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martes, 12 de noviembre de 2019

Derrocado Evo Morales... ¿Después qué...?


Mario J. Viera


La noticia, impactante, Evo Morales, tras 14 años de continuada presidencia de Bolivia, renuncia bajo fuerte presión social. Un movimiento de protestas, al mismo estilo de las que, en el pasado, él había impulsado lo arroja del poder. Júbilo ha provocado la noticia de la caída de Evo Morales y ¿qué otra cosa podía generar el inesperado cambio que se ha producido dentro de la escena política boliviana? La democracia estaba siendo burlada, el poder inclinado a favor de dictaduras como la del régimen del Partido Comunista de Cuba, de la dictadura sangrienta de Daniel Ortega en Nicaragua y del desmoralizado régimen madurista en Venezuela. El hecho tiene implicaciones para toda la América hispana.



En Ecuador Rafael Correa, antes, había entregado el poder, por medio de elecciones, a quien consideraba su delfín fiel. Lenin Moreno Garcés; pero Moreno Garcés no resultó ser como Correa esperaba. Pronto descubriría que, el sucesor, sería todo menos un sometido a la línea del correísmo; que actuaría con independencia, para desarmar paso a paso todo el legado autoritario de la era de Socialismo del Siglo XXI y del mismo Rafael Correa. En Honduras, hay que recordar la crisis que, las intenciones continuistas y reeleccionistas del presidente Manuel Zelaya, apoyado fuertemente por Hugo Chávez y el gobierno castrista, se produjo entre el Ejecutivo, el Congreso Nacional, el Tribunal Supremo Electoral y la Corte Suprema de Justicia hondureños, y que trajera como consecuencia, la destitución y expatriación de Zelaya por efectivos del ejército nacional. Primer fracaso del expansionismo del Socialismo del Siglo XXI.



Luego vendrían las protestas populares en Venezuela en contra de Nicolás Maduro y el surgimiento de un movimiento opositor de resistencia cívica, cuya cabeza es Juan Guaidó y su auto proclamación como “Presidente encargado”, que generó una esperanza de renovación, contando con el apoyo del gobierno de Donald Trump y otros gobiernos latinoamericanos dentro de la Coalición de Quito, entre los que se destacaban el presidente de Colombia, Iván Duque Márquez y el presidente de Brasil, Jair Messias Bolsonaro, y que se disolvió en medio de las contradicciones presentes entre los diferentes partidos de oposición. Nicaragua estremeció al mundo con los reclamos de los estudiantes universitarios, la iglesia católica y población en general, en contra de la dictadura Ortega-Murillo, y la respuesta agresiva del régimen, provocando hasta 300 asesinados por los órganos represivos.



Parecía que en Bolivia todo transcurriría sin sobresaltos, alguna que otra protesta, alguna que otra declaración de la oposición en contra de las pretensiones reeleccionistas de Evo Morales incluso en contra de los postulados de la Constitución y del referendo que se opuso a la tal pretensión. Todo parecía lo habitual, la economía crecía en un promedio de 4,6 por ciento anual y la pobreza se había reducido en un gran porcentaje (disminuyó de 36,7 % a 16,8 % entre 2005 y 2015), si hasta el Banco Mundial y el FMI elogiaron la gestión económica del gobierno de Evo; parecía que el socialismo, de Evo y de su partido MAS, funcionaba. No obstante, Radio Francia Internacional citó en su edición del 20 de mayo de 2015 lo dicho por el economista Carlos Torranzo, considerando que el anticapitalismo del MAS era un engaño: "Es un capitalismo de estado, con economía mixta y gran presencia de la empresa privada”, citaba RFI también al intelectual de la izquierda indigenista, Eduardo Prada, que calificó al gobierno de Evo como “el mejor gobierno neoliberal, que ha cumplido de manera consecuente con el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial". ¡No todo es la economía, idiota! El sesgo totalitario que emprendía el gobierno de Evo, comenzó a minar sus éxitos en la economía, casi inadvertidamente para muchos observadores y analistas, el suelo ardía bajo los pies de Evo. 


