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martes, 11 de julio de 2023

COMO NO PASAR POR ALTO EL SEGUNDO ANVERSARIO DEL 11 DE JULIO

Mario J. Viera

 


Existen diferentes formas de conmemorar cualquier hecho de importancia histórica. Unas son temporales, hechas solo para el momento, para recordar lo que ocurrió un día como el presente día. Alguna declaración emotiva, como rasgueo de guitarra, hecha solo para el momento, como para no dejar en el olvido el hecho histórico; en este caso la conmemoración del segundo aniversario de la explosión social del 11 de julio del 2021. Sí, es posible que algunos, con fuerte vocación civilista, reclamen, exijan la liberación de los detenidos por las manifestaciones de aquel 11 de julio. Simplemente artificios florales como para quedar bien, porque el régimen tendrá tapado los oídos y no escuchará un reclamo que no cuente con el respaldo de un poderoso movimiento de protestas, masivo y contundente. Habrá hasta los muchos que esperarán por y soñarán con un dudoso y futuro ojalá.

Sin embargo, hay otras formas más serias, más acometedoras para recordar la fecha y, hasta quizá, menos estrepitosas. El 11 de julio no fue adjetivo, sino verbo. Se requiere entonces, para no pasar por alto el segundo aniversario de 11 de julio, conjugar en presente el verbo acción. Las manifestaciones del 11 de julio fueron un clamor espontáneo del descontento poblacional, no organizado, no dirigido por un plan de acción. Una multitud popular no organizada se enfrentaba a un sistema estructuralmente organizado con capacidad de respuesta y poder de represión que, en pocas horas, pudo anular las protestas y criminalizar a sus participantes.

El ojalá se hizo remoto, y aunque de vez en vez se produzca algún conato popular de protestas estos no sobrepasan un centenar de participantes; predomina la frustración. Después de la violenta arremetida de la dictadura conduciendo a centenares a cumplir largas penas de prisión, la gran explosión social de carácter espontáneo es poco probable, si alguna probabilidad hubiera, que se produzca.

Pero hay formas de que el 11 de julio no quede como un recuerdo, como algo que fue. Primero, la oposición deberá reconsiderar sus métodos fallidos en la conformación de un reclamo poderoso de denuncias y de exigencias; para ello, a la callada, sin anuncios, reorganizarse, fundar una organización central bajo el principio del liderazgo horizontal. Segundo captar apoyos populares entre los descontentos, estudiar a cabalidad los métodos y tácticas de la lucha estratégica noviolenta sin consideraciones ideológicas de derechas o de izquierdas que constituyen un obstáculo para el desenvolvimiento de la labor de la resistencia de todo el pueblo.

Hay que ganar recursos humanos sin estridencias, poco a poco, organizando células de no más de diez activistas en todos los municipios. Elaborar un método apropiado de enlace entre las diferentes células y para el entrenamiento de los activistas, siempre con la debida discreción. El liderazgo se debe centrar en la organización sin destaque de algún dirigente en específico. Todo líder que se destaque puede ser anulado por los órganos represivos. Una célula de la resistencia noviolenta puede caer, pero otra ocupará su lugar. El protagonismo puede ser fatal dentro de un movimiento de resistencia noviolenta; el anonimato es poder.  

La organización celular puede facilitar la labor de propaganda.

Siempre que se establezcan los principios gestores del movimiento opositor no impedir las iniciativas promovidas por alguna célula de resistencia.

A lo largo de todo el proceso de reorganización, los líderes de la organización deberán elaborar un plan estratégico de acción basado en realidades, y adecuarse al mismo, aunque teniendo la previsión de reajustarle según lo requieran las condiciones del momento.

No apresurarse; una dictadura de más de seis décadas no se abate en cuestión, ni de día ni de meses. Se requiere tiempo y esfuerzo; constancia y dedicación; astucia y pragmatismo, pero el tiempo tampoco debe descuidarse. Hay que prepararse para el momento propicio de lanzar el reto político. Ese momento llegará cuando se alcance la masa crítica de participantes para la desobediencia civil.

Así, de este modo, no se pasará por alto el segundo aniversario del 11 de julio. Y esa fecha no será ya una romántica memoria sino el indispensable antecedente de un masivo, organizado y disciplinado movimiento de protestas populares. 

domingo, 17 de julio de 2022

Nueva edición de Cuba -Resistencia Noviolenta

 

Mario J. Viera



Ya está a la disposición de todos, una nueva edición del libro Cuba -Resistencia Noviolenta Comentarios, ahora con el subtítulo “Una propuesta para la acción”. Accesible en Ediciones Amazon Kindle, tanto en su formato como libro de tapa blanda como en el formato de eBook Kindle.

El pasado 11 de julio de 2021, en Cuba, un país que pareciera estar congelado en los hielos de la Guerra Fría, donde nada fluye y nada cambia, se produjo un fenómeno que, por su alcance y magnitud, resultaba inusitado. Cientos y cientos de cubanos salieron a las calles en numerosas ciudades y provincias para expresar su descontento con el gobierno encabezado por el Partido Comunista, en unas masivas y simultáneas manifestaciones de protestas populares, El mundo veía asombrado aquellas manifestaciones que significaban el cese del miedo generalizado, ante el poder de un régimen centrado y cerrado en sí mismo, estructurado dentro de los estrechos marcos de un sistema monopartidista y totalitario.

El 11J marcaría un antes y un después; un sacudimiento al quietismo y a la falta de iniciativas autónomas de los grupos disidentes al interior de la isla.

Pocos meses antes de estos acontecimientos se había publicado una edición revisada de Cuba-Resistencia Noviolenta (Comentarios). Una edición breve que pretendía resumir los principios de la teoría de la resistencia civil fundada en la acción noviolenta. El propósito de esta nueva edición es desarrollar algunas propuestas de acción, adecuadas a las características y especificaciones de la política cubana.,

La resistencia popular al régimen impuesto en Cuba ha estado presente, tanto de manera disimulada como abierta, desde 1968. De maneras sutiles, muchos, actuando aisladamente, han expresado su descontento con el sistema que impulsó Fidel Castro desde el mismo momento de su llegada al poder político de la Nación.  

La resistencia violenta de los años de la década de los 60, dejó una larga estela de terror, ahogando en sangre el intento guerrillero de hacerle frente al castrismo. Muchos de aquellos combatientes ─ difamados por los medios oficialistas como bandidos y mercenarios, y como autores de los más atroces asesinatos de civiles ─ provenían de las mismas filas de rebeldes que se habían enfrentado a la dictadura de Fulgencio Batista. Un movimiento armado enfrentado a un poderoso ejército, entrenado y equipado con las armas más modernas por la Unión Soviética, quedaría liquidado en los campos de combate, en los paredones de fusilamiento, en las cárceles, en el destierro y sepultado casi en el olvido.

El asalto a la Embajada del Perú en 1980 por una gran magnitud de ciudadanos, representó entonces la expresión más definida del descontento de la población; como también ahora las manifestaciones espontáneas del 11 de julio de 2021 lo han expresado.

En 1988 apareció una forma nueva de hacer resistencia al gobierno del Partido Comunista; un movimiento, autónomo e independiente de los intereses geopolíticos de Estados Unidos, de resistencia civilista, fundado en la defensa de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, promovido por un pequeño grupo de activistas procedentes de la izquierda democrática, e inspirados en las reformas que entonces se impulsaban en la ya desaparecida Unión Soviética.

Aquel grupo gestor no se proponía derrocar al gobierno de Castro; no aspiraban a tomar el poder político; se manifestaban como reformadores, pero eso no impidió que la represión llevara a prisión y al destierro a muchos de sus principales activistas, presentados por la propaganda castrista como elementos retrógrados y contrarrevolucionarios, en alianza con los intereses del siempre mitológico “imperialismo yanqui”.

En 1991 crece el número de organizaciones disidentes que se definían como "opositores pacíficos", muchos de ellos, vinculados a la derechista Fundación Nacional Cubano-Americana, como causa del alineamiento de la izquierda internacional a favor del régimen encabezado por Fidel Castro En 2003, Castro, ansioso por liquidar al movimiento opositor que crecía en extensión, lanzó la represión en contra de la oposición y del periodismo independiente, llevando a prisión a 75 opositores. La izquierda de caviar y la izquierda bananera, guardó silencio.

