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domingo, 13 de octubre de 2013

El rehén


Si siendo una minoría de la minoría, tienen al mundo en vilo, a su país al borde del abismo, ¿cómo sería si fueran mayoría? ¿Cómo sería si alguno de sus miembros llegara a ser presidente? ¿Cómo han podido llegar a ser parte del Congreso de la primera potencia del mundo, personas que creen, por ejemplo, que el cuerpo de la mujer se encarga naturalmente de bloquear la concepción, en caso de una violación “legítima”?

Pedro Caviedes. EL NUEVO HERALD

Los nuevos reportes provenientes de Washington dan cuenta de una extrema preocupación en el lobby de negocios. Sus presidentes, ejecutivos y voceros, dicen estar molestos con la extrema derecha, que mantiene cerrado al gobierno y amenaza con que por primera vez en sus 224 años de historia, Estados Unidos no pague sus deudas, dando paso a un cataclismo económico que tendrá consecuencias mucho más graves que las creadas cuando quebró Lehman Brothers, y la burbuja financiera estalló. Están desesperados. Si la economía se cae, los negocios que representan también caerán.

Me pregunto si no sabían. Porque estas mismas asociaciones gastaron millones de dólares en las elecciones del 2012, para que la redistribución de los distritos les conviniera, y para que salieran elegidos los mismos personajes con los que ahora se pelean. ¿Acaso no escuchaban sus discursos? Para ellos no hay enemigo más grande que el gobierno. Y esa enemistad se multiplica al infinito si el presidente es de apellido Obama. Creo que este es el típico caso de los cuervos que les sacan los ojos a sus criadores. De la bomba que estalla en la cara.

O quizá lo que estamos viviendo sea el estallido de la burbuja que representa el discurso falaz e ideo-ilógico de ese grupo de congresistas que hoy por hoy ha pasado de la palabra al acto. La propaganda anti presidente ya solo engaña a los más fanáticos. La realidad se ha impuesto. Gobernar desde el radicalismo es perjudicial para todos. No hay excepciones.

Si siendo una minoría de la minoría, tienen al mundo en vilo, a su país al borde del abismo, ¿cómo sería si fueran mayoría? ¿Cómo sería si alguno de sus miembros llegara a ser presidente? ¿Cómo han podido llegar a ser parte del Congreso de la primera potencia del mundo, personas que creen, por ejemplo, que el cuerpo de la mujer se encarga naturalmente de bloquear la concepción, en caso de una violación ‘legítima’? ¿Irresponsables que investidos de congresistas son capaces de salir a acusar a la asistente de la Secretaria de Estado de ser aliada de los Hermanos Musulmanes? ¿Personajes que dicen que no ampliar el techo de la deuda y que la economía más grande del planeta no cumpla con sus obligaciones, no sería tan grave, porque en sus pequeños negocios a veces han dejado de cumplirlas, y las consecuencias no han sido tan desastrosas? Algo anda mal en esta democracia. Y algo anda mal con los votantes. Quizá estemos viendo demasiada farándula y reality shows. O quizá haya demasiados predicando de política a través del fanatismo religioso. Otra bomba de tiempo.

¿Qué pasaría si otros países siguieran el ejemplo de estos congresistas? ¿Qué pasaría si de repente China y Rusia y los países de la Unión Europea y de Latinoamérica y el resto del planeta decidieran cerrar sus gobiernos y al mismo tiempo no pagar sus deudas? ¿Qué pasaría si los Congresos de otros tantos países democráticos decidieran que las leyes se crean y se derogan a través del chantaje? ¿Qué pasaría si de repente la gente, siguiendo el ejemplo de estos congresistas, decidiera no pagar su hipoteca, sus tarjetas de crédito, los préstamos para carro o estudios, las deudas hospitalarias? Creo que en el eventual caso en el que todos los países decidieran seguir su ejemplo, la Tercera Guerra Mundial estaría a la vuelta de la esquina. En el de la gente, una crisis económica peor que la de hace cinco años. Y en todo caso, reinaría la anarquía.

El jueves en la noche, después de una reunión en la Casa Blanca, John Boehner salió a decir que le habían presentado una gran oferta al presidente. Consistía en dejar el gobierno cerrado indefinidamente y prorrogar la agonía por el techo de la deuda durante tres meses. Es decir, hacen de toda la casa una catástrofe, parten los muebles, quiebran los adornos, rompen las cortinas, funden los electrodomésticos, riegan la comida, rayan las paredes, no pagan los servicios, y después hay que darles las gracias infinitas porque ofrecen tirar a la basura el desastre de una de las alcobas.

Hoy, por fin, está claro, el compromiso para el GOP significa que los otros acepten sin condiciones, todas las condiciones que ellos impongan, para liberar a su rehén: el gobierno. Pero si este es el gobierno del pueblo.

¿Entonces quién es el rehén?

jueves, 10 de octubre de 2013

¿Dónde está el rey Salomón?


Los reparos de los republicanos son contra los programas sociales.

Uva de Aragón. DIARIO LAS AMERICAS.

El juego entre republicanos y demócratas se está pasando de rosca. Se culpan unos a otros, y aunque todos tienen más que perder que lo que creen, no dan su brazo a torcer. En el medio estamos nosotros, los que vivimos en Estados Unidos, que somos los más perjudicados.

A mi modo de ver ─ así lo expresé en mi columna de la semana anterior (La oposición desleal) ─ los republicanos están cometiendo un gran error (según las encuestas, un 63% de los estadounidenses consideran que son los más culpables de esta crisis.) Algunos se han dado cuenta y han expresado públicamente sus desacuerdos con el partido. A otros, sólo hace falta escucharlos cuando los periodistas les plantean si la estrategia no habrá sido equivocada. Si “Obamacare” es una ley tan dañina, en vez de oponerse a que se pusiera en efecto ─ como ha sucedido pese a todos sus esfuerzos ─, ¿por qué no esperaron a que los votantes comprobaran sus estragos? Podrían haberse beneficiado del disgusto de la población para ganar mayoría en ambas cámaras en 2014, y hasta la presidencia en 2016.

