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viernes, 23 de abril de 2021

Lecciones que debemos asimilar

Mario J. Viera

 


La resistencia en Rusia. Las protestas a favor de la liberación del opositor Alexei Navalny.

 

Como hace destacar el politólogo Fernando Mires, no se tratan de protestas dejadas al azar, a la espontaneidad. En las últimas manifestaciones de protesta, Mires anota tres elementos importantes que deben ser considerados a la hora de impulsar las técnicas de la Resistencia Noviolenta:

 

Primero, el muy alto grado de organización de las protestas. Segundo, sus dimensiones nacionales, incluyendo la “Rusia profunda” y sus bastiones putinistas. Tercero, la inmensa resonancia internacional.

 

Lo primero, ciertamente es ORGANIZACIÓN, trabajar entre las masas, impulsar la decisión de resistir y, sobre todo, la labor de proselitismo de manera directa y con auxilio de los recursos de las páginas sociales,

 

Lo segundo, alcanzar la masa crítica de participantes, de miles de participantes desplegados a lo largo y ancho del país.

 

Tercero, y como consecuencia de los dos anteriores, la inmernsa resonancia internacional. Respuesta internacional de apoyo a la causa, solo es conseguible con actos poderosamente masivos de protestas, de resistencia y continuados.

 

Unidad de empeño y trabajo constante, inteligente y realista para captar apoyos.

 

Mientras esto no se intente en Cuba, el régimen opresor del PCC continuará

 

Tal como dijera Angela Merkel, el 21 de abril, ante el Consejo Europeo, en Strasburgo, y que cita Mire: “Los ciudadanos no pueden ser (propiedad) del estado” (…) “los derechos humanos son el núcleo fundamental de la constitución en los estados democráticos”. Para dejar de ser cosa, dejar de ser propiedad de un gobierno opresor, intolerante y fracasado, se impone la resistencia; la resistencia dirigida y organizada, no la espontaneidad, ni las labores de beneficencia. Acción inteligente, callada soterrada, pero constante. No hay más modos.


domingo, 24 de noviembre de 2013

Disparo letal de un cronista de La Florida


Tania Díaz Castro. CUBANET

¿Cuánto le deben los Castro a Rusia?
Confieso que de vez en cuando me disparo una crónica de Lázaro Fariñas, aunque se me revuelva el estómago. Es un cubano nacionalizado estadounidense que vive en La Florida y que se atreve a decirle bribones de marca mayor al gobierno de ese país, sin que las autoridades tomen represalias contra él.

Tal vez hasta le ha lanzado una trompetilla a Obama cuando lo ha visto pasar por Miami, y no pasa nada. A Fariñas ni siquiera le halan su barbita al estilo de Fidel Castro. Tiene suerte el colega, porque los periodistas independientes no podríamos decir lo mismo y mucho menos acusar de bribones de marca mayor al gobierno de Raúl.

Si un día Fariñas cambia de palo para rumba y se le ocurre escribir que el gobierno cubano está compuesto por bribones de marca mayor, va a saber lo que es candela de majá.

Fariñas es uno de esos raros especímenes del periodismo libre que defiende a una dictadura enemiga del país democrático donde vive. Ahora está preocupado, según su última crónica, por la cantidad de dinero que Estados Unidos ha empleado en tratar de derrocar la dictadura más larga de América Latina y darle la libertad a los cubanos, como hizo cuando los españoles no querían retirar sus tropas de la isla.

Dice este señor que se imagina que en algún lugar debe existir el dato de esa cantidad de dinero que brota de un manantial y que han empleado los diferentes gobiernos de Estados Unidos, para que Cuba vuelva a la prosperidad y sea de nuevo un país tan normal, como casi todos los que pueblan el planeta.

Por último, se pregunta cuánto en realidad será la suma total. Pero lo que sí no se pregunta es algo que nos preguntamos todos los cubanos a cada amanecer, cuando desayunamos con pan mal hecho y sin leche: ¿Dónde se metieron los 30 mil millones de dólares que aún el gobierno castrista le debe a la desmerengada URSS? ¿Qué organismo sabe en qué se malgastó esa tremebunda cifra? ¿Por qué Cuba dejó de ser un manantial, pese a tanta cantidad de dinero recibido?

