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miércoles, 10 de abril de 2013

¿Quién asesinó a Hugo Chávez?


Mario J. Viera

El místico presidente encargado de Venezuela, Nicolás Maduro, sospecha, según ha dicho, que Hugo Chávez fue asesinado. Por tal razón ha declarado que de ganar las elecciones este 14 de abril nombraría una comisión médica para abrir una investigación al respecto.

Sobre esta tesis el psicólogo, diplomático y ex diputado al Congreso venezolano entre 1984 y 1990,  Vladimir Gessen opinó, en una entrevista que publica El Diario de Caracas, que Maduro podría llevarse una sorpresa si se comprobaba el magnicidio, porque asegura que la historia “muestra que generalmente son las personas cercanas a las víctimas quienes cometen los magnicidios”. Y agrega Gessen: “Si a Chávez lo envenenaron, tiene que haber sido por medio de alguna inyección o por vía oral. La única forma de inyectarlo es que su equipo médico u odontológico lo haya engañado”.

Para muchos analistas la tesis de la conspiración para asesinar al Presidente es un absurdo y acatan el supuesto de que el fallecimiento de Chávez se debió a causas naturales derivadas del agravamiento de su pretendida afectación cancerosa, a la vez que rechazan la conjetura del cáncer inducido que enarbola Nicolás Maduro.

Según el general José Ornella quien fungiera como jefe de la escolta personal de Chávez su deceso habría sido debido a “un infarto, que le dio fulminante”. “(Chávez) No podía hablar, pero lo dijo con los labios....yo no quiero morir, por favor no me dejen morir', porque él quería a su país, se inmoló por su país (…)  Sufrió bastante. Nosotros que estábamos al lado...sufrió mucho esa enfermedad”.  

Si al cadáver de Chávez se le hizo una autopsia se desconoce y, por tanto, las causas probables de su fallecimiento se quedan dentro de lo especulativo. Cabe cualquier hipótesis necrológica.

Ornella empleó una frase sugestiva y premonitoria, cuando dijo: “Y bueno, la historia la escribiremos y algún día alguien escribirá y algún día el médico escribirá”. ¿Qué pasaba por la mente de este alto oficial? Además, ¿qué quiso decir cuando apuntó que Chávez “se inmoló por su país”? Me resulta muy sugerente esa supuesta autoinmolación de Hugo Chávez. Inmolación, según la Real Academia Española, significa: Sacrificar algo por una causa o por alguien. ¿Habrá estado Chávez actuando contra natura con un propósito determinado que desencadenaría un resultado trágico por él no esperado?

Los actuales gobernantes de Venezuela se han empeñado en crear una aureola de santidad en torno al desaparecido caudillo del Socialismo del Siglo XXI, y le otorgan el título de “Cristo de los Pobres”  además de intentar presentarle como si fuera un mártir; pero un mártir sui géneris que muere en su lecho de convaleciente. Antes le presentaban, y el mismo Chávez hacía gala de ello, como si fuera un vencedor del infortunio, como la imagen del líder que no se dejaría vencer por el cáncer.

Todo comenzó el 9 de mayo de 2011. Una inflamación en la rodilla obligó a Chávez tener que suspender una gira que tenía programada a Brasil, Ecuador y Cuba. “Hemos estado batallando con una lesión que me surgió ayer ─ informó Chávez ese mismo día ─, en realidad tengo una vieja lesión en una rodilla (…) me di un golpe en la rodilla y hay un derrame de líquido, inflamación y dolor. Estoy aquí con los médicos y me han dado reposo absoluto por unos días, todavía no sé cuántos”.

El 6 de junio Chávez emprendía su gira. Llega a Brasil para su encuentro con Dilma Rousseff, cojeando y apoyado en un bastón; al día siguiente viajó a Ecuador para arribar a La Habana en la madrugada del día 8 de junio. Dos días después era operado, no de su rodilla sino de un absceso pélvico, según comunicara quien fungía como Canciller entonces, Nicolás Maduro. El absceso pélvico se dijo que se trataba de “una lesión productora de pus generalmente causada por una infección bacteriana”.

En el comunicado que leyera Maduro se decía:

“Ya casi totalmente restablecido de la lesión de una de su rodilla, presentó una nueva dolencia de salud, la cual fue evaluada de manera inmediata por su equipo médico de confianza. Con el invalorable apoyo de Fidel, de Raúl y del excelente sistema de salud de la hermana República de Cuba se hicieron los exámenes diagnósticos, los cuales revelaron la existencia de un absceso pélvico que ameritó la decisión del presidente Hugo Chávez de someterse de manera inmediata a un procedimiento quirúrgico correctivo”

Veinte días después, el 30 de junio, Chávez en una transmisión televisiva desde La Habana informaría que se estaba recuperando de una operación para extirpar un tumor con células cancerosas. Sin previo aviso, de inmediato, dos días después de llegar a Cuba, Chávez tenía cáncer y había que someterle a una intervención quirúrgica de urgencia. Llega en la madrugada del 8; después de un descanso se entrevista con los Castro. Fidel Castro se interesa por su salud… Quizá al siguiente día se le somete a un estudio clínico y se decide actuar con urgencia y operarle un día después. ¿Cabe la suspicacia? Sí, cabe.

De inmediato comenzaron las especulaciones sobre la salud de Chávez y se adelantaban criterios que decían que padecía de un cáncer del colon, algo que de inmediato fuera negado por el gobierno venezolano afirmando que el tumor había sido eliminado y Chávez iba hacia una “recuperación completa”.

A poco de tres semanas de su retorno a Venezuela, el 16 de julio Chávez volvió a Cuba a iniciar un tratamiento de quimioterapia regresando  el 23 de julio cuando decidió raparse antes de que su cabello comenzara a caer por los efectos de la quimioterapia.

En total Chávez, supuestamente se sometió a cuatro sesiones de quimioterapia, la última se produjo el 18 de septiembre de 2011. Al respecto dijo que “hoy me van a hacer unos exámenes y mañana temprano comenzaré el cuarto ciclo de quimioterapia. Lo más probable es que sea el último y ya cerramos la página. Adiós amenaza de cáncer y a la vida, al camino que viene que es largo, la batalla que viene que es dura, aquí y en nuestra América”.

Adiós al cáncer. Así pensaba Chávez. Vencía la enfermedad. Se sentía imbatible. El 13 de enero de 2012, no muestra señales de cansancio y presenta ante la Asamblea Nacional la Memoria y Cuenta de 2011, hablando durante 9 horas y 28 minutos.

Sin embargo, retorna a Cuba y el 26 de febrero de 2012 se somete, se dijo, a una nueva operación. Veintiún días despues regresaría a Venezuela lleno de bríos y sintiéndose “bastante recuperado”. Dijo entonces: “Hemos estado en un proceso de franca recuperación y seguimos en recuperación, debo continuar, ustedes saben, con mucha disciplina en ese plan de recuperación física, pero debo decirles que me siento bastante recuperado”, y agregó: “Que no crea nadie que ya pasó todo, no, estamos venciendo, pero debemos ser rigurosamente disciplinados (...) debo seguir (...) disciplina de recluta”.

El 4 de septiembre de 2012, Chávez se sentía en excelentes condiciones y se enfrascaba ya en su misticismo religioso que convertiría en su principal bandera para la campaña electoral que se acercaba. “Gracias a Dios aquí estoy recuperado, me siento muy bien, lleno de optimismo. Estoy recuperado”. Y con ese optimismo puso de manifiesto que “estamos cargados de amor y optimismo para seguir batallando por la vida, por la felicidad colectiva. Esa es la lucha nuestra”.

Chávez trataría de sacarle partido a su supuesta o real enfermedad y así lo entendieron algunos analistas. Ricardo Trotti en artículo publicado en el Universal dijo: “El anuncio, aunque tardío, le sirve al Gobierno de bálsamo para calmar especulaciones y transformar la enfermedad en un instrumento utilitario, convirtiendo un tumor maligno, en estrategia benigna para el régimen, aprovechando la coyuntura de que ‘no hay mal que por bien no venga’”.

