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domingo, 14 de enero de 2024

DE NUEVO LOS “PUENTEROS” DE CARLOS LAZO

Mario J, Viera



Convocar marchas y caravanas de reclamos dentro de una democracia no conlleva contratiempos, acosos policiales o cargas violentas contra los participantes; no hay peligro de que sean encarcelados, sometidos a juicios parcializados que les condenen a largos años de prisión bajo la acusación de sedición. En Cuba, su pueblo no puede, o al menos se le tiene prohibido manifestarse públicamente en reclamos al gobierno.

Carlos Lazo, el “gran activista” a favor de los interese de la dictadura pececista hace un llamamiento a cualquier cubano, dondequiera que esté, a cualquier persona amante de la paz y que sienta como suyo el sufrimiento del pueblo de la isla, “sometido al cruel e inhumano bloqueo”, un “bloqueo” que le permite al régimen de La Habana surtirse de sal, de arroz, de carne de pollo y de muchos otros importantes ítems de la canasta familiar.

Las sanciones económicas unilaterales impuestas por Estados Unidos contra la casta política de Cuba, quizá pueda causar algún daño reflejo dentro del pueblo cubano. Sí, puede ser. Buscar empatía hacia el sufrimiento del pueblo de la isla, es un acto digno. Si todos se unieran en una marcha o en una caravana sintiendo como suyo el sufrimiento de un pueblo sometido, no a embargos comerciales, sino al cruel e inhumano poder de una dictadura, como la que en Cuba rige bajo los designios del Partido Comunista de Cuba, esto sí sería el acto más digno para conmemorar el 171 natalicio de José Martí. Tomar el nombre de José Martí en defensa de la mentira, en defensa de una tiranía, es una ofensa al gran mentor e indigno de llamarse cubano.

Propone Lazo con aurea de liderazgo: “Salga a la calle, saque una bandera, envíe un mensaje en redes sociales, haga sentir su voz”, no en Cuba, ¡Dios le libre!, en Estados Unidos, y no a favor de la libertad en Cuba, sino a favor de la dictadura comunista.

Y cita el puentero mayor una frase de apóstol de nuestras libertades: “"los hombres van en dos bandos: los que aman y fundan, los que odian y deshacen", y se atreve Lazo a decir que “nosotros, los puenteros, somos del primer grupo”. Dicho así, simplemente es totalmente falso asumir para sí una categoría como “los que aman y funden”. Los falsarios, los hipócritas, los demagogos, los que sirven de puentes para darle calzada ancha a una dictadura jamás pueden ser considerados como los que aman y fundan.   

sábado, 30 de diciembre de 2023

¿Terroristas? ¡Vamos, hombre, no exageren!

 

Mario J. Viera

 

Ilustración tomada de EL TOQUE

¿Recuerdan aquella propuesta del régimen del PCC pretendiendo demandar a Estados Unidos “en Proceso Ordinario sobre Reparación de Daños e Indemnización de Perjuicios” como si fuera una planteada por todo el pueblo cubano, aunque solo suscrita por las organizaciones satélites del Partido comunista? Tal demanda, exigía a Estados Unidos el pago de una indemnización de más de 100.000 millones de dólares, en compensación por los ``enormes daños'' que, hasta entonces, su embargo económico había alcanzado en Cuba, fue presentada ante la Sala de lo Civil y de lo Administrativo del Tribunal Provincial Popular de Ciudad de La Habana con fecha 31 de mayo de 1999. Solo fue un divertimento más de la dictadura. ¡Todo un ridículo legal e incompetente! El chusco pronto quedó en el olvido.

Presentarse como víctimas siempre parece ser un buen recurso para la dictadura. Si se produce un 11 de julio que pone en aprietos a la dictadura, entonces, hay que alegar que las protestas no tuvieron causas internas, solo fue un intento desestabilizador promovido por “la mafia de Miami” y por Estados Unidos. No importa haber condenado a largas penas de prisión a cientos de los manifestantes de las protestas, lo que sí importa es mostrarse como si fuera la víctima que actúa en respuesta a una agresión externa.

Ahora, en este ya moribundo año de 2023, se capta con toda claridad el descontento generalizado de la población, su, cada vez más en aumento, rechazo hacia la dictadura. La crisis económica se agudiza, la incompetencia de los dirigentes del Estado se muestra en toda su desnudez. Crece en niveles nunca antes alcanzados la emigración, la fuga del país de miles de jóvenes que ya no soportan más las faltas de oportunidades que se ven en todo el país. La quiebra del sistema está a la vista…

La tiranía pececista está desesperada y furiosa con la espina que se le clava en la garganta de estar incluida en la lista de países promotores del terrorismo que le impuso Trump con el ansia de ganar votantes a su favor y la mantiene Biden para no ganarse el enojo de un elevado número de votantes en Florida. El régimen pececista no ha sido capaz de liberar las fuerzas productivas de la nación y ha chocado hasta con la tesis del marxismo ─ del cual dicen es su fundamento ideológico ─ sobre la correspondencia necesaria entre las relaciones de producción (Sistema de planificación central, en este caso) y las fuerzas productivas (industria, agricultura, minería…) para caer en un estado de crisis permanente, tanto económica como política y social, que solo podrá resolverse con la transición del actual sistema hacia otro más eficiente por medio de una conmoción social, tal como pudo ser el antecedente de las protestas masivas del 11 de julio. Las condiciones están presentes.

En estas condiciones de agonía, al régimen del PCC solo le queda, como recurso de subsistencia la implantación del terrorismo de Estado, del miedo, o acceder a la plañidera denuncia de presentarse como víctima de poderes externos y antagónicos, tal como lo deja sobre entendido en su ridícula Resolución 19/2023 y en su lista de supuestos terroristas atrincherados dentro de los espacios del exilio cubano. Si Cuba, bajo el poder del Partido Comunista, está colocada en la lista de supuestos países promotores del terrorismo, Estados Unidos debiera ser un país de igual categoría al acoger, bajo su protección, a un total de 61 individuos que el gobierno de Cuba cataloga como terroristas. Toda una variopinta lista de supuestos terroristas, que incluye a los de siempre, como algunos de los asociados al ya desaparecido Luis Posada Carriles y los nunca dejados de mencionar antiguos seguidores de la que fuera Fundación Nacional Cubano Americana (FNCA), como la estridente Ninoska Pérez Castellón y el opaco Luis Zúñiga Rey.

Aparecen en la relación otros, como Rodolfo Frómeta Caballero, fundador de Comandos F – 4; como Sergio Francisco González Rosquete, del Partido Unión Nacional Democrática, partidarios de la violencia como método de lucha frente a la dictadura del PCC y la aplicación de acciones similares a las seguidas por el Movimiento 26 de Julio en su lucha para alcanzar el poder. Sus actividades, más de exhibicionismo y aventurerismo político, han sido exageradas por la propaganda del castrismo. Apenas tienen seguidores dentro del exilio cubano. Hasta aquí se pudiera conceder cierta validez a los reclamos del gobierno de Cuba, pero sin perder de vista que nunca un gato puede llegar a ser tigre.

Entre los tantos presuntos terroristas se incluyen en la lista del MININT a Ramón Saúl Sánchez Rizo y a José Jesús Basulto León, el primero líder del Movimiento Democracia y de las Flotillas democráticas; el segundo conocido por su labor en la flotilla aérea Hermanos al Rescate, cuyas acciones pudieran ser consideradas como de reto al régimen pececista, pero de ningún modo de terrorista, Ninguno tienen en su haber actos terroristas como los ejecutados por el gobierno de Fidel Castro con el hundimiento del transbordador Trece de Marzo o el derribo de dos avionetas no artilladas sobre aguas internacionales que pretendían dar apoyo moral al encuentro de Concilio Cubano.

Otro de los supuestos terroristas, cuyo nombre se menciona en la  Resolución 19/2023 es el exoficial de la CIA Félix Ismael Rodríguez Mendigutía, con el número 38 del listado bajo el condicionamiento del Expediente Investigativo 12/2015, iniciado por la promoción de acciones militares contra Cuba un expediente que investiga hechos acaecidos en los años de los 60, cuando Rodríguez cumplía con la misión que la CIA le encomendara de infiltrarse en Cuba para organizar al movimiento anticastrista y darle apoyo a la invasión a Cuba por la zona de Bahía de Cochinos. Como oficial CIA, Félix Rodríguez participó en los planes de captura de Ernesto Guevara en Bolivia y fue testigo presencial del asesinato del guerrillero argentino.

