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lunes, 29 de agosto de 2022

CARTA A MIRES. UNA REPLICA SOBRE EL CONCEPTO TOTALITARIO DE CUBA



Estimado Mires:

He tomado atenta nota sobre la consideración que Ud. hace del régimen existente en Cuba. Según su opinión, el sistema de dominación que impera en Cuba “ya no puede ser calificado como totalitario, carece de apoyo de masas y de un proyecto de futuro porque para hablar de totalitarismo requerimos que el poder sea total y, definitivamente, en Cuba, el poder de la clase dominante de estado, ya no lo es, no goza de aprobación, ni de consenso, ni de legitimidad”.

Siento un gran respeto por sus opiniones, de hecho, casi me he convertido en un estudioso de sus trabajos, de los cuales he obtenido valiosas precisiones. El objetivo de estas letras no es buscar un debate con Ud. ¡Dios me libre de ello! Lo que intento es defender mi tesis de que el régimen de Cuba es totalitario y pasar por alto ese que Ud. denomina “desacuerdo conceptual” conmigo. Por supuesto le agradezco todas sus amables palabras que le dedica a mi libro. Para mayor precisar. los contenidos de Cuba-Resistencia Noviolenta, no es solo, digamos, un intento didáctico sobre la lucha noviolenta, sino implícitamente político.

Por otra parte, su magnífico artículo “¡Abajo la Dictadura!”, ya lo he reproducido en mi página de Facebook y en mi blog El Fantasma (https://phantom-elfantasma.blogspot.com )

Siguiendo a Hannah Arendt, y a Carl Joachim Friedrich y Zbigniew Brzezinski, Ud. ve como las características principales del totalitarismo “el terror, una ideología totalitaria, y la sustitución de lo íntimo por lo público”, para concluir diciendo que, “de esa triada, solo se mantiene el terror. Ideología política no hay, y lo íntimo no ha logrado ser usurpado por lo público”; y para ello se basa en “las crónicas de Yoani Sánchez, o las narraciones de Leonardo Padura”, dos fuentes que no son la expresión de la realidad política interna de Cuba. Literatura excelente, pero solo eso, literatura.

Aunque estas no son las únicas características que definen al Estado Cubano, estas están presentes en el modelo político impuesto por el partido comunista.

Mi definición del carácter totalitario de un régimen político la expuse sucintamente en el bloque XIII, “Hegemonía política como fuente de poder del totalitarismo”. El totalitarismo es concentración de poder, bien en la persona de un líder o en la supraestructura del partido oficial, ejerciendo su hegemonía política sobre el Estado y la Sociedad (Hegemonía política). Esta concentración de poder en la actualidad se mantiene dentro del aparato del Partido Comunista de Cuba y más ostensible en su Buró Político y en su Secretariado. Distintivo del totalitarismo es la supresión del sistema de partidos y criminalización del disenso enmarcado como tal en su propio Código Penal y en sus leyes penales especiales como la muy conocida Ley 88 aún vigente.

Si nos referimos a Carl Joachim Friedrich, este identifica cinco factores o aspectos principales identificadores de totalitarismo, todos presentes dentro del sistema cubano: 1) una ideología oficial, consistente en un sistema de enseñanza oficial que abarca todos los aspectos importantes de la vida humana “con exigencias quiliásticas para una sociedad  “perfecta”; 2) un único partido de masas (en Cuba es selectivo), consistente en un porcentaje relativamente pequeño de la población total (hasta un 10%) [En Cuba el PCC alcanza un porcentaje del 17,7% del padrón electoral y los militantes de la Juventud Comunista ronda en torno al 10%], organizado habitualmente bajo un solo caudillo de manera jerárquica  y oligárquica; 3) un monopolio técnicamente condicionado y casi perfecto del control sobre todos los medios decisivos de lucha (en las manos del partido y de los cuadros a él subordinados de la burocracia y de las fuerzas armadas) [En Cuba todos los ascensos militares se hacen atendiendo a la confiabilidad política de los mandos, y todos los oficiales, sometidos a las órdenes del partido, el cual mantiene entre ellos una constante labor de concientización a favor de la ideología oficial] ; 4) un monopolio similar técnicamente condicionado y casi perfecto del control (en las mismas manos) sobre todos los medios decisivos de comunicación de masas, como prensa, radiodifusión, cine, etc. (En Cuba todos esos medios pertenecen al PCC, mediante el gobierno, y son controlados por el secretariado ideológico del PCC, el cual les traza e impone la línea editorial de los mismos); 5) un control terrorista policiaco, que para sus efectos descansa en los puntos 3 y 4, y significativamente se dirige no solamente contra los “enemigos” confirmados del régimen, sino contra grupos de la población escogidos arbitrariamente; en el caso de esta selección por cuenta propia se trata de medidas para asegurar la continuidad del régimen, así como de “consecuencias” ideológicas en las que se hace un uso sistemático de conocimientos sicológicos (esta condición ha sido permanente en  Cuba ya desde el mismo año de 1959).  

Las dictaduras pisotean las leyes; el Estado totalitario se ajusta a las leyes, las de su propio estado de derecho. Bajo el estado de derecho totalitario, enmarcado dentro de los postulados de su propia Constitución política, no existe como tal el Poder Judicial, sino un sistema judicial estructurado como un órgano corporativo bajo la dirección de una estructura superior, el Tribunal Supremo de Justicia, cuyos magistrados son miembros del PCC, electos por el PCC, pero supuestamente por la Asamblea Nacional del Poder Popular, la cual. también supuestamente, elige al Presidente y Vicepresidente de la República (casualmente miembros del Buró Político del PCC) y a los miembros de Consejo de Estado; y, por supuesto, revoca o sustituye a las personas elegidas o designadas por ella; es decir por encargo del Buró Político del PCC.

En el régimen totalitario actúa el principio: Todo dentro del Estado, nada fuera de o contra el Estado; y el Estado y el Partido oficial se convierten en una misma identidad. Gobierno, legislativo y judicial forman una misma identidad y todos, bajo el control y las directrices del suprapoder, el partido. Y este principio básico está presente dentro del actual régimen que existe en Cuba.

