Mostrando las entradas con la etiqueta Chavismo. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Chavismo. Mostrar todas las entradas

domingo, 15 de octubre de 2017

Rateros electorales

Fernando Rodríguez. EL NACIONAL



Bien sabido es que Chávez hizo de las elecciones frecuentes una de las más novedosas formas de vender su dictadura enmascarada. Destruía toda forma de institucionalidad; convertía las fuerzas armadas en una secta a su servicio, ideologizada y muy corrupta; y construía con los métodos más arteros una hegemonía comunicacional que reducía a su mínima posibilidad expresiva cualquier disidencia. Pero había elecciones a granel y, por tanto, debía suponerse que había democracia.

Justo es reconocer que esta febril actividad electoral fue en buena parte posible porque los petrodólares llovían a cántaros y porque durante un largo tiempo el teniente, farandulero y demagogo, captó el corazón de millones de venezolanos, como las telenovelas.  De manera que eso le hizo pensar que ganaría eternamente las elecciones. Muy confiado en su destino manifiesto instaló un sistema electoral que hasta sus virtudes técnicas tenía y que logró venderse bien, sobre todo a los enceguecidos por el dólar abundoso y fácil, aquí y allá.

Pero paralelamente, dado que hay que prevenir siempre, y hubo más de un susto en el camino, montó una no menos poderosa fábrica de delitos electorales. De ella se hará una larga y prolija historia. Nace con la postergación del referéndum revocatorio de 2004, ejecución maestra de Jorge Rodríguez, la manipulación de firmas de este y la inolvidable lista de Tascón (que a lo mejor no era tan de Tascón, el pobre, sino del propio Chávez) que instaura solemnemente el mandamiento primero y perenne para todo votante: o sufragas por mí, hijo mío y de Bolívar, o te jodo. Pero sobre todo ahí se instaló un insuperable sistema de incentivos positivos, clientelares, ventajistas, llamados misiones, también para siempre: vota por mí, hijo mío y de Bolívar, y tuyas serán las migajas de la mesa. Esta estrategia electoral fue inventada por el no menos difunto Fidel Castro, según confesión del propio Chávez, y se convirtió en permanente política social del Estado nacional hasta el día de hoy. Todo esto fue importantísimo para el desarrollo de la tragedia que se iniciaba.

Esta maquinaria, junto con la formidable del partido gobernante, igualmente subvencionada con los fondos públicos, permitió ganar prácticamente todas las elecciones, salvo aquella memorable “victoria de mierda”. Por ejemplo, no hay duda de que sin su demoledora intervención no hubiese tenido lugar la minúscula victoria de Maduro sobre Capriles. Y no vale la pena insistir en sus innúmeros atropellos puntuales, Ledezma verbigracia. Hemos vivido casi veinte años sometidos a la delincuencia electoral.

Hasta que cesó de llover petróleo caro y Chávez se fue de este mundo. Cuando llegó un sucesor poco telegénico y bastante obtuso, se produjo el derrumbe sin límites del país y, en consecuencia, la revancha de las parlamentarias, que ni los babalaos predijeron en sus deslumbrantes dimensiones. Entonces se perdió uno de los postulados del chavismo electoral, disfrazarse de gente de bien en lo posible, algo aunque fuese. Se arremetió contra la Asamblea hasta amarrarle las manos, aunque no pudieron con su espíritu. Y, por último, se instaló uno de los monstruos más notables de este continente macondiano: la fascista asamblea constituyente con todo y fraude millonario, certificado por su más íntima operadora técnica. El CNE mostró su monstruoso rostro, sin los maquillajes usuales. Todo lo cual es bueno recordarlo hoy, a ver si nos cabreamos por tanta vejación cívica durante tantísimos años y actuamos en consecuencia.


En esta elección no faltan las trampas. La más repulsiva es la de las sustituciones en que se dio la lectura más falaz que se puede hacer de un artículo particularmente simple e inequívoco: “Sustituir candidatos o candidatas hasta diez días antes de ocurrir el acto electoral”. Y nueve delitos más que Eugenio Martínez ha sistematizado muy bien. Pero, obligados por la mirada ahora acuciosa del mundo, ante el cual se quiere aparecer como adalid de la concordia, sobre todo las trampas más recientes son hipócritas, rastreras y arteras, raterismo comicial diríamos. Cónsonas con la catadura moral que ya no disimula el poder que maneja las decisiones de los venezolanos. Vota, bótalos.

