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viernes, 14 de octubre de 2022

LO QUE NOS ENSEÑAN LAS PROTESTA EN IRAN

 

Mario J. Viera

 


Podemos, los cubanos extraer importantes enseñanzas de las protestas y del sentido de estas que se está produciendo en Irán, para cotejarlas con la realidad cubana. Tomo a colación, un reporte de la agencia EFE que trata sobre las actuales protestas iraníes, presentado bajo el titular “Protestas en Irán: ¿estamos ante una nueva revolución?

En este artículo que firma Jaime León, el reportero toma como base para sus conclusiones los recuerdos del periodista polaco Ryszard Kapucinski quien en 1979 se encontraba en Irán y fuera testigo de los acontecimientos de la revolución popular que derrocara el gobierno del último sah de Persia, Mohamad Reza Pahlavi.

Kapucinski en su libro “El Sha o la desmesura del poder”, escribió que aquella revolución comenzó cuando un hombre dejó de tener miedo frente a un policía que le encaraba a gritos, el hombre, participante en una protesta ocurrida la ciudad santa de Qom, se mantuvo impávido frente a los gritos del policía mirándole de manera desafiante a los ojos: “No sabemos si el policía y el hombre de la multitud se han dado cuenta de lo que acaba de ocurrir. De que el hombre de la multitud ha dejado de tener miedo y de que esto es el principio de una revolución”, así reproduce León las palabras de Kapucinski.

Anotemos, la revolución iraní, en 1979 comenzó cuando se perdió el miedo; ¿Acaso eso mismo no se está presentando en Cuba, la pérdida del miedo? Muchos cubanos protestan y como el hombre de Kapucinski, retan a los policías y no se retiran. Kapucinski recuerda que durante las manifestaciones iraníes de 1979 la multitud coreaba, “el sah debe marcharse” y “muerte al sah”; lo mismo resuena ahora cuando se grita en las calles “muerte al dictador” en referencia al líder supremo Ali Jameneí; ¿Acaso estos gritos no tienen la misma semejanza con los clamores de las protestas cubanas de “Díaz Canel, singao”?

En Irán la consigna del momento es la de “mujer, vida libertad” que parece como el eco de la consigna sencilla que se gritó en las manifestaciones del 11 de julio, “Patria y Vida”. Ciertamente existen similitudes entre los reclamos iraníes y los de los cubanos que protestan y exigen.

Kapucinski, como lo reporta EFE, presenció en aquel entonces de 1979, “una anchísima y agitada marea humana, que no tiene fin y que fluye por la calle principal desde la madrugada hasta la noche” de gente protestando. Y acota León que ahora, en Irán, “no hay ‘mareas humanas’, muy lejos de ello”. Las protestas han ido evolucionando, hace notar León, ahora se centran más en pequeñas concentraciones, esporádicas y dispersas. ¿No es esto lo mismo que ocurre en Cuba? Durante las protestas sindicales y protestas populares que se lanzaron en 1933 contra el gobierno autoritario del presidente Gerardo Machado se produjeron unas verdaderas marejadas de protestas. Esto, hasta ahora, tal como las protestas de Irán en 1979, en Cuba, no representa “una anchísima y agitada marejada humana”.

Constata León que solo una pequeña parte de la población se ha sumado a las protestas, sobre todo adolescentes y universitarios. ¡Sobre todo adolescentes y universitarios! En Cuba, durante las protestas actuales y las del 11 de julio, todas de carácter espontáneo, contaron entre sus manifestantes a muchos adolescentes, pero el reclamo no ha llegado a las universidades ni a los centros de enseñanza secundaria, estudiantes y universitarios no han marcado pauta dentro de las protestas; y esto es algo imprescindible que hay que lograr.

León hace la siguiente observación: “En algunas zonas de protestas de Teherán, los conductores hacen sonar sus cláxones en una muestra de apoyo a los jóvenes, pero no se bajan de los coches porque no todo el mundo ha perdido el miedo”. En las últimas protestas ocurridas actualmente en Cuba se han producido cacerolazos; pero no todos las han secundado, “porque no todo el mundo ha perdido el miedo”. En Irán las llamadas a las huelgas no han tenido mucho efecto. En Cuba ni siquiera esto se ha producido. No ha habido una respuesta obrera, tampoco se ha llamado a los trabajadores para que se declaren en huelga en reclamo de sus derechos.