Tendrían entonces la oportunidad de invalidarla, como no han podido hacerlo hasta el presente. Con frecuencia se van por la tangente y repiten los mismos estribillos memorizados, al estilo del risible método Olendorf de idiomas, que ante la preguntas de si va a llover, la respuesta podría ser que el paraguas de mi tía es rosado.

Cuando conducimos, hay un punto ciego en que no vemos el auto que va a nuestra derecha. En este debate, los árboles no les dejan a muchos ver el bosque. Personas inteligentes y posiblemente sinceras aducen que hay que ponerle un freno a los gastos de esta administración, pero nunca se quejaron del costo inmenso de las guerras en la era de Bush.

No hay elogios para el presidente Obama por su lucha contra el terrorismo ─ actualmente ha habido operaciones importantes en Somalia y Libia, y han capturado a un líder de Al-Qaida en las calles de Trípoli ─, ni se le reconoce tampoco que gran parte del presupuesto del Gobierno está dedicado al Departamento de Defensa. Los reparos de los republicanos son contra los programas sociales.

En definitiva, políticos y ciudadanos de a pie de cualquier tendencia podemos en ocasiones no admitir las virtudes de nuestros adversarios o los defectos de nuestro partido. Pero actualmente parecería como si se hubiera perdido todo vestigio de sentido común y buena voluntad. Es alarmante.

Al problema del cierre del Gobierno, que es ya bastante serio, y más aún cada día que pasa, se añade la cercanía de la fecha en que el Congreso tiene que aprobar el aumento de la deuda para que los Estados Unidos pague sus cuentas. Estemos claros. No se trata de aprobar nuevos gastos, sino de hacer los fondos disponibles para pagar compromisos que ya se han aprobado previamente.

Si el 17 de octubre Estados Unidos no cumple con sus obligaciones financieras, las consecuencias para la economía serán devastadoras. Y la responsabilidad recaerá por igual sobre el presidente Obama. De aquí a unos años nadie recordará el nombre del líder de la Cámara de Representantes en el 2013, pero los libros de historia y la memoria colectiva registrarán que esta debacle sin sentido tuvo lugar durante la presidencia de Barack Obama.

Es fácil tomar partido de un lado u otro, y debatir entre amigos o en mesas redondas públicas el origen del problema. Lo difícil y urgente es buscar soluciones, llegar a un acuerdo. Aunque hace una semana he aplaudido al presidente por no dejarse chantajear, pienso que pronto llegaremos a un punto, si no lo hemos alcanzado ya, en que Obama tendrá que buscarle una salida al liderazgo republicano para que emerja airoso de este berenjenal. En la lengua de Shakespeare, “save face”.

Haría falta la sabiduría del Rey Salomón para que no caiga la espada mortal sobre el cuerpo inocente del niño que ambos partidos reclaman como suyo. El bebé de la leyenda bíblica era muy chico para protestar, pero el pueblo americano lo está haciendo. Es hora de llegar a un compromiso antes de que las consecuencias sean trágicas. Me temo, sin embargo, que no veremos tal pacto hasta que el filo del acero se encuentre muy cerca de asestarnos el golpe mortal.

lunes, 7 de octubre de 2013

Chantajeando a Obama


Raúl Benoit. DIARIO LAS AMERICAS

La política, según Maquiavelo, es la forma en que los gobernantes mantienen el poder a cualquier precio, incluso matando, persiguiendo y atropellando al pueblo.

El maquiavelismo mina el espíritu de ciertos dirigentes de los Estados Unidos, en donde presumimos de ser una democracia ejemplar y un país libre; sin embargo, tenemos que admitir que no lo somos tanto, porque la democracia ante todo es justicia social y la política tiene que amparar al pueblo y defender el derecho de una sociedad a vivir equitativamente con seguridad, educación y salud.

La ultraderecha de los Estados Unidos es un grupo poderoso y perverso encubierto en una agrupación con tintes fascistas que se hace llamar Tea Party, los “patriotas”. Desde sus cuarteles reservados solo para privilegiados, favorecen intereses económicos de grupos precisos.

Lo que ha ocurrido en los últimos días al obligar el cierre del gobierno federal, no es más que otro chantaje contra el presidente Barack Obama, quien ha dicho la verdad al acusar a los republicanos de mantener al país como rehén por cuestiones ideológicas.

El Partido Republicano (tras bambalinas el Tea Party) lidera una maliciosa estrategia para ir allanando el camino con el fin de retomar el poder en el 2016 y favorecer los intereses de grandes corporaciones que aportan mucho dinero en las campañas de ellos.

El caballito de batalla es el plan conocido como ObamaCare, el cual extiende la cobertura del Medicaid, (programa de salud para personas de bajos recursos), a la gente que carece de un sistema que la proteja completamente. El ObamaCare prohíbe a las compañías aseguradoras rechazar usuarios por condiciones preexistentes y por género. Le dará acceso al seguro médico a precios asequibles a más de 30 millones de ciudadanos que ahora no tienen ese privilegio.

Manda a todos a tener un seguro médico para 2014 y quienes ganen por debajo del cuádruple de la línea de pobreza recibirán subsidios para el pago de ese seguro de salud. Obliga a los negocios con más de 50 empleados a cubrir esa protección básica. Permite a los jóvenes adultos, hasta los 26 años, a utilizar el seguro de sus padres.

