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jueves, 30 de mayo de 2013

Parcelas de miedo


Parcelas de miedo

Alejandro Ríos. EL NUEVO HERALD

Medios electrónicos oficiales han venido celebrando el centenario de Carlos Rafael Rodríguez, uno de los personajes más sobrevalorados del castrismo. Hace unos años me tocó presentar un documental en Miami Dade College, Our House in Havana, protagonizado por Silvia Morini, una de sus primas.

Conversando con el público, donde alguien quiso saber sobre su relación con el alto jerarca, Morini explicó que lo había visitado en su lecho de muerte para hablarle sobre el desastre de revolución que habían pergeñado y, con cierto humor negro, subrayó que aquel comentario tal vez le había acelerado su fallecimiento.

Siendo muy joven, visité una bella residencia en Miramar, con unos amigos, en busca de algún disco de la prohibida música americana y recuerdo haber escuchado que era la casa de una amante de Carlos Rafael Rodríguez. Es sabido cómo la nomenclatura cubana disponía de las viviendas abandonadas por sus dueños para satisfacer caprichos de tal índole.

Este señor era considerado una suerte de sofisticado intelectual en la rudeza guerrillera del buró político. De connotado comunista había pasado a ser consumado fidelista, luego de una breve incursión a la Sierra Maestra cuando ya la guerra estaba ganada. Ajustó al pie de la letra su conocimiento de la historia del comunismo a las necesidades del castrismo y, de paso, camuflaba los horrores del estalinismo.

Es conocida una intervención suya ante los estudiantes de las escuelas de arte, donde su deplorable requiebro del máximo líder lo lleva a decir que en Cuba no había necesidad de protestar como lo hacía la contracultura norteamericana con “guitarrita y pelo largo” porque ya Fidel Castro, con su revolución, era la máxima expresión de protesta.

Cierta leyenda refiere que intervino en varias ocasiones para salvar artistas y escritores caídos en desgracia. Sin duda, algo le quedó de su sólida formación humanista en aquella república que luego contribuyó en desmantelar urgido por su desenfrenada pasión fidelista.

Y hablando de lealtades, la jornada de este centenario anunciado, que no dejará huella alguna en la cultura cubana, coincide, paradójicamente, con el fallecimiento de un siniestro comisario que cumplió y hasta se excedió en el mandato que le dieron sus patronos, los Castro, para fustigar y meter en cintura a los artistas, escritores e intelectuales descarriados durante los años setenta cuando le correspondió dirigir los destinos de la cultura nacional.

Dicen que Luis Pavón Tamayo murió como un mafioso en retiro, solamente perturbado durante un capítulo del año 2007 en que quisieron redimirlo en televisión y la clase intelectual criolla se rebeló en masa, pero solo virtualmente, en la llamada “guerrita de los emails” que fue abruptamente zanjada con una declaración oficial en el diario Granma, donde todo volvió al status quo que la dictadura depara a sus tolerantes y mansos intelectuales.

Pavón, uno de los más serviles testaferros de los Castro, se va sin obituario, sin coronas de quienes le dieron las órdenes de tener mano dura, ni cenizas esparcidas donde dejara su nefasta huella.

Las víctimas vivas no pueden despotricar de sus desmanes porque en el fondo formaron parte de una política de estado que no ha sido ventilada de tal modo sino de manera anecdótica como si Pavón no contara, totalmente, con el respaldo del entonces dictador y su hermano. “Es mejor no abrir esa gaveta” y todos puntualmente obedecen.

El terror implantado por Pavón luego se transfiguró en otras parcelas de temor. Hart, Guevara, Arjona, Santamaría, Leal, Guillén, Prieto y muchos otros directivos de la cultura cubana, implantaron sus versiones represivas pues meter miedo siempre ha formado parte de la naturaleza de la bestia.

martes, 23 de octubre de 2012

Oportunismo es revolución


Juan González Febles.  Cuba actualidad (PD)
 
 
Luego de leer "¿Revolución o reforma?" (Ed. Abril, 2012) del bloguero y cíber escribidor oficial Enrique Ubieta, creo comprender mejor todo el oportunismo y hábil engaño que "esta gente" coloca detrás del término "revolución".

Entre las cosas que dice para justificar lo injustificable, resalta como una joyita en el género: "La estrategia contrarrevolucionaria es hacer que se olvide el pasado; la revolucionaria, que no se olvide".

Quizás esta sea una de las claves favoritas para congelar la escena y que el tiempo, no pase. Poner a dormir a todo un pueblo en una hibernación que les permita gobernar, le da sentido a esa espiral eterna y esa vuelta sin regreso a un pasado cada vez más ajeno o más manipulado. Luego, convenientemente colocados en una pecera sin internet, televisión satelital por cable y el resto de la parafernalia tecnológica para comunicaciones de la modernidad, el terreno está abonado. Que manden los fieles y callados difuntos, en el espacio primado y selecto de los líderes históricos, sus inamovibles interpretes. Siempre anclados en la circunstancia trágica de la conveniente muerte ajena. El caso es que para lograr tan luminoso objetivo, es necesario un espacio señoreado por la miseria absoluta. Esto es, miseria de todo tipo, carencia material y espiritual.

Ubieta justifica la violencia siempre que esta sirva al propósito de su idealizada revolución. Esta será la clave de justificación para toda la violencia y la crueldad que este término siempre trae consigo. Las revoluciones son violentas, pero lo peor vendrá después.

Si el término encubre la vocación totalitaria de continuidad o si se corresponde con el par ordenado de la opresión que señoreó el pasado siglo XX, nazismo-comunismo, las cosas se complican. Es ahí donde juegan su rol los intelectuales orgánicos como el compañero Ubieta, que en un espacio limitado por la miseria muy pocos consiguen ser buenos. El propio Martí ─ tan llevado y traído ─ lo dijo. "Ser bueno es el único modo de ser dichoso. Ser culto es el único modo de ser libre. Pero, en lo común de la naturaleza humana, se necesita ser próspero para ser bueno".

A pesar de todo hay un punto en que no puedo menos que coincidir con Ubieta, en Cuba se es revolucionario o contrarrevolucionario. Al final o para ser más exacto, en este recodo del camino, eso que se da en llamar revolución y con lo que estoy visceralmente en contra ─ el corazón es mi víscera favorita ─ ha demostrado ser el ejercicio de violencia más cruel e inútil que ha conocido el mundo. Declararse contra la violencia y fervoroso partidario de la libertad, ─ sin apellidos ─ es el único posicionamiento decente posible en Cuba, en que el estado usa todos los mecanismos a su alcance para enajenar el poder y el derecho del ciudadano.

Entonces, y ya honrosamente contrarrevolucionario, resulta mucho más cómodo desmontar la farsa que Ubieta pone en circulación desde su libro impreso y distribuido desde los recursos que la revolución de Ubieta pone al alcance de los revolucionarios, ─ no de todos los cubanos ─ orlados por el derecho a hacer la revolución. Esto, por supuesto, frente a la absoluta falta de derechos del resto, que son potencialmente unos y absolutamente otros contrarrevolucionarios "en plantilla".