A partir de entonces, la oposición que, en Cuba se declaraba "oposición pacífica", comenzó a transformarse en una "oposición pasiva", sin decidida voluntad de lanzar el reto político estratégico de lucha noviolenta al régimen y de impulsar una inteligente labor de proselitismo dentro de las masas populares.

Toda la etapa castrista, esa comprendida entre el primero de enero de 1959 hasta el el 31 de julio de 2006, estuvo representada en la figura del comandante en jefe, del máximo líder de la “revolución”, de Fidel Castro, un orador carismático y experto agitador político, que supo captar el entusiasmo casi religioso de las multitudes. Enérgico, viril, era el campeón de todas las campañas. Su gobierno se hizo a su imagen, a su semejanza se hizo. Fidel Castro era la revolución; era el partido, era la misma encarnación de la patria, y hasta “retoño martiano”, porque lo que prometió Martí, “Fidel te lo cumplió”. Su poder residía, no solo en su ejército rebelde, sino en el poder de las masas.

Las masas le aclamaban con fervor al grito de ¡Fidel, Fidel! que resonaba como el saludo nazi del Sieg Heil o el grito espontáneo de “¡Fidel, dinos qué otra cosa tenemos que hacer!”; pero el tiempo es implacable, y los mitos, por ser lo que son, mentira se desvanecen con el transcurrir de los años. Envejecido y enfermo dejó de ser la varonil imagen de la revolución, y se enfriaba el entusiasmo… Luego llegó el hermano, Raúl Castro, sin los caracteres que adornaban al hermano mayor. Podía movilizar multitudes, pero solo bajo compromisos perentorios, mas no arrastraba masas… El castrismo ha muerto, ahora solo queda lo que dejó Fidel a su paso por la vida, un régimen intolerante, incapaz de lograr avances, estancado en el pasado, retrógrado y represivo, un Estado totalitario.

El 11 J demostró dos cosas importantes, primero existe la voluntad de resistencia dentro de las capas populares de la nación y, segundo, que todo movimiento improvisado en la espontaneidad termina en fracaso

De todas estas consideraciones surgió la idea de este y los anteriores trabajos. Se trata de recobrar el espíritu de 1988 y de encausarle por los métodos políticos y pragmáticos de la lucha estratégica noviolenta, para la toma del poder político.

Esta nueva edición, inspirada en las teorías de la resistencia noviolenta de Gene Sharp, no pretende sentar pautas en la labor opositora en Cuba; su propósito es aportar criterios y servir de base a un profundo debate en torno a los procedimientos, métodos y tácticas de la lucha noviolenta dirigida a la organización de un movimiento de resistencia capaz de provocar la caída del régimen totalitario y levantar los fundamentos de una República democrática y participativa.

El autor conoce que, algunos de los temas expuestos en este libro pueden ser considerados como controversiales y, no necesariamente aceptados por algunos opositores. Entre estos temas están los expuestos en los bloques VI (Papel del Exilio en la resistencia noviolenta) y VII (Plattismo y sanciones económicas). No obstante leer los enunciados controversiales presentes en esta edición, y debatirlos entre aquellos que busquen vías para el desarrollo de una resistencia política de lucha noviolenta, puede generar ideas; la controversia y el debate son los fundamentos básicos de la democracia.

Esta nueva edición del libro CUBA-RESISTENCIA NOVIOLENTA, corregida y ampliada con la inclusión de temas no contemplados en sus anteriores ediciones, está dedicada a todas las organizaciones democráticas ─ en especial, al movimiento opositor cubano ─ que decidan lanzar un poderoso reto político a las dictaduras. Un libro pensado para el debate y análisis de los métodos propuestos, en primer lugar, por Gene Sharp, y por numerosos ya estudiosos en la materia de las luchas populares sin el recurso a la violencia de las armas.  

Esta nueva edición está corregida y ampliada con la inclusión de temas no contemplados en sus anteriores ediciones.

jueves, 28 de abril de 2022

Cuba-Resistencia Noviolenta, Capítulo VIII.

 

Adiestramiento y disciplina.



Estos dos términos son reiterativos en este volumen; son condiciones imprescindibles para organizar y alcanzar la victoria en una lucha de confrontación entre la noviolencia de los activistas y la violencia ejercida por los órganos represivos, como ha quedado demostrado en muchas de las campañas exitosas que se han producido en diferentes partes del mundo.

Como ha indicado Gene Sharp[1], [La acción no violenta] “A veces se ha practicado espontáneamente, a veces más bien por intuición, o parcialmente basándose en la memoria de un caso conocido de antemano. Generalmente se ha utilizado bajo condiciones muy adversas y por participantes y aún líderes sin experiencia. En la mayoría de los casos no ha habido ni preparación ni entrenamiento previo, muy poca o ninguna planificación y ninguna o muy limitada consideración de estrategia, tácticas y posibles métodos. La gente que la usó no sabía mucho ni de la naturaleza de la técnica que escogió ni de su historia. No había estudios de estrategia y tácticas para consultar, ni manuales de cómo organizar a las “tropas,” conducir la lucha y mantener la disciplina”

En todo movimiento de resistencia se requiere establecer, aunque de modo empírico, diferentes etapas para su consolidación; primero, organizarse para captar partidarios; a continuación, integrar todo el movimiento bajo un mismo sistema de disciplina, buscar información y materiales de estudio sobre el tipo de acciones que se pretendan llevar a cabo. y realizar el debido entrenamiento de sus participantes. Si se busca el éxito del movimiento, se deben satisfacerse todas estas etapas y muy en especial, el entrenamiento para el tipo de lucha que se escoja. No es buscar la experiencia sobre la marcha; es asimilar los conocimientos de los expertos en la materia.

Durante su exilio en México, Fidel Castro siguió rigurosamente estas etapas. Desde la algarada del asalto al cuartel Moncada en Santiago de Cuba, ya había captado un número de adeptos, que le seguían disciplinadamente. En el DF, Castro adquirió un libro sobre la guerra de guerrilla, que había sido publicado bajo el título de “150 preguntas a un guerrillero”, cuyo autor era el general español, experto en el tema de la guerra irregular, Alberto Bayo Giroud ─ una especie de Gene Sharp de la resistencia armada ─. Castro logró ganarse la confianza de Bayo, y este de inmediato se dio la tarea de instruir al grupo de castristas en las técnicas de la guerra de guerrillas; además el grupo necesitaba entrenarse en el uso de las armas y en las prácticas de puntería, lo cual estuvo a cargo de un cubano residente en México, Miguel Sánchez, “el Coreano” que había participado en la guerra de Corea; como complemento del estudio teórico se requirió el entrenamiento físico, necesario para un guerrillero. Esta tarea quedó a cargo de un pugilista mexicano de lucha libre, Arsacio, el Kid, Venegas, quien los preparó en técnicas de defensa personal y los sometió a un estricto y agotador entrenamiento físico.

Esta alusión a los preparativos de lucha armada de Castro, la presento, como ejemplo de las etapas de adiestramiento propias para el desarrollo de una insurrección armada, partiendo de un hecho histórico que ya es conocido en Cuba.  

En los procedimientos de una lucha noviolenta, el cumplimiento de las etapas preparatorias tiene una mayor importancia y complejidad, que aquellas organizadas para la acción armada. En países bajo gobiernos autoritarios o autocráticos, es posible contar con el asesoramiento de instructores extranjeros en las técnicas de la lucha noviolenta. En Cuba, esa posibilidad es cero.  

Se requiere, por tanto, que los organizadores, dediquen un tiempo para el estudio de las teorías de la lucha noviolenta, se requiere también analizar las experiencias en otros países, donde se han impulsado campañas de noviolencia y no han podido lograr sus objetivos. De nuestros enemigos ideológicos podemos tomar sus experiencias dentro de la noviolencia; sobre este tema en específico Vladimir I. Lenin comentó en su libro ¿Qué Hacer?: “… el movimiento incipiente en un país joven sólo puede desarrollarse con éxito a condición de que aplique la experiencia de otros países. Y para ello no basta conocer simplemente esta experiencia (…)  para ello es necesario saber enfocar de modo crítico esta experiencia y comprobarla uno mismo”.