Pero la maldad y la codicia son las madres de la tergiversación. Le han metido el cuento a la gente que el Plan de Salud de Obama es socialista y que lo pagaremos quienes ganamos más. ¿Por qué el egoísmo de quienes viven mejor, de no sacrificar un poco para ayudar a los necesitados? Otros dicen que esto favorecerá sólo a los hispanos y a las comunidades afroamericanas a quienes acusan de exprimir al gobierno y ser improductivas. Eso es una falacia.

Lo que está ocurriendo en el Congreso estadounidense es una demostración de hasta dónde son capaces de llegar los poderosos y multimillonarios para cuidar sus intereses y ganancias, léase, entre otros, las farmacéuticas y las aseguradoras, que operan como auténticas mafias.

Estos individuos harán hasta lo imposible para seguir desacreditando y acorralando al gobierno y usarán nuevas estrategias maquiavélicas con el fin de destruir la imagen de Obama quien tendrá que colocarse la armadura para enfrentar los chantajes de estos bandidos medievales.

sábado, 5 de octubre de 2013

Del Bogotazo al Té-tazo


José Manuel Pallí, Esq. DIARIO LAS AMERICAS

En abril de este año 2013, los colombianos recordaron con recogimiento y reflexión el 65º aniversario del magnicidio de Jorge Eliécer Gaitán, brillante orador y líder del Partido Liberal. 

Más allá de la asignación de responsabilidades por la autoría de aquel hecho de violencia política (que si lo mató la CIA, o si el asesinato fue obra de los conservadores, o bien de los comunistas colombianos…), lo cierto es que la muerte de Gaitán acentuó la polarización que ya por entonces existía en la sociedad colombiana, y encaminó a Colombia por un triste camino que, sólo en fechas recientes y con titánico esfuerzo, han podido los colombianos comenzar a desandar.

En los Estados Unidos no somos ajenos a los hechos de violencia política, claro. Y la proliferación de todo tipo de armamento en nuestras calles nos debiera llamar a sosiego ante el grado de inquina que está alcanzando entre nosotros la polarización, que ya se acerca peligrosamente a ser tan profunda y divisiva como lo es en las sociedades más polarizadas del planeta.

Los hechos que hemos vivido en estos días en nuestro país, si bien la sangre todavía no ha llegado al río, constituyen un atentado de magnicidio, no ya contra un individuo, ni contra un grupo en particular, ni siquiera en contra (o en defensa) de una ideología en particular ─ es difícil encontrar el menor vestigio de ideología alguna en el conjunto de eslóganes, uno más necio que el otro, que repiten como loros los responsables del Té-tazo por el que atravesamos ─ sino contra toda una estructura institucional.  

Una estructura, que durante muchos años, evitó en los Estados Unidos la ocurrencia de Bogotazos, Caracazos, o incluso manifestaciones algo más benignas del disgusto popular como la toma de las calles en forma masiva por ciudadanos indignados ante la insensibilidad y negligencia de sus gobernantes.

Una estructura que nos ha dado, hasta ahora, la autoridad moral para señalar las deficiencias de quienes padecían la ausencia de un marco institucional como el nuestro y, en muchos casos, nos lo envidiaban.

Una estructura que hemos descuidado irresponsablemente a partir de nuestra indiferencia ante quienes con absoluto descaro han puesto ese marco institucional al servicio del mejor postor. Nuestras leyes son hoy en día poco más que el reflejo de un sinnúmero de intereses sectoriales, representados por cabilderos irresponsables que sólo responden a quienes les pagan por hacer su “trabajo legislativo” y a quienes poco les interesan las consecuencias de las leyes que ellos mismos hacen, mientras les permitan llenarse sus bolsillos de dinero. 

Que alguien de la insignificancia hasta ayer de Ted Cruz ─ empeñado en convertirse en Tom Cruise a fuerza de llevar hasta sus últimas consecuencias su “Misión Imposible” ─ se haya convertido en el eje sobre el que gira la primera potencia del mundo, al punto de transformarse en líder “de facto” de la Cámara de Representantes (por “default”, es cierto, del cabeza hueca que ostenta ese cargo) nos debiera preocupar especialmente a los cubanos, o cubanoamericanos.

Y es que algunos de nuestros políticos más exitosos ─ y comparto el orgullo de muchos cubanos por el éxito que ha tenido nuestra comunidad al generarlos ─ se acercan cada vez más a la parodia. Me imagino que un buen amigo mío describiría a Tom (quiero decir Ted) como un ejemplar de lo que considera un “racionalmente egoísta homo politicus cubanusamericanus”, aunque lo de racional le queda grande al Sr. Cruise (sorry, Cruz). Pero el daño que le hizo a la imagen de los cubanos el mal llevado affaire de Elián González nos va a parecer cosa de niños comparado con el que puede hacerle este niño malcriado.

En España dicen aquello de que “lo que natura non da, Salamanca non presta”. El Senador por Texas (y por Canadá: gracias, Señor, por no sobrecargar esta vez a tu pueblo elegido de Miami) puede haber pasado por las mejores universidades de este país, pero es evidente que se saltó el kindergarten, en donde, según reza el título de un “best-seller” de no hace mucho tiempo, uno aprende todo lo que necesita saber en la vida.

Al lado de Tom (sorry, quise decir Ted) hasta Nicolás Maduro parece un “frat-boy” de Princeton. ¿Habrán estudiado juntos? Lo que me queda claro es que tanto Nick como Ted son igual de inmaduros…

viernes, 4 de octubre de 2013

Cómo perder una elección presidencial


Benjamín F. DeYurre. EL NUEVO HERALD

Ante un mundo económicamente cambiante, donde la competencia es cada vez mayor y los recursos son cada vez menores, se impone un tipo de liderazgo que intente equilibrar estos dos factores. En el pasado, las grandes reformas económicas y sociales llevadas a cabo en EEUU no han estado exentas de controversia. Obamacare tampoco lo está.

