Mostrando las entradas con la etiqueta Siria. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Siria. Mostrar todas las entradas

viernes, 7 de abril de 2017

La represalia de Estados Unidos contra el régimen de Bashar al-Assad

Mario J. Viera


Tal como dijera D.T., en Siria se habían traspasado todas las líneas de contención. La liberación de gases tóxicos mezclados con cloro y sarín sobre la población de Jan Sheijun ya ha sido la gota que colmara el vaso de la indignación. El acto no debería quedar en la impunidad, requería que el mundo civilizado diera una firme respuesta al régimen de Assad. Cualquier enérgica respuesta que se diera al acto criminal de la agresión genocida sería bien recibida con aplausos. Y se produjo la represalia cuando, de manera unilateral, Estados Unidos lanzara un ataque de misiles Tomahawk sobre la base aérea siria de Shayrat, la segunda más importante de las fuerzas gubernamentales sirias, en la madrugada del 7 de abril. Trump, inesperadamente impartió la orden del ataque en acto de represalia, que, a todas luces, parece ser acto de justicia.

El gobierno sirio había rechazado las denuncias que se levantaban en su contra por el ataque químico que provocara la muerte de 87 civiles entre ellos 31 niños, alegando que su fuerza aérea había bombardeado bases abandonadas de Al-Qaeda donde se almacenaban armamentos químicos, que incidentalmente sus gases se liberaron y fueran llevados por el viento hacia la ciudad de Jan Sheijun. Sin embargo, las evidencias y los antecedentes de las acciones criminales del régimen de Al-Assad en contra de la población civil, le incriminaban. Nadie dudaba, salvo Rusia, que había sido una acción premeditada de ese régimen; no obstante, según voceros del gobierno de Putin, el apoyo ruso a Al-Assad no era incondicional. Y, consecuentemente, actuó Trump, luego de comunicarle al presidente chino Xi Jinping durante el encuentro de ambos en Mar – a – Lago de que lanzaría el ataque contra Siria, en un movimiento que según El Nuevo Herald podría “indicar a China que el nuevo presidente no teme los pasos militares unilaterales, incluso si países clave como China se interponen en el camino”. Al mismo tiempo el gobierno de Trump notificó a Inglaterra que lanzaría el ataque contra una base aérea siria; por otra parte, el portavoz del Pentágono, Jeff Davis declaró que los rusos fueron puestos en aviso a través de la línea de comunicación especial establecida entre Washington y Moscú para evitar incidentes en Siria, según informara El Nuevo Herald.

Apropiada, este es el calificativo que en general se le ha dado al acto de represalia que Estados Unidos lanzara contra una de las principales bases aéreas del gobierno de Al-Assad. Apropiado creo que así todos podemos denominarle y hasta justo. Sentimos la empatía hacia los civiles sirios que han sufrido ya demasiado con los desafueros de Bashar al-Assad. La pasión nos impulsa; la pasión a favor de las víctimas civiles de   nos invita a batir palmas. Acción muy apropiada ha calificado el gobierno británico al acto inusitado de Donald Trump; lo dice el ministro de Defensa de gran Bretaña, Michael Fallon: “Ha sido una acción muy apropiada y enfocada a atacar la base aérea, los aviones y el equipo que Estados Unidos cree que estuvo involucrado en el bombardeo con armas químicas para disuadir al régimen de próximos ataques futuros y, por tanto, salvar vidas en el futuro”. Para Paul Ryan, presidente de la Cámara de Representantes de Estados Unidos, el ataque fue “apropiado y justo”. Ryan expuso: “Estos ataques aéreos tácticos demuestran al régimen de Assad que no puede contar con la inacción estadounidense cuando comete atrocidades contra el pueblo sirio”. Por el lado de los demócratas el senador Chuck Schumer vio el acto de represalia como “algo bueno”. El diario español El País anota que el ataque a Siria constituye la “primera victoria política” de D.T.

El senador Schumer hizo una aclaración con respecto al acto precipitado de Donald Trump recomendando: “La administración Trump debe adoptar una estrategia y consultar al Congreso ante de aplicarla”. En igual sentido se manifestó el senador republicano Rand Paul, uno de los halcones del republicanismo, al decir: “Aunque condenamos las atrocidades en Siria, Estados Unidos no ha sido atacado. El presidente debe obtener una autorización del Congreso para llevar a cabo toda acción militar, como estipula la Constitución”; también dio su opinión el  senador Bob Corker, presidente del Comité de Relaciones exteriores del Senado, cuando al mismo tiempo que consideraba “apropiado” el ataque contra Siria ordenado por Trump, opinó que sería “importante para la administración comprometerse con el Congreso y comunicar claramente  su completa estrategia al pueblo de los Estados Unidos”. Por su parte, el secretario general de la ONU, Antonio Guterres teme que el ataque a Siria pueda provocar una escalada y advierte: "Consciente del riesgo de una escalada, pido contención para evitar cualquier acto que pueda profundizar el sufrimiento de los sirios". Ante todo el aplaudir de entusiasmo a favor del ataque de Estados Unidos, el senador demócrata Chris Coona fue la nota discordante poniendo sobre la mesa una duda lógica al estimar que “las acciones decididas por el presidente levantan más preguntas en lugar de dar respuestas”. El giro de 180 grados de la política que había defendido D.T. con respecto a Siria y a Bashar al-Assad de no intervención en Siria ha sido imprevisible, como imprevisible es todo su propio carácter, es ahora visto por algunos como “un golpe de precisión que tensa la relación con Moscú y lanza una clara advertencia a Irán y Corea del Norte”, como lo ha expresado El País.

En un artículo anterior yo había expresado que la triste noticia del ataque premeditado o casual del régimen sirio con gases químicos contra civiles le vino a Trump (...) como anillo al dedo. Y Trump ha sabido sacarles partido a aquellos acontecimientos. Ciertamente como expresara el senador Coona hay más preguntas que tenemos que formularnos y pocas respuestas. Primero el ataque contra la base siria de Shayrat ¿respondía a un plan estratégico debidamente formulado, o se trató simplemente de un acto precipitado decidido a última hora con una intención de propaganda política? Segundo ¿quién o qué ha obtenido las mayores ventajas con el ataque desplegado? ¿Quién ha perdido más? ¿Esta ofensiva, en qué medida resquebrajará el poder de Assad? El ataque de la base de Shayrat se concentró en la destrucción de sus hangares, sus almacenes de combustibles, silos de municiones y sus sistemas de defensa aéreos y de radares, evitándose los depósitos de gas, como señaló una fuente militar citada por El País diciendo: “La meta era acabar con la capacidad de desplazar armas químicas, no con ellas, eso podría haber causado una matanza”; ¿se pretendía no cometer el mismo error reconocido por las autoridades de Siria que afirmaban que sus fuerzas habían bombardeado depósitos de armamentos químicos en campamentos de Al-Qaeda y otros grupos terroristas no muy distantes de la ciudad Jan Sheijun? Moscú, advertido previamente del ataque, puso a salvo al personal ruso que servía en Shayrat y no es de dudar que haya puesto sobre aviso al gobierno sirio para salvar gran parte de los aviones de aquella base, el Kremlin reportó que solo seis aviones fueron destruidos.

