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martes, 18 de noviembre de 2014

Ni es Estado ni es Islámico: 'Daes', terroristas

Fernando Lázaro. Blog Bajos Fondos. EL MUNDO
Terroristas de 'Daes', junto a sus víctimas.

Durante muchos, demasiados, año, los terroristas lograron imponer su lenguaje en España. Durante muchos, demasiados años, los periodistas nos dejamos seducir por términos como lucha armada, aparato militar, aparato logístico, comandos, acciones... todo un lenguaje de guerra, que era justo lo que buscaban los 'malos', que no se les tratara como como lo que son: asesinos, terroristas. Caímos en la trampa, como si hubiera una guerra y hubiera bandos. Y eso nos pasó con ETA.

Ahora, de nuevo, en el siglo XXI, vuelve el debate, vuelve la controversia. Ni es un Estado, ni es Islámico. Los terroristas, los herederos de Osama Ben Laden, aquellos que han logrado fagocitar a Al Qaeda, han logrado también trasladar su lenguaje. Cuantas veces se habla de inmolación para describir un atentado suicida, cuantas veces hablamos de la yihad con la connotación religiosa que tiene, cuando simple y llanamente es un atentado criminal... Ahora, tratan de vendernos que son Estado Islámico, que son algo más que un complejo y completo grupo de terroristas organizados como si fueran un Ejército. 

Una pandilla (muy numerosa) de carniceros cuyos objetivos están claros: primero crearse un estado y después ir saldando lo que consideran que son sus deudas históricas. Y desde el minuto uno, tratando de sembrar el miedo, con sus vídeos de crueldad difícilmente superable.

Por eso es importante que la batalla del lenguaje no la ganen. Como de forma clarificadora explica la investigadora del IEEES (Instituto Español de Estudios Estratégicos) Blanca Palacián de Inza, la denominación de Estado Islámico no es acogida de forma unánime y sigue siendo controvertida.

Y pone como ejemplo las decisiones adoptadas por el Gobierno francés, que ha preferido tomar el nombre que utilizan algunos medios de comunicación ─ como al-Arabiya ─, con idea de no legitimar a este grupo ni el califato que ha declarado. Esta investigadora constata que el gobierno galo considera que EI no es una denominación adecuada puesto que se trata de un grupo terrorista y no de un Estado, y además no representa al Islam.

Por este motivo se refieren a este grupo con el nombre de Daesh o Da'ish, que es la transcripción al alfabeto latino del acrónimo árabe de Al Dawla al Islamyia fil Irak Wa'al Sham. Se considera un término peyorativo por la cercanía fonética de palabras como "Daes", que significa "el que aplasta algo bajo sus pies" o Dahes: "el que mete cizaña". Además, en su forma plural, "Daw'aish" define a una agrupación de intolerantes que impone su punto de vista sobre los otros. Dahes también hace referencia a un periodo de caos y guerra entre las tribus árabes que tuvo lugar en el siglo VII.

"Daesh", por lo tanto, tiene bastantes connotaciones negativas por lo que se puede adivinar la intención del gobierno francés de utilizar este término como arma lingüística. Ni que decir tiene que el grupo terrorista ha expresado su disgusto con este término y ha amenazado al quien lo utilice, aclara Blanca Palacián de Inza.

Pero la batalla iniciada por los responsables de la seguridad de Francia no es aislada. Son muchos los servicios de inteligencia que tratan de dar y de ganar esta batalla: la consideran clave. Y no les falta razón. El lenguaje es fundamental. Si los terroristas logran confundir con su terminología, lo tendrán más fácil para que su propaganda empape.

sábado, 11 de octubre de 2014

Raúl Castro cancela la creación de una mezquita en La Habana

Carlos Alberto Montaner
 
Pedro Lazo Torres, alias "Imán Yahya”
Le pregunté por qué a un experto en el tema, conocedor de varios idiomas, exdiplomático en la región, y ésta fue su respuesta.