Pero los voceros del Partido Comunista de Cuba no se conforman listando el nombre de los “terroristas de siempre”, necesita ampliar el recuento de nuevos “terroristas” a los que tiene que enfrentar en todo momento; un poderoso conjunto de enemigos “sin escrúpulos” siempre fraguando agresiones contra la estabilidad de Cuba; y se lanzan al ataque contra los representantes del actual exilio cubano y de los agresivos influencers ligados a las nuevas organizaciones de exiliados.

¿Terroristas? ¡Vamos, hombre, no exageren! En ese grupo de destacados “terroristas” se incluyen a personajes como Orlando Gutiérrez Boronat Secretario Nacional de la Asamblea de la Resistencia Cubana y coordinador nacional del Directorio Democrático Cubano, como Eliecer Ávila Cecilia, antes líder de la organización opositora en el exilio Somos Más y ahora destacado youtuber, y Eduardo Arias León, fundador de un prácticamente desconocido Partido Nacionalista Cubano. Junto a ellos el régimen de La Habana incluye a los influencers Alexander Otaola Casal, Liudmila (Liu) Santiesteban, Manuel Milanés Pizonero (empresario, influencer, miembro del Frente Antitotalitario Unido [FANTU] que preside Guillermo Fariñas), Alain Lambert Sánchez (Paparazzi cubano), y Jorge Ramón Batista Calero (Ultrack). Todos ellos, signados por el Expediente Investigativo 71/2021, “por incitar a la realización de acciones que afectan el orden social en Cuba, mediante actos violentos contra funcionarios públicos y el normal funcionamiento de entidades socioeconómicas; así como promover la agresión armada contra Cuba”.

Partidarios de la extremaderecha del Partido Republicano de Estados Unidos y seguidores del expresidente Donald Trump no quiere decir que sean por ello terroristas. Que Rodríguez Boronat considere que “A Cuba hay que reconquistarla para la civilización cristiana a la cual pertenecemos”; que haga alianzas con VOX, el partido ultraderechista y franquista español dirigido por Santiago Abascal, o se una en efusivo abrazo con Jair Bolsonaro del Brasil, no lo convierte necesariamente en un terrorista. Que haga un llamado a los militares: “Si los militares dan un paso adelante en contra de la dictadura cubana, el exilio dará tres pasos hacia ellos para respaldarlos en todo lo que esté a nuestro alcance”, no le hace necesariamente ser terrorista, Que todos ellos sean ardientes partidarios del asfixie económico del régimen de La Habana no necesariamente puedan ser definidos como terroristas. ¿Oportunistas? Sí, pueden serlos; ¿intolerantes? Sí, pueden serlos; ¿que hagan de la “Cuba Libre” un lucrativo negocio? Sí, pueden hacerlo; pero ¿terroristas? ¡Vamos, hombre, no exageren!

Cuando el gobierno usurpador del PCC los incluye en su listado de terroristas, tanto Orlando Gutiérrez Boronat, como Eliécer Ávila y como el patético Otaola, pueden hacer suyas lo dicho por Rodríguez Boronat: “Sentí un profundo honor al poder constatar lo efectiva que es nuestra lucha contra el régimen comunista de Cuba, con estas amenazas y este intento de amedrentarnos con su falsa legalidad". Ante el exilio quedan pues fortalecidos como los máximos representantes de toda la oposición, de toda la resistencia cubana.  El régimen del PCC les ha concedido un manto de impunidad ante toda crítica proveniente del sector democrático de la diáspora cubana, Criticar su oportunismo, su demagogia, su divisionismo se mirará entonces como acto de colaboracionismo con la dictadura. Quizá precisamente esto sea lo pretendido por la tiranía del PCC.  

sábado, 8 de abril de 2023

¿ES POSIBLE DERROCAR LA DICTADURA DEL PCC?

 

Mario J. Viera

 


Existe el criterio bastante generalizado de que en una dictadura totalitaria no existen medios algunos para hacerle frente y provocar su caída. Estos criterios se fundan en hechos que pueden considerarse objetivos: existencia de un régimen policiaco y fuertemente militarizado; la criminalización del disenso; el poder de solo una fuerza política que controla todas las estructuras del Estado y hasta la propia vida personal de cada ciudadano; el poder de la propaganda y el control de todo medio de información; la ausencia del debate; las persecuciones y las cárceles y el desprecio absoluto de los derechos propios y naturales de todos; y, como corolario de todas estas condiciones, la formulación de la tesis de que “toda dictadura totalitaria cae, solo por la acción de fuerzas externas”.

Estas consideraciones inducen a la impotencia, y la impotencia conduce al abandono de toda esperanza, tal como anuncia el cartel colocado a las puertas del Infierno de Dante. Así, solo queda como opción, la resignación ante un mal que no puede omitirse, salvo si se acude a la huida, al autoexilio, o a la espera de que, desde el propio seno de la élitecracia, se origine un movimiento renovador de transformaciones democráticas, como el movimiento que en la Unión Soviética se creó con las políticas de la perestroika y el glasnost. Algunos ilusos se conformarán con la osadía de proponerle reformas democráticas al régimen o de pedirles a los jerarcas del poder que se abran al debate público. Hasta habrá quienes, desde su desencanto, se atrevan a denunciar públicamente las violaciones de los derechos humanos, civiles y políticos que el régimen usurpador comete contra sus ciudadanos.

Es imprescindible hacernos una interrogante: ¿Existe una posibilidad real de poder enfrentar con éxito al totalitarismo y aún más derrocarlo? Yo me atrevería a decir que sí, que existe esa probabilidad de vencer. Todo poder gubernamental se asienta sobre el acatamiento efectivo o tácito, y la obediencia y colaboración que la población le conceda. De ese acatamiento proceden todas las fuentes del poder, que Gene Sharp identifica en un total de seis: Autoridad o Legitimidad, Recursos humanos, Recursos materiales, Factores Intangibles, Habilidades y conocimientos, y Sanciones; y para el caso de un poder totalitario, incluyo, por mi parte, otra muy importante fuente de poder: la Hegemonía Política. De todas estas fuentes del poder, esencialmente son dos sobre las que debe actuar la oposición democrática para dar los pasos iniciales en el reto político al régimen totalitario: los recursos humanos y los factores intangibles; siendo los primeros, el número de ciudadanos que apoyan y obedecen a la dictadura; en tanto, los segundos se refieren a los hábitos y actitudes en relación con la obediencia y sumisión, y con la existencia de una ideología.

Históricamente está comprobado que las revoluciones se incuban en el seno de los pueblos, y estas solo estallan cuando aparecen los adecuados conductores para impulsar y dar forma organizacional al descontento popular. Existe el descontento generalizado dentro de la población en Cuba, callado, pero presente, solo se requiere una adecuada organización de carácter político más que, simplemente, civilista o reformista, y el liderazgo, la iniciativa, y la sagacidad. Una dictadura de larga data ejerciendo sin límites las sanciones para acallar el descontento, no se derroca solo con buenas intenciones. Se requiere para ello, constancia, trabajar en silencio, sin apresuramientos, pero sin perder tiempos, activistas entrenados, claridad de objetivos y disciplina.

En el libro “Cuba – Resistencia Noviolenta (Una propuesta para la acción)”, consideré necesario, para garantizar la dinámica y flexibilidad organizativa, crear “estructuras o secciones especiales, con amplia autonomía de decisión, bajo un principio de descentralización del liderazgo, aunque siempre en acorde con el plan estratégico (que se elabore para conducir las acciones), los principios y la disciplina de la resistencia de lucha noviolenta”. Estructuras estas que pudieran por ejemplo ser: 1) la Sección Juvenil; 2) la sección Obrera y sindical; 3) de Artistas e intelectuales; 4) de; Apoyo cívico; 5) de Campesinos y 6) la sección de Divulgación y Propaganda; todo ello dirigido al desarrollo de una labor multisectorial.

Debe quedar en claro que, en toda lucha cívica en contra de una dictadura puede siempre haber riesgos para los resistentes y que resulta básico abandonar el temor. Debe tenerse también presente, que no siempre las campañas que se emprendan puedan resultar exitosas, que siempre habrá caídas, pero teniendo presente que siempre habrá que reorganizarse para emprender nuevas acciones que se elaboren a partir del análisis de los fallos y los aciertos de cada campaña.