¿Se pretendía anular la capacidad aérea de Siria? Seis aviones son fácilmente reemplazables por Rusia. Siria posee alrededor de 15 bases aéreas en estado operativo, aunque con aviones de combate obsoletos provenientes en su mayor parte de la extinguida Unión Soviética. Los ataques de los rebeldes sirios y de grupos de ISIS, contra los aeropuertos de la Fuerza Aérea Árabe Siria, no han podido neutralizar la capacidad aérea del régimen de Al-Assad. ¿Por qué Rusia no activó sus sistemas de defensa antiaérea desplegados en Siria para derribar los misiles Tomahawk? Aunque se considera que los misiles Tomahawks “son difíciles de interceptar, debido a su pequeño tamaño, su reducida sección transversal de radar y su vuelo a baja altitud operativa” esto no quiere decir absolutamente que los sistemas de defensa antiaérea rusa no fueran capaces de detectarles y más aún cuando los rusos estaban advertidos previamente de este ataque. La respuesta que a esta interrogante dan los especialistas rusos, de acuerdo con RT, no es del todo convincente, "porque hubiera comenzado ‘un conflicto nuclear’ entre dos potencias con ese tipo de armamento ‘en el territorio de un tercer país’"; además de esto, el analista militar ruso Vladislav Shuryguin, reporta RT, detalla que, en realidad, los sistemas rusos de defensa antiaérea desplegados en Siria defienden los intereses de Rusia y solo están subordinados al mando militar de este país; por lo tanto, cuando Israel o Turquía "bombardean Siria de manera periódica, protegemos nuestra base aérea y sus instalaciones" para concluir considerando que los rusos tomaron una decisión 'política', porque el derribo de los misiles norteamericanos habría desembocado en un conflicto entre Rusia y EE.UU.   

Donald Trump es un empresario oportunista y carente de escrúpulos que sabe aprovecharse de cualquier oportunidad que se le presente para obtener buenos réditos y esto lo aplica también en la esfera política. El momento era propicio: una situación dramática y estremecedora que conmovía a toda la opinión pública y que podría aprovecharse para obtener un arriesgado e imprescindible triunfo político. Un estado de conmoción emocional, no tan intenso como el que se produjo cuando el atentado terrorismo del 11 de septiembre en New York, pero si lo suficiente como para motivar las simpatías hacia una acción que pudiera ser considerada como justiciera. El S-11 le aseguró a Bush la reelección presidencial. Casi todos creímos lo que se decía sobre las armas de exterminio masivo que supuestamente se encontraban en los arsenales de Sadam Husein, casi todos aplaudimos la guerra lanzada contra Irak para vengar el atentado terrorista contra las torres gemelas.

Trump, por iniciativa propia o tal vez por sugerencia ofrecida por su principal asesor político Steve Bannon, sin consulta previa con el Congreso, lanzó el golpe. Cuatro objetivos estaban claros y definidos en su decisión:

Primero: Trump acosado por las sospechas de los vínculos de sus principales colaboradores y de él mismo con el gobierno de Vladimir Putin, requería desesperadamente hacer algo que fuera como una cortina de humo para desviar la atención sobre este tema. Con el ataque contra Siria, Trump podría mostrarse como un estadista independiente de la influencia rusa.

Segundo: Las encuestas le eran totalmente desfavorables con un alto por ciento de rechazo a su gestión. Una actuación dramática que capitalizara la conmoción del ataque químico en Siria contra la población civil, y le fuera favorable para mejorar su imagen.

Tercero: Podría mostrarse como un hombre fuerte capaz de enfrentar cualquier oposición exterior ya fuera de China o de Rusia.

Cuarto: Podría con su acto de fuerza demostrar que Barack Obama había sido débil en el caso sirio a diferencia suya.


Me molesta tener que aceptar la lógica contenida en las palabras pronunciadas por el Ministro de Relaciones Exteriores ruso Sergéi Lavrov, cuando dijo: “Esto recuerda a la situación de 2003 cuando Estados Unidos y el Reino Unido, con sus aliados, invadieron Irak sin autorización del Consejo de Seguridad y contra la ley internacional”.

miércoles, 5 de abril de 2017

El culpable es Obama – dice Donald Trump, sin embargo...

Mario J. Viera


El martes 4 de abril, en horas de la tarde, aviones no identificados, si fueran parte de la flota aérea rusa actuando sobre Siria, o aviones del régimen de Bashar al-Assad, descargaron un ataque químico, probablemente con gas sarín, sobre la ciudad de Jan Sheijun al sur de la gobernación de Idlib ocasionando numerosas víctimas civiles (unas 58 víctimas mortales). La ciudad de Jan Sheijun es una posición de las fuerzas opositores al régimen sirio que desde los acuerdos tomados en las Conversaciones de Ginebra se había acordado un alto al fuego. Tanto para Rusia como para Assad los rebeldes allí concentrados son calificados de “terroristas”. El gobierno de Assad negó las acusaciones en su contra alegando que su fuerza aérea solo bombardeó puestos rebeldes abandonados donde se elaboraban armas químicas pertenecientes al Estado Islámico y a grupos de Al-Qaeda, por lo que consideraba que algunos de los tóxicos liberados tras las explosiones llegaron y rodearon a Jan Sheijun situada a pocos kilómetros del lugar atacado. Esta versión es la misma sostenida por las autoridades rusas. Así se justificó el portavoz del Ministerio de Defensa ruso, Igor Konashenkov diciendo que “la aviación siria llevó a cabo un bombardeo en los alrededores de Jan Sheijun contra un almacén de munición de los terroristas. Estas instalaciones contenían fábricas para producir proyectiles cargados con agentes tóxicos

La condena internacional no se hizo esperar aunando voces de Europa, Israel, Turquía y Estados Unidos. El gobernante de Estados Unidos se apresuró a emitir un comunicado por medio de la Oficina de la Secretaría de Prensa, declarando que aquel ataque químico contra personas inocentes era “reprensible” pero consecuencia, no solo de los actos criminales de Assad y sus aliados rusos e iraníes, sino principalmente como un resultado de la debilidad e irresolución de Barak Obama.




