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domingo, 2 de junio de 2013

La puerta de los monstruos


Carlos Alberto Montaner. FIRMAPRESS

Dice Nicolás Maduro que el presidente Juan Manuel Santos “le metió una puñalada a Venezuela”. No se sabe si esta dramática información forense se la dio confidencialmente un pajarito o si surgió de su legendaria capacidad de observación.

Maduro ve cosas que nadie percibe. Es un vidente. Sólo él, por ejemplo, descubrió su rostro entre las manos de Chávez en un cuadro o foto del Comandante Eterno. Pero ahí no termina la crónica roja colombo-venezolana. De acuerdo con su versión, los colombianos, coludidos con la CIA, intentarían envenenarlo.

Creo que es importante tener en cuenta la secuencia. Estas revelaciones completan el cuadro clínico. Primero se presentaron las alucinaciones auditivas con pajaritos que le hablaban. Luego comparecieron las alucinaciones visuales con su propia imagen. Ahora contemplamos denuncias de conspiraciones siniestras. Parece que estamos ante un típico caso de esquizofrenia paranoide.

Los venezolanos, especialmente tras las revelaciones de Mario Silva, discuten si Maduro es un comunista manejado por Cuba o un místico manejado por Sai Baba, pero me sospecho que la duda que hay que despejar es si estamos ante un sujeto afectado por un brote psicótico transitorio, producto del estrés, tratable con unas cuantas pastillas de Risperidona, o si se trata de un esquizofrénico incurable de pronóstico sombrío. (Me temo lo segundo).

En todo caso, la “puñalada” colombiana consiste en que el presidente Juan Manuel Santos recibió a Henrique Capriles, el jefe de la oposición venezolana y muy probable ganador real de las elecciones del 14 de abril.

Santos, en realidad, no hizo nada excepcional. Recibió al representante de, por lo menos, la mitad de la sociedad venezolana. Eso era lo responsable. Las relaciones entre los países no son entre gobiernos, sino entre naciones. No haber recibido a Capriles, o sea, negarle la legitimidad que sus compatriotas le otorgaron en las urnas, sí era una forma de injerencia en los asuntos internos del vecino.

Los gobiernos son sólo los representantes temporales de las naciones. Cuando Maduro sea amorosamente recluido en alguna institución psiquiátrica, como le ocurrió al presidente tunecino Habib Burguiba, y Capriles ocupe la presidencia, y cuando probablemente sea otro el inquilino del Palacio de Nariño en Bogotá, los vínculos entre las dos sociedades permanecerán inalterables.

Pero si bien Juan Manuel Santos acertó en recibir a Capriles, tengo la impresión de que se equivoca en el tratamiento dado a los narcoguerrilleros comunistas de las FARC en las negociaciones llevadas a cabo en La Habana.

De la misma manera que es razonable reconocer la legitimidad de Capriles para hablar en nombre de media Venezuela, no tiene sentido asignarles a los representantes de las FARC el trato de interlocutor válido para discutir el destino político de Colombia, como si se tratara de la otra mitad legítima de la sociedad colombiana.

No se puede admitir como parte de la discusión con las FARC una pretendida reforma agraria o los derechos de los trabajadores, como si la batalla planteada por el brazo armado del Partido Comunista colombiano se originara en reivindicaciones sociales, y no en la lucha por tomar el poder y establecer un régimen colectivista dictatorial basado en las supersticiones del marxismo-leninismo.

Si no se ha podido someter militarmente a los criminales, es legítimo buscar el fin del conflicto armado por la vía de conversaciones que conduzcan a un armisticio, pero ello implica el fin de las hostilidades por parte de los subversivos, la entrega de las armas y la subordinación al imperio de la ley.

También es razonable explorar zonas de perdón y reconciliación, como se ha hecho en docenas de sociedades martirizadas por conflictos sangrientos, pero ello exige el reconocimiento de la culpa y el arrepentimiento por parte de quienes han violado sistemáticamente las leyes, y hasta ahora ésa no parece ser la actitud de las FARC.

Es probable que Juan Manuel Santos, lleno de buenas intenciones, quiera dejarles la paz a sus compatriotas como su gran legado histórico, pero de la manera en que lo está intentando hay un altísimo riesgo de que les transmita como herencia un Estado institucionalmente muy frágil y políticamente indefenso.

