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jueves, 11 de abril de 2013

¿Qué pasó en la Batalla de Maracapana?


Prodavinci

Estatua del Cacique Tiuna ubicada en la Plaza Tiuna, Caracas
No existe ninguna referencia histórica de la maldición de Maracapana. Así que tal noción puede interpretarse como la intención de ver la Batalla de Maracapana un referente capaz de despertar una alegoría esotérica que pueda convertirla en una manera de desear el mal. Aunque los territorios de lo esotérico dependen de regiones de coincidencia cultural y religiosa, pero sobre todo de cuanto logre afianzarse en la cultura popular, es necesario saber qué pasó en Maracapana para conocer el hecho histórico.

La Batalla de Maracapana, uno de los eventos más antiguos de la historia bélica venezolana, es ubicada por los historiadores entre 1567 y 1568, en una ciudad de Caracas recién fundada y que tiene lugar en lo que ahora se conoce como Catia, cerca de la desaparecida laguna, donde hoy queda el Parque del Oeste.

Algunos datos afirman que sólo los hombres que comandaba Guacaipuro, el líder estratégico del ataque, sumaban casi dos mil. La cifra puede multiplicarse de acuerdo con la idea de que participaron dieciséis caciques. La superioridad numérica era uno de los factores determinante de la estrategia escogida por Guaicaipuro, quien decidió iniciar el avance ofensivo con un ataque sorpresa antes de conseguirse con las otras tropas que completaban la coalición.

Sin embargo, al parecer la suerte favoreció a Diego de Losada, pues sin saber de los planes de ataque, el conquistador había asignado la tarea de buscar alimento y otras provisiones a Pedro Alonso Galeas y un grupo de sus hombres. Y ese grupo se consiguió con la avanzada de Guaicaipuro antes de lo que el líder aborigen esperaba. Los españoles decidieron no darle una respuesta frontal a un ataque que las circunstancias convirtieron en inevitable.

La decisión de Alonso y Galeas fue optar por distraerlos con ataques repetidos sistemáticamente. De este modo, lograron resistir hasta la llegada de la noche. La larga espera de unas tropas indígenas que esperaban la llegada de Guaicaipuro al mediodía, la falta de coordinación entre ese ataque sorpresa y el resto de la estrategia, sumado al mal tiempo, hicieron que algunos de los grupos armados de los indígenas empezaran a retirarse.

En Maracapana, Tiuna quedó al mando de un ejército que los estudiosos ubican sólo entre 10.000 y 14.000 hombres, armados sólo con lanzas, arcos, flechas y algunas otras armas. Pero ya Losada estaba al tanto del ataque, así que llega hasta Maracapana con uno 300 soldados y, además, los aliados indígenas que en buena parte venían desde El Tocuyo con el español. No tenía la ventaja numérica de su parte, pero con sus arcabuces, armaduras y caballos eran prácticamente los dueños de un ventajismo feroz. Además, con Guaicaipuro detenido por la confrontación, el combate se transformó en un evento sangriento que hizo una mella en las poblaciones indígenas de la que jamás pudieron recuperarse.

La muerte del cacique Tiuna es de las más conocidas y épicas. Fue el último cacique en caer. Peleaba con el llamado “palo de guaica” en alto y, cuenta la historia, media espada clavada en él, gritando y desafiando a Diego de Losada. Un oficial arremetió contra el cacique, quien esquivó el golpe y pudo atravesarle la pierna, tumbándolo del caballo. Cuando otros tres españoles vinieron en ayuda del suyo, Tiuna los enfrentó. Pudo con dos de ellos, pero al atacar al tercero una flecha disparada por uno de los indígenas que estaban del lado de los españoles le atravesó la espalda.

Esta victoria de los españoles terminó de agrietar la unión y la fuerza de los indígenas que había mantenido el poder en el valle durante años. La muerte de Guaicaipuro días después, a manos de los hombres de Francisco de Infante guiados por nativos, desmoralizó a los pobladores y les permitió a los españoles ocupar Caracas.

Pasado el tiempo, los pueblos indígenas que apoyaron a los españoles terminaron sometidos por la conquista e incluso asesinados.

sábado, 23 de marzo de 2013

Muertes sospechosas


Francisco Rivero Valera. EL UNIVERSAL

En el Certificado de Defunción se registra la causa de muerte de cada persona. Es un documento obligatorio para la inhumación y exhumación, con varias secciones importantes.

La sección I con la identificación del fallecido, fecha de nacimiento y del deceso.

La sección VI es exclusiva del médico que emite la certificación. Incluye la causa de muerte con 4 subcausas interrelacionadas. Otros estados patológicos contribuyentes de la muerte pero sin relación con la causa principal. Y confirmación del diagnóstico, con 6 opciones: por autopsia, examen del cadáver, exámenes de laboratorio, historia clínica, interrogatorio de familiares o testigos, y otros.

De esa manera, la información sobre la causa del deceso de cada persona debería de ser acertada. Y lo es, en muchos casos. En otros, no tanto. Como en los casos con causa sospechosa de muerte.

Un ejemplo puede ser Franklin Brito, disidente de este gobierno, fallecido en huelga de hambre en el Hospital Militar de Caracas el 30 de agosto del 2010. Su certificado de defunción es público por su amplia difusión en la prensa nacional, internacional e Internet. Ahora es tan conocido como el acta de defunción de Simón Bolívar.


Registra como causa de muerte: shock séptico p/p, debe ser por paro, respiratorio. Si es así, sería inexplicable que el paro respiratorio haya ocasionado el shock séptico, cuando es todo lo contrario. La desnutrición proteico-calórica, consecuencia de su huelga de hambre, figura en 4to lugar. Y la confirmación del diagnóstico fue hecha por historia clínica, no por autopsia. O sea, si algo puede salir mal, saldrá mal. Ley de Murphy.