El totalitarismo requiere, para ser implantado, de la existencia de un líder carismático que embriague y controle a las masas. Ese fue el papel fundador de Fidel Castro; pero como expresó Hannah Arendt, que cito en ese bloque: “El líder totalitario (…) parece creer que la cuestión de su sucesión no es excesivamente importante, que no se requieren para ocupar el puesto cualidades o preparación especiales, que eventualmente el país obedecerá a cualquiera que resulte haber obtenido la designación como sucesor en el momento de su muerte…” Este es el caso del dictador sustituto Miguel Díaz-Canel, un mediocre que tiene sus días contados como secretario general del PCC, algo que ya había previsto Raúl Castro cuando promovió al Buró Político a Luis Alberto Rodríguez López-Calleja, cuya muerte oportuna impidió poder sustituir al mediocre Díaz-Canel.

Desde 1968, el poder de la clase dominante de estado, no goza de aprobación, ni de consenso, ni de legitimidad; es un hecho. A partir de entonces las masas ya no eran las armas poderosas de la dictadura totalitaria, el entusiasmo iba mermando, aunque se mantenían las grandes movilizaciones en los espectáculos públicos del régimen, y aún se mantienen esas masividades. En 1980, se produjo la mayor manifestación espontánea de rechazo al sistema con el tremendo asalto a la Embajada del Perú y la estampida por el Mariel; pero también se originaron los masivos “actos de repudio” contra todos los que solicitaran abandonar al país y se han continuado hasta el presente y puestos en práctica en contra de los promotores de la marcha cívica del 15 de noviembre de 2021 y en especial contra Yunior García Aguilera. En 1991, el régimen creó y puso en funciones a las brigadas de respuesta rápida, a cuyos miembros he identificado con el sustantivo, quizá no muy apropiado o exacto, de “esquiroles”. Actúan como órganos parapoliciacos con elementos aportados por los núcleos del PCC y las secciones sindicales de los centros de trabajo, dirigidos a reprimir a los descontentos. Se les ha visto actuar armados de estacas durante las manifestaciones del 11 de julio y, listos para actuar si se producía el reto del 15 de noviembre.

En regímenes autoritarios, autocráticos, dictaduras militares y/o burocráticas, subsiste una sociedad civil, y hasta funcionan, aunque con limitaciones diferentes partidos políticos. Eso ocurre en Venezuela y hubo en algunas de las denominadas “democracias populares” controladas por el imperio soviético, por lo cual Václav Havel las denominó “post totalitaria”.  Con independencia de lo que opinen Yoani Sánchez y otros, en Cuba no existe una sociedad civil; la Iglesia Católica funciona dentro de marcos estrechos, sin acceso a los medios de comunicación masivos, el resto de las iglesias de distintas denominaciones están organizadas dentro del organismo corporativo del Consejo de Iglesias, controlado por el PCC y en armonía con el régimen.

No existen organizaciones independientes de profesionales, ni sindicatos libres. La cultura queda bajo el corporativismo de la UNEAC, cuya dirigencia esté conformada por conocidos miembros del PCC, al igual que el periodismo, cuyo ejercicio independiente es criminalizado, permitiéndosele solo hasta el punto de no cruzar la línea roja impuesta por el régimen; el sector de emprendedores privados no cuenta con representación gremial y queda constreñido dentro de la política general del Estado. La educación está sometida a la ideologización oficial; los párvulos de la enseñanza primaria están obligados a juramentarse con la fórmula “¡Pioneros por el comunismo, seremos como el Che!”. Los padres no tienen opción para el tipo de enseñanza que prefieran para sus hijos; la Universidad no es para todos, sino para los que aceptan las políticas oficiales sin posiciones críticas; solo son reconocidas las denominadas “organizaciones de masa” cuyas direcciones están a cargo de funcionarios del PCC. 

En mi definición del totalitarismo omití un elemento distintivo, la existencia de un enemigo objetivo sobre el cual hacer caer la culpa de todo, bajo el nacionalsocialismo, ese enemigo eran los judíos, para el estalinismo eran los saboteadores, para el castrismo, primero el imperialismo yanqui y con posterioridad el embargo estadounidense identificándole como el bloqueo criminal.

Pienso que sería útil referirme a las consideraciones que tomó en cuenta Carl Joachim Friedrich para el estudio del totalitarismo fundándolas sobre la base de dos tesis: a) la sociedad totalitaria del fascismo y del comunismo son iguales en sus rasgos fundamentales, es decir, que tienen más similitudes entre sí que con otros sistemas sociales y de gobierno. [Esencias iguales, no totalmente iguales] b) la sociedad totalitaria es históricamente única y sui generis; y agrega diciendo que, “estas condiciones no presuponen que nuestra comprensión de la sociedad totalitaria sea perfecta o incluso adecuada (…) Por tanto no presuponen que las sociedades totalitarias sean unidades firmes y estáticas; por el contrario, se acepta que han experimentado y seguirán experimentando una constante evolución, que quizá encierre tanto crecimiento como decadencia.

El en el caso cubano, el Estado totalitario, se ha visto obligado a hacer tácticamente algunas reformas tímidas con el propósito de mantener incólume la hegemonía política del PCC hasta un punto satisfactorio; y tiene que hacerlo porque ve que sus recursos humanos se van erosionando cada vez más. Hoy no podemos ver al régimen del PCC situado en el punto del postotalitarismo. sino en su fase decadente, pero sin dejar de ser totalitario.

Este es el momento de abatirlo por medio de una resistencia pertinaz, osada y organizada con objetivos bien definidos. Porque como anotó Hanna Arendt, "La rebelión popular contra gobernantes materialmente fuertes puede engendrar un poder casi irresistible incluso si renuncia al uso de la violencia frente a fuerzas muy superiores en medios materiales".

Espero, estimado Mires que con este “alegato” mío, podamos mitigar un tanto su “desacuerdo conceptual” conmigo.

 

Con toda mi consideración y el debido respeto que me inspira.

Queda de Ud.

Mario J. Viera 

sábado, 17 de abril de 2021

¡Despierten, timoratos, Raúl Castro les habla!

 Mario J. Viera

 


¿Todavía creen en cambios y reformas? ¿Todavía creen en aperturas dialoguistas? ¡Pues despierten, que Raúl Castro les responde!

 

Siempre el informe central, ante cualquier congreso del Partido Comunista de Cuba, representa las proyecciones que se esperan impulsará el PCC hasta el siguiente congreso. Son interesantes los pronunciamientos del presente informe central. ¡No tiene desperdicios!