domingo, 14 de mayo de 2017

Venezuela: Más allá de las Palabras

Fernando Yurman. Blog POLIS




¨Nadie sabe lo que puede un cuerpo¨ Baruch Spinoza


Después de semanas de épica resistencia de ciudadanos venezolanos contra la mayor desgracia de su era republicana, es difícil disimular las escamas del engendro. Una criatura informe que creció con la complicidad de muchísimos gobiernos y mafias que circulaban en su misma red de corrupción. Esa simpatía diplomática, un capitulo mayor en la Historia Latinoamericana de la Infamia, ahora destaca en su negro esplendor. Una entidad monstruosa que desde los delirantes orígenes chavistas evolucionó deformada de verborragia socialista, musculatura fascista, apropiación capitalista salvaje y vocación gangsteril. Su malignidad fue tenazmente desconocida por las figuras oportunistas de Podemos en España, la ultraizquierda fascista de Francia, la izquierda caviar de intelectuales necrofílicos de Argentina, la izquierda fascistizada por los oportunismos populistas que impregnaron el continente, la espiritualidad pragmática de un Papa saludador, y los románticos de café que suelen tener orgasmos con las imaginarias revoluciones latinoamericanas. Difícil entender el rango ético en las contorsiones a que arribó esa fauna. Sus posiciones, que años atrás preservaban cierta moralidad racional, una apuesta vaga por el bien genérico, justificaron abiertamente un maltrato cuya sangre les salpica en la cara.


La envoltura ideológica de izquierda, una referencia de la cultura occidental, amaga terminar en religión enfermiza, algo que otorga un suplemento de identidad, como las sectas o las certezas místicas. Carente de eficiencia, hace tiempo que rebota en la oquedad, un vacío que solo aplaca una dosis exaltada de pasión fascista. Solo eso explica la bonhomía ideológica persistente que guardan con los verdugos de un pueblo inerme. 


Cuando se leen artículos sin firmar que sugieren que hay dos bandos en las calles de Caracas, no un pueblo solo contra la monstruosa maquinaria asesina, se sabe que son escribas comprados. Equiparan la ciudadanía desarmada con la Guardia Nacional, la gente con el ejército corrompido y los sicarios pagos del gobierno.  Procuran una mirada mesurada, que preserve el equilibrio, como si estuvieran evaluando la puja de dos cantones suizos y no las calles sangrientas de un pueblo hambriento. 


Es sabido el esfuerzo de este régimen por construir el discurso de una guerra imperialista de cartón pintado, un panorama verbal que excuse el saqueo y los asesinatos a mansalva. Pero cuando la evidencia es dudada en niveles superiores, en plumas y voces que aparentan idoneidad y conocimiento, que parecen saber de una verdadera ¨guerra económica¨, y del terrible “imperialismo¨, y de la ¨formal democracia¨, uno se pregunta sobre la hondura de esos seres. Serán vocacionalmente brutos o infames, y vacilamos, no pueden ser tan infames, deben ser muy brutos, y luego, no pueden ser tan brutos, deben ser muy infames. Quizás sean equitativamente las dos cosas, pero lo cierto es que ven un pueblo aplastado por delincuentes reconocidos y solamente pueden hacer especulaciones adolescentes desde la ¨belle indiference¨ de su aparato ideologico. 


Harto de palabrería, un pueblo reunido por las redes digitales, salió a la calle casi sin líderes, con la honda certeza de su inermidad y su razón justa contra un gobierno forajido. No ¨amaneció de bala¨, como decía un verso legendario de la vieja izquierda, sino con decisión de resistir. Fué la represión, el acoso, el hambre programado, contra una voluntad popular tan difusa como genuina. Sin comida, usando un poco del excremento posible, las bombas llamadas poputov defienden y también ilustran simbólicamente ese lugar rebelde del cuerpo, el hambre que no los ha doblegado, y les permite echar a los opresores su verdadera sustancia. El ¨pupu¨, nombre venezolano del excremento, pone afuera la verdad desnuda de esta confrontación. 


Ya había aparecido un manifestante desnudo, luego una mujer mayor que ofrendaba su debilidad a una tanqueta, ahora son bombas de excremento, un testimonio del furioso interior y un rechazo del palabrerío ideológico. Es la zona desconocida del cuerpo social que sucede metafóricamente más allá de la palabra.


Cabe recordar que uno de los mejores cuentos fantásticos venezolanos se llama ¨La máquina de hacer Pupu¨, una suerte de ironía sobre las primeras y sombrías décadas del siglo XX, y ahora convertida en una ironía profética. El petróleo, a su vez, fue llamado literariamente ¨el excremento del diablo¨, y los balancines que pican la tierra de los yacimientos ¨los buitres carroñeros¨. También la corrupción pertenece a esa química de la fermentación, una administración delictiva que se pudre, y ha sido comparada con la falta de control de esfínteres, porque compulsa sin reglas y no diferencia afuera y adentro, lo propio y lo ajeno. Esta dimensión metafórica intestinal, que también expresa la convicción ¨hicieron mierda el país¨, está hoy en el aire, aunque no se nombre en un discurso. Sucede en una simbolización silenciosa, implícita e incesante.