Y Angela Ríos también del Universal afirmó: “Al Presidente se le ha atribuido un liderazgo de naturaleza místico-religiosa”.

Sin embargo su fin estaba próximo. Había retado a la naturaleza y la naturaleza le vencería; puso en riesgo su propia salud para ganar el entusiasmo cristero de una parte importante de la sociedad venezolana que no dudaría en darle sus votos, sin percatarse que había desencadenado una fuerza diabólica que acabaría con su existencia.

El 27 de noviembre, 51 días después de su victoria electoral del 7 de octubre, Chávez pediría autorización para viajar a Cuba. “Se me ha recomendado iniciar un tratamiento especial consistente en varias sesiones de oxigenación hiperbárica que, junto a la fisioterapia, siguen consolidando el proceso de fortalecimiento de la salud que he venido experimentando”, indicó Chávez en su solicitud a la Asamblea Nacional, y agregaba: “He venido velando por el debido cuidado de mi salud y cumpliendo celosamente con el plan de tratamiento complementario ordenado por el equipo médico que me atiende”. Ahora el presidente no mostraba mucho optimismo por su salud

Sea la causa que fuera, la salud de Chávez se deterioraba visiblemente por lo que volvió de nuevo a Cuba luego que advertido que pudiera quedar incapacitado para ejercer el gobierno decidiera seguir el consejo de sus amigos de proclamar a Nicolás Maduro como su sucesor político. Los Castro ya preveían el desenlace fatal y quieren evitar futuras suspicacias y deciden que Hugo Chávez no puede morir en Cuba. Luego de más de dos meses de estar recluido en Cuba, regresaría finalmente a Venezuela el 18 de febrero. En su cuenta Twitter escribiría entonces: “Hemos llegado de nuevo a la Patria venezolana. Gracias Dios mío!! Gracias Pueblo amado!! Aquí continuaremos el tratamiento”, para agregar después: “Sigo aferrado a Cristo y confiado a mis médicos y enfermeras. Hasta la victoria siempre!! Viviremos y venceremos!!”.

El hado había dictado ya su sentencia. El 5 de marzo se conocería que Hugo Chávez había dejado de existir.

¿Había muerto Chávez ese día? ¿Había muerto realmente víctima del cáncer? ¿Había muerto como resultado de haber puesto en riesgo él mismo su propia salud? ¿Algún piadoso colaborador le habría practicado la eutanasia? Las respuestas a estas preguntas solo caben en el plano especulativo.

Si nos atenemos a lo expresado por algunos de aquellos que desfilaron ante el féretro de Chávez que decían se le veía sin deterioro y hasta una de sus fieles seguidoras de pueblo había dicho, según reportara el Popular.pe: “Ahora estoy más tranquila… lo vi, se ve lindo, como si estuviera dormido”. Su cadáver no mostraba los rasgos propios del enfermo terminal de cáncer. Más aún: las patéticas fotos  que se publicaron de un Chávez pretendiendo una sonrisa forzada hasta ser una verdadera mueca a solo tres días antes de su regreso definitivo a Venezuela no mostraba las señales características del enfermo terminal de cáncer, pues hasta se le veía con aspecto robusto en su lecho de enfermo.

Vuelvo a las declaraciones del general José Ornella cuando dijo que Chávez no podía hablar, “pero lo dijo con los labios....yo no quiero morir, por favor no me dejen morir'”. Todo aquel que haya conocido a un enfermo terminal de cáncer, que haya estado junto a su lecho de enfermo conoce su desesperación angustiosa, anhelando que la muerte le ponga fin a sus sufrimientos, que desean la muerte más allá del temor que le inspire su instinto de conservación.

Yo no quiero morir, por favor no me dejen morir”. Chávez teme por su vida, no quiere morir; su cáncer aun no le ha llevado al paroxismo; aún tiene esperanzas de vivir y ruega que no le dejen morir ¿Por qué ese temor? ¿A quién le temía?

¿Quién asesinó a Chávez? Tal vez fue él mismo buscando enfrentar a la naturaleza para al final poder mostrarse como el gran vencedor sobre la muerte; tal vez haya sido alguna mano oculta ejecutora de una decisión superior… ¿Quién asesinó a Chávez? Definitivamente no creo que haya sido el cáncer.

viernes, 5 de abril de 2013

Muerte de un caudillo


José Rafael López Padrino. TALCUAL DIGITAL

Ha muerto el caudillo militar del siglo XXI. A diferencia de muchos otros, falleció en su lecho de enfermo, sin la tragedia de una batalla, y sin haber olido la pólvora del combate.

Murió "el comandante en jefe", quien llamó muchas veces al combate rodilla en tierra, pero que paradójicamente nunca combatió pues siempre optó por la rendición como lo hizo el 4F y el 11A.

Ha desaparecido el padre del socialfascismo bolivariano, la mayor estafa social del siglo XXI, una colmena de contradicciones ideológicas, sinónimo de demagogia, de caudillismo, de militarismo, de sublimación de lo tumultuario, del uso y abuso de la palabra pueblo y de falsas retóricas nacionalistas y anticapitalistas.

Su desaparición despertó un gran fervor y tristeza en sus seguidores, quienes con lágrimas en los ojos lamentaban la muerte del "Cristo de los pobres". Sin embargo, esas genuinas lágrimas fueron derramadas por la figura de un Chávez que nunca existió en la vida real.

No fue un redentor de los excluidos, sino un gran manipulador, que gracias a un enorme aparato de propaganda goebbeliana, generó la falsa ilusión entre los pobres de que había un gobernante que entendía sus necesidades y que luchaba por sus intereses.

Su gran acierto fue construir una falaz percepción de que le importaban "los de abajo, los desposeídos", a quienes manipuló y utilizó para hacerse de un considerable respaldo popular y consolidarse en el poder. Creó un populismo sentimental basado en profundos lazos emocionales en torno a un grotesco culto a su persona.

Hipócritamente habló del empoderamiento del pueblo a través de la creación del Poder Popular (PP), instancia tutelada política y económicamente por el gobierno central; PP que se convirtió en un apéndice del régimen.

Apeló a la defensa de nuestra soberanía nacional, mientras impulsó un proyecto antinacional que ha conducido al colapso e hipoteca de nuestra economía, así como a la entrega de nuestras riquezas energéticas a las transnacionales.

Proclamó la emancipación de las etnias indígenas, pero puso en práctica la eliminación selectiva de sus líderes como fue el asesinato del cacique yukpa Sabino Romero.

Se autocalificó de obrerista pero persiguió, criminalizó y encarceló a los sindicalistas independientes, como fue el caso de Rubén González, representante de los mineros de la Ferrominera. Reivindicó a los movimientos sociales, pero los desactivó y conculcó sus espacios de lucha.

La estrategia del oficialismo será alimentar lealtades cuasi religiosas en los seguidores del tte coronel. Será crear la imagen de un martirio necesario en torno a la figura del líder fallecido, aunque ello signifique proponer hipótesis absurdas, sin fundamentación científica alguna como afirmar que fue víctima de un cáncer inoculado en su organismo.

