Mostrando las entradas con la etiqueta Partido Republicano. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Partido Republicano. Mostrar todas las entradas

sábado, 13 de agosto de 2022

¿UN TERCER PARTIDO? QUIZA UNA SOLUCION A LA ACTUAL POLARIZACION

Mario J. Viera

 


El actual sistema bipartidista que rige en Estados Unidos no ha sido capaz de sacar al país del marasmo político de la polarización, que tuvo su inicio con el surgimiento en 2008 del grupo de extrema derecha conocido como Tea Party y su continuidad con la aparición en la escena nacional del fenómeno trumpista, pero cuya base sustentadora es precisamente la existencia de solo dos partidos en los debates públicos nacionales.

El bipartidismo es la eterna disyuntiva entre los clásicos partidos conservadores y liberales o entre dos tendencial la derecha y la izquierda, sin importar que ambas tendencias asuman caracteres moderados. La realidad actual es el surgimiento de una corriente política que rompe con el equilibrio político requerido por el bipartidismo, la extrema derecha populista enmarcada dentro de los actuales marcos del Partido Republicano.

Como factor equilibrante de la política siempre ha existido en Estados Unidos un sector denominado independiente, que no precisamente constituye un centro, sino una variabilidad de opiniones y criterios; sector éste que siempre, en los periodos eleccionarios, cada partido intenta cooptar. Una especie de tercer partido de carácter difuso y no organizado.

No obstante, terceros partidos, como el Partido Libertario y el Partido Verde han presentado candidatos para la presidencia en 2016 y 2020, con resultados inferiores a los 5 millones de votos cada uno. Otros terceros partidos en Estados Unidos son algunos de derecha, otros centristas y otros de izquierda:  Partido de la Constitución, Partido Verde, Partido Libertario, Partido de la Reforma, sin faltar la existencia del Partido Comunista de Estados Unidos, el Partido Socialista; todos ellos con ninguna o con escasa representatividad en el escenario político.

En las elecciones del 2016 presentaron candidatura para la presidencia, además de los candidatos demócratas y republicanos, Gary Johnson – Partido Libertario, que alcanzó un total de 4 489 341; y Jill Stein – Partido Verde con una votación de 1 457 218. La suma de ambos aspirantes resulto nada significativa con respecto a los 62 984 829 de votos alcanzados por Donald Trump y los 65 853 514 de votos obtenidos por Hilary Clinton. En las pasadas elecciones de 2020, Jo Jorgensen del Partido Libertario presentó su candidatura para alcanzar un total de 1 865 858 votos.

En las elecciones presidenciales los terceros partidos se las ven muy mal. El Colegio Electoral es su principal inconveniente. Cuarenta y ocho estados tienen la línea de quien gana en el estado se lo lleva todo, todos los votos electorales correspondientes; de este modo esos partidos, tal como los califico la Voz de América (VoA), actúan como “aguafiestas” en las elecciones presidenciales, desviando votos desde los otros dos grandes partidos.

Un nuevo partido está en proceso de formación, el Partido Forward (FWD). ¿Cuáles son sus posibilidades reales con independencia de lo que al respecto consideran sus fundadores, el ex candidato presidencial demócrata, Andrew Yang, y la ex gobernadora republicana de Nueva Jersey, Christine Todd Whitman? Depende de como se encaminen; si comenzar a ganar representaciones congresionales en varios estados o si se lancen a la caza de la presidencia en el 2024; en este último caso, pienso que sus posibilidades son nulas y solo jugarán ese papel de “aguafiestas” que mencionó la VoA. Los fundadores de este nuevo tercer partido plantean como su eslogan el "Not Left. Not Right. Forward" (Ni izquierda ni derecha, Adelante) para mostrarse situado en el centro. Forward o Adelante es la fusión de la propuesta del PAC Forward con el Movimiento Renew America (We are not just Democrats or Republicans or Independents. We are Renewers), y el Movimiento Serve America que se manifiesta como centrista o de centro derecha; ambos movimientos integrados principalmente por republicanos indispuestos con la política de Donald Trump y del rumbo del Partido Republicano hacia la derecha radical.

Forward se plantea como algo nuevo, no como “una copia de los partidos actuales, que están arrastrando a nuestro país hacia atrás. Estamos haciendo avanzar la política estadounidense, con un partido centrado en soluciones innovadoras, colaborativas y de sentido común que funcionan para la mayoría de los estadounidenses”.

Por supuesto y quiero dejarlo aclarado que no comulgo con la aparente línea política de esta fusión de demócratas y republicanos, aunque sí saludo el empeño de mostrar otra cara de la política estadounidense y romper con el monopolio compartido de solo demócratas y republicanos en la formación de las leyes.

