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lunes, 12 de abril de 2021

¿UN NUEVO PACTO DEL ZANJON?

 Mario J. Viera

 


José Daniel Ferrer ha levantado su huelga de hambre y retorna a sus actividades de auxilio a personas necesitadas en Santiago de Cuba. Ya, en la cocina de su vivienda, comienzan a elaborarse los alimentos que su organización, UNPACU, reparte. Madre Teresa de Calcuta se sentiría muy feliz ante tal cristiana labor. La Mesa de Unidad de Acción Democrática (MUAD) celebró como "una victoria de la UNPACU y de la razón" el cese del cerco policial, según se comenta en Diario de Cuba. Es que la MUAD es también muy cristiana y es capaz de ofrecer la mejilla izquierda a quien le abofetee su mejilla derecha; recuérdese que Ferrer, en junio de 2016, se separó de la MUAD.

 

La Mesa de Unidad de Acción Democrática, según sus propios postulados, prioriza el diálogo y el consenso, como fundamento de un nuevo contrato social, “en el que todos seamos vencedores”, de acuerdo con lo establecido en su programa mínimo Todos Cabemos, la MUAD se manifiesta en contra de la represión social, la persecución política, la discriminación de cualquier signo, y, reclama, la restitución de los derechos laborales y económicos al conjunto de la ciudadanía. Exige la inmediata ratificación de los Pactos Internacionales de Derechos Humanos y su aplicación rigurosa como demanda esencial, definidos por esos pactos, el respeto de sus disposiciones, y la coincidencia del país en torno a sus aspiraciones aparecen, para la MUAD, como un punto de inicio inequívoco en la restauración de la esperanza colectiva de una Cuba donde “todos, y cada uno de los cubanos, cabemos”. Obsérvese bien este último enunciado: “todos, y cada uno de los cubanos, cabemos”. ¿Todos, sin exclusión?

 

Cuando analizamos los postulados de la MUAD, podemos apreciar que sobra uno de sus objetivos y falta el más importante que debiera haber estado incluido. Ese objetivo, ignorado, omitido es la decisión de alcanzar el poder, objetivo este a priorizar, por encima de la propuesta de diálogo y consenso. El fundamento de un nuevo contrato social, bajo un régimen de dictadura totalitaria, reacia al diálogo, opuesta a cualquier propuesta de reformas democráticas, es la toma del poder político y, luego de alcanzar ese poder, entonces. y solo entonces, es posible priorizar la supresión de la represión social, la persecución política, la discriminación de cualquier signo; asegurar la restitución de los derechos laborales y económicos al conjunto de la ciudadanía, y la inmediata ratificación de los Pactos Internacionales de Derechos Humanos y su aplicación rigurosa. Sin ese principio básico y medular, la MUAD es solo una organización de carácter civilista y no una definida claramente como organización política con proyecciones políticas. El civilismo solo se conjuga por medio de reformas; lo político, en cambio, se conjuga como lucha para alcanzar el poder.

 

Con solo el hecho de hacer obras de caridad, o solicitar y confiar en utópicos diálogos con la dictadura, no se llega al poder político.

 

Diálogo; ahora parecen estar de moda los proyectos dialoguistas. Tanto la Mesa de Unidad de Acción Democrática como el Movimiento San Isidro (MSI) se inclinan a buscar soluciones por medio del diálogo: Así lo entiende la MUAD: "Insistimos en el diálogo de la manera que está consignado en nuestro Programa Todos Cabemos, donde declaramos nuestra voluntad de conseguir establecer un diálogo nacional inclusivo que promueva y facilite la aplicación de los derechos reconocidos en los Pactos Internaciones, recogidos en la Carta Internacional de Derechos Humanos, incluyendo los de la Organización Internacional del Trabajo".

 

Así lo ve el MSI: "Lograr soluciones pacíficas y cívicas es parte inalterable de la misión de nuestro movimiento. Lo único que queremos que abunde en Cuba es la prosperidad, el progreso y el respeto a nuestra dignidad como seres humanos libres. No apostamos por el conflicto, proclamamos la paz".

 

En marzo, como reportó, el pasado 15 de marzo, el diario virtual 14 y Medio, el MSI lanzó una plataforma para convocar a un “diálogo nacional" con todos los actores de la sociedad, incluyendo el Gobierno, y construir una Cuba que represente "un hogar seguro para todos", además de superar la grave crisis que padece la nación a través de "soluciones pacíficas y cívicas".