¿Se está produciendo una revolución en Irán o en Cuba? La respuesta es un simple no. Faltan elementos claves para generar un estado de revolución; entre ellos el más importante, la carencia de liderazgo, la aparición de un líder como fuera el ayatola Jomeini, uno como lo describe Kapucinski, con un “inquebrantable rostro de un hombre de gran determinación, de voluntad implacable y contundente que no conoce la vuelta atrás y, tal vez, ni siquiera la vacilación”. Pero tampoco se cuenta, ni en Irán ni en Cuba, con el liderazgo de una organización que encauce el enfado de los jóvenes, de los obreros, de los campesinos y del pueblo en general que quieren libertades.  Sin un liderazgo de conducción, no hay revolución, solo protestas que, a la larga, no representan una amenaza existencial para la dictadura cubana.

León cierra su artículo con lo expresado por una joven iraní: “Esto no es aún una revolución, pero podría ser la semilla de una revolución”. Es la semilla de la revolución, pero toda semilla para que germine requiere de cuidados, requiere de un cultivador que la nutra y cuide.

lunes, 22 de mayo de 2017

Donald Trump en Arabia y sus partidarios.... ¡FELICES!

Mario J. Viera



BBC Mundo se pregunta: “¿Por qué después de las críticas de Donald Trump al islam, Arabia Saudita es el destino de su primera visita al extranjero como presidente de EE.UU.?” Y responde: “Hay varias razones por las que la elección de Arabia Saudita como destino del primer viaje oficial de Donald Trump como presidente de Estados Unidos puede considerarse sorprendente”. Arabia Saudita, primer país que Donald Trump visita como presidente. ¡El primero! Y rememora BBC, que en febrero de 2016 sugirió que funcionarios sauditas habían sido cómplices de los ataques del 11 de septiembre y a lo largo de su campaña llegó al punto de identificar a Arabia como uno de los enemigos de EE.UU. y así era aplaudido febrilmente por sus fieles seguidores. Además, a finales de marzo de 2016 Trump le diría al New York Times: "Sin nosotros, Arabia Saudita no existiría por mucho tiempo", y dijo que consideraría detener las compras de petróleo de Estados Unidos a Arabia Saudita a menos que el Gobierno saudí aportara tropas en contra del Estado Islámico. "No se nos está reembolsando el tipo de tremendo servicio que estamos realizando al proteger a varios países. Ahora Arabia Saudita es uno de ellos", agregó Trump.

Y BBC ve como una de las razones para esa visita a Arabia Saudita la compra de armamento estadounidense por cerca de US$110.000 millones que hiciera el reino saudí, incluyendo “sofisticados sistemas de radares, aviones y barcos, por un valor US$109.700 millones”. Pero hay algo más, según BBC, Trump desea que Arabia haga inversiones en Estados Unidos: “Son cientos de miles de millones de dólares en inversiones en Estados Unidos ─ expresó jubilosos el magnate presidente ─ y trabajos, trabajos, trabajos”.

Los sauditas, tan taimados, tan astutos, ven la gran oportunidad económica y militar de tratar con el magnate que parecía “el enemigo”. No importa todo lo que afirmara Trump durante su campaña para captar a su ferviente electorado, así lo entienden los sauditas y así, nos informa BBC, lo que declara a The Wall Street Journal el ministro de relaciones exteriores saudita Adel al Jubeir: "La gente dice muchas cosas durante la campaña. Y yo no creo ni por un minuto que el presidente Trump sea anti nada”. ¿Bonito, verdad? Pero hay más, ellos le conocen bien, saben que a él le agrada resaltar, ser aceptado y aplaudido por todos y los árabes le dieron por el gusto. Le colocaron alfombra roja para ser recibido por todo lo alto y, como reporta The Associated Press, “mientras Trump y el rey de 81 años, que se apoyaba en un bastón, caminaban sobre la alfombra roja, aviones militares cruzaron el cielo y dejaron una estela en rojo, blanco y azul”. ¡Todo un espectáculo! Luego, el gran amigo ex enemigo, al igual que antes Vladimir Putin, Theresa May y Barack Obama, el rey le otorgó a Trump la condecoración que representa el honor civil más alto que concede Arabia, la medalla de Abdulaziz Al Saud. Luego Trump hasta se atrevió, muy alegremente, al participar en una danza tradicional de los árabes al compás de los tambores y del rítmico movimiento de los danzantes que agitaban espadas.