Pretenden eternizar su figura a fin de preservar la unidad entre sus seguidores y servirle de muletilla al mediocre e incapaz de "mentira exprés" Maduro.

domingo, 31 de marzo de 2013

Nicolás y Chávez el Hermoso


Mario J. Viera

La idea me la dio Oswaldo Páez-Pumar de EL UNIVERSAL. El manejo necrofílico que hiciera Nicolás Maduro de los sepelios del dictador Hugo Chávez, es verdaderamente “un remedo histórico de Juana la Loca paseando con el cadáver de Felipe el Hermoso”

Durante diez días se paseaba el cadáver de Chávez de un lugar a otro motivando la morbosa curiosidad de las masas de ver de cerca, aunque fuera después de muerto, al que nunca pudieron ver en persona cuando pronunciaba epítetos, diatribas, insultos contra los opositores, o bailaba, o intentaba cantar, o hacía chistes que solo sus lacayos reían. Así pasearon el cadáver. Desde el Hospital Militar donde supuestamente se produjera su deceso, fue conducido primero hasta la Academia Militar y 10 días despues de la supuesta fecha de su fallecimiento, finalmente los restos del Napoleón de Barinas fueron conducidos al Cuartel Militar de la Montaña seguido en toda esa odisea póstuma por un compungido Nicolás que cual nueva Juana la Loca lloraba la muerte de su Hermoso Chávez.

Se conmueve Nicolás cuando recuerda que Chávez le nombrara como su sucesor en la presidencia de Venezuela y, para él, aquella decisión, quizá sugerida a Chávez por Raúl Castro, “fue absolutamente conmovedor y sorprendente que un jefe al que amamos y al que siempre hemos apoyado con lealtad, en un momento dado te diga: 'Mira, voy a una operación y hay tres escenarios: uno es que no pase la operación, el segundo es que quede muy delicado y en esos dos casos te toca a ti, tú debes asumir el mando’

Se olvidaba el tierno Nicolás las regañinas que le propinaba Chávez en público cuando pretendía mostrarse como presidente exigente; pero no importa, Nicolás lo amaba como si fuera al mismísimo Cristo.

“Silencio ─ decía Juana la Loca ─ el Rey está dormido…” Y Nicolás casi dice lo mismo y pide a los venezolanos que el 14 de abril le den 10 millones de votos a Chávez… Silencio, el caudillo está dormido.

No puede apartarse del cadáver amado y cuestiona: “¿Ustedes saben lo que va a pasar el 14 de abril? ─ Y él mismo responde ─ Una insurrección popular, electoral, pacífica, una revolución de resurrección de nuestro comandante Hugo Chávez en la victoria que vamos a tener”.

Ama con arrebato a su “comandante eterno y supremo” (Maduro dixit), y lo ve al lado de Jesucristo y del Espíritu Santo cabildeando a favor de la elección de un Papa sudamericano.

Como los sectores marginales de Venezuela, donde se levanta el templo de la ignorancia, la superstición y la idolatría, no aman a Maduro, él y sus asesores de campaña se afanan por darle vida al presidente fallecido, por mantenerle vigente, por sentirle insepulto. Así lo ve el politólogo caraqueño Oscar Lucién en declaraciones a Notimex:

Nicolás Maduro y sus asesores se han esforzado en mantener viva la imagen y voz de Hugo Chávez, mediante la utilización excesiva y hasta abusiva del sistema nacional de medios públicos, los cuales han servido de soporte a esta estrategia comunicacional

Y como afirma el diputado por el Estado de Miranda, Enrique Mendoza, la campaña de Maduro “se ha encargado de colocar imágenes de Chávez hasta en la sopa, y ya en las tiendas esotéricas exhiben su busto

Hasta quiere Maduro darle palma de martirio a Hugo Chávez. Demostrando su supina ignorancia, su estulticia política, Nicolás, el Triste, afirmó el 21 de marzo en Anzoátegui:

Yo tengo la intuición, la convicción de que a nuestro comandante Chávez le sembraron la enfermedad del cáncer para sacarlo del camino de la revolución popular venezolana y latinoamericana”.

Es la misma estupidez que antes afirmara Hugo Chávez cuando se hablaba del cáncer contraído por Cristina Fernández de Kirchner, más tarde descartado por el estudio histopatológico que se le realizara. Entonces Chávez se preguntaba: “¿Sería extraño que hubieran desarrollado una tecnología para inducir el cáncer y nadie lo sepa hasta ahora?” Y añadió: “Es muy difícil explicar a estas alturas (…)  lo que nos ha estado aconteciendo a algunos de nosotros en América Latina. Al menos es extraño, muy extraño”. Luego dejó caer la gota de cicuta: “Fidel siempre me lo dijo, 'Chávez, ten cuidado... mira, cuidado esta gente ha desarrollado tecnologías... cuidado con lo que te dan de comer. Cuidado con una pequeña aguja y te inyectan no sé qué…”

Definitivamente, gracias a la sodomítica veneración de Nicolás Maduro, figura sin rasgos propios, por el caudillo fallecido, tendremos que seguir hablando de Hugo Chávez… ¡Silencio, el comandante está dormido!

sábado, 30 de marzo de 2013

Olvidando a Chávez


Fausto Masó. EL NACIONAL

Con demasiada rapidez y frente a nuestros ojos, testigos de su vida, se está convirtiendo a Chávez en una figura histórica, una mentira, un mito aprovechable para cualquiera. Por ahora, Nicolás Maduro se empina sobre él para llegar a Miraflores, lo usa como muletilla, bastón, paraguas, pero pronto muchos chavistas lo acusarán de ser infiel a las ideas de Chávez que, como no quedaron codificadas en un libro, las interpretarán según les convenga.

Al personaje real lo ha sepultado el incienso, mientras cada quien intenta demostrar ahora su cercana con él, aprovechar el mito. A los historiadores les quedará la tarea inacabable de ponerse de acuerdo sobre quién era Chávez, discutirán por los siglos de los siglos. Por ahora, y por un buen rato, continuará siendo una obsesión nacional. Internacionalmente lo convertirán en un personaje como el Che, sólo que menos lúgubre, más jacarandoso y humano. Más divertido.

A Bolívar lo invocaron dictadores y caudillos, quedó en manos de bolivarianos conservadores que monopolizaban su memoria con fanatismo. Chávez logró volverlo un revolucionario y, de paso, que medio país dejara de venerarlo.

En nombre del peronismo gobernó a Argentina un presidente neoliberal como Carlos Menem y un populista como Néstor Kirchner. De Marx se proclamaron herederos Stalin y Lenin, y los reformistas alemanes a los que el tiempo les dio la razón y cuyo partido ha sobrevivido hasta hoy. Bernstein tiene más vigencia que Lenin.

Chávez no dejó una doctrina, sino innumerables canciones, imágenes populares, dichos, gestos, sólo que está indefenso frente a la maniobra de subirlo a los altares del culto civil para colocarlo junto a Negro Primero, Simón Bolívar o el Che. Una partida de ateos ahora no cesa de invocar a Cristo, en una versión ruinosa de la teología de la liberación.

Desde diciembre pasado están escamoteando la memoria de Chávez. Por razones políticas se dijo que se curaba hasta que unas semanas antes de su muerte confesaron la gravedad de la enfermedad. Necesitaban tiempo para dar a conocer a Maduro, el propio Chávez aceptó ser candidato a sabiendas de que no sería presidente, demostró que le interesaba más la política que su destino personal.

Un edecán declaró que al final Chávez repetía que no quería morir, una actitud muy humana pero que no es propia del verdadero creyente que enfrenta el trance necesario para encontrarse con Dios. Chávez quería vivir, lo había dicho, afirmaba necesitar tiempo para completar su obra, pero no dejaba de ocuparse de los asuntos mundanos; su último mensaje, bien realista por cierto, buscaba evitar lo inevitable: la lucha por su herencia, el desgarramiento del chavismo, los enfrentamientos entre militares y civiles. Al designar a Nicolás Maduro como candidato lo invistió temporalmente de un poder que más temprano que tarde otros le impugnarán, los que con razón afirmarán que acompañaron a Chávez desde el 4 de febrero, o que estuvieron a su lado el 11 de abril, o simplemente que representan el Ejército.

La fama es el conjunto de malentendidos que rodea la memoria de un hombre.

sábado, 23 de marzo de 2013

Muertes sospechosas


Francisco Rivero Valera. EL UNIVERSAL

En el Certificado de Defunción se registra la causa de muerte de cada persona. Es un documento obligatorio para la inhumación y exhumación, con varias secciones importantes.

