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lunes, 10 de abril de 2023

¿QUE ES ESA COSA EXTRAÑA QUE LLAMAN “DEMOCRACIA”?

 

Mario J. Viera

 


Para muchos esa palabra “democracia” no resulta tan extraña porque la han estado escuchando desde que nacieron. Sí, democracia es un término bien conocido; es el “poder del pueblo” o lo que viene siendo lo mismo, “el gobierno del pueblo”, aunque sin faltar los que la entienden como el “gobernar al pueblo”, se trata de matices. Un concepto muy vinculado a la palabra democracia es el de vincularle con la cultura; así se dice que hay que poseer “cultura de la democracia”; y ciertamente, democracia es una cultura.

¿Cultura? Sí, cultura. Pues bien, ¿y qué es cultura? Hay varias definiciones para la palabra cultura; por ejemplo, “cultura”, según la definición académica del Oxford Languages, es el “conjunto de conocimientos e ideas no especializados adquiridos gracias al desarrollo de las facultades intelectuales, mediante la lectura, el estudio y el trabajo”; pero también es, según el Oxford Languages, el “conjunto de conocimientos, ideas, tradiciones y costumbres que caracterizan a un pueblo, a una clase social, a una época, etc.” “tradiciones y costumbres”, retengamos estos conceptos.

Según la definición de la Real Academia Española (la RAE), cultura es, el conjunto de conocimientos que permite a alguien desarrollar su juicio crítico. Además, según la RAE, cultura es el conjunto de modos de vida y costumbres, conocimientos y grado de desarrollo artístico, científico, industrial, en una época, grupo social, etc.” La posibilidad de alguien a desarrollar “un juicio crítico”, “modos de vida y costumbres”.

Otras definiciones no precisamente académicas, identifican al concepto de cultura como “un sistema complejo de conocimientos y de costumbres que caracteriza a una población determinada y que es transmitido a las generaciones siguientes”, “conocimientos y costumbres transmitidos a las generaciones siguientes”.

En conclusión, tener cultura democrática, significa conocer lo que es la democracia, como un modo de vivir, como costumbre, hasta convertirse en tradición que se transmite de generaciones a generaciones, lo cual le permite al que vive en democracia, desarrollar un juicio crítico e independiente. Para que algo se haga habitual, sea costumbre y pueda convertirse en tradición se requiere su constante práctica. Para tener cultura democrática se requiere, precisamente vivir en democracia, en verdadera democracia.

En una verdadera democracia no tienen cabida dogmas inmutables, ni élites privilegiadas, ni marginaciones sociales ni discriminaciones. Una democracia verdadera comporta iguales derechos e iguales obligaciones para todos. Así se genera la cultura democrática. Donde no existe por larga data histórica un verdadero modo de vivir en democracia, la cultura de la democracia no existe.

¿Qué conoce el pueblo ruso de democracia si históricamente ha vivido bajo regímenes despóticos (el zarismo) y totalitario (estalinismo) que tras un breve periodo endeble de democracia dio espacio al surgimiento del putinismo? ¿Qué conoce el pueblo chino de la democracia sometido por milenios al despotismo oriental y a la posterior implantación de un régimen totalitario (maoísmo) hasta llegar a una renovación del totalitarismo comunista en la figura de Xi Jinping? ¿Qué cultura de la democracia puede tener el pueblo de Corea del norte sometido por siglos al despotismo oriental y al dominio colonial del Japón imperial desde el 1910 para luego quedar bajo el poder totalitario de la dinastía comunista Kim? ¿Qué cultura democrática conoció el pueblo alemán desde la fundación del Sacro Imperio Romano Germánico, la fundación, siglos más tarde, del Segundo Reich en 1871, hasta la conclusión de la Primera Guerra Mundial y que conllevó a la implantación del nazismo luego de ser derribada la República de Weimar?

Llegamos entonces a Cuba. ¿Existe cultura democrática en Cuba? Por cerca de cuatrocientos años Cuba estaba bajo el sistema del despotismo colonial español. Dos guerras insurreccionales libraron los cubanos para alcanzar la independencia política, que concluyeron con la intervención estadounidense y la implantación de la Enmienda Platt que convertiría a la isla en una democracia tutelada por Estados Unidos y al establecimiento de una República con soberanía limitada. Plena de convulsiones políticas internas y la sucesión en el gobierno de generales y doctores, como definió Carlos Loveira el periodo comprendido entre 1902 y el 1920, marcado por chanchullos politiqueros, la corrupción administrativa y el caciquismo político, para luego hacerse más crítica la situación con la formación del gobierno autoritario del general Gerardo Machado, su derrocamiento cuyo resultado sería el breve espacio democrático del gobierno de facto conocido por el gobierno de los cien días.

Tras el golpe de estado del 15 de enero de 1934 que derrocó al gobierno de los cien días y hasta el año de 1949, se sucedieron 6 presidentes, todos de breve duración, uno con solo tres días de gobierno (Carlos Aurelio Hevia) y otro que solo mantuvo el cargo por seis horas, hasta la llegada a la presidencia de Federico Laredo Brú que hizo un periodo presidencial de cuatro años y concluyó luego de la proclamación de la Constitución de 1940.

La Carta del 40 constituyó un esfuerzo serio de encausar el país por los senderos de una verdadera democracia, pese a que, en su defensa, no se crearon las instituciones apropiadas. Aunque con los males crónicos de la corrupción administrativa heredados del periodo colonial, los cubanos comenzaron a vivir en democracia; pero el camino emprendido para generar una cultura de la democracia quedaría frustrado apenas 12 año de su puesta en marcha, al producirse el golpe de estado del 10 de marzo de 1952. Fulgencio Batista asumía entonces la conducción de un ilegítimo gobierno autoritario corrupto y represivo, durante un periodo de siete años.

