Mostrando las entradas con la etiqueta Mercosur. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Mercosur. Mostrar todas las entradas

jueves, 22 de noviembre de 2012

El giro de Mercosur contra Israel


Andrés Oppenheimer

Aunque tanto la Unión Europea como el bloque Mercosur de Sudamérica condenaron la última ronda de violencia en el Medio Oriente antes del acuerdo de cese de fuego, hubo una enorme diferencia entre sus respectivas posturas: una fue balanceada, la otra fue vergonzosamente tendenciosa contra Israel.

La Unión Europea, de 27 países, dijo en una declaración del 19 de noviembre que “lamenta profundamente la pérdida de vidas civiles de ambos lados” del conflicto entre Hamas e Israel, y que “todos los ataques deben finalizar de inmediato”.

Y agrega que “la Unión Europea condena enérgicamente los ataques con cohetes desde la Franja de Gaza a Israel”, y que “Israel tiene derecho a proteger a su población de esa clase de ataques; al hacerlo, debe actuar de manera proporcionada y asegurar la protección de los civiles en todo momento”.

En otras palabras, los países europeos explícitamente reconocieron que Israel tiene el derecho de defenderse de los diarios ataques de Hamas, exigiendo al mismo tiempo que Israel no responda de manera desproporcionada. Días antes, el 14 de noviembre, Estados Unidos había emitido un comunicado culpando a “Hamas y otras organizaciones terroristas” de haber iniciado esta última ronda de violencia.

En comparación, la declaración el bloque Mercosur — integrado por Brasil, Argentina, Uruguay y Venezuela, tras la suspensión de Paraguay — omitió toda referencia al derecho de Israel a defenderse. La declaración del 17 de noviembre del bloque sudamericano, expresaba “preocupación por el uso desproporcionado de la fuerza” — una clara referencia a Israel — y pedía la inmediata finalización de la violencia.

La declaración no mencionó la escalada de ataques con cohetes de Hamas en los últimos meses. Desde el 2005, los milicianos de Hamas han disparado más de 8,000 misiles contra Israel desde la Franja de Gaza, incluyendo 2,000 este año, perturbando la vida cotidiana de más de un millón de personas que viven en el sur de Israel, según las Fuerzas de Defensa de Israel.

Este año, por primera vez, los misiles de Hamas — suministrados en gran parte por Irán — han alcanzado a Jerusalén y Tel Aviv. Israel dice que Hamas lanza misiles desde áreas densamente pobladas de Gaza, cercanas a las mezquitas, escuelas y hoteles, usando a los civiles como escudos humanos.

La declaración del Mercosur también dice que sus países miembros “expresan su apoyo a la solicitud del Estado de Palestina” de obtener un banca en las Naciones Unidas como país observador en el voto de la Asamblea General previsto para el 29 de noviembre. Israel y Estados Unidos dicen que ese reconocimiento formal de Palestina, que permitiría a los palestinos lanzar acciones diplomáticas y legales contra Israel, sólo puede darse después de un acuerdo de paz entre israelíes y palestinos.

El hecho de que la declaración de Mercosur no reconociera el derecho de Israel a defenderse refleja el creciente apoyo del bloque sudamericano a la causa palestina y su alejamiento de un enfoque balanceado de la disputa de Medio Oriente, me dijo en una entrevista el ex presidente peruano Alejandro Toledo, que sigue el tema de cerca.

“Me preocupa la posición del Mercosur: la encuentro un poco desbalanceada”, me dijo Toledo, agregando que la posición de la Unión Europea es más equitativa. “El estado de Israel tiene derecho a defenderse, y al mismo tiempo tiene el deber de proteger a la población civil”, dijo Toledo.