 

Aseguró 14 y Medio que, Luis Manuel Otero Alcántara puso sobre la mesa el dilema, al declarar que "no puede haber un diálogo en Cuba sin la parte sistémica, sin la parte régimen", pero que ello "tiene que ser con carácter". No obstante, continúa 14 y Medio, al día siguiente, el MSI aclaró que "el Gobierno cubano jamás ha querido hablar con las y los cubanos" y que la propuesta de diálogo "no lo incluye". "Esto es un diálogo ciudadano para debatir entre nosotros el futuro de nuestro país". ¿Solo eso?

 

Soluciones por medio del diálogo; reformas por medio del diálogo, ¡Nada nuevo en Cuba! La historia recoge otro intento de diálogo adelantado por los independentistas a la búsqueda de un armisticio en la Gran Guerra iniciada el 10 de octubre de 1868. Fue entonces un diálogo que, cuando el Comité del Centro decidió no seguir apostando por el conflicto y proclamar la paz, concluyó en un pacto, firmado por los mambises, con el general español Arsenio Martínez Campos, el 11 de febrero de 1878: El Pacto del Zanjón.

 

¿Qué motivó que el campo mambí diera los pasos para un diálogo con Martínez Campos? La guerra se extendía por años con gran desgaste del impulso insurrecto. No se lograba doblegar al ejército peninsular y se manifestaban, dentro del mambisado, los mismos males endémicos, casi congénitos, que marcan a los cubanos, un significante regionalismo presente en el Ejército Libertador, divisiones y pugnas internas, y un apoyo escaso de parte de la emigración. ¡En fin, desencanto y frustración!

 

¿Qué se obtuvo con aquellos diálogos que generaron el Pacto del Zanjón? No se alcanzó la independencia ni se abolió la esclavitud. En cambio, solo se concedieron algunos exiguos derechos, como el de elegir diputados a las cortes españolas, algo así como autorizar elecciones libres para elegir delegados a la Asamblea Nacional del Poder Popular; amnistía para los delitos políticos desde 1868 y libertad de los encausados o que se hallasen cumpliendo condena e indulto general a los desertores españoles; incluyendo la libertad a los esclavos y colonos asiáticos que se hallaban en las filas insurrectas. Además, se reconocía el derecho de emigrar que, todo el que deseara marchar fuera de la isla quedaba facultado para ello, y se le proporcionarían por el Gobierno de España los medios de hacerlo; algo así como un autodestierro.

 

¿Partidos políticos? Los que ya existían en el país. los autonomistas y los reformistas, ningún otro que exigiera la independencia política.

 

Solo Antonio Maceo rechazó aquel vergonzoso diálogo y aquel denigrante pacto de rendición, y a Martínez Campos, en un encuentro que hubo entre ellos, el 15 de marzo de 1878, le dijo en propia cara: “¡El 23 se rompe el corojo!”

 

¿Diálogos? ¿Obras de caridad para alimentar a los necesitados? ¡No, hay que dejar todo eso a un lado y decidirse, como Maceo, a romper el corojo! Romper el corojo con la resistencia noviolenta dirigida a la conquista del poder político.

martes, 30 de marzo de 2021

Sobre la hoja de ruta del Diario de Cuba

 Mario J. Viera

 


En ocasiones, cuando los intelectuales analizan problemas complejos, se elevan tanto en sus pensamientos, que terminan con sus cabezas en las nubes, pero con sus pies bien distantes de la tierra. Así, muchos intelectuales confunden lo ideal con lo real, lo que debiera ser con lo que realmente es, sin distinguir la realidad de la fantasía. Algo de todo esto se enmarca en la propuesta de hoja de ruta ideal hacia la democracia, que propone el Licenciado en Ciencias Políticas y especialista en Estudios Bíblicos y Teológicos, Dimas Castellanos, aparecida en la edición del 28 de marzo del Diario de Cuba.