Si deben estudiarse los 198 métodos de acción noviolenta enumerados por Gene Sharp, siempre de manera analítica, sin copia mecanicista de los mismos, sino considerar cuáles de ellos son posibles de aplicación práctica en Cuba, pero, al mismo tiempo, conservando los principios de su sistema. Es importante, quizá mejor decir, es extremadamente importante que los organizadores se reúnan varias veces para la realización de seminarios[2] de estudio y análisis, de la teoría, analizando situaciones, considerando alternativas, desarrollando estrategias de campaña, y planear, preparar y evaluar acciones o campañas. En esa “experiencia educativa participativa”, fundada en el debate e intercambio de opiniones, ellos mismos pueden convertirse en entrenadores para los activistas. El entrenamiento noviolento puede fortalecer un grupo, desarrollando un lazo comunitario, mientras la gente aprende a trabajar junta y clarifica sus intenciones (Manual para campañas noviolentas). Se requiere el conocimiento de la teoría para aplicarla inteligentemente.

Cuando se carece de los rudimentos de las técnicas de lucha noviolenta y no existe un entrenamiento adecuado, tal como lo expone Sharp, “no es sorprendente que haya habido frecuentes derrotas o solamente victorias parciales, y que en algunos casos se hubiera desatado la violencia, que (…) contribuye a la derrota”. Esta situación se ha producido en la lucha del pueblo birmano en contra del golpe de estado dado por el ejército, junto a la resistencia noviolenta se han presentado acciones de acción armada en contra de la dictadura.

A partir de todas estas consideraciones, los organizadores podrán establecer las directrices y los principios de la noviolencia alentados por el movimiento de resistencia, como acuerdos sobre el modo de comportamiento de los participantes en una acción.

Los organizadore deben tener muy claros los objetivos que se persiguen, y los riesgos y las posibilidades de triunfo. Hay experiencias en el accionar de la oposición cubana, de larga data, que es necesario recoger. Se debe analizar los procedimientos de la seguridad del Estado en contra del disenso; procedimientos que han constituido un mismo patrón de conducta; qué modos son los apropiados para burlar la vigilancia de los represores; qué medidas de contención se deben aplicar para anular las acciones de las bandas de colaboradores del régimen organizadas dentro de las brigadas de respuesta rápida; cómo se puede garantizar el anonimato de los principales organizadores dentro del movimiento de resistencia; “es importante difundir conocimientos sobre la lucha noviolenta lo más ampliamente posible. Entre más gente conozca y entienda la técnica noviolenta, será más difícil para los oponentes tratar de dejar acéfalo el movimiento encarcelando o matando a los líderes (Sharp, 2014)” [esta es una labor que puede impulsarse por conducto del Comité de Apoyo Cívico]; tener previsto que el gobierno reaccionar ante el desafío y que se producirán muchas detenciones, que muchos de los participantes irán a la cárcel; ¿qué hacer en ese caso?; ¿conviene replegarse para después emprender nuevas marchas y acciones noviolentas de protestas? ¿Se cuenta con el número de personas necesario para ello?; debe considerarse cuáles son las campañas que deben ser priorizadas; cómo organizarlas; como garantizar la disciplina interna; dónde es mejor comenzar una campaña, etc.,

¿Existe un punto donde se evidencia la fuerza potencial del movimiento de resistencia en el cual queda evidenciada la principal debilidad del régimen? Existe, y está en el despertar de las masas populares, puesto en evidencia en los sucesos espontáneos de las marchas de protestas del 11 de julio del 2021, lo cual es una muestra de donde se encuentra el principal punto débil del régimen. ¿Dónde radica el principal punto débil del movimiento opositor? En la falta de voluntad para el impulso de una seria decisión de alcanzar apoyos efectivos dentro de la población; y en la carencia de iniciativa de los dirigentes de los grupos opositores.

Recuérdese que la resistencia no violenta no es solo empirismo, es un accionar científico y es un acto metódico, que prevé resultados y contingencias. Requiere tiempo y constancia.

Lenin acuñó la frase: “Sin teoría revolucionaria tampoco puede haber movimiento revolucionario”, como teoría, él se refería a la teoría del marxismo basada en concepciones del centralismo vertical y no en los criterios del descentralismo fundado en el liderazgo horizontal. Sin embargo. la frase puede ser reconsiderada diciendo: “Sin el conocimiento de una teoría de acción y sin la elaboración de una plataforma de objetivos democráticos y una bien elaborada estrategia de lucha que tenga en cuenta las iniciativas, tampoco puede haber movimiento de lucha noviolenta”.

En todo núcleo social se requiere determinadas normas de disciplina para mantener el orden y la subordinación entre los miembros de un cuerpo. Cuando se organizan acciones que requieren una participación masiva se requiere, no precisamente una subordinación a un mando superior, sino la capacidad de controlar los impulsos, y para ello se establecen las acordadas directrices noviolentas.

La disciplina consciente de los activistas y manifestantes, debe dirigirse a la puesta en práctica de los principios y métodos básicos de la acción no violenta, los cuales dejan en claro lo que se espera en los actos de protestas, de desobediencia civil y de intervención noviolenta. Se debe hacer entender, que los actos noviolentos comportan peligros, agresiones de la policía, detenciones masivas y encarcelamiento de activistas.

Cada célula de acción, cada parte de la organización puede impulsar iniciativas propias, de acuerdo a los condicionamientos del lugar donde operen, y siempre, ajustadas a los lineamientos generales y a la disciplina de la noviolencia.

“Aunque el nivel de compromiso de los organizadores con los principios de la noviolencia sea muy fuerte, y aunque la estrategia de la campaña esté muy bien organizada, es crucial que los participantes en las manifestaciones y las acciones de desobediencia civil reflejen los principios de la noviolencia para que sea una campaña noviolenta efectiva”[3].

 

 



[1] Gene Sharp y col. Caridad Inda. Cómo funciona la Lucha Noviolenta. Institución Albert Einstein. 2014

 

[2] Estos seminarios de estudio no tienen que ser necesariamente presenciales, pudiéndose buscar para su realización alguna otra alternativa que resulte más favorable.

[3] Manual Para Campañas Noviolentas. Op. Cit

 

miércoles, 8 de diciembre de 2021

UNA CARTA DE APOYO A LA DICTADURA DEL PCC

 

Mario J. Viera

 


El diario Granma vocero del único partido legal en Cuba, acaba de publicar una patética carta, iniciativa de los periodistas, el español Ignacio Ramonet, y el colombiano Hernando Calvo Ospina, conjuntamente con el sociólogo argentino premiado por el Ministerio del Poder Popular para la Cultura de la República Bolivariana de Venezuela, Atilio Borón y el filósofo mexicano que admira extraordinariamente a Fidel Castro, Fernando Buen Abad, Carta que el libelo oficialista presenta como enviada por más de 200 expresidentes y personalidades del mundo al mandatario estadounidense.

 

Que entre los firmantes de la carta de apoyo a la dictadura cubana se encuentren expresidentes como Dilma Rousseff, Rafael Correa, José Manuel Zelaya, y Ernesto Samper Pizano, o como la exsenadora colombiana Piedad Córdoba no tiene nada de extraño, y mucho menos edificante; la trayectoria de estas personalidades habla por ellos; por sus frutos son conocidos.

 

Sin embargo, entre los firmantes hay personalidades que sorprenden, precisamente por su historial de lucha frente a dictaduras y en defensa de los derechos humanos, como pueden ser el argentino Adolfo Pérez Esquivel Premio Nobel por la Paz, y el paraguayo Martín Almada, "Premio Nobel alternativo" de la Fundación Right Livelihood Award, es lamentable, pues al coligarse en apoyo a una dictadura militarista como la cubana han pisoteado toda una vida dedicada a la defensa de los derechos humanos.