La sección I con la identificación del fallecido, fecha de nacimiento y del deceso.

La sección VI es exclusiva del médico que emite la certificación. Incluye la causa de muerte con 4 subcausas interrelacionadas. Otros estados patológicos contribuyentes de la muerte pero sin relación con la causa principal. Y confirmación del diagnóstico, con 6 opciones: por autopsia, examen del cadáver, exámenes de laboratorio, historia clínica, interrogatorio de familiares o testigos, y otros.

De esa manera, la información sobre la causa del deceso de cada persona debería de ser acertada. Y lo es, en muchos casos. En otros, no tanto. Como en los casos con causa sospechosa de muerte.

Un ejemplo puede ser Franklin Brito, disidente de este gobierno, fallecido en huelga de hambre en el Hospital Militar de Caracas el 30 de agosto del 2010. Su certificado de defunción es público por su amplia difusión en la prensa nacional, internacional e Internet. Ahora es tan conocido como el acta de defunción de Simón Bolívar.


Registra como causa de muerte: shock séptico p/p, debe ser por paro, respiratorio. Si es así, sería inexplicable que el paro respiratorio haya ocasionado el shock séptico, cuando es todo lo contrario. La desnutrición proteico-calórica, consecuencia de su huelga de hambre, figura en 4to lugar. Y la confirmación del diagnóstico fue hecha por historia clínica, no por autopsia. O sea, si algo puede salir mal, saldrá mal. Ley de Murphy.

Otro ejemplo reciente es el acta de defunción de Simón Bolívar. Según los 33 boletines redactados en diciembre de 1830 por el médico francés Alejandro Próspero Reverend, y el protocolo de autopsia, la causa de muerte fue Tisis Pulmonar, o sea: Tuberculosis Pulmonar. Sin embargo, 180 años después, por sospechas de envenenamiento que surgieron en este gobierno, decidieron aclarar las dudas con costosos y avanzados recursos técnicos y científicos de Tanatología, en un proceso que algunos interpretaron como un acto de nigromancia. Al final, las dudas predominaron sobre las certezas, y la enfermedad Broncopulmonar nunca fue descartada con los estudios del esqueleto.

Y el ejemplo más reciente de causa de muerte sospechosa es la del presidente Chávez. No se conocen su certificado de defunción ni los resultados de autopsia. Solo son públicas las declaraciones sobre el cáncer, hechas por el paciente y su entorno. Pero, el alto gobierno ha emitido su insólita teoría de enfermedad inoculada por supuestos enemigos del país.

La contradicción e ignorancia van juntas y por partida doble: el cáncer fue diagnosticado, operado en 4 oportunidades, con complicaciones postoperatorias y tratado con quimioterapia en Cuba. Y, según expertos, la inoculación del Cáncer en humanos es prácticamente imposible – A. González M., MD. Anderson Cancer Center Madrid. No es contagioso ─ C. Cubedo. Y no es hereditario ni lo causa el Estrés  ─ I. Blanco. Creo que alguien está perdiendo el sentido del ridículo con esa teoría de conspiración y miedo.

Por eso es que vemos al final que todo es una paradoja: con manipulación de la muerte, la negación de la paz postmortem y las palabras de Fidel Castro: "ni los muertos pueden descansar en un país oprimido". Faltaría saber a qué país se refiere. ¿Venezuela, Cuba o ambos?

De todas maneras, todos merecen el  R.I.P.

Amén.

sábado, 16 de marzo de 2013

El dolor publicitado de la hija de Chávez


Mario J. Viera

Por elemental principio humano respeto el dolor ajeno y siento la empatía que me inspira  un hijo ante la muerte de uno de sus progenitores. Admiro el dolor íntimo, sin alharacas de aquel que lamenta la pérdida de un ser querido. Mas, sin embargo, detesto el alarde patricio del dolor, de la pena que no se guarda dentro del alma sino que se expresa hacia el exterior, para disfrute del circo humano. Si, para mí, ese alarde del sufrir gallardo es simple hipocresía.

Me indigna que esos que se dicen cristianos publiciten en plazas públicas su dolor; porque el dolor ha de sufrirse en el silencio de la intimidad como el orar se debe hacer en lo oculto de la habitación y no en plazas y cantones.

Llora la hija del difunto presidente Hugo Chávez y es justo que los hijos lloren por sus padres al momento de la final despedida. Si, duele la partida del progenitor como le ha dolido a María Gabriela Chávez; si, para ella, para cualquier hijo de vecino, esa pérdida es “un dolor que quema en el alma”.

¿Por qué hacer alarde de haber llorado, gritado y rogado al cielo? Eso es íntimo, no se publica por escrito como si fuera una carta abierta aparecida en los medios. No hay por qué pregonar ese impulso que te impone decirle al ser querido en su partida: “Te amo, te siento y te vuelvo a llorar”. No lo dices en silencio a tu padre muerto, pobre María Gabriela, lo dices para que el público crea en tu dolor. Al hacerlo haces que yo dude de tu pena, que no la sienta legítima, que se expresa como instrumento de propaganda política, porque por intereses políticos los compinches de tu difunto padre se han encargado de hacer público ese dolor que tú dices sentir ante la muerte de tu padre.

Sin embargo, María Gabriela, tú afirmaste que nunca te has “involucrado directamente en cuestiones de política” cuando escribiste otra carta, según tú, al verte “en la necesidad de alzar mi voz contra quienes quieren jugar con el dolor de mi familia, el dolor de mi pueblo y, sobre todo, con la memoria de mi gigante padre”.

Entonces respaldaste a los que mentían sobre el estado de salud física y mental de tu padre atacando “a los señores de la oposición enferma y especialmente al señor Capriles…” que habían denunciado aquellas mentiras de Maduro y comparsa. Le restregaste entonces en la cara a los de esa oposición que tú denominas “enferma” esta frase contundente: “Siempre se ha dicho que la política es sucia” ¿Lo dedujiste por los modos demagógicos, ramplones y vulgares conque tu fallecido padre conducía la política en Venezuela?

Siento lástima por ti, muchacha nueva rica, no por tu dolor sino porque te has convertido en sentimental mecanismo de manipulación de la política más burda.  Esa burda política que te impulsa a involucrarte cuando le expresas al difunto dictador: “Nosotros cuidaremos tu patria y defenderemos tu legado, como tú nos enseñaste a hacerlo”, cuando agradeces diciendo: “Gracias comandante por devolvernos la patria”, cuando en realidad tu padre entregó la patria venezolana a los tiranos de Cuba, cuando sumió la soberanía de Venezuela a los dictados de los Castro.

Reconozco que no soy eso que llaman políticamente correcto y me considero un convencido iconoclasta de ídolos humanos, de falsos mesías, de fuhrers, de caudillos y de máximos líderes; por eso, discúlpame María Gabriela, no creo en tu dolor, no te siento sincera.

domingo, 10 de marzo de 2013

Esta América nuestra de presidentes payasos y gobernantes cretinos


Mario J. Viera

Esta América nuestra, la de habla hispana o portuguesa, además de quéchua y aymara y otras muchísimas lenguas originarias, de tantas sombras y pocas luces; esta América nuestra de caudillos y tiranos, de golpes de estado y democracia a medias siempre sorprende por su originalidad en la escogencia de sus gobernantes.

En esto de escoger gobiernos esta América nuestra casi siempre se decide por lo malo o casi malo; muy pocas veces por lo bueno o casi bueno. Pareciera que elegir presidentes es cosa de poco interés, siempre gana el que más engaña o se compra clientelismo y aquel que más promete es el que se lleva la ventaja aunque luego lo prometido se quede, casi siempre, en el olvido.

