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miércoles, 3 de abril de 2024

EL METODO CIENTIFICO DE LAS PROTESTAS

 

PARTE SEGUNDA

Mario J. Viera

 


Existe hoy en Cuba un estado de preconvulción política y social, llámese como quiera denominarse, de “cambio” de “situación de confrontación social o de revolución”, ahí están las esporádicas manifestaciones populares de protesta que se van produciendo a lo largo del país. Protestas que, además de exigir la resolución de los acuciantes trastornos económicos a los cuales los altos funcionarios del gobierno cubano no han sabido dar respuestas acertadas y claras, son expresión de un rechazo generalizado al sistema, al régimen impuesto en Cuba, una abierta posición iconoclasta de rechazo a los mitos ideológicos y expresión de que el temor, el miedo a las consecuencias se va perdiendo en un ambiente fuenteovejuno. No es la razón la que impulsa a cientos y hasta algunos miles a expresar su descontento, sino la pasión y el élan de la subsistencia, las necesidades vitales de alimentación y vivienda.

Estas protestas, con cierto grado de espontaneidad, entusiasman a muchos que están en el exilio, considerando que en sus manifestaciones sacudirán los pilares del régimen, pero esto son solo apreciaciones muy subjetivas, pues estos actos de protestas son como vientos fuertes que, sin embargo, no alcanzan nivel de tornado. Pueden preocupar a los represores en un momento de sorpresa, pero sus vientos se amainan y todo queda en nada por los muros de contención de la represión organizada, o tal vez en la solución del gallo desplumado de Stalin.

El combustible existe, solo falta el motor que impulse la fuerza de las masas, que las organice, que las conduzca hacia un objetivo que solo puede ser político: el derrocamiento del poder opresor y la toma del poder político.

En todos los mecanismos de las protestas populares que vienen presentándose desde el 11 de julio de 2021 estuvo ausente la fuerza de dos elementos poderosos e indispensables para enfrentar a la dictadura del Partido Comunista de Cuba, el movimiento sindical y el movimiento estudiantil, organizados bajo un plan estratégico común de lucha y resistencia y un consensuado programa de nación. La acción conjunta de estas dos fuerzas sociales ha sido demostrada en la práctica en numerosos países, pues como señaló, el ya mencionado Ander Egg, en las ciencias sociales se requiere de hechos verificados en su contrastación con la realidad para poder llegar a la formulación de una hipótesis o teoría de la resistencia popular, que debe cumplir con, lo que adelantó la ya también mencionada Beatriz García, la comprobación de su reproducibilidad y repetibilidad, y la posibilidad de predicción de sucesos futuros en base a dichas hipótesis.

Es preciso que el movimiento opositor dentro de la isla analice los resultados de las manifestaciones de protestas que se han estado produciendo, considerar el por qué no lograron poner en crisis al régimen comunista-fascistoide que rige en Cuba; extraer toda la enseñanza útil que se desprende de esos hechos y considerar qué debe tomarse en cuenta para poder influir en la conducción de esos intentos espontáneos de protestas y reclamos.

Todas estas protestas populares pueden inferir una conclusión política, pero lo eminentemente político no ha sido el principal reclamo. Es necesario actuar para influir en el desarrollo de las manifestaciones populares y darles a las mismas un carácter fundamentalmente político, pero para ello se requiere liderazgo, la capacidad de los opositores para actuar dentro de la población, la capacidad de influir, la capacidad incluso de agitación política y ganar apoyos, garantizar el número de masa crítica que se requiere para impulsar un poderoso movimiento de resistencia popular de confrontación noviolenta.

Algunos alegarán que esta labor es irrealizable; y sí, es irrealizable, pero solo cuando se actúa sin el empleo de la razón, de la inteligencia y sin el no buscar métodos imaginativos que faciliten emprender la tarea de captar multitudes. Otros también adelantarán sus dudas conociendo que la Seguridad del Estado anulará cualquier intento dentro de las organizaciones opositoras de ir “más allá” de lo soportable. De inmediato, considerarán, las fuerzas represivas irán a por los dirigentes de cualquier grupo opositor o disidente para impedir que ellos puedan influir dentro de las masas populares para encauzar el descontento popular en accionar político de resistencia cívica; y sí, coincido con esa opinión, la oposición siempre ha actuado a cara descubierta y, por lo general se organiza en una línea de dirección vertical. Ya es hora de actuar en silencio, a la callada y no de manera pública; no son tiempos de reclamos cívicos mediante procedimientos también cívicos. Los tiempos de ahora son los de reclamos políticos, de exigencia política, de fortalecer el músculo y enfrentar a la dictadura con el poder de las fuerzas populares.

Entonces también algunos me echarán en cara, diciendo que para mí es muy fácil decir, desde el exilio, lo que acabo de anotar. Por supuesto que yo me pongo no solo en los zapatos sino también en las ropas de los que allá, en la isla están bajo el monitoreo y el acoso constante y sistemático de aquellos que asumen la dirección de los diferentes grupos disidentes/civilistas/opositores por parte de los mercenarios que forman parte de los órganos de la Seguridad del Estado.

No es fácil, se ha perdido mucho tiempo desde el estallido del 11 de julio de 2021 y siempre a la espera de lo irrealizable, que las protestas populares espontáneas hagan quebrar al régimen, que tal vez el régimen bajo la presión internacional se decida aceptar la ilusa y pueril propuesta de un “plebiscito vinculante” o que se produzca un cambio nacido de las contradicciones y las luchas por el poder que a soto voce existen entre las distintas facciones de la élitecracia del PCC.

No se requiere que los dirigentes de la oposición se pasen al clandestinaje, que desaparezcan de la vida pública; lo que se requería y se requiere es entrenar a los activistas de cada grupo opuesto al régimen del PCC en las propuestas de la lucha no violenta, seleccionando a los más aptos y menos conocidos para acometer las tareas de organizar y conducir a las masas oprimidas a la lucha por los reclamos políticos que se requieren necesarios para quebrar la espina dorsal del régimen dentro de un movimiento de resistencia cuyo liderazgo resulte anónimo y horizontal.

La resistencia popular a un régimen opresivo no es un arte sino la ejecución de métodos ya probados efectivos y ajustados a las condiciones de cada país y a las condiciones siempre cambiantes en medio de una confrontación política. La ciencia, y algunos así lo han dicho, requiere réplica y verificación; la ciencia impone técnicas precisas y sistemáticas; el arte, para su manifestación requiere, como ha sido preceptuado, procesos cognitivos, perceptuales y emocionales; o como lo ve el filósofo estadounidense Sydney Hook: “La Madonna de Rafael sin Rafael, las sonatas y sinfonías de Beethoven sin Beethoven, resultan inconcebibles. En la ciencia, por otra parte, la mayoría de los hallazgos de un científico podría haberlos hallado perfectamente otro científico de su mismo campo”.   

jueves, 8 de diciembre de 2022

Proyecto Agrario para una agricultura postcomunismo

 


Hubo en Cuba una reforma agraria en mayo de 1959. ¿Se alcanzaron sus propósitos? ¿Cuáles fueron sus resultados económicos? Las respuestas a estas interrogantes se encuentran en este libro que trata sobre un nuevo concepto de redistribución de las tierras labrantías. La Constitución cubana de 1940 proscribió el latifundismo. La ley de Reforma Agraria del régimen del castrismo pretendió ser la ley complementaria de esa constitución. ¿Se cumplió este propósito?