O sea, la puerta por donde luego se cuelan los monstruos.

viernes, 11 de noviembre de 2011

Es gato, no león. Las cosas de Cheo el cojo

Mario J. Viera

Esta mañana mi amigo Cheo me propuso un acertijo que, como se dice en buen hablar cubano, me dejó botado.
-A ver ─ me dijo con su cabrona sonrisita de pícaro ─ dime qué animal es este: Felino salvaje que habita en las praderas africanas, vive en manadas, es fuerte y tiene melena.
-¡Vaya tontería! ─ exclamé ─ Es el león
Rompió Cheo a reír como si le hubieran hecho cosquillas.
-¡Fallaste! ─ gritó ─ Es gato, no león...
Sin permitirme discutir me soltó de buenas a primera:
¡Cálmate! Respóndeme ahora esta otra adivinanza: Grupos ilegítimos que cometen acciones criminales y que imponen un velo de violencia y acrecientan los conflictos en un país.
Cauteloso me decidí a contestar.
-No me vayas a cambiar la bola, Cheo ─ le advertí ─ Esa es una buena definición para los grupos terroristas.
Saltó Cheo alegremente.
¡Bárbaro, te la comiste! Respuesta co-rrec-taaa...
Me quedé como bobo. Pero de seguidas, Cheo entró en el tema.
-Te hice esas preguntas para confirmar lo que pienso de algunos comemierdas que gobiernan en ese mundo del socialismo del siglo XXI... Mira, el expresidente de Colombia, Alvaro Uribe soltó un comunicado por su página de internet y volvió al tema de cuando se la arrancaron al tipo ese de la FARC, el tal Raúl Reyes. ¡Ya te puedes imaginar!
Echó mano a su cajetilla de cigarrillos Santa Fe y se puso a fumar tranquilamente.
-Sí, señor, el Reyes que en verdad se llamaba Luis Édgar Devia, se la debía a Colombia y a Uribe. Estaba excursionando, vacacionando en territorio ecuatoriano, tranquilito sin temor a un correazo.... Ya sabes cómo acabó aquello y el berrinche que armó el mamalón de Correa...
Otra bocanada de humo.
Uribe explica entonces que no avisó al gobierno de Ecuador sencillamente por, y te lo digo tal como lo escribiera Uribe, “la facilidad con que ‘Reyes’ se movía en el país hermano, y debo repetirlo, porque me asaltaba el temor causado por las declaraciones del presidente Correa frente a las FARC”. Sí, es claro, Uribe dice: “Correa, como candidato, hizo pronunciamientos que negaban el calificativo de terroristas a las FARC y en su ejercicio presidencial llegó a hablar del reconocimiento del estatuto de beligerancia”. ¿Crees que se puede confiar en un tipo como este que se atreve a inmiscuirse en los asuntos internos de otro país y en su territorio se van de descanso los terroristas de Colombia?
Coincidí con Cheo. Siempre lo pensé. Uribe había dado el golpe repentino sin comunicarle a Correa porque este no podría ser un interlocutor confiable, capaz hubiera sido de advertir a Reyes.
-Exacto ─ continuó Cheo – Uribe no confiaba ni un carajo en el cabrón de Correa; así lo dijo: "Gobiernos anteriores al presidente Correa no generaron sospechas de favorecer a la guerrilla que cruzaba la frontera’. Nuestras relaciones con los presidentes (Gustavo) Noboa, (Lucio) Gutiérrez y (Alfredo) Palacio fueron muy buenas".
Sonrió Cheo.
-¡Este Uribe es del carajo pa’rriba! Soltó sus cañonazos precisamente cuando Correa está en Colombia para asistir a una cumbre de presidentes de la Comunidad Andina de Naciones, el CAN, que la forman Bolivia, Colombia, Ecuador y Perú y otros socios asociados, un can que no muerde pero que ladra bastante, ya te puedes imaginar: Evo Morales y Correa en compañía con el conciliador Santos y el indefinido Humala...
Después de varias cachadas a su cigarrillo, Cheo lo aplastó en el cenicero.
-Ahí fue cuando el león se convirtió en gato. Así lo quiso presentar el embajador de Ecuador en Colombia. ¿Sabes lo que dijo ese tarado?
-No sé, dime...
-¡Nada, que ellos son independientes, son diferentes a los oligarcas, o al menos es lo que se puede entresacar de las sonseras que soltó; dijo que, y te leo lo que tengo anotado en este papel, la “Cancillería de Ecuador, desde 2003, cuando la doctora Nina Pacari era canciller, ha mantenido su independencia frente a la utilización de la nomenclatura promovida por Estados Unidos y la Unión Europea para denominar “terroristas” a la guerrilla y a los grupos paramilitares
Sonrió.
-Al león se le denomina gato, no es carnicero, es gato. Dijo que las FARC no son terroristas sino “grupos ilegítimos que cometen acciones criminales y que imponen un velo de violencia y acrecientan el conflicto sobre el pueblo de Colombia”. ¿Acaso no es lo mismo?
Se puso de pie para despedirse de mí.
-Sí es como decir que Correa no reprime a la prensa sino que quiere mejorarla para que no hagan críticas molestas y por tanto merezca un premio periodístico. ¡Abur, socio!