 

Para todos aquellos que confían en proyectos cívicos para implantar reformas económicas, más amplias que las tímidas ya puestas en práctica por el régimen, lo mejor que pudieran hacer es abrir bien los ojos. En cuanto a la ampliación de las licencias para la actividad privada, el “cuentapropismo”, hasta más de 2000, decisión esta, que algunos, según afirma Castro en su informe central, que “sueñan con la restauración capitalista en el país y la privatización masiva de la propiedad (…) sobre los principales medios de producción” critican y califican de insuficiente, Sí porque es el egoísmo, la codicia y el afán de mayores ingresos lo que les alienta “para desear que se inicie un proceso de privatización que barrería los cimientos y las esencias de la sociedad socialista”.

 

¿Que se permita la importación comercial privada? ¡De ninguna manera! Eso es como pretender “hacer estallar el principio socialista del monopolio del Estado sobre el comercio exterior”. “Hay límites que no podemos rebasar”, advierte Raúl Castro,porque las consecuencias serían irreversibles y conducirían a errores estratégicos y a la destrucción misma del socialismo”. Tomen nota aquellos que creen poder establecer un diálogo cívico con el PCC: ¡Hay límites que no se pueden rebasar!  Es más, si hay desabastecimiento, pues, ¡Nada! “hay que acostumbrarse a vivir con lo que tenemos”.

 

¡Oigan! si quieren dialogar, tengan presente, “que las decisiones en la economía en ningún caso pueden generar una ruptura con los ideales de justicia e igualdad de la Revolución y mucho menos debilitar la unidad del pueblo en torno a su Partido. El partido es sagrado, nadie tiene derecho a blasfemar lo sagrado. Ahí está el Artículo 5 de la Constitución, como grabado en bronce, es que su “redacción íntegra es obra personal del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, se mantuvo en la actual, con idéntico número y contenido que, en la promulgada en 1976, consagra al Partido Comunista de Cuba como la fuerza dirigente superior de la sociedad y del Estado, que organiza y orienta los esfuerzos comunes hacia la construcción del socialismo”.

 

¡Vamos, señores, lo sagrado es sagrado! Así que no vengan pidiendo que se derogue el Artículo 5 de la Constitución, porque ese artículo fue redactado por el “retoño martiano” el “Padre de la Patria”, el Comandante en Jefe, aunque solo sea cenizas, Fidel Castro. Recuerden que hay límites que no se pueden rebasar. La unidad del pueblo con el partido, ¡por Dios!, “debe cuidarse con celo y jamás aceptar la división entre revolucionarios bajo falsos pretextos de mayor democracia, pues ese sería el primer paso para destruir desde adentro la propia Revolución”. ¿Mayor democracia? A quién se le ocurre. ¿Libertad de expresión? Sí, si se emplea en favor del PCC. ¿Libertad de prensa? Solo si se le cantan loas al PCC y al gobierno; todo lo demás son solo “falsos pretextos de mayor democracia”.

 

No hay vueltas de hoja: “Se ha redoblado el programa de subversión e influencia ideológica y cultural dirigido a desprestigiar el modelo socialista de desarrollo y presentándonos como única alternativa la restauración capitalista”. ¡Cuidado cuando se pida diálogos cívicos con el PCC, porque lo que se lleve al diálogo pudiera ser considerado como “programa de subversión e influencia ideológica y cultural!”. Es que los malvados gringos le están dando “prioridad a las acciones dirigidas a los jóvenes, mujeres y académicos, al sector artístico e intelectual, los periodistas, deportistas, personas de la diversidad sexual y las religiones”. Aunque “la contrarrevolución interna, que carece de base social, liderazgo y capacidad movilizativa, continúa decreciendo en la cantidad de sus miembros y el número de acciones de impacto social, concentrando su activismo en las redes sociales e Internet, se cuenta, por si acaso, con la Ley 75, y la “concepción estratégica de la Guerra de Todo el Pueblo mantiene plena vigencia”, 

 

El pequeño Castro acude a la nostalgia, al recuerdo del gran líder, y repite lo que este, años atrás dijo: “¿Saben ustedes lo que le da seguridad a la Revolución? El Partido. ¿Saben ustedes lo que le da perennidad a la Revolución? El Partido. ¿Saben ustedes lo que le da futuro a la Revolución, lo que le da vida a la Revolución, lo que le da porvenir a la Revolución? El Partido. Sin el Partido no podría existir la Revolución”. Por supuesto, muy bien se pudiera sustituir la palabra revolución por la palabra dictadura y el mensaje quedaría con el mismo sentido. Mientras el PCC se mantenga en el poder, la dictadura no dejará ser. Y no habrá modo de arrancarle el poder al PCC. mediante diálogos cívicos. El PCC y la dictadura son consustanciales a un mismo ente de poder. Por tanto, timoratos que sueñan con diálogos “democratizantes” y “cívicos”, ¡Despierten, ya el PCC les ha respondido!

martes, 5 de noviembre de 2019

¿Y QUE DEL BURO POLITICO DEL PCC?

Mario J. Viera



Saco cuentas, hago cálculos y termino diciendo: No se puede despejar la incógnita, y me pregunto: ¿Qué se está haciendo en concreto para debilitar al Buró Político del Partido Comunista de Cuba (BPPCC)? Busco, indago y no tengo respuesta. Nada de verdad se ha hecho para ahogar a los regentes del BPPCC.  ¿Sanciones económicas? Quizá pongan en aprieto a las finanzas del Gobierno apéndice del PCC... ¿Suspender vuelos regulares de líneas aéreas?  Le quita ingresos al Gobierno satélite del BPPCC... Entonces tengo que decir, o preguntar: ¿Y qué?

Si se congelaran las cuentas secretas de miles de millones de dólares que el BPPCC tiene aseguradas en muchos bancos y en paraísos financieros; entonces sí, eso sería un golpe demoledor al BPPCC. Mientras cuenten con dólares para mantenerse en el control del Gobierno y la Sociedad (Art. 5 de la Constitución) al Buró Político le importa un comino que el gobierno satélite llegue al borde de la bancarrota. Compruébese con la experiencia de Corea del Norte. Muchas son las sanciones económicas que se le han impuesto; si hasta se produjeron, en ese país varias hambrunas, y la gente moría de inanición, pero, en apariencia, morían contentos. ¿Y qué pasó con el control que ejerce el Partido del Trabajo de Corea (Comunista)? Seguir resistiendo. Sus líderes, ninguno de ellos, pasan hambre. Tienen a buen resguardo sus riquezas, “¡El Partido es inmortal!”, dijo Fidel Castro en una ocasión.