Seis décadas de dictadura totalitaria, han fracturado el alma de la nación. Se necesita, entonces, reconstruir las estructuras democráticas que el régimen del PCC hizo pedazos. Será difícil hacerlo, es casi como partir de cero, se ha perdido la capacidad de estatalidad desde el mismo momento en que el Estado se hizo omnipresente en todos los estratos de nuestras vidas; no queda ni rastros de la historia de una economía de mercado cuando funcionaba en Cuba, si hasta las tradiciones han quedado reducidas solo a una taza de café y a un plato de arroz congrí. No obstante, todos los detalles de reconstrucción desde la zona cero de la devastación de nuestra democracia tiene que estar en nuestras propias manos.

Se necesita considerar la necesidad de elaborar, con vistas al futuro, un programa dirigido a la reforma de todo el sistema de apropiación de la propiedad agrícola que reduzca la inflada burocracia presente en la conducción de la economía nacional, genere empleos, rescate y fomente producciones e industrias nacionales muchas de las cuales han sido aniquiladas por la mala administración del gobierno comunista.

En 1997, el Partido Pro Derechos Humanos de Cuba (Independiente) había dado a conocer un proyecto agrario como parte de su programa para futuro. Esta edición de ahora va más allá de lo propuesto en aquel proyecto limitado. Ahora se presenta con mayor amplitud de conceptos teóricos.

Una vez derrocado el régimen totalitario la sociedad cubana no debe ni puede depender para alimentarse de importaciones, donativos y otras ayudas provenientes del extranjero. La autosuficiencia del sector agrícola será un signo claro que el nuevo Estado de Cuba avanza hacia el progreso estableciendo las bases de una economía sostenible.

De estas consideraciones surgió el propósito de elaborar un proyecto o programa dirigido en específico hacia el sector agropecuario del país.

Aunque presentado como Programa Agrario de una determinada organización opositora, este proyecto pudiera ser como uno de toda la oposición democrática de Cuba. No tiene necesariamente que ser una propuesta en particular de una organización; porque el conflicto existente en la producción agraria es y debe ser una tarea que queda pendiente de solución.

El Programa Agrario que en este volumen se presenta puede ser suscrito como Programa Agrario de todos.

Sé qu,e para muchos de los lectores no familiarizados con los términos agronómicos y legales, les resultará un poco engorrosa la comprensión de las propuestas presentadas en este libro o manual si así se quiere ver.

Este proyecto se ha publicado en formato de libro de tapa blanda y en formato de libro electrónico para que todos puedan acceder al mismo.

martes, 11 de octubre de 2022

EL PUEBLO… ¡UNIDO! JAMAS SERA VENCIDO

 

Mario J. Viera



Ya está en los medios la noticia, en Bejucal, en la noche de ayer, lunes, hubo una manifestación de protesta, y ensordecedores cacerolazos llegaron “hasta la sede del Partido Comunista de Cuba (PCC)” en ese municipio, que siempre formó parte de la provincia de La Habana, pero ahora integrado a una provincia artificial de nombre Mayabeque. Allí se escuchó el reclamo popular de total rechazo a los burócratas del gobierno del PCC: “¡Qué se vayan!” y “¡Libertad!”, coreaban.

En Caibarién, ciudad de la que fue provincia de Las Villas, algo similar ocurrió; ¡más protestas! Se suspendió el servicio eléctrico, pero la multitud se mantenía firme, y allí se gritó la misma consigna que en otras latitudes se ha expresado con fuerza: “El pueblo unido, jamás será vencido”. Una gran verdad, perentoria y precisa se encierra en esta consigna, la que establece como condición sine qua non la unidad; la unidad de todo el pueblo. Sin la unidad de acción todo esfuerzo resulta baldío.

Unidad significa voluntad de acción conjunta y liderazgo. En un grupo, en una multitud que, de manera espontánea o concertados entre sí, sale a las calles a proclamar un reclamo o a expresar un rechazo, ciertamente existe voluntad de acción conjunta y existe liderazgo, pero de manera difusa; por tanto, ese acto luego se acalla, se disuelve; porque falta un principio básico, organización; falta la elaboración de un proyecto impulsado por una organización que defina objetivos y métodos de acción, que conduzca y guíe la voluntad de acción con un propósito definido y contumaz, capaz de desafiar prohibiciones, redadas y represiones. Se trata de la unidad firme, constante, bajo un principio de disciplina consciente. De este modo, la consigna puede replantearse de la siguiente manera: “El pueblo (organizado) y unido, jamás será vencido”. He aquí donde la disidencia cubana ha fallado, en su incapacidad o descuido de no encontrar el método adecuado para incorporar a los descontentos en una organización de acción siguiendo todo un plan de objetivos estratégicos y pragmáticos.

Mientras esta condición de organización-voluntad de acción-estrategia, no se cumpla, el pueblo sí, puede ser vencido. Una guerra se gana con voluntad de vencer, con adiestramiento de las fuerzas humanas y con una acertada estrategia, todo, dentro de una organización militar que dirija el conflicto. Sirve esto mismo para toda lucha de carácter político. Organización, objetivos, planes estratégicos. tácticas operativas y movilización de las masas, he aquí la fórmula para que la acción popular resulte efectiva.

viernes, 7 de octubre de 2022

LAS MANOS LIBRES DE LA DICTADURA

Mario J. Viera


 

Hubo un 11 de julio, matizado por grandes manifestaciones populares de reclamos espontáneas. Todo el exilio miamense saltaba de alegría y contento, otros estaban exponiendo el pellejo por lo que la mayoría bulliciosa de Miami no hicieron en Cuba. Sin embargo, la alegría era emotiva, se veía el principio del fin de la dictadura; aunque se perdía de vista que las acciones espontáneas nada por ellas mismas consiguen; porque son eso precisamente. Chispazos espontáneos sin objetivos precisos, sin organización. El régimen no se conmocionó, reaccionó llevando a prisión a centenares de los manifestantes, es que la dictadura controla el sistema judicial, los jueces y fiscales obedecen sumisamente los mandatos de los jerarcas del gobierno usurpador como representantes del poder del Partido Comunista.

Hubo luego un intento ideal, imaginario, mal concebido, de una marcha cívica, a celebrar el 15 de noviembre, sin calcular que el régimen del PCC tiene las manos libres para impedir cualquier otra manifestación de desfiles o de marchas de protestas convocadas públicamente. El chasco de la plataforma digital Archipiélago generó prácticamente su desaparición como opción que no llegó a cuajar como organización de movimiento político. La pretendida aspirado Marcha Cívica, con independencia de haberse convocado públicamente, de hecho, se dejaba a la espontaneidad, dado que no existía un centro de dirección y control in situ. Un proyecto civilista de reclamo a un sistema totalmente reacio al civilismo.

Antes hubo un esfuerzo contestatario basado en la celebración de performances contestatarios, impulsado por una minúscula organización integrada principalmente por artistas populares marginales. En ese contexto, una nueva manifestación, básicamente espontánea reunió ante las puertas del Ministerio de Cultura una sentada de alrededor de 300 artistas e intelectuales, en su mayoría jóvenes. Pretendían un llamado al diálogo con un gobierno que solo habla en primera persona para promover reformas cívicas. La iniciativa del 27 de noviembre del 2020 pudo generar la creación de un movimiento político que quedó frustrado tras el fracaso de Archipiélago.

En todo este tiempo funcionaba, con base en el oriente de la isla, una organización, que aseguraba contar con miles de seguidores, la Unión Patriótica Cubana (UNPACU); algo así como una coalición de pequeñas organizaciones disidentes que apenas tienen representatividad, y toda esa coalición nucleada en torno a la dirección de un nuevo máximo líder.