Cuando hay convicción, decisión y constancia en el movimiento de resistencia; cuando se alcance más experiencias, mientras más y más números de participantes se alcancen y exista una disciplina consciente de los principios no violentos, las posibilidades de éxito crecen exponencialmente, aún cuando se requieran meses para alcanzar la victoria.

Sí, es posible derrocar la dictadura del PCC con la acción coordinada de los principales sectores de la población.

lunes, 27 de marzo de 2023

DEJEN LA SONSERA, EN CUBA NADIE TIENE DERECHOS “CONSTITUCIONALES”, SOLO EL PCC LOS TIENE

 

Mario J. Viera


 

¿Cuándo se entenderá en Cuba que nadie tiene “derechos constitucionales” y que esos derechos solo los tiene el PCC? Hasta que esto no cale en la mente de los activistas de la oposición cubana se seguirán dando palos a ciegas. ¿Cuándo entenderán los ilusos de las plataformas independientes de “derechos” y “defensa” electorales, que la tan manida la Ley 127 o Ley Electoral de agosto de 2019, es susceptible de ajustes sobre la marcha de acuerdo con los condicionamientos del régimen?

Hay en Cuba, en la mentalidad reformista, grupos como Observadores de Derechos Electorales (¿Cuáles derechos electorales); como la Comisión Cubana de Defensa Electoral (¿defender, supuestos “derechos electorales”? derechos que jamás se alcanzarán mientras superviva el régimen del PCC); y como Ciudadanos Observadores de Procesos Electorales (“Observadores” no reconocidos por la dictadura ¿qué poder pueden tener para actuar como tales, cuando de inmediato son reprimidos por la seguridad del estado y obligados a mantenerse en reclusión domiciliaria mientras dure el proceso electoral?).

Las plataformas denuncian: “…en muchos colegios electorales se le negó la entrada a cualquier ciudadano, y muchos de ellos, también activistas, fueron detenidos, sus casas sitiadas, amenazados con fuertes represalias y hasta golpeados por el ejercicio de sus derechos constitucionales". Así, y siempre así, actuará una dictadura totalitaria como la existente en Cuba.

¿Línea civilista y sin confrontación y solo de carácter reformista? ¡Habrá que esperar por la aparición milagrosa de un Gorbachov cubano!

Desde la tranquilidad del exilio no les voy a proponer que sigan una línea de acción determinada, eso es asunto de los activistas de la oposición o de la disidencia interna en Cuba. No por ello tengo que inhibirme de criticar lo que considere equivocado en los métodos que se empleen para enfrentar al régimen, sean civilistas, reformistas o violentos o como puedan definirse. No obstante, considero que la labor de convencimiento para el impulso del abstencionismo electoral fue deficiente confiando todo el esfuerzo en una propaganda diluida dentro de los medios sociales del internet.

Pudo haberse hecho mucho más, tiempo suficiente hubo para ello. Con o sin plataformas independientes, en Cuba existe el descontento, el rechazo al sistema en grandes sectores poblacionales; eso quedó demostrado el 11 de Julio y ese descontento tenía que ser aprovechado para impulsar el abstencionismo, no de manera exclusiva por plataformas digitales sino de manera directa dentro del pueblo, aunque es claro que, para ello, se requería organización y la formación de activistas entrenados para llevar el mensaje a todos, vis à vis.

Debió solicitarse al Consejo Interamericano de Derechos Humanos su disposición de enviar observadores imparciales para el escrutinio de los resultados electorales, acompañando esa solicitud con un informe pormenorizado de todas las violaciones precedentes en materia electoral y declarar, por todos los medios, que la oposición cubana no reconocería como válidos los resultados electorales no supervisados por observadores internacionales.

Y aquí están los resultados del escrutinio electoral dado a conocer por Alina Balseiro Gutiérrez, máxima responsable de las autoridades electorales, esas que, de acuerdo al Artículo 86, inciso a de la Ley 127, deben: “Hacer patente, en todo momento, su lealtad a la Patria, a la Revolución y al sistema político, económico y social que defendemos”: de 8.120.072 electores 6.164.876 votaron, el 75,92% del padrón electoral, lo que hace situar el índice de abstencionismo en solo 24.08 % del registro electoral; además,  el 90,28% de las boletas fueron válidas, en blanco fueron un 6,22% del total, anuladas, un 3,50% y el 72.10% de los electores votaron por todos los candidatos propuestos. ¿Resultados creíbles? Evidentemente no.

A las cinco de la tarde, hora de cierre de los colegios electorales, había votado ─ según el Consejo Nacional Electoral ─ un 70,34 % del censo electoral para un índice de abstención de muy cera del 30 % (29.66). Como el CNE tiene que ser leal a la revolución y al sistema político, económico y social impuesto en Cuba por el PCC, se extendió por dos horas más el horario de apertura d los colegios electorales.

Había que desmentir la consigna “Cuba dice NO a la dictadura”. Había que resaltar el voto favorable a la consigna del régimen del voto unido, por lo que del 90% de boletas válidas el 72 % de ellas correspondió a favor del voto por todos los candidatos.

martes, 21 de marzo de 2023

DIAZ-CANEL, ASERE QUE BOLA

 


Mario J. Viera

El dictador de turno de Cuba se siente satisfecho; si hasta parece contento con los pobres resultados del equipo beisbolero que sufrió una verdadera pateadura de carreras en su enfrentamiento con el conjunto estadounidense; sí, porque quedar en cuarto lugar es un gran honor. “Ustedes hicieron feliz a este pueblo”, exclamó el dictador en la bienvenida a un equipo quedado en la marginalidad deportiva, tan marginal como el marginal nombre que le regalara a la selección cubana de “Team. asere”.

Feliz está el pueblo, ¡sí, cómo no!, si solo salieron cuatro gatos debidamente seleccionados para darles un cordial recibimiento y todo ello hasta “bajo la inclemencia del tiempo en la capital”. ¡Asere, qué bolá, ustedes son los héroes del momento! ¿Héroes? Allá, al Coliseo de la Ciudad Deportiva, fueron llevados los aseres entre, según afirmó el libelo órgano oficial del PCC, “los vítores de miles de jóvenes de las escuelas deportivas y de las universidades de la capital”, vítores que dieron porque tenían que dar; las orientaciones deben ser cumplidas a cabalidad.

Y afirma el asere, digo, el presidente: “Aquí llevamos varios días que solo se habla del Team Asere y de las elecciones del día 26 de marzo en las que también vamos a tener una victoria de la Revolución”. Es posible que sí, que sean ellos los que lo hablen, porque dentro del pueblo se habla diferente. Por otra parte, si el 26 de marzo la dictadura, que se autodenomina “revolución” obtenga igual victoria que la obtenida por los aseres, será lo mismo que le ocurriera a la selección cubana de béisbol, el descalabro alcanzado en Miami, protestas de Miami aparte.

“El viernes ─ hizo recordar el asere presidente ─ hubo un concierto multitudinario y un acto político en la escalinata de la Universidad de La Habana, con más de 70 000 personas, y todo el mundo hablaba del equipo Cuba y de apoyarlos”. ¡No jodas, asere! ¿Setenta mil personas?

Miami, el pasado domingo, les dio a los aseres un desagradable mitin de repudio; pero este lunes, el asere Díaz-Canel los puso en ridículo con sus hipócritas alabanzas y los utilizó para hacer campaña a favor de la farsa electoral del 26 de marzo.

¡Qué pena, pobres peloteros cubanos, solo han quedado como un grupo marginal de aseres! Mal recibidos en Miami y ridiculizados en Cuba.

lunes, 20 de marzo de 2023

“ACTO DE REPUDIO” EN EL ESTADIO DE LOS MARLINS

Mario J. Viera


  En el juego político de pelota, no podemos irnos con la de trapo y Miami siempre se va con la de trapo. Este domingo se celebró un encuentro decisivo entre los equipos de Cuba y de Estados Unidos en las semifinales del V Clásico Mundial de Béisbol. Los resultados fueron una apabullante derrota del equipo isleño ante la selección estadounidense.