Con la caída del régimen batistiano en 1959 Fidel Castro implanta un régimen de poder tan corrupto como el anterior y aun más represivo, conculcando hasta las libertades y derechos que el batistato no osó suprimir. Un sistema de gobierno cerrado y totalitario e híbrido de la conjunción entre en fascismo y el estalinismo; un régimen que todavía se mantiene en pie por los últimos 64 años. Ninguna de las generaciones de cubanos nacidas tras el golpe de estado de 1952 hasta el presente ha conocido lo que es vivir en democracia; son 71 años, durante los cuales, la cultura de la democracia se ha erosionado totalmente.

Y esta carencia de cultura democrática se refleja también en el accionar de gran parte del exilio miamense, con un vuelco hacia la radicalización de una ultraderecha resultado de algo que denomino conversión por contradicción, la conversión hacia la derecha extrema en contradicción con la izquierda reaccionaria que gobierna en la isla, lo que cierra todas las puertas al concurso de derechas, centros e izquierdas en un proyecto de resistencia noviolenta democrática frente al totalitarismo.

Si queremos abatir la dictadura, tenemos que comenzar por crear en la conciencia de todos los cubanos el anhelo por la democracia, concientizar, por medio de la divulgación de los valores democráticos contenidos en los postulados de la Constitución de 1940, y convertir ese texto en un manual de educación y cultura democrática. Solo así estaremos asegurando el poder iniciar el poderoso movimiento de resistencia que requerimos para dar al traste con la dictadura.   

sábado, 3 de septiembre de 2022

FRUSTRACION Y PROTESTAS. EL ACTUAL PANORAMA DE CUBA

Mario J. Viera

 


A propósito de un artículo de Yunior García Aguilera, titulado “El enemigo de Cuba está en la Plaza de la Revolución”, aparecido en la edición del 3 de septiembre de 2022 de 14 y Medio, elaboré un comentario para tratar sobre el tema. Dado el necesario ahorro de espacio que se requiere para un comentario dentro de un medio informativo, traté de ajustarme al mínimo de extensión que requería el tema.

Ya antes de leer el artículo de García Aguilera había pensado en redactar uno enmarcado dentro del enunciado de este título, que ahora presento.

Luego de las impactantes manifestaciones populares de protestas a lo largo y ancho de todo el país, producidas el 11 de julio de 2021, se infundieron ilusiones y esperanzas en gran parte del pueblo cubano, incluyendo al exilio en Estados Unidos. Muchos vieron a la decadente dictadura ya en fase terminal. Pasada la euforia se produjo entonces un momento de perplejidad, cuando las manifestaciones fueron disolviéndose y el régimen comunista realizara una concienzuda represión en contra de una gran mayoría de los manifestantes. Poco después, renacieron nuevas esperanzas, cuando, desde la plataforma digital Archipiélago, se convocó a la realización nacional de una marcha cívica por el cambio en Cuba, y apoyada en la isla por algunos representantes de la disidencia interna. Inicialmente la marcha se había propuesto para el día 20 de noviembre, pero ante el intento del gobierno de militarizar el país en ese día, Archipiélago decidió adelantar en cinco días la marcha.

De haberse llevado a cabo la convocatoria, esta manifestación o manifestaciones, no serían propiamente consideradas como espontáneas, aunque tampoco un movimiento organizado. No respondía al esfuerzo de una labor de aglutinamiento de fuerzas previo, ni a la elaboración de un proyecto estratégico; pero, de ningún modo, podía ser considerada como acción clandestina y mucho menos sediciosa, por cuanto sus promotores le habían comunicado la convocatoria de la marcha y sus ubicaciones a las autoridades nacionales.

Desde el exilio algunos consideramos que la Marcha Cívica no llegaría a ser posible dado su previa comunicación al gobierno. Sabíamos que si Díaz-Canel durante el 11 J había convocado a todos los “revolucionarios” salir a enfrentar a los manifestantes, ahora, ya no tomado por sorpresa, pondría en alerta todo su aparato represivo para impedir su ejecución, pero le dimos nuestro apoyo a la convocatoria, más que nada, por solidaridad.

El miedo salió a la superficie. El régimen había hecho uso de su arma más poderos, la de inspirar temor. Todos vieron la triste suerte alcanzada por los manifestantes del 11 J; todos vieron las puertas de las prisiones como se abrieron para aislarlos. El resultado: la frustración y la estampida de miles de cubanos hacia el autodestierro, desilusionados de sus propias potencialidades. El silencio de la oposición interna retumba. La impresión que se tiene desde la distancia, es que ya, solo es un apagado eco. Sin embargo, actualmente se producen esporádicas manifestaciones de protesta, de cuando en vez aparecen grafitis y pintadas provocadoras que van en contra de los funcionarios del gobierno y en especial de Miguel Díaz-Canel.  

Siempre hay un rayito de esperanza, pero todavía, como dice la trillada expresión, sin ver la luz al final del túnel.

Hay varios conceptos que se manejan en cuanto a la contradicción dictadura/pueblo, uno de ellos muy cierto, el que plantea, por ejemplo, que “la misma dictadura está provocando un verdadero alzamiento popular y sin duda alguna en cualquier momento se produce”. Muy cierto es también lo expresado por Yunior García en su artículo, cuando afirma que los sustitutos del antiguo “cacicazgo que se autolegitimó, por peripecias históricas”, constituyen “una cuadrilla de burócratas carentes de leyenda” que “no heredó el carisma de sus referentes, ni cuenta con respaldo popular, ni recibe siquiera el beneficio de la duda”. Esto dicho así, no es del todo exacto.