Trump consideró como “atroz” el ataque químico lanzado por el gobierno de Assad contra su propio pueblo y afirmara que ese acto “no puede ser ignorado por el mundo civilizado”, no pidió que el dictador renunciara o que debiera ser derrocado, en cambio justificó el acto genocida como “una consecuencia de la debilidad e irresolución de la pasada administración”. A su vez Sean Spicer ratificó la denuncia de D.T. diciendo: “El ataque químico de hoy contra el pueblo inocente de Siria, incluyendo mujeres y niños, es condenable y no puede ser ignorado por el mundo civilizado. Este acto bárbaro del régimen de Bashar al-Assad es una consecuencia de la debilidad de la pasada administración”. La permanencia del dictador en el poder no está en discusión y esto lo dejó bien claro Nikki Haley, la representante de Estados Unidos ante las Naciones Unidas: “Nuestra prioridad ya no es sentarnos y pensar en cómo sacar a al-Assad. ¿Creo que es un obstáculo? Si, lo creo. ¿Vamos a sentarnos y ver como lo sacamos? ¡No!” Pero esto es lo mismo que el flamante Secretario de Estado Rex Tillerson cuando recientemente dijera en Turquía: “La permanencia del presidente Assad será decidida por el pueblo sirio”. Para la camarilla de D.T. Bashar al-Assad es “una realidad política que hay que aceptar”.

El pasado 31 de marzo, la Casa Blanca declaró por boca de su secretario de prensa Sean Spicer: “Con respecto a Assad, hay una realidad política que debemos aceptar. Estados Unidos ─ agregó Spicer ─ tiene profundas prioridades en Siria e Iraq, y lo hemos hecho claro que el contraterrorismo, particularmente la derrota de ISIS, está en primer lugar entre todas estas prioridades”. Esto, de hecho, tal como lo viera el New York Times, como declarara la Casa Blanca, significaba que Trump abandonaba el objetivo de presionar a Bashar al-Assad para que abandonara el poder “marcando una aguda partida de la política sobre Oriente Medio que por más de cinco años guió la administración Obama. Esta decisión de ignorar al dictador sirio por parte del equipo de Donald Trump, fue criticada firmemente por el Senador republicano por Arizona John McCain, quien declaró: “Tratando de combatir a ISIS a la vez que se pretende que ignoremos la guerra civil siria, que ha sido su génesis y combustible hasta el presente, es una receta para más guerra, más terror, más refugiados y más inestabilidad”.

Hay más, en un tuit de 3 de septiembre de 2013, D.T. declaró: “What I am saying is stay out of Syria” (Lo que estoy diciendo es estar fuera de Siria). Dos días después exigiría en otro tuit redactado en letras mayúsculas como reafirmación: “AGAIN, TO OUR VERY FOOLISH LEADER, DO NOT ATTACK SYRIA – IF YOU DO MANY VERY BAD THINGS WILL HAPPEN & FROM THAT FIGHT THE U,S. GETS NOTHING!”  (“Otra vez, a nuestro muy idiota líder, no ataque a Siria – si lo haces muchas cosas muy malas sucederán y ¡Nada ganará Estados Unidos con esa pelea!”)

Trump no sabe medir sus palabras lanzadas impensadamente en función de sus propuestas políticas, como si todavía estuviera en campaña, y obviando que ya lleva cerca de cuatro meses en el gobierno. Acusa a Obama y se olvida que cuando el 31 de marzo su gobierno declarara que Assad era una realidad política que no podía obviarse y al mismo tiempo respaldaba las acciones aéreas rusas le estaba dando luz verde a Assad para irrespetar el alto al fuego acordado. Trump y todos sus ignorantes colaboradores no se han percatado que “este acto bárbaro del régimen de Bashar al-Assad es una consecuencia” de su propia incoherencia e irreflexionalidad. Pero estos hechos le han venido a Trump, como dice la trillada expresión, como anillo al dedo, ya que puede lanzar una cortina de humo que cubra el escándalo de las continuadas evidencias de los vínculos de sus colaboradores con el Kremlin. Aunque en su comunicado del 4 de abril no hizo alusión alguna a Rusia, ha permitido que Tillerson hiciera un llamado a Rusia e Irán “a ejercer su influencia sobre el régimen sirio y garantizar que este tipo de horrible ataque no vuelve a ocurrir jamás", y que reclamara diciendo: “Aquellos que lo defienden o apoyan, incluidos Rusia e Irán, no deberían engañarse sobre Al Asad o sus intenciones”.

En un aparente distanciamiento con Rusia, Nikki Haley, se dice que “fustigó” a Rusia en el Consejo de Seguridad diciendo: “¿Cuántos niños más tienen que morir antes de que Rusia actúe?” Todo esto evidentemente es solo retórica para la galería. Tanta preocupación expresada por la suerte de los niños sirios y sin embargo Trump, en la más polémica de sus órdenes ejecutivas, dictó la prohibición de entrada a Estados Unidos a siete países con mayoría musulmana entre los que se encuentra Siria y se ha negado a recibir a los refugiados sirios, una de sus banderas de combate durante toda su campaña electoral. Recuérdese lo que afirmara Trump en junio de 2916: "Debemos frenar el tremendo flujo de refugiados sirios a EE. UU. No sabemos quiénes son, no tienen documentación y no sabemos de dónde vienen".


Ante el acto (crimen de guerra” como lo calificó el Secretario General de la ONU), Rex Tillerson, declararía: “Cualquier persona que utiliza armas químicas para atacar a su propio pueblo muestra un desprecio fundamental para la dignidad humana y debe rendir cuentas” y consideró que tanto Rusia como Irán, tenían “una gran responsabilidad moral por estas muertes”, solo eso, cuando el acto criminal era en realidad una consecuencia del apoyo que le ofrecen ambos países al régimen sirio. 

viernes, 20 de septiembre de 2013

El idilio de Maduro con Asad


Andrés Oppenheimer. EL NUEVO HERALD

Gran parte del mundo está exigiendo que se ejerza mayor presión sobre Siria tras el informe de los inspectores de las Naciones Unidas según el cual se utilizaron armas químicas en Siria, pero —sorprendentemente— Venezuela y algunos de sus aliados siguen defendiendo apasionadamente al dictador sirio Bashar al Assad.

