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jueves, 26 de agosto de 2021

LOS AMOROSOS PUENTES DE LAZO CON DIAZ-CANEL

 

Mario J. Viera



Amor, ¡qué hermosa palabra, si hasta San Pablo habló de ella! En la Primera Carta a los Corintios (13: 4-13), el de Tarso dijo (versículo 7): “El amor todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta”; aunque en el versículo anterior, dejó dicho: [El amor] no se alegra de la injusticia, sino que se regocija con la verdad”. ¡Cuántos versos se han referido al amor! Amor por otra persona, por los hijos por los padres; amor entre amigos; amor por la profesión y, hasta amor por la patria y ese amor por la patria, lo definió José Martí ya desde su adolescencia: “El amor, madre, a la patria/ no es el amor ridículo a la tierra,/ ni a la yerba que pisan nuestras plantas./ Es el odio invencible a quien la oprime,/ es el rencor eterno a quien la ataca”.

En ocasiones, el amor nos enceguece. Si, se ha dicho muchas veces que, el amor es ciego, de tal manera que se cumple el apotegma del versículo 7 de Saulo de Tarso, que todo lo disculpa y que todo lo soporta. Esta condición del amor solo es válida en cuanto al amor filial o el amor de pareja, y hasta incluso en el amor entre amigos. Cuando se habla del amor patrio, ya todo cambia: ¡No puede aceptarse falacias y mucho menos cuando la patria está sometida a una tiranía! “Del tirano, dijo Martí, di todo, ¡di más!; y clava/ con furia de mano esclava/ sobre su oprobio al tirano”.

Cuba está bajo el dominio de una dictadura, una tiranía, que ya cumple más de seis décadas. Persecución, opresión, violación de todos los derechos civiles y políticos de los ciudadanos, es lo que soporta el cubano. Disentir, en Cuba es delito de lesa majestad. Condenar el mal manejo de la economía por parte de los usurpadores del gobierno cubano, imposible. La planificación centralizada por parte del gobierno ha demostrado que origina baja productividad laboral y baja producción de bienes de consumo. La gestión agraria, desde su producción hasta su distribución es del todo ineficiente y junto la degradación de gran parte de los suelos agrícolas debida a los pésimos métodos agronómica, el resultado es el desabastecimiento en la canasta familiar. Salarios de miseria, abandono de toda la infraestructura del país por la desidia gubernamental para priorizar a todo un organismo supraestatal como es el PCC y todas las instancias gubernamentales, administrativas y represivas, en unión con todo el descomunal aparato propagandístico del régimen, son las causas fundamentales de la miseria de todo el pueblo.

El embargo y las sanciones económicas impuestas por Estados Unidos al régimen de La Habana, contribuyen en parte a hacer más angustiante la vida de un pueblo que vive en tiranía. Es cierto, el embargo económico es ya obsoleto; las sanciones económicas no selectivas, son estúpidas e inoperantes en cuanto a desestabilizar a la dictadura; la Ley Helms-Burton un absurdo jurídico de la ultraderecha republicana. ¿Debiera haber una distención en las relaciones diplomáticas y comerciales entre Estados Unidos y Cuba? Sí, debiera ser, como debiera haber una distención del trato del gobierno usurpador que rige en Cuba con respecto a toda la población, para no reprimir el disenso; para escuchar todos los reclamos del pueblo, tanto los justos como los injustos. En Cuba sobran las cárceles y está de más un partido político único colocado por encima del Estado y de la sociedad.

¿Por qué la dictadura no prestó oídos a los reclamos del 11 de julio, en lugar de reprimirlos? ¿Por qué la dictadura no permite la libre formación de organizaciones opositoras? Pudiera una oposición legalizada y legítima ser una presión sobre el actual gobierno, pero en todos los países, verdaderamente democráticos, existe oposición que le hace presión al oficialismo, porque es natural, porque es consustancial con el derecho humano de poder decir no, cuando hay que decirlo. Si, me desagrada el embargo; pero me desagrada mucho más que la dictadura no ha despenalizado en su Código penal las figuras delictivas de “propaganda enemiga” y de “desacato”, y se adecue sobre principios que no violen derechos civiles las figuras de “asociación, reunión y manifestación ilícitas”,” clandestinidad de impresos” y “salida ilegal del territorio nacional”.

Me desagrada el embargo ─ esto es tema a definir por el Congreso de Estados Unidos ─, pero me desagrada mucho más los actos de la tiranía cubana. Hoy no es momento para intentar erigir puentes de amor hacia la dictadura cubana. Hoy los puentes de amor deben ser trazados solo a favor de los que luchan de verdad contra la dictadura; a favor de todos aquellos que se atreven a disentir; de todos aquellos que en multitudes de miles levantaron su reclamo de Patria y Vida.

¿Sentarse junto al dictador para hablar de amor, como acaba de hacer Carlos Lazo? Eso no es amor hacia Cuba, eso es acto de quintacolumnismo. Lazo puede ser un hombre honrado y decente; puede sentirse como un renovado Francisco de Asís; pero se equivoca en los métodos. Su reciente encuentro con Miguel Díaz-Canel es como tratar de lavarle la cara, como han hecho otros en algún que otro barrio habanero, o como han hecho los aduladores de la Plataforma Interreligiosa en Cuba o el Consejo de Iglesias de Cuba que han bendecido al usurpador.

Dice Carlos Lazo sobre la entrevista que sostuvo este miércoles con Miguel Díaz-Canel: “En el encuentro, conversamos sobre temas referentes a los cubanos que residen en el exterior, así como la necesidad de implementar políticas que beneficien la relación de los emigrados con la nación. De manera respetuosa, se discutieron diversos tópicos que incluyeron los pasaportes cubanos, las restricciones de viajes de 8 años y otros asuntos que atañen a los cubanos que viven fuera y dentro de Cuba (…) Se reiteró la necesidad de que los que aman y construyen trabajen juntos para levantar las sanciones que asfixian al pueblo cubano”. Por supuesto está que Lazo no tuvo el coraje ─ o fue un olvido suyo ─ de pedirle al dictador que liberara a los detenidos y sancionados por los sucesos del 11 de julio. Por supuesto está que Lazo no tuvo el coraje ─ o también fue otro olvido suyo ─ de pedirle al dictador que levantara las directivas del PCC que asfixian al pueblo cubano.

