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lunes, 12 de octubre de 2020

ESE IZQUIERDISTA LLAMADO JESUS

 Mario J. Viera



Hoy me dio por hojear la Biblia, más específicamente, el Nuevo Testamento, y todavía más en especial, esos primeros cuatro libros que son lo más sagrado que existe para los cristianos de todas las denominaciones. Sí, porque escuchando esa canción del cantautor guatemalteco Ricardo Arjona, “Jesús Es Verbo No Sustantivo” (y que reproduje en mi página de Facebook) me dio por ver cuán acertada pudiera estar la letra de esa canción. Y vean las cosas con las que me topé:

 

La “sal de la tierra”, aparece esa expresión en Mateo 5:13. “Vosotros sois la sal de la tierra; pero si la sal se desvaneciere, ¿con qué será salada? No sirve más para nada, sino para ser echada fuera y hollada por los hombres”. ¿Quiénes eran esos a los cuales Jesús identificó como “sal de la tierra”? ¿Eran individuos de la élite social de aquel tiempo, sacerdotes, ricos, aristócratas? No, él les estaba hablando a una turba de gente de pobre, de baja condición, campesinos, arrieros, labradores a sueldo, gente muy pobre ¡y los comparaba con la sal! La sal; ¿acaso de este sustantivo no se deriva la palabra salario? Sí porque en aquellos tiempos poseer la sal era índice de riqueza, la sal era algo así como oro blanco. La sal de la tierra eran los pobres. No los ricos, no la élite social. Quizá por los días que hoy corren, muchos de los actuales cristianos le calificarían de izquierdista, porque ¿qué es eso que la chusma, que la gente pobre, ignorante, de enfermos, tullidos y prostitutas puedan ser calificados de ser la riqueza de la tierra?

 

Pero, no, hay todavía más detalles que harían a Jesús sospechoso de izquierdista; ¡Jesús también llamó a aquella turba de pobretes que le escuchaban, ¡Luz del mundo! Antes, Mat. 5:6, él había expresado: “Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados”. Entonces me surge una consecuente pregunta ¿Quiénes eran los carentes de justicia hasta tal punto de sentirse hambrientos y sedientos de ella? No serían los aristócratas, esos que eran poseedores de las riquezas en tierra e inmuebles; no serían los gobernantes que atropellaban al pueblo. ¿Quiénes entonces? ¡Pues toda aquella turba de hambrientos, de miserables que le escuchaban! ¡Y les promete que serán saciados de justicia!, justicia para los humildes. ¿Los ricos? No, los ricos viven en palacios lujosos y gozan de todos los bienes, no les falta el pan; ¡es más, ni siquiera necesitan pan para alimentarse!, se hartan de carnes suculentas, bien doradas, bien aderezadas; el pobre, pan duro y de cebada.

 

¡Ah, pero para más abundancia, el relato que hace Marcos en el capítulo 10 de su Evangelio! Un joven se presenta ante Jesús preguntándole que necesitaba para ganar la vida eterna, bueno el Paraíso, si se quiere, el Reino de Dios. Jesús le interroga y el joven contesta afirmativamente a todo lo que él le preguntara, “Jesús, mirándolo, lo amó y le dijo: Una cosa te falta: ve y vende cuanto tienes y da a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme”. ¿Qué es esto? Imaginemos que este relato, en lugar de haber ocurrido en la Galilea del Siglo I, se hubiera producido en la actualidad, en Hialeah. De escucharle decir tal cosa Jesús, ¿qué habría dicho aquel cubiche trumpero que andaba por ahí, escuchando todo el diálogo? Me imagino que lo menos que le diría es que era comunista y, de inmediato, le reclamaría exigiendo: “¡Vete pa’Cuba!” Y lo diría incluso antes de que pudiera escuchar las conclusiones a las que llegó Jesús de toda aquella experiencia: “¡Qué difícil será para los que tienen riquezas entrar en el reino de Dios! (…) Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que el que un rico entre en el reino de Dios”. Definitivamente Jesús es sospechoso de ser izquierdista.

