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martes, 4 de mayo de 2021

¿Puentes de Amor? ¿Con quién?

Mario J. Viera



Mario J. Viera

Carlos Lazo es una buena persona. No ha desperdiciado su vida de inmigrante en Estados Unidos. Se inscribió en el Ejército y alcanzó grados de sargento en Irak. Carlos Lazo se hizo maestro y en Seattle enseña español a estudiantes de High School. Carlos Lazo sostiene creencias y un ideal cristiano. Sí, es un hombre bueno; un hombre que tiende puentes. Carlos Lazo es cubano y también fue “balsero”. Con 25 años de edad llegó, en 1991, a Estados Unidos. Un tiempo vivió en Miami, pero parece que se desencantó del agobiante ambiente de la “segunda ciudad de los cubanos” y decidió, entonces “emigrar” hacia Estados Unidos, hacia Seattle en el estado de Washigton.

Carlos Lazo ama a Cuba, sin las estridencias de los exiliados cubanos de “Mayami”; la ama desde un punto de vista diferente; y tan diferente, que hasta ha recibido ataques de esa bazofia humana, de nombre Alexander "Alex" Otaola Casal; bazofia, no por sus preferencias sexuales, sino por sus preferencias “ideológicas”. Sin embargo, muchos hay que aman a Lazo; y esos le aman porque él se ha decidido a tender “puentes de amor hacia Cuba”. Y él dice de sí mismo: “Todos los días de manera humilde impulso la creación de puentes entre ellos (Cuba y Estados Unidos). Como hijo de las dos naciones lucho a diario para que se lleven mejor y se den la mano”.

El lucha por la familia cubana; el quiere ponerle fin a “las crueles medidas contra el pueblo cubano que impuso la administración Trump”; y hace bien; aunque se olvida de las crueles medidas que el régimen del Partido Comunista (PCC) impone contra ese mismo pueblo cubano que él defiende. Y va más allá. El quiere que se levante el embargo ─ que prefiere denominar “bloqueo” ─ del gobierno de Estados Unidos sobre el gobierno del PCC. “Esta batalla ─ dice ─ no es solo por la familia cubana, también por los Estados Unidos, por mi pueblo, por mis pueblos. Porque el bloqueo no solo castiga a los cubanos, sino a los de aquí, que no pueden viajar y conocer de la cultura cubana, y al mundo, porque impide a los científicos y profesionales de ambos países trabajar juntos… “. ¿Sólo por eso?

El embargo comercial de Estados Unidos, no hay que dudarlo, ya es obsoleto, como obsoleto es también el sistema político impuesto en Cuba. ¿Puentes de amor? Si con solo levantar el embargo se alcanzara la democratización de Cuba, ¡Que bueno sería! Podríamos gritar con todo entusiasmo: ¡Abajo el “bloqueo”!

Es como dice una pluma mercenaria de la prensa oficial de Cuba: “Hay muchas cosas que tenemos que cambiar, maneras que corregir, esquemas que romper, caminos que perfeccionar, pero solo bajo el reconocimiento nuestro y por decisión soberana, nunca bajo el dictado de la presión foránea o el chantaje político, pues sería como exponer al riesgo los principios que no son negociables, si es que se quiere mantener la independencia que tanto ha costado conseguir”. Y subrayo eso de “los principios no negociables”, como el dominio del PCC sobre el Estado y la sociedad; como es la persecución al disenso, con actos de repudios, con ataques físicos y encarcelamiento a todo el que disiente de los “principios no negociables” del PCC; como es el rechazo a la libre expresión de la opinión, no recogida como derecho dentro del texto de la actual Constitución, o el derecho de la libertad de prensa de su artículo 55, pero limitado con la condicional de que, los “medios fundamentales de comunicación social, en cualquiera de sus manifestaciones y soportes, son de propiedad socialista de todo el pueblo o de las organizaciones políticas, sociales y de masas; y no pueden ser objeto de otro tipo de propiedad”.

Como patriótico ha reconocido el régimen de La Habana el esfuerzo, impulsado por Lazo y algún que otro cubano que se define como muy “progresista”, para que se levante, eso que denominan, “bloqueo”. Así lo afirmó Miguel Díaz-Canel: “Los patriotas cubanos, vivan donde vivan, entienden que el bloqueo es un crimen contra su pueblo”.

Patriotas cubanos son todos aquellos ─ con indiferencia si abogan o no por el levantamiento del embargo ─ que se entregan a la causa de la liberación del Cuba, con sacrificio, con amor por Cuba, sin confiar en el poder de Estados Unidos para alcanzar el fin del régimen totalitario del PCC y el establecimiento de un sistema democrático de derecho de estado, no aquellos que tienden puentes de amor entre la libertad y la opresión. Mientras en Cuba continúen la represión, los actos de repudio, el acoso de los mercenarios de la seguridad del Estado contra los opositores políticos, no puede extenderse puentes de amor, porque, desde el otro extremo de esos puentes se levanta una muralla de intolerancia y de odio. 

 

viernes, 26 de febrero de 2021

BIDEN NO PARECE DARSE PRISA

 Mario J. Viera

 


Intensa ha sido la lluvia de cartas, proposiciones y sugerencias, que no cesa de caer sobre la administración de Joe Biden, solicitándole la instrumentación de una nueva política hacia Cuba. Desde el amable intento de los “puentes de amor”, solicitando la remoción de todas las políticas de Trump tendientes a incrementar las sanciones económicas no selectivas contra Cuba, y hasta la eliminación del “bloqueo/embargo”; la romántica propuesta del proyecto del Centro para la Democracia en las Américas, y la Oficina de Washington sobre América Latina, pidiendo a Estados Unidos dar el primer paso; la coja propuesta de la Joven Cuba; la carta del Cuba Study Group con la recomendación de que ambos gobiernos [Estados Unidos y Cuba] “negocien acuerdos de cooperación y faciliten arreglos económicos entre su sector privado que puedan consolidar suficientemente las relaciones diplomáticas y la integración socioeconómica entre los dos países”, más interesado en hacer negocios en Cuba que cualquier otro criterio altruista; hasta concluir el aguacero con la ríspida Carta Cuba-Estados Unidos que propone hasta casi la celebración de un simposio para llevar a cabo las negociaciones diplomáticas entre ambos estados.

 

Parece, no obstante, que Biden no se está dando prisa en el tema de la renovación del acercamiento con el gobierno de Cuba; al menos, hasta ahora, no ha hecho ninguna alusión al asunto. Bueno, sí, este 24 de febrero, aniversario 25 del derribo de dos avionetas de Hermanos al Rescate por aviones Mig del Ejército Cubano, Biden envió al Congreso una proclamación por la cual prorrogó, por un año más la declaración de emergencia con Cuba, firmada por Bill Clinton e 1ro de marzo de 1996, aduciendo que sigue existiendo la necesidad de continuarla.

 

En su declaración, Biden expresó: “La posibilidad de entradas no autorizadas a gran escala de embarcaciones registradas en Estados Unidos en aguas territoriales cubanas perturbaría las relaciones internacionales de los Estados Unidos con respecto a Cuba al permitir o proporcionar los medios para facilitar una migración masiva de ciudadanos cubanos y amenazar nuestra seguridad nacional”.

 

Algo más. El 8 de febrero, el encargado de negocios estadounidense Mark Cassayre hizo la siguiente declaración: "Tengo el gusto de informarles que, esta mañana, el secretario de Estado Blinken va a anunciar que Estados Unidos se comprometerá de nuevo en el Consejo de Derechos Humanos de la ONU, en calidad de observador", Algunos días después, Bliken explicaría en un comunicado que “la administración Biden ha reencauzado a Estados Unidos a una política exterior centrada en la democracia, los derechos humanos y la igualdad”, para agregar: “El uso efectivo de herramientas multilaterales es un elemento importante de esa visión, y en ese sentido, el presidente ha instruido al Departamento de Estado a reintegrarse inmediatamente y de forma robusta con el Consejo de Derechos Humanos de la ONU”; afirmando además, que  seguirá denunciando abusos en países como Venezuela, Nicaragua, Cuba o Irán (…) Los que tienen peores registros de derechos humanos no deberían ser miembros de este Consejo”.