Muy feliz salió Lazo de su encuentro en la sede del Comité Central del PCC con el dictador sustituto, si hasta se retrató felizmente junto a un complaciente Díaz-Canel que hasta fue tan afable de colocar su brazo sobre sus hombros. “Salimos de este encuentro llenos de esperanzas. Aquí, allá o acullá, seguiremos construyendo #PuentesDeAmor con todos y para el bien de todos”, resumió un muy entusiasta Carlos Lazo.  

Y dice el Granma sobre el amoroso encuentro entre el dictador sustituto Miguel Díaz-Canel y el amoroso profesor Lazo: “El Primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y Presidente de la República, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, sostuvo este miércoles un encuentro con Carlos Lazo, líder del proyecto Puentes de Amor, grupo que fomenta la solidaridad con la nación antillana desde Estados Unidos”. Y agrega Granma: “A través de su perfil en Twitter, el Jefe de Estado catalogó de fructífero el encuentro con el líder de la organización de solidaridad, quien, señaló el mandatario «desde el amor a la Patria, continúa construyendo puentes de amor (…) La lucha por eliminar las restricciones que pesan sobre el normal desarrollo de las relaciones familiares a ambos lados del estrecho de la Florida y contra el bloqueo constituyen el eje fundamental del proyecto encabezado por Lazo, también empeñado en llevar la realidad cubana al pueblo estadounidense”. Así que este es uno de los empeños de Lazo, pero hay que preguntar ¿Cuál realidad cubana, la verdadera y real, o la que quiere presentar como tal el régimen?

Y dijo Miguel Díaz-Canel en un tuit: “Sostuve fructífero encuentro con Carlos Lazo, quien, desde el amor a la Patria, continúa construyendo #PuentesDeAmor. #Cuba continuará fortaleciendo los vínculos con los cubanos en el exterior, como parte de un proceso invariable e indetenible”. ¿Cuáles cubanos, Miguelito?

¿No era acaso “el opio de los pueblos”?

 

Mario J. Viera

 


Fue Karl Marx, quien, en su Contribución a la Crítica de la Filosofía del Derecho de Hegel, comparó a la religión con el efecto narcotizante del opio. Marx expuso en ese trabajo: “La religión es el alivio de la criatura oprimida, el sentimiento de un mundo sin corazón y el espíritu de un estado de cosas desalmado. Es el opio del pueblo.

Parece ahora que el dictador sustituto en el régimen del Partido Comunista de Cuba, Miguel Díaz-Canel ha llegado a las mismas conclusiones que el teórico del comunismo científico; pero partiendo de otra concepción menos despectiva y más pragmática: “Somos parte de un mismo pueblo ─ afirmó el primer secretario del PCC en un encuentro “que bendijo a Cuba” realizado en la sede del Comité Central del PCC ─, somos parte de un mismo proyecto que defendemos y con el cual nos sentimos comprometidos, y somos parte también de la convicción de que podemos tener un país mejor”.

Allí estaban bendiciendo al dictador un grupo ilustradísimo de líderes religiosos, agrupados en la Plataforma Interreligiosa en Cuba, una abigarrada combinación de corrientes religiosas, mayoritariamente de cultos evangélicos, junto a espiritistas, la Asociación Cultural Yoruba, el Cabildo Arará de santeros y practicantes palo monte, la Coordinadora de la Comunidad Hebrea de Cuba y las exóticas Soka Gakkai y la Comunidad Bahá'í. Feliz tuvo que sentirse Díaz-Canel cuando los miembros religiosos de apoyo y sostén propagandístico de la dictadura le pidieron permiso para llamarle “Hermano Miguel”.

¡Claro que se sentía feliz con los actos aduladores conque le colmaron!; si hasta anota en un tuit: “Fue un encuentro enaltecedor y confirmó que todos somos parte de un mismo pueblo y trabajamos por un país mejor”. Decididamente todos son agentes de la dictadura del PCC y es útil recordar sus nombres.

Allí, agradeciéndole al dictador el “espacio brindado para el intercambio de ideas”, estaban Enrique Alemán Gutiérrez, coordinador de la Plataforma Interreligiosa quien se ofreció su total identificación con el usurpador del gobierno de Cuba: “Usted cuente con el pueblo religioso cubano, Presidente, en toda la extensión de la palabra, y diga qué más tenemos que hacer”, la misma condigna que le exigieron a los brigadistas alfabetizadores al cierre de aquella campaña: “¡Fidel, Fidel, dinos que otra cosa tenemos que hacer!” También en el coro de aduladores estaba Gisela Lucrecia Braña Fernández, directiva de la asociación espiritista Quisicuaba: “Estamos dispuestos a cumplir cualquier tarea que la Patria y la Revolución necesiten”, le aseguró al secretario general del PCC; también Norberto Quesada Rodríguez, presidente de la Convención Evangélica de Cuba Los pinos nuevos; Paúl Prieto González y Joannet Delgado de la Guardia, ambos dirigentes de la Soka Gakkai de Cuba; Roberto Padrón Silva, presidente de la Asociación Cultural Yoruba de Cuba; David Prinstein, vicepresidente de la Coordinadora de la Comunidad Hebrea de Cuba; José Knights Rodríguez, presidente del Cabildo Arará; y Rosa Maday García García, vicepresidenta de la Iglesia de Dios en Cristo y de la Confraternidad de Pastores y Ministros Evangélicos de Cuba. Sus centros religiosos verdaderos fumaderos del opio que adormece conciencias.