 

Veamos además lo que relata Mateo en el capítulo 25 de su Evangelio, cuando Jesús reclama: "Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recibisteis; estaba desnudo, y me vestisteis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mí". Entonces los justos le responderán, diciendo: "Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te dimos de comer, o sediento, y te dimos de beber? "¿Y cuándo te vimos como forastero, y te recibimos, o desnudo, y te vestimos?"¿Y cuándo te vimos enfermo, o en la cárcel, y vinimos a ti?" ¿Cuál fue entonces la respuesta que se supone Jesús les diría a los justos?: “En verdad os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos hermanos míos, aun a los más pequeños, a mí lo hicisteis”. ¿Quieren más? Asistencia a los necesitados ¡Esto ya es demasiado, eso es izquierdismo, es como fomentar el Estado de bienestar!

 

¿Y qué decir de los hombres que Jesús escogió como sus principales discípulos? Marcos los enumera: Simón, a quien puso el nombre de Kefa (Pedro, piedra, roca); Jacobo y su hermano Juan, hijos de Zebedeo, a quienes llamó Boanerges (es decir, «Hijos del Trueno»); Andrés, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás y Jacobo, hijo de Alfeo; Tadeo, Simón el cananeo o el zelote, y Judas Iscariote. Ninguno de ellos eran gente rica o ilustrada, la mayoría de ellos, pescadores, gente que se ganaba la vida sudando. Y, para decirlo en lenguaje coloquial, tipos duros, con decir que, a Jacobo y Juan, Jesús les llega a denominar como “hijos del trueno” y a Simón le denomina Kefa, roca; epítetos estos que implican mucho más que simples apodos. Todos, enemigos del imperio romano; si hasta hay uno al que le llaman como zelote. Los zelotes no eran miembros de ninguna secta religiosa, eran hombres que se oponían a Roma por medios violentos, guerrilleros; incluso Kefa andaba armado, como se evidencia en el relato de la captura de Jesús en el Huerto de los Olivos, cuando extrae su espada y hiere a uno de los que intentaban aprehender a su Maestro.

 

Hay más en las cosas de ese Jesús Verbo del que habla Arjona. En la Palestina del Siglo primero todos no era vistos como muy puros que digamos; los galileos eran considerados con sospechas, como algo así de mezcla con los gentiles. Qué le dicen los fariseos a Nicodemo cuando este intenta defenderle: “¿Qué, también tú eres galileo? Escudriña y verás que de Galilea nunca ha surgido un profeta”. Pero, más que los galileos, los samaritanos eran despreciados por los judíos, incluso no les consideraban miembros de la nación judía, algo así como han sido visto los mexicanos por Donald Trump o como ven los supremacistas blancos a los negros. Por supuesto los samaritanos no creían en el Templo de Jerusalén. Sin embargo, Jesús no construyó un muro para separarle de los samaritanos.

 

Yendo Jesús de camino a Galilea, nos relata Juan en su capítulo 4, tuvo necesariamente que pasar por Samaria. Sus discípulos habían salido a comprar algo de comer y Jesús se quedó solo, sentado junto a un pozo que según la tradición Jacob lo había dejado en la heredad de Siquen para sus hijos. Llega una samaritana y al verla, Jesús le pide que le de beber. La samaritana sorprendida le dice: “¿Cómo tú, siendo judío, me pides a mí de beber, que soy mujer samaritana? Porque judíos y samaritanos no se tratan entre sí”. Tras de un breve intercambio entre Jesús y la samaritana, que le ve como un profeta, vienen varios de Siquen, luego que la mujer, de regreso les contara maravillas sobre aquel judío que hablara con ella; “y le rogaron que se quedase con ellos; y se quedó allí dos días”. Imagínense a Jesús compartiendo por dos días con los negros del Black Lives Matter.