 

Todavía más. Así se refirió la exembajadora de Estados Unidos ante las Naciones Unidas durante el gobierno de Obama, Samantha Power con respecto a la canción “Patria y Vida”, opinó: "Una mirada muy interesante a la nueva generación de jóvenes en Cuba y cómo están presionando contra la represión gubernamental”. Power, que también ha sido nominada por Biden para dirigir la Agencia de EEUU para el Desarrollo Internacional (USAID); agregó a su comentario, diciendo: “Un grupo de artistas canalizó sus frustraciones en una nueva canción tremendamente popular que el Gobierno ahora está desesperado por suprimir”.

 

Ninguno de estos mensajes debe sonar muy agradable a los oídos de los regentes del PCC.

 

Hasta el momento, no se ha dado a conocer si ya la administración Biden le haya pedido al Departamento de Estado un estudio para revisar la pertenencia de Cuba dentro de la lista de países patrocinadores del terrorismo, vuelta a colocar por Trump en la lista negra el 11 de enero de 2021, revirtiendo la decisión tomada por la administración Obama el 29 de mayo de 2015 para excluirle de tal designación. Todo un regalito de “buena voluntad” que le dejara Trump a Joe Biden con el propósito de dificultar el proceso de renovar las relaciones diplomáticas entre Estados y Cuba.

 

Mientras Biden se toma su tiempo para la elaboración de su política hacia Cuba, ya le han aparecido cuatro piedrecitas en su zapato para hacerle cojear. Se trata de cuatro congresistas cubano americanos ─ casualmente todos con representación de Florida en el Congreso de Estados Unidos ─, el senador Marco Rubio y los representantes Mario Díaz-Balart, María Elvira Salazar y Carlos A, Giménez, lo cuales, en un comunicado dirigido a la Casa Blanca, instaron a “mantener la presión” sobre Cuba a propósito de un tema muy delicado en Miami, como es el nuevo aniversario del derribo de las dos avionetas de Hermanos al Rescate sobre aguas internacionales.

 

En el comunicado, los cuatro radicales congresistas declaran: "Cada año que pasa nos sirve como recordatorio que este régimen asesino, narcoterrorista y antiamericano no ha cambiado en lo absoluto. El régimen castrista debe enfrentar consecuencias por sus actos criminales. Específicamente el asesino Raúl Castro, quien ordenó esta atrocidad, así como los tres individuos ya imputados en una Corte Federal de los Estados Unidos: el general Rubén Martínez Puente y los pilotos de combate Lorenzo Alberto Pérez-Pérez y Francisco Pérez-Pérez. El régimen ha demostrado repetidamente que no respeta la vida humana ni los derechos humanos más básicos. Mientras que los asesinos responsables sigan caminando sobre la faz de la tierra seguiremos exigiendo justicia para las víctimas del régimen: Carlos, Armando, Mario y Pablo”.

 

Declaraciones estas muy duras, que obligan a pensar, si resulta políticamente ventajoso para la Casa Blanca impulsar un acercamiento con el gobierno de Cuba. Por cierto, en el comunicado, ni por casualidad hicieron una referencia a la masacre del remolcador Trece de Marzo, ocurrida el 13 de julio de 1994, provocada por la embestida de embarcaciones gubernamentales contra el remolcador, provocando el saldo de 41 civiles, incluidos 11 niños, que pretendían llegar a territorio de Estados Unidos. Cualquiera sea un poco suspicaz, pensaría que, el propósito del comunicado, aparte de tener la intención de dificultar cualquier relajamiento de las relaciones diplomáticas con Cuba, estaría dirigido a las elecciones intermedias de 2022. ¡El factor Miami-Florida!

 

Sí, el factor Miami-Florida, algo que toma en cuenta la carta del Cuba Study Group., dirigida al presidente Joe Biden, cuando, en una de sus partes, resalta que, “el gobierno cubano también debe darse cuenta de que es poco probable que el acercamiento con Estados Unidos sea sólido si intenta eludir Miami”. Reconociendo que la política de Estados Unidos hacia Cuba, no debiera guiarse por la política electoral interna, el Cuba Study Group consideró que esto solo será “una aspiración más que un reflejo de la realidad actual” como consecuencia de, “la fuerte oposición partidista en el Congreso de Estados Unidos y el enorme papel de Florida (y su número cada vez mayor de votantes inmigrantes cubanos) en el Colegio Electoral (…) El sentimiento de los votantes cubanoamericanos hacia el gobierno cubano y las relaciones entre Estados Unidos y Cuba representa el mayor obstáculo político interno hacia la normalización”, lo que yo denomino “Factor Miami-Florida”.

 

En lo esencial, el cúmulo de sugerencias que, desde diferentes grupos de intereses, se promueven, se resumen en lo siguiente: levantar las restricciones a los vuelos comerciales y chárter, poner fin a los límites de remesas, restablecer los servicios consulares en Cuba, reiniciar el Programa de Reunificación Familiar para Cubanos, suspender la ejecución de los títulos III y IV de la Ley Helms-Burton; todo esto, algo que, como he dicho en otro artículo, Biden, por sí mismo y por condiciones humanitarias, puede decretar la derogación de las sanciones económicas que Donald Trump, previamente había dictado. No obstante, el presidente y su gobierno se están tomando su tiempo para implementar todo lo concerniente a la política que ha de seguir, respecto a Cuba.

 

Ahora bien, algunos proponen que la administración Biden se decida por el levantamiento del embargo y hasta hay los que reclaman su levantamiento incondicional (Carta de la Joven Cuba). Esto es algo muy diferente. Repito aquí lo que antes dije en el artículo que publiqué el 12 de febrero (La Carta de la Joven Cuba al presidente Biden, cojea):  “Aunque el embargo sea, en el presente, solo una reliquia anquilosada del periodo de guerra fría; aunque su aplicación no ha conseguido aperturas y reformas profundas en Cuba, las sanciones económicas contempladas en las leyes Torricelli y Helms-Burton no pueden o no deben ser levantadas de manera unilateral por parte de Estados Unidos, y aunque en muchos sectores de la economía estadounidense se plantean reclamos para su supresión, optar por su levantamiento necesita pasar por un proceso de negociaciones, en una especie de quid pro quo”.

 

El embargo es un tema espinoso y de muchas aristas. Independientemente de que la Ley Helms-Burton codificó el embargo, también estableció. como premisa para su levantamiento, la existencia de un Gobierno de transición en Cuba, con determinadas características, entre las cuales se pueden enumerar las siguientes: que haya legalizado todas las actividades políticas; que haya puesto en libertad a todos los presos políticos; haya disuelto el Departamento de Seguridad del Estado, incluidos los Comités de Defensa de la Revolución y las Brigadas de Respuesta Rápida; y haya expresado públicamente su compromiso de organizar elecciones libres y justas para un nuevo gobierno; con la participación de múltiples partidos políticos independientes; que exprese públicamente, su decisión de avanzar en el establecimiento de un poder judicial independiente; el respeto de los derechos humanos y las libertades fundamentales internacionalmente reconocidos; la creación de condiciones para el establecimiento de sindicatos independientes, y de asociaciones sociales, económicas y políticas independientes; y sobre todo que ese gobierno de transición no incluya a Fidel Castro ni a Raúl Castro. Solo cuando se certifique la existencia de un gobierno de transición y la formación de un gobierno elegido democráticamente, podrá levantarse el embargo.

 

Dentro de estas condicionales presentes en la vigente ley, un presidente, sea Biden o cualquier otro presidente, dictar por orden ejecutiva el levantamiento del embargo sería ir contra derecho, por muy legítima que pudiera ser considerada tal decisión. Para derogar la Helms-Burton, el Partido Demócrata necesitaría ganar en el 2022 una mayoría congresional de cerca de las dos terceras partes de todos los escaños, tanto en el Senado como en la Cámara de representantes, algo que a todas luces no parece ser probable, Aún en el caso que esto ocurriera y se lograra derogar la Helms-Burton debería considerarse si resultara apropiado el levantamiento del embargo de solo un plumazo, o hacerlo por etapas.

 

Bajo las condiciones políticas que hoy rigen en Cuba, el levantamiento del embargo no redundaría en mayores beneficios para el cubano común y corriente; solo se obtendrían algunas ligeras mejoras existenciales. El cubano continuaría siendo el mismo gallo desplumado de antes, aunque con un poco más de maíz. Tal vez quedaría sin sentido la coartada del régimen como plaza sitiada. Tal vez la retórica de lucha “antimperialista” se suavizase. Pero, el Partido Comunista de Cuba mantendría su no discutible hegemonía; las leyes de desacato no serían revocadas y el sistema judicial perduraría como tal y no como uno de los poderes independientes del estado. La represión en contra de la opinión disidente persistiría bajo formas más sutiles, los medios informativos continuarían bajo el monopolio oficialista y con mayores recursos económicos para sostenerles y para reforzar la propaganda gubernamental; los sindicatos continuarían siendo secciones sindicales para servir como correa transmisora de las directivas del PCC.