A principios de esta semana, después de que el Secretario General de las Naciones Unidas Ban Ki-moon presentó el informe de los inspectores de la ONU según el cual existen “evidencias claras y convincentes” de que se usaron armas químicas en el ataque del 21 de agosto en los suburbios de Damasco, el presidente venezolano Nicolás Maduro atacó al encargado de la ONU por supuestamente apoyar a los enemigos del “pueblo sirio”.

¿Por qué el Secretario General de la ONU se presta (a los planes para atacar Siria), como si fuera fiscal y juez de los pueblos del mundo, y se pone al servicio de la estrategia de guerra, en vez de estar al servicio de la paz?”, preguntó Maduro en un discurso del 16 de septiembre, horas después de darse a conocer el informe de la ONU.

En un discurso anterior, del 30 de agosto — más de una semana después del ataque del con armas químicas del 21 de agosto — Maduro dijo en un discurso que “Venezuela está con Siria, y con el presidente Bashar al Assad, y con el pueblo sirio”. Un día después, el 31 de agosto, Maduro emitió una declaración oficial apoyando a Siria en su lucha contra las “agresiones guerreristas injustificadas”.

Mientras tanto, los medios oficialistas venezolanos han convertido a Assad en un héroe, y culpan a Estados Unidos e Israel por la crisis siria. El diario oficialista Correo del Orinoco del 19 de septiembre muestra una caricatura de aviones de guerra que en lugar de bombas lanzan corazones con la leyenda “al pueblo sirio, de los pueblos del ALBA”.

El diario oficialista Vea, en una de las caricaturas antisemitas que aparecen frecuentemente en los medios progubernamentales venezolanos, publicó el 9 de mayo una caricatura mostrando un esqueleto vestido de negro que representa la muerte, con una hoz y una estrella de David, con la leyenda “Como estábamos cansados de matar palestinos, vamos a acabar ahora con los sirios”.

Lo más sorprendente de estas caricaturas es que siguen saliendo de la máquina de propaganda de Maduro después del informe de la ONU, que — sin decirlo explícitamente, porque eso no entraba dentro de la misión de los inspectores en Siria — apunta claramente a que las fuerzas de Assad fueron responsables del ataque con armas químicas del 21 de agosto. Aunque el informe de la ONU no toma partido, dice que los cohetes cargados de gas Sarin fueron lanzados desde posiciones controladas por el gobierno sirio.

Aunque menos virulentamente, algunos aliados de Venezuela como Cuba y Bolivia, también siguen apoyando a Assad a pesar del informe de la ONU. Los demás países latinoamericanos han apoyado el acuerdo de Ginebra entre Estados Unidos y Rusia para exigirle a Siria que destruya sus depósitos de armas químicas.

Roberta Jacobson, la encargada de asuntos latinoamericanos del Departamento de Estado, me dijo en una entrevista que hay cierta “desilusión” en Washington por el hecho de que muchos países latinoamericanos no hayan hecho declaraciones más contundentes sobre el uso de gas sarín por parte del gobierno de Asad.

Jacobson añadió que “los países del Hemisferio Occidental quieren ser actores globales, y cada vez lo son más. (Pero) si quieren ser actores globales, deben participar y hacerle frente a los desafíos que se le presentan a la comunidad internacional”.

Mi opinión: Es completamente legítimo que los países latinoamericanos se opongan a una intervención unilateral de Estados Unidos en Siria, o incluso a una intervención más amplia de Estados Unidos con docenas de otros países fuera del marco de la ONU. Yo mismo tengo serias dudas sobre la conveniencia de una intervención para detener la carnicería en Siria sin algún tipo de respaldo de la ONU.

Pero defender a un dictador que ha masacrado a una buena parte de las 100,000 víctimas de la guerra civil siria, y que según todas las evidencias ha utilizado armas químicas contra su pueblo, es escandaloso.

Maduro probablemente esté sobreactuando con respecto a Siria porque necesita el respaldo de los sectores radicales del chavismo tras su dudosa victoria electoral del 14 de abril, y ante el desastre económico que está debilitando su gobierno. Y la admiración de Maduro por los dictadores, una herencia del chavismo, también podría explicar su simpatía natural por Assad.

Sin embargo, el apoyo entusiasta de Venezuela al régimen sirio después del ataque con armas químicas del 21 de agosto debería ser denunciado por todo el mundo por lo que verdaderamente es: un abierto respaldo a crímenes contra la humanidad.

jueves, 19 de septiembre de 2013

Mejor bajar la cabeza que ser descalabrado


Raúl Benoit. DIARIO LAS AMERICAS

Aunque no lo parezca, una aparente respuesta rutinaria del secretario de Estado estadounidense John Kerry, hizo que el mundo ganara y cambiara el rumbo de una eventual guerra o por lo menos aplazó el problema.

Ante la pregunta en rueda de prensa sobre si el régimen de Damasco tenía manera de convencer a los Estados Unidos para que cancelase los planes de bombardear objetivos específicos, Kerry dijo: “Claro que sí. Podría entregar todas y cada una de sus armas químicas a la comunidad internacional”. Parodiando al famoso Chavo del Ocho, sin querer queriendo, Kerry, prácticamente invitó a la mesa a Rusia. La insinuación sonó ingenua, difícil de llevar a cabo. No obstante, Vladimir Putin, astuto y ladino, metió la cuchara en la sopa. Ni corto ni perezoso se dispuso a devorar los platos dejando a los Estados Unidos con la boca abierta y a los guerreristas petroleros y vendedores de armas con hambre y sed de sangre.

Hay que recordar que Rusia es aliado del Gobierno de Bashar al-Assad y todo lo que haga no es para quedar bien ante su enemigo acérrimo, sino para encubrir las fechorías de su amigo. Algunos dicen que “quién manda a Estados Unidos a ser tan arrogante y creerse el policía del mundo” pero, mi valoración es que Obama lo está pensando bien. Él no ha estado totalmente decidido a ir contra Siria. Busca pretextos desde que entregó al Congreso la responsabilidad de resolver el dilema del ataque. Obama ha venido haciendo espera, moviendo fichas políticas y, aunque en el juego de la diplomacia parece haber perdido, está ganando espacio y credibilidad frente a un pueblo que lo único que escucha de la prensa derechista son críticas a su gestión.