Aquella pintura de Delacroix, ¨La libertad guiando al pueblo¨, y las fugas en ¨Los miserables¨ de Victor Hugo, difundieron las metáforas de barricadas y turbas del siglo XIX incluso entre los que jamás oyeron hablar de ellos. La corriente de gente impedida por el dique del poder, subyace en esas primeras gestas urbanas. Las calles son el lugar del tránsito público, no había barricadas en las guerras campesinas, y ese tránsito impedido a las ¨masas¨ se volvió también una metáfora. Casi todas las ideologías populares la sostienen sin explicitar, el pueblo como correntada y el poder como represa, en frases como ¨La marea de protestas anego el poder¨, ¨canalizaron el descontento¨, ¨no pudieron obstruir la confluencia de los pueblos¨, ¨ La voluntad política se abrió un cauce¨, ¨la represión impidió¨ , que suponen una corriente y un impedimento. Esa metáfora era tanto ideológica como urbana, basta recordar ¨El hombre de las multitudes¨ de Edgard A Poe, casi coetáneo con los tumultos de Paris en los ¨treinta¨ de ese siglo. Casi doscientos años viajaron esas metáforas en folletines y tratados, y cuando se agotaron malversadas (metáfora de la metáfora), y el cuerpo real no tuvo representación que lo manifieste, fue el excremento, como en la histeria el vómito, lo que trató de expresarse. En Caracas, donde los manifestantes tenían que escapar por la cloaca del Guaire, como Jean Valjean por las alcantarillas de Paris, es el excremento lo que guía al pueblo, un testimonio cabal del cuerpo sin banderas que está expulsando el mal envuelto en sus declaraciones mentirosas. Perdido el símbolo, es el signo físico lo que circula en esa violencia.



Walter Benjamin sostenía que la alegoría es al lenguaje lo que las ruinas son a las cosas, y Venezuela, una sociedad en ruinas, con un lenguaje pervertido por la mentira y la falsa emotividad ideológica, no puede sino alegorizar con su cuerpo, hasta que las palabras vuelvan a ser sustantivas. Las primeras protestas se llamaban ¨guarimbas¨, nombre que deriva de un juego de calle infantil, y que extiende en la protesta sus reglas de juego. La actuales, incesantes, impredecibles, temerarias, abandonaron ese nombre y están buscando el suyo. Las ¨poputov¨ son las primeras letras. 

martes, 14 de octubre de 2014

Los frankenstein del chavismo

Marta Colomina. REPORTERO 24


A unque el gobierno conoce hace rato quiénes fueron los asesinos de Robert Serra ─ como lo saben los periodistas que han conversado con los vecinos de La Pastora y están policialmente “dateados” ─ Maduro anunció que pronto dará a conocer los nombres de los ejecutores del crimen de Serra y sus “autores intelectuales”, coletilla esta última que le permite seguir acusando a Uribe y a otros “fascistas”, y repite así la pifia sobre la “culpabilidad del imperio y de los mayameros” en el asesinato de Otaiza, cuando la verdad es que este murió a manos de una sanguinaria banda de adolescentes. La fantasía macabra de achacar los asesinatos del fiscal Anderson, Otaiza y ahora Serra a los “enemigos” del régimen no puede ser sostenida a la luz de las pruebas recabadas esta semana por quienes investigan oficialmente el espantoso asesinato del joven diputado. Periodistas avezados en criminalística y algunos diarios han develado que Serra fue asesinado por personas cercanas. Thábata Molina desde el principio afirmó que los asesinos de Serra “pertenecían a su entorno” y Yasmín Velasco el martes 7 publicó en su cuenta de Twitter que “Robert Serra fue robado y luego asesinado por 2 de sus escoltas” y menciona las detenciones que ha venido haciendo el Cicpc (aunque este las niega).

En “allanamiento a edificio de la Misión Vivienda de El Paraíso fueron detenidas 8 personas, pues se presume que allí vive el policaracas detenido por el caso Serra, quien era uno de sus escoltas”. El Nacional del viernes 10 informa que “las investigaciones sobre el doble crimen apuntan a Edwin Torres, agente de Policaracas, quien está detenido desde el lunes (…) De la residencia de Torres, el Cicpc se habría llevado objetos de interés criminalístico”. Además de Torres, “4 de los autores materiales del crimen ya fueron identificados por los investigadores y son buscados”.