Como ha argumentado Rene Hernández Bequet, del Partido Demócrata Cristiano: El régimen cubano, y no los gobiernos extranjeros, es el responsable de la grave situación que aqueja a nuestro pueblo. Sin embargo, la condena y la presión que haga Estados Unidos y la comunidad internacional debe ir dirigida directamente a los represores y sus jefes políticos y no a los sectores o actividades que afecten a la población, ya de por sí agobiada por más de 60 años de inoperancia y maldad”. “DEBE IR DIRIJIDA DIRECTAMENTE A LOS REPRESORES Y JEFES POLITICOS”; es decir, aplicar sanciones contra los jerarcas del Partido Comunista de Cuba. La fuerza directriz en Cuba no es el gobierno satélite del Buró Político, sino el mismo PCC. El propio Fidel Castro lo reconoció el 14 de marzo de 1974, hablando en la conclusión de la Asamblea de Balance del PCC en la provincia de Oriente, en Santiago de Cuba:

¿Saben ustedes lo que le da seguridad a la Revolución? El Partido. ¿Saben ustedes lo que le da perennidad a la Revolución? El Partido. ¿Saben ustedes lo que le da futuro a la Revolución, lo que le da vida a la Revolución, lo que le da porvenir a la Revolución? El Partido. Sin el Partido no podría existir la Revolución, sin el Partido nada podría darle continuidad a la Revolución..."

Muchos en la comunidad de exiliados cubanos en Estados Unidos, se han sentido gratificados, alegres, entusiasmados con la medida (muy politiquera y de cacería de votos) de Donald Trump para suspender definitivamente el “intercambio cultural” entre Estados Unidos y Cuba, lo que impide que artistas simpatizantes del régimen cubano puedan ofrecer su arte en tierras de Estados Unidos. Si hasta se proclama que es una victoria del exilio. Es cierto que molesta, y hasta irrita, que vengan a la Florida artistas que mantienen una actitud de sumisión y hasta de apoyo al régimen de Cuba, pero, y digo, pero, ¿en qué, esta medida, afecta al Buró Político del PCC? Quizá sea la pérdida de un mínimo beneficio económico para el gobierno fantoche que, supuestamente, preside, Miguel Díaz-Canel. En nada afecta al Buró Político del PCC, ni económicamente, ni en prestigio; es más, le sirve para alimentar su propaganda en contra del exilio al que le agrada denominarle como la “mafia de Miami”. Nada tengo en contra de la medida, que sí considero oportunista y politiquera, pero que en nada afecta al BPPCC.

Cuando se aprietan las tuercas económicas contra el mascarón de proa que es el gobierno de Cuba, quienes más resultan dañados son los cubanos de la calle, los que carecen de todo, hasta del ánimo para enfrentar a los órganos represivos del PCC. El BPPCC, y los hijos y los nietos de los miembros de ese órgano de control partidista, no dejan de disfrutar de una vida de placeres y comodidades, como si fueran hijos y nietos de grandes burgueses.

jueves, 20 de septiembre de 2018

De deberes y derechos fundamentales y el Proyecto de Constitución


Mario J, Viera


Los pueblos pierden su libertad o por la opresión de un tirano, o por la malicia y ambición de algunos individuos que se valen del mismo pueblo para esclavizarlo, al paso que le proclaman su soberanía. (Félix Varela)

En el Primer Considerando del Preámbulo de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, adoptada y proclamada por la Asamblea General de las Naciones Unidas en su resolución 217 A (III), de 10 de diciembre de 1948, se declara que “la libertad, la justicia y la paz en el mundo tienen por base el reconocimiento de la dignidad intrínseca y de los derechos iguales e inalienables de todos los miembros de la familia humana”, lo que de acuerdo con el análisis que del mismo hacen J.  Hervada y J. M. Zumaquero y reproducido por el Colegio Nacional de Educación Profesional Técnica (CONALEP) de México, en primer lugar, “no hay justicia posible, si no se parte del sincero reconocimiento de lo que al hombre corresponde en virtud de su propio ser, por naturaleza: la dignidad ontológica, y en consecuencia intrínseca, así como los derechos y deberes que le son inherentes”; segundo: “La libertad política y social — libertad a la que se refiere el texto — empieza asimismo a ser  reconocida cuando la sociedad y el Estado reconocen aquellas libertades — que son derechos —inherentes al hombre”. Pero el reconocimiento de esos derechos no implica que sea una concesión que otorga el Estado o el Gobierno al ciudadano, es el amparo y las garantías, que el constituyente, interpretando la representatividad que el pueblo, en ejercicio de su soberanía le concede, recoge en el texto constitucional, limitando con ello el poder del Estado, sobre el ciudadano y como consecuencia considerandoles superiores al poder del Estado.

Cuando estos derechos, innatos y de ius naturalis del hombre como ser biológico y pensante (derechos subjetivos), no son amparados y garantizados por el Estado (derecho positivo), el ciudadano deja de ser tal para convertirse en súbdito, y en masa; ya no vive como ser humano. Así de acuerdo con Fernández-Galiano (Derecho Natural) “los derechos humanos existen y los posee el sujeto independientemente de que se reconozcan o no por el Derecho positivo (...) el Derecho del Estado debe garantizar el ejercicio de los derechos, es decir, asegurar a los particulares que toda conducta que signifique un desarrollo de sus libertades naturales será tutelada de posibles ataques o impedimentos (...). Por último, el ordenamiento jurídico-positivo ha de regular el ejercicio de los derechos humanos, esto es, señalar las condiciones en que los mismos pueden actuarse, señalando los límites a su ejercicio”. Esto no quiere decir que sea legítima la limitación del derecho en sí mismo. Ud. puede ejercer libremente su derecho a la libre opinión, pero ese derecho en su ejercicio tiene un límite, y ese límite es la difamación; del mismo modo, Ud. tiene derecho a la libertad y a la seguridad de su persona, pero eso no le autoriza a Ud. cometer un delito, como robar o asesinar, si lo hace, Ud. perderá su libertad; ¡Claro que Ud. tiene derecho a hacer manifestaciones!; pero eso no lo capacita a Ud. para cometer actos de vandalismo en la ejecución de sus protestas. Limitación de los derechos es cuando se condicionan, como es el ejemplo notorio que ofrece el Art. 62 de la Constitución vigente que establece: “Ninguna de las libertades reconocidas a los ciudadanos puede ser ejercida (...) contra la existencia y fines del Estado socialista, ni contra la decisión del pueblo cubano de construir el socialismo y el comunismo. La infracción de este principio es punible”; o el del Art. 53 del mismo ordenamiento constitucional que norma la libertad de palabra y prensa condicionándole “a los fines de la sociedad socialista”; o como es el caso del mismo Proyecto de Constitución que en su artículo artículo 42 reconoce a reserva de ley la limitación de los derechos: “Los derechos de las personas solo están limitados (entre otros supuestos) por (…) la Constitución y las leyes”. La Constitución republicana de 1940 no prevé en ningún caso limitación alguna del ejercicio de los derechos y libertades de los ciudadanos, salvo en el caso específico del Artículo 37 referido al derecho de los “habitantes de la República” de reunión y de desfilar sin otra limitación para su ejercicio que “la indispensable para asegurar el orden público”. Sobre este tema volveré más adelante.