Aquí los perdedores son los parlamentarios, especialmente los republicanos, que no apoyan al Presidente, no por el bien de la nación, sino por desprestigiarlo, volver al poder y sin duda favorecer oscuros intereses. Obama no se ha dejado intimidar y debe saber lo que esconde la crisis de Siria y por eso ha sido cauteloso.

Bombardear es equivocado, no sólo por el daño humano, sino porque esto apoyaría a los rebeldes sirios, lo cual se convertiría en otro bumerán contra los Estados Unidos como ha sucedido en el pasado cuando patrocinan regímenes terroristas y guerras.

Hay que subrayar que los insurgentes sirios son pasionalmente antiamericanos y pro Al-Qaeda. Dudo mucho que las Naciones Unidas investiguen si son ciertas las denuncias de que la CIA ayudó a los rebeldes a robar las armas químicas para atacar al pueblo y echarle la culpa al Gobierno con el fin de desestabilizarlo. Pero, si eso fuese cierto, estaríamos frente a una nueva conspiración gringa.

El deber de la prensa es preguntar si hubo un trabajo sucio de agentes estadounidenses en Siria, quiénes están detrás y si son sirvientes de intereses políticos y económicos, como los vendedores de armas y los petroleros.

Sin querer queriendo Kerry cerró una puerta a los guerreristas que empujaban con malicia y ambición, y abrió un camino a la paz, a la negociación y al diálogo, no interesan las eventuales pérdidas diplomáticas, porque a veces es mejor perder que ganar, es más conveniente bajar la cabeza que ser descalabrado.

Siria: La demonización del Islam


Fernando Mires. Blog POLIS

Sabelotodos y sabelonadas han formado una gran coalición convirtiendo el caso sirio en oscuro objeto de sus deseos. Aunque difícil es no captar las altas cuotas de desprecio, el eurocentrismo mezquino con que son juzgadas las culturas islámicas, los prejuicios anti-árabes y no por último, la arrogancia con la cual se trata de adulterar el sentido y carácter de rebeliones y movimientos surgidos en el Oriente Medio desde 2011.

En el análisis del caso sirio la mentada coalición ha tenido la dudosa virtud de integrar en un solo frente a los analistas de izquierda con los de las más reaccionarias derechas. Ambos grupos están de acuerdo en que los militares egipcios, así como la dictadura de Asad, enfrentan a una oposición dominada por islamistas.

La identificación del Islam con el islamismo y del islamismo con el terrorismo es de breve data.

El concepto "islamismo" surgió después del 11.09.2001 y su propósito, de acuerdo al famoso discurso de Bush después del ataque a las torres, fue diferenciar a los grupos terroristas de una mayoría islámica pacífica.

El islamismo, en esa versión, era un concepto destinado a definir fracciones islámicas que levantaban como programa el odio a Occidente, la supremacía de la ley religiosa y al califato como forma de gobierno. 

Poco después de su discurso de 2001, Bush cambió de tono y comenzó a hablar de "cruzada". A partir de ese momento la palabra islamista, en el lenguaje del “bushismo”, pasó a ser sinónimo de musulmán. Hoy la mayoría de los periódicos designan como islamista a cualquier grupo religioso que profese el Islam. 

La por Bush definida como "guerra en contra del terrorismo internacional" es una artimaña esencialista. Enlaza una religión con un orden político y con una actividad criminal. Su objetivo no es otro sino la demonización del Islam.

Pero Bush no estaba solo. Hubo un co-autor: Vladimir Putin. Basta recordar que la guerra de Chechenia iniciada por Putin en 1999 ─ uno de los más grandes genocidios ocurridos después del fin de la Guerra Fría ─ fue presentada a partir de 2001 por el astuto Putin como una batalla más en la guerra en contra del "terrorismo internacional".

"Ustedes en Afganistán, nosotros en Chechenia" era la divisa exportada desde Rusia. Las masacres en Chechenia, tanto o más salvajes que las de Milosevic en el Kosovo (también en contra de la población musulmana) fueron entendidas en Europa como un aporte ruso a la causa común.

Los resultados de la "cruzada" de Putin en Chechenia no han sido del todo evaluados. Pero no hay informe con menos de seis cifras en cantidades de muertos. Todavía se encuentran en las cercanías de Grozny ─ convertida por los rusos en ciudad fantasma ─ fosas comunes con cadáveres chechenios.

Durante los días de Chechenia los políticos europeos miraron para otro lado. Al fin y al cabo Putin es un gran proveedor de gas, y sus acueductos traspasan las montañas de Chechenia. Incluso el Primer Ministro alemán Schroeder sugirió la integración de Rusia en la OTAN.

Nunca, ni siquiera en los tiempos de Roosevelt y Stalin, las relaciones entre Rusia y los EE UU fueron más amistosas que durante el genocidio cometido por Putin en Chechenia. Y para sellar la amistad, Putin procedió a la anulación del tratado sobre misíles, cerró las bases rusas en Cuba y Vietnam y aceptó observadores estadounidenses en Georgia.

Ahora ¿hay una relación entre Chechenia y Siria? Por supuesto. En los dos casos tuvo lugar un exterminio masivo de la población civil musulmana. En los dos casos las matanzas formaron parte de un plan imperial. En el de Chehenia, por conservar el "espacio natural" del imperio ruso. En el segundo, para mantener las alianzas que contrajo la antigua URSS con los regímenes socialistas de la zona árabe (partidos Baad).

No se trata entonces de que EE UU ha perdido en Siria su carácter de potencia mundial. Lo que sí ha perdido son aliados europeos, ganando en cambio otros en el mundo islámico. De ahí, menos que analizar el peso de los EE UU en la política internacional, es importante constatar que atravesamos por un periodo en el cual las alianzas de la Guerra Fría están siendo de-construidas, dando lugar a nuevas constelaciones internacionales.

Importante es, además, señalar que el enfrentamiento indirecto entre Rusia y los EE UU en el Oriente Medio no ha terminado con la pausa revisoria de armas químicas propuesta por Putin. Quizás ahí ha comenzado. En los mismos momentos en que escribo estas líneas, Asad ha lanzado una nueva ofensiva en Damasco. Si es con armas químicas rusas no lo sabemos. Sí sabemos que la población civil está siendo diezmada. 

Cuánta estupidez hay en quienes ven en Putin un agente de la paz en contra de la beligerancia de los EE UU. Cualquiera observación dice justamente lo contrario: Putin ha logrado una cierta legitimidad a favor de Asad, una disminución del apoyo internacional a los EE UU y la intensificación de las masacres en Siria.