 

La economía pudiera mejorar, pero solo, en especial, para tanto el sector de los empresarios privados, como el de los inversores extranjeros en asociación con el gobierno; y el sector de los altos cargos del aparato gubernamental. No quedaría resuelto el problema del desabasto de la población, porque la prominencia estaría en el sector estatal de la economía bajo el principio de la planificación centralizada. Mantener el embargo, por otra parte, no garantiza de ningún modo la democratización de Cuba; levantar el embargo, tampoco garantizará la democratización del país.

 

Alcanzar la democracia en Cuba, no viene de mano del embargo estadounidense, ni de su supresión. La democracia, en Cuba, se alcanzará cuando cese el tribalismo entre los diferentes grupos de la oposición interna; cuando esa oposición se disponga a unirse en el lanzamiento de un reto poderoso al régimen; cuando esa oposición se aparte, se autonomice de los grupos de ultraderecha del exilio; cuando esa oposición deje de ser figura virtual para convertirse en presencia real actuando dentro de las entrañas del pueblo.

viernes, 12 de febrero de 2021

LA CARTA DE LA JOVEN CUBA AL PRESIDENTE BIDEN, COJEA

 Mario J. Viera

 


La Joven Cuba, una organización que no podemos identificar si es de cal o de arena o si es la mezcla de los dos materiales; Una organización que parece vivir en la estratósfera de la realidad virtual, más que en la realidad objetiva de la política de Cuba, le ha enviado al presidente Joe Biden una emotiva carta donde le pide la cancelación de todas las medidas de represión económica que la administración Trump le impuso al gobierno cubano para hacer todavía más severa la política del embargo.

 

Leo y releo varias veces el contenido de la misiva, y me quedo con la impresión de estar nadando entre dos aguas.

 

Hace cinco años ─ así comienza el documento ─, el pueblo cubano escuchó al presidente de Estados Unidos hablar en La Habana sobre esperanza y la construcción de un futuro mejor.  Su discurso sugería lo que los cubanos ya comenzábamos a hacer: abrirnos al mundo, estimular valores cívicos y crear nuevos negocios”. Aquí, con este inicio, comienzo a cuestionarme: ¿Lo que los cubanos ya comenzábamos hacer? ¿Acaso fue acto de motu proprio crear nuevos negocios? Nos abrimos al mundo, ¿Cómo fue? ¿Cuándo fue? Quizá se trate de una licencia literaria. ¿Estimular valores cívicos? Que disculpen mi ignorancia si les pregunto ¿cuáles fueron esos valores cívicos? Otra licencia literaria, sin duda alguna.

 

Pero llega Trump, y todo comienza a enredarse, entonces, ante “el más persistente y abarcador bloqueo/embargo” (…) Es poco lo que podemos hacer los cubanos en la isla para aliviar el efecto de sanciones externas durante la pandemia”. Otra interrogante que me hace cuestionar la misiva: ¿Los cubanos? Si la referencia es al pueblo, al cubano común, sin cargos gubernamentales, la frase no tiene sentido. Mejor hubiera sido replantearla, y decir: “Es poco lo que pueda hacer el gobierno cubano (…) para aliviar el efecto de sanciones externas durante la pandemia”. Luego, la carta, en modo imperativo le solicita a Biden: “comience a desmantelar el sistema de sanciones que continúa afectando al pueblo cubano”, para, a continuación, afirmar: “Hoy nuestra gente está sufriendo extraordinariamente con las penurias económicas”.

 

Esto, en esencia, es cierto, por eso, muchos miembros de la comunidad cubana, residente en Estados Unidos, nos oponemos a las medidas de sanciones económicas no selectivas, impuestas por Donald Trump por intereses electoreros; pero, los redactores han omitido, por descuido o indolencia, una realidad presente, que “las penurias económicas” que nuestra gente está sufriendo, se deben, en principio y fundamentalmente, al mal manejo de la economía por parte del régimen del PCC, por su obstinación al sistema de planificación centralizada de la economía, por la falta del estímulo a la iniciativa privada, por su empeño de colocar sus intereses políticos por encima de las leyes de la economía y el mercado, por su ineficiente tratamiento del sector agrícola, por la aplicación de sistemas agronómicos erróneos que han ocasionado el deterioro de extensas áreas agrícolas, por la salinización y la erosión de los suelos, tanto laminar como eólica.

 

Y argumenta Joven Cuba diciendo: “los cubanos y las cubanas somos conocidos por nuestra resiliencia y la mayoría de nosotros ha vivido toda su vida en crisis”. ¿Acaso la capacidad de adaptarse, la resiliencia, a factores perturbadores y adversos, puede ser considerada como un mérito de civilismo? Es cierto que la mayoría de los cubanos, de las generaciones de cubanos que se han sucedido desde 1959, han vivido toda su vida en crisis, no solo existenciales, sino también de derechos básicos, y de la ausencia de medios legales para la defensa de esos derechos, una crisis de valores generados por el sistema totalitario, ya desde los mismos inicios de su implantación. “los últimos cuatro años ─ alega Joven Cuba ─ han sido inusualmente crueles por la campaña de hostilidad de la administración Trump para ganar puntos políticos en la Florida”; y, como consecuente, “Un grupo de extremistas ha infligido enorme daño a Cuba desde sus posiciones de privilegio”. Clara referencia a los Díaz-Balart, Marco Rubio, Ted Cruz, y a John Bolton y Mike Pompeo; pero aún más grave daño le ha infligido a Cuba el grupo de extremistas, de la camarilla que, desde sus posiciones de privilegio, controla, al PCC. Y en la carta se expresa la queja: “en el escenario de una pandemia global, los cubanoamericanos y cubanos residentes en Estados Unidos, están imposibilitados de enviar remesas y medicamentos a la Isla. Convertir a toda una nación en rehén para lograr un cambio de régimen no es un acto moral”. ¡Claro que no es moral, imponer sanciones que agudizan más las penurias a las cuales ha sometido el régimen a toda la nación, con el solo propósito de lograr un cambio de régimen!, como inmoral es también someter a toda la nación a la dirección y control de un estado policiaco, a la imposición de una onírica unidad nacional en torno al único partido político, legalizado y reconocido constitucionalmente, que existe en Cuba.

 

Cuba no es perfecta; Estados Unidos tampoco lo es”, se enuncia, en tono académico, este sofisma dentro de los términos de la carta. Y es un sofisma, porque intenta identificar como iguales a dos Estados; o a dos sistemas políticos bien diferentes entre ellos. El Estado cubano es la total imperfección, mientras que el sistema político establecido en Estados Unidos puede tener alguna imperfección y, sin embargo, es más perfecto que el existente en Cuba, y es también un sofisma, cuando se sustituye, “gobierno cubano”; por el incluyente y genérico nombre de "Cuba".

 

Vuelve, en la redacción de la misiva con una nueva carga de sofismas: “Nuestra historia ha sido de lucha constante por lograr plena soberanía, democracia y libertad. ¿Nuestra historia, sin exclusiones? El castrismo siempre ha intentado autojustificarse como el defensor de la “plena soberanía, la democracia y la libertad”. Agregan: “A pesar de todos los patriotas que se sacrificaron por una Cuba totalmente democrática, aún estamos lejos de ese objetivo. Faltaría haber agregado a este último enunciado:porque un régimen usurpador se apropió, por la fuerza y por la fuerza mantiene, del poder”. “Sin embargo ─ continúa diciéndose en el documento ─, lograrlo es responsabilidad de los cubanos, no de presiones externas”. Muy de acuerdo, es responsabilidad de los cubanos alcanzar “una Cuba totalmente democrática”, sin esperar concurso externo, actuando desde los principios de la cubanía, con métodos inteligentes, con capacidad política para la conducción de la resistencia y para la movilización de eso que se denomina “número mágico” de participación masiva de pueblo. Ahora bien, decir que aún estamos lejos del objetivo de alcanzar una Cuba totalmente democrática es como concederle al régimen que, bajo su dictadura, en Cuba hay democracia, no total, pero, al fin de cuentas, hay democracia, y solo, según lo que se desprende de la lógica del documento de la Joven Cuba, se requerirán algunas reformas políticas.