UNPACU contaba con el apoyo de las organizaciones ultraderechistas del exilio miamense

UNPACU hacía denuncias, hacía declaraciones, hacía labor de caridad cristiana; declaraba su apoyo moral al Movimiento San Isidro, al Movimiento 27 de Noviembre y a la plataforma de Archipiélago; pero todo eso no basta para hacer la oposición política al gobierno del PCC. Después del 15 de noviembre de 2021, UNPACU quedaba muda. Su máximo dirigente había sido detenido y puesto en prisión y no contaba con un liderazgo alternativo y mucho menos un liderazgo horizontal que supliera la ausencia del principal dirigente de la organización.

También muy vinculada a las estructuras de UNPACU se formalizó una nueva organización denominada Consejo para la Transición Democrática en Cuba, encargada de hacer propuestas muy sesudas de reformas económicas, de mercado libre y de compensaciones por las confiscaciones que el denominado Gobierno Revolucionario llevó a cabo durante los primeros años de la década de los 60. Un conjunto de propuestas sin capacidad para movilizar a las masas populares; y hasta ha aparecido otra novísima organización empeñada en promover reformas civilistas sin recurrir a la desobediencia civil y a la no cooperación, D Frente.

Sin embargo, parece ser que, lo que queda de disidencia interna en Cuba, carece del suficiente olfato político para captar donde se producirán las explosiones de descontento, como las últimas que se ha estado presentando en algunas regiones del país. Es el pueblo actuando sin buscar a la oposición, cuando debiera ser la oposición buscando al pueblo.

Esta búsqueda constante de diálogos cívicos, de propuestas de reformas sin presionar al régimen, es inacción, es dejarle manos libres a la dictadura, al mismo demonio.       

¿ESTA DERROTADO EL REGIMEN DEL PCC?

 

Mario J. Viera



La comentarista de Diario de Cuba, Rafaela Cruz, se formula la siguiente pregunta, con la cual intitula su último artículo: “¿Cómo puede el régimen cubano resurgir cuando parece derrotado?” Refiriéndose a las puntuales manifestaciones últimamente ocurridas en Cuba por causa de los apagones, ella anota: “En algunos meses, los apagones habrán cesado y la maquinaria propagandista del régimen sacará pecho ante otra supuesta ‘victoria frente al bloqueo imperialista’, y hará mofa de aquellos que dieron por muerta a la Revolución. Así pasó con la fiebre porcina, el dengue hemorrágico y con cada ciclón desde el Flora y, en general, así ha sucedido cada vez que el Gobierno logra contener alguno de los recurrentes agravamientos de la crisis comenzada el 1º de enero de 1959”; y tiene razón al decir esto.

Sí, tal como ella afirma, el Gobierno (yo mejor diría, el Partido Comunista de Cuba) manteniendo su control estricto sobre los medios masivos de comunicación es capaz de confiscar la verdad y ofrecer el sustitutivo de una “edulcorada versión propia” de los hechos, para, de manera retórica, presentar las derrotas como victorias. Señala acertadamente Cruz que, “la economía centralizada le permite [al Gobierno] acceso irrestricto a todos los bienes” y “concentrar recursos económicos en aquello que, puntualmente, necesite resolver, aun a costa de que, a largo plazo, el remedio sea peor que la enfermedad”. 

Así lo ha estado haciendo el régimen desde 1959 para sobrevivir y lo seguirá haciendo, sin abandono del recurso represivo, ante las esporádicas y espontáneas manifestaciones de protesta populares, por los ilimitados apagones y por el desabastecimiento de los productos básicos alimentarios.

Rafaela Cruz concluye su artículo con un muy interesante y sugestivo, párrafo; que me ha motivado redactar las siguientes líneas. Expresa Cruz: “Así, cuando la propaganda estatal esté celebrando la superación de la crisis energética como otro gran trofeo, y el desaliento cunda entre las filas opositoras que, atónitas, sentirán que el día anhelado se escabulle una vez más, recordemos que el Gobierno, como el general Pirro ante sus huestes, sabrá que ‘otra victoria como ésta, y estará vencido’".

Es importante destacar la referencia que Cruz hace sobre las atónitas filas opositoras, sintiendo “que el día anhelado se escabulle una vez más”; y seguirá así, y continuarán viendo cómo, a pesar de las esporádicas protestas espontáneas, el régimen del PCC, no está derrotado, y ni siquiera se encuentra en una subjetiva fase terminal.

Antes del 11 de julio de 2021, la disidencia interna y el bullicioso exilio de Miami se quejaban de que el pueblo no salía a tomar las calles para protestar en contra de la opresión de la dictadura. Desde Miami se acostumbraba a calificar al pueblo cubano como cobarde, acomodado, parasitando de las remesas y las recargas de celulares; ahora, en cambio, esperan que el pueblo les haga su trabajo y derroque al sistema, que dé tal sacudida, para que ellos, los miembros de la disidencia interna y los personeros del exilio se arrojen en masa sobre los despojos del gobierno comunista.

Sin organización ni plan ni liderazgo se puede alcanzar la victoria sobre un régimen totalitario. Estas tres condiciones deben presentarse simultáneamente. Existe el descontento generalizado, pero no se puede dejar que este se enfríe, hay que hacer agitación política continuamente, apoyar las protestas con agitadores políticos que alienten su continuidad, y de los reclamos puramente economicistas se pase a los políticos. Ahora, no es momento de esperar por la reacción de reclamos del pueblo; lo de ahora es dirigir a los descontentos, movilizarlos, organizarlos en un objetivo común. El pueblo está presente, está reaccionando, aunque de manera desorganizada y espontánea.

Ya nos encontramos en el punto de inflexión; en ese punto donde ya las condiciones objetivas no están dislocadas de las condiciones subjetivas que plantean la necesidad del cambio. Se está perdiendo el miedo, y se requiere aprovechar este instante para impulsar la agenda política de la disidencia convertida en realidad opositora; en realidad de resistencia y enfrentamiento a la dictadura por medios esencialmente de carácter noviolento.

La oposición política no puede asumir una posición expectante quedándose a la espera de lo que pudiera suceder, tiene que actuar y colocarse a la cabeza de las manifestaciones de protestas. Ya es momento para que la oposición, o una determinada organización disidente, elabore un plan estratégico de lucha, objetivo, ajustado a las realidades, que centralice la conducción de la resistencia y estimule el liderazgo horizontal; un proyecto con fines bien definidos y claramente expuestos. Hay que entender que no se trata solo de hacer caer a un gobierno dictatorial sino de provocar la derogación de un sistema, de la transformación de la estructura actual del Estado totalitario.

Si estos principios no se acometen, seguiremos viendo como ese día anhelado, como lo ve Rafaela Cruz, se nos escabulle una vez más.

jueves, 14 de julio de 2022

Las enseñanzas del 27N. el11J y el 15N

 

Mario J. Viera

 

Elementos de las bandas de respuesta rápida

1.- La primera enseñanza que se puede extraer de los acontecimientos del 11 J, de sus anteceden y de los actos posteriores, es que, para realizar una campaña de lucha noviolenta que pueda tener posibilidades de éxito, se requiere, antes que todo, organización, la formación de un grupo, plataforma, movimiento o partido real, existente, presente, no virtual. Todo movimiento, partido u organización, sea cívica o política, requiere de un cuerpo de dirigentes, ya sea bajo un principio de responsabilidad individual o de responsabilidad colegiada; donde se conjugue, tanto el liderazgo vertical como el horizontal; un centro de dirección que organice, instruya y elabore con cálculo frío y pragmático, una estrategia de lucha, basada sobre objetivos definidos, sometida a una misma disciplina; y tomando en cuenta las capacidades y limitantes propias; lo recursos con los que se cuenta, principalmente los humanos, para impulsar una campaña de protesta; las amenazas que se deben enfrentar; y las oportunidades para el inicio de una campaña de acción noviolenta. Se requiere la formación de un activismo permanente, y junto a todo esto contar con un número elevado de seguidores.  