Esta América nuestra donde cualquier vociferante, ignorante o desfasado, se convierte en líder de la izquierda más surda que lo imaginable, se aprende dos o tres consignas, se atiborra de sonseras y demostrando su ceguera se bebe de un solo trago las venas abiertas de algún petulante intelectualillo y ocultan lo que esconden detrás de su verborrea: alzarse con el poder para luego ser más corrupto que el oligarca que denuncia.

Esta América nuestra que se empantana en el recuerdo de la historia y no contempla el presente y menos mira hacia el futuro; que se confecciona brillantes y sobrecargadas constituciones que pocos conocen y muchos, menos obedecen.

Por el teatro del absurdo y de lo real maravilloso que representa a nuestra América, sobresalen Venezuela, Bolivia y Nicaragua ─ que se diferencian de Cuba porque todavía realizan elecciones con partidos oficialistas y partidos de oposición ─; la primera se buscó a un payaso para regir sus destinos y no conforme con elegirle le siguió religiendo y derrama ardientes lágrimas ante el féretro del payaso. La segunda, da más lástima porque para su gobierno tienen electo a un cretino y la tercera se echaron a cuestas a un alcohólico baboso.

El payaso se creyó ser la rencarnación de Bolívar y casi vuelve a fundar la Gran Colombia gastando por chorros la riqueza venezolana para buscarse acólitos en Bolivia, Nicaragua y Ecuador y regalarle millones al dinosaurio político del régimen que campea en Cuba.

Los “hijos” del payaso comandante, los que heredaron su gobierno quieren buscar pruebas de que el payaso fue envenenado nada menos que por los Estados Unidos y el cretino de Bolivia está más que convencido que hubo un magnicidio por envenenamiento: “Como decía (Nicolás) Maduro y otros hermanos de Venezuela, van a hacer una investigación, estoy casi convencido de que es un envenenamiento del compañero Chávez para acabar con su vida”, dijo Evo, el cretino y lo aseguró porque le habían dicho que el “imperio envenena a los líderes sindicales o políticos, no para matarlos inmediatamente” y además: “Cuando no pueden derrotarnos, asumen esa tarea de acabar con la vida de un líder, como pasó con Arafat”.

¡Ah, es que el payaso tanto le inspiraba!: “Lo más importante para mí (es que Chávez) nos hizo perder el miedo (supuestamente al imperio Estados Unidos), hay muchos dirigentes políticos y sindicales, varones y mujeres, que tienen su posición, pero por  miedo no decimos (...). Chávez nos daba mucha fuerza”.

Y quizá fuera cierto que al payaso, que no terminaba por morir y hacía falta seguir en el gobierno a los fieles del comandante, se decidió darle la cicuta y mandarlo con todas sus payasadas al otro mundo, pero dudo que algún gringo llegara hasta su lecho de medio muerto para inyectarle la dosis letal. Si fue envenenado que lo busquen entre  Maduro,  Cabello y su adorable yerno Arreaza que ahora saltó al cargo de Vicepresidente ejecutivo por la gracia del Presidente que nadie eligió: “Queremos anunciar ─ dijo Maduro en su juramentación ─  como primer acto de Gobierno que hemos decidido designar para el cargo constitucional de vicepresidente ejecutivo al compañero Jorge Arreaza, ministro de Ciencia y Tecnología”.

Si fue envenenado de seguro no fue un furtivo agente de la CIA y quizá fuera cualquier oficial cubano de la Seguridad del Estado cumpliendo “misión internacionalista”.

¡Ay, esta América nuestra!

La triple herencia de Hugo Chávez


Carlos Alberto Montaner. EL NUEVO HERALD

¿Qué les deja Chávez a los venezolanos? Les deja tres legados y todos están envenenados: una forma disparatada de gobernar, el loco socialismo del siglo XXI, y un modelo neopopulista basado en el asistencialismo-clientelista.

Primero, les deja el recuerdo de un personaje pintoresco que era muy divertido. Gobernaba mal, pero era entretenido y daba mucha cancha en los telediarios. Fueron catorce años de sobresaltos, sin un minuto de aburrimiento. Cantaba, jugaba al béisbol, insultaba, se peleaba con medio mundo y luego se amigaba, como ocurrió con el presidente colombiano Juan Manuel Santos, a quien parecía que le declararía la guerra, pero acabó declarándole el amor más intenso, sentimiento que luego, para sorpresa de todos, resultó ser mutuo.

Así no se dirige un país. Es un mal ejemplo que enseguida se propaga. Maduro es un aprendiz de Chávez. Esa manera excéntrica de comparecer en la vida pública, a la que alguna gente llama “carisma”, suele generar una gran atracción entre las clases latinoamericanas menos educadas, pero siempre conduce al desastre. La seriedad, ciertamente, no da réditos electorales en aquellos parajes tumultuosos, mas no se debe renunciar a ella.

En segundo lugar, Hugo Chávez deja instalado entre sus huestes el sucedáneo de una visión ideológica. El Socialismo del Siglo XXI no es una ideología, por mucho que se empeñe Heinz Dieterich, su alegre teórico alemán-mexicano. Es un sucedáneo compuesto por tres elementos nocivos: antiamericanismo, estatismo antimercado y rechazo a la propiedad privada como modo de generar riqueza.

De esos tres factores, el verdaderamente clave, el que los une, es el antiamericanismo. Como Hitler estaba convencido de que todos los males que padecía la humanidad derivaban de la existencia y acciones de los judíos, lo que lo llevó a masacrarlos cruelmente, Chávez, de la mano y las magulladas neuronas de Fidel Castro, murió totalmente persuadido de que la Casa Blanca era, realmente, la guarida de Satán.

Sólo así se explica que afirmara, sin asomo de duda, que el terremoto que devastó a Port-au-Prince fue el resultado de un arma secreta del Pentágono, probada en la capital de Haití como medio empleado por el imperialismo norteamericano para apoderarse de las riquezas de ese país. ¿Cómo se puede decir una estupidez de ese calibre y no ser internado en un manicomio o colocado en un circo?

Junto a la maldad ínsita de los yanquis, está, también, la de los mercados. Según el chavismo, ¿a quién se le puede ocurrir que los precios deben surgir de las transacciones libres entre compradores y vendedores? A los precios hay que controlarlos, cogerlos por el rabo y sujetarlos para que los pobres puedan adquirir bienes y servicios. Las multinacionales son malas. Los mercaderes son agentes del imperialismo. La libertad económica es un camelo. La equidad, en cambio, reside en la buena voluntad de una legión de funcionarios benévolos.

Chávez creía todo eso y se lo inoculó a sus partidarios. Para él sólo era posible una sociedad justa si un grupo de revolucionarios, dirigidos por un caudillo iluminado por la Providencia o por Bolívar, que viene a ser lo mismo, dicta el qué, el cómo y el cuándo de las transacciones comerciales.

Pero de las tres herencias que Chávez les deja a sus albaceas para que las administren revolucionariamente, la peor es la tercera: el neopopulismo. Es decir, la noción de que la sociedad debe vivir de las dádivas del Estado y no al revés, como sucede en los países prósperos del planeta.

En la Venezuela democrática previa al chavismo, todo hay que decirlo, ya existía un sustrato populista fomentado por adecos y copeyanos, pero Hugo Chávez multiplicó por mil esa equivocada manera de dilapidar los recursos públicos.

En sus catorce años, mientras se cerraban más de cien mil empresas privadas, y cientos de miles de venezolanos optaban por emigrar, el presidente bolivariano creó un sistema asistencialista-clientelista montado sobre la base de otorgar subsidios y crear “misiones” que asignan servicios y bienes, generando una actitud parasitaria en millones de personas, que, por supuesto, votarán por quien las sostenga.