 

En la carta se le reclama al actual presidente de Estados Unidos:Estados Unidos no tiene que ser nuestro aliado ideológico, pero puede dejar de ser un vecino hostil”. Me pregunto, porque no ha quedado claro en la carta: ¿Aliado ideológico? ¿De quién o de quiénes? ¿De la oposición cubana interna o del gobierno de Cuba? Propiamente, cuando colocan la opción para Estados Unidos de “dejar de ser un vecino hostil se están refiriendo al gobierno cubano, del cual, el gobierno de Estados no tiene necesariamente que ser aliado ideológico, basta con que deje de ser “vecino hostil”; es decir que, ante la hostilidad del régimen del PCC, Estados Unidos deberá mantenerse como un gobierno contemplativo y complaciente,

 

En otro párrafo los redactores de la carta a Biden aseguran: “En esta época de acceso a la información y las comunicaciones, las cubanas y los cubanos estamos en mejores condiciones que nunca para trabajar por nuestros derechos de manera autónoma. Afirmación esta que no puede sustentarse estadísticamente. Que no existen elementos que prueben el enunciado. Reclaman también: “Lo que requerimos del gobierno de Estados Unidos y sus líderes es que no interfieran en nuestros asuntos internos. Esta es la misma propuesta que hace el gobierno de Cuba; que nadie interfiera en los asuntos interno de la isla; que nada se diga ante los atropellos de las hordas de la Seguridad del Estado en contra de los opositores, que no se denuncien los actos de repudio, que nada se diga en contra de los juicios, donde no existen las debidas garantías judiciales Los redactores de esta misiva debieran recordar que la condena, que un Estado haga a otro por violaciones de derechos humanos, de acuerdo al Derecho internacional, no constituye acto de interferencia en los asuntos internos de ese país.

 

La mayoría de los cubanos ─ aseguran los redactores ─ respeta y admira a su pueblo y sus logros, pero también sentimos que el gobierno de su país [Estados Unidos] ha perdido, una y otra vez, la oportunidad de hacer lo correcto y corregir una historia de errores”. Hacer lo correcto y corregir una historia de errores, es lo que debe hacer, según los redactores de la misiva, el gobierno de Estados Unidos. Es lástima que no enviaran al gobierno de Cuba una carta similar, no la copia de esta carta, recomendándole, lo mismo que le recomiendan a Estados Unidos: “hacer lo correcto y corregir una historia de errores. ¡Que muchos han sido loe errores de la dictadura castrista!

 

Solicitamos [a Biden] que su administración regrese a esa relación [la iniciada por Barack Obama] con Cuba. Tenemos la esperanza de que reconozca que está en el interés nacional de Estados Unidos dialogar, desde un marco de reconocimiento de la soberanía mutua, con todos los sectores de nuestra sociedad, incluyendo al gobierno, los emprendedores del sector privado y la sociedad civil.

 

No es incorrecto que entre gobiernos, con diferencias políticas, emprendan diálogos para enfriar los conflictos, por supuesto que, en ese diálogo entre dos gobiernos, se reconozca la soberanía nacional de ambos Estados; pero el reconocimiento de la soberanía de una nación, no implica, precisamente el reconocimiento de un gobierno; porque la soberanía es propia de la Nación, y es todo el conjunto nacional el que conforma la soberanía. Ahora bien, ¿por qué Estados Unidos tiene que tomar la iniciativa y solicitarle el diálogo al régimen de La Habana? Por sí mismo, y por condiciones humanitarias, el gobierno de Joe Biden puede decretar la derogación de las sanciones económicas que Donald Trump, previamente había dictado; pero quien debe estar dispuesto a ir a la mesa del diálogo y solicitarle, es el régimen de Cuba. ¿Acaso Joven Cuba quiere salvarle la cara al gobierno de Díaz-Canel pidiéndole a Biden que sea su gobierno el que se rinda, el que pida diálogo? Quién más necesita ir a una mesa de negociaciones es el gobierno de Cuba.

 

Tal como antes dije, que la Joven Cuba vive inserta en la estratósfera de la realidad virtual, proponen que el diálogo deberá incluir, no solo al gobierno cubano, sino también a los emprendedores del sector privado, que carecen de toda representatividad ante el gobierno y que este con solo un plumazo puede hacer desaparece; y la virtual e imaginaria sociedad civil, y uno se pregunta ¿existe en Cuba realmente la “sociedad civil”? No existen organizaciones ni asociaciones independientes del Partido Comunista de Cuba; ¿Acaso esa sociedad civil es la representada por la Federación de Mujeres de Cuba (FMC), la Asociación de Agricultores Pequeños (ANAP), la Federación de Estudiantes de la Enseñanza Media (FEEM), la Federación de Estudiantes Universitarios (FEU), la Central de Trabajadores de Cuba (CTC), la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), la Unión de Periodistas de Cuba (UPC); y quizá el Consejo de Iglesias de Cuba, tan identificado con las políticas gubernamentales, y la Iglesia Católica; para nada incluyen en su propuesta la participación en el diálogo a representantes de la oposición interna, el Movimiento San Isidro (MSI) y los jóvenes artistas que participaron en el diálogo frustrado con el Ministerio de Cultura.

 

La Joven Cuba o solicita o reclama o exige de Joe Biden: “Levantar las sanciones incondicionalmente sería el paso principal y un acto de coraje moral. Aunque el embaro sea, en el presente, solo una reliquia anquilosada del periodo de guerra fría; aunque su aplicación no ha conseguido aperturas y reformas profundas en Cuba, las sanciones económicas contempladas en las leyes Torricelli y Helms-Burton no pueden o no deben ser levantadas de manera unilateral por parte de Estados Unidos, y aunque en muchos sectores de la economía estadounidense se plantean reclamos para su supresión, optar por su levantamiento necesita pasar por un proceso de negociaciones, en una especie de quid pro quo.

 

No tiene sentido una de las últimas propuestas de la Joven Cuba: “Dada la asimetría de poder entre Estados Unidos y Cuba y la unidireccionalidad de las sanciones, es responsabilidad estadounidense dar el primer paso. Es precisamente, por esa asimetría de poder de Estados Unidos en relación con Cuba, que quien debe dar el primer paso es el gobierno cubano. Pero según la carta existen aquellos que fomentando el odio tratan de “mantenernos distanciados”.

 

Pero, sabemos que también el régimen del PCC fomenta el odio y hace todo lo posible para dividir a la oposición interna y perseguir la voz disidente, que para mantenerse en el poder pisotea todos los derechos civiles y políticos de la ciudadanía, imponiendo el temor y la amenaza de prisión, y esto es un factor a tomar en cuenta del por qué del distanciamiento con los Estados Unidos. Por supuesto, la Joven Cuba instruye a Biden que “podemos aprender de errores anteriores y hacerlo mejor esta vez”, ¿Quiénes son esos “nosotros”, que “podemos aprender de errores anteriores”? ¿Estados Unidos y quién más? Que no se permita “que las acciones emprendidas por el presidente Obama sean la excepción y la hostilidad entre nuestros países sea la norma”. Sí, también esta recomendación sería igualmente válida formulársele a Raúl Castro y a Díaz-Canel,

 

Y concluye su pliegue de demandas la Joven Cuba: “Le pedimos al gobierno de Estados Unidos que comience a normalizar relaciones con Cuba. Esto ayudará a todos los sectores de la sociedad cubana y abrirá oportunidades de inversión para Estados Unidos en Cuba. Le pedimos a usted personalmente que tome acción ejecutiva y alivie las sanciones para darle al pueblo cubano una verdadera oportunidad en su búsqueda de la felicidad”. La verdadera búsqueda de la felicidad del pueblo cubano, solo comenzará cuando “los emprendedores del sector privado y la sociedad civil” y la oposición interna se concierten para impulsar un movimiento de resistencia masiva noviolenta, que provoque la caída de todo el sistema político y económico que alienta el PCC.

 

Definitivamente la carta a Biden, por sus omisiones, o tiene piernas cortas o, simplemente, cojea.

jueves, 11 de febrero de 2021

NO ES EL EMBARGO, ESTUPIDO, ES LA POLITICA

Manuel Cuesta Morúa


 

Excepciones aparte, los economistas cubanos, a ambos lados del pasillo, insisten en que el problema de Cuba es económico. Con rigurosidad histórica, nunca lo ha sido. Ni siquiera en tiempos de guerra, como bien saben los mejores historiadores de la economía cubana. No lo fue ni antes ni después de 1959.

 

Porqué eluden la política, es una pregunta obligada para ellos si pretenden entender el origen de su propia ciencia, solo posible desprendida de cualquier visión medioeval.