Las FARC sin Cano

Eucario Bermúdez. DIARIO LAS AMERICAS

¿Qué puede cambiar en el conflicto colombiano tras la muerte del comandante de las FARC, alias Alfonso Cano? Es una pregunta que se hacen las mayorías. Y hay varias respuestas. La que predomina es que tras el contundente golpe que han dado las fuerzas militares a ese grupo subversivo, no hay que hacerse muchas ilusiones. No habrá seguramente liberación de secuestrados, no habrá diálogo con el gobierno, no se desmovilizarán, y no abrirán nuevas posibilidades de paz para el país, lamentablemente.

Es la misma pregunta que nos hicimos cuando murió alias “Tirofijo” el temible Manuel Marulanda Vélez, fundador de esa guerrilla. Todo lo que hubo fue un cambio de mando, precisamente hacia Cano, y es lo que se espera muy pronto. La escogencia de un nuevo jefe extraído del llamado secretariado, que en gran parte opera desde Venezuela con la complicidad de Hugo Chávez. De allí provendría quizá el nuevo comandante y a su lado estarían los más sanguinarios cabecillas, aquellos que no salieron de la universidad como Cano y que se han formado fundamentalmente en el monte, cometiendo toda clase de atrocidades contra el ejército, la policía, la población civil y la riqueza nacional, sembrando el terror, todo para proteger su multimillonario negocio del narcotráfico que es su único objetivo.

Nada de búsqueda de reivindicaciones sociales para el pueblo. Ese cuento ya se les acabó y solo les cabe el título de narcoterroristas, aunque el Presidente Ecuatoriano Rafael Correa no lo reconozca, tal como olímpicamente lo dijo anoche a los medios de comunicación, mientras otro mandatario, el señor Sarkozy de Francia pide la desmovilización de las FARC, el fin de los secuestros y el enrolamiento de niños a sus bandas criminales.

Por su parte el ex embajador de los Estados Unidos en Colombia William Brownfield, ahora subsecretario de Estado para asuntos antinarcóticos, señaló –y hay que destacarlo- que en este momento las FARC y el Talibán en Afganistán son dos de las organizaciones narcotraficantes más grandes y más importantes en todo el mundo. De ese tamaño ve las cosas el alto funcionario estadounidense. Así que ante este panorama, es que podemos responder a la pregunta de lo que pueda venir después de la muerte de Cano.

Hay quienes afirman que se avecina una disgregación en las filas de la narcoguerrilla, que daría paso a grupos pequeños, más regionalizados y fuertemente enmarcados por el narcotráfico. Fue lo planteado por analistas que consultó el diario EL TIEMPO. Pero el escenario de guerra no cambiará de manera sustancial.

Con la muerte en combate por parte de las fuerzas militares de los Comandantes Reyes y Cano quien sabe cuántas ganas tendrá un guerrillero de llegar a esa posición. Como señaló muy gráficamente el joven Ministro de Defensa Juan Carlos Pinzón, quien sea el sustituto “tendrá que preocuparse por huir”. Bien vale la pena citar la opinión del hombre de la calle. “La vida estéril e inútil de los ideólogos”, Lo único que dejó Cano fue un rastro de sangre y en sus últimos minutos huyendo como rata. Señores de las FARC: la lucha contra la pobreza es acá, hombro a hombro, trabajando, no echando bala y hablando “m”.

jueves, 10 de noviembre de 2011

Un lenguaje comprensible

seudónimos tales como Tirofijo o Mono Jojoy resultan mucho más adecuados para sujetos que desarrollan ese tipo de actividades que para un dirigente público presentable
René Gómez Manzano

LA HABANA, Cuba, noviembre (www.cubanet.org) -El pasado sábado se conoció la caída del sucesor del difunto Manuel Marulanda al frente de la narcoguerrilla de las llamadas Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), el señor Alfonso Cano, durante un fuerte enfrentamiento con un destacamento del Ejército de ese país hermano.