 

Dimas Castellanos es un intelectual que expresa con franqueza sus opiniones, sin caer en la sacralización de los dirigentes de los grupos opositores al interior de la isla y de los males que afectan a esos grupos. En una entrevista que le concediera a Cubaencuentro. com, con fecha 8 de mayo de 2020, declaró: “El caudillismo es un mal que nos toca, los líderes de esas organizaciones quieren ser protagonistas y centro, cambian constantemente por diferencias internas; cuando llega, por ejemplo, una ayuda del exterior la miseria trae consigo la corrupción: los tres centavos recibidos son motivos de discrepancia. Hay carencia de democracia en algunas de esas organizaciones”.

 

Bien expresado, contrastado con lo que ahora analiza sobre el camino hacia la democracia en Cuba, y que él mismo califica como ideal. Tomando como argumento la experiencia histórica de Cuba, Castellanos señala los males que deben ser descartados de su ideal hoja de ruta, empleo de la arraigada violencia en la cultura política; los "mesías", que generalmente terminan concentrando más poder que los sucesores; y las “elecciones inmediatas” que “no deben realizarse sin las condiciones y garantías inexistentes en el actual escenario para poder ejercer el derecho al sufragio libre”.

 

Es honesto cuando se muestra partidario de la solución de conflictos por medio del diálogo; pero el diálogo en el cual cree es uno de “dos dimensiones”; un diálogo entre cubanos para “consensuar las condiciones mínimas para sacar al país de la crisis; lo cual evidenciaría “que hay cubanos dispuestos y preparados para participar como sujetos activos en la solución de la crisis”, quedando implícito en el enunciado, que no se trata de un diálogo donde tenga voz el cubano común y corriente, sino un diálogo entre las élites desde los espacios virtuales, con todo ese embrollo de conclusiones intelectuales atiborradas de citas bibliográficas, donde cada cual pretenda demostrar su capacidad intelectual. Platón, por supuesto, lo aplaudiría.

 

La otra dimensión del diálogo es la conformada “entre el pueblo y el Gobierno”. ¿El pueblo dialogando con el Gobierno? Bueno, la ekklesía (Asamblea) de Atenas, hace buen rato dejó de ser apropiada. Para que el pueblo pudiera dialogar con el gobierno sería necesario, que el mismo pueblo eligiera a sus representantes para dialogar con el Gobierno, y, por supuesto, con una agenda que recogiera las demandas populares. Digo, y eso es si el Gobierno se decidiera a dialogar con el pueblo.

 

Luego Castellanos se embarca en una subjetiva apreciación, de que el Gobierno del PCC ya perdió “las condiciones que le permitieron permanecer anclado”. Ya que, considera idealmente Castellanos, el régimen o el gobierno “carece de suficiente fuerza para impedir el cambio”; sí, porque perdió sus “padrinos ideológicos” ─ en 1991, el Gobierno también había perdido sus “padrinos ideológicos” con la caída de todo el campo del socialismo real ─. Sí, porque le resulta imposible “lograr el nivel mínimo de inversión”; sí, por su “incapacidad para cumplir sus compromisos con los acreedores”; sí, por “la toma gradual de conciencia del pueblo manifestada en las crecientes protestas”. ¿Crecientes protestas? Protestas son las que han ocurrido en Bielorrusia, en Birmania y Tailandia, nada que se asemeje en Cuba; ¿los trecientos plantado ante el Ministerio de Cultura el 27 de noviembre de 2020? ¿La pérdida del monopolio de la información con las redes sociales? ¡Hace buen rato que el régimen ha perdido el monopolio informativo y la credibilidad de esos sus órganos “informativos”!; sí, por su “deficiente manejo del Covid-19”. Bueno en Brasil se ha manejado de manera más ineficiente el Covid-19; y México y hasta España. Sí, por los fracasos que está cosechando con la Tarea Ordenamiento y el aumento de la represión”. La represión ha sido siempre consustancial con el régimen y, hasta hubo momentos donde impuso el terrorismo de estado, sobre todo entre 1960 y 1963.

 

Analicemos la tesis planteada por Castellanos, “el régimen carece de suficiente fuerza para impedir el cambio” y formulemos, en contrario una antítesis: “El régimen mantiene sus principales pilares de apoyo, tales como, 1) la policía, el ejército, los órganos de inteligencia, las milicias populares, las brigadas de respuesta rápida; 2) los tribunales; 3) las estructuras del PCC en todos los niveles, local, municipal, provincial y nacional, fundados sobre el principio de la disciplina férrea; 4) las denominadas organizaciones “de masas”, destacándose entre ellas la UNEAC; y además, el control del sindicalismo; 5) los medios y aquellos que manejan la difusión de información al público. La síntesis, por tanto, puede ser formulada del siguiente modo: “el régimen todavía tiene suficiente fuerza para impedir el cambio”.