Ubieta coloca en un arbitrario collage de corta y pega, las afirmaciones tomadas en el contexto que le pareció mejor, hechas por aquellos que sus mentores han concedido certificado de nacimiento político. Quiero decir con esto que Ubieta solo comentará lo que ha cortado del discurso de los que el gobierno militar ha decidido conceder el antes mencionado certificado de natalidad política. Eso si, todo fuera de su contexto original y dirigido a demostrar la parte de la fábula política del castrismo de que se trate.

 Como es un aprendiz de mérito en el dudoso arte de la manipulación, dominado con refinamiento absoluto por sus pares revolucionarios, Ubieta se niega a colocar en la misma moneda al par ordenado del totalitarismo del siglo XX, es decir, a los nazis de Hitler y a los comunistas del socialismo real. Los contrapuso y no los reconoció como caras de la misma moneda. Cuando nos habla de Alemania, compara la tarja que perpetuó durante demasiado tiempo la cabeza de novillo de Bhreznev ─ el difunto zar moscovita ─ con los trofeos de la barbarie de las guerras en la antigüedad clásica. Lo que no se le ha ocurrido preguntarse es, ¿por qué los berlineses anduvieron cabizbajos cuando Alemania fue derrotada en la conclusión de la II Guerra Mundial y por qué bailaron alborozados cuando cayó el Muro de Berlín?

 Luego de leer "¿Revolución o reforma?", se puede concluir ─ muy a pesar de la intención de Ubieta ─ que oportunismo es revolución o que si se es bueno, se es próspero y si se es próspero, no se puede ser revolucionario.

viernes, 24 de agosto de 2012

Verdugos sin castigo


Pedro Corzo

Las declaraciones de Alfredo Guevara a la Televisión Española obligan a reflexionar las causas que motivaron que un número importante de cubanos, casi todos con títulos universitarios y muchos procedentes de familias de clase media y alta, que eran los que más posibilidades tenían de disfrutar las libertades burguesas, así las denominaban, fueran los verdugos de los derechos de todos, y muy en particular los de las generaciones por venir.

Lo que dijo Guevara muy probablemente sea la conclusión a la que han arribado muchos de los que construyeron a sangre y fuego, arropados en la mentira y la difamación, el totalitarismo cubano, pero el caso de Guevara es muy especial, porque aunque no haya estado en la línea del frente, dirigido un centro de represión o un pelotón de fusilamiento, integraba la más alta cúpula del poder y era amigo personal de Fidel Castro, por lo que aquí cabe lo que dice el novelista José Antonio Albertini, “con la tinta también se mata”.

Mientras Ernesto Guevara, Ramiro Valdés, José Abrahantes, Sergio del Valle y otros más, dedicaron todo su esfuerzo y voluntad a destruir a la oposición conduciendo al paredón a miles de personas, a la cárcel a decenas de miles y a campos de concentración como los de la UMAP a miles de jóvenes; Manuel Piñeiro, Víctor Dreke y Ernesto Guevara entrenaban a miles de jóvenes del continente, inculcándoles la certeza de que la violencia era la única solución a los males de sus respectivos países, lo que llevó el luto y la pena a cientos de hogares de América Latina.

Por su parte, Arnaldo Ochoa, Ulises Rosales del Toro, Raúl Menéndez Tomasevich, Leopoldo Cintas Frías y otros entorchados cubanos, cumplían los sueños imperiales de Fidel Castro en África y América Latina, mientras en la isla Armando Hart Dávalos instrumentaba el control absoluto de la educación e intentaba crear y promover nuevos valores sobre los que se desarrollaría el nuevo orden. Entretanto, Luis Felipe Carneado organizaba la represión a las iglesias y sus fieles, instrumentaba la infiltración en las diferentes religiones y logias fraternales, para asumir su control en el momento preciso.

Simultáneamente los medios de comunicación pasaron al control del estado. Se estableció un absoluto control en la información y el derecho de expresión, varios fueron los artífices de esta misión tan destructiva.

Aceleradamente el estado cubano se enfiló a la quiebra económica. Las industrias y los comercios fueron confiscados. La construcción paso al control del estado. Los bienes de consumo empezaron a desaparecer.

Raúl Roa García se prestó como instrumento principal para que Cuba se convirtiera en un país dependiente de la Unión Soviética. La política exterior cubana fue un reflejo de la soviética a excepción de aquellos puntos en los que el máximo líder tenía un interés especial.

Por su parte Nicolás Guillén no fue menos. Aceptó dirigir la UNEAC, un engendro castrista para controlar a los escritores y artistas, mientras Alfredo Guevara, uno de los más influyentes colaboradores de Fidel Castro, cumplía los suyos, fundando el Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográfica.

Se instauraron otros engendros culturales para atar a los intelectuales. Uno de ellos fue el Consejo Nacional de Cultura y otro la Casa de las Américas, dos piezas claves para impedir una actividad intelectual independiente.

De hecho y por encima de los demás cancerberos de la creación Guevara asumió el control del mundo intelectual cubano. Impidió que los creadores se expresaran con libertad imponiendo en todas las instancias la ortodoxia fidelocastrista de “con la revolución todo, contra la revolución nada”.

Se asalarió la creación intelectual y aquellos que fueron y son todavía hoy capaces de negarse, a pesar del mea culpa de Guevara, sufren en el mejor de los casos el exilio interno o externo.

Guevara dice asumir como propios los errores de la Revolución y que en su opinión lo que está sucediendo en Cuba, aludiendo a las supuestas reformas de Raúl Castro, es una apertura para que retorne la libertad, las libertades que nunca debieron ser mal vistas, frase con la que sigue escondiendo su complicidad con los dos grandes responsables de la destrucción moral y material del país, Fidel y Raúl Castro, porque en Cuba las libertades nunca fueron mal vistas, los que lucharon y siguen luchando por ella sufren persecución y acoso, se exilian, van a la cárcel o encuentran la muerte como Porfirio Ramírez, Laura Pollán, Orlando Zapata Tamayo, Oswaldo Payá Sardiñas y Harold Cepero.

miércoles, 8 de agosto de 2012

Un llamamiento desafortunado


Nicolás Águila. CUBANET

Normalmente yo no firmo manifiestos o declaraciones. Sobre todo, no me molesto en firmar ningún documento de este tipo, ni en un sentido ni en otro, que vaya en última instancia dirigido al régimen castrista, al que no considero un interlocutor válido o receptivo. De modo que si, por rechazar y no suscribir el “Llamamiento urgente por una Cuba mejor y posible”, la izquierda autoritaria, desde su pretendida superioridad moral e intelectual, me considera parte del “sector extremista y vociferante” del exilio, miel sobre hojuelas. Nada me honra más que situarme a buena distancia del izquierdismo sectario, y de esos que a todas horas proclaman con orgullo su sesgo ideológico aunque no venga al caso. (Leí la diatriba de uno de los redactores del ‘Llamamiento urgente…’ que, ¡faltaría más!, se declara izquierdoso y emplea un lenguaje sumamente ofensivo que me dejó perplejo. El que rechace el ‘Llamamiento urgente…’ o sustente otra tesis es, según él, poco menos que la peste. Lo tacha de cobarde, de capitán Araña y hasta de inmoral).