La prensa oficialista cubana ha mostrado gran comedimiento al referirse a ese suceso, y ha calificado al occiso como “líder político y militar”, obviando otras facetas de la actividad, tanto de ese personaje como de las FARC en su conjunto, que se han distinguido por su vinculación directa con diversos hechos delincuenciales comunes.

Es obvio que seudónimos tales como Tirofijo o Mono Jojoy resultan mucho más adecuados para sujetos que desarrollan ese tipo de actividades que para un dirigente público presentable.

Los fuertes golpes a la narcoguerrilla vienen sucediéndose desde hace algún tiempo. Pese a que en meses recientes se han puesto de moda las fuertes críticas dirigidas al anterior presidente colombiano, no puede desconocerse que Álvaro Uribe encontró las vías para ajustarle las cuentas de manera muy enérgica a la banda subversiva.

Si contrastamos la línea de acción adoptada por ese Jefe de Estado y la seguida hace años por un predecesor suyo —Misael Pastrana Borrero—, las diferencias saltan a la vista. Este último ofreció a las FARC, en San Vicente del Caguán, un santuario que constituyó un verdadero estado dentro de Colombia, el cual fue utilizado por la banda para campear a sus anchas, con nulos resultados para el proceso de paz.

Una vez que el actual presidente Juan Manuel Santos tomó posesión tras su clara victoria electoral, ha desplegado una acción diplomática de normalización de relaciones con el gobierno de Hugo Chávez y otros regímenes del llamado “socialismo del Siglo XXI”. ¿Quién hubiera esperado tal cosa del Ministro de Defensa de Uribe, acusado en su día ante los tribunales ecuatorianos por el papel primordial que desempeñó en el asalto al santuario del cual disfrutaba Raúl Reyes!

Pero en meses recientes hemos visto no sólo el establecimiento de relaciones cordiales con el varias veces reelecto Jefe de Estado venezolano, sino incluso una visita a La Habana del Vicepresidente colombiano, quien agradeció ante la prensa los aportes del gobierno cubano a la paz en su país.

¡Las cosas que hay que oír! ¡Escuchar semejante afirmación en boca de un alto funcionario de la nación que de manera más intensa ha sufrido el apoyo incondicional que durante decenios prestó el régimen de La Habana a cuanto movimiento subversivo ha surgido en América Latina!

No obstante, hay que reconocer que tal vez la política de Santos conduzca hacia la ansiada pacificación de la fraterna Colombia. El actual presidente de ese país parece empeñado en aplicar, en un contexto diferente, la consigna atribuida a Teddy Roosevelt: “Habla suave y lleva un gran garrote”.

La prensa oficialista cubana ha recogido las quejas del alcalde indígena de Cauca, que expresa sentir temor por los intensos combates que se siguen librando en su municipio, así como de la ex senadora Piedad Córdoba, quien ha declarado que “el gran perdedor”, como consecuencia de los recientes sucesos, ha sido el acuerdo humanitario para la liberación de otros secuestrados en poder de las FARC.

Y ha dicho más la conocida política izquierdista: Ha afirmado —y lo publicó el Granma— que “la muerte de Alfonso Cano es un duro golpe para la paz”; también calificó el éxito gobiernista como “una victoria pírrica militar que pone en riesgo a los colombianos”. Al oírla, cualquiera creería que la única opción válida es dejar que los subversivos campeen por sus respetos.

Pero podemos estar seguros de que, si la paz llega a imponerse en la sufrida tierra neogranadina, un papel fundamental en el logro de ese ansiado propósito corresponderá a los fuertes mazazos asestados por las fuerzas armadas de ese país a la narcoguerrilla. El idioma de los cabecillas y secuaces aniquilados es un lenguaje que esos facciosos entienden a las mil maravillas.

martes, 8 de noviembre de 2011

El adiós de Chávez a Cano

Roberto Giusti. EL UNIVERSAL. Venezuela
Cadáver de Alfonso Cano

Ya sabemos que Chávez guarda, guardará silencio, ante la muerte de Alfonso Cano. Si no lo hizo luego del ajusticiamiento de Raúl Reyes, en operación planificada y ejecutada por su "mejor amigo", el entonces Ministro de la Defensa, Juan Manuel Santos, fue porque la caída de Reyes lo impactó tanto, que no pudo ocultar su pesar pero, sobre todo, porque ese "cobarde asesinato", ocurrido en suelo ecuatoriano, lo puso en ascuas. Por eso ordenó una movilización militar hacia la frontera, temeroso de que Uribe y Santos repitieran la experiencia ecuatoriana en territorio venezolano.