 

¿Qué decir del relato del Buen Samaritano? Cuando un maestro de la ley le pregunta a Jesús quien es nuestro prójimo, Jesús le contesta con una parábola donde se muestra el auxilio de un samaritano (en lenguaje de ahora, un negro, un mexicano) a un hombre asaltado por bandidos y dejado en el camino por muerto, un hombre al que no habían socorrido ni un sacerdote, ni un levita que pasaron por el lugar. El samaritano lo atendió, le coloca sobre su cabalgadura y le lleva a un mesón pagando para que fuera curado y atendido. Jesús entonces, le pregunta al maestro de la ley: “¿Cuál de estos tres piensas que demostró ser el prójimo del que cayó en manos de los ladrones?” Algo amoscado le respondió el maestro de la ley: “El que se compadeció de él”. Entonces, para Jesús, todos son nuestros prójimos sin importar raza o condición social. ¿Qué, Jesús es izquierdista?


lunes, 4 de febrero de 2019

Nayib Bukele, ¿será verdaderamente “el cambio”?


Mario J. Viera



Al menos, con los resultados de las elecciones en El Salvador, ya Nayib Bukele ha logrado un cambio: su apabullante victoria sobre los dos partidos mayoritarios del país, ARENA y FMLN. Bukele es, además, o será un cambio en la política exterior salvadoreña que marcará con una diferencia con la mantenida por el actual mandatario del FMLN Sánchez Cerén que ha declarado públicamente su apoyo a las dictaduras de Daniel Ortega en Nicaragua y de Nicolás Maduro en Venezuela.

Ya antes, se había mostrado solidario con el movimiento de resistencia noviolenta de Nicaragua: “En Nicaragua ─ había declarado ─, una chispa inició un incendio… El error de los Ortega es pensar que. apagando la chispa, se acaba el incendio”, y recientemente ha recalcado en un twitter: “Dictadores como Maduro en Venezuela, Ortega en Nicaragua y Juan Orlando (Hernández) en Honduras jamás tendrán legitimidad porque se mantienen en el poder a la fuerza y no respetan a los pueblos. Dictador es dictador. De 'derecha' o de 'izquierda'”.

Él mismo, ya en sí, es un cambio, al ser, con sus 37 años de edad, el presidente electo más joven de El Salvador. Pero es también un cambio, aparentemente innovador en América Latina, al lograr lo que químicamente es imposible, la disolución del aceite en el vinagre. Él, que así mismo se define como de izquierda, y que en 2016 había asegurado que no buscaría la presidencia del país con los partidos de derecha, ahora, en estas elecciones ha ganado las elecciones bajo las banderas de la organización conservadora Gran Alianza por la Unidad Nacional (GANA) un desprendimiento de la derechista Alianza Republicana Nacionalista (ARENA). Él es esa izquierda democrática y progresista que no le hace coro a esa izquierda bananera que pulula en América Latina y que bebe su inspiración en el patético libro de Eduardo Galeano, Las venas abiertas de la América Latina. Pero Bukele ya antes de las elecciones había asegurado que él gobernaría con independencia de GANA y que la dirección de GANA no intervendrá en sus decisiones. “...ningún partido político tendrá cuotas o podrá asignar cargos en el gobierno (...) Si jamás permití que la cúpula del FMLN me diera órdenes, menos lo permitiré de dirigentes de otros partidos”.

Por profundas diferencias con el partido de gobierno y sus continuas críticas al presidente Salvador Sánchez Cerén, Nayib Bukele fue expulsado en 2017 del Farabundo Martí (FNLN), organización, bajo la cual había ejercido como Alcalde en San Salvador, capital de El Salvador. Fundó entonces el partido Nuevas Ideas, que, al no cumplir con las exigencias de la Ley Electoral, no sería legalizado como partido político. Tras ese intento frustrado, señala el diario español La Razón citando a Efe, “buscó un hueco en el Centro Democrático (CD) para presentarse bajo su bandera a las elecciones presidenciales, pero el partido fue cancelado tras no alcanzar al menos 50.000 votos válidos en las legislativas de 2018”. Fue así que Bukele buscó el apoyo de la dirigencia de GANA y bajo su paraguas ganó las elecciones y las ganó en la primera vuelta con el 53,8% de los votos. Su gran apoyo fue la juventud, los millenians, que se sintieron identificados con él y siguieron su campaña a través de las redes sociales.