Todavía quedan restos de humedad, como dice la canción de Pablo Milanés. No se trata ya del apoyo incondicional de masas, tal como las que seguían ciegamente a Fidel Castro; todavía en lo interno del pueblo hay muchos que creen los mitos “revolucionarios” y muchos dispuestos a defender al sistema, aunque sea con piedras y garrotes para aplastar el disenso, y no son estos precisamente miembros de la élite política ni solo ancianos resentidos y agriados que se organizan dentro de las brigadas de respuesta rápida. El partido comunista se mantiene con una militancia fiel, organizada en todos los niveles del Estado y de la sociedad y junto a este contingente está la Unión de Jóvenes Comunistas que controlan todos los espacios universitarios, El régimen además cuenta conta con la fidelidad de las fuerzas armadas y de todo el aparato del Ministerio del Interior. Cuenta también con la complicidad de un número importantes de artistas e intelectuales agrupados en la UNEAC y de los periodistas oficialistas siempre dispuestos a deformar la verdad o a su ocultación. La nocooperación del pueblo con el régimen todavía no llega a niveles críticos, y si no, véanse los desfiles del Primero de Mayo y de otros actos convocados por el PCC.

No obstante, es necesario hacer precisiones. La primera de ella, la dictadura que rige en Cuba, no es, ni ha sido, una semejante a las que prevalecieron por décadas en América Latina; en nada se asemeja a la dictadura de Fulgencio Batista, ni a la de Leónidas Trujillo, ni las de los Somoza y los Duvalier, ni la tenebrosa dictadura de Augusto Pinochet. ¿Brutales? Sí. Esas dictaduras pisoteaban los derechos humanos, violaban las leyes, hacían caso omiso de los principios constitucionales y, al mismo tiempo, admitían la existencia de partidos políticos opositores, despreciaban al periodismo independiente pero no los prohibían tajantemente; de alguna manera más o menos independiente actuaba la sociedad civil; dentro de esos regímenes funcionaba un Poder Judicial y actuaba el Congreso, ¿Limitados? Sí, pero no totalmente absorbidos por el poder dictatorial.

La de Cuba es otro tipo de dictadura, es una dictadura totalitaria, bajo la fuente del poder de la hegemonía política de un ente supra social y supra estatal, el Partido Comunista. Si en las dictaduras, que podemos definir como clásicas no existía el poder aglutinador de una ideología única y dominante, en el régimen de Cuba si existe esa fuerza dominante que determina todas las estructuras estatales. Todo dentro de la revolución, nada contra la revolución. Partido y Estado una misma identidad. Si las dictaduras clásicas se burlan de las leyes, la dictadura totalitaria actúa de acuerdo con sus propias leyes, por lo que sus actos a la luz del Derecho se pudieran ver como legales; no violan sus leyes, aunque pueden modificarlas a su gusto y antojo en determinados momentos.

Las dictaduras clásicas caen solo al impulso de la rebeldía y las protestas populares. Cae el gobierno y la dictadura desaparece. Pero esto no funciona bajo un Estado Totalitario. En un Estado totalitario existe una dualidad de funciones, un gobierno aparente, con un presidente, un primer ministro y un consejo de ministros, y un poder real, que reside dentro de las estructuras del partido único, dentro de su Buró Político y dentro de su Secretariado y colocado por encima de la sociedad y el Estado. Las protestas espontáneas del pueblo, pueden poner en crisis al gobierno aparente, pero no afectan a la fuente básica del poder del Estado totalitario, la hegemonía política.

Díaz-Canel, aun ostentando el cargo de Secretario General del PCC es una figura desechable. Ante el peligro de una profunda crisis política, la mano invisible de la hegemonía política restablecerá el equilibrio, destituyendo a Díaz-Canel y nombrando a otro “cuadro” del Partido Comunista. El gobierno de Díaz-Canel puede caer, pero no desaparece la dictadura totalitaria.

Ante este razonamiento ¿está todo perdido? No, de ninguna manera. La masa está fermentando ante los abusos del poder; pero no se le puede dejar al azar, a lo espontáneo. Protestas espontáneas pueden producirse aisladamente provocadas por los apagones, por la carestía de la vida, por diversas situaciones. Estallan, y luego se disuelven por su propia dinámica; y esto puede ocurrir hasta con protestas poderosas y multitudinarias, como ocurrió el 11 de julio. Se requiere, primero, liberarse del síndrome de la frustración y generar la confianza en el poder de todo un pueblo, solo posible con la existencia de liderazgo y organización; se requiere, además, una voluntad de acción unida; se requiere mantener una disciplina consciente de resistencia; se requieren objetivos precisos y claros; se requiere definir cuál es el enemigo objetivo, debilitar al poder real, destruir la hegemonía política.

Enfrentar al gobierno aparente, es correcto, pero solo como paso previo para ir contra el poder principal. Se requiere la coordinación de muchos sectores, obreros, campesinos, juventudes y estudiantes, artistas, intelectuales y emprendedores. Se requiere ganar el apoyo de las iglesias, de las organizaciones fraternales, y planear objetivamente todas las acciones de resistencia. Este papel de organizar le corresponde a la disidencia interna. Solo así, con organización, liderazgo y disciplina se puede plantear el gran reto a la dictadura totalitaria y vencerle.


martes, 23 de agosto de 2022

¡ABAJO LA DICTADURA!

 

Fernando Mires. Blog Polis: Política y Cultura

 


La guerra de invasión a Ucrania ha creado una línea divisoria. Es la que separa a las democracias de las antidemocracias. Es también el nuevo orden político mundial anunciado por el dictador de Rusia. Ya en el encuentro de los megadictadores en los juegos Olímpicos de invierno, tanto Putin como Xi Jinping concordaron en un fin: la creación de un nuevo orden mundial que para el chino deberá ser económico (con China a la cabeza). Pero el ruso tenía otras ambiciones. Sabiendo que en la escala económica mundial Rusia ocupa un precario onceavo lugar -probablemente seguirá bajando durante y después de la guerra a Ucrania- “su” orden mundial tiene un carácter militar y político. Diferencia que hizo decir a Kissinger que la alianza ruso-china no puede ser de larga duración. La economía china necesita de las economías occidentales como las venas de la sangre.