El Art. 2, primer párrafo de la Declaración Universal de los Derechos Humanos establece  que, “toda persona tiene todos los derechos y libertades proclamados en esta Declaración, sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición”.

En declaración ofrecida por el Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba, aparecida en su sitio oficial se plantea lo siguiente: La Constitución y la legislación cubanas consagran ampliamente para todos los ciudadanos del país, los derechos que dichos instrumentos (los Pactos Internacionales de Derechos Civiles y Políticos y de los Derechos Económicos, Sociales y Culturales) protegen. Son múltiples las políticas y programas del Estado dirigidas especialmente a la protección y promoción de dichos derechos para los cubanos”. Aceptemos por el momento lo dicho en cuanto a que la Constitución y las leyes del castrismo “consagran ampliamente” los derechos que protegen los Pactos Internacionales y le prestaré atención a lo dicho como conclusión en esa declaración del MINREX: “Sin embargo ─ aparece la consabida locución adverbial ─, Cuba no asumirá nuevas obligaciones internacionales en un marco de confrontación y de manipulación con fines políticos de la cooperación internacional en materia de derechos humanos. El Gobierno castrista no se comprometerá, no se obligará a nuevas obligaciones en cuanto al reconocimiento y amparo de los derechos fundamentales, porque ─ da por supuesto ─ el reclamo por el acatamiento a los derechos fundamentales es confrontacional, hecho con fines políticos, es decir, por intereses políticos. Posición ésta muy diferente a la que, el gobierno de Castro sustentaba o parecía sustentar en 1959. En su informe de 1979, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos rememoró la posición de Cuba expuesta por su propio Canciller, Raúl Roa, durante la celebración de la Quinta Reunión de Consulta de Ministros de Relaciones Exteriores, celebrada del 12 al 18 de agosto de 1959 en Santiago de Chile cuando quedó creada la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. En ese encuentro, Roa expresó la conformidad del entonces Gobierno Revolucionario con la creación de esa Comisión, además, expresó que su Gobierno era partidario decidido de todas las medidas que se adoptaran y de todos los mecanismos que se crearan para proteger el ejercicio de los derechos humanos y sancionar su violación; es más, declaró, asimismo, que consideraba esencial incluir en esta Comisión Interamericana de Derechos Humanos, el derecho que tienen los pueblos de formular denuncias ante la misma, pues de otro modo sería una Comisión inoperante

Pero aquellos eran los tiempos cuando Fidel Castro buscaba legitimarse ante toda la América Latina, cuando en Cuba prometía elecciones libres y el respeto a todos los derechos y libertades que estaban amparados en el texto de la Constitución de 1940, antes todavía de que se volviera hacia la Unión Soviética y convirtiera a Cuba en un protectorado o semicolonia soviética.

Solo es posible la soberanía del pueblo cuando se reconozcan y amparen con las debidas garantías las libertades y derechos fundamentales de las personas como limitación del poder del Gobierno. Como señala Matías A. Sucunza (La indivisibilidad y la interdependencia de los derechos humanos: conceptualización e interpelaciones en pos de su concreción. Primera parte. Microjuris.com, 10-jul-2014)Los derechos son las facultades que tienen las personas y colectividades dentro del Estado y que éste les reconoce y no puede transgredirlos. Las garantías son los instrumentos legales mediante los cuales se ponen en ejercicio los derechos, cuando éstos han sido desconocidos o atropellados por quienes tienen en sus manos el Poder Público o el poder privado”. Es sobre esta base que se conforma lo que juridicamente se conoce como principio de progresividad.

Dentro de la teoría de los derechos humanos y del derecho constitucional se reconocen diferentes categorías de derechos humanos, clasificación propuesta por el jurista checo Karel Vasak en 1979, que clasifica como derechos humanos de primera generación, los derechos civiles y políticos, originados en la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1789; los derechos humanos de segunda generación como los derechos económicos y sociales originados en las luchas sociales de finales del siglo XIX y que fueron concretándose a partir de la Constitución francesa de 1848 y consignados por vez primera en la Constitución de Weimar de 1919, seguida luego por la Constitución de la República española de 1931 y a posteriori en la colombiana de 1936. Por último los de tercera generación clasificados como derechos de la solidaridad o derecho de los pueblos, generados a partir de 1980. Con evidente desprecio y condicionamiento de los derechos de primera generación, el castrismo ha intentado legitimarse con la referencia a sus supuestas conquistas de los derechos de segunda generación. Es un hecho cierto que sin justicia social no existe verdadera libertad, pero también es cierto que sin reconocimiento de los derechos civiles y políticos contenidos dentro de los derechos de primera generación, los derechos económicos y sociales no pueden ejercerse plenamente. Fue en la Constitución de 1940 donde, junto con su carta de los derechos fundamentales, por primera vez en nuestra tradición constitucional se incluyó el tema de los derechos sociales. Sobre este tema trataremos más adelante, en otra sección.

Ahora bien, si la declaración de derechos tiene una importancia capital para el análisis de cualquier proyecto constitucional, no menos importante es considerar la carta de los deberes de los ciudadanos que se recoge en ese cualquier proyecto constitucional, porque recoge las obligaciones que el Estado impone a los ciudadanos.