Este movimiento es del pueblo salvadoreño, no nos pertenece a nosotros", declaró Bukele al conocer los resultados del escrutinio electoral. "Dijimos que haríamos historia. Y lo hicimos. Este día es histórico para nuestro país, este día El Salvador rompió el bipartidismo, este día por fin pasamos la página de la posguerra”.

Es ahora la esperanza del cambio. La esperanza del cambio de una nación que cuenta con escaso crecimiento económico, alta tasas de emigración y mayores y con un enorme índice de peligrosidad y de homicidios. Nada fácil con solo 11 diputados de GANA en la unicameral Asamblea Legislativa, compuesta de solo 84 diputados electos, frente a los 49 que controla ARENA y los 23 del FMLN. Bukele no le quedará más opción que compartir poder con GANA, así lo considera el economista César Villalona ─ citado por el diario argentino La Nación ─ quien considera que a Bukele “se le hará muy difícil prescindir de GANA (...) No tiene mayoría de ningún tipo. Y si además tuviera conflicto con GANA, quedaría aún peor. Sería un gobierno de mucha debilidad, que vendría con desestabilización, y hay sectores oligarcas que les preocupa que a los seis meses haya aquí una decepción, porque la gente quiere empleo, ingresos. y eso no es tan fácil". Y esta situación estará presente hasta 2021 cuando se renueven los cargos de diputados. En los dos años que quedan para la renovación del parlamento, Bukele no tendrá más posibilidades para obtener un parlamente favorable si logra legalizar como partido político Nuevas Ideas, y obtener un buen número de diputados a la Asamblea Nacional por esa agrupación.

El otro reto que enfrenta Bukele son las pandillas de delincuentes las que, para muchos analistas, entre ellos, Dagoberto Gutiérrez, analista y excomandante del FMLN durante la guerra civil salvadoreña (1980-1992), son ya un poder en sí: “Las pandillas ─ considera Gutiérrez ─ son un poder político, económico y militar. Al sentirse dueños del territorio, todos (empresas a las que extorsionan y partidos políticos) tienen que negociar con ellos, forzosamente”. O como le declarara a BBC Mundo, el economista e investigador social César Villalona:  "Algunas controlan territorios y pueden decir que aquí no vamos a dejar entrar a los que son de tal partido. Eso siempre ha ocurrido, tienen incidencia. No sé hasta qué punto para inclinar un resultado, pero sin duda hay un problema".

Es una realidad esta dramática verdad que se confirma con el hecho que destaca la página elsalvador.com, tomando como fuente un documento de la Policía Nacional Civil: “La mara Salvatrucha (MS) opera con 363 grupos delictivos y la mara 18 posee 217 células que ejercen presencia intimidatoria en centenares de caseríos, cantones, comunidades y colonias de 181 municipios en los 14 departamentos (...) En 160 de esas ciudades existen células de la mara Salvatrucha; mientras que en 57 de las mismas comparten presencia con la pandilla 18. Eso quiere decir que 103 poblaciones están solo bajo la influencia delictiva de la MS y en 21 municipios hay únicamente presencia de pandilleros de la mara 18...”