2.- Las protestas en contra del Decreto 349, impulsadas inicialmente por un grupo de artistas, no reconocidos por las instituciones oficiales de la cultura, que luego se organizaron como Movimiento San Isidro. constituyeron una ruptura del estado de quietismo e inamovilidad que hasta ese momento caracterizaba al movimiento disidente al interior del país, haciendo uso de métodos o tácticas propios de la lucha noviolenta, en esas que Sharp define como “protestas simbólicas” o “actos simbólicos de oposición pacífica o intento de persuasión” tales como envío de cartas de oposición a diferentes estancias gubernamentales; declaraciones públicas firmadas; peticiones de grupo; sátira y burlas (performances provocativos); Interpretaciones teatrales y musicales; huelgas de hambre de varios activistas y la sentada. Actos estos que fueron motivadores y generaron un debate dentro de la sociedad cubana. Como bien lo ha expuesto Gene Sharp estos actos de protesta simbólicos “aunque bastante leves en la mayoría de las situaciones, pueden dejar claro que una parte de la población está opuesta al régimen presente, y pueden ayudar a minar su legitimidad

3.-La sentada del 27 de noviembre de 2020, fue la decisión de unos pocos conectados por sus móviles que aglutinó a muchos, ya fuera por entusiasmo o por contagio,

4.- La sentada numerosa ante un organismo del gobierno (MINCULT) pudo lograrse debido al hecho de no haberse convocado públicamente.

5.- Al régimen cubano se le hizo claro que la juventud estaba perdiendo el miedo, y esa pérdida del miedo, evidenciada en el acto de protesta simbólica, generó la preocupación dentro de las esferas del poder. “Esa pérdida del miedo, o el control sobre sí mismo ─ anota Sharp ─, es un elemento clave para destruir el poder que los dictadores tienen sobre la población en general”.

6.- La sentada del 27 de noviembre fue de carácter espontáneo; no un acto organizado por un movimiento con objetivos políticos definidos y un programa para la solución de conflictos de acuerdo con un plan estratégico de la acción noviolenta. La sentada del 27 de noviembre de 2020 y la de los ocho de la calle Obispo del 30 de abril de 2021 fueron antecedentes importantes para el surgimiento del 11 J.

7.- Quedó demostrada la falta de voluntad del régimen para hacer reformas de carácter políticos o cívicos por medio del diálogo, y el fracaso de la retórica dialoguista de la disidencia sin el respaldo de una fuerte presión popular que obligue a la dictadura a parlamentar.

8.- La carencia de una cultura de lucha noviolenta para la solución de conflictos, condenó el intento de crear un Movimiento 27N, quedando solo como un intento de disidencia puramente intelectual.

9.- El rasgo distintivo, tanto en la sentada del 27 de noviembre de 2020, como el de las manifestaciones del 11 de julio del 2021, fue la sorpresa

10.- Las manifestaciones del 11 de julio de 2021 demostraron la existencia de un número de masa crítica, multigeneracional y de género, de rechazo al régimen del PCC, y requerido para iniciar un proceso de resistencia noviolento. No obstante, el número de participantes en las múltiples marchas de protestas no llegaron a alcanzar el 5% del Registro Electoral.

De acuerdo con los reportes oficiales del referendo constitucional de 2019, el abstencionismo alcanzó un 9.8% del electorado, un equivalente a 853,160 electores que no ejercieron el voto. Por otra parte, se estima que el PCC cuenta con 670.000 militantes que representan el 7.7% del Registro Electoral. Electores que, en el referendo constitucional, votaron por el No, 706,400 que representaron el 8.11% del registro electoral. De acuerdo con estas cifras se demuestra, primero, que el PCC es un partido minoritario, segundo, existe una masa crítica del 17.91% de desafectos. La masa está ahí, solo falta el trabajo de captación y organización. Dicho de modo simple: ¡Se puede lanzar el reto político al régimen del PCC!

Ahora bien, la pregunta neurálgica es ¿cómo consolidar a los descontentos en un número de masa crítica organizada para lanzar el gran reto? ¡Nada más fácil de responder y nada menos fácil de resolver! Me he referido reiteradamente a la labor de proselitismo; y esto es lo esencial, captación. Captar partidarios para la organización de la resistencia noviolenta, crecer en masa, alcanzar miles de miembros para la organización; captar al movimiento obrero y al movimiento estudiantil para integrarles dentro de los métodos de la noviolencia estratégica. Alcanzar al menos, el 7.7% del Registro Electoral de partidarios comprometidos, el mismo porcentaje que posee el PCC. Debe considerarse que tal cifra no resulta inalcanzable cuando se toma en consideración que se alcanzó el 17,91 %, en conjunto con los que en el referendo constitucional del 2019 se abstuvieron de participar y el número de los que votaron por el No. ¡Activismo y agitación política! Quede en claro que para alcanzar la victoria sobre la dictadura se requiere tiempo, tal vez, años.

11.- Lo espontáneo del 11 de julio, estuvo solo presente en la táctica empleada, sin ajustarla a una estrategia consensuada para impulsar una verdadera resistencia noviolenta. Carente de una estructura orgánica dirigente donde se conjuguen los principios de dirigencia vertical y liderazgo horizontal, el 11 J no podía consolidarse como un movimiento permanente,

12.- En la  espontaneidad de las manifestaciones, sin la presencia de líderes conductores directos, aparecieron, diversas personas actuando como verdaderos agitadores políticos, quienes proponían consignas y determinadas acciones; como ocurrió en San Antonio de los Baños, cuando, al inicio de la protesta, algunos propusieron desfilar hasta la sede del Comité Municipal del Partido Comunista, en una forma de liderazgo horizontal con iniciativas no limitadas por un liderazgo vertical centralizado. 

13.- ¿Qué se buscaba alcanzar con las manifestaciones? ¿La toma del poder político? Ese no era el objetivo de los manifestantes. Lo que se pretendía era lanzar un reto al poder y mostrar el descontento que existe en toda la sociedad cubana por las reformas económicas que estaban implementando el PCC y el gobierno de Díaz-Canel; por los métodos incorrectos empleados por el gobierno para enfrentar la pandemia del COVID-19 provocado el colapso de las capacidades hospitalarias; y por la crisis de desabastecimiento agudizada con la aparición de las tiendas MLC que comercian en dólares, y a sobreprecio de los productos esenciales. No se trataba de un plan de Nación, solo un conjunto de reclamos y de quejas ante la situación prevaleciente.

14.- Las manifestaciones del 11 de julio no fueron movilizadas por una convocatoria publicitada previamente. El método, tal vez no calculado por sus patrocinadores, fue el de la sorpresa. Una vez iniciada la marcha de protesta en San Antonio, se publicitó ampliamente por vídeos en vivo reproducidos en internet, generándose el contagio en otras localidades. Esta experiencia debe ser considerada por los promotores de la estrategia de campañas noviolentas. Primero movilizar una campaña de acción sin convocatoria publicitada, Segundo tener organizadas otras acciones en perspectiva para actuar luego de iniciarse la primera y de comprobar sus resultados.