La base indigenista de Evo comenzó a resquebrajarse desde el 2011, cuando intentó construir una gran carretera de 300 km, con fondos del gobierno de Brasil, que atravesaba el territorio indígena y las áreas protegidas del Parque Nacional Isiboro Sécure o TIPNIS, extensa zona de importancia ecológica de la Amazonia boliviana (Ver De indígenas a colonizadores: https://phantom-elfantasma.blogspot.com/2011/09/de-indigenas-colonizadores.html). Se había iniciado una confrontación entre los pueblos naturales y el gobierno de Morales. Los indígenas iniciaron una marcha de protesta para llegar a La Paz, cuando a unos 330 km al noreste de La Paz fueron bloqueados por grupos de campesinos pro Morales y alrededor de 450 policías, mientras que decenas de indígenas aymaras (la misma etnia de Evo Morales), quechuas y guaraníes se solidarizaron con los procedentes del TIPNIS. El 24 de agosto de 2018, la Agencia británica Reuters, reportó que dos importantes grupos de defensa de los derechos indígenas, la Cidob (Confederación de Pueblos Indígenas de Bolivia) y el Consejo Nacional de Ayllus y Markas del Qullasuyu (CONAMAQ), abandonaron el pacto de unidad con el gobierno boliviano. De este modo comenzó a agudizarse una crisis que más que política (la oposición antievista, estaba muy desorganizada) era de carácter social. De acuerdo con el New York Times, en octubre de 2018, un sindicato de cocaleros de la región de las Yungas, zona situada al noreste de la ciudad de La Paz, había expresado su respaldo al expresidente Carlos Mesa. Los cocaleros fueron el principal apoyo inicial de Evo Morales, pero este se fragmentó desde que Morales aprobó en el 2007 la Ley de la Coca en favor de la región del Chapare, su bastión político. Desde el 3 de septiembre del pasado año, los cocaleros de las Yungas habían marchado sobre las calles de La Paz exigiendo la renuncia del mandatario y la revocación de la Ley de la Coca, y la suspensión de la erradicación de la coca que se llevaba a cabo en su región.



En contrario con lo postulado en el artículo 168 de la misma Constitución que Evo Morales había animado, que prohibía más de una reelección para la presidencia, Evo decidió postularse para una tercera reelección; el poder ciega y el mesianismo descontrola. Hubo protestas, y las protestas más fuertes se levantaron entre los pueblos indígenas, la base electoral que le había sido fiel. ¿La solución? Convocar a un referendo solicitando la modificación de ese artículo 168. ¿El resultado? El 51,3% de los votantes optó por el NO. Pero, para algo le servirían la mayoría de los magistrados que le eran afines en el Tribunal Constitucional de Bolivia; y ese Tribunal abolió el discutido artículo 168.



Llegó el 20 de octubre. Evo se enfrentaba en los comicios a tres candidatos, Carlos Mesa por la Comunidad Ciudadana, coalición integrada por los partidos Frente Revolucionario de Izquierda y Soberanía y Voluntad; Chi Hyun Chung del Partido Demócrata Cristiano; y Óscar Ortiz Antelo por el Movimiento Demócrata Social. Las encuestas favorecían claramente al candidato de centro izquierda Carlos Mesa. El escrutinio del 83% de las actas verificadas por el Tribunal Electoral le confería a Morales una ligera ventaja sobre Carlos Mesa. Pero Evo Morales no podía confiarse a una segunda vuelta. Se requería que, para ganar las elecciones en la primera vuelta, un candidato debía superar el 40% y sacar al menos un 10% de ventaja al segundo. Cuando, 24 horas después el escrutinio del 95% de las actas, según el Tribunal Electoral, Evo Morales obtenía un sospechoso 46,86% de votos contra el 36,72% obtenido por Carlos Mesa. Morales, supuestamente superaba a Mesa en un10.14%. Sin más espera Evo Morales se declaró como el vencedor. Pero el fraude era evidente. Comienzan las protestas. Mesa denunció como “fraude escandaloso” los resultados electorales, declarando: “Confiamos que la ciudadanía no va a aceptar este resultado tergiversado y amañado".



Ante el enrarecimiento político que habían provocado las conclusiones del Tribunal Supremo Electoral. Evo aceptó que la OEA realizara una auditoría y que aceptaría las conclusiones a las que esta arribara. El 10 de noviembre la OEA emite sus conclusiones y recomienda la anulación de las elecciones del 20 de octubre y hacer un nuevo proceso electoral. Pero las protestas continúan y se producen violentos enfrentamientos entre los opositores y los seguidores de Evo Morales. El día anterior, las Fuerzas Armadas de Bolivia declararon que no se enfrentarían contra el pueblo. En un comunicado que lee el comandante general, Williams Kaliman, se declara: “Ratificamos que nunca nos enfrentaremos con el pueblo a quien nos debemos y siempre velaremos por la paz [...] Los actuales problemas generados en el ámbito político deben ser solucionados en el ámbito de los más altos intereses de la patria antes de llegar momentos irreversibles”. Hasta ese momento una posición digna de las Fuerzas Armadas.