Cuando el 8 de junio de 1934 el presidente demócrata Franklin Delano Roosevelt propuso ante el Congreso la creación del Social Security, un grupo de senadores republicanos preguntó a la ministro del trabajo de entonces, Frances Perkins, si eso era socialismo. La señora Perkins, a la sazón la primera mujer en un gabinete presidencial, respondió que no. Ella no sólo apadrinó la ley del Social Security. También lo hizo con las leyes del salario mínimo y el seguro de desempleo.

Una vez que el Social Security se convirtió en ley en 1935, su puesta en marcha significó un trabajo gigantesco; en los años 1936 y 1937 se registraron 35 millones de patronos y empleados.

Para la fecha el gobierno de Roosevelt aún no había superado la gran crisis económica de 1929, heredada del presidente republicano Herbert Hoover. Por ello el registro para el Social Security tuvo que ser hecho por correo. La recuperación económica de la época también conllevó medidas que regularon las actividades bancarias, ya que varios bancos fueron acusados de fraude y responsabilizados en buena parte por la crisis. Es allí cuando surge el FDIC o fondo de protección bancaria para los depositantes y el SEC, la comisión encargada de regular las operaciones de Bolsa.

Ya para 1964, el presidente demócrata Lyndon B. Johnson sostiene que los jubilados de 65 años y más no pueden acarrear sus gastos médicos. Es allí cuando propone la creación del Medicare y posteriormente del Medicaid para las personas de bajos ingresos o discapacitados.

El senador Barry Morris Goldwater, nominado por los republicanos a la presidencia en 1964, declaró: “Si a nuestros pensionados les pagamos sus médicos, ¿por qué no les pagamos también casa, comida, vacaciones, licor y cigarrillos?” Por supuesto, ante tales comentarios Goldwater perdió las elecciones frente a Johnson.

En 1965, el Medicare fue aprobado por el Congreso y supuso igualmente un gran esfuerzo laboral para inscribir a más de 20 millones de beneficiarios en los siguientes tres años.

En 1995, el republicano Robert Dole, postulado a la presidencia en 1996, declaró con orgullo: “Yo fui uno de los miembros de la Cámara en votar en contra de la creación del Medicare en 1965”. Por supuesto, Dole perdió en la contienda electoral frente a Bill Clinton.

Por lo visto, el hecho de oponerse a las grandes reformas sociales acordes con el curso de la historia solo hace perder elecciones presidenciales.

En la actualidad el gobierno del presidente Barack Obama está enfrascado en implementar la reforma de salud conocida como Obamacare. Para variar, los republicanos se oponen. Ya han logrado el cierre parcial del gobierno y amenazan con bloquear un incremento en el techo de la deuda si Obamacare no retarda y/o modifica su implementación. Sin embargo, el proyecto está legalmente en vigencia y no se detendrá.

Como vimos en el pasado, Obamacare no será una tarea fácil, como tampoco lo fue el Social Security, el Medicare y el Medicaid. Coincidentemente, vemos que Obama heredó una crisis de Bush, tal como Roosevelt la heredó de Hoover. También vemos como a Obamacare lo han tildado de proyecto socialista. Lo cierto es que Obamacare supone un trabajo arduo de años, que irá paulatinamente ajustando sus mecanismos para corregir sus errores.

El único error histórico será oponerse a Obamacare. No hay una manera más segura de perder elecciones.

Caricatura de EL NUEVO HERALD Republicanos contra Obamacare


jueves, 3 de octubre de 2013

La oposición desleal


Uva de Aragón. DIARIO LAS AMERICAS

Foto AFP
Son verdades de Perogrullo. La democracia es un pacto social entre gobernantes y electores. También entre partidos. Por eso cuando un candidato gana, el perdedor lo felicita y regresa a casita. La vida del país continúa su curso.

Uno de los principios esenciales de la política en Estados Unidos durante más de dos siglos ha sido “to compromise”; es decir, llegar a acuerdos, negociar. Es la regla del juego.

Existe otra norma básica: la oposición debe ser leal. Es decir, jamás coloca sus intereses particulares por encima del bienestar de la sociedad. Desde hace ya varios años, este pacto se está quebrando. Las raíces del mal quizás sean más antiguas, pero se han hecho muy obvias en los últimos años con los ataques tan atroces contra el presidente Barack Obama, electo y reelecto por los votantes.

No es cuestión en estos momentos de discutir los logros o fracasos de su gestión, sino de señalar que muchos han perdido el respeto al cargo del Presidente, independientemente de quien lo ocupe. No es buena señal. El largo discurso de Ted Cruz recientemente y el cierre del Gobierno porque el Tea Party desea impedir que se implemente la ley de salud asequible, conocida como Obamacare, es un triste ejemplo del resquebrajamiento del pacto social.

Las tácticas de Cruz y sus compinches son una muestra clara de oposición desleal. El señor Cruz miente. Incluso miembros de su propio partido han señalado, que aunque quisieran, el hecho de no aprobar la extensión del presupuesto y de cerrar el Gobierno, como han hecho, no impediría la implementación del Obamacare, que está financiado en gran parte por fondos que el Congreso está obligado a gastar. Así se ha comprobado ya, pues la ley ha entrado en vigor. O sea, el Tea Party mantiene al país secuestrado para obligar al presidente Obama a cambiar una ley que no les gusta, pese a que fue aprobada por el Congreso, y declarada constitucional por el Tribunal Supremo.

El presidente Obama y el líder de la mayoría del Senado Harry Reid (D-Nevada) no son culpables de que el Gobierno haya cerrado. Hacen bien en no aceptar el chantaje. Sería un precedente peligroso. Muchos republicanos dicen medias verdades, casi peores que las mentiras. Aseguran que las personas no encuentran trabajo porque los negocios no quieren pagarles el seguro médico que ahora estarían obligados a ofrecer si tienen más de 50 empleados a tiempo completo. Es cierto. Lo que no dicen es que muchos de estos negocios tienen ganancias millonarias y no desean disminuirlas. Es la avaricia lo que prevalece.