15.- El fracaso de la convocatoria para una Marcha Cívica se debió, en primer lugar, a la confianza depositada en el discutible poder de movilización desde una plataforma digital; en segundo lugar, a la no existencia de una organización real dentro del país para la dirección organizada de la campaña de Marcha Cívica; en tercer lugar, al anuncio previo de la convocatoria, lo cual propició al régimen tomar todas las medidas necesarias ante tal contingencia para impedir su realización.

16.- El fracaso de la Marcha Cívica del 15 de noviembre, generó un estado de desencanto y frustración dentro de la conciencia popular, resultando en un salto atrás hasta las condiciones políticas anteriores al inicio de las protestas en contra del Decreto 345 y del surgimiento del Movimiento San Isidro. Empezar de nuevo. Y a partir de cero

17.- La experiencia del 15 de noviembre, evidencia lo absurdo e inútil de argumentar los actos de protesta noviolentos en postulados de la Constitución de 2019. Toda la argumentación para legitimar el movimiento noviolento debe fundarse en el derecho inalienable de los pueblos a la rebelión ante la opresión.

18.- Aunque desde el exilio se reclamaba la intervención de Estados Unidos para detener los actos represivos en contra de los manifestantes del 11 de julio, quedó demostrado que Estados Unidos no intervendrá ante un conflicto social en Cuba y ante el aumento de la represión para anular la resistencia popular. Estados Unidos se ha inhibido de intervenir en otros países para restaurar “la justicia”. Trump, aparte de sus “todas las opciones sobre la mesa” no envió a los marines contra Venezuela a pesar de que durante las protestas populares del 2017 hubo entre 127 y 157 muertes; ni tampoco contra Nicaragua, donde en siete meses de protestas contra el régimen de Daniel Ortega se produjeron 535 muertos. En Birmania luego del golpe de estado propinado por el ejército, la soldadesca acribilló a los manifestantes no violentos con un saldo de 110 víctimas; Estados Unidos no intervino militarmente, como no intervino en Tailandia, como no intervino en Bielorrusia donde, durante las protestas populares, se hicieron 35 000 arrestos y miles fueron golpeados por los sicarios de Aleksandr Lukashenko

domingo, 20 de febrero de 2022

CUBA EN LA BALANZA III

 

Mario J. Viera

 


Mientras la oposición interna, víctima no solo de la represión sino también de su carencia de estrategia política, se desmorona, los militantes del Partido Comunista de Cuba insertos dentro del denominado sistema judicial, Yamila Peña Ojeda, fiscal general de la República y Rubén Remigio Ferro, presidente del Tribunal Supremo Popular se sienten eufóricos y felices por las palabras que, el Secretario General del PCC y diz que Presidente de la República, Díaz-Canel, expresara en una reunión con dirigentes de la Fiscalía General de la República, para hacer un reconocimiento de la adecuada actuación de la Fiscalía General y del sistema judicial ante los hechos del 11 de julio.

El 2021, fue un año retador, difícil. Cuba estuvo sometida a situaciones de envergadura que nos demandaron trabajar de una manera distinta debido a varios factores, en primer lugar, un bloqueo recrudecido y una tremenda atmósfera de agresividad imperial, tanto de inteligencia como de campañas de comunicación calumniosas, perversas”. Sí, claro, porque han sido “acciones dirigidas a provocar el estallido social, a fracturar la unidad en torno a la Revolución, a socavar la confianza de la población, como parte de una guerra no convencional, y a aplicar el llamado ‘golpe suave’, y todo ello aprovechando las condiciones impuestas por la COVID-19”.

Sí, porque de esa manera distinta de trabajar, llevada con éxito plausible por la Fiscal General y por el presidente del Tribunal Supremo; ya se ven sus resultados; si es que el pasado 14 de febrero, por ejemplo, el Tribunal Provincial de Holguín ─ como reportó Diario de Cuba ─ condenó a 20 manifestantes del 11J por el delito de sedición, entre ellos cinco menores de edad, dos condenados a 20 años de prisión; tres a 18 años; dos a 17; uno a 15; dos a 14; dos a 12 y dos a siete. Por dicho delito fueron imputadas al menos 158 personas, de las cuales 14 eran menores de edad que, al momento de la detención, tenían entre 16 y 17 años. Otros 37 tenían entre 18 y 20 años de edad.

Por supuesto es que Díaz-Canel se frota las manos con satisfacción, porque ha podido demostrarle al jefe, a Raúl Castro, que contra él no cabe eso que llaman “Golpe suave”. El conoce muy bien que las manifestaciones del 11 J fueron totalmente espontáneas; y la Yamila Peña Ojeda y el Rubén Remigio Ferro saben muy bien, que esas manifestaciones no pretendían dar el golpe suave, que no existía un concierto explícito o tácito para impulsarlas, aunque no lo expresen, pues para ello es que se les paga. Lo que le preocupa a Díaz-Canel no es el tal “golpe suave”, sino el “golpe duro” que está a las puertas; que Raúl Castro lo vigila y que Raúl controla al generalato que le mira a él con desprecio; por algo si no, ahí está Luis Alberto Rodríguez López-Calleja, colocado dentro del Buró Político del PCC, y quien, por demás, ha sido ascendido al grado de General de Brigada de las Fuerzas Armadas.

El régimen y sus aliados ven como golpe blando la aplicación de los métodos y técnicas de resistencia no violenta propuestos por Gene Sharp en su “De la dictadura a la democracia”. Técnicas estas que la oposición interna no ha sido capaz de, o no ha querido, aplicar, como tácticas políticas de resistencia no violenta frente a una dictadura. El término “golpe blando”, por otra parte, es inexacto y expresado con el propósito de desnaturalizar al movimiento de oposición no violenta de Cuba. No se trata de un “golpe”, se trata de una verdadera revolución democrática no violenta en contra del gobierno contrarrevolucionario antidemocrático de Díaz-Canel y del dominio del stalinista Partido Comunista de Cuba (PCC).

Las protestas masivas del 11 de julio tomaron de sorpresa a la oposición interna; no las vieron llegar; no las motivaron, no las organizaron, fueron resultado de la iniciativa de un pequeño grupo en San Antonio de los Baños, que luego, por contagio se fueron replicando en numerosos pueblos y ciudades a lo largo de todo el país. La inmensa mayoría de los manifestantes no estaban vinculados con los grupos opositores.

Tiempo precioso, tal vez irrecuperable, perdieron los grupos de oposición interna centrados solo, como lo señala el periodista Carlos Cabrera Pérez, “en el diagnóstico y la denuncia”, y, yo agregaría, en el mensaje hacia el exterior y en la ilusión de que un Donald Trump colocaría al régimen en bancarrota para propiciar ilusorias reformas por la vía del diálogo, o su caída. Pero estaba la masa en el fermento de sus frustraciones que, siguiendo a Cabrera Pérez, reclama una oferta alternativa de gobierno para saber cómo manejarán los asuntos que incumben a todos como la libertad, el empobrecimiento y la desigualdad, agravados por la hiperinflación y la dependencia del dólar norteamericano, el deterioro de la salud, la educación y las viviendas, el envejecimiento de la población, la violencia machista y la siniestralidad vial y laboral entre otros muchos males acumulados”. Una oferta alternativa con propuestas concretas más que abstractas; así lo hemos insistido por años.