Otro ejemplo reciente es el acta de defunción de Simón Bolívar. Según los 33 boletines redactados en diciembre de 1830 por el médico francés Alejandro Próspero Reverend, y el protocolo de autopsia, la causa de muerte fue Tisis Pulmonar, o sea: Tuberculosis Pulmonar. Sin embargo, 180 años después, por sospechas de envenenamiento que surgieron en este gobierno, decidieron aclarar las dudas con costosos y avanzados recursos técnicos y científicos de Tanatología, en un proceso que algunos interpretaron como un acto de nigromancia. Al final, las dudas predominaron sobre las certezas, y la enfermedad Broncopulmonar nunca fue descartada con los estudios del esqueleto.

Y el ejemplo más reciente de causa de muerte sospechosa es la del presidente Chávez. No se conocen su certificado de defunción ni los resultados de autopsia. Solo son públicas las declaraciones sobre el cáncer, hechas por el paciente y su entorno. Pero, el alto gobierno ha emitido su insólita teoría de enfermedad inoculada por supuestos enemigos del país.

La contradicción e ignorancia van juntas y por partida doble: el cáncer fue diagnosticado, operado en 4 oportunidades, con complicaciones postoperatorias y tratado con quimioterapia en Cuba. Y, según expertos, la inoculación del Cáncer en humanos es prácticamente imposible – A. González M., MD. Anderson Cancer Center Madrid. No es contagioso ─ C. Cubedo. Y no es hereditario ni lo causa el Estrés  ─ I. Blanco. Creo que alguien está perdiendo el sentido del ridículo con esa teoría de conspiración y miedo.

Por eso es que vemos al final que todo es una paradoja: con manipulación de la muerte, la negación de la paz postmortem y las palabras de Fidel Castro: "ni los muertos pueden descansar en un país oprimido". Faltaría saber a qué país se refiere. ¿Venezuela, Cuba o ambos?

De todas maneras, todos merecen el  R.I.P.

Amén.

viernes, 25 de enero de 2013

La bacteria inteligente


Laureano Márquez. TALCUAL DIGITAL

Gracias al programa de radio de la querida Elba Escobar (obviamente contagiada), tuve conocimiento de un hecho de extraordinaria relevancia que brinda, además, una magnífica oportunidad de evitar hablar de lo que uno debe.

Descubrimientos científicos concluyen que la ingestión de una bacteria común en el suelo llamada Mycobacterium vaccae, aumenta la inteligencia y disminuye la ansiedad.

Creo que es obvio que el tema nos interesa a los venezolanos con carácter de urgencia. Esta bacteria, según los que saben, la respiramos cuando estamos al aire libre y en contacto con la tierra. Se realizó un experimento con ratones, como es costumbre, por ser los únicos animales que no tienen defensores. Le inyectaron la bacteria viva en el pan de los ratones y el resultado fue que los que consumieron la bacteria  recorrían dos veces más rápido el laberinto y mostraban menor ansiedad que los que no la consumían.

Los resultados son concluyentes. A la hora de implementar la bacteria entre nosotros se nos presenta el gran problema de dónde conseguir el pan para inyectarla, por la escasez de harina reinante. Ya el Tribunal Supremo le encontrará salida a este dilema con alguna sentencia que declare que el pan no está ausente de las panaderías, que lo que hay es una continuidad de la masa.

Pero volviendo a los que nos interesa las autoras del trabajo Effect of Mycobacterium vaccae on Learning in Mice, Dorothy M. Matthews y Susan M. Jenks, nos dicen que jugar con la suciedad, andar tirado por el piso atrapando bacterias, que es lo primero que uno le prohíbe a los niños de uno, puede hacernos más inteligentes. El nombre de la bacteria, que se encuentra en el contacto con la tierra y al aire libre, viene de la bosta de la vaca por ser allí donde se encontraron las primeras cepas, que se sepa. Las consecuencias de esto son terribles, pero inobjetables: el destino de la inteligencia humana se encuentra al final del tracto digestivo vacuno. Una gran contribución a la inteligencia seria llenar la ciudad de vacas y que nadie recoja la bosta. No es casual ─ ahora uno lo entiende ─ que la India sea un país con sabias tradiciones espirituales.

Este descubrimiento cambia muchos de los supuestos que dábamos por sentado. Por ejemplo, los alcaldes que mantienen sus ciudades inmundas son los que más contribuyen con la inteligencia del pueblo. Ahora uno entiende por qué son reelectos tantos “incapaces”, la gente se siente menos ansiosa con ellos. Sugerimos que las próximas marchas, en vez de caminando, todos los bandos, deberían realizarlas obligando a sus copartidarios a arrastrarse al ras del piso. Exigimos  que se sintetice la bacteria, que nos la inyecten. Que nadie se coma un solomo más, dejemos a nuestras vacas vivir en paz y que, rebosantes de bosta, nos inspiren mientras las inspiramos a ellas.

Quién nos lo iba a decir: nuestro destino, nuestro progreso, está en coexistir con la suciedad. Casi que podríamos decir: la suciedad nos hará una mejor sociedad. Vamos, pues, por buen camino. Ya lo dijo en alguna parte el gran  Calderón de la Bosta: la vida es una barca.

domingo, 4 de noviembre de 2012

No todo es basura en la prensa castrista

Infanta y San Lázaro

Hay que ser justo, y EL FATASMA lo es, no todo es basura lo que se escribe y lee en la prensa oficialista de Cuba. Hay redactores muy buenos y en ocasiones honestos que prefieren hacer crónicas sobre temas neutrales que escribir loas a los geriatras jerarcas.

Reproducimos un artículo agradable, publicado en el libelo Juventud Rebelde, que recrea los escenarios de una popular calle habanera, la Calzada de Infanta, interesante en sí mismo por lo que cualquiera pueda leer entre líneas.

Infanta

Ciro Bianchi Ross

Para los habaneros, la calzada de Infanta siempre ha sido Infanta. Hablo de esa vía tan transitada y recurrida que empieza casi en el mar y va a morir a la Esquina de Tejas. En 1921 se le dio de manera oficial el nombre de Avenida Menocal, sin que nadie la haya llamado nunca de esa forma, y tampoco prosperó, en 1928, la propuesta de la Comisión de Historia, Ornato y Urbanismo del municipio habanero de denominarla Avenida Calixto García. Esta vía es Infanta por la infanta Isabel, la hija de Fernando VII y María Cristina, que, con el nombre de Isabel II, ocuparía el trono de España entre 1843 y 1868, cuando fue derrocada.

