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viernes, 1 de febrero de 2019

Elliott Abrams, ¡todo un personaje!





El pomposo secretario de Estado de EEE.UU., Mike Pompeo, ha nombrado a Elliott Abrams como el líder del equipo de la Casa Blanca que se enfocará en la crisis de Venezuela. Y dice, Pompeo al anunciar su designación: "Elliott será un verdadero activo en nuestra misión de ayudar al pueblo venezolano a restaurar plenamente la democracia y la prosperidad en su país". Y Pompeo define al veterano republicano a quien ha nominado para asesor en el caso venezolano como un "veterano de la política exterior experimentado, con principios y de mente dura", aunque olvidó agregar “y totalmente inescrupuloso”. Al mismo tiempo, Abrams tiene fama de pragmático, insistente y arrogante. También de duro “anticomunista” como le ve Elisa Pastrana, del portal Las 2 Orillas.

Abrams trabajó para la administración Bush como asesor adjunto de seguridad nacional, y fue uno más de los que embarcaron a George W. Bush en la invasión a Irak; ya antes había prestado sus servicios al gobierno de Ronald Reagan como subsecretario para Asuntos Interamericanos, siendo uno de los implicados en el escándalo que sacudiría a la Casa Blanca del Irán-contra. Un proceso por el cual la administración Reagan durante la guerra Irán-Irak vendió armas a Irán para sufragar a las guerrillas Contra de Nicaragua. Dos actos que ya antes el Senado de Estados Unidos había prohibido. Acusado de haber ocultado información al Congreso fue condenado a dos años de pena en libertad condicional, aunque luego fue indultado por George H. W. Bush.

Se había iniciado en la política como demócrata para girar a la derecha y unirse al Partido Republicano decepcionado con Jimmy Carter; entonces se unió a la campaña de Ronald Reagan.

En 2016 Elliot Abrams escribió un artículo de opinión para el Weekly Standard, que tituló "When You Can't Stand Your Candidate" ("Cuando no puedes apoyar a tu candidato") advirtiendo al Partido Republicano que había nominado “a alguien que no puede ganar y que no debería ser presidente de Estados Unidos". Esto no lo olvidó Donald Trump oponiéndose firmemente a que Abrams ocupara el puesto de Subsecretario de Estado al que Rex Tillerson le había propuesto. Sin embargo, Trump aceptó la propuesta de Pompeo de nombrar A Abrams como el encargado para dirigir el equipo formado para el conflicto venezolano. Al ser nombrado, Abrams declaró a los medios en la sala de prensa del Departamento de Estado:  "Dejé este edificio hace 30 años esta semana, esa fue la última vez que trabajé aquí. Así que es muy agradable estar de vuelta. Esta crisis en Venezuela es profunda, difícil y peligrosa. Vamos a ponernos a trabajar en ello".

El viejo halcón republicano es recordado negativamente en la América Central y sobre todo con su complicidad en las acciones de represalia del ejército hondureño, que serían recordadas como la masacre de El Mozote. Por esta complicidad en ocultar y deformar los asesinatos de 1000 personas, incluidos niños y mujeres en El Mozote por el Batallón de Infantería de Reacción Inmediata Atlacatl, fuerzas armadas especiales, entrenadas y financiadas por Estados Unidos, la Corte Interamericana de Derechos Humanos interpuso contra él una demanda. El gobierno de Estados Unidos no aceptó la responsabilidad y el caso no prosperó.

Un reporte de 1992 de la organización no gubernamental Human Rights Watch (HRW) ─ que cita BBC Mundo ─ sobre lo ocurrido en El Mozote y "la necesidad de recordarlo" señala que:

"(…) Durante una audiencia en el Senado, el subsecretario de Estado para los Derechos Humanos, Elliott Abrams, astutamente distorsionó varios puntos para desacreditar las versiones públicas de la masacre".
"Abrams también insistió en que el número alto de víctimas reportadas en la prensa era inverosímil, señalando que sólo 300 personas habrían estado viviendo en El Mozote en el momento de la presunta masacre".
"(En el Senado) Abrams prodigó elogios al Batallón Atlacatl, diciendo que 'el batallón al que usted se refiere (en relación con la masacre de El Mozote) ha sido elogiado en varias ocasiones en el pasado por su profesionalismo y por la estructura de comando y control cercano en que las tropas se mantienen cuando entran en batalla".

“Con ese prontuario ─ señala el semanario Semana ─, muchos se preguntan si Elliott Abrams es el funcionario más idóneo para resolver la difícil situación de Venezuela, o si su designación es parte de una jugada del gobierno Trump para atizar el fuego. En ese sentido, la participación del asesor de seguridad, John Bolton, y del secretario de Estado, Mike Pompeo, a su vez dos halcones recalcitrantes, hacen pensar que en Washington pueden estar decantándose por una salida militarista para Venezuela, o que, al menos, están jugando a mostrarle los dientes al régimen de Maduro”.

Tres tristes halcones revolotean en torno de Trump, puesta su aguda mirada sobre Venezuela; olfatean el dulce olor del petróleo venezolano, sus garras prestas para asaltar sobre la presa, Mike Pompeo, John Bolton y Elliott Abrams, solo esperan la excusa apropiada, la manzana ya está madura. Tres consejeros furiosos de Donald Trump que cual las tres erinias, la implacable Alecto; la celosa Megera y la vengadora Tisífone, de la mitología griega, se preparan para castigar a la dictadura chavista, sin importarles que los medios no sean los más apropiados para la legitimación de la transición venezolana.

jueves, 27 de febrero de 2014

¿Embargo petrolero contra Venezuela?