El gobierno saudí, lo tenía bien calculado, sabía que el más beneficiado con la visita del presidente de Estados Unidos y con los acuerdos a que se arribaran ellos serían los más beneficiados. Todo venía siendo preparado desde el pasado 30 de enero en una comunicación telefónica entre el rey Salmán bin Abdulaziz y Trump ambos acordaron que era importante “hacer cumplir de forma rigurosa el Plan Integral de la Acción Conjunta con Irán”. Riad estaba resentido con Obama por el acuerdo alcanzado en Viena con el gobierno iraní el 14 de julio de 2015 y suscrito además de Estados Unidos por China, Francia, Reino Unido, Rusia y Alemania. En esa ocasión, Trump fue fuertemente crítico con el acuerdo, que según Obama había “frenado la expansión de las armas nucleares en Oriente Próximo”, pero que él calificaba como catástrofe. El pacto de Viena se ha considerado como una victoria diplomática de la administración Obama facilitada por la llegada al ejecutivo del Irán en 2013 de Hasán Rouhaní, un hombre bien separado de las posiciones extremistas de su antecesor Mahmud Ahmadinejad, y tenido como un político moderado de centro. Por este pacto el gobierno iraní aceptaba la condición de no enriquecer el uranio por encima del 5%; reduciría además sus centrifugadoras que enriquecen el uranio necesario para elaborar una bomba atómica, asi mismo, suprimiría el reactor para la producción de plutonio y se comprometía a aceptar las verificaciones del Organismo Internacional de la Energía Atómica (International Atomic Energy Agency IAEA)

Por otra parte, los sauditas ni siquiera se sintieron ofendidos porque la Primera Dama Melania y la Primera Hija Ivanka, al descender del Air Force One a su llegada a Riad no optaron por cubrirse la cabeza como es obligatorio para las mujeres árabes. Nada que criticar porque esa regla exceptúa a las extranjeras; pero ¡Caramba, hombre! Trump olvidó un pequeño detalle al respecto. A la muerte del rey saudí, Abdalá bin Abdulaziz al-Saúd, luego de transmitir sus condolencias al nuevo rey, Obama el 28 de enero de 2015 haría una escala en Riad acompañado de Michelle Obama y de algunos funcionarios de gobierno para ofrecer sus condolencias, de manera directa, a Salmán bin Abdulaziz; pero Michelle no se había cubierto la cabeza... ¡Gran ofensa! Si no para los árabes, si para Donald Trump, que indignado por el sacrilegio de los Obama, soltó al siguiente día uno de sus tuit criticando a la Primera Dama: “Many people are saying it was wonderful that Mrs. Obama refused to wear a scarf in Saudi Arabia, but they were insulted.We have enuf enemies”  ─ “Mucha gente está diciendo que fue maravilloso que la señora Obama se negara a llevar velo en Arabia Saudita, pero ellos fueron insultados. Ya tenemos suficientes enemigos”.

Los fervientes admiradores de Donald Trump, aplauden entusiasmados el fortalecimiento de las relaciones conseguido con esta visita presidencial a un país donde se practica, con todo su rigor, la ley de la Sharía. Ni lo aplaudo, ni lo critico. Está haciendo, simplemente, lo que tantos presidentes de Estados Unidos han practicado desde el gobierno de Franklin D. Roosevelt. En Arabia Saudí los derechos humanos ni siquiera son papel mojado, ¡No existen!, pero el gobierno saudí es bien astuto y este asunto de los derechos humanos lo tiene sin cuidado; conocen su importancia estratégica en el Medio Oriente, saben que son la contraparte del Estado Islámico de Irán su natural enemigo y tienen en cuenta el poderío que le otorgan sus pozos petroleros. Son una pieza importante en el plano estratégico, por eso sus relaciones se las diputan Rusia, Gran Bretaña y Estados Unidos.  