Algunos suponen, equivocadamente, que lleva su nombre por la infanta Eulalia, hija de Isabel II, que llegó a La Habana, en compañía de su esposo Antonio de Orleans, el 8 de mayo de 1893. Pero en esa fecha hacía ya muchos años que la calle llevaba el nombre por el que la seguimos conociendo, pues en 1863, el historiador Jacobo de la Pezuela alude a esta como una avenida perfectamente terraplenada y toda orillada de árboles, de donde deduce el arquitecto Joaquín Weiss que estaría en esa fecha todavía muy despoblada.

Otra referencia es muy anterior. En 1843, 20 años antes de Pezuela, el subinspector de ingenieros Mariano Carrillo de Albornoz construyó el puente Villarín, que se tuvo como la mejor obra de su tipo en La Habana y que se llamó así por haberse acometido bajo el Gobierno del capitán general Gerónimo Valdés, Conde de Villarín. Era un paso en la calle Infanta sobre un ramal de la Zanja Real que entroncaba con el arroyo Matadero, y tenía, en uno de sus muros, esta inscripción, que despierta ahora la duda del cronista: «Calzada de la Infanta Da. María Luisa Fernanda».

Entonces, ¿cuál infanta de España dio nombre a esta calle? ¿Isabel o María Luisa Fernanda? Poco importa ya. De cualquier manera, así como Belascoaín enlazó a San Lázaro con Monte, Infanta terminaría conectando a San Lázaro con Tejas y Agua Dulce. El tramo comprendido entre Carlos III y San Lázaro, fue de tierra hasta 1916. En ese año se extendió hasta la Avenida 23, que hasta entonces había llegado solo hasta L.

Esquinas

Si exceptuamos el edificio de la esquina de Infanta y Carlos III, acera de los pares, que ocupó durante muchos años la funeraria San José, no hay grandes mansiones en esta calzada. La vivienda en ella es más bien popular, sobre todo las casas individuales, y más de clase media en algunos de los edificios de apartamentos.
Infanta Y Carlos III

Abundaban allí — quedan algunos — los establecimientos de servicio y las fábricas. La Pennino Marble Co., procesadora de mármol y granito, en la esquina con Desagüe. La fábrica de muebles de Orbay y Cerrato, en la esquina de Amenidad. Frente, la Canada Dry S.A., embotelladora de refrescos Ginger Ale, Spur Cola y Naranja, así como el agua carbonatada de esa marca, con casa central en Canadá.

El local, hoy vacío, de las Lámparas Quesada, para la exhibición y venta de objetos del hogar, empresa asentada en La Habana — venía de Santiago de Cuba — en 1928, con sucursales en las capitales de provincia y representaciones en Panamá, Venezuela, República Dominicana y Puerto Rico. En los portales de Quesada, pernoctó durante años el Caballero de París. En el bar de enfrente, si se cruza Infanta en diagonal, se han degustado durante años los mejores ostiones de La Habana.
Esquina de San Lázaro e Infanta antes de 1959

Estamos en Infanta y San Lázaro, esquina eminentemente estudiantil. Las manifestaciones del alumnado universitario contra las dictaduras de Machado y Batista eran aquí reprimidas con saña. No es casual que en este sitio que marca la frontera entre Centro Habana y el Vedado, se erigiera el Parque-Monumento a los Mártires Universitarios, obra de Mario Coyula, Emilio Escobar, Armando Hernández y Sonia Domínguez, y que no es un monumento en medio de una plaza, sino una plaza que es a su vez el monumento. De ahí la originalidad de este proyecto que resulta, en La Habana, la primera intervención contemporánea en un contexto histórico ecléctico. El Parque-Monumento se inauguró en 1967. Hasta poco antes compartieron ese espacio la carpa del circo Santos y Artigas y una cuartería que, recordaba Eduardo Robreño, era conocida con el nombre de Solar de la Mierdita. Así, en diminutivo.
Infanta y Benjumeda

En la esquina de Benjumeda se halla la funeraria La Nacional. Su propietario — dueño asimismo de la casa mortuoria de Calzada y K — fue, dice Guillermo Jiménez en su libro Los propietarios de Cuba, la figura más destacada del giro funerario en la Isla. Sus intereses abarcaban desde la venta de flores y coronas hasta de panteones, ya que él y sus hijos eran fuertes propietarios de bóvedas y terrenos en el cementerio de Colón. José R. Rivero, que así se llamaba el personaje, comenzó con un modesto negocio de venta de flores en los portales de Diez de Octubre y Concepción, en Lawton. Corrían los años 20 del siglo pasado. Le fue bien y con 500 pesos que pidió prestados abrió el jardín Tosca. Lo demás vendría después.

La revista Carteles, en la esquina de Peñalver, llenó toda una época en la vida cubana. Comenzó a aparecer en junio de 1919 y dio a conocer su último número el 31 de julio de 1960. Una excelente revista gráfica que mediante reportajes, entrevistas y artículos abordó los más importantes acontecimientos político-sociales de Cuba y el mundo. Divulgó asimismo de manera sistemática cuentos policiales y fantásticos de autores extranjeros y lo mejor de la cuentística hispanoamericana y cubana. Por allí pasaron en diferentes épocas Emilio Roig (director literario), Conrado W. Massaguer (director artístico) y Alejo Carpentier, como jefe de Redacción, y figuraron entre sus numerosos colaboradores Onelio Jorge Cardoso y Virgilio Piñera, y también Luis Gómez-Wangüemert, Rafael Suárez Solís, Enrique Núñez Rodríguez, Oscar Pino Santos y Raúl Corrales. En Carteles hizo sus primeras armas, siendo aún adolescente, el fotógrafo Ernesto Fernández, premio nacional de Artes Plásticas.