 

Que no simpaticen con el embargo que Estados Unidos le tiene impuesto al régimen de Cuba, ¡Saludos! Esto, para nada es un demérito. Que con sus firmas planteen su apoyo al párrafo donde se denuncia que “el gobierno de Donald Trump emitió 243 medidas que afectan mucho más a la economía de Cuba, buena parte de ellas durante la pandemia de COVID-19. Ellas siguen vigentes con el gobierno de Joe Biden”; aunque no son cubanos ni viven en Cuba es un derecho de ellos que no podemos discutirles.

 

Pero consensuar el párrafo de la carta de apoyo a la dictadura cubana donde se lee: “Al interior del país, sujetos que se sienten respaldados y protegidos por Washington, usando como bandera la difícil situación económica debido al bloqueo (situación aumentada por la covid, como en todas las otras naciones), llaman a manifestaciones subversivas. Lo hacen sin importarles las leyes vigentes que prohíben todo atentado al sistema político vigente, como es lógico en todos los Estados del mundo. Y mucho más cuando es incitado por una potencia extranjera”; ya esto es, para decirlo suavemente un modo muy pueril de interpretar la realidad cubana.

 

¿Manifestaciones “subversivas”? ¿Así no calificaban las dictaduras argentina y paraguaya las manifestaciones de protestas que se producían en ambos países ante el reclamo a favor de los derechos humanos y de la conquista de la democracia? ¿Las leyes vigentes que prohíben todo clamor disidente con el sistema impuesto? ¿Defenderán, estos que han recibido premios por su defensa de los derechos humanos, la legitimidad de la Constitución de 2019, surgida dentro del conciliábulo del Buró Político del Partido Comunista y sin la legitimación de una Asambleas Constituyente pluralista electa por el voto libre de los cubanos? En primer lugar, eso a ellos no les compete; en segundo lugar, no son cubanos; y en tercer lugar eso, simplemente es intromisión en los asuntos internos de una nación.

 

¿Convalidan Adolfo Pérez Esquivel y Martín Almada la falacia por la cual se afirma “desde hace décadas, el gobierno estadounidense viene invirtiendo millones de dólares en la creación de «disidentes», de «opositores», de todo tipo, irrelevantes al interior de Cuba, pero enaltecidos por la prensa internacional con el propósito de dañar la imagen de la Revolución y así fundamentar la aplicación del criminal bloqueo”? Esto sería, a más de lamentable, vergonzoso y una afrenta a los cubanos que nos hemos opuesto a la dictadura continuista de Cuba.

 

Muchos de los cubanos que estamos en el exilio, que le hicimos oposición al régimen del Partido Comunista de Cuba, de manera no violenta, a cara descubierta y sumidos en condiciones de miseria y hambre, por defender nuestro derecho a disentir ─ que nunca recibimos dinero alguno de Estados Unidos ─ nos opusimos firmemente al gobierno de Donald Trump y a esas 243 sanciones económicas no selectivas que impuso su administración contra Cuba, porque las considerábamos atentatorias contra nuestro pueblo y les servían de coartada eficiente al régimen para hacer más severa su represión.

 

No somos “disidentes” entre comillas; no somos “opositores” entre comillas, somos la gran mayoría del pueblo que sufre y espera, del pueblo que teme. ¿Olvidan acaso Adolfo Pérez Esquivel y Martín Almada, el acto cívico y viril protagonizado el 27 de noviembre por cerca de 500 artistas e intelectuales, en su mayoría jóvenes, reclamando por un diálogo, que nunca concedió el régimen del PCC?

 

¿Movilizar tropas y fuerzas policiales y el empleo de banda de facinerosos armados de cabillas para impedir la convocatoria de una marcha cívica en reclamo por la libertad de los presos políticos y por cambios en las estructuras políticas; es algo que un defensor de los derechos humanos pueda cohonestar?

 

No señores Adolfo Pérez Esquivel y Martín Almada, s esos que, para descalificarnos entrecomillándonos como disidentes y opositores, les decimos, sí somos DISIDENTES y OPOSITORES a una dictadura; que no bailamos al compás de la ultraderecha republicana; que no nos apadrinan elementos como Mario Díaz-Balart, Marco Rubio, María Elvira Salazar o Ron de Santis; que creemos que nuestro derecho a recobrar la democracia no nos vendrá. de las manos de cualquier presidente de Estados Unidos; que creemos firmemente que esa democracia nos toca solo a los cubanos conquistar.

lunes, 26 de julio de 2021

Las lecciones del 11-J

 

Mario J. Viera

 


Son muchas las lecciones que nos ha dado la explosión del 11 J, y muchas las enseñanzas que, de ellas, pudiéramos extraer. La primera de todas, es que podemos alcanzar la liberación por nuestros propios medios, sin necesidad imperiosa de injerencias de poderes externos.

 

La principal característica de las multitudinarias manifestaciones del 11 J ha sido su carácter inusitado, al margen e independiente del concurso y la dirección de organizaciones internas, que no han podido superar su estadio de disidencia para convertirse en verdaderas organizaciones políticas de oposición; y este carácter inusitado significa que, existe y se manifiesta dentro de la gran masa de la población, la conciencia de la necesidad del cambio y la voluntad para producir el cambio. Estos dos factores son los que, necesariamente tienen que estar presentes en la conciencia social ─ necesidad del cambio y voluntad para producir el cambio ─ para producir una revolución.

 

Tiene razón la economista Rafaela Cruz cuando señala ─ en Diario de Cuba ─ que la debilidad de la oposición (yo preferiría decir “disidencia’) se hizo manifiesta en las protestas del 11 de julio, “cuando ningún movimiento o líder logró fusionar y encausar el descontento”. Muchos, desde largo tiempo, hemos estado abogando para que los grupos disidentes se vuelvan más hacia lo interno que hacia el exterior, actuando dentro del pueblo, haciendo labor de proselitismo de manera directa, para darle cauce a la indignación popular. Se trata de ejercer el liderazgo para impulsar el cambio cuando existe “una masa lista, como propone Cruz, para estallar cuando el liderazgo correcto los invoque”. Es decir, enfocarse en el fortalecimiento, tal como aconseja Gene Sharp, de la “población oprimida en su determinación de luchar, en la confianza en sí misma y en sus aptitudes para resistir”. Esto quedó determinado en los sucesos del 11J, la existencia de una masa lista para producir el estallido, confiada en sí misma por la identificación del conjunto que eleva el grito de Patria y Vida. Pero faltó algo importante, por la desidia de los grupos disidentes al interior de la isla, la necesidad ─ que Sharp propone ─ de “desarrollar un amplio y concienzudo plan estratégico global para la liberación, y ejecutarlo con destreza”. Sin un plan, sin una estrategia elaborada sobre realidades, no existe un movimiento de resistencia que logre el éxito. Factor este, sobre el cual tantos hemos insistido.

 

En su espontaneidad, sin la presencia de líderes conductores, aparecieron, diversas personas actuando como verdaderos agitadores políticos, quienes proponían consignas y determinadas acciones; como ocurrió en San Antonio de los Baños, cuando, al inicio de la protesta en un punto de la ciudad, algunos propusieron desfilar hasta la sede del Comité Municipal del Partido Comunista, en una forma de liderazgo horizontal con iniciativas no limitadas por un liderazgo vertical.

 

Este estallido social, el profesor Fernando Mires, lo identifica como la expresión de “un colectivo deseo de vida, de un grito desesperado por ser, de una expresión masiva por la libertad”; un movimiento, más que político, “fue un movimiento existencial”. Mires rechaza catalogar el grito del 11 J como “espontáneo”. “Una cosa ─ explica Mires ─ es que un movimiento no tenga líderes ni partido y otra es que sea espontáneo. Espontáneo, en el léxico político, significa un estallido anárquico y desorganizado”. Y esto para Mires no es lo que sucedió en Cuba., dado el hecho de que la protesta “se expandiera tan rápidamente desde los poblados más lejanos hacia las grandes ciudades y que en todos los lugares fueran coreadas las mismas consignas y que sus participantes hubiesen decidido poner término a todas las manifestaciones a la misma hora” evidencia que hubo “un alto grado de sincronía, de intensiva comunicación (digital) interna”. Esto, visto así, es cierto. Una coordinación que tuvo su antecedente en la sincronización comunicacional que estuvo presente para llevar a cabo la plantada frente al Ministerio de Cultura el 27 de noviembre del pasado año; una acción esta de desobediencia civil que tomó por sorpresa, igual que ahora, a los servicios de inteligencia de la dictadura.