Ahora su silencio cómplice, ante la caída de Cano, pone en evidencia la profundidad de los acuerdos con Santos. Olvídense de insultos, de movilizaciones de opereta, discursos dolidos o de minutos de silencio por el sacrificio del guerrillero heroico caído en combate. Chávez puede pasar de los tormentos histriónicos y del frenesí indignado a la más yerma de las indiferencias, si eso le otorga algún tipo de rédito. Y hace ya un buen rato que les dijo adiós a las FARC, convencido, finalmente, de que el futuro, ahora presente, que le esperaba (y mucho más luego de su felonía) era una muerte lenta, pero inexorable, como lo patentiza la triste parábola de Cano.

La orfandad, el aislamiento y la indefensión de un Cano a la hora de su muerte, puede ser, también, la de una legendaria guerrilla colombiana, devenida en grupo terrorista y trasnacional de la droga, reducida ahora a un movimiento descuadernado, disperso y divorciado de los principios y valores que animaron su creación y de los cuales, se suponía, Cano era (junto con el también difunto Jacobo Arenas) el mejor exponente.

No en balde, mientras Tiro Fijo y Reyes daban la cara en la farsa de los acuerdos de paz, nunca alcanzados, durante el gobierno de Andrés Pastrana, "el ideólogo" (irreductible, impermeable en su planteamiento) se dedicaba a fortalecer el poderío militar de las FARC y a la creación del Movimiento Bolivariano por la Nueva Colombia, suerte de frente legal, pero clandestino, inspirado en los planteamientos de Hugo Chávez.

Pero la estampa del guerrillero ilustrado, teórico y discutidor, que representaba la contrafigura del guerrillero brutal ("con filosofía no se va a la guerra"), encarnado por el Mono Jojoy, no se correspondía con la realidad y contra él pesaban más de 200 órdenes de captura, incluyendo una por la masacre del Club El Nogal. Su afinidad ideológica con el chavismo se ha echado al olvido, aunque los secuestros, el cobro de vacuna y otros desmanes de los cuales las FARC son protagonistas, siguen ocurriendo en la frontera venezolana.