Tejas

Claro que si de las esquinas de Infanta se trata, ninguna es más famosa que la de Tejas. Sigue siendo un lugar de referencia en La Habana, nudo importante del transporte urbano y punto de coincidencia de las calzadas de Monte, Cerro y Diez de Octubre, con una panadería, que ya no existe, que le hacía la competencia a la de Toyo con su pan caliente cada 15 minutos, y una valla de gallos de la que apenas queda memoria.
Esquina de Tejas

Dice Robreño que se dio ese nombre a esta esquina por las numerosas casas de tejas francesas de la zona. El Bodegón de Tejas y la fonda El Globo de Tejas consolidaron el nombre del lugar. El Bodegón fue demolido en 1926 para construir allí un edificio de dos plantas donde se instaló, en los bajos, el bar Moral, hoy una cafetería. En el área que ocupan ahora los edificios de 20 pisos, símbolo de los nuevos tiempos, hubo una casa quinta espaciosa, aunque de bajo puntal. En 1912 la habitó José Trillo, que utilizó los terrenos que rodeaban la vivienda para el cultivo de flores que comercializaba en su acreditado jardín La Gardenia.

En 1914 se arrendó la casona para establecer una sala cinematográfica que tuvo diferentes nombres hasta que quebró. Entonces, ya en 1919, sirvió de escenario a los espectáculos llamados Garden Play, con muchachas vistosas y rollizas que atraían a adolescentes y valetudinarios por la posibilidad que les brindaba de sorprender alguna rodilla desnuda cuando la tenista daba una carrera apresurada para contrarrestar un remate. Con posterioridad se instaló allí el cine Ofelia, destruido por un incendio, y en 1921, el cine Valentino, con cuyo nombre se quiso aprovechar la fama del actor.

Pasando Tejas, pero antes de llegar a la calle Universidad, estuvo la fábrica de chocolate La Española. Apropiado, como otros tantos chocolates, para elaborar la sabrosa bebida, pero que los pequeños de hace medio siglo preferían degustar como golosina. Su envoltura mostraba a una mujer que lucía un traje típico de alguna de las regiones de España. ¿Andalucía, Galicia, Murcia…? ¡Vaya usted a saber a la vuelta del tiempo transcurrido!

Personas cercanas a los 80 años que residieron en la zona recuerdan desde siempre el edificio en ruinas de Infanta y Peñalver como una casa de vecindad. Así debe haber sido desde 1930, más o menos. Con anterioridad es posible que fuera una fábrica de chocolate, bombones, caramelos, galletas y confituras en general. Dice el imprescindible Guillermo Jiménez que dicha industria fue el resultado de fusiones y absorciones que ocurrieron en empresas del giro.

La fábrica original se fundó en 1868, según algunos, y en 1881, según otros. Tenía un departamento especial para la producción de pasta de guayaba. Eran 32 000 libras diarias que se envasaban en frágiles cajitas de madera. Una guayaba más tosca y oscura que las que llegaban al mercado envueltas en papel transparente, y sin la barrita de jalea que era una constante en las guayabas más finas. Pero pocas guayabas más sabrosas que aquella prieta de las cajitas de madera que todavía en 1959 se expendían a siete centavos en el comercio minorista.

En 1900 instalaron esta fábrica de Infanta y Peñalver. Se refundiría con otras marcas de confituras, entre estas La Estrella, hasta que en 1930 se constituye la Cuba Industrial Comercial, que se radicó en la calzada de Buenos Aires y comercializaba sus producciones con el nombre de La Estrella. Repárese en la fachada del caserón ya al borde del colapso: luce una estrella en lo alto.

El Carmen

En la esquina de Neptuno se alza el edificio de los Padres Carmelitas Descalzos; iglesia y convento. Tiene dos campanarios y uno, el de la derecha, alcanza una altura de 63 metros. En lo alto se aprecia una imagen de bulto de la virgen del Carmen, con sus 9,5 toneladas y más de siete metros de alto.

Alguien preguntó en una oportunidad a este escribidor cómo pudo colocarse la virgen en su torre monumento, toda vez que el hecho ocurrió en 1927, dos años después de la construcción de la torre. En torno al suceso giran leyendas y especulaciones. El que más y el que menos parece tener en La Habana una explicación que quieren hacer pasar como verídica.

La imagen de bronce se trajo de Italia, y ya frente a la iglesia debió aguardar un mes hasta que 11 operarios de la ferretería y fábrica de estructuras de acero de Celestino Joaristi, con sede en la calle Monte, construyeran por dentro de la torre un andamiaje de metal que apoyaría el ascenso de la virgen. Una vez montada esa estructura, la imagen, elevada por güinches de vapor, demoró 11 minutos en recorrer los 63 metros del campanario. Hubo aplausos y llantos entre los que, en la calle, esperaban el momento. Una paloma blanca se posó en el hombro de la virgen.

Hubo un inconveniente pronto solucionado. A causa de su brazo izquierdo, que la virgen mantiene extendido hacia fuera, la imagen no cabía en la estructura que se preparó para su ascenso. El ingeniero que encabezaba el grupo de operarios no lo pensó dos veces. Determinó cortar el brazo y soldarlo una vez que la imagen llegara a lo alto de campanario.

lunes, 13 de junio de 2011

Resulta ser que no hay cubanos en el Palacio Real Británico

Historia de chef cubano en el Palacio de Buckhingham es apócrifa

IVETTE LEYVA MARTÍNEZ
Una historia que ha circulado ampliamente en internet sobre un chef cubano que deleita con sus creaciones a la realeza británica es falsa, confirmó el Palacio de Buckhingham.
 A ese personaje no lo conoce nadie en el palacio”, dijo entre risas un miembro de la oficina de prensa del palacio, quien agregó que había tenido conocimiento de la historia el fin de semana pasado.
La entrevista, atribuida a una publicación identificada como Olé, tiene como protagonista a un supuesto marielito del poblado pinareño de Pilotos, Elio Gutiérrez, quien había logrado convertirse en chef de la familia real británica.
El texto fue reproducido total o parcialmente en al menos 3,500 sitios digitales en la internet.
“A la reina le encantan los tostones de fongo rellenos de camarones al ajillo y la sopa de malanga. A su esposo, Prince Philip lo que le priva son las frituritas de seso. Charles es adicto a los platanitos tentación y al congrí con chicharrones. Camila al arroz con pollo. Los príncipes, tanto Harry como William, son bien dulceros. Para ellos elaboro boniatillo y buñuelos pinareños que llevan un toquecito especial de nuez moscada con canela fina de la India”, dice uno de los fragmentos más hilarantes de la entrevista apócrifa.
La entrevista llegó incluso a incluir una fotografía del “chef Gutiérrez” en sus presuntos avatares culinarios.
La historia, sin embargo, tiene varios puntos flacos, entre ellos la mención a un aristócrata inexistente, “Duke de Rutherford-Leigh”, y la afirmación del supuesto chef de que tuvo que importar yuca y frijoles negros desde Miami pues -según afirma el artículo- “no existe en Londres manera de conseguir los ingredientes”. Ambos ingredientes se consiguen en los mercados británicos.
Olé, a la que habría sido concedida la entrevista, es una reconocida publicación dedicada al fútbol.
Este artículo contó con la colaboración de Emilio San Pedro desde Londres.