El día 8 se había producido amotinamientos dentro de las fuerzas policiales, en Cochabamba, Sucre, Santa Cruz y La Paz. La cronista Susana Seleme Antelo se refiere a esta situación: “Los amotinamientos de las Comandos de las Policías de Cochabamba, Santa Cruz, Sucre, de todos los departamentos y otras poblaciones menores, salvo La Paz, contra del régimen, al lado de las movilizaciones civiles, habla de un proceso insurreccional que nadie previó. ¿Cuáles las razones de los amotinamientos de la policía?  Reclama igualdad de tratamiento como el que reciben las Fuerzas Armadas, que hasta ahora no ha ejercido su función del monopolio del uso de la fuerza. No quieren reprimir. Tienen motivos pues en 2003 reprimieron otra sublevación popular, y cinco altos mandos militares purgan cárcel de entre 9 y 12 años, tras un juicio por genocidio”.



De inmediato Carlos Mesa se pronunció con el reclamo de la renuncia de Evo Morales a la presidencia “Creemos que esta es una decisión que debe tomar el presidente Morales, si le queda un ápice de patriotismo debería dar un paso al costado",



Luego de las declaraciones de la OEA, de los motines y de la declaración de las Fuerzas Armadas de no participar en represalias contra la población, Evo Morales intenta un movimiento diversionista, declara que se convocará a nuevas elecciones y la total renovación de los miembros del Tribunal Supremo Electoral y dice, como si estuviera concediendo una solución de paz: “He renunciado al triunfo que he ganado. Toca ir a las nuevas elecciones”. Ese mismo día la posición de las Fuerzas Armadas se hacía más radical, exigiendo la renuncia a la presidencia de Evo Morales. El general Williams Kaliman, en un nuevo comunicado declaró: “Después de analizar la situación conflictiva interna, sugerimos al presidente del Estado que renuncie a su mandato presidencial, permitiendo la pacificación y el mantenimiento de la estabilidad por el bien de nuestra Bolivia”. A buen entendedor... ¡Salud!



Ya Evo Morales no pudo aguantar más: “Es mi obligación como presidente indígena y de todos los bolivianos asegurar la paz social. Renuncio para que Mesa y Camacho no sigan maltratando a los familiares de nuestros compañeros, no sigan atacando a los ministros y diputados, para que dejen de maltratar a los más humildes. La lucha no termina aquí. Los humildes, los patriotas, vamos a continuar luchando por la igualdad y la paz. Espero que hayan entendido mi mensaje; Mesa y Camacho, no perjudiquen a los pobres, no le hagan daño al pueblo. Queremos que vuelva la paz social. Grupos oligárquicos conspiraron contra la democracia. Fue un golpe de Estado cívico y policial. Duele mucho lo que ha pasado”. Al mismo tiempo el vicepresidente Álvaro García Linera, y los presidentes del Senado, Adriana Salvatierra, y de la Cámara de Diputados, Víctor Borda, presentaron también su renuncia.



Técnicamente se trata de un golpe de estado, desde el momento que, el jefe del ejército general Williams Kaliman Romero, le exige a Evo Morales que renuncie al cargo de Presidente. El ejército podía haber optado por la no represión al pueblo. igual que la policía. Con eso bastaba. Podemos sentirnos contentos, alegres y entusiasmados con el derrocamiento de Evo Morales, pero no podemos perder de vista la objetividad.  Por otra parte, no se trata de las tipicidades de un golpe de estado clásico. El Gobierno de Bolivia ha quedado acéfalo ante la renuncia de todos los que forman la cadena de sucesión presidencial, y en su lugar no se ha instalado un gobierno de corte militar o del tipo cívico-militar. Con el propósito de llenar este vacío, la senadora opositora Jeanine Añez Chávez como segunda vice presidenta del Senado se propuso para ocupar la silla vacía por los 90 días que la Constitución da para realizar nuevas elecciones: “Ocupo la segunda vicepresidencia y en el orden constitucional me correspondería asumir este reto con el único objetivo de llamar a nuevas elecciones", afirmó Añez, entrevistada por la televisora privada Unitel. "Creo que los bolivianos no merecemos esto. Le debemos certidumbre a la gente. Por lo tanto, si hay acompañamiento de las organizaciones civiles, yo voy a asumir, pero si se decide otra vía u otro camino también lo voy a aceptar". Cuando se le preguntó si estaba preparada para asumir el reto, Añez respondió: "Que quede bien claro de que esto es solamente una transición. Es solamente para llamar a elecciones y que sean transparentes, como todo el pueblo lo quiere. No queremos fraudes electorales, no queremos incertidumbre". "Todos tenemos que acompañar este proceso, esa es la salida constitucional la forma de pacificar al país (...) es urgente. Es lo que demanda la población y así lo tenemos que cumplir (...) las cosas se tienen que hacer rápidamente", manifestó.   