La oposición desleal oculta verdades, como los beneficios del Obamacare, pues muchos podrán recibir cuidados de salud pese a condiciones médicas previas, tendrán oportunidad de mantener a los hijos en sus pólizas hasta los 26 años y no perderán su cobertura si sufren una enfermedad catastrófica. Además, habrá pólizas a precios razonables, con lo cual los ciudadanos tendrán acceso a medicina preventiva, una ventaja individual y colectiva.

Me parecería más sensato aceptar una ley que ya ha entrado en vigor y ayudar a ajustar sus aspectos negativos, que poner la nación al borde del precipicio, como han hecho. Cuando se aprobó el Seguro Social y años después el Medicare ─ ambos durante administraciones demócratas ─ muchos pusieron el grito en el cielo. Quisiera que los lectores de esta columna se preguntaran a sí mismos, si estos programas, pese a sus fallos, no los han beneficiado a ellos o a sus padres.

Hay más. El efecto del cierre del Gobierno no sólo perjudicará a los empleados federales y a los que reciben sus servicios, sino que va a tener un impacto inmediato y dañino en la Bolsa de valores, y en las cuentas de IRA de muchos retirados, ahora que el mercado comienza a recuperarse. En realidad, las pérdidas económicas son billonarias. Es otro de los males provocados por la oposición desleal.

Irónicamente, no creo que sean los ciudadanos promedios ─ que en su inmensa mayoría desaprueban el desempeño del Congreso ─ ni la prensa ni el presidente Obama ni los demócratas quienes pongan freno a la irresponsabilidad alarmante del Tea Party y sus representantes en la Cámara. La presión vendrá de las instituciones financieras, los bancos, Wall Street, que a su vez la recibirán de China y Japón. A estos países poco les importa Obamacare, pero tienen un gran interés en mantener la estabilidad económica y social de los Estados Unidos. Nadie más asustadizo que un inversionista. Si son inteligentes, el Tea Party, Ted Cruz y compañía les pondrán los pelos de punta.

¡Viva la muerte!


A lo que realmente le temen los republicanos es a que la reforma sanitaria tenga éxito, es decir, a que, pese a las naturales dificultades prácticas de poner en vigor un programa tan complejo y novedoso, reduzca el número de norteamericanos sin seguros, rebaje los costos de la atención médica y termine ganándose las simpatías de los norteamericanos.  

Daniel Morcate. EL NUEVO HERALD

Debe de ser una forma de locura política colectiva. Tal vez piensan que el país se les va de las manos. Quizá ya no lo reconocen. O no les gusta. Y quieren disparar los últimos cartuchos de histeria antes de volverse totalmente irrelevantes. Ellos para el país o el país para ellos. Pero lo cierto es que la conducta de muchos legisladores republicanos en estos días, y de los ideólogos iracundos que los alientan, ha sido poco menos que demencial. Si en nuestras familias alguien se monta un numerito como el que montó Ted Cruz en el Senado el otro día, lo veríamos como una tragedia digna de manicomio o por lo menos de siquiatra. Pero el primo más bien encontró gente que lo felicitara. De su partido a la deriva, claro está. Y del Tea Party, esa cuna en la que permanentemente renace el trogloditismo. Algunos senadores incluso se prestaron para relevarlo mientras descargaba su filípica al estilo de Castro o Chávez. Era el Senado devenido circo de fieras políticas que ladraban y rugían.

Al paso que llevan, los extremistas republicanos, que hoy por hoy dominan a su partido, harán suyo el tristemente célebre lema del fascista gallego José Millán-Astray en los comienzos del franquismo: ¡viva la muerte! Van por la senda de la anarquía ultra conservadora. Palo a los pobres. Palo a los indocumentados. Palo a las minorías étnicas. Palo a los gays. Palo al derecho al voto. Palo a la acción afirmativa. Palo a la reforma migratoria. Y palo a todo lo que proponga el presidente Obama. Sobre todo a la reforma sanitaria. Y es que los republicanos le tienen pánico a esa medida. No es que le teman a que no funcione o que quiebre al país, como afirman. A lo que realmente le temen es a que tenga éxito, es decir, a que, pese a las naturales dificultades prácticas de poner en vigor un programa tan complejo y novedoso, reduzca el número de norteamericanos sin seguros, rebaje los costos de la atención médica y termine ganándose las simpatías de los norteamericanos.

Esto en parte explica el nihilismo al que han descendido los republicanos en estos días. Han estado dispuestos a cerrar el gobierno, dejar a cientos de miles de empleados federales sin cobrar, a millones de norteamericanos sin servicios federales, a millones más con pérdidas en sus pensiones y al país sin pagar su deuda externa, con tal de imponer su voluntad y privar de fondos a Obamacare. Creen que este es el momento de hacerlo, pues comenzó una fase crucial para el programa. En sus cálculos delirantes y egoístas, piensan que si Obamacare funciona, aunque sea parcialmente, los votantes recompensarán al partido del presidente en las próximas elecciones. ¿Y qué sucede mientras tanto con los 30 millones de personas a las que potencialmente aseguraría Obamacare? En las diatribas republicanas ni siquiera figuran, son puros fantasmas, gente a la que prefieren no mencionar. Muchos incluso defienden la idea primitiva de que si carecen de seguro es porque se lo merecen. ¡Que viva la muerte!

La campaña republicana contra la reforma sanitaria es implacable. En la Cámara baja han votado más de 40 veces para anularla. Con su incesante propaganda, que subvencionan multimillonarios cavernícolas, han logrado revertir el apoyo popular a la medida. Los norteamericanos se sienten confundidos y abrumados por los retos que presenta. Los reales. Y los que inventa la propaganda. Lejos de ayudar a afrontarlos con actitud constructiva, los republicanos los hacen lucir más insuperables de lo que realmente son.

