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miércoles, 17 de julio de 2013

La cantinflada del linchamiento mediático


César Coronel Garcés. HOY.com

Esta es otra de las tantas disposiciones confusas que trae la recientemente aprobada Ley Orgánica de Comunicación y que el artículo 26 define como: “…difusión de información que… sea producida de forma concertada y publicada reiterativamente a través de uno o más medios de comunicación con el propósito de desprestigiar a una persona natural o jurídica o reducir su credibilidad pública”.

De la sola lectura de esta disposición, se desprenden varias conclusiones: la norma no define qué tipo de información se prohíbe; si yo publico algo que es cierto y verificable sobre una persona podría también ser considerado linchamiento porque no es requisito que lo difundido sea falso; se exige que la difusión sea “concertada”, entonces debería poder demostrarse que algunos dueños de medios se reunieron a celebrar un pacto para difundir esta información; y, determina que la publicación sea reiterada, lo cual tampoco es claramente definido, ¿repetir dos veces una noticia ya le da el carácter de “reiterada”?

Esta norma también exige la intencionalidad de desprestigiar a una persona natural o jurídica o reducir su credibilidad pública, algo difícil de verificar. Según el reconocido jurista Xavier Zavala Egas “cuando la ley define, prohíbe y sanciona una conducta dolosa (intencional), en su descripción exige hechos objetivos y materiales que le permitan al juzgador deducir la real intención de su autor, ya que, de lo contrario, jamás podría llegar a su psiquis y saber cuál fue su real deseo”, de tal forma que esta disposición deja abierta la posibilidad de todo tipo de interpretaciones por parte de quienes lleguen a aplicar la ley.

Ahora bien, de manera general esta norma ─ además de parecerme jurídicamente risible ─ es extremadamente peligrosa y es la cereza del pastel para liquidar al agonizante periodismo de investigación. La Relatoría Especial para la Libertad de Expresión de la Comisión Interamericana de los Derechos Humanos de la OEA dejó claro que “cualquier denuncia sostenida de corrupción… podría ser calificada por el órgano administrativo competente como “linchamiento mediático" y ser objeto de las correspondientes sanciones”.

De haber estado vigente esta norma en los setenta en los Estados Unidos, jamás habría podido salir a la luz el escándalo de Watergate denunciado por el Washington Post y que originó la renuncia del presidente Nixon. Para citar dos ejemplos más criollos: el caso de la “garita 3”, cuando en el año 97 algunos vigilantes de tránsito cobraban coimas a choferes en el Terminal Terrestre, denunciado por Ecuavisa; y, en un caso más reciente apenas el año pasado varios medios privados denunciaron las coimas que se cobraban en las comisarías del Guayas que llevaron a la remoción del gobernador Cuero y el encarcelamiento de la comisaria Quiñónez.

 La mayoría de los actos de corrupción han sido denunciados por los medios de comunicación, no de ahora, desde siempre. Ojalá esta cantinflada del “linchamiento mediático" solo sea un mal chiste y que la disposición se derogue. Cuando está en peligro el escrutinio de las acciones u omisiones de nuestros funcionarios públicos, quienes nos perjudicamos directamente somos los ciudadanos. Que callar no se convierta en una opción.

sábado, 2 de marzo de 2013

La razón de la sinrazón


José Ayala Lasso. EL COMERCIO
Joroben… y me lanzo por 300 años más / Por Pancho.
 El Comercio

La alternabilidad en el poder es elemento esencial de la democracia. Nuestras Constituciones, prácticamente sin excepción, han determinado que el Gobierno será alternativo y responsable.

Este principio de sana filosofía política suscita el debate sobre cómo debe entenderse la alternabilidad. Hay países que prohíben la reelección inmediata, otros que la admiten y otros que la aceptan únicamente después de transcurrido un periodo. Estas últimas atienden al argumento -a todas luces válido- de que en el caso de la reelección inmediata, quien ejerce el poder cuenta -inequitativamente- con dinero, maquinaria y elementos de presión oficial para su campaña. El Ecuador ha sido testigo de la influencia y ventajas de que dispuso el Presidente-candidato, en los últimos comicios.