Es escasa la literatura constitucional que trate el tema de los deberes. El profesor de la Universidad Iberoamericana de México, Virgilio Ruiz Rodríguez, considera que hay insistencia generalizada de hablar de los derechos y no de los deberes, olvidándose que “el derecho en sí mismo contiene el deber correspondiente: el derecho de un sujeto despierta siempre en otro la obligación de no impedir su ejercicio. A contrario sensu, con esto se pone de manifiesto que el deber mismo es garantía para el ejercicio de los derechos al no impedir su ejercicio. Así no puede pretenderse el orden justo, ni pensar construirlo sobre los derechos, rechazando los deberes. Con lo que coincide con Rousseau.

Rousseau en El Contrato Social entiende como “ciudadanos” a los participantes en la autoridad soberana, y como súbditos, aquellos “sometidos a las leyes del Estado”; sin embargo, “cada individuo puede como hombre tener una voluntad particular o diferente a la voluntad general que tiene como ciudadano, su interés particular puede hablarle de manera muy distinta que el interés común (…) gozaría de los derechos del ciudadano sin querer cumplir los deberes del súbdito, injusticia cuyo progreso causaría la ruina del cuerpo político”; e insiste en el antinomio derechos/deberes, cuando declara: “Se necesitan (…) convenios y leyes para unir los derechos a los deberes y llevar la justicia a su objeto”. El hombre, según la concepción de Rousseau, en un Estado de derecho es al mismo tiempo ciudadano y súbdito; es ciudadano cuando ejerce sus derechos soberanos en la formulación del derecho, y súbdito cuando acata las leyes y cumple con los deberes.

Por otra parte Mercedes Gómez Adanero et al. ("Derecho subjetivo y deber jurídico", en Teoría del derecho. Madrid, UNED, 2005, p. 227) considera que "cuando el Derecho establece deberes, está imponiendo al sujeto la obligación de comportarse en la manera en que la norma determina, bien porque la norma establezca el deber de realizar determinada conducta, bien porque la norma prohíba la realización de algún comportamiento. Es decir, las normas que establecen deberes exigen al sujeto la realización de conductas que pueden consistir en un hacer o en un no hacer algo, en realizar o no, determinada conducta". En definitiva los deberes constitucionales son las obligaciones a las cuales deben someterse los ciudadanos que pueden tener como fin tutelar intereses del poder. No obstante, nos dice Viviana Ponce de León Solís, “[l]a práctica de incorporar referencias expresas a los deberes en las cartas fundamentales no goza de aceptación difundida. Por el contrario, frente a ella se alzan una serie de objeciones. En primer lugar, el reconocimiento positivo de deberes constitucionales genera el temor de que estos puedan terminar por sofocar a la persona y convertirla en un mero objeto al servicio de la acción estatal. Se trata de un temor plenamente fundado; no debe olvidarse que los deberes desempeñaron un rol protagónico en la mayoría de las constituciones totalitarias de la primera mitad del siglo XX. (…) se ha sostenido que el reconocimiento expreso de deberes a nivel constitucional sería redundante e inútil”. Estas apreciaciones ponen de manifiesto cuán importante resulta analizar en toda su amplitud el tema de los deberes constitucionales que recoge el Proyecto Constitucional castrista.

Este tema es recogido en el Preámbulo de la Declaración Americana de los Derechos y Deberes del Hombre (Novena Conferencia Internacional Americana Bogotá, Colombia, 1948) donde se declara: “El cumplimiento del deber de cada uno es exigencia del derecho de todos. Derechos y deberes se integran correlativamente en toda actividad social y política del hombre. Si los derechos exaltan la libertad individual, los deberes expresan la dignidad de esa libertad. / Los deberes de orden jurídico presuponen otros, de orden moral, que los apoyan conceptualmente y los fundamentan”; y en su artículo 33 afirma: “Toda persona tiene el deber de obedecer a la Ley y demás mandamientos legítimos de las autoridades de su país y de aquél en que se encuentre”. En esto se concretaría todo el enunciado de los deberes constitucionales sin requerir la inútil redundancia: obediencia a la Ley y los mandamientos legales que tengan como principal condición que sean legítimos y no entren en contradicción con los derechos civiles y políticos de los ciudadanos. Existe una gran diferencia entre lo legal y lo legítimo. En la Alemania hitleriana era legal la discriminación y eliminación física del pueblo judío y todo los alemanes tenían el deber legal de denunciar a los judíos, pero a la luz de la dignidad humana aquellos actos de genocidio, o cualquier otro acto de genocidio, no pueden ser considerados legítimos. Los mambises que luchaban en los campos cubanos por la independencia de España de acuerdo a las normativas coloniales estaba actuando en la ilegalidad, pero la lucha por la independencia es, sin lugar a dudas, válida y justa, por tanto, legítima. El apartheid, el sistema de extrema segregación racial que predominó en Sur Africa hasta 1992, era legal pero nunca fue legítimo. Una frase que he leido en algún lugar sirve para definir cuando un mandamiento legal es ilegítimo; para que ese mandamiento sea legítimo, la norma que lo ampara debe ser válida, justa y eficaz.

La carta de deberes que en el Proyecto de Constitución se le impone al ciudadano se resume en lo normado en su Art. 91:
El ejercicio de los derechos y libertades previstos en esta Constitución implican responsabilidades. Son deberes de los ciudadanos cubanos, además de los otros establecidos en esta Constitución y las leyes: a) servir y defender la Patria (Comp. con el Art. 3); b) cumplir la Constitución y demás leyes de la nación (Comp. con párrafo tercero del mismo Art. 3); c) contribuir a los gastos públicos en la forma establecida por la ley; d) guardar el debido respeto a las autoridades y sus agentes; e) prestar servicio militar y social de acuerdo con la ley; f) respetar los derechos ajenos y no abusar de los propios; g) conservar y proteger los bienes y recursos que el Estado y la sociedad ponen al servicio de todo el pueblo; h) cumplir los requerimientos establecidos para la protección de la salud y la higiene ambiental; i) proteger los recursos naturales y el patrimonio cultural e histórico del país y velar por la conservación de un medio ambiente sano, y j) actuar, en sus relaciones con las personas, conforme al principio de solidaridad humana y respeto a las normas de una correcta convivencia social”. Subrrayados los deberes juridicamente exigibles para diferenciarlos de aquellos que pudieran clasificarse como exigibles judicialmente. El Proyecto de Constitución no contempla la figura del deber de denunciar, exigible por el Art. 161 del Código Penal vigente que prevé sanción de privación de libertad de tres meses a un año o multa de cien a trescientas cuotas por el cumplimiento de este deber.