Además, aclaro, el que el ejército se haya implicado en la renuncia, prácticamente obligatoria de Evo Morales, no significa que la democracia haya muerto en Bolivia. Ahora es un emprendimiento de la democracia en Bolivia, pero manteniéndonos en la observación, porque entre los opositores a Evo Morales, hay de todo como en la viña del Señor. Es que como se dice que, en río revuelto, ganancia de pescadores, ya están varilla en manos algunos pescadores esperando su momento para agarrar el pez.



Ahí está la figura del expresidente y actual candidato presidencial Carlos Mesa, al que algunos lo ven con tendencias hacia el neoliberalismo y otros lo consideran como un tipo de “evismo moderado”. En el 2003, Mesa que ocupaba la vicepresidencia durante el fallido gobierno de Gonzalo Sánchez de Losada, había roto políticamente con este después del operativo policíaco y militar denominado el convoy de la muerte, que provocó la muerte de varias personas muertas y heridas, pero mantuvo su decisión de continuar como vicepresidente. Tras la renuncia del presidente en medio de grandes convulsiones sociales, Mesa ocupó la presidencia teniendo que enfrentar la fiera oposición de Evo Morales, para la formación de su gabinete, Mesa explicó: “Escogí además a profesionales, políticos y técnicos cuyas características básicas fueran idoneidad y honestidad, que expresaran pluralidad desde el punto de vista de sus ideas, pero con un compromiso con la necesidad de un cambio esencial que el país necesitaba tras el agotamiento de una de las vertientes del modelo democrático iniciado en 1982”.



En el 2005 tiene que renunciar al cargo tras los constantes ataques de Evo Morales y  la falta de apoyo que recibió de los diputados del partido de Sánchez Losada, que le veían como traidor. “Fue por mi decisión ─ expuso ─ de no ejercer represión en ningún contexto que decidí renunciar al mando de la nación”. La elección de Mesa para una futura presidencia sería algo que beneficiaría a una transición democrática en Bolivia. La mejor opción, a mi criterio.



Pero hay otros que en, medio de las últimas confrontaciones, han ocupado una posición de liderazgo. El más destacado, Luis Fernando Camacho, un político que dice no hacer política, y no le falta razón, es el representante de la ultraderecha clericalista y de la antipolítica; un hombre que, ante el vacío de poderes que hoy se vive en Bolivia, exige la conformación de una “junta de gobierno” con el alto mando militar y policial. Ya se le conoce, no solo con el apelativo de “Macho Camacho”, sino también como el Bolsonaro boliviano que reclama: “La Biblia volverá al Palacio de Gobierno". Populista y carismático, que les pide a las multitudes elevar una oración al “todopoderoso”. De acuerdo con la opinión de la periodista Mariela Franzosi, “En línea con otros representantes de la nueva derecha regional, como el presidente brasileño Jair Bolsonaro, Camacho maneja un discurso con muy fuerte anclaje religioso [...] un discurso que, aunque intenta asociarlo con 'la paz y unidad del pueblo boliviano', termina cargado de racismo, odio de clase y provocación”. BBC Mundo reportó que “en su última aparición en su ciudad (Santa Cruz), en uno de los varios cabildos contra Evo Morales que se organizaron, Camacho irrumpió en escena acompañado de una imagen de la Virgen María y con una cruz como telón de fondo”.



Otro personaje a ser considerado es el presidente del Comité Cívico de Potosí, muy cercano a las posiciones de Camejo y sobre todo manteniendo una retórica antipolítica via libre para la entrada al populismo.