Querido CAM:

No sé si estás al tanto del dilema que se le presentó al gobierno cubano cuando una agencia religiosa turca ofreció construir una mezquita en La Habana Vieja para atender a los cientos de musulmanes que viven en la capital.

Según lo que he averiguado, el departamento de asuntos religiosos del PCC recibió el proyecto en abril y lo aprobó a comienzos de mayo. El proyecto consistía en un edificio de 32,300 pies cuadrados con capacidad para 500 fieles.

El diseño sería basado en la famosa Mezquita Ortakˆy en Estambul y la construcción sería financiada por Diyanet, la Fundación de Asuntos Religiosos de Turquía. Según la prensa turca, Diyanet ya ha ofrecido construir una mezquita en Haití.

Lo que me llamó la atención sobre el caso de Cuba es que el gobierno cubano canceló su beneplácito el mes pasado (septiembre), apenas cuatro meses después de haberlo otorgado. ¿Por qué el ‘volte face’?

El líder musulmán en La Habana es un cubano de 63 años, un sunita negro llamado Pedro Lazo Torres, alias "Imán Yahya”, ha puesto el grito en el cielo, quejándose que el gobierno permite la construcción de templos para los católicos cubanos y ortodoxos rusos pero no para los musulmanes e insiste en una explicación.

El proyecto fue presentado al PCC por Lazo y Mustafá Tuktun, subdirector de Diyanet, en abril. Quizás por coincidencia, un alto funcionario turco, Meviut Cavusoglu, delegado de Turquía ante la Unión Europea, viajó a La Habana a comienzos de mayo, tal vez para remachar el convenio. (Ostensiblemente, fue a celebrar el Primero de Mayo.)

He estado ojeando los diarios turcos desde comienzos de este mes, cuando se publicó la noticia de la retracción, y he notado que les echan la culpa a los hermanos Castro personalmente. Los diarios dicen que los Castro consideraron que la mezquita "no era necesaria" (cita exacta).

Algunos titulares entre los 30 y tantos diarios que yo ojeé:

"Hermanos Castro no permiten construcción de mezquita"

"Fidel prohíbe construcción de mezquita"

"Vetan construcción de mezquita en La Habana"

"No permiten a fundación religiosa turca construir mezquita en Cuba"

"Gobierno de Cuba dice que mezquita es innecesaria"

"Iglesia [ortodoxa rusa] recibe permiso, pero mezquita no!"

"Castro pone la lápida"

Es obvio que los turcos están furiosos por lo que consideran un insulto a Islam. Y también parece que los Castro se dieron cuenta de que, al dar más amplias facilidades a los musulmanes de Cuba y de afuera, podrían crear un peligro para sí mismos y para la región –un peligro que sería difícil controlar. Enorme dilema.

Dados los estragos que el Estado Islámico está causando en el Oriente Medio, sería una locura dar entrada a Cuba a musulmanes extremistas y ésa es probablemente la razón para cerrarles la entrada. Al menos, así lo veo yo.

En todo caso, los medios oficiales cubanos no han dicho ni pío sobre este tema. Todo lo que he leído proviene de la prensa turca, que cita las quejas de Lazo. Si te interesa el tema, te mantendré al tanto, según lo que yo pueda averiguar.


Ah, si utilizas estos datos, por favor mantenme anónimo como fuente. Gracias.

miércoles, 8 de octubre de 2014

Esta vez, sí, estoy de acuerdo


Mario J. Viera

La noticia nos la ofrece Cubanet: El gobierno castrista no da su pláceme para que se erija una mezquita en La Habana. Entonces Pedro Lazo Torres, de quien se dice es el líder de la comunidad musulmana de Cuba, pone el grito en el cielo, tal vez clamando a Alá y al profeta Mohammed. Y se enciende declarando que la decisión castrista, viola la libertad religiosa dentro de la isla, algo que es una realidad más grande que la mezquita de Ortaköy en Estambul.