Según informaciones de prensa, Forward será presentado oficialmente en Houston, Texas, el 24 de septiembre y tendrán una convención como las de los “viejos” partidos cuando deban nominar al candidato presidencial. Aseguran que el partido estará registrado en 30 estados para finales de 2023 y en los 50 estados para finales de 2024, justo para las elecciones en ese año.

Los líderes del nuevo partido: David Jolly, Christine Todd Whitman, y Andrew Yang, en un comunicado conjunto, publicado por el Washington Post declararon: “El extremismo político está despedazando nuestra nación, y los dos partidos principales no han logrado remediar la crisis. Están obsoletos, y fracasaron por centrarse cada vez más en los extremos. ¿El resultado? La mayoría de los americanos no se sienten representados”,

Es claro que la intención es presentarse con una candidatura presidencial en las elecciones generales del 2024, lo cual es precipitado. Para que un tercer partido pueda en Estados Unidos presentarse como una nueva opción, lo primero que tiene que hacer es ganar un buen número de afiliados en cada uno de los estados de la Unión, no aspirar de inmediato a la presidencia, sino obtener escaños en el Congreso para luego poder dar la cara con algunas probabilidades de ganar votos electorales del Colegio Electoral en 2028.

Como bien lo ha expuesto William Galston del Brookings Institute, existe una creciente opinión favorable a la necesidad de un tercer partido, y anota: “Los demócratas están mucho menos satisfechos con su partido que los republicanos y están más dispuestos a considerar alternativas a él. Un candidato presidencial independiente o de un tercer partido centrista probablemente inspiraría más a los demócratas. Y como las elecciones presidenciales han sido tan reñidas en las últimas décadas, los efectos asimétricos de una candidatura independiente o de un tercer partido podrían resultar decisivos para devolver a Trump al Despacho Oval, a menos que dicha candidatura hiciera historia al triunfar sobre los dos partidos existentes. Pero a pesar del alto nivel de descontento actual con estos partidos, las probabilidades de que se produzca este resultado siguen siendo desalentadoras y las consecuencias del fracaso podrían ser catastróficas”.


lunes, 15 de febrero de 2021

¡Ay Biscet, qué bajo has caído!

 Mario J. Viera

 


Leer lo que escribe desde Cuba, un hombre, supuestamente defensor de los principios democráticos, escribiendo barrabasadas, es desconsolador. En su último brillante, magistral, extraordinario artículo de opinión, publicado en Diario Las Américas, bajo el titular “La inconstitucionalidad del impeachment a Trump”, Oscar Elías Biscet expresó lo siguiente:

 

El 45 Presidente de los EEUU, Donald Trump, es el Sócrates contemporáneo; quien como un ciudadano particular es llevado a un juicio político amañado e inconstitucional a la Cámara del Senado (09/02/2021), después de haber sido acusado e instruido de un cargo falso por la Cámara de Representantes de los EEUU, el 28/01/2021”. (el resalte en negrita es mío)

 

¡Donald Trump el Sócrates contemporáneo! ¿Puede haber similitudes entre Donald Trump y Sócrates? Algo totalmente absurdo. Sócrates veía a la filosofía como el camino que conduce, por la justicia y el amor, a la virtud. ¿Conoce, en realidad, Biscet lo que virtud significa? Es que la virtud se entiende, especialmente como la disposición de la persona para obrar de acuerdo con determinados proyectos ideales como el bien, la verdad, la justicia y la belleza; estos tres últimos conceptos abstractos tan lejos en la personalidad de Donald Trump. En cuestiones de política a Trump, ni siquiera se le puede calificar de neófito, su filosofía “política”, es la filosofía del empresario, que no admite discrepancias en cuanto a cómo manejar sus negocios. Sócrates, en cambio, ha sido considerado como el padre de la filosofía y de la ética. ¿Ética? Sí, ética, esa parte de la filosofía que trata del bien y del fundamento de sus valores.

 

Trump, un ególatra que, como el también ególatra Fidel Castro, considera que lo sabe todo, que todo lo conoce, que es infalible, que todo lo que hace es extraordinario, superior a cuanto antes haya realizado algún presidente antecesor suyo, casi más grande que George Washington, actitud en total contradicción con el filósofo ateniense, consciente, tanto de la ignorancia generalizada como de la suya propia: “Solo sé que no sé nada”. Sócrates tuvo enemigos y sus enemigos le condujeron a un juicio, sin embargo, no rehusó presentarse ante aquel juicio, algo a lo que Trump no tuvo valor de hacer. No gritó, no atacó a sus acusadores. Fue sentenciado a muerte; pudo haber huido, como le aconsejaban sus amigos, pero prefirió acatar la sanción y aceptar la muerte.