El gobierno del siempre complaciente con las dictaduras de ultraizquierda Andrés López Obrador, concedió el asilo político a Evo Morales, sin antes este haberlo solicitado, y ya, Morales se encuentra en México llevado hasta allí en un avión de las fuerzas armadas de México. Pero todavía el conflicto boliviano no se ha resulto. La solución deberá encauzarse por medios políticos y ajustados a la Constitución, de lo contrario la anarquía prevalecerá o se abrirá paso al establecimiento de un nuevo gobierno dictatorial.



Algo que como conclusión debo agregar es que, la inteligencia del Partido Comunista de Cuba, no llegó a penetrar todas las instancias de las esferas militares de Bolivia como ha sido evidente en Venezuela, lo que permitió que el alto mando militar se pusiera del lado de la oposición y hasta reclamara la renuncia de todo el ejecutivo evista.

domingo, 2 de junio de 2019

LA CARTA DE AMLO A DONALD TRUMP – MI OPINION


Mario J. Viera



El pasado jueves, 30 de mayo, inopinadamente, Donald anunció vía Twitter su decisión de imponer cargas tributarias a todos los productos procedentes de México que entren en Estados Unidos bajo la exigencia de que ese país ayude reducir el número de inmigrantes indocumentados que llegan desde Centro América hasta la frontera sur estadounidense cruzando el territorio mexicano en largas caravanas.

El 10 de junio, Estados Unidos impondrá un arancel del 5% en todos los bienes que entran a nuestro país desde México, hasta el momento en que los inmigrantes ilegales que vienen a través de México hasta nuestro país, se DETENGA. La tarifa será incrementada gradualmente hasta que el problema de la Inmigración Ilegal se remedie…”, tuiteó Donald Trump. El pretexto para imponer tales cargas presupuestarias, lo dejó dicho, al siguiente día escribiendo en su cuenta de Twitter: "México se ha aprovechado de Estados Unidos durante décadas. Debido a los demócratas nuestras leyes de inmigración son malas (¿Habrá olvidado a Ronald Reagan y a George W. Bush?). México ha hecho una fortuna de los Estados Unidos por décadas, pueden solucionar este problema fácilmente. ¡Es hora de que finalmente hagan lo que se debe hacer!" Y dijo más Trump: "México debe recuperar su país de los cárteles y los narcotraficantes. Los aranceles son tanto para detener el tráfico de drogas como de migrantes ilegales". No propone un diálogo con vistas a la solución de ese conflicto, no envía a sus asesores ni representantes del Departamento de Estado a establecer un consenso con el gobierno de México para la solución del conflicto. Trump solo dicta un ultimátum, sin siquiera haberlo comunicado previamente por escrito al gobierno de ese país. Un claro caso de extorción.

Sí, Trump olvidó la Ley de Reforma y Control de Inmigración (IRCA) firmada por Ronald Reagan el 6 de noviembre de 1986; olvidó lo que entonces dijera Reagan: "Las futuras generaciones estadounidenses estarán agradecidos por nuestros esfuerzos para recuperar humanamente el control de nuestras fronteras y con ello preservar el valor de uno de los bienes más sagrados de nuestro pueblo: la ciudadanía estadounidense".

Casualmente, Donald Trump dio a conocer que el próximo 18 de junio iniciará su campaña presidencial para el 2020, algo que, en realidad, ha estado haciendo reiteradamente. Trump no ha dejado de estar en campaña electoral. Es evidente que su propuesta de frenar la inmigración masiva mediante sanciones económicas a México es parte de su paquete de campaña dirigida a su base política, predominantemente xenófoba, en especial, hacia los hispanos. Así lo entiende también Adolfo Laborde, profesor de relaciones internacionales e investigador de la Universidad Anáhuac (México) en declaraciones que le hiciera al canal de noticias de televisión ruso RT: “Como [Trump] no tiene una estrategia política que le pueda ayudar, está viendo a México como una opción electoral en un primer momento y como una acción de presión política para nuestro país para poder ceder en ciertos temas”. Así también lo ve el director del medio digital SDPnoticias, Federico Arreola cuando anota: “El presidente de Estados Unidos simplemente quiere un compromiso claro del gobierno de México en el sentido que Trump piensa más le beneficia en términos electorales. Un simple, contundente y reiterado ‘nos comprometemos a resolver ya el problema de la migración ilegal, haciendo todo lo que sea necesario para lograrlo’ habría bastado”.

Trump no se detiene a pensar en las consecuencias, que esa sanción económica impuesta sobre México, pudieran resultar sobre la transparencia de la economía estadounidense. Su objetivo es alcanzar la reelección y esquivar cualquier intento de Impeachment en su contra.