martes, 7 de junio de 2011

Hay cubanos hasta en el Palacio Real británico.

EL CUBANO QUE LE HACE LOS TOSTONES A LA REINA ISABEL DE INGLATERRA
La familia real británica es adicta a los manjares de la cocina cubana gracias a su cocinero pinareño Elio Gutiérrez, quien en una entrevista exclusiva para Olé nos reveló los secretos de la vida cotidiana en el Palacio de Buckingham.

Elio Gutiérrez, master chef de la familia real
El mundo entero presenció a través de satélites e Internet la preciosa y emocionante boda del Príncipe Guillermo y Kate Middleton. Lo que muy pocos conocen es que tanto el Príncipe, como su abuela, la Reina Isabel y el resto de la familia real son grandes degustadores de la gastronomía cubana, la cual forma parte del menú semanal del Palacio de Buckingham. A continuación ofrecemos una entrevista exclusiva con Elio Gutiérrez, el cocinero cubano que logró aplatanar a la familia real.

Olé: ¡Hola Elio! Cuéntanos como un cubano logró llegar al Palacio de Buckingham y convertirse en el chef favorito de la Reina Isabel.
Elio: Bueno, la historia es larga. Espero que tus lectores tengan tiempo. Yo nací en 1975 en Pilotos, que es un pueblecito de Pinar del Río tan pequeñito que allí todo el mundo se conoce. Es como una gran familia, pero ofrece pocas oportunidades, y dentro del comunismo aún menos. Tengo un hermano gemelo llamado Delio. Cuando teníamos tres años mis padres después de mucho sacrificio lograron una permuta para Consolación del Sur, que queda cerca de Pilotos pero que es un pueblo mucho más grande y donde existían más posibilidades de superación. Allí mi padre encontró trabajo como carpintero y pudimos lograr reparar nuestra casita. Pero en 1980, como sabes, surgió lo de la Embajada del Perú y mi padre decidió que esa era la oportunidad perfecta para salir de aquel infierno. Nos pusimos nuestros mejores trapitos y nos lanzamos hacia El Mariel en guaga, carretones, camiones y hasta a pie. La cuestión era llegar. Estuvimos 5 días en El Mariel hasta que nos montaron en un bote que se llamaba El Cuñataí y en unas horas ya estábamos en Cayo Hueso.

Olé: Debe de haber sido algo espantoso para un niño de cinco añitos.
Elio: Todo lo contrario. Mi hermano Delio y yo lo disfrutamos enormemente. Era todo como una gran aventura. Había tanta gente y de esa gente emanaba una energía y una euforia tan grande que era totalmente contagiosa. Estábamos todos como en un trance, como viviendo un sueño del cual no queríamos despertar. Luego, la realidad en Miami fue muy dura. Empezar de cero. Sin nada. Mi padre encontró trabajo en McDonalds, que fue su primer empleo. Y mi madre encontró trabajo en La Tijera que era una tienda muy popular en Miami en aquel entonces, pero que ya no existe. Pero mi padre es ebanista fino y su sueño siempre fue montar su propio negocio. Con mucho esfuerzo lo consiguió y hoy es dueño y CEO de Gutiérrez Baby Cribs, Inc. que es una empresa que se dedica a tallar a mano cunas de maderas preciosas para bebitos de personas pudientes. Mi padre recibe pedidos de todos los Estados Unidos, de Australia y también de Europa. Ni te digo el precio de cada cunita porque no me lo vas a creer, pero de veras que lo valen, porque más que cunas son obras de arte. Entre sus clientes se encuentran figuras de Hollywood como Angelina Jolie para quien mi padre ha confeccionado las cunas y camitas de todos sus hijos tanto propios como adoptados. Esas las hace mi padre personalmente, no sus empleados.


Olé: ¿Y cómo es que eliges la carrera de chef?
Elio: Bueno, a mí lo que más me llamo la atención al llegar a Estados Unidos fue la comida. La gran variedad de comida que existía en Miami. Y las frutas, sobre todo las frutas. Yo jamás había visto una manzana o una pera en Pilotos ni en Consolación, y mucho menos algo tan raro y exótico para mí como un higo o un dátil. Ver tantas frutas, vegetales y platos hasta entonces desconocidos para mí me hizo sentir un gran aprecio e interés por la gastronomía. Después que terminé mi high school en Miami, me fuí a Boston donde estudié dos años en la Cordon Bleu East y ahí conocí a una chica nacida en la Argentina de padres ingleses llamada Martita Hunter, quien es hoy mi esposa y la madre de mis hijos. Cuando terminamos nuestros estudios en Cordon Bleu East nos vinimos a Londres donde me matriculé en The Royal Academy of Culinary Arts. Ahí me hice Master Chef.


