sanders es la pieza clave de la conspiración; el topo ideal dentro del Partido Demócrata para que la organización que le apoya se convierta en un partido político viable. Él es la base sobre la cual el DSA intenta construir un movimiento de masas, una revolución política que estremezca a toda la nación. “’Socialistas demócratas por Bernie’ es una campaña nacional de los Socialistas Demócratas de América (DSA) [...] para reunir al ‘nosotros’ que pondrá a Bernie en la Casa Blanca, y luego pasar a crear la presión política de base necesaria...”

Que nadie se engañe, Bernie Sanders no es, en realidad un candidato del Partido Demócrata aspirando a ser el nominado de este partido. ¡Sanders es el candidato de la DSA! No representa la unidad dentro del Partido Demócrata; ni él ni ninguno de sus seguidores. Frente a Joe Biden, al que la DSA califica como “candidato de establishment neo liberal del Partido Demócrata”, Bernie Sanders es el obstinado factor divisivo. Sus posibilidades para detener el avance electoral de Biden, son mínimas, pero él se mantiene en la campaña, para luego poder atacar al Comité Nacional Demócrata (DNC) y a todo el “establishment” del Partido Demócrata y acusarle de parcialidad, y promover la respuesta de todo el zoológico de socialistas democráticos negándose a darle el voto a Biden frente a Trump. Su campaña es divisiva creando una división artificial dentro del Partido Demócrata en “moderados”, aquellos que no le apoyan, y “progresistas”, aquellos que son sus partidarios, a imagen y semejanza de lo que ocurriera en el Segundo Congreso del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia de 1903 cuando ese partido se dividió en bolcheviques y mencheviques, estos últimos calificados por Lenin como “moderados” y “oportunistas”.

Bernie Sanders es una total mentira, no es demócrata, no es miembro del Partido Progresista de Vermont ─ que fue el que le diera su primera victoria política en ese estado ─, ni independiente, es un miembro, aunque no nominal, de la US Democratic Socialists (DSA), una organización que aspira a convertirse en un nuevo partido con presencia congresional y, si es posible, ganar la Casa Blanca con un candidato suyo, uno que no sea un supuesto candidato “moderado” del “neo liberal establishment del Partido Demócrata”. La propuesta de socialismo democrático que ha planteado Sanders solo se basa en controversiales supuestos teóricos, no existe ningún modelo de socialismo democrático en la práctica. En los países escandinavos, Dinamarca, Finlandia, Islandia, Noruega y Suecia, es falso que sean de carácter socialista. Solo dos de esos Estados son republicanos, el resto son monarquías constitucionales; en estos países funciona ampliamente la economía de mercado junto a un sistema de seguridad social o estado de bienestar, que les ha funcionado adecuadamente, mediante elevados niveles de gasto público y altas cargas tributarias a expensas de la población. Los suecos, por ejemplo, pagan en promedio un impuesto sobre la renta del 50%; los noruegos, un promedio del 40,2%; y los daneses pagan como impuesto sobre la renta un promedio de 48.2%.

Existe otra manera de organización de la vida económica y social, muy diferente al modelo propuesto por Bernie Sanders y muy cercano al modelo escandinavo: El Estado Social de Derecho, que es, según una de sus definiciones más conocidas, “la adaptación del concepto de estado liberal de derecho al encuadre actual del neocapitalismo. Por tanto, se trata de una concepción del Estado que, sin alterar el modo de producción capitalista, tiende a hacer innecesaria la alternativa socialista mediante la asunción de algunos de sus elementos más caracterizadores, como la planificación e intervención. Es el resultado de armonizar la política capitalista y la del bienestar social”. Un ejemplo de esto es España que, en el artículo primero y párrafo 1 de su Constitución, establece: “España se constituye en un estado social y democrático de derecho, que propugna como valores superiores de su ordenamiento jurídico la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político”. Y, en su artículo 131 se refiere a la planificación de la economía, según los siguientes postulados:

Artículo 131.
1. El Estado, mediante ley, podrá planificar la actividad económica general para atender a las necesidades colectivas, equilibrar y armonizar el desarrollo regional y sectorial y estimular el crecimiento de la renta y de la riqueza y su más justa distribución.

2. El Gobierno elaborará los proyectos de planificación, de acuerdo con las previsiones que le sean suministradas por las Comunidades Autónomas y el asesoramiento y colaboración de los sindicatos y otras organizaciones profesionales, empresariales y económicas. A tal fin se constituirá un Consejo, cuya composición y funciones se desarrollarán por ley”.

Ahora bien, preguntémonos: ¿Es realmente progresista el programa de Bernie Sanders? Acojamos la definición de la Real Academia Española. Progreso, es la acción de ir hacia adelante o avance, adelanto, perfeccionamiento; en tanto que progresar significa, avanzar, mejorar, hacer adelantos en determinada materia. Por tanto, progresista será todo aquel partidario de avanzar, de perfeccionar de hacer adelantos en determinada materia. Progresismo no es soñar con un mundo mejor que el que conocemos, sino actuar sobre la posibilidad real del avance, del adelanto, del perfeccionamiento de lo que ya funciona. Lo contrario a esto en un líder es, sino populismo, pura demagogia. Para avanzar, lo primero es conocer los obstáculos presentes y lo que es efectivo para sortearles. El progreso, desde el punto de vista social, no es quemar etapas; cada adelanto lleva sus etapas; es hacer lo que en cada momento se requiera para ir consolidando posiciones.

La actual pandemia del Covid-19 nos puede servir de ejemplo; ¿acaso no quisiéramos eliminarla ya, definitivamente, ahora mismo? ¡Sí, pero no es posible! Primero, después de identificado el germen letal, hay que equipar debidamente a los hospitales; luego aislar a los infestados, y comenzar a buscar los medicamentos que puedan aminorar los efectos de esa virosis. No se trata de decir: ¡Esta es la medicina, la que eliminará al virus! No, hay que estar seguros de que la medicina que se propone es la correcta, que no tendrá efectos secundarios aún más nocivos que el propio virus. La pandemia no la detendrán los mejores chamanes, sino los profesionales de la medicina que tienen los conocimientos y, sobre todo, que cuentan con la experiencia, poniendo en práctica lo que otros ya han probado como errores o como aciertos. Encontrar la vacuna que erradique definitivamente la expansión del virus, requiere etapas; primero conocer la secuencia viral del virus y probar dando pasos adelante los modelos de vacuna. Queremos eliminar el coronavirus, pero solo lo lograremos avanzando paso a paso, sin precipitaciones. Así también se curan las enfermedades sociales.

Ninguna “revolución política de masas” ha sido verdaderamente progresista. Las masas siempre han sido manipuladas; el individuo integrado en la masa pierde su propia identidad, y en la masa, lo irreal se toma como real. Las masas son irracionales y destructivas. Ejemplos se tuvo en la Italia del fascismo; en Alemania del nazismo; y en Cuba con el fidelismo. Las masas como los rebaños de ganado necesitan un líder supremo, inalcanzable, que les guíen y animen. Las masas no piensan, repiten lo que los líderes piensan por ellas. Sin embargo, las masas para que puedan actuar requieren abrazar colectivamente una ideología ya sea marxista, fascista, nacional socialista o hacer a Estados Unidos Grande de Nuevo o hacer Estados Unidos Socialista con Medicare para todos y enseñanza gratuita general hasta el nivel universitario; sí para las masas, lo irreal siempre parece real.