Y las consecuencias, todas son negativas. La revista Forbes expresó, tan pronto se conociera la amenaza de Donald Trump: “La bolsa de Nueva York registró una fuerte caída, golpeada por los temores de que la sorpresiva amenaza arancelaria del presidente Trump a México podría llevar a la mayor economía del mundo a una recesión”. De hecho, tal como se reportó en el diario español El País, Wall Street recibió el anuncio del gravamen general con una caída superior al 1% en tres de sus índices, aunque los valores más castigados fueron los de la industria automotriz. Jay Timmons, director general de la Asociación Nacional de la Industria Manufacturera de Estados Unidos, declaró: “Estos aranceles propuestos tendrían consecuencias devastadoras sobre las fábricas de Estados Unidos y sobre los consumidores estadounidenses. Hemos llevado nuestras inquietudes a los niveles más altos del gobierno, y los exhortamos vehementemente a considerar cuidadosamente el impacto de esta medida sobre las familias trabajadoras de todo el país”.

Por su parte, Neil Bradley, vicepresidente ejecutivo de la Cámara de Comercio de Estados Unidos, declaró: "Imponer aranceles en bienes provenientes de México es exactamente la decisión equivocada. Estos aranceles los pagarán las familias y empresas estadounidenses si no se hace algo para resolver los problemas reales en la frontera. En lugar de ello, el Congreso y el presidente necesitan trabajar juntos para solucionar los problemas serios en la frontera”. La Cámara de Comercio de EE UU está considerando demandar a la Administración Trump. En sus declaraciones, la Cámara de Comercio advierte que los aranceles pueden ser un obstáculo para la ratificación del tratado comercial, México-Estados Unidos-Canadá.  

En medio de este contexto se produce la carta de AMLO a Donald Trump. López Obrador no salió a convocar a sus seguidores a una concentración popular de rechazo al ultimátum de Trump, agitando conceptos nacionalistas como había acostumbrado hacer Fidel Castro; no le respondió a Trump manifestando su rechazo al imperativo de la Casa Blanca mediante el empleo de la concisión de un twitter. AMLO recurrió a un medio más decoroso: una comunicación por escrito dirigida al Presidente de Estados Unidos.

André Manuel López Obrador no es persona en especial que cuente con mis simpatías; sin embargo, he leído y hasta releído su misiva y sacado mis propias conclusiones al respecto. En mucho, concuerdo con los criterios expresados por Federico Arreola en su artículo “La carta de AMLO a Trump: brillantemente escrita, pero no llega al fondo del problema”. Ciertamente considero que es una carta brillantemente escrita, pero también que es un documento redactado con gran decoro. AMLO ante Trump actuó como un estadista, empleando un lenguaje mesurado y al mismo tiempo, admonitorio y firme.

No hubo diálogo antes de que Trump tomara tan irresoluta decisión y advierte López Obrador que no busca la confrontación, porque “ante cualquier conflicto en nuestras relaciones, por graves que sean, se recurra al diálogo y actuemos con prudencia y responsabilidad”. Consejo que no admitirá el residente de la Casa Blanca, como tampoco admitirá la sugerencia que AMLO le hace: “le propongo profundizar en el diálogo, buscar alternativas de fondo al problema migratorio [...] Creo que los hombres de Estado y aún más los de Nación, estamos obligados a buscar soluciones pacíficas a las controversias y a llevar a la práctica, por siempre, el bello ideal de la no-violencia”.

Intenta argumentar con los antecedentes históricos en las relaciones de México y Estados Unidos, habidas entre Benito Juárez y Lincoln o entre Lázaro Cárdenas y Roosevelt. Y aunque es cierto lo que al respecto señala Federico Arreola: “¿Hablarle a Trump de Juárez y Lincoln? Al primero, el presidente norteamericano probablemente no lo conoce. El segundo, seguramente le tiene sin cuidado”; pero AMLO le restriega en la cara a Trump, los principios democráticos que este pisotea, el derecho a la libertad de palabra; el derecho a la libertad de cultos; el derecho a vivir libres de temores; y el derecho a vivir libres de miserias; ¿No es acaso el reconocimiento de esos derechos sobre lo que se fundamenta la democracia estadounidense? AMLO, no grita, no vocifera consignas nacionalistas, AMLO rememora lo que parece olvidar el mandatario estadounidense. Así, simplemente.