Pero este no es el único encuentro que Díaz-Canel ha tenido con grupos religiosos. También, antes, el 7 de agosto, casi un mes después de los sucesos del 11 de julio, el dictador tuvo un encuentro con el deprimente Consejo de Iglesias de Cuba para, según dijera hablar de fe y esperanza: “Sostuvimos enaltecedor encuentro con miembros del Consejo de Iglesias de Cuba y líderes ecuménicos. Hablamos de fe y esperanza, de cuánto podemos seguir haciendo juntos por el bien de la patria”, comentó el actual primer secretario del PCC. En ese encuentro Díaz-Canel impuso, al muy fiel al servicio de la dictadura pastor Raúl Suárez Ramos, la Orden Félix Varela de Segundo Grado

Esta organización de masas de nuevo tipo, la Plataforma Interreligiosa Cubana, fundada el 12 de septiembre del 2011, al igual que el resto de esas denominadas organizaciones de masas creadas por la dictadura, es simplemente una de tantas correas de transmisión de las “orientaciones” del PCC, y un complemento de lo que ha sido desde abril de 1990 el lamentable Consejo de Iglesias de Cuba y su dirección por los pastores Raúl Suárez y Pablo Odén Marichal siempre tan solidarios con las directivas de la dictadura. Realmente, tanto el Consejo de Iglesias de Cuba como la Plataforma Interreligiosa Cubana son parte del mismo proyecto que defiende el Partido Comunista de Cuba, como lo hizo claro el dictador sustituto.

Muy noble la Plataforma Interreligiosa, si hasta “denuncia que la injusticia de los poderosos contra los pobres y los humildes es ejercida a través de métodos opresivos y de terror para infundir el miedo y la sumisión”, como lo deja declarado en su página oficial; y en esto se funda el gran sofisma que la alienta. Propuesta hipócrita, porque antes que bendecir al gobierno usurpador, los participantes en el encuentro amable con Miguel Díaz-Canel, debieron bendecir a esos miles de cubanos pobres y humildes que el 11 de julio salieron a las calles reclamando libertades; debieron denunciar ante el dirigente del PCC, la injusticia que su régimen ejerce sobre el pueblo cubano a través de sus métodos opresivos de terror para infundir el miedo y la sumisión que le permita continuarse en el poder usurpado.

Ver a esos religiosos bendiciendo a un tiranía nos impone la paradoja de coincidir con algo expresado por Karl Marx… “opio de los pueblos”

jueves, 3 de diciembre de 2020

ANTE LA AMENAZA QUE HOY EL GOBIERNO DEL PCC REPRESENTA PARA LA LIBERTAD DE CUBA

 

Mario J. Viera

 


La posibilidad de implementar los postulados del artículo 4 de la Constitución de 2019.

La respuesta al reto del 27 de noviembre, la acaba de dar Granma en su editorial del 1 de diciembre: “¿Qué letra de ley tiene autoridad mayor que la que otorga la legitimidad, cuando es escrita y votada por la abrumadora mayoría del pueblo que la promulga para sí, para su bienestar, para afirmar su presente y blindar el futuro de sus hijos?” 

En este editorial el referente es el Artículo 4 de la fraudulenta Constitución, que convierte en actividad anticonstitucional toda aquella realizada en contra de la irrevocabilidad del socialismo.  La amenaza está implícita. La llamada a reprimir, a levantar parte del pueblo contra otra parte del pueblo, contra todo aquel que intente, o quizá solo se presuma, “intente derribar el orden político, social y económico establecido por esta Constitución”.

Disentir, en Cuba, constitucionalmente es un grave delito, es algo así como traicionar la patria. No hay otro modo de entender los alcances del Art. 4. Ya están dando los primeros pasos en la escalada represiva, reflejando claramente el pánico infundido al PCC por la digna protesta de 300 jóvenes artistas e intelectuales con su plantada ante el Ministerio de Cultura. Las bestias cuando se sienten amenazadas lanzan zarpazos. De inmediato detienen y se llevan presos a Tania Bruguera y a Luis Manuel Otero Alcántara. Y ponen al “pueblo” en la calle en defensa de “su” ‘revolución”, de su sistema del socialismo fascista, como en la payasada del Parque Trillo y de la camiseta con la bandera cubana que vestía el pelele del Buró Político del PCC, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, que habla y dice, como cualquier otro canalla populista: “El pueblo cubano está en la calle, no admitimos injerencias de nuestros enemigos. Los problemas nuestros los resolvemos entre nosotros”.

Tienen miedo de que el pueblo, el verdadero, no el representado en la payasada del Trillo, está perdiendo el miedo; y se aprovechan de la politiquería de Donald Trump y de la influencia que han ganado los trumpistas dentro de un importante sector oposicionista de Cuba, para presentar a todos los que osen levantan su voz de denuncia como agentes del imperialismo yanqui, como “con su farsa de mercenarios pagados de San Isidro, acaecida en días recientes, y la secuencia de manipulaciones y hechos asociados con el declarado fin de desestabilizar a Cuba socialista”, referencia cínica a la huelga de hambre de los activistas de San Isidro y a la plantada frente al MINCULT del 27 de noviembre.

Entonces, Granma resucita a Fidel Castro para condenar los actos de dignidad de un grupo de jóvenes que adelantan ante un funcionario de la dictadura sus reclamos y sus demandas: “No van a desmoralizarnos, no nos van a amedrentar. ¡No le vamos a dar garantías a la contrarrevolución, que es lo que quieren!”. Definitivamente el régimen tiene miedo y va a atacar, aprovechándose de la debilidad presente dentro del movimiento opositor, dormido en los sueños de un Donald Trump liberador; de un movimiento opositor que ha descuidado insensatamente la labor del proselitismo, el de la organización, el de seguir mirando hacia afuera sin mirar hacia dentro; sin aglutinar pueblo y juventudes.