miércoles, 4 de julio de 2018

LOPEZ OBRADOR INSPIRA RECELOS



Mario J. Viera

Quizá el líder de Morena sea el tan ansiado mesías de los mexicanos, aquel que llegue al rescate de México y el demoledor de injusticias; ¡Quizá! Sin embargo, para cualquier observador no mexicano, la figura y la trayectoria política de López Obrador inspira recelos. Simbólico fue el gesto suyo de votar en estas elecciones no por sí mismo, sino por una activista de derechos humanos que siempre estuvo vinculada al Partido Comunista de México, me refiero a Rosario Ibarra de Piedra, quien se destacó por su enfrentamiento a los regímenes priistas de Gustavo Díaz Ordaz y Luis Echeverría y fundara en 1977 el Comité Pro Defensa de Presos, Perseguidos, Desaparecidos y Exiliados Políticos, también conocido como Comité ¡Eureka!, luego de que el 18 de abril de 1975, bajo el gobierno priista de Luis Echeverría, su hijo Jesús Piedra Ibarra, fuera secuestrado por razones políticas. El Comité fundado por Rosario Ibarra exigía, bajo la consigna de “¡Vivos se los llevaron, vivos los queremos!”, que el Estado presentara con vida a los desaparecidos políticos, consigna esta que ha sido retomadas por padres y familiares de los 43 jóvenes normalistas desaparecidos de Ayotzinapa en septiembre de 2014.

Como resultado de la lucha emprendida por Rosario Ibarra, en septiembre de 1978, bajo el gobierno priista de José López Portillo, se aprobó una ley de amnistía que puso en libertad a 1,500 presos políticos, permitiendo el regreso de 57 exiliados al país y el desistimiento de 2,000 órdenes de aprehensión.

Debe destacarse que durante el gobierno priista de Gustavo Díaz Ordaz (1964 – 1970) se produjo la que se conoció como masacre de Tlatelolco. Según un informe del Fiscal Especial para Movimientos Sociales y Políticos del Pasado (FEMOSPP), Dr. Ignacio Carrillo Prieto, librado el 26 de febrero de 2006, se detallaron los crímenes cometidos “durante las administraciones de Gustavo Díaz Ordaz (1964-1970), Luis Echeverría Álvarez (1970-1976) y José López Portillo (1976-1982). Durante esos sexenios, cientos de ciudadanos mexicanos - tanto civiles inocentes como militantes armados-fueron asesinados o "desaparecidos" por fuerzas militares y de seguridad. Miles más fueron torturados, ilegalmente detenidos, o sujetos a hostigamiento y vigilancia por parte de las autoridades”. En este informe “se constata que el Estado mexicano, a los más altos niveles de mando, impidió, criminalizó y combatió a diversos sectores de la población que se organizaron para exigir mayor participación democrática en las decisiones que les afectaban, y de aquellos que quisieron poner coto al autoritarismo, al patrimonialismo, a las estructuras de mediación y a la opresión. El combate que el Estado emprendió en contra de estos grupos nacionales –que se organizaron en los movimientos estudiantiles, y en la insurgencia popular- se salió del marco legal e incurrió en crímenes de lesa humanidad que culminaron en masacres, desapariciones forzadas, tortura sistemática, crímenes de guerra y genocidio –al intentar destruir a este sector de la sociedad al que consideró ideológicamente como su enemigo- [...] Los principales hechos que consideramos que deben ser esclarecidos, en respuesta a las demandas de la sociedad, es lo sucedido en torno al movimiento estudiantil de 1968 y las políticas de Estado que ocasionaron la represión del movimiento estudiantil, la suerte de los detenidos que fueron desaparecidos durante la llamada ‘guerra sucia’, el trato que recibieron los detenidos que fueron señalados de apoyar la guerrilla y las políticas de contrainsurgencia que siguió el Estado mexicano llegando, incluso, a la ejecución extrajudicial de detenidos, así como los delitos de lesa humanidad que instrumentó en contra de su propia población”.

No está de más destacar que esos crímenes cometidos durante esos gobiernos priistas, principalmente el caso de Tlatelolco, no solo nunca fueron condenados por el régimen de Fidel Castro en Cuba, sino que también fueron silenciados por la prensa oficialista del castrismo. Fidel Castro mantenía estrechísimas relaciones con los gobiernos del PRI.