Pero es que el ‘Llamamiento…’ no deja de tener sus puntos débiles y cuestionables, empezando por el propio título. No es por ponerse uno puntilloso en el aspecto léxico-semántico, pero ya va siendo hora de que la oposición se desprenda definitivamente de los tics del discurso castrista. ¿Ignoran Ariel Hidalgo y sus colegas (contra los cuales no tengo absolutamente nada) las resonancias negativas que el sustantivo ‘llamamiento’ debe de producir en el seno del pueblo cubano? Ciertamente, aunque la palabra no haya sido acuñada por los Castro, al igual que ‘compañero’, nos trae muy malos recuerdos. Parece una ñangarada. Suena a teque, a frustración, a engaño, a estafa. No es que haya que ser original todo el tiempo, pero tampoco hay que imitar el estilo del opresor.

Otro tanto pudiera añadirse sobre la cuestión del embargo y la base naval de Guantánamo. Son las dos eternas cantaletas del castrismo, pero sobre todo es un tema que divide profundamente al exilio y la disidencia. Un programa que intente llegar a todos los sectores de la oposición, más que congraciarse con la izquierda o el centro-derecha de tendencia ‘progre’, debería ser más cuidadoso en el tratamiento de una cuestión tan controversial como divisoria.

Por otro lado, afirmar taxativamente que “la usurpación de la base naval de Guantánamo [va] contra la voluntad y el deseo del pueblo cubano” no creo que se acerque mucho a la verdad. Tal parecería que los cubanos se levantan y se acuestan todos los días rezando por el desmantelamiento de la base americana. Y yo creo que es exactamente al revés, aunque desde luego no haya realizado ningún sondeo de opinión para asegurarlo categóricamente y con un mínimo de rigor estadístico. Pero como estoy convencido de que los redactores del ‘Llamamiento…’ tampoco se han basado en ningún estudio demoscópico, con el mayor de los respetos me atrevo a calificar esa aseveración de falsa y demagógica, independientemente de las buenas intenciones de quienes redactaron el texto, tal vez un tanto influidos por un antiimperialismo de vieja escuela.

En realidad, el anhelo de muchos cubanos ─ sobre todo, de los que viven en esa zona —, es llegar hasta el territorio ocupado por Estados Unidos cruzando la bahía a nado o, incluso de manera más temeraria, atravesando un campo plagado de minas que el régimen cubano ha sembrado en el perímetro terrestre de la base. No son pocos los que han perecido en el intento de llegar a tierra de libertad por esa vía tan riesgosa. De manera que algún día, en la Cuba del futuro, habrá que erigirles un memorial in situ. La base naval de Guantánamo no es el problema. Ha sido la solución para miles y miles de cubanos, incluyendo varios amigos y tres cercanos familiares míos, que allí encontraron refugio y luego lograron realizar su sueño de vivir en libertad.

Por último, y no porque sea de menos peso, quiero referirme a la inoportunidad del documento. El manejo de los tiempos, en la política, es mucho más importante de lo que sospechan los gestores del ‘Llamamiento urgente…’, cuya urgencia tampoco es para tanto. En medio de la conmoción y el duelo por el fallecimiento de Oswaldo Payá y Harold Cepero en un supuesto accidente con pinta de atentado mafioso, el ‘timing’ ha sido fatal según el parecer de muchos. Si bien es cierto que el documento se venía gestando desde antes, su aparición por estos días coincide con la consternación de la familia, el MCL y la oposición en general, cuyos esfuerzos se centran en el esclarecimiento de la verdad sobre la muerte del destacado opositor y su joven colaborador. Algunos lo han visto como un intento de desplazar el foco y pasar la página del caso Payá. Yo, particularmente, no creo que la intención haya sido tan aviesa, aunque el efecto en definitiva ha sido el mismo. Considero, sin embargo, muy mal que uno de los exégetas del ‘Manifiesto…’ haya intentado apropiarse del nombre y el legado de Payá en un artículo frívolo y de un mal gusto que podría calificarse de carroñero.

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lunes, 6 de agosto de 2012

Los poetas no mueren


Tania Díaz Castro.

El poeta y periodista cubano Antonio Conte ─ 1944-2012 ─ murió la madrugada del 31 de julio,  en el exilio de Miami. Como los poetas no mueren, mucho menos en una noche estrellada, es la vida que lo puso a dormir definitivamente.

Eran los años setenta del siglo pasado cuando nos saludábamos por las calles de La Habana, donde nació. Flaco, nervioso y enamorado como un loco de Aurora, una negra más bella que Nefertiti.

En todos sus libros publicados de poesía ─ Afiche rojo, Con la prisa del fuego, En el tronco de un árbol, Ausencias y peldaños, Definición del humo, y otros de cuentos y novela ─ Antonio Conte le cantó no sólo a cada una de las mujeres que pasaron por su vida, sino a la Mujer universal y total como madre de la humanidad.

Sufrió el exilio. Lo sabe el dictador cubano. Como cada uno de los millones de víctimas que pueblan el mundo y que pudieron escapar del infierno castrista. Me consta también su nostalgia, que se moría de deseos por caminar las calles del Vedado, atravesar la bahía en las lanchitas de Regla y Casablanca, por tomarse un guarapo, su bebida preferida desde pequeño.

Hizo, no hay dudas, versos de los mejores, de los que nos representarán a través del tiempo como valiosos supervivientes  de nuestra tristeza común, la de vivir en tiranía y casi morir en ella.

Es por eso que El Niño Conte ─ así le decíamos  los que lo amábamos ─, no quiso alejarse demasiado  de su suelo patrio y partió de Bogotá a Miami; tampoco olvidarlo a través del humo cruel de la distancia y se consagró en cuerpo y alma a la prensa independiente de Cuba, dedicándole  sus viejos conocimientos como redactor y corrector de estilo en la página de Cubanet, donde trabajó durante doce años.

El, que sabía contar cómo las muchachas lo resucitaban de las balaceras del destino, que era capaz de llorar en un cementerio de Angola, o por la muerte de su amigo Roque Dalton, ahora quizás nos pueda explicar cómo es de difícil morirse en el exilio, con tanta patria enferma doliendo en el corazón.