Trump es patológicamente reacio a cualquier solución inteligente del fenómeno de la migración masiva, que ve como invasión, como turbas de criminales. “Los seres humanos no abandonan sus pueblos por gusto, sino por necesidad”, le aclara a Trump y le expone una solución a esas masivas caravanas de migrantes. ¿Quieres resolver este conflicto? Pues opta por “la cooperación para el desarrollo y ayudar a los países centroamericanos con inversiones productivas para crear empleos y resolver de fondo este penoso asunto”. Mucha culpa ha tenido Estados Unidos para que en esos países de Centro América estén en tales precarias condiciones que impulsan a sus ciudadanos a optar por la emigración con el historial de dictadores apoyados por las diferentes administraciones estadounidenses, principalmente republicanas, durante el periodo de la guerra fría y el sostén a la poderosa United Fruit que hizo de aquellos países verdadera Repúblicas Bananeras. “los problemas sociales no se resuelven con impuestos o medidas coercitivas”, le advierte AMLO a Trump. Sin embargo, ¿qué le importa a Trump esos problemas sociales si ni siquiera se preocupa por los existentes en casa?  

¿Por qué el ultimátum? “Usted sabe también que nosotros estamos cumpliendo con nuestra responsabilidad de evitar, en la medida de lo posible y sin violentar los derechos humanos, el paso por nuestro país”. ¡Sin violentar los derechos humanos! No como ocurre bajo la administración de Trump en Estados Unidos: “¿Cómo convertir de la noche a la mañana al país de la fraternidad para con los migrantes del mundo en un gueto, en un espacio cerrado, donde se estigmatiza, se maltrata, se persigue, se expulsa y se le cancela el derecho a la justicia a quienes buscan con esfuerzo y trabajo vivir libres de miseria? La Estatua de la Libertad no es un símbolo vacío”.  Aunque Arreola emplea una sátira sobre esto diciendo: “Para el colérico gobernante de aquel país (Estados Unidos), la Estatua de la Libertad es solo un atractivo turístico que genera divisas, venta de camisetas y llaveros y algo que mejora el paisaje para desarrollos inmobiliarios caros”.

No obstante, López Obrador, bajo una fórmula de cortesía y respeto, le da a Trump un repentino gancho de izquierda al hígado, “¡Uf, eso duele!” habrá tal vez exclamado Trump: “Con todo respeto ─ le dice ─, aunque tiene el derecho soberano de expresarlo, el lema “Estados Unidos primero” es una falacia porque hasta el fin de los tiempos, incluso, por encima de las fronteras nacionales, prevalecerán la justicia y la fraternidad universales”.

Dice AMLO que no busca confrontación, que no la quiere, pero le advierte: “recuerde que no me falta valor, que no soy cobarde ni timorato, sino que actúo por principios: creo en la política que, entre otras cosas, se inventó para evitar la confrontación y la guerra. No creo en la Ley del Talión, ni en el ‘diente por diente’ ni en el ‘ojo por ojo’ porque, si a esas vamos, todos nos quedaríamos chimuelos (es el que le falta uno o más dientes) o tuertos”. Es decir, que, si le obligan a la confrontación, él no será timorato y no le quedará más remedio que ambos, Estados Unidos y México se queden chimuelos o tuertos. Arreola considera que López Obrador no contestó “de manera proporcional a las amenazas de Trump”, y afirma: “Al presidente López Obrador le faltó decir con toda claridad que cada medida comercial de Estados Unidos que no favorezca a México será respondida con absoluta firmeza, esto es, que estamos más que dispuestos a entrar en la guerra comercial que él quiera. Y si ello le va a costar sufrimiento al pueblo de México, también generará desempleo y desequilibrios económicos en la sociedad estadounidense. El “ojo por ojo”, pues. Frente a los bravucones no hay de otra”. No obstante, de que esto es así, el tema quedó implícito en la carta firmada por López Obrador.

El penúltimo párrafo de la carta de AMLO, en mi opinión, al igual que en la de Arreola, fue un desacierto. No debió pedirle a Trump audiencia para el secretario de Relaciones Exteriores de México, Marcelo Ebrard. Como ha señalado Arreola: “¿Tenía sentido que el presidente de México pidiera al de Estados Unidos, ‘si para ello no tiene inconveniente’, instruir a sus funcionarios a atender a un grupo de representantes (del gobierno de México), encabezados por Marcelo Ebrard...?”, quienes viajarían a Washington “con la intención de llegar a acuerdos ‘en beneficio de ambas naciones’. ¿Es decir, Marcelo va a la capital de Estados Unidos sin cita? ¿Solo a sentarse por ahí a la espera de que alguien le abra un espacio para empezar a dialogar? ¿Y si no lo reciben? ¿Si la dan largas?