Lo que resulta más interesante de todo este asunto es que ahora los obstinados simpatizantes y seguidores de Donald Trump no levantan su indignada voz por este acercamiento del presidente con el gobierno de Riad, como acostumbraban a hacer en contra de Barack Obama por sus relaciones con un país tan violador de los derechos humanos como es Arabia Saudita. ¡Cuántas cosas dijeron! Ahora están callados. Estados Unidos es el gran amigo de los árabes y ya no se menciona “el terrorismo islámico” que tanto mencionaba Trump. Ahora Trump y sus seguidores son conciliadores: “Ésta no es una batalla entre distintas religiones, distintas sectas o entre civilizaciones. Ésta es una batalla entre los criminales bárbaros que quieren acabar con la vida humana en nombre de la religión y las personas decentes de cualquier fe que buscan protegerla... Ésta es una batalla entre el bien y el mal. Cuando vemos la sangre no vemos la religión de las víctimas… Son hijos de Dios”. Parece ser que los seguidores de Trump serán la negación de la negación... ¿Mirarán con buenos ojos a los que practican el islamismo? ¿Estarán dispuestos a recibir a los refugiados de Siria y de Irak, que también “son hijos de Dios”? 

domingo, 24 de febrero de 2013

El Caso Irán-Argentina


Alberto Benegas Lynch. DIARIO DE AMERICA

El gobierno argentino acaba de firmar un infame y bochornoso acuerdo ─ más precisamente un peculiar tratado ─ de nueve oscuros puntos con el estado policial de Irán por el que se traslada parte del proceso judicial a Teherán bajo la grotesca y patética argumentación que es “para esclarecer” los atentados terroristas perpetrados en Buenos Aires instigados por sospechosos iraníes contra la AMIA y la Embajada de Israel.

La tiranía iraní está además en dificultades por la inflación del 110% anual que padece y por las trifulcas entre líneas internas de bandoleros que apuntan a un posible juicio político contra Mahamoud Ahamadimejad, no por sus permanentes atropellos al derecho, tanto en el orden interno y como en el externo, sino por no haber sido suficientemente dúctil a las órdenes criminales emanadas de sus fanáticos jefes.

Los gobernantes de Irán, negadores del Holocausto y que propician el exterminio del estado de Israel, reiteran que el acuerdo de marras “significará estrechar nuevos lazos con Argentina” lo cual permite conjeturar toda clase de arreglos clandestinos tal como viene ocurriendo en Cuba, Venezuela y Ecuador. Entre otras muchas cosas, con este inaudito acuerdo se pretenden suplir las barrabasadas del gobierno argentino en materia energética.

Esto es lo que suele ocurrir con los aparatos estatales que alardean de patrioterismo en el contexto del uso y abuso de la noción de soberanía. Tal como lo ha puesto de manifiesto Bertrand de Jouvenel en su tratado sobre los estados modernos, la soberanía corresponde exclusivamente al individuo. Constituye un resabio de la monarquía absoluta aplicar este concepto a los gobiernos y más recientemente en la Argentina a la atrabiliaria idea de la “soberanía energética” (una política estatista que conduce a energía más cara y más escasa) y la “soberanía monetaria” (una política que destroza el signo monetario local). Tampoco es pertinente aludir a la “soberanía territorial” sino más bien a la jurisdicción territorial. En el caso que nos ocupa, el gobierno argentino ha renunciado a la llamada “soberanía judicial”, más propiamente a la jurisdicción de la justicia argentina al permitir la intervención de “jueces” iraníes, además con la constitucionalmente inadmisible intromisión del Poder Ejecutivo en el ámbito del Poder Judicial al violar de modo fragrante el principio del juez natural.

Este caso gravísimo que comenzó con la complicidad del gobierno argentino de los noventa, el actual ahora se asocia con los sospechosos de los horrendos atentados criminales mencionados en esta nota, en un cuadro de situación en el que ex terroristas de los años setenta ocupan cargos relevantes en la presente administración…y todo esto en nombre de los “derechos humanos”.

Esta decisión aberrante de los gobernantes argentinos del momento, originalmente se pretendió basar en el caso de Lockerbie alegando que el juicio a los responsables libios se llevó a cabo en un tercer país, situación aquella completamente distinta ya que la voladura del avión de Pan-Am fue sobre territorio escocés, de ahí que fueron jueces escoceses los designados para juzgar, no por tratarse de un tercer país. Luego, bajo los auspicios de las Naciones Unidas, se decidió el juicio en Holanda y debido a las razones apuntadas bajo el sistema legal de Escocia y con magistrados escoceses. Pues bien, finalmente los funcionarios argentinos abandonaron la idea del tercer país para ir a la boca del lobo.