Él, que murió mientras contemplaba cómo dormitaba la pasión de las calles libres, en una apacible madrugada, tal vez  pueda explicarme si en el fondo de un espejo roto está escondida la muerte y si la muerte es ese pájaro enloquecido que entra de súbito por la ventana, para avisarnos que se nos acaba el tiempo.

Al final de su libro Definición del humo, dejó escrito lo siguiente: ¨…les digo a todos, alegre como un niño, que si muero mañana me incineren temprano, para que mi ceniza descanse en claridad, me lancen sobre el manto marino, y que no se vaya nadie¨.

Antonio Conte murió antes del alba, pensando en sus hijos lejanos, en los amigos de joder la pava, en los muchos que hoy aquí se nos hace un nudo en la garganta para decirle nuestro último adiós.

domingo, 5 de agosto de 2012

La nueva colecta de firmas y un llamado a perder el tiempo


Mario J. Viera

Había visto el link colocado en Cubanet que solicitaba el envío de firmas a Ariel Hidalgo por Infoburo@AOL.com. De primera reacción no me interesó conocer de qué se trataba el tal Llamamiento urgente por una Cuba mejor y posible. No confío en las posiciones neomarxistas y tímidamente anarco-colectivistas de su autor. Más tarde volví a toparme con el Llamamiento incluido dentro de un artículo aparecido en Diario de Cuba bajo el título “El manifiesto que Oswaldo Payá no llegó a firmar” de Eduardo Labarca.

Sentí curiosidad ¿se trataba de algún proyecto de Oswaldo Payá elaborado antes de su asesinato? Me preguntaba ¿será acaso un proyecto del Movimiento Cristiano de Liberación con una proyección más radicalizada luego de las críticas que Payá hiciera al denominado “Diálogo entre cubanos” que impulsara el episcopado de La Habana y la revista Palabra Nueva? Me había equivocado, el “Llamamiento ─ según Labarca ─ se inscribe de algún modo en la corriente pacífica inspirada hasta su muerte por Payá”. Siempre fui crítico de los proyectos de Payá al considerar que en sus propuestas incluía a los personeros del régimen como partes de la solución y su llamado a la política de “borrón y cuenta nueva”.

Labarca anota que el nuevo Llamamiento al igual que el proyecto de Payá de hace diez años, “ha gatillado un agitado debate en el exilio cubano, cuyo sector extremista y vociferante tiende a rechazarlo”. Como no me considero ni extremista ni vociferante decidí informarme del contenido del urgente llamamiento brotado de la mente del profesor Hidalgo. Me llamaba la atención que Labarca citaba entre los firmantes ─ “que ostentan posturas diversas” ─ a Carlos Alberto Montaner, “periodista de filiación liberal”, la bloguera Yoani Sánchez, el líder disidente Manuel Cuesta Morúa, Carlos Saladrigas, el empresario cubano americano “que hace unos meses viajó a La Habana desde Estados Unidos a dar una conferencia”. Luego al revisar las firmas encontré otros nombres, el abogado disidente fundador de la Corriente Agramontista, Faisel Iglesias, el profesor Enrique Patterson y Dagoberto Valdés Hernández, director de revista Convivencia, entre muchos otros.

Como no creo incluirme dentro de los extremistas y vociferantes me pregunté si debía incluir mi firma insignificante entre los destacados firmantes del Llamamiento urgente.

Lo primero que me saltó en el documento de marras fueron algunas expresiones de corte nacionalista que convenían con algunas consignas castristas.

Con el llamamiento se quiere presentar “a todos los ciudadanos cubanos un conjunto de medidas que no hay que supeditar a la agenda de ningún país extranjero”, tal parece que las propuestas de la oposición anticastrista antes de la existencia del Llamamiento de Ariel Hidalgo ¿estaban supeditadas a la agenda de un país extranjero? Bueno, al menos así lo consideran los usurpadores del gobierno de Cuba.

Reclama el Llamamiento “el derecho de los cubanos a determinar nuestro futuro en plena libertad, independencia y soberanía”, nada que no queramos todos aunque a continuación introduce esta cláusula “sin injerencias o imposiciones de ninguna nación extranjera sea cual sea la ideología que profese su gobierno” agregando: “Nuestro país no debe estar supeditado a leyes de otro gobierno que nos afecten unilateralmente”. No es necesaria la inclusión de esa coletilla luego que se predetermina en plena libertad, independencia y soberanía la determinación del futuro de Cuba por los cubanos.

Se propone la creación de un “grupo de buenos oficios” que entre sus funciones se incluya “el tema de las sanciones unilaterales estadounidenses” e “iniciar conversaciones entre los gobiernos de Cuba y Estados Unidos, con vistas al cese de la usurpación de la base naval de Guantánamo contra la voluntad y el deseo del pueblo cubano”. Cese de la usurpación que está en contra de la voluntad y el deseo del pueblo cubano, tal vez ─ no lo sé ─ Ariel Hidalgo haya echo una encuesta de opinión entre el pueblo cubano para afirmar categóricamente que es su voluntad y deseo el cese de la Base Naval de Guantánamo, que tanto reclama el castrismo.

Solo un poco más y el Llamamiento incluye el llamado de ¡Abajo el imperialismo yanqui!

Tal vez considera que son los Estados Unidos los que impiden un acuerdo dialogado con los castristas para salvar a Cuba y de paso admitir que la oposición cubana está controlada y dirigida por Washington. Sinceramente no creo que  el tema de la Base Naval de Guantánamo sea en estos momentos uno de los tópicos principales a resolver para alcanzar “una Cuba mejor y posible”.

Hidalgo inicia su urgente llamamiento diciendo: “Vivimos tiempos cruciales. Es necesario conocer y aprender del pasado para no repetirlo”; pero en su llamamiento no hace referencia alguna a ese pasado que debemos conocer para no repetirlo. Quizá ese pasado hay que entenderle sobre lo que afirmara en un artículo suyo que publicara El Nuevo Herald con fecha 4 de mayo de 2012, bajo el título “El pacto del amor  y la paz”. Entresaco el siguiente párrafo de ese artículo:

Olvidamos que a cuatro años de república comenzamos a contender unos contra otros en medio de la violencia y el desamor: en el 6, en el 12, en el 17, en el 30, en el 33 y en los años cincuenta, sin contar, entre fecha y fecha, otros conatos insurreccionales que nos mantuvieron en perpetua turbulencia en nombre de la libertad. ¿Qué frutos obtuvimos de todo esto? Pues una renovación de las cadenas. Si hubiera habido siempre armonía y concordia, no habría nacido lo inarmónico y la discordia del presente. Algo anduvo siempre mal, y el regreso a lo que creemos fue un pasado feliz, nos llevaría otra vez al punto de partida del conflicto, a recomenzar nuevamente el camino que nos ha llevado hasta aquí. Entonces es preciso revisar nuestras acciones pasadas para poder entender en qué hemos estado errando una y otra vez”.