Mi opinión: Coincido con los analistas más objetivos en que ni los palestinos ni los israelíes están enteramente libres de culpa en este conflicto. Las políticas de línea dura del primer ministro israelí Benjamín Netanyahu no han ayudado a negociar la paz en Medio Oriente, y los nuevos gobiernos pro-fundamentalistas islámicos de Egipto y de Turquía han empeorado las cosas al acercarse a grupos como Hamas, que admiten abiertamente que quieren borrar a Israel del mapa.

Y Hamas, a su vez, es culpable por haber escalado drásticamente sus ataques con cohetes contra objetivos civiles en Israel en los últimos meses, probablemente para provocar una sangrienta respuesta israelí que presionaría a Egipto, Jordania y otros países a renunciar a sus tratados de paz con Israel.

Pero aunque todos tienen parte de la culpa, el mundo debe reconocer el derecho de Israel a defenderse. Ningún país puede cruzarse de brazos cuando sus civiles son bombardeados todos los días desde un territorio vecino.

La Unión Europea adoptó una postura balanceada, llamando a la cordura a ambas partes. Mercosur, quizás reflejando su transformación de un bloque económico a un bloque político cada vez más radicalizado desde la incorporación de Venezuela, tomó una postura vergonzosa, echándole toda la culpa a Israel.

martes, 14 de agosto de 2012

Se impone el rechazo del Congreso al ingreso de Hugo Chávez al Mercosur


El neoimperialismo brasileño, por la boca de su vocero Marco Aurelio García declarado enemigo del Paraguay , sentenció que si nuestro país vuelve al Mercosur tras las elecciones generales del próximo año, debe someterse a lo que sus socios han decidido de manera ilegal

EDITORIAL DE ABC COLOR

Una gran parte de las turbulencias, tribulaciones y guerras que azotaron el mundo a lo largo de todas las épocas se debió a que unos estados se consideraban superiores a otros. Algunas naciones, dada su supremacía política, económica o militar, se creían en el derecho de avasallar a las demás. Tras el último conflicto bélico que conmovió al planeta entre 1939 y 1945, y que costó la vida de 60 millones de seres humanos, los pueblos de la Tierra fundaron la Organización de las Naciones Unidas, una institución del derecho internacional encargada de velar por el mantenimiento de la paz y la seguridad globales.

Para garantizar estos principios fundamentales de la convivencia internacional, la Carta de las Naciones Unidas, desde su primer artículo, estableció que su propósito era: “Fomentar entre las naciones relaciones de amistad basadas en el respeto al principio de la igualdad de derechos y al de la libre determinación de los pueblos”. En el artículo 2, prescribió que para la realización de los propósitos señalados precedentemente “la Organización está basada en el principio de la igualdad soberana de todos sus Miembros”.

Estos valores fundamentales son recogidos por nuestra Constitución Nacional, en cuyo artículo 143 señala: “La República del Paraguay, en sus relaciones internacionales, acepta el derecho internacional y se ajusta a los siguientes principios: 1) la independencia nacional; 2) la autodeterminación de los pueblos; 3) la igualdad jurídica entre los Estados”, entre otros valores primordiales.

Sin embargo, en el Mercosur estos principios esenciales tan claros han sido quebrantados alevosamente cuando Argentina, Brasil y Uruguay dispusieron incorporar a Venezuela al proceso de integración regional en abierta violación del derecho comunitario, específicamente del Tratado de Asunción, que dispone que el ingreso de nuevos socios al bloque debe hacerse con el consentimiento unánime de los Estados partes, y del mismo Protocolo de Adhesión de Venezuela al Mercosur, en cuyo artículo 12 se requiere que el mismo cuente con la ratificación parlamentaria de los cuatro países miembros para entrar en vigencia: Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay.

Días después de celebrada la infausta cumbre presidencial de Mendoza, a fines de junio pasado, el canciller uruguayo Luis Almagro reconoció públicamente que la decisión fue adoptada bajo la fuerte presión ejercida por el Gobierno brasileño. Poco después, el presidente José “Pepe” Mujica justificó la embestida del poderoso Brasil asegurando que el ingreso de Venezuela se produjo en la forma que se produjo ─ avasallando el derecho comunitario ─ porque “lo político supera largamente lo jurídico”.