Además de sus cuatro escoltas, Serra era protegido por numerosos “colectivos” con los que mantenía contacto permanente, así que cuando estallaron los sucesos sangrientos en Quinta Crespo tras el allanamiento del Cicpc del edificio Manfredir, donde murieron cinco miembros de los grupos “Escudos de la Revolución” y “5 de Marzo”, la posible asociación de tal hecho con la muerte de Serra era inevitable, aunque la especie fuese negada por el director del Cicpc. El colega Manuel Malaver el pasado domingo, en La Razón, apunta que Serra habría sido comisionado para convencer a los “colectivos” del desarme, a lo que se habrían negado mayoritariamente. Sabido es que estos grupos tienen armas de guerra, como las tenía el diputado Serra. Por cierto, mudez oficial sobre esta irregular tenencia.

Las 8 horas de enfrentamiento en Quinta Crespo concluyeron con la muerte de 5 “colectivos”, entre ellos José Odreman, quien recibió 32 disparos y pasó de ser un personaje fotografiado al lado de Maduro, Cilia Flores, Robert Serra, generales y otros miembros del alto gobierno, y de aparecer elogiado en el canal militar TV FANB, a ser calificado de “asesino” y “delincuente”: “No se trata de colectivos, eran grupos organizados dedicados al robo, secuestro y homicidios en el área metropolitana”, dijo el subdirector del Cicpc. Sin embargo, Richard Sánchez, policía y hermano de Odreman, desmintió al Cicpc: dice haber revisado en el Sipol el expediente de su hermano y de Maikol, y “ninguno de los dos tienen solicitud por homicidios”. Las contradicciones son indigeribles. Mientras los vecinos del Manfredir niegan que “colectivos” se enfrentaran al Cicpc y acusan al cuerpo policial de “limpiar la escena del crimen”, el Cicpc lo niega y repite que estos “colectivos” serían delincuentes de la peor ralea.

Maduro no ha emitido palabra sobre tan graves hechos.

La ficción de la escritora Mary Shelley sobre el desquiciado “científico” Victor Frankenstein en su búsqueda del secreto de la vida y asesinado por su monstruosa creación, parece haberse hecho realidad en Venezuela. Los “colectivos” tendrían más poder de fuego que los organismos de seguridad, incluida la FAN, y han sido usados por el régimen para atacar manifestaciones pacíficas, amedrentar testigos en las mesas electorales y otras acciones delictivas.

Aunque por ahora la sublevación parece sofocada (durante el funeral de Odreman en Cotiza los integrantes del colectivo “5 de Marzo” emitieron un comunicado en el que ya no responsabilizan al ministro Rodríguez Torres de las muertes de los colectivos, sino a la CIA), lo cierto es que el régimen les ha dado un poder enorme que no parece estar en condiciones de controlar.

Lo terrible es que también los cuerpos de seguridad y los demás poderes públicos, nacidos para ser guardianes del orden y la seguridad, se han convertido en enemigos de la justicia y de los derechos ciudadanos.


Así que frente a tanta violencia incontrolada, tanto caos y tanto silencio cómplice, Venezuela es víctima de numerosos frankenstein, entre ellos quienes piden a Maduro rechazar el mandato de la ONU de liberar a Leopoldo López. 

lunes, 6 de octubre de 2014

Los tristes “héroes” del castrismo


Mario J. Viera

Luego de 24 párrafos, algunos descomunales, recontando a su modo la historia del mal llamado “proceso revolucionario” que el impusiera, Fidel Castro se decide, finalmente en su último artículo titulado “Los héroes de nuestra época”, a tocar el tema que le motivó a escribir: el envío, por el recurso de “ordeno y mando”, de una brigada médica al África para “luchar contra el Ébola” y especular sobre el asesinato del prepotente y furibundo diputado oficialista Robert Serra.

Según el casi decrépito caudillo “ambos hechos reflejan el espíritu heroico y la capacidad de los procesos revolucionarios que tienen lugar en la Patria de José Martí y en la cuna de la libertad de América, la Venezuela heroica de Simón Bolívar y Hugo Chávez”.

Y parece que Castro, el anciano, parece conmoverse hasta las lágrimas ante el asesinato de uno que hizo de la violencia su principal leitmotiv, el diputado del PSUV, Robert Serra.

Es que los “revolucionarios” muertos, por cualquier motivo, hasta después de muertos son útiles para la propaganda y el azuzar de odios. De este modo declara, como alguien que conoce muy bien el tema: “No podría jamás creer que el crimen del joven diputado venezolano sea obra de la casualidad”. Y a continuación insinúa que tras el cruel asesinato se esconde la mano de la inteligencia de Estados Unidos y la complicidad de la oposición democrática venezolana: “Sería tan increíble, y de tal modo ajustado a la práctica de los peores organismos yankis de inteligencia, que la verdadera casualidad fuera que el repugnante hecho no hubiera sido realizado intencionalmente, más aún cuando se ajusta absolutamente a lo previsto y anunciado por los enemigos de la Revolución Venezolana”.