Olé: ¿Y cómo logras entrar en el Palacio de Buckingham?
Elio: Eso me costó mucho tiempo y trabajo, pues la familia real exige los mejores cocineros del mundo. Yo era el chef de un restaurant londinense que se llamaba Great Expectations, como la novela, y un día fue a comer allí el Duke de Rutherford-Leigh. Los dueños de Great Expectations eran dos ingleses que habían viajado por todo el mundo y eran grandes conocedores de la gastronomía de varios países. Habían visitado La Habana en muchas ocasiones y me pidieron que incorporara al menú del restaurant algunos platos típicos cubanos. El menú de Great Expectations era muy variado y contenía platos de todas partes del planeta. El Duque de Rutherford-Leigh pidió ropa vieja, congrí y yuca frita. Plato que para nosotros es el pan nuestro de cada día, pero que para él resultaba algo nuevo, exótico y delicioso. Le gustó tanto la ropa vieja al Duke de Rutherford-Leigh que pidió conocerme y siguió viniendo asiduamente al restaurant a pobrar otros platos cubanos. Como la ropa vieja con congrí y yuca frita era el único plato cubano en el menú de Great Expectations el Duke llamaba con una semana de anticipación, pedía hablar conmigo personalmente y ahí coordinábamos un menú especial para él y sus invitados. Así pasó más de un año hasta que un día recibí una llamada del Duque diciéndome que había una plaza disponible en el palacio para un master chef y que él me había recomendado. Me presenté en Buckingham y me pidieron que elaborara un menú típico cubano, lo cual era imposible pues no existe en Londres manera de conseguir los ingredientes. Les expliqué que habría que pedirlos a Miami y se demoraría una semana. Ya mi hermano Delio a través de su compañía de importación-exportación se encargaba de abastecer a Great Expectations de yuca y frijoles negros. Le pedí a él una lista enorme de ingredientes y le elaboré a la familia real una soirée cubana. Quedaron encantados y fuí contratado inmediatamente.


Olé: ¿Y qué platos cubanos come la realeza británica?
Elio: Bueno, todos tienen gustos diversos. Por ejemplo, a la reina le encantan los tostones de fongo rellenos de camarones al ajillo y la sopa de malanga. A su esposo, Prince Philip lo que le priva son las frituritas de seso. Charles es adicto a los platanitos tentación y al congrí con chicharrones. Camila al arroz con pollo. Los príncipes, tanto Harry como William, son bien dulceros. Para ellos elaboro boniatillo y buñuelos pinareños que llevan un toquecito especial de nuez moscada con canela fina de la India. Por lo general una vez cada dos semanas confecciono un menú totalmente cubano. Los demás días el menú varía y puede ser algo típicamente inglés, o francés, o vietnamita. No olvides que yo cocino de todo pues por algo soy master chef. Además, en palacio hay otros 25 master chefs que trabajan full-time para la familia real y cada uno de ellos tiene sus propias especialidades. El menú es increiblemente variado y sofisticado con platos de todo el planeta. Los ingredientes llegan a través de British Airways o Virgin Atlantic de países tan diferentes como Corea o Senegal. Los ingredientes para las comidas cubanas me los envía mi hermano directamente a palacio desde Miami todos los Martes en el primer vuelo de British Airways y son siempre frescos y de óptima calidad. El tiene un contrato directo con Buckingham Palace, o sea que no sólo trabajo yo para la familia real, sino que mi hermano también, aunque lo hace desde Miami.


Olé: Tal parece como que has encontrado tu propio paraíso terrenal. ¿No tiene gajes el oficio?
Elio: Sí, muchos. El principal es que tengo que vivir en palacio mientras mi esposa e hijos viven en las afueras de Londres. Buckingham tiene 188 habitaciones donde vivimos la mayor parte del staff, los de la cocina y los que se encargan de otros quehaceres en el palacio. Yo trabajo tres semanas consecutivas y tengo una semana al mes libre para estar con mi esposa y mis hijas Blanquita y Maruja. Para serte sincero, esa es mi única queja, que no puedo dedicarle más tiempo a mis hijas. Pero lo cierto es que vivo en un mundo de palacios y esplendores. Es como una fantasia que vivo ilusionado como si fuera un cuento de hadas. Una fabulosa fantasía de un mundo maravilloso. He conocido a las personas más famosas de nuestro tiempo desde Elton John hasta el presidente Obama y te puedo decir que a la gran la mayoría le encanta la cocina cubana, de lo cual estoy muy orgulloso porque sobre todas las cosas, soy cubano. Me veo como el embajador de nuestra cultura en Inglaterra y me siento muy orgulloso de haber nacido en la tierra más bella que ojos humanos vieron. Que un Marielito de Pilotos le haya enseñado a la realeza británica a disfrutar de un buen ajiaco y de una buena sopa de pichón tiene su cosa, ¿no? Yo creo que los tostones de fongo rellenos con camarones al ajillo hasta le han abierto a la reina el apetito.

lunes, 23 de mayo de 2011

Managua, un pueblito habanero.

Mario J. Viera
Managua
Si Ud. trata de buscar información sobre un pequeño pueblo habanero de nombre Managua, no le será fácil en la internet. Con ese nombre hay más datos sobre la capital de Nicaragua que con respecto a esta pequeña población habanera.
En la carretera que conduce desde La Habana a Batabanó, a unos 25 km al sudeste de la capital se levanta el pueblo de Managua. Un pueblo humilde que pese a los estragos del vendaval rojo que ha azotado a la isla por más de 50 años, no carece de encantos y se mantiene vivo su ambiente bucólico.
Su principal industria hoy por hoy son las unidades militares enclavadas en su territorio principalmente una división de tanques de guerra y las unidades militares 1011 y la 3094. Antes era la agricultura.
Managua fue fundada al pie de las Tetas de Mangua, dos colinas jimaguas de 210 metros de altura que representan su paisaje geográfico más destacado. Hoy esas lomas se encuentran enclavadas dentro de territorio militar, donde se abren túneles para proteger armamentos. La fecha de su fundación se remonta al año de 1730 sobre los terrenos de la hacienda o corral de Managuano, o Managua que había sido propiedad del sacerdote español D. Matías de León Castellanos.
Las Tetas de Mangua

El buen cura construyó en el lugar una ermita donde a su alrededor construyeron sus viviendas colonos provenientes de La Habana. Hoy, con la nueva división política administrativa que el régimen castrista implantó en 1976, Mangua forma parte del Municipio Arroyo Naranjo.
En 1812 fue bendecido el pueblo y se designó a San Isidro Labrador como su patrón, tal vez por la característica agrícola de su zona. La fiesta del santo patrón es el 15 de mayo; fiesta que antes era celebrada durante tres días con bailes populares, tómbolas y una procesión. Estas festividades fueron suprimidas después del año de 1959. Recientemente se han permitido estos festejos pero sin el brillo de aquellos años anteriores al derrocamiento del gobierno de Fulgencio Batista.
La iglesia parroquial fue erigida en el año de 1862.
Iglesia San Isidro Labrador