Una debacle económica de Occidente arrastraría a China hacia el abismo. No así a Rusia. Por eso China puede acompañar a Rusia solo hasta la puerta del cementerio. Más allá, no. Razón para que las potencias occidentales al mismo tiempo que practican una estrategia de (necesaria) tensión hacia Rusia se decidan a practicar una estrategia de (también necesaria) distensión hacia China, manteniendo discrepancias en la mesa económica y no en la militar. Sobre este tema me extenderé en otra ocasión. El objetivo de este artículo apunta a la contradicción que busca incentivar Putin, a saber, la que se da a nivel mundial entre las formaciones políticas democráticas y las antidemocráticas.

 

AMÉRICA LATINA ESTÁ EN EL MUNDO

Aunque parezca raro, Putin concuerda con Biden en que la contradicción principal de nuestro tiempo es la que se da entre democracias y autocracias. La diferencia es que mientras Biden toma partido a favor de las democracias, Putin lo hace a favor de las dictaduras. Por eso no se ha cansado de repetir que Ucrania es solo un eslabón que llevará a la derrota final de Occidente, entendiendo por ello al conjunto de democracias organizadas en la UE y en la OTAN.

La división es clara: la mayoría de las autocracias del mundo ha dado su apoyo a la Rusia de Putin. Al revés también: todas las democracias del mundo apoyan al bloque occidental. Una contradicción que no solo tiene lugar entre las naciones sino también al interior de ellas. De ahí que cada triunfo que obtengan los sectores antidemocráticos en cualquier lugar, será celebrado por Putin con suma alegría. Pues bien, y a ese punto voy, esa contradicción incluye también a las naciones latinoamericanas. Inclusión que explica por qué Putin ha estrechado al máximo sus relaciones con el trío antidemocrático de América Latina formado por Cuba, Nicaragua y Venezuela, agregando a su lista al Brasil del trumpista Bolsonaro.

La mayoría de los analistas latinoamericanos imaginan que las contiendas que tienen lugar en sus países son puramente locales. No así para Putin ni para Biden. Un triunfo de las democracias o de las anti-democracias, en cualquier punto del orbe, tiene para ellos una importancia mundial. Las políticas locales son hoy globales. Conclusión que me indujo a leer con sumo interés la versión preliminar del libro (en PDF) que me hiciera llegar el escritor cubano Mario J. Viera, cuyo título es Cuba, resistencia no Violenta.

Durante gran parte de la era castrista, Cuba ocupó para el conjunto de las izquierdas un lugar privilegiado, algo así como una Meca ideológica y política de la revolución continental. La atracción que despertó durante la era de la Guerra Fría ha desparecido, por cierto, pero de ese fuego “antimperialista”, algunos rescoldos quedan. El mismo canciller de Putin, Sergei Ryabkov, no vaciló, en vísperas de la invasión a Ucrania, mencionar a Cuba, junto con la Venezuela de Maduro, como uno de los países en los cuales podría realizar acciones militares en contra de los EE UU. De más está decir que ni Maduro ni Díaz Canel emitieron la más mínima protesta.

Después de tantos años de dominación dictatorial, pensar en una deserción de Cuba del espacio anti-democrático podría ser visto como una fantasía tropical. No obstante, permítaseme otra apreciación. Como bien demuestra Viera, desde el momento en que murió Fidel, Cuba perdió gran parte de su proyección imaginaria. Mientras la de Fidel fue una dictadura de tipo mesiánico, la de Raúl fue burocrática y militar. Con Díaz Canel desapareció del poder la generación que actuó en la revolución y así Cuba dejaría de ser la isla utópica de las izquierdas latinoamericanas. Su revolución ya no está en el futuro sino en un pasado cada vez más lejano.

La crisis económica que comenzó a vivir el país con el derrumbe del mundo comunista fue paliada en parte por el aparecimiento de la Venezuela de Chávez. Pero después que Chávez y hoy Maduro convirtieran a la ayer próspera Venezuela en un mierdal económico, Cuba ha quedado de nuevo librada a su suerte. La isla está aislada. No es raro entonces que Putin la esté mirando, junto a Venezuela, como aliado potencial: dos enclaves anti- occidentales en los bordes del lejano Occidente. Como sea, los habitantes que aún quedan en la Isla saben que su suerte no mejorará bajo el alero de Putin. Razones que hacen pensar a algunos cubanos que, ahora sí, se están dando condiciones para impulsar movimientos de democratización.

Manejando con pericia las conocidas tesis de Gene Sharp, sobre todo las que se desprenden de su libro clásico From Dictatorship to Democracy, Viera emprende un examen exhaustivo de los recientes movimientos contestarios de Cuba, sobre todo de aquel que comenzó a desarrollarse en el 2021, conocido como el movimiento San Isidro, desde donde, a pesar de su fracaso en la marcha del 15 de noviembre del 2021 (que hizo cifrar muchas expectativas) el estado de creciente malestar social y cultural que le dio origen, continúa presente. De ese y otros movimientos busca Viera extraer enseñanzas para las jornadas que se avecinan.

La dictadura de partido bajo Díaz Canel no goza de apoyo de masas, no tiene perspectivas históricas, carece de potencial utópico. Díaz Canel representa el poder por el poder, no más. Las condiciones objetivas están dadas para un cambio decisivo en las relaciones de poder, parece pensar Viera. Incluso va más allá: según su opinión no se trata solo de propiciar un cambio de gobierno en la isla, sino de revocar un sistema de dominación al que él llama totalitario. Pues bien, ahí reside una diferencia entre el autor del libro y quien escribe estas líneas.

 

TOTALITARISMO SIN TOTALIDAD

El sistema de dominación que impera en Cuba ya no puede, según mi opinión, ser calificado como totalitario. Las razones las da el mismo Viera. El régimen carece de apoyo de masas y de un proyecto de futuro (o dicho de modo lacaniano: carece de poder simbólico y de poder imaginario). Mostrarse impotente frente a las manifestaciones de descontento, más la estridente apatía política de la población, no son características de un sistema totalitario. No basta, en efecto, que un orden político se mantenga mediante el terror para hablar de totalitarismo.