Sí, es posible que Robert Serra tuviera la simpatía de Castro, quizá ese joven le recordaría sus tiempos cuando era un matón en la Universidad de La Habana dentro del grupo gansteril de Emilio Tro Rivero, la Unión Insurreccional Revolucionaria (UIR); cuando participó ─ aunque no se le pudo probar ─ en el asesinato del Presidente de la Federación Universitaria, Manolo Castro y del Campo. 

Serra, como antes lo hiciera Castro vinculado a la UIR, tenía estrecho lazos con los matones de los colectivos La Piedrita, Los Tupamaros y Alexis Vive. Un analista político, Helly Ángel lo caracterizó de la siguiente manera: “Él fue un muchacho muy controversial, muy problemático, incluso dentro de su propio núcleo familiar, con muchos conflictos y enfrentamientos, incluso entre sus propios familiares. Era un muchacho castrista, muy admirador de Fidel Castro, seguidor de la revolución cubana”.

Serra no era un tipo fácil. El 25 de abril de 2010, junto a 30 de los temibles motorizados que le eran fieles fueron a exigir que pusieran en libertad a uno de sus compinches detenidos por la Guardia Nacional Bolivariana por agredir a dos personas y a quien se le confiscaron un arma con los seriales limados. Al no conseguir su propósito tirotearon al Destacamento Móvil 51 de la GNB.

La alharaca producida tras el asesinato del conflictivo diputado del PSUV, contrasta con el silencio que se hizo en relación con el asesinato de dos de sus guardaespaldas; el primero el 5 de julio de 2011 y el segundo el 24 de julio de 2012.

En el primer caso se trató del joven de 25 años, Celestino Rodrigues, tiroteado en Carapita supuestamente por criminales que le robaron su motocicleta y su pistola personal. Cuando los periodistas preguntaron a Serra sobre la muerte de su escolta solo contestó: “No sé de qué me hablan”. Sin embargo, el padre de la víctima declaró: “Yo sé que él (Serra) no quiere que ustedes se enteren que mi hijo era escolta suyo, pero ¿cómo puedo hacer yo? Lo único que quiero es que entreguen el cuerpo”. 

En el segundo caso se trató  del detective del Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (Cicpc), Alexis Barreto Venezuela cuyo cadáver fue encontrado bocabajo con un tiro en la nuca, pero, a diferencia del primer caso, a Barreto no le robaron ni su arma de fuego ni su cartera. Para la madre de la víctima, Serra era el principal sospechoso así declaró al diario El Nacional: “Para mí, el que mató a mi hijo está dentro de la Asamblea Nacional. Yo como madre siento que la gente que trabajaba con él está metida en ese caso. ¿Por qué si el diputado es inocente no ha dado la cara?

Lo que pretenden, tanto Nicolás Maduro, como Diosdado Cabello y hasta el mismo soberano del Punto Cero en La Habana, de presentar el asesinato del controvertido líder juvenil del PSUV, como resultado de una conspiración donde estan envueltos el ex presidente de Colombia, Álvaro Uribe, la CIA y hasta algún miembro de la oposición anti chavista, es solo manipulación política y el propósito de convertir a un malandro con título universitario y puesto de diputado en un héroe revolucionario, en un mártir del Socialismo del Siglo XXI. Nadie, con dos dedos de frente puede darles credibilidad.

Veamos: Cotejando los hechos del lamentable incidente, no existe ningún rasgo que configure un asesinato político. La violencia con que le dieron muerte es típica de un acto llevado a cabo por criminales comunes. Así lo considera Luis Godoy, quien fuera jefe de Investigaciones de la División contra Homicidios del Cicpc diciendo: “Podría presumirse que tendría que ver con algo muy personal, muy intenso”. Cuarenta heridas hechas con un arma punzo penetrante a la altura del pecho, un punzón de hielo.

Según Godoy, el asesinato podría ser debido a “alguna deuda moral o material” como manifestación de “un odio intenso”.

La reportera Ronna Rísquez de Runrún cita las declaraciones de una amiga personal de Serra, Reina González que hacen pensar que los asesinos eran conocidos de confianza del diputado. González dijo: “En esa casa nunca se le abría la puerta a nadie, así nada más. Uno tocaba y Robert veía quién era desde unas cámaras que tenía en su oficina. Él decidía si uno podía entrar y abría desde arriba con un control. A veces se asomaba y te decía que volvieras más tarde”.