[Art. 3. La defensa de la patria socialista es el más grande honor y el deber supremo de cada cubano.
Art. 3. El socialismo y el sistema político y social revolucionario, establecidos por esta Constitución, son irrevocables.]

De acuerdo con el enunciado de este Art. 3, el principal y el más exigente deber del ciudadano cubano es el total acatamiento al sistema regido por el Partido Comunista de Cuba; en esto no caben reformas; el sistema político es IRREVOCABLE; quien se manifieste contrario al sistema político del socialismo bajo la guía del partido único, queda situado en el campo inconstitucional, falta al deber supremo y hasta pudiera ser calificado de “traidor a la patria socialista” (Comp. con el párrafo segundo de este artículo 3: La traición a la patria es el más grave de los crímenes, quien la comete está sujeto a las más severas sanciones.) Porque esto se desprende del enunciado del último párrafo del susodicho artículo 3, que consagra el “derecho” (un deber presentado como derecho de la ciudadanía) “de combatir por todos los medios (…) contra cualquiera que intente derribar (o modificar, o reformar) el orden político, social y económico” que constitucionalmente resulta inmodificable, irreformable, ¡irrevocable!

Este tercer párrafo del Art. 3 del Proyecto de Constitución constituye un pésimo remedo del Artículo 40 de la Constitución republicana de 1940 que se refiere y consagra al derecho y legitimidad “de la resistencia adecuada”, pero no para defender una determinada forma de gobierno o sistema político, como propone el artículo 3 del Proyecto, sino para la protección de los derechos individuales garantizados por la Constitución.

Art. 40- Las disposiciones legales, gubernativas o de cualquier otro orden que regulen el ejercicio de los derechos que esta Constitución garantiza, serán nulas si los disminuyen, restringen o adulteran. Es legítima la resistencia adecuada para la protección de los derechos individuales garantizados anteriormente.

Los pueblos, tal como se enunció en la Declaración de Independencia de los Estados Unidos  de 4 de julio de 1776, tienen el derecho a reformar o abolir cualquier “forma de gobierno que se haga destructora” de los derchos inalienables, entre los que  “están la Vida, la Libertad y la búsqueda de la Felicidad” […] “e instituir un nuevo gobierno que se funde en dichos principios”[1].

Los enunciados del artículo 3 del Proyecto de Constitución institucionalizan de hecho y de derecho los “actos de repudio” del supuesto “pueblo indignado” contra los opositores al régimen político implantado en el país, así como la represión y persecución de los disidentes.

Otros deberes que ordena el documento constitucional se establecen en los artículos 31: el trabajo como deber y derecho; 70: Obligación de los padres de alimentar a los hijos y de asistencia en la defensa de las justas aspiraciones de estos y… “contribuir activamente a su educación y formarlos integralmente como ciudadanos con valores morales, éticos y cívicos, en correspondencia con la vida en nuestra sociedad socialista”; y 73: Conjuntamente con el Estado, las familias tienen la obligación de “asistir a los adultos mayores”. En definitiva, todos estos últimos deberes solo constituyen obligaciones de carácter moral sin mayor trascendencia jurídica.

Con vistas a un modo más concreto de comprender el tema de los deberes constitucionales o deberes fundamentales, me remito a la comparación de este tema en algunos textos constitucionales que ofrezco como referencia.

La Constitución de 1940 en su artículo 8 enuncia que la ciudadanía comporta deberes y derechos y enumera los deberes en los enunciados del artículo 9: “Todo cubano está obligado: a) A servir con las armas a la patria en los casos y en la forma que establezca la ley. b) A contribuir a los gastos públicos en la forma y cuantía que la Ley disponga. c) A cumplir la Constitución y las Leyes de la República y observar conducta cívica, inculcándola a los propios hijos y a cuantos estén bajo su abrigo, promoviendo en ellos la más pura conciencia nacional”. Deberes estos muy propios de cualquier sociedad políticamente organizada y que los ciudadanos deben acatar, y con eso ya todo se ha dicho. 

La Constitución de España recoge los deberes de lo ciudadanos en los artículos 30, 31. 35, 45 y 118 que instituyen el de defender al país (Art. 30. 1); el de contribuir al sostenimiento de los gastos públicos (Art. 31); el deber de trabajar (Art. 35); el deber de conservar un medio ambiente adecuado (Art. 45. 1) el cumplir las resoluciones judiciales y prestar la colaboración requerida por los jueces y Tribunales (Art. 118) 

La Constitución de Colombia establece claramente que el ejercicio de los derechos y libertades reconocidos implica responsabilidades (Art. 95) enumera los deberes del ciudadano: “Respetar los derechos ajenos y no abusar de los propios; obrar conforme al principio de solidaridad social, respondiendo con acciones humanitarias ante situaciones que pongan en peligro la vida o la salud de las personas; respetar y apoyar a las autoridades democráticas legítimamente constituídas para mantener la independencia y la integridad nacionales; defender y difundir los derechos humanos como fundamento de la convivencia pacífica; participar en la vida política, cívica y comunitaria del país; propender al logro y mantenimiento de la paz; colaborar para el buen funcionamiento de la administración de la justicia; proteger los recursos culturales y naturales del país y velar por la conservación de un ambiente sano; contribuír al financiamiento de los gastos e inversiones del Estado dentro de conceptos de justicia y equidad”. La mayor parte de estos enunciados deberes son de carácter moral y solo úno representa un deber jurídico, el de contribuir al financiamiento de los gastos e inversiones del Estado.

 La Constitución de los Estados Unidos Mexicanos divide los deberes entre los mexicanos de nacimiento y los naturalizados reseñados estos en los artículos 31 y 37. Con respecto a los mexicanos el Art, 31, establce como obligaciones para los mexicanos: “I. Hacer que sus hijos o pupilos concurran a las escuelas públicas o privadas, para obtener la educación preescolar, primaria, secundaria, media superior y reciban la militar, en los términos que establezca la ley. II. Asistir en los días y horas designados por el Ayuntamiento del lugar en que residan, para recibir instrucción cívica y militar que los mantenga aptos en el ejercicio de los derechos de ciudadano, diestros en el manejo de las armas, y conocedores de la disciplina militar. III. Alistarse y servir en la Guardia Nacional, conforme a la ley orgánica respectiva, para asegurar y defender la independencia, el territorio, el honor, los derechos e intereses de la Patria, así como la tranquilidad y el orden interior; y IV. Contribuir para los gastos públicos, así de la Federación, como del Distrito Federal o del Estado y Municipio en que residan, de la manera proporcional y equitativa que dispongan las leyes”.