Pero el presidente Obama y los legisladores demócratas no deberían ceder ante el chantaje y las turbias maniobras republicanas.

En definitiva, los votantes favorecieron una reforma sanitaria al elegirlo dos veces a la Casa Blanca y al darles el Senado a los demócratas. La medida se adoptó además mediante el debido proceso. Y la Corte Suprema avaló su constitucionalidad. Si a pesar de todo eso los republicanos, irremediablemente fanatizados ya, insisten en boicotearla a expensas de la salud de millones de norteamericanos, y de la salud financiera de la nación, que por lo menos quede bien claro que son ellos quienes parecen gritar: ¡que viva la muerte!

miércoles, 2 de octubre de 2013

Crisis de la verdad acomodada


Guillermo Descalzi. EL NUEVO HERALD

Ted Cruz y Boehner (Daily Kos) 
 

Entre un megalómano, Cruz, y un incapaz, Boehner, nos están llevando al abismo más profundo del mar de la iniquidad política.

Vamos de lo ridículo a lo patético, de crisis en crisis, y si no hay crisis el Congreso no se mueve. Esta es una crisis republicana que quieren presentar como carga demócrata. Eso no va a funcionar. Todo el mundo sabe donde está la intransigencia, cuál es el partido del no, quién es la madre del cordero.

Recuerdo cuando los fundadores del Noticiero Nacional SIN, la hoy Univisión, llegamos a Washington. Fue el día de la inauguración de Ronald Reagan. Llegamos con camisetas negras de SIN, la Spanish International Network. Decían SIN ON THE HILL, pecado en la colina, la del Capitolio. Estaba vivo el recuerdo de Wilbur Mills, poderoso chairman del House Ways and Means Committee, que se metió con ropa y todo a la laguna del monumento a Jefferson tras una stripper argentina conocida como Fanne Fox, Zorra Divertida. Fue ridículo. Nuestras camisetas de ‘Sin on the Hill’ volaron. Hoy llevaríamos camisetitas con ‘El Inca en la Colina’, donde el Inca es John Boehner, “speaker” de la Cámara de Representantes, Inca por incapaz y “speaker” entre comillas porque por su boca no habla él. Es patético. Hemos ido de lo ridículo a lo patético. ¿Y lo digno? Sorry, esto no es lo bueno, lo malo y lo feo. Aquí hay solo lo malo y lo feo.

Del sumo sacerdote de Tonatiuh, Sol Azteca, se decía que “por su boca habla el espíritu”. ¿Qué espíritu habla por la de Boehner? Hoy por hoy es el de la megalomanía en Ted Cruz, ídolo de jour de la derecha folklórica y nativa, colorida y simple, lo cual estaría bien si Ted estuviese para entretenerla, pero está para absorberla. Absorbe su espíritu de conservadorismo digno y lo suelta en torrentes de rechazo por boca de nuestro speaker, el Inca Boehner.

Este era, fue, el país de la democracia que funciona. Lo volverá a ser. Esto es cíclico, pero por el momento y en algún momento, es difícil precisar cuándo pasamos a ser un país donde la democracia dejó de funcionar. Ganase quien ganara, éramos americanos y quienes no ganaban apoyaban al ganador. El concepto de la oposición leal iba más allá de lo teórico. Era una oposición funcional, constructiva, que en lo más duro arrimaba el hombro.

La ley del Obamacare ganó, pasó, y fue validada por la Corte Suprema. Cruz incita a romper la ley, esa ley, ya aprobada, dirimida y juzgada. ¿Puede alguien decir que Cruz, con el torrente que lanza por boca de Boehner, sea leal y constructivo, funcional en su oposición?

Quienes me conocen saben que no soy fanático. Hay mucho que critico en Obama, pero soy constructivo y leal en mi crítica, no a él, a nuestro sistema de gobierno, leal a nuestra constitución, al país, a nuestra sociedad y valores.

Torcer la verdad es patético. Hay que ser leales a partido y causa, sí, leales al movimiento y principios con los que uno se identifique, sí, pero primero hay que ser leales a la verdad y la decencia. En un llamado de atención al entonces senador Joseph McCarthy, le preguntaron: “ Have you no sense of decency?” ¿No tiene sentido de decencia? Los que hoy siguen a Cruz necesitan preguntarle lo mismo. Su decencia debiese condicionar el apoyo que le den.

La verdad no puede, ni debe, ser defendida con medios y palabras indecentes. La mentira es indecente, pero quienes la manejan en esta crisis pretenden que es ‘verdad acomodada’, y que no son ‘ellos’ quienes la acomodan, que son los ‘otros’. Sacarles una verdad simple, sin acomodos, es una tarea titánica, por no decir misión imposible. La verdad no se acomoda, y sería llevadera por todos sin tan solo se manejase con decencia, pero la verdad del momento, acomodada por Cruz y compañía, es usada como amenaza de caos económico para matar el Obamacare. En esta crisis de la verdad acomodada están creando una burbuja similar a del ‘reverendo’ Jim Jones, con odio maquinado y veneno refinado para sus seguidores en Jonestown, Guyana. La de ahora conduce a un Cruztown económico, maquinado en el Capitolio con veneno disfrazado de verdad acomodada. Vengan, tomen su kool aide. Es bueno.