De acuerdo con las declaraciones recogidas por la reportera al domicilio de Serra solo era posible entrar usando llave, pues ninguna de las dos puertas de acceso tenían manijas. “Solo él y las muchachas (María Herrera, y las hermanas Jesica y Rosalba Contreras) tenían llave para abrir”, afirmó González, y solo él y sus asistentes autorizaban el ingreso al interior de la vivienda.

Además, según la declarante que fue la que descubrió los cadáveres de Serra y de su acompañante María Herrera a él le “golpearon muchísimo y lo atacaron con un punzón”.

Vecinos que frecuentaban la vivienda de Serra no se explican cómo pudieron los victimarios abrir la caja fuerte que Serra tenía en su oficina, de donde, se dice, tomaron dinero en efectivo, incluido dólares. Además los criminales se llevaron con ellos dos fusiles M-16 y AR-15 de Serra. Tal vez la explicación se encuentre en la golpiza que le dieran a Serra y los punzonazos, posiblemente para que este les diera la combinación de la caja fuerte.

Es evidente que los que ultimaron a Robert Serra, eran conocidos de él y ninguno afiliado a la oposición, ya que el mismo Serra había declarado en una entrevista de prensa que “nunca se ligaría con una escuálida”.

Búsquense los asesinos de Robert Serra, los autores materiales e intelectuales, entre los motorizados de los colectivos de los Tupamaros del 23 de Enero, de La Piedrita, de Alexis Vive y del Frente Francisco de Miranda. Allí dentro de esos colectivos están los asesinos amparados por el régimen chavista.

Los otros tristes héroes de Castro son los integrantes de la Brigada Médica enviada a Sierra Leona con total desprecio por la seguridad de sus integrantes en aras de la aclamación de los medios que tanto ha perseguido el senil Castro desde sus tiempos de la Sierra Maestra y no ha dejado de hacerlo todavía.


Los médicos cubanos, simples marionetas de un régimen que desprecia sus vidas. Las autoridades sanitarias de Cuba no son capaces de contener las periódicas epidemias de dengue que golpean al país, mucho menos podrían hacerle frente a un brote de Ébola que se presentara en Cuba, si uno de los integrantes de la Brigada Médica resultara infestado con el mortal virus. Pero nada de eso le importa al decrépito Fidel Castro; lo que importan son los titulares sensacionalistas de los medios internacionales. 

sábado, 12 de julio de 2014

¿Qué es peor?

Oswaldo Páez-Pumar. EL UNIVERSAL


Desde que el usurpador Maduro asumió la presidencia existe en el país un estado de incertidumbre que sobrepasa el nivel normal que se deriva de la imposibilidad de conocer el futuro. La carta-denuncia de Giordani ha generado dentro del PSUV un estado similar y ha provocado en el usurpador una declaración insólita con la cual pretende tapar su propia ineptitud. "Todo lo que se decide lo decido yo".
El mismo dicho en boca del difunto sería el resultado lógico de estar rodeado de una serie de adulantes que vieron en eso que se ha dado en llamar su "carisma" el camino para medrar y enriquecerse siempre y cuando dijeran amén a todo cuanto expresara Chávez. Rodeado por ese ambiente es fácil para cualquiera caer en la tentación de creerse el centro del mundo y de estar llamado a cambiarlo para modelarlo de acuerdo con la limitada visión que tiene todo aquel que cree que la evolución del universo y del hombre en la historia es una simple preparación que aguardaba por su llegada. Eso creía Chávez.
Con el usurpador la situación es diferente el mismo se confiesa hijo de Chávez y seguidor de las instrucciones que aquel le comunica a través de un pajarito, lo que pone de manifiesto que "lo que se decide no lo decide él", a lo sumo es un intérprete; y a la hora de interpretar como nadie cree en "pajaritos preñados" la interpretación de lo que cree y ordena el difunto oráculo es libre.
Estamos por lo tanto en presencia de un usurpador que cree que decide cuando justamente lo que no hay son decisiones, sino un país paralizado que percibe cada vez con más claridad la incapacidad del usurpador y quienes le rodean para hacerle frente a la tarea de toma de decisiones, en una encrucijada donde los autores no pueden reconocer la realidad de destrucción a la que han llevado el país y los enchufados reconocen el agotamiento del proyecto y la imposibilidad de continuar la vía trazada por Chávez. Esa es la paralización.

Quien la sufre en mayor grado es el usurpador. No sabe adónde dirigir sus pasos. Chávez que sabía adónde quería ir trajo en su ayuda a un burro "el onagro trisoleado", porque los burros van donde el arriero los conduce. Castro que pastorea al usurpador le envió un borrego, seguramente con su cencerro.