Como las televisoras hispanas de Telemundo y Univisión no transmitieron el partido, no pude ver el encuentro. ¿Jugó mal el equipo cubano? No lo sé. Los resultados muestran que la selección estadounidense fue extraordinaria; pero sigo preguntándome ¿Jugaron mal los cubanos o fueron otras las causas que dieron por resultado su humillante derrota? Los partidos deportivos se ganan en el terreno y en la gradería. El apoyo entusiasta de los simpatizantes de un equipo juega mucho a favor de sus resultados. Y este apoyo moral de la fanaticada estuvo totalmente ausente para la selección cubana.

El momento era oportuno para que el exilio cubano de Miami mostrara toda su energía en defensa de su derecho de expresión y de repudio a la dictadura comunista; eso no está mal, las tiranías tienen que ser denunciadas y repudiadas con todo el vigor de los pueblos, de frente, cara a cara, luchando porque bien se ha dicho, los derechos se conquistan con la acción. Sin embargo, hay un detalle que no podemos pasar por alto: allí, ayer, en el Loan Depot Park de Miami, el estadio de los Marlins no estaban Díaz-Canel, ni Machado Ventura, ni Raúl Castro; no había en el encuentro un equipo del Ministerio del Interior, no estaban los represores, los bandoleros de la respuesta rápida.

¿Acaso tiene razón Mark DeRosa, el mánager del conjunto estadounidense cuando expresó: “El equipo (cubano) más o menos representa al gobierno, y hay gente que no está muy contenta al respecto”? También se pudiera alegar que el equipo cubano “más o menos representa a Cuba”.

Un entusiasta cintillo apareció en la edición de hoy del Diario de Cuba: “El mensaje del exilio contra el régimen se escuchó fuerte y claro en toda la Isla a través de la televisión oficial”. ¿Fue así, en realidad? Tal vez sí, pero… ¿Sorprendió ese mensaje al pueblo de Cuba? Eso, la gente en Cuba lo da por hecho, ya están acostumbrados los cubanos de la isla a los mensajes del exilio. ¿Influirá tal mensaje para animar a los electores en Cuba  a abstenerse de manera masiva en las elecciones programadas en Cuba para el 26 de marzo? ¡Para nada! Ya la gente en Cuba ha tomado su decisión para esa fecha. Muchos lo dicen, no votarán y es posible que el porcentaje de abstencionismo electoral será, esta vez tan contundente como fuera la derrota del equipo cubano frente a Estados Unidos de 14 carreras contra 2 de Cuba.

No faltaron “actos heroicos” en el encuentro Cuba -Estados Unidos. El grafitero Danilo Maldonado "El Sexto", se lanzó al terreno en la sexta entrada por el jardín central durante el turno de la novena cubana, desplegando una tela con el mensaje "Libertad para los presos cubanos del 11J". Esto me hizo recordar un hecho semejante ocurrido el 26 de noviembre de 1952 cando José Antonio Echeverría, José Hidalgo Peraza, Danilo Baeza Sánchez y Fructuoso Rodríguez penetraron dentro del terreno del estadio del Cerro, durante el encuentro de los equipos de béisbol Almendares y Habana, portando una sábana blanca donde se condenaba al golpe de estado. La diferencia es que ahora El Sexto no tuvo que enfrentar la agresión violenta de la policía de la dictadura batistiana.

Previo al encuentro el mánager del equipo Cuba, Armando Johnson, había declarado a la prensa:  "Aquí nosotros venimos a jugar béisbol. No nos preocupan los que vengan a provocar a los jugadores", ¿Provocar a los jugadores? Tal vez esa no fuera la intención de los estridentes, pero, en realidad todo parecía que así fuera, que se estaba replicando uno de los métodos aplicados por la dictadura del PCC en contra de los disidentes, un acto de repudio afectando a los jugadores cubanos. Portar camisetas con el mensaje de Patria y Vida, vale, colocar algún cartel haciéndole llegar el mensaje a los peloteros cubanos que se protestaba en contra de la dictadura, no está mal, aunque mejor debiera ser lo que hizo el reguetonero cubano Ovidio Crespo “Ovi“, quien, en su cuenta de Instagram, llamó a dar apoyo al equipo Cuba y al deporte, "pero no a la dictadura ni al comunismo".. Este hubiera sido el mejor mensaje de cubanos a cubanos; el mensaje que dejara claramente expuesto que se protestaba contra el intento del dictador de turno Díaz-Canel de politizar el partido de pelota para promover su campaña a favor de las elecciones del próximo 26 y que la protesta no iba contra del equipo Cuba. Había que hacerle claro a esos peloteros que el exilio cubano como a cubanos, los respetaban y exponer en un cartel un reclamo: “¡Jueguen por Cuba, no por Díaz-Canel!” 

Nada de esto se hizo, las gradas se llenaron no para disfrutar un partido de béisbol, sino para darle rienda suelta a las frustraciones. No se trataba de una manifestación espontánea era claro que dirigentes del exilio organizaron el espectáculo. Allí estaban presentes “Somos Más”, “Cuba Decide” y hasta el complaciente ─ evito usar el peyorativo “detestable ─ Otaola ganando imagen que las amables cámaras de Telemundo le regalan, para él poder seguir viviendo del cuento.


martes, 20 de diciembre de 2022

LA HERENCIA TERRORISTA DEL REGIMEN DEL PARTIDO COMUNISTA

 

Mario J. Viera



Pues, sí señor, como al galgo le viene de herencia ser rabilargo, al actual régimen impuesto en Cuba por el Partido Comunista de Cuba (PCC) le viene de herencia ser “rabilargo”. El actual gobierno de Cuba, o mejor sería decir, toda la presente estructura del Estado, es la herencia, la continuación, aunque sin los áureos épicos de la gesta guerrillera de finales de la década de los años 50.

Los inmaculados héroes de aquella gesta no llegaron al poder por medios civilistas o por mecanismos electorales; ni siquiera por la puesta en marcha de un poderoso movimiento de resistencia noviolenta. Creo que todos, hasta el más desinformado en las antípodas, conocen como los guerrilleros del 26 de Julio, lograron el poder en 1959. La violencia fue el camino seguido; y la violencia estaba justificada, así lo considera el PCC, porque se luchaba contra una dictadura.

Pero hay más. El segundo párrafo del Art. 40, de la Constitución de 1940 establecía como postulado: “Es legítima la resistencia adecuada para la protección de los derechos individuales garantizados anteriormente”. El adjetivo que acompaña al derecho de resistencia era bien claro, la resistencia debía ser “adecuada”, que es lo mismo que ser apropiada y ajustada.

Ciertamente se dice que en Cuba existía un gobierno autoritario, o si se prefiere, una dictadura. Una dictadura que no era tan dura. Los medios masivos de información funcionaban, y muchos de ellos eran bien críticos del gobierno. Hasta Fidel Castro, luego de ser amnistiado por el gobierno, publicaba en algunos periódicos. No existía el partido de la dictadura como el único legalizado en el país; con todas sus deficiencias y virtudes el sistema de partidos funcionaba y en el Congreso ocupaban bancadas, legisladores, tanto del oficialismo como de la oposición. Está claro, no faltaban los hechos de sangre, ni tampoco faltaban ejecuciones extrajudiciales; pero estos hechos y estas ejecuciones eran compartidas tanto por el gobierno como por aquellos que lo enfrentaban.

Sí. Nadie puede negarlo, los guerrilleros del Movimiento 26 de julio llegaron al poder caminando sobre charcos de sangre y se consolidaron como poder político creando nuevos chacos de sangre.

La resistencia contra el gobierno surgido por un cuartelazo el 10 de marzo de 1952, no sería la más adecuada, apropiada y ajustada. El terrorismo nunca será un método de lucha apropiado, y ese fue el método empleado por los precederos del régimen que aún perdura en Cuba.   Y esto no es una opinión festinada de mi parte, sino ajustado a la definición jurídica del delito de terrorismo.

Para que nadie me acuse de falta de objetividad e imparcialidad, me referiré a esa obra cumbre surgida de los penalistas que han (re) redactado y (re) reformado el Código Penal cubano, que, por la Ley 151/2022 ha sido puesto en vigor. En el Art. 149.1 del Capítulo I del Título II del Código Penal, se definen como terrorismo, “los actos (…) que por su forma de ejecución, medios y métodos empleados, evidencien el propósito de intimidar u obligar, a un gobierno o a una organización internacional, a realizar un acto o abstenerse de realizarlo o, de igual manera, provocar estados de alarma, temor o terror en la población, en un grupo de personas o en determinada persona, poner en peligro inminente o afectar la vida, la integridad física o mental de las personas, provocar afectaciones a bienes de significativa consideración o importancia, el medio ambiente, la  paz internacional o la seguridad del Estado cubano”.