Esa herencia maldita será muy difícil de erradicar. Los argentinos no han podido en más de sesenta años.

sábado, 9 de marzo de 2013

Elógienlo los esclavos


Xavier Reyes Matheus.  EL MUNDO. AMERICA

Xavier Reyes Matheus,  Fundación Dos de Mayo, Nación y Libertad.
Mientras el mundo entero llora la muerte de Hugo Chávez y recuerda su "excepcional figura", unos cuantos millones de venezolanos permanecemos al margen de la humanidad. Somos los adversarios del chavismo, y quienes reparan en nuestra reticencia se limitan a explicarla porque somos "radicales". Nos catalogan así, sobre todo, aquellos que van buscando un "justo medio"; esos que creen que la prudencia es relativismo; los que pueden darse el lujo de ser comprensivos con males que no les afectan. Uno de estos contemporizadores, catedrático americanista, salda cuentas con la memoria de Chávez como quien da una risueña colleja a un niño travieso: "La gran mayoría del pueblo venezolano, el mismo que fue rescatado del olvido y de la postración social por Chávez, le perdonaba una y otra vez los fallos y los errores que podía cometer", dice. Otro artículo, de un diplomático jubilado, recuerda que "autócrata, arbitrario, tal vez corrupto, ganó unas elecciones aceptablemente".

Viendo tanta continencia, y junto a ella el franco entusiasmo que el caudillo muerto despierta en otros muchos, someto a examen los canales por los que se vinculan mi psiquismo y mis ideas políticas y debo decir, para desengaño de la tesis sobre el "radicalismo", que no encuentro pulsiones de extrema derecha. No cumplo con ninguno de los rasgos que, sin necesidad de más informes, endilgan en todas partes a los que se oponen a Chávez. Ni yo ni los míos procedemos de oligarquías económicas o políticas, y mi familia ha vivido siempre de trabajar en los oficios que aprendieron en la universidad: una formación que cualquier socialista europeo encuentra muy compatible con su propio modus vivendi, pero que de seguro juzgará insufrible lujo y pijería en un latinoamericano. Resulta, por otra parte, que no me reconozco en esa protervia que se supone llevamos en el ADN los que no nos manifestamos con el puño en alto. No gozo con el dolor de los pobres; no tengo aprehensiones hacia ninguna raza; no soy fanático de ningún credo religioso, etc. Pero lo que es más importante: no tengo el deber de probar nada de eso ante los socialistas. Si se creen investidos de una superioridad no ya moral, sino ontológica, y si de ese prejuicio de secta pretenden sacar el derecho de apabullar a todos los demás, no seré yo quien se lo reconozca.

Moisés Naím ha escrito que lo mejor de Chávez fue haber roto la coexistencia pacífica que la Venezuela moderna tenía con la pobreza. Y eso, que es como agradecer las convulsiones que alertan de una infección severa, es una gran verdad. Por lo insostenible de aquel modelo se comprendió que una opción nueva debía abrirse camino. Habría que recordar el apoyo que el teniente coronel recibió en su primera campaña de los medios de comunicación, de la Iglesia, de los intelectuales, de buena parte de la clase media y de muchos empresarios, hartos todos de la partitocracia. Si con ese cheque en blanco Chávez hubiera corregido los vicios del sistema, y si hubiera dado el golpe de timón para encaminar a Venezuela por el camino de la prosperidad y del desarrollo, yo lo estaría sintiendo hoy como el que más. Pero admito que a mí no me defraudó. Su pasado golpista era lo bastante elocuente como para saber que no era un demócrata, aunque se vistiese de tal. Y en efecto: lejos de ver en las convulsiones una oportunidad para curar al enfermo, encontró en ellas el pretexto para atarle.

No sé en qué medida sus presos políticos, sus atentados a la propiedad privada, su persecución de los adversarios, su patrocinio a la violencia resultarán peccata minuta para los que hoy afectan una postura de "centro" frente al régimen chavista. Los que lo hemos adversado no hemos estado dispuestos a aguantar lo que no toca a nadie que se tenga por ciudadano y no por súbdito. A nosotros no nos dignifica ningún "mi comandante". ¿Sería usted radical y ultra por no admitir que el presidente de su país lo llamase "escuálido", "lacayo del Imperio", "vendepatria", "fascista" y "mierda"? No, sin duda, salvo que asienta en las dos premisas que pretende imponernos la izquierda: que nos lo merecemos, porque ellos lo han decretado; y que el mandamás puede hacerlo impunemente, porque está más allá del bien y del mal. Pues no, no lo aceptamos; allá los que tengan espíritu servil. De nosotros, los líderes podrán esperar votos: NUNCA devotos.

La herencia de Hugo Chávez


Pedro Corzo. EL NUEVO HERALD

El presidente Hugo Chávez murió el mismo día que José Stalin. Coincidencia que vale la pena evocar, porque ambos gobernantes promovían el socialismo, aunque en versiones diferentes.

El mandatario venezolano pretendió imponer el Socialismo del Siglo XXI, una versión menos cruenta en bienes, derechos y vidas que el socialismo real que implantó su par soviético, pero fundamentada igualmente en el despotismo y el abuso de poder, como denunciaron en múltiples ocasiones instituciones defensoras de los derechos humanos, entre ellas la Comisión Interamericana de los Derechos Humanos, de la que retiró su país por las constantes críticas a su administración.

Evidentemente su muerte genera numerosas expectativas para Venezuela y el resto del continente americano. Su modelo autocrático trascendió las fronteras, no por su capacidad de liderazgo, sino por las grandes riquezas de esa nación que le permitieron invertir en un proyecto político que sin dudas cosechó grandes éxitos.

Chávez no produjo el encantamiento mágico de Fidel Castro, ni llegó al poder con la aureola de Mesías de su maestro. Tampoco contó con las habilidades políticas del dictador cubano, pero poseía un excelente olfato político, un aguzado sentido de la oportunidad y mucho dinero, como se ha señalado.

Tuvo a su favor que un sector de la clase política y empresarial venezolana, al igual que la cubana en su momento, tenía vocación suicida y apoyó a un caudillo que paulatinamente le conculcaba los espacios en los que desarrollaban sus actividades.

Su fórmula para acercarse al poder absoluto fue novedosa. No destruyó las instituciones del estado, las transformó a su medida, impulsando una constitución originaria que le abría un mundo de posibilidades para avanzar al establecimiento de una dictadura institucional.

Legitimó el despotismo político por medio de una eficiente maquinaria electoral. Una fórmula novedosa en un continente en el que los caudillos habían impuesto su voluntad a sangre y fuego, aunque eso no significó que cuando las circunstancias lo demandaron no recurriera a la violencia extrema para controlar a los descontentos.

Chávez nunca mostró respeto a las normas democráticas. En su opinión un adversario o rival político era un enemigo que debía ser en el mejor de los casos desacreditado. Practicó el fusilamiento moral, recurrió a la ilegalidad para encarcelar a los que se oponían a su mandato. Obligó al exilio a miles de personas que solo defendían la democracia.

Limitó la libertad de expresión. Promovió la autocensura. Eliminó los medios de información que le adversaban con grandes multas o cancelando las concesiones gubernamentales. Los periodistas fueron atacados por su nombre y gustaba ridiculizar al comunicador que le hiciera una pregunta incómoda.

La propiedad privada nunca fue un serio obstáculo para su proyecto de dominación, siempre y cuando el capitalista fuera afín a su proyecto, de ahí que en Venezuela surgiera una generación de nuevos ricos que popularmente fueron identificados como los boliburgueses.

Chávez estableció una dictadura institucional. Ajustó la legalidad a la conveniencia del proyecto que patrocinó, lo que le permitió limitar las libertades ciudadanas en un marco constitucional que hacía difícil la reivindicación de los derechos perdidos.

Concentró los poderes públicos en su persona. Decidía legislaciones que restaban a su voluntad el poder de los funcionarios electos. Reorganizaba las circunscripciones electorales a su conveniencia e incurrió en gastos que han dañado profundamente la economía venezolana.