Desde la época de Lázaro Cárdenas ha estado funcionando en México una especie muy a la mexicana del Estado Corporativo, influencia del fascismo italiano que intentaría calcar Fidel Castro al inicio de su hegemonía. Así el informe de la fiscalía que estamos analizando expresa: “En México, el movimiento social es mediatizado y corporativizado por el Estado. Los sectores campesino, obrero y popular son organizados como ‘estructuras de mediación’. La defensa legítima de los intereses de los trabajadores se penaliza en un ordenamiento legal que la criminaliza. Las organizaciones sociales que el Estado no logra mediatizar son tratadas como subversivas; sus líderes son encarcelados acusados de este nuevo delito o son eliminados selectivamente. La represión de que fueron objeto los sectores combativos, la huella de impotencia que estas organizaciones dejaron en sus agremiados por no defender sus intereses –ya sea porque fueron corrompidas o porque fueron reprimidas-, el descrédito de las organizaciones sociales que eliminaron a sus dirigentes más honestos y, los sindicatos del sector público y gubernamental que terminaron por corromper las propias organizaciones educativas o productivas o de servicios dieron como resultado un escenario de desencanto y desmovilización con un poder de organización independiente prácticamente nulo”.

El PRI constituyó una verdadera dictadura disfrazada de democracia, una “dictadura perfecta” como la denominara Mario Vargas Llosa en 1990 cuando en una conferencia de prensa en la ciudad de México expresara: "México es la dictadura perfecta. La dictadura perfecta no es el comunismo. No es la URSS. No es Fidel Castro. La dictadura perfecta es México".

El PRI, por otra parte, implementó los principios del neoliberalismo como teoría rectora de la economía nacional. Los resultados fueron un gran crecimiento industrial aliado a una elevada diferenciación social, haciendo de los ricos, más ricos y más empobrecidos a los de menos recursos. Es el capitalismo salvaje donde el patrón posee todos los derechos con merma de los derechos laborales. En este marco el poder político queda prisionero del poder económico, una forma de intervencionismo, no la del Estado en la economía, sino la de la economía en el Estado.

Cuando se conocen estos antecedentes de la política de México y sus agudas contradicciones sociales, nada puede resultar ilógico que una abrumadora mayoría de mexicanos le dieran su respaldo electoral a AMLO.

Otro de los personajes con los que se ha relacionado López Obrador es esa patética figura, caricatura ridícula de Mao y Ernesto Guevara, el Subcomandante Marcos; sin embargo, ambos ya se han distanciado desde el 2013, cuando López Obrador dijera: "Puede haber diferencias, que las hay. De parte nuestra te diría que no tenemos pleito con la dirección [del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN)]”; luego apuntó: “No tenemos pleito con la dirección del EZLN, pero ellos siempre dicen que sí hay problemas con nosotros”. Luego con fecha 15 de octubre de 2016, en un tuit López Obrador criticó al EZLN refiriéndose a la postulación de la dirigente indígena María de Jesús Patricio Martínez, Marichuy:

El EZLN en 2006: era "el huevo de la serpiente". Luego, muy "radicales" han llamado a no votar y ahora postularán candidata independiente.

La respuesta del subcomandante Galeano (antes Marcos) fue: “Si somos una creación del salinismo, si nuestra apuesta era dividir el voto, ¿por qué el innombrable malo no movió sus gentes para meter las firmas”.

Muchos de los que sienten recelos con respecto a AMLO ─ incluido yo mismo ─ están motivados por la idea de su supuesto chavismo. Sobre este tema, Adrián Espallargas, del diario El Confidencial señala:

“López Obrador, por mucho que se insista, no es Chávez, ni el México de 2018 es la Venezuela de hace veinte años. Los orígenes de estos carismáticos políticos latinoamericanos son diametralmente opuestos. Chávez era un militar totalmente desconocido para el público venezolano hasta que dio aquél fallido golpe de Estado en 1992. Tras ser indultado, ganó popularidad y se metió en política para arrasar en las elecciones de 1998. AMLO, en cambio, lleva casi cuatro décadas en política e incluso fue alcalde de la Ciudad de México durante cinco años, un pasado que permite radiografiar el tipo de gobernante que es.