En el Art. 151. 1 del Capítulo  II del mismo Título II, se amplía esta figura delictiva para señalar como ejecutor del delito de terrorismo a aquel que, “fabrique, facilite, venda, transporte, remita, introduzca en el país o tenga en su poder armas, municiones o materias, sustancias o instrumentos inflamables, asfixiantes, tóxicos, explosivos plásticos o de cualquier otra clase o naturaleza, agentes químicos o biológicos, o cualquier otro elemento de cuya investigación, diseño o combinación puedan derivarse productos de la naturaleza descrita, cualquier otra sustancia similar o artefacto explosivo o mortífero…” El que (Art. 152) “entrega, coloca, arroja, disemina, detona o utiliza un artefacto explosivo o mortífero, u otro medio o sustancia de las descritas en el artículo anterior, contra: a) Un lugar de uso público; b) una instalación pública o gubernamental; c) una red de transporte público o cualquiera de sus componentes; o de transmisión de energía, de las telecomunicaciones y la información y la comunicación, sus servicios; d) una instalación de infraestructura; e) cosechas, bosques, pastos, ganado o aves; f) campamentos, depósitos, armamentos, construcciones o dependencias militares en general”.

Recuérdese el lanzamiento de fósforo vivo en algunos centros comerciales, las cien bombas colocadas por el Curita en lugares de uso público en La Habana, el intento fallido de Urselia Díaz de hacer estallar una bomba de tiempo en un baño del Teatro América; los sabotajes a plantas eléctricas; quemas de comercios y empresas privadas durante los sucesos del 9 de abril de 1958; los talleres para la fabricación de bombas artesanales y cócteles Molotov; el asalto armado a una armería en La Habana; la introducción de armas letales al interior del país procedentes de gobiernos condescendientes y del trato con contrabandistas de armamentos; los intentos de boicot de las elecciones de 1958 por medios violentos y empleo de armas y bombas y amenazas a los candidatos y al electorado. Esta es una muy breve lista de actos ejecutados por el Movimiento 26 de Julio en su lucha por alcanzar el poder, los cuales tipifican los enunciados del Título II del Código Penal vigente para calificar como terroristas todos aquellos actos.

El régimen actual en Cuba, aunque tenga al frente a un mediocre funcionario, como el Sr., o “compañero” Miguel Díaz-Canel Bermúdez viene de la casta del terrorismo y sigue siendo terrorista, aunque ahora sus métodos de terror político sean más sutiles que aquellos empleados por los “padres de la revolución” para adueñarse del poder. De la violencia surgió, por la violencia, al menos por el momento, se mantiene.

Los postulados del Capítulo II del Título II del “nuevo” Código Penal, no tienen posibilidad de ser aplicados en contra de Raúl Castro, de Ramiro Valdés, de José Ramón Machado Ventura, y de algunos otros que todavía alientan vida, porque las leyes penales no poseen carácter retroactivo; pero de hecho, esos postulados, permiten definir el origen de la dictadura del PCC, una dictadura levantada sobre los escombros de la que fuera dictadura de Fulgencio Batista.

viernes, 7 de octubre de 2022

¿ESTA DERROTADO EL REGIMEN DEL PCC?

 

Mario J. Viera



La comentarista de Diario de Cuba, Rafaela Cruz, se formula la siguiente pregunta, con la cual intitula su último artículo: “¿Cómo puede el régimen cubano resurgir cuando parece derrotado?” Refiriéndose a las puntuales manifestaciones últimamente ocurridas en Cuba por causa de los apagones, ella anota: “En algunos meses, los apagones habrán cesado y la maquinaria propagandista del régimen sacará pecho ante otra supuesta ‘victoria frente al bloqueo imperialista’, y hará mofa de aquellos que dieron por muerta a la Revolución. Así pasó con la fiebre porcina, el dengue hemorrágico y con cada ciclón desde el Flora y, en general, así ha sucedido cada vez que el Gobierno logra contener alguno de los recurrentes agravamientos de la crisis comenzada el 1º de enero de 1959”; y tiene razón al decir esto.

Sí, tal como ella afirma, el Gobierno (yo mejor diría, el Partido Comunista de Cuba) manteniendo su control estricto sobre los medios masivos de comunicación es capaz de confiscar la verdad y ofrecer el sustitutivo de una “edulcorada versión propia” de los hechos, para, de manera retórica, presentar las derrotas como victorias. Señala acertadamente Cruz que, “la economía centralizada le permite [al Gobierno] acceso irrestricto a todos los bienes” y “concentrar recursos económicos en aquello que, puntualmente, necesite resolver, aun a costa de que, a largo plazo, el remedio sea peor que la enfermedad”. 

Así lo ha estado haciendo el régimen desde 1959 para sobrevivir y lo seguirá haciendo, sin abandono del recurso represivo, ante las esporádicas y espontáneas manifestaciones de protesta populares, por los ilimitados apagones y por el desabastecimiento de los productos básicos alimentarios.

Rafaela Cruz concluye su artículo con un muy interesante y sugestivo, párrafo; que me ha motivado redactar las siguientes líneas. Expresa Cruz: “Así, cuando la propaganda estatal esté celebrando la superación de la crisis energética como otro gran trofeo, y el desaliento cunda entre las filas opositoras que, atónitas, sentirán que el día anhelado se escabulle una vez más, recordemos que el Gobierno, como el general Pirro ante sus huestes, sabrá que ‘otra victoria como ésta, y estará vencido’".

Es importante destacar la referencia que Cruz hace sobre las atónitas filas opositoras, sintiendo “que el día anhelado se escabulle una vez más”; y seguirá así, y continuarán viendo cómo, a pesar de las esporádicas protestas espontáneas, el régimen del PCC, no está derrotado, y ni siquiera se encuentra en una subjetiva fase terminal.

Antes del 11 de julio de 2021, la disidencia interna y el bullicioso exilio de Miami se quejaban de que el pueblo no salía a tomar las calles para protestar en contra de la opresión de la dictadura. Desde Miami se acostumbraba a calificar al pueblo cubano como cobarde, acomodado, parasitando de las remesas y las recargas de celulares; ahora, en cambio, esperan que el pueblo les haga su trabajo y derroque al sistema, que dé tal sacudida, para que ellos, los miembros de la disidencia interna y los personeros del exilio se arrojen en masa sobre los despojos del gobierno comunista.

Sin organización ni plan ni liderazgo se puede alcanzar la victoria sobre un régimen totalitario. Estas tres condiciones deben presentarse simultáneamente. Existe el descontento generalizado, pero no se puede dejar que este se enfríe, hay que hacer agitación política continuamente, apoyar las protestas con agitadores políticos que alienten su continuidad, y de los reclamos puramente economicistas se pase a los políticos. Ahora, no es momento de esperar por la reacción de reclamos del pueblo; lo de ahora es dirigir a los descontentos, movilizarlos, organizarlos en un objetivo común. El pueblo está presente, está reaccionando, aunque de manera desorganizada y espontánea.

Ya nos encontramos en el punto de inflexión; en ese punto donde ya las condiciones objetivas no están dislocadas de las condiciones subjetivas que plantean la necesidad del cambio. Se está perdiendo el miedo, y se requiere aprovechar este instante para impulsar la agenda política de la disidencia convertida en realidad opositora; en realidad de resistencia y enfrentamiento a la dictadura por medios esencialmente de carácter noviolento.

La oposición política no puede asumir una posición expectante quedándose a la espera de lo que pudiera suceder, tiene que actuar y colocarse a la cabeza de las manifestaciones de protestas. Ya es momento para que la oposición, o una determinada organización disidente, elabore un plan estratégico de lucha, objetivo, ajustado a las realidades, que centralice la conducción de la resistencia y estimule el liderazgo horizontal; un proyecto con fines bien definidos y claramente expuestos. Hay que entender que no se trata solo de hacer caer a un gobierno dictatorial sino de provocar la derogación de un sistema, de la transformación de la estructura actual del Estado totalitario.