Revolución en la revolución a la venezolana

Pedro Corzo. EL NUEVO HERALD

Lo único que puede explicar la devoción y subordinación del desaparecido líder golpista Hugo Chávez y su heredero Nicolás Maduro al régimen cubano, es que ambos asumieron como principal objetivo aprender de la nomenclatura cubana el uso de los mecanismos del estado y del gobierno para conservar el poder, independiente a los fracasos cosechado durante el mandato.
Chávez fue el artífice de que dependencias del gobierno venezolano contaran con asesores cubanos con autoridad para tomar decisiones, al extremo que especialistas de la isla en inteligencia, represión policial y servicios armados, funcionan como interventores de instituciones a cargo de la defensa y seguridad del país.

La primera personalidad del totalitarismo insular excluyendo a Fidel y Raúl Castro a la que el gobierno de Chávez le otorgó un protagonismo relevante fue a Ramiro Valdés, un experto en represión, poseedor de un prontuario criminal que lo convierte en un digno competidor del esbirro mayor de la Unión Soviética, Laurentis Beria.
Valdés fue a Venezuela como asesor en Tecnología y con la encomienda de resolver el déficit de generación de energía, un problema todavía pendiente porque hace unas pocas semanas hubo una falla eléctrica que afectó nueve estados.
Pero aunque en cuestiones de energía el “magisterio” del experto cubano fue un fracaso, su asesoría resultó efectiva a las fuerzas represivas ya que fueron capaces de asesinar a decenas de personas, encarcelar a cientos y disminuir las protestas contra el régimen.
Quizas este éxito parcial motivó a Nicolás Maduro a buscar una vez más la colaboración del “sabio” Orlando Borrego, un individuo cuyo aporte más importante a una gestión de gobierno fue ser el siervo más fiel de Ernesto Guevara.

Borrego estuvo bajo el mando de Guevara en La Cabaña, una época en la que el “Che” cometió numerosos asesinatos que es de suponer el ilustre economista contabilizó, porque fue fiscal de los Tribunales que Guevara dirigía. Tampoco ignora que su comandante instrumentó una campaña que recluyó a la fuerza en campos de concentración a homosexuales y prostitutas.
Cuando Borrego estuvo junto a Guevara fue cuando este promovió a toda vela el trabajo voluntario y la confusa propuesta de los estímulos morales, una combinación que supuestamente repercutiría favorablemente en el desarrollo económico, a la vez que facilitaría la formación del hombre nuevo, otro fracaso del totalitarismo insular.
El hombre que instrumentará los cambios fue viceministro de Industria y posteriormente ministro de la Industria Azucarera, sectores de la economía cubana en absoluta bancarrota desde los primeros años del castrismo.
No obstante el próximo sátrapa cubano en Venezuela todavía defiende fracasadas hipótesis, cuando afirma que “la sustitución de la propiedad de los medios de producción como condición histórica indispensable para la superación del capitalismo”, lo que permite suponer que a Venezuela le esperan mayores controles en el sector económico.
Por otra parte Borregos afirma que “todo modelo económico que defienda el egoísmo personal y no preserve los intereses sociales sobre los particulares no lleva a buen destino, como también afirma que la expresión brutal del capitalismo moderno, bien explicada por un líder carismático y honesto, actúa con más efectividad sobre la conciencia popular que mil conferencias académicas impartidas por profesores”, en una palabra, el individuo sigue convencido en las virtudes del colectivismo, que el voluntarismo es más importante que los conocimientos y que los líderes carismáticos son insustituibles, particularmente si estos son honestos, personalidades imposible de encontrar en Cuba y Venezuela.
Este personaje que tiene como objetivo enrumbar la economía venezolana, solo tiene un libro publicado sobre ese tema y tres dedicados a Ernesto Guevara, así que lo más probable es que sus enseñanzas estén principalmente orientadas a instruir a la burocracia bolivariana en los métodos a aplicar para que los ciudadanos pierdan los pocos derechos que les restan y los bienes pasen a manos de la nomenclatura gobernante, porque aparte de matar, esa fue la mayor enseñanza del “Che” a sus colaboradores, entre los que se destacó Borregos.
A fin de cuentas esta selección demuestra que el régimen cubano continúa ejerciendo una gran influencia sobre el de Venezuela y los herederos del chavismo siguen convencidos como su desaparecido mentor, Hugo Chávez, que se deben copiar el modelo cubano en sus mayores fracasos, de ahí que la nueva consigna sea hacer una revolución en la revolución.
Por otra parte Maduro, consciente del fracaso económico del país, posiblemente contrató a Borregos para aparentar, ante los que calificó de “izquierdistas trasnochados”, que sigue en la ortodoxia económica castrista, mientras prepara condiciones para que la boliburguesía asuma el control de la economía, en la esperanza de que sean más eficientes que los burócratas que heredó de su predecesor, que han conducido al país a la ruina.