 

Lo espontáneo, dentro de los hechos del 11 J, estuvo solo presente en la táctica empleada, sin ajustarla a una estrategia consensuada para impulsar una verdadera resistencia noviolenta; aunque, de modo instintivo, se pudo consolidar el número crítico de participantes que se requieren en un proceso de resistencia noviolenta, en una masa multigeneracional y de géneros. Fue significativa la participación de las mujeres lanzando el grito de “no tenemos miedo”. Hay pueblo, solo se requiere que los disidentes conviertan el movimiento en uno de tipo político, con demandas políticas, y, como propone, muy acertadamente, Rafaela Cruz, “haciendo propuestas mínimas, básicas, pocas, cortoplacistas y comprensibles, teniendo en cuenta que el pueblo no rechaza todo del castrismo — los sistemas de salud y educación estatales son intocables —, solo quiere vivir mejor. Hay que definir qué es "vivir mejor" y ofrecerlo ya, ahora”.

 

¿Qué se buscaba alcanzar con las manifestaciones del pasado 11 de julio? ¿La toma del poder político? Ese no era el objetivo de los manifestantes. Lo que se pretendía era lanzar un reto al poder y mostrar el descontento que existe en toda la sociedad cubana por las reformas económicas que últimamente ha venido implementando el PCC y el gobierno de Díaz-Canel; por los métodos incorrectos empleados por el gobierno para enfrentar la pandemia del COVID-19 que han provocado el colapso de las capacidades hospitalarias, especialmente en Matanzas; y por la crisis de desabastecimiento agudizada con la aparición de las tiendas que comercian en dólares y a sobreprecio de los productos esenciales.

 

He aquí donde fallan los grupos disidentes de Cuba, cuando solo se centran en problemas puntuales, en la elaboración de proyectos inocuos de reformas, como el tan mentado Proyecto Varela o la idílica Plataforma 18 de participación en el proceso electoral de Cuba; y en la búsqueda de apoyo externo, sin plantear como objetivo básico la toma del poder político a partir de un poderoso movimiento interno de resistencia. La disidencia descuidó el trabajo de captar pueblo; y pueblo había para impulsar ese movimiento de resistencia interna, como ha quedado demostrado en este accionar del 11 J.

 

Como bien se afirma en Los 50 puntos cruciales de la lucha no violenta de los autores Srdja Popovic, Andrej Milivojevic y Slobodan Djinovic, no se puede cambiar una sociedad si no se alcanza el poder político para la implementación de las reformas que esa sociedad requiere. No se trata solamente de plantear una lucha por ideales, por el respeto de los derechos políticos, civiles, sociales y humanos de los ciudadanos; sino la lucha por y para la toma del poder político. Solamente contando con el poder político se pueden implementar las necesarias reformas para la transición hacia un estado de derecho.

 

De hecho, el poder político en una sociedad proviene de la obediencia de las personas y el 11 J fue un desacato, un reto, una manifestación de desobediencia al poder político que usurpa en Cuba el PCC; y esto implica que el régimen actúe para reprimir la desobediencia. Este es el mérito histórico del 11 J, el primer acto multitudinario de desobediencia civil en 62 años de poder autoritario. Así como expone Mires: “La posibilidad de que la represión logre desmembrarlo, debe ser considerada. El aparato policial y militar cubano está hecho para reprimir a su propio pueblo. Pero que eso no suceda, depende también de las formas que asumirá en el movimiento en el futuro”.

 

La reacción primaria de la dictadura, ante un hecho considerado improbable, fue la indecisión, pero cuando las manifestaciones llegaron hasta la misma capital de la nación, centro de toda la atención internacional, tuvo que decidir y actuar. Movilizó a las fuerzas especiales del Ministerio del Interior, las “Avispas Negras”, a los efectivos de la Policía Nacional Revolucionaria y de la Seguridad del Estado, y, al mismo tiempo, demostrar que contaba con apoyo popular frete al reto de grupos calificados como marginales que quebraban el mito de “la unidad del pueblo en torno al partido comunista y al gobierno”. No se podía “admitir que ningún contrarrevolucionario, ningún mercenario, ningún vendido al gobierno de EE.UU., vendido al imperio, recibiendo dinero de las agencias, dejándose llevar por todas estrategias de subversión ideológica van a crear desestabilización en nuestro país", como clamó el sustituto de Raúl Castro al frente del gobierno. Entonces convoca: "a todos los revolucionarios del país, a todos los comunistas, a que salgan a las calles y vayan a los lugares donde vayan a ocurrir estas provocaciones".

 

El gobierno moviliza de inmediato a los esquiroles de la respuesta rápida que tan bien actuaron en la represión de las manifestaciones del 5 de agosto de 1994, conocidas popularmente como el “maleconazo”, junto a efectivos militares vestidos de civil y armados con garrotes; pero se cuida especialmente de no ametrallar a la población inerme; eso sería fatal para su imagen pública internacionalmente. No se reproducen los actos de violencia policial ocurridos en Chile y Colombia, ni el fusilamiento de manifestantes por efectivos militares como los ocurrido en Birmania, ni los asesinatos indiscriminados que el gobierno de Daniel Ortega cometió contra las manifestaciones de protestas en Nicaragua, no se lanzaron bombas de gases lacrimógenos para dispersar a las multitudes, como ocurriera en Estados Unidos durante las protestas del movimiento BLM.

 

Aunque muchos de la diáspora cubana vean la represión que, en Cuba, produjo cientos de detenidos, golpizas, asaltos a domicilios y hasta la muerte, reconocida oficialmente, de uno de los manifestantes, como una “represión bestial”, lo cierto es que no se llegó a tal extremo; lo que no implica, precisamente, que, en el futuro, ante un movimiento consolidado de resistencia no violenta, el régimen se inhiba de recurrir a la represión bestial indiscriminada.

 

Ante esta situación el periodista e historiador y exprofesor de la Facultad de Periodismo de la Universidad de La Habana, Roberto Álvarez Quiñones, en artículo para Diario de Cuba, conceptuó al movimiento del 11 de julio como “una monumental rebelión política”, aunque, erróneamente e inexactamente, consideró que los “manifestantes apuntaron al poder, la fuente primaria de la desgracia cubana y no a sus consecuencias sociales (hambre, escasez de todo, pobreza, etc.)”. Fue, precisamente esas condiciones sociales ─ hambre, escasez de todo, pobreza, etc. ─ la causa eficiente para la protesta, sin importar que se gritara reclamando libertad y la renuncia de Miguel Díaz-Canel a la presidencia del país.

 

El muy distinguido comentarista considera, también de modo incorrecto, que, “el derrumbe del comunismo en Cuba se logrará con la acción de fuerzas combinadas de una insoportable presión político-social interna y otra presión venida de fuera, para que ambas produzcan una fractura en la cúpula del poder que dé al traste con el régimen”. Aboga también por reclamarle al “presidente de la mayor potencia mundial” que le exija a la dictadura cubana que ponga “fin a la bestial represión, liberen a todos los detenidos y los presos políticos, que aparezcan los desaparecidos y se restauren las libertades ciudadanas, o ‘habrá consecuencias’". Y esas consecuencias, por supuesto, serían “echar abajo el mito de que solo hablar de una intervención humanitaria-militar favorece a la tiranía porque esta puede reavivar el nacionalismo ‘revolucionario’". Aparte de que estas declaraciones tienen el tinte propio de una mentalidad plattista, son también manifestación de la desconfianza de alguien en las capacidades de los cubanos de alcanzar su propia liberación.  