 

¿Juicio amañado, y acusado e instruido de un cargo falso, como asegura Biscet? Entonces, el líder de la minoría republicana Mitch McConnell estaba levantando cargos falsos contra Trump cuando el pasado 19 de enero, aun representando la mayoría republicana, declaró: “La turba [que asaltó al Capitolio] fue alimentada con mentiras. Los incitó el presidente y otras personas poderosas, y trataron de usar el miedo y la violencia para impedir un trámite específico del poder legislativo del gobierno federal al que se oponían”. O cuando, luego de haber dado su voto absolutorio a Trump, expresó: “No hay duda, ninguna, de que el presidente Trump es moralmente responsable, y de forma decisiva, de provocar los eventos de aquel día. La gente que asaltó este Capitolio creía que actuaba siguiendo los deseos e instrucciones de su presidente. Y tener esa creencia fue una consecuencia previsible del creciente crescendo de declaraciones falsas, teorías de conspiración e hipérbole imprudente que el presidente derrotado seguía gritando a través del megáfono más grande del planeta Tierra".

 

Tal como se recoge en CNN, McConnell no descartó que Trump pudiera ser juzgado en cortes penales y civiles: “El presidente Trump sigue siendo responsable de todo lo que hizo mientras estuvo en el cargo como ciudadano común y, a menos que se ejecute el estatuto de limitaciones, sigue siendo responsable de todo lo que hizo mientras estuvo en el cargo. Todavía no se salió con la suya. Sin embargo, tenemos un sistema de justicia penal en este país. Tenemos litigios civiles. Y los expresidentes no son inmunes a que rindan cuentas en alguno de los dos

 

¿Es falso lo dicho por el senador republicano, Lindsey Graham, refiriéndose a Trump, “Su comportamiento después de las elecciones fue indignante”? Esto dicho, aunque diciendo que, en los escrutinios del 2022, le gustaría hacer campaña junto a él

 

¿Amañado el juicio? Así no lo consideraron los senadores republicanos Richard Burr, Bill Cassidy, Susan Collins, Lisa Murkowski, Mitt Romney, Ben Sasse y Pat Toomey, los cuales votaron a favor de la condena. ¿Carece de significado la llamada que, el líder de la minoría republicana de la Cámara de representantes, Kevin McCarthy le hiciera a Trump durante el asalto al Capitolio por una turba de trumpistas facinerosos? McCarthy le pedía a Trump que hiciera un llamado a sus seguidores para que abandonaran la sede del Congreso. La respuesta que recibió de Trump, fue la siguiente: “Bueno, Kevin, supongo que esta gente está más molesta por la elección que tú”. La riposta de McCarthy a Trump, mientras observaba como los amotinados penetraban a sus oficinas rompiendo ventanas, fue: “¿Con quién carajos crees que estás hablando?” El representante republicano Jaime Herrera Beutler, le comentó a CNN sobre esta llamada: “Hay que mirar lo que hizo [Trump] durante la insurrección para confirmar dónde estaba su mente. Estoy haciendo un gran esfuerzo por no decir la palabra fucked”.

 

Pero, ¿qué se puede esperar de alguien que considere a la seguidora de QAnon Marjorie Taylor Greene como una heroína. Una mujer que asegura, que los tiroteos producidos en las escuelas de Sandy Hook y Parland, dejando un salto de víctimas inocentes, no eran más que un montaje para prohibir el uso de las armas; incluso consideraba que algunos congresistas demócratas deberían ser ejecutados por traidores, entre estos, principalmente Nancy Pelosi. También, como informa France 24, había dicho que la matanza de 58 personas a manos de un hombre que disparó desde la habitación de un hotel en Las Vegas, en 2017, era un complot secreto para generar apoyo a la legislación de control de armas. ¿Acaso desconoce el patético Biscet, que el mismo Mitch McConnell, la calificó como “un cáncer para el Partido Republicano”? Hasta Kevin McCarthy, dijo sobre ella: “Déjenme ser claro, los comentarios de Greene como ciudadana privada no representan los valores de mi partido. Como republicano, como conservador y estadounidense, condeno esas visiones inequívocamente”.