El megalómano lleva al incapaz, y entre los dos llevan y estimulan a los exaltados. Han tratado de derogar el Obamacare más de 40 veces. No lo han logrado. Obama ha sido reelecto. Es tiempo de que acepten la realidad y se den cuenta que su exaltación destruye, y que Dios los bendiga porque son hijos de Dios. Que el Altísimo permita que consideren a los demás en este asunto de la misma manera como nosotros los consideramos a ellos, hijos de Dios.

domingo, 29 de septiembre de 2013

Un tercero


Pedro Caviedes. EL NUEVO HERALD

En el último episodio de la más reciente temporada de la serie de televisión The Newsroom, que sucede en la noche de las elecciones presidenciales pasadas, una de las presentadoras le pregunta al protagonista, Will McAvoy, si él dice ser republicano para que de esa manera pueda reclamar credibilidad cuando ataque al GOP. A lo que McAvoy responde (traduzco): “No, me considero republicano porque lo soy. Yo creo en las soluciones del mercado, las realidades de sentido común y la necesidad de defendernos de un mundo peligroso, y eso es más o menos todo. El problema es que ahora tengo que ser homofóbico. Tengo que contar el número de veces que la gente va a la iglesia. Tengo que negar los hechos y creer que la investigación científica es una gran estafa. Tengo que pensar que a la gente pobre se le está ofreciendo un dulce aventón. Y tengo que tener un complejo de inferioridad tan pasmoso, que tengo que temer a la educación y al intelecto… en pleno siglo XXI. Pero sobre todo, el más grande de los nuevos requisitos, en realidad el único requisito, es que debo odiar a los demócratas. Y tengo que odiar a Chris Christie por no escupirle en la cara al presidente en el momento que descendió del Air Force One (cuando el huracán Sandy). El sistema de dos partidos es crucial para toda la operación. Hay honor en ser la oposición leal”.

Esta semana después del show montado por el senador Ted Cruz, que se paró a hablar por veintiún horas seguidas en contra de la ley de reforma de la salud, y de ver la impotencia de algunos senadores de su partido menos radicales que él, intentando detenerlo, y de ver cómo en la Cámara de Representantes, la semana pasada, se les ocurrió que la única forma de que haya una ley de presupuesto es quitándole los fondos a la ley de salud, y de escuchar cómo otros contestaron que hay que aprobar un presupuesto, pero solo para sacarlo en la discusión del techo de la deuda, y de ver como se hunde bajo el fango de tanta trama y palabrería la reforma migratoria, y de ver cómo pasan una ley para acabar con uno de los programas más exitosos como lo es el de los sellos de alimentos que tanta ayuda han traído en la tragedia de esta crisis de la gran recesión a miles de familias, y de ver cómo continúan simplemente odiando y oponiéndose a toda iniciativa que parta de la mente del presidente Obama, se me ocurre que ha llegado el momento de que un ala de un partido, el Tea Party, se convierta en un tercero, a ver si de alguna manera se recupera el orden de esta democracia estancada en pleno Capitolio Nacional.

Quizá a McAvoy, regresando a la serie, le faltó decir que también se debe ser anti inmigración y hasta pensar que todos los latinos y los afroamericanos, son una pandilla de flojos y mafiosos pistoleros que están destruyendo a su país, como dicen muchos de los presentadores nefastos de Fox News, la cadena que es la mayor plataforma de publicidad de ese nuevo partido que se ha tomado a otro partido.

sábado, 28 de septiembre de 2013

La opinión de un republicano: Una derrota para cambiar de rumbo


Vicente Echerri. EL NUEVO HERALD

Hay grandes probabilidades de que el gobierno federal cese de funcionar el próximo 1 de octubre, si antes ambas cámaras del Congreso no llegan a algún acuerdo constructivo que lo impida. Como los republicanos que controlan la Cámara de Representantes han puesto como condición para transarse dejar sin fondos la Ley de la Atención Médica Asequible (conocida popularmente por Obamacare) y el Presidente ha prometido vetar cualquier proyecto de ley que respalde ese despojo, las posibilidades de arreglo antes del martes son escasas.

Independientemente de la catástrofe económica que puede provocar tal cierre (aunque sea parcial, pues muchos empleados públicos seguirán trabajando), peor ha de ser la crisis política que de ello surja y que va a afectar, en primer lugar, al Partido Republicano, al que gran parte de la ciudadanía responsabilizará por los estragos y al que acusarán, con toda razón, de soberbia y de malicia. El senador John McCain ─ cuyo patriotismo e ideología conservadora no son cuestionables ─ dijo este viernes que, en las tres décadas que lleva de senador, nunca había presenciado tal disfunción en el Congreso y, refiriéndose a sus compañeros de partido, agregó: “Estamos dividiendo al Partido Republicano más que atacar a los demócratas”.

La posición de los neo-republicanos en el Congreso ─ sobre todo los que responden a la línea ideológica del Tea Party, grupo de filoanarquistas que han llegado a controlar grandes segmentos del partido ─ es francamente vergonzosa: en su afán de demonizar y de cargarse al Presidente están dispuestos a pasar por encima de los intereses de la nación. Ya lo han hecho en el ámbito internacional con el creciente aislacionismo que quieren imponerle a la política exterior norteamericana; y ahora extreman su encono en el terreno de la política nacional, encono al que le suman una buena dosis de torpeza y de ignorancia, llamémosle rural.

Creo que el Presidente – por quien yo no voté y que no me resulta personalmente grato ─ se mantendrá en sus trece y no cederá ante la bravata de estos extremistas endomingados, cuya pequeñez de miras espero sea debidamente castigada por los votantes en las elecciones parciales del año próximo. Espero también que aparezca alguien, o algunos líderes o ideólogos republicanos, con la inteligencia y la fuerza suficientes para rescatar a un gran partido de las manos de estos analfabetos; gente con la lucidez y la cultura necesarias para reorientar el partido por los rumbos de un auténtico conservadurismo del que andamos tan huérfanos en este país.

La responsabilidad social, el orden público y el arbitraje del Estado han sido siempre énfasis de una política conservadora. Son los liberales, precisamente, los que han creído en que al mercado le basta regirse por sus propias leyes, del mismo modo que es una herencia liberal el individualismo a ultranza, donde nadie parece tener más juez ni referente que el de su propia conciencia.