En una escala de regímenes de dominación antidemocrática, distinguíamos en otro texto los siguientes peldaños: autoritarismo, autocracia, dictadura militar y/o burocrática, y totalitarismo. En cada una de estas formaciones anti-democráticas encontramos gérmenes y momentos totalitarios. Pero para hablar de totalitarismo requerimos que el poder sea total y, definitivamente, en Cuba, el poder de la clase dominante de estado, ya no lo es. No porque exista un anti-poder sino simplemente porque el poder establecido no goza de aprobación, ni de consenso, ni de legitimidad.

Siguiendo a Hannah Arendt y a otros pensadores del fenómeno totalitario como Carl Joachim Friedrich y Zbigniew Brzezinski, tres son las características que llevan a determinar la existencia del poder totalitario. El terror, una ideología totalitaria, y la sustitución de lo íntimo por lo público. De esa triada, solo se mantiene el terror. Ideología política no hay, y lo íntimo no ha logrado ser usurpado por lo público. Todo lo contrario. Si uno sigue las crónicas de Yoani Sánchez, o las narraciones de Leonardo Padura, podemos observar en Cuba un retiro hacia lo íntimo y lo privado en desmedro de lo público, tal como ocurría en las “democracias populares” controladas po el imperio soviético. Haciendo un paralelo con la ex URSS, podríamos afirmar que hubo totalitarismo bajo Stalin pero, como precisó Arendt, bajo Jruschev ya no lo hubo. Mucho menos lo hubo bajo Breschnev en el periodo conocido como “la estagnación”. Ahora bien, bajo Fidel Castro el régimen cubano de dominación también habría podido ser definido como totalitario. Pero bajo Díaz Canel, cuando más, como semi-totalitario o, si se prefiere, post-totalitario.

Fidel no solo era temido, sino también, como el Gran Hermano de Orwell, amado. Patria o Muerte quería decir para muchos, entregar la vida si es que fuera necesario, por la revolución. ¿Quién quisiera entregar la vida por Díaz Canel o por esa miseria sin fondo a la que él llama revolución? Quizás solo los parientes más cercanos del oscuro dictador. Podríamos entonces decir: el régimen de gobierno en Cuba carece de la grandeza demoníaca del totalitarismo. Y bien, precisamente son estas carencias totalitarias las que permiten iniciar en Cuba una operación de rescate de la democracia. Luchar en contra y a la vez dentro de un sistema totalitario, es imposible.

Más allá de ese desacuerdo conceptual, el libro de Viera contiene valiosas enseñanzas para quienes estén dispuestos a apoyar la lucha por la democracia en Cuba. Pienso, además, que ofrece perspectivas a otros países, no solo latinoamericanos, caídos bajo la férula de gobiernos anti-democráticos. Conocedor de la historia de su nación y a la vez provisto de un excelente arsenal analítico, establece Viera, de modo categórico, que la lucha por la democracia en Cuba deberá ser pacífica o no ser. Es entendible: quienes están más interesados en un enfrentamiento violento son los personeros del régimen. Militar y policialmente el régimen es fuerte. Políticamente es débil.

 

PARTISANOS NO VIOLENTOS

Para que la lucha política sea viable, es importante que sus actores sean ciudadanos que padecen y conocen la dictadura en la vida cotidiana. Eso supone renunciar a cuatro creencias que hasta ahora han caracterizado a la incipiente oposición cubana.

La primera creencia dice que el régimen podría caer si desde el exterior son aplicadas fuertes sanciones económicas. Viera demuestra en cambio que las sanciones han producido el efecto contrario. Todas las deficiencias, desajustes y fracasos del gobierno encuentran justificación en el “bloqueo”, y los más afectados son los sectores más empobrecidos del pueblo, nunca la nomenclatura dominante.

La segunda creencia supone que, por contar con mejores medios económicos, parte de la conducción de la lucha debe yacer en las manos de grupos en el exilio. Conocedor de la impotencia de las políticas de exilio, Viera argumenta diciendo que los dirigentes políticos en el exterior no están ligados a los intereses de las masas cubanas, ignoran su realidad, y por lo mismo diseñan planes de acuerdo al dictado de abstractas fantasías.

La tercera creencia es la que supone que el régimen puede caer gracias a la iniciativa del gobierno de los EE. UU. Quienes así piensan, aclara Viera, olvidan que los EE. UU no actúan por filantropía sino solo cuando su soberanía o la de sus aliados se ve amenazada por otra potencia externa, o cuando sus intereses económicos o geoestratégicos se encuentran en peligro.

La cuarta creencia es la que imagina que hay que privilegiar la política hacia el interior de los cuarteles militares, alentando la posibilidad de un golpe de estado “democrático”. De acuerdo a Viera, el ejército cubano es parte de un complejo de poder articulado social e ideológicamente al interior del estado. Pero, aún si se diera el caso de una intervención militar, solo habría que esperar la sustitución de una dictadura por otra.

Viera no cree mucho en la espontaneidad de las masas. Estas pueden aparecer ocasionalmente y pronto diluirse si los actores carecen de una mínima organización. La historia de la oposición cubana está llena de apariciones disruptivas que, sin continuidad en el tiempo, desaparecen como luces pasajeras en medio de la noche. Por eso mismo su texto ha sido escrito, en primera línea, para los activistas de la democracia. Partisanos no violentos, los llama. Tiene razón. Hay que despedirse de una vez por todas de esas imágenes fílmicas que nos presentan la caída de las tiranías como producto del levantamiento de masas irredentas gritando al unísono: ¡abajo la dictadura! Esas son solo imágenes cultivadas por las mitológicas izquierdas del pasado reciente. Las realidades son distintas.

Las dictaduras no caen como consecuencia de movimientos espontáneos de masas, ni mucho menos por su propio peso. Por lo general terminan cuando previamente ya han sido derrotadas en múltiples procesos que han llevado a su desgaste y a su división interna, atravesando a veces por largos y complicados procesos de transición. 