En las tres décadas felices del horrible petróleo soviético, cuando para nada hablaba la prensa nacional de Embargo Comercial, que insisten en llamar “bloqueo”, esos 30 mil millones de dólares se malgastaron y nadie sabe en qué. Ni siquiera Lázaro Fariñas. Es más, ni escribe sobre eso.

El día que lo haga y nos explique lo que tantos cubanos están ansiosos por saber, voy a creer que sí tiene buenas intenciones.

Mientras tanto, seguiré pensando que – en el mejor de los casos ─ es ciego, uno de esos que nunca vieron las diferencias de las dos Alemania y mucho menos de las dos Corea de hoy, un ciego que no ve la libertad que lo rodea, algo que añoramos tantos cubanos hace más de medio siglo.

viernes, 20 de julio de 2012

¿Progresistas?


Eduardo Vásquez. TALCUALDIGITAL

Los revolucionarios rusos siempre sostuvieron que descendían de la Revolución Francesa y siempre quisieron que así los consideren.

Basta sólo un argumento para acabar con esa siniestra ficción. El gran aporte de la Revolución Francesa es la Declaración universal de los derechos del hombre y del ciudadano. Ninguna revolución puede declararse heredera o continuadora de esa revolución. Lenin y sus bolcheviques nunca admitieron esos derechos. Los ciudadanos rusos perseguidos y ejecutados por Lenin fueron despojados de todo derecho.

En el año de 1937 apareció la biografía de Stalin escrita por Boris Souvarine ( Plon).

En esa obra Souvarine mostraba la relación del comunismo de Lenin con la tradición rusa, el verdadero carácter de la Revolución de Octubre, la naturaleza y las causas de la victoria de Stalin en la guerra por la sucesión, el costo extravagante de todo el proceso desde el punto de vista económico y moral.

El Partido Comunista francés descargó contra Souvarine todo su arsenal de insultos pues vio en él un adversario irreductible. Consideraron al libro no como el primer gran libro escrito sobre su historia, sino como un arreglo de cuentas del renegado Souvarine. Con Stalin surge un régimen difícil de calibrar y de juzgar pues constituye algo inédito. Cuando aparece al comienzo de los años treinta no tiene precedente en la historia, en nada se parece a lo que ha existido.

Nunca un Estado en el mundo se dio como meta matar, deportar o esclavizar a sus campesinos. Nunca un partido sustituyó tan completamente al Estado. Nunca controló tan completamente toda la vida social de un país y la vida de todos los ciudadanos. Nunca una ideología política moderna desempeñó un papel semejante en el establecimiento de una tiranía tan perfecta que aquellos que la temen deben, sin embargo, alabar sus fundamentos. Nunca una dictadura tuvo tan grande poder a nombre de una mentira tan completa y no obstante con tanto poder sobre los espíritus. En Suramérica todos los izquierdistas fueron simpatizantes de ese régimen despiadado o inhumano.

Y se declaraban orgullosamente leninistas. ¿Cómo pueden calificarse de progresistas los que apoyaron y aún apoyan a semejante aberración histórica, cuyo mayor empeño, entonces como ahora, es aniquilar la protección a los ciudadanos, contenida en los derechos humanos, para dejar libres las manos a los asesinos en el poder (los Castro) o a un aspirante a ser un Padrecito Stalin? Y no es que no tuvieron conocimiento de lo que pasaba en el paraíso socialista. Para no despertar de ese opio acuden a defenderse con muros inexpugnables: son infamias e inventos del imperialismo.

No puede caber duda de que el mayor progreso político, progreso en el sentido de mayor libertad, de los 2 últimos siglos, ha sido la Declaración de los derechos humanos. Sin embargo, los progresistas, dentro o fuera del gobierno, luchan denodadamente por su no aceptación. Aquí se cumple lo que ya se sabe: las palabras sirven para ocultar el pensamiento.

domingo, 25 de septiembre de 2011

A los rusos no le va la democracia

Mario J. Viera.