El Art. 37 impone para los naturalizados las siguentes obligaciones: “I. Inscribirse en el catastro de la municipalidad, manifestando la propiedad que el mismo ciudadano tenga, la industria, profesión o trabajo de que subsista; (,,,) también inscribirse en el Registro Nacional de Ciudadanos, en los términos que determinen las leyes…; II. Alistarse en la Guardia Nacional; III. Votar en las elecciones y en las consultas populares, en los términos que señale la ley; IV. Desempeñar los cargos de elección popular de la Federación o de los Estados, que en ningún caso serán gratuitos, y V. Desempeñar los cargos concejiles (Oficio obligatorio para los vecinos) del municipio donde resida, las funciones electorales y las de jurado”.

La Constitución de El Salvador es una de las constituciones más escuetas en el tema de los deberes. Así en su Art. 73 reseña como deberes del ciudadano enmarcados como deberes políticos: “Ejercer el sufragio; cumplir y velar porque se cumpla la Constitución de la República; servir al Estado de conformidad con la ley”.

La Constitución de Honduras establece tanto obligaciones (Art. 38) como deberes (Art. 39 y 40). Como obligación, establece: “Todo hondureño está obligado a defender la Patria, respetar las autoridades y contribuir al sostenimiento moral y material de la nación”.

En el texto constitucional de la República Dominicana se declaran en su Art. 75 los numerosos deberes fundamentales, hasta un total de 12 deberes que se le imponen a los ciudadanos (Destaco los principales): “Los derechos fundamentales reconocidos en esta Constitución determinan la existencia de un orden de responsabilidad jurídica y moral, que obliga la conducta del hombre y la mujer en sociedad. En consecuencia, se declaran como deberes fundamentales de las personas los siguientes: 1) Acatar y cumplir la Constitución y las leyes, respetar y obedecer las autoridades establecidas por ellas; 2) Votar, siempre que se esté en capacidad legal para hacerlo; 3) Prestar los servicios civiles y militares que la Patria requiera para su defensa y conservación, de conformidad con lo establecido por la ley; (…) 5) Abstenerse de realizar todo acto perjudicial a la estabilidad, independencia o soberanía de la República Dominicana; 6) Tributar, de acuerdo con la ley y en proporción a su capacidad contributiva, para financiar los gastos e inversiones públicas. Es deber fundamental del Estado garantizar la racionalidad del gasto público y la promoción de una administración pública eficiente…”.

Hay que destacar que algunas cartas constitucionales no incluyen dentro de sus preceptivas referencias a los deberes y obligaciones de la ciudadanía y solo en cuatro constituciones latinoamericanas está preceptuado el deber de respetar la autoridad: Colombia (respetar y apoyar a las autoridades democráticas legítimamente constituídas para mantener la independencia y la integridad nacionales); Honduras, República Dominicana y Guatemala; en esta última los deberes de la ciudadanía se enumeran dentro del Art. 135 y, entre esos deberes se encuentra en epígrafe f) que sanciona el de guardar el debido respeto a las autoridades, coincidente con el inciso d) del Art. 91 del Proyecto de Constitución cubano: “guardar el debido respeto a las autoridades y sus agentes”.

Esta coincidencia de redacción en cuanto al deber de respetar la autoridad establecida, entre lo estipulado en la Constitución de Guatemala y el texto del Proyecto que analizo, merece una adecuada reflexión.El término de debido respeto admite un amplio criterio de interpretaciones; sin embargo es válido hacer la pregunta ¿qué es, exactamente, el debido respeto? La Real Academia Española puede ayudarnos. Así, la palabra respeto tiene dos acepciones: 1. m. Veneración, acatamiento que se hace a alguien. 2. m. Miramiento, consideración, deferencia. No creo que se nos quiera imponer el guardar la debida veneración a las autoridades y sus agentes; ¡eso sería ridículo! Debe ser entonces que debemos darles a las autoridades y sus agentes el debido acatamiento; parece sensato; pero acatamiento, según la que limpia, fija y da esplendor, es aceptar con sumisión una autoridad o unas normas legales, una orden, etc. ¿Sumisión? Entonces nos queda emplear la segunda acepción de respeto y considerar que el inciso d del Art. 91 nos exige que debemos guardar, como es debido, como corresponde, miramiento, consideración y deferencia a las autoridades y sus agentes.

Pero el debido respeto no es tema a ser deducido a partir de su significado léxico o semántico sino como tema filosófico-jurídico y considerar cual es el techo ideológico bajo el cual se formulan los postulados constitucionales, si está inspirada sobre una ideología transaccional o de orientación ideológica polifacética o sobre una ideología, como la denominada por Maximiliano R. Calderón (ya antes citado), de cosmovisión como es el caso del marxismo-leninismo. Tomando como base que el techo ideológico de todo el proceso constitucional que promueve al Proyecto de Constitución está integrado por la voluntad de un solo partido político y de un minoritario sector de la sociedad y que este único partido es el Partido Comunista de Cuba del cual forman parte los principales miembros del Gobierno, podemos entender cuáles son los verdaderos propósitos de la formulación de los deberes de los ciudadanos y hasta donde llegarán las garantías de los derechos civiles y políticos que enumera el Proyecto Constitucional. Estos criterios nos permiten interpretar objetivamente el sentido del debido respeto a las autoridades y sus agentes: el resguardo al gobierno de posibles reproches o crٕticas de los ciudadanos y una manera disimulada del delito de desacato.

Amplío este tema en la próxima sección,



[1] Sostenemos como evidentes por sí mismas dichas verdades: que todos los hombres son creados iguales; que son dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables; que entre éstos están la Vida, la Libertad y la búsqueda de la Felicidad. Que para garantizar estos derechos se instituyen entre los hombres los gobiernos, que derivan sus poderes legítimos del consentimiento de los gobernados; que cuando quiera que una forma de gobierno se haga destructora de estos principios, el pueblo tiene el derecho a reformarla, o abolirla, e instituir un nuevo gobierno que se funde en dichos principios, y a organizar sus poderes en la forma que a su juicio ofrecerá las mayores probabilidades de alcanzar su seguridad y felicidad.