Las últimas revoluciones que hemos conocido, por ejemplo, las que pusieron fin al comunismo, solo fueron posibles cuando el eje de rotación que daba vida a los regímenes comunistas entró en crisis gracias a las reformas de Gorbachov. Recién después de la Perestroika las organizaciones democráticas de lo países sometidos a la URSS pudieron irrumpir exigiendo su reconocimiento público. 

Y bien, de eso se trata la lucha pacífica: de crear una institucionalidad alternativa que sea reconocida por el poder establecido. Como consignó una vez el dirigente de Solidarnosc, Joseph Kuron: “Nunca quemes un local del partido comunista. Funda otro partido”. Gracias a ese espíritu constructivo, Solidarnosc se convirtió, de simple iniciativa obrera, en un movimiento de masas, y luego en el partido de la revolución, para terminar siendo un partido de gobierno. 

Un proceso similar, vivirían las múltiples organizaciones disidentes formadas en los países de la periferia soviética. No así en Rusia, donde el cambio, al provenir desde arriba, no logró echar raíces al interior del pueblo. Por eso, mientras los países occidentales dependientes de Rusia llegaron a convertirse en democracias, Rusia, aún con Jelzin, no pudo salir nunca del modo autocrático de gobierno. Putin, desde esa perspectiva, se encuentra en plena continuidad con el autocratismo que lo precedió, reconvirtiéndolo en lo que fue durante Stalin: un régimen totalitario.

Aparentemente Cuba sobrevivió al tsunami democrático de 1989-1990, pero al precio de convertirse en una isla ya no geográfica sino histórica y política. Las dádivas recibidas desde la Venezuela chavista nunca pudieron superar la crisis en la que quedó sumida. Crisis crónica y múltiple: política, económica y moral. El socialismo cubano es hoy un cuerpo corroído que apesta. Sin poder simbólico ni imaginario, Cuba no representa un futuro para nadie

Sin embargo, nuevas generaciones, liberadas del pasado castrista, están apareciendo. Movimientos contestarios como el de San Isidro, volverán a resurgir por doquier. La canción Patria y Vida ya sustituyó a la simbología necrófila del régimen de la patria y de la muerte. El castrismo, si es que todavía existe, ha perdido la batalla de las ideas. Ni los más dogmáticos dinosaurios intelectuales se atreverían hoy a proponer a Cuba como un “modelo a seguir”. 

Puede ser que el largo proceso que llevará la democracia a Cuba no cautive los corazones de las nuevas generaciones políticas latinoamericanas como sucedió con la revolución fidelista. Pero sin duda será muy importante para aventar a los fantasmas ati-democráticos que aún asolan en los países latinoamericanos.

Solo cuando la democracia llegue a Cuba habremos dejado definitivamente atrás una historia horrible. Y para que eso ocurra, como muestra el texto de Viera, las condiciones, si no están dadas, están comenzando a darse.

viernes, 29 de julio de 2022

LAS SANCIONES ECONOMICAS CONTRA UN REGIMEN TOTALITARIO ¿DAN RESULTADOS POSITIVOS?

 

Mario J. Viera

 


En Miami, las organizaciones de derecha radical del exilio, no paran de pedir más y más sanciones económicas contra el régimen totalitario de Cuba. Agitan dentro de la comunidad cubana para generar una conciencia de sanciones y lo logran. Las organizaciones de derecha radical de Miami tienen un arma poderosa a su disposición para poder influir sobre la política exterior de Estados Unidos: el cabildeo. El ejercicio del voto de la comunidad cubana residente en Estados Unidos; capacidad que se demuestra con su disposición a votar republicano. Florida es el ejemplo mayor.

Sin embargo..., En 1990 el régimen de La Habana sufrió el mayor de sus colapsos económicos, al perder todos sus convenios comerciales con el bloque soviético, estaba al borde de la quiebra; pero se mantuvo, el régimen no cayó. Su política de “resistencia” la vertió sobre la población la cual tuvo que soportar los rigores de una economía en decadencia y con el agravante del embargo estadounidense.

Corea del Norte, es el más totalitario de todos los regímenes totalitarios. Un régimen, que ni es marxista-stalinista, ni marxista-maoista, sino un sistema mixto entre estas dos tendencias junto con la teoría junche, elaborada por Kim Il-sung y desarrollada por su hijo y heredero al trono totalitario, Kim Jong-il. Una teoría que toma como fundamento la unidad, según afirmó Kim- Jong-il ─ en charla con funcionarios directivos del Comité Central del Partido del Trabajo de Corea, el 14 de noviembre de 1992 ─, “entre el Líder, el Partido y las masas” compactando “a todo el pueblo alrededor del Partido y el Líder acrecentando así sin cesar el poderío de la unidad monolítica entre el Líder, el Partido y las masas”. Aunque, a decir de Kim-Jong-il, “el socialismo es la vida para nuestro pueblo. La vida o la muerte de nuestro pueblo”, a finales de la misma década donde explicaba el junche, la economía norcoreana se contrajo de tal manera que, junto a los efectos destructivos de severas lluvias e inundaciones, produjo una gran hambruna. Se calcula que la cifra de muertes por esta causa alcanzó un total de entre 220 mil y 500 mil. Una situación esta, no provocada por sanciones económicas impuestas sobre el régimen de Pyongyang. Había hambruna, pero en 1994 Corea del Norte se empeñaba en desarrollar su programa atómico, en Yongbyon.

Corea del Norte, no se detiene; el 5 de julio del 2006, probó 7 misiles, uno de ellos, el Taepodong, teóricamente considerado con capacidad de alcanzar el territorio estadounidense. Estados Unidos reacciona imponiendo sanciones económicas a Corea del Norte y logra en este acto el apoyo de Japón. Le Monde Diplomatique, con fecha de octubre de 2006, recogió la opinión de Kim Dae-jung, arquitecto de la reconciliación con Corea del Norte y ganador del Premio Nobel de la Paz en 2000, donde este dice: “Los neoconservadores en Estados Unidos no quieren la paz en esta región. Están impulsados por el dogma. No están defendiendo los intereses de Estados Unidos, como lo hizo el presidente Clinton; apoyó los intentos de establecer un diálogo pacífico, pero los neoconservadores están obsesionados con las sanciones, a pesar de que las sanciones nunca funcionaron contra Cuba, Irak, Afganistán o Irán”.