Siglos de despotismo y décadas de totalitarismo han conformado el espíritu ruso. Antes se trataba del padrecito zar, posteriormente se amó al padrecito Stalin, y se soportó a los sucesivos Primer Secretario hasta que llegó la perestroika y el glásnost y con ellos el fin del imperio soviético.
Se presentó entonces el proceso de transición hacia la democracia; pero como anotara Jorge A. Sanguinettyla simple desaparición del totalitarismo, sea comunista o de otra índole, no basta para garantizar una transición feliz hacia la democracia”. Y fue incompleta. La masa del pueblo ruso no estaba en capacidad de crear instituciones democráticas, tantos fueron los años de doblar la cerviz con la mentalidad del siervo no le hacía apto para abrazar una democracia plena. Los poderes fueron concentrándose en la figura de un iluminado, y ese iluminado contaba con un apoyo generalizado dentro de la población quien en fin de cuentas era menos déspota que los zares y menos absolutista que los dirigentes del Partido Comunista.
Así hizo su aparición en la escena política rusa Vladimir Putin y las reformas fueron conducidas desde el poder y con un sistema fuertemente presidencial. Antiguos dirigentes comunistas y altos cargos de la KGB se enriquecieron desde sus posiciones de influencias aprovechando los controles que poseían sobre las empresas estatales y la economía.
La carrera política de Putin fue impulsada por Boris Yeltsin al nombrarle Primer Ministro en agosto de 1999. Vladimir Putin un ex oficial de la KGB soviética y más tarde jefe del Servicio Federal de Seguridad de la Federación Rusa (FSB) sucesor de la KGB desde noviembre de 1991 y la reorganización de los servicios de contrainteligencia y espionaje dictada por Yeltsin  en abril de 1995. El 31 de diciembre de 1999, Yeltsin le cedió la presidencia. En las elecciones de 2000, Putin, gracias a las simpatías que alcanzara durante la guerra en Chechenia como respuesta a los actos de terrorismo que los chechenos habían ejecutado en Rusia, alcanza la presidencia por el sufragio.
Combatiendo la corrupción por parte de antiguos funcionarios de la URSS que se habían apoderado de grandes valores del Estado de manera ilegal durante el periodo de privatizaciones, Putin estableció un fuerte control sobres los medios de comunicación y el establecimiento de la autocensura periodística. Putin se presenta como el hombre fuerte y ahora como la eminencia gris detrás de la presidencia de Dimitri Medvedev, una simple marioneta de su Primer Ministro. El había encontrado en Medvedev a “un sustituto leal y transitorio” según la opinión del corresponsal de la BBC en Moscú, Steve Rosenberg. Como recoge BBC la opinión de Lilia Shevtsova, del Carnegia Centre en Moscú, “solo el 14% de los rusos cree que Medvedev es el presidente real. La gente le considera el perrito faldero de Putin”.
Putin, la eminencia gris tras Medvedev
Ahora, Putin ha anunciado su intención de volver a la presidencia para los comicios de 2012 y de nombrar como Primer Ministro al actual presidente Medvedev de resultar electo como parece ser que sucederá.
Vladimir Tijomirov, economista del grupo financiero ruso Otkritie, según gazeta.ru., y que cita Antoine Lambroscin para AFP, ha expresado: “La experiencia de los últimos años muestra que Putin y Medvedev llevaron adelante una política coordinada, sin fricciones, sin diferencias de opinión reales en materia socio-económica. Poco importa quién hace qué, el resultado será el mismo”, significando con ello la relativa dependencia de Medvedev de su mentor Vladimir Putin.
Ya en su segunda aspiración presidencial, el 4 de marzo de 2004, Putin había alcanzado el 71 por ciento de los votos. Ahora la respuesta a la anunciada reelección de Putin como presidente en 2012 ha sido recibida sin sobresaltos. ¡Nada que a los rusos, todavía, no les ha entrado en las venas deshacerse del autoritarismo! Como alguien dijera “hoy en día, Rusia aún tiene parte de la cultura política y la estructura social de su pasado soviético”. La democracia más que un sistema político es una cultura.