Un accionar de manera directa ─ no a través de los medios sociales de internet ─ dentro del mismo seno del pueblo. No en pedir ilusos referendos vinculantes, ni estar proclamando la sonsera de que “los cubanos tienen derecho a los derechos” sino que los derechos se ganan con la resistencia al poder; no promover desde internet supuestas revoluciones de girasoles, que nadie secunda, salvo sus proponentes y la derecha republicana del exilio cubano; ni hacer labor caritativa entre menesterosos, sino haciendo labor política dentro de las masas populares, acciones de movilización y organización de acuerdo a un proyecto de estrategia de resistencia, inteligente y realista para impulsar la revolución democrática.

Pero para ejecutar este trabajo se requiere liderazgo, salir del estadio que Cabrera Pérez identifica como “orfandad de liderazgo”. “Una vez desterrados varios de los protagonistas del 27N, 11J y 15N ─ constata Cabrera Pérez ─ y a la espera de lo que ocurra finalmente con los principales líderes del Movimiento San Isidro, ahora encarcelados, la oposición cubana está obligada a reinventarse para salvar la espuria distancia que la represión totalitaria establece entre ellos y el resto de los dolientes, que son inmensidad”. No sé si el término correcto sea el de “reinventarse”, aunque prefiero mejor emplear el termino de “renovarse”, que el mismo autor emplea en su artículo, lo cual considero más exacto.

Renovarse es dejar atrás los métodos pasados de trabajar en aislamiento, encerrados dentro de una mentalidad de cacicazgo o tribal, para conducirse por nuevas vías de acción política, no violenta y movilizadora. Es establecer nuevos métodos de organización, tal vez creando, de manera anónima, pequeñas células en todos los municipios y barriadas; organizando células de apoyo cívico entre aquellos de la población que, opuestos a la dictadura, prefieren colaborar a la callada, pero útiles para la propagación de la propaganda, para obtener informaciones y recibir sustento y ayuda.

No yerra Cabrera Pérez cuando plantea: “Los cubanos debemos aprender a pensar como país y la oposición, incluida la exiliada, debe comunicarse con el pueblo, que es su público objetivo, con el objetivo de promover la identificación de la ciudadanía con su ideario y acción para cambiar el viejo e injusto orden impuesto y tambaleante”. Para ello se requiere trabajo directo de proselitismo y preparar activistas aptos para la actividad de agitación política. Para esto se requiere que el exilio apoye y secunde a la oposición interna, pero sin pretensiones de asumir el liderazgo desde la distancia o de controlar a la oposición interna. Y ciertamente hay que pensar como país sin compromisos con este o aquel partido político de Estados Unidos o con sus confrontaciones políticas internas.

Definir prioridades y objetivos es lo primario. La oposición no debe abandonar la labor de denuncias de las violaciones de derechos humanos, que acomete el régimen; esa es una labor siempre prioritaria. Objetivos principales, captar la voluntad cívica de las nuevas generaciones, de los trabajadores, de las amas de casa. Se deberá dejar bien definido que la política de recuperación nacional no comporta revanchismo, ni contra las fuerzas armadas, ni contra los efectivos de la policía, ni contra los militantes de fila del PCC o de la UJC; solo los grandes culpables de las miserias nacionales y de los abusos de poder deberán sentirse temerosos de la justicia que, más tarde o más temprano, los juzgará. Todo esto bajo los presupuestos de un programa de acción política adecuado al momento. Si no se capta la voluntad popular, la oposición democrática está condenada al ostracismo; y esa voluntad se logra actuando directamente dentro del pueblo, dentro de las universidades, dentro de los sindicatos, en cada barrio, en cada municipio. No será fácil hacerlo, se requiere inteligencia, entusiasmo, convencimiento y disciplina; pero es posible.

La masa fermenta y solo necesita organización. De acuerdo con los marxistas, una revolución solo es posible cuando están presentes las condiciones objetivas y subjetivas. Siguiendo el razonamiento marxista, las condiciones objetivas están presentes en Cuba: ruina de la economía; crecimiento de las condiciones de pobreza dentro de la población; elevadas tasas de inflación y desabastecimiento, que hacen más dura la vida del ciudadano común; deterioro de la salud, la educación y las viviendas; represión en contra del disenso, poder de solo un partido político; ausencia de libertades públicas de opinión, expresión y manifestación. Por condiciones subjetivas, se entiende como el crecimiento de la necesidad del cambio en la conciencia de la gran mayoría del pueblo; ejemplo de ello fueron las manifestaciones del 11 J; el salto a favor de los cambios en un importante número de intelectuales y artistas mayoritariamente jóvenes, como pueden ser el movimiento del 27 N y Archipiélago y, en menor cuantía, en las protestas del Movimiento San Isidro. He ahí donde se centra el punto, el público objetivo ─ como lo denomina Cabrera Pérez ─ al que debe dirigirse la oposición interna.

Se debe entender por todos que la democratización del país no vendrá de la mano de una potencia extranjera; que la vía hacia un sistema democrático la abre nuestro propio esfuerzo y solo nuestro propio esfuerzo. Y junto a esta ardua labor de lucha no violenta frente a un régimen totalitario, hay que ganarse el favor de la opinión pública internacional, de la derecha, del centro y de la izquierda. La palabra de orden ahora es: ¡Revolución de Patria y Vida!

miércoles, 16 de febrero de 2022

CUBA EN LA BALANZA (II)

 

Mario J. Viera



En un artículo que antes redactara, califico al actual gobierno que rige en Cuba, como un Estado policiaco altamente militarizado, donde el poder real descansa en los altos mandos de las fuerzas armadas que controlan al gobierno monigote de Miguel Díaz-Canel y a las altas instancias del Partido Comunista de Cuba. Su esencia policiaca y militarizada se hace evidente cada vez más a partir de las demostraciones del disgusto de la población del 11 de julio del pasado año.

Tomados todos por sorpresa, tanto la dictadura como la oposición, el régimen se sintió desconcertado y temeroso; las masas, que siempre había sabido manipular, ahora se viraban en su contra. Se estaba perdiendo el miedo ─ el arma más poderosa con la que cuenta el poder ─ y se hizo necesario imponer con más fuerza el temor; para ello cuenta con su sistema penal y con los tribunales; con los antisociales de las brigadas de respuesta rápida, con el Departamento de la Seguridad del Estado, con la policía, con las tropas especiales del ministerio del Interior y, si fuera preciso, con las fuerzas armadas. Cientos son violentamente detenidos, muchos el mismo día de las protestas, otros a posteriori en sus propias casas. En un inicio los cargos que se imputan a los detenidos son los de “desórdenes públicos”; pero se produce la convocatoria pública del grupo Archipiélago de llevar a cabo una marcha cívica en todo el país en reclamo de la liberación de todos los presos políticos; inicialmente propuesta para el 20 de noviembre. Una convocatoria que, de manera cándida, se hizo pública y presentada en carta pública al gobierno de Díaz-Canel. Sus principales impulsores se mostraban ante el mundo con sus propios nombres. La dictadura toma nota y ordena la celebración de tres jornadas de ejercicios militares y la celebración, para el mismo día 20, del Día Nacional de la Defensa, con lo cual el régimen ponía en marcha los postulados de la Ley 75 de Defensa Nacional del 21 de diciembre de 1994, y la activación de los Consejos de Defensa y del estado de emergencia.