Corea del Norte es probablemente el país que más sanciones económicas ha recibido por parte de la comunidad internacional. Desde la resolución 1718 del Consejo de Seguridad de la ONU en 2006 por la cual se establecía un Comité de Sanciones para la imposición de un embargo de armas, la congelación de activos y la prohibición de viajar a las personas que participen en el programa nuclear de la República Popular Democrática de Corea, y la prohibición de una serie de importaciones y exportaciones, a fin de impedir que la RPDC realice ensayos nucleares o lance misiles balísticos.

Estas medidas fueron secundadas por Estados Unidos y la Unión Europea que fueron incrementándose en 2009, 2011. 2013, 2014, 2016 y 2017 con la prohibición total en ese año contra las principales exportaciones de Corea del Norte de carbón, hierro. mineral de hierro, productos pesqueros, y plomo y mineral de plomo; continuándose en 2018; y, en 2021 con sanciones autónomas a personas y entidades; en 2022 se añadieron a 8 personas y 4 entidades a la lista de sanciones implicadas en la financiación del programa nuclear. Desde el 2006 Estados Unidos ha continuado imponiendo sanciones económicas al régimen de la dinastía Kim, incrementándolas cada vez con mayor rigor. Sin embargo, Corea del Norte permanece imperturbable, mientras aumenta su capacidad en producción de misiles y desarrollando su programa atómico ─ cuatro ensayos nucleares y cien misiles balísticos lanzados ─. Hasta el nuevo líder, el Brillante Camarada hijo del Líder Amado, se atreve a advertir que está dispuesto a usar sus armas nucleares en potenciales conflictos militares con Estados Unidos y Corea del Sur, y fanfarronea sobre las capacidades de su ejército: “Nuestras fuerzas armadas están completamente preparadas para responder ante cualquier crisis, y los disuasores de guerra nuclear de nuestro país también están listos para movilizar su poder absoluto con diligencia, exactitud y rapidez, en conformidad con su misión”. Todo marcha, sobre ruedas, los que sufren las sanciones económicas son los simples y corrientes ciudadanos norcoreanos.

Birmania tras el golpe militar que derrocó al gobierno civil de Aung San Suu Kyi, el establecimiento de una junta de gobierno militar denominada como Consejo Administrativo del Estado por los militares, y la criminal represión contra los birmanos que se movilizaron en protesta contra el golpe. Estados Unidos, Canadá, Gran Bretaña y la Unión Europea han impuestos severas sanciones contra el Consejo Administrativo del Estado. Sin embargo, los militares continúan en el poder, y Aung San Suu Kyi y varios miembros de su gobierno se mantienen en las cárceles birmanas.

Nicaragua ha recibido numerosas sanciones económicas por parte de Estados Unidos; pero allí se mantiene a contrapecho la dictadura Ortega-Murillo, sin ninguna preocupación por las 328 personas muertas y casi 2.000 heridos que la soldadesca nica perpetró durante las manifestaciones de protesta del 2018.

Preguntémonos por última vez: ¿Por qué las sanciones económicas no han funcionado en el rescate de la democracia, en Corea del Norte, Cuba, Nicaragua y Birmania? No se requiere recurrir a una elaborada retórica para dar respuesta a este cuestionamiento. Las sanciones económicas impuestas a dictaduras totalitarias fracasan en sus objetivos, sencillamente porque en esos países no se ha concretado una poderosa y bien organizada resistencia estratégica basada en los métodos de la lucha noviolencia. Porque frente a una dictadura totalitaria no hay que mostrar las cartas, sino trabajar de manera subterránea organizando el movimiento, la movilización de miles de ciudadanos exigiendo el mismo reclamo, la caída del poder totalitario. Cuando esta situación se produzca con todo vigor y persistencia, entonces sí, las sanciones serán un complemento útil y necesario para el movimiento antitotalitario.

domingo, 26 de diciembre de 2021

Ir a la esencia para conocer el fenómeno

Mario J. Viera

 


Cuba, un país sometido a una dictadura totalitaria; ¿quién no conoce tal aserto? Los rasgos de tal condición están presentes en todas sus estructuras estatales: 1) Dictadura de un partido político único; 2) Confusión dentro de una misma unidad de todos los poderes públicos (Ejecutivo, Legislativo y Judicial); 3) Confusión pueblo, nación y estado como una sola identidad, el partido único; 4) la soberanía nacional depositada y ejercida solo por un órgano de poder del partido dominante; 5) Ilegalización de todo partido u organización opositora; 6) Criminalización del disenso (supresión de la libre expresión de pensamiento, de manifestación y de reclamo); 7) Presencia del caudillaje como referencia al Führerprinzip; 8) Existencia del enemigo objeto.

Paradigma de estados totalitarios: el fascismo italiano, el fascismo nacional-socialista, y el comunismo. ¿Semejanzas con el régimen de poder en Cuba? Para dar respuesta a esta interrogante hay que partir de cuál es la esencia fundamental del régimen de poder existente en Cuba. Para ello, no basta con la categorización de “ultraizquierdista” o “comunista”. Hay que ir más a lo profundo. En apariencias. Lo que se pone a la vista: un estado de formación marxista-leninista dentro de un sistema socialista; una aparente dictadura comunista. Me explicaré.

Realmente en Cuba rige un estado totalitario; pero un régimen totalitario en descomposición ─ nótese que uso la palabra “descomposición” ─, lo que de ninguna manera quiere decir que se encuentre en fase terminal o a las puertas de una transición democrática’ para ello todavía se necesita que transcurra el tiempo o que por dinámica social se acelere ese tiempo.