Si nociva resulta la hipertrofia de la maquinaria estatal, típica de las sociedades socialistas y socialdemócratas, que generan esas gigantescas nóminas de burócratas; peligroso para la existencia misma de la nación es descarnar al Estado, y a las instituciones que lo administran, hasta el punto de dejarlo en los huesos mondos, sin fuerza para cumplir una agenda gubernativa.

Los fanáticos que ahora mismo se atrincheran en el Congreso han caído en la tentación de inmovilizar el gobierno ─ que es casi como derrocarlo – y eso constituye una agresión contra todos nosotros, contra nuestra manera de vivir. Espero que el éxito momentáneo que puedan tener en ese intento lo paguen con creces en la próxima cita electoral y que esa humillación le sirva al Partido Republicano para retomar el rumbo perdido, acaso de mano de las viejas élites conservadoras que alguna vez lo dirigieron.

martes, 24 de septiembre de 2013

Golpe republicano


Guillermo Descalzi. EL NUEVO HERALD

Senador republican Ted Cruz
Es el golpe de un grupo republicano sobre el liderazgo del partido, con la amenaza de reventar la economía nacional si el congreso no hace lo que quieren. Han puesto al poder legislativo, fácilmente controlado por manipuladores, a merced de uno particularmente insidioso, el senador Ted Cruz. Aprovechan la peculiar ineptitud del speaker de la cámara de representantes. Cruz es un demagogo mayor, risueño sembrador de rechazo, y el segundo, John Boehner, es su vehículo para implementar una estratagema disfrazada de ideología. Reconocer ideología en el ardid del senador Cruz es otorgarle una talla intelectual que no tiene, pero la ineptitud del speaker es tal que no le ha quedado otra cosa que aceptar el ‘razonamiento’ con que Cruz lo sustenta.

La estratagema golpista ata el servicio de la deuda nacional al dinero para implementar la reforma médica, el Obamacare. Si los demócratas quieren que Washington funcione, entonces necesitarán dejar sin fondos al Obamacare. La demagogia de Cruz es consistente. Lo que es difícil de entender es la facilidad con que los republicanos de la cámara baja, bajo el speaker Boehner, se han prestado al curso de acción adelantado por Cruz, un chantaje claro y descarado que le sirve de vehículo de figuración nacional, uno de los muchos que usará a lo largo de su carrera.

¿Y el estado de derecho? Los golpistas pretenden que su chantaje nos devuelva al estado de derecho original, definido por ellos. ¿Por qué lo hace Cruz? Por figureti, por bonito, por pose, y porque la campaña contra el Obamacare ha sido tan cerrada que muchos en la oposición republicana no ven más que sus propias falacias acerca de ella. La desactivación de la reforma médica es un instrumento, bisturí o cuchillo de carnicero, en manos de gentes como Cruz. De nada sirve que el derecho federal sobre la práctica médica haya sido reconocido y refrendado por la Corte Suprema de acuerdo a las cláusulas que regulan el comercio interestatal. Cruz busca renombre matando la reforma, y para eso ha empujado a la cámara a la que no pertenece a que condicione la salud fiscal del país a la salud fiscal de la reforma médica. ¿Plata para necesidades? Maten el Obamacare, quítenle su dinero, déjenlo sin nada.

Hay quienes opinan que Cruz es una Michele Bachmann hecha hombre en el Senado. Tengo que admitir que hay cierto parecido fisionómico entre el rostro de los ojazos abiertos en ella y la sonrisa como de gato que se comió al canario en él, pero allí se acaba el parecido. Cruz es demasiado inteligente para decir cosas como las que salen de Bachmann, su sugerencia –por ejemplo– de investigar a representantes y senadores para determinar quienes son los ‘antiamericanos’ en el Congreso, traidores. Bachmann pudiese haber sido una nueva y femenina Joe McCarthy, pero no da la talla. El que sí la da es Cruz, de la misma edad de McCarthy, 42 años, cuando empezó a acumular poder en base a acusaciones que destrozaron vidas y carreras, y que convirtieron al comité de asuntos antiamericanos (unAmerican activities) en una mezcla de inquisición y cacería de brujas.

Cruz ha empujado sobre la cámara el ultimátum de matar el Obamacare o cerrar el gobierno. Sí, ese es Cruz. Ahora, vayamos al segundo del día, y mientras que Cruz, el manipulador, goza proyectando una apariencia venenosamente inocente, Boehner, de más alto rango, es simplemente patético en su impotencia, un speaker que tiene que sentirse y saberse inadecuado para el cargo, pero debe gustarle el título, la posición y el poder que ostenta.

Nuestra gobernabilidad, buena fe y crédito de país están amenazados en esta maniobra, este golpe empujado y liderado por republicanos del Tea Party. Cruz, un controlador activo, tiene a Boehner, un líder pasivo, atado en nudos.

La curiosa inefectividad de Boehner lleva a preguntarse por qué lo aguantará su bancada en el cargo que ocupa. Es precisamente por eso, por inefectivo, porque carece de espina dorsal, porque es útil para los Cruces de la nación, que lo llevan por la senda que quieran. Es su Prisionero de Senda, como en esa novela del siglo XIX, de sir Anthony Hope, aunque esa senda es con zeta, Zenda. Triste destino al que nos acercamos llevados por Cruces en sendas para Boehners, triste cuando un demagogo activo es capaz de manipular a un líder pasivo, amenazando la economía con el pretexto de matar el Obamacare, que resulta claro que está aquí para quedarse. ¿Qué es entonces lo que hace Cruz? Hace demagogia, cara por lo barata que es. Que Dios nos proteja de manipuladores como él, porque si bien pueden no haber los antiamericanos que la Bachmann quería identificar en el Congreso, sí que hay manipuladores en él.