 

Ante todas las dificultades económicas y sociales, actualmente presentes en la sociedad cubana, Miguel Díaz-Canel, declaró el 20 de marzo: “Es un llamado, una vez más, a la heroicidad, a la resistencia, brindando luces”, lo que en breve significa: el pueblo debe resistir, como lo hiciera durante el periodo especial de 1991. Por otra parte, el jefe del Departamento Ideológico del Comité Central del PCC, Víctor Gaute López, y de acuerdo con el Granma, reconoció “la influencia del nuevo contexto comunicacional, en particular las redes sociales, y el desafío que entraña enfrentar las arremetidas de los enemigos de la Revolución a través de estas plataformas, con el marcado propósito de influir, sobre todo, en los jóvenes”.  

 

Aceptemos hipotéticamente, que el gobierno cubano, en un arranque de intenciones democratizantes se decidiera, de por sí, aceptar un diálogo, el cual dentro de las condiciones que ha descrito Castellanos, implica su participación “bajo el compromiso de implementar dos grandes medidas en una primera etapa: las libertades económicas”, y la libertad de expresión a continuación, “de manera que a la vez que la economía avance, se desarrolle la labor de formación ciudadana que faltó en la República”. 

 

El gran error de estas concepciones, como otras de igual calibre, es que colocan en primer lugar, lo económico, dejando en segundo lugar lo político; terreno este que el régimen no está dispuesto a ceder ni un milímetro; por otra parte, el texto da a entender que, en Cuba, a lo largo de toda su historia republicana no existía libertad de expresión que coadyuvara a desarrollar “la labor de formación ciudadana”. En La Habana, según mostrara el oficialista Juan Marrero en su libro “Dos siglos de periodismo en Cuba”, se producían veintiún periódicosdoce noticieros de radio y veintiocho revistas, además de tres noticieros de televisión y tres noticieros cinematográficos. Como refirió la revista venezolana El Nacional, que cita Radio Martí, ningún país de América Latina tenía tantas publicaciones per cápita: eran más de 70 en una isla de 6 millones de habitantes.

 

En Cuba prerrevolucionaria, existía un amplio uso de la libertad de expresión que, consagrada por la constitución de 1940, ni siquiera el régimen de Fulgencio Batista pudo acallar, como se demuestra en la sección En Cuba, de la revista Bohemia o en el semanario satírico Zig Zag. No, la labor de formación ciudadana no faltó en la República. Esta es la misma tesis que Fidel Castro argüía, negando la libertad de expresión en la República. No faltó la formación ciudadana, formación que se degradó debido al populismo de izquierda que impulsaba Fidel Castro, causa similar a lo producido en Estados Unidos con el populismo de derecha de Donald Trump, con independencia de la gran libertad de expresión que existe en Estados Unidos, la ciudadanía transformada en masas fanatizadas.

 

Aclaremos algo. La principal contradicción en Cuba, en estos momentos, es la que, como apuntaba Hegel, distingue lo aparente de la cosa que se percibe de su auténtica especie. Lo aparente en Cuba, es lo económico, visto desde el punto de vista que se concentra en los caóticos resultados de su economía; pero la auténtica contradicción presente es la política, que genera el modo de conducir lo económico. La paradoja del análisis de Castellanos queda demostrada cuando él mismo reconoce que el “mercado no es capitalista ni socialista”, sino que lo digan los chinos, que disfrutan de una economía de mercado y, al mismo tiempo, sufren un sistema de opresión totalitario. Quizá, en acto desesperado el régimen del PCC, sin consultar con nadie, sino con ellos mismos, se decida, por razones de sobrevivencia, abrirse a un sistema de mercado, pero nunca permitirá la libertad de expresión; por tanto, no se trata de economía, hay que demoler al régimen en lo político para garantizar a posteriori una libertad económica.