“En sus cinco años como jefe de gobierno del entonces DF (ahora CDMX), López Obrador no se caracterizó por el despilfarro ni demonización de la empresa privada. De hecho, la inversión extranjera se mantuvo a niveles similares a anteriores y posteriores, mientras que la deuda creció un 26,3% entre 2000 y 2005, un aumento considerable pero dentro de unos límites normales. Es más, Moody’s y S&P daban calificación AAA a la deuda del DF, su nota más alta, en el último año de AMLO como alcalde. Y, para más inri, en 2004 fue elegido segundo mejor alcalde del mundo por la organización City Mayor, la misma que eligió a Iñaki Azkuna, fallecido edil de Bilbao, mejor alcalde en 2012.

Los programas sociales fueron el mayor logro de AMLO. Su gran éxito fue la creación de una pequeña pensión de para mayores de 70 años, una medida que al poco tiempo fue adoptada a nivel nacional. Dio ayudas a madres solteras y personas de bajos recursos. También hubo desarrollos de infraestructuras de transporte público, el Metrobús, y construcción de carreteras de peaje.

“Chávez y López Obrador, sin embargo, sí que guardan ciertas similitudes como su discurso dirigido a las clases menos pudientes. Primero, el continuo uso de figuras históricas para venerar un pasado glorioso. Para Chávez y Maduro, el héroe es Simón Bolívar. Para AMLO ese es Lázaro Cárdenas, quien en 1938 nacionalizó los activos petroleros en manos de empresas extranjeras y los dejó en manos de Pemex (...) AMLO no es un recién llegado a la política mexicana, pero se nutre de ese cansancio del pueblo con las élites para lograr al fin la victoria en su tercer asalto a Los Pinos, residencia oficial del presidente de México. Si no logra ganar los comicios, ya ha asegurado que se irá a La Chingada, nombre de su finca -y que en mexicano significa ‘irse a la mierda’-.”

No obstante, hay algo que me mantiene en alerta ante su futuro gobierno, y es aquella frase suya, dicha en el discurso de celebración, tras su victoria electoral; una frase que me recuerda un poco a la manera de pronunciarse Fidel Castro: Llamo a todos los mexicanos a no poner por encima los intereses personales por legítimos que sean. Hay que poner por encima el interés superior”. Este un eslogan propio del fascismo italiano. La renuncia a los interese personales ante los intereses de toda la sociedad. Y sí se es fiel a este concepto se puede llegar hasta el punto de negar los derechos individuales recogidos en la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

miércoles, 6 de enero de 2016

Sin costados

Artículo previamente publicado en Cubanet en octubre de 2011

Mario J. Viera



En política se habla de posiciones, bien de izquierda, bien de derecha. Ambos costados se definen de acuerdo a la aceptación de determinados patrones o de estereotipos. La derecha ataca convulsivamente a la izquierda; la izquierda se revuelve furiosa contra la derecha. Tal parece que en política se avanza como el cangrejo, de lado. Se habla también de centro. Los centros no tienen movimiento, al menos en geometría. Punto fijo a partir del cual se desarrolla el movimiento rotatorio.

Aún más, se habla de centro derecha y de centro izquierda. Esto es algo mucho más difícil de definir. Es como si se hablara de un desplazamiento del equilibrio; como si el ombligo de una persona se ubicara hacia la derecha y el de otra, a la izquierda.

Todavía más. Se mencionan también los extremos, de extremo derecha, de extremo izquierda. Si vamos al diccionario de la Real Academia encontramos dos acepciones de las 14 que definen la palabra extremo que me parece se ajustan más al significado de este concepto político:

Número 2. Adj. Dicho de una cosa: Que está en su grado más intenso, elevado o activo.
Número  6. m.  Excesivo, sumo, exagerado.