Si estos principios no se acometen, seguiremos viendo como ese día anhelado, como lo ve Rafaela Cruz, se nos escabulle una vez más.

sábado, 3 de septiembre de 2022

FRUSTRACION Y PROTESTAS. EL ACTUAL PANORAMA DE CUBA

Mario J. Viera

 


A propósito de un artículo de Yunior García Aguilera, titulado “El enemigo de Cuba está en la Plaza de la Revolución”, aparecido en la edición del 3 de septiembre de 2022 de 14 y Medio, elaboré un comentario para tratar sobre el tema. Dado el necesario ahorro de espacio que se requiere para un comentario dentro de un medio informativo, traté de ajustarme al mínimo de extensión que requería el tema.

Ya antes de leer el artículo de García Aguilera había pensado en redactar uno enmarcado dentro del enunciado de este título, que ahora presento.

Luego de las impactantes manifestaciones populares de protestas a lo largo y ancho de todo el país, producidas el 11 de julio de 2021, se infundieron ilusiones y esperanzas en gran parte del pueblo cubano, incluyendo al exilio en Estados Unidos. Muchos vieron a la decadente dictadura ya en fase terminal. Pasada la euforia se produjo entonces un momento de perplejidad, cuando las manifestaciones fueron disolviéndose y el régimen comunista realizara una concienzuda represión en contra de una gran mayoría de los manifestantes. Poco después, renacieron nuevas esperanzas, cuando, desde la plataforma digital Archipiélago, se convocó a la realización nacional de una marcha cívica por el cambio en Cuba, y apoyada en la isla por algunos representantes de la disidencia interna. Inicialmente la marcha se había propuesto para el día 20 de noviembre, pero ante el intento del gobierno de militarizar el país en ese día, Archipiélago decidió adelantar en cinco días la marcha.

De haberse llevado a cabo la convocatoria, esta manifestación o manifestaciones, no serían propiamente consideradas como espontáneas, aunque tampoco un movimiento organizado. No respondía al esfuerzo de una labor de aglutinamiento de fuerzas previo, ni a la elaboración de un proyecto estratégico; pero, de ningún modo, podía ser considerada como acción clandestina y mucho menos sediciosa, por cuanto sus promotores le habían comunicado la convocatoria de la marcha y sus ubicaciones a las autoridades nacionales.

Desde el exilio algunos consideramos que la Marcha Cívica no llegaría a ser posible dado su previa comunicación al gobierno. Sabíamos que si Díaz-Canel durante el 11 J había convocado a todos los “revolucionarios” salir a enfrentar a los manifestantes, ahora, ya no tomado por sorpresa, pondría en alerta todo su aparato represivo para impedir su ejecución, pero le dimos nuestro apoyo a la convocatoria, más que nada, por solidaridad.

El miedo salió a la superficie. El régimen había hecho uso de su arma más poderos, la de inspirar temor. Todos vieron la triste suerte alcanzada por los manifestantes del 11 J; todos vieron las puertas de las prisiones como se abrieron para aislarlos. El resultado: la frustración y la estampida de miles de cubanos hacia el autodestierro, desilusionados de sus propias potencialidades. El silencio de la oposición interna retumba. La impresión que se tiene desde la distancia, es que ya, solo es un apagado eco. Sin embargo, actualmente se producen esporádicas manifestaciones de protesta, de cuando en vez aparecen grafitis y pintadas provocadoras que van en contra de los funcionarios del gobierno y en especial de Miguel Díaz-Canel.  

Siempre hay un rayito de esperanza, pero todavía, como dice la trillada expresión, sin ver la luz al final del túnel.

Hay varios conceptos que se manejan en cuanto a la contradicción dictadura/pueblo, uno de ellos muy cierto, el que plantea, por ejemplo, que “la misma dictadura está provocando un verdadero alzamiento popular y sin duda alguna en cualquier momento se produce”. Muy cierto es también lo expresado por Yunior García en su artículo, cuando afirma que los sustitutos del antiguo “cacicazgo que se autolegitimó, por peripecias históricas”, constituyen “una cuadrilla de burócratas carentes de leyenda” que “no heredó el carisma de sus referentes, ni cuenta con respaldo popular, ni recibe siquiera el beneficio de la duda”. Esto dicho así, no es del todo exacto.

Todavía quedan restos de humedad, como dice la canción de Pablo Milanés. No se trata ya del apoyo incondicional de masas, tal como las que seguían ciegamente a Fidel Castro; todavía en lo interno del pueblo hay muchos que creen los mitos “revolucionarios” y muchos dispuestos a defender al sistema, aunque sea con piedras y garrotes para aplastar el disenso, y no son estos precisamente miembros de la élite política ni solo ancianos resentidos y agriados que se organizan dentro de las brigadas de respuesta rápida. El partido comunista se mantiene con una militancia fiel, organizada en todos los niveles del Estado y de la sociedad y junto a este contingente está la Unión de Jóvenes Comunistas que controlan todos los espacios universitarios, El régimen además cuenta conta con la fidelidad de las fuerzas armadas y de todo el aparato del Ministerio del Interior. Cuenta también con la complicidad de un número importantes de artistas e intelectuales agrupados en la UNEAC y de los periodistas oficialistas siempre dispuestos a deformar la verdad o a su ocultación. La nocooperación del pueblo con el régimen todavía no llega a niveles críticos, y si no, véanse los desfiles del Primero de Mayo y de otros actos convocados por el PCC.

No obstante, es necesario hacer precisiones. La primera de ella, la dictadura que rige en Cuba, no es, ni ha sido, una semejante a las que prevalecieron por décadas en América Latina; en nada se asemeja a la dictadura de Fulgencio Batista, ni a la de Leónidas Trujillo, ni las de los Somoza y los Duvalier, ni la tenebrosa dictadura de Augusto Pinochet. ¿Brutales? Sí. Esas dictaduras pisoteaban los derechos humanos, violaban las leyes, hacían caso omiso de los principios constitucionales y, al mismo tiempo, admitían la existencia de partidos políticos opositores, despreciaban al periodismo independiente pero no los prohibían tajantemente; de alguna manera más o menos independiente actuaba la sociedad civil; dentro de esos regímenes funcionaba un Poder Judicial y actuaba el Congreso, ¿Limitados? Sí, pero no totalmente absorbidos por el poder dictatorial.

La de Cuba es otro tipo de dictadura, es una dictadura totalitaria, bajo la fuente del poder de la hegemonía política de un ente supra social y supra estatal, el Partido Comunista. Si en las dictaduras, que podemos definir como clásicas no existía el poder aglutinador de una ideología única y dominante, en el régimen de Cuba si existe esa fuerza dominante que determina todas las estructuras estatales. Todo dentro de la revolución, nada contra la revolución. Partido y Estado una misma identidad. Si las dictaduras clásicas se burlan de las leyes, la dictadura totalitaria actúa de acuerdo con sus propias leyes, por lo que sus actos a la luz del Derecho se pudieran ver como legales; no violan sus leyes, aunque pueden modificarlas a su gusto y antojo en determinados momentos.

Las dictaduras clásicas caen solo al impulso de la rebeldía y las protestas populares. Cae el gobierno y la dictadura desaparece. Pero esto no funciona bajo un Estado Totalitario. En un Estado totalitario existe una dualidad de funciones, un gobierno aparente, con un presidente, un primer ministro y un consejo de ministros, y un poder real, que reside dentro de las estructuras del partido único, dentro de su Buró Político y dentro de su Secretariado y colocado por encima de la sociedad y el Estado. Las protestas espontáneas del pueblo, pueden poner en crisis al gobierno aparente, pero no afectan a la fuente básica del poder del Estado totalitario, la hegemonía política.

Díaz-Canel, aun ostentando el cargo de Secretario General del PCC es una figura desechable. Ante el peligro de una profunda crisis política, la mano invisible de la hegemonía política restablecerá el equilibrio, destituyendo a Díaz-Canel y nombrando a otro “cuadro” del Partido Comunista. El gobierno de Díaz-Canel puede caer, pero no desaparece la dictadura totalitaria.

Ante este razonamiento ¿está todo perdido? No, de ninguna manera. La masa está fermentando ante los abusos del poder; pero no se le puede dejar al azar, a lo espontáneo. Protestas espontáneas pueden producirse aisladamente provocadas por los apagones, por la carestía de la vida, por diversas situaciones. Estallan, y luego se disuelven por su propia dinámica; y esto puede ocurrir hasta con protestas poderosas y multitudinarias, como ocurrió el 11 de julio. Se requiere, primero, liberarse del síndrome de la frustración y generar la confianza en el poder de todo un pueblo, solo posible con la existencia de liderazgo y organización; se requiere, además, una voluntad de acción unida; se requiere mantener una disciplina consciente de resistencia; se requieren objetivos precisos y claros; se requiere definir cuál es el enemigo objetivo, debilitar al poder real, destruir la hegemonía política.