Hoy Cuba está al borde de convertirse en una Corea del Norte a solo 90 millas de la Florida. ¿Quién le detendrá las manos? ¿Cuba decide? ¿El Directorio Democrático? ¿Somos Más? Esos solo se han dedicado a hablar, a implorar apoyo en instancias internacionales; en alabar y sacralizar a Donald Trump, y vivir de sus jugosos grants federales. 

Como bien se hace observar en Diario de Cuba, el Artículo 4 de la fraudulenta Constitución de 2019 “no solo legitima la persecución política y la represión policial y judicial, sino que autoriza al resto de los ciudadanos a emplear la violencia contra cualquier opositor pacífico, defensor de derechos humanos, periodista independiente o artista, que se oponga al Estado socialista”.

Mientras tanto, el régimen criminal y traidor cubano mantiene asiento en el Consejo de Derechos Humanos de la ONU, y Rusia, y China, Irán y Turquía le dan todo su apoyo.

viernes, 31 de agosto de 2018

Del Sistema de Gobierno que se establece por el Proyecto de Constitución


Mario J. Viera



Si fuéramos a definir cuál es el tipo de régimen político, que el Proyecto de Constitución reseña para el sistema de gobierno en Cuba, tendríamos ante nosotros una abigarrada estructura donde se mezclan con el sovietismo algunas manifestaciones de parlamentarismo y de semipresidencialismo y, al mismo tiempo, no ser nada de ello en específico. Del sovietismo, la presencia de un órgano “supremo” del poder, la Asamblea Nacional del Poder Popular, copia fiel de lo que fuera el Soviet Supremo, y el remedo del Presidium, el Consejo de Estado, así como el poder universal del Partido único; del parlamentarismo la estrecha intercomunicación entre el legislativo y el poder ejecutivo, en cuanto el jefe de gobierno y su gabinete forman parte del legislativo, y la existencia del poder compartido de un Jefe de Estado y de un Jefe de Gobierno; del semipresidencialismo, el sistema ejecutivo dual y la amplia red de facultades de la que goza el Jefe de Estado.

Al mismo tiempo hay marcadas diferencias entre el régimen político que pergeña el Proyecto de Constitución y los diferentes sistemas de los que ha tomado inspiración. Si en el sovietismo existe la dualidad de que el Presidente del Consejo de Ministros es al mismo tiempo presidente del Consejo de Estado, por el Proyecto, esta dualidad de funciones desaparece y quedan separadas la dirección del Consejo de Ministros y la del Consejo de Estado, por lo que se desprende del Art. 116 al especificar que “El Presidente, el Vicepresidente y el Secretario de la Asamblea Nacional del Poder Po­pular, lo son a su vez del Consejo de Estado”; además el Art. 106 que enumera las facultades del Presidente de la Asamblea Nacional, en su inciso b) señala claramente que este preside tanto las  sesiones de la Asamblea como las del Consejo de Estado.

Con el semipresidencialismo se diferencia en cuanto a la elección del Presidente de la República, pues este no es electo directamente por el voto popular, sino electo por la Asamblea Nacional (Art. 104, a) “de entre sus diputados” (Art. 121). No obstante la diferencia más determinante entre el régimen al que propende el Proyecto Constitucional y los de tipo parlamentario o semipresidencial está en que estos se fundan en el pluralismo político y en la existencia de dos o más partidos que compiten entre sí por el acceso al poder, en tanto que, en el sistema de monopartidismo no hay competencia política, no existe en realidad la política y el Estado que se funda sobre los presupuestos del partido único carece de toda legitimidad aunque se le intente justificar con un documento constitucional que le ampare y le rija, que simplemente es solo un disfraz de Constitución.

El Primer Ministro, de acuerdo al Art. 135 es el jefe de gobierno y a propuesta del presidente de la República es designado, como tal por la Asamblea Nacional del Poder Popular (Art. 136). Este jefe de gobierno está subordinado al Presidente de la República y a la Asamblea Nacional del Poder Popular “a los cuales rinde cuenta e informa de su gestión” (Art. 137). Obligatoriamente, para ser electo como Primer Ministro se requiere que este sea diputado de la Asamblea Nacional. Si al Presidente de la República le corresponde “representar al Estado y dirigir su política general” (Art. 123 b), al Primer Ministro solo le corresponde la representación del Gobierno (Art. 139 b). Si al Primer Ministro le corresponde “convocar y dirigir las sesiones del Consejo de Ministros o de su Comité Ejecutivo” (Art. 139 c), el Presidente de la República tiene la capacidad de presidir ambas instancias (Art. 123 v); además, el Presidente de la República “por derecho propio” participa en las reuniones del Consejo de Estado (Art. 123 u), en cambio el Primer Ministro no puede formar parte ni participar en el Consejo de Estado de acuerdo con lo estipulado en el Art. 116 que prescribe tajantemente que los miembros del Consejo de Ministros no pueden integrar el Consejo de Estado.

Cuando se analizan las prerrogativas tanto del Presidente de la República, Jefe de Estado ─ que en los sistemas parlamentarios es solo una figura representativa y protocolar ─, como la del Primer Ministro, o Jefe de Gobierno, tal y como las dispone el Proyecto de Constitución, queda claro que existe una división de funciones dentro del Ejecutivo, donde al Primer Ministro le corresponden las administrativas, en tanto que el Presidente encarna todo el poder político del gobierno. El jefe de gobierno funciona con las prerrogativas de un simple gerente. De cierta manera, parece que el ponente del proyecto de constitución habría tomado como fuente de inspiración la Constitución de la V República de Francia para describir las funciones no compartidas del Presidente de la República y del Primer Ministro.

El Art. 8 de la Constitución de Francia declara que es el Presidente de la República quien nombra al Primer Ministro (coincidente con el enunciado del Art. 136 del Proyecto de Constitución).