Su población actual se calcula en algo más de 19 500 habitantes.
Managua, calle principal

Particularmente guardo un grato recuerdo de Managua. Fue allá por 1998, Lázaro González, Amarilis Cortina, José Antonio Fornaris y yo habíamos fundado la agencia de periodismo independiente Cuba Verdad. Teníamos dificultades para trasmitir vía telefónica nuestras crónicas hacia Cubanet cuando recibimos la acogida de una señora de Managua que nos ofreció el uso de su teléfono. Viajábamos a Managua semanalmente en un detestable y atestado ómnibus. Nos bajábamos a la entrada del poblado y caminábamos a pie algo más de un kilómetro para ir hasta la casa de la valiente señora que se atrevía a enfrentarse a la Seguridad del Estado ofreciéndonos el servicio de su teléfono.
Los años han transcurrido con todas sus inquietudes y con todas sus esperanzas aun aguardando la llegada de un nuevo día para Managua y para toda Cuba. La vida nos separó. Lázaro y yo partimos al exilio. Amarilis y Fornaris permanecen en Cuba. Los recuerdos vienen a nuestro encuentro y nos asalta desde las líneas de la crónica firmada por Amarilis sobre la última fiesta del patrón de Managua, San Isidro Labrador.





Las fiestas de Managua

Amarilis Cortina Rey
LA HABANA, Cuba, mayo (www.cubanet.org) – De nuevo el 15 de mayo los vecinos de Managua, en esta capital, llevaron al santo patrón del pueblo, San Isidro Labrador, a peregrinar por la manzana donde, en una de sus calles, se levanta la iglesia católica, único espacio en el que el gobierno permite reunirse a los ciudadanos. Con una pequeña banda de música, un altoparlante para dirigir las oraciones y un séquito de niños junto a los representantes de la iglesia, la muchedumbre conmemoró la fundación del pueblo, en la misma fecha, del año 1730.
La procesión terminó en el parque, frente al templo, con el tañido ininterrumpido de las campanas, y dio paso a la misa con que finalizó la actividad religiosa.
Dos días antes el pueblo se vio invadido por las tarimas de los vendedores ambulantes. Como en una especie de tregua, aprovechan para mostrar su mercancía. Ni policías, ni inspectores se preocupan por lo que en otro momento se consideró una actividad ilícita. Allí se pusieron a la venta confituras, baratijas, gafas de sol, y golosinas.
También, por estos días, algunos residentes del pueblo alquilan sus portales a vendedores de otras localidades. Por lo que es común ver alguna ropa, falsificaciones de reconocidas marcas, con diseños atractivos para los jóvenes, expuestas en una tendedera de extremo a extremo del portal.
En este ambiente de comercio y religión, también se observó un incremento en la venta de productos de la empresa gastronómica del Estado.
Guillermo Aranda, managüense de pura cepa, se mostró sorprendido por la venta de pollo ahumado y comentó: “Lo que hace falta es que lo vendan siempre y no sólo los días de fiesta; aunque a decir verdad, se acabó enseguida, muchos se pusieron en la cola, y no todos alcanzaron”.
Para los niños hubo varias atracciones, entre ellas dos carretones tirados por chivos, con los cuernos pintados de naranja y violeta. En estos carretones los infantes podían pasear sentados en improvisados bancos, guiados por el dueño del carricoche, que los movía con una cuerda. El recorrido que comprendía dos cuadras costaba tres pesos en moneda nacional.
Pero la atracción mayor de estas celebraciones fue la de un músico aficionado, quien llegó al pueblo unos días antes de la fecha empujando un carretón preparado con improvisados instrumentos de percusión. En los laterales de la pequeña “carroza” se leían varios letreros, entre ellos: “Aquí puede llegar, pero no se pase”.
Luis Ernesto, conocido por Luisito, nació en Bayamo, provincia Granma, pero dice que hace mucho reside en la capital. Cuenta que ha viajado por varios municipios con su carroza y su música. Lo acompañan siempre su esposa y una hija, quienes también forman parte del coro cuando Luisito comienza a sonar la corneta, los tambores y los platillos. Por algo se denomina a sí mismo “El hombre orquesta”.

miércoles, 2 de febrero de 2011

EL SARCASMO DE UNA DISTINCION

Y Jaronú se convirtió en monumento nacional.
Mario J. Viera. 


Tras la debacle de la industria azucarera, el gobierno de Cuba decide declarar oficialmente al batey y al Central Jaronú, rebautizado como Brasil, monumento nacional. Tarde llega el reconocimiento a un central que fue insignia del desarrollo azucarero cubano.

Antes de 1959, el central Jaronú tenía instalada una capacidad de molida de un millón de arrobas de caña diarias. Sus tres potentes tándems (trenes de molinos) hacían temblar la tierra cuando entraban al unísono en producción. Era el coloso mayor de Cuba.
Central Jaronú. Foto de familia Fernandez. Blog Cjaronu

El central Jaronú se alzó sobre las fértiles tierras de la antigua haciendo Jaronú en el territorio que hoy ocupa el Municipio de Esmeralda en la provincia de Camagüey.

La primer zafra del Jaronú se inició el 26 de diciembre de 1921. Según datos oficiales (EcuRed), en aquella zafra, el central “molió un total de 42 686 800 arrobas de caña en 152 días de labor, lo que arroja un promedio diario de 280 834 arrobas, la producción alcanzada fue de 370 440 sacos de azúcar de 325 libras cada uno y 2 569 745 galones de mieles finales, con un rendimiento general de 11.37 % en base al 96 % de polarización”, llegando a ser en la década de 1950 llegó a ser el mayor productor de azúcar del mundo.
Casa del Administrador general de Jaronú, Sr. Mendoza

La página digital oficialista EcuRed señala además que junto a la construcción de la casa ingenio se edificó el batey un “poblado de 600 metros de largo por 300 m de ancho, distribuido en dieciocho cuadrículas de 100 metros por cada uno de sus lados”. Contaba con cómodas viviendas que todavía se mantienen en buenas condiciones, el edificio de la administración, la residencia del administrador general, cuartería o barracones y además como no puede dejar de reconocer EcuRed, “con parque, escuela, hospital, correo, tienda mixta, tintorería, fábrica de hielo, panadería, hotel, farmacia, entre otras instituciones sociales”.