Es decir, hay gente de derecha que exageran sus principios de la manera más intensa y elevada, lo mismo puede decirse de la gente de izquierda. Me imagino a ambos con expresión agria del rostro, apretados los labios y los puños tratando de imponer su verdad exagerada, particular, intolerante. Se dice que los extremos son, el fascismo para la derecha; el comunismo, en todas sus variantes, para la izquierda. ¿O no?, que pudiera haber extremistas que no sean fascistas o comunistas ¡Todo puede ser!

Pero hay mucho más. ¿Qué decir de los moderados? “Derecha moderada”, “Izquierda moderada” ¡Dios, qué complicación! Consultemos de nuevo el diccionario de la Real Academia.

Moderado: 2. adj. Que guarda el medio entre los extremos.
3. adj. Que no es extremista.

De acuerdo con esta definición, digamos como ejemplo, el de la derecha moderada está situado a mitad de camino entre la derecha propiamente dicha y la extrema derecha; lo mismo para el de la izquierda moderada. Es decir son algo más allá y algo más acá.

Permítame el lector hacerme una autovaloración, para luego entrar en tema.
Realmente no sé si soy de derecha o de izquierda; si estoy en el ombligo o a un lado de él.

Me considero pro vida y por tanto enemigo del aborto. ¡Soy de derecha! Estoy de acuerdo con los experimentos con células madres. ¡Soy de izquierda!

No comparto gran parte de la teoría de Darwin. ¡Soy de derecha!

No comparto la tesis bíblica de la creación del mundo. ¡Soy de izquierda!

Soy partidario cien por ciento de la economía de mercado. ¡Soy de derecha!

Rechazo ardientemente las tesis del laissez faire y del neoliberalismo. ¡Soy de izquierda!

Soy católico. ¡Definitivamente soy de derecha!
Soy anticlerical. ¡No queda dudas, soy de izquierda!

Considero estúpidas las tesis económicas de Karl Marx, Bakunin y compañía. ¡Soy de derecha!

Considero estúpidas las tesis de la Escuela de Chicago. ¡Soy de izquierda!

Estoy plenamente de acuerdo con los términos de la Segunda Enmienda de la Constitución de los Estados Unidos. Posiblemente sea de derecha.

Creo que se debe regular el uso de las armas en contra de los intereses de la National Rifle Association. Quizá sea de izquierda.

Tal vez, definitivamente sea de centro. Sin embargo, no quiero catalogarme como uno que está en el justo medio de la derecha o de la izquierda; sin decidirme ni por una u otra tendencia o decidiéndome por un eclecticismo particular que muy bien podría ser contradictorio con el eclecticismo de otros en cuanto a qué considerar adecuado y que no.

Creo que cada cual tiene el derecho a pensar como le dé la gana. Ser todo lo conservador o liberal que se quiera. Ser del Tea Party o profesar las opiniones de la izquierda bananera de América Latina. Sin embargo, rechazo que un político electo para un cargo público pretenda imponer a toda la sociedad sus criterios derechistas o izquierdistas. Que un político religioso electo para un cargo público quiera imponer sus conceptos fundamentalistas a toda una nación o que uno ateo quiera imponer su criterio anti religioso a toda la población.

Cuando de los intereses particulares de cada sector de la sociedad se trata no cabe ni derecha ni izquierda. La sociedad no tiene costados. Toda sociedad políticamente estructurada tiene capas, coexisten en su seno clases altas, clases medias y clases laborales. Es inmoral pretender imponer los patrones que beneficien sólo a uno o dos sectores de la comunidad. Ni permitir la rapacidad y egoísmo de un sector, ni conceder las demandas exageradas de otro. Ni poder de la oligarquía, ni el demagógico poder del proletariado.


Las sociedades, y los políticos debieran ser consecuentes con este postulado, no tienen costados, solo tienen frente y espaldas y se ha de caminar siempre hacia adelante, aunque unas veces tomando atajos por la derecha y otras por la izquierda, pero nunca caminar hacia atrás porque quien camina de espaldas puede muy bien tropezar y caer.