Tanto en el terreno de la teoría como en el de los hechos, esto vino a significar una descarada ruptura del estado de derecho en el Mercosur, lo cual fue muy bien graficado por el vicepresidente uruguayo Danilo Astori, quien en abierta contradicción con su propio presidente, aseguró que, a partir de la cumbre de Mendoza, en el bloque no ha quedado ninguna norma que no haya sido violada.

En suma, el 29 de junio de 2012, Argentina, Brasil y Uruguay declararon que los Estados ya no son iguales entre sí, que los más poderosos pueden imponer sus propias reglas de juego al margen de los principios del derecho internacional. Como si todo fuera poco, el neoimperialismo brasileño, por la boca de su vocero Marco Aurelio García ─ declarado enemigo del Paraguay ─, sentenció que si nuestro país vuelve al Mercosur tras las elecciones generales del próximo año, “debe someterse” a lo que sus “socios” han decidido de manera ilegal.

Ante tamaño ultraje a la soberanía de la República del Paraguay y el avasallamiento del principio de la igualdad jurídica entre los Estados que ahora se vinieron a consagrar dentro del Mercosur, lo único que cabe es que el Congreso Nacional, sin más dilación ni trámite, considere y rechace de plano el Protocolo de Adhesión de Venezuela al proceso de integración regional, suscrito en Caracas el 4 de julio de 2006.

Por lo tanto, no cabe el doble discurso que viene utilizando el oficialismo, que por un lado remitió al Congreso el mencionado instrumento para su consideración y, por otro ─ bajo la insidiosa influencia de Itamaraty ─ ejerce presión sobre los mismos legisladores del gobernante Partido Liberal para evitar que el mismo sea tratado en el recinto parlamentario.

Al Paraguay, como un país pequeño, de menor desarrollo económico relativo, sin costa marítima y rodeado de naciones poderosas y angurrientas, no le resta más que ampararse en el derecho internacional para preservar en todo momento y lugar su independencia y su soberanía. Su poderío no deviene de la potencia de sus armas, sino de la fuerza de sus derechos.

Nuestro país ha sido miserablemente avasallado, y lo único que cabe esperar de los señores legisladores es que actúen con la dignidad que corresponde a los graves desafíos que presenta la hora actual. Hacerlo en este sentido significa, hoy, aquí y ahora, repudiar la forma ilegal en que nuestros “socios” metieron al déspota bolivariano Hugo Chávez al Mercosur por la ventana, y rechazar de plano el infame protocolo que ellos nos pretenden imponer.

martes, 24 de julio de 2012

La fiebre comunista


Saúl Godoy Gómez. EL UNIVERSAL

Latinoamérica viene dando tumbos en su política de integración desde que se le permitió a Chávez una injerencia malsana en los asuntos de Mercosur, en esto, una parte de la culpa se la lleva Brasil, que en manos del socialista Lula y luego de Dilma Rousseff, estableció prioridades ideológicas sobre las económicas y políticas.  Fue Chávez quien arrastró al Brasil a su pobre desempeño en la crisis de Honduras, para luego empantanarse en los asuntos internos de Paraguay durante el episodio de la deposición del presidente Lugo, en donde Chávez comprometió el prestigio y la trayectoria democrática de los gobiernos socialistas de América Latina en una defensa a ultranza de los intereses comunistas en la región.

No nos llamemos a engaño, en Brasil, a pesar de que existe una pujante economía de mercado, la cúpula política se encuentra en manos de los comunistas, que son imperialistas y que tienen un claro plan de dominio en la región, y donde el aspecto ideológico es fundamental para la estrategia de ir creando países satélites, a la usanza del viejo modelo de la URSS.