 

Sobre este aspecto, el Dr. Gene Sharp he expresado: “Muchas personas que actualmente están padeciendo bajo una dictadura, o que han tenido que exilarse para escapar de sus garras, no creen que los oprimidos puedan liberarse por sí mismos. Ellos no esperan que su pueblo pueda ser liberado sino por la acción de otros. Ponen su confianza en las fuerzas extranjeras. Creen que sólo una ayuda internacional puede ser lo bastante fuerte como para derribar a los dictadores.  (…) Esa confianza puede estar puesta en un factor totalmente errado. Por lo general, no van a llegar salvadores extranjeros”. Y agrega Sharp: “Los estados extranjeros podrían involucrarse activamente para fines positivos sólo cuando hubiere un movimiento interno que ya haya comenzado a sacudir la dictadura y logrado que la atención internacional se enfoque sobre la índole brutal del gobierno”.

 

Refiriéndose Sharp a las acciones internacionales, señala: “Aunque las acciones internacionales pueden beneficiar, o de alguna manera debilitar a las dictaduras, la continuación de éstas depende primordialmente de factores internos. (…) el boicot económico internacional, los embargos, la ruptura de relaciones diplomáticas, la expulsión del gobierno de organizaciones internacionales, la condena del mismo por alguno de los cuerpos de las Naciones Unidas y otros pasos semejantes, pueden contribuir grandemente. A pesar de todo, si no existe un fuerte movimiento de resistencia interna, tales acciones por parte de otros es poco probable que se den”.

 

Hoy en Estados Unidos, las manifestaciones de la diáspora cubana en apoyo al 11 J, parecen estar dirigidas más en contra de la administración demócrata que contra la dictadura del PCC. A impulsos del sector de la extrema derecha del Partido Republicano y de sus acólitos en algunas de las principales organizaciones del exilio, se alienta la mentalidad plattista que tanto daño ha hecho al crecimiento opositor al interior de la isla, con el reclamo y la exigencia de que Biden haga esto o no haga esto otro. Es legítima la intolerancia ante la intolerancia de la dictadura del PCC; pero ¿hasta dónde debe ser llevada?; hasta el punto dónde no perdamos la opinión pública internacional. ¿Se gana a la opinión internacional cuando se aboga por intervenciones militares de Estados Unidos y de la OTAN en Cuba, como la propuesta de un tal Léo Juvier-Hendrickx patrocinada además por Zoé Valdés y la suscripción de 50 mil firmas? Intervención militar que otros denominan eufemísticamente como “intervención humanitaria-militar”. Así no se gana el apoyo de la opinión pública internacional.

 

El 11 J debe convertirse en un movimiento consolidado, dejando a un lado todo el histerismo político miamense. La disidencia interna tiene ahora la oportunidad, el ejemplo lo dieron los miles de manifestantes que tomaron las calles de ciudades y pueblos en toda la isla. Ahora, lo que importa, como propone Mires, es preservar la existencia física del movimiento y a partir de ahí, asegurar su existencia política. “Por el momento, lo que más requiere es mantener continuidad. En otras palabras, que el régimen se vea obligado a reconocer al 11-J no solo como un enemigo externo sino como una oposición interna”, y esto es en lo que se debe concentrar la resistencia interna, sin pensar en invasiones militares de una potencia externa con la misión de “rescatar la libertad de Cuba”, lo que conduce a una paralización de la voluntad de resistencia con la esperanza puesta en una invasión militar que nunca se producirá; debe concentrarse en la elaboración de una estrategia cohesionada de lucha política no violenta y en la elaboración de un proyecto de nación, sin fantasías. Unir en un mismo empeño a todos los cubanos, ¡A todos! Más que buscar apoyos de gobiernos extranjeros, se debe buscar el apoyo de la opinión internacional, la opinión de las masas latinoamericanas, de las masas europeas. Hay que ganar para la causa de la liberación nacional las simpatías populares y de intelectuales y artistas de América Latina, de Estados Unidos, ¡De todo el mundo! Y tener muy presente las opiniones de Mires cuando señala: “Sin disidencias, sin trizaduras internas [dentro del mismo régimen], ningún régimen se viene abajo. Eso significa, para el movimiento que recién nace, mantenerse atento a cualquiera posibilidad de comunicación con los personeros del régimen. Nunca cerrar todas las puertas. (…) En no pocas experiencias históricas hemos visto a miembros de regímenes dictatoriales que terminan por disentir. Nunca faltan los que se dan cuenta de que seguir manteniendo a gobiernos ilegítimos lleva a callejones sin salida. Hay quienes también no quieren pasar a la historia como verdugos de sus pueblos. No hay transiciones sin deserciones”.

lunes, 19 de julio de 2021

POR CUBA, UNA SOLA VOZ, SIN DEMAGOGIAS

 

Mario J. Viera


 

Me cuesta trabajo ordenar mis ideas. La ira me enturbia el pensamiento. Quiero ser objetivo; pero no sé si es posible. El querer hacer y el no poder, es angustiante. Ver lo que acontece y guardar silencio, no es posible. Saltan a borbotones ideas que se enfrentan entre ellas expresándolas en palabras con distintos calibres, medidas unas, inapropiadas otras… ¡No es fácil!

 

Hay ocasiones, que a veces me asaltan, de cerrar los ojos, de voltear la página, de negarme leer los periódicos, de escuchar las noticias, y entretener mis ansiedades en juegos fútiles de internet o recreándome viendo una película tonta o una serie de Netflix. Pero no puedo evitarlo tengo que volver al tema como el perro vuelve a su vómito. Cuba duele.

 

Y pienso, y me cuestiono si yo, de haber estado en Cuba cuando estalló la revuelta, hubiera tenido el suficiente valor para unirme al gran tumulto de protestas del día 11. ¡Quizá sí, quizá me hubiera tragado el temor, el mismo que se tragaron los miles que desfilaron gritando, exigiendo “Patria y Vida”! Pero, ¡coño, qué puedo decir desde la distancia, desde la tranquilidad del exilio! Desde aquí, desde este tranquilo exilio ¿Qué me cuesta gritar libertad y patria y vida? ¿Salir a protestar en el Versalles para demostrar que soy cubano y que exijo libertad? Eso es fácil, si hasta pudiera verlo como una fiesta, o como un modo más de romper la rutina. Frente a mí no tendría una jauría de agresivos “boinas negras” y de sicarios mercenarios de la seguridad del estado, o de turbas furiosas de agresores, armados con bates y hasta con armas de fuego.

 

Por supuesto que es correcto, y más que correcto, necesario, demostrar públicamente que apoyamos a los que osan en Cuba alzar la voz; que en Cuba vean que estamos con ellos. Manifestemos nuestro apoyo; pero que nadie, aprovechando la revuelta popular en Cuba, nos manipule para adelantar intereses espurios o políticos.

 

Allá, en Cuba se desata la represión, respuesta lógica de un régimen tiránico en decadencia. ¿Cuántos dignos cubanos ya se encuentran desaparecidos o encerrados en celdas de Cien y Aldabó y en Villa Maristas? ¿Cuántos han sufrido golpizas propinada, a la par por varios rufianes de los órganos represivos? ¿Y los heridos con armas de fuego o heridos en sus viviendas luego de ser asaltados sus domicilios? No habrá piedad por parte de la tiranía. Así lo ha dejado bien claro. Como esa cosa con figura femenina  con grados de coronel de nombre Moraima Bravet Garófalo, jefa de la Dirección General de Investigación Criminal del Ministerio del Interior, declaró: “En este proceso desarrollamos un conjunto de acciones investigativas, de instrucción, periciales y operativas para demostrar que los actos del pasado domingo constituyen un delito (…) Estamos convencidos de que detrás de estos hechos está la mano del enemigo, y vamos a llegar hasta los instigadores y los organizadores”. El derecho de opinar, el derecho de manifestación es delito. Debemos considerar algo sobre lo que ha dicho esta señora coronel, que detrás de todos esos hechos, está la mano del enemigo, sí, el hambre, la miseria, el azote mal manejado de la pandemia, y la falta de derechos que sufre el pueblo cubano, esa es la mano detrás de las protestas y sus instigadores es el propio régimen del PCC.