 

Maynard Keynes tenía razón cuando sugería no confiar el destino de un país a los economistas. Su gastada frase: “a la larga todos estamos muertos” tenía mucho que ver con la conversación en torno a su papel en la sociedad.

 

Que si tomas tal medida, que si liberalizas más cual sector, que si autorizas aquella actividad, que si inviertes en estas áreas, que si Estados Unidos levanta el embargo y un largo menú de modelos y análisis estadísticos en torno a políticas fiscales o de precios forman parte del vademécum que ha dominado la conversación al menos desde los años ochenta del siglo pasado. Casi el mismo tiempo que le ha tomado a Irlanda del Norte subirse a la plataforma de las economías desarrolladas.

 

Todo ello como poesía alternativa a la realidad prosaica: Cuba se desplaza a la cuarta periferia de la economía mundial: más allá de Venezuela y de Haití: esta última con una vigorosa economía al detalle que hace la envidia de las mulas cubanas.

 

El problema de Cuba es político. Y solo político. Lo fue en 1953, en 1959 y lo es ahora en el 2021. El gobierno lo sabe. Por eso solo liberaliza un tipo de economía de sastre hecha para usuarios, no para clientes cubanos.

 

Lo interesante es que la cantidad de actividades liberalizadas, dicen que más de 2000, refleja exactamente el problema de toda economía moderna: no se trata del cuánto, sino del qué. Qué no se puede hacer en cuantas actividades económicas pueda practicar.

 

Mi sugerencia es que lo entendamos: Cuba se cierra, hasta nuevo aviso, tanto a la economía moderna como a la modernización económica que, en el nivel de conocimiento y de tecnología actuales, dependen mucho de las 124 zonas prohibidas.

 

Lo que nos dice, directa o indirectamente, que el embargo de Estados Unidos nada tiene que ver con la deliberada trayectoria cubana hacia el subdesarrollo.

 

Yo, que como otros tantos empezamos a oponernos a él por allá por 1992, antes que el gobierno cubano comenzara a gemir en las Naciones Unidas, entiendo que el embargo es la mejor contribución del gobierno norteamericano a la plaza sitiada de la política, no a las carencias de nuestras mesas. Por eso, y solo por eso, abogo por su levantamiento.

 

Los que aducen razones éticas para exigir su levantamiento están desplazando la responsabilidad moral por el hambre cubana.

 

No es el embargo, estúpido; parafraseando a alguien. Es la política. Desde donde se bloquea, hacia dentro, las magníficas posibilidades de Cuba.

sábado, 23 de enero de 2021

RAZONAMIENTOS EN TORNO DE UN ARTICULO DE DIARIO DE CUBA

 

Mario J. Viera

 


El artículo “¿Es útil el embargo a Cuba?”, debido a Rafaela Cruz y aparecido en la edición del 23 de enero de 2021 de Diario de Cuba, me motiva a hacer algunos razonamientos sobre el tema de la renovación de las relaciones diplomáticas entre Estados Unidos y Cuba y sobre el embargo. El artículo, en cuestión, es un análisis muy interesante que aborda la problemática del embargo económico que Estados Unidos mantiene contra el gobierno de Cuba. Al mismo tiempo, el artículo pudiera verse como un jarro de agua helada arrojado al rostro del plattismo corriente.



 

¿Es conveniente mantener el embargo riguroso contra Cuba o sería mejor levantarlo?

 

Antes de abordar este, que es el núcleo central del artículo se Rafaela Cruz, es conveniente adelantar algunas reflexiones sobre la normalización de relaciones diplomáticas entre Estados Unidos y Cuba, paso antecedente al asunto del embargo económico.

 

Puede que a muchos cubanos del exilio les resulte molesto y hasta escandaloso que Estados Unidos se avenga a normalizar las relaciones diplomáticas entre ambas naciones, suspendidas en 1960 durante la administración de Eisenhower, retomadas después por el gobierno de Barack Obama y enfriadas durante el cuatrienio de Donald Trump. En primer lugar, hay que dejar por sentado, que el asunto del establecimiento o ruptura de relaciones diplomáticas es un ejercicio de la soberanía que todo Estado posee en cuanto a su política exterior y decisión de su Gobierno teniendo en cuenta intereses nacionales, tanto comerciales, como de seguridad interna o geopolíticas. No se trata de ideología, sino de la realpolitik. Si se tratara de razones puramente ideológicas Estados Unidos no tendría relaciones diplomáticas ni embajadas con países como China, Rusia, Pakistán, Tailandia, Arabia Saudí y Egipto, por ejemplo; en cambio algunos de estos países se consideran como aliados estratégicos extra OTAN, por ejemplo, Egipto, Pakistán. Tailandia y Arabia Saudí.

 

Un sector significativo de la comunidad cubana de emigrados y exiliados se considera traicionado por Obama y en extensión por Biden, por la reapertura de relaciones Cuba-Estados Unidos. Sin embargo, ese sector de la comunidad cubana no es representativo numéricamente dentro del conjunto de la población total de Estados Unidos como para imponerle la línea de su política internacional. Ninguna administración estadounidense ha firmado un tratado con el exilio cubano donde se comprometa en mantener aislado al gobierno cubano en tanto y en cuanto no haga reformas amplias en los temas de derechos humanos, civiles y políticos, liberación de los presos políticos y elecciones libres y competitivas. El único instrumento legal que obliga al gobierno estadounidense con respecto a Cuba de no levantar el embargo económico, si no se cumplen las consideraciones anteriores, es la Ley conocida como Helms-Burton, denominada así por sus promotores.

 

Si ese sector de la comunidad cubana en Estados Unidos que se siente defraudado por el acercamiento a Cuba, debería también sentirse defraudado y, ¿por qué no?, traicionado conociendo que, todos los países del continente americano, con la salvedad de Estados Unidos, mantienen relaciones diplomáticas y comerciales con la isla; debe sentirse traicionado también por la Unión Europea, que incluso un alto cargo de la misma reconoce a Cuba como “Estado democrático de un solo partido político”. Todo su descontento, toda su furia es la frustración de la mentalidad plattista tan generalizada dentro de ese sector de la comunidad cubana, que piensa que el cambió de régimen en Cuba solo puede provenir de la acción de un gobierno estadounidense. Por eso, ese sector se identificó con Donald Trump tratando de asfixiar al régimen del PCC por la vía del endurecimiento del embargo, y hasta soñaba con una solución de intervención armada de las tropas de marines entrando en Cuba. Por eso ese sector, movido por la propaganda electorera de Trump sataniza a los gobiernos demócratas

 

El Estado de Florida es una pieza ambicionada por todo candidato a la presidencia de Estados Unidos, generando 29 votos electorales. ¿Qué candidato presidencial se inhibirá de prometer una “Cuba Libre” al emotivo sector de la comunidad cubana de emigrados y exiliados? Sin embargo, este sector cada vez se reduce más y cada vez pierde peso en las decisiones electorales estadounidenses. En las elecciones de 2016, Hillary Clinton se impuso sobre Trump en los resultados electorales del condado de Miami Dade con un alto porcentaje favorable de los votos emitidos y, en las elecciones del 2020, Trump perdió Miami, aunque en esta ocasión el candidato demócrata se impusiera por un porcentaje menor que el obtenido antes por la Clinton y esto fue así por la sucia propaganda trumpista de presentar a los demócratas como controlados por la izquierda radical y el miedo al socialismo. Es previsible que, para las elecciones del 2024, ningún candidato presidencial se irá por el Versalles, por el acostumbrado Cuba Libre.

 

Retornado al artículo de Rafaela Cruz, la columnista reconoce que la miseria generalizada en Cuba, se debe en primer lugar al sistema económico que impone el PCC, o dicho en sus palabras, un "desastre castristamente provocado"; pero el embargo, por su parte, es condicionante del mismo. Según la autora, la presión del embargo ha logrado un éxito muy parcial por cuanto el régimen se ha visto obligado a conceder determinadas libertades al pueblo, libertades. por cierto, muy limitadas, tales "como usar celular, entrar a hoteles, comprar en un agromercado no estatal, viajar sin tener que solicitar "permiso de salida" o regentar un diminuto negocio", libertades que en nada cambia la condición de servidumbre nacional.

 

A partir de este antecedente, no hay que creer que el régimen, para palear el embargo, conceda más derechos a los ciudadanos o pensar que "más miseria con más disgusto" pueda conducir a una rebelión, razonamiento este que "no ha demostrado efectividad".