Estados Unidos calculó mal su retiro de Latinoamérica, creyendo que, si dejaba que Brasil ocupara su papel de líder regional, y con base en las buenas relaciones económicas y diplomáticas que había cultivado en la última década, confiaba en manos de país amigo las relaciones con sus impredecibles vecinos; el error fue que no vieron que el Foro de Sao Paulo, ese conglomerado de fuerzas de la ultraizquierda latinoamericana, se impondría sobre la sensatez y el profesionalismo de la cancillería de Itamaratí, que hasta los momentos se había desempeñando de manera equilibrada.

Si bien Lula le había dado a la economía brasilera una apertura importante para convertirla en la octava economía del mundo, pues en su óptica necesitaba del dinero y los recursos para atender a las grandes masas de desposeídos, que significaban un gran riesgo en cuanto a problemas sociales y veía en ellos el soporte político, en votos, para sostener al socialismo en el poder. Es una lástima que Brasil esté echando por la borda su oportunidad de oro para convertirse en el líder del continente, porque a Lula y a Dilma les dio por anteponer intereses doctrinarios y bastardos a los intereses de su país.

Cegado por los éxitos electorales del socialismo en los diversos países de Latinoamérica y presionado por la nueva internacional comunista transmutada en el Foro de Sao Paulo, que le respira en el cuello, Lula se dedicó insensatamente a sostener una política de promoción y ayuda a los regímenes socialistas de la región como política de Estado, fue el caso de Chávez, entre otros.

Pero Chávez, a pesar de su popularidad y beligerancia ante los medios de comunicación, resultó ser una mercancía dañada, porque concentraba en su persona lo peor del socialismo real, su odio de clases, su desdén por el sector privado y la libre empresa, la violencia de su discurso y el desprecio de los más básicos postulados democráticos, bien ocultos tras su fachada de invencible candidato en procesos electorales.

Si bien Lula y Dilma, la Cristina Fernández de Kirchner en Argentina y los otros peones del socialismo en la región trataron de construir un esquema de integración en el sur y que fue dando sus resultados positivos para el desarrollo de sus países miembros, el factor Chávez le imprimió ese olor a podrido a la gestión, introduciendo elementos de corrupción, manejos de política barata, injerencia en los asuntos internos, instando a golpes de Estado y a la desobediencia de las constituciones, aparte de un acento antiimperialista y antinorteamericano que no favorecía a nadie, haciendo mucho ruido entre las relaciones Europa-EEUU con el Mercosur, que posiblemente le fuera de interés al partido socialista de los trabajadores del Brasil, pero que a la larga, terminaría por derrumbar el proceso de integración.

Chávez utilizó el poder del petróleo para suavizar su entrada al club pero a costa de la unión misma, poniendo a los países a pelear, a desconfiar entre ellos, a sembrar la discordia hasta resultar en la eyección de Paraguay de la organización, que era la piedra de tranca de su ingreso.

Brasil y Argentina están muy confiados de que pueden controlar a Chávez y aprovecharse, sin muchos riesgos, de la "generosidad" y largueza de su nuevo mejor amigo, lo saben enfermo y disminuido en sus capacidades, poco les importa los principios democráticos que sirvieron de marco a la unión, pues saben que, tarde o temprano, sus gobiernos socialistas van a terminar utilizando la fuerza y el autoritarismo en contra de sus propias poblaciones, saben que mantener el socialismo en Latinoamérica va a tomar un poco de brutalidad policial y militar, pero todo sea por la "felicidad humana".

Pero pasan por alto que Venezuela está en modo de cambio, que muy pronto habrá un nuevo giro en la región, que el péndulo de la izquierda se devuelve lenta, pero seguro, a la derecha, que EEUU está observando y que también allá, tarde o temprano, también habrá cambios.