Sí, los Castro no propician ni la libertad de conciencia ni la libertad de religión, ni ninguna otra libertad civil, pero me pregunto ¿Exigirán el señor Lazo Torres y el señor Wilfredo Ruiz, de la Asociación Musulmana Americana que se respete el derecho de los cristianos a ejercer su libertad de conciencia en los países sometidos a la maldición de la Sharía o que los que no crean en ningún Dios puedan vivir en paz sin persecuciones en los países musulmanes?

El Islam es bien extraño en la conciencia social cubana. ¿De dónde han salido esos cuatro mil musulmanes en Cuba? Cuba es y siempre ha sido, un país cristiano, predominante católico o mayoritariamente de fe sincrética. No puedo concebir a Cuba caminando hacia la formación de un califato.

Los califatos surgieron en el Cercano Oriente, en Turquía, en el África del Norte y en el sur de España, pero serían una completa aberración en el continente americano y más que aberración en una isla del Caribe.

El IS pretende erigir un emirato sobre Siria e Irak derramando sangre de cristianos, de agnósticos e, incluso, de musulmanes. Son bestias salvajes, enloquecidas por el fanatismo y las ambiciones; con la intolerancia propia del Corán, con el odio hacia todo lo que sea progreso.

Cuba ya tiene bastante con los Castro y con el estigma de ser un país aliado al terrorismo, sería apocalíptica su suerte si los piadosos musulmanes tropicales formaran en la isla su mezquita y sus escuelas donde se cobija el odio y se forjan los voluntarios del Estado Islámico.


Definitivamente, esta vez, sí, estoy de acuerdo con una medida tomada por el castrismo.

jueves, 18 de septiembre de 2014

Yihad contra Yihad

Mario J. Viera

¿Pensarán los musulmanes, cualesquiera que ellos sean, moderados, ortodoxos o fundamentalistas, que los actos de violencia fanática y criminal que practican muchos fervorosos musulmanes no pueden volverse contra ellos mismos y contra todo aquello que parezca musulmán?

¿Creen los musulmanes, los pacíficos, los yihadistas solapados, los temerosos, que no merecen ser vistos todos ellos como sospechosos de terrorismo?

¿Acaso en Occidente no pudiera surgir un movimiento del tipo yihadista contra los yihadistas del mundo musulmán que estuviera dispuesto a pagarles con la misma moneda de ellos y aplicarles la ley del talión bendita en el Coram?

¿Acaso el yihadismo, con su aberrante intolerancia hacia otros credos religiosos, su empecinado anhelo del califato mundial, con sus guerras sucias en el Medio Oriente, no están invitando a una poderosa coalición de las potencias de occidente a enfrentarle cual una nueva cruzada?

¿Creen los musulmanes de cualquier pelaje que Allah o que su profeta Mohammed les protegerá y les conducirá a la victoria frente al tremendo potencial militar de occidente?

¿No pudieran pensar los musulmanes, los que pasan por buenos y los que se presentan como duros, que ya el mundo se está cansando de ellos y que pudieran aparecer manifestaciones de represalias populares contra sus adeptos en los países donde existen comunidades de inmigrantes musulmanes?

¿Por qué los musulmanes, que dicen no ser yihadistas, no han condenado, perseguido y destruidos a esas facciones y a los imanes que predican la islamización del mundo por la fuerza?

¿Hasta cuándo la fidelidad que muestra el mundo occidental hacia la democracia, la libertad de opinión y la libertad de credo estará cobijando alimañas que intentan minar desde dentro de sus sociedades las libertades ciudadanas e imponer un credo retrógrado, e intolerante?


Los musulmanes yihadistas han declarado la guerra a la civilización y se hace imprescindible que el mundo civilizado le declare la guerra a muerte, la guerra de exterminio, sin piedad, al yihadismo musulmán aunque se tenga que recurrir a los métodos más expeditos.

jueves, 11 de septiembre de 2014

“Cruzada” inevitable


Vicente Echerri. EL NUEVO HERALD

Salvo por los nuevos armamentos y tecnologías, el anuncio de la reciente coalición que encabeza Estados Unidos contra el agresivo califato islámico, establecido por el terror en parte de Siria e Irak, tiene un sabor antiguo. No se ha llamado una “cruzada” porque ese nombre produce un instintivo repelús entre los musulmanes con los cuales, desde luego, hay que contar para esta campaña; pero de algo parecido se trata. No es una guerra religiosa, pero sí un choque de civilizaciones, entre Occidente, que es hoy más una cosmovisión que un concepto geográfico, y estos movimientos que se proponen la vuelta a la Edad Media a través de la violencia. El escenario tiene abolengo: Siria y Mesopotamia, donde se nos ha dicho que empezó la Historia y donde, según las religiones del Libro, tuvo su sede el Paraíso.