 

Rafaela Cruz señala en su artículo, y lo expresa muy acertadamente que el régimen del PCC ha "comprendido mejor que las sucesivas administraciones de Washington cuáles son los resortes sociológicos detrás de las protestas populares. Entendieron que la miseria del siempre miserable no despierta la ira que lanza a los pueblos a las calles". Algo esto, que la mentalidad plattista no acaba de colegir.

 

¿Qué se requiere para que un pueblo se lance a protestar masivamente? Según Cruz, lo que impulsa a las protestas es el sentimiento de "que le están arrebatando algo, que lo están despojando de lo que hoy posee"; un "escenario ─ agrega ─ que en la pobreza crónica cubana no existe"; y no existe porque no existe el referente de la memoria de vivir en un país próspero; porque los cubanos "no se sienten dueños de nada. El despojo material, sicológico y de dignidad sucedió hace demasiado tiempo",

 

Ciertamente, como ella alega, cuando no existe "esperanzas de futuro, positividad e ilusión, no hay posibilidad de un estallido popular, por tumultuosas que sean las colas o difícil que esté el transporte. La gente seguirá aguantando, pues no son capaces de imaginarse a sí mismos de otro modo".

 

¿Y cómo se soluciona este conflicto? La autora, en este caso no se muestra optimista; para ella, primero se requerirá que "surja y se solidifique un estrato capitalista (...) capaz de ahorrar e invertir excedentes de capital en la confianza de que su propiedad será respetada, como sucedía antes de 1959". Esta conclusión, en mi criterio, es algo iluso. Y lo considero iluso, partiendo de la psicología política del régimen cubano, totalmente refractario a la iniciativa privada, a conceder el derecho de la propiedad privada en la producción de bienes y servicios, y en su definida alergia al "enriquecimiento" de un sector importante de la población; porque el régimen sabe, ya lo ha visto suceder, que abrir una espita de libertad de tal envergadura podría provocar el colapso de su poder.

 

Para la autora de este artículo, llegar a alcanzar el surgimiento de ese estrato capitalista se requerirá de la negociación, utilizando el embargo como "la baza más importante con la que se podría negociar hoy con un financieramente agonizante —pero aun en total control político— Gobierno cubano". Entonces surge la pregunta que la autora se formula: "¿Es posible que la utilidad del embargo no esté ya en su mantenimiento sino en el negociado de su desaparición?" La respuesta que ella adelanta, es la negociación; una que pudiera "comenzar a desentrañar la madeja totalitaria. Ahora que el ocaso-castrismo está en su hora más oscura podrían sacárseles espacios para empoderar a una sociedad inerte, comenzando por las libertades económicas que formen la base para un estrato autónomo e internacionalmente conectado dentro de la sociedad cubana",

 

Pero ¿negociar?; ¿quiénes serán las partes comprometidas en esa negociación? La autora no las identifica por nombres, pero es evidente que se esté refiriendo a un encuentro del Gobierno de Estados Unidos con el gobierno de Cuba. A todas luces es una concesión a la mentalidad plattista de "en Cuba nada se resuelve sino se cuenta con la decisión de Estados Unidos".

 

Es muy cierto lo que alega la autora cuando dice: "Quien espere que el embargo y la miseria generen protestas populares, debería entender que los pobres, los desesperanzados, los desilusionados de todo no se inmutan ante la perspectiva de más pobreza, desesperanza y desilusión". No obstante, con solo levantar el embargo, que de hecho es también beneficioso para los intereses comerciales de Estados Unidos poco se podrá alcanzar en liberación, en respeto hacia los derechos políticos de los cubanos. Si se mantiene el embargo, nada se conseguirá para que el pueblo, motivado por la miseria, se lance a las calles reclamando derechos y libertades. Un verdadero círculo vicioso.

 

Larga y abrumadora serán las negociaciones entre Cuba y Estados Unidos. Contradicciones y desencuentros marcará esas decisiones., que quizá lleguen a un acuerdo favorable para ambas partes con posterioridad a la realización del Octavo Congreso del PCC y el retiro de Raúl Castro de la escena política, con la posibilidad de elevar a Miguel Díaz-Canel a la máxima dirección del PCC, por medio de una solución de corte gorvachoviana.

 

Estados Unidos podría vivir tranquilamente con un vecino que fuera menos estridente, más abierto a la cooperación con las políticas de Washington, y a la inversión de capital estadounidense, aunque en su política interior mantuviera un régimen policiaco y de restricciones de los derechos civiles de sus ciudadanos; algo que se mantiene con regímenes como Arabia Saudí, Tailandia y China donde los derechos humanos se violan sistemáticamente.

 

La solución legítima del caso cubano no viene del acuerdo de intereses extranjeros con el gobierno de Cuba. No vino de la mano de Obama, ni vino de Trump, ni vendrá de la mano de Biden. La solución, la única y verdadera, debe partir de nosotros, los cubanos, por medio de una resistencia noviolenta impulsada por una oposición que sepa asumir sus responsabilidades políticas de manera autóctona, sin influencia externas, sin esperar por soluciones venidas de fuera o impulsadas por un exilio tóxico; por una oposición política decidida a captar apoyo y fuerza numérica dentro del pueblo para lanzar el reto, la confrontación con el régimen, de manera inteligente, bien organizada y llevada a cabo por activistas entrenados en las técnicas de la resistencia noviolenta frente a una dictadura. Lo que no significa rechazar un mejoramiento de las relaciones diplomáticas de Estados Unidos con Cuba; sino sacar provecho del mejoramiento de esas relaciones diplomáticas.

domingo, 1 de noviembre de 2020

CUBA ¿PAIS PARASITARIO?

 

Mario J. Viera

 


No deja de asombrarme escuchar a muchos cubanos del exilio, dando por cierto, que Donald Trump, logrará la caída del régimen comunista-fascistóide imperante en Cuba. No me asombra, me alarma, que esos muchos cubanos desean que Estados Unidos apriete el garrote vil de las sanciones económicas para asfixiar hasta la muerte a la dictadura del PCC. No me asombra, ni me alarma, me escandaliza, escuchar o leer sus reclamos de eliminar el flujo de remesas a Cuba. ¿Creen acaso que Cuba, en la actualidad representa un verdadero peligro para la seguridad interna de Estados Unidos, hasta el punto de verse obligado a aplicar más y más sancionas contra el régimen cubano y hasta incluso comprometerse a tomar medidas más drásticas con el fin de provocar la caída del gobierno usurpador?

 

Yerran de puro entusiasmo los que así piensan. Sus frustraciones lastran sus razonamientos, hasta hacerles caer en un verdadero estado patológico de ansiedad; y su odio acumulado hacia la dictadura, lo hacen extensivo hasta el mismo pueblo del cual ellos proceden. Así, alguien en Facebook escribió estas delirantes frases: “Yo apruebo las sanciones económicas contra la dictadura cubana. Es indigno tener que depender de remesas. Libertades económicas para el pueblo YA”.


Por un instante dudé en darles a estas frases una réplica, porque el post había sido reproducido por una amiga a la que mucho quiero, valoro y debo. Expresé, más o menos lo siguiente: “Lo que es indigno es olvidarse de lo que sufre el cubano, y hacer olvido que, al régimen, solo de cierta manera, las sanciones económicas, impuestas de manera unilateral por una sola nación le pueden dañar”, los efectos, el régimen, los transfieren, los descargan, sobre las espaldas del pueblo. Los personeros de la cúpula del poder mantendrán casi intocables sus privilegios, atrincherándose “en sus cuarteles y teniendo el apoyo de Rusia, de China, de Irán y hasta de Turquía”. No les faltan ayudas. “España mantiene magníficas relaciones con el gobierno de Cuba, al igual que Canadá, y México”. Muy bien que le viene a la geriátrica dictadura el cuento de las sanciones económicas, porque les permite “mantener su coartada de plaza sitiada”, y “justificar su programa de represiones contra la oposición”, porque vindican hacerlo en defensa de la seguridad nacional. Cuba no es Corea del Norte; Cuba no tiene un programa de enriquecimiento de uranio, no tiene tampoco un programa de desarrollo de misiles de alcance medio, ni está empeñada con dotarse de armas atómicas; la experiencia del octubre de 1962 les fue de gran experiencia. Cuba no es China comunista, no puede medirse como un competidor comercial de Estados Unidos, si hasta su economía, prácticamente, se encuentra en bancarrota.