sábado, 5 de noviembre de 2011

El final de un guerrillero

Mario J. Viera

Prácticamente la prensa de todo el mundo se hace eco de la noticia. Noticia de primera plana en los más importantes diarios de América Latina, Estados Unidos y Europa. La muerte de un guerrillero colombiano. “Cayó el número uno de las FARC. Es el golpe más contundente que se ha dado a esta organización en toda su historia” anunció el presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, desde la Casa de Huéspedes Ilustres de la ciudad de Cartagena de Indias.
Alfonso Cano, o más bien, Guillermo León Suárez cayó abatido por efectivos de la brigada 29 del Ejército y la Fuerza Aérea colombiana. Había escogido el camino de la violencia y violentamente encontró la muerte, como le ocurrió a Víctor Julio Suárez Rojas, el “Mono Jojoy”, como le ocurriera antes a Luis Edgar Devia, alias 'Raúl Reyes'. “Ese golpe es una comprobación de que el crimen no paga, la violencia no es un camino...”, advierte Santos.
Cuando en el juego democrático hay opciones, cuando por medio de las urnas se puede cambiar el curso de la vida política colombiana, la violencia homicida, la persistencia en un foco guerrillero, que actúa, más allá de una ideología, con métodos terroristas, con extorsiones, secuestros y ejecuciones extrajudiciales, es inaceptable. La violencia devora y sus impulsores son siempre devorados por la violencia.
Pocos llorarán la muerte del hombre que por más de 30 años llevaba una vida de forajido. Forajido es todo aquel que huye a las montañas y lanza ataques, organiza secuestros y se alía con el narcotráfico. No hay razón en la afirmación que asegura que el fin justifica los medios. Quien se decide por medios criminales demuestra que sus fines son el crimen.
Tal vez alguien, de esa izquierda latinoamericana que merece llamarse “bananera” quiera levantarle un pedestal y coronarle como héroe. Mal va un partido que necesita héroes ficticios consagrados al crimen.
El diario español EL PAIS hizo un resumen biográfico del líder supremo de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). Había nacido “en un hogar de clase media en Bogotá en 1948. Le encantaba jugar al fútbol en las calles de la ciudad, actividad que alternaba con sus actividades políticas”. Había intentado estudiar antropología y derecho en la Universidad Nacional cuando en toda la América Latina se esparcía un aura de simpatías por la recién triunfante revolución castrista. Tal vez aquel halo romántico de los guerrilleros barbudos de la Sierra Maestra le inspiró y le guió; y como señala EL PAIS ingresó en las files de las “Juventudes Comunistas (JUCO), el espacio de formación de los nuevos cuadros del Partido Comunista. Aquí se fue integrando en las corrientes izquierdistas de la lucha armada”.
No concluye sus estudios; se ha sentido portador rebelde de una verdad a medias y conspira, redacta proclamas llamando a la insurrección. En su espíritu ardían los afanes del periodo de las guerras civiles que estremecieron a Colombia; quizá tenía presente los acontecimientos que se desataron tras el asesinato de Jorge Eliecer Gaitán y culminaron en el Bogotazo. El sería reparador de injusticias y portador de la antorcha libertaria de las revoluciones; tal vez soñara en un nuevo bogotazo para arder en él con la misma pasión con la que participara aquel joven, objeto de su admiración, que había llegado de Cuba y ahora conducía un gobierno surgido de una insurrección, Fidel Castro.
Ya se había unido a las Juventudes Comunistas y hace contactos con las FARC y es invitado a dictar conferencias sobre marxismo en varios frentes guerrilleros.  En 1981 es detenido y cumpliría año y medio de prisión. La prisión política enardece a los espíritus apasionados; la cárcel no cambia el carácter de los que creen en un ideal, ya sea recto, ya sea torcido. Había recibido el beneficio de una amnistía del presidente Belisario Betancur que pretendía un cese al fuego con las guerrillas. Entonces, León Suárez se convertiría definitivamente en “Alfonso Cano”, en el ideólogo de las guerrillas marxistas.
EL PAIS destaca: “Figuró como negociador en los frustrados diálogos sostenidos desde 1991 y creó el llamado Movimiento Bolivariano por una Nueva Colombia y el Partido Comunista Clandestino (PC3), herramientas de infiltración y expansión política de las FARC”.
Al morir Manuel Marulanda, “Tiro Fijo”, Alonso Cano asume la jefatura de todo el movimiento guerrillero.
Instituto de Medicina Legal en Popayán bajo fuerte custodia militar
Soñó Cano ser un jefe victorioso, como 52 años antes había sido Fidel Castro. Se imaginaba quizá ser el líder indiscutible de un gobierno bolivariano de la Nueva Colombia. Sus ambiciones políticas se frustraron abruptamente el pasado viernes, las balas habían cortado su vida. Ahora yace su cuerpo sin vida en un cuarto de la morgue del Instituto de Medicina Legal en Popayán y bajo fuerte custodia militar. No se le rinden tributos; los honores solo son merecidos por los que combaten lealmente, por los que sacrifican su vida por el bien de los pueblos, no por los que convirtieron sus ideales en una empresa de matar, de secuestros, de operación de narcóticos.
Con su caída, las FARC presentan un panorama gris; se prevén deserciones. Sin embargo aún se mantienen en pie; su estructura de mando permite encontrarle un sustituto, alguno, tal vez con actitudes más violentas y criminales que las del propio Cano. Como dijera el expresidente Andrés Pastrana: “Uno no puede decir que sea el fin del fin porque en un grupo tan grande pueden quedar reductos que insistan en la vía militar. Sin embargo, sus posibilidades de maniobra ahora son mínimas. La única salida es seguir el ejemplo de ETA y renunciar a las armas”; o como expusiera Juan Manuel Santos: “No debemos ser triunfalistas. Todo lo contrario: debemos perseverar. Debemos insistir hasta traerles a los colombianos un país en paz".
Pero al intento totalitario de las FARC le van quedando menos posibilidades; su reino de terror se va acercando cada vez más a su final. La única opción que les queda es la desmovilización, de lo contrario, como dice el presidente colombiano su futuro es tenebroso: “Desmovilícense. De lo contrario, como hemos dicho tantas veces y como hemos comprobado, terminarán o en una cárcel o en la tumba”.