Los acontecimientos de la Primavera Negra del 2003 y de las recientes manifestaciones masivas de carácter espontáneo del 11 de julio, y la movilización de fuerzas policiales y militares para abortar la iniciativa del 15 de noviembre ponen al descubierto la verdadera esencia del actual régimen totalitario como consecuencia de una transición en los medios de poder producida en 1990 tras la caída del bloque soviético en Europa. Todos estos acontecimientos han dado como presencia e identificación del régimen impuesto en Cuba la formación de uno de carácter híbrido: el sistema fascio-estalinista que representa un retorno a las fuentes originales del poder castrista.

A partir de 1959, dentro de las estructuras del poder se van produciendo transformaciones a lo largo de varias etapas. Primera: 1959 – 1961, la conformación de un Estado Corporativo ─ bajo las apariencias de un gobierno de carácter democrático liberal ─, caracterizado por un crecimiento del populismo y de la exaltación nacionalista propia de un sistema fascista tardío de tendencia de izquierda. Segunda: 1961 – 1962, alianza con la URSS y la declaración del carácter “socialista” del régimen. Tercera: 1962 – 1968, enfriamiento de las relaciones políticas con la URSS, tras los acontecimientos de la Crisis de los misiles. Cuarta: Sometimiento total al imperialismo soviético a partir del reconocimiento de la “doctrina Brezhnev” en 1968; su consolidación en 1974 tras la visita a Cuba de Leonid Brezhnev; su desarrollo a partir del primer congreso del Partido Comunista de Cuba (1975), y de la promulgación de la Constitución política del Estado elaborada a hechura de la Constitución soviética (1976), para concluir en 1990. Quinta. Reordenamiento del régimen totalitario, y su retorno a los principios básicos del fascismo tardío. Vigencia del Código Penal con marcado acento fascista, desde 1989. Purga dentro del Ministerio del Interior en 1989, tras el juicio contra el general Arnaldo Ochoa y de Tony de la Guardia. Creación de instrumentos de represión al estilo de las SA alemanas, como las denominadas Brigadas de Respuesta Rápida en 1991. Masacre del remolcador Trece de Marzo (1994). Represión contra el intento de coalición de la oposición interna, Concilio Cubano y el derribo de dos avionetas no artilladas de Hermanos al Rescate sobre aguas internacionales (1996). Promulgación de la Ley 88 de Protección a la Independencia Nacional y la Economía de Cuba, en 1999. Conformación del híbrido totalitario fascismo-estalinismo con la condena a largas penas de prisión a 75 activista, disidentes y periodistas independiente, en 2003, y reafirmado en el presente año con la represión y condena a prisión de cientos de los participantes en las manifestaciones del 11 de julio y a los promotores de la marcha cívica de 15 de noviembre.

Caracterización del régimen totalitario actual.

Estado policiaco altamente militarizado. El poder real descansa en los altos mandos de las fuerzas armadas que controlan al gobierno monigote de Miguel Díaz-Canel y a las altas instancias del Partido Comunista de Cuba. Existencia del capitalismo de estado y alianza con capital privado extranjero en el sector primario de la economía especialmente en la industria extractiva, en el sector de los servicios principalmente en la industria del turismo y hotelería. Elevada depreciación de la moneda nacional. Incapacidad para mantener un mercado nacional estable y abastecido. Altos índices de inflación. Ruina del principal renglón productivo del país, la industria azucarera. Incremento de los índices de pobreza.

El actual Estado cubano ha devenido en su propia negación, acercándose cada vez más a las estructuras de cualquier dictadura de extrema derecha, como las que predominaron durante el pasado siglo en América Latina. Está totalmente estancado. Si hubo algo que, en el pasado, pudo haberse considerado progresista, hoy nada de eso existe. Su carácter es esencialmente reaccionario y decadente. 

martes, 26 de enero de 2021

COMUNISMO Y SOCIALISMO TOTALITARIO NO FUNCIONAN

Enrique Guzmán Karell

 


El mapa es un acercamiento a la división política del mundo en el año 1980

De Perogrullo: el comunismo y el socialismo totalitario no funcionan. Es lo que se ha demostrado en todas partes. No importa que se tenga la mayor extensión territorial ni las mayores reservas naturales (URSS). No importa que se cuente con una sociedad instruida y organizada (Alemania Oriental). No importa que dicha ideología se implante en culturas milenarias y laboriosas (China, Viet Nam, Cambodia, Corea). No importa que se intente en países de la periferia que no han sido ‘contaminados’ por las prácticas de un capitalismo monopólico ni por la industrialización (Angola, Etiopia, Mozambique, Albania, Yemen…). No importa la cantidad de hidrocarburo (Venezuela). No hace la diferencia si lo implementas en naciones disciplinadas y que hacen culto a la autoridad.

 

El comunismo y el socialismo autoritario no han funcionado en ninguna de las grandes tradiciones religiosas y culturales del globo. No les han servido a católicos ni a protestantes. Tampoco a ortodoxos, musulmanes, budistas, taoístas, sincréticos o animistas. Incluso, tampoco les han servido a los ateos materialistas.

 

De la misma manera que no les sirvió a eslavos, árabes, beduinos y bereberes, latinoamericanos y caribeños, zhuang, manchú, caucásicos, ilirios, etruscos, bosniacos, jemeres y mongoles.

 

O sea, no importa el continente, el clima, el idioma, el grupo étnico, la idiosincrasia, el tamaño y la ubicación geográfica. Si algo ha sido un factor común a todas las prácticas de este tipo es que ninguna funcionó.

 

El comunismo y el socialismo totalitario son solo una aspiración, un muy caro deseo de unos pocos que contradicen los instintos naturales del hombre -al menos hasta este minuto. Los iluminados del comunismo terminaron siendo unos tiranos y reventando todas las sociedades que han vivido esas prácticas.

 

No hay progreso sin generación de riqueza ni garantías de mayor libertad.

¿Por qué obligarse con lo que no sirve?