Y hay quien asegura, afirma, declara: “Cuba es un país parasitario por 60 años”; y lo dice, porque muchos en la isla, subsisten recibiendo las remesas de sus familiares en la emigración, tal como hace cualquier otro emigrante de cualquier otro país. El razonamiento, de aquellos partidarios del garrote vil económico, es el siguiente: “Ahogar al gobierno, para provocar más escaseces, incrementar el desabastecimiento, generar tal angustia que obligue al pueblo a tirarse a la calle para derrocar al sistema”. Falaces conclusiones, sin que dejen de ser cínicas, Cuba no es una nación de parásitos, esto, en primer lugar. Cuba es un pueblo rígidamente sometido a una dictadura, y no a una dictadura cualquiera, como las tantas habidas en Latinoamérica, sino a una dictadura totalitaria. Una dictadura totalitaria, que a unos destierra, y de la que otros huyen, buscando nuevos espacios en cualquier país. Huir se convierte en el socorro más utilizado para liberarse de una dictadura totalitaria.


El momento más desesperado, sufrido por el régimen castrista, no ocurrió durante la crisis de los misiles de octubre de 1962. Ese momento de desequilibrio, de amenaza de su ruina total, sucedió tras la caída del bloque soviético, con la consecuente pérdida de todos los subsidios provenientes del campo comunista. Ya antes había dejado horra a la vaca soviética. Desempolva un plan de contingencia, inspirado en los kmer rojos de Camboya, para formular un programa, eufemísticamente denominado “Periodo especial en tiempos de Paz”. La carga de la “resistencia” ante la contingencia económica recayó sobre el pueblo; fue el pueblo quien tuvo que resistir. La alta dirigencia del PCC no se convulsionó. Una nueva vaca nutricia apareció entonces para paliar el desastre económico, la Venezuela de Chávez. Mientras tanto la represión se hizo más férrea, y cientos de opositores sufrieron largas penas de presidio. Había que asegurar la subsistencia del régimen.


Todo parece que, muchos de los que ahora piden más y más que se apriete el embargo en contra del régimen impuesto en Cuba, o desconocen o pretenden obviar, el cuándo, el cómo y el por qué, se dictó ese embargo. La historia es, para el apasionado sector de la comunidad cubana, vinculada al Partido Republicano y consagrada fielmente a la defensa y apoyo de Donald Trump, algo que no tiene mérito para ser considerada. Muchos de ellos, si se les preguntara en que administración de Estados Unidos se dictó el embargo comercial, probablemente no darían una acertada respuesta. 

 

En 1960, Eisenhower preparaba un proyecto de invasión a Cuba bajo los términos de la Operación Casilda-Trinidad. Había aprobado algunas medidas coercitivas contra la isla rebelde, prohibiendo primero las exportaciones de Estados Unidos hacia Cuba, y posteriormente suprimir la compra de azúcar a Cuba. Las empresas petroleras de Estados Unidos, cancelaron el suministro de petróleo a Cuba y se negaron a procesar el crudo procedente de la URSS. Luego, mientras se elaboraba el proyecto Casilda-Trinidad con vistas a una invasión a Cuba, el Departamento de Estado rompía relaciones diplomáticas con Cuba. El acercamiento del gobierno de Castro a la Unión Soviéticas significaba una amenaza en ciernes para la seguridad interna de Estados Unidos.

 

Al asumir la presidencia John F. Kennedy heredó los planes de invasión a la isla, elaborados por la pasada administración; planes considerados por Kennedy como demasiado ruidosos, haciendo imposible la “plausible deniability” a la que aspirabas el presidente de Estados Unidos. En consecuencia, la CIA, en menos de una semana, reelaboró el Proyecto Trinidad por otro con solo 30% de posibilidades de éxito, pero que le vendieron a Kennedy como un proyecto confiable. Resultado, el gran chasco de Bahía de Cochinos.

 

Por documentos ahora desclasificados, se conoce que Kennedy hubiera querido hacer trizas a la CIA por el fracaso de Bahía de Cochinos. Aquel gran chasco era una gran espina clavada en el orgullo del presidente. Cuba estaba alineada con la URSS y eso sí constituía un más que potencial peligro para la seguridad de los Estados Unidos. Bajo su impulso, la CIA comenzó a desarrollar un plan de contingencia ante el caso cubano, resultando en la elaboración de la “Operation Mongoose” u Operación Mangosta. Algo tenía que hacerse. Sin que formara parte de la operación Mangosta, Kennedy decidió aislar a Cuba del resto del hemisferio. Es así que, el 3 de febrero de 1962, Kennedy firma la “Proclamation 3447” de embargo a todo el comercio con Cuba. Algunos dicen que el embargo se había declarado por las confiscaciones que, contra empresas estadounidenses, había dictado el régimen de Castro, en virtud de Ley No. 851 de “Defensa de la Economía Nacional”, publicada el 7 de julio de 1960. Pero esta no es la realidad, como queda expresado en el texto de la Proclamación 3447.

 

En el Considerando introductorio del decreto presidencial, queda plenamente explicado el por qué del embargo comercial: “Que la Octava reunión de los ministros de Relaciones Exteriores ─ se dice en este texto ─, sirviendo como órgano de consulta en la aplicación del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproco (TIAR), en su Declaración Final resuelve que el actual gobierno de Cuba es incompatible con los principios y objetivos del Sistema Interamericano; y. a la luz de la ofensiva del comunismo-chino soviético con el cual el gobierno de Cuba está públicamente alineado urgió a los estados miembros a tomar aquellos pasos que ellos puedan considerar apropiados para su autodefensa individual y colectiva”.

 

El tercer Considerando del decreto, ratifica: “Que los Estados Unidos, de acuerdo con sus obligaciones necesarias para promover la seguridad nacional y hemisférica mediante el aislamiento del actual gobierno de Cuba, y, por lo tanto, reducir la amenaza que deriva de su alineamiento con las potencias comunistas”.

 

Hasta la conclusión de la Crisis de los Misiles, Cuba era una amenaza a la seguridad nacional de Estados Unidos; para, luego del derrumbe del bloque soviético, devenir Cuba, en algo que podría ser molesto, desagradable para los Estados Unidos, pero ya jamás sería un peligro para la gran potencia del norte. Sin embargo, el revanchismo de los batistianos (los Díaz-Balart) no se resignaba. En 1992, el régimen de Castro está en apuros; se había convertido en el eslabón más débil del comunismo, si las cuerdas económicas se les apretaban, podría desplomarse por su propio peso. Son ahora los demócratas los impulsores de un nuevo intento de implementar el embargo como ley federal. El representante Robert Torricelli y el senador por Florida Bob Graham patrocinaron la que se denominaría Ley de la Democracia de Cuba o Ley Torricelli. Esta ley estaba dirigida a endurecer el embargo proclamado por Kennedy, extendiéndolo hasta las concesionarias estadounidenses asentadas en otros países; promulgaba también la prohibición a entrar en puertos de Estados Unidos por seis mese a toda embarcación que hubieran descargado en puertos cubanos.

 

Pese a su alharaca, esta ley pasó sin penas y sin glorias. Su proclamación era todo un rejuego politiquero para captar los votos, del entonces muy poderoso exilio cubano. George H. W. Bush se había mostrado reticente a ratificarla; pero eran tiempos de elecciones. Aconsejado por los asesores de su campaña para la reelección, Bush cambió de idea. Ganar la Florida era un asunto de primera importancia. Entonces, el 23 de octubre de 1992 firma, en Miami la ley ante un numeroso auditorio de cubano-americanos y sin invitar al acto de ratificación a los promotores demócratas de la ley.

 

Castro se mantenía. El pueblo era sacrificado a la resistencia, y obligado a mantenerse fiel a la caduca revolución.


Y llega el año 1996. Lincoln Díaz Balart y su Rosa Blanca se sienten eufóricos; ya tienen en la mano lo que creen es la varita mágica que haría caer al maldito castrismo. La “Ley de Libertad y Solidaridad democrática de Cuba”, denominada Helms-Burton El embargo se había codificado; ningún presidente jamás podría levantarle de motus propio. No solo se sancionará al régimen castrista, también sufrirán sanciones económicas todas las empresas extranjeras que colaboren con el régimen cubano, y podrán ser interpuestas demandas civiles contra todos aquellos que “trafiquen” en empresas expropiadas; todo dirigido a desalentar la inversión extranjera en la isla. ¡Se acabó el castrismo! Sin embargo, ya han transcurrido 24 años y la dictadura del PCC, todavía está en Cuba.