Es decir, no hay solución. El presente es malo, el pasado fue también malo; no podemos volver a la Cuba precastrista. Ariel Hidalgo tiene la fórmula mágica, aunque lo por él propuesto es lo mismo que se recogía, en general, dentro de algunos de los postulados de la Constitución de 1940; es decir: “Respeto inmediato a derechos y libertades ciudadanas básicas de conciencia, expresión, información, reunión, movimiento y asociación, derecho a la libre sindicalización, formación de partidos políticos y de organizaciones no gubernamentales y proscripción de toda forma de persecución o discriminación por razones de credo, ideología, raza, género u orientación sexual” esto último es lo único que no estaba previsto en la Constitución republicana.

¿Cuándo acabaremos de entender que los pueblos no se mueven tras conceptos abstractos sin antes solucionar sus preocupaciones concretas como son, el alimento, la vivienda, el empleo bien remunerado, la seguridad, la salud? Para movilizar a un pueblo en un proyecto de acción no cabe el principio cartesiano de Cogito ergo sum, se requiere algo más que simples retóricas abstractas.

La cuestión económica del Llamamiento se reduce a lo siguiente:

Traspaso inmediato de la propiedad de todas las empresas estatales de producción y servicios medianas y pequeñas a los trabajadores que laboran en ellas, y en las grandes empresas, participación en la administración y reparto de utilidades. Libertad de todos los ciudadanos para la actividad económica independiente, exportar e importar bienes, establecer empresas mixtas con el Estado o con la inversión extranjera y estímulos fiscales a las cooperativas y a la pequeña propiedad individual. Control trasparente del uso de los impuestos y de la renta nacional. Plan de emergencia para reanimar y fortalecer los sistemas nacionales de educación, salud y seguridad social. Acceso masivo a Internet y las nuevas tecnologías de la información y comunicación como herramientas imprescindibles de una economía moderna”.

La primera cláusula de este párrafo nos recuerda una de las tesis claves de Bakunín:  La propiedad de los medios de producción, distribución y cambio debe ser social y administrada colectivamente por los propios trabajadores reunidos en pequeñas asociaciones por afinidad mientras que cada uno de ellos produce según su voluntad (o según lo acordado) y cada uno debe recibir el producto íntegro de su trabajo según su mérito individual”.

Es la idea del colectivismo anarquista presente en el pensamiento de Ariel Hidalgo que los expresa en un párrafo de su artículo “¿Qué modelo necesita Cuba?” (El Nuevo Herald, 20 de abril de 2012):

No basta un estado de derecho. Es preciso ir más allá, hacia un estado de plena satisfacción de los derechos, y esto sólo se logra con la autosuficiencia ciudadana. ¿Qué significa esto? Una ciudadanía independiente de poderosas instituciones para subsistir, controlando sus propios medios de subsistencia, sin trabas burocráticas, altos impuestos ni negativas crediticias, barreras impuestas por las oligarquías para monopolizar la fuerza de trabajo y mantener así bajos salarios. No basta la libertad económica propugnada por los liberales. Es preciso ir más allá, hacia la democracia económica, ya sea individual, familiar o de grupos, cooperativista o autogestionaria. Si bien el derecho a la propiedad es legítimo, ese derecho no es sólo para quienes ya la tienen sino también para quienes nunca la han tenido. Cuando cualquier trabajador pueda ser propietario de medios de producción, los capitales y los Estados no tendrán más remedio que pagar jornales justos a quienes continúen como asalariados”. Bakunín no habría podido expresarse mejor.

Otra de las propuestas del Llamamiento para hacer una Cuba mejor y posible es la de “someter a referendo la incorporación de una cláusula constitucional criminalizando el empleo del terrorismo, la violencia, la tortura, el acoso y la discriminación de cualquier tipo, sea cual sea su promotor, justificaciones y procedencia, así como la adecuación de la Constitución a los principios y normas universalmente reconocidas de derechos humanos”. Hay un detalle que olvidan todos los constructores de planes salvadores para Cuba. La Constitución vigente en Cuba no admite enmiendas, no deja resquicios; es la Constitución de un estado totalitario, simplemente lo que se ha de exigir es su derogación total y definitiva y no remendarle parches.

Las medidas que el Llamamiento propone a aplicar a los represores de las libertades y derechos de la ciudadanía son ridículas: “Desmovilización o traspaso a otras funciones de aquellos agentes dedicados a la represión de esas libertades, y cierre de unidades represivas dedicadas a ese fin”. ¿Solo esto? Es decir desmovilizar o traspasar a otras funciones a los oficiales de la Seguridad del Estado que cumplen órdenes de los altos jerarcas del poder sin la exigencia de enfrentar la justicia a esos oficiales y a los detentadores del poder en Cuba que son los responsables directos de la represión que llevan a cabo sus cuerpos represivos. Unos y otros deben enfrentar a la justicia.

El Llamamiento pierde toda su fuerza cuando hace depender la ejecución de su conjunto de propuestas de que exista “la voluntad política para ello de parte de quienes siendo menos del 1% de la población, poseen la capacidad real de decisión sobre todos los aspectos de la vida cotidiana en nuestra patria

¿Para qué, entonces, hace falta convocar el apoyo de un llamamiento que para su ejecución requiera de la voluntad política de los tiranos? Esto es, simplemente oportunismo y demagogia políticos además de una pérdida de tiempo.

Finalmente el Llamamiento urgente concluye diciendo:

Alertamos que no sólo una Cuba mejor es posible. También lo es una Cuba igual o peor a la que hoy existe. Las opciones están en manos de los cubanos y el tiempo de tomar decisiones sustantivas ha llegado. Quien hoy no dé los pasos para dar salida sensata a esta crisis no podrá responsabilizar a otros por lo que suceda mañana”.

No creo que lo propuesto por el Llamamiento sea precisamente una salida sensata para sacar a Cuba del abismo al que le ha hecho caer el castrismo.

miércoles, 19 de octubre de 2011

La censura silenciosa

Leonardo Calvo Cárdenas

LA HABANA, Cuba, 19 de octubre, www.cubanet.org -A fuerza de ser sincero debo decir que no me sorprendí al conocer el testimonio de una trabajadora de la radio de la capital, quien razonablemente prefirió conservar el anonimato, que relató cómo, de buenas a primeras, “de arriba” y sin más explicaciones  llegó la orden de no volver a trasmitir la música del cantautor Pablo Milanés a través de las emisoras nacionales, municipales o locales.

Lo llamativo del asunto es que muchos de los que deben ejecutar la orden, como es el caso de la joven testimoniante, desconocen totalmente las razones o causas que avalan tan radical determinación. El caso es que en esta hora de la interdependencia global y el tiempo real, Cuba vive muchas veces de espalda a su propia realidad.

Una parte considerable del pueblo cubano desconoce que en días pasados, a su paso por los Estados Unidos, el renombrado músico cubano volvió a hacer fuertes y meridianas críticas al sistema vigente y las practicas del poder en el país, Pablito llegó incluso a pronunciarse abiertamente contra la violencia desatada sobre pacíficos opositores, en especial las Damas de Blanco, victimas del recurrente diseño de terrorismo de estado.

El famoso cantautor no evadió temas o medios para expresar abiertamente sus criterios y posiciones, lo cual desató la reacción de algunos personajes y voceros castristas que desde ambas orillas atacaron los pronunciamientos del genial músico. Particularmente álgida fue la polémica establecida con ese dechado de frustraciones y resentimientos que responde al nombre de Edmundo García, un comunicador que pertenece a esa pequeña fauna de inadaptados que viven de defender, sin un asomo de crítica, a un sistema en el que les fue imposible vivir y utilizan mezquinamente los espacios y mecanismos de la democracia para justificar y respaldar un poder que hace mucho tiempo envió a las mazmorras de la intolerancia a esa libertad de que ellos disfrutan.

Esa es precisamente la diferencia esencial entre la transparente honestidad de Pablo Milanés y la acomodaticia amoralidad de estos malos cubanos que convalidan y respaldan los traumas y penurias que se abstienen de compartir. Por suerte el castrismo desde el exilio es solo el refugio de una docena de fracasados que son tan dignos de lástima como de desprecio.

Por su parte Pablito, que siempre regresa a Cuba, no se esconde para admitir los valores que todavía reconoce al sistema o para afirmar que aunque en algo no concuerde con las Damas de Blanco rechaza abiertamente el degradante atropello de sus manifestaciones pacíficas.

El gobierno cubano, que se abstuvo de hacer públicas al interior del país las declaraciones del cantautor y sus contradictores, ahora responde con su viejo recurso de la censura para castigar a un artista que ha llevado la imagen de la cultura y la revolución a los más encumbrados escenarios del planeta.

Hoy que con frecuencia escuchamos que Cuba y su gobierno apuntan al cambio y la apertura, hoy que se habla de la intolerancia cultural de las décadas de los sesenta y setenta como algo del pasado, esta reacción contra un artista de la dimensión y el renombre de Pablo Milanés constituye la inequívoca demostración de la incapacidad de las autoridades cubanas para marchar al ritmo de los tiempos y convivir con la diversidad y el pluralismo natural que caracterizan cualquier sociedad moderna.

Con esta censura silenciosa aplicada al renombrado músico los gobernantes cubanos dejan claro que no están preparados para el debate y si para ensayar nuevas formas de terrorismo de estado, puesto que todos los artistas de la isla, cada vez más inquietos e incómodos,  al ver arder las altas bardas de su vecino Milanés, pueden poner las suyas en remojo y seguir escondiendo criterios y sentimientos.

martes, 4 de octubre de 2011

Muere el historiador Carlos Ripoll

Carlos Alberto Montaner

El Dr. Carlos Ripoll se ha suicidado. Se dio un balazo en la cabeza. Estaba muy enfermo del corazón. Había sufrido un par de severos infartos. Se trataba de un brillantísimo cascarrabias, pero eso ya no importa. Era el mayor especialista contemporáneo en la vida de José Martí y un originalísimo historiador con una vasta lista de libros y artículos publicados. Quizás fue el martiano más importante de la historia de Cuba junto a Félix Lizaso. Debía rondar los noventa años, aunque intelectualmente estaba alerta y continuaba investigando y publicando. Durante muchos años fue profesor en el departamento de lengua y literatura españolas en una universidad pública de New York. Había obtenido su Ph.D en la Universidad de Miami, pero su formación original en Cuba había sido la de ingeniero. Fue una persona extremadamente refinada y curiosa, amante de la buena música y de la mejor cocina. Un hombre con mil saberes y talentos.

Probablemente, al menos para él, fue acertada la decisión de matarse que tomó Ripoll. Su esposa de varias décadas, también muy anciana, estaba internada en la mejor residencia para la tercera edad de la Florida, aquejada por un avanzadísimo Alzheimer. La atendió mientras pudo, hasta que él ya carecía de fuerzas y ella había perdido casi totalmente la razón. Ripoll –me dice su amigo Modesto Arocha, una de las últimas personas que lo vio vivo– ya no sentía ninguna ilusión con la vida. Una persona como él, con carácter e inteligencia, seguramente compartía el criterio de que vivir es un derecho, pero no una obligación ni un deber de obligatorio cumplimiento. Un hombre como Ripoll, que amaba la libertad individual (la única que existe), pensó que ya le había llegado la hora y actuó en consecuencia. Siempre cuidadoso de los detalles, antes de matarse llamó al 911 y dijo que se sentía mal. Avisó que dejaba las puertas abiertas para que los socorristas pudieran entrar sin dificultades en su residencia. Entonces se dio un tiro. Descansará en paz, porque lo merece y porque tuvo una vida intelectualmente fecunda.

Ante la muerte de Carlos Ripoll

Eduardo Lolo[1]

Ha muerto Carlos Ripoll. De su propia mano, desesperanzada. José Martí pierde a un amigo sincero y Cuba a un hijo digno que nunca cesó de denunciar a cuanto tirano hizo de la Patria un pedestal. De ahí su condición de exiliado triple: de muy joven, cuando el machadato; luego, ante los desmanes del Batista golpista; por último, ante el asalto totalitario del castrismo. Y siempre con la denuncia oportuna y la actitud vertical, aunque no siempre fuera “políticamente correcto.”
A la intransigencia patria Ripoll sumó un talento intelectual extraordinario que, unido a una metodología de trabajo de profesionalismo impoluto, una constancia a prueba de desmanes y un desinterés material de otra época, dio como resultado la publicación de decenas de libros de estudios martianos y otros temas históricos cubanos que constituyen hoy en día obras de información y consulta obligatoria para los especialistas de temas cubanos.
Llegado a los EE.UU. en los sesenta sin otro patrimonio que su talento, Ripoll supo hacerse de un lugar destacado en el mundo universitario norteamericano como catedrático de la Universidad de la Ciudad de Nueva York (CUNY) y profesor visitante en otros importantes centros de enseñanza superior tales la Florida International University. Dictó conferencias, impartió seminarios, presentó denuncias ante organismos internacionales y colaboró con cuantos llamaran a su puerta a nombre de Cuba, que era como tocar en su alma.
Como investigador, sus trabajos sobre José Martí cubren 4 décadas de profundos estudios. Su primer libro sobre el Apóstol data de 1971 y deja al partir un último volumen en la imprenta, en el cual venía trabajando desde hacía más de un año. Su labor de promoción de la obra literaria de Martí no fue menor a través de la edición de antologías y el rescate de escritos martianos que se creía perdidos o cuya existencia se desconocía en el siglo XX. Y la mayor parte de esas publicaciones con el sello de la Editorial Dos Ríos que él mismo fundara y costeara personalmente. De ahí que no dude en aseverar que a partir de las primeras obras martianas de Carlos Ripoll y la fundación de la Editorial Dos Ríos en Nueva York, nadie podría ya acometer ningún estudio serio sobre José Martí sin acudir a la colosal labor de análisis, reivindicación, divulgación, interpretación, ordenamiento e investigación de la obra y la vida del Apóstol debida a los esfuerzos y el talento combinados de Carlos Ripoll, un estudioso martiano a tiempo completo –y a alma completa.
Cuba fue su otro gran tema. Como dolor pasado en tanto que historia y como angustia presente derivado de aquél. Su mirar hacia atrás no era más que un hurgar en las entrañas de su pueblo para denunciar sus heridas sangrantes de tiempo. En efecto, paralelamente a sus estudios martianos y como una especie de complemento o desprendimiento de los mismos, pueden identificarse en la vasta obra de Ripoll profundísimos ensayos donde Cuba alcanza, como sujeto y objeto de examen y exploración, un sitial que en cualquier otro autor serviría para considerarlo un especialista del tema.
Pero el rango intelectual de Ripoll abarcó otros temas y disciplinas donde también produjo trabajos de incalculable labor: sus estudios sobre el ensayo latinoamericano, el teatro y obras del canon peninsular, siguen siendo utilizados en las mejores universidades de los EE.UU. Cultivó el periodismo literario (fue asiduo columnista del Diario las Américas y otros medios tanto generales como académicos) y fue director de una de las publicaciones cubanas del exilio de mayor solidez intelectual: la Revista Cubana, aparecida en Nueva York en 1968. También incursionó en la ficción.
Como exiliado triple, Ripoll se incorporó a cuanta causa justa encontró a su paso por el tiempo, lo cual consideraba un deber ineludible; habló y escribió siempre con la patria adolorida en medio de la frente, que era su forma de ser cubano. Y todo ello sin protagonismos vanidosos ni afán de recompensa. Vivió mucho, pero no tanto por los años acumulados (que fueron 90), como por haber vivido en el bien, con el bien y para el bien. Vidas así no pueden contabilizarse en años, sino en fulgores.
Por todo lo anterior es que Carlos Ripoll permanece entonces más allá de sí mismo. Una vez más cumplimos el deber, desgraciadamente casi cotidiano, de depositar los restos físicos de un exiliado cubano en una tumba incómoda, como es toda sepultura en suelo extranjero. Del exilio en vida pasamos al exilio en muerte. Pero hombres y mujeres como Carlos Ripoll tienen garantizado un regreso al mismo polvo del cual provinieron. Les avala el retorno físico su obra creada a estocadas de honor. Muchos de los libros de Ripoll han entrado clandestinamente a Cuba, donde son leídos con avidez por cubanos del inxilio, ávidos de tiempos nuevos
Martí escribió para esos tiempos, que no han llegado. Carlos Ripoll, por extensión, hizo lo mismo. Me imagino que ya habrán de haberse conocido personalmente, extendidas sus manos francas. Porque es el caso que ambos tienen mucho que hacer por Cuba todavía.


[1] El Dr. Eduardo Lolo es autor de varios libros sobre José Martí. Fue también el editor de la antología crítica “Su mano franca. Acerca de Carlos Ripoll” (2010). http://eduardololo.com


domingo, 2 de octubre de 2011

CaféFuerte mantiene su historia sobre censura a Pablo


El cantautor Pablo Milanés emitió un comunicado desmintiendo que estuviera censurado en Cuba, como reportó CaféFuerte el pasado martes y luego divulgaron otros medios de prensa en Estados Unidos y España.
Según la declaración de Milanés, suscrita el viernes en República Dominicana, es “absolutamente falso” que el gobierno haya censurado su obra en la radio y la televisión cubanas, y asegura: “el gobierno cubano, insisto, respeta mis opiniones y respeta mi persona”.
Los editores de CaféFuerte ratificamos el hecho reportado: que desde el pasado lunes varias emisoras radiales -al menos en el oriente de la isla- recibieron la orientación administrativa de no pasar canciones interpretadas por Milanés en su propia voz.
La medida tiene todas las características de una represalia oficial tras las polémicas declaraciones del legendario trovador durante su reciente gira por Estados Unidos, particularmente las críticas lanzadas al gobierno cubano en los medios de Miami y su confesión de que ya no es fidelista.
La información publicada en nuestro sitio mencionaba que no se había podido determinar si la suspensión incluía sólo a las emisoras provinciales y locales, o se trataba de una disposición a nivel nacional.
Es importante señalar que para la elaboración de nuestra información contamos con el testimonio de cinco fuentes vinculadas a emisoras radiales en Granma, Las Tunas, Santiago de Cuba y Holguín, las que confirmaron la orden de censura, comunicada verbalmente desde niveles de poder en las direcciones provinciales del Partido Comunista y del Instituto de Radio y Televisión (ICRT).
Y es además pertinente aclarar que la información no provino de rumores o personas que recibieron la versión a través de un tercero, sino de empleados de las propias emisoras adonde llegó la orientación. El sitio Diario de Cuba también confirmó la noticia de manera independiente a través de tres fuentes de emisoras de Holguín.
Una torpeza política
No está de más recordar que la atribución anónima en numerosas informaciones sobre la realidad cubana responde al justificado temor de las fuentes por  represalias de diversa índole, desde la pérdida del empleo hasta el hostigamiento de los agentes del aparato policial designados para “atender” cada centro laboral.
Sin cuestionar la información que pudo haber recibido Milanés, lo estrictamente confirmado es que el lunes 29 de septiembre de 2011 estaba en vigor una disposición que imponía un acto de censura más o menos solapado.
Si se trató de un libretazo inconsulto o una iniciativa a nivel regional es lo que está aún por determinar.
Pero la orden existió y lo hemos podido confirmar después, mediante otros contactos y fuentes, a lo largo de la semana. Después de publicar la noticia nos llegaron otros reportes sobre censura a canciones interpretadas por él en programas radiales de Camagüey. El viernes, la orientación no había sido aún retirada, según ratificaron fuentes de las emisoras orientales.
Aunque se trata de una torpeza política de grandes proporciones, el hecho de la censura solapada a Milanés no resultaba extraño en un sistema que nos tiene acostumbrados a este tipo de controles en los medios de comunicación. Pensar que cualquier otra instancia gubernamental iba a emitir una decisión por escrito resultaba ilusorio, pues desde hace tiempo el ICRT no entrega las orientaciones de censura por escrito, sino verbalmente.
Esta semana, en un intercambio de opiniones en su blog Segunda Cita con CaféFuerte, el cantautor Silvio Rodríguez admitió que “algunas zonas lejanas [de la capital cubana] se comportan a veces como repúblicas independientes”.
Son tantos que se atropellan
No existen resoluciones por escrito para la censura oficial impuesta a muchas figuras incómodas para el gobierno a lo largo de estas cinco décadas, empezando por celebridades musicales del exilio cubano que fueron borradas de la radio y la televisión nacional, sin olvidar tampoco la producción marginada de otros músicos nuestros que permanecieron y permanecen aún en la isla. Los casos son tantos que, como las penas en la conocida canción de Sindo Garay, se atropellan.
Si la información divulgada por CaféFuerte contribuyó a contener la absurda disposición es algo que está todavía por ver. Si así fuera, estaríamos más que complacidos por el resultado de nuestro ejercicio profesional, pues nadie desea ni podría beneficiarse de privar a la audiencia cubana de la obra de un artista genuino e impresicindible en la historia de la canción iberoamericana contempóranea.
Pero si como dice Milanés, el gobierno cubano no ha censurado su obra en la radio y la televisión, sería oportuno dejárselo saber, claro y por escrito, a ciertas emisoras donde al parecer ha llegado una orden contraria.
Y también, de paso, reclamarle a la prensa estatal impresa, radial y televisiva de Cuba -controlada por ese gobierno que, según Milanés, respeta sus opiniones y su persona- que incluya en sus páginas y espacios las declaraciones del trovador y los ataques lanzados contra él por conocidas personalidades del arte y el periodismo oficial, hasta ahora solo reservadas para un reducidísmo grupo de cubanos que tienen acceso a la internet.