 

Pero la fórmula mágica de Castellanos: libertad económica + libertad de expresión, conducirá a otros improbables probables, como la libertad de asociación y “la convocatoria a una Asamblea Constituyente con delegados elegidos libremente por el pueblo, la conformación de una Constitución resultado de un nuevo consenso nacional y la instauración de un Estado de derecho, que sería la meta”. Al final, el régimen del PCC, acepta de buena gana un diálogo para entregar el poder a un Gobierno de transición. Esto, algo así como poner la carreta delante de los bueyes, primero Constituyente y luego Gobierno de transición. ¡Ah, pero falta lo ideal! Así nos alecciona Castellanos diciendo: “Lo ideal, en ese Gobierno de transición, resultado del diálogo, sería la conformación de un Gobierno colegiado”; ¡Claro que sí, porque “uno de nuestros grandes males políticos ha sido el personalismo, (y) no se debería comenzar por un gobierno personal, sino colegiado, comprometido con el cambio planteado”! ¡Vaya, algo así como reeditar la experiencia del 5 de septiembre de 1933 cuando se integró el gobierno colegiado denominado oficialmente como Comisión Ejecutiva del Gobierno Provisional de Cuba, pero que pasó a la historia conocido como el gobierno de la Pentarquía conformado por cinco mandatarios, en igualdad de facultades y cada uno con sus propios egos y sus propias opiniones, Guillermo Portela Möller, Sergio Carbó Morera, Porfirio Franca Álvarez de la Campa, José Miguel Irisarri Gamio y Ramón Grau San Martín. El experimento solo duró cinco días.

 

Pero por supuesto, en la propuesta de hoja de ruta no dejaría de asomar la nariz el plattismo nuestro de cada día: “Por ello la normalización de las relaciones [Cuba-Estados Unidos] constituye una necesidad vital para CubaAsí de manera tan simple, Cuba transitaría hacia un estado de derecho y hacia la democracia, ¡Vamos que no se requiere lanzar en las calles un movimiento de resistencia que obligue al régimen dimitir! Solo convenciéndole de aceptar un diálogo todo quedaría resuelto.  

viernes, 12 de marzo de 2021

Argumentos que son casi un oxímoron: ¿Pedir diálogo a la dictadura?

 Mario J. Viera

 


Toda idea, propuesta o declaración que se haga pública, puede generar polémica, y quien las emite, no tiene porqué sentirse ofendido por las opiniones contrapuestas que puedan surgir al respecto; porque toda idea, propuesta o declaración expresada públicamente tiene aparejado el debate. Se opina para debatir.

 

Hago esta introducción con motivo de algunas opiniones expuestas por alguien, que su nombre no tengo porqué mencionar, en torno al tema del diálogo político que podría enunciarse de la siguiente manera ¿Es correcto pedir un debate público a un régimen dictatorial que se niega a dialogar? El expositor de marras, inicia sus comentarios afirmando: “Respetemos a todas las plataformas que proponen cambio o nunca tendremos democracia”. ¡Uf, cuidado con el empleo indiscriminado de las palabras! ¿Respetar cualquier “plataforma”, sea la que sea? ¡Error! Se respeta la vida humana, el derecho de una persona; incluso, se puede respetar una determinada legislación, porque la vida humana y los derechos se veneran y las leyes pueden ser acatadas, es decir respetadas.

 

¿Respetar, es decir, acatar, adherirse a un programa o conjunto de reivindicaciones o exigencias que presenta un grupo político, sindical, profesional, etc., que constituyen una plataforma? No creo que tengamos que respetar festinadamente cualquier “plataforma” de reclamos, que alguna u otra organización adelante. Las plataformas debemos analizarlas, considerarlas y debatirlas para considerar si debemos acatarlas o no, es decir, respetarlas. ¿Debemos respetar la plataforma que pida diálogo a quien no tiene ninguna disposición de dialogar?

 

Dentro de estas consideraciones se presentan dos “plataformas” contradictorias o excluyentes entre sí, la de los partidarios de insistir reclamando diálogos que nunca se harán, los “dialogueros” y los que rechazan de plano pedirle peras al olmo, los “antidiálogo” como imprecisamente los califica el expositor, y va contra ellos diciendo: “la gente antidiálogo, que se empeña en repetir la consigna de que no se dialoga... por favor, ¡dejemos la inmadurez!!!” ¿Inmadurez? ¡Claro que sí!, parece considerar, es que el Partido comunista de Cuba (PCC) “lleva 62 años sin diálogo, de monólogo absoluto y que agradece más que nadie que NO lo obliguen a dialogar”. Esto sí es una total puerilidad. Y reclama el partidario pedirle diálogo al que siempre se mantiene en “monólogo absoluto”: “Ya basta con el absurdo de los diálogos que no funcionaron en el pasado. Usted puede proponerse ser protagonista de su diálogo, de su llamado a contar a la fuerza antagónica”. Antes no funcionaron, entonces ¿por qué ahora si funcionará el diálogo?  Sí, así lo creen algunos que no se han enterado que, en la política también funcionan las leyes de la guerra, y que, solo se llega a un armisticio dialogado, cuando ninguna de las dos partes en conflicto puede asegurar la victoria.