En Cuba la oposición da un paso hacia adelante en un verdadero reto al régimen, Concilio Cubano. Eso sí causó preocupación y alarma al régimen cubano. ¿Una libre concertación de prácticamente todos los grupos opositores y disidentes de la isla? De inmediato, la seguridad del estado introdujo sus topos dentro de las estructuras de Concilio, comenzó a presionar fuertemente a los activistas y, sin inhibirse, detuvieron y condenaron a prisión a los dos activistas de mayor activismo dentro del gran órgano de oposición.


Se debatía en el Congreso de Estados Unidos la Ley Helms-Burton. Bill Clinton, como antes George Bush, con respecto a la Torricelli, se mostraba reticente ante la nueva ley. El castrismo no podía quedarse esperando por el veto de Clinton al proyecto de ley, Tenía que cortar de cuajo el reto de Concilio y se fue por lo dramático, sus naves de combate derribaron dos avionetas no artilladas que volaban hacia Cuba para solidarizarse con Concilio. No le quedó más remedio al presidente Clinton que ratificar con su firma la cuestionable ley. Algunos en Cuba, equivocadamente saludamos la proclamación de la Helms-Burton; otros, con más acierto, la declararon como un intento de Estados Unidos de imponer una nueva enmienda Platt.


Aunque parezca una paradoja, bien le vino al castrismo la promulgación de la Helms-Burton. Ya desde 1996 en Cuba aparecía un modo nuevo de hacer periodismo, disidente y hasta contestatario, como alternativa a los medios informativos de propiedad estatal. Por diferentes vías se daba a conocer la verdad de la oposición, sus canales eran Radio Martí, y las redes electrónicas con sede en Miami, de Nueva Prensa Cubana y Cubanet, principalmente. Surgían nuevos grupos opositores. Todo parecía indetenible. Entonces la dictadura decidió armarse con un recurso “legal” para decapitar a la Hidra de Lerna de la oposición cubana; un recurso que pudiera justificar la represión como si se tratara de un acto necesario de seguridad nacional amenazada por una potencia extranjera.


El 16 de febrero de 1999, la Asamblea Nacional del Poder Popular aprueba una nueva ley, la de “Protección de la independencia nacional y la economía de Cuba”, Ley 88, que entraría en vigor con su publicación en la Gaceta Oficial el 1 de marzo de 1999. Un cuerpo jurídico de solo 12 artículos y dos disposiciones finales. El Primer Por Cuanto de la Ley 88, fue bien específico de las razones par la vigencia de la Ley 88. Una respuesta a la Ley del Congreso de Estados Unidos, Helms-Burton:

 

“POR CUANTO: El Gobierno de Estados Unidos de América se ha dedicado a promover, organizar, financiar y dirigir a elementos contrarrevolucionarios y anexionistas dentro y fuera del territorio de la República de Cuba. Durante cuatro décadas ha invertido cuantiosos recursos materiales y financieros para la realización de numerosas acciones encubiertas con el propósito de destruir la independencia y la economía de Cuba, utilizando para tales fines, entre otros, a individuos reclutados dentro del territorio nacional, como ha reconocido la Agencia Central de Inteligencia desde el año 1961, en informe que fuera divulgado en el año 1998”.

 

Estableció en su Artículo 1, lo siguiente: “Esta Ley tiene como finalidad tipificar y sancionar aquellos hechos dirigidos a apoyar, facilitar, o colaborar con los objetivos de la Ley Helms-Burton, el bloqueo y la guerra económica contra nuestro pueblo, encaminados a quebrantar el orden interno, desestabilizar el país y liquidar al Estado Socialista y la independencia de Cuba”.  Ratificó además, en su artículo 7.1: “El que con el propósito de lograr los objetivos de la Ley “Helms – Burton”, el bloqueo y la guerra económica contra nuestro pueblo, encaminados a quebrantar el orden interno, desestabilizar el país y liquidar al Estado Socialista y la independencia de Cuba, colabore por cualquier vía con emisoras de radio o televisión, periódicos, revistas u otros medios de difusión extranjeros, incurre en sanción de privación de libertad de dos a cinco años o multa de mil a tres mil cuotas, o ambas”. 

 

La respuesta a la Ley Helms-Burton la daría claramente la dictadura del PCC en la primavera del 2003, cuando condenó a 75 ciudadanos, miembros de organizaciones opositoras, civilistas y del periodismo independiente, a penas que oscilaban entre 6 años hasta los 28 de prisión.


Para el ingeniero agrónomo Dagoberto Valdés, quien fuera director de la revista Vitral y de la digital Convivencia, “Vivir de las remesas de forma permanente y sistemática es inmoral porque acostumbra a los cubanos a vivir del trabajo ajeno”, En el caso cubano, esto puede traducirse como una verdad a medias, y lo es, desde el mismo momento que Valdés reconoce que los cubanos no pueden vivir dignamente, porque los salarios que el gobierno cubano paga a los trabajadores del sector estatal son insuficientes; porque “el modelo económico impuesto es ineficiente y la productividad es insuficiente”, y porque la moneda cubana está devaluada, “es decir el peso cubano, cuyo poder adquisitivo ha disminuido de forma crítica; y el Estado cubano paga en esa moneda nacional devaluada y vende los principales alimentos, aseos y artículos del hogar en moneda libremente convertible que vienen precisamente por remesas de familiares”. Y ve Valdés, como solución a esta inmoralidad de vivir de las remesas, la rectificación de las causas por el enumeradas, “y se transitara ágilmente hacia una economía social de mercado”. Lo cual supone, en opinión del ingeniero Valdés, “la atención a los sectores más vulnerables, y que por tanto se liberen las fuerzas productivas del país mediante la libertad de empresa, la garantía para la propiedad privada y cooperativa y la libertad de comercio interior y exterior por parte de todos los cubanos, incluidos los que conforman la comunidad cubana en la Diáspora”. Es decir, esperar porque el régimen del PCC se decida a rectificar y emprender el camino adecuado para la reconstrucción económica del país. Valdés debería reformular su afirmación inicial y declarar: “Es inmoral que un gobierno no les dé más opción a los cubanos que vivir de las remesas en forma permanente y sistemática”. ¡Ah de los reformistas pasivos! 


Pueden pensar como quieran los sietemesinos mentales, pero las sanciones económicas impuesta unilateralmente por una determinad potencia, son del todo insuficientes para derrocar a una dictadura totalitaria. Las sanciones económicas pueden aumentar las carencias de la gente de a pie, incluso pueden provocar hambrunas, pero el hambre no genera héroes, no incitan rebeliones. ¿Quieren un ejemplo? Ahí tienen a Corea del Norte. Desde 1950, Estados Unidos ha estado imponiendo sanciones económicas a Corea del Norte; George W, Bush reconoció en 2007, que Corea del Norte seguiría siendo “una de las naciones más sancionadas del mundo”.


Al igual que le ocurriera al castrismo a la caída de los regímenes comunistas de Europa, la cadena productiva de Corea del Norte se paralizó. Según el economista coreano Kim Byung-Yeon, la falta de combustible provocó masivos cortes de energía que paralizaron las fábricas, como su industria extractiva que fue incapaz de producir más recursos naturales, e insumos para otras industrias y para sus exportaciones. Como señala el economista coreano "el colapso agrícola significó el repentino fin del SPD (sistema público de distribución), que había sido la mayor fuente de alimentos para los norcoreanos desde 1957. Desde alrededor de 1993, las raciones fueron crecientemente demoradas o bien entregadas en forma parcial. Los retrasos comenzaron en las zonas más remotas del campo, pero pronto se esparcieron a las principales ciudades". Todo esto, junto a las sanciones económicas impuestas al régimen de Pyongyang, originó la gran hambruna de los años 90. Donde se calcula que el número de muertos alcanzaron entre los 500 mil y los 600 mil, lo que representa entre el 2% y el 2,5% de la población norcoreana de la época.

 

El hambre no mueve revueltas. El régimen norcoreano se mantiene y si gue siendo una amenaza para la seguridad interna de varios países y en especial para la de los Estados Unidos

 

Es indigno ─ dijo el ponente de Facebook ─ tener que depender de remesas”. No, no es indigno, es condición para la supervivencia frente al régimen de la igualdad en la miseria. Lo que, en verdad es indignante, es que alguien, que puede ir al Publix o a Walmart, esté pidiendo que no se envíen remesas a los familiares quedados en Cuba, para que, por el hambre, se levanten en armas contra el PCC.