viernes, 20 de septiembre de 2013

El idilio de Maduro con Asad


Andrés Oppenheimer. EL NUEVO HERALD

Gran parte del mundo está exigiendo que se ejerza mayor presión sobre Siria tras el informe de los inspectores de las Naciones Unidas según el cual se utilizaron armas químicas en Siria, pero —sorprendentemente— Venezuela y algunos de sus aliados siguen defendiendo apasionadamente al dictador sirio Bashar al Assad.

A principios de esta semana, después de que el Secretario General de las Naciones Unidas Ban Ki-moon presentó el informe de los inspectores de la ONU según el cual existen “evidencias claras y convincentes” de que se usaron armas químicas en el ataque del 21 de agosto en los suburbios de Damasco, el presidente venezolano Nicolás Maduro atacó al encargado de la ONU por supuestamente apoyar a los enemigos del “pueblo sirio”.

¿Por qué el Secretario General de la ONU se presta (a los planes para atacar Siria), como si fuera fiscal y juez de los pueblos del mundo, y se pone al servicio de la estrategia de guerra, en vez de estar al servicio de la paz?”, preguntó Maduro en un discurso del 16 de septiembre, horas después de darse a conocer el informe de la ONU.

En un discurso anterior, del 30 de agosto — más de una semana después del ataque del con armas químicas del 21 de agosto — Maduro dijo en un discurso que “Venezuela está con Siria, y con el presidente Bashar al Assad, y con el pueblo sirio”. Un día después, el 31 de agosto, Maduro emitió una declaración oficial apoyando a Siria en su lucha contra las “agresiones guerreristas injustificadas”.

Mientras tanto, los medios oficialistas venezolanos han convertido a Assad en un héroe, y culpan a Estados Unidos e Israel por la crisis siria. El diario oficialista Correo del Orinoco del 19 de septiembre muestra una caricatura de aviones de guerra que en lugar de bombas lanzan corazones con la leyenda “al pueblo sirio, de los pueblos del ALBA”.

El diario oficialista Vea, en una de las caricaturas antisemitas que aparecen frecuentemente en los medios progubernamentales venezolanos, publicó el 9 de mayo una caricatura mostrando un esqueleto vestido de negro que representa la muerte, con una hoz y una estrella de David, con la leyenda “Como estábamos cansados de matar palestinos, vamos a acabar ahora con los sirios”.

Lo más sorprendente de estas caricaturas es que siguen saliendo de la máquina de propaganda de Maduro después del informe de la ONU, que — sin decirlo explícitamente, porque eso no entraba dentro de la misión de los inspectores en Siria — apunta claramente a que las fuerzas de Assad fueron responsables del ataque con armas químicas del 21 de agosto. Aunque el informe de la ONU no toma partido, dice que los cohetes cargados de gas Sarin fueron lanzados desde posiciones controladas por el gobierno sirio.

Aunque menos virulentamente, algunos aliados de Venezuela como Cuba y Bolivia, también siguen apoyando a Assad a pesar del informe de la ONU. Los demás países latinoamericanos han apoyado el acuerdo de Ginebra entre Estados Unidos y Rusia para exigirle a Siria que destruya sus depósitos de armas químicas.

Roberta Jacobson, la encargada de asuntos latinoamericanos del Departamento de Estado, me dijo en una entrevista que hay cierta “desilusión” en Washington por el hecho de que muchos países latinoamericanos no hayan hecho declaraciones más contundentes sobre el uso de gas sarín por parte del gobierno de Asad.

Jacobson añadió que “los países del Hemisferio Occidental quieren ser actores globales, y cada vez lo son más. (Pero) si quieren ser actores globales, deben participar y hacerle frente a los desafíos que se le presentan a la comunidad internacional”.

Mi opinión: Es completamente legítimo que los países latinoamericanos se opongan a una intervención unilateral de Estados Unidos en Siria, o incluso a una intervención más amplia de Estados Unidos con docenas de otros países fuera del marco de la ONU. Yo mismo tengo serias dudas sobre la conveniencia de una intervención para detener la carnicería en Siria sin algún tipo de respaldo de la ONU.

Pero defender a un dictador que ha masacrado a una buena parte de las 100,000 víctimas de la guerra civil siria, y que según todas las evidencias ha utilizado armas químicas contra su pueblo, es escandaloso.

Maduro probablemente esté sobreactuando con respecto a Siria porque necesita el respaldo de los sectores radicales del chavismo tras su dudosa victoria electoral del 14 de abril, y ante el desastre económico que está debilitando su gobierno. Y la admiración de Maduro por los dictadores, una herencia del chavismo, también podría explicar su simpatía natural por Assad.

Sin embargo, el apoyo entusiasta de Venezuela al régimen sirio después del ataque con armas químicas del 21 de agosto debería ser denunciado por todo el mundo por lo que verdaderamente es: un abierto respaldo a crímenes contra la humanidad.

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