Art. 9 C. f.: “El Presidente de la República presidirá el Consejo de Ministros”. Tal y como establece el Art. 123 v) del Proyecto constitucional.

Art. 14 C. f.: “El Presidente de la República acreditará a los embajadores y enviados extraordinarios ante las potencias extranjeras; los embajadores y enviados extraordinarios extranjeros estarán acreditados ante él”. Capacidad esta que el Art. 123, incisos o y p del Proyecto de Constitución le reconoce al Jefe de Estado, aunque presentada como propuesta del presidente ante el Consejo de Estado, algo muy parecido con el procedimiento que se sigue en los Estados Unidos para el nombramiento de embajadores donde el nominado por el presidente debe ser confirmado por el Senado, con la diferencia de que el Senado de Estados Unidos puede rechazar al candidato y en el caso del Consejo de Estado es solo un procedimiento formal.

Art. 15. C. f.: “El Presidente de la República es el jefe de las Fuerzas Armadas. Presidirá los consejos y los comités superiores de defensa nacional”. El Art. 123 del Proyecto de Constitución establece en su inciso h) que el Presidente de la República desempeña la Jefatura Suprema de las instituciones armadas y deter­mina su organización general; por otra parte, el inciso i) le concede al Presidente “presidir el Consejo de Defensa Nacional y proponer a la Asamblea Nacional del Poder Popular o al Consejo de Estado, según proceda, declarar el Estado de Guerra o la Guerra en caso de agresión militar”. Además, por el inciso j) de este artículo, el presidente puede “decretar la Movilización General cuando la defensa del país lo exija, así como declarar el Estado de Emergencia y la Situación de Desastre, en los casos previstos en la Constitución, dando cuenta de su decisión, tan pronto las circunstancias lo permitan, a la Asamblea Nacional del Poder Popular o al Consejo de Estado...”. Esta misma prerrogativa le corresponde al Presidente de Francia otorgada por el Art. 16 de su Constitución, aunque con la previsión de “previa consulta oficial con el Primer Ministro, los Presidentes de las Cámaras y el Consejo Constitucional”, este último, órgano judicial no establecido en el Proyecto de Constitución.

El inciso c, del Art. 123 del Proyecto de Constitución le confiere al Presidente de la República la facultad de “dirigir la política exterior, las rela­ciones con otros Estados y la relativa a la defensa y la seguridad nacional”. En la mayoría de las legislaciones constitucionales se establece que el Jefe del Gobierno tiene como atribución y obligación suya, además de dirigir la política general del Gobierno, administrar la Hacienda Pública velar por el orden interno y la seguridad exterior de la República, la de dirigir la política exterior y las relaciones internacionales, capacidad que el Proyecto solo le reconoce al jefe de Estado.

Podemos concluir que, de hecho, y teniendo en cuenta los enunciados del Art. 5 del Proyecto de Constitución con los enunciados de sus artículos 123 y 139, este último que establece las facultades del Primer Ministro, que el poder central de la República tiene carácter tripartito con el Primer Secretario del Buró Político del Partido Comunista de Cuba a la cabeza y los cargos de jefe de Estado y de Gobierno en el segundo escalón del poder, aunque con la preminencia del Jefe de Estado sobre el del Jefe de Gobierno.

Hasta ahora, y hasta que no se apruebe la nueva Constitución, Miguel Díaz-Canel se mantendrá al frente del ejecutivo como Presidente del Consejo de Ministros y del Consejo de Estado. Se ha dado el inusual caso, en la Cuba del castrismo de que el Gobierno de Cuba por primera vez esté presidido por un personaje, primero que no es un Castro, segundo que no es el Primer Secretario del Partido Comunista y tercero que no es uno de los “históricos”, ya que nació cuando el castrismo llevaba algo más de un año en el poder. Mientras Raúl Castro, que le entregó las riendas del poder a Díaz-Canel de puro grado, esté al frente del Partido Comunista de Cuba, presumible y supuestamente hasta la conclusión de VIII Congreso del Partido en 2021, Díaz-Canel, que es también miembro del Buró Político del Partido Comunista, estará bajo su tutela, guía y amparo. Pero como adelantó Arturo López-Levy (Cuatro claves del cambio presidencial en Cuba. esGlobal. Org, 19 de marzo de 2018), “El balance de poder que hereda, con Raúl Castro como actor de veto desde su permanencia en la primera secretaria del PCC hasta 2021 y mientras viva por su rol revolucionario fundador del PCC y las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), la hostilidad anticipada por Estados Unidos bajo Donald Trump y los propios intereses de elite que representa, empujan a Díaz-Canel a la cautela”. Pero la cautela con la que Díaz-Canel pueda actuar no es precisamente la que tiene en mente López-Levy, si no la necesaria para mantener la confianza de Raúl Castro y ganar, si fuera posible, el cargo supremo de la primera secretaría del Buró Político, esto solo posible si Raúl Castro mantuviera su palabra de mantenerse al frente del Partido solo hasta el final del VIII Congreso y él mismo le propusiera como su sustituto. Raúl Castro, que ha probado ser más pragmático que ideólogo, está desarrollando un experimento, probando la capacidad del Delfín para decidir si este será continuador de su legado y si podrá dejar en sus manos la alta dirección del Partido y del Estado.

miércoles, 25 de julio de 2018

En vísperas de un nuevo engendro constitucional


Una sociedad en la que la garantía de los derechos no está asegurada, ni la separación de poderes determinada, no tiene Constitución.
Asamblea Nacional Constituyente (Francia), 26 de agosto de 1789.