Lo que Trump debiera saber es que en Andrés Manuel López Obrador hay una buena cuota también de populismo y que dentro del pueblo mexicano existe un potencial enorme de nacionalismo. Debiera prestar oídos a lo afirmado por Jesús Seade, vicecanciller para América del Norte y negociador comercial mexicano: “Es algo desastroso, esa amenaza llevada a la acción sería gravísima (...). Si llegará a suceder debemos responder en forma enérgica. No nos vamos a quedar cruzados de brazos hasta el 10 de junio. Habrá que hablar duro con ellos y decir: ‘no se vale’”. O a lo que dijera José Antonio Meade Kuribreña, excanciller mexicano y excandidato presidencial del PRI en 2018 en un tuit: “Frente a la amenaza de @realDonaldTrump cerremos filas. La soberanía y dignidad de México nunca ha estado ni debe estar sujeto a negociación. Todo el apoyo. La soberanía y dignidad de México nunca ha estado ni debe estar sujeto a negociación. Todo el apoyo. ¿Creerá Trump que hacer pagar más a los americanos por sus importaciones de México resolverá el problema de la migración?"

viernes, 8 de febrero de 2019

El Mecanismo de Montevideo, un modo de dar un soplo de aire al madurismo


Mario J. Viera


Aplaudido por Granma, aceptado de inmediato por Nicolás Maduro, el Mecanismo de Montevideo, impulsado por México y Uruguay. propone una vía de solución sin condicionamiento al conflicto venezolano. Nada de proponer elecciones generales, no porque según el canciller uruguayo Rodolfo Nin Novoa, “Si pedimos elecciones en tal momento estamos imponiendo condiciones que dificultan el diálogo. Son ellos los que deben acordar. Vamos al diálogo sin condiciones. Júntense, hablen y arreglen”. Pero lo básico para la solución de la crisis venezolana es precisamente es de convocar a elecciones generales, porque ni la oposición, ni la mayoría de los países que reconocen a Juan Guaidó, reconoce como legítima las elecciones que le reconocieron un nuevo mandato a Nicolás Maduro.

Cuatro fases son las propuestas del Mecanismo de Montevideo para llegar a la solución del conflicto, todas dirigidas un sorbo de aire a la dictadura madurista, “diálogo inmediato” algo que ya la oposición desde antes ha rechazado por considerar que ya antes se intentó dialogar y no hubo resultados positivos; “negociación”, pero negociar ¿qué?; “compromisos”, pongo un signo de interrogación, “?”; y, por último. “implementación” de todos los compromisos contraídos mediante el diálogo y la negociación.

Por supuesto, los cancilleres de México y Uruguay hacen una importante recomendación a ambas partes a “respetar los derechos humanos” con lo que igualan a la oposición con los métodos de violenta represión que ha impulsado el madurismo por intermedio de la guardia nacional bolivariana. Ellos no condenan, solo le piden al régimen madurista el respeto a los derechos humanos y lo hace extensivo a la oposición.

No es de extrañar a buena acogida que le diera Nicolás Maduro a la iniciativa de México y Uruguay, y declara en tono triunfalista: "La primera reunión para ayudar y propiciar un diálogo por la paz en Venezuela ha sido todo un éxito y ratifico todo el respaldo al plan de las cuatro fases que está proponiendo el mecanismo de Montevideo integrado por México, Uruguay y los 14 Gobiernos del Caribe más Bolivia".

Es una desvergüenza de parte del México del izquierdista Andrés Manuel López Obrador y del Uruguay del izquierdista Tabaré Vázquez, proponer una tímida solución a un conflicto abierto entre dos posiciones irreconciliables, entre la que sustenta una dictadura y la que sustenta una oposición democrática, solución tímida y sínica; es como afirma Pedro García Otero, columnista del Panam Post: “Si a Tabaré Vázquez y a Andrés López Obrador les queda un mínimo de buena fe, no deberían impulsar un diálogo interminable que solo sirve para que el régimen venezolano se afinque en su posición y en su represión”.

Tabaré Vázquez y AMLO está entonando el canto del cisne para la izquierda bananera de América Latina.