Con pocas excepciones, los Estados aceptan la alternabilidad en el Gobierno atendiendo a Bolívar, quien advertía que si una persona ejerce el poder por mucho tiempo, se acostumbra a mandar y el pueblo a obedecer, originándose así la tiranía y la opresión.

Al triunfar en las últimas elecciones, el Presidente declaró que el mandato recibido sería el último de su carrera política. Sin embargo, cuando hubo críticas sobre la posibilidad de que, basado en la considerable mayoría que ha obtenido en la Asamblea, pudiera resolver prolongar su mandato mediante reformas o interpretaciones constitucionales, Correa cambió de criterio y dijo que si lo siguen "molestando" volverá a presentar su candidatura en 2017. ¡He allí, en toda su lucidez y profundidad, la razón por la cual el Presidente modificó su doctrina política y dejó en el aire el ofrecimiento de ir a vivir en Bélgica al concluir el nuevo mandato que le ha otorgado el pueblo.

Parece increíble y, en todo caso, es altamente censurable que un líder político altere su pensamiento sobre un tema tan importante por sentirse molesto a causa de las opiniones críticas expresadas por uno o varios ciudadanos. ¿Quiso dar a su advertencia el carácter de amenaza, aceptando que prolongar su mandato implicaría amedrentar a sus adversarios anunciándoles tiempos tumultuosos? ¿Quiso acallar la opinión de quienes han defendido la necesidad de seguir el consejo de Bolívar? ¿Fue su molestia personal el motivo "filosófico" para favorecer una o más reelecciones? ¡Insondable misterio! Las decisiones de un hombre de Estado no pueden obedecer a reacciones caprichosas propias de un Luis XIV o un Enrique VIII, anacrónicas y contrarias a la tesis que propugna que la autoridad existe para servir al pueblo y no para proclamarse dueña de la nación.

Porque Correa se molestó, ¿tendremos los ecuatorianos que aceptar que nos siga gobernando, sin límite de tiempo, hasta que le pase la molestia? He allí, de cuerpo entero, la razón de la sinrazón.

sábado, 7 de mayo de 2011

Ecuador y el fantoche constitucional

EDITORIAL del IMPARCIAL. España.

Este sábado más de 11 millones de ciudadanos ecuatorianos votaran a favor o en contra de una reforma de su Constitución. La última iniciativa puesta en marcha por el presidente Rafael Correa, con el propósito de garantizar su estancia en el poder, tras haber superado el trauma,- dudamos si del todo-, de la revuelta policial del pasado mes de septiembre a la que ha calificado en infinitas ocasiones de intento de Golpe de Estado.

Parece evidente que el estrés “postraumático” ha hecho que el mandatario quiera retocar una Carta Magna que tan sólo tiene tres años de vigencia. Curiosamente los aspectos constitucionales que se verían comprometidos tienen que ver con el sistema judicial del país suramericano y la legislación sobre la libertad de información y los medios de comunicación. Todo esto adornado con otros puntos como la legalidad de los juegos de azar, el enriquecimiento privado o las corridas de toros, que para los efectos ninguno de ellos ejerce un impacto significativo sobre los problemas reales del país.

Lo que pone de manifiesto los objetivos fundamentales por los cuales Correa ha vendido el voto del “Sí” como la llave a la consolidación del modelo socialista ecuatoriano, cuando no es otra cosa que la llave de acceso para que él pueda poner a su servicio, el sistema judicial y colocarle una mordaza a los periodistas y medios críticos con su gestión. La historia es más que conocida. Todo un calco del caso de Venezuela o de Bolivia.

Lamentablemente, la facción opositora del “No”, en vez de instar al electorado a reflexionar sobre las implicaciones de una reforma constitucional que resulta más un fantoche que la necesidad de reparar los vacíos que puedan haber en ella para garantizar el orden institucional, ha caído en el juego que el gobernante le gusta jugar: la confrontación. En las últimas semanas ambas partes se han enfrentado en una guerra propagandista visceral y sentimentalista, que ha alejado la atención sobre el verdadero objetivo de una consulta de este tipo.