Mario J. Viera

El castrismo quiere “renovarse” y atemperarse a los tiempos, y en tal propósito, desde la cúpula del Buró Político del Partido comunista, surgió la iniciativa de elaborar un proyecto de Constitución política que reformara, prácticamente de manera, total la vigente constitución de corte estalinista. Así después de muchos análisis dentro del Buró Político y dentro del Consejo de Estado, que para el caso es casi lo mismo, quedó elaborado un anteproyecto de Carta Magna, que posteriormente, luego de una sesión de solo tres días de la Asamblea Nacional del Poder Popular fué unánimemente aprobado como proyecto constitucional.

Ahora, el proyecto se someterá muy “democráticamente” a la “consulta popular” en un maratón de agotadoras y aburridas reuniones de CDR, asambleas laborales, nucleos del partido y secciones sindicales a lo largo de tres meses, desde el 13 de agosto hasta el 15 de noviembre. Quizá en esos encuentros, alguien dará lectura a los 224 artículos del proyecto agrupados dentro de 11 títulos, 24 capítulos y 16 secciones; algunos no podrán disimular un bostezo de aburrimiento o se distraerán conversando de cualquier cosa con el que a su lado se siente; pero luego, todos levantarán la mano cuando se pida: “El que esté de acuerdo con el Proyecto que levante la mano”. ¡Magnífico, el proyecto se aprueba por unanimidad! No obstante, en algún que otro sector más intelectualizado alguien pronunciará alguna propuesta, quizá para mejorar el estilo o para redondear una de las ideas expresadas en el documento.

Según el oficialista Granma, un denominado “Grupo de Trabajo”, bajo la dirección de Raúl Castro y la “asesoría de varios especialistas” se dispuso a darle cumplimiento al acuerdo tomado el 29 de junio del 2014 por el Buró Político del Partido Comunista con vistas a elaborar “las bases legislativas” para la reforma de la Constitución. Luego de someterse al criterio del Buró Político y al Pleno del Comité Central, el 2 de junio del presente año la Asamblea Nacional accedió que se iniciara “el proceso de Reforma Constitucional y aprobar como primer paso la creación de una Comisión para estos fines”. Por supuesto para tal comisión, fueron seleccionados y aprobados 33 diputados de la Asamblea Nacional. No hacía falta convocar a una Asamblea Constituyente, porque, al fin y al cabo, la Asamblea Nacional tiene tanto la potestad legislativa como la constituyente.

Para la gran mayoría de los especialistas en Derecho Público y Constitucional, la Constitución política de un Estado es la manifestación de un contrato social que ejerce el pueblo en uso de su soberanía. En este caso concreto de reforma constitucional no es el pueblo el soberano; porque no está representado en todos sus diversos componentes políticos e ideológicos al ejercitarse el poder constituyente y solo una parte del mismo está representado en la voluntad del Partido comunista. Como H. Heller, citado por Elisur Arteaga Nava (Temas de teoría constitucional), indica: “La soberanía supone (...) un sujeto de derecho capaz de voluntad y de obrar que se impone regularmente a todos los poderes organizado o no que existen en el territorio; lo que significa que tiene que ser un poder de ordenamiento territorial de carácter supremo y exclusivo...”, y en este caso ese poder se concentra en el Buró Político del Partido comunista, colocado por encima del Consejo de Estado del Consejo de Ministros y, sobre todo, por encima de la sociedad.

El Proyecto define al Estado castrista como un estado socialista de derecho, democrático, independiente y soberano, organizado con todos y para el bien de todos, como república unitaria e indivisible, fundada en el trabajo, la dignidad y la ética de sus ciudadanos, que tiene como objetivos esenciales el disfrute de la libertad política (sic)      

Es del todo incorrecto calificar de democrático al “estado socialista de derecho” existente en Cuba, colocado bajo la férula del Partido Comunista, cuando en él se proscribe la oposición política y cualquier otra ideología u opiniones que contradigan a la posición oficial; se trata, por tanto, no de una democracia, sino de una monocracia, la del poder incompartido y absoluto del Buró Político del Partido Comunista. Aunque refiriéndose a la constituyente que ha impuesto Nicolás Maduro para reformar la Constitución de 1999, el experto en derecho constitucional venezolano Allan Brewer-Carías declaró en entrevista para Diario Las Américas 16 de mayo de 2017: “¿por qué se va a rechazar la participación de los partidos políticos? Los partidos están llamados a orientar la vida política de un país y tienen derecho de participar como cualquier ciudadano. No se puede establecer una Constituyente con base a una visión exclusivista y discriminatoria”.

Miguel Díaz-Canel Bermúdez, también según el Granma, declaró ante la Asamblea Nacional, el pasado 2 de junio, que el cometido de la comisión era tratar de analizar el impacto que en el orden constitucional tienen los cambios (¿?) que se han venido experimentando, de evaluar cuestiones que se requieren incorporar al texto constitucional, en virtud de nuestras experiencias en la construcción del socialismo, y de estudiar procesos constitucionales desarrollados en diversos países, así como de profundizar en aspectos de nuestra historia y tradición constitucional. Se trata, como dijera Castro el pequeño, de un intento de dejar atrás el lastre de la vieja mentalidad (...) sin abandonar, ni por un instante, el legado martiano y la doctrina del marxismo-leninismo que constituyen el principal fundamento ideológico de nuestro proceso revolucionario”.

Creo que debo hacer una acotación a lo referido en el párrafo anterior. Hablar en estos tiempos sobre las experiencias en la construcción del socialismo, algo que, colmado de fracasos, nunca se ha llegado a su conclusión, como si se tratara del martirio de Tántalo, siempre amenazado de ser aplastado por la roca que pende sobre él y siempre imposibilitado de tomar una fruta o sorber un poco de agua porque al intentarlo de él se apartaban. Es totalmente ridículo. ¿Y cuáles son los procesos constitucionales que se emplearon como elementos en la composición del nuevo engendro constitucional? El propio Granma lo aclara: en primer lugar, las constituciones, del entorno latinoamericano, como las de Venezuela, Bolivia y Ecuador, surgidas del frustrado movimiento del Socialismo Siglo XXI, que consideran como “lo más avanzado del constitucionalismo en la región”. Otros modelos constitucionales fueron base de estudio para el remozamiento de la sovietizante Constitución de 1976, “como el de Vietnam y China”. Es como lo que el politólogo e historiador cubano miembro de Amnistía Internacional y profesor de la Universidad de Guanajuato Armando Chaguaceda le expresara al diario El País: “La reforma es cambio y continuidad, pero con más continuidad que cambio. El régimen político no tiene visos de cambio y no se toca el corazón del sistema monopartidista”.