Enfrentar al gobierno aparente, es correcto, pero solo como paso previo para ir contra el poder principal. Se requiere la coordinación de muchos sectores, obreros, campesinos, juventudes y estudiantes, artistas, intelectuales y emprendedores. Se requiere ganar el apoyo de las iglesias, de las organizaciones fraternales, y planear objetivamente todas las acciones de resistencia. Este papel de organizar le corresponde a la disidencia interna. Solo así, con organización, liderazgo y disciplina se puede plantear el gran reto a la dictadura totalitaria y vencerle.


martes, 23 de agosto de 2022

¡ABAJO LA DICTADURA!

 

Fernando Mires. Blog Polis: Política y Cultura

 


La guerra de invasión a Ucrania ha creado una línea divisoria. Es la que separa a las democracias de las antidemocracias. Es también el nuevo orden político mundial anunciado por el dictador de Rusia. Ya en el encuentro de los megadictadores en los juegos Olímpicos de invierno, tanto Putin como Xi Jinping concordaron en un fin: la creación de un nuevo orden mundial que para el chino deberá ser económico (con China a la cabeza). Pero el ruso tenía otras ambiciones. Sabiendo que en la escala económica mundial Rusia ocupa un precario onceavo lugar -probablemente seguirá bajando durante y después de la guerra a Ucrania- “su” orden mundial tiene un carácter militar y político. Diferencia que hizo decir a Kissinger que la alianza ruso-china no puede ser de larga duración. La economía china necesita de las economías occidentales como las venas de la sangre.

Una debacle económica de Occidente arrastraría a China hacia el abismo. No así a Rusia. Por eso China puede acompañar a Rusia solo hasta la puerta del cementerio. Más allá, no. Razón para que las potencias occidentales al mismo tiempo que practican una estrategia de (necesaria) tensión hacia Rusia se decidan a practicar una estrategia de (también necesaria) distensión hacia China, manteniendo discrepancias en la mesa económica y no en la militar. Sobre este tema me extenderé en otra ocasión. El objetivo de este artículo apunta a la contradicción que busca incentivar Putin, a saber, la que se da a nivel mundial entre las formaciones políticas democráticas y las antidemocráticas.

 

AMÉRICA LATINA ESTÁ EN EL MUNDO

Aunque parezca raro, Putin concuerda con Biden en que la contradicción principal de nuestro tiempo es la que se da entre democracias y autocracias. La diferencia es que mientras Biden toma partido a favor de las democracias, Putin lo hace a favor de las dictaduras. Por eso no se ha cansado de repetir que Ucrania es solo un eslabón que llevará a la derrota final de Occidente, entendiendo por ello al conjunto de democracias organizadas en la UE y en la OTAN.

La división es clara: la mayoría de las autocracias del mundo ha dado su apoyo a la Rusia de Putin. Al revés también: todas las democracias del mundo apoyan al bloque occidental. Una contradicción que no solo tiene lugar entre las naciones sino también al interior de ellas. De ahí que cada triunfo que obtengan los sectores antidemocráticos en cualquier lugar, será celebrado por Putin con suma alegría. Pues bien, y a ese punto voy, esa contradicción incluye también a las naciones latinoamericanas. Inclusión que explica por qué Putin ha estrechado al máximo sus relaciones con el trío antidemocrático de América Latina formado por Cuba, Nicaragua y Venezuela, agregando a su lista al Brasil del trumpista Bolsonaro.

La mayoría de los analistas latinoamericanos imaginan que las contiendas que tienen lugar en sus países son puramente locales. No así para Putin ni para Biden. Un triunfo de las democracias o de las anti-democracias, en cualquier punto del orbe, tiene para ellos una importancia mundial. Las políticas locales son hoy globales. Conclusión que me indujo a leer con sumo interés la versión preliminar del libro (en PDF) que me hiciera llegar el escritor cubano Mario J. Viera, cuyo título es Cuba, resistencia no Violenta.

Durante gran parte de la era castrista, Cuba ocupó para el conjunto de las izquierdas un lugar privilegiado, algo así como una Meca ideológica y política de la revolución continental. La atracción que despertó durante la era de la Guerra Fría ha desparecido, por cierto, pero de ese fuego “antimperialista”, algunos rescoldos quedan. El mismo canciller de Putin, Sergei Ryabkov, no vaciló, en vísperas de la invasión a Ucrania, mencionar a Cuba, junto con la Venezuela de Maduro, como uno de los países en los cuales podría realizar acciones militares en contra de los EE UU. De más está decir que ni Maduro ni Díaz Canel emitieron la más mínima protesta.

Después de tantos años de dominación dictatorial, pensar en una deserción de Cuba del espacio anti-democrático podría ser visto como una fantasía tropical. No obstante, permítaseme otra apreciación. Como bien demuestra Viera, desde el momento en que murió Fidel, Cuba perdió gran parte de su proyección imaginaria. Mientras la de Fidel fue una dictadura de tipo mesiánico, la de Raúl fue burocrática y militar. Con Díaz Canel desapareció del poder la generación que actuó en la revolución y así Cuba dejaría de ser la isla utópica de las izquierdas latinoamericanas. Su revolución ya no está en el futuro sino en un pasado cada vez más lejano.

La crisis económica que comenzó a vivir el país con el derrumbe del mundo comunista fue paliada en parte por el aparecimiento de la Venezuela de Chávez. Pero después que Chávez y hoy Maduro convirtieran a la ayer próspera Venezuela en un mierdal económico, Cuba ha quedado de nuevo librada a su suerte. La isla está aislada. No es raro entonces que Putin la esté mirando, junto a Venezuela, como aliado potencial: dos enclaves anti- occidentales en los bordes del lejano Occidente. Como sea, los habitantes que aún quedan en la Isla saben que su suerte no mejorará bajo el alero de Putin. Razones que hacen pensar a algunos cubanos que, ahora sí, se están dando condiciones para impulsar movimientos de democratización.

Manejando con pericia las conocidas tesis de Gene Sharp, sobre todo las que se desprenden de su libro clásico From Dictatorship to Democracy, Viera emprende un examen exhaustivo de los recientes movimientos contestarios de Cuba, sobre todo de aquel que comenzó a desarrollarse en el 2021, conocido como el movimiento San Isidro, desde donde, a pesar de su fracaso en la marcha del 15 de noviembre del 2021 (que hizo cifrar muchas expectativas) el estado de creciente malestar social y cultural que le dio origen, continúa presente. De ese y otros movimientos busca Viera extraer enseñanzas para las jornadas que se avecinan.

La dictadura de partido bajo Díaz Canel no goza de apoyo de masas, no tiene perspectivas históricas, carece de potencial utópico. Díaz Canel representa el poder por el poder, no más. Las condiciones objetivas están dadas para un cambio decisivo en las relaciones de poder, parece pensar Viera. Incluso va más allá: según su opinión no se trata solo de propiciar un cambio de gobierno en la isla, sino de revocar un sistema de dominación al que él llama totalitario. Pues bien, ahí reside una diferencia entre el autor del libro y quien escribe estas líneas.

 

TOTALITARISMO SIN TOTALIDAD

El sistema de dominación que impera en Cuba ya no puede, según mi opinión, ser calificado como totalitario. Las razones las da el mismo Viera. El régimen carece de apoyo de masas y de un proyecto de futuro (o dicho de modo lacaniano: carece de poder simbólico y de poder imaginario). Mostrarse impotente frente a las manifestaciones de descontento, más la estridente apatía política de la población, no son características de un sistema totalitario. No basta, en efecto, que un orden político se mantenga mediante el terror para hablar de totalitarismo.

En una escala de regímenes de dominación antidemocrática, distinguíamos en otro texto los siguientes peldaños: autoritarismo, autocracia, dictadura militar y/o burocrática, y totalitarismo. En cada una de estas formaciones anti-democráticas encontramos gérmenes y momentos totalitarios. Pero para hablar de totalitarismo requerimos que el poder sea total y, definitivamente, en Cuba, el poder de la clase dominante de estado, ya no lo es. No porque exista un anti-poder sino simplemente porque el poder establecido no goza de aprobación, ni de consenso, ni de legitimidad.