Las nuevas políticas de los gobiernos de Estados Unidos y Alemania se ubican en un plano completamente distinto al caso argentino. Se trata de evitar la inaceptable figura de la “invasión preventiva” a la que se recurrió en la fantochada de Irak (y véase los últimos fiascos en Egipto-Libia, donde la “primavera árabe” se convirtió en un caótico y crudo “invierno árabe”). Se trata de recurrir a políticas disuasivas de diverso tenor al efecto de mitigar el peligro de las armas nucleares en poder de un aparato terrorista como el de Irán. Es de gran relevancia recordar los peligros de las intervenciones militares puntualizados por los sabios Padres Fundadores, incluyendo al general Washington quien, siendo Presidente, en 1795, extendió su preocupación y consejo para el futuro en el sentido de “mantener a los Estados Unidos fuera de toda conexión política con otros países” y, también siendo Presidente, el general Eisenhower, en 1961, advirtió de “los riesgos para la libertad que presenta el conglomerado industrial-militar de Estados Unidos”. Es como afirmó John Quincy Adams en 1821: “América [del Norte] no va al extranjero en busca de monstruos para destruir. Desea la libertad y la independencia de todos. Es el campeón solamente de las suyas. Sabe bien que alistándose bajo otras banderas que no son la suya […] podrá ser la directriz el mundo pero no será más la directriz de su propio espíritu”.

Debe recordarse que fueron tropas norteamericanas y soviéticas las que entronizaron al Sha en el gobierno (después de derrocar a su padre) para repudiarlo después de 29 años en el poder y abrir las puertas a los fanatismos criminales de los ayatollah. El Sha acumuló los títulos de Rey de Reyes, Sombra del Todopoderoso, Nuncio de Dios y Centro del Universo. Como bien documenta Ryszard Kapuscinski, el Savak, la policía secreta del Sha, torturaba a sus opositores encerrándolos en bolsas de arpillera con serpientes venenosas, clausuró diarios independientes y estableció una férrea planificación estatal que imposibilitó el progreso del país. No es asunto menor que también el gobierno norteamericano entrenó y financió a Saddam Hussein en la guerra contra Irán de 1980 a 1988.

De cualquier manera, estas políticas nada tienen que ver con la renuncia a encontrar la verdad en la investigación de los actos criminales que causaron tantas muertes y tanto dolor en tierra argentina. Denominar “Comisión de la Verdad” a lo que se instalará próximamente en Teherán es un insulto a la inteligencia y una bofetada a la buena fe. El descaro, la desfachatez y la cobardía moral con que se aprobó el antedicho acuerdo en medio de ocultamientos, ambigüedades y subterfugios, constituye una afrenta a la Justicia y un enorme peligro para la seguridad futura.

Estamos viviendo una era de hipocresía mayúscula. En el contexto de lo señalado, el colmo del cinismo acaba de exhibirse en Santiago de Chile, en la reunión del Consejo de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) que declara en sus estatutos que se establece para preservar los valores democráticos. Henos aquí que en esa reunión se eligió Presidente pro tempore nada menos que al sátrapa Raúl Castro en representación de la isla-cárcel cubana, otra muestra de la falta de respeto a la civilización. Como lo hizo Cicerón en el Senado romano, es hora de exclamar “¡hasta cuando abusarás de nuestra paciencia Catilina!”

martes, 17 de julio de 2012

¿Qué está en juego en Siria?


Fernando Mires. Blog POLIS

En su estreno como Presidente de Egipto, Mohammed Mursi debe haber sufrido un choque cultural. Los primeros huéspedes que recibió después de haber sido elegido fueron Guido Westerwelle, ministro de relaciones exteriores de Alemania, quien no oculta su homosexualidad, e Hillary Clinton, no sólo una inteligente mujer, además, confesa admiradora de la salsa y de la cumbia.

No obstante, Mursi ya sabía que la política, si bien proviene de la tradición y la cultura, es un espacio distinto cuyo fundamento es el reconocimiento del otro, basado en la aceptación de las diferencias; y en el cual para buscar la unidad hay que partir de la desunidad.

Por lo demás Egipto ha sido siempre un país multi-cultural. Y ahora ─ pese a que la fracción moderada de la islamidad gobierna a la nación ─ es, además, multipolítico. Mursi, en efecto, deberá lidiar todos los días con sectores pro-occidentales de la juventud universitaria, con ex militares nasseristas, con salafistas, y con diez millones de cristianos (coptos). Egipto, en fin, es un anticipo de lo que puede ser Siria cuando sea derribado el tirano. De ahí que no quepa duda: Uno de los temas centrales que abordaron Mursi y Clinton, fue el de Siria.