Un alto porcentaje de los ecuatorianos no tienen muy claro de qué va este plebiscito. Sólo saben que el “sí” es el equivalente a apoyar el Gobierno y el “no”, a oponerse a él. Por lo que muchos ecuatorianos acudirán a los centros de votación más motivados por una imagen simplista que por la necesidad de reflexionar y decidir sobre si legitima la Carta Magna de 2008 o la pone en revisión. Lo de este sábado no es una cita con la democracia ecuatoriana, sino un censo de quienes están o no a favor de Correa.

jueves, 5 de mayo de 2011

¿Se pondrá el Ecuador la soga al cuello?

Mario J. Viera.  Englewood, Florida.

Si los resultados de las últimas encuestas se ajustan a la verdad de la intención del voto de los ecuatorianos, el 7 de mayo los ecuatorianos se colocarán al cuello el dogal de la dictadura. No hay vuelta de hoja, si vence el Sí en el referendo, el gobierno de Rafael Correa tendrá un poderoso instrumento para imponer la censura al pensamiento libre y al escrutinio de la prensa.

Si se aprueba el Consejo Regulador, el periodismo se convertirá en un oficio indigno, obligado a callar ante las arbitrariedades del poder.

Cuando un pueblo no puede expresar su opinión sin miedo a los fulminantes rayos de la cúpula gubernamental, ese pueblo ha perdido su más poderosa arma en la defensa de sus libertades. Los tiranos necesitan pueblos sumisos, mudos, dispuestos a soportar todos los desmanes sin proferir una protesta.

La prensa, con todos los defectos que puedan encontrarse en algún medio, es el organismo fiscalizador de las actividades del gobierno, que orienta e informa y son los ciudadanos los primeros que deben exigir que se respete el derecho de la prensa a expresar libremente su opinión, un derecho que en definitiva es el del mismo pueblo.

El control del Poder Judicial por los gobernantes es el medio más eficaz para permitir la impunidad de la corrupción y suprimir las garantías judiciales que todo ciudadano tiene derecho aun ante las decisiones de sus gobiernos. Como ha expuesto el conocido analista político Andrés Oppenheimer si se aprueban las cláusulas del referendo que limitan el ejercicio de la prensa “el gobierno tendrá mano libre para hacer lo que se le antoje. Será una invitación al enriquecimiento ilícito, sin que nadie pueda denunciarlo.

Rafael Correa ha demostrado qué bilis le gobiernan. Salta furioso contra todo cuestionamiento, se enfurece, asume actitud de matón de barriada; cualquier crítica a su gestión la toma como ofensa a su magistratura y a su intocable persona. No duda en llevar a la cárcel o demandar a cualquiera que le critique. Su prepotencia chavista-castrista no tiene límites.

El desacato es el instrumento legal por medio del cual puede impedir cualquier opinión que le sea contraria. Es el mismo instrumento por el cual Fidel Castro ha llenado las cárceles con opositores y críticos.

Si los ecuatorianos, adormilados por el populismo, se deciden a concederle la victoria a la opción del sí, estarán firmando su suicidio como pueblo. Esa es la triste experiencia del pueblo cubano.

Engañados los cubanos por las promesas populistas del castrismo luego del triunfo revolucionario y por la agitación demagógica en contra de las clases explotadoras, entregaron su voluntad a los designios de un nuevo Augusto César que pronto consolidó su poder omnímodo, canceló el ejercicio de las elecciones democráticas ─ “Elecciones ¿para qué?” había clamado públicamente Fidel Castro con el acatamiento popular ─, impuso la pena de fusilamiento contra toda manifestación de descontento, contra todo aquel considerado unilateralmente enemigo de la patria a la sombra de los gritos lúgubres del populacho “¡Paredón, paredón!”. Confiscó la empresa privada con lo que propició el estancamiento y retroceso de la economía nacional. Confiscó la prensa convirtiendo al periodismo en alabardero y propagandista de su sistema, y manipulando y deformando la información.

Cuando un pueblo cede en el abandono de un principio estará cediendo a todos sus principios.

Cuando despertaron del sueño comunista, los cubanos se encontraron maniatados y amordazados y sin capacidad para encauzar su descontento. No quisiera la misma suerte para el pueblo ecuatoriano; pero eso lo decidirán los electores si optan por votar a favor del Sí.