Siguiendo a Hannah Arendt y a otros pensadores del fenómeno totalitario como Carl Joachim Friedrich y Zbigniew Brzezinski, tres son las características que llevan a determinar la existencia del poder totalitario. El terror, una ideología totalitaria, y la sustitución de lo íntimo por lo público. De esa triada, solo se mantiene el terror. Ideología política no hay, y lo íntimo no ha logrado ser usurpado por lo público. Todo lo contrario. Si uno sigue las crónicas de Yoani Sánchez, o las narraciones de Leonardo Padura, podemos observar en Cuba un retiro hacia lo íntimo y lo privado en desmedro de lo público, tal como ocurría en las “democracias populares” controladas po el imperio soviético. Haciendo un paralelo con la ex URSS, podríamos afirmar que hubo totalitarismo bajo Stalin pero, como precisó Arendt, bajo Jruschev ya no lo hubo. Mucho menos lo hubo bajo Breschnev en el periodo conocido como “la estagnación”. Ahora bien, bajo Fidel Castro el régimen cubano de dominación también habría podido ser definido como totalitario. Pero bajo Díaz Canel, cuando más, como semi-totalitario o, si se prefiere, post-totalitario.

Fidel no solo era temido, sino también, como el Gran Hermano de Orwell, amado. Patria o Muerte quería decir para muchos, entregar la vida si es que fuera necesario, por la revolución. ¿Quién quisiera entregar la vida por Díaz Canel o por esa miseria sin fondo a la que él llama revolución? Quizás solo los parientes más cercanos del oscuro dictador. Podríamos entonces decir: el régimen de gobierno en Cuba carece de la grandeza demoníaca del totalitarismo. Y bien, precisamente son estas carencias totalitarias las que permiten iniciar en Cuba una operación de rescate de la democracia. Luchar en contra y a la vez dentro de un sistema totalitario, es imposible.

Más allá de ese desacuerdo conceptual, el libro de Viera contiene valiosas enseñanzas para quienes estén dispuestos a apoyar la lucha por la democracia en Cuba. Pienso, además, que ofrece perspectivas a otros países, no solo latinoamericanos, caídos bajo la férula de gobiernos anti-democráticos. Conocedor de la historia de su nación y a la vez provisto de un excelente arsenal analítico, establece Viera, de modo categórico, que la lucha por la democracia en Cuba deberá ser pacífica o no ser. Es entendible: quienes están más interesados en un enfrentamiento violento son los personeros del régimen. Militar y policialmente el régimen es fuerte. Políticamente es débil.

 

PARTISANOS NO VIOLENTOS

Para que la lucha política sea viable, es importante que sus actores sean ciudadanos que padecen y conocen la dictadura en la vida cotidiana. Eso supone renunciar a cuatro creencias que hasta ahora han caracterizado a la incipiente oposición cubana.

La primera creencia dice que el régimen podría caer si desde el exterior son aplicadas fuertes sanciones económicas. Viera demuestra en cambio que las sanciones han producido el efecto contrario. Todas las deficiencias, desajustes y fracasos del gobierno encuentran justificación en el “bloqueo”, y los más afectados son los sectores más empobrecidos del pueblo, nunca la nomenclatura dominante.

La segunda creencia supone que, por contar con mejores medios económicos, parte de la conducción de la lucha debe yacer en las manos de grupos en el exilio. Conocedor de la impotencia de las políticas de exilio, Viera argumenta diciendo que los dirigentes políticos en el exterior no están ligados a los intereses de las masas cubanas, ignoran su realidad, y por lo mismo diseñan planes de acuerdo al dictado de abstractas fantasías.

La tercera creencia es la que supone que el régimen puede caer gracias a la iniciativa del gobierno de los EE. UU. Quienes así piensan, aclara Viera, olvidan que los EE. UU no actúan por filantropía sino solo cuando su soberanía o la de sus aliados se ve amenazada por otra potencia externa, o cuando sus intereses económicos o geoestratégicos se encuentran en peligro.

La cuarta creencia es la que imagina que hay que privilegiar la política hacia el interior de los cuarteles militares, alentando la posibilidad de un golpe de estado “democrático”. De acuerdo a Viera, el ejército cubano es parte de un complejo de poder articulado social e ideológicamente al interior del estado. Pero, aún si se diera el caso de una intervención militar, solo habría que esperar la sustitución de una dictadura por otra.

Viera no cree mucho en la espontaneidad de las masas. Estas pueden aparecer ocasionalmente y pronto diluirse si los actores carecen de una mínima organización. La historia de la oposición cubana está llena de apariciones disruptivas que, sin continuidad en el tiempo, desaparecen como luces pasajeras en medio de la noche. Por eso mismo su texto ha sido escrito, en primera línea, para los activistas de la democracia. Partisanos no violentos, los llama. Tiene razón. Hay que despedirse de una vez por todas de esas imágenes fílmicas que nos presentan la caída de las tiranías como producto del levantamiento de masas irredentas gritando al unísono: ¡abajo la dictadura! Esas son solo imágenes cultivadas por las mitológicas izquierdas del pasado reciente. Las realidades son distintas.

Las dictaduras no caen como consecuencia de movimientos espontáneos de masas, ni mucho menos por su propio peso. Por lo general terminan cuando previamente ya han sido derrotadas en múltiples procesos que han llevado a su desgaste y a su división interna, atravesando a veces por largos y complicados procesos de transición. 

Las últimas revoluciones que hemos conocido, por ejemplo, las que pusieron fin al comunismo, solo fueron posibles cuando el eje de rotación que daba vida a los regímenes comunistas entró en crisis gracias a las reformas de Gorbachov. Recién después de la Perestroika las organizaciones democráticas de lo países sometidos a la URSS pudieron irrumpir exigiendo su reconocimiento público. 

Y bien, de eso se trata la lucha pacífica: de crear una institucionalidad alternativa que sea reconocida por el poder establecido. Como consignó una vez el dirigente de Solidarnosc, Joseph Kuron: “Nunca quemes un local del partido comunista. Funda otro partido”. Gracias a ese espíritu constructivo, Solidarnosc se convirtió, de simple iniciativa obrera, en un movimiento de masas, y luego en el partido de la revolución, para terminar siendo un partido de gobierno. 

Un proceso similar, vivirían las múltiples organizaciones disidentes formadas en los países de la periferia soviética. No así en Rusia, donde el cambio, al provenir desde arriba, no logró echar raíces al interior del pueblo. Por eso, mientras los países occidentales dependientes de Rusia llegaron a convertirse en democracias, Rusia, aún con Jelzin, no pudo salir nunca del modo autocrático de gobierno. Putin, desde esa perspectiva, se encuentra en plena continuidad con el autocratismo que lo precedió, reconvirtiéndolo en lo que fue durante Stalin: un régimen totalitario.

Aparentemente Cuba sobrevivió al tsunami democrático de 1989-1990, pero al precio de convertirse en una isla ya no geográfica sino histórica y política. Las dádivas recibidas desde la Venezuela chavista nunca pudieron superar la crisis en la que quedó sumida. Crisis crónica y múltiple: política, económica y moral. El socialismo cubano es hoy un cuerpo corroído que apesta. Sin poder simbólico ni imaginario, Cuba no representa un futuro para nadie

Sin embargo, nuevas generaciones, liberadas del pasado castrista, están apareciendo. Movimientos contestarios como el de San Isidro, volverán a resurgir por doquier. La canción Patria y Vida ya sustituyó a la simbología necrófila del régimen de la patria y de la muerte. El castrismo, si es que todavía existe, ha perdido la batalla de las ideas. Ni los más dogmáticos dinosaurios intelectuales se atreverían hoy a proponer a Cuba como un “modelo a seguir”. 

Puede ser que el largo proceso que llevará la democracia a Cuba no cautive los corazones de las nuevas generaciones políticas latinoamericanas como sucedió con la revolución fidelista. Pero sin duda será muy importante para aventar a los fantasmas ati-democráticos que aún asolan en los países latinoamericanos.

Solo cuando la democracia llegue a Cuba habremos dejado definitivamente atrás una historia horrible. Y para que eso ocurra, como muestra el texto de Viera, las condiciones, si no están dadas, están comenzando a darse.