La corrupción se expandió y profundizó con el subterfugio de gastos públicos en el sector social como fueron los programas de Barrio Adentro, que no resolvían los problemas socioeconómicos del país porque no generaban riqueza, sino más dependencia ciudadana del gobierno. Las empresas públicas han sido devastadas, en particular PDVSA, la principal industria del país.

Politizó las Fuerzas Armadas. Los gastos en armamentos se incrementaron mientras la infraestructura del país se destruía. Los grandes ingresos petroleros fueron despilfarrados en una diplomacia petrolera que le permitió arrendar una clientela política que estaba a su favor en los foros internacionales.

El gran triunfo de Chávez radicó en el uso discrecional de los petrodólares. Tuvo más éxitos que Castro en el común propósito de destruir las sociedades democráticas de América Latina. Inventó el despotismo electoral. Fue gestor del CELAC, el Alba y UNASUR, todos instrumentos de control político.

Su herencia son regímenes como el de Rafael Correa, Evo Morales y Daniel Ortega, pero su principal aporte fue el haber mantenido por años la fracasada dictadura de los hermanos Castro. Algunos analistas afirman que aportó al totalitarismo cubano más riquezas que la extinta Unión Soviética.

No olvidemos que Chávez apoyo a las guerrillas terroristas de las FARC y hasta demandó el reconocimiento de su beligerancia. Fue un excelente aliado de Muammar Gaddafi y de Mahmud Ahmadineyad. Un admirador de Ernesto “Che” Guevara, que se declaraba hijo de Fidel Castro.

Venezuela entre la muerte de un Presidente y una Constitución agonizante.


Mario J. Viera

El 8 de diciembre del pasado año Chávez sorprendió a Venezuela y al mundo con su admisión de que viajaría de nuevo a La Habana con el propósito de someterse a una nueva intervención quirúrgica; se le había detectado “la presencia de algunas células malignas”. El Presidente parecía prever lo inevitable, presentía, por lo que se deduce de sus palabras, que podría quedar invalidado para asumir la presidencia en el nuevo periodo para el que había sido electo.

Si se presentara ─ expresó ─ alguna circunstancia que a mí me inhabilite para continuar al frente de la Presidencia de la República Bolivariana de Venezuela, bien sea para terminar los pocos días que quedan y sobre todo para asumir el nuevo período para el cual fui electo por la gran mayoría de ustedes…”

Era evidente que Chávez tenía presente lo dispuesto en el artículo 233 de la Constitución Bolivariana y preparaba el terreno para una transición hacia un chavismo sin su presencia:

Cuando se produzca la falta absoluta del Presidente electo o Presidenta electa antes de tomar posesión, se procederá a una nueva elección universal, directa y secreta dentro de los treinta días consecutivos siguientes. Mientras se elige y toma posesión el nuevo Presidente o Presidenta, se encargará de la Presidencia de la República el Presidente o Presidenta de la Asamblea Nacional”.

Chávez fue fiel a su Constitución, creía en la Constitución que había impulsado y ante la posibilidad de su inhabilitación o su muerte propuso que Nicolás Maduro concluyera lo que restaba de su periodo presidencial y que se presentara como candidato presidencial por el PSUV. Esa fue su “opinión firme, plena, irrevocable, absoluta y total es que en ese escenario, que obligaría a convocar a elecciones presidenciales como lo manda la Constitución ─ pidió ─, ustedes elijan a Nicolás Maduro como Presidente de la República Bolivariana de Venezuela”.

Después de ese día no volvió a ser visto en los medios, y mientras tanto sus colaboradores se empecinaban en presentarle en capacidad de ejercer el gobierno. Ellos, a diferencia del líder del Socialismo del Siglo XXI, pasaron por encima de los postulados constitucionales preparando las condiciones que les permitieran mantenerse en el poder con la colaboración y el asesoramiento de los Castro.

No obstante analizando el accionar de Hugo Chávez y de sus colaboradores en la gestión de gobierno Human Rights Watch declaró: “Tomaron el control del Tribunal Supremo y debilitaron la capacidad de periodistas, defensores de derechos humanos y otros venezolanos de ejercer sus derechos fundamentales

Bajo la apariencia de independencia del Tribunal Supremo de Justicia el chavismo logró colocar dentro del alto tribunal a jueces comprometidos ideológicamente con los postulados del PSUV, como es el caso de la magistrada Luisa Estella Morales. Justificando la ausencia del presidente electo bajo autorización de la Asamblea Nacional, Morales planteó un oxímoron entre legalidad y constitucionalidad: “La postergación ─ dijo ─ no se trata de un asunto legal, sino de un asunto constitucional” (sic).

El principio de legalidad se fundamenta en los dictados de la Ley Superior del Estado que es la Constitución y bajo este principio todo ejercicio del poder público “debe estar sometido a la voluntad de la ley y de su jurisdicción y no a la voluntad de las personas”.

El 21 de enero, Luisa Estella Morales politizó las decisiones del Tribunal Supremo cuando declaró:

Como Poder Judicial asumimos continuar construyendo un Estado democrático social, de derecho y de justicia, el socialismo bolivariano del siglo XXI en Venezuela para asegurar la mayor suma de seguridad social, mayor suma de estabilidad política y la mayor suma de felicidad para nuestro pueblo”.

Antes, el 9 de enero, la magistrada Morales había declarado que Hugo Chávez continuaría ejerciendo “cabalmente sus funciones con fundamento en la continuidad administrativa” por lo que la juramentación del Presidente podría ser tomada en otra ocasión. Además consideró que no sería necesario “llamar a una junta Médica” porque Chávez había dejado “claras las razones de su salida del país”.

Posteriormente Morales declararía que no había recibido ninguna presión para declarar la decisión de postergar la toma de posesión de Hugo Chávez y afirmó que no sería necesaria una junta médica que fuera a La Habana para evaluar la salud del mandatario, declarando: “Tenemos información permanente del estado de salud del presidente de la República”. Con la intención de justificar las decisiones tomadas por el Tribunal Supremo de Justicia alegó: “Normalmente los políticos tienen una visión totalmente distinta de la Ley. Para dictar una sentencia hay que tener conocimiento jurídico, hay que hacer un análisis constitucional que no es sencillo”.

Quizá sea cierto que los políticos se despistan ocasionalmente en la interpretación de las normas legales; pero el espíritu y la letra de la Constitución Bolivariana en referencia a la juramentación presidencial y a la falta absoluta del Presidente contenidos en los artículos 231, 233 y 234, son tajantes y no requieren de profundos análisis constitucionales como pretende hacer ver la magistrada chavista.

El Artículo 231 establece claramente que la toma de posesión del cargo de Presidente de la República es el diez de enero del primer año de su periodo constitucional. Ni un día más ni un día menos. La toma de posesión es el 10 de enero, y punto. Esta toma del cargo se hará mediante juramento ante la Asamblea Nacional. Hay una previsión en la norma del artículo 231: “Si por cualquier motivo sobrevenido el Presidente o Presidenta de la República no pudiese tomar posesión ante la Asamblea Nacional, lo hará ante el Tribunal Supremo de Justicia”.

Si el presidente, por cualquier razón que sea no puede juramentarse ante la Asamblea Nacional el día 10 de enero, ese día ─ no se norma el cambio de fecha ─ lo hará ante el Tribunal Supremo de Justicia, simplemente se norma un cambio de local no de fecha.

Al no producirse la juramentación de Hugo Chávez ya fuera ante la Asamblea Nacional o ante el Tribunal Supremo de Justicia el día 10, había que declarar la ausencia absoluta del Presidente, por tanto la continuidad del gobierno de Hugo Chávez y de sus ministros a cargo fue anticonstitucional. En ese caso, la única interpretación que cabía era exigir la renuncia de todos los ministros y del Vicepresidente, pues estos son nombrados o removidos por el Presidente en funciones y proceder con lo normado en el segundo párrafo del artículo 233.