Ante tal coyuntura, el colectivo de Archipiélago adelantó en cinco días la fecha de la convocatoria, cayendo nuevamente en la misma candidez de hacerla pública y de informar a la Asamblea Nacional del Poder Popular del cambio propuesto y de creer que el régimen del PCC se ajustaría al respeto del artículo 56 de la gatopardista Constitución vigente, por el cual formalmente se establece: “Los derechos de reunión, manifestación y asociación, con fines lícitos y pacíficos, se reconocen por el Estado siempre que se ejerzan con respeto al orden público y el acatamiento a las preceptivas establecidas en la ley”. Archipiélago parece no haber tomado en cuenta la última línea del precepto de est artículo,

El acoso de los agentes de la seguridad del Estado y de las brigadas de acción rápida se descarga sobre los miembros del 27 N, de lo que restaba del Movimiento San Isidro y de la inoperante UNPACU; y de los promotores del 15 N, principalmente en contra de quien era la figura más conocida del grupo Archipiélago, Yunior García quien se viera obligado a ponerse a salvo en España, prácticamente desmanteló a lo poco que quedaba de la oposición interna.

Como muchos comentaristas han evidenciado, tras el fracaso del 15 N, el régimen cambió los cargos iniciales de “desórdenes públicos:” contra los encartados por los sucesos del 11 J, para imponerles cargos de sedición; sin importar que, hasta el momento, como hiciera evidente Lucía Alfonso Mirabal, del Diario de Cuba, “no se ha podido probar que existiera concierto explícito o tácito entre los manifestantes [elemento básico para la imputación del delito de sedición] … El régimen no ha podido mostrar una sola prueba de que las manifestaciones hayan sido lideradas u organizadas por alguien”. Lo que se busca con los cargos de sedición que comportan hasta pena de 30 años de prisión es volver a imponer la obediencia por medio del temor y desalentar la realización de cualquier manifestación pública de descontento.

Las nuevas generaciones de opositores cubano no han sido capaces de recoger las experiencias acumuladas de los iniciadore de la oposición pacífica de Cuba y la de sus continuadores hasta el 2003. Las mismas faltas de expectativas adolecidas en el periodo posterior a Concilio Cubano, están presentes dentro de la nueva oposición.

Años llevamos advirtiéndole a la nueva oposición de ser cautos como las palomas y astutos como las serpientes; que el material de trabajo está en lo interno del país, con proselitismo directo dentro de las masas populares, sin hacerles concesiones a las organizaciones de la ultraderecha del exilio, abriéndose hacia todas las corrientes democráticas que se oponen a la dictadura del PCC, ya sean las de derecha como las de izquierda. Sin embargo, lo que más caracteriza a la oposición interna es la actual carencia aguda de liderazgo, de un liderazgo que no puede ser vertical, sino horizontal.

Hoy prima el desconsuelo, la falta de esperanzas y el derrotismo. Pero no todo se ha perdido, como lo demuestran esos batallones de un solo hombre que están haciendo pintadas antigubernamentales sin formar parte de ningún grupo opositor. Ante la arremetida gubernamental y el desarme de prácticamente toda la oposición cubana, como bien lo dice el periodista Carlos Cabrera Pérez, en un interesante artículo redactado para CiberCuba, “está obligada a reinventarse”.

En la parte III de estos comentarios haré un análisis sobre el artículo de Cabrera Pérez, “Orfandad de liderazgo en Cuba”.

sábado, 29 de enero de 2022

¿QUE ESPERAR DESPUES DEL VERANO-INVIERNO NEGRO?

 

Mario J. Viera

 


Desde largo tiempo, algunos desde el exilio habíamos aconsejado que, para enfrentar a un régimen cerrado., como el existente en Cuba bajo el dominio del Partido Comunista (PCC), nada debía dejarse a la espontaneidad. Se requería organización y trabajo de proselitismo entre las masas populares. Plateábamos actuar sin apresuramientos, elaborando un programa de acción estratégico, conociendo dónde estaban las debilidades de la oposición y donde sus fuerzas. Recomendábamos no perder tiempos y esfuerzos reclamándoles diálogos a la dictadura, ni solicitándoles referendos o plebiscitos que debían ser impulsados por el propio régimen. Las dictaduras totalitarias no dialogan, exigen acatamiento y obediencia; pero lo principal, exponíamos, era la labor de proselitismo de manera directa, de cara a cara con la gente.

Aconsejábamos, no considerar a los medios digitales como el modo principal de captación y movilización popular, sino como medio auxiliar de apoyo al trabajo directo dentro del seno del pueblo. Advertíamos no dejarse llevar por los avatares de la política interior de Estados Unidos y las batallas entre el partido Demócrata y el Republicano, centrándonos en lo fundamental, en Cuba, en lo cubano; y sobre todo no depositar todas las esperanzas en conseguir el rescate por manos de una potencia extranjera o por los parabienes de alguno de los presidentes de Estados Unidos y de la jauría demagógica de muchos de los políticos de Estados Unidos y de sus intereses electorales. Reclamábamos que la resistencia interna debía ser dirigida desde Cuba y por los cubanos, sin aceptar influencias internas, siempre sospechosas de manipulación.

Mientras tanto, en Cuba aparecen iniciativas trascendentales que marcaron hitos para la resistencia interna, la plantada del 27 de noviembre frente a la sede del ministerio de Cultura y la explosión espontánea de protestas populares del 11 de julio de 2021. Se crearon ilusiones de la próxima caída de la dictadura, que ya el régimen estaba en fase terminal, y eso provocó la idílica propuesta de una marcha cívica anunciada por todos los medios para el 15 de noviembre, sin tener en consideración el factor paralizante del Verano Negro.

El proyecto del 15 N, desde su inicio, ya estaba condenado al fracaso. La dictadura, antes tomada por sorpresa, por el movimiento autóctono del 11J; ahora estaba lista para actuar. No permitiría nuevas manifestaciones populares que le hicieran frente con un reto dirigido al centro de sus poderes. Actuó de inmediato; acosó a los impulsores de la anunciada marcha popular; les impusieron arrestos domiciliarios y el acoso constante de la policía política y de las bandas de respuestas rápida. El común de la gente había visto la respuesta del régimen, deteniendo por la fuerza a cientos de los manifestantes del 11J. Cercado al interior de su domicilio, la figura más representativa del grupo Archipiélago y del 15 N, Yunior García se vio obligado a escapar hacia España. Archipiélago y García habían perdido la perspectiva de lo que el terror gubernamental puede imponer el quietismo. Pensaron que la fruta de la resistencia popular estaba madura y olvidaron lo esencial para que un movimiento democrático de resistencia necesita para imponerse, la organización. Desplegaron valor, honestidad, decisión; pero les sobró entusiasmo y optimismo.  

Es muy acertado el joven periodista independiente, Mauricio Mendoza Navarro, en un artículo que recientemente redactara para Diario de Cuba, cuando recomienda “analizar desde el propio activismo y la oposición cubana los fallos que se han cometido para no volverlos a repetir”. ¿Acaso esto es tan difícil? Refiriéndose a las experiencias del 27 N y del 11 J, Mendoza Navarro en su artículo anota una verdad que está presente y no puede ser omitida, “la falta de organización (dada la espontaneidad de los eventos), lejos de representar victorias para la sociedad civil, le ha servido al sistema para arreciar la represión y generar miedo en la población. Una población que en estos momentos teme apoyar cualquier iniciativa, porque ha visto públicamente las reacciones del sistema; y refiriéndose al Movimiento San Isidro, 27N, Archipiélago o cualquier otro grupo de oposición, dice una verdad apabullante, que hablar hoy de ellos, “es una utopía o algo simbólico”; para agregar: “No existen, porque la fuerza de cualquier movimiento social depende del apoyo popular en masas”. Punto este del que ha adolecido la oposición interna, desde el mismo momento cuando convirtió la labor de proselitismo en algo que solo puede asegurarse a través de las páginas sociales de internet. Remacha entonces, Mendoza Navarro, lo que varios de nosotros no nos hemos cansado de repetir: “Las redes sociales ayudan y son una herramienta importante, pero una cosa es en redes y otra en el terreno físico. Con una oposición diezmada, es muy difícil obtener logros tangibles”.