¿Qué está en juego en Siria? Mursi, así como los nuevos mandatarios de Túnez y Libia, lo sabe muy bien. La caída de al-Assad cerrará el primer ciclo de la revolución árabe, la de la derrota definitiva de las dictaduras legadas por la larga Guerra Fría. O dicho así: con la caída de al-Assad, serán sentadas las bases para el surgimiento de una Arabia política, condición para que alguna vez pueda ser cumplida la utopía de una Arabia democrática. Eso quiere decir que mientras al-Assad tiranice a su nación, la revolución árabe será una obra inconclusa.

La configuración de una unidad política árabe puede significar ─ en ese proyecto Obama está muy interesado ─ el comienzo de un nuevo tipo de relaciones entre el Oriente Cercano con Europa y los EE UU. Eso no curará, por cierto, las heridas aún no cicatrizadas dejadas por un oprobioso pasado colonial ni por el militarismo norteamericano. Pero sí puede ser el inicio de una nueva alianza cuyo principio será el reconocimiento de objetivos diversos en el marco de una comunidad de intereses que abarcan diversos temas que van desde los religiosos, pasando por los migratorios, hasta llegar a los económicos y ecológicos. Los EE UU no renunciarán por cierto a su condición de potencia hegemónica. Pero no sólo los demócratas, también los republicanos ya entienden la diferencia que existe entre la hegemonía política internacional y la simple dominación militar.

Luego, la caída de la dictadura Siria significará el definitivo fin de la Guerra Fría. Pues no nos olvidemos: todas esas dictaduras que asolaban la región, surgieron de rebeliones nacionales apoyadas por el imperio soviético en contra de las pretensiones coloniales de occidente. Hoy en cambio los roles han sido invertidos.

Mientras la Rusia de Putin comprometió su suerte en defensa de las dictaduras militares, los países occidentales han apoyado desde un comienzo a las revoluciones que han tenido lugar en el mundo árabe. Visto así, la caída de al-Assad significará el ocaso del “orden internacional soviético” que Putin se ha obstinado en defender en la región.

Significará también el fin de la triple alianza: Rusia- Siria- Egipto. Y si eso ocurre, Rusia deberá buscar un nuevo lugar en el mundo, ya sea, como Lenin indicó una vez, “hacia Oriente”, o como miembro de una comunidad europea la que, aceptemos, no es por el momento demasiado atractiva.

Ahora bien, si con la derrota de la dictadura de Siria colapsa la alianza fraguada entre Rusia, Siria e Irán, esta última nación habrá perdido el único apoyo que tiene en la zona árabe, lo que significa aceptar que Irán quedaría aislado en la región. O en otras palabras, la derrota de la dictadura siria sería también una derrota iraní. En esas condiciones, Irán sólo tendrá tres alternativas.

La primera alternativa no depende de Irán sino de Rusia, y pasa por la transformación de la triple alianza en una alianza dual. La segunda, si una debilitada Rusia abandona sus aventuras en el Oriente Medio (ahí la diplomacia europea deberá jugar un papel central) a Irán le quedaría la alternativa del auto-encierro ─ algo así como una Corea del Norte chiíta ─ posibilidad muy difícil, dada la dependencia tecnológica de Irán con respecto a occidente.

La tercera alternativa, por cierto la más deseable, sería la de una apertura de Irán hacia occidente. Pero ese hecho depende de una nueva correlación de fuerzas tanto al interior de la casta dominante como en el conjunto de la sociedad iraní. Bajo esas condiciones, Irán podría negociar, manteniendo como reserva su carta atómica, pero en condiciones más desfavorables con respecto a las que, gracias al apoyo ruso y sirio, goza en la actualidad.

He dejado para el final la parte más importante de todo lo que está en juego en Siria. Esa parte tiene que ver con la enorme cantidad de vidas humanas que podrían ser salvadas si esa maldita dictadura es desalojada de una vez por todas del poder. ¿Por qué he dejado esa parte para el final? Por una razón muy sencilla: porque no estoy seguro si esa, la parte más importante, es la que más importa a los gobiernos de esta tierra. 

¿Y los chinos? Por el momento a los chinos no les interesa la política. Donde haya algo que comprar o vender, ahí estarán los chinos.