Conozco el central Jaronú y sus cuarterías, construidas de tabla con una armazón firme. Sus habitáculos eran, al menos cuando  le conocí en 1969, acogedores. Su hospital funcionaba adecuadamente entonces. El centro del batey era un hermoso parque con una delicada fuente en su parte media. La vida del batey, dentro de las condiciones de provincialismo era animada. En aquella fecha la iglesia permanecía cerrada todo el tiempo.

En un artículo de remembranza escrito por Maggie Guaty y reproducido en el Blog de Maite Díaz González, la autora nos habla del batey de Jaronú:

“El batey era de mampostería, pintado de blanco con brillantes tejados rojos, sus construcciones estaban unificadas en una misma línea arquitectónica, con motivos clásicos y reminiscencias del estilo de Boullèe y Ledoux, (arquitectos franceses).

Era un hermoso concepto de ciudad jardín, colmada de flores, fuentes, y verde follaje, las aceras estaban sombreadas por altos árboles. Hileras de majestuosas palmeras flanqueaban sus tres parques. Tierra colorada, cañaverales en su periferia, el dulce olor del guarapo, los ruidos de la molienda, todo inmerso en la fresca sombra de la Sierra de Cubitas, este fue el escenario de mi niñez y adolescencia”.

En los últimos años la producción azucarera del Central Jaronú (Brasil) marcó niveles deficientes y en la zafra actual no se prevé su entrada en producción. Parte de los campos cañeros vinculados al central serán molidos por el Central Siboney. La prensa oficialista informó que los restantes centrales camagüeyanos que participarán en la actual zafra son el Argentina (antiguo Central Florida), y el Batalla de las Guásimas (construido en 1980). Es decir, Jaronú no será uno de los 34 centrales que este año harán zafra.

Todo parece indicar que la decisión de declarar a su batey Monumento Nacional es el preludio de su fin como central azucarero, tal como ocurriera con su vecino el central Cunagua (Bolivia) cuando a su batey se le confiriera el título de Monumento Nacional el 7 de agosto del año 2000 y luego se desmantelara el ingenio convertido en chatarra.

Todo aquel que haya vivido en el batey de un central azucarero conoce la emotiva vinculación personal que se siente con el ingenio. Todo aquel que haya estado en directo contacto con la industria azucarera sabe del amor que se siente por esos hierros y esas maquinarias, por el aroma que se desprende de sus molinos, por la columna de humo que se desprende de sus chimeneas. Todo aquel que haya vivido en un batey azucarero o haya trabajado bajo la casa ingenio puede entender el desgarramiento que se siente al ver como es demolido un central.

No puedo evitar citar un inusual artículo que escribiera un periodista, fotógrafo y escritor para la página oficialista Cuba sí bajo el título Central. Yuris Nórido, el autor comienza así:

Hay que vivir en el batey de un central activo para comprender hasta qué punto una fábrica puede marcarte la vida: el central está ahí, mole gigantesca, visible desde cualquier punto del pueblo. Del central salen todos los caminos, todos los caminos llevan al central (…) Para el forastero es una auténtica tortura, pero el lugareño está perfectamente acostumbrado e incluso cuando se queja, el lamento tiene mucho de fórmula, de lugar común: “¡qué cantidad de bagacillos!” es casi lo mismo que el tan llevado y traído “¡qué calor está haciendo!”, viene a ser, casi siempre, un saludo, o el preámbulo de una conversación.

“Y luego están los olores: el de la caña quemada y otro, más dulzón y denso: el de las mieles, el del melado. Hay días en que llega ser hasta empalagoso, pero a veces, sobre todo en los atardeceres lluviosos, adquiere la voluptuosidad de un perfume.

“Un central azucarero es un espacio singular, único: es el corazón de la localidad que lo circunda. Es más, es el alma. Todos tienen algún vínculo con él, no hay familia que le sea ajena.

Y concluye con esta verdad impactante:

“Por eso resultan tan desgarradoras las imágenes de un central descontinuado, muerto: es como si alrededor todo dejara de tener sentido.

“Hay gente que ha vivido toda su vida en las faldas y al calor de un central, sintiéndolo respirar, silbar, palpitar… como si fuera una criatura gigantesca, fantástica. Que el central desaparezca es un mal sueño, y si se hace realidad, una desgracia.

Cuentan que cuando el central Bolivia, antiguo Cunagua, hizo sonar su sirena por última vez, los viejos lloraron. Hay quien sigue llorando”.
Viviendas de Central Cunagua

Esas desgarradoras imágenes la han sufrido miles de los trabajadores azucareros cuando vieron como sus centrales, porque así lo sentían, porque se sentían parte de ellos, no porque fueran supuestamente propiedad “de todo el pueblo, sino porque eran parte de su propia existencia, ver cómo se acallaban sus molinos, como dejaba de resoplar su calderas, cómo se detenía el traqueteo de sus trenes, como se apagaban sus chimeneas, como se iban desmantelando implacablemente sus paredes. Y sí, se siente una terrible tristeza y no se puede evitar una lágrima cuando se cierra un central, aunque se le haya conferido el título de Monumento Nacional a su batey.




Esa terrible tristeza que han experimentado los vecinos del batey del antiguo central Hershey en La Habana, el único totalmente electrificado; es el dolor que han sufrido los vecinos del batey del Punta Alegre al ver como se desmantelaba una industria que antes fuera orgullo nacional. El mismo de los trabajadores del Central Preston de Mayarí, aquel coloso de la provincia oriental.

Monumento Nacional, un amargo sarcasmo de la ruina de la industria bandera de Cuba.