 

Para hacer que el régimen se decida a dialogar con la oposición solo se requiere ayudar a los “amigos que quieren cambio en Cuba” a ganar plaza, a ganar pueblo. ¿Recogida de adhesiones? ¿Sacar a la gente a la calle reclamando a gritos “¡Queremos diálogo, queremos diálogo!”? “No le hagamos la contra ─ exige ─ a quienes están dando un empujón para ver si acabamos de dejar atrás tantas décadas de comodidad y discurso fácil sin interlocutores a quienes se han establecido como dueños de la palabra (…) Diálogo, para que ellos queden mal al no aceptar un diálogo justo y civilizado”. Buena fórmula política esta, la de pedir diálogo que el régimen, lo sabe muy bien el reclamante, no acatará de ninguna manera, porque así quedará mal. Esto es el perfecto oxímoron, pedir diálogo para que no haya diálogo.

 

¡Por Dios, si dice y reconoce que el régimen del PCC no dialoga, no acepta diálogo alguno; entonces por qué insistir en pretender dialogar con quien se niega a dialogar!; ¿por qué insistir en pedidos de diálogos, si se sabe que tal solicitud, será desoída sin explicación alguna? ¿Solo para que el mundo nos mire como nunca antes? Sí, porque el Occidente sabe dialogar y el PCC, no. ¡Vaya verdades de pero grullo! El diálogo que propone el ardoroso exponente no es uno de “complacencia”, sino para reclamar y, sobre todo, “Para gritar en la cara del oponente: tenemos derecho a tener derecho”; digo si el PCC se decidiera amable y respetuosamente a aceptar un diálogo para que abandone “la herencia bolchevique de país donde solo hablan, discuten y proponen los del Partido Único”. No se oponga a esta plataforma, por favor no lo haga, porque hay que respetar y comprender el mensaje martiano “Con todos y para el bien de todos”. ¡Madre Santa! ¿Con todos, la oposición y el PCC, y para el bien de todos, de la oposición y del PCC?

 

Sin embargo, también Martí dijo: “Para mí la crítica no ha sido nunca más que el mero ejercicio del criterio”. Consideró el apóstol que nunca se debían lanzar ataques personales sino ir contra lo vil de las ideas y también dijo: “Los grandes derechos no se compran con lágrimas, sino con sangre”.

 

Y el muy respetable exponente concluye sus alegatos con una Post Data, donde expresa: “Insulte todo el que quiera. Por sus frutos los conoceréis. Cada minuto de mi vida estaré en Cristo más fortalecido. No dejaré de orar por todos”. Pero ignora en su credo cristiano que el Galileo rechazó dialogar con Herodes Antipas gobernante corrupto y criminal, tal como se recoge en Lucas 23: 8,9: “Herodes, viendo a Jesús, se alegró mucho porque hacía mucho tiempo que deseaba verle, pues había oído muchas cosas de él y tenía esperanzas de que lo vería hacer algún milagro.  Herodes le preguntaba con muchas palabras, pero Jesús no le respondió nada”. Con los dictadores no se dialoga; se les enfrenta. Pinochet no concedió diálogos, prefirió córtale las manos a un cantautor para que no pudiera tocar la guitarra; Daniel Ortega no aceptó dialogar con la oposición, prefirió lanzar a la policía y los grupos parapoliciacos contra los que desfilaban clamando diálogo.

 

Bien hace el buen hombre en seguir orando y pedirle a Dios; pero el rescate de la democracia no se consigue buscando dialogar con una pared, ni tampoco se produce por milagro divino. La democracia hay que pelearla, captando pueblo, captando participantes, decididos a lanzar el reto al sistema impuesto, y derrocar el poder del PCC, para luego emprender los pasos hacia la democracia. No se requieren diálogos.