Partiendo de estos razonamientos suyos, el periodista independiente afirma algunas verdades precisas: “Los últimos meses de 2020 y 2021 serán un periodo inolvidable en la historia de Cuba, también por el gran fracaso de la propuesta del 15N (…) El Gobierno, escarmentado de la primera experiencia, prefirió reprimir a permitirlo. Pocos sacaron esa conclusión, y confiaron en la propuesta de Yunior García Aguilera, que no fue más que la sepultura de toda expectativa ciudadana de cambios reales, pues el 11J demostró que gran parte del país está harta de la decadencia del sistema socioeconómico cubano”. 

Alegra conocer que en Cuba hay mentes jóvenes y frescas que saben interpretar la realidad política del país; que saben extraer experiencias de los errores; que coinciden con la experiencia de todos los que en el tiempo les antecedimos.

Hoy, jueces y fiscales, que han perdido toda honorabilidad, imponen sanciones severas de prisión contra todos aquellos que osaron expresar el descontento ante un inoperante, retrógrado y represivo sistema. Imponiendo el miedo y el atropello a la justicia, estos miembros de la judicatura han mostrado el rostro descarnado de la dictadura del PCC. No existen términos medios, o ellos o el pueblo. Sus nombres deben ser dados a conocer por todos. No pueden quedar en el anonimato son tan o más despreciables como los altos directivos del PCC y el Gobierno.  

Debemos mantenernos alertas. El régimen comunista está preparando el nuevo zarpazo dirigido a liquidar al periodismo independiente. Tenemos todos dentro del exilio, promover una campaña internacional en defensa de los periodistas independientes que actúan en Cuba. Ya está a la vista, ya aceitan la máquina represiva para acallar toda voz libre.

En las actuales condiciones, ¿qué toca hacer?

Los diezmados grupos opositores, el 27N, Archipiélago, debieran reevaluar los métodos que hasta ahora han practicado, sacar experiencias de los errores cometidos, analizar los empleados por el régimen para imponer el terror y deducir los medios de como anularlos; en la fuerza aparente del régimen fundada en la represión, está precisamente su debilidad. Reagruparse, quizá en pequeños grupos, quizá actuando en el anonimato sin mucho resalte, centrando el trabajo político dentro del marco de los municipios, captando apoyos y adeptos, incluso entre los indecisos, y promover un liderazgo horizontal. Cada acto, cada iniciativa, que se lleve a cabo debe ser analizado en sus pros y sus contras antes de ejecutarlos. Preparar las masas para impulsar la resistencia noviolenta. Toda esta labor requiere astucia, decisión y paciencia; y todo ello sin abandonar las denuncias de las violaciones y los atropellos del régimen contra los derechos humanos, civiles y políticos de los ciudadanos. Hay que ganar la opinión internacional, de intelectuales, de artistas; de la izquierda democrática internacional y arrebatarle apoyos a la dictadura.

Todo movimiento revolucionario conlleva riesgos. Los grupos opositores, el 27N y Archipiélago son representantes de la nueva Revolución, una no violenta y democrática, dirigida en contra del régimen contrarrevolucionario, retrógrado, antidemocrático y usurpador del PCC.

Y algo que no podemos olvidar; el axioma que plantea: “Se puede hacer una revolución, sin el Ejército o con parte del Ejército, pero nunca contra el Ejército”.

jueves, 23 de diciembre de 2021

¿Hasta dónde?

 

Mario J. Viera


 

No es posible mantener una actitud solo de expectación ante los desmanes de un descontrolado régimen de opresión. No es posible tragarse la ira que se nos sale desde lo más profundo, cuando la justicia es pisoteada y prostituida por un sistema judicial entregado sin pudor a los dictados de un gobierno usurpador, ilegítimo de derecho y de hecho, que viola sistemáticamente los derechos más elementales de la población.

 

El Tribunal del Municipio Plaza de la Revolución, de manera expedita acaba de dictar sentencia contra 15 ciudadanos cubanos, imponiéndoles condenas que van desde 12 hasta 30 años de privación de libertad, solo por el hecho de ejercer su derecho a la protesta y a la manifestación cívica, que la fiscalía convierte en delito de “sedición”.  

 

La veterana activista por los derechos humanos Gladys Linares divulgó por Cubanet los nombres y las sanciones impuestas a estos 15 jóvenes cubanos:

 

Leoalys de la Caridad Valera Vázquez (15 años de edad), 12 años de prisión.

Brusnelvis Adrián Cabrera Gutiérrez (15 años de edad), 15 años de prisión

Karen Vázquez Pérez (18 años de edad), 15 años de prisión.

Marlon Brando Díaz Oliva (15 años de edad), 18 años de prisión.

Jesús Enrique Vázquez Cabrera (15 años de edad), 18 años de prisión.

Elier Padrón Romero (18 años de edad), 18 años de prisión.

Orlando Carvajal Cabrera (15 años de edad), 20 años de prisión.

Dianyi Liriano Fuentes (20 años), 20 años de prisión.

Alexis Sosa Ruiz (20 años de edad), 20 años de prisión.

Lázaro Zamora González (20 años de edad), 20 años de prisión.

Alexander Guillermo Martínez Amoroso (25 años de edad), 20 años de prisión.

José Luis Sánchez Tito (20 años de edad) sentencia de 22 años de prisión.

Frank Aldama Rodríguez (20 años de edad), 22 años de prisión.

Miguel Páez Estiven (25 años de edad), 30 años de prisión.

Dayron Martín Rodríguez (25 años de edad), 30 años de prisión.

 

¿Hasta dónde llegarán los jueces y fiscales militantes del Partido Comunista de Cuba actuando como cómplices miserables del régimen totalitario que, en apariencias, conduce ese mediocre apparátchik de nombre Miguel Díaz-Canel? ¿Hasta dónde?

 

Por ley de compensación, estos individuos, pésima estampa de un sistema judicial sometido y comprometido, deberán pagar por sus ignominias. Llegará, necesaria y fatalmente, el día, cuando el pueblo, el verdadero pueblo cubano, el nosotros, asuma las riendas de la Justicia; entonces llegará “el llanto y el crujir de dientes”, el momento cuando los traidores ─ traidor es todo aquel que presida una dictadura o le sirva de apoyo a la misma ─, tengan que responder por sus culpas. Todo juez o fiscal que actúe y sancione a ciudadanos por ejercer su derecho a la disensión, deberá ser inhabilitado de por vida para el ejercicio del derecho y obligado a pagar una compensación por daños y perjuicios a todos aquellos a los que hayan condenado a prisión por causas políticas y de conciencia.  

 

Pero mientras el día del reclamo no llegue, hay que denunciar, hay que movilizar, hay que ganar la opinión pública y condenar al régimen de la mentira y el oprobio. El gobierno de Cuba debe ser expulsado del puesto que ocupa dentro del Comité de Derechos Humanos de las Naciones Unidas.