 

Y ese muñeco de paja, con capacidad de dirección propia de cualquier empleadillo de oficina de correos, pero devenido presidente por su probada sumisión a los grandes, a los mayimbes y cuyo nombre, que preferiría omitir, pero no queda más remedio que señalar; ese tal Miguel Díaz-Canel, dijo: “Paz y tranquilidad ciudadana, respeto, solidaridad entre compatriotas y hacia los otros necesitados del mundo, salvando a Cuba para seguir construyendo, creciendo, soñando y alcanzando la mayor prosperidad posible. Ese es nuestro mensaje para nuestro pueblo”. La paz y la tranquilidad de los sepulcros, la solidaridad de los sicarios para soporte de la dictadura. Esto no se trata de pura demagogia, esto solo es cinismo.  

 

Y agrega, refiriéndose a los supuestos esfuerzos que su “gobierno” ha venido acometiendo en la extracción de petróleo y en el proceso inversionista en el sector turístico: “con el recrudecimiento del bloqueo y las 243 medidas, se cortan todas las fuentes de ingreso que propiciaban esas oportunidades y potencialidades que hemos ido desarrollando”. ¿Las 243 medidas de Donald Trump fueron la causa eficiente para el estallido de la protesta social en Cuba? Yunior García, del 27N podría rebatir lo dicho por el hombre de paja, cuando, luego de ser puesto en libertad, se refirió a su arresto en L y 23 en el Vedado: “…dejamos clarísima nuestra posición y nuestras ideas de cambio, en un país que no frena su caída al barranco, con una aguda crisis sanitaria, sin medicamentos ni comida, con una inflación galopante, una deuda impagable, tiendas en moneda extranjera que se expanden como pulpos, un país que se llena de hoteles mientras el fondo habitacional sufre un perenne peligro de derrumbe y los hospitales no dan abasto. Un pueblo donde crece el descontento, el desabastecimiento crónico, los apagones, los presos de conciencia”.

 

Habría que agregar también, un país donde la agricultura es un fracaso por los métodos burocráticos de su gestión, por las prácticas incorrectas de laboreo de las tierras, el regadío y el cultivo. Un país donde más del 75% de sus suelos agrícolas sufren profundas degradaciones, de erosión laminar y eólica, y de salinización. Un país donde su gobierno destruyó su antes poderosa industria azucarera; un país que arruinó su ganadería; un país cuyo gobierno se mantenía por los subsidios que le brindaba un imperio extranjero, que no supo capitalizar recursos; pero con recursos para levantar prisiones por todo el país, para invertir parte de su presupuesto en propaganda política y en la manutención de sus órganos de prensa y televisivos, y vive del producto de las remesas de los cubanos en el extranjero, y de los recursos que provienen del turismo.

 

Las medidas de Trump fueron un elemento, pero no el fundamental de la crisis económica por la que atraviesa el país, esa ruina viene desde los inicios del régimen.

 

¿Qué se supone debe hacer el presidente de una república democrática ante masivas manifestaciones de protestas populares? Buscar el diálogo sin recurrir a la represión, aunque esto no siempre se cumple, como ha sido el caso, en Colombia y en Chile, durante los pasados disturbios populares de protestas en esos países. No obstante, ni el presidente Iván Duque, ni el presidente Sebastián Piñera osaron hacer lo que el hombre de paja de Cuba, Miguel Díaz-Canel se atrevió, hacer un llamado para enfrentar al pueblo contra el pueblo: "Estamos convocando a todos los revolucionarios del país, a todos los comunistas, a que salgan a las calles y vayan a los lugares donde vayan a ocurrir estas provocaciones (…) La orden de combate está dada: a la calle los revolucionarios".

 

De inmediato, actuó. Puso en movimiento a las brigadas de respuesta rápida, movilizaron a los militantes del PCC de cada centro laboral, confeccionaron rápidamente bates de madera, y llevaron en ómnibus a toda esa gentuza para salir a la calle y agredir a sus propios hermanos. ¿Qué hubo de común en las protestas en Colombia y Chile? ¡La desigualdad social! En ambos casos, debida a las políticas económicas impuestas por el neoliberalismo. ¿Qué diferencia o similitud hubo entre las protestas chilenas y colombianas con el estallido de protestas en Cuba? Similitud, la desigualdad social debida al fracaso económico del sistema comunista; diferencias, ¡muchas! En Colombia y en Chile no existe un Estado policiaco, existe el derecho a la opinión, el derecho de manifestación, el derecho de libre organización política, existe el periodismo libre, existe una sociedad civil que puede expresarse libremente; ¡Nada de eso existe en Cuba! En Chile y en Colombia, los detenidos en movimientos de protestas son puestos en libertad de inmediato; en Cuba hay varios centenares de detenidos, muchos de ellos se desconoce su paradero y todos, están expuestos a la venganza de la tiranía; serán llevados a los tribunales y sometidos a juicios sin las debidas garantías procesales y sin el asesoramiento de abogados.

 

El New York Times, refiriéndose al caso chileno cita a John Polga-Hecimovich, experto en América Latina de la Academia Naval de Estados Unidos, cuando este dijo que los disturbios en Chile y las crisis similares que han sacudido a la región en los últimos meses deberían alertar a las élites políticas: “Esta podría ser la llamada de atención que algunos de estos gobiernos y partidos políticos necesitan para mejorar su representación y gobernanza”; algo de lo que absolutamente carece el régimen totalitario del PCC.

 

Ante la respuesta del régimen cubano de perseguir y criminalizar a los que osaron pedir cambios y libertad, la comunidad cubana en Estados Unidos respondió con manifestaciones de rechazo. Indignación e ira había entre los cubanos. Se repetía lo mismo en diferentes ciudades del mundo donde existen comunidades cubanas. En Washington, frente a la sede de la embajada cubana, amaneció una enorme pintada de CUBA LIBRE sobre la calle que da acceso a esa sede. ¿Una sola voz de repudio? Solo en apariencias, porque la comunidad cubana está dividida en cuanto a la respuesta que Estados Unidos debe darle al régimen de La Habana.

 

Están aquellos que exigen imponer medidas extremas contra la dictadura cubana, y están aquellos que rechazan tales propuestas y solicitan el levantamiento, no solo de las extremas sanciones económicas impuestas por Trump contra Cuba, sino también del embargo que Estados Unidos mantiene desde 1962. Los primeros, una abigarrada mayoría; los segundos, minoritarios. Y ambos grupos reclaman y le exigen a Joe Biden que acceda a sus peticiones. Los primeros, los más publicitados, como publicitados son los líderes inamovibles de las organizaciones de exiliados, que aparecen ante las cámaras de la televisión vistiendo de saco y corbata, acompañados de políticos de corte republicana y fuera de la multitud; no descienden de los estrados para fundirse con la gente que dicen representar. Detrás de sus propuestas se esconde un interés político, bien lejos de lo esencialmente cubano.

 

Así aparece Ron DeSantis, el gobernador de la Florida, con una propuesta interesante para bloquear el apagón de internet impuesto por el régimen del PCC para silenciar las denuncias durante los disturbios populares, y, de inmediato, la congresista republicana María Elvira Salazar suelta su gota de veneno: “Necesitamos la voluntad política del gobierno de Biden” ─ soltó, para luego agregar ─ “Y si el gobierno federal considera que no puede pagar los recursos, lo hará la comunidad cubana-estadounidense”. Biden responde entonces: "Cuba es, desafortunadamente, un estado fallido y está reprimiendo a sus ciudadanos. Han cortado el acceso a internet. Estamos evaluando si tenemos la capacidad tecnológica para restaurar ese acceso".

 

El sector moderado de la comunidad cubana le reclama a la Casa Blanca que cumpla sus promesas de aperturas hacia Cuba, aunque, en realidad este nunca dijo tal cosa, y hasta ahora no ha levantado las sanciones impuestas por su antecesor en el cargo; y declara: "Hay una serie de cosas que consideraríamos hacer para ayudar al pueblo de Cuba, pero requeriría una circunstancia diferente o una garantía de que el gobierno no se aprovecharía de ellos. Por ejemplo, la capacidad de enviar remesas a Cuba. No haríamos eso ahora porque es muy probable que el régimen confisque esas remesas o grandes porciones. (…) Estaría dispuesto a dar cantidades significativas de vacunas, si de hecho se me asegurara que una organización internacional administraría esas vacunas”. Claramente ha sido su respuesta; y esa respuestas la entiende bien el régimen del PCC.