Los pacifistas europeos están felices. La izquierda mundial continúa festejando a Putin como el héroe que hizo retroceder al imperio. La derecha mundial continúa criticando a Obama por apoyar a la oposición siria en contra de una dictadura que es un dique ─ lo dijo el mismo Asad ─ frente a Al Quaeda. Mientras tanto el genocidio continúa su marcha. ¿A quién importa eso? Después de todo, ¿son los rebeldes sirios personas muy buenas?

No, no lo son. Como no lo eran los hermanos egipcios ─ ya políticamente derrotados durante el gobierno Morsi ─ que hoy sufren en las mazmorras de la dictadura. Pero tampoco todos quienes se opusieron a las dictaduras comunistas europeas eran "buenos". Y el hecho de que hoy la mayoría de los países post-comunistas estén gobernados por mafias, no justifica las crueldades de las tiranías comunistas. Mucho menos fueron “buenas” las chusmas sanguinarias deleitadas en las calles de París  ─ basta ver solo algunos cuadros de Jacques Louis David ─ al contemplar las ejecuciones de la guillotina. ¿Vamos a tomar partido por el absolutismo monárquico?

La oposición siria es heterogénea. En el CNS, frente que agrupa al sesenta por ciento de la oposición, hay grupos de izquierda, nacionalistas, desertores de la dictadura, partidos kurdos y armenios. Por cierto, también están apoyados por cofradías musulmanes. ¿Y cuál es el problema? ¿No fueron los frentes populares antifascistas en Europa agrupaciones donde cabían comunistas y monárquicos? El puzzle político sirio no es fácil. Pero ¿dónde lo ha sido?

La guerra de los buenos en contra de los malos nunca ha tenido lugar. Pero sí ha habido cruentas luchas en contra de atroces dictaduras. A estas últimas pertenece la de Asad. Nadie, a menos de que sea uno de esos amantes de dictaduras que pululan en el mundo, puede equivocarse.

Quienes de verdad estamos por la paz en Siria sí sabemos algo: La paz, si no es la de los cementerios, nunca surgirá de ese binomio siniestro formado por Putin y Asad. 

domingo, 8 de septiembre de 2013

La hora del gran gendarme


Carlos Alberto Montaner. EL NUEVO HERALD

Le reprochan a Estados Unidos que se haya autoproclamado gendarme mundial. Basta abrir cualquier diario para advertirlo. Irrita a mucha gente, incluido un buen número de norteamericanos.

Creo que es una actitud equivocada. El planeta sí necesita gendarmes, jueces internacionales y castigos severos a los infractores más graves.

En una situación ideal la ONU sería esa entidad justiciera, pero ese rol fundamental ha sido anulado desde los inicios de la institución por la posibilidad de veto que tiene cualquiera de los cinco grandes vencedores de la Segunda Guerra mundial.

Ni a China ni a Rusia les importa la suerte de las víctimas sirias. Ninguno de esos dos grandes países tiene una visión ajustada al derecho y movida por la compasión. Ambas potencias se guían exclusivamente por frías concepciones geopolíticas.

A sus líderes, los factores morales les parecen debilidades imperdonables. Es lo que sucede cuando uno crece cultivando la visión marxista de las relaciones humanas: el cinismo se apodera y pudre los razonamientos. Todo parece iniciarse y terminar en el ámbito de los intereses económicos.

Estados Unidos es hoy casi la única potencia capaz de servir de gendarme mundial y una parte sustancial de la sociedad está inconforme con esa tarea. En ello coinciden, curiosamente, sectores de la derecha y de la izquierda. El aislacionismo es una causa transideológica.

A otra escala, Francia suele actuar como gran policía en la zona francófona de África, pero no hay muchas naciones dispuestas a pagar el precio de proteger a las víctimas y tratar de restaurar un orden político basado en el consentimiento y el respeto por las libertades fundamentales.

Nada de esto es nuevo. Desde hace siglos han existido los gendarmes planetarios. Roma fue un gendarme implacable. Cuando se hundió el imperio romano de Occidente, el papado, como pudo, asumió ese papel, hasta que, provisionalmente, Carlomagno, el rey de los francos, tomó la batuta para salvar a la Iglesia de otros germanos, los lombardos. Luego sobrevino un peligroso periodo de fragmentación.

Sin el gendarme inglés, surgido de la derrota de Napoleón y del Congreso de Viena en 1815, tal vez la trata de esclavos hubiera durado mucho más. Fue el Parlamento Británico el que, durante varias décadas, dispuso treinta barcos de guerra y mil marinos para combatir el infame comercio internacional de los negreros.

Qué no hubieran dado los armenios porque un gendarme internacional hubiera detenido la enorme masacre llevada a cabo contra ellos por los turcos durante la primera guerra mundial. Se hubieran salvado casi dos millones de vidas.

Cuánto dolor y sacrificios se hubiera ahorrado el mundo, y muy especialmente los judíos, si un gendarme internacional, en 1935, cuando los nazis dictaron sus leyes antisemitas, hubiera presionado o intervenido para detener la carnicería en el momento en que afilaban los cuchillos.

El exterminio de casi 1500 personas en Siria por medio de crueles armas químicas es uno de esos hechos terribles que no deberían quedar impunes. Casi todas las víctimas fueron civiles, y más de la mitad niños y mujeres que murieron en medio de los más espantosos dolores. Frente a esta monstruosidad no cabe el argumento de la soberanía y de los asuntos internos. También existe, y se ha admitido en Naciones Unidas, la “responsabilidad de proteger”.

No obstante, es muy difícil que Estados Unidos, y quienes lo acompañen en la acción punitiva contra el gobierno sirio, logren su objetivo de contener la dictadura de Asad por medio del envío de unos misiles disparados para castigar al ejército que empleó las armas químicas.

Del conflicto yugoslavo aprendimos una lección clave: para pacificar la región, salvar a los albano-kosovares y evitar las criminales “limpiezas étnicas”, fue muy importante no sólo emplear a fondo los recursos bélicos de la OTAN, sino también llevar ante los tribunales a Slobodan Milosevic y a sus cómplices más comprometidos con la represión.

Bashar El Asad y algunos de sus generales más sanguinarios deben enfrentarse a los tribunales internacionales, y eso no se va a lograr con un castigo militar casi simbólico. Para disuadir a otros canallas hay que dar un ejemplo contundente.