 

Biscet la denomina heroína porque ella, un día después del juramento de Biden como presidente, introdujo una propuesta de impeachment contra él, bajo los supuestos cargos de corrupción, abuso de poder, tráfico de influencias y nepotismo, algo que en Estados Unidos se puede proponer, aunque sea estúpido. Y denomina a la activista de QAnon, Ashli Babbitt, muerta mientras intentaba penetrar por una ventana al interior del Capitolio, de “patriota”, “defensora de la América libre y constitucional”; ella como “resplandor perenne de libertad y resistencia a las injerencias de las dictaduras globalistas del socialismo y sorosismo en EEUU” (Podemos perdonarle la cursilería de aprendiz de escribiente). Ni en ella, ni en el resto de los asaltantes, Biscet, desde la distancia, dijo, no pudo observar “la cólera enajenante de los múltiples y desastrosos motines desencadenados por Antifa y BLM”.

 

Antifa y BLM parecen ser obsesivos en las visiones kafkianas de Biscet. Lean esto escrito por él: “El Partido Demócrata en la Cámara de Representantes acusó de insurrección al presidente Donald Trump, cargo falso y amañado, pues en el momento de la acusación a Trump ya la Policía (FBI) había definido los causantes, la hora de comienzo, su planificación de días antes por Antifaz y MLB y la no relación del presidente Trump con los que causaron los disturbios en el Capitolio”; esto es algo totalmente falso. Pero ¿qué conoce Biscet sobre Antifa, salvo lo que aduce la derecha radical sobre ese grupo. Antifa, es un movimiento antifascista, que declara oponerse a todas las formas de racismo y sexismo y a las políticas que impulsaba el gobierno de Trump contra la inmigración y los musulmanes. Aunque a menudo se le clasifica como una organización de izquierda o de extrema izquierda, sus miembros se han focalizado en luchar contra la ideología de extrema derecha, más que en promover iniciativas que representen a un sector determinado del sistema político. Según BBC Mundo, son “grupos muy diversos en distintos países, aunque aparentemente los más activos se encuentran en Estados Unidos, Reino Unido y Alemania”

 

Por otra parte, Biscet, como los supremacistas blancos y la ultraderecha de Estados Unidos, acusa a BLM este disperso movimiento como violento. Algo muy significativo. Biscet es de la raza negra, mestizo, es un activista Pro Vida y, sin embargo, no siente empatía alguna por la desesperada lucha de BLM, movimiento en contra del racismo sistemático presente en muchos sectores de la sociedad estadounidense y, en protesta por la muerte violenta que varios negros han sufrido a manos de policías blancos. Tal vez para Biscet la vida de los negros, bajo el cuatrienio de Donald Trump, no importe.

 

Antifa, no ha tratado nunca de asaltar centros alguno de la democracia de Estados Unidos, como sí han hecho los Proud Boys, los QAnon, las milicias armadas de trumpistas; los neo-nazis y los neo-confederados, ondeando la bandera de la Confederación, símbolo de la traición hacia los Estados Unidos y del racismo. Le preguntaría al Dr. Oscar Elías Biscet ¿Qué hubiera ocurrido si, en lugar de los trumpistas extremistas, hubieran sido los miembros del BLM, quienes asaltaran el Capitolio federal de Estados Unidos?

 

Ahora, el médico de profesión, se nos presenta como un experto en Derecho Constitucional de Estados Unidos para darle a los estadounidenses, lecciones de interpretaciones literales sobre la Constitución de este país, y lo hace reproduciendo los postulados que tratan sobre el juicio político a altos funcionarios del gobierno y del legislativo, postulados que aquí son conocidos por la gran mayoría de sus ciudadanos, sin necesidad de que nos instruya el médico Biscet.

 

Mejor sería que Biscet, que no es ciudadano de Estados Unidos, en lugar de intentar influir en la política de este país, y de colocarse como si fuera un miembro del Partido Republicano de Trump, se dedicara a criticar al gobierno de Miguel Díaz-Canel y a la dictadura del PCC, y darse por entero a impulsar un movimiento de resistencia noviolenta en Cuba o a su Proyecto Emilia, un “proyecto triunfador”, según él mismo lo denomina. “Gracias a que hemos mantenido una vanguardia de lucha no violenta en Cuba ─ declaró Biscet el 11 de enero de 2019 ─, este pudiera ser el último año de la tiranía al frente de la nación”. Desgraciadamente, ya estamos en el inicio de la segunda quincena de febrero de 2021 y la tiranía continúa al frente de la nación, quizá porque ese “triunfador proyecto” solo sea conocido por cuatro gatos en Cuba y, si no me creen, pregúntenles a sus familiares en Cuba, cuando se comuniquen con ellos, si conocen el tal Proyecto Emilia.

 

Si alguien se siente incómodo por este análisis que hago de los artículos de opinión de Biscet, por aquello de que está en Cuba “enfrentando” a la dictadura, le diré: Biscet ha dado su opinión públicamente y es mi derecho analizar públicamente sus opiniones y exponer las mías.