Parece ser que Miguel Díaz-Canel no tiene ni la mínima idea de lo que está diciendo cuando refiere que se pretende profundizar en la tradición constitucional de Cuba, aunque el Granma matizó este aspecto cuando anotó que de “manera particular esta labor conllevó un estudio de nuestra historia constitucional, especialmente de la Constitución de 1940, la Ley Fundamental de 1959 y la actual Constitución de la República”. Siempre la Constitución de 1940 como referente obligatorio para hacer más digerible el bodrio constitucional. La tradición constitucional a la que se refirió Díaz-Canel es solo la surgida a posteriori de l959, cuando, de manera inconstitucional se impusieron numerosas reformas a la Constitución de 1940 y, también de manera inconstitucional, sustituyeron la carta del 40 por la denominada Ley Fundamental para, posteriormente reincidir en la inconstitucionalidad en la redacción de la vergonzosa Constitución de 1976.

Parece ser una crítica planteada por el Castro pequeño al modo de gobernar de su hermano cuando pidió “dejar atrás el lastre de la vieja mentalidad”. Él es ahora el máximo y quiere dejar planteada su propia impronta y dejar un legado de pragmatismo, y todo ello “sin abandonar, ni por un instante, el legado martiano y la doctrina del marxismo-leninismo”. ¿El legado martiano? Parece olvidar, cuando insiste en la doctrina del obsoleto marxismo-leninismo, que Martí rechazó una tal idea para ser plasmada en un texto constitucional.

En Escenas Americanas, un texto donde Martí ponderaba positivamente la Constitución de los Estados, había anotado, de manera tajante: “Una Constitución es una ley viva y práctica que no puede construirse con elementos ideológicos”. Hipócritamente en el Preámbulo de la vigente Constitución se reproduce aquella afirmación martiana dicha en el discurso que pronunciara en el Liceo Cubano en Tampa el 26 de noviembre de 1891: “yo quiero que la ley primera de nuestra república sea el culto de los cubanos a la dignidad plena del hombre”, quizá esta frase se reproduzca en el nuevo proyecto constitucional. Es que el Apóstol entiende por dignidad plena el rechazo al “peligro grave de seguir a ciegas, en nombre de la libertad, a los que se valen del anhelo de ella para desviarla en beneficio propio”; dignidad es el respeto a la “opinión franca y libre por sobre todas las cosas”, lo que condena el castrismo que solo permite como legítima su propia opinión. Y afirmó Martí: “O la república tiene por base el carácter entero de cada uno de sus hijos, el hábito de trabajar con sus manos y pensar por sí propio, el ejercicio íntegro de sí y el respeto, como de honor de familia, al ejercicio íntegro de los demás; la pasión, en fin, por el decoro del hombre, o la república no vale una lágrima de nuestras mujeres ni una sola gota de sangre de nuestros bravos”. Y dice Martí en este mismo discurso: “Para verdades trabajamos, y no para sueños. Para libertar a los cubanos trabajamos, y no para acorralarlos. ¡Para ajustar en la paz y en la equidad los intereses y derechos de los habitantes leales de Cuba trabajamos, y no para erigir, a la boca del continente, de la república, la mayordomía espantada de Veintimilla, o la hacienda sangrienta de Rosas, o el Paraguay, lúgubre de Francia!” Y dijo más Martí, y se refirió a “aquel robo al hombre que consiste en pretender imperar en nombre de la libertad por violencias en que se prescinde del derecho de los demás a las garantías y los métodos de ella. [...] ¡Valiera más que no se desplegara esa bandera de su mástil, si no hubiera de amparar por igual a todas las cabezas!” Y esto es lo que él entiende que la República sea “con todos y para el bien de todos”.

Y sobre Marx ¿qué dijo José Martí?: “Como se puso del lado de los débiles merece honor. Pero no hace bien el que señala el daño y arde en ansias temerosas de ponerle remedio, sino el que enseña remedio blanco al daño”. Luego, refiriéndose a la lucha de clases, agrega el Apóstol: “Espanta la tarea de echar a los hombres sobre los hombres”. Y sobre el socialismo ¿qué dijo? Se adhirió a los criterios de Herbert Spencer y anotó: “La Futura Esclavitud se llama este tratado de Herbert Spencer. Esa futura esclavitud, (...) estudia Spencer, es el socialismo. [...] De ser siervo de sí mismo, pasaría el hombre a ser siervo del Estado. De ser esclavo de los capitalistas, como se llama ahora, iría a ser esclavo de los funcionarios. Esclavo es todo aquel que trabaja para otro que tiene dominio sobre él; y en ese sistema socialista dominaría la comunidad al hombre, que a la comunidad entregaría todo su trabajo”. Entonces ¿de qué legado martiano se está hablando?