Es verdad que ser el gendarme del mundo cuesta mucho en todos los órdenes, pero, como dijo John Kerry, el precio de no actuar puede ser mucho más elevado que el de hacerlo.

viernes, 6 de septiembre de 2013

Siria, la lógica de la intervención


Fernando Mires. Blog POLIS

No hay nadie en estos momentos más criticado por la prensa mundial que Barack Obama. No solo por quienes profesan la religión antimperialista. Ni por pacifistas. A ellos se han sumado mariscales de escritorio. Unos opinan que Obama actúa de modo precipitado. Otros, demasiado tarde. Como si las intervenciones militares debieran tener lugar en un día preciso del calendario. 


No faltan tampoco quienes acusan a Obama de recaer en el "bushismo". Hay también quienes lo tratan de inconsecuente. ¿No ayudará esta vez a los mismos que intentaron convertir el gobierno de Morsi en una dictadura, o a los mismos a quienes Francia derrotó en Mali? 


Algunas de esas críticas, no se puede negar, están bien fundamentadas. 

 
Y sin embargo, si no pensamos que Obama enloqueció, hemos de deducir que además de sancionar el empleo de armas químicas hay razones poderosas que inducen a EE UU a recurrir a la lógica militar en el espacio sirio. 

 
Barajando naipes, solo queda una alternativa. Los enemigos fundamentales de Obama no están en Siria. Estos no son otros sino los aliados de Asad: Irán por un lado, Rusia por otro. En otras palabras, al intervenir, EE UU intentará desbaratar la alianza establecida entre Irán, Rusia y Siria. Un eje que conlleva la promesa de grandes desestabilizaciones, no solo en el Oriente Medio.

 
La alianza entre Irán y Siria es un problema menor. En los EE UU saben que a partir del cambio de gobierno en Irán se abren posibilidades de renegociación sobre el tema atómico. Pero distinto ─ aquí está el problema ─ será conversar con un gobierno aislado del contexto internacional que con uno respaldado por la segunda potencia militar del planeta: Rusia. 

 
Solo podemos concluir entonces en que el problema sirio es, en última instancia, el problema ruso. Eso quiere decir que Obama no enfrentará en Siria a un enemigo local sino, indirectamente, a uno internacional. 

 
¿Se repite entonces la lógica de la Guerra Fría? En parte sí. Así como en Vietnam la guerra de los EE UU no fue en contra de los vietnamitas sino en contra de la URSS, pero en suelo vietnamita y con muertos vietnamitas, el ataque a Siria será ─ digámoslo claro ─ una advertencia a las pretensiones rusas en el Oriente Medio. Siempre y cuando los argumentos “drónicos” de Obama no logren convencer a Putin de la conveniencia de abandonar sus “sueños sirios”.

 
Obama ha reiterado que su gobierno está dispuesto a aceptar la realidad de un mundo multipolar dentro del cual los EE UU serán una entre otras naciones hegemónicas. Pero también Obama ha dejado claro que los EE  UU no están dispuestos a aceptar proyectos expansionistas de otras naciones si estos amenazan sus zonas de influencia, o las de sus aliados. Con China no hay en ese sentido ningún problema. 

 
El expansionismo chino es económico. China no reclama zonas de ejercicio hegemónico más allá de las que mantiene en el sudeste y en el sur asiático. El de Rusia en cambio continúa siendo el proyecto de ese imperialismo clásico de tipo militar que primaba durante la guerra fría.

 
Rusia no se conforma con ser potencia euroasiática ─ lugar que le reconocen los EE UU desde Kissinger ─ e intenta, por lo mismo, recuperar una parte del espacio islámico que ocupó la URSS en el pasado. No olvidemos que Gadafi, Husein, Asad padre, y otros, eran miembros periféricos del imperio soviético. Putin, en el mismo sentido, proyecta convertir Siria en un bastión militar ruso y a Asad en un dictador clientelístico como Lucashenko en Bielorusia. Pero esta vez enclavado en el corazón de la zona islámica. Algo que EE UU no puede, y Europa no debería, aceptar.

 
Ahora bien, el lugar hegemónico deseado por Rusia en el Oriente Medio tampoco es aceptado por la mayoría de los gobiernos árabes. En ese punto hasta los generales egipcios están de acuerdo. Turquía ─ hay muchas razones históricas ─ tampoco quiere a Putin demasiado cerca. En París y Londres la presencia de Rusia en el Oriente Medio es vista como peligro real. Y los EE UU, como toda gran potencia, no quieren perder influencias en la región, muchas de ellas conquistadas recientemente al haber apoyado a las rebeliones que tuvieron lugar en Libia, Túnez y en el propio Egipto.


Mucho menos ahora, cuando las relaciones entre EE UU y la mayoría de los gobiernos árabes han llegado a ser mejores que nunca.


Obama frente al mundo islámico tiene entonces dos alternativas. La primera ─ la de Bush ─ es la de combatirlo, alimentando así el anti-occidentalismo entre las fracciones radicales del Islam. Los resultados de esa política fueron desastrosos para los EE UU. Irak, por ejemplo, fue convertido por Bush en lo que nunca fue durante Husein: un campo de operaciones del terrorismo suní.

 
La segunda alternativa ─ la de Obama ─ es tender una mano al mundo islámico. Con ello no se van a extinguir las corrientes teocráticas, pero la minimización de algunas tensiones puede ayudar a que aparezcan tendencias republicanas islámicas como las que representa el partido Nur (Luz) en Egipto y así ir aislando políticamente al terrorismo. En el peor de los casos Obama está intentando convertir un enemigo absoluto en uno relativo.

 
El golpe militar en Egipto fue un retroceso para el proyecto Obama. El desgraciado apoyo verbal de Kerry a los golpistas hizo revivir los peores resentimientos anti-occidentales entre la población islámica egipcia. En Siria, Obama intentará enmendar el rumbo. Si actúa en contra de la dictadura, los rebeldes, creyentes o no, depondrán parte de sus odios a los EE UU. O por lo menos entenderán que entre tenerlos como enemigos o como un lejano aliado, la segunda opción es mejor.


Si una alianza táctica entre parte del Islam y los EE UU llegara a ser posible, Putin vería cerrada las puertas para revivir el antiguo sueño de Stalin. Y bien; ese es el objetivo inmediato de Obama en Siria. En cualquier caso la historia de Bush en Irak no se repetirá. Por una parte, la de Siria será una acción muy limitada. Por otra, en Irak no había guerra civil, EE UU no tenía ahí aliados y a Bush no lo llamó nadie desde Bagdad.