lunes, 7 de julio de 2014

Fantasma de Hugo Chávez acecha a España


Carlos Alberto Montaner. EL BLOG DE MONTANER (FIRMAS PRESS)


La idiotez política está al alcance de cualquier pueblo. Ninguna sociedad está libre de recorrer ese camino. Quien lo dude, debe pensar en la Alemania de Hitler, la Italia de Mussolini, la Cuba de los Castro o la Venezuela de Hugo Chávez. Sobran los ejemplos.
“Podemos” es un partido político chavista, oficialmente creado hace pocos meses en España. Pablo Iglesias es su cara más visible. Se trata de un joven profesor universitario, desaliñado, con barba rala y cola de caballo, quien no vacila en defender el uso de la guillotina para traerle la felicidad a la sociedad española.
El personaje y su partido han entrado en la vida pública española sorpresivamente. En las elecciones al Parlamento Europeo, la novísima organización obtuvo 1, 200,000 votos y cinco escaños. Esto ha desatado las alarmas.
El calificativo de chavista a “Podemos” no es gratuito, sino todo lo contrario. Ha sido muy costoso. De acuerdo con una investigación llevada a cabo por el diario El País, los directivos españoles de esa organización, por medio de una Fundación, han recibido unos cuatro millones de dólares a lo largo de los años en concepto de “asesorías” por parte de la Venezuela de Hugo Chávez.
Por el tipo de medidas llevadas a cabo por el chavismo se pueden deducir las creencias que prevalecen en “Podemos”. Forman parte del extendido grupo de fabricantes de miseria que militan tras las banderas del populismo. Cuando Chávez llegó al poder había seis millones y medio de pobres. Hoy existen más de nueve y el país padece todo tipo de escaseces en medio de la mayor violencia. En Caracas, dicen, ya no se contabilizan los habitantes sino los supervivientes.
¿Pueden semejantes personajes llegar al poder en España en un futuro próximo? El periodista Federico Jiménez Losantos, quien procede del Partido Comunista y ha evolucionado hacia el liberalismo, afirma que sí, y yo creo que tiene razón. Pudiera ocurrir.
Todos los elementos están dados para la tormenta perfecta. Los dos grandes partidos nacionales — los populares y los socialistas — se han desacreditado por culpa de la corrupción. Hay un 25% de desempleo, que alcanza el 50 entre los más jóvenes. El separatismo catalán y vasco va en aumento. La monarquía cuenta con un tibio respaldo. Muchos jóvenes bien preparados emigran hacia otras naciones porque no encuentran posibilidades de prosperar en España.
Las propuestas de “Podemos” son totalmente disparatadas, pero eso jamás ha sido un obstáculo para ganar elecciones en épocas de crisis. Prometen repartirlo todo porque, para esta gente, corta de entendederas, el problema no está en la limitada generación de riquezas por la debilidad del tejido empresarial, sino en la mala distribución de ella.
Creen que la forma de combatir el desempleo es repartir el trabajo “justamente”. Si el 100% de los trabajadores sólo trabajaran el 75% de la jornada laboral, el 25 que no encuentra empleo podría hallarlo.
Creen que, si se reduce la edad de la jubilación a los 60 años, en lugar de los 65 hoy vigentes, habría más empleos disponibles y más tiempo para disfrutar del ocio. (¿Por qué no a los 50?).
Creen que basta con despojar de sus excedentes a los que tienen, para otorgarle a toda persona radicada en la Península un subsidio “digno” que le permita vivir decorosamente.
Es decir, “Podemos” promete terminar con la crisis esforzándose menos, en lugar de más, que es lo que dictan el sentido común y la experiencia. Pero esas propuestas, que arruinan a cualquier sociedad, son gratas a los oídos de muchos electores.
¿Son demócratas los miembros de “Podemos’’? No lo creo. No se puede ser chavista y demócrata simultáneamente, de la misma manera que no se puede apoyar al fascismo o al comunismo y creer en la libertad. Es lo que los clásicos llamaban contradictio in terminis, algo así como un cuadrado redondo.
La vía electoral, eso sí, es la fórmula para llegar al poder y desde allí dinamitar las instituciones que sostienen el Estado de Derecho. Esto es lo que han llevado a cabo la Venezuela de Chávez y Maduro y, hasta cierto punto, el Ecuador de Rafael Correa.
¿Cómo pueden llegar al poder semejantes personajes? Jiménez Losantos piensa que mediante un pacto con los socialistas, los comunistas de Izquierda Unida y los separatistas más radicales de Cataluña y el País Vasco. Un nuevo Frente Popular que se inclinaría paulatinamente hacia el estatismo-colectivista-populista, que derrote al centro derecha en las urnas y precipite a España en una etapa revolucionaria.
¡Dios nos coja confesados!