¿Propuestas nuevas en el Proyecto de Constitución? Se habla, en materia de justicia y el debido proceso, la presunción de inocencia, el proceso de Habeas Corpus elevado a categoría constitucional y la necesidad de asistencia jurídica para la defensa. Así como “la reinserción social de las personas privadas de libertad; ser tratados con respeto a su dignidad e integridad síquica, física y moral, así como ser procesado y condenado por tribunal competente, independiente, imparcial (¿?) y preestablecido legalmente”. Por otra parte, se ratifica que el Tribunal Supremo Popular rinde cuenta ante la Asamblea Nacional del Poder Popular de los resultados de su trabajo y que los magistrados y jueces legos del Tribunal Supremo Popular son elegidos por la Asamblea Nacional del Poder Popular o el Consejo de Estado. Entonces, ¿cómo se puede hablar de independencia e imparcialidad de los tribunales. Nada se dice sobre el establecimiento de un Tribunal Constitucional. De hecho, en la Constitución base se establece que la interpretación de las leyes y la decisión de inconstitucionalidad les corresponde a la Asamblea Nacional del Poder Popular. En Manual de Derecho Constitucional, Juan Vicente Sola, refiriéndose a las cortes o tribunales constitucionales, expone:

“Una Constitución sin una corte de Justicia que imponga su interpretación y la efectividad de la misma aun en los casos cuestionados, es una Constitución sin un contenido jurídico estricto, que asocia su suerte a la del partido en el poder que impone, por simple prevalencia fáctica, la interpretación que en ese momento le conviene”.

(Continuará)

viernes, 24 de noviembre de 2017

Un año sin Fidel

Carlos Alberto Montaner



Hace un año que se anunció la muerte de Fidel. Parece un siglo. Durante más de una década, desde el 26 de julio del 2006 hasta el 25 de noviembre de 2016, vivió con un pie en la tumba. Esa agonía en cámara lenta le fue muy útil a su hermano Raúl. Le sirvió para atornillarse en la poltrona presidencial y para que los cubanos se adaptaran a su control, mientras él se afianzaba en el poder y situaba a gente de su confianza.

Raúl es el presidente porque así lo decidió Fidel. Le parecía una persona mediocre, sin lecturas y sin carisma, pero absolutamente leal, una virtud que los paranoicos valoran por encima de todas las demás, así que le fabricó la biografía para convertirlo en su escudero. Lo arrastró a la revolución. Lo hizo Comandante. Lo hizo Ministro de Defensa. Lo hizo vicepresidente y, por último, le dejó el poder en herencia iniciando la dinastía de los Castro.

Desde entonces Raúl gobierna con su entorno familiar. Con su hija Mariela, una inquieta y lenguaraz sexóloga. Con su hijo, el coronel Alejandro Castro Espín, formado en las escuelas de inteligencia del KGB. Con su nieto y guardaespaldas, Raúl Guillermo Rodríguez Castro (hijo de Déborah). Con su yerno o ex yerno (no se sabe si sigue casado con Déborah o se divorció), el general Luis Alberto Rodríguez López-Calleja, Jefe de GAESA, el principal holding de los militares cubanos.

Ésa es la gente que gobierna junto a Raúl, pero tienen tres problemas gravísimos. Él más importante es que en Cuba quedan muy pocos creyentes en el sistema. Sesenta años de desastre son demasiados para mantener la fe en ese disparate. El propio Raúl perdió la confianza en el sistema en los años ochenta del siglo pasado cuando despachó a muchos oficiales a centros europeos a aprender técnicas de gerencia y mercadeo.

¿Para qué los militares cubanos debían dominar esas disciplinas? Para implementar el “Capitalismo Militar de Estado”, único y devastador aporte intelectual cubano al poscomunismo. El Estado se reserva las 2500 empresas medianas y grandes del aparato productivo (hoteles, bancos, fábricas de ron, cerveza, cementeras, siderúrgicas, puertos y aeropuertos etc.) dirigidas por militares o exmilitares de alto rango. Cuando no pueden explotarlos directamente por falta de capital o de conocimientos, se asocian a un empresario extranjero al que le ofrecen buenos beneficios y al que vigilan, eso sí, como al peor de los enemigos.

Simultáneamente, a los cubanitos de a pie se les prohíbe crear grandes empresas. Deben limitarse a pequeños lugares de servicio (restaurantes), elaborar pizzas, freír croquetas, o freírse ellos mismos como taxistas. Les está vedado acumular riquezas o invertir en nuevos negocios, porque el objetivo no es que los individuos emprendedores desplieguen su talento y reciban los beneficios, sino que absorban la mano de obra que el Estado no puede emplear. En Cuba, al contrario que en China, enriquecerse es delito. O sea, lo peor de los dos mundos: el estatismo controlado por militares y el microcapitalismo atado de pies y manos.

El segundo problema es que el Partido Comunista no significa nada para casi nadie en Cuba. En teoría, los partidos comunistas son segregados por una doctrina, el marxismo, que al perder toda significación convierte al PC en un asunto puramente ritual. Fue lo que sucedió en la URSS. Como nadie creía en el sistema, el PC fue liquidado por decreto y 20 millones de personas se retiraron a sus casas sin derramar una lágrima.

El tercero es que Raúl es un hombre muy viejo, con 86 años de edad, que ha prometido retirarse de la presidencia el próximo 24 de febrero, aunque probablemente permanezca agazapado en el Partido. En todo caso, ¿hasta cuándo vivirá? Fidel duró 90 años, pero basta leer sus escritos de los últimos años para comprender que había perdido muchas facultades. El mayor de los varones, Ramón, murió a los 91, pero llevaba varios años aquejado por demencia senil.

La suma de esos tres factores preludia un final violento para el castrismo, acaso a cargo de algún militar, salvo que el heredero de Raúl Castro (oficialmente Miguel Díaz Canel, primer vicepresidente, pero podría ser otro) opte por una verdadera apertura política y desmonte el sistema organizadamente para evitar que lo derriben y los escombros caigan sobre esa frágil estructura de poder.


Para esos menesteres sirven los procesos electorales, pero ya los raulistas se encargaron de cerrarles el paso al centenar de opositores dispuestos a participar en los próximos comicios, mientras se niegan a admitir la consulta que propone Rosa María Payá, la hija de Oswaldo Payá, un dirigente asesinado por pedir lo mismo que hoy, valientemente, reitera la muchacha. O sea: Raúl le legará a su sucesor una terrible sacudida. La dinastía morirá con él.