 

Todos aquellos que, como amigos virtuales, me siguen en Facebook, o en las páginas de este blog, me conocen como un pertinaz detractor de las sanciones económicas no selectivas que Donad Trump impusiera sobre Cuba, porque las consideraba como más perjudiciales para el pueblo raso de Cuba, que para el régimen dictatorial. Pero, en estos momentos, si Biden accede a cumplir los deseos de aquellos que le reclaman el levantamiento de todas las medidas impuestas por Donald Trump, sería el peor error político que cometiera; sería como darle carta blanca a la tiranía del PCC para acometer tranquilamente todos los actos de violencia represiva que ha estado empleando para ahogar las protestas.

 

Pretender que el movimiento de protestas generado en la isla es consecuencia del endurecimiento del embargo, simplemente es un intento de descalificar la razón de las protestas. Si bien las medidas implantadas por Trump son un factor más de la ecuación social en Cuba, no es el determinante, como he expuesto más arriba. El régimen, de un portazo, ha cerrado las puertas a un relajamiento de las relaciones entre Estados Unidos y Cuba. Como en 1996, cuando Bill Clinton se planteaba vetar la Ley Helms-Burton, el régimen de la isla, ante el reto que le planteaba Concilio Cubano, para dar un escarmiento, derribó a dos avionetas no artilladas de Hermanos al Rescate, obligando a Clinton a firmar el proyecto aprobado por el Congreso; ahora hace lo mismo, ante el espanto que le causaron las protestas multitudinaria, prefirió actuar violentamente sin importarle para nada, que ese acto eliminaría la posibilidad de un nuevo relajamiento en las relaciones entre los dos estados, colocando a Biden en una encrucijada política. El régimen del PCC ha minado y hecho estallar los “puentes de amor” que algunos cándidos y timoratos pretendían erigir, supuestamente a favor del pueblo cubano.

 

Por estas razones, resulta insultante el comunicado que recientemente publicara el capítulo de Florida del Black Lives Matter (BLM), un movimiento en respuesta a la violencia policiaca y al racismo. "Esta cruel e inhumana política instituida con la explícita intención de desestabilizar el país y socavar el derecho de los cubanos a escoger su propio gobierno, está en el corazón de la actual crisis cubana” ─ se afirma en el comunicado del BLM. Sin embargo, BLM habla sin sentido, haciendo omisión del hecho de que, el derecho de los cubanos a escoger su propio gobierno ha sido conculcado por la rigidez de un partido único que se mantiene en el poder sin la legitimidad que confieren las elecciones libres, competitivas y transparentes.

 

Y continúa el comunicado de BLM afirmando: “Desde 1962, los EEUU han provocado dolor y sufrimiento al pueblo de Cuba cortando el suministro de comida y medicinas, costando a la pequeña Isla un estimado de 130 billones de dólares". Sin embargo, los redactores del comunicado pecan por ignorancia o por convergencia ideológica con el régimen implantado en Cuba. En primer lugar, aceptan como bueno, sin un análisis crítico, el cálculo de afectaciones que ofrece el gobierno del PCC; pasan por alto un detalle; precisamente en lo del suministro de comida y medicinas, cuando, en realidad, dentro de las líneas del embargo está permitido el envío de ayuda humanitaria, así como la exportación de alimentos, aunque, en este caso, se exige el pago previo; además, está autorizada la venta de medicamentos aunque cumpliendo con determinadas condiciones de transacción.

 

Parece que no han tomado nota de lo asegurado por Erika Guevara-Rosas, directora para las Américas de Amnistía Internacional a la BBC Mundo: "Ellos [el gobierno cubano] han generado una narrativa como si se tratara de un bloqueo completo y se trata de un embargo económico y financiero, con todas las implicaciones que eso tiene en la vida de las personas". Precisó que, en la actualidad Estados Unidos es el principal exportador de alimentos y medicamentos a Cuba; y destacó que el 80% del consumo de carne y pollo de la isla proviene de Estados Unidos, aunque omitió decir que estos productos solo son accesibles para los cubanos en las tiendas MLC que hacen sus ventas ─ luego de satisfacer las necesidades de los altos mandos del Partido Comunista, las Fuerzas Armadas y el Gobierno ─.. en divisas y a precios elevados. Este es uno de los factores que más incidieron en la revuelta nacional.

 

Para concluir, en el comunicado de BLM se declara: "Cuba ha demostrado solidaridad históricamente con pueblos oprimidos descendientes de africanos, protegido a revolucionarios negros [por ejemplo la militante del Black Panters, Assata Shakur, condenada en Estados Unidos condenada por matar a un policía en Nueva Jersey en 1973], garantizándole asilo, apoyado las luchas de liberación negras en Angola, Mozambique, Guinea Bissau y Sudáfrica". Los líderes de BLM no toman en cuenta que el PCC ha mantenido siempre una política de discriminación hacia los negros, se ha repetido en los descalificativos que ha hecho de los miembros del Movimiento San Isidro; y no solo discrimina a los negros, sino también a todo aquel que disienta de la línea oficial, sin importar que sea negro, mulato o blanco, Los únicos que son considerados como personas, para el partido comunista, son los partidarios de la dictadura, los “revolucionarios”, para los cuales son las calles y las universidades. Realmente, cuando BLM se alinea a favor de la dictadura del PCC, toda su labor, toda su lucha, como organización, queda descalificada.  

 

Del otro lado de los moderados de la diáspora cubana ─ no hay puntos medios ─, están los “duros”, los inclaudicables, los que reclaman con mayor fuerza, los que piden acciones radicales en contra de la dictadura y hasta proponen, en un documento dirigido a la Casa Blanca acompañado de una inusitada cantidad de firmas, bombardeos “humanitarios” sobre La Habana. Y se van a Washington a presionar al presidente de Estados Unidos, so pena de que, si este no cumple con lo exigido, no contará con sus votos en la próxima campaña electoral, algo que, por supuesto, no le impedirá a Biden conciliar el sueño; bien conoce que muchos, prácticamente la mayoría de los procedentes de Miami, firmantes del documento de marras y de aquellos concentrados ante la Casa Blanca, no votaron por él, que son ardientes seguidores de Donald Trump, que en Miami  hicieron actos de protesta alegando, como Trump, que se había cometido fraude electoral y que le acusaban de ser hasta comunista. Bien saben que Estados Unidos no invadirán a Cuba con sus tropas; así lo hicieron saber los senadores Bob Menéndez, demócrata y Marco Rubio, republicano.

 

Aunque Estados Unidos ha ejecutado operaciones militares sin el aprobado del Congreso, como fue la invasión a Panamá para derrocar al general Noriega y la invasión a Granada, también Estados Unidos se han inhibido de intervenir en otros países para restaurar “la justicia”. Trump, aparte de sus “todas las opciones sobre la mesa” no envió a los marines contra Venezuela a pesar de que durante las protestas populares del 2017 hubo entre 127 y 157 muertes; ni tampoco contra Nicaragua, donde en siete meses de protestas contra el régimen de Daniel Ortega se produjeron 535 muertos. En Birmania luego del golpe de estado propinado por el ejército, la soldadesca acribilló a los manifestantes no violentos con un saldo de 110 víctimas; Estados Unidos no intervino militarmente, como no intervino en Tailandia, como no intervino en Bielorrusia donde, durante las protestas populares, se hicieron 35 000 arrestos y miles fueron golpeados por los sicarios de Aleksandr Lukashenko. Ellos lo saben, pero están frente a la Casa Blanca siguiendo el libreto que otros les han trazado. Indigna ver que haya quienes se aprovechan del dolor y de la ira de la diáspora cubana en Estados Unidos para adelantar sus propias agendas políticas, o impulsar ruines intereses personales. Por Cuba se requiere una voz, fuerte, enérgica, independiente y sin la demagogia de algunos políticos. Una voz unitaria, no los clamores de los oportunistas de siempre. Una voz, en fin, que se pronuncie en cubano.