Andrés Oppenheimer







Algunos miembros conservadores del Congreso de Estados Unidos le están pidiendo al Presidente Obama que imponga sanciones económicas a Venezuela, empezando por una reducción del 10 por ciento de las importaciones petroleras provenientes de ese país. Pero eso sería contraproducente. Hay cosas mucho más inteligentes que el gobierno estadounidense podría hacer.


En una carta del 18 de febrero dirigida al Secretario de Estado John Kerry, la congresista Ileana Ros-Lehtinen (republicana por Miami) escribió: “Querría pedir respetuosamente que el gobierno de Estados Unidos reduzca de inmediato al menos el 10 por ciento de las importaciones de petróleo provenientes de Venezuela”.


Horas después, la congresista agregó que esa medida “enviaría una señal de apoyo a los oprimidos” por el gobierno del presidente venezolano Nicolás Maduro. El congresista Mario Díaz-Balart (R-Miami) apoyó la propuesta del embargo parcial. Otros legisladores republicanos, incluyendo al senador Marco Rubio (R-Florida) también pidieron sanciones, pero no especificaron si apoyan un embargo petrolero.


Entre otras cosas, quienes piden sanciones citan los asesinatos de más de una docena de estudiantes y otros manifestantes pacíficos, la reciente expulsión de Venezuela de tres diplomáticos estadounidenses, la censura de Maduro contra los medios de comunicación, y el reciente arresto del líder de la oposición Leopoldo López.


Muchos de quienes siguen con atención los temas latinoamericanos en Washington coinciden en Obama no puede hacerse el distraído cuando la Guardia Nacional y bandas paramilitares protegidas por el gobierno venezolano masacran a manifestantes pacíficos. Hasta el momento, al menos 16 personas han muerto, y cientos han sido heridas desde principios de este mes.


Pero los críticos dicen que hay varios motivos por los que un embargo petrolero estadounidense, aunque fuera parcial, sería una mala idea.


En primer lugar, un embargo petrolero de Estados Unidos le daría a Maduro una enorme victoria propagandística, porque le otorgaría munición para respaldar su relato de que su gobierno es víctima de un complot desestabilizador de parte de Washington. Maduro repite a diario esa afirmación, aunque no ha dado ninguna prueba sólida para apoyarla.


La estrategia de Maduro — copiada de Cuba — es de “internacionalizar” el conflicto venezolano, para que no sea visto como una confrontación entre su gobierno y el pueblo venezolano, sino como un choque entre un país soberano y un imperio extranjero. Un embargo petrolero norteamericano llevaría la contienda a este último plano.


En segundo lugar, la reducción de las importaciones petroleras de Venezuela no tendría un impacto inmediato en el gobierno de Maduro, en parte porque una buena proporción de las exportaciones petroleras venezolanas han sido vendidas meses o años por adelantado, en el así llamado mercado futuros. Además, Venezuela podría vender el petróleo embargado a otros países.


En tercer lugar, un embargo petrolero de Estados Unidos no sería fácil de implementar, porque el gobierno de Estados Unidos no compra petróleo, sino que lo hacen empresas privadas. Imponer un embargo parcial castigaría a las compañías petroleras estadounidenses — especialmente a Chevron, la mayor inversora estadounidense del sector petrolero venezolano — a ser nacionalizadas por el gobierno de Maduro, advierten los críticos, como el investigador de la industria petrolera latinoamericana Jorge Piñón, de la Universidad de Texas, en Austin.


En cuarto lugar, aun cuando las sanciones consiguieran empeorar más la ya arruinada economía venezolana, podrían perjudicar más al pueblo que al gobierno venezolano. Maduro simplemente podría cargarle los costos a los consumidores venezolanos y acusar al “imperio”, tal como lo viene haciendo Cuba desde hace cinco décadas, dicen los críticos.


Entonces, ¿qué debería hacer Obama? Casi todos los “latinoamericanistas” en Washington coinciden en que Estados Unidos debería seguir manifestándose contra los ataques venezolanos contra las libertades democráticas y los derechos humanos universales, tal como se lo requieren las convenciones interamericanas y de las Naciones Unidas.


Además, algunos proponen que Obama revoque las visas de funcionarios venezolanos, sus familias, y sus socios de la “Boliburguesía Bolivariana” de Venezuela, muchos de los cuales son multimillonarios que tienen casas en Miami, y van de vacaciones a Disneyworld. Parece una medida trivial, pero sería muy eficaz contra el gobierno y los “boliburgueses”, dicen los partidarios de la restricción de visas.


Mi opinión: los embargos petroleros funcionan cuando gran parte de la comunidad internacional los respalda, como ha ocurrido en el caso de Irán. Pero un embargo petrolero unilateral de Estados Unidos a Venezuela, le daría nueva munición propagandística a Maduro, sin ningún beneficio claro para la causa de la democracia en Venezuela.


Washington debería concentrar sus energías en aumentar las presiones diplomáticas internacionales sobre el gobierno de Venezuela para que libere a los presos políticos, restaure la separación de poderes en el país, y restablezca la libertad de prensa.


Y si el Congreso estadounidense decide que eso no alcanza, debería restringir las visas a Estados Unidos de los funcionarios y militares venezolanos. Pero un embargo petrolero estadounidense le haría el juego a Maduro.