No obstante pese a lo dispuesto constitucionalmente, la jueza Morales dio una interpretación muy particular: A pesar de que el 10 de enero se inicia un nuevo periodo constitucional declaró no es necesaria una nueva toma de posesión en relación al presidente Hugo Chávez en su condición de presidente reelecto. El Poder Ejecutivo constituido por el presidente, vicepresidente, los ministros y demás órganos y funcionarios de la Administración seguirá ejerciendo cabalmente sus funciones con fundamento en el principio de la continuidad administrativa”. Con esta decisión “judicial” se daba una cobertura legalista a la continuidad de Nicolás Maduro como Vicepresidente Ejecutivo y, de hecho, se autorizaba la inconstitucional prórroga de poderes pues la Constitución de 1999 establece en su artículo 230 que el periodo presidencial es de 6 años.

Como se trataba de una grave enfermedad que estaba sufriendo el candidato electo era una exigencia constitucional que el Tribunal Supremo de Justicia designara una junta médica que declarara si el candidato estaba en capacidad de asumir el cargo. Legalmente no basta con tener “información permanente del estado de salud del presidente de la República” se requieren las conclusiones de los estudios y evaluaciones que una junta médica debe hacer con respecto a la salud del presidente electo y sus recomendaciones. Esta fue la segunda violación de la Constitución en que incurriera el Tribunal Supremo de Justicia.

Con el deceso de Hugo Chávez se produce la falta absoluta del Presidente prevista en los enunciados del artículo 233 de la Constitución y se conforma el caso de la falta absoluta del Presidente antes de su toma de posesión, por lo que le corresponde a Diosdado Cabello como presidente en funciones de la Asamblea Nacional ocupar la presidencia interina de la nación y convocar nuevas elecciones.

Aparentemente siguiendo instrucciones de los Castro, los usurpadores “legales” del gobierno venezolano estuvieron dando informaciones imprecisas sobre la salud del mandatario, especialmente desde su retorno al país. En sus partes pretendían hacer creer que Chávez se mantenía en toda su capacidad en el control del gobierno y daba órdenes e instrucciones y nombraba como nuevo Canciller de la República Bolivariana a Elías Jagua y confirmaba a Nicolás Maduro como Vicepresidente Ejecutivo en maratónicas reuniones de cinco horas.

En todo momento sus partes mostraban un cuadro esperanzador para el agonizante, o tal vez ya difunto Hugo Chávez, aguardando el momento propicio para anunciar su fallecimiento y apoderarse del poder según los intereses de los Castro. Nicolás Maduro sería, no solo el candidato propuesto por Hugo Chávez para darle continuidad al chavismo sin su presencia sino también el candidato conveniente para el castrismo.

La ausencia continuada de Chávez generó especulaciones de todo tipo y el inicio de protestas con el consiguiente descrédito de los líderes del chavismo. Los estudiantes se movilizaron exigiendo que se dijera la verdad sobre el estado de salud de Hugo Chávez en tanto que internacionalmente se ponía en entredicho los partes y las intenciones de los que asumían el poder venezolano. Esta situación planteó la necesidad de preparar a la opinión venezolana indicando que Chávez se había agravado y luego, al siguiente día aparecerse ante las cámaras de la TV un lloroso Maduro informando que Hugo Chávez había muerto.

La oportunidad parecía haber llegado y se aprovecharía el principio de “continuidad administrativa” resuelta por el Tribunal Supremo de Justicia para mantener en la presidencia a Nicolás Maduro, pues la Constitución establece en el párrafo tercero del artículo 233 que si la falta absoluta del Presidente se produce “durante los primeros cuatro años del periodo constitucional, se procederá a una nueva elección (…) dentro de los treinta día consecutivos siguientes” y en el ínterin el Vicepresidente Ejecutivo se encargaría de la Presidencia de la República. Con este presupuesto, Nicolás Maduro podrá continuar actuando como Presidente en acatamiento de un acto legítimamente constitucional generado por una previa decisión de carácter inconstitucional, la declaración del principio de continuidad administrativa.

A este propósito el constitucionalista Tulio Alvarez le declaró a la agencia de noticias Efe que, aunque “la Constitución es muy clara”, la situación “de hecho” no lo es, debido a que el presidente no tomó posesión del cargo y a que, de acuerdo con su criterio, la sentencia del Supremo “estableció una continuidad que solamente procede en temas administrativos, mas no en temas constitucionales” y agregó que a pesar “de que han pasado dos meses se tiene que aplicar la norma en la cual si no se ha juramentado el presidente electo, debería encargarse de la Presidencia a Diosdado Cabello el presidente de la Asamblea Nacional”.

Este es el escenario constitucional donde Elías Jaua dio a conocer que Maduro sería quien asumiría la presidencia temporal en contraposición al dictado que ordena que esta interinatura le corresponde al Presidente de la Asamblea Nacional. Anunciando que Maduro será también el candidato por el PSUV en las próximas elecciones presidenciales Jaua aseguró: “Es el mandato que nos dio el comandante presidente Hugo Chávez” y reafirmó: “Está muy claramente establecido lo que procede, lo que siempre defendimos. Ahora se ha producido una falta absoluta, asume el Vicepresidente de la República como Presidente, y se convoca a elecciones en los próximos 30 días. Es el mandato que nos dio el comandante presidente Hugo Chávez el pasado 8 de diciembre, y nos pidió a los bolivarianos, a los revolucionarios, a los venezolanos, que acompañáramos al compañero Nicolás Maduro, y es lo que vamos a hacer”.

La mano del castrismo se esconde detrás de las bambalinas de la política venezolana y su índice muestra el camino a seguir. Maduro no será capaz de absorber el carisma de Hugo Chávez, no tiene la capacidad agitadora del difunto presidente; es una pieza débil en el ajedrez electoral. Es necesario que ocupe la presidencia para que a su favor pueda movilizar todos los recursos del gobierno en la breve campaña electoral que se avecina.

Otras de las razones que los chavistas deben haber considerado para decidir que Maduro ocupe la presidencia provisional en lugar del Presidente de la Asamblea Nacional es el dictado del artículo 229 que prohíbe que aspire a la presidencia el Vicepresidente Ejecutivo que, “en el día de su postulación o en cualquier momento entre esta fecha y la de la elección”, esté ocupando la vicepresidencia.

De este modo con la investidura  de Maduro en la presidencia se evade el escollo del artículo 229 logrado por una argucia judicial de carácter anticonstitucional y político. Ante esta decisión judicial que ataca los principios básicos de la Constitución, Enrique Capriles declaró: “Esa juramentación que se va a hacer ahora, en las condiciones que la están planteando esa es una juramentación espuria completamente”; y advirtió a los mandatarios que asistieron a los pomposos funerales del dictador: “El Tribunal Supremo de Justicia dicta una sentencia, y yo creo que es importante que ustedes que están aquí, el mundo, conozcan estos abusos, porque estos abusos están empujando todo a una línea muy delgadita que nadie quiere que se rompa”. Precisó el posible candidato único de la oposición a la Presidencia: “Hoy (viernes), día de dolor, el Tribunal, por lo visto la única institución que hoy laboró en el país, despachó una sentencia y ustedes dirían: bueno, es que la justicia no tiene día de fiesta. No, es que esto es una sentencia de contenido político, un fraude”.

Ciertamente se trata de un fraude burdo que se introduce al calor de la emotividad creada con los faustos del sepelio y del endiosamiento del caudillo al que se presentó cual si se tratara de un avatar de Simón Bolívar. De hecho y de derecho en Venezuela se ha producido un golpe de estado constitucional y la Constitución comienza a agonizar. Todos los actos que emprenda el actual gobierno, a partir de la juramentación de Nicolás Maduro como “Presidente Encargado”, estarán marcados como fraudulentos e ilegales; actos ejercidos por un gobierno usurpador.