¿Por qué el fundamentalismo musulmán encuentra esta cantera de fanáticos —aunque se trate de una minoría entre los más de mil millones de mahometanos — dispuestos a cometer unas atrocidades (degüellos, lapidaciones, tortura, imposición exclusiva de su fe) que los avances científicos y tecnológicos del mundo reducen a primitivos actos de barbarie? ¿Cómo pueden estos jóvenes nacidos en la era espacial y de las vertiginosas comunicaciones — de las cuales se valen, además, para su propaganda — aspirar al establecimiento de un despotismo arcaico en medio de un desierto? Y algo más importante aún, ¿por qué Occidente, ápice de la cultura del mundo, tiene el deber de combatir este fenómeno hasta su erradicación?

La respuesta a todas estas interrogantes es una sola: la globalización; que el mundo se haya reducido en grado notable, y que apenas queden resquicios donde no se ejerzan los medios y arbitrios de Occidente, provoca un profundo sentido de frustración y de acoso entre estos beduinos que ven sus “valores” amenazados y preteridos por la pujante sociedad de consumo que dicta el orden universal. La religión tradicional, sea ésta cual fuere, es la primera víctima de la desafiante contemporaneidad, que la despoja de sentido y la reduce a un cascarón litúrgico. El cristianismo tiene, por su propia naturaleza sincrética, mayor elasticidad para enfrentar este reto. El islam, en su desnuda elementalidad, ve en ese nuevo orden un peligro mortal, al menos por boca de sus portavoces más enfáticos que quieren ampararse en la pureza de una religión que perciben culturalmente sometida. La militancia terrorista es la expresión desesperada de una fe que no se resigna al folclore en que la convierte el mundo actual.

Por la misma razón de vivir en un planeta que se nos ha empequeñecido y en el que nuestra sociedad dicta las pautas (democracia, respeto a los derechos humanos, libertad de comercio, etc.), Occidente tiene la obligación de enfrentar y aniquilar estos brotes de barbarie dondequiera que aparezcan, y de los cuales el llamado Estado Islámico presenta actualmente la mayor virulencia. Dicho de otra manera, este califato surge no tanto contra el tiránico régimen de Siria o el débil, desunido y corrupto gobierno de Irak, sino contra el orden occidental, que impone sus reglas en todas partes. De ahí por qué el secretario de Estado John Kerry dijera esta semana que el mundo no puede observar pasivamente la propagación del “mal” que representa el Estado Islámico y que era preciso poner en vigor un “plan global” para derrotar lo que, por su parte, el nuevo primer ministro iraquí catalogó de “cáncer”.

Pese a la claridad con que se presenta este desafío, sigue habiendo voces en Occidente — tanto en Europa como en Estados Unidos — que, en nombre de un pacifismo a ultranza o mal entendido, insisten en que nos mantengamos al margen de cualquier ejercicio bélico. A esta gente le repugnan las bombas americanas que están cayendo nuevamente en Irak — y que caerán muy pronto en Siria — para ayudar a la liquidación de un fenómeno cuya sola existencia amenaza el sistema que nuestras sociedades encarnan. Algunos hasta han llegado a decir que tendríamos que hacernos a la idea de convivir con ese califato.


Esperemos que el aldeanismo de ciertos políticos no logre descarrilar la obligación — que el presidente Obama ha empezado a ver con claridad — de combatir y derrotar, dondequiera que se presente, al extremismo islámico que, como dijera Borges del nazismo, “adolece de irrealidad […] es inhabitable”.