 
Muy distinto en Siria. Por primera vez en la historia de las relaciones entre el Oriente Medio con los EE UU, una organización política árabe con mayoría islámica, la "Fuerza de la Rebelión y la Oposición Siria" (CNFROS), se ha dirigido directamente al Congreso norteamericano solicitando ayuda militar (1 de Septiembre de 2013). El gran sentido histórico de ese llamado pasó, como suele suceder, inadvertido a los comentaristas especializados. Al igual que Putin, muchos de ellos siguen viviendo en los tiempos de la Guerra Fría.

Cerrar el paso a las aventuras de Putin en Oriente Medio y desarticular el eje Rusia-Siria-Irán es el objetivo inmediato que persigue Obama. Crear un espacio de coexistencia pacífica entre el Occidente Político y el Medio Oriente Religioso es un proyecto más lejano. Pero lo uno pasa por lo otro.

martes, 17 de julio de 2012

¿Qué está en juego en Siria?


Fernando Mires. Blog POLIS

En su estreno como Presidente de Egipto, Mohammed Mursi debe haber sufrido un choque cultural. Los primeros huéspedes que recibió después de haber sido elegido fueron Guido Westerwelle, ministro de relaciones exteriores de Alemania, quien no oculta su homosexualidad, e Hillary Clinton, no sólo una inteligente mujer, además, confesa admiradora de la salsa y de la cumbia.

No obstante, Mursi ya sabía que la política, si bien proviene de la tradición y la cultura, es un espacio distinto cuyo fundamento es el reconocimiento del otro, basado en la aceptación de las diferencias; y en el cual para buscar la unidad hay que partir de la desunidad.

Por lo demás Egipto ha sido siempre un país multi-cultural. Y ahora ─ pese a que la fracción moderada de la islamidad gobierna a la nación ─ es, además, multipolítico. Mursi, en efecto, deberá lidiar todos los días con sectores pro-occidentales de la juventud universitaria, con ex militares nasseristas, con salafistas, y con diez millones de cristianos (coptos). Egipto, en fin, es un anticipo de lo que puede ser Siria cuando sea derribado el tirano. De ahí que no quepa duda: Uno de los temas centrales que abordaron Mursi y Clinton, fue el de Siria.

¿Qué está en juego en Siria? Mursi, así como los nuevos mandatarios de Túnez y Libia, lo sabe muy bien. La caída de al-Assad cerrará el primer ciclo de la revolución árabe, la de la derrota definitiva de las dictaduras legadas por la larga Guerra Fría. O dicho así: con la caída de al-Assad, serán sentadas las bases para el surgimiento de una Arabia política, condición para que alguna vez pueda ser cumplida la utopía de una Arabia democrática. Eso quiere decir que mientras al-Assad tiranice a su nación, la revolución árabe será una obra inconclusa.

La configuración de una unidad política árabe puede significar ─ en ese proyecto Obama está muy interesado ─ el comienzo de un nuevo tipo de relaciones entre el Oriente Cercano con Europa y los EE UU. Eso no curará, por cierto, las heridas aún no cicatrizadas dejadas por un oprobioso pasado colonial ni por el militarismo norteamericano. Pero sí puede ser el inicio de una nueva alianza cuyo principio será el reconocimiento de objetivos diversos en el marco de una comunidad de intereses que abarcan diversos temas que van desde los religiosos, pasando por los migratorios, hasta llegar a los económicos y ecológicos. Los EE UU no renunciarán por cierto a su condición de potencia hegemónica. Pero no sólo los demócratas, también los republicanos ya entienden la diferencia que existe entre la hegemonía política internacional y la simple dominación militar.

Luego, la caída de la dictadura Siria significará el definitivo fin de la Guerra Fría. Pues no nos olvidemos: todas esas dictaduras que asolaban la región, surgieron de rebeliones nacionales apoyadas por el imperio soviético en contra de las pretensiones coloniales de occidente. Hoy en cambio los roles han sido invertidos.

Mientras la Rusia de Putin comprometió su suerte en defensa de las dictaduras militares, los países occidentales han apoyado desde un comienzo a las revoluciones que han tenido lugar en el mundo árabe. Visto así, la caída de al-Assad significará el ocaso del “orden internacional soviético” que Putin se ha obstinado en defender en la región.

Significará también el fin de la triple alianza: Rusia- Siria- Egipto. Y si eso ocurre, Rusia deberá buscar un nuevo lugar en el mundo, ya sea, como Lenin indicó una vez, “hacia Oriente”, o como miembro de una comunidad europea la que, aceptemos, no es por el momento demasiado atractiva.

Ahora bien, si con la derrota de la dictadura de Siria colapsa la alianza fraguada entre Rusia, Siria e Irán, esta última nación habrá perdido el único apoyo que tiene en la zona árabe, lo que significa aceptar que Irán quedaría aislado en la región. O en otras palabras, la derrota de la dictadura siria sería también una derrota iraní. En esas condiciones, Irán sólo tendrá tres alternativas.

La primera alternativa no depende de Irán sino de Rusia, y pasa por la transformación de la triple alianza en una alianza dual. La segunda, si una debilitada Rusia abandona sus aventuras en el Oriente Medio (ahí la diplomacia europea deberá jugar un papel central) a Irán le quedaría la alternativa del auto-encierro ─ algo así como una Corea del Norte chiíta ─ posibilidad muy difícil, dada la dependencia tecnológica de Irán con respecto a occidente.

La tercera alternativa, por cierto la más deseable, sería la de una apertura de Irán hacia occidente. Pero ese hecho depende de una nueva correlación de fuerzas tanto al interior de la casta dominante como en el conjunto de la sociedad iraní. Bajo esas condiciones, Irán podría negociar, manteniendo como reserva su carta atómica, pero en condiciones más desfavorables con respecto a las que, gracias al apoyo ruso y sirio, goza en la actualidad.

He dejado para el final la parte más importante de todo lo que está en juego en Siria. Esa parte tiene que ver con la enorme cantidad de vidas humanas que podrían ser salvadas si esa maldita dictadura es desalojada de una vez por todas del poder. ¿Por qué he dejado esa parte para el final? Por una razón muy sencilla: porque no estoy seguro si esa, la parte más importante, es la que más importa a los gobiernos de esta tierra. 

¿Y los chinos? Por el momento a los chinos no les interesa la política. Donde haya algo que comprar o vender, ahí estarán los chinos.