 Esta fiebre comunista, que tiene a Latinoamérica delirando sobre su papel en los asuntos del mundo, de permitir que estos caudillos decimonónicos se levanten entre los pueblos para hacer revoluciones, de estos sueños de socialistas trasnochados de imponerse por sobre la cordura y los derechos de los pueblos para conducir sus destinos, estos delirios, repito, por lo general terminan en espantosas pesadillas y sangrías, la historia está llena de ejemplos, en nuestro caso solo nos queda resistir y denunciar a elementos como Chávez, que están haciendo su trabajo de depuración y purga, de poner en evidencia a las sociedades fallidas, a las ideologías inhumanas y los engaños.

domingo, 15 de julio de 2012

Juicios y piruetas políticas


Lo que sí ha quedado claro es que el muy socorrido "bolivarianismo" parece haberse constituido en el fundamento político para dar a Venezuela el rol de "imperio subregional".

Adolfo P. Salgueiro. EL UNIVERSAL

El tema Paraguay aún ocupa bastante prensa pero aparentemente cada vez con menos intensidad a medida que los ánimos se van aplacando y las destempladas reacciones iniciales de varios van dando lugar a enfoques más comedidos. No ocurre igual con el ingreso de Venezuela a Mercosur aprovechando una pirueta política a la que unos pocos aún quieren atribuirle ropaje jurídico. Este último tema sigue dando que hablar.

Como era de suponer el continente en su conjunto y algunas de sus instituciones subregionales pusieron el grito en el cielo con la destitución del presidente Lugo luego de un proceso cuya calificación puede ser opinable pero que decididamente careció de las garantías mínimas para el procesado. No basta afirmar que se trató de un juicio político y no jurídico. Hasta cuando uno va a castigar a un hijo que se portó mal le da la oportunidad de hacer siquiera una defensa en su descargo; tanto más al Jefe de Estado de un país que pudo haber ejercido su cargo con desacierto ─ como fue el caso ─ pero que lo hizo en apego a los cánones democráticos que ya son norma en el continente.

Como era de esperar los "cabeza caliente" de la ALBA, conducidos por su caporal y financista exclusivo, se sintieron autorizados no sólo para reclamar la restitución del mandatario defenestrado sino que en su frenesí se dejaron capitanear por el Canciller venezolano, quien en repentino cambio de discurso desechó la invocación a la sacrosanta soberanía interna de las naciones para convertirse en campeón del derecho a la intervención incluyendo en la misma la perlita de alebrestar a los militares paraguayos para que desobedecieran el orden institucional. Hoy día después de la visita y el informe de Insulza ─ a quien el gobierno de Franco no puso obstáculo alguno para su misión ─ parece que los ánimos volverán a su cauce, Paraguay no será expulsado de la OEA y la cosa se nivelará de alguna manera aún no determinada.

Lo que sí ha quedado claro es que el muy socorrido "bolivarianismo" parece haberse constituido en el fundamento político para dar a Venezuela el rol de "imperio subregional". Vale decir pues que cada quien trata de ser imperio hasta donde le cubre la cobija. Olvidan que Bolívar llegó hasta los confines de los Andes no para imponer sino para liberar... pero eso fue en el siglo XIX, en el XXI las doctrinas pueden acomodarse a gusto del que manda.

Y en cuanto al ingreso de Venezuela a Mercosur nadie niega que la integración es un logro deseable y además tiene rango constitucional. También es bueno que las parejas se casen pero no puede ser en cualquier momento y sin prepararse, menos aún en un caso como el de Venezuela en que la decisión es sólo del gobierno y no ha sido siquiera consultada con empresarios ni trabajadores que son y serán los actores del nuevo esquema. Para el que no lo crea así lo invitamos a estar pendiente de las cifras de desempleo que pronto castigarán a nuestros estados agrícolas (Portuguesa, Guárico, Cojedes, etc.) y a los industriales (Aragua, Carabobo, etc.) cuando lleguen las oleadas de importaciones brasileñas y argentinas a precios más baratos.