A continuación reproducimos el comunicado de Pablo Milanés:

Santo Domingo, viernes 30 de septiembre de 2011
He leído, en el día de ayer, una nota de prensa en el diario El Nuevo Herald de Miami donde supuestamente el gobierno cubano ha censurado mi obra en la radio y televisión cubanas. Debo aclarar que esto es absolutamente falso: el gobierno cubano, insisto, respeta mis opiniones y respeta mi persona, a pesar de las críticas que vengo haciendo públicas en los últimos años. Igualmente confío en que estas opiniones sean consideradas, tanto por el gobierno cubano como por el resto del mundo, como criterios de un revolucionario, de un hombre de izquierdas, que sencillamente lucha por mejorar aspectos del desarrollo de la sociedad de su país desde hace tantos años.
Pablo Milanés

viernes, 30 de septiembre de 2011

“Lo escrito, escrito está”

René Gómez Manzano

LA HABANA, Cuba, septiembre, www.cubanet.org -Para los luchadores independistas del Siglo XIX, Cuba era una novia pura o una madre amantísima, desvelada por cada uno de sus hijos. En la centuria pasada, ya reconocido internacionalmente el país, la diferencia entre este mismo y los distintos gobiernos siempre estuvo muy clara.

Así, los abusos de regímenes autoritarios como los de Machado y Batista jamás fueron atribuidos a nuestra República como tal. Todos comprendían a la perfección que los atropellos que se perpetraban eran de la exclusiva responsabilidad del mandón de turno y sus paniaguados. La pobre Cuba nada tenía que ver con esos excesos.

Pero tras la trepa al poder de Castro y sus compinches, los nuevos gobernantes no se conformaron con iniciar un nuevo capítulo en la historia patria, sino que pretendieron reescribirla toda completa, negando cualquier logro de la etapa anterior y confundiendo de manera deplorable a la Nación con sus nuevas autoridades; es decir, con ellos mismos.

Reflejo de lo anterior es la actitud asumida por los llamados “intelectuales orgánicos”, para quienes la defensa a ultranza del castrismo y sus medidas, aun las más arbitrarias, constituye un artículo de fe, casi la razón de ser de su obra y de su propia existencia. Esto se puso de manifiesto en días pasados.

Con motivo de la visita a Miami de Pablo Milanés, no han faltado las críticas acerbas al gran cantautor. Estos ataques han provenido de una y otra parte, pero aquí quisiera concentrarme en los realizados desde las filas de la intelectualidad oficialista.

Entre esas arremetidas resaltan las hechas por el prominente artista Silvio Rodríguez y por otro no destacado en absoluto, pero que se dio a conocer por una canción y por los cargos burocráticos que ha ostentado en el movimiento de la Nueva Trova: Vicente Feliú.

Para esos dos compositores, Cuba no es la madre amantísima ni la novia virginal que pensaban nuestros mambises, sino una madrastra vengativa y cruel que, lejos de terciar con equidad en los conflictos entre sus hijos o entenados, se dedicaría a convertir a los menos favorecidos en víctimas de su ojeriza y su ferocidad.

Ambos, sin ruborizarse, intentan justificar  -¡a estas alturas!- la bochornosa carta dirigida en 2003 a “amigos que están lejos”, en la que determinados intelectuales expresaban su apoyo al mismo régimen que los escogió con ese fin, a raíz de la brutal ofensiva represiva conocida como Primavera Negra.

Los firmantes apoyaban el fusilamiento, en menos de una semana, de tres jóvenes que se apoderaron por unas horas de una embarcación, sin ocasionar lesiones; también la condena a largas penas de prisión de setenta y cinco disidentes que sólo manifestaron de manera pacífica su inconformidad con el estado de cosas imperante.
Amaury Pérez Vidal

Unos pocos miles (opositores y periodistas independientes) expresaron su pública censura a aquella represión despiadada; otro (el mismo Pablo Milanés) tuvo el decoro de negarse a prestar su nombre a aquella infamia; otro más (el también cantautor Amaury Pérez) intentó dar, durante una reciente visita a Miami, una especie de explicación vergonzante de por qué firmó.

La generalidad de los que entonces suscribieron el documento guardan discreto silencio, pero Rodríguez y Feliú han considerado necesario defender de manera pública su actuar de entonces. Para ello alegan que, supuestamente, en aquel momento “había que cerrar filas con la defensa de Cuba”.

Vemos una vez más la confusión lamentable del actual régimen militar con la Patria, que de nuevo deja de ser una madre amorosa, representada en una Virgen cuya advocación es nada menos que la Caridad. Porque habría que preguntar: ¿Acaso los tres secuestradores y los setenta y cinco heterodoxos no eran también cubanos! Entonces,  ¿de qué “defensa de Cuba” hablan!

Estos dos castristas son no sólo contumaces, sino —además— más papistas que el Papa. El nuevo gobierno de Raúl Castro enmendó en lo posible, al cabo de ocho años, la barbaridad perpetrada en 2003. Por supuesto, los fusilamientos no tienen ya remedio, pero al menos los encarcelados fueron liberados bajo licencia extrapenal.

Muy oportuno es un pasaje de la respuesta de Silvio Rodríguez. Aunque la notoriedad de la frase se debe no a su condición de proverbio latino, sino de cita bíblica, y pese a lo discutible de la traducción que ofrece, la oración que él reproduce les viene como anillo al dedo a él mismo, a Feliú y a cualquier otro que, al cabo de ocho años, intente